Pacarina del Sur
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La ideología como instrumento de transgresión en la película La Noche de Los Lápices

Ideology as a tool for transgression in a movie The night of pencils

Ideologia como ferramenta para transgressão no filme A noite dos lápis

Alfredo Torres Fernández [1]

Recibido: 18-12-2014 Aprobado: 25-12-2014

Resumen

Resumen: En el texto se analiza la película La Noche de Los Lápices, de Héctor Olivera, sobre el testimonio de Pablo Díaz, sobreviviente del secuestro y asesinato de escolares miembros de la Unión de estudiantes secundarios (UES). Mediante el análisis de la película, se propone que la ideología se manifiesta como instrumento de trasgresión, donde la clase dominante violenta el ejercicio del libre pensamiento, considerando todo tipo de ideología contestataria como peligroso a sus intereses hegemónicos, y que generaba las condiciones necesarias del cambio de sistema; ya que los estudiantes secuestrados eran librepensadores, que a pesar de estar recluidos eran libres.     

Palabras clave: Cine, ideología, librepensadores, clase dominante, dictadura.

 

No puede volver a dormir tranquilo

aquél que una vez abrió los ojos.

Mayo francés del 68.

 

Algunas cosas del pasado desaparecen,

pero otras abren una brecha hacia el futuro,

y esas son las que quiero rescatar

Mario Benedetti

Introducción

Tras los recientes acontecimientos ocurridos en México, después de la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes normalistas en Ayotzinapa, seguida de otras sin registrar, nos vemos comprometidos a ejercer una posición contestaría ante todo tipo de gobierno fascista, dictatorial y absolutista, que  reprima la ideología y el ejercicio del libre pensamiento, que violenta y controla la libre asociación gremial y sindical; contra los espíritus fuertes que asumen un compromiso social con su generación y pueblo, con aquellas masas erradicadas por el sistema hegemónico, violentadas con el recurso político del terror y miedo, por el simple hecho de decir lo que piensan.

Estos hechos similares se recrearon hace mucho tiempo en la película argentina La Noche de Los Lápices (1986), dirigida por Héctor Olivera, en donde se reúnen y muestran los derechos de asociación, justicia, igualdad y derechos humanos, que son sin embargo violentados.

Este artículo tiene por propósito analizar la ideología como modo contestatario o arma intelectual ante todo tipo de sistema opresor y dictador, que enajena la libertad humana a condiciones infrahumanas. Nuestro objeto de estudio en este caso es la película citada, para desmontar el motivo que genera la conciencia de clase en el individuo y las implicancias que se producen al dislocar el sistema dominante mediante la ideología.

Para ello es necesario recordar el pensamiento existencial que defiende Sartre, en relación a la libertad del hombre, ya que ejercer el libre pensamiento, asumiendo una posición contestataria y crítica en relación a la coyuntura social de la época, representa desde el pensamiento existencial la posición más sublime que el hombre alcanza en relación a sus facultades humanas. En palabras del filósofo, el hombre está condenado a ser libre, eligiéndose constantemente a través de sus propias decisiones, siendo responsable de su propia vida, asumiendo el riesgo de vivir muriendo, es decir el hecho de ser mortal no limita sus posibilidades de trascender sus propios límites, sino todo lo contrario, es la afirmación de la venidera muerte, que hace que la vida tenga mayor significado, pues la vida del ser mortal, es infinitamente irrepetible a cada momento. Es desde la aceptación positiva de la muerte que el hombre se libera de todo traste de miedo, comenzando a ejercer e libre pensamiento, pues desde ese momento, el hombre es responsable consigo mismo y el mundo que lo condiciona. Ya que las condiciones que determinan al ser, se van reformulando desde el pensamiento existencial del hombre, que comienza a cuestionar todo tipo de orden establecido, asumiendo una responsabilidad individual que se proyecta en la sociedad.

A su vez nos sustentaremos en los escritos de Marx y Raymond Williams, quienes trabajan el concepto de ideología. La Noche de Los Lápices representa en cine el conflicto existente entre las estructuras y las superestructuras dominantes, la primera representada a través de los estudiantes de los colegios de la Plata unidos en movilización para obtener la implantación del boleto estudiantil secundario; la segunda, representada por la dictadura militar que se genera tras el golpe de Estado de 1976. Todos los dirigentes que participaron en la movilización fueron secuestrados, torturados y violados. Al final de la película solo logra salvarse uno, Pablo Díaz.

