Necesarias, prescindibles y obligatorias aproximaciones cinematográficas a Nelson Mandela

Necessary, expendable and mandatory cinematographic approaches to Nelson Mandela

Necessário, obrigatório dispensável e abordagens para Nelson Mandela filme

Ernesto Guevara Flores [1]

RECIBIDO: 04-12-2013 ACEPTADO: 26-12-2013

 

  1. PARA UNA RECONFIGURACIÓN DE LA BIOGRAFÍA DE MANDELA

Una lucha de medio siglo, y un encierro injusto por 27 años, un líder popular que perdió su libertad cuando luchó contra un sistema racista en Sudáfrica. Líder de los Derechos Humanos, jefe de la resistencia, sin temor a la lucha armada; luego ícono del diálogo y de la reconciliación del siglo XX. Nelson Mandela (1918-2013) fue todo eso, además de Presidente de su país y padre político de su patria.

Mandela vivió una vida plena de drama, lucha y triunfo político, así que era lógico que fuera el punto de partida para la creación cinematográfica. Su vida es el insumo perfecto para inspirar películas, telefilmes y canciones. Y no sorprende que haya sido una de las figuras internacionales más interpretadas en el cine y la televisión durante los últimos 50 años.

La biografía de Nelson Rolihlala Mandela ha sido en extenso descrita. Pero toda revisión de su vida debe partir del marco sociopolítico de su país: Sudáfrica y el sistema racista de capitalismo dependiente de ese país, de raíz holandesa boer e inglesa.[2] Contra ese segregacionismo vergonzoso, se alzaron varias organizaciones, siendo la más importante el African National Congress, ANC, de Oliver Tambo y Nelson Mandela.Tras la masacre de Sharpeville, los líderes del ANC deciden pasar a la resistencia armada, y fundan dentro del ANC el brazo armado, Umkhonto WeSizwe, UWS (“La Lanza de la Nación”). Y empiezan los ataques a la policía racista, los atentados contra los intereses industriales del apartheid racista, los ajusticiamientos y la propaganda armada.[3] Aun no lo llamaban Madiba.

Sin embargo, en agosto de 1962, la policía detuvo a Mandela, gracias a la CIA norteamericana. Se le encerró en Johanesburgo y fue juzgado junto a otros detenidos en el llamado ‘Proceso de Rivonia’, que lo condenó a cadena perpetua.Mandela fue el prisionero número 466 de 1964, en la isla de Robben, durante 17 años. Hizo trabajos forzados en una cantera de cal, con los presos segregados por raza y los políticos separados de los comunes con menos privilegios. Mandela, como prisionero del grupo más bajo de la clasificación, sólo tenía cada seis meses una visita y una carta, retrasada largos períodos y leída por los censores. Pasó diez años más en otras dos prisiones, sumando 27 años de reclusión.[4]

El Gobierno rechazó todas las peticiones de libertad, pero Mandela se convirtió en símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los negros sudafricanos. En algún momento pasó a ser llamado Madiba por todo el país negro, un apodo generado con toda seguridad por su esposa Winnie, que tras un año de cárcel pasó a dirigente del ANC.

La reputación de Madiba creció, llegó a ser el líder negro más importante en Sudáfrica. En 1982 es trasladado a la prisión de Pollsmoor, junto con los dirigentes del ANC Walter Sisulu, Andrew Mlangeni, Ahmed Kathrada y Raymond Mhlaba. ¿Se quería eliminar la influencia de estos líderes en la nueva generación de activistas presos en Robben? El gobierno blanco dijo que era para permitir un contacto discreto con el ANC. En 1985 el presidente Botha ofreció la liberación condicional de Mandela a cambio de renunciar a la lucha armada. Varios ministros desaconsejaron a Botha esta decisión: sabían que Mandela no comprometería a su organización a abandonar la lucha armada a cambio de la libertad personal. Mandela rechazó la oferta, pero las reuniones ya fueron indetenibles por el desprestigio evidente de un apartheid agonizante.

La primera reunión fue en noviembre de 1985, y durante los siguientes cuatro años, tuvieron lugar reuniones que sentaron las bases para futuros contactos y negociaciones.En 1988 Mandela fue trasladado a la prisión Verster, donde permaneció hasta su liberación. Las presiones mundiales sobre el Gobierno para dejar a Mandela en libertad, la cadena de conflictos revolucionarios en varios países fronterizos a Sudáfrica en donde incluso estuvieron involucradas tropas cubanas enviadas por Fidel Castro,[5] y el derrame cerebral del  presidente Botha en 1989, sustituido por Frederik de Klerk, llevaron al gobierno blanco a su final. Político realista y juicioso, De Klerk anunció la liberación de Mandela en febrero de 1990.Tras su liberación, Madiba fue el único interlocutor con De Klerk para negociar el proceso de democratización.

