Pacarina del Sur
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Pacarina del Sur

En el país de las vacas gordas. La representación de la industria frigorífica en el cine argentino

In the land of the fat cows. The representation of the meatpacking industry in Argentine cinema

Na terra das vacas gordas. A representação da indústria frigorífica no cinema argentino

Daniel Omar De Lucia [1]

Recibido: 20-12-2014 Aprobado: 31-12-2014

Resumen

Resumen: En el estudio se revisa la representación en el cine argentino, desde 1918 hasta el 2013, de la industria frigorífica argentina, fruto de su identidad histórica como país agropecuario, y de sus luchas gremiales, sociales y políticas; se analiza el imaginario que la industria cinematográfica, desde la comercial hasta la documental militante, testimonial o clandestina, ha construido del trabajador de los mataderos y centros frigoríficos, y de sus barrios obreros.  

Palabras clave: Cine, cine documental, industria frigorífica, imaginario, representación.

 

A mi padre José De Lucia que fue durante años trabajador del
Frigorífico Wilson en el barrio de Valentín Alsina.
A mi abuela materna Noemí González que fue operaria del
frigorífico La Blanca
A mi tío abuelo el viejo Torres trabajador del frigorífico Wilson
y sindicalista del gremio de la carne
A mi bisabuelo Venancio Torres que fue cuarteador en los viejos
corrales de Mataderos.

Un imaginario del país agropecuario

La ganadería argentina hunde sus raíces históricas en el proceso de colonización del territorio nacional por los españoles y la introducción del ganado bovino y equino. En la región bonaerense las vacas y caballos introducidos a mediados del siglo XVI se multiplicaron en forma prodigiosa gracias a que encontraron un nicho vacante (ausencia de grandes depredadores, abundancia de agua, ausencia de otras especies que disputaran alimento). El consumo de la carne del ganado que se sacrificaba por el cuero fue de fácil acceso para la población rural del litoral argentino. Al contrario del resto de América española en el Rio de La Plata la carne era la comida de los pobres. Fruto de este particular ecosistema la región no conoció el “motín de hambre” y poca conflictividad de pobres contra ricos antes del surgimiento del moderno movimiento obrero a fines del siglo XIX. La estructura capitalista argentina se formó a partir de sucesivas etapas de desarrollo de la industria ganadera en la regiones pampeana, litoral y, luego, patagónica del país. Dichas etapas pueden resumirse así: a) vaquería (siglos XVI-XVII); b) estancia bovina (siglo XVIII hasta 1840); c) merinización (1840-1880/90); d) (1890-1940/50) auge del frigorífico; e) integración agro industrial (a partir de 1940/50). Si bien no siempre la industria ligada al consumo de la carne bovina marcó el ordenador mayor de la industria ganadera, es este tipo de actividad la que en el imaginario social está más relacionada con la historia profunda del país y sus zonas ganaderas. Los trabajadores de la industria de la carne en la Argentina tardarían más en consolidar una organización sindical que sus pares de otras ramas de la producción. Pero desde la primera década del siglo XX los trabajadores de los frigoríficos de Avellaneda, Rosario, Berisso, Zarate, Bahía Blanca y otras localidades argentinas protagonizarán vibrantes luchas escritas a fuego en la historia de la clase obrera argentina.

Los estudios sobre historia del movimiento obrero le han dedicado páginas importantes a las luchas de los trabajadores de la carne. Especialmente durante los últimos treinta años en la que el estado de la cuestión sobre la historia de los trabajadores y el movimiento obrero conoció un giro importante desde una historia del sindicalismo inminentemente institucional (organizaciones obreras, federaciones) o, a lo sumo centrada en las huelgas de cada ramo de la industria, hacia una historia de los trabajadores que incluyera sus condiciones de salud, sus formas de habitar, su relación con el medio urbano, su rol como hacedores de cultura y su papel como sujetos activos en el proceso de la producción en las fábricas, talleres y otros lugares de trabajo. A partir de este punto de inflexión la historia de la clase trabajadora pasó a ser una historia más cercana e inmediata a los rostros de los hombres y mujeres anónimos más allá de la vanguardia y el activismo politizado. Es a partir de esa nueva forma integral de entender la historia de la clase trabajadora en el cual el estudio de las luchas y vivencias de los obreros de la carne conoció importantes avances y su profundización en áreas de estudio poco abordadas hasta entonces. En esa perspectiva se destacan especialmente los proyectos de historia oral en base a los testimonios de los trabajadores de frigoríficos.

En la cultura argentina el matadero y el frigorífico, como dos etapas históricas del proceso de faenamiento de los animales para el consumo constituyen una imagen (iconográfica, literaria) de larga vigencia. Excede a los objetivos de este trabajo trazar un cuadro completo del tema del matadero y el frigorífico en la literatura nacional. Pero procedamos a señalar algunos casos que reflejan la recurrencia de dicho corte temático a través del tiempo: a) El Matadero, cuento-ensayo, de Ernesto Echeverría con una mirada política sobre los matarifes rosistas del periodo de la Santa Federación: El matadero como símbolo de Buenos Aires bajo la dictadura rosista; b) las condiciones de salubridad en mataderos y frigoríficos y en las zonas de la ciudad donde se desarrollaban estas actividades como tema recurrente en los médicos higienistas de fines del siglo XIX; b) las condiciones de trabajo en la industria frigorífica en los principales periódicos del 900 y en el periodismo de las vanguardias obreras de a comienzos del siglo XX;  c) artículos dedicados a la sanidad en frigoríficos en los Boletines del Departamento Nacional del trabajo a partir del comienzo de su edición en 1907; d) la ganadería y la pujanza de la industria frigorífica reflejados en crónicas de viajeros alrededor del centenario argentino de 1910; e) el reflejo de la vida en los mataderos que se iban transformando en frigoríficos en los cuentos y novelas de Elías Carpena ambientados en la periferia porteña -de Puente Alsina y la ribera del Riachuelo y barrios cercanos (Bajo Flores, Mataderos) hasta las zonas de Matanza y Morón- en las primeras décadas del siglo XX; f) la novela de Ismael Moreno El Matadero (1921); g) la descripción de la vida en un frigorífico angloargentino en la novela de Manuel Gálvez Historia de Arrabal; h) el relato del escritor de folletines Bernardo González Arrili Charcos rojos (1927);  i) la novela del escritor socialista y ex trabajador de los frigoríficos de Berisso Horacio Velázquez Pobres habrá siempre (1944) que inspiraría un filme clásico sobre las luchas de los trabajadores de la industria frigorífica; j) la novela de Amalia Sánchez Sivori La Ciudad de Zinc (1966) sobre la transformación de los últimos mataderos porteños en frigoríficos; k) las páginas en las que Rodolfo Walsh describe el polo frigorífico de Avellaneda en su libro-investigación Quien Mato a Rosendo? (1968); l) la novela Sin Tregua de Raúl Larra inspirada en la vida y luchas del dirigente comunista José Peter, líder de los trabajadores de la carne en los años 30 y 40; m) el mundo de los matarifes clandestinos del sur del gran de Buenos Aires en algunas páginas de La Calle de los Caballos muertos (1982) de Jorge Asís; n) la descripción del barrio de Mataderos en los años de la huelga general y toma del Frigorífico Lisandro de La Torre (1958-1959) en la novela El Pibe de Guillermo Sacomano; ñ) la descripción del mundo de los frigoríficos de La Boca y Barracas en la novela de Elsa Osorio Cielo de Tango (2000) y; o) la ambientación en un frigorífico en la pieza teatral vanguardista Bizarra (2008) de Rafael Spregelburd. La imagen del faenamiento de carne en los antiguos mataderos ha ocupado un espacio singular en los registros iconográficos de la época de oro del modelo agroexportador, como el creciente interés por el rescate de archivos fotográficos como fuente histórica que se viene desarrollando en la Argentina desde hace dos décadas ha puesto en evidencia.[2] En las páginas siguientes analizaremos la imagen de la industria frigorífica argentina en el arte audiovisual por excelencia del siglo XX: el cine.     

 

El cine de la república agropecuaria

Reina del Plata, mandaba don Marcelo
Y había cielos de higuera y corralón,
Inflaba el trigo la luz de su desvelo
Y un toro triste, lamía su esplendor.
(Aquella reina del Plata
de Héctor Negro

La primera escenificación de la vida en un frigorífico en el cine nacional está asociada a un momento de agudizamiento de las tensiones sociales y los conflictos obreros en la capital a comienzos del siglo XX. Juan sin ropa (1918) del francés Pedro Benoit fue filmada meses antes de la huelga de los talleres de Vasena que tuvo como respuesta una fuerte represión policial y su contrarréplica en la insurrección de los barrios obreros porteños en un episodio que pasaría a la historia argentina con el nombre de “Semana Trágica” (enero de 1919).[3] La película fue estrenada meses después de este conflicto.  Este filme, que se conserva incompleto y sin ninguno de sus letreros indicadores, toma su título del personaje del drama criollo “Santos Vega”. En este relato ‘Juan Sin Ropa’ era una versión criolla del diablo que vencía en una payada al legendario payador Santos Vega en una parábola que representa al progreso que avasallaba la vida rural tradicional del campo argentino.

Imagen 1. Juan Sin Ropa (1919)
Imagen 1. Juan Sin Ropa (1919)

En el filme de Benoit el personaje del forastero es un campesino que vive con sus padres en un rancho, cuando recibe una carta en donde le avisan que en un frigorífico de la capital hay una vacante. El joven se despide de sus padres y emprende el camino de la gran ciudad. Entonces llega al frigorífico, aledaño a los mataderos de la periferia porteña en donde el ganado, en épocas previas al camión de carga, todavía era arriado a caballo. En el interior del frigorífico la cámara muestra al forastero afilando sus cuchillos de matarife en una sala de donde cuelgan las reses mientras los operarios del sacan las vísceras de los animales muertos. Se trata de un recorte de imágenes sobre las tareas del frigorífico que se repetirá varias veces en el corpus de filme. Paralelamente al trabajo de los obreros, el montaje del filme muestra a los dueños del frigorífico, un matrimonio de clase alta despreocupado que vive en una mansión; el Patrón dialoga con el Burgués, un personaje con apariencia de directivo europeo. Con el solo apoyo de las imágenes la versión que se conserva de Juan Sin Ropa muestra asambleas obreras, oradores que arengan a la multitud y una entrevista entre los obreros y el burgués que los despide haciendo gesticulaciones. Más adelante se ve a los trabajadores ante un cartel en la puerta de la fábrica que anuncia la disminución de actividad del frigorífico por un paro de transportes y una rebaja del 20% en sueldos. Los obreros van a la huelga. A través de un montaje bastante original para el cine de esa época se ve la lucha callejera entre trabajadores y policía a caballo en medio de galpones, corrales y barracas. Lo que queda de la última fase de la película muestra una fiesta rural en la estancia del patrón con pruebas de destreza gauchesca.      

