Pacarina del Sur
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La burocratización del saber: aproximación crítica a la actual construcción del conocimiento y el pensamiento social en México

Bureaucratization of knowledge: critical approach to the current construction of knowledge and social thought in Mexico

A burocratização do conhecimento: abordagem crítica para a construção contínua de conhecimentos e pensamento social no México

Christian Omar Bailón Fernández[1]

Recibido: 15-09-2014 Aceptado: 01-10-2014

Resumen

Resumen: Se propone un análisis de los parámetros estructurales con los cuales se aborda la construcción de conocimiento y el pensamiento social en México, que frente a una perspectiva posmoderna se observa enclaustrada en una postura de modernidad univocista. A razón de ello, se propone el concepto de burocracia para definir a todas aquellas tecnologías normativas de la sociedad que constituyen y fortalecen el mantenimiento de esta estructura de clase, que mantiene características de ideología al sostenerse acrítica y dogmáticamente, de modo que, permeada de un universo de significación institucional, se ejerce una simulación de organización política consolidada y plural que conlleva a la urgencia de constituir una crítica sólida y activa desde la investigación orientada a  la apertura del diálogo y el resquebrajamiento de estas microestructuras de poder que restringen y constriñen, a partir de su normatividad e influencia, la construcción del conocimiento y la cosmovisión social desde una visión más crítica, plural y global.

Palabras clave: conocimiento, burocracia, razón instrumental, ideología, transformación.

 

En la filosofía clásica griega...la lucha por la verdad «salva» a la realidad de la destrucción, la verdad empeña y compromete la existencia humana. Es el proyecto esencialmente humano. Si el hombre ha aprendido a ver y saber lo que realmente es, actuará de acuerdo con la verdad (Marcuse, 1993: 152-153)

 

Se encuentra latente el pensar a la sociedad mexicana en términos de crisis, y sin embargo, cuando se investiga acerca del enmarañado simbólico que esto significa, también hay que preguntarse qué lugar ejerce el sistema mismo de pensamiento social con que hemos elaborado esta interpretación: ¿la referencialidad con que se aborda el problema está influyendo en su consolidación?, ¿es posible que al abordar tales problemáticas desde los mismos parámetros analíticos estemos perpetuando la problemática?, ¿será entonces necesaria la constitución de una hermenéutica que reflexione sobre la lógica misma desde las cual hemos estructurado los parámetros de nuestra sociedad? Estas son algunas de las reflexiones que motivan el presente ensayo, esperando poder plantear posibilidades alternativas que sirvan para un replanteamiento con mayor capacidad heurística de las situaciones que problematizan nuestra sociedad, si no, por lo menos que contribuya a la generación de información entrópica que ensanche nuestras visiones del mundo.

Es innegable que nos encontramos en una coyuntura histórica de cambios constantes, la exigencia de los tiempos en esta sociedad de la información parece ser saber manejarse en la complejidad (Morin, 2005), frente a la hiperrealidad del flujo avasallante de representaciones sociales que permean el espacio social y que arrasan al individuo (Baudrillard, 2005), nadar en este maremágnum sin ahogarse parece implicar la necesidad del rescate del sujeto, figura del individuo formado analítica y críticamente, subjetividad que supone la capacidad para discriminar mediante los recursos propios los elementos de la cultura que son potenciales instrumentos de desarrollo.


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En este plano epistémico parece situarse nuestro horizonte histórico, el conocimiento científico no puede ser ajeno a este contexto cultural cambiante, de las verdades como meramente situacionales (Prigogine, 2004), para ello parece importante un tipo de parámetros diferentes al que el proyecto de la modernidad instaba, desde los cuales pensar y analizar el mundo de manera compleja. Se propone que la perspectiva de la complejidad logra ser mucho más amplia y coherente para abordar el conocimiento desde las necesidades actuales, en razón del reconocimiento de que una visión desde la complejidad permite ir más allá de esquemas lineales o respuestas reducidas:

A primera vista la complejidad es un tejido (complexus: lo que está tejido en conjunto) de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados: presenta la paradoja de lo uno y lo múltiple. Al mirar con más atención, la complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico. Así es que la complejidad se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre. (Morin, 1998: 32)

Siendo así que, “en un mundo incierto, un mundo falto de puntos de referencia estables y, por lo tanto, de seguridades. Pretender educar a partir de “datos objetivos” es absurdo… no hay datos objetivos, ni tampoco datos libres de prejuicios, ni de interpretaciones” (Mèlich, 2005: 43), entonces la necesidad también de reconstituir el conocimiento constantemente en una exigencia de abarcamiento de la totalidad, de recrear sus fundamentos hermenéuticos necesarios, es decir, de asumir la ingenuidad que supone una relativización totalitaria a la par que un discurso unívoco. A pie de esta proposición anterior es importante retomar la lectura de la modernidad.


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Al respecto, se propone en términos sociológicos que la construcción de conocimiento y la cosmovisión social están siendo cada vez más burocratizados, y se define esta burocratización no meramente como una estructura organizativa de la sociedad que se encarga de administrar más o menos parcialmente la configuración política, sino más bien, la edificación que consolida y legitima con una lógica de la imparcialidad y legitimidad un control sistemático de significados que suponen el esqueleto cohesivo y constitutivo de las reglas del juego social, la burocracia no es en este sentido un coto hermético vedado únicamente a los políticos como modo operativo, se entiende ésta como toda tecnología normativa que ejerce el poder desde la imposición de un conjunto de reglas orientadas a mantener parcialmente la estructura de nuestra sociedad.

A partir de ello, se analiza que esta entidad aludida contiene un carácter ideológico, definido lo ideológico como aquello antitético a un conocimiento fiable, es decir, una forma discursiva o un cúmulo de significados que carecen de la validez suficiente para suponerlos como un saber fundado, se entiende que el objetivo de las ideologías es meramente la conservación del poder y no su distribución, y se supone entre los parámetros constitutivos de la ideología la carencia de diálogo a través de la institución de lenguajes y formas relacionales que restringen parámetros de pensamiento, carencia de implicación dialéctica y reorganizativa que atañe a la entropía de los sistemas complejos:

La ideología no es un grupo demoníaco que confabula en las cúpulas del poder de la sociedad, sino que es el empobrecimiento de la comunicación que se da en cada lugar donde se repiten los pensamientos y sentimientos sin pensarlos y sin sentirlos, hasta que pierden su significado. (Fernández, 2004a: 88)


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Sobre la ideología también se ha dicho que es una forma de falsa conciencia, “en la medida en que crea la ilusión de la racionalidad basándose en un raciocinio mecánico…que actúa bloqueando el paso a la conciencia, a ciertos contenidos, a ciertas formas de relación, a lógicas alternativas” (Montero, 1994: 144). Según Villoro (2006), el concepto de ideología supone un conjunto de creencias y actitudes que son condicionadas por grupos sociales o por las fuerzas de producción que prescriben reglas de comportamiento a los integrantes de tal grupo, su concepción estricta supone que la diferencia básica entre ideología y conocimiento es que la ideología no está suficientemente justificada en razones válidas y que tiene la función de conservar el poder en ese grupo. Para justificarse, las ideologías utilizan argumentos de autoridad, tradiciones, prejuicios o convenciones, pues su razón no resiste la argumentación crítica.

Siendo así, la diferencia fundamental entre el conocimiento y la ideología es el compromiso del primero con la totalidad, de esta manera es que la lógica falsacionista de Popper (1980) se encuentra fundamental, pues un discurso que es inobjetable es falso por sí mismo, pues la totalidad exige que se le reconozca en su complejidad emergente.

Así pues, donde se ejerce el poder desde tecnologías normativas autoritarias se constituye una sociedad con las mismas características, aunque estos sistemas ideológicos se encuentren enmascarados con discursos provenientes de sistemas culturales con mayor apertura, de modo que, siendo así, se fundamenta necesario cuestionar inclusive los parámetros de la lógica del sistema mismo con la cual está compuesta tal realidad social.

A esta dinámica obedece la lógica sistémica de nuestras sociedades, la educación, la política, la misma sociedad está disfrazada del discurso hegemónico de las ideologías dominantes en una especie de neocolonialismo ideológico,  geopolítico: los discursos del progreso, la libertad, el estado de derecho, son programas culturales que obedecen a una realidad no únicamente simbólica, sino también a ciertas estructuras materiales, es decir, cosmovisiones de significado entretejidas con cierta infraestructura que las posibilita, no se puede dar cobijo a estas terminologías sin a la misma vez necesitar como fundamento de éstas el sistema social desde las cuales cobran significado, a menos que tales instituciones culturales sean meramente un simulacro (Baudrillard, 2005) en donde se encubre “la distribución asimétrica de las oportunidades de satisfacción legítima de las necesidades” (Habermas, 1999: 59), y donde “la comunicación entre sus miembros es desfigurada o bloqueada de manera sistemática” (Habermas, 1999: 59), necesaria para la construcción práxica de tal realidad.

Esta problemática encaja muy bien con la definición de fetichismo que plantea Marx como una impostura conceptual en donde se extrae la relación y dimensión histórica, de manera que los conceptos se tornan desde su carácter de relatividad a volverse absolutos (Düssel, 1996). La lógica neoliberal que permea el discurso globalizacionista estructura a través del discurso de la eficacia una significación de virtud y  entonces “lo eficiente es, a la vez, verdadero y justo e incluso, lo suponemos, bello” (Moreano, 2011: 148), su principio legitimador es la neutralidad y la objetividad, y es pues en este sentido, que se atribuye la significación burocrática a esta construcción social que permea nuestra cultura; lo que se ha propuesto llamar burocracia supone un conjunto de tecnologías políticas que configuran una dimensión práxica y ontológica de la constitución del individuo, esto sucede en el reconocimiento de que nuestras relaciones sociales son expresiones de nuestras cosmovisiones sobre la realidad (Winch, 1990), y esta realidad se encuentra embebida y restringida a una visión burocrática, de modo que se hace relevante una crítica al sistema analítico mismo con el cual se observa la realidad social:

La clase burguesa no pretende delegar en nadie, y mucho menos en el saber, ese poder que está conquistando y que quiere administrar personalmente, o bien a través de los aparatos políticos y estatales. El saber es instrumental…debe preparar a los dirigentes del futuro orden social, garantizando una formación ideológica homogénea con relación a las tareas que deberán asumir y nada más. La racionalidad del saber, como momento unificador de la realidad, se convierte en la racionalización de lo real: la racionalidad de los procedimientos productivos y de su reproducción social, la organización del capital, la maximización de la ganancia… La cultura y el saber, ahí donde no sean útiles para el control social y para el progreso burgués, serán considerados improductivos y parasitarios. (Bonvecchio, 2002: 32)


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De modo que lo que hasta aquí se le ha llamado burocracia parece cumplir muy bien la función institucional que pregonara Illich (2006): “Las instituciones crean certezas y, cuando se las toma en serio, las certezas amortecen el corazón y encadenan la imaginación”, sin embargo, ello no parece ser una condición natural de lo institucional sino más bien, la forma moderna en México con la cual se ha concebido lo institucional.

En la construcción del conocimiento, entonces, prevalece lo que la modernidad supuso como proyecto histórico, es decir, la dominación absoluta e inatacable de la racionalidad orientada a los fines de objetualización y control, universalización de las normas de acción, generalización de los valores y patrones de socialización que conducen a individuarse (Habermas, 1993).