Una vida de lucha política, en busca de la transformación social y económica de su castigado país, aparentemente condenado a ser el baluarte capitalista industrial del imperialismo durante la Guerra Fría. Era inevitable que una figura tan poderosa –y por tanto tan necesaria de ser manipulada- fuera tratada por la cinematografía, el vehículo cultural más importante del siglo XX. El Cine nos mostrará los contextos políticos y culturales transmitidos por la imagen.

 

  1. ‘GRITA LIBERTAD’, UN PRIMER ESFUERZO CINEMATOGRÁFICO

Mencionemos como dato curioso que la interpretación más antigua de que se tenga conocimiento sobre Mandela, corresponde al desconocido actor sudafricano Simon Sabela (n. 1931), que participó en la película Zulu en 1962 y que en 1966 hizo de Mandela en la dramatización para la televisión alemana El Proceso de Rivonia. El líder del ANC acababa de ser enviado a prisión tres años antes, nadie lo llamaba aun Madiba y no es representado como jefe único. Oliver Tambo y Walter Sisulu tienen igual protagonismo. Los alemanes rechazaron la representación del “jefe máximo” –reflejo de su visión de posguerra- y el resultado fue un filme apocado, contenido, sin vuelos, conservador en su propuesta política. La actuación de Sabela es olvidable.

Hubo que esperar 21 años, hasta que el laureado director británico Richard Attenborough dirigió Cry Freedom (1987), en España Grita Libertad y en Latinoamérica Grito de Libertad. Esta superproducción comercial de Universal-Gran Bretaña, de tres horas, es un reflejo perfecto de la época. Para empezar, no se habla de Mandela ni del ANC. En 1987 Madiba está preso en Robben y el apartheid ha ocultado todo lo referido a la lucha armada y el proyecto político del ANC. Aun es la guerra fría, y el guionista John Briley toma contacto con los dos libros del periodista liberal sudafricano Donald Woods, Biko y Asking for Troubles. El resultado es un film que narra la tragedia del líder Steven Biko, jefe de otra organización negra, ‘Conciencia Negra’, desde su amistad con el periodista Woods hasta su asesinato a manos de la policía blanca.

Importante y discutida denuncia, debido a sus errores históricos, es sin embargo una visión progresista y honesta, aunque de absoluto desconocimiento del ANC y su dura lucha de 50 años.[6] Attenborough une bien el drama sentimental biográfico con el estilo documental de reconstitución histórica. La amistad entre el periodista blanco Donald Woods (Kevin Kline) y el relevante activista negro Biko (Denzel Washington) florece pese a la muerte de Biko, cuando Woods logra escapar de su país en busca de libertad de expresión.

Pero, tiene algo a su favor, es con toda seguridad el primer film en reconstruir la criminal masacre de Soweto, ocurrida en 1976; además de que, tras la polémica extra-cinematográfica que provocó, posiblemente contribuyó a cambios políticos en Sudáfrica. En contra, no hay ni una palabra de Mandela ni del ANC. Es casi seguro que por la línea izquierdista y socialista de la organización de Mandela, y porque Winnie Mandela llevaba años organizando una resistencia armada rechazada por los liberales e idealistas del mundo democrático. La industria del cine prefirió homenajear a un muerto heroico –Biko- que a un líder socialista preso por haber puesto bombas.

Filme progresista, pese a ser tan temprano. El héroe negro es Biko, no Mandela
Filme progresista, pese a ser tan temprano. El héroe negro es Biko, no Mandela.
Y los dos actores principales son norteamericanos. Cosas de la industria(http://www.ciberactua.org/blogciber27/wp-content/uploads/2011/09/Grita_libertad).

 

  1. UNA ACTUACIÓN, UN DOCUMENTAL, UN TELEFILME

Veamos a qué nos referimos. Entre Cry Freedom (1987), y la que posiblemente sea el mejor film sobre la lucha en Sudáfrica, Catch a Fire (2006), encontramos tres obras desiguales, menores, pero importantes por lo que muestran o no muestran.

En 1990 Mandela recupera su libertad, gracias a la interminable lucha armada y no armada de su pueblo, a la presión infatigable de Winnie Mandela y a las exigencias de la comunidad internacional. Dos años después, el director afroamericano Spike Lee, radical defensor de la cultura negra, pone al verdadero Nelson Mandela delante de una cámara, en su largometraje de ficción Malcolm X (1992). El líder sudafricano aparece como un profesor, en la escena final, conmovedora pero inocua: la película era un confuso y chirriante homenaje a los negros musulmanes de Estados Unidos, que son más bien conservadores en política. Pero repitamos: es el único realizador que logró poner al verdadero Mandela ante una cámara como actor.

