Pacarina del Sur
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Legado y espejo de la Reforma Universitaria latinoamericana en España: 1919-1926

Legacy and mirror of Latin American University Reformation in Spain: 1919-1926

Legado e espelho da Reforma Universitária Latino-Americana em Espanha: 1919-1926

Ricardo Melgar Bao

RECIBIDO: 10-10-2015 APROBADO: 15-10-2015

Resumen

Resumen: Las redes, viajes, diálogos e intercambios de experiencias y acciones solidarias entre los jóvenes universitarios latinoamericanos y sus pares españoles configuraron en su tiempo una trama ideológica y cultural relevante, la cual merece ser rescatada del olvido historiográfico. Esta primera aproximación presenta algunas aristas y señas acerca de dicho proceso, tomando en cuenta la activa presencia de estudiantes de nuestro continente, con especial referencia al espacio madrileño, algunos de ellos, diferenciados y marcados por: sus respectivos exilios, su condición de becarios o dependientes de las desiguales remesas familiares o de trabajos eventuales y precarios. Se dibujan tenuemente los perfiles y señas de algunos de los jóvenes protagonistas latinoamericanos y españoles de este emergente corredor de hermandades y preocupaciones. En dicho proceso sobresalieron las relaciones hispano-argentinas e hispano-mexicanas.

Palabras clave: Juventud, movimiento estudiantil universitario, Reforma Universitaria, federaciones.

 

A Hugo Biagini, memoria viva
de los movimientos juvenilistas de Nuestra América

Contexto y emergencia juvenil

Coincidiendo con la culminación de la Primera Guerra Mundial, el reordenamiento neocolonial, la crisis económica y la obsolescencia de los cánones políticos, estéticos y culturales, se fue gestando en muchas ciudades letradas una fase de agitación, deseo y voluntad de cambio y redefinición de los órdenes por parte de la juventud trabajadora y universitaria en países latinoamericanos, pero también en España y en China.

A diferencia del contexto fabril en el cual la juventud engrosaba de manera importante las filas obreras desde finales del siglo XIX, el de carácter universitario cobró nueva fisonomía a principios del siglo XX. Fue durante la primera posguerra que se vivió un proceso de incremento y de recomposición social del estudiantado universitario y en menor medida, del profesorado. Lo anterior, favoreció las expectativas de educación de la heterogénea pequeña burguesía urbana, alimentando sus necesidades de recibir y apropiarse de las nuevas coordenadas de renovación internacional de los saberes humanísticos y científicos, pero también de aquellas novedades de índole política e ideológica que incidían a pesar o gracias a su heterogeneidad y contradicción, en la modelación de su sensibilidad social y su participación dentro y fuera de los claustros universitarios. Un sector representativo de las identidades juveniles letradas se fueron inclinando a contracorriente de los órdenes establecidos, de cara a las cuestiones regionales, nacionales, continentales e internacionales. Tejieron puentes, en mayor o menor grado, con las clases subalternas o con las organizaciones de resistencia emergidas de su seno. A los universitarios de ese tiempo ― tanto latinoamericanos como españoles―, no les faltaron publicaciones periódicas o efímeras (revistas, periódicos y boletines) así como espacios y oportunidades de viajes y encuentros con sus pares de otros países, en especial, con los hablantes del idioma castellano, ensanchando sus miradas, alternativas y prácticas solidarias.

Durante la primera posguerra florecieron varias organizaciones estudiantiles internacionales: La Federación Internacional de Estudiantes Pro Liga de las Naciones,[1] «Pax Romana» dependiente de la Secretaría internacional de Asociaciones católicas de estudiantes fundada en 1921 en Friburgo.[2] A las anteriores se sumó una entidad de carácter político: la Internacional Juvenil Comunista. Los estudiantes españoles no fueron ajenos al influjo de las más importantes corrientes de orientación juvenilista internacional, algunas de las cuales auspiciaron el cultivo de algunos puentes de entendimiento entre los trabajadores y estudiantes: el anarquismo, el catolicismo y el socialismo –incluidas sus variantes comunistas. La vertiente juvenilista que destacaremos por su recepción en el movimiento estudiantil hispano americano es que la que estuvo vinculada a la brújula de la Reforma universitaria. [3]

