Pacarina del Sur
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Yo Soy 132: entre la red y las asambleas. Una rebelión contra el autoritarismo

Yo Soy 132: between the network and the assemblies. A revolt against authoritarianism

Yo Soy 132: entre a rede e as assembléias. A revolta contra o autoritarismo

Joel Ortega Erreguerena [1]

RECIBIDO: 17-09-2015 APROBADO: 5-10-2015

Resumen

Resumen: En el artículo se analiza la forma en que el movimiento Yo Soy 132 se organizó y las tensiones que se dieron entre la irrupción de las redes sociales, como nuevo espacio de articulación, y la tradición asamblearia presente en el movimiento estudiantil mexicano. Nos preguntamos en qué medida el movimiento representó una innovación en las formas organizativas del movimiento juvenil. Examinamos las principales etapas del movimiento y cómo se manifestaron sus tensiones organizativas e identitarias.

Palabras clave: movimiento estudiantil, redes sociales, organización, asambleas, movimiento juvenil.

 

Introducción

En 2012 el movimiento Yo Soy 132 irrumpió en el escenario y cimbró al sistema político mexicano. Después de muchos años de reflujo los jóvenes salieron a las calles, se organizaron en asambleas y cuestionaron de fondo a la clase política. Durante varios meses el movimiento estudiantil se convirtió en un actor central de la vida política. En pleno proceso electoral el movimiento cuestionó a un sistema político en donde los partidos están cada vez más alejados de la sociedad y subordinados a los grandes poderes económicos. Expresó el malestar frente a la clase política y advirtió sobre el riesgo de una restauración del autoritarismo con el regreso del PRI[2] al gobierno.

Con esto el movimiento se sumó a la ola de rebeliones juveniles que han sacudido al mundo en los últimos años, desde la Primavera Árabe en 2011 hasta las movilizaciones en Brasil y Turquía de 2013. Se trata de movimientos en contextos muy diferentes pero que tienen en común el despertar de una generación que para organizarse cuenta con el internet y las redes sociales. El investigador Manuel Castells los ha caracterizado como los nuevos movimientos sociales en red: movimientos juveniles basados en la horizontalidad, sin estructuras jerárquicas y organizados fundamentalmente a través de las redes sociales (Castells, 2012). Para Benjamin Arditi se trata de insurgencias que no tienen un plan pre-definido, mediadores evanescentes que son portadores de nuevas posibilidades, “pasadizos o conectores entre mundos, entre el actual y otro posible, por lo que son modos de poner en acto una promesa de algo diferente por venir”. (Arditi, 2013)

Pero ¿qué tanto podemos aplicar este modelo al 132? ¿Se trató realmente de un movimiento de red? ¿Qué papel jugaron las redes y cuál fue la organización del movimiento? ¿Quiénes eran sus integrantes? ¿Representa un “pasadizo” a nuevas formas de organización y de participación?

En este artículo examinamos al 132 con una mirada crítica pero también con la experiencia de haber formado parte del mismo. Sostenemos que el Yo Soy 132 fue un movimiento juvenil en contra del autoritarismo que sintetizó varias experiencias históricas del movimiento estudiantil mexicano y de las nuevas rebeliones juveniles. Las redes fueron importantes pero la organización se basó en las asambleas y en la tradición histórica de las luchas estudiantiles en México. El movimiento se articuló siempre en una tensión entre las formas asamblearias ligadas a la tradición estudiantil y las redes sociales como un espacio más abierto y dinámico de comunicación y de organización. Estuvo en ese sentido entre dos tiempos y tendencias, las redes sociales y el movimiento estudiantil.

Primero analizamos sus orígenes estudiando el contexto y la pluralidad que tuvo desde su nacimiento. Después su organización que es un aspecto central pero que ha sido poco estudiado o ensombrecido por la presencia de las redes sociales. Y finalmente las etapas del movimiento y su desenlace.

 

Orígenes

A principios del 2012 en México todo parecía decidido en las elecciones presidenciales. El PRI estaba listo para regresar al poder e iniciar un proceso de restauración del autoritarismo, su candidato Enrique Peña Nieto (EPN) aparecía con una ventaja de 20 puntos en todas las encuestas. Los medios de comunicación y los aparatos corporativos y clientelares se habían articulado en un bloque que no dejaba muchas esperanzas a las demás fuerzas políticas.

Entre los ciudadanos todo era desencanto. Después de 12 años en el gobierno el PAN[3] solamente había dejado desánimo y la promesa de democratizar al país se había ahogado en una absurda “guerra contra el narcotráfico” con miles de muertos. Por su parte el PRD[4] y su candidato Andrés Manuel López Obrador (AMLO) estaban desgastados y muchos jóvenes no se sentían identificados con su discurso y sus prácticas. En el panorama inmediato no se visibilizaban espacios que permitieran la participación de los sectores sociales que no deseaban el regreso del PRI pero tampoco se identificaban con los demás partidos políticos.

En ese escenario de manera dispersa y desarticulada empezaron a surgir dos grandes iniciativas para manifestarse en contra del regreso del PRI. Por una parte las Marchas Anti Peña Nieto que movilizaron a miles en las calles y por la otra la protesta estudiantil de la Universidad Iberoamericana que generó simpatías y le dio un núcleo de organización al movimiento. Es importante diferenciar estas dos raíces del movimiento porque representan dos formas de identidad y de organización distintas, que siempre estuvieron presentes en el movimiento. Por un lado las redes sociales, por otro la protesta estudiantil.