Única actuación del verdadero Mandela en el filme de ficción<em>Malcolm X</em>. Aun no era presidente
Única actuación del verdadero Mandela en el filme de ficciónMalcolm X. Aun no era presidente.
(http://i1.ytimg.com/vi/844oPFWG6Lg/maxresdefault.jpg)

Luego vino un documental, uno de los casi 70 para cine y televisión que se han hecho sobre Madiba. Pero el más recordado es Mandela: Son of Africa, Father of a Nation (1996), de los sudafricanos Angus Gibson y Jo Menell. Se hizo cuando Mandela ya era presidente, y el film estuvo nominado al Óscar a mejor documental. Las entrevistas a líderes negros y blancos son memorables, pero el tono logrado es menor, idealista, un canto a la conciliación y a la paz.

Un año después, un telefilme, película de cine hecha para pantalla chica, Mandela and de Klerk (1997) del norteamericano Joseph Sargent. Este prolífico pero desigual director ya había hecho de todo: desde la mediocre hagiografía MacArthur (1977) con un desperdiciado Gregory Peck, hasta la terrible Tiburón 4 (1987); posiblemente haber hecho la regular Experimento Tuskegge (1997), sobre los pilotos negros en la Segunda Guerra Mundial, pesó para recibir este encargo.[7] Su telefilme se sostiene por los actores de primer nivel, Sidney Poitier en la piel del símbolo de la lucha contra el racismo, y el excepcional pero contenido Michael Caine como el presidente sudafricano Frederik de Klerk. Ambos actores fueron nominados al Globo de Oro por su actuación en el referido telefilm.

El resultado es un estudio conservador y mediano de la relación de las dos figuras políticas sudafricanas, sobredimensionando la búsqueda de reconciliación y paz a toda costa. Al menos era la primera obra que retrataba a los dos presidentes más importantes de Sudáfrica frente a frente.

El telefilme de Joseph Sargent. La paz y la moderación a toda costa
El telefilme de Joseph Sargent. La paz y la moderación a toda costa.
(http://ia.media-imdb.com/images/M/MV5BMTQ5)

Por tanto, tenemos un filme radical defensor de la negritud, el de Spike Lee; un documental, y un telefilme, los dos últimos obras conservadoras y morosas en su intento de contar un poco de historia política.

 

  1. ‘CATCH A FIRE’, UN FILME IMPRESCINDIBLE

Digamos de una vez la conclusión de este ensayo: Catch a Fire (2006) del australiano Phillip Noyce es la mejor película sobre las luchas políticas en Sudáfrica, la obra más necesaria sobre las guerras de liberación en el cine, un film de visión obligatoria, que será muy difícil superar. El título en castellano, Atrapa el fuego no es una buena traducción: ‘Catch’ significa ‘atrapar’; pero no el fuego sino ‘una bala’ o ‘un disparo’. La connotación imperativa en “Catch a fire” se debe por tanto conservar.

Basado en una historia real, el filme narra la historia de Patrick Chamusso (Derek Luke), víctima de la persecución indiscriminada de la policía antiterrorista sudafricana del apartheid, arrestado por el coronel de la policía Nic Vos (Tim Robbins), quien junto con su equipo lo somete a torturas para que confiese sobre un delito que no cometió; la policía decide torturar a la esposa de Chamusso para lograr su confesión, que al final no concuerda con los elementos probatorios del crimen, por lo que queda libre. Patrick, lleno de rencor por los vejámenes sufridos, decide alistarse en las milicias del ANC.

Es un filme progresista y comprometido. Producido por Sidney Pollack y Anthony Minghella, tiene el guión de las hermanas Shawn y Robyn Slovo, hijas del líder comunista sudafricano Joe Slovo.[8] El proyecto lo asumió Noyce, quien de teleseries australianas pasó a filmes de acción conservadores (Juego de patriotas, 1992; Peligro inminente, 1994), pero luego al eficaz thriller El coleccionista de huesos (1999); y finalmente a dos filmes comprometidos: Generación robada (2002), sobre el racismo en Australia contra los niños aborígenes, y El americano impasible (2003), sobre los primeros pasos del imperialismo norteamericano en Indochina.

