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Sangre Violeta: la radio comunitaria como espacio de aprendizaje y articulación de la lucha feminista

Sangre Violeta: la radio comunitaria como espacio de aprendizaje y articulación de la lucha feminista

Sangre Violeta: community radio as a learning space and articulation of the feminist struggle

Sangre Violeta: rádio comunitária como espaço de aprendizagem e articulação da luta feminista

Juan Daniel Montaño Rico

Universidad Nacional Autónoma de México

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Recibido: 02-06-2019
Aceptado: 15-07-2019

 

 

Introducción

El presente trabajo tiene como objetivo describir y analizar las posibilidades que un espacio radiofónico dentro de la programación de un medio de comunicación comunitario ofrece como espacio de aprendizaje, organización y participación social para la reivindicación de los derechos de las mujeres y la igualdad de género. La investigación se realizó bajo un enfoque cualitativo y se tomó como estudio de caso el programa Sangre Violeta, producido y conducido por una colectiva feminista, que se transmitió desde 2003 a 2014 por las señales de Radio Bemba 95.5 FM y Política & Rock´n´Roll 97.7 FM consecutivamente, en la en la ciudad de Hermosillo, capital del estado de Sonora.

El trabajo se organiza de la siguiente manera: en primer lugar, se ofrece una definición de radio comunitaria; el segundo paso es exponer el diseño metodológico, para después describir el contexto y las características del programa radiofónico de interés; se continúa con los resultados de la observación en cuanto al papel que representó el espacio radiofónico, por un lado, como espacio de aprendizaje y formación en la perspectiva feminista para sus productoras y, por otro, como herramienta de convocatoria, organización y articulación del movimiento feminista local. Después se presentan interpretaciones de los resultados a partir de conceptos y propuestas de diferentes autores que han hecho investigación y aportes en torno a la práctica de la comunicación comunitaria. Se finaliza con una serie de conclusiones.

 

Producción en la radio comunitaria

La radio, desde el plano técnico, es un medio de comunicación que se basa en la propagación de ondas hertzianas, sin guía artificial, haciendo uso, aprovechamiento o explotación de las bandas de frecuencia del espectro radioeléctrico, que se fijan convencionalmente por debajo de los 3,000 gigahertz (SEGOB, 2014). Las ondas electromagnéticas propagadas son convertidas en señales audibles por un aparato receptor -al cual también se le llama radio-, sintonizado a la anchura de la banda empleada por el transmisor. Desde el punto de vista expresivo, la radio tiene como único soporte sensorial el sonido, lo que lo convierte en un medio de comunicación social que genera imágenes sonoras en sus oyentes a partir de la mezcla de los cuatro componentes del lenguaje radiofónico: voz, música, efectos de sonido y silencio. Al exigir sólo el empleo del sentido auditivo, permite al radioescucha realizar otras actividades, ya sean manuales o intelectuales, al mismo tiempo que atienden las transmisiones radiofónicas. Por tanto, puede inscribirse de manera discreta en la vida cotidiana de sus usuarios, como acompañante en el trabajo o el hogar (Villar, 1988, págs. 28-29).

La radio se caracteriza por la inmediatez o instantaneidad (capacidad de transmitir información en tiempo real), penetración (puede ser escuchada por todos los estratos sociales), cobertura (puede tener un amplio alcance geográfico), accesibilidad (alcanza a enunciatarios con discapacidad visual o analfabetas) y asequibilidad (a comparación con la prensa o la televisión, es barata y técnicamente sencilla). Gracias a estas características, desde los inicios de la radio, empresarios y gobiernos visionaron el potencial de este medio. A pocos años de su consolidación, la radiodifusión irrumpió en el escenario económico y político global como una eficaz fuente de ganancias (Mejía, 1989), como arma política y propaganda ideológica (Hale, 1979); y como herramienta para la participación y movilización social (Collin, 1983).

Según los fines que persiguen las emisoras, así como la entidad que las gesta, se pueden clasificar como radio comercial, radio pública, radio universitaria, radio comunitaria e indígena. Por lo general, estos tipos de emisora son reconocidas en los marcos legales. También hay radios que operan sin permiso del Estado, ya sea que persigan un objetivo social, lucrativo, religioso o esotérico, entre otros. Cabe destacar que, tras décadas de persecución judicial y reivindicación de la libertad de expresión por parte de redes y asociaciones de radialistas comunitarios, académicos y políticos en América Latina, la radio comunitaria sólo en los últimos años ha sido reconocidas como figura jurídica plasmada en las leyes, con derechos y obligaciones. En México, el reconocimiento se dio en 2013 con la reforma constitucional en telecomunicaciones. Este trabajo se interesa en este tipo de emisoras.

La Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) define las radios comunitarias como:

actores privados que tienen una finalidad social y se caracterizan por ser gestionadas por organizaciones sociales de diverso tipo sin fines de lucro. Su característica fundamental es la participación de la comunidad tanto en la propiedad del medio, como en la programación, administración, operación, financiamiento y evaluación. Se trata de medios independientes y no gubernamentales, que no realizan proselitismo religioso ni son de propiedad o están controlados o vinculados a partidos políticos o empresas comerciales (2009, pág. 3).

 

Se hace énfasis en que, al ser gestionadas por organizaciones sociales de diverso tipo, las radios comunitarias son proyectos heterogéneos. Alfonso Gumucio, quien ha investigado centenares de proyectos de comunicación comunitarios en diversas regiones del mundo, observa que estos pueden adoptar diferentes formas debido a las diferentes necesidades, problemáticas y condiciones sociales, económicas y políticas de los contextos donde surgen; por tanto “no pueden considerarse un modelo unificado de comunicación, las experiencias son tan diversas como los ámbitos culturales y geográficos donde se desarrollan” (2001, pág. 9). De igual manera, Ernesto Lamas (2003, pág. 4) afirma que estas emisoras sólo “pueden comprenderse en el marco de las situaciones sociales en los que nacen, de las realidades sociales en las que surgen y a las que pretenden transformar”. Además, como sugiere Larisa Kejval (2010, pág. 39), las radios comunitarias no pueden analizarse al margen de los sujetos que definen, construyen y gestan estas emisoras: son: “constituidas por personas concretas, con sus propias historias y experiencias, búsquedas y preguntas, ilusiones y frustraciones”. Por lo general, como observan Aleida Calleja y Beatriz Solís (2007, pág. 36), lo comunitario se tiende a pensar como sinónimo de radios pequeñas, de baja potencia y poca cobertura, restringida a un área geográfica limitada y, sobre todo, situadas en pueblos marginados y aislados. Sin embargo, las radios comunitarias se pueden localizar en el seno de las grandes ciudades del mundo, dentro de universidades[1],o hasta un centro psiquiátrico[2], y con la potencia suficiente para cubrir toda una mancha urbana.[3]

Productoras en eventos de recaudación
Imagen 1. Productoras en eventos de recaudación. Foto: Alejandra Enríquez

Bajo estos supuestos, Gumucio (2001, pág. 21) argumenta que no es posible, o necesario, describir un modelo ideal que las defina y estructure. Sin embargo, se identifican algunas características generales que les son comunes a estas emisoras y que al momento de operar en un contexto social, económico y político determinado adquieren su especificidad. Una característica es su búsqueda por la transformación social, de ahí que se surjan de -o inserten en- luchas sociales en el marco de los derechos humanos. Por tanto, toda práctica de radio comunitaria tiene como base un proyecto político-cultural que definen sus gestores, es decir, poseen una visión política y un conjunto de objetivos y estrategias que tienen como centro la comunicación, con las cuales se busca alcanzar cambios posibles en las relaciones sociales existentes para dar lugar a sociedades justas e igualitarias. En este sentido, la independencia y autonomía de la emisora respecto al poder estatal, los grupos de poder político, económico u otro poder fáctico es fundamental.