 

Contexto

Antes de comenzar con el análisis, definamos algunos aspectos con relación a la finalidad didáctica que encierra el cine en la realidad social.  Como dice la autora Ryan:

“Las películas son el medio más inmersivo de la cultura contemporánea. Hasta que la Realidad Virtual se perfeccione y esté ampliamente disponible, ninguna otra forma de representación va a poder aproximarse a su habilidad para combinar la extensión espacial y la riqueza de detalles de las películas con la temporalidad, el poder narrativo, la movilidad referencial (la posibilidad de desplazarse por el tiempo y el espacio) y la fluidez general del lenguaje” (2004: 151).

En efecto al postulado de Ryan, el cine vendría a ser una suerte de mundo posible, una realidad inmersiva, es decir de adentramiento, que sumerge al hombre en las profundidades del océano de la pantalla, a ese desencuentro con la realidad, que al final termina por conciliar el plano de la ficción y el plano de lo real, ya que mediante la interactividad ambas partes intercambian aspectos reales y verosímiles.

Es de este modo que a través de La Noche de Los Lápices, se puede dilucidar temporalmente hechos del pasado y actualizarlos como sucesos actuales: desde esta premisa actualizamos los sucesos acaecidos en La Plata de los años 70, para así recordar no permitir el surgimiento de gobiernos dictatoriales que suprimen el ejercicio del libre pensamiento. El cine representa la voz de todas las víctimas atravesadas por la violencia política (Menna y Cervetto, 1996; Ranaletti, 1998; Manzano, 2001).

Ese logrado film argentino es la puesta en escena de hechos reales que tuvieron como espacio la dictadura militar argentina denominada ‘Proceso de Reorganización Nacional’, implantado por una Junta Militar el 24 de marzo de 1976 –y que duraría hasta diciembre de 1983; los comandantes de las tres Fuerzas Armadas derrocaban así el gobierno constitucional de la presidenta María Estela Martínez de Perón. Fue la etapa más sangrienta de la historia argentina, su peor gobierno militar –de los muchos que tuvo. Se comenzó a reprimir todo tipo de ideología contraria a los intereses de la Junta, y entre los más perseguidos estuvieron los simpatizantes del peronismo, los sindicalistas no corruptos, los activistas civiles, y todas las guerrillas peronistas y no peronistas. Hubo detenidos, desaparecidos, asesinados. El primer paso fue la detención y secuestro clandestino de activistas y opositores al gobierno, primer paso de los entierros en fosas comunes clandestinas y de los vuelos para arrojar cuerpos vivos o muertos desde aviones militares.

 

La ideología como instrumento de trasgresión

Héctor Olivera recrea a través del testimonio de Pablo Díaz, único sobreviviente de la llamada ‘Noche de los lápices’ –que dio nombre a su film- los momentos más crudos de la dictadura. La película se inicia con una carrera apresurada de dos adolescentes a la reunión de los delegados y alumnos de todos los colegios de la ciudad de La Plata, quienes a través de la organización ‘Unión de estudiantes secundarios’ dan inicio a la asamblea colectiva para una movilización que busca obtener el Boleto estudiantil secundario. En plena asamblea se genera un debate entre los delegados de los colegios, quienes mantienen convicciones antagónicas sobre cómo obtener la solución a su reclamo. Se discute si salen o no a las calles a reclamar ante el Ministerio de Obras Públicas. Un estudiante del Colegio de Bellas Artes considera meditar la propuesta, aduciendo que las instancias aún no están acabadas, y que antes de actuar se considere si el gobierno podría tomar represalias. La presidenta del centro de alumnos del Colegio de bellas Artes, Claudia Falcone, se impone ante la asamblea, llamando a levantar la cabeza; la mayoría de los delegados deciden acatar la huelga, que logra finalmente la implantación del boleto estudiantil secundario.