Sin duda Juan sin ropa es una rara avis en el cine silente argentino, mayormente artesanal, hijo de una época donde todavía no se había constituido un público masivo del cinematógrafo criollo que era solo una curiosidad. No hemos encontrado más ficciones del cine mudo criollo ambientadas en frigoríficos. No obstante este espacio productivo no estará del todo ausente de las pantallas de los años 20 y en los años 30 con los primeros años del cine sonoro.[4] Se conservan varios noticiarios y cortos documentales sobre los frigoríficos, mostrados como un orgullo nacional y señal de abundancia y pujanza del país. Entre ellos podemos citar El Anglo (1924), un cortometraje anónimo sobre las actividades cotidianas de dicho frigorífico, de capitales británicos, situado en Avellaneda en la ribera del Riachuelo. En los noticieros y variedades de la época los cortos sobre actividades de frigoríficos se solían complementar con otros filmes de corta duración que hacían la reseña de la exposición anual de la Sociedad rural realizada en el predio de dicha institución en el barrio de Palermo en la capital. Muestra en que todos los años, hasta el presente, los estancieros presentaban antes las autoridades nacionales y los oferentes sus ejemplares seleccionados de cada raza vacuna. Cónclave que reunía mucho público incluso de raigambre popular. Tal es el caso del cortometraje Exposición de la industria Argentina (1924). Luego del nacimiento del cine sonoro tanto la actividad frigorífica como las reseñas de la exposición rural fueron reflejados en cortos de la serie Sucesos Argentinos (1938) que durante décadas acompañó la exhibición de largometrajes en los cines de estreno. También en el Noticiario Panamericano de Argentina Sonofilm y en el Noticiario Bonaerense, producido por el gobierno de la provincia de Buenos Aires durante los años del peronismo.       

 

Frigorífico y barrio obrero en el cine

Las penas son de nosotros
las vaquitas son ajenas.
 (El Arriero de Atahualpa Yupanqui)

Los filmes argentinos de ficción que le concedieron mayor centralidad a historias que sucedían en el ámbito de la industria frigorífica han tendido a privilegiar, en imagen y texto, a la representación del frigorífico (espacio productivo) como inserto en el barrio portuario fabril (función urbana). El cine de ficción criollo, en su época clásica, privilegio la ambientación en el viejo polo portuario industrial porteño donde el Riachuelo desemboca en el estuario del Plata y los barrios de La Boca y Barracas en capital y Dock Sud en la vecina Avellaneda como la zona de la industria frigorífica por excelencia. Otros barrios de capital (Mataderos) o ciudades cercanas (Berisso en la periferia de La Plata, Zárate, Bahía Blanca) con frigoríficos no contaron, durante dichas décadas, con la misma suerte. En el celuloide de la Era de Oro del cine argentino los barrios identificados con la industria frigorífica son el sudeste portuario de Buenos Aires y los barrios adyacentes de Avellaneda.    

Las imágenes emblemáticas de la ribera desde la Boca del Riachuelo hasta Avellaneda y por la costa del Riachuelo hasta Valentín Alsina son recurrentes en el cine argentino de los años 30, 40 y 50. El paisaje urbano lleno de chimeneas, puentes sobre el rio, barcos anclados en la boca del Riachuelo, camiones de hacienda estacionados y vías de ferrocarril que entran a las fábricas constituye una referencia importante en el imaginario cinematográfico argentino de las tres primeras décadas del cine sonoro. Estas imágenes fueron incluidas en varias películas de esos años, ajenas al tema de la industria frigorífica (Riachuelo (1934), Puente Alsina (1935), Vuelta de Rocha (1937), Chingolo (1940), Brumas del Riachuelo (1942), Arrabalera (1950) y Barrio Gris (1954). Dos filmes argentinos de ficción ambientados en la Boca del Riachuelo se basaron en argumentos en los cuales los trabajadores de los frigoríficos eran el elemento central. Ambos están ambientados en la década de 1930 a 1940, y fueron realizados veinte años después de los episodios que se buscaba recrear.     

Imagen 2. Dock Sur (1952)
Imagen 2. Dock Sur (1952)
   

En Dock Sur (1952) de Tulio Demichelli tenemos un relato costumbrista de tono dramático inspirado en un hecho real: la caída de un tranway lleno de trabajadores a las aguas del Riachuelo en 1930 por un error humano. Es una historia ambientada en un conventillo de Barracas donde viven familias de criollos e inmigrantes que trabajan en los frigoríficos de Avellaneda. El inquilinato donde viven los personajes de Dock Sur reproduce la imagen del conventillo heredado del sainete criollo y la comedia costumbrista. Es un medio cosmopolita donde existen chismes, rencores, envidias y arribismos llevando las mujeres la peor parte. Sus habitantes son Don Leandro, el padre de familia  solidario y bonachón que secciona con una sierra las medias reses en la fábrica; su mujer Doña Jacinta “la gallega”, modista un tanto engreída; Doña Rosina, italiana de la sección conservas en el frigorífico; su marido Don Vittorio, el barquero del Riachuelo; su cuñado Don Pietro, el viejo gruñón que se queja de todo y; el borracho Don Tinto, que va a trabajar al frigorífico solo cuando se queda sin plata para tragos y que es una especie de testigo de las cosas que le pasan a los demás.[5]

Mientras los mayores se mueven, bien que mal, en la realidad que les tocó vivir, la generación más joven ensaya distintas estrategias para ascender socialmente y escapar del destino obligado, en acto o en potencia, que es el trabajo en el frigorífico: el joven que sueña ser boxeador, su hermano que estudia y la operaria joven que harta de enlatar conservas apuesta su sex appeal cantando en un cabaret non sancto del puerto.

Las imágenes de la industria frigorífica que se muestran son las clásicas: el ganado entrando a la playa de matanza, la muerte de las vacas bajo el martillo, el seccionamiento de las reses con la sierra en el secadero, el trozado de las medias reses y el enlatado en la sección menudencias y conservas realizado por las mujeres. A estas imágenes conocidas se suma una imagen omnipresente: la cámara de congelamiento. No estamos ante un fin con vocación de crítica social. La imagen del frigorífico es la de un lugar de trabajo duro pero en condiciones razonables. Los directivos del frigorífico trabajan a la par de los obreros, son un poco exigentes pero justos, humanitarios, saben compensar el esfuerzo y castigar la negligencia. Un día Don Ramón el supervisor llama a Don José y le dice si ya no está cansado de trabajar con la sierra después de tantos años. Contesta que no se queja pero que para su edad es un trabajo un poco duro. El directivo lo asciende a capataz de la cámara frigorífica y este vuelve a casa y se lo cuenta a su mujer. Unos días después en el conventillo se celebra el compromiso del hijo de Don Leandro y Jacinta con la hija de Vittorio y Rosina. Todo el mundo parece contento y feliz. A la madrugada, cuando la fiesta no había terminado, suena la sirena y la mayor parte de los laburantes se van a tomar el tranway rumbo al trabajo sin dormir. Todos menos Don Leandro, su hijo mayor, Doña Rosina y Don Tinto que se toma el franco porque tiene plata para sus copas. Mientras los trabajadores van en el tranway comentando con el guarda y el motorman la fiesta del conventillo el destino les juega una mala pasada. La bruma del Riachuelo impide que el conductor vea a tiempo el puente levadizo alzado para permitir el paso de un barco. Sobreviene la tragedia. Las familias se dividen entre las que han tenido muertos en el accidente y las que no. Pero, curiosamente, la desgracia es el disparador de una serie de destinos diferenciados y paradójicos. Luego de rendir homenaje a sus obreros muertos el frigorífico paga seguros de vida y da viviendas nuevas a los parientes de los muertos que mejoran súbitamente su nivel de vida. Don Leandro y su mujer ven de pronto cómo de ser los emprendedores del conventillo pasan a ser los pobretones frente a sus vecinos arribistas. Los nuevos ricos no ahorran humillaciones a sus vecinos a los que la desgracia no los tocó con la mano del rey Midas. Enfrentado con un drama familiar (su hijo robó dinero por necesidad y no lo puede reponer) Don Leandro recurre a los amigos por ayuda económica que necesita con urgencia… pero nadie lo puede ayudar, ni siquiera Don Ramón, el supervisor del frigorífico, humano y paternalista. Entonces en su cabeza comienza a tomar forma una solución drástica. Una tarde cuando se cierra la cámara frigorífica se esconde en un sector donde los encargados de revisar el lugar no lo pueden ver. Cuando se cierran las puertas de la cámara, Leandro se queda ahí adentro esperando la muerte que significaría para su familia una altísima suma por seguro contra accidentes laborales. No obstante la tragedia no se desata. Cuando en el conventillo notan la ausencia prolongada de Don Leandro lo empiezan a buscar. Don Ramón ata cabos y se termina dando cuenta lo que su subordinado se había propuesto hacer. El supervisor, auxiliado por Don Tinto y los hijos de Leandro llegan a la cámara a punto para rescatarlo. A manera de Happy End a la criolla todos comprenden sus actitudes herradas, se reconcilian y reina el amor y la fraternidad.

