América Latina: entre la democracia informativa y la concentración de los medios de comunicación

Latin America: Between the informative democracy and the concentration of the media

América Latina: democracia e as informações entre a concentração dos meios de comunicação

Alberto Villagómez

RECIBIDO: 04-12-2013 ACEPTADO: 26-12-2013

 

1. Antecedentes históricos en la construcción de la democracia mediática en América Latina

La revolución industrial que produjo la energía eléctrica a inicios del siglo XX, hizo posible el surgimiento de diversos inventos eléctricos y electrónicos, la mayoría de ellos se fueron aplicando a la información (telegrafía, telefonía, radiofonía, cinematografía, etc.). A mediados del siglo pasado, conforme se fueron tecnificando y diversificando los medios de comunicación se fueron acrecentando sus niveles de influencia en la sociedad: es así como fue surgiendo una “cultura radiofónica” y luego se fue creando un “homo videns”, asimismo se fue gestando una concentración de la propiedad de esta industria cultural y simbólica al servicio del dominio neocolonial de las clases dominantes y el imperialismo.

La academia latinoamericana especializada en los estudios comunicacionales empezó a producir investigaciones orientadas a proponer la democratizar la propiedad y el control de los medios de comunicación social. A fines de la década de los ’60 se realizaron los primeros estudios de Armand Mattelart (1970, 1970a) y Luis Ramiro Beltrán (1970), y las principales conclusiones a que arribaron fueron las siguientes:

1. La disponibilidad de los medios de comunicación masiva favorecía marcadamente a la población urbana en desmedro de la rural.

2. El contenido de los mensajes correspondía predominantemente a los intereses de los estratos urbanos superiores de la población y era ajeno a los de los estratos urbanos inferiores, en particular a los del campesinado entonces mayoritario. Los mensajes propiciaban la conservación de la sociedad oligárquica y desalentaban expresiones críticas y propositivas.

3. La propiedad de los medios de comunicación era privada y mercantil casi en su integridad y en buena parte monopólica en algunos países. Y era frecuente que los propietarios de los medios fueran también dueños de tierras agropecuarias, empresas mineras y firmas comerciales.

 Armand Mattelart
Armand Mattelart
www.comunicacionsocial.utpl.edu.ec

Respecto a la dominación externa llegaron a los siguientes resultados:

1. Dos agencias de noticias de los Estados Unidos de América, la UPI y la AP, monopolizaban el tráfico internacional de ellas en lo concerniente a América Latina, inclusive dentro de los países integrantes de ésta. Las principales agencias publicitarias de ese país manejaban la gran mayoría de los anuncios publicitarios de las corporaciones transnacionales en la región. Y la mayoría de las encuestas de opinión pública y de los estudios de mercadeo era efectuada en la región también por empresas estadounidenses.

2. Un poco más de la mitad de las películas cinematográficas que se proyectaban en la región y un tercio de los programas de televisión provenían de los Estados Unidos. La mayoría de la música grabada en disco que difundía la radio en ella tenía el mismo origen. Y la mayor parte de las revistas de alta circulación, de las tiras cómicas y de los libros de historietas eran en la región adaptaciones y traducciones de publicaciones de Estados Unidos de América.

3. Valiéndose de su emisora estatal internacional La Voz de América y de varios medios más, el Servicio de Información de Estados Unidos (USIS) hacía propaganda política que incluía mensajes antagónicos a movimientos contestatarios de la región. Y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) llevaba a cabo operaciones clandestinas de comunicación opuestas al cambio social en la región y, en algunos casos, hasta contribuyentes a desestabilizar gobiernos.

En 1974, a propuesta de la UNESCO, se llevó a cabo en Bogotá la Primera Reunión de Expertos sobre Políticas Nacionales de Comunicación. Los diecisiete participantes evaluaron los problemas mayores de la comunicación en América Latina y acordaron proponer y aplicar políticas tanto a nivel nacional (de acuerdo a las específicas características de cada país) y a nivel regional. Dichos acuerdos deberían ser la agenda para las deliberaciones de la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en América Latina y el Caribe que UNESCO tenía programada para 1975.

La Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) gremios oligárquicos y pro imperialistas, repudiaron airadamente aquel pronunciamiento por considerarlo atentatorio contra la libertad de prensa y destinado “a servir las aspiraciones de fascistas y marxistas”. Y, a través de su cadena continental de múltiples medios, se opusieron a la realización de la Conferencia Intergubernamental. Finalmente, fue Costa Rica el que, desafiando a la AIR y a la SIP, acogió en San José, en julio de 1976, a la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en Latinoamérica y el Caribe. La conferencia culminó en la Declaración de San José, que convalidó rotundamente en catorce enunciados el credo reformista democrático de Bogotá y formuló treinta recomendaciones para el diseño e implantación de políticas de comunicación en las jurisdicciones nacionales.