El mejor de todos los filmes sobre la Sudáfrica del apartheid
El mejor de todos los filmes sobre la Sudáfrica del apartheid.
(http://comingsoon.net/nextraimages/catchafirereview.jpg)

Entre todos construyen un filme logradísimo que gira alrededor de un trabajador apolítico y ciudadano ejemplar, Patrick Chamusso, acusado de sabotaje y acosado sin fin por el Departamento de Seguridad del apartheid. Ante una situación irrespirable, no tiene alternativa y pasa a la lucha armada, toma las armas porque no hay alternativa, e ingresa al MK, brazo armado de los comunistas sudafricanos. En 1981 intentó volar la refinería de Secunda, símbolo de Sudáfrica, fue capturado y condenado a 24 años de cárcel. En 1991Chamusso fue liberado, junto a Mandela y otros muchos combatientes. “Era un hombre normal, amante de su familia, con buen puesto y apasionado del fútbol, pero cuando las cosas se torcieron, en vez de rendirse o quedarse parado, decidió hacerse con las riendas”  dijo la guionista. “Es un hombre que no está de acuerdo con lo que le pasa a él y a su país”.

Chamusso es tan importante como cualquier otro combatiente y como el mismo Mandela. El film es eficiente porque parte de dos preguntas clave: ¿Qué obligó a Patrick a dejar una vida cómoda y convertirse en activista? ¿Por qué sintió que debía luchar con armas? En el film no aparece Mandela, pero el actor Derek Luke, para asumir su papel, visitó la cárcel donde Mandela estuvo veinte años y Chamusso, diez, como prisioneros políticos del régimen del apartheid; y se tumbó en el catre donde había dormido Mandela. Así que la presencia de Madiba es, pese a todo, inevitable. Por eso el film logra transmitir la imagen de un luchador político negro sudafricano en los años ochenta. El film no trata de Mandela, pero Sudáfrica está ahí, magistralmente retratada. El director logró retratar la atmósfera de los años de guerra fría y la lucha armada. Y el héroe esta vez no es Madiba, sino un sudafricano negro corriente, empujado a la lucha. Además es el único film en mostrar a los combatientes sudafricanos del ANCy del MK en Angola y Mozambique: la solidaridad de los países negros anti-apartheid.

La necesidad imperiosa de la lucha armada en Sudáfrica
La necesidad imperiosa de la lucha armada en Sudáfrica. (https://www1.wsws.org/articles/2006/nov2006/fire-n11.JPG)

Digamos también que el film no sugiere el concepto de perdón, pese a la secuencia final. Se trata de tomar las armas cuando no hay absolutamente ninguna otra salida. Por ello el personaje de Tim Robbins, el coronel Nic Vos, es fundamental: el policía que acusa y deshonra a un inocente.[9] Los primeros tres cuartos de hora proporcionan algunas escenas de altísima tensión. Casi no es posible construir la democracia sin violencia: incluso usando como intermediarios para el conflicto al blanco y al negro de más buen hacer, la conciliación liberal no es posible.

Se trata de la lucha por la libertad, simplemente. Porque entre el bien y el mal, no se puede ser neutral. Chamusso es liberado pero ya no puede olvidar lo que ha sufrido injustamente y es entonces cuando se alista en el MK para liberar a Sudáfrica de la opresión. Una película, en suma, nada sencilla y con un guión difícil que Noyce llevó a buen puerto y logró una obra casi definitiva.[10]

El verdadero Chamusso en la actualidad. Uno de los miles de libertadores de su país
El verdadero Chamusso en la actualidad. Uno de los miles de libertadores de su país.
(http://i1.ytimg.com/vi/BG0cZh1IXh0/maxresdefault.jpg?feature=og9

 

  1. ‘GOODBYE BAFANA’, LA RESPUESTA LIBERAL

Un año después de la progresista y comprometida Catch a Fire, llegó la respuesta liberal, Goodbye Bafana (2007), un film anglo-francés dirigido por el danés Bille August, inspirada en la biografía de James Gregory, el carcelero blanco cuya vida cambió tras conocer al prisionero Nelson Mandela.

Bille August ganó en Cannes por su film Pelle el conquistador (1987), y dirigió la aceptable La casa de los espíritus (1993) y la competente Los Miserables (1998); estas dos últimas a partir de conocidas obras literarias. Pero su film sobre Sudáfrica tuvo altibajos, algo falló y, pese a ganar en el Festival de Cine de Berlín, no trascendió.

Es otro film basado en una historia real. James Gregory (mesurado actor inglés Joseph Fiennes) es un suboficial de gendarmería de prisiones en Sudáfrica, casado con Gloria (desperdiciada actriz alemana Diane Kruger); asignado a la prisión de máxima seguridad en Robben donde están confinados varios prisioneros políticos, entre los que se encuentra Nelson Mandela (competente actor norteamericano Dennis Haysbert), encarcelado durante la época del apartheid. Gregory fue asignado, por su conocimiento del idioma nativo xhosa de Mandela, como oficial de censura. Considera que Mandela y sus compañeros son terroristas, pero cuando logra conocer la "Carta de Libertad" que Mandela había publicado, sus ideas empiezan a cambiar, actitud reprochada por su esposa. Lo que no sospecha Gregory es que está siendo manejado por políticos del gobierno y el servicio de  inteligencia, como un instrumento de relaciones públicas, ya que la situación interna de Sudáfrica corre el peligro de desbordarse.

Gregory ve que su situación económica progresa y es ascendido a jefe de seguridad de Mandela, además de la labor de censura; pero su esposa sufre con la cercanía de su marido con el líder negro. Gregory empieza a conocer más a Mandela y termina por admirarle y hacerle concesiones, por lo que es amonestado y tratado como mandelista, lo que le trae conflictos con su esposa y es agredido físicamente. Gregory vislumbra por qué está a cargo de Mandela. El gobierno sudafricano termina su mandato y asciende otro más proclive al pacifismo. Finalmente, y bajo el consentimiento del nuevo gobierno sudafricano, Gregory y Mandela alternan sin restricciones carcelarias, el trabajo de Gregory es "ablandar" la posición de lucha armada que mantienen los seguidores del líder negro y finalmente lo consigue. Mandela es liberado, el suboficial Gregory recibe sus despachos de teniente y el líder negro es elegido Presidente.

Como vemos, es un argumento pacifista y conciliador, que recoge esta vez el punto de vista del carcelero. Hay buenos actores y un tema redondo, pero el film nace en medio de una polémica extra-cinematográfica. Se tomó como base las memorias de Mandela sobre la cárcel, escritas por Bob Graham, pero sobre todo la autobiografía del propio James Gregory Goodbye Bafana: Nelson Mandela, My Prisoner, My Friend. Este texto fue cuestionado por Anthony Sampson, amigo de Mandela, en Mandela: the Authorised Biography, donde Sampson acusa a Gregoryde mentir y violar la privacidad de Mandela, que Gregory raramente habló con Mandela, y más bien usó la información de las cartas censuradas para fabricar una relación cercana con él.

La respuesta liberal, socialdemócrata, al comprometido filme de Noyce
La respuesta liberal, socialdemócrata, al comprometido filme de Noyce.
(http://dennishaysbert.tv/html/wp-content/uploads/2013/12/Goodbye-Bafana.jpg)

Aparte de este desliz, el propio film adolece de una visión liberal y nada comprometida, y sobre todo no logra reflejar la convulsa época del apartheid. Tal vez Sudáfrica es el segundo hogar del cine angloparlante con conciencia, pero esta vez ni eso. Un montón de clichés y una reinterpretación en clave melodramática y soft donde el policía y censor pasa de un extremo al otro sin fisuras, del racismo extremo al humanismo igualitarista que se supone es la ideología de Mandela y del ANC; nada de la lucha armada ni de la liberación nacional, ni de la destrucción del apartheid.

Ese paso sin fisuras es el problema principal: frecuentes elipsis, zancadas kilométricas hacia el presente, un guión que no sabe extraer el jugo de los personajes, un tratamiento convencional de la tragedia. Solo los actores escapan de la mediocridad con sus solventes actuaciones, Joseph Fiennes más sólido que de costumbre, y un Dennis Haysbert competente pero a quien el papel le quedó grande. "Comencé con el mito, el ícono, pero la investigación me llevó al hombre… Una vez que lo tuve, lo sentí como sólo un personaje que tenía que interpretar y no sentí la carga de ninguna responsabilidad… pero cada noche, cuando volvía a casa, bebía una copa de vino y lloraba. Los sacrificios que hizo me resultaron profundamente tristes".

Efectivamente, la crítica de cine británica, normalmente más juiciosa que la coyuntural y comercial norteamericana, dijo que Haysbert enfrentó una "tarea abrumadora" al representar a un Madiba ya convertido en ícono y padre de una nueva nación.[11]

  1. DEL HOLLYWOOD SIEMPRE MODERADO A LA VUELTA DE TUERCA FINAL

Invictus (2009) es la producción más conocida sobre Mandela, la más comercial, una superproducción del mainstream norteamericano, dirigida por Clint Eastwood. El reconocido actor Morgan Freeman encarna a Madiba en una historia ‘basada’ como todas en hechos reales, a partir del libro de John Carlin Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Gamethat Made a Nation, editado en español como El Factor Humano; y guión de Anthony Peckham. El título se traduce del latín como «invicto» o «invencible», y es un poema del inglés William Ernest Henley, que Mandela repetía en prisión.

De millonaria inversión (costó 60 millones de dólares), es un drama biográfico-deportivo sobre lo ocurrido en Sudáfrica antes y durante la Copa Mundial de Rugby de 1995, organizada en ese país tras el desmantelamiento del apartheid. El presidente Mandela (Morgan Freeman) y el capitán del equipo de rugby Springboks Francois Pienaar (Matt Damon) intentan unir al país con el deporte. Madiba desde la presidencia dispone una política de reconciliación entre la mayoría negra y la minoría blanca, por lo que fija su atención en la selección sudafricana de rugby, que no tiene el apoyo de la población negra, que lo identifica con el apartheid. Mandela, cuando estuvo en prisión, apoyaba a cualquier equipo extranjero que derrotara a los Springboks. Pero ahora el país es sede de la Copa de Rugby de 1995, Mandela decide apoyar al equipo nacional y convence a las nuevas autoridades de raza negra de apoyar a los Springboks. Convoca al capitán del equipo, Pienaar, porque el triunfo de la selección logrará unir a la nación.

Es por tanto, una historia otra vez moderada, con un Mandela sobredimensionado e infalible, pacifista y conciliador, enfrentado como nuevo Mesías a los sudafricanos blancos y negros que dudan del deporte como unificador; Mandela y Pienaar se mantienen firmes en que el juego puede unir a un país. De pronto la población negra decide apoyar a la selección de rugby, que contra todo pronóstico califica a la final contra el equipo de Nueva Zelanda, el más exitoso del mundo. Apoyado por una enorme multitud de fanáticos en el estadio Ellis Park de Johannesburgo, los Springboks ganan el juego, y como era de esperar, las calles de todo el país se llenan de personas en una celebración unánime sin distinción de raza o condición social.

Es un argumento predecible, light pero bien filmado, con actores de primera y una base de hechos históricos instrumentalizados como mensaje: la decisión de Mandela de utilizar la Copa Mundial de Rugby de 1995 para buscar el apoyo de la minoría blanca y reducir las tensiones raciales, utilizando el deporte para construir una nación. Como todo film hollywoodense, las incidencias deportivas reales fueron editadas para lograr tensión cinematográfica, pero lo más grave es que el filme simplifica la cuestión racial sudafricana, silencia hechos importantes, y magnifica el papel de Mandela.

Nada de eso fue un obstáculo, “en términos de categoría y estrellas de cine, fue la mayor película de la historia hecha en Sudáfrica”, según Laurence Mitchell, jefe de la Comisión de Cine de El Cabo. Morgan Freeman y MattDamon fueron nominados al Oscar, al Globo de Oro y al Screen Aactors. El film deja un cierto sabor a medio cocer, con un idealismo pacifista y conciliador a toda prueba, y los blancos como moralmente superiores en su aceptación de la nueva autoridad negra.

Invictus retomó, por tanto, esta vez a gran escala, la imagen de Mandela como autor de la mayor apuesta de reconciliación. Reconozcamos el carisma del actor, logrando encarnar a un líder activo pero visiblemente agotado; tan popular con este personaje que el día del fallecimiento del Mandela real, algunas personas comentaron en redes sociales que “lamentaban la muerte del actor Nelson Mandela de Invictus”.[12]

Por cierto, antes de la producción del film, Mandela aparentemente aprobó la selección de Freeman, quien dijo que “uno llega a aprender un montón sobre Mandela sólo en esta historia''; pero no todos quedaron convencidos: el diario Telegraph lo llamó "una elección obvia para interpretar a Mandela, después de todo, ya hizo de Dios… es tan correcto, que no hay fricción ni estremecimiento”.[13] Peter Machen, crítico de cine sudafricano y director del Festival de Cine de Durban, concuerda: “Es el problema de escoger actores famosos para hacer de Mandela, su personalidad fuera de pantalla sobrepasa a la película".

Como vemos, para varios se trataba de pedirle a un actor que haga el papel de alguien que es básicamente un santo viviente, más que una persona real. Eastwood añadió una escena sobre los problemas maritales de Mandela, pero ni siquiera llega a convertirse en sub-trama. Solo quedan para el recuerdo las escenas de los guardaespaldas negros y blancos de Madiba, donde descuella el actor negro Tony Kgoroge como Jason Tshabalala, ex guerrillero y ahora escolta de presidente. Un guiño de lo que pudo ser, acerca de los antiguos adversarios reconciliados por la vía de ser buenos fans del deporte.