Bajo esta perspectiva se comprende que existe un marcado énfasis en una política de la eficiencia, la especialización y la especificidad hacia soluciones concretas, y tal perspectiva ideológica representa una subordinación de la subjetividad de aquel que funge como agente constructor de conocimiento. El investigador, colocado ante las circunstancias de análisis, se ve inmerso en una comunidad de significados que asumen y condicionan su observación a ciertos parámetros o reglas impuestas burocráticamente, cuestión que da como resultado la elaboración de un producto de conocimiento reducido a una lógica de orden administrativo que niega la pluralidad de perspectivas, la complejidad de los fenómenos y la mutabilidad del contexto, y en la medida en que la realidad exige caminos diversos desde los cuales se abarquen las problemáticas con complejidad y multidisciplinariedad, esta lógica logra eficiencia instrumental en su superespecialidad pero a costa de reducir el pensamiento a fragmentos de realidad que no abarcan nunca su globalidad, (Zemelman, 2011; Fernández, 2004b), ruido en detrimento de la producción del saber, pues el conocimiento científico necesita la apertura, pluralidad, imaginación y creatividad para poder construir innovaciones y transformaciones (Holton, 1998; Prigogine, 1996; Feyerabend, 1986; Popper, 1980).

Por esta razón, las ciencias en su superespecialización se vuelven eficientes en su instrumentalidad pero poco funcionales en el abarcamiento complejo e integral que implica la realidad social en su necesidad de complejidad multidisciplinaria,  como dijera Braudel citado en Wallerstein (2006) “pensar la vida como un problema inmenso, una ecuación o más bien una familia de ecuaciones parcialmente dependientes, parcialmente independientes, unas de otras...”.

De su resultado social se deriva la exacerbación de la razón como el núcleo fundamental de lo humano, en este sentido la escuela de Frankfurt propone el concepto de  razón instrumental, que plantea que lo humano ha sido raptado por una forma de ver la vida que prioriza la utilidad de las acciones por encima de cualquier cosa para conseguir un fin, el pragmatismo como principio eficiente y fundamental de la existencia (Horkheimer, 1973), siendo así que, de su reconocimiento se argumenta que la crítica posmoderna desdeñe como único un parámetro de conocimiento tan reducido.


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Por tanto, la adoctrinación política hacia la cultura a través de la adopción de una perspectiva específica de comprender el mundo supone también un detrimento de la riqueza de la producción de conocimiento, la ciencia se ve degradada cuando se impone a sí misma métodos cerrados e indiscutibles de construcción de conocimiento que suponen una cosmovisión específica de la naturaleza humana, de la naturaleza del conocimiento y de la naturaleza sobre la realidad que aún no pueden aceptarse como indiscutibles, a recordar el debate de Spengler inclusive sobre temas tan presupuestos como el de la fuerza:

El dogma de la fuerza es el tema único de la física, bien trate de “la” energía radiante o de “la” electricidad, “el” magnetismo, “la” temperatura, “la” radiactividad, u otra personificación de aquella. La “fuerza” es una magnitud mítica que no procede de la experiencia científica, sino que, por el contrario, determina de antemano la estructura de la experiencia. (Reseñado por Nueda y Espina, 1969: 1672-1673)

De esto no se concluye la destrucción del conocimiento, sino más bien el mantenimiento de una postura crítica y compleja en la inmersión de la actividad que se investiga, así como apertura y diálogo dirigido hacia el enriquecimiento de la mirada sobre las realidad, de modo que la dinámica, la mirada y las relaciones de la sociedad se vean acrecentadas por una perspectiva plural, donde la importancia es la transformación y no meramente aumentar la productividad y la rentabilidad de algún sistema, siendo así que una apertura del conocimiento en aras de abarcar la totalidad verdaderamente implica una comunión de los opuestos:

Cada elemento de la vida social afecta a su contrario…resulta imposible basarlo todo en una discriminación estricta, y que la vida es, en sus diversos aspectos, un movimiento perpetuo en el que se expresa la unión de los contrarios (Maffesoli, 1997: 36)

Ante el reconocimiento de esto cabe hacer crítica a las posturas cientificistas que abordan el conocimiento científico como ajeno de toda metafísica, epistemología y sujeto, aquellas que se consideran asépticas, desideologizadamente neutras que se justifican por sí mismas en el objeto, y que por tanto, pretenden no tener que rendir explicaciones ontológicas desde donde parten sus análisis y supuestos (Habermas, 1990). Pensar así parece significar una falacia abstractiva (Apel, 1985) en el sentido de que al pretender cualquier supuesta mera objetividad se está prescindiendo de la dimensión pragmática de los signos al extraer al sujeto que le da lugar.