El 11 de mayo, EPN se presentó en un acto en la Universidad Iberoamericana y para su sorpresa los estudiantes lo increparon duramente. En especial se le cuestionó su papel en la represión de los campesinos de San Salvador Atenco[5] y todo el pasado autoritario del PRI. En medio de gritos y consignas Peña Nieto tuvo que salir huyendo del auditorio.

Sin embargo, fue la respuesta del PRI y la manipulación de los medios de comunicación lo que desató el malestar de la gente y potenció la formación de un movimiento. El equipo de campaña de Peña Nieto aseguró que la protesta de la Ibero estaba manipulada y no se trataba de estudiantes sino de gente pagada para desprestigiarlo. En Televisa[6] y en la mayoría de los medios de comunicación se reportó que la visita de EPN en la Ibero había sido todo un éxito y se cuestionó a los estudiantes.

La respuesta de los estudiantes de la Ibero fue inmediata y convirtió a lo que originalmente había sido una simple protesta en el inicio de un movimiento social. En un video subido a YouTube 131 estudiantes de la Ibero, mostrando sus credenciales de estudiantes, reivindicaron su derecho a protestar y cuestionaron la manipulación de las televisoras. Desde entonces la democratización de los medios de comunicación se convirtió en una demanda central de las movilizaciones.[7]

Con el video una grieta se abrió y todo el malestar acumulado encontró un lugar para expresarse. En todo el país y en muchas universidades la gente empezó a solidarizarse. Para sumarse a los 131, en las redes sociales se popularizó la etiqueta #Yo Soy 132[8] que le dio identidad a un movimiento más amplio. Algunos estudiantes de la Ibero y de otras universidades, sobre todo privadas, organizaron una primera Coordinadora Interuniversitaria para ponerse de acuerdo y convocar a nuevas acciones.

Imagen 1. Convocatoria al mitin del 23 de mayo, Más de 131.
Imagen 1. Convocatoria al mitin del 23 de mayo, Más de 131.

De manera paralela por las redes sociales se había convocado a una Marcha Anti Peña Nieto. En la convocatoria se especificaba que no había líderes y que la protesta era independiente de cualquier partido político. El 19 de mayo sin una organización clara y respondiendo a la convocatoria que se viralizó en las redes sociales cientos, y luego miles fueron llegando al zócalo de la Ciudad de México. Además se realizaron Marchas Anti Peña en varias ciudades de todo el país. Solamente en la capital se movilizaron alrededor de 50 mil personas (Rosas, 2012)[9]. En su mayoría eran jóvenes desorganizados, sin contingentes y que acudían por primera vez a una manifestación, todo fue tan espontaneo que al finalizar la marcha ni siquiera hubo un mitin o sonido central. La mayoría eran estudiantes pero también había egresados de las universidades o jóvenes con empleos precarios.

Así, para el 19 de mayo, en unos cuantos días y de manera independiente habían surgido dos movimientos con características especiales que cuestionaban a Peña Nieto y a la manipulación de los medios de comunicación. La Marcha Anti Peña Nieto con una gran convocatoria y organizada por redes sociales y la Coordinadora Interuniversitaria que todavía no lograba grandes movilizaciones (Hamel, 2013) pero proponía un espacio de organización basado en asambleas estudiantiles. Muy pronto la fuerza de los acontecimientos fue articulándolos y unificando a las dos protestas en un solo movimiento.

El 23 de mayo la Coordinadora convocó a un pequeño mitin en la Estela de Luz[10] en donde se invitaba a los estudiantes a intercambiar libros y exigir la democratización de los medios de comunicación. Para sorpresa de los propios organizadores, la protesta se salió de control (Pérez Monroy, 2013). A la Estela de Luz no llegaron cientos sino miles. El movimiento de masas que ya se había manifestado en la Marcha Anti Peña ahora acudía a la convocatoria de los estudiantes. Sobre todo se incorporaron a la movilización los estudiantes de las universidades públicas, con toda su masividad y con la larga tradición de lucha del movimiento estudiantil.

Imagen 2. Marcha Anti Peña Nieto, 19 de mayo 2012. (Foto Joel Ortega)
Imagen 2. Marcha Anti Peña Nieto, 19 de mayo 2012. (Foto Joel Ortega)

El choque fue complicado pero de él emergió un nuevo movimiento con sus rasgos generales. El movimiento de masas le imprimió a la convocatoria un carácter más radical y festivo. Las consignas de la gente se dirigieron contra el PRI y las televisoras. De manera espontánea una parte de la marcha se dirigió a Televisa y otra hasta el zócalo de la Ciudad de México. Para todos quedó claro que ya no se trataba de protestas aisladas sino del inicio de un movimiento. El ambiente fue descrito por Óscar Rodríguez:

“Se dio un fenómeno como de auto organización. Nadie dijo, tenemos que hacer esto, sino que fue como decir, a la suavicrema (Estela de Luz), y allí vamos a mostrar la indignación, pero de una manera más feliz, atractiva. Y vamos al Ángel, y ahora a Televisa, y ahí fue lo más impresionante, porque yo dije, seremos como 200 pelados que no tenemos nada que hacer una tarde, y cuando vamos llegando a Televisa, era un mar de gente, éramos 20 mil o algo así, y ahí fue cuando me cayó el veinte y dije, de aquí va a salir algo, esto es síntoma de que algo se viene” (Muñoz, 2012: 121)

Sin embargo, la inmensa mayoría de los manifestantes había acudido de manera individual o desorganizada. La Coordinadora tenía unos días de existencia y solamente agrupaba a un sector muy pequeño de quienes se estaban movilizando. Un movimiento de masas se había gestado en las redes sociales y había encontrado un núcleo organizativo en las universidades. Estaba por definirse la estructura del movimiento y sus principales orientaciones. Los estudiantes lo sabían y de manera espontánea iniciaron reuniones y asambleas, había comenzado una nueva etapa: la organizativa.