Pasemos a las ideas de Sartre. Desde el pensamiento existencialista, el filósofo propone que la existencia precede a la esencia, un ser existe antes de poder ser definido por ningún concepto. “Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho” (2007: 14).

En palabras del filósofo, nos cuestionamos. ¿Qué motivo genera que el hombre trasgreda todo espacio de dominación y control del hombre por el hombre? Si la existencia precede a la esencia podemos afirmar que el ser se va definiendo constantemente, de acuerdo a las decisiones que va eligiendo y al grado de asimilación de conocimiento que va adquiriendo. En el caso del film, la decisión de acatar la huelga por parte de los estudiantes obedece a un compromiso social y colectivo, que parte desde la misma voluntad de los delegados, quienes lejos de ejercer una política inauténtica de pasividad, asumen el compromiso activo por la vida y sus implicancias que en ellas se presenten, siendo responsables en todo momento del efecto que podrían causar su decisiones.

En contraposición, en el primer estudiante se vislumbra la falta del grado de libertad consciente, ya que el miedo a la represión va condicionando su existencia, la falta de convicción y valor terminan por convertirlo en un ser atravesado por su contexto, que recluye su propio deseo de la libertad, ante el miedo a la muerte. En el caso de Claudia Falcone, se dilucida la libertad en su mayor grado, ya que el deseo por la libertad y justicia y la convicción a sus ideales se sobrepone ante todo miedo o ley, la seguridad con que asume la vida, escapa de la esclavitud hegemónica que condiciona sus decisiones. “Estamos solos, sin excusa. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace” (Sartre, 2007: 20).

Las condiciones exteriores determinan la construcción del ser, la existencia precede a la esencia, es decir la esencia vendrá ser la proyección del ser, a través de las continuas decisiones, el hombre no será más que la consecuencia de lo que hicieron de él, aquellas condiciones que determinan al ser, no son absolutas, sino relativas, pues el hombre está condenado a ser libre y responsable de todas sus decisiones, al ir eligiéndose, se va cuestionando, asumiendo en el trayecto la responsabilidad de toda su existencia y junto a ella la del mundo, solo él puede elegir obedecer una orden o desobedecerla. El instinto de libertad natural, que lleva inscrito consigo cada hombre, obedece al plano existencial del compromiso conciencia-mundo, aquel deseo que lleva inscrito cada hombre ante el amor a la libertad, y donde solo algunos pocos anteponen la libertad en la cúspide de los valores.

En efecto, la decisión de acatar la huelga tras la asamblea obedece a la materialización de la libertad, pues es la voluntad que nace desde la interioridad de los estudiantes que los libera de todo tipo de condición social, es el instinto consciente de libertad que los motiva a reclamar lo que para ellos se considera justo.

Sin embargo, la implantación exitosa del boleto estudiantil se ve opacada por el golpe de Estado que derroca el gobierno constitucional e instaura un ‘Proceso de Reorganización’ que no era más que la persecución política ante todo tipo de ideología contraria a la dominante, como el peronismo, el socialismo y el guevarismo guerrillero. La gran parte de estudiantes en esas movilizaciones era simpatizante de peronismo y el guevarismo, grupos que resistían a las dictaduras. Tras el golpe, se pone al país “bajo el control operacional de la Junta Militar”. Se inicia en el ambiente de miedo. Los padres de los jóvenes se ven preocupados por la posible represión. Y comienza la desaparición de profesores, estudiantes, activistas… En los colegios los directores asumen un pronunciamiento afecto a la Junta: “Una nueva etapa comienza en el país… y los colegios no pueden ni deben ser islas. Iniciarán a su modo su propia reorganización, las casas de estudio, jamás volverán a convertirse en sindicatos o comités políticos, nunca más los colegios serán el espacio propicio, para la propagación de ideas ateas y antinacionales”.