Antonio María Sbert ca. 1928
Imagen 1. Antonio María Sbert ca. 1928. http://www.agronoms.cat/

Tuvieron noticias de la efervescencia estudiantil que se había hecho visible en Francia imprimiéndole un tono internacionalista a sus congresos, así como el protagonismo estudiantil en el movimiento de Nueva Cultura en Beijing y Shanghai de 1919. Sin embargo, para el ala vanguardista de la juventud universitaria madrileña, fue mucho más importante su recepción del movimiento estudiantil latinoamericano. Compartían un mismo halo renovador que abrevaba en las narrativas juvenilistas previas, como la de los argentinos Manuel Ugarte (1875-1951), Alberto Ghiraldo (1875-1946) y Alfredo Palacios (1878-1965), del mexicano José Vasconcelos (1882-1959), y de los españoles Cristóbal de Castro y Miguel de Unamuno (1864-1936),[4] entre otrosManuel Ugarte, Alberto Ghiraldo y Alfredo Palacios, del mexicano José Vasconcelos, y de los españoles Cristóbal de Castro y Miguel de Unamuno,[5] entre otros. Todos ellos, con desiguales énfasis reflexionaron o brindaron palabras de aliento al movimiento de Reforma Universitaria que venía de América del Sur, varios de los cuales fueron honrados por las vanguardias estudiantiles como «Maestros de la Juventud». Fue el ideal juvenilista que no obstante su heterogeneidad ideológica, el que aproximó a estos maestros a los universitarios hispanoamericanos insumisos. De otro lado, algunos mensajes, cartas, conferencias y declaraciones de Miguel de Unamuno[6], Manuel Ugarte, José Vasconcelos[7] y Alfredo Palacios[8] muestran huellas de la existencia de un intercambio de doble vía, entre ellos, pero también con los jóvenes estudiantes durante el periodo estudiado. Destacaremos el hecho de que cuatro obras de Ugarte fueron publicados por editoriales españolas en el breve lapso de 1919 y 1923. [9]

Ghiraldo, a diferencia de sus coetáneos ancló sus preferencias juvenilistas en los trabajadores gráficos en lugar de los estudiantes universitarios. En 1920 formó parte del «Comité de la Casa de la Prensa no Diaria» en Madrid, el cual auspiciaba la realización de un proyecto ideológicamente plural a favor del desarrollo de la juventud obrera tipográfica. [10] Se ubicó en su ala izquierda al lado de Antonio Hoyos de Vinet y Pedro de Répide. Un año más tarde fue detenido y amenazado de expulsión por sus quehaceres propagandísticos anarquistas.[11]Por su lado, Castro fue el mentor de una entidad que llevó por nombre Juventud Hispanoamericana.

El inicio de la posguerra coincidió con un clima de agitación y crisis política. Antonio Maura fue mediador, árbitro y figura de poder relativo, la crisis lo orilló a infructuosos movimientos políticos pendulares. A la muerte de Eduardo Dato en manos anarquistas, le sucedió el brevísimo y alicaído mandato conservador de Manuel Allendesalazar. Le siguió el régimen precario de concertación conservadora y liberal de Antonio Maura. La Guerra del Rif generó impactantes reveses militares y políticos. La obsolescencia monárquica, conservadora y liberal se fue acentuando. Entre 1922 y 1923, cayeron dos presidentes más. La crisis de poder fue paliada abruptamente a través del golpe militar de Miguel Primo de Rivera, sin que llegase a desactivar los ánimos ciudadanos de las nuevas generaciones de buscar nuevas alternativas, entre ellas, la vía republicana.  

Antonio María Sbert vuelve a Barcelona después de haberse exiliado durante la Dictadura de Primo de Rivera el 7 de febrero de 1930
Imagen 2. Antonio María Sbert vuelve a Barcelona después de haberse exiliado durante la Dictadura de Primo de Rivera el 7 de febrero de 1930 - foto AF-AHC.
http://www.fideus.com/antoni_maria_sbert%20UH.htm

No eran solo tiempos difíciles para la vida política española, lo eran también para sus universidades y espacios culturales. Eran tiempos en que se vivía en las Universidades españolas el tránsito de un régimen centralista a un régimen autonómico con reconocimiento de las sociedades de estudiantