Pacarina del Sur
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La empresa educativa privada de la tecnocracia criolla neoliberal en el Perú

Private educational enterprise of creole neoliberal technocracy in Peru

O empreendimento educacional crioula tecnocracia neoliberal privada no Peru

César Hildebrando Delgado Herencia

Recibido: 07-03-2015 Aceptado: 19-03-2015

Resumen

Resumen: El modelo neoliberal criollo impuesto por el fujimorato desde la aprobación en 1993 de la Constitución Política alimentó al extremo el mito de la escuela privada entre los peruanos. Hecho cristalizado en la normativa vigente y que tiene largo antecedente colonial español. De igual manera, las organizaciones multilaterales le reconocen “superioridad” a la educación privada dentro del modelo de capitalismo global respecto de la escuela pública, a través de sus agencias evaluadoras como del “asesoramiento” en sus políticas educativas, aprovechado por empresas en el mercado de contratos; habiendo identificado solo dos pilares referenciales caros al modelo, matemáticas y comunicación dentro del modelo productivista de la educación nacional. La empresa privada en ese modelo está condicionada por el mercado, responde a él, no está interesada por la identidad de la sociedad peruana, como tampoco, la nacionalidad ni el republicanismo democrático que quedan en la escuela pública; por su propia lógica organizacional y demanda exitista es una etapa intermedia hacia la etapa superior. Nacieron y publicitan que contribuyen a mejorar los retornos de inversión de los padres de familia, con claro determinismo economicista.

Palabras clave: Educación; neoliberalismo, socialización, escuela, empresa.

 

El mito de la escuela privada

Entre los actuales mitos educativos que gravitan con fuerza en el imaginario social de todas las clases del Perú se encuentra la “escuela privada” opuesta a la “pública”, asumiendo que ella es efectiva, eficaz, además de eficiente; es uno de los mitos más emblemáticos de la educación nacional.

            Es un mito construido y mantenido a lo largo de la historia de la educación peruana por las élites oligárquico-burguesas (o los aspiracionales estratos medios emergentes), el cual termina echando raíces en las diferenciadas capas medias urbanas. La oferta de escuelas privadas (todavía no como empresas que es un fenómeno más reciente), no por casualidad dependió durante sus primeros momentos de órdenes religiosas católicas que actuaron en consonancia con el cultivo de los valores coloniales, incluida su más preciadas marcas de distinción: el cuidado del habla y la escritura, los modos cortesanos y el respeto a las jerarquías sociales. La indumentaria escolar, gracias a uniformes e insignias, se acomodaron bien en los moldes de la cultura neo barroca peruana. Por el uniforme se reconocían las jerarquías de pertenencia, e implícitamente las «pagas» accesibles o inalcanzables de ese servicio para los subalternos.

            El actual sentido de “escuela privada” no es el mismo de “escuela particular”, “escuela no estatal”, “escuela paga” en el desarrollo histórico del país; éstos responden a diversos momentos de cómo la sociedad y comunidades nacionales y regionales las conceptualizaban, sea para su apreciación o como clasificación de regímenes de gestión.

El imaginario nacional es alimentado por organizaciones multilaterales como UNESCO que en diversos estudios para América latina señala a la escuela privada como “mejor” que la pública, con excepción de Cuba; apunta también esta entidad multilateral las deficiencias regionales en matemáticas mayormente están en las escuelas públicas u oficiales de las economías organizadas alrededor del mercado capitalista, asumiendo de este modo de una preferencia por el pensamiento formal y comunicacional, como ejes centrales de los sistemas educativos nacionales.

            Aquellos términos para indicar a esa escuela aparecen en el Perú desde el siglo XVI. En diversos momentos el lenguaje oficial –y el uso cotidiano en las comunidades- los ha utilizado para referirse a una constelación de esfuerzos individuales, clericales y/o emprendedores, que cuatro siglos después, podemos hacer distingos semánticos; ahora es obvio que esas palabras no refirieron ni refieren lo mismo; en sus especificidades hallamos diferencias sustantivas que dan derrotero para su mejor comprensión actual, dada su alza estadística de matrícula en las últimas décadas acercándose al tercio de la matricula nacional, favorecida por los condicionantes del sistema capitalista hegemónico, donde priman otros principios a su rol inicial de aquel siglo y que actualmente ergo responde mejor al sentido de empresa educativa.

            Por contraste, hay que marcar el criterio previo al actual deudor de la economía neoclásica de costo/beneficio. Al presente, con la hegemonía del mercado como asignador de valor y la mercantilización de la acción educativa, lo “privado” ha adquirido rasgos de ídolo sobre el cual giran todos los servicios de educación que ofertan, determinados por una economía educativa de costo-beneficio. Salvo algunas notas que le son propias, consecuencia de origen y desarrollo histórico, la empresa escuela privada con recursos materiales –de élite- acogió y acoge a las clases pudientes en sus establecimientos para otro tipo de educación; no así las otras escuelas privadas de emprendedores para estratos sociales medios y aquellas otras, de ingresos monetarios menores, que tienen diferencias sustantivas de calidad educativa, incluso si se les “compara” con la escuela pública de su entorno.

            En ambas áreas, pública y privada-la función básica de colaboración y ajuste de la educación respecto a la socialización/arraigamiento nacionales por el sistema educativo -entendida como esencial función del Estado- para el caso de la empresa educativa privada se ha venido autonomizando respecto al marco político, una de cuyas aristas es atender la demanda de los padres de familia a ese tipo de escuela con mejores retornos de su inversión (cuya relación es inversa si nos situamos en el entorno de escuelas privadas marginales), hecho que ha generado mayor profundización del carácter desigualatorio y discriminante que desde sus primeros momentos presentaron, de un lado por pensiones (aranceles) pero también en la realización de los procesos pedagógicos, cuya calidad no está situada en el desagregado del desarrollo integral del concepto constitucional de la educación, de este modo esas escuelas han resignificado los componentes de ciudadanía, nacionalismo y republicanismo.


Imagen 1. www.blog.pucp.edu.pe

            La empresa educativa privada existe en esa condición como paralela a la escuela pública con ventaja, dado que por su posición de “establecimiento escolar” es merecedora de garantías y derechos –también exoneraciones tributarias como Impuesto General a las Ventas, publicidad externa, predios municipales, etc.-, paulatinamente ha ido dejando el rol colaborador y complementario a la educación peruana para entrar en terrenos de des identidad y sub sistemas absolutistas, prácticas de libertad de enseñanza en la mirada del modelo de mercado -mejor situada en este esquema la escuela subvencionada por el Estado que la privada neta-.

En esa auto marginación -las más publicitadas empresas privadas en opinión de los expertos educacionistas orgánicos del capital-, sólo queda en un rol formal de colaboración a la educación nacional y en apertura a oportunidades mercantiles para innovaciones de modo que cada año escolar oferten novedades; generan sus propias orientaciones pedagógicas al modelo adoptado en convenio con instituciones transnacionales; aplican modelos educativos diferenciados para que el cliente pueda ejercer su derecho a la enseñanza que la constitución neoliberal de 1993 indica y que por su propia naturaleza de empresa se permite experimentar, que supuestamente enriquecería el sistema educativo nacional; en realidad, vuelve a un autarquismo a favor de los grupos dominantes de la sociedad peruana, en un proceso de desnacionalización en un mundo del conocimiento cribado por concepciones duales, con fuerte repercusiones para la vida nacional. Todo esto en las escuelas privadas marginales alimenta el imaginario en las clases subalternas del país con el mito aludido, pasando de un 10 por ciento antes de la referida carta política a cerca del tercio de la matricula nacional en el presente año.

 

¿Educación privada o empresa educativa privada?

Debemos diferenciar la “educación privada” de la “educación pública” como procesos principales de socialización y arraigamiento, de las instituciones educativas privadas y públicas como organizaciones que facilitan o no los procesos apuntados. Para no seguir en la confusión intencionada de los intelectuales orgánicos del capital empresarial de la criolla aplicación del neo liberalismo desde el fujimorato, ésa deriva del hecho que la educación nacional como proceso principal de socialización y arraigamiento tiene una referencia explícita en un marco constitucional, desde donde adquiere sentido integrador como componente importante –el más importante- del  país, por el cual adquiere identidad y sentido de pertenencia a los destinos de la sociedad nacional en su conjunto. Para el caso, en el enfoque criollo de capitalismo global la aplicación criolla oligárquica; en otro tipo de sociedad la carta política juega el mismo rol definitorio, aunque con finalidades distintas.

Pensar una “educación privada” y una “educación pública” desde la atalaya socialización/ arraigamiento apuntados, sin comprender sus implicancias, es abrir puerta a distorsiones que se verán concretadas en la organización educativa, formación social con una filosofía, procesos pedagógicos y de gestión, pero siempre debería estar en el marco de socialización y arraigamiento, para el caso peruano, en la relación docente-estudiante en espacios educativos sistematizados del Centro institucionalizado, que transcienda a la entidad educativa en el propio seno comunal, en tipos de educación no formal e informal, no normalizados. Este es el rol de la educación pública, pero no necesaria de la privada, universalmente la empresa educativa privada del neoliberalismo criollo no se enmarca en estas ideas.

En el país además de “escuela pública” se emplean otras definiciones: “escuela estatal”, y “escuela fiscal”; la pública con mayor presencia institucional de organizaciones sociales en sus órganos internos; en tanto la segunda, en los designios del Estado y de participación formal de agentes y actores educativos; la tercera fue vista como sinónimo del gobierno pero con énfasis en los costos cubiertos por el erario nacional. Ellas asumieron en su momento histórico un rol igualador de oportunidades; una direccionada, la otra más aperturista, la tercera más cerrada; siempre en el plano de la herencia social cultural de identidad y pertenencia al ethos nacional con su propia evolución en los años de la República. Ese rol igualador es el que la empresa privada progresivamente se ha ido desprendiéndose, proceso acelerado en el enfoque de mercado actual del capitalismo global, posponiendo su rol histórico de colaboración y apoyo a la educación nación, apuntalada en las especificidades que le da su libre régimen de gestión.

En aquella confusión epistemológica, la empresa educativa privada que se arroga ofrecer “educación”, da pie para pensar una “socialización/arraigamiento privado”, lo cual es un contrasentido político y cultural; al margen de distorsionar su rol inter colaborador, universalizador, descentralizador que justifica su presencia en el sistema educativo. En el caso dela privada, formaría generaciones desprendidas de nacionalidad, ciudadanía y republicanismo auténticos, muchas de sus manifestaciones extracurriculares que ofertan en su publicidad carecerían de sentido histórico en la jornada escolar. En un mundo del conocimiento y con rasgos multiculturales por impacto de la revolución de la comunicación, aun es más urgente que la escuela como institución tenga claro su rol socializador/arraigamiento para la personalidad del estudiante peruano del siglo XXI, y no formar consumidores que tomen distancia –o distorsionen-la herencia nacional, así como de las necesidades de participación a favor del bien común en este país, y no en abstracto, de los sectores burgueses y pequeños burgueses con mejores condiciones materiales para esta finalidad.

El desarrollo de rasgos identitarios de acuerdo a pautas socio-psicológicas consensuadas de la herencia cultural reflejan los patrones de ciudadanía de todos los nacionales y donde la institución educativa contribuye al proceso de socialización/arraigamiento en esa dirección precisa y no otra. Su deformación haría que la escuela no inscrita en estos grandes y principales procesos nacionales estructuren la personalidad del educando en otros patrones culturales e incluso en lógicas diferentes y contrapuestas, progresando dos probabilidades: o identificación con el ethos nacional, con todo lo que implica no sólo a la formación de élites en el reclamo de J Basadre, sino también para la propia supervivencia en la mundialización actual, o rechazo al mismo, que se puede expresar por ejemplo “…esto sólo sucede en el Perú…”, “no estamos preparados para ello…”, “así somos…”, “exclusivamente puede pasar aquí…”, dado que cobijamos todos los atrasos y por mi formación básica –es decir socialización privada- me auto margino de los Otros; no es la ciudadanía del nosotros y destino común, sino del voto cada cinco años la única igualdad circunspecta con los otros, como si la elección democrática sea un artículo más de consumo. La fragmentación de la personalidad de la sociedad nacional es la finalidad oculta del pensamiento neoliberal criollo en la educación nacional.

De otro lado, esa des socialización y des arraigamiento a la axiología identitaria y ser nacionales resulta funcional al sub sistema de empresa privada ubicado en el sistema educativo nacional dado que en igual sentido tanto organizaciones mundiales con fuerte asesoría pedagógicas contribuyen a ello, como también los egresados de estas empresas educativas privadas de educación básica alimentan a establecimientos de educación superior con igual mentalidad. Y el círculo se cierra para los “cuellos blancos” desagarraigados y desocializados que ven al país sólo como tierra de negocios y lo recorren como turistas y no como connacionales ni conciudadanos con una propuesta política republicana.

 

La socialización/arraigamiento es producto histórico

En la escena nacional, los esfuerzos socializadores y de arraigamiento son permanentes a lo largo de toda la vida, además de unitarios y datan por lo menos de cuatro milenios, al igual que la educación funcional que le da soporte como un componente principal de ambos procesos, no así la educación formal, institucionalizada que recién aparece en el siglo XIX.

En la civilización incaica, su proceso de socialización fue dicotómico, con una educación espontánea –diríamos hoy no formal e informal- como formación funcional, natural, global; y otra, institucionalizada del Yachayhuasi y  Acllahuasi[1] con actores educativos, currículo, organización, tecnología, sistemática, componente racionalizador y diferenciada por grupo social, estudiada entre otros autores por José Portugal Catacora[2]. El componente de arraigamiento fue también funcional a los intereses políticos de la nobleza gobernante. Ante del XVI no existieron escuelas “particulares”, la educación de los nobles fue fiscal al servicio de los intereses de la panaka e instrumentada desde la divinización del Inca; el Estado incaico no extendía certificación por estos estudios institucionalizados; su eficacia y pertinencia eran observadas en la práctica, en el desempeño de la función encomendada. La creación y ejercicio de esas escuelas respondían a las necesidades políticas del Imperio.

Por su parte, la socialización del estado colonial español fue trabajada de la desarticulación de la estructura incaica, destruyó la formación institucionalizada anterior reemplazándola por la visión europea tricotómica de educación elemental, intermedia y superior –enfoque prevaleciente hasta hoy en primaria, secundaria de educación básica regular y la Universidad-, reglamentada en la óptica del invasor que venía a América a enriquecerse, apoyada en establecimientos administrados por el clero católico de labor similar en España. Los colonialistas unieron la Iglesia católica con el Estado por lo que resulta natural que las diócesis y las congregaciones religiosas cumplieran una función educativa, pero de forma “particular”; inicialmente tampoco extendieron certificados, su creación y funcionamiento era por decisión de la autoridad cuando se trataban de indios. Por su parte por acción del virrey Toledo la dispersión poblacional fue arraigada en ciudades para su control y manejo económico, como complemento a la socialización colonial exitosa por cuatrocientos años y cuyos ecos todavía son perceptibles en la sociedad y comunidades actuales.

Así organizaron escuelas “particulares” en parroquias –nivel administrativo de ejecución de la Iglesia católica- dirigidas a los indígenas, el conquistador con la autorización de funcionamiento otorgaba a la congregación bienes en explotación para sostener esas escuelas, en contexto fáctico de dos repúblicas, de indios y de españoles, como parte del movimiento mundial de adoctrinamiento o evangelización católica, “…los sacerdotes que acompañan a los conquistadores realizan desde el comienzo su labor de adoctrinamiento religioso y de enseñanza de las primeras letras...” (Braham, 1971:19), fue una educación particular religiosa cuya estructura de financiamiento se ha prolongado por 500 años, pero conforme evolucionó en los cuatro siglos concentró sus actividades sobre alumnos pertenecientes a las clases altas de la sociedad colonial, peninsulares y criollos ricos, compartiendo con profesores laicos, en minoría, las necesidades de estos estratos sociales desde una oferta educativa diferenciada, desigual, que aún persiste, y que es afín al pensamiento neoliberal criollo en la educación peruana.


Imagen 2. www.juridicointernacional.wordpress.com

Para los runas en el imperio colonial español la educación funcional siguió al interior del proceso de socialización precedente -todavía subsiste entre los actuales campesinos, que dejaron de ser nominados “indígenas” en 1969-; para los orejones organizaron Colegios de Curacas, principalmente después del sacrificio de Túpac Amaru II; en el imperio colonial español la educación tuvo el objetivo de contribuir al dominio colonial en dos planos, uno religioso de conversión, pastoral, “cristofórico”, el otro a la práctica económica-política colonial de alimentar con mano de obra a obrajes y minas, inicialmente como una propuesta pedagógica para adultos aplicable en simultáneo a niños por frailes y clérigos de dos congregaciones católicas principales: dominicos y jesuitas, con ventaja comparativa de éstos, dado que los discípulos de Loyola manejaban gran parte del saber científico, tecnológico y cultural de la época. La socialización/arraigamiento colonial con la herramienta de esta educación institucionalizada fue sumamente exitosa tanto por la concentración del poder colonial en el país, como los mecanismos colaterales a la escuela en reducciones y misiones.

Desde el siglo XVI aparecieron los “ayos” –preceptores en el Perú- educando en casas particulares, previo contrato con tiempo y pago acordado mucho más alto que en las escuelas que fueron llamadas también “privadas[3] para hijos y/o pupilos de peninsulares. También hubo ayos para grupos de indígenas y niños mestizos adheridos al esquema de dominación. No toda la actividad educativa estuvo limitada a la escuela institucionalizada, la “instrucción portátil de los ayos” era más intensa y efectiva por la personalización pedagógica y desde esos momentos adquirió prestigio entre los estratos sociales privilegiados de la República de los Españoles, dado que se apoyó en una axiología cristofórica, en ella se educaban las futuras autoridades civiles y militares coloniales. Esta formación no llevaba a certificación, su eficiencia era la práctica del egresado en cada república.

Al inicio del Imperio colonial, ayos para las primeras letras, luego expandiéndose a nuestra equivalente primaria y en pocos casos a secundaria, que conjuntamente con las escuelas de misiones y parroquiales completaban la educación particular institucionalizada de esa época, dentro del proceso de socialización/ arraigamiento colonialista, con huellas que hasta hoy se pueden observar en el imaginario nacional, y que son reforzadas en la tradición educativa de muchos establecimientos escolares. Desde ya el colonialismo educativo reprodujo el mundo virreinal en dos mitades, las mismas que el neoliberalismo criollo utiliza en el esquema dual de institución privada/institución pública.

Con la independencia política los usos y costumbres coloniales educativas se prolongaron hasta el gobierno de Ramón Castilla quien aprobó la primeras normas republicanas para orientar el sistema educativo nacional[4] iniciando la certificación de estudios escolares y regulando la autorización para creación y funcionamiento de instituciones educativas; sin embargo el proceso de socialización/arraigamiento de las dos repúblicas coloniales siguieron subsistiendo, desarrollando valores, actitudes y concepciones diferenciadas, los cuales se fueron integrando como resultado del desarrollo urbano, progreso de las fuerzas productivas, modernización de las relaciones sociales, amalgamando diferenciaciones culturales mestizas.

También, por esa época advertimos un movimiento desde el Estado para amenguar la hegemonía clerical católica a través de la normativa que fue creciendo hasta su momento estelar a mitad del siglo XX con la reforma educativa de Manuel Odría que fortaleció la escuela estatal tímidamente laica, pero en el mediano plazo nuevamente retornó al rol aparentemente permanente heredado de la colonia española, frailuna y soldadesca. Incluyó nuevos elementos de control social: el uniforme caqui con galones, cristina y la carnetización obligatoria con fotografía desde la primaria con sello oficial, cursos de religión con “retiros espirituales” y pre militar con “desfiles y escoltas” en toda la educación nacional.

El enfoque católico tradicionalista y decimonónico estuvo rivalizado por las escuelas protestantes con valores anglosajones, de raíz norteamericana y europea, fueron un viento fresco en la abigarrada atmósfera apostólica romana con énfasis en formalidad del estudio, desarrollo evolutivo intelectual, idea de superioridad del hombre bien educado, la utilidad de la educación en el progreso social, la escuela como preparación esencial para la vida adulta, dentro de un enfoque individualista de la interpretación de la Biblia, para lo cual el poblador necesita saber leer y razonar, que implica su alfabetización “…el protestantismo ha dado impulso a campañas de alfabetización en todo el mundo, y las metodologías de la alfabetización desde sus comienzos hasta el método psicosocial de Paulo Freiré, tienen una base fundamental en el método original de Frank Laubach, un misionero protestante en África” (Braham, 1997:256).

Las escuelas religiosas de siempre privilegiaron una cultura cristiana como único medio de sobrevivencia moral y como magnífico medio de normar las relaciones en la familia; fueron y son las variables independientes de su prestigio y donde fundan su oferta educativa en intento de correlacionarse con la socialización/arraigamiento; cosecha presente del largo periodo colonial y la corta república, ligado al poder temporal en el sistema educativo y con instituciones aglutinadas tanto en la educación básica como superior, así mismo, fuerte presencia en los organismos del Ministerio de Educación, que facilita el copamiento del funcionariado neo liberal.

En las tres últimas décadas la creación de instituciones privadas ha tenido los mayores picos de crecimiento en la educación superior y de aquí se están moviendo hacia la secundaria y primaria de la básica regular. En el momento actual han empezado a formar redes nacionales de escuelas privadas laicas, dado que las confesionales vienen de muchos años atrás; donde mayormente fructifica el pensamiento educativo neo liberal es en las empresas laicas, dado que están más conectadas con el mercado.

Hoy el proceso de socialización/arraigamiento peruano define un tipo de personalidad, sea apoyado en la educación sistemática o no, escolarizada o no, formal o no, desarrolla procesos de síntesis cultural de todos sus componentes étnicos, sea a través de instituciones educativas o por los aparatos de reproducción, uno de cuyos ejes centrales son los medios de comunicación en manos de los empresarios del capital. Hace casi doscientos años la educación realizada en escuelas al margen del aparato estatal fue conocida también como “particular” –por oposición a “universal”- dada por preceptores con programas unipersonales también a grupos, forjándose las primeras escuelas particulares… que no estaban facultadas para extender certificados oficiales de estudios escolares, si sus egresados no franqueaban con éxito exámenes ante jurados de docentes en escuelas públicas, con vigencia hasta la mitad del siglo XX.

Mucho después aparece la escuela estatal que se asume “nacional” normada en el formal enfoque liberal del Estado laico para lo cual adoptó la “libertad de enseñanza”, que con el correr del tiempo y al amparo del modelo económico de mercado, es mejor conceptuarla como empresa “privada”, porque se sostiene por pagos de los clientes. La situación de la escuela particular hizo que educadores como José A Encinas (“promotor” de este tipo de escuela) cuestionara los procedimientos para el otorgamiento de certificados de estudios de primaria o secundaria por parte de la escuela estatal de modo de oficializar los estudios escolares realizados en ellas, dado que la atribución de oficialización lo tenía la pública.

Luego, por “escuela pública” nos referirnos al derecho cristalizado en una “institución” para la educación de todos los individuos, en diversas modalidades y formas del sistema nacional por parte de sectores o niveles de gobierno, cubierto sus gastos por el Erario nacional, de  todos los recursos materiales y no materiales para el proceso de enseñanza-aprendizaje, como componente clave de la socialización/arraigamiento con creciente presencia de la sociedad civil peruana. Así tenemos las escuelas administradas directamente por Ministerios, siendo el principal Educación, pero también Interior, Defensa, Justicia; así como escuelas públicas administradas por Gobiernos Regionales y Municipales[5]; también subvencionadas total o parcialmente en “parroquiales” o de copago, mayormente con la iglesia católica.


Imagen 3. www.revistaideele.com

            En cambio la “empresa educativa privada” es administrada directamente por su propietario o promotor, sea cualquier su forma asociativa anónima o no, abierta o no, tiene fin de lucro directo o indirecto; por diversas formas de pago de los clientes cubre sus necesidades materiales, no materiales y obtiene ganancias por su funcionamiento -dentro del diseño curricular nacional de educación básica-, en el marco de la socialización/arraigamiento peruano. En el desarrollo histórico nacional ha devenido desde particular –cuando no pasaba del 5% de la matricula nacional y estaba bajo el control de la Escuela oficial, hasta representar casi el 30% actual, igual al promedio histórico latinoamericano, teniendo como regulador al mercado y no siendo su preocupación central la universalización de la educación de la población peruana, en su descartado rol de colaboradora de la educación nacional, como tampoco descentralizadora, dado que es fundamentalmente urbana, pero con procesos de re significación conceptuales a los condicionantes de la lógica empresarial, fuertemente determinada por la demanda, en relación a la competitividad y verticalismo en el esquema político actual.

 

Conceptualizando la empresa educativa privada

Uno de los basamentos ideológicos de la empresa educativa privada en el pensamiento neo liberal es la “libertad de enseñanza” animada en el siglo XIX por la educación laica en un contexto de aplastante influencia de la clerecía en la educación y como resabio del pasado colonial; en los inicios de la República fue eficaz para legalizar la educación nacional, pero que ha sido aprovechado en el modelo de mercado imperante por los grupos más conservadores de la iglesia católica así como por el capital financiero para captar a los estratos sociales privilegiados de la sociedad ligados al bloque en el poder y dirigir la educación de sus hijos, imponiendo de este modo la racionalización en el destino y uso de los recursos de cada una de esas escuelas, a través de modelos educativos, más que pedagógicos. Al haber sido incorporada la libertad de enseñanza en la Constitución política se transformó en principio y tapadera para el mercantilismo tanto económico como ideológico que la empresa privada fomenta.

            Esa base ideológica funciona en el mercado de las empresas educativas privadas y subvencionadas no así en la escuela pública, cuyo modelo educativo está prescrito en la normativa y la propuesta pedagógica subyacente de cada escuela oficial vía su proyecto curricular es mayormente inalcanzable por estas escuelas, dada la baja autoestima profesional del docente público; de ahí la finalidad de la formación integral y no unifuncional de la escuela pública. En cambio la empresa educativa está condicionada por el mercado y todos sus modelos tienen centralidad en los conocimientos para el ingreso a la Universidad como meta de la trayectoria escolar.

            En ese contexto es explicable en el modelo económico de mercado imperante, la “selección” de escuela en las clases medias y altas para la educación de los hijos o pupilos por la clientela potencial, y sólo exista oferta diferenciada en la tipología de las empresas privadas y sus modelos educativos, para quienes huyen de la escuela pública, debilitada y unilateral. Mentalizándolas en esa unifuncionalidad de la competencia del mercado y disminuyendo el protagonismo de la escuela pública con su crítica de falta de equidad y eficiencia en los usos de los fondos estatales. Luego, una fortaleza de la empresa privada es la gran diversidad de establecimientos escolares que componen su universo. En el presente trabajo nos acercamos a la entidad con fines de lucro (no así las subvencionadas que en las formas sostienen no tener fines de lucro) a las que denominamos empresas educativas privadas netas o puras. Pero también, la enorme variedad de situaciones concretas de actividades en las áreas urbanas, pequeñas empresas privadas con pocos recursos materiales y profesionales, que además generan contradicciones en el ahora sub sector de entidades privadas, dado el nulo acceso a exoneraciones que los grandes colegios privados si obtienen para equipamiento e infraestructura.

            De aquello deducimos el pensamiento educativo de mercado desde el gobierno del fujimorato empezó a ampliar garantías para elaborar planes pedagógicos utilizando el formato de proyectos educativos institucionales en el marco de diseños curriculares nacionales establecidos para cada una de las modalidades de la educación básica, libertades aprovechadas por la empresa educativa privada según el modelo que la misión principal de la educación es la transmisión de datos e información en pro de la ganancia, esto abrió a entender la educación como una industria y no un derecho, una mercancía que necesita de un marco, sólo de un marco, para ajustarse a los fines financieros requeridos.

            De ese modo, en el afán de “vender” una mercancía atractiva para el mercado, el mandato legal de ajustarse a los diseños curriculares nacionales, para el caso de aquellas empresas educativas privadas más competitivas (que para la Universidad Católica del Perú representan las de mayor rendimiento de sus egresados en la condición de universitarios[6]), han sido desechadas en la mayoría de casos no sólo metodologías sugeridas en el Diseño Curricular Nacional de EBR sino las propias competencias escolares mínimas consensuadas políticamente en la Ley General de Educación, pero en un porcentaje casi del 50% el mismo marco constitucional de desarrollo integral. Con lo cual la empresa educativa privada para las élites nacionales no garantiza al educando recibir los conocimientos básicos de la cultura, ética y conocimiento peruanos, y más bien saberes instrumentales para el desempeño que el modelo de mercado privilegia, el resto de ciencias humanas y sociales tendrán sentido alrededor de ese eje central de la formación para la competencia futura, en un mundo de lucha permanente.

 

Plano diferenciador de la empresa educativa privada y la escuela pública

Lo anterior nos conduce a descubrir diferencias entre lo público y lo privado, dado el conjunto de iniciativas diferenciadas de la empresa privada, a pesar de la dificultad de una tipología detallada que responda a distintas necesidades e intereses, cada una con características específicas. Por esta variación tipológica que presenta desde sus primeros momentos históricos utilizaron varias palabras, entre ellas “particular”, dado que no puede conceptualizarse como un sector de política social, labor que sigue quedando en la escuela pública, en especial la formación de grupos y estratos medios de la sociedad, la que habiendo perdido influencia, la generación de nuevas políticas sociales y educativas se ha visto truncada por el dominio de la empresa educativa privada, idea válida para los dos grandes grupos de establecimientos con fines o no de lucro.

            Observamos, que si bien entre la escuela pública y la empresa privada poseen una misma conceptualización de “escuela” que define el proceso de enseñanza aprendizaje como un conjunto de acciones con sentido, existe diferencias en las finalidades de estas acciones, dado que en tanto la escuela pública siempre alude al desarrollo del país, las empresas educativas privadas apuntan a un desarrollo individual –personal- de acuerdo a las exigencias del modelo de mercado y su desarrollo institucional es para afianzarse y consolidarse en ese mercado educativo.

            En ese plano de retornos individuales y no nacionales los diversos economistas que han calculado las preferencias por un régimen u otro, concluyen que los padres de familia prefieren la empresa privada, hecho explicable por la óptica económica personal, además, resaltado como válido por los organismos multilaterales que precisamente alientan esa manera de ver las cosas en la educación nacional; asimismo los resultados exitosos de estos estudiantes no sorprende si consideramos que la entidad privada tiene mejores variables extra educativas de sus alumnos como mejor nutrición, no trabajan, hogares con padres educados, acceso a materiales didácticos y tecnológicos, asistencia continua, mejor equipamiento. Donde el valor no está en axiologías nacionales sino desde la mirada individual, siendo el de mayor diferenciación el nivel secundario de la Básica Regular, no así en las modalidades laborales, pero a su vez en relación directa a la dispersión tipológica de las empresas educativas privadas.

            Ese proceso diferenciador tiene efectos sociales, en la visión de los “modernos economistas” metidos en la política educativa, su racionalidad lleva a que la escuela pública sirva sólo a los pobres, para que el resto de individuos asista a los establecimientos privados; con lo cual el enfoque de mercado obtiene libertades no sólo de organización y curriculares a su conveniencia, sino que como ha sucedido con las empresas privadas católicas, también escuelas biculturales en las propias lenguas de los padres de los estudiantes. Todo ello enmascara el histórico rechazo de los ricos sean urbanos o rurales por la escuela pública –extendido al imaginario nacional y en especial a los propios docentes de escuela pública-, alentando desde el comienzo las entidades del clero, o biculturales, dado que siempre anhelan desigualarse del resto de la población nacional, la formación de sus hijos en un buen campo de diferenciación, la empresa educativa privada genera desigualdad.


Imagen 4. www.educaciontic.perueduca.pe

            Precisamente por ese afán concretado de acuerdo a los diversos momentos nacionales, siempre la empresa privada ha sido porcentualmente minoritaria, pero ha ejercido y ejerce influencia en la formación de sectores sociales excluyentes; particularmente la entidad privada clerical de modo de mantener una visión de la cultura, tradición y los valores que asume son los permanentes de la nacionalidad. Y el tema de fondo es la unidad nacional, tal reclamada y deseada, pero que con la presencia de ese tipo de establecimiento privado hace que pierda sentido, vistiéndola de modernidad y nuevos modelos educativos.