 

Organización: proceso asambleario y redes sociales

El 23 de mayo, al encontrarse en la Estela de Luz miles de jóvenes desorganizados, existían muchas posibilidades para el futuro del movimiento. No estaba claro cómo organizarse o ni siquiera si era necesario. Todo había surgido muy rápido, directamente en las redes sociales y en las calles. Así, de manera espontánea y colectiva mientras se realizaba la manifestación comenzó a plantearse una pregunta ¿cómo organizarse?

Para organizarse las posibilidades y los referentes eran muchos. En España los Indignados se organizaron en asambleas abiertas en las plazas públicas, lo mismo hizo Occupy Wall Street en EU y los jóvenes egipcios en la plaza Tahrir. En estos movimientos las redes y la ocupación de espacios públicos fueron la manera que los jóvenes encontraron para organizarse, en base a la autonomía, sin líderes y sin una estructura organizativa rígida y centralizada. Para Castells todos estos movimientos tuvieron algunas características organizativas en común: “en todos los casos los movimientos juveniles ignoraron a los partidos políticos, desconfiaron de los medios de comunicación, no reconocieron ningún liderazgo y rechazaron cualquier organización formal, dependiendo de Internet y de las asambleas locales para el debate colectivo y la toma de decisiones” (Castells, 2012: 21)

Por otra parte, a nivel latinoamericano estaba el ejemplo del movimiento estudiantil chileno con una federación estudiantil muy consolidada y un liderazgo definido en la figura de Camila Vallejo.

El movimiento tenía estos modelos, podía optar por las asambleas abiertas en las plazas públicas o regresar a las escuelas y organizarse en sus comunidades. La decisión se dio de manera inmediata y espontanea; al terminar la marcha del 23 se realizaron reuniones masivas y se convocó a organizar asambleas en las escuelas. Las asambleas estudiantiles comenzaron a realizarse de manera independiente hasta concluir en la primer Asamblea General Interuniversitaria (AGI) el 30 de mayo.

Aquí, hay que preguntarnos por qué se optó por este modelo. En nuestra opinión la tradición histórica del movimiento estudiantil mexicano y su presencia en la cultura política de los estudiantes fue determinante.

Aunque habían pasado muchos años sin un movimiento estudiantil importante y la influencia de las organizaciones estudiantiles era muy reducida el referente de los movimientos estudiantiles en la historia de México es muy fuerte. En especial el movimiento de 1968 y en menor medida la huelga en la UNAM de 1999-2000. Sus formas de organización forman parte de una acumulación histórica de las luchas estudiantiles y por eso fueron retomadas de manera inmediata por el nuevo movimiento.

En 1968 el movimiento estudiantil abarcó universidades de todo el país y logró cuestionar la legitimidad del Estado priista autoritario. En ese entonces las organizaciones sociales estaban controladas y subordinadas al gobierno en un sistema corporativo. En algunas universidades este esquema se había reproducido en federaciones estudiantiles que en lugar de representar a los estudiantes servían como aparatos para controlarlos. Por eso el movimiento de 1968 rebasó a esas federaciones y se organizó en un modelo asambleario. Las asambleas de las escuelas eran el espacio de dirección del movimiento y sus representantes tenían que acatar sus acuerdos en todo momento para evitar que los líderes fueran cooptados por el gobierno. Con estos representantes se organizó un Consejo Nacional de Huelga (CNH) que fungió como espacio de dirección y demostró en los hechos que había otra forma de participación más allá de los espacios corporativos del PRI (Ramírez, 1969).

Por su parte en la huelga de la UNAM de 1999 se retomaron estas prácticas asamblearias pero se le añadieron algunos elementos. Con la influencia del zapatismo se asumieron formas más “horizontales”. Los representantes fueron rotativos para evitar que un liderazgo fuerte pudiera negociar a espaldas del movimiento y para fomentar la participación de todos, así funcionó el Consejo General de Huelga (CGH) (Moreno, 1999; Rosas, 2001). Sin embargo, al final de la huelga se presentaron fenómenos de intolerancia y sectarismo que debilitaron y desprestigiaron al movimiento. Incluso se dieron expulsiones de los sectores más “moderados” y al final la comunidad estudiantil quedó dividida y polarizada.

Aunque esta historia no estaba clara para la mayoría de los participantes en el 132 era transmitida de diferentes formas y rondaba en el imaginario social de los estudiantes. El modelo organizativo reprodujo estas experiencias.

Así, se organizaron asambleas en decenas de universidades y se nombraron voceros para acudir a un espacio de articulación. Ese espacio fue la Asamblea General Interuniversitaria (AGI) que en su momento tuvo representantes de 180 asambleas[11] que en conjunto agrupaban a miles de estudiantes. De igual forma se asumió que los voceros no eran representantes con libertad de decisión sino que tenían que respetar el mandato de sus asambleas[12]. Además en la mayoría de las asambleas locales se determinó que los voceros fueran rotativos aunque esto dependió mucho de la composición política y la tradición de cada escuela. Finalmente un elemento nuevo fue el de la autonomía para tomar decisiones y realizar acciones por parte de cada asamblea local. Con esto se pretendía tener un movimiento menos centralizado y con mayor flexibilidad que en el pasado.