Unos años después de Dock Sur el cine argentino volvería a ocuparse de la industria frigorífica pero desde una perspectiva de crítica social. En tiempos en que terminaba la llamada “Revolución libertadora” y comenzaba un nuevo gobierno constitucional el director Carlos Borcosque decidió llevar a la pantalla la novela de Horacio Velázquez Pobres habrá siempre. El filme homónimo fue estrenado poco después de asumir el gobierno Arturo Frondizi, tras superar problemas con la censura. Pobres habrá siempre (1958) es, sin duda, el clásico del cine argentino en el subgénero de películas de frigoríficos. La acción transcurre en 1935, en tiempos en que las huelgas de los trabajadores de la carne estaban en alza. La película se abre con un cartel que aclara que los hechos son contemporáneos al debate de las carnes y las denuncias del senador Lisandro de La Torre contra el Pacto Roca Runciman. Luego, imágenes de polo portuario industrial del sudeste porteño. Chimeneas, grúas, barcos cargueros, puentes y el clásico espacio del conventillo. En una escena con reminiscencias del filme de Elia Kazán Nido de Ratas (1956) se ve a los aspirantes a obreros haciendo cola en la puerta de la fábrica y esperando que un reclutador lo elija para pasar a revisión médica para ser tomado en la empresa. Los médicos tratan a los aspirantes como elementos descartables, prefieren a los jóvenes y fuertes y eliminan a los maduros con cualquier pretexto. La cámara comienza a mostrar el frigorífico por dentro: una vez más imágenes de la matanza en la playa, reses colgadas, trozamiento de la carne, las operarias mujeres haciendo las conservas y la imagen siniestra de la cámara frigorífica siempre presta a desatar la tragedia.

Al contrario de en Dock Sur, en este filme el frigorífico no es ese lugar de trabajo duro, camaradería y paternalismo humanitario de superiores a inferiores. El frigorífico de Pobres habrá siempre es una empresa multinacional que explota a sus trabajadores con crueles y refinadas técnicas destajistas para minimizar costos y maximizar ganancias. La película se detiene en mostrar las duras condiciones de trabajo al aplicar criterios tayloristas. Esta estrategia encontraba su máxima expresión en el “stándar” o cuota de producción que debían alcanzar los trabajadores para cobrar los incentivos materiales con que la empresa imponía un mayor ritmo a la producción. Al cinismo y el egoísmo de los directivos extranjeros se sumaba la prepotencia de los capataces y la presión para aumentar el ritmo, lo que provocaba accidentes entre los operarios. Tampoco falta en este filme la típica historia de acoso sexual de los directivos a las operarias mujeres.  El frigorífico no solo explota al obrero sino que también lo somete a la típica cascada de desprecio nacida del espíritu de casta. Esto se pone en evidencia en el pasaje en el que el hijo bachiller de uno de los obreros del establecimiento es rechazado en su pretensión de ocupar un cargo administrativo. El directivo extranjero aclara, para que no queden dudas, que los puestos de oficina son para los hijos de los directivos.

Al contrario de los obreros de Dock Sur, los de Pobres habrá siempre tienen conciencia de clase. Un grupo de operarios jóvenes comienza a organizarse sindicalmente y a convencer a los trabajadores que deben luchar para defender sus derechos. El joven Gregorio, que viene de ser peón de campo, será su líder natural. La prepotencia de los capataces, ingleses al igual que los patrones pero sin acento, que desprecian a los trabajadores criollos, termina provocando violencia entre laburantes y capataces. Este primer acto de rebeldía hace que los trabajadores paren y comiencen a imponer condiciones para volver al trabajo (ningún despedido, ningún capataz violento, 10 centavos más por día de faena). Los directivos ingleses aceptan negociar para no arruinar la faena en temporada alta. No obstante intentan comprar con un ascenso al joven Gregorio que los rechaza airado. La tragedia ronda el frigorífico.

Al igual que en Dock Sur la cámara de congelamiento es el espacio del desenlace. Pero en este caso no como lugar elegido para un acto desesperado sino como lugar donde se condensa toda la sevicia del trabajo en condiciones infrahumanas. La noche después del conflicto un operario queda encerrado al sellarse las puertas de la cámara. Al notar su ausencia, lo empiezan a buscar y sospechando lo peor piden que se abra la cámara pero los encargados del lugar no se quieren comprometer. Muy de mala gana llaman al director del frigorífico que decide mandar abrir las puertas para no cargar con la responsabilidad de un muerto justo en medio de un conflicto. La constatación de la muerte del desgraciado eleva el conflicto a otro nivel. Llevando en andas el cuerpo de su compañero los trabajadores marchan con antorchas y discuten que hacer.  Las imágenes se mezclan con una secuencia de una reunión de Míster Monroe con los jefes de policía que vienen en su auxilio. El ejecutivo del frigorífico ingles actúa como todo un “colonial” y da órdenes a la policía. Pero su sevicia va más lejos. Reúne a los capataces y les da como misión infiltrarse en la asamblea obrera para generar división y disturbios. Esto provoca una trifulca pero no rompe la unidad de los laburantes que ocupan el establecimiento. Los últimos minutos del filme muestran a la policía rodeando la fábrica, intimidando a los trabajadores y gaseándolos mientras se preparan para el asalto final. Mientras los trabajadores están en la terraza del establecimiento uno de ellos trepa a la chimenea y despliega una bandera argentina en el mástil mayor. Un policía dice: “Pensé que iban a desplegar una bandera roja”. Otro le responde: “Porqué, si son obreros argentinos que piden justicia” Y con estas balsámicas y tranquilizadoras palabras concluye este filme que cayó como una bomba al ser estrenado en medio del movimiento huelguístico que atravesaría la Argentina en el bienio 1958-1959.  Movimiento que tendría a los trabajadores de la carne entre sus protagonistas más destacados.

 

Carne o el eros de un país ganadero

La representación en el cine de la industria frigorífica como una referencia más que cotidiana en la sociedad argentina tiene una de sus expresiones más paradójicas en la película Carne (1968) dirigida por Armando Bo y protagonizada por Isabel Sarli. Dicho tándem (Productor-director y protagonista) son una marca registrada en el cine argentino de consumo popular. Es un film sin grandes aportes conceptuales, con trama inverosímil y actuaciones que no son para tomarlas como referencia en arte dramático. No obstante este “thriller erótico” a la criolla, que apela a un sensacionalismo sexual más que obvio, salpicado de referencias escatológicas sobre el triunfo del bien sobre el mal, la virtud sobre el vicio y otros despropósitos, representa un material que ofrece algo de tela para cortar mirado como un testimonio fílmico de ciertas representaciones sobre el imaginario del país de la abundancia.

Delicia, una mujer bella y exuberante, empleada de un frigorífico, es novia de Antonio, el jefe de personal del establecimiento, que en sus ratos de ocio pinta a Delicia que posa desnuda. Las primeras imágenes de Delicia posando desnuda son precedidas, en los títulos del filme, con tomas de grupos escultóricos de la capital con primeros planos de desnudos de inspiración neoclásica. Todos los días Delicia recorre camino al trabajo el ya conocido paisaje de la zona portuaria porteña, de potreros, puentes y vías ferroviarias. Una mañana es abordada por un chofer de uno de los camiones que carga carne en el frigorífico donde ella trabaja. Humberto “el macho” amenaza a la joven con un arma blanca y abusa de ella sin que ésta se anime a denunciarlo. Los abusos se vuelven a suceder incluyendo una violación en la cámara frigorífica de la planta donde Delicia trabaja en la verificación del control de calidad de las medias reses. Humberto cebado en la “carne” de Delicia cuenta su hazaña a sus amigos y estos lo conminan a que la secuestre en el camión frigorífico para poder abusar todos de ella.  Humberto rapta a Delicia en su camión y el grupo de amigos pasa por turno a tener relaciones con ella. No obstante, uno de los violadores en grupo termina siendo gay y se pone a confesarle sus penas a Delicia. A otro le agarra un ataque de remordimiento y termina retirándose sin tocarla. Al final, como si fuera el séptimo de caballería, llega el valiente Antonio que rescata a Delicia y le da una paliza al malo de Humberto.        

Dejando de lado la bizarra anécdota, que hace de guión, el filme entrega representaciones del frigorífico como espacio productivo y como cultura del trabajo no del todo desdeñables. Aparte de la ingeniosa e ingenua, la primera por la segunda y la segunda por la primera, asociación entre carne viva/carne muerta entre la carne como alimento y el cuerpo de la mujer como objeto de deseo, Carne muestra cierta vocación por representar con realismo las tareas cotidianas de los obreros de frigorífico. Especialmente en la escena de las operarias mujeres dedicadas al vaciado de vísceras y el trozado de carne. También en la escena de la verificación de la calidad de las reses donde el guión hasta se permite esbozar una reivindicación patriotera de la carne argentina a la que, se le explica al espectador, en Europa se la rechazaba porque se rumoreaba calumniosamente que estaba afectada por la astosa. La película también trabaja sobre ciertos estereotipos, muy comunes en la Argentina alrededor de los matarifes como gente prepotente por su habilidad con el manejo de armas blancas. Especialmente en la escena en que el bueno de Antonio conmina a dos obreros a que no hagan ostentación de sus cuchillos de trabajo y éstos le responden tratando de intimidarlo. Lo que está completamente ausente de esta mirada cinematográfica sobre el universo de la industria frigorífica es el conflicto entre patrones y obreros. Tema al que la dupla Bo-Sarli se había aproximado en sus filmes El trueno entre las hojas (1958) y Sabaleros (1961).

Imagen 3. Carne (1968)
Imagen 3. Carne (1968)
 

      

Frigorífico e historia grande

Berisso, barro
monte y esperanza
fábrica y obreros
puerto, barco y añoranza
 (Himno de Berisso)

El cine argentino reflejó tres momentos de la historia del siglo XX en el cual los problemas ligados a la industria frigorífica tuvieron proyección nacional: a) el debate sobre el comercio de las carnes alrededor de la firma del Pacto Roca-Runciman (1935); b) el protagonismo del sindicalista Cipriano Reyes y de los trabajadores de la carne de la ciudad de Berisso en la fundación del peronismo y la movilización obrera de octubre de 1945; c) la toma del frigorífico nacional Lisandro de La Torre en 1958 como parte del gran movimiento huelguístico con el que concluyo la década de 1950-1960..  Estos tres momentos han tenido distinto grado de tratamiento en la pantalla grande local.