<em>Invictus</em> (2009), el Hollywood moderado se aproxima al tema con el tópico del deporte como moralmente superior a la política. Cartel publicitario, y los verdaderos protagonistas, <em>Madiba</em> y Pienaar
<em>Invictus</em> (2009), el Hollywood moderado se aproxima al tema con el tópico del deporte como moralmente superior a la política. Cartel publicitario, y los verdaderos protagonistas, <em>Madiba</em> y Pienaar
Invictus (2009), el Hollywood moderado se aproxima al tema con el tópico
del deporte como moralmente superior a la política.Cartel publicitario,
y los verdaderos protagonistas, Madiba y Pienaar.
http://hd.redvamas.com/wp-content/uploads/invictus2d.jpg
http://assets2.kedin.es/uploads/picture/file/2012/2/10/13/49565/big_invictus_1.jpg

Hemos visto a actores como Sidney Poitier, Dennys Haysbert y Morgan Freeman en el papel del ex presidente sudafricano. La misión para todos, además de reproducir la famosa voz y singularidades de Mandela, fue encontrar al hombre detrás de la imagen popular. Concordamos con Machen en que es un papel difícil, que va más allá del simple parecido físico, Mandela fue uno de los íconos del siglo XX y hay un límite a lo que puede lograr el maquillaje: la gente siempre va a ver lo que no está allí, más que lo que está allí en esta actuación en particular.

Lo mismo le ocurre a Idris Elba en la que es hasta ahora la más reciente película sobre el carismático líder, Mandela: Long Walkto Freedom (2013) de Justin Chadwick, director inglés que pasó de la televisión a dirigir la más conocida Las hermanas Bolena (2008) le da a la historia de Madiba un reposicionamiento: ni conservador ni radical, ni neutral ni comprometido. Es un film más cercano a Catch a Fire, pero sin lograr su rotundidad. No por nada el film tiene entre sus productores a los hermanos Weinstein, los más agresivos de Hollywood.

La película narra la vida de Mandela (Idris Elba) desde su niñez hasta su elección presidencial, en un poderoso contrapunto revelador con su esposa de muchos años, Winnie Mandela (Naomi Harris); un drama humano basado en el libro autobiográfico de Mandela El largo camino hacia la libertad (1994). Recorre la vida rural del líder, su faceta paterna, sus días en prisión, hasta su elección como presidente en 1994.

El actor Idris Elba tuvo "el mayor desafío de mi carrera… estaba completamente intimidado, como para una actriz interpretar a la reina".[14] Sin embargo, el drama está eficientemente sostenido por el duelo interpretativo con una Naomi Harris muy en caja en un papel que revela el sostén político e ideológico que Winnie Mandela le dio a Madiba mientras estuvo en prisión. Hay un componente nuevo en este filme que lo hace en cierta manera memorable, de compromiso con la causa del ANC y de rechazo al apartheid. En el filme, Mandela no es el apóstol de la conciliación y el perdón, sino el activista juicioso, humano ante la escalada de violencia, efectivo ante el peligro de guerra civil, intransigente con los blancos en cuanto al futuro de un país que debe ser reconstruido.

El filme más reciente, con un tratamiento original: Winnie Mandela como soporte político
El filme más reciente, con un tratamiento original: Winnie Mandela como soporte político.
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El filme tuvo su estreno mundial el día en que murió el activista sudafricano, pero su éxito no lo garantizó ni el fallecimiento del líder sudafricano: solo se estrenó en cuatro salas de Estados Unidos, y no se oficializó su presupuesto, una señal peligrosa cuando no se confía en el desempeño de un filme. Es el precio de una reformulación de toda la historia de Mandela y su país, en la industria cinematográfica.

En conclusión: Como dijo el actor Danny Glover, “aunque no hay problemas para encarnar la dignidad de Mandela, un guión incompleto no ofrece a un actor cómo meterse en su piel”. Machen concuerda otra vez: “Ninguna película ha podido capturar el espíritu de Mandela, funcionan dramáticamente y en términos de narrativa, pero no en el sentido de ser convincentes”.

Directores consagrados y actores solventes han representado cinematográficamente a Mandela, pero, tal vez con excepción de Catch a Fire, el cine no ha podido elaborar una producción verosímil, considerada eficiente por los críticos, ni logrado fenómenos de taquilla. Mandela fue estimado por el universo fílmico, pero hasta ahora ninguna película sobre su vida es considerada redonda, y más bien se ha corrido el riesgo muchas veces de convertirlo en un ícono pacifista, conciliador siempre amigo de los blancos.