Este modelo le permitió al movimiento consolidar una base organizativa y tomar sus decisiones más importantes. Las definiciones políticas y las principales acciones se discutieron en un proceso muy participativo, pero también lento y desgastante, primero en las asambleas locales y después en la AGI. Las asambleas locales fueron espacios de politización para una generación que tenía años de no movilizarse.


Imagen 3. Cartel 132. Tomado de: http://cartel132.tumblr.com/ (consultado el 17-09-15)

Así, el movimiento practicó un modelo asambleario muy participativo que contrastaba con las formas autoritarias y corporativas de la clase política mexicana. En sí mismo, esta forma de organizarse fue una manera de cuestionar al sistema de partidos y experimentar una alternativa de participación. Mariana Favela, participante del movimiento, lo expresó de la siguiente manera:

La crítica más peligrosa que un movimiento social puede hacer a las estructuras tradicionales del poder es organizarse de forma descentralizada, democrática, horizontal y efectiva. Es peligrosa porque exhibe el autoritarismo de las estructuras de los partidos políticos, los sindicatos charros y los medios de comunicación, pero además es estratégica porque es el mecanismo más efectivo contra la infiltración y la cooptación. Con formas organizativas no centralizadas, se pueden cooptar individuos pero no al movimiento (Favela, 2012).

Sin embargo, este modelo también tuvo complicaciones. Habían pasado muchos años desde el último gran movimiento estudiantil y la nueva generación no tenía experiencia de lucha. Se trataba de una generación muy despolitizada, con organizaciones estudiantiles debilitadas y sin capacidad real de influencia en el conjunto del movimiento.

En la práctica el modelo organizativo tuvo muchas deficiencias[13]. En muchos casos las asambleas eran caóticas y los acuerdos no quedaban claros. Por otra parte la “autonomía” permitió que algunos grupos impulsaran sus propias iniciativas y definiciones políticas hablando por el conjunto del movimiento cuando en realidad no habían sido legitimados por las asambleas[14]. Siempre existió una desorganización crónica, una incapacidad para entablar discusiones profundas y tomar acuerdos. Como explica Enrique Pineda el 132 se encontraba entre “el abismo de babel y una nueva forma de hacer política”:

Se manifiesta,-dice Pineda- esencialmente, el problema de la “multitud”: su incapacidad para lograr la síntesis de lo múltiple y lo diverso, su irrepresentatividad, las dificultades de lo central y lo común, enfrentadas a las autonomías y lo plural o de síntesis de singularidades. Este núcleo problemático ha provocado numerosos desencuentros y malos entendidos, en buena medida, por falta de discusión y hasta de teorización.

Las autonomías asamblearias defienden sus iniciativas con radicalidad frente a la que ha sido considerada una burocrática estructura central. Sin embargo, existen varios problemas en la descoordinada polifonía de la pluralidad de asambleas. La primera y más obvia, es que muchas asambleas, cansadas de esperar a que sus propuestas sean discutidas y aprobadas por la Asamblea General, con su facultad autónoma, inician la acción por su cuenta…

….., mientras unos levantan plumas encapuchados, otros acuden (a veces, incluso a la misma hora, el mismo día) a un diálogo con sectores que impulsan una posible reforma sobre la legislación en los medios de comunicación. El resultado, más que una guerra de guerrillas de acciones pacíficas, es la pulverización del mensaje público, el cual, a todas luces, es contradictorio, tanto en sus reivindicaciones como en su táctica y en su forma de acción colectiva. En todos los casos, sea la táctica que sea, se muestra debilidad y, más que polifonía, cacofonía. (Pineda, 2012)

Por otra parte la estructura organizativa de las asambleas se veía complementada con las redes sociales. En las redes se difundían las acciones del movimiento y de manera inmediata se informaba sobre los acontecimientos. Incluso la mayoría de las asambleas tenía grupos de Facebook y en Twitter que se volvían espacios de interacción y discusión constante. Es indudable que un grupo mucho más amplio que el que participaba en las asambleas estaba conectado a través de las redes sociales, se enteraba de las discusiones, compartía información y en su momento se sumaba a las movilizaciones. La forma de articulación era distinta y a veces se contraponía con la estructura formal y asamblearia del movimiento. En algunas ocasiones, como en las marchas anti-Peña Nieto, la convocatoria emergió directamente, de forma anónima, desde las redes sociales. En otras las decisiones tomadas por las asambleas no lograron tener mucho eco en las mismas redes sociales. Sin embargo, la mayoría de las veces las redes eran una herramienta complementaria para el movimiento, la base organizativa se encontraba en las asambleas y a partir de ellas en las redes se difundían los acuerdos y las convocatorias. Las asambleas estudiantiles continuaron siendo el centro de las decisiones y solamente de manera incipiente comenzaron a utilizarse los nuevos mecanismos interactivos y dialógicos que permiten las redes sociales.

Así, el 132 fue un movimiento que en su organización respondió a numerosas influencias y en gran medida las sintetizó en algo nuevo. Fue expresión de la tradición histórica del movimiento estudiantil mexicano y se organizó en un proceso asambleario en las universidades. También formó parte de la nueva oleada de movimientos juveniles en el mundo en donde las redes sociales han jugado un papel fundamental y por eso estas herramientas fueron un elemento clave en el desarrollo del movimiento.