La película de Juan José Jusid Asesinato en el senado de la Nación (1985) se centra en el trabajo parlamentario del senador demócrata progresista por Santa Fe, Lisandro de la Torre, denunciando el Pacto Roca-Runciman firmado por el gobierno conservador y fraudulento de Agustín Justo con el gobierno británico en 1935.[6] El tema de la repercusión del Pacto Roca-Runciman y el debate parlamentario sobre la industria frigorífica ya había sido objeto de una aproximación en el cine argentino, en la película Fin de fiesta (1959) de Leopoldo Torre Nilsson. Un fresco sobre los gobiernos conservadores de la “década infame” del 30 con su corrupción, fraude y entreguismo neocolonial. En dicho filme se veía el altercado mantenido por el senador de La Torre con los ministros del gobierno de Agustín Justo durante una interpelación en la cámara de senadores y el incidente posterior en donde fue asesinado el senador Bordabehere. Un cuarto de siglo después el filme de Jusid le concede mucha mayor centralidad al tema de la industria frigorífica a abordar los debates parlamentarios de 1935. En Asesinato en el Senado de la Nación (1985) la cámara se adentra en los frigoríficos, la causa del debate parlamentario, a través de la lucha de los trabajadores de la carne. Los trabajadores de los frigoríficos de capitales británicos realizan asambleas de delegados nocturnas y de carácter clandestino. En esos cónclaves deciden enviar datos sobre los manejos con que las empresas ocultaban sus maniobras fraudulentas a los contadores enviados por la comisión investigadora de las carnes sobre la contaduría de los grandes frigoríficos. Un par de obreros de la carne le entregan papeles a los contadores cuando éstos se retiran una noche de la oficina de un frigorífico. Su actitud costará caro ya que un obrero será secuestrado por la policía del gobierno justista y torturado en la temida “sección especial” de la policía. El filme de Jusid se detiene con particular interés en la brutalidad de la tortura policial. Tema más que candente en la Argentina cuando se estrenó Asesinato… en los tiempos de la vuelta al régimen constitucional y las denuncias a la represión ilegal de la dictadura de 1976-1983.   

Otro momento de la historia Argentina en el cual la industria frigorífica converge con la historia grande son los años del ascenso del régimen peronista y la gran movilización de masas de octubre de 1945. Desde los años de la segunda guerra mundial la industria de la carne era protagonista de importantes conflictos por la defensa del salario y por mejores condiciones de trabajo. En esos años el gremio de la carne estaba liderado por el legendario dirigente comunista José “Negro” Peter, líder de la Federación de los Obreros de la Industria de la Carne, fundada en 1931.[7]  En 1944-1945 en los frigoríficos de la ciudad de Berisso nació un nuevo líder sindical, Cipriano Reyes, que le disputa el liderazgo a la vieja conducción comunista y luego se convertirá en una pieza clave en la formación del peronismo como nuevo movimiento político de la clase obrera argentina. La figura de Reyes había sido ya llevada a la pantalla dos veces. En 1956 el filme antiperonista Los Torturados de Alberto Dubois se había ocupado del enfrentamiento entre Reyes y el gobierno peronista, su arresto-secuestro por la policía peronista (1948) y las torturas que sufrió a manos de la Sección Especial de la policía federal. Un tratamiento decididamente poco feliz, mal documentado y estereotipado se le dio a la figura de Reyes en la miniserie norteamericana Evita Perón (1981) dirigida por Ronald Harwood. Pasarían muchos años hasta que el cine argentino se ocupara, con un tratamiento central y original, de esta figura principal, revulsiva y contradictoria de la historia argentina reciente.  

Cipriano. Yo hice el 17 de octubre (2011) de Marcelo Gálvez es una película artesanal (blanco y negro, actores vocacionales, extras voluntarios; cierta modestia, bien resuelta, en las escenas de masas). Luego de un frustrado intento por filmar un documental sobre la vida del mítico dirigente de los trabajadores de Berisso (se desistió por la inexistencia de registros audiovisuales de Reyes), Gálvez y el Grupo Cine Mirilla decidieron firmar un largo de ficción sobre su vida. Cipriano… es antes que nada un filme en donde la historia de Reyes se confunde con la historia de Berisso, esa ciudad apéndice portuario y fabril de La Plata. Ese viejo poblado construido alrededor de los saladeros decimonónicos donde luego recalarían las firmas frigoríficas inglesas y norteamericanas de la industria de la carne. Lugar donde desde fines del siglo XIX los inmigrantes de todo los rumbos llegaron a probar suerte.[8] La cámara registra los edificios de las firmas Swift y Armour, aledaños al puerto; los bares y cabarets de coperas; las típicas casas de chapa acanalada de los barrios obreros de Berisso-Ensenada y las orillas y matorrales del Rio Santiago, una sección entonces virgen de la costa bonaerense. En esa localidad formada alrededor del trabajo de los frigoríficos el joven Cipriano Reyes y sus hermanos comienzan a organizar a una masa heterogénea de trabajadores de ambos sexos de todos los países y lenguas. La cámara se detiene en mostrar con vocación documental, y más técnica que en los filmes anteriores, las etapas del proceso productivo del frigorífico. Ante el espectador pasan la matanza de reses, lavado, troceado y las operarias fabricando embutidos. Ante las malas condiciones de salubridad y la presión para alcanzar el “estándar”, los laburantes liderados por Cipriano responden saboteando las calderas paralizando la planta, acción de contrapoder, puertas adentro de la fábrica, que hace crecer la autoridad moral de Reyes que le imprime a la lucha gremial una línea más combativa que la de la FIOC del dirigente comunista José “Negro” Peter. El filme muestra una asamblea en donde la gente de Berisso se enfrenta de manera violenta con militantes del Partido Comunista que proponen levantar la gran huelga de la carne de 1943 para cumplir el acuerdo con el gobierno militar que ha consentido en libertar a Peter preso en Neuquén. Contrario a la línea gremial sostenida por el partido comunista, de refrenar las huelgas para favorecer el esfuerzo aliado en la guerra mundial, Reyes rompe con la FIOC y funda en su casa el Sindicato Autónomo de Trabajadores de la Carne de Berisso, que recibe el reconocimiento de la Secretaria de Trabajo y Previsión a cargo del coronel Perón, que buscaba anudar vínculos con los sindicatos que se oponen a las viejas conducciones comunistas y socialistas.

En Cipriano la industria frigorífica de los años 40 es un eslabón de la cadena de dependencia del país a las economías centrales. Al igual que en Pobres habrá Siempre los directivos extranjeros son una caricatura de coloniales soberbios. En una escena de negociación entre patronal y delegados obreros, Reyes espeta a los ejecutivos extranjeros que las ganancias de los frigoríficos conseguidas sobre el trabajo a destajo e insalubre de los trabajadores duermen en bóvedas bancarias de Londres y Chicago. El filme describe la larga huelga que los trabajadores de la carne llevaron adelante en 1944. Durante 96 días se organizaron con fondos de solidaridad para dar a comer a las familias, incluyendo cazar y pescar en el rio. La voz en off de Reyes va relatando la organización para la clandestinidad que se dio el gremio para afrontar la represión policial (dirigentes clandestinos, comisiones directivas paralelas) y la movilización de los trabajadores hasta Buenos Aires (68 kilómetros) para reclamar el apoyo de la Confederación General del Trabajo, que no quiere involucrarse con un movimiento tan radical. En 1945 la violencia entre fracciones sindicales se instala en Berisso.  La lucha entre la gente de Reyes y los militantes del partido comunista cobra vidas, incluyendo un hermano de Cipriano. Hombres armados de ambos bandos recorren las calles baleándose y acusándose de “nazis” y “vende patrias”. El filme se cierra relatando el rol jugado por Reyes y su gente en la gran movilización del17 de octubre de 1945 pidiendo la liberación del coronel Perón encarcelado luego de un “mini golpe” dentro del gobierno juniano. En Cipriano… el 17 de octubre nace en Berisso con los trabajadores de los frigoríficos recorriendo las calles, sumando gente, luego marchando a La Plata donde engrosan sus filas para converger hacia Buenos Aires con obreros de otros puntos del conurbano. El filme concluye con la movilización triunfante resaltando el rol central de Reyes en la victoria electoral de Perón en febrero de 1946. El duro enfrentamiento que después llevara adelante Reyes y su sindicato contra el gobierno peronista, la cárcel y las torturas a Don Cipriano, no fueron incluidos en el filme, ni siquiera como referencia sobre el destino posterior de los protagonistas.

Imagen 4. Cipriano (2011).
Imagen 4. Cipriano (2011).
 

El tercer momento histórico en que la lucha de los trabajadores de la carne se encuentra con la historia grande fue durante las grandes huelgas que azotaron al país en 1958-1959. En esa coyuntura los trabajadores de la carne tuvieron un rol protagónico. Sin duda la mayor centralidad de las luchas del sector en el movimiento huelguístico nacional se produjo durante la toma del Frigorífico Nacional Lisandro de la Torre en enero de 1959. Dicho establecimiento había sido creado por el gobierno de Marcelo de Alvear en 1923 para abastecer de carne a la población de la capital federal. Emplazado en el viejo barrio de Mataderos, sede de los antiguos corrales, el futuro frigorífico Lisandro de La Torre fue el establecimiento de su tipo más grande de América Latina. En 1958 al asumir el gobierno Arturo Frondizi se planeó la privatización del “Lisandro” dentro de un plan de abaratamiento de costos del estado. Por ley del 14 de febrero de 1959 se decidiría la privatización del establecimiento. Pero un mes antes, el 15 de enero el frigorífico había sido tomado por sus 9000 trabajadores. El gobierno envió fuerzas policiales y aun militares con tanques para desalojar el frigorífico. Los trabajadores recibieron la solidaridad de los vecinos del barrio, muchos de ellos parientes y vecinos de los trabajadores. Durante varios días verdaderas batallas campales se desarrollaron en la calles del viejo barrio de los mataderos, cubierto de barricadas de adoquines, coches y vías de tranvía. Paralelamente estallaban huelgas y conflictos en los frigoríficos de Avellaneda y Lanús. El gobierno temía la extensión del conflicto a otras zonas con presencia del proletariado de la carne y ordeno militarizar La Plata y sus apéndices fabriles de Berisso y Ensenada. Los trabajadores del Lisandro liderados por el sindicalista peronista Sebastián Borro resistieron varios meses y la huelga solo pudo ser derrotada con el despido de 5000 obreros. Borro y otros dirigentes fueron encarcelados en unidades de la armada y en penales patagónicos. El frigorífico finalmente fue vendido a la CAP (Corporación Argentina de Productores de Carne) un consorcio formado por estancieros argentinos. La toma del Lisandro y los conflictos que se derivaron de ella marcaron un momento particularmente alto de la conflictividad social en la Argentina de los años de la democracia restringida. También significo un episodio mítico en la historia del peronismo en la clandestinidad. De forma exagerada se ha denominado a los episodios de ese verano la “Comuna de Mataderos”. La forma en que el gobierno de Frondizi afrontó este conflicto (militarización de ciudades, encierro de sindicalistas) pre anunció el comienzo, un año después, de la aplicación del Plan CONINTES (Plan de Conmoción interna del Estado) instrumento legal represivo destinado a neutralizar conflictos sociales y políticos.[9]