Tras ser detenidos gran parte de los estudiantes, y ser puestos a libertad al día siguiente, se organizan para elaborar pintas en contra del gobierno, negándose a obedecer el pronunciamiento, trasgrediendo las leyes de la Junta. Con esta nueva etapa se da inicio al nuevo periodo de guerra ideológica, la Junta Militar ve el peligro inminente ante todo tipo de ideología que no se adhiera a los intereses hegemónicos. Todo tipo de militancia populista y progresista que se direccionaba a favor de los intereses del pueblo era visto como subversión, terrorismo y ateísmo. Con ello la Junta representa los intereses de la clase dominante, homogenizando su ideología, a través de la erradicación y represión de todo tipo de ideología contraria, o que resista la homogenización, dentro de la reducida convicción exigua de la clase dominante, que no permitía una heterogeneidad de ideologías.

La lucha de clases debía de expresarse a través de la sangre derramada por el pueblo oprimido. En palabras de Marx:

“Las ideas de la clase dominante son, en toda época, las ideas dominantes; es decir, que la clase que es la potencia espiritual dominante. La clase que dispone de los medios de la producción material dispone con ellos, al mismo tiempo de medios de producción intelectual. Las ideas dominantes no son sino la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes tomadas como ideas: son, pues, la expresión de las relaciones que precisamente hacen de una clase la clase dominante” (1975:34).

En efecto, la clase dominante no solo dispone de los medios de producción material, sino también de los modos de producción intelectual. Ante el miedo por parte de la clase dominante, la Junta militar ve como peligro los colegios, pues generan futuros intelectuales, los librepensadores del mañana; bastiones de debate, de asociación y producción de conocimiento, vistos desde la reduccionista conciencia dominante como arma de guerra, una ideología contestataria no homogenizada, un modo de resistencia.

En palabras de Raymond Williams, la ideología es un sistema de creencias característico de un grupo o una clase particular… un proceso general de producción de significados e ideas (1980: 71). En relación a esto, la ideología es considerada como el conjunto de ideales de una clase particular. A este concepto añadimos la categoría de emergente que señala Williams, los nuevos significados y valores, nuevas prácticas, nuevas relaciones y tipos de relaciones que se crean continuamente (1980:145). En efecto la clase dominante expolia todo tipo de libre pensamiento que nace desde la clase emergente, en este caso, vendría a ser representado por el peronismo y las guerrillas que se mantenían en conflicto con la clase dominante.

Seguida a las desapariciones de activistas y guerrilleros, se suma el secuestro violento de los estudiantes líderes que participaron en la movilización. La clase dominante –es decir la Junta- ejerce el terrorismo secuestrando a todos los escolares delegados, que son llevados clandestinamente a lugares de reclusión que solo la Junta Militar conocía. En esos lugares los jóvenes fueron torturados, golpeados y violados. El grado de deshumanización y salvajismo ejercido no hacía otra cosa que reflejar el terrorismo del gobierno.

En el momento en que los oficiales torturan a Pablo Díaz, electrocutándolo para obtener información sobre el líder de la UES, éste afirma con certeza no saber el nombre, y que por más que se le reprimiera jamás podrían sacarle nada. A lo largo del film Pablo fue experimentando sentimientos hacia Claudia Falcone, como cuando visita con ella barrios pobres brindando apoyo social, y llevando una foto del Che Guevara. Con aquel indicio y por los libros que tenían en su habitación, vemos que estos jóvenes no obedecían o eran guiados por un líder, sino que se desenvolvían pos sus propios sentimientos, su propia ideología y voluntad de crear un nuevo mundo más justo y libre, que escape de la tiranía. Todos mueren, menos Pablo, quien tras despedirse de sus amigos promete sacarlos y ayudarlos, deposita la esperanza en cada uno de sus compañeros, quienes conscientemente aceptaban su suerte, exhortando a que éste nunca se olvide de ellos. Uno de los recluidos le dice “Los protagonistas de la revolución son los pueblos, no los hombres”.

 

Un comentario final

El cine refleja la realidad social, y también es un instrumento de actualización de hechos pasados, que a través de su proyección en el presente actualiza momentos de una determinada época (Ferro, 1995; Caparrós, 1997). En primer lugar, ese es el rotundo caso del film La Noche de Los Lápices. Ahí vemos la lucha de clases, entre la clase dominante y la clase dominada que lucha por emerger. Es a través del enfrentamiento, que la clase dominante arremete contra las condiciones materiales y ejerce violencia hacia el cuerpo, no solo asesinando personas sino ideologías.[2]

Son los ideales de los sindicatos, gremios y organizaciones civiles los que generan el miedo en la clase dominante, miedo latente que podría surgir en un momento determinado, cuando las condiciones sean propicias, porque esos grupos sociales pues aquellos grupos escapan de la esclavitud ideológica, asumiendo una posición contestataria. En esa guerra ideológica escenificada en la película, las víctimas son la clase dominada, jóvenes vistos como un peligro, y la ideología como un instrumento de batalla.