En el proceso de síntesis surgió algo nuevo y fue el 132. El modelo fue democrático y participativo idealmente pero en la práctica tuvo muchos problemas para desarrollarse. Aun así fue este modelo organizativo el que le permitió con sus límites y contradicciones desarrollar sus movilizaciones. Este proceso organizativo ha sido poco analizado porque en muchas crónicas se ha exaltado a las redes sociales y su enorme capacidad de movilización. Aquí pensamos que para entender las movilizaciones era necesario analizar el proceso organizativo que tenían detrás. Ahora es tiempo de examinar cómo se desarrolló el movimiento.

 

Movimiento, acciones, propuestas y debates

Durante varios meses el movimiento fue un actor central en la vida política y logró convocar a miles de jóvenes y estudiantes en sus movilizaciones. En este texto es imposible dar cuenta detallada de todo el movimiento, por eso presentamos una mirada panorámica sobre sus principales etapas y su dinámica general. Ubicamos las siguientes grandes etapas:

1) 11-30 de mayo: Surgimiento y organización. a) 11-23 Surgimiento y ascenso, b) 23-30: Organización.

Como examinamos antes, en esta etapa de manera completamente inesperada se inician las protestas en contra de Peña Nieto y la manipulación de los medios de comunicación. El ascenso es vertiginoso en unos cuantos días una pequeña protesta en la Ibero se transforma en un movimiento de masas con asambleas en buena parte de las universidades y capacidad de convocatoria en varias ciudades del país. Entre el 23 y el 30 de mayo se da un proceso de construcción de la organización.

2) 1 de junio- 27 de julio: Auge, grandes acciones y definiciones.

Una vez definido el modelo organizativo el movimiento entra en su etapa de auge. Durante los meses de junio y julio se realizan las manifestaciones más numerosas y la participación en las asambleas vive sus mejores momentos sin importar que las universidades se encuentren en periodo vacacional. Las elecciones presidenciales del 1 de julio marcan todo el período y señalan un hito en el movimiento.

a) 1-30 de junio: ascenso, consolidación organizativa y grandes acciones.

En el mes de junio el movimiento está en pleno auge, la organización todavía es muy precaria pero la participación aumenta todos los días. Es necesario definir el rumbo del movimiento y sus principales posicionamientos pero hay mucha prisa; solamente falta un mes para las elecciones.

En ese contexto, mientras la urgencia llamaba a las movilizaciones, se dan las discusiones más importantes. En primer lugar el movimiento se declara en contra de la manipulación mediática que pretende imponer a Peña Nieto pero aclarando que el problema no es la persona, sino todo lo que representa, es decir: la restauración de “el viejo régimen político, un régimen que práctica la violencia de Estado, la represión, el autoritarismo, la corrupción generalizada, el encubrimiento, la opacidad en la toma de decisiones públicas, coacción del voto y demás prácticas antidemocráticas” (Relatoría de la primera AGI, 30 de mayo 2012)

Por otra parte se insiste en definir el carácter independiente del movimiento respecto a todos los partidos políticos. La oposición en contra de Peña Nieto y el PRI no implica el apoyo a los demás candidatos que tampoco representan una verdadera opción democrática. Además, el movimiento se declara en contra del neoliberalismo por considerarlo un modelo que genera desigualdad y afecta los intereses de las grandes mayorías. Por último, el movimiento reafirma el carácter pacífico como la vía para lograr la transformación del país. Así, quedan definidos los grandes lineamientos del movimiento, como una lucha en contra de Peña Nieto y el viejo régimen que representa, en un movimiento apartidista, pacífico y anti neoliberal.

Sin embargo, las elecciones se acercaban y había que definir la postura del movimiento. Al interior existían dos grandes posiciones, los que pensaban que era necesario promover un “voto útil” para impedir que ganara Peña Nieto (de manera implícita se entendía que el voto sería por López Obrador, candidato de la izquierda y segundo lugar en las encuestas) y los que planteaban que ninguno de los candidatos representaba una opción para detener la restauración por lo que el movimiento tenía que “trascender” la coyuntura electoral y enfocar sus esfuerzos a organizarse y a promover la lucha social. Después de una discusión intensa y en una votación cerrada se acordó el siguiente posicionamiento:

Respetamos el voto libre crítico e informado para quien ha decidido dar la lucha política electoral; pero también respetamos las diferentes formas de lucha política que van más allá de las elecciones (como Cherán, Ostula, y el ejemplo que brindan las comunidades autónomas) y llamamos a la conjunción de las fuerzas a unirnos y organizarnos en nuestro punto de acuerdo: la transformación del estado actual mexicano (Minuta de la AGI, 5 de junio 2012).

En ese marco el movimiento realiza movilizaciones en varias ciudades[15] a lo largo de todo el mes de junio. En especial hay que mencionar la marcha del 10 de junio, que fue una de las más grandes y la del 30 un día antes de las elecciones, en donde se ven los contingentes más organizados y se portan antorchas para “iluminar la democracia”.

Por otra parte, el movimiento tiene tanta fuerza que logra sentar a la clase política y organiza un tercer debate presidencial. Por primera vez en la historia de México los ciudadanos discuten con los candidatos y les plantean preguntas. El debate fue transmitido por internet y acudieron todos los candidatos presidenciales con la excepción de EPN.