Si esto fuera así significaría que los resultados científicos quedan por una razón ajena a nuestro entendimiento, irrefutablemente exentos de sus implicaciones sociales, de las exigencias valóricas de nuestros contextos humanos y por ende de su implicación ética:

Los métodos de la ciencia natural no captan todo lo que vale la pena saber, ni siquiera lo que más vale la pena: los últimos fines, que deben orientar todo dominio de los recursos de la naturaleza y del hombre. (Gadamer, 1998: 43)

Cuestión que claramente es errónea, pues como se propone, la realidad no es aséptica y la ciencia que pretende abstraerse de su situacionalidad o de su subjetividad podrá ganar en eficiencia instrumental, pero a costa de perder la consciencia electiva que supone el compromiso implicado en la realidad política y social (Martín-Baró, 1998), como dijera Santayana:

La ciencia se encuentra a medio camino entre la sensación privada y la visión universal… una especie de hilo telegráfico a través del cual nos llega un tenue informe de las cosas que quisiéramos observar y vivir en su completa realidad. Este informe puede bastar para una acción aproximadamente apropiada; no basta para el conocimiento ideal de la verdad, ni para una simpatía adecuada con la realidad. (Santayana, citado en Holton, 1998: 182)

Se concluye entonces a partir de este análisis, que es necesaria la organización de los sistemas sociales a partir de perspectivas más abarcativas que incluyan la tensión compleja de los fenómenos sociales que inclusive problematiza sobre la lógica ordinaria, de manera que su reconocimiento atiende a la comprensión de su función estructurante del sistema que ella misma fundamenta, originándose así la necesidad de un abordaje en donde el pensamiento y la subjetividad crítica cobren sentido en la medida en que posibilitan la constitución de prácticas transformadoras de la realidad actual. Esta articulación de teoría y práctica acorde con los criterios y valores alternativos propone el reconocimiento y la necesidad de sujetos en la comprensión de su potencialidad ontológica como constructores de la realidad social:

Abordar al sujeto significa no otorgarle el rango de señor soberano de la naturaleza, sino más bien reconocer su historicidad… se trata de organizar el discurso de la potenciación en oposición a la estructura del discurso metafísico, de manera que la realidad sociohistórica, que es una construcción, no permanezca como un excedente al sujeto. Ello implica hablar de espacios de posibilidades que se abran en diferentes direcciones según sea la capacidad de construcción del sujeto. (Zemelman, 2012: 20)



Notas:

[1] Licenciado en Psicología por la Universidad del Valle de México, Maestro en Ciencias de la Educación por la Universidad del Valle de México, con diversas especializaciones en los ámbitos educativo y psicológico. Consultor, Investigador y Docente en Psicología y Educación. Actualmente profesor de la Universidad Antropológica de Guadalajara, es autor de diversos artículos de investigación publicados en revistas nacionales e internacionales. Sus líneas de investigación están dirigidas hacia el análisis Psicológico, Sociológico, Filosófico y Educativo desde el paradigma de la Complejidad y la Teoría Crítica.

 

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Cómo citar este artículo:

BAILÓN FERNÁNDEZ, Christian Omar, (2014) “La burocratización del saber: aproximación crítica a la actual construcción del conocimiento y el pensamiento social en México”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 21, octubre-diciembre, 2014. Dossier 13: Alternativas: artículos y revistas académicas latinoamericanas. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Sábado, 23 de Septiembre de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1015&catid=49

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