Los estudiantes, lejos de obedecer solo órdenes y ser tomados como materia pasiva, se muestran libres en el ejercicio de mantener sus ideales, y obedecen la consigna de su individualidad en busca de justicia, libertad, igualdad –lo más peligroso, tal vez?- e incluso en busca de su patria; premisas que parten de la interioridad de sus emociones. Son libres de las condiciones que esclavizan la conciencia humana, asumen el riesgo por la vida, mantienen su espíritu, no doblegándose ante el miedo y la angustia. En cada momento eligen ser libres, cantando, haciendo ejercicios, soñando, creyendo en un mundo mejor donde el sueño al fin despierte del letargo de la tiranía. La esperanza se encarna en la liberación de Pablo Díaz, quien fue la voz que denuncia todas las injusticias, cuando ellos ya no estaban.

Algo de esto, en la brecha abierta por los estudiantes argentinos en 1976, se hace hoy, en diciembre de 2014, en el Perú.

 
Imagen 1. La noche de los lápices (1986) de Héctor Olivera. Ficción y realidad sobre luchas sociales, ideología y librepensamiento. Una película que sigue siendo muy vista en el Perú.
www.masalladehollywood.com



Notas:

[1] Estudiante de Literatura de cuarto año, en la Universidad Nacional Federico Villarreal, Perú. Participó en el equipo de trabajo sobre La Invención Poética de Washington Delgado. Trabaja las teorías de Jacques Derrida, Alain Badiou y Slavoj Zizek en la construcción de las narrativas opuestas al discurso hegemónico literario. Escribe sobre textualidad, resistencia y cultura literaria contestataria. Ha trabajado como Auxiliar de cátedra y jefe de prácticas en la Facultad de Humanidades de su centro de estudios.

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[2] En su tesis de licenciatura, el profesor Ernesto Guevara Flores ha desarrollado el cine documental argentino desde sus orígenes hasta el 2000, y sus logros, mayores que el cine de ficción, en el esfuerzo de registrar el desarrollo social y político de la realidad argentina. Ver: GUEVARA, Ernesto. Aproximaciones a la historia y teorías del cine documental en el mundo. Tesis de Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Universidad de San Marcos, Lima, 2002.

 

Bibliografía:

CAPARRÓS, José (1997). 100 películas sobre Historia Contemporánea. Madrid, Alianza.

FERRO, Marc (1995). Historia contemporánea y cine. Barcelona, Ariel.

MANZANO, Valeria (2001). “Cine argentino y peronismo: cultura, política, propaganda”. En. Film-historia, vol. XI, 3, 2001.

MARX. C. y F. ENGELS (1975). Cuestiones De Arte y Literatura. Barcelona, Península. 

MENNA y CERVETTO (1996). “Cine militante clandestino en Argentina, 1966-1973”. En. Film-historia, vol. VI, 2, 1996.

RANALLETTI, M. (1999) “La construcción del relato de la historia argentina en el cine, 1983-89”. En. Film-historia, vol. IX-1-1999.

RYAN, Marie (2004). La narración como realidad virtual. La inmersión y la interactividad en la literatura y los medios electrónicos. Madrid, Paidós Ibérica.

SARTRE, J. P. (2007) El existencialismo es un Humanismo. Barcelona, Folio.

WILLIAMS, Raymond (1980). Marxismo y Literatura. Barcelona, Márquez S.A.

 

Cómo citar este artículo:

TORRES FERNÁNDEZ, Alfredo, (2015) “La ideología como instrumento de transgresión en la película La Noche de Los Lápices”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 22, enero-marzo, 2015. Dossier 14: El cine comprometido de Nuestra América. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 29 de Mayo de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1072&catid=50

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