Como señala AMARC ALC, una característica esencial es la participación de la comunidad en los diferentes ámbitos de la emisora. Gumucio (2011, pág. 32) habla de apropiación del proceso comunicacional o apropiación comunitaria. La apropiación no se reduce a la propiedad de la radio, aunque esto es central para entender su funcionamiento, pues es necesario conocer quién la gestiona (asociación, colectivo, sindicato, grupo religioso, organización política), cuál es su proyecto político comunicacional y sus estrategias de sostenibilidad. La apropiación es “un modo de desarrollar la capacidad propia, comunitaria y colectiva, de adoptar la comunicación y sus medios como un proceso coadyuvante de las luchas sociales” (pág. 32). Significa la intervención voluntaria de la comunidad en la producción y emisión de contenidos, promoción de intercambio, diálogo, debate y negociación social, cultural y política mediante la emisora. La existencia de apropiación del medio se expresa en la accesibilidad de la comunidad en la producción y planeación del medio, pero también en los procesos de sostenibilidad.

Comunidad, sin embargo, al ser un concepto que se actualiza en una pluralidad de sentidos tanto en las ciencias sociales como en su uso cotidiano, resulta complejo para definir a las radios en cuestión. Kejval (2010) apunta algunas nociones de comunidad más productivas analíticamente a la que pueden hacer referencia las emisoras con su práctica: a) Reconstrucción de vínculos y lazos sociales; b) Comunidad territorial; c) Comunidad de identidades sociales y titularidad de derechos; d) Comunidad política.

Si bien, el término radio comunitaria no es la única manera como se ha nombrado y se han autonombrado estas emisoras (se han designado como alternativas, populares, horizontales, radicales, libres, truchas, democráticas, ciudadanas, del tercer sector, entre otros), en la actualidad, la noción de comunitario ayuda a dar cuenta de la diversidad social y de pueblos, zonas y regiones, de tradiciones y costumbres, así como de intereses, necesidades y conflictos propios de las ciudades. En este trabajo se les designará como radio comunitaria, aunque nociones como radio popular, radio alternativa, radio libre y radio comunitaria, entre otros, se siguen usado de forma paralela hasta nuestros días.[4]

Dentro de la diversidad de experiencias radiofónicas y diversidad de grupos que las gestan y participan en ella, Gumucio (2001, pág. 6) observa que las radios comunitarias están sujetas a las influencias positivas y negativas propias la dinámica de las luchas sociales y del desarrollo social, ya sea en términos organizativos, coyunturales o culturales. Es decir, una radio comunitaria puede fracasar en alcanzar sus objetivos por cuestiones de conflictos internos entre sus miembros, por cuestiones financieras, por reproducir los discursos y prácticas de los medios comerciales, en cuyos modelos de comunicación y contenidos se ha educado la mayoría de la población, o simplemente reproducir discursos hegemónicos sexistas, machistas, racistas, homofóbicos, xenofóbicos, entre otros.

En este trabajo de investigación es de interés particular los discursos y la participación de y sobre las mujeres en la radio comunitaria. A pesar de representar poco más de la mitad de la población y ser una fuerza productiva importante para el país en sectores como el servicio financiero, el comercio, servicios privados y el manufacturero, como actor social, las mujeres han sido históricamente excluidas, discriminadas y marginadas. Situación extensiva al campo de la comunicación. Aimée Vega (2014, págs. 200-205) muestra que la industria de la radiodifusión en México ha dado muy poca apertura a las mujeres en la administración y producción. Las mujeres constituyen el 13% del total de los propietarios y apenas representan el 8% de quienes ocupan cargos en los consejos de administración. En el caso de las grandes cadenas televisivas, los consejos administrativos están conformados exclusivamente por hombres. En la industria periodística, ninguna mujer figura como propietaria de los principales medios del sector, y en sus órganos de gobierno sólo el 11% son mujeres. Para Vega (2014, pág. 205), las anteriores cifras “evidencian la clara expresión del poder patriarcal en el terreno de las industrias culturales”, que prioriza colocar a las mujeres en funciones acordes a los estereotipos de género. El tener las mujeres pocos espacios en la propiedad y producción facilita que se refuercen las relaciones de desigualdad entre ellas y los hombres, y se reproduzca una agenda que opaca sus problemáticas, acciones y derechos.

La inclusión y visibilidad de las mujeres en el espacio público mediático y en la toma de decisiones es un reclamo imperante de la democracia y la justicia social. En esta tarea las radios comunitarias pueden jugar un papel fundamental, esto si crean estructuras que potencien las posibilidades de participación de las mujeres tanto en la producción, conducción, dirección y gestión.

 

Metodología

Para el análisis se recurrió a un estudio de caso bajo un enfoque cualitativo. Se seleccionó al programa radiofónico Sangre Violeta, producido y conducido por una colectiva feminista, que se transmitió desde 2003 a 2014 por las señales de Radio Bemba 95.5 FM y Política & Rock´n´Roll (P&RR) 97.7 FM en la en la ciudad de Hermosillo, capital del estado de Sonora, ubicado al noroeste de México, frontera con Estados Unidos. Al momento de realizar la investigación Radio Bemba FM ya no existía y Sangre Violeta se transmitía por P&RR.

La ruta metodológica fue la siguiente. Primero, se realizaron entrevistas a los gestores de P&RR integrados en la asociación civil Autogestión Comunicativa A.C. [5]  y se analizaron dos documentos fundacionales de la emisora: el Acta constitutiva de Autogestión Comunicativa A.C. y el Escrito en alcance a solicitud de concesión social comunitaria, ambos presentados al pleno del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT)[6] para obtener la concesión de uso social comunitario. El objetivo era identificar el perfil del medio y sus objetivos políticos comunicacionales con respecto a la participación de las mujeres en la radio. En un segundo momento se entrevistó a tres productoras del programa Sangre Violeta. La técnica de la entrevista individual a profundidad posibilitó que las entrevistadas reflexionaran sobre su ejercicio de comunicación a través de la emisora y la participación social de las mujeres que permitió.

Se utilizó un método de análisis basado en la comparación y el contraste con el fin de encontrar vínculos claves relacionados con las categorías de apropiación comunitaria, participación social, perspectiva de género, igualdad de género y derecho de las mujeres, para después descubrir o verificar aquellos vínculos que determinan el mayor número posible de conexiones.

Cartel de evento organizado por Sangre Violeta
Imagen 2. Cartel de evento organizado por Sangre Violeta. Foto: Colectiva Sangre Violeta

 

Sangre Violeta: un programa con perspectiva de género

El Municipio de Hermosillo se ubica en la parte centro de Sonora, a 270 km de la frontera con los Estados Unidos. Según datos del INEGI (2000), en el año 2000, contaba con una población de 609,829 habitantes. Para el 2015, creció a 884,273 (COESPO, 2015), concentrada su mayoría en la mancha urbana, que a su vez ha sido la ciudad más poblada de la entidad. Estadísticamente, en las últimas décadas las mujeres han representado poco más del 50% de la población. De 1997 a 2015, el municipio estuvo en manos del Partido Acción Nacional (PAN) a excepción del periodo 2006-2008, cuando gobernó el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El gobierno del Estado de Sonora estuvo en manos del PRI desde 1929 hasta el 2009, año en el que el PAN ganó la gubernatura. En 2015, tanto la entidad como su capital cayeron en manos del Revolucionario Institucional. Guillermo Núñez (2017) identifica que la hegemonía de estos grupos políticos en Sonora se ha afianzado en la sociedad, desde la década de los setentas, a partir de discursos regionalistas, que recurren a imágenes de ruralidad norteña masculina y apelan al sexismo y la homofobia. Discursos cuya construcción de la subjetividad de “lo sonorense” evoca cualidades de interacción social como: “aprecio por la familia, roles de género bien delimitados en la oposición hogar-vida pública, protección del honor femenino, catolicismo, valoración de la homosocialidad y los espacios agónicos masculinos, iniciativa empresarial y pragmatismo” (pág. 101).

Para ilustrar el imaginario de género impulsada desde el poder político sonorense que refleja -a la vez que reitera- los roles de género y los valores familiares presentes en la sociedad regional, cabe destacar que en reacción a la despenalización del aborto en la Ciudad de México en 2007, al siguiente año el Congreso del Estado de Sonora modificó el artículo primero de la Constitución local para establecer la protección de la vida desde la concepción (excepto en caso de violación o peligrar la vida de la mujer embarazada). Esta modificación imposibilita ampliar las causales de aborto. Asimismo, el Código Penal de Sonora es el más severo de todo el país en cuanto sentencias por aborto.

Es en este contexto político y cultural donde opera Sangre Violeta, el cual es definido por sus productoras como un programa radiofónico con perspectiva de género conducido por mujeres transgresoras, feministas, libertarias, que promueven la igualdad, el respeto a los derechos humanos, el acceso efectivo a una vida libre de violencia y el respeto a la diversidad sexual[7]. Fue transmitido de 2003 a 2011 por Radio Bemba 95.5 FM y de 2012 a 2014 a través de la señal de P&RR 97.7 FM todos jueves de 20:00 a 21:00 horas, en Hermosillo, capital del estado de Sonora, México.

Se entiende por programa radiofónico a un producto comunicativo que se transmite con cierta periodicidad a través de la señal de una emisora, cuyo contenido, discurso, estética, estructura, duración y público objetivo se construyen a partir de un tema o concepto que lo diferencia de otros programas y espacios radiofónicos. Los programas de radio se caracterizan por tener un nombre (que puede acompañarse por un lema), objetivos, estructura, duración y un horario constante.

La perspectiva de género se entiende como un instrumento analítico para comprender, detectar y modificar situaciones de discriminación, sobre todo hacia las mujeres, que tiene como base la construcción cultural de la identidad y de roles sociales asignados a hombres y mujeres a partir de la distinción entre la diferencia sexual; distinción que genera y reproduce determinadas jerarquías, relaciones de dominación y desigualdad social, pues establece posiciones de inferioridad a las mujeres en las sociedades actuales, que deriva en problemas sociales, culturales, económicos y políticos. La perspectiva de género se constituye como herramienta de transformación social, pues su principal objetivo es la consecución de la igualdad de derechos y oportunidades entre varón y mujer, sin homogeneizarlos, y así modificar las condiciones sociales que perpetúan la subordinación de la mujer (Miranda-Novoa, 2012, págs. 346-347).

Se entenderá al feminismo de manera amplia como:

una teoría, una agenda, una vanguardia y un conjunto de acciones dirigido a cambiar la posición inferiorizada de las mujeres, rescatando su libertad y asegurando su igualdad como ciudadanas. El feminismo es una opción política que permite una lectura de la realidad desde otro enfoque ya que pone en marcha medidas de transformación del conjunto de la sociedad. Cuestiona las prioridades de la vida colectiva y la actual praxis política, incorporando la perspectiva de género. Conlleva una dimensión ética que enlaza con el concepto de política, entendida como servicio a la colectividad (Escapa & Martínez, 2008).

 

Sangre Violeta nació formalmente en 2003 en Radio Bemba FM. Sin embargo, sus antecedentes se remontan a un par de años antes, cuando un grupo de estudiantes -la mayoría mujeres- de la carrera en ciencias de la comunicación en la Universidad de Sonora organizaron de manera autogestiva la “semana cultural de las mujeres”, en el marco del día internacional de la mujer. Alejandra Enríquez,[8] fundadora del espacio radiofónico, comentó que este evento tenía como fin “darle vida a la escuela, de organizarnos entre nosotras y de saber que podíamos lograr cosas. […] era una semana donde abordábamos diferentes temas, diferentes problemáticas que tenía que ver con las mujeres en diferentes ámbitos: cultura, política, periodismo, entre otras”. En dichas jornadas invitaban a diputadas, alcaldesas, editoras de revistas, periodistas, entre otras, a dialogar sobre sus actividades. Wendy Briceño,[9] también fundadora del programa, relató que, a partir de la semana cultual de las mujeres, las organizadoras se integraron como colectiva bajo el nombre Mujeres Socialmente Activas (MUSAS), que en 2004 recibió un reconocimiento por parte del Senado de la República y el Instituto Sonorense de la Mujer (ISM) por su compromiso por trabajar en contra de la violencia hacia las mujeres. Después de egresadas, continuaron con la organización de este evento por un par de años más, en espacios ajenos a la universidad.

Radio Bemba FM surgió en el año 2000 a iniciativa de un egresado y estudiantes dentro de las instalaciones del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sonora (USON). Por presión institucional, en 2003 la emisora abandonó el campus universitario y transmitió de forma clandestina desde diferentes puntos de la ciudad y en distintas frecuencias. Es en esa etapa en que los gestores de la radio invitaron a MUSAS a producir un programa radiofónico. Alejandra Enríquez comentó que el grupo aceptó la invitación, pues como estudiantes de comunicación tenían la inquietud, por un lado, de contar con su propio espacio de expresión durante su proceso de formación profesional; por otro lado, como estudiantes mujeres miraron la necesidad de visibilizar en ese espacio radiofónico la participación de las mujeres en la sociedad, tal como lo hacían con la semana cultural. De esta manera, produjeron uno de los primeros espacios radiofónicos constantes en Radio Bemba FM en el difícil periodo que significó la clandestinidad. Organizaron un taller en la universidad para planear el programa, donde surgió el nombre de Sangre Violeta, por la relación de ese color con la reivindicación de no violencia hacia las mujeres y la sangre como símbolo de identidad.

Wendy Briceño reconoció la importancia que significó como antecedente el programa radiofónico de tendencia feminista que produjeron jóvenes mujeres como parte del movimiento estudiantil de 1973 y que se transmitió por Radio Universidad de Sonora.[10] Asimismo, Enríquez observó que cuando inició Sangre Violeta (2003), en el espectro radioeléctrico de la ciudad también existían programas de radio producidos y conducidos por mujeres que impulsaban temas relacionado con la participación social de las mujeres y cuya labor era importante para ellas; sin embargo, anotó que hablaban desde una visión institucional. En cambio, la radio comunitaria ofrecía un espacio de organización propia, autogestivo, lo que ofrecía mayor libertad.