Un día antes de las elecciones el posicionamiento del movimiento fue claro. Se trataba de impedir la restauración del viejo régimen pero la lucha no se limitaba al terreno electoral. Sin importar quien ganara las elecciones el movimiento se mantendría “organizado, como contrapeso a cualquier decisión y política que vulnere los derechos e intereses del pueblo mexicano”. (Muñoz, 2012: 316)

Como el movimiento entiende que su lucha es por la transformación del país y no se limita al proceso electoral decide elaborar un Programa de Lucha que se discute ampliamente en las asambleas y le plantea al movimiento un horizonte de largo plazo. El Programa se constituyó por 6 grandes ejes: 1) Democratización de los medios de comunicación; 2) Cambio en el modelo educativo, científico y tecnológico; 3) Cambio en el modelo económico; 4) Cambio en el modelo de seguridad nacional y justicia; 5) Transformación política y vinculación con movimientos sociales y 6) Cambio en el modelo de salud (Programa de Lucha elaborado por la AGI del 132).

Sin embargo, es un hecho que las elecciones presidenciales definirían el rumbo del país, todas las encuestas anunciaban un triunfo holgado de EPN, estaba por verse qué influencia había tenido el movimiento. Conviene analizar brevemente los resultados electorales.

Las elecciones del 1 de julio: la mayoría priista se reduce.

Poco antes de que surgiera el 132 las encuestas le daban al PRI una ventaja de 20 puntos[16] parecía impensable que AMLO logrará derrotarlo. Sin embargo el 1 de julio los resultados fueron mucho más parejos de lo que todos esperaban. En las elecciones presidenciales EPN obtuvo 38.21% y AMLO 31.59%[17]. Es decir, en unas cuantas semanas, desde el origen del 132, la distancia se redujo en 14%. Es claro que muchos factores intervinieron en este resultado pero la influencia del 132 fue determinante.

Influir de esa manera en las preferencias del conjunto de la población fue un gran éxito para un movimiento social. Sin embargo no fue suficiente, la hegemonía construida durante muchos años por el PRI, con sus aparatos corporativos y clientelares, en alianza con los medios de comunicación, logró imponerse. El país entraba en una nueva etapa, faltaba por ver cuál sería la reacción de la oposición y del movimiento.

b) 1-27 de julio: Indignación, alianzas y maximalismo.

El 1 de julio al conocer los resultados electorales el movimiento entra en una nueva etapa, la situación había cambiado y era necesario posicionarse frente a los acontecimientos.

De nuevo en el horizonte del movimiento se planteó la necesidad de organizarse e impulsar el Programa de Lucha en un proceso de largo plazo por una “democracia auténtica”, consolidándose como “contrapeso” al autoritarismo del gobierno y por otra parte la lucha ligada al triunfo de EPN y su “imposición”.

El problema fue que la propia inercia de los acontecimientos fue arrastrando al movimiento y no se generó un espacio para analizar la correlación de fuerzas en el nuevo escenario. La indignación crecía y se realizaban movilizaciones muy grandes.

En ese marco el 132 llamó a una Convención Nacional para agrupar la solidaridad de otras organizaciones y del pueblo en general. Sin ninguna discusión en las asambleas locales y sin dotar de contenido a la convocatoria se empezó a organizar la Convención que en una pequeña comisión decidió llamarse “Convención Nacional Contra la Imposición” (CNCI). Así, en medio de la desorganización y a unos días de las elecciones la lucha contra la “imposición” se convirtió en el eje central del movimiento. Con esto el discurso del movimiento se reducía al conflicto postelectoral, dejando de lado la lucha más amplia por una democracia auténtica y por los 6 ejes del Programa de Lucha (Ortega; 2012). La CNCI se realizó el 14 y 15 de julio en una dinámica de poca discusión y con todo enfocado a elaborar un Plan de Acción sin realizar un balance.

La primera gran acción acordada fue una “toma de Televisa” para el 22 de julio, el día en que iniciaban las Olimpiadas. La acción se votó sin ninguna discusión ni análisis previo. De inmediato la alerta comenzó a generalizarse, ¿qué implicaba “tomar” la televisora más importante del país? ¿Se tomaría por la fuerza? ¿El movimiento tenía la capacidad? ¿No era absurdo anunciar con varios días de anticipación una acción de este tipo? A todas luces se trataba de una propuesta irreal sin posibilidades efectivas de llevarse a la práctica.

Por eso, una vez acordada la acción, el movimiento comenzó a desplegar toda su capacidad organizativa. Se realizaron asambleas locales y de manera extraordinaria se convocó a una AGI en muy pocos días. Ahí, el carácter de la “toma” se modificó por completo. Se trataría de un “cerco pacífico y simbólico” de 24 horas para protestar por la manipulación de los medios de comunicación.

Al final la acción fue un éxito. De manera pacífica y sin ningún incidente miles de jóvenes realizaron el cerco humano por 24 horas mientras se realizaban mítines y diversas actividades artísticas.

Sin embargo, el movimiento comenzaba a decaer, a la “toma” ya no llegaron los miles de otras manifestaciones. El desánimo por el triunfo de EPN comenzaba a extenderse, cada vez era más claro que impedir la “imposición” estaba fuera del horizonte real del movimiento. El régimen comenzaba a mostrar sus fortalezas. Después de las elecciones la unidad de las elites fue importante, el PAN, los medios de comunicación y los grandes poderes se unieron para legitimar al resultado electoral. Incluso el propio López Obrador tuvo una actitud relativamente pasiva; aunque denunció la “imposición” se negó a movilizarse y se limitó a seguir el camino de la impugnación legal. Finalmente, muy pocos sectores se habían unido al llamado del 132, los sindicatos permanecieron pasivos y controlados por los aparatos corporativos y a la CNCI solamente acudieron algunas pequeñas organizaciones.