 

La pugna por un “Nuevo Orden Internacional de la Información”

Paralelamente a lo que sucedía en Latinoamérica, a inicios de la década de los ’70, se fue organizando de manera vigorosa el Movimiento de los Países No Alineados, que en 1973, en Argel, propusieron forjar un Nuevo Orden Internacional de la Economía (NOIE); y, en 1976, en Túnez, proclamaron la necesidad de un Nuevo Orden Mundial de la Información para descolonizar la comunicación.

A partir de entonces, los países no alineados consiguieron llevar este debate hasta el seno de las Naciones Unidas. Entre los años de 1976 y 1978, se intensificó la confrontación política entre los países dominantes y los dominados.

Con el fin de aquietar los ánimos, la UNESCO designó en 1977 la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación presidida por el científico irlandés Sean MacBride, Premio Nóbel de la Paz y Premio Lenin de la Paz. Esta Comisión MacBride elaboró su informe final (MacBride, 1981), que fue aprobado por la Asamblea General de la UNESCO, en 1980, en Belgrado. Finalmente, en 1984, el Gobierno de los Estados Unidos se retiró de este organismo.

 

De la reflexión a la investigación de la Comunicación en América Latina.

A inicios de la década de los ’70, surgió una línea de investigación derivada del planteamiento de Paulo Freire (1969, 1969a), quien, frente a la educación tradicional, opresiva y conservadora, propuso una educación liberadora basada en el diálogo concientizador por medio de una relación interpersonal bidireccional y no autoritaria, a la que llamó “comunicación dialógica”.

Otros destacados aportes están los de Frank Gerace, estadounidense primero residente en Bolivia y luego exiliado en Perú, quien publicó Comunicación Horizontal: Cambios de estructuras y movilización social (1973), en donde desarrolla el pensamiento freiriano y postula una comunicación horizontal; Juan Díaz Bordenave (1979), quien desarrolló una reflexión sistemática sobre la comunicación horizontal enfatizando la participación del pueblo en la toma de decisiones sobre asuntos de interés público por medio de la comunicación libre y dialógica. De esta manera, surgieron en el ámbito de la reflexión sobre la comunicación social los conceptos de comunicación alternativa, dialógica, comunitaria, popular, etc.

Simultáneamente, en septiembre de 1973, se realizó un trascendental seminario regional de expertos latinoamericanos en investigación de comunicación en Costa Rica, con el auspicio del Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL) y la Fundación Friedrich Ebert. Sus conclusiones estuvieron orientadas a consolidar el desarrollo de la investigación científica de la comunicación social en América Latina.

Ya en 1970 Mattelart había denunciado la forma de cómo era concebida y practicada la investigación sobre comunicación en los Estados Unidos de América. Criticó su evidente interés por estudiar los efectos de los mensajes de los medios masivos en el público considerado como mercado potencial y fácilmente persuadido por los mensajes de publicidad comercial y propaganda política. Denunció que el fin último de estas investigaciones estaba orientado a proponer ajustes funcionales para perpetuar el sistema capitalista.

En 1977, en el Seminario sobre La Investigación de la Comunicación en América Latina, organizado por la CIESPAL, los expertos señalaron que el objetivo central de la investigación latinoamericana deberá ser “...el análisis crítico del papel de la comunicación en todos los niveles de funcionamiento, sin omitir sus reacciones con la dominación interna y la dependencia externa; y el estudio de nuevos canales, medios, mensajes, situaciones de comunicación, etc. que contribuyan al proceso de transformación social ...”(CIESPAL, 1977).

Por su parte, el comunicólogo brasileño José Marques de Melo (1984), enumeró las principales  consideraciones a tener en cuenta: 1°) reconocer la naturaleza dependiente de la teoría y de la metodología predominantes en la región; 2°) proponer la búsqueda de alternativas teóricas y metodológicas adecuadas para ofrecer soluciones a los problemas que confrontan los países latinoamericanos, procurando la develación de las interrelaciones que configuran las estructuras de la dominación y la dependencia; y 3°) dar prioridad en la investigación a los papeles de la comunicación en la educación y en la organización y movilización popular.

José Marques de Melo
José Marques de Melo
www.fazendomedia.com

 

Por un modelo de comunicación democrática

Tal como señala Beltrán (2008: 149), a fines de los años 70 se registraron dos propuestas  iniciales a la formulación de modelos de la comunicación que buscaban sustituir al modelo clásico estadounidense, que el propio Harold Laswell (1902-1978) llegaría un día a reprobar por haber llegado a considerarlo “oligárquico”.

Uno de esos paradigmas lo propuso el comunicólogo chileno Fernando Reyes-Matta (1978) en base a la noción de “comunicación con participación social activa”. Reyes afirmaba que la comunicación es un “bien social” y subrayando la multidireccionalidad en el proceso de ella, trazó un esquema de interacción facilitada por el acceso efectivo e instrumentada por la participación consciente, activa y crítica de los ciudadanos –como emisores y receptores de mensajes– en la comunicación como instrumento para intervenir en la toma de decisiones sobre asuntos de interés público.

La otra propuesta la hizo Luis Ramiro Beltrán teniendo como eje la “comunicación horizontal” centrado en la interacción simbólica libre e igualitaria por medio del acceso, el diálogo y la participación. Situó estos elementos en el marco de derechos, necesidades y recursos de comunicación no se daba sólo con el fin de la persuasión. Entendió al acceso como el ejercicio efectivo del derecho a recibir mensajes, a la participación como el ejercicio efectivo del derecho a emitir mensajes y al diálogo como el ejercicio efectivo del derecho a emitir mensajes y, al mismo tiempo, a recibirlos. Consideró al acceso la precondición para la comunicación horizontal, a la participación la culminación de ella y al diálogo el eje crucial de la misma. Bajo tal enfoque, consideró más bien “comunicadores” a los participantes del ambi direccional proceso. (Beltrán, 1979).

Al finalizar la década del 80, dos acontecimientos cambiaron el rumbo de la historia: el fin de la “Guerra Fría” a consecuencia de la disolución de la URSS y la extraordinaria revolución tecnológica en las telecomunicaciones con el surgimiento de la Internet. El advenimiento de la globalización de la economía y de la información no solo dio paso a la Sociedad de la Información sino también al poder unipolar del capital monopolístico de los Estados Unidos de Norteamérica.

Una investigación a nivel continental, realizada por los argentinos Martín Becerra y Guillermo Mastrini (2004), financiada por el Instituto Prensa y Sociedad (IPyS), con sede en Perú, llegaron a las siguientes conclusiones:

1. Al año, un ciudadano latinoamericano adquiere menos de un libro, asiste menos de una vez a una sala de cine, adquiere en el circuito legal medio disco compacto y compra un diario en diez ocasiones. En cambio, accede a diario a los programas de la televisión abierta y de la radio. Pero la conexión a Internet no logra alcanzar ni al 10 por ciento de la población de la región.

2. La estructura de las industrias culturales y de telecomunicación muestra en Latinoamérica un alto grado de concentración. Las cuatro primeras firmas de cada mercado dominan, en promedio regional, más del 60 por ciento del público y de la facturación del mercado.

3. En los años del 90 el mayor crecimiento se registró en los procesos de concentración de la propiedad.

2.  La concentración monopólica de la industria cultural y simbólica en América Latina

El viejo Marx nos decía que la dinámica del capitalismo era su tendencia hacia la concentración del capital, el trabajo, la producción y el consumo, todos ellos son los factores que “engendran” al monopolio. Obviamente lo mismo sucede con la fusión y concentración de empresas que tienen como objetivo liquidar o engullirse a la competencia en el mercado de la información y la comunicación y tener el camino libre para prevalecer como única.

En los últimos tiempos, este proceso de monopolización de la propiedad y el control de los medios de comunicación está produciendo serios conflictos de intereses económicos y políticos entre los propietarios de diarios, radio, televisión y cine, y entre los representantes de la denominada “sociedad civil” y la “clase política”. Algo de esto ya se había dado anteriormente con la conformación de cadenas de diarios, radios y televisión; pero es en los últimos años en que el proceso de concentración se está mostrando más peligroso para la estabilidad de las endebles democracias burguesas de América Latina.

Como ejemplos diremos que en Brasil, en 1965, se funda la Rede Globo de Televisão, que hasta ese entonces era apenas el Canal 4 de Río de Janeiro. En 1966 amplió su cobertura, comprando la TV Paulista (canal 5) y luego penetrando en Belo Horizonte, para 1968 constituyó la Red de Brasilia y Recife. En 1968, establece un acuerdo con el grupo Time-Life, lo que permitió indirectamente no solo la explotación de la empresa por el capital, sino también la consolidación del poderío de O Globo. Como este acuerdo comercial fue anticonstitucional, el Parlamento recomendó su anulación; no obstante, el dictador  Castelo Branco dio un plazo a la cadena para regularizar la situación. A esta etapa se le conoce como la “norteamericanización de la televisión nacional” (Caparelli, 1982).