            Las investigaciones sobre retornos de la educación informan que los egresados de las empresas privadas son más propensos a convertirse en ejecutivos y gerentes que aquellos provenientes de la escuela pública, que mayormente los hallamos trabajando en el sector estatal. Mientras los de cuello blanco son formados en un sistema de valores y creencias de la empresa educativa privada, la escuela pública tiene egresados propensos a ser cuellos azules, anulando de plano incentivos colaterales y presentando de este modo un determinismo sobre las políticas de reclutamiento de los empresarios dueños del capital.

            Aquello no se queda en la empresa privada neta sino que también se desplaza a la entidad privada subvencionada en la forma de “parroquial” (la forma más antigua de servicio educativo público), administradas como privadas pero con financiamiento mayoritario o parcial estatal, que algunos expertos orgánicos del capital, siempre ponen como ejemplo de eficiencia y eficacia de la escuela parroquial. Significa esta idea que la escuela pública funciona más eficientemente para los estratos más bajos de la población pero no en el plano de los funcionarios del Estado ni de los staff de las empresas transnacionales.

            Con ello, las políticas educativas nacionales de universalización y gratuidad de la enseñanza como derecho ciudadano y constitucional se ven afectadas; siendo más afines a la empresa educativa privada las del mercado, con calificación del estudiante para la competencia tanto en el país como a escala internacional y que indirectamente implica alentar la descentralización y propuestas de cofinanciamiento de los centros educativos, sean en los históricos subvencionados como en los propios públicos, cuya expresión más clara es el sistema de cupones o vouchers de Milton Friedman.  

 

Tensiones de la empresa educativa privada y la escuela pública

Con las limitaciones de las tipologías, en general, ambos ejemplos de instituciones educativas han mantenido un conflicto entre dos polos extremos, público y privado, evidenciado por las diversas nominaciones que como hemos visto responden a causales de la relación que tuvieron respecto a la educación nacional dentro del proceso de socialización/arraigamiento.

            La variación del conflicto ha pasado también por la competencia entre las instituciones educativas por el acceso a los recursos públicos y donde aparece el sub sector de escuelas subvencionadas. Una enorme fortaleza de la empresa privada es su metodología más eficiente para administrar recursos materiales, basada en la lógica del mercado en el enfoque de costo beneficio, posesionándose en la modernidad respecto a la escuela pública. Otra fuente de conflicto es el cumplimiento de la normativa vigente del Estado con serias deficiencias en herramientas de gestión como supervisión, monitoreo, control, investigación y evaluación de la empresa educativa privada con herramientas sistemáticas, permanentes y personal capacitado para estos procesos.

            La relación pública-privada en las instituciones escolares con la adopción del modelo de mercado en la economía nacional, desde hace 20 años, por la empresa privada –incluso la subvencionada- ha ido adquiriendo libertades dado que no existe en la administración de la educación ni la voluntad ni las habilidades institucionales para aplicar las herramientas de gestión aludidas.

            Los nichos de mercado que atienden las empresas educativas privadas se han visto ampliados en la coyuntura mundial del gran ciclo que demanda productos primarios a la economía nacional en distintos estratos sociales, sin embargo esta expansión tiene límites sino surgen otras fuentes de financiamiento –aquí se inserta la campaña de los sectores conservadores de la oligarquía nacional para acceder a la escuela pública ampliando aquella subvención en la figura de cupones-, principalmente para alumnos y familias de estratos más bajos de renta monetaria, en la figura económico de alianza “público-privada”, cuando el clamor de todos los sectores político es el aumento del presupuesto estatal para la escuela pública.

            Todos esos entornos de conflicto no han sido óbice para que la empresa privada para estratos altos en solitario presente ventajas respecto a la escuela pública, horarios discontinuos, paleta de servicios diversificados, mecanismos paralelos de recuperación, educación continua, individualización educativa, asunción de funciones familiares, confianza en la educación que brinda. La desconfianza de los sectores de mayor ingreso de la sociedad por la escuela pública ha desatado una mayor demanda de la mercancía del establecimiento privado; incluso en sectores medios emergentes existe un mercado que es trabajado por la empresa privada de pequeño capital; pero no siempre con libertades curriculares, diversificación de productos y servicios por lo que el reconocimiento de la comunidad es frágil y donde el lucro además es acompañado de mayores deficiencias que la escuela pública por la escasez de recursos, precariedad de infraestructura, equipamiento, son las empresas educativas privadas donde no existen desaprobados.

            Todo ello ha llevado a que la empresa privada de estratos A, B ofrezca una oferta heterogénea de modelos educativos aunada a su indiscutible desmarcación de la escuela pública, y a la creencia que una inversión temprana en la formación de los hijos o pupilos reditúa mejores retornos en la trayectoria vital del egresado, que hace las diferencias que no pueden ser subsanadas en la educación superior, como es el caso de los egresados de la escuela pública actual. Hecho que no siempre es así.

            De otro lado, la empresa privada presenta también desventajas. Así como tiene en la formación de sus estudiantes para la competencia, lucha por la vida, formándolos básicamente como consumidores y no ciudadanos, la entidad privada enfrenta una fuerte competencia de las otras empresas para ganar porciones mayores del mercado educativo urbano de aquellos estratos sociales, pero a su vez con establecimientos privados menores con pensiones más bajas; la respuesta a esto es la formación de redes de entidades educativas y la presencia cada vez mayor del capital financiero a nivel nacional. La burbuja educativa de la actual empresa privada para estratos pequeño burgueses se asienta en el poder adquisitivo de estos estratos sociales atados al funcionamiento de la economía de mercado internacional por los altos precios de los productos tradicionales del país, estos hace que en el actual momento solo las empresas educativas privadas más fuertes tengan el futuro asegurado. El ciclo de los buenos precios para los productos primarios de exportación está llegando a su fin, sólo lo sostiene el crecimiento de la China por estos años.