Así, después de la “toma de televisa” había concluido otra etapa del movimiento, el contexto había cambiado y el régimen mostraba sus fortalezas mientras las movilizaciones se reducían cada vez más.

3) Epilogo: 28 julio- 1 de diciembre: Declive, pérdida de rumbo, descomposición y represión.

Después del cerco a Televisa el movimiento concluye su etapa de auge y participación masiva en las marchas y en las asambleas. Inicia un largo periodo de declive en el que las movilizaciones son cada vez menores y el rumbo político del movimiento es más difuso. En cierto sentido el período del 132 como movimiento de masas ha terminado, sin embargo la estructura subsiste y todavía se realizan varias acciones.

En este período se toman algunas iniciativas intentando salir de la coyuntura pero el discurso de la imposición continúa en el horizonte, como cada vez es más irreal la desesperación comienza a presentarse en algunos sectores del movimiento.

Así, en un intento por salir de la coyuntura se generan varias iniciativas. Primero, se organiza un Contrainforme de Gobierno para el 1 de septiembre una propuesta muy novedosa en la que integrantes del movimiento escribieron un extenso diagnóstico, con la participación de decenas de estudiantes de diferentes asambleas, sobre la situación del país en contraste con el informe presentado por el gobierno de Felipe Calderón (Tamayo, 2013). Por otra parte el movimiento se sumó a la lucha en contra de la reforma laboral[18] y organizó un paro nacional estudiantil el 2 de octubre, el primero en muchos años para el movimiento estudiantil mexicano. Además, un sector del movimiento enfocó sus esfuerzos a promover una reforma para democratizar los medios de comunicación.

Sin embargo, todos esos esfuerzos no alcanzan para darle un nuevo rumbo al movimiento. El 31 de agosto el TRIFE valida las elecciones con lo que se cierra cualquier posibilidad legal de evitar el regreso del PRI. Sin embargo un pequeño sector se encontraba desesperado y con la idea de “impedir la toma de posesión de EPN”. En su lectura el movimiento no había logrado triunfar por falta de decisión y por no impulsar “acciones contundentes”. Es una lectura que no contemplaba la correlación de fuerzas ni el reflujo en el que ya se encontraba el movimiento pero en el marco de la desesperación cobraba cierta importancia.

En esta dinámica se llegó al 1 de diciembre, el día en que Peña Nieto asumiría la presidencia. Todo se conjugó para que el movimiento recibiera un duro golpe. El 132 convocó a una movilización afuera del Congreso pero los acuerdos no estaban claros y la organización fue muy mala. El Estado organizó un operativo excesivo con cercos y diferentes fuerzas policiacas. Un sector muy pequeño de los manifestantes iba dispuesto a confrontarse con la policía y al final la situación se salió de control. Aunque la mayoría de los manifestantes acudieron de manera pacífica la represión por parte de la policía, fue pareja. Se realizaron detenciones arbitrarias y en los enfrentamientos un joven perdió el ojo y otro manifestante fue herido de gravedad. Por su parte en los medios de comunicación se desataba una campaña para criminalizar al movimiento presentando a los manifestantes como delincuentes.

El golpe fue muy duro. En las siguientes semanas la lucha se orientó fundamentalmente a liberar a los presos políticos. Además el 1 de diciembre no se habían respetado los acuerdos y la polarización interna se hizo muy grande. Aun así el movimiento logró movilizarse e impulsar una campaña democrática por la libertad de los presos que a finales de diciembre fueron liberados.

Con esto el 132 y el movimiento estudiantil finalizaron toda una etapa. La irrupción masiva de los estudiantes en el escenario político iniciada en mayo había concluido.

 

Conclusiones

El movimiento Yo Soy 132 forma parte de la nueva ola de movimientos juveniles desatada en los últimos años. Igual que los Indignados españoles o los ocupas de Wall Street el 132 cuestionó a un sistema político subordinado a los grandes poderes económicos y en donde los partidos políticos con sus formas autoritarias no son una opción para una buena parte del movimiento juvenil. También fue un movimiento que utilizó las redes sociales como una herramienta para organizarse y difundir su mensaje.

Sin embargo, las redes sociales solamente fueron un complemento a la organización. No podemos catalogar al 132 como un “movimiento de red” porque la estructura organizativa se basó en las asambleas universitarias, recuperando la amplia tradición de lucha del movimiento estudiantil mexicano. Las asambleas fueron la base de la organización y un espacio de discusión y politización para miles de jóvenes que por primera vez en muchos años se organizaron e irrumpieron en la vida política nacional. Las redes sociales, y sus mecanismos interactivos, comenzaron a utilizarse pero de forma complementaria a la organización que se daba en las asambleas. Se delinearon nuevas formas de participación que a veces chocaron con el modelo asambleario y a veces lo enriquecieron. En esta tensión no terminó por consolidarse un nuevo modelo de participación en el movimiento estudiantil.

El movimiento surgió en el marco de un proceso de regresión autoritaria que se vería culminado con el triunfo del PRI en las elecciones. El 132 modificó el escenario político porque fue el único actor que logró cuestionar a Peña Nieto y visibilizar lo que significaría su gobierno. El impacto fue muy grande y se reflejó en las elecciones con una reducción muy importante en la ventaja del priismo. Aunque el PRI ganó las elecciones no lo hizo en las mismas condiciones que se preveían antes del movimiento, su mayoría se redujo y su legitimidad se vio afectada por los cuestionamientos del movimiento.