En 2005 Radio Bemba FM obtuvo el permiso del Estado para transmitir por el 95.5 FM, donde estuvo al aire hasta finales de 2011. En ese periodo, la programación de la emisora estaba conformada por programas de análisis y discusión política, culturales, ecologistas, estudiantes, entre otros. Asimismo, el medio dio cobertura y acompañamiento a diversos movimientos ambientales,[11] sindicales[12] y sociales.[13] Sangre Violeta fue constante en la barra de programas en esos años. Consistió en un programa semanal de una hora de duración, sin una estructura fija, pero basado en entrevistas, análisis, comentarios, denuncias públicas y cortes musicales. Cada programa procuraba contar con una invitada diferente, como académicas, trabajadoras en instituciones públicas, activistas en organizaciones sociales o creadoras en el ámbito cultural. Con el tiempo se fueron integrando al programa otras mujeres con diversas formaciones, como fue el caso de Leyla Acedo e Ismene Figueroa, que son abogadas. Acedo[14] describió que Sangre Violeta no sólo era un programa de radio, sino también un grupo de mujeres activistas que se constituyó como colectiva y como tal firmaban, apoyaban, participaban, acompañaban y convocaban peticiones, denuncias e iniciativas sociales.[15]

En 2011 estallaron al interior de Radio Bemba problemas que venían creciendo desde años anteriores por quejas sobre el trato que la dirección daba a productores de programas independientes y peticiones por parte de estos de democracia en la toma de decisiones. Asimismo, expresaban sospechas sobre la procedencia y uso de recursos que recibía el medio, hasta que se encontraron evidencia de que la dirección de la radio recibía recursos discrecionales por parte del Gobierno del Estado. En respuesta, un grupo de productores, encabezados por los realizadores del noticiero matutino llamado Política & Rock´n´Roll noticias, realizaron una fuerte campaña para exigir formalizar procesos democráticos en los órganos de gobierno de la radio a través de la instalación de un consejo directivo conformado por el director, productores y radioescuchas, así como transparencia en las finanzas.

Productoras e invitadas en cabina
Imagen 3. Productoras e invitadas en cabina. Foto: Alejandra Enríquez

La dirección respondió despidiendo a varios productores, entre ellos al noticiero, lo que motivó la movilización de un sector de la audiencia. Otros productores -como fue el caso de Sangre Violeta- decidieron renunciar a la radio en forma de protesta en contra la dirección y en apoyo a los productores despedidos. Tras meses de negociaciones, la dirección de Radio Bemba -quienes poseían el permiso de transmisión- expulsó a todos los productores independientes y clausuró la emisora para fundar Zoom 95.5 FM, con un perfil de música alternativa, pero con objetivos más cercanos a la radio comercial que a una radio comunitaria (Montaño, 2016).

Algunos productores, liderados por los periodistas de Política & Rock´n´Roll noticias, junto a centenares de radioescuchas, tomaron la decisión de crear una nueva emisora que respetara los valores y objetivos con los que fue fundada Radio Bemba. Esta emisora fue llamada P&RR, retomó los ejes temáticos[16] de su antecesora, integró las voces de diversos actores sociales, colectivos y movimientos sociales y tuvo incidencia política en la localidad al actuar como mediador entre grupos ciudadanos y el poder político durante coyunturas sociales y políticas entre el 2012 y 2014.[17] En su conformación participaron activamente las productoras de Sangre Violeta, donde también fueron de los primeros espacios en su barra programática que inició en 2012.

 

Feminizar la radio comunitaria

En ambas estaciones, los objetivos de Sangre Violeta fue visibilizar e impulsar, con una postura feminista, los temas de los derechos de las mujeres y la perspectiva de género, así como invitar y motivar a otras mujeres a participar en estas discusiones y crear vínculos con otras mujeres que ya participaran activamente en la vida pública bajo perspectivas similares. La colectiva negó cualquier intento de censura o imposición de temas por parte de los gestores respectivos de las dos radios comunitarias. Al contrario, trataron de impulsar su agenda no sólo en el contenido de su programa, sino también en la práctica cotidiana al interior de las emisoras, es decir, promovieron los temas de la igualdad de género y los derechos de las mujeres en la práctica y comportamientos de quienes participaban en las emisoras.

En su etapa en Radio Bemba, Enríquez reconoció que siempre tuvieron accesibilidad al diálogo y buen trato por parte de la dirección de la radio a excepción del último año en que se suscitó el quiebre del proyecto radiofónico. Con esta apertura, la colectiva intento realizar talleres con los compañeros y compañeras de la radio para sensibilizar en temas de género; sin embargo, nadie mostró interés en asistir, a pesar de proponer horarios accesibles. Al contrario, algunos productores con los que tenían contacto las llamaron feminazis en ciertas ocasiones a modo de broma. La colectiva denunció estas actitudes con la dirección, pero esta no encontró soluciones ni mecanismos para atender la situación, como se identifica en el testimonio de Enríquez:

no sé si era por la cercanía y por eso lo hacían, pero estaba mal hecho [llamarlas feminazis]. Ahí sí, hicimos la denuncia ante el director y no, nos respondió “¿qué? ¿quieres que los corra?”. Nuestra respuesta fue “no, habla con ellos, has valer tu autoridad, pero no corriéndolos. Hazles entender, senténcialos a tres talleres de perspectiva de género”.

 

Ya en P&RR 97.7 FM, Sangre Violeta, desde un inicio, trató de ponerle su sello, como afirmó Leyla Acedo: “Hicimos un slogan, la radio feminista de Sonora”. Pero no lograron organizar talleres por las condiciones y dinámicas de la emisora que transmitió en clandestinidad en ese periodo (2012-2014). Respecto al trato con la dirección, en esta emisora también encontraron apertura al diálogo. Así lo reconoció Alejandra Enríquez: “Había agarres que nos dábamos afuera de la cabina, una vez [con la dirección], pero de ideas, no más allá de eso […], diferencia de alguna idea, pero podíamos discutir sin mayor consecuencia”. Las productoras observaron que en el contenido general de P&RR se respetó una visión con perspectiva de género, en especial, al evitar un lenguaje sexista y de cosificación de la mujer. Sin embargo, Enríquez observó que cuando algunos productores de otros programas utilizaban un lenguaje inadecuado, en la mayoría de las veces se disculpaban al aire, a la vez de expresar bromas como: “ay, nos van a llamar las de Sangre Violeta, ahorita nos van a regañar”. Esta expresión, y por la forma en que fue expresada por la entrevistada, más que hablar de denostación al quehacer de la colectiva, habla de la autoridad que fue adquiriendo la figura y el discurso de la colectiva en los demás miembros de la radio.

Por su lado, Leyla Acedo afirmó que no fue igual en las redes sociales digitales que administraban productores de P&RR como parte de sus programas. En una ocasión iniciaron una discusión pública en estas redes debido a una publicación que realizó un integrante de la emisora que, a consideración de ellas, atentaba contra el discurso del proyecto radiofónico por estar en la página oficial de la emisora que utilizaba el productor para promocionar su programa:

Encontramos contradicciones y falta de apoyo en las redes sociales digitales. De repente, encontrar mofas del tema del feminismo o haciendo apología de la cosificación femenina, lo encontramos como una acción directa a nuestro discurso. […] Eres un programa que te alineas a una radio con un discurso, entonces tienes que ser consecuente. […] Brincamos en la red social, ahí mismo hicimos la discusión, […] y le pusimos un alto ahí en la red social. Y lo volvimos a sacar en una reunión [asamblea de P&RR] […] Fue algo que resonó a las personas y ese fue el objetivo de encararlos públicamente (Acedo).

 

Se observa en las anteriores experiencias que la colectiva no se limitó a producir un programa para difundir su agenda feminista, sino que buscaba incidir en la construcción de un medio de comunicación que respetara una perspectiva de género en la totalidad de su discurso, el cual estaba conformado por una diversidad de actores con agenda, ideologías, intereses y puntos de vista distintos.