Excepto algunos documentales, cuyo estudio está pendiente, hasta ahora la industria del cine no ha logrado reflejar la verdaderae implacable historia de 50 años de apartheid y 50 años de resistencia, lucha armada, difíciles compromisos políticos y reconstrucción de un país.



Notas:

[1] Historiador, comunicador y docente. Licenciado en Historia, y en Comunicación Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos el 2009. Con estudios de maestría en Investigación en Comunicación. Ha dictado talleres de Cine Documental y Cine Foro. Fundador y Co-director de la Revista de Historia y Cultura Tiempos del 2007 al 2011. Autor de doce investigaciones sobre cine histórico y político. Coordinador académico de Diplomados de Cultura de la Imagen y Lenguaje Cinematográfico. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.; Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] El mejor estudio es de GUITARD, Odette. Apartheid. Mexico: FCE, 1986.

[3] Una de las pocas biografías que no ocultan la etapa de la lucha armada, VAIL, John. Nelson y Winnie Mandela. Buenos Aires: Hyspamerica Tiempo Cultural, 1991. La prensa occidental progresista estudió el proceso y dejó mucha información: sobre todo el British Antiapartheid Movement Bulletin, de 1978; y el diario The Guardian, Londres, agosto de 1979.

[4] El aspecto menos conocido de su cautiverio fue la falsa operación de fuga organizada por el Servicio Secreto Sudafricano en 1969, con el real objetivo de asesinar a Mandela. El Servicio de Inteligencia Británico lo supo y frustró toda la operación. El agente inglés Gordon Winter lo narra en su libro de memorias Inside Boss, de 1981. También datos del diario sudafricano Cape Times, marzo de 1983.

[5] Uno de los primeros análisis sobre los conflictos revolucionarios en la frontera de Sudáfrica, en GONZALES, Carmen y otros. Cambio y contrarrevolución en África Meridional. La Habana: Ediciones Políticas Editorial de Ciencias Sociales, 1987.

[6] COLLAR, J. “El empeño de la libertad”, en Nuestro Tiempo, 407, 1988: 82-87. CAPARRÓS, José. 100 películas sobre Historia Contemporánea. Madrid, Alianza, 2004. 681-682.

[7] Sargent, un director todo terreno que acepta cualquier proyecto, haría luego un filme anticubano, The Arturo Sandoval Story (2000), y un filme de terror.

[8] Joe Slovo era boer blanco, pero también líder del Partido Comunista Sudafricano, organización injustamente olvidada y comprometida con el fin del apartheid. Fue miembro del brazo militar (MK) de los comunistas aliados al ANC. Murió de cáncer en 1995. La esposa de Slovo, Ruth First, una luchadora social británica, autora de varios estudios sobre Sudáfrica, fue asesinada por agentes del apartheid en 1981.Su mejor trabajo es: FIRST, Ruth, et. al. The South African Connection. Londres: Penguin, 1973.

[9] Tim Robbins se instruyó con Hentie Botha, ex miembro de las Fuerzas de Seguridad en los ochenta. De él aprendió que no eran corruptos, solo racistas, tenían un real temor de que Sudáfrica cayera bajo la influencia comunista, que según ellos, destruiría el país; dedicó su vida a preservar el statu quo; trabajó en el centro de interrogatorio de Vlakplaas, donde convertían a los negros en askaris (soplones). Otro asesor del film fue David Mbatha, guerrillero del MK apodado “Four O’clock” en Mozambique; y Napthali Manana, que se entrenó en Angola y regresó clandestinamente a Sudáfrica.

[10] Patrick Chamusso vive hoy en el noroeste de Sudáfrica, con otra esposa, con quien se casó a salir de la cárcel. El film recoge al final imágenes de Chamusso y del peculiar lugar donde hoy vive, una casa-orfanato en donde, además de los tres hijos del matrimonio, son acogido 80 huérfanos, niños que quedaron sin padres en la lucha contra el Apartheid.

[11] Las declaraciones de Haysbert fueron al diario The Independent, en: BBC, sección Espectáculos, 8 de diciembre de 2013.

[12] Diario El Tiempo, Bogotá, 18 de diciembre de2013.

[13] BBC, sección Espectáculos, 8 de diciembre de 2013.

[14] Idris Elba, a Telegraph. En: El Tiempo, Bogotá, 18 de diciembre de 2013.

 

Cómo citar este artículo:

GUEVARA FLORES, Ernesto, (2014) “Necesarias, prescindibles y obligatorias aproximaciones cinematográficas a Nelson Mandela”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 18, enero-marzo, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 16 de Julio de 2024.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=912&catid=46