Desde sus orígenes, la TV brasileña imita el modelo norteamericano: orientación comercial, propiedad privada y poca regulación de contenidos. Las primeras licencias fueron distribuidas por el gobierno sin ningún plan técnico preconcebido y por favores políticos.

En 1968 se inaugura la Red Nacional de Microondas de EMBRATEL  y del sistema de transmisión vía satélite, lo que permitió operar en red a la TV Globo y a la conquista e integración de los mercados locales y finalmente a la búsqueda del mercado internacional de televisión. Durante toda la década del ’70, O Globo no cesa de expandir su cobertura. En los ’80, la estrategia internacional de exportación de programas de la emisora va a intensificarse, cuando Europa pasa a ser la fuente de expansión más importante de los negocios de O Globo. A fines de esta década las exportaciones de programación de Globo alcanzaban a 120 países. Además, la Red cubría 3600 de los 3991 municipios brasileños (alrededor de 78 millones de espectadores potenciales) y tenía el mayor índice de producción propia del mundo: 95,5% de lo exhibido en la franja de 17 a 23 horas.


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En la actualidad, la cobertura de Globo se extiende por prácticamente todo el territorio nacional, contando con telespectadores en 99.84% de los 5.043 municipios brasileños. Las cifras alcanzadas por Rede Globo son una prueba fidedigna de su crecimiento: cuenta con cerca de 113 emisoras entre Generadoras y Afiliadas, 74% de audiencia en el horario pico, 56% en el matutino, 59% en el vespertino y 69% del horario nocturno. En lo que respecta al mercado publicitario, Globo tiene una participación equivalente a 75% del total de las asignaciones destinadas a los medios televisivos. El grupo Globo controla más del 70%  de los negocios de la televisión. La industria televisiva de Brasil, al igual que otras de América Latina, se caracteriza por una estructura de mercado oligopólica, con estricto control estatal en el número de canales (Bolaño, 1988).

En un informe preparado por M. Weisbrot  y T. Ruttenberg (2010), para el prestigioso centro de investigación Center for economic and policy research (CEPR), sobre la situación de los medios de comunicación en Venezuela, registran en primera instancia las burdas mentiras de Roger Noriega (ex-secretario adjunto para América Latina del Departamento de Estado de EE. UU.) y de los grandes medios (el Washington Post, la CNN, entre otros) opuestos al gobierno de Hugo Chávez, cuando denuncian “el dominio que ejerce el gobierno sobre los medios de comunicación”. Considerando que los dueños de los canales privados, en su mayoría, están políticamente opuestos al gobierno, es evidente que más del 94% de la programación vista por los venezolanos no está a favor del gobierno. De hecho, una gran parte de los medios privados es fuertemente anti-gobiernista, de manera más extrema de lo que se permite en los Estados Unidos, por ejemplo. Sin embargo, queda claro con estos datos, basados en las encuestas de hogares durante un período de diez años, que las declaraciones sobre el “control” o el “dominio” del gobierno venezolano sobre los medios de comunicación no solo son exageradas, sino que son simplemente falsas. Los datos estadístico que registra el informe demuestran que, incluso después de la expansión del principal canal estatal (VTV), y la creación o expansión de cuatro canales más (TVES, Vive TV, TV Catia, Asamblea), la cuota de audiencia del Estado aún se mantiene bastante baja –aunque actualmente está considerablemente más grande de lo que estaba una década atrás–. Durante los años 2000 y 2001, los canales estatales registraron un promedio de 1,9 % de la audiencia, en comparación con el 5,9 % durante 2009-2010.

Radio Caracas Televisión
Radio Caracas Televisión
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Al canal de televisión más grande y antiguo del país –RCTV (Radio Caracas Televisión)– le negaron la renovación de su concesión en mayo 2007, y como consecuencia el mes siguiente RCTV tuvo que parar su transmisión por espectro radioeléctrico abierto. El canal, junto con otros, participó en el golpe militar del 2002 que derrocó brevemente a Hugo Chávez, presidente electo. Sin embargo, la no-renovación de su concesión, la cual le otorgaba el derecho de transmitir a través de una porción particular del espectro radioeléctrico, no cerró RCTV –como fue reportado falsamente por los medios internacionales–, el canal siguió transmitiendo por cable y satélite hasta enero de 2010.

Transmitiendo bajo el nombre RCTV Internacional pero manteniendo la misma programación, RCTV afirmó que era un canal internacional y que, por lo tanto, las leyes nacionales y los reglamentos de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) no le aplicaban. El gobierno venezolano rechazó esta afirmación después de que CONATEL llegó a la conclusión de que el 90% del contenido y las operaciones de RCTV eran de carácter nacional y, por lo tanto, sujetos a los reglamentos de CONATEL. RCTV continuó insistiendo que las leyes nacionales no le aplicaban, por ejemplo, con respecto a la transmisión de las cadenas presidenciales (una ley anterior al gobierno de Chávez).

En México, la fusión de Televisa y TV-Azteca ha logrado que una sola empresa posea el 90% de las concesiones de televisión abierta (gratuita) y de cable (de paga). De igual modo, en noviembre del 2013 la Comisión Federal de Competencia Económica (CFCE) autorizó la fusión Cinemex-Cinemark: una sola empresa concentrará la propiedad del 90% de las salas cinematográficas de México. El CFCE es el nuevo ente regulador que remplazó a su antecesora Comisión Federal de Competencia (CFC), la misma que había denegado anteriormente dicha fusión empresarial.


radioamlo.org

A inicios del mes de septiembre del presente año en Perú, en donde la mayoría de diarios que se distribuyen a nivel nacional se editan en la ciudad de Lima, una noticia corrió como reguero de pólvora: el Consorcio El Comercio había comprado la mayoría de las acciones del grupo de Epensa. El grupo empresarial mediático de El Comercio es accionista mayoritario de América TV (canal de señal abierta) y Canal N (canal de tv cable), de los diarios Trome, Perú21, Depor y Gestión. Y el grupo Epensa es propietario de los diarios Correo, Ojo, Ajá y El Bocón. Con esta operación, el grupo El Comercio concentra el 77.86% de la propiedad, la venta de diarios, la venta de publicidad y una posición dominante en el mercado de diarios impresos y digitales en el país, así como  una gran influencia económica, ideológica y política.

Esta concentración de El Comercio distorsiona la libre competencia, porque fuerza a los principales anunciadores a no comprar publicidad en el 20% restante de diarios. Así mismo, mayor será su capacidad de ejercer  poder político; recordemos que en la campaña presidencial de las elecciones de 2011 se evidenció un alto grado de parcialidad de un gran sector de la prensa (liderado por El Comercio) que buscó afectar los resultados de los comicios apoyando abiertamente a la candidata del fujimorismo y boicoteando la campaña del actual mandatario.

Grupo <em>El Comercio</em>
Grupo El Comercio
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¿Existe realmente libertad de expresión en los regímenes democráticos de

América Latina?

La monopolización de los medios de comunicación no solo genera conflictos en el mercado de bienes y servicios mediáticos, sino que también sus efectos trascienden a otras esferas. La creciente importancia que han ido adquiriendo los medios implica la introducción de nuevas reglas de juego que han modificado el desarrollo de la actividad política y el protagonismo de sus actores. Las preguntas:¿Los medios cumplen funciones imprescindibles en un Estado democrático?, ¿Cómo explicar el surgimiento y consolidación de organizaciones políticas, líderes y movimientos sociales, sin considerar el rol de los medios como mediadores políticos? ¿Cómo comprender la declinación de los mítines y el surgimiento de nuevos escenarios mediáticos en la confrontación y la difusión política?, ¿Cómo explicarnos la existencia o la vigencia de la agenda setting que muestran los medios y que el público lo admite como necesaria o superflua?, por ejemplo. Todas estas y muchas otras son las interrogantes sobre las cuales se extiende una crucial reflexión sobre la función de los medios en la sociedad.

A partir del siglo XX en América Latina los medios de comunicación social han tomado partido de sus propias verdades informativas, más aún cuando se han agudizado las confrontaciones políticas en determinadas coyunturas. Y las preguntas que nos asaltan son:¿Cómo compatibilizar la necesidad de la objetividad informativa de los medios en un régimen democrático y la de ser, al mismo tiempo, empresas que poseen sus legítimos intereses comerciales y políticos?, ¿Cómo entender la eficacia de la lucha contra la corrupción y la defensa de los derechos humanos sin la fiscalización de medios y periodistas honestos?, ¿Cómo medir el impacto del uso de las redes sociales digitales en la orientación de la opinión pública y en la decisión final en las elecciones políticas?, ¿Cómo verificar la verdad, la verdad a medias o las mentiras que transmiten las agencias de noticias nacionales e internacionales?

 

De la concentración de medios a la concentración del poder

Los propietarios, editores y directores de diarios, periódicos y agencias informativas de América están representados por la  Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), organismo que agrupa a 1,300 periódicos y revistas. No obstante que tiene como objetivos defender la libertad de prensa, la dignidad y los derechos de los periodistas y promover un mayor intercambio de información entre la sociedad, fundamentalmente la SIP representa los intereses de los grupos económicos propietarios de los medios informativos y se ha desempeñado más bien como un gremio aliado de los intereses ideológicos y políticos de los gobiernos norteamericanos en nuestro hemisferio.