 

La radio como parte del engranaje del movimiento feminista

Los objetivos políticos comunicacionales de la P&RR identificados en las entrevistas y documentos, entre ellos, ser contrapeso informativo, dar acceso y visibilizar los discursos de los sujetos sociales con poca accesibilidad a los sistemas de comunicación, impulsar el activismo social y la participación ciudadana, contar con independencia y autonomía de instituciones públicas, del poder político y de poderes económicos, así como impulsar la igualdad de género, estaban en concordancia con los objetivos y práctica de Sangre Violeta. En la solicitud de concesión social comunitaria, los gestores anotaron:

En una emisora comunitaria debemos lograr que tanto hombres como mujeres tengan los mismos derechos, así como las mismas oportunidades de participación, de proponer y poderse escuchar en los diferentes espacios de acción, administrativos, de producción, conducción, noticiosos y de cualquier otra índole. Además, como lo constatan nuestros documentos, nuestra Asociación Civil, Autogestión Comunicativa A.C, se encuentra representada legalmente con el mismo número de mujeres y hombres. Además de poner en práctica el tema de la equidad de género desde su misma constitución, es una parte fundamental de uno de los ejes temáticos de Autogestión Comunicativa, descritos con anterioridad y contemplados en nuestra acta constitutiva.

 

Los gestores intentaron actuar en conformidad a este objetivo, pues en el mismo momento en que se constituyó la A.C., ésta se integró en partes iguales entre ambos sexos. Sin embargo, los números expresaron una asimetría en la intervención de las mujeres en la producción: de los 19 programas producidos localmente, 11 eran producidos sólo por hombres, las mujeres intervenían directamente en la producción de ocho, pero de estos ocho programas, sólo dos eran producidos y conducidos exclusivamente por mujeres.

A pesar de esta diferencia cuantitativa, Leyla Acedo expresó: “No sentía que era una radio que tratara de menos a las mujeres, de hecho, la A.C. era formada por tres mujeres activas y feministas y no daba cabida para que ello pasara. […] Había una complicidad y hermandad entre las mujeres de la radio”. Se observa que era favorable para este objetivo que las gestoras, como actores sociales, se asumían como feministas y contaban con una trayectoria de activismo social. Sin embargo, la gestora Judith Tánori[18] advirtió que los miembros de la A.C. esperaban que fueran las propias mujeres que participaban en P&RR, como productoras o audiencia, quienes impulsaran los temas referentes a sus derechos en el quehacer de la emisora: “En el caso de las mujeres, hay grupos fuertes de colectivos [dentro de la emisora], en realidad ellas llevan la batuta del tema y ellas decidían en la radio propiamente sobre mujeres”. El principal colectivo de mujeres que se reivindicaba como sujetas de derechos, se aglutinaba, organizaba y expresaba a través del programa Sangre Violeta.

Sangre Violeta se dirigía a la comunidad de mujeres por ser sujetas de derechos los cuales históricamente le han sido denegados. Asimismo, se dirigían a esta comunidad en el reconocimiento del otro que niega sus derechos, como lo son los jerarcas de la iglesia católica, legisladores conservadores, autoridades judiciales, entre otros. De igual manera, a través de su discurso impulsaban el apoyo comunitario hacia las mujeres. En su momento, las integrantes de Sangre Violeta apoyaron a una deportista que denunció acoso sexual dentro de la CONADE. Según relató Wendy Briceño, además de abordar el tema en la radio, organizaron ruedas de prensa, acompañaron a la deportista a realizar las denuncias formales correspondientes, redactaron cartas, acudieron a distintas dependencias y medios de comunicación, etc. Sin embargo, reconoció que en ese caso no obtuvieron una respuesta positiva debido, a consideración de Briceño, al predominio masculino y machista que impera en las instituciones deportivas en el país. De igual manera, dieron acompañamiento a una señora de la costa de Hermosillo, cuya pareja intentó asesinar con un martillo, para después arrojar su cuerpo inconsciente a un terreno baldío y cubrirla con basura; no obstante, la señora sobrevivió al atentado. Las productoras de Sangre Violeta, al enterarse del hecho, apoyaron a la víctima para recaudar los fondos suficientes para cubrir los costos de las operaciones y cirugías que necesitaba la señora a raíz de los golpes en la cabeza que recibió.

Junto a las acciones independientes que realizaba la colectiva, también describieron el espacio radiofónico como parte de un engranaje más amplio que representaba el movimiento feminista, integrado por mujeres insertas en diferentes ámbitos sociales e institucionales. La concepción del programa como parte del engranaje más amplio de relaciones, vínculos y actividades dentro del feminismo local se observó, por ejemplo, en la organización de la Marcha de las Putas. Ésta es una movilización callejera que inició en 2011 en Toronto, Canadá, a partir de la indignación que provocó entre las mujeres el comentario público del policía canadiense Michael Sanguinetti: “Las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”. En respuesta, más de 3 mil mujeres salieron a las calles de Toronto vestidas “provocativamente” para denunciar la violencia de género y la culpabilización de las mujeres en los crímenes de violencia sexual, en lugar de acusar de las agresiones a los perpetradores. En los años siguientes, la marcha se replicó en diferentes ciudades del mundo[19]. En Hermosillo, la Marcha de las Putas fue organizada por varias asociaciones de mujeres, entre ellas GEMAS IAP, Mujer Construye y la colectiva Sangre Violeta (Marcha de las Putas, 2013). El espacio radiofónico funcionó para convocar, así como para dialogar y discutir la problemática central de dicha movilización.

Logo Radio Bemba, realizado por Comunicadores del Desierto A. C.
Imagen 4. Logo Radio Bemba, realizado por Comunicadores del Desierto A. C.

También Sangre Violeta participó en la acción coordinada el 3 de septiembre de 2013 por varios grupos y mujeres que consistió en decretar la muerte simbólica del Instituto Sonorense de la Mujer (ISM), para lo cual se extendió un acta de defunción ciudadana y se realizó una procesión fúnebre hacia su sede, en respuesta de la inoperancia y falta de respuesta para atender la situación de las mujeres en Sonora (Núñez S. , 2013). Wendy Birceño y Alejandra Enríquez relataron:

Hubo en su momento, con una de las titulares del ISM varías críticas claras a la gestión, pues, bastante mala, de Dolores Alicia Galindo […]. En su momento también se hicieron las críticas a través de las redes sociales y después a varias de nosotras se nos bloqueó de esa página para que no hiciéramos los comentarios y las críticas.  Se clausuró el Instituto por parte de varias compañeras, se hizo un funeral simbólico porque estaba muerto (Briceño).

 

La crítica también se dirigió a la carencia de perspectiva de género de la institución, así como el predominio de varones en su planta de trabajo:

Y fue muy curioso, porque nos dimos cuenta de que el ISM, es en singular, no, “de la mujer”, estaban trabajando puros hombres. Era una directora mujer, pero toda la gente que nos atendió en esa marcha, en esa procesión, puros hombres se acercaron. Es más, a cerrarnos las puertas, porque ni siquiera hablaron con nosotras (Alejandra Enríquez).

 

De igual manera, el programa de radio tomó parte en denuncias públicas y acciones que realizaron diferentes grupos y personas, como las suscitadas a raíz de la campaña publicitaria de la fiesta popular más importante de Sonora, la Expogan, en el año 2013. El lema de la campaña fue “seguimos teniendo el mejor ganado”, acompañada por la imagen de una mujer. El anuncio, de explicito contenido sexista, provocó la reacción a través de las redes sociales digitales y los medios de comunicación gestionados por grupos feministas, como Sangre Violeta. Asimismo, estos grupos recabaron firmas para exigir a las autoridades el retiro de los anuncios publicitarios de la feria ganadera, objetivo que se logró. Si bien, no hubo sanción para los responsables de la campaña de la Expogan, las acciones y presiones de los grupos feministas logró que el Congreso del Estado de Sonora hiciera un punto de acuerdo para exhortar a los municipios a no autorizar publicidad con lenguaje sexista. De esta manera, el Ayuntamiento de Hermosillo hizo modificaciones en su reglamento para no autorizar contenidos de ese tipo.