¿Cómo abordó el cine argentino la toma del Lisandro y el protagonismo de los trabajadores de la carne en la gran oleada de huelgas de fines de los años 50? Dos películas de ficción de los años 80 se ocuparan lateralmente de este proceso. En Sur (1985) Fernando Solanas cuenta la historia de un grupo de jóvenes de los barrios del sudeste porteño y Avellaneda en los álgidos años 70. El joven Floreal y sus amigos trabajan en frigoríficos y pertenecen a familias ligadas desde hace una generación a la industria de la carne. La militancia de Floreal como delegado le costará la cárcel bajo la dictadura. Una vez más las imágenes emblemáticas del Dock Sur funcionan como referencia iconográfica que no necesita presentación, especialmente en la escena de la persecución de los paramilitares a Floreal a través de los pasillos de una playa de matanzas. Floreal es hijo del “Tarta” Echegoyen, delegado en la toma del Lisandro de la Torre. En una escena en blanco y negro, entre onírica y carnavalesca, el “Tarta” recuerda sus épocas de sindicalista cuando dirigió a sus compañeros en la legendaria huelga de Mataderos. Frente a las fuerzas represivas que intiman a los trabajadores a rendirse, “El tarta” con megáfono, ponchito al cuello y sombrero medio gaucho, arenga a los obreros con su verba entrecortada, mientras estos lo aplauden y le dicen que no afloje. La música de fondo es la “Milonga del Tartamudo” escrita por Solanas e interpretada por el legendario cantautor Alfredo Zitarrosa:

Milonga del tartamudo que siempre dijo que no
yo soy pobre y no me vendo y nadie me atropelló.
Por cierto que era su orgullo ser de abajo y no ceder
cuando todos los de arriba lo quisieron corromper.
En el mercado del hombre si no es bueno el rendimiento
se empieza con los despidos y acaba en el vaciamiento.

(…)

Milonga del delegado que andaba por Mataderos
entre playas y corrales sirviendo a los compañeros.
El gremio lo acompañó de Liniers a Puerto Piojo
vecinos, pibes, y viejos enfrentando el desalojo.

Las secuencias de “El Tarta” liberando las vacas del corral y la aparición, por obra y gracia del montaje, de las vacas en la secuencia a color veinte años después cuando Floreal había salido de la cárcel es el puente establecido entre aquel mítico episodio de la resistencia obrera en los años que siguieron a la caída de Perón y el presente post dictadura dos décadas después.

En 1989 Osvaldo Andechaga filmó Ciudad Oculta (1989), sobre el desalojo de una villa de emergencia del sudoeste de Buenos Aires durante la dictadura de 1976-1983. Un personaje es “El Uña”, padrino del Roberto, joven recién salido de un correccional, también evoca en sus recuerdos la toma del Lisandro como un episodio marcado a fuego en la historia de esa parte de la gran urbe. Muchos años después el cine documental se volvería a ocupar de los sucesos de 1959 pero eso merece un capítulo aparte.

Imagen 5. Sur (1988)
Imagen 5. Sur (1988)
 

 

La industria estrella del país agropecuario mirada desde el cine insurgente

En los años 60 el auge del documentalismo con vocación política y antropológica y el posterior desarrollo del llamado cine insurgente también fijarán su mirada en la industria frigorífica como espacio productivo, como parte de la historia de las luchas de una fracción de la clase trabajadora argentina y como una cultura del trabajo con rasgos particulares. Pero también a partir de la reapropiación de imágenes básicas del proceso de matanza y faenamiento de los animales como otros tantos símbolos que trazaban parábolas sobre la sociedad Argentina con tensiones y contradicciones explicita o implícitas. Desde las primeras experiencia de documentalismo social de la escuela de cine de Santa Fe, orientada por Fernando Birri, a comienzos de los años 60, y en el cine militante y clandestino de fines de los 60 y comienzos de los 70 el frigorífico será reapropiado por las cámaras lucidas que intentaban denunciar las contradicciones de la Argentina capitalista dependiente que asistía a la crisis de consenso posterior a la caída del primer peronismo.[10]   

Imagen 6. Faena (1962)
Imagen 6. Faena (1962)

En 1961 el boliviano-argentino Humberto Ríos, discípulo de Birri, hizo un corto documental original, Faena, montaje de imágenes del faenamiento de reses por los trabajadores de un frigorífico de Gualeguaychú en la provincia de Entre Ríos. Faena describe con imágenes potentes el trabajo de faenamiento del ganado bovino y ovino por los operarios. La secuencia del sacrificio y desuello de los animales en la playa de matanza resaltan el carácter serial del proceso. Eso permite trazar una relación por analogía con la ejecución de personas en serie en la asociación sugerida frigorífico/campo de exterminio. Pero detrás de esa metáfora el fin intenta aproximarse a una mirada de los trabajadores del frigorífico desde las condiciones materiales de su trabajo. Faena, relatado en off por el actor Alfredo Alcón, es un clásico del cine documental argentino.  Sus imágenes serían citadas en otros filmes clásicos del cine político y clandestino argentino de fines de los 60 y comienzos de los 70.

La Hora de los Hornos (1968) de Octavio Gettino y Fernando Solanas intenta ser una radiografía de la Argentina como país dependiente víctima de la expoliación neocolonial. Este extenso film-manifiesto, organizado en actos-capítulos, va fijando el ojo de la cámara en las distintas clases sociales, grupos de poder e instituciones argentinas. Con una efectiva fusión de imágenes y texto, logra ser una minuciosa aunque estereotipada denuncia del capitalismo dependiente. Gettino y Solanas toman prestadas imágenes de Faena de Ríos que por obra y gracia del montaje potencian la denuncia de la miseria y la dependencia opuesta a la opulencia y la colonización. Las escenas de la ejecución de bovinos (a martillo) y de ovinos (a degüello) contrapuesta con escenas de publicidades gráficas y televisivas de artículos suntuarios con fondo musical de jingle publicitario es uno de los pasajes, formal y conceptualmente, mejor logrados de este mítico filme del “tercer cine” latinoamericano. 

En 1971 otro gran director del cine insurgente argentino también tomaría prestadas imágenes del filme Faena para un mítico corto, testimonio de la experiencia de los grupos armados en la Argentina. Raymundo Gleyzer, director del Grupo Cine de Base, ligado al PRT-ERP, filmó en 1971 el corto Swift.  Se trata de un comunicado del brazo armado del PRT, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) informando a la población del secuestro del cónsul ingles en Rosario Stanley Silvester, gerente del frigorífico Swift de dicha ciudad. Swift es un montaje entre escenas con imágenes fijas, fragmentos de noticieros televisivos de la época y las típicas escenas del trabajo en la industria frigorífica. La voz en off va explicando los motivos de la acción del ERP, denuncia la explotación de los obreros en los frigoríficos y los vínculos, políticos y económicos, entre los jerarcas de la dictadura de Lanusse con los capitales británicos y norteamericanos que manejan la industria de la carne. De la misma manera se explica que Silvester iba a ser sometido a un juicio revolucionario. Luego se denuncia el aumento del precio de la carne de consumo dentro del país, y los despidos crecientes de trabajadores del ramo. Ilustrado con titulares de diarios y textos de volantes del ERP, se explica finalmente que la empresa Swift y el gobierno decidieron negociar para que se libere al ejecutivo que hacía de diplomático. A continuación se detallan las condiciones que se exigen para que Silvester recupere la libertad: reincorporación de 800 despedidos, pagos de sueldos atrasados, disminuir el frio de las cámaras, entrega de 25.000.000 de pesos en comida y útiles escolares para los obreros del Swift y vecinos de los barrios aledaños a la fábrica. Los últimos minutos del corto son un montaje de fragmentos de noticieros de los canales porteños en donde se ve la entrega de la comida y útiles a los trabajadores que se muestran satisfechos, aunque no abren juicio sobre la legitimidad de la acción cuando son interrogados al respecto, y miran a la cámara con curiosidad. Le siguen imágenes de las recientes huelgas revolucionarias en Rosario y Córdoba y el clásico llamado a tomar las armas para derrocar al sistema.[11]

 

El rescate de las huelgas de la carne en el cine documental post crisis del 2001   

Soy del barrio de Mataderos
lo que digo con el pico
lo sostengo con el cuero.
Ni sombras me asustan
ni bultos que se menean!
 (Anónimo popular)  

Uno de los fenómenos más importantes en el mundo de los medios audiovisuales en la Argentina luego de la crisis de 2001 es la emergencia de colectivos de cineastas militantes dedicados a la realización de documentales sobre los movimientos sociales que emergieron con la crisis y otras experiencias sociales derivadas de ella. Huelgas, movimientos de desocupados, experiencias de fábricas auto gestionadas, espacios de educación popular, movimientos de ocupantes de tierra, movilizaciones contra la violencia institucional y otra gran cantidad de problemas han sido abordados por grupos de jóvenes documentalistas y videastas: Grupo Ojo obrero, Grupo Cine insurgente, Grupo Wayruro, Grupo de cine documental 1 de mayo, Grupo Ojo Izquierdo, Grupo Cine Mascaró. Es en ese contexto que se inscribe la realización del documental Carne Viva (2007) de Marcelo Goyeneche.  Este documental dividido en capítulos intenta ser una historia de los trabajadores de la carne desde los años 60 hasta nuestros días tomando como eje disparador la gran huelga del frigorífico Lisandro de La Torre en 1959.  De esta manera se suceden los distintos capítulos: Carne en Venta -la política del presidente Frondizi de privatizar el frigorífico Lisandro de la Torre como disparador del conflicto; Carne en Huelga -el conflicto a partir de las imágenes de la época y los testimonios de protagonistas e investigadores; Carne Viva -testimonios de los protagonistas y su balance del conflicto incluyendo la persecución que sufrieron tras la derrota de la huelga; Carne Propia -crónica de la experiencia de la recuperación del frigorífico Yaguané por una cooperativa de trabajadores a inicios del siglo XXI.