Cuando el 22 de junio del 2012, aconteció la censura del presidente de Paraguay Fernando Lugo, por el Congreso, los medios de comunicación no solo de Paraguay sino también de América Latina, desde varios meses atrás, tomaron partido: unos a favor y otros en contra de su destitución.

Recordemos que en las elecciones del 2008, Lugo llegó a conformar una gran coalición de más de una docena de partidos de oposición y movimientos sociales y logró derrotar al conservador Partido Colorado que venía gobernando con una continuidad de más de 60 años. A partir de entonces la SIP y los demás medios reaccionarios trataron de socavar su gobierno.

En el Paraguay, los diarios 5 Días y Página 12 avalaron su destitución por el Congreso, y los diarios La Nación, Crónica y Ultima Hora, estuvieron en contra. De igual manera, a nivel continental, la prensa se alineó de la siguiente manera: Tiempo y La Nación (Argentina), La República y La Juventud (Uruguay), O Globo y Folha  de Sao Paulo, Correiro Braziliense (Brasil), Prensa Libe (Guatemala), La Estrella (Panamá), Diario Libre (Santo Domingo), La Primera, La República (Perú), entre otros, denunciaron la conspiración antidemocrática.

Mientras que La Nación (Costa Rica), El Espectador (Colombia), El Mercurio (Chile), El Universal (México), El Universal (Venezuela), Expresoy El Comercio (Perú), entre otros, justificaron los resultados del juicio político al presidente Lugo.

 

Los millonarios en las comunicaciones

En la estructura de los sectores productivos, las comunicaciones son tanto bienes como servicios, por este carácter sui generis pertenecerían a un sector cuaternario. Este cuarto sector no solo es el que evidencia un mayor desarrollo tecnológico sino también el que genera mayor rentabilidad. Según los estudios de la revista Forbes, tres de los primeros cinco hombres más adinerados del mundo en el 2013 son aquellos que tienen sus inversiones en la industria de las comunicaciones. Quien ocupa el primer lugar es Bill Gates, su empresa Microsoft es el principal fabricante de software a nivel mundial. En segunda posición está el mexicano Carlos Slim Helú, propietario de las empresas de telefonía celular: América Móvil, Teléfonos de México (Telmex) y Telmex Internacional (Telint). En quinto lugar es para Larry Ellison, dueño de Oracle, empresa también dedicada al desarrollo de software.

La mayoría de estas empresas son monopolísticas, en la definición que le atribuye Baran y Sweezy (1966), similar a las empresas que se dedican a la industria bélica y a la cinematográfica.

                                                                                                                             

Los verdaderos peligros de los periodistas

El periodismo es una de las profesiones más peligrosas en el mundo, cuando se está cubriendo información en un país como Irak o Afganistán (que sufren ocupación militar estadounidense y en donde ocurre frecuentemente actos violentos de los grupos armados de la resistencia), en México o Colombia (donde el crimen organizado de las mafias de los narcotraficantes y los actos terroristas de los grupos guerrilleros y los paramilitares son cotidianos). Pero también en cualquier país en donde el periodismo de investigación va develando verdades que afectan a determinados poderes económicos, políticos y militares.

En muchas ocasiones se entrelazan con asombrosa impunidad mafiosos  narcotraficantes, políticos, empresarios, miembros de las fuerzas armadas y policiales, pero son los periodistas de investigación los llamados a desenhebrar el ovillo de la corrupción y el crimen. ¿Cuántos periodistas han sido muertos o desaparecidos en los últimos años a consecuencia de ejercer honestamente su profesión?

Reporteros sin Fronteras, fundada en 1985 en Francia, es una organización que posee un estatus consultivo ante la ONU y la Unesco, está dedicada a la asistencia de los periodistas que trabajan en zonas difíciles. En su página web informa que México es uno de los países más peligrosos del mundo para los periodistas; las amenazas y los asesinatos a manos del crimen organizado –incluso de las autoridades corruptas– son cosa de todos los días. Este clima de miedo, junto con la impunidad que prevalece, genera autocensura, perjudicial para la libertad de información.


cnpcaracas.org

En la última década han sido asesinados más de 80 periodistas y 17 han desaparecido. Asimismo, ciertos medios de comunicación frecuentemente son blanco de ataques armados y de amenazas, en especial en el norte de México. ¿Quiénes están detrás de estas intimidaciones? Los cárteles de la droga, que se preocupan por hacer callar a los periodistas y blogueros que informan sobre las actividades del crimen organizado y la violencia ligada a ellas.