Otro acontecimiento importante donde el espacio en la emisora se identificó como una elemento o herramienta del plural y diverso movimiento feminista, fue durante la participación e incidencia que los grupos y mujeres tuvieron durante el proceso legislativo para la tipificación del feminicidio como delito en Sonora, en 2013. La discusión pública se detonó a partir del asesinato de una joven a manos de su novio el 1 de julio de ese año en Bahía de Kino, Hermosillo (Samaniego, 2013). Acedo destacó:

La radio fue una herramienta, no sólo de difusión, sino también de articulación. Fue importante porque éramos un grupo de mujeres que nos constituimos y nos fuimos organizando por medio de un programa de radio, pero que también se articuló por medio de la radio con otras mujeres con agenda feminista. Y nosotras sentíamos que tener el espacio de Sangre Violeta era un nicho de aglomeración, que teníamos que jalar de todos lados y eso hacía que tuviéramos una agenda más activa. Yo creo que no se hubiera podido lograr una articulación de tantas mujeres y grupos tan distintos si no hubiéramos tenido como de respaldo el programa. Todo lo que pasaba lo decíamos en la radio, la gente le dio seguimiento al proceso [de reforma para la tipificación]; la agenda fue transparente porque nosotras estábamos en el proceso de aprobación de la ley y estábamos en los micrófonos. La primera y única fuente éramos nosotras […] yo creo que el hecho de tener el micro abierto y crear material fue un elemento de presión, pero también de necesidad de crear e impulsar una agenda. Y entender que no podíamos trabajar solas, que necesitamos a otras compañeras y las compañeras entendieron que los micros también son de ellas. […] Para mí, fue enriquecedor en muchos aspectos…estaba haciendo agenda por medio de un medio de comunicación, pero también en la batalla de lobby.

 

Junto a otros espacios de comunicación y actividades de visibilidad pública, como manifestaciones y actos performativos,[20] el espacio radiofónico fortaleció la demanda y organización ciudadana al permitir la promoción y articulación de los discursos y la participación de las personas interesadas en la reforma, desde la perspectiva de los derechos de las mujeres.

Sangre Violeta utilizó el medio para la creación y fortalecimiento de redes sociales de la comunidad feminista en el transcurso de su existencia. Enríquez señaló que el vínculo con otras colectivas, como Nosotras Ciudadanas y las Hijas de Lilith, sirvió para realizar talleres y cursos en conjunto. Leyla Acedo reflexionó:

Nuestro trabajo fue de las familias de todos, siempre participaban las parejas y los hijos. […] Ismene [Figueroa[21]] formaba parte de Diverciudad[22] y acompañó a los padres del ABC.[23] […] Cuando fue la reforma antiaborto, Silvia[24] era nuestra clienta asidua en el programa como parte del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), quien también traía su propia agenda. También trabajadoras del Instituto Sonorense de la Mujer (ISM) que trabajaban el tema de la violencia intrafamiliar y otros grupos de mujeres cada uno con temas muy específicos. […] Se empezaron a crear redes nacionales, contactar gente en el D.F. Yo participé en un campamento de activistas de toda la república. […] [El programa] fue un nicho de redes importantes, además de que las chavas, también ya con las redes sociales [digitales] podían contactar. Todas estábamos en otros grupos, no sólo feministas, sino grupo de activismo político o simpatizaban con partidos políticos. […] Todas teníamos redes y las empezamos a integrar en el programa.

 

Se observa que la articulación no se limitó a un momento coyuntural, sino que fue una constante en la dinámica del programa.

 

La radio como espacio de educación y aprendizaje

Además de actuar como un lugar de encuentro, conformación de vínculos sociales y el empoderamiento para la acción social, dentro de la experiencia de las productoras también se identificó que la radio comunitaria fungió como un espacio de educación y socialización de valores entre sus participantes. Al respecto, Leyla Acedo reflexionó:

Tuvimos que aprender de estrategia política y comunicación ahí, aparte de que aprendí cuestiones de producción, para mí fue una época enriquecedora a nivel profesional y personal como feminista, porque tuvimos que entablar diálogo con otros grupos, y sobre todo a valorar. Digamos, siempre ser un medio en resistencia te brinda una perspectiva y un panorama muy distinto, las necesidades de la población encararla de forma distinta. Yo creo que es un medio necesario, no solo a nivel comunicativo sino como formador, te cambia la perspectiva estar detrás de un micrófono y armar un programa, te ayuda a crear redes, proyección, un entendimiento de lo social distinto.

 

Alejandra Enríquez expresó una semejante valorización del medio como espacio de aprendizaje: “ciertamente el programa también fue muy formativo para muchas de nosotras porque nos ayudaba a ir entendiendo todo el asunto que tenía que ver con perspectiva de género, con feminismo, con activismo”. Además, Enríquez apuntó diferencias en la formación que le ofreció la Universidad con la que obtuvo en la radio comunitaria:

[La radio comunitaria] Era una ventanota. Nosotros ahí en la escuela [USON] teníamos la llamada radio pueblo[25], pero ahí hacíamos lo que nos decía la maestra. Ponle que te podías explayar un poco en la conducción, pero era una conducción muy tradicional, eran unos temas muy comunes, muy de radio comercial, pues. Y Radio Bemba nació con la idea de que era una radio comunitaria, que iba a tener una sensibilidad que al menos en mi persona nunca la había conocido porque se iba a preocupar por las problemáticas de la comunidad, no por la venta de publicidad o para ser medio de comunicación para los políticos en turno. Era muy padre participar en una radio así y tratar el tema que nos interesaba tanto a nosotras, que era la perspectiva de género y el feminismo.

 

La participación directa en la producción de mensajes y contenidos a través de P&RR resultó un proceso de aprendizaje y empoderamiento ciudadano, pues impulsó a las emisoras a investigar, analizar, interpretar y enfrentar la realidad y la visión de los otros, a veces contrarias a sus posturas; repercutió en la generación de conocimiento y reflexión sobre la manera de ver la realidad social.

Logo P&RR, realizado por Autogestión Comunicativa A. C.
Imagen 5. Logo P&RR, realizado por Autogestión Comunicativa A. C.

 

Discusión

Se puede afirmar que la perspectiva de género ha sido considerada por las radios comunitarias analizadas, y sobre todo por la colectiva Sangre Violeta, como un factor necesario para garantizar la libertad de expresión y participación social de las mujeres. No se redujo a ser un contenido en específico dentro de la programación de las emisoras, sino que incluyó la accesibilidad de las mujeres no sólo en la producción y difusión de contenido, sino también a nivel de participación en la planeación del medio, que consiste, como afirma Cicilia Perruzo (2007, pág. 21), “en la intervención de las personas en el establecimiento de la política del medio de comunicación”.

La accesibilidad, a su vez, posibilitó lo que Gumucio (2011, pág. 32), llama apropiación comunitaria del medio radiofónico: “un modo de desarrollar la capacidad propia, comunitaria y colectiva, de adoptar la comunicación y sus medios como un proceso coadyuvante de las luchas sociales”. Esto se identificó en la manera en que la colectiva nombraba a P&RR públicamente “la radio feminista de Sonora”, para volverla parte de su proyecto. Así como en la frustración que expresó Enríquez respecto a la desaparición de Radio Bemba: “Era lo que nos había costado, que sentíamos, que sentía yo en lo personal, que me había costado a mí construir, junto a un amplio grupo de gente”. Por otro lado, la apropiación del medio por parte de la colectiva se enunció en cuanto a su participación en la sostenibilidad de la emisora:

los programas teníamos medio bien puesta la camiseta, algunos más que otros, y entendíamos que era un proyecto que tenía que resistir y que teníamos que hacer lo que estuviera a nuestro alcance para obtener los recursos, para la subsistencia de la radio. En ese sentido, Sangre Violeta tenía muy presente que debía entrarle al kit de las actividades (Leyla Acedo).