Imagen 7. Carne viva (2007)
Imagen 7. Carne viva (2007)

Goyeneche organiza su relato de la huelga de 1959 mechando testimonios de protagonistas e historiadores con imágenes tomadas del filme Pobres habrá siempre, de La Hora de los Hornos, y escenas documentales del momento del conflicto. No falta la clásica asociación, por medio del montaje, del faenamiento de las reses con imágenes poco laudatorias del poder político de turno: La imagen de la salutación de Frondizi al presidente norteamericano Eisenhower contrapuestas a imagen de faenamiento en un frigorífico moderno, seguidas de imágenes de la expulsión de Frondizi de la Casa Rosada durante el golpe de 1962 mechada con imágenes de las compuertas que se abren para dejar caer las reses muertas que colgaban de los ganchos. El testimonio del novelista Guillermo Sacomano, autor de El Pibe, novela ambientada en el agitado Mataderos de 1959, reflexiona sobre la relación en el imaginario social de la Argentina post dictadura de la imagen del matadero/frigorífico con un campo de extermino y del faenamiento de los animales con la tortura en la “parrilla”, los lechos donde los represores ataban a sus víctimas para picanearlas.[12] Las imágenes documentales del conflicto, apoyadas con testimonios, ponen el acento en el carácter barrial del levantamiento. El testimonio de Sebastián Borro, principal dirigente de la huelga, recupera el espíritu del sindicalismo combativo de la época. En los recuerdos de Borro la toma del Lisandro es, antes que nada, un episodio de la “resistencia peronista”. Los veteranos delegados describen con detalle la persecución que sufrieron luego de la derrota de la huelga y su encarcelamiento en penales patagónicos. La figura de Borro sirve de nexo entre la lucha del Lisandro de la Torre y la experiencia del frigorífico Yaguané como modelo de empresa auto gestionada de principios del tercer milenio.

En el Capítulo IV “Carne propia” la cámara va contando la historia de la cooperativa que rescató al frigorífico Yaguané, en la localidad bonaerense de Virrey del Pino, vaciado luego de haber pasado por varias patronales oscuras e incluso de tipo gansteril con vínculos con mafias políticas de la provincia de Buenos Aires.  Los testimonios de obreros y profesionales de la cooperativa explican las dificultades de hacer funcionar a la empresa auto gestionada (desconocimiento de mecanismos de planificación, comercialización); el sistema de toma de decisiones desde la base mandatando a los directivos del establecimientos, y los mecanismos de autorregulación y amonestaciones para los miembros de la cooperativa que no hacen un esfuerzo parejo con el resto. El testimonio de Borro, contratado como asesor por estos obreros que trabajan para sí, permite medir el tiempo que pasó para la industria frigorífica desde la década del 60. Pero también el nexo común dado por la lucha por la defensa de las fuentes de trabajo ayer y hoy acechadas por la anarquía de la producción en el capitalismo. El testimonio de uno de los trabajadores mandatados contando cómo la fábrica se relaciona con la comunidad a través de una biblioteca, un proyecto de escuela y campeonatos deportivos con equipos de empresas recuperadas nos introduce en esa particular subcultura obrera de las cooperativas hijas de la reconversión neoliberal y la crisis del 2001. De vuelta, las imágenes del faenamiento de las reses en línea (¡ahora en colores!) se mechan con escenas de Pobres habrá siempre. La escena final del fin y la frase del delgado Montero que dice: “Ahora la fábrica es nuestra” como telón de fondo de la experiencia del Yaguané se presta a una re significación interesante.[13]

Como contracara de la imagen del frigorífico Yaguané auto gestionado por sus trabajadores, citemos Dársena Sur (1997) de Pablo Reyero, uno de los mejores documentales argentinos de los últimos veinte años. Este filme no se ocupa del frigorífico ni de sus trabajadores pero es un retrato crudo de la desertización del, alguna vez, polo portuario industrial del sudeste porteño. El viejo Dock Sur, otrora lleno de frigoríficos y usinas, y ahora convertido en zona petroquímica de polémicas consecuencias ambientales. En aquel viejo barrio de matarifes y estibadores, vecinos a los viñateros de la costa de Villa Dominico, hoy se levanta un conglomerado de basurales, rancheríos y villas de emergencia de familias que viven del reciclado de basura, plantación de hortalizas para el consumo y pesca en arroyos y canales llenos de manchas de petróleo. Todo a pocas cuadras de los lujosos edificios de Puerto Madero, el barrio más caro de la ciudad construido en los años 90. Una verdadera postal de los daños colaterales que dejo el huracán neoliberal de fines del siglo XX.   

 

Conclusiones

Un primer balance del corpus de películas que hemos analizado en estas páginas no presenta un panorama unitario leído desde coordenadas políticas e ideológicas. Si bien la mayoría de los filmes se ocupan de la lucha de los trabajadores de los frigoríficos o buscan asociar el trabajo en ese ramo con aspectos negativos de la estructura capitalista argentina, existen notorias excepciones de las que dimos cuenta en el cuerpo central del trabajo. Por el contrario el conjunto de los filmes estudiados representan un panorama más unitario en lo concerniente a la reproducción de imágenes y representaciones sociales sobre la industria de la carne, repetidas en tiempo largo.  A nuestro juicio estas imágenes y representaciones representan un punto de contacto entre un cierto imaginario social del país agropecuario y una estructura de continuidad larga en la pantalla.

Las dos imágenes de presencia más estructural y continua en las películas sobre frigoríficos son: a) la asociación del frigorífico como espacio productivo con paisajes urbanos reconocibles e identificables: relación frigorífico/barrio portuario-industrial, barrio/localidad portuario industria y, en menor medida, frigorífico/barrio periférico de antiguos corrales y mataderos y; b) la representación de una secuencia regular de imágenes del proceso productivo del frigorífico : matanza de animales (faena)/las reses colgadas en la línea de faenamiento para despanzurrado y trozado de la carne (procesamiento)/la fabricación de conservas, embutidos o chacinados por las operarias mujeres (tareas conexas y auxiliares). En un par de filmes emblemáticos estas secuencias se articulan con la imagen de la cámara frigorífica como espacio restringido y amenazante. Respecto al punto a) es bueno destacar la topologizacion del espacio del frigorífico a partir de lugares reconocibles en la geografía de las ciudades del litoral. El trabajador del frigorífico vive en La Boca-Barracas, en Barracas al Sur, en Mataderos o en Berisso. En su representación en la pantalla grande el trabajador de la carne representa a una fracción de las clase subalternas inserta en una cultura de cercanía entre el lugar de trabajo y lugar de residencia. Esta imagen de la pantalla guarda puntos de contacto con la relación real fábrica/barrio obrero en las periferias de Buenos Aires y otras ciudades del litoral hasta el último cuarto del siglo XX en el que se asistió a una transición hacia una cultura de los “barrios dormitorios”.  La imagen del obrero criollo o gringo que vive en conventillos cosmopolitas, cerca del frigorífico, se relaciona íntimamente con la imagen de la familia obrera en el que miembros de distintas generaciones y distintos sexos trabajan todos en el sector de la carne (Dock Sur, Pobres habrá siempre, Sur, Cipriano). Llama más la atención la menor frecuencia de aparición de la imagen del trabajador de origen rural que se conchaba en el frigorífico, opción laboral preferente para los migrantes internos, aunque a esta situación se alude en Juan Sin Ropa y en Pobres habrá siempre. En relación al punto b) es interesante destacar que el carácter unitario de la representación en imágenes del proceso productivo dentro del frigorífico no se continúa en una asociación unitaria de esas secuencias de imágenes con la trama argumental de los filmes. Y en este punto volvemos a las diversidad de coordinadas políticas e ideológicas como otros tantos puntos de fuga en el corpus de películas que venimos analizando. Siendo obvio el contraste entre películas en donde se encara en tono paternalista la relación entre patrones, directivos y obreros  (Dock Sur, Carne) con los filmes que resaltan las luchas de los obreros contra una patronal voraz (Juan Sin Ropa, Pobres habrá siempre, Cipriano). De un lado las imágenes del proceso productivo del frigorífico se asocian con el trabajo duro pero en condiciones justas, del otro lado con las prácticas destajistas y la negación de la condición humana de los obreros. No obstante es interesante destacar que el desenlace trágico relacionado con las condiciones de trabajo atraviesa las líneas de oposición ideológicas aludidas. En efecto la imagen amenazante de la cámara frigorífica termina siendo el escenario en donde se desata el drama en una película con mirada paternalista como Dock Sur y en un filme en donde se ensalzan las luchas obreras como en Pobres habrá siempre.

Otro elemento sobre la representación del frigorífico como espacio productivo específico es la de un medio fabril en donde los trabajadores de ambos sexos coexisten a partir de una división de tareas por género. La imagen de la mujer trabajadora no estuvo ausente de la pantalla argentina desde los primeros años del cine sonoro pero se trataba de filmes que mostraban espacios de trabajos femeninos (empleadas de grandes tiendas, costureras, fábricas de pastas, maestras). En cambio el cine dedicado a la industria de la carne ha representado una marcada vocación por representar a un medio fabril principalmente asociado a tareas rudas y viriles pero con fuerte presencia femenina. También en este caso el registro fílmico guarda puntos de contacto con lo que pasaba en el mundo real.