Las intimidaciones también provienen de las autoridades federales y estatales. En marzo del año 2013, en la provincia azteca de San Luis Potosí, varios periodistas del diario Pulso y net ciudadanos fueron víctimas de una “campaña de odio anónimo” en las redes sociales, atribuida al Gobierno del Estado, tras la publicación de textos “incómodos” para el gobierno. A las intimidaciones, se suma el hecho de que en 2013 el gobierno federal habría establecido un acuerdo con algunos gobiernos estatales para que no se divulgue información sobre hechos de violencia, con el objetivo de reducir el sentimiento de inseguridad general.

La impunidad sigue siendo la regla en la inmensa mayoría de los casos de asesinato y de desapariciones. Las investigaciones con frecuencia se cierran de prisa o se frenan debido a la lentitud u obstrucción burocrática. La impunidad también se explica por la colusión entre el crimen organizado y las autoridades políticas y administrativas –a menudo corruptas y en las que incluso se han infiltrado los cárteles– a todos los niveles.

Algo similar ocurre en Colombia, en donde las mafias políticas y económicas se coluden con los paramilitares, y son capaces de encarcelar, secuestrar o asesinar a cualquier reportero bajo cualquier pretexto. Ante esto, los periodistas independientes, para sobrevivir, optan por la autocensura o el exilio.

El gobierno del presidente Álvaro Uribe, prontuariado por la DEA, no sólo ha perseguido a periodistas, sino que al director del Semanario Voz (órgano oficial del Partido Comunista Colombiano), Carlos Lozano Guillén (abogado, periodista y politólogo), lo ha demandado ante el poder judicial, en el año 2008, por tener contactos con las FARC (proceso aún en  investigación), como los han tenido tantos otros comunicadores durante los diversos procesos de pacificación. El mismo Lozano a quien el presidente francés Nicolás Sarkozy, de reconocida posición de derecha, le otorgara en el 2008 la Orden Nacional de la Legión de Honor, la más alta condecoración de la República de Francia.

En septiembre del 2008, en Chile aconteció que el periodista Hugo Guzmán tuvo que renunciar a su trabajo en el Palacio de La Moneda para no dañar la imagen de la presidente Bachelet. Guzmán, cuando en el exilio en México trabajó en el canal 11 de tv, llegó a tener contacto con las FARC, cuando en esos años tenía reconocimiento de grupo beligerante. No obstante, el diario El Mercurio y el partido Renovación Nacional encabezaron una falaz y persistente campaña aduciendo que el nombre de Guzmán estaba registrado en el correo del ordenador que tenía el comandante guerrillero Raúl Reyes, muerto en un enfrentamiento en la selva de Ecuador, en el que participó la Cia.

Pero, además del peligro que corren los periodistas, también el periodismo como industria cultural y como profesión está en peligro. Los principales riesgos de la monopolización de los medios de información es la posibilidad de ejercer la monopolización de la manipulación de los hechos y la exclusión de personal profesional.

La manipulación de los medios de comunicación se manifiesta de manera grosera y sin tapujos en los procesos electorales, pues es en la confrontación política cuando abandonan su disfraz neutral, objetivo e imparcial.

Podemos mencionar tres casos para ilustrar este aspecto de la manipulación informativa y, coincidentemente, se trata de tres elecciones recientes: Nicaragua, Venezuela y Perú. En las dos primeras los medios de comunicación pasaron por encima de las decisiones de los organismos electorales oficiales para difundir resultados distorsionados.

En Nicaragua, los grupos de la prensa de derecha pretendieron descalificar la legitimidad de los comicios electorales de noviembre del 2008, principalmente los resultados para la alcaldía de Managua, en la cual el candidato del derechista Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Eduardo Montealegre, derrotado en 2006 en sus aspiraciones presidenciales por Daniel Ortega, fue superado esta vez por Alexis Argüello (ex campeón de boxeo), candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Para los medios de información reaccionarios, liderados por La Prensa, no tenía valor la certificación de los resultados emitidos por el Consejo Supremo Electoral (CSE), que legitimaba el triunfo de Argüello, y más bien mantuvieron una campaña denunciando un presunto fraude electoral que se habría cometido en todas las alcaldías conquistadas por el FSLN. Obviamente intervino los agentes del imperialismo norteamericano, amenazando con suspender la ayuda de 175 millones de dólares en cinco años a Nicaragua para la reducción de la pobreza, sino se convocaba a nuevas elecciones.