 

A este proceso de identificación es al que Gumucio (2005, pág. 9) nombra sostenibilidad social: “Una experiencia de comunicación comunitaria se legitima cuando su proyecto político comunicacional representa las aspiraciones de su audiencia. Su vinculación con los actores sociales es lo que garantiza su permanencia en el tiempo y su consolidación”. La vinculación se construye a partir de la accesibilidad de los diversos actores sociales en la producción, y a la vez estos construyen la audiencia de la radio. En la relación entre gestores, productores y audiencias se desarrollan las fuentes de financiamiento. En el caso de P&RR, los productores recaudaban con base en sus posibilidades, intereses y capacidades. El programa Sangre Violeta realizó eventos con temática feminista: “Para recaudar fondos, proyectamos Los monólogos de la vagina y tuvimos muy buena respuesta, mucha gente fue […] e hicimos un mini performance con unas vaginas gigantes” (Alejandra Enríquez). Asimismo, la afluencia de la diversidad de ideologías políticas de los actores no sólo nutrió la programación, sino también repercutió en la gestión de la emisora, particularmente en la discusión cotidiana y en la realización de asambleas en las que también se deliberaba sobre el quehacer y los contenidos de la radio, creando lazos entre los diversos actores sociales que participaban en la emisora.

Por otro lado, la accesibilidad de la diversidad de actores en la producción de contenido, en la participación de la deliberación social y la socialización de los valores para la convivencia social democrática se asemeja a la diferencia de informar los derechos y comunicar los derechos que observa Gumucio (2012): “Podemos informar sobre los derechos, y está muy bien, pero la comunicación de los derechos pasa por la acción, porque la comunicación es acción relacional y acción comunicativa, no simplemente transmisión de información”. Para este investigador, la comunicación como puesta en común no es un espacio estático, sino activo, donde se dan consensos y acuerdos, pero también conflicto y negociación cultural y política, es decir, diálogo entre iguales en derechos y responsabilidades, pero diferentes en identidades e intereses. De ahí que señale que la comunicación genera intercambio de conocimiento y no sólo de información. El diálogo, la producción de sentido, la reflexión y la generación de conocimiento, propios de la comunicación: “contribuyen a empoderar a la ciudadanía en el marco de los principios básicos de los derechos humanos y de las sociedades democráticas […]. Es una condición para el ejercicio de todos los derechos humanos” (ibíd.).

En el caso de Sangre Violeta, se desprenden algunos puntos interesantes con relación a los planteamientos anteriores. Desde la acción feminista, el programa funcionó como punto desde donde las mujeres podían posicionarse, empoderarse, dialogar, organizarse, participar en otros espacios que constituyen el espacio público e incidir en las normas que regulan la vida pública. El espacio radiofónico, conjuntamente a otros espacios de comunicación y acción colectiva, lograron que las mujeres, como sujetas de derechos, se pudieran expresar, en términos de Pierre Bourdieu (1988, pág. 141), como “grupo social constituido”: se dotaron de reconocimiento, poder y legitimidad para interpelar al poder legislativo, instituciones públicas como el ISM y el poder económico como la Unión Ganadera Regional de Sonora, organizadores de la ExpoGan. En este sentido, la experiencia de las productoras concuerda con las afirmaciones de Peruzzo (2007): “la comunicación comunitaria tiene el potencial de contribuir a la ampliación de la ciudadanía, no sólo por los contenidos críticos, […] sino también por el proceso de hacer comunicación”.

La participación en la producción también implicó la afirmación de la identidad social de la colectiva, pues como afirma Martín-Barbero (2001), la identidad “se fortalece en una comunicación hecha de encuentro y de conflicto con el/lo otro”. En los enunciados de las productoras del programa Sangre Violeta se identificó este proceso de reafirmación de su identidad como feminista. Y el proceso de reafirmación se dio también a través de un proceso de aprendizaje. Por un lado, en la experiencia de Sangre Violeta se identifica el feminismo como praxis, una relación dialéctica entre teoría y las acciones dirigidas a cambiar la situación cultural, social y jurídica que legitiman y reproducen condiciones de subordinación de género. Alejandra Enríquez y Wendy Briceño exclamaron que se fueron descubriendo feministas a partir de su trabajo empírico, de su activismo social tanto dentro como fuera de las emisoras. En un principio, señaló Enríquez, pensaba que feministas sólo podían ser las figuras reconocidas como Marcela Lagarde. Fue con la preparación de los programas, la organización de eventos, lecturas, discusiones, y demás, como se reconocieron como feministas. El programa resultó un espacio para la formación en la perspectiva de género y el feminismo para las productoras.

Los testimonios de las productoras coinciden con las afirmaciones de Peruzzo (2001) acerca de que la esencia de la educación para la ciudadanía dentro de la comunicación comunitaria es “la inserción de la persona en un proceso de comunicación, donde ella pueda convertirse en sujeto de su proceso de conocimiento”. Para esta investigadora, la participación directa de los ciudadanos en la comunicación es un proceso de aprendizaje y educación informal que permite desarrollar el conocimiento de los individuos y cambiar el modo de ver y relacionarse con el contexto donde viven y con el propio sistema de medios de comunicación; fomenta una visión más crítica tanto por las informaciones que reciben como por lo que aprenden a través de la propia práctica (Peruzzo, 2007).

 

Conclusiones

El análisis arrojó que las radios comunitarias construyen su discurso con base en una programación, estructura y organización diversa y plural a partir del intercambio, visión y participación de quienes participan en ellas, dependiendo del nivel de accesibilidad no sólo en la producción, sino también en la planeación del medio. En nuestro estudio, se observó que la participación y organización de la colectiva al interior de las dos emisoras y en su activismo social en favor a las demandas feministas, tuvo una incidencia importante en la práctica y filosofía política de los medios. Al final de cuentas, el impulso del derecho a la comunicación de las mujeres, así como la perspectiva e igualdad de género en el medio, fue resultado del impulso generado por la colectiva de mujeres feministas a través de casi diez años de militancia.

Si bien, los resultados obtenidos en esta investigación no se pueden generalizar a otras emisoras comunitarias, se encontró que la radio comunitaria puede fungir como herramienta auxiliar en las reivindicaciones y praxis feminista; en este caso, Sangre Violeta funcionó como foro de participación social, denuncia sobre el uso de lenguaje e ideas sexistas en otros medios y la publicidad, así como espacio para convocar a la acción social. Y esto se posibilitó por la autonomía e independencia tanto del medio en general, como del actuar de la colectiva respecto a los gestores del medio y demás productores, lo que fomentó, en primera instancia, la apropiación del espacio radiofónico, lo que les permitió construir un discurso propio sin presiones externas y sin temor de perder el programa. En consecuencia, la colectiva ganó legitimidad en el espacio público, capacidad de convocatoria y se construyó como nicho de articulación de actividades feministas. En otras palabras, la independencia y autonomía que la emisora ofrecía a las productoras fue fundamental para posicionarse frente a las instituciones y otros focos de poder con los cuales debían vincularse para la reivindicación de la identidad social y la titularidad de derechos. En segunda, propició que la colectiva se apropiara del medio en general, que se reflejó en la participación en las asambleas organizativas, las actividades de mantenimiento y en las prácticas de sostenibilidad.