El registro en filmes documentales o semidocumentales sobre la industria de la carne merece un capítulo aparte. Aunque hundiendo sus raíces en cortos del periodo silente y los noticiarios de los 30, 40 y 50, la emergencia del documental político y antropológico a comienzos de los años 60 marca un antes y un después en el abordaje del frigorífico como espacio productivo, o como origen de una serie de imágenes que podían reapropiarse en un campo de asociaciones simbólicas más complejas. En los filme de Ríos, Solanas, Gleyzer y Goyeneche las imágenes de la matanza/faenamiento exceden el mero registro del proceso de producción como relaciones vividas por los trabajadores. Las distintas asociaciones del: a) frigorífico/campo de exterminio; b) la oposición entre el obrero matarife que despeña las reses en serie y ese mismo trabajador como sujeto social complejo; c) el faenamiento como imagen puente entre la miseria del país semicolonial y la opulencia alienada promovida por los mass media, en el filme-manifiesto; d) las asociaciones más complejas que propone el corto-comunicado de Gleyzer entre condiciones de trabajo indignas /hambre y dependencia/reparación por la acción directa/crecimiento de la conciencia de los trabajadores/incorporación a la lucha revolucionaria); y e) la asociación entre el faenamiento con la dependencia neocolonial y el golpismo de la democracia restringida encuentran su punto de convergencia en una representación del frigorífico como lugar privilegiado de la concentración de las tensiones del país capitalista dependiente (“lumpen capitalismo” para a estar a tono con el clima dependentista en boga en esos años). Se trata de asociaciones presentes con particular intensidad en el imaginario social de la Argentina posterior a la caída del primer peronismo y la crisis de consenso de fines de los 60. El espacio productivo donde se procesa la carne para el consumo de una población con necesidades insatisfechas (¡en un país productor de alimentos!) es el lugar donde se originan poderosas imágenes y un campo de asociaciones simbólicas que van desde las más complejas a las más simples y ramplonas; como la imagen estereotipada del frigorífico como espacio en donde pueden convivir el cuerpo de la mujer exuberante y el cuerpo de las reses como dos curiosos tesoros y marcas identitarias de un país de abundancia, en la película Carne.[14]                             

Lo antedicho también debe ser tenido en cuenta para el análisis de los filmes en donde el tema de la industria de la carne está asociado a momentos de la historia del país en el cual los debates sobre la industria frigorífica o la lucha de los trabajadores del sector alcanzaron repercusión nacional. En estos casos el imaginario del país agropecuario aparece representado en el nivel de superficie. Como vimos, la relación industria de la carne/política nacional en el cine de ficción estuvo ligada a la recreación de momentos claves de la historia de Argentina del siglo XX: a) crisis del modelo agroexportador tardío y democracia fraudulenta (pacto Roca-Runciman); b) comienzo del proceso de industrialización liviana y ascenso del peronismo (octubre de 1945) y; c) crisis de consenso y democracia restringida en los años que siguieron a la caída de Perón (Huelga del Lisandro de La Torre). Una lectura de los filmes de ficción y documentales que se ocupan de estas coyunturas coloca en primer plano dos elementos primarios: las luchas obreras de los trabajadores del sector y la industria de la carne como paradigma de la dependencia neocolonial del país.   

Por último, queremos reflexionar el rescate de las luchas de los trabajadores de la carne por los colectivos de documentalistas post crisis del 2001 como un fenómeno de cine militante atípico. Se trata de emprendimientos cinematográficos alejados de las pautas del cine industrial, fruto de un trabajo interdisciplinario (historiadores, sociólogos y profesionales ligados a los ramos de producción que se recrean en la pantalla), y de rescate de testimonios directos de los trabajadores; y dirigido a un público especializado. Los filmes documentales sobre la industria frigorífica forman parte de un torrente de películas destinadas al fenómeno de las fábricas recuperadas: La Toma (2004) de Naomi Klein, FASIMPAT, fabrica sin patrón (2004) de Daniele Incalcaterra,  Corazón de Fabrica (2008) de Ernesto Ardito y Virna Molina, Industria Argentina. La fábrica es para los que la trabajan (2012) de Ricardo Díaz Iacoponi, y Avance sin patrón. Una revolución permanente (2014) de Juan Pablo Lepore y Nicolás Van Caloen. Se trata de una mirada abierta no solo a una serie de nuevas experiencias de lucha y organización por parte de fracciones de trabajadores sino también un testimonio de una nueva subcultura en el universo de las clases subalternas argentinas, como respuesta a las transformaciones de la estructura capitalista del país. A su vez la nostalgia que transmiten los documentales que contraponen el pasado/presente de los trabajadores de la carne refleja, paradójicamente, la persistencia del imaginario del país de la abundancia, que pese a todo, no termina de agotarse.  



Notas:

[1] Lanús, Argentina, 1962. Profesor de Historia egresado del ISP ‘Joaquín V. González’ (1989). Es docente a cargo de las cátedras Historia Americana y Argentina e Historia del África Sub sahariana en el ISP ‘Joaquín V. González’. Autor de Socialismo y cuestión indígena en la Argentina (1889-1943) y América en África (Movimientos de retorno y redes políticas y religiosas entre América y África. Siglos XVIII-XXI). Autor y coautor de libros de textos de historia y de educación cívica para alumnos y docentes de escuela media. Autor de artículos en jornadas y congresos, y aparecidos en libros colectivos y revistas especializadas. Se ha especializado en historia de la izquierda en Argentina, el movimiento librepensador anticlerical en Argentina, movimiento georgista, corriente positivista comteana, historia de África, historia del carnaval, historia de Oceanía. Actualmente coordina un equipo de investigación que trabaja la prensa revolucionaria en el proceso de emancipación en el Rio de La Plata. Ha sido coordinador de una colección de libros sobre pensadores latinoamericanos.

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[2] Príamo, Luis (1999), Archivos fotográficos y registro histórico de Buenos Aires en Gutman, Margarita y Reese, Thomas (eds); Buenos Aires 1910. El imaginario para una gran capital; Bs. As, Eudeba, págs. 197-199.

[3] La Semana Trágica fue una huelga general que estalló en enero de 1919 en los barrios obreros de Buenos Aires. Comenzó con un conflicto en la metalúrgica Vasena del barrio de San Cristóbal-Parque Patricios. La represión a los obreros en lucha derivó en una huelga insurreccional que afectó a toda la ciudad de Buenos Aires y periferia. La Federación Obrera Regional Argentina (FORA) del V congreso de tendencia anarquista lideró este movimiento que no fue apoyado por la otra central obrera, la FORA del IX congreso de tendencia sindicalista. El conflicto incluyó combates callejeros entre obreros y policías, toma de comisarías y quema de iglesias. El ejército de Hipólito Yrigoyen militarizó la ciudad y ahogó la huelga en sangre. Guardias blancas de la Liga Patriótica atacaron sindicatos obreros y cometieron desmanes en los barrios judíos donde se decía que se organizaba un soviet bolchevique. La derrota de esta huelga marcó un punto de inflexión en la lucha de clases en la Argentina de la primera mitad del siglo XX.

[4] En 1939 el francés Juan Jacoby Reynard firmo Sombras en el Río (1939), filme artesanal, con un elenco de actores desconocidos, sobre un romance entre una operaria de frigorífico y un pescador. Es una película de interés limitado para el tema que nos ocupa. La filmación fue realizada en las aguas cercanas a la costa de La Plata y zonas de influencia (Berisso, Ensenada). Hace poco, una noticia en el diario El Dia de La Plata desarrolló una curiosa teoría sobre las razones de esta película: Reynard era un espía nazi que llegó a La Plata con un equipo de filmación que no hablaba castellano. Convenció a las autoridades y empresarios del lugar para que le dieran apoyo para su película. La intención real, oculta detrás del proyecto, era filmar toda la costa bonaerense para dar apoyo logístico a barcos de guerra alemanes en incursiones en el estuario. Como se sabe, un año después de estos sucesos se produjo la batalla del Rio de La Plata, donde fue hundido el acorazado alemán Graf Spee. La película se estrenó, con escaso éxito en Buenos Aires y La Plata. Siempre según El Día cuando los auspiciantes y autoridades que ayudaron a su filmación buscaron a Reynard para que rindiera cuentas, éste había desaparecido sin que quedaran rastros de su empresa. Supera, José; La primera película de la historia de La Plata en El Día; 27 de octubre de 2014 (edición electrónica).

[5] El personaje de Don Tinto lo interpreta el legendario actor uruguayo-argentino Ubaldo Martínez, quien año después actuaría en La Mary (1973) de Daniel Tinayre. Esta película volvió a recrear en cine el accidente del tranway que cayó al Riachuelo el 12 de junio de 1930. En este filme Don Ubaldo se salva por segunda vez de morir ahogado. Cuando se prepara para ir a tomar el tranway que lo llevaría de Barracas a los frigoríficos de Avellaneda se detiene porque su hija Mary se siente mal. Este percance lo hace perder el tranway y salvar su vida. La pequeña Mary ya grande se enamora del Cholo, un muchachón que junto a sus hermanos, trabaja en los frigoríficos de Barracas al sur.