            La historia de medio siglo de la educación del país muestra que entre la escuela pública y la empresa educativa privada existe una relación inversa, a la crisis de la escuela pública florece la entidad privada. El aumento de calidad de la escuela pública es una desventaja para la empresa privada como lo recuerda el periodo de las Grandes Unidades Escolares del gobierno de Manuel Odria. Igualmente, la empresa privada en su competencia en el mercado usa herramientas diferenciadoras, la paleta de servicios diversificados en formación continua pero la formación inicial de los docentes para educación básica es genérica y no especializada presentándole de este modo otro eje crítico a esta actividad diferenciadora. De otro lado, las modernas técnicas de gestión educativa no han superado el tema de la sucesión en las direcciones en estas empresas cuando son negocios familiares -a excepción de las administradas por congregaciones religiosas-, sobre todo las empresas privadas laicas orientadas hacia el estrato C, donde muchas veces los hijos de los profesores fundadores no desean seguir con el negocio.  

            Pero el gran problema de la empresa educativa privada es la enorme brecha entre lo que escribe como meta alcanzar en términos de democratización, vinculación con la comunidad local y lo que efectivamente logra en cada año escolar. La ideología del mercado para algunas y religiosa para otras, las aprisionan para que los valores democráticos no sean presentes en el ejercicio diario del establecimiento escolar, sea por las vacilaciones para incorporarse al proceso social, inclaridad de objetivos estratégicos, intereses particulares o de grupo no conciliables con el bien común, por la composición de su financiamiento o la relación con la administración educativa del Estado dado que finalmente saben que tienen una libertad condicionada, dado que en la forma el Estado se reserva el derecho de supervisarlas. El sentido de clase social a que pertenece finalmente pesa más a las cuestiones ideológicas sea para padres agnósticos con hijos en entidades privadas religiosas; la vocación clasista se traduce en mantener a los alumnos deprivados de fortuna a distancia, de manera que todos sean peruanos pero diferentes, desiguales (“juntos pero no revueltos”, en el lenguaje de los diarios de la derecha peruana).

            Sintetizando, el accionar de la empresa educativa privada en su conjunto no coadyuva a la educación como bien social entendida como subsector de la política social del Estado, esto es, como apoyo, insumo y consecuencia del modelo de desarrollo del país, antes bien, ahonda las diferencias entre la población con sus finalidades de competencia, desiguala, margina, negando en la práctica del aula la función histórica de toda escuela, igualatoria de oportunidades de las nuevas generaciones. Es una expresión de las otras desigualdades en el plano más íntimo del ser humano, su formación integral para ser ciudadano socializado y arraigado en su país.

            Si bien en las formas y con propósitos de justificación se cuida mucho la empresa privada de incorporar a su corpus lingüístico ideas de discriminación positiva y descentralización pues podría deslizarse hacia connotaciones y discurso de participación social de la sociedad civil no mercantil. Dado que la naturaleza de esta entidad es urbana, casi el 100% de la oferta de su servicio es para las ciudades, donde existe más probabilidades de desarrollar excedentes y rentas. En la dictadura del fujimorato se encontró con economistas ministros que habían acumulado inicialmente negocios en las empresas privadas, por lo que el Estado les facilito la provisión de servicios educativos en todo el sistema educativo nacional. Y lo que han desarrollado desde esos momentos son actividades que racionalizan el modelo de mercado con pruebas estandarizadas, de modo de cerrar el círculo de su hegemonía.

 



Notas:

[1] Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales (1609) “…Dize que fue el primero (Inca Roca) que puso escuelas en la real ciudad del Cozco…” De igual manera Antonio Vásquez de Espinoza (1628) en Compendio y Descripción de las Indias Occidentales,“…varrio de Huacapunca, o puerta del santuario, que estaba al norte de la plaza principal de la ciudad, al cual se seguía al sur el varrio de las escuelas que fundó el Rey Inga Roca que se llama YachaHuaci, que era la universidad…”, en: La Educación Incaica, Daniel Valcárcel

[2] Portugal Catacora, José, La educación de Manco Capac y Mama Ocllo y la educación indígena, EN: La Pacarina del Sur, N° 9

[3] Alonso Gonzales recibió 50,000 maravedies el 10 de marzo de 1536 como congrua “…entre tanto que se ocupare de enseñar y adoctrinar a los indios niños hijos de los naturales…” EN: Historia de la educación colonial, Daniel Valcárcel, Pág. 23

[4] La primera Ley General de Educación, Ley del Profesorado como carrera pública y Reglamento General de Instrucción Pública fueron promulgados entre 1850 y 1855 por Ramón Castilla, la responsabilidad de la conducción educacional se concentró en el Gobierno Central, apoyado por diversas pedagogos extranjeros, especialmente franceses, belgas y alemanes, luego norteamericanos y más adelante los consultores de los organismos de cooperación técnica y financiera internacional. Ver José A Encinas, La Escuela Nueva en el Perú.

[5] La gobiernos regionales desde inicios del siglo XXI administran centros y programas dentro de lineamientos nacionales definidos por el Ministerio de Educación, abriendo una nueva nomenclatura “Escuela regional”, aunada a la tradicional “Escuela municipal

[6] En su proyecto de estudio de las instituciones educativas exitosas

 

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Cómo citar este artículo:

DELGADO HERENCIA, César Hildebrando, (2015) “La empresa educativa privada de la tecnocracia criolla neoliberal en el Perú”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 24, julio-septiembre, 2015. Dossier 16: La Educación en América Latina: lastres, inercias y retos. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 26 de Mayo de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1171&catid=52

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