Algo similar ocurrió en las elecciones de noviembre del 2008 en Venezuela, en donde el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus aliados ganaron en el 77% de las gobernaciones y el 85% de las alcaldías. Esto provocó la reacción de la derecha y sus medios de información de oposición liderados por el grupo del diario El Universal, quienes apoyándose en el triunfo de la oposición en los estados de Zulia, Carabobo, Nueva Esparta, Táchira y Miranda, y la Alcaldía Mayor de Caracas, cuestionaran la legitimidad de los resultados electorales organizado por el Consejo Nacional Electoral (CNE). La oposición denunciaba irregularidades porque, presuntamente, hubo colegios que permanecieron abiertos después de la hora límite, a pesar que no había electores esperando votar.

En el caso de Perú, en las elecciones presidenciales tanto del 2006 y 2011, en la cual postuló el ex–teniente coronel Ollanta Humala, la mayoría de los medios de comunicación (prensa, radio y tv) satanizaron la candidatura de Humala, quien lideraba una alianza de partidos progresistas y de izquierda, aduciendo que cuando él era militar había cometido delitos contra los derechos humanos, que recibía dinero del gobierno venezolano de Hugo Chávez para sufragar los gastos de la campaña electoral,  que su triunfo sería llevar al país al comunismo, que recortaría la libertad de expresión de los medios de comunicación, que estatizaría las grandes empresas, que su gobierno sería como un salto en el vacío, etc. En la campaña del 2011, cada vez que las empresas encuestadoras de opinión publicaban las tendencias de la votación de las personas y pronosticaba como ganador a Humala, los medios de derecha sorprendían a la población con la noticia que caían los índices de precio en la Bolsa de Valores de Lima.

El otro riesgo de la monopolización de los medios de información es al despido de personal técnico y profesional a través de la reconversión de las redacciones, por los procesos de tecnificación y digitalización de la labor periodística. Esto que es una realidad es también un pretexto de las grandes empresas para despedir a periodistas que incomodan por querer tener cierta independencia en sus criterios y opiniones y, de esta manera, sobrecargar de trabajo a los nuevos.

 

¿Los medios de comunicación son soportes de nuestra identidad cultural?

Nuestro continente está tasajeado históricamente por similares problemas políticos, económicos y sociales, que han ido modificando el perfil de sus ciudades capitales ahora densamente pobladas, como producto de las migraciones internas que han ido conformando paralelamente procesos de hibridación cultural y étnica, así como nuevas demandas de servicios básicos, educación, información y entretenimiento, como exigencias de apertura e inclusión democrática.

En este contexto social y comunicacional, marginal e informal a la vez, los contenidos de los medios masivos se van adecuando a construcciones discursivas sensacionalistas y a la espectacularización de la cotidianeidad, que banalizan los casos de anomia social que se muestran en las portadas de los diarios y en los titulares de los noticieros radiales y televisivos.

¿Por qué el fujimorismo de Alberto (de papá primero) y ahora de Keiko (su hija) tienen tanta popularidad e intención de voto en las encuestas de opinión?  En las últimas elecciones presidenciales de 2011, Ollanta y Keiko pasaron a la segunda vuelta para definir entre los dos la presidencia de la república. ¿Cómo entender que el fujimorismo, que significa corrupción, robo, violación de los derechos humanos, etc. se hizo del 48,55% de los votos válidos y casi gana las elecciones para la presidencia? La respuesta es muy simple: es por el alto nivel de ignorancia política de la población peruana, ignorancia cívica alimentada cotidianamente por los medios de comunicación que dosifica una difusión sistemática de bazofia massmediática. El problema no es Keiko Fujimori, sino la manera burda y cínica cómo la mayoría de los propietarios de los medios de comunicación obtienen plusvalía económica e ideológica apostando por la defensa del sistema neocapitalista de dominación y difundiendo mensajes embrutecedores “que le gusta a la gente”.

Tal como se puede comprobar, los sectores progresistas y revolucionarios de los pueblos latinoamericanos están comprometidos en la democratización de los medios de comunicación, porque consideran que las amplias brechas de la desigualdad económica y social y la endeble ciudadanía de las personas, requiere contar con medios de comunicación que contribuyan a consolidar una sociedad democrática, inclusiva y participativa, así como una ciudadanía debidamente informada y deliberante (Quiroz, 2003). Incluso la democracia burguesa no puede existir al margen de la democratización de los medios de comunicación.

 

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Cómo citar este artículo:

VILLAGÓMEZ, Alberto, (2014) “América Latina: entre la democracia informativa y la concentración de los medios de comunicación”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 18, enero-marzo, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 16 de Julio de 2024.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=910&catid=46