Un punto importarte es respecto a la diversidad y pluralidad al interior de las radios comunitarias debido a la confluencia de diversos actores que participaban en ella, y quienes se guían bajo diferentes proyectos políticos, formas de actuar y pensar. En esta pluralidad se corre el riesgo de reproducir las relaciones desiguales de género imperantes en la sociedad o denigrar la lucha feminista puesto que atenta con ciertas formas hegemónicas que privilegia al varón en todos los ámbitos de la vida social. Esta situación puede ser más proclive en radios que surgen en contextos culturales y sociales que reproducen por tradición la discriminación, exclusión o roles con respecto a las mujeres.

Así, el papel de los órganos de gobierno de las radios comunitarias es fundamental para mantener la armonía y equilibrio entre los diversos actores. En primer lugar, se observó positivo construir este órgano de manera equitativa y diversa entre hombres y mujeres, y que funcione democráticamente bajo mecanismos colegiados. Asimismo, este órgano, así como la dirección de las emisoras, deben adquirir un papel de mediador entre los diversos productores, como formarse en perspectiva de género para atender las quejas provenientes de las relaciones entre hombres y mujeres al interior del medio. En este respecto, se observó fundamental la preocupación y accionar de las mujeres por feminizar el espacio radiofónico por iniciativa propia y como un objetivo necesario para que las emisoras comunitarias cumplan con su papel democratizador en el espacio público. El reto es que las propias mujeres tomen el poder de la palabra, visibilicen los problemas a los que se enfrentan en sus localidades, casas y en las propias emisoras, y promuevan sus causas y derechos.

 

Notas:

[1] La Ke-Huelga Radio es gestionada de manera autónoma por estudiantes y transmite desde el interior de Ciudad Universitaria, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desde 1999, en la Ciudad de México.

[2] T22 Radio La Colifata es una emisora radial que transmite en la frecuencia de 100.3 FM desde el interior del hospital neuropsiquiátrico Borda, en Buenos Aires, conducida por internos del hospital.

[3] La actual Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión en México no restringe a las radios comunitarias en watts de potencia, por tanto, pueden transmitir con miles de watts de potencia, según se los permita su capacidad económica (SEGOB, 2014).

[4] Por ejemplo, Larisa Kejval (2013, pág. 15) cuando nombra estas experiencias radiofónicas, lo hace como “Las radios comunitarias, populares y alternativas”. Se nota la idea de proyectos comunes, relacionados, pero diferenciados en su especificad.

[5] A.C. constituida por los gestores como requisito de la normatividad existente para que las organizaciones sociales pudieran solicitar un permiso de transmisión ante la COFETEL. La asociación está integrada por seis miembros (tres hombres y tres mujeres). En noviembre de 2015 obtuvo la concesión de uso social comunitaria por parte de IFT.

[6] Organismo autónomo creado a partir de la reforma en telecomunicaciones de 2013, encargado de regular los sectores de la radiodifusión y las telecomunicaciones y al cual se le otorgó la atribución de asignar las concesiones.

[7] Descripción que se encuentra en el grupo de Facebook administrado por las productoras del programa. Disponible en: https://www.facebook.com/groups/202549483112216/

[8] Comunicóloga, activista y trabajadora freelance. En entrevista para esta investigación realizada el 24 de febrero de 2016.

[9] Licenciada en Comunicación. Maestra en Estudios de Género, Procesos Políticos y Transformaciones. Actual diputada federal por Sonora de Morena, presidenta de la Comisión de Igualdad de Género. En entrevista para esta investigación realizada el 24 de febrero de 2016.

[10] El movimiento estudiantil nació en 1973 bajo el objetivo de modificar la Ley Orgánica para la Universidad. El programa de radio se llamó “Nuestra lucha, la participación de la mujer en el cambio social”, producido por estudiantes de la Escuela Preparatoria, integrada a la Universidad de Sonora, en dónde abordaban temas como sexualidad, anticonceptivos, aborto, el trabajo de las mujeres en las maquiladoras y la participación femenina en los movimientos sociales (Vidales, 2019, págs. 119-120).

[11] Por ejemplo, el movimiento social que inició en 2005 en contra del Cytrar, un confinamiento de residuos industriales que viola las normas ecológicas.

[12] Como la huelga de los mineros, pertenecientes a la sección 65 del Sindicato Minero Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana en contra de Grupo México en Cananea que estalló en 2007, en demanda de mayores medidas de seguridad e higiene laboral.

[13] Como el Movimiento Ciudadano Por Justicia 5 de Junio (MCJ5J), encabezado por los padres y madres de las niñas y niños que fallecieron en el incendio de la guardería ABC -subrogada del IMSS- en 2009.

[14] Abogada. Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Cultura Política. Trabaja temas sobre políticas públicas y género. Productora de Sangre Violeta. Entrevista realizada para esta investigación el 6 de junio de 2016.

[15] Ver por ejemplo la petición en change.org “Justicia integral para Citlali niña embarazada por violación en Sonora”. Disponible en: https://www.change.org/p/claudia-pavlovich-justicia-integral-para-citlali-ni%C3%B1a-embarazada-por-violaci%C3%B3n-en-sonora?recruiter=47284858&utm_source=petitions_share&utm_medium=copylink

[16] a) derechos humanos, b) equidad de género, c) medio ambiente, d) salud sexual y reproductiva, e) cultura alternativa, f) migración, g) “participación ciudadanía en la vida social, cultural y política del municipio, estado y país.

[17] A falta de permiso del Estado para transmitir, en marzo de 2014, P&RR fue confiscada por la policía federal en un operativo a medianoche donde participaron decenas de agentes. Este acto interrumpió la señal de la emisora hasta que obtuvo la concesión a finales de 2015 y al siguiente año regresó al aire; sin embargo, por diversas razones, el programa Sangre Violeta dejó de producirse.

[18] Socia y Tesorera de AC. Doctora en Química, especialista en nanociencia, profesora investigadora y activista. Entrevista realizada para esta investigación el 5 de junio de 2016.

[19] Para más información ver: “La marcha de las putas” (Lamas M. , 2011).

[20] Entre otros, se realizó un acto de presencia de las mujeres asesinadas en el Congreso del Estado a través de pañuelos bordados con sus nombres, los cuales fueron colocados en los asientos del público. Esta acción fue realizada por el colectivo Bordamos por la Paz Hermosillo. También se colocaron 44 pares de zapatos de mujeres a las afueras del Poder Judicial del Estado, aludiendo a la cantidad de mujeres asesinadas en los últimos años.

[21] Ismene Figueroa era otra productora del programa Sangre Violeta.

[22] Asociación Civil que promueve los derechos de la diversidad sexual.

[23] Se refiere al Movimiento Ciudadano Por Justicia 5 de Junio (MCJ5J), encabezado por los padres y madres de los  niños y niñas que fallecieron en el incendio de la guardería ABC, en Hermosillo, el 5 de junio de 2009.

[24] Silvia Núñez Esquer, feminista, periodista y comunicadora. Productora en Radio Universidad, creadora del portal de periodismo feminista mujersonora.com e integrante del OCNF.

[25] Espacio radiofónico del taller de radio dentro del plan de estudios de la licenciatura en comunicación de la USON, donde los estudiantes practicaban producción y conducción.

 

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Cómo citar este artículo:

MONTAÑO RICO, Daniel, (2019) “Sangre Violeta: la radio comunitaria como espacio de aprendizaje y articulación de la lucha feminista”, Pacarina del Sur [En línea], año 11, núm. 41, octubre-diciembre, 2019. ISSN: 2007-2309. Dossier 22: Movimientos, grupos, colectivos y organización de mujeres.

Consultado el Miércoles, 19 de Febrero de 2020.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1795&catid=67

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