El movimiento terminó su ciclo pero señaló un camino para la participación. Toda una generación se politizó en las asambleas, en la discusión y en las movilizaciones. La utilización de las redes sociales, las asambleas estudiantiles y la movilización independiente a nivel nacional son elementos que el Yo Soy 132 inició pero que han sido recuperados por movimientos posteriores, en especial por la movilización en apoyo a los normalistas de Ayotzinapa en 2014. Entre las redes sociales y las asambleas se vislumbró otra forma de hacer política.

 

Notas:

[1] Profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Doctorante en el posgrado de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Licenciado en sociología y Maestro en Estudios Latinoamericanas. UNAM. Participante del movimiento Yo Soy 132.

[2] El Partido Revolucionario Institucional (PRI) que durante el siglo XX funcionó como partido de Estado y gobernó al país entre 1929 y el año 2000.

[3] El Partido Acción Nacional (PAN) se fundó en 1939 como un partido de oposición con una ideología democrática y de derecha. En el año 2000 ganó la presidencia terminando con 71 años del PRI en el gobierno.

[4] El Partido de la Revolución Democrática (PRD) se fundó en 1989 en un proceso de unificación de fuerzas socialistas y una escisión nacionalista del PRI. Con el tiempo su ideología se ha diluido y los sectores provenientes del PRI se han adueñado del partido.

[5] San Salvador Atenco es un pueblo cercano a la capital que en el año 2001 encabezó un movimiento contra la construcción de un aeropuerto. En 2006 el gobierno del Estado de México, encabezado por Peña Nieto los reprimió brutalmente con un saldo de 2 muertos, varios presos y mujeres violadas por la policía.

[6] Televisa es la empresa de televisión más grande del país y junto con Tv Azteca controla el 80% de la audiencia televisiva.

[7] El video se puede consultar en: “131 alumnos de la Universidad Iberoamericana responden a políticos y medios de comunicación de dudosa neutralidad.” http://www.youtube.com/watch?v=P7XbocXsFkI

[8] Según el estudio de Héctor de Mauleón el hashtag Yo Soy 132 tuvo más de 2 millones de tweets entre el 1 de mayo y el 1 de julio. (DE MAULEÓN, 2012: p. 39)

[9] Reforma, México, 20 de mayo 2012.

[10] La Estela de luz es un monumento en el centro de la Ciudad de México construido por el gobierno de Felipe Calderón para conmemorar los 200 años de independencia. Su construcción estuvo envuelta en escándalos de corrupción.

[11] La mayoría de las asambleas eran de universidades. Al principio existió cierta tensión entre las universidades públicas y las privadas, después surgieron asambleas en todo el país y participaban en la AGI con representaciones estatales, finalmente surgieron “asambleas populares” que se realizaban en plazas públicas pero que en general agrupaban a estudiantes o jóvenes que intentaban acercarse a sus comunidades o barrios de origen.

[12] Esto no siempre sucedió así, en varias ocasiones se votaron temas que no se habían discutido previamente en las asambleas locales por lo que se generaron tensiones al interior del movimiento.

[13] Aunque la gran mayoría de los manifestantes eran estudiantes en las movilizaciones también habían participado jóvenes egresados o sin vínculo con las universidades. A lo largo del movimiento fue complicado incluir a este sector en la toma de decisiones, en cierto sentido la dirección del movimiento eran las asambleas estudiantiles pero en las movilizaciones participaba más gente.

[14] Eso sucedió con la Comisión de Vigilancia Electoral, que en varias ocasiones dio conferencias de prensa y posicionamientos que no habían sido consensados en el movimiento y que mandaban un mensaje mucho más ligado a lo electoral y cercano a AMLO de lo que realmente se discutía en las asambleas. También con la Acampada Revolución y otros grupos que impulsaban acciones aisladas como toma de edificios o levantamiento de plumas (permitir que los coches circulen gratis en las carreteras de cobro) que no contaban con el apoyo general.

[15] En ciudades como Guadalajara, Puebla, Xalapa, se realizaron movilizaciones históricas con miles y miles de jóvenes.

[16] La encuesta del periódico Excélsior levantada a principios de mayo le daba a Peña Nieto 45%, a Josefina Vázquez Mota 26% y a AMLO 26%; El Universal 49.6% a EPN, 24.8% a AMLO y 23.1% a JVM. http://www.proceso.com.mx/?p=307432

[17] Resultados del IFE http://www.ife.org.mx/docs/IFE-v2/CNCS/CNCS-IFE-Responde/2012/Julio/Le010712/Le010712.pdf (consultado el 15-09-2015)

[18] La Reforma Laboral promovida por el gobierno iba enfocada a “flexibilizar” las relaciones laborales, facilitando el despido y estableciendo figuras como las del “primer empleo”.

 

Bibliografía

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“131 alumnos de la Universidad Iberoamericana responden a políticos y medios de comunicación de dudosa neutralidad.” http://www.youtube.com/watch?v=P7XbocXsFkI (consultado el 15-09-2015)

 

Cómo citar este artículo:

ORTEGA ERREGUERENA, Joel, (2015) “Yo Soy 132: entre la red y las asambleas. Una rebelión contra el autoritarismo”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 25, octubre-diciembre, 2015. Dossier 17: Movimientos juveniles en América Latina: Batallas e impugnaciones de la política, la educación y la cultura excluyentes. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 26 de Abril de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1205&catid=56&Itemid=263

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