[6] Para 1935 Lisandro de la Torre era un político ligado a los frigoríficos de antigua data. En 1908 fundó La Liga del Sur, partido regional cuya base social eran los pequeños productores agropecuarios y los dueños de pequeños frigoríficos del sur de la provincia de Santa Fe que reclamaban una política favorable para su sector frente al gobierno provincial tradicionalmente hegemonizado por los grandes propietarios del norte provincial. Sobre esa base fundaría en 1914 el Partido Demócrata Progresista, inspirado en el partido radical francés, y con puntos en común con el Partido Socialista Argentino. En 1931 De la Torre fue candidato a la presidencia de la nación en una fórmula que completaba el líder socialista Nicolás Repetto. Siendo senador por Santa Fe logro concitar el interés de la opinión pública nacional con su denuncia de los aspectos entreguistas y neocoloniales del Pacto Runciman (1935). La política llevada adelante del gobierno británico a partir de 1932 (Conferencia de Ottawa) priorizando la compra de carnes y granos a sus dominios ultramarinos (Canadá, Australia, Nueva Zelanda) impulsó al gobierno conservador de Agustín Justo a firmar un convenio que a cambio de garantizar un nivel importante de carne argentina, confería franquicias a las empresas frigoríficas británicas radicadas en el país que las ponía prácticamente por encima de la ley, aparte de aceptar beneficios y franquicias para los capitales británicos en otras áreas de la economía (minería, petróleo). De La Torre llevó adelante una comisión investigadora en la Cámara de Senadores desde la cual se interpeló a los ministros de economía (Federico Pinedo) y de Agricultura y Ganadería (Luis Duhau). En estas sesiones parlamentarias salieron a la luz manejos fraudulentos de frigoríficos británicos y conexiones económicas entre miembros del gabinete nacional y las empresas del área. En un confuso incidente producido en la Cámara de Senadores uno de los custodios de Duhau llamado Valdez Cora disparó contra el senador De La Torre impactando en el otro senador por la provincia de Santa Fe y compañero de bancada de De La Torre, Enzo Bordabehere, que murió en el acto. La investigación sobre las carnes seria archivada poco después. Lisandro De La Torre se quitó la vida en 1939.

[7] El liderazgo de Peter y el Partido Comunista entre los obreros de la carne fue muy fuerte en los años 30 y comienzos de los 40. Fenómeno coincidente con un fuerte crecimiento de la influencia comunista en el movimiento obrero argentino. No obstante a partir de la invasión de la Alemania nazi a la URSS el Partido comunista adoptó en el plano sindical una línea conciliadora e incluso entreguista. Argumentando la necesidad de apoyar la lucha contra el fascismo se llamaba a moderar, e incluso suprimir, los conflictos en áreas de la industria que abastecían a los países beligerantes. Siguiendo este criterio las conducciones gremiales ligadas al PC entregaron huelgas en gremios como la carne, metalúrgicos, la alimentación, etc. Peter, al igual que otros dirigentes gremiales comunistas fue encarcelado en el sur argentino por el gobierno militar establecido en 1943. En medio de una creciente oleada de huelgas de los trabajadores de frigoríficos el gobierno accedió a liberar a Peter a cambio de que levantara las huelgas. Peter fue traído en avión y logró dar vuelta una asamblea de la Federación imponiendo una línea conciliadora con el gobierno militar. Este hecho marco una pérdida parcial de su liderazgo y permitió al dirigente de Berisso Cipriano Reyes, en base a una línea gremial más combativa, arrancar de la influencia comunista y de la FIOC a los sindicatos de Berisso y el resto de la periferia de La Plata. Con el apoyo del coronel Perón, Secretario de Trabajo y previsión, que apoyaba a los sectores gremiales antagónicos al PC, Reyes fundó el Sindicato de Trabajadores Autónomos de la Carne de Berisso. En el año 1945 fundó el Partido Laborista, una de las fuerzas políticas que apoyaran la campaña presidencial de Perón. El PL era de base sindical. Su programa era de centroizquierda avanzada, inspirado en las ideas del líder de la izquierda laborista británica Harold Laski. En octubre de 1945 Reyes y su gremio fueron pieza clave de la gran movilización popular que consiguió la liberación de Perón que había sido arrestado luego de un intento de autogolpe dentro del gobierno militar. Luego del triunfo electoral de Perón en 1946 Reyes fue elegido diputado oficialista pero pronto comenzó a disentir de la política del nuevo presidente, oponiéndose a la disolución de su partido para formar un partido único con todas las fuerzas que apoyaban a Perón (Partido Justicialista) y a la estricta verticalizacion de los gremios al liderazgo de Perón de acuerdo al modelo del nacionalismo populista poli clasista latinoamericano. Luego de perder sus fueros parlamentarios en 1948 sufrió varios atentados y fue acusado de formar parte de un complot golpista. Fue preso y sometido a torturas. Recuperó la libertad con el golpe militar de 1955. Intentó reorganizar su movimiento y fue un fuerte opositor a la política anti obrera de la llamada Revolución Libertadora. En los años siguientes su estrella política se eclipsó.

[8] Berisso ha sido proclamada la “capital argentina del inmigrante”. Numerosas colectividades están radicadas en dicha localidad, descendientes de los trabajadores que comenzaron a llegar para trabajar en los frigoríficos hace más de cien años. Las empresas preferían a los “gringos” que provenían de países sin tradición gremial: turcos libaneses, búlgaros, griegos, balcánicos y rusos. No obstante entre éstos últimos llegan anarquistas y exiliados de la primer revolución rusa de 1905 que fundan una biblioteca socialista. En la segunda década del siglo XX Berisso es escenario de importantes huelgas. En 1917 la Sociedad de Obreros de la Carne, de filiación anarquista, paraliza la región. El gobierno de Yrigoyen gestionó la llegada de rompehuelgas desde Uruguay para reventar el conflicto. Esto provocó un levantamiento barrial. En 1918 grupos de esquiroles con el apoyo de la policía provincial ahogaron en sangre el movimiento. En los años 30 Berisso sería una de las seccionales más combativas de la FIOC hasta la fundación del Sindicato Autónomo de la Carne liderado por Cipriano Reyes.

[9] El Plan de Conmoción Interna del Estado fue sancionado por el decreto ley del Poder Ejecutivo 9880/58 y aplicado por primera vez por el decreto ley 2628/60. Autorizaba el uso de las fuerzas armadas para reprimir conflictos políticos y sociales y otras formas de “conmoción interna”. Esto implicaba suspensión de derechos y garantías y aun la militarización de ciudades y localidades como forma de controlar desbordes huelguísticos y de otro tipo. Esa política se continuó con la persecución al activismo obrero y la proscripción del peronismo y de varios partidos políticos de izquierda.

[10] Imágenes de Faena serían incluidas años después en el filme Las Vacas Sagradas (1977) realizado en el exilio cubano por el argentino José Giannoni, viejo colaborador de Raimundo Gleyzer, miembro del grupo Cine de Base y fundador del Instituto del Cine del Tercer Mundo.

[11] De Lucia, Daniel Omar (2014), El cine militante y clandestino en la Argentina y la remodelación del imaginario (Relecturas desde el fin de la dictadura hasta el presente), en Pacarina del sur; N° 21, Noviembre-diciembre de 2014 en la web.

[12] Suele afirmarse que la picana eléctrica, como elemento de tortura, es un invento argentino ligado al faenamiento de animales. Su origen es un artefacto con el que los matarifes de principios del siglo XX descargaban una descarga eléctrica en las reses conducidas a la playa de matanza. El represor Polo Lugones, jefe de la policía de la dictadura de José Félix Uriburu, la había incorporado al utilitario de la sección especial de la policía para hacer hablar a los presos políticos.

[13] En los últimos años se estrenó otro filme documental sobre los trabajadores de la carne de Uruguay. En Las penas son de nosotros (2010) la uruguaya Alejandra Guzzo, radicada en Argentina, junto con el Grupo de Cine insurgente, reseña de manera pormenorizada la huelga de los obreros del frigorífico Las Piedras (2008), viejo baluarte de las luchas sindicales uruguayas de fines de los años 60. Este documental filmado y compaginado en caliente, mientras se producía la huelga, fue estrenado en Buenos Aires en funciones con debate posterior en los cuales activistas de la carne de Argentina y Uruguay discutieron los problemas del sector y las recientes experiencias de luchas.

[14] Asociación que recreó de manera ingeniosa el grupo de rock Bersuit Bergarat en el video clip La Argentinidad al Palo (2004) que incluye un montaje de escenas propias con escenas del filme Carne (las de la exhuberante Delicia secuestrada en el camión frigorífico).

 

Películas consultadas:

El Anglo (1924) (Cortometraje)

Asesinato en el senado de la nación (1985)

Carne (1968)

Carne viva (2007)

Cipriano, yo hice el 17 de octubre (2011)

Ciudad Oculta (1987)

Dársena sur (1997)

Dock Sur (1953)

Exposición de la industria Argentina (1924) (Cortometraje)

Faena (1962) (Mediometraje)

Fin de Fiesta (1958)

Frigoríficos elecciones gremio carne 20 sep 2012 Lista Roja [corto subido a youtube por mi amigo, militante del gremio docente del partido de La Matanza e investigador sobre Yaguané, Andrés “el Roto” Machuca].

La hora de los hornos (1968)

Juan sin ropa (1918) (Mediometraje)

La Mary (1973)

Las penas son de nosotros (2008)

Pobres habrá siempre (1958)

Sombras en el rio (1939)

Sur (1985)

Swift (1971) (Cortometraje)

La toma del frigorífico Lisandro de La Torre (2013) (Cortometraje)

Yaguané, sonidos de vida (2011)

 

Bibliografía impresa:

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Materiales electrónicos:

Carbonetti, Claudia; Una mirada sobre el cine documental argentino en la web

Castillo, Christian Carlos Hernán; El PRT La Verdad entre los trabajadores de la carne de Berisso: la agrupación el activista de la carne y la Lista Gris (1967-1972) en la web

Ceruso, Diego; Partido, sindicatos y organización en el lugar de trabajo. La huelga de los obreros de la carne en Avellaneda en 1932 en la web

De Lucia, Daniel Omar; El cine militante y clandestino en la Argentina y la remodelación del imaginario (Relecturas desde el fin de la dictadura hasta el presente) en Pacarina del sur; N 21, Noviembre-diciembre de 2014 en la web.

Frigorífico en la Argentina y la historia de la compañía Swift en la web.

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Tarditti, Roberto; Formación de una fracción de la clase obrera. La huelga de 1917 en los frigoríficos de Zárate en la web

Tarditti, Roberto; Los frigoríficos ¿Manufactura o fábrica? En la web 

Tarditti, Roberto; Génesis de una fracción del proletariado bonaerense: los obreros de los frigoríficos (1890-1920) en la web

 

Cómo citar este artículo:

DE LUCIA, Daniel Omar, (2015) “En el país de las vacas gordas. La representación de la industria frigorífica en el cine argentino”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 22, enero-marzo, 2015. Dossier 14: El cine comprometido de Nuestra América. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 17 de Noviembre de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1066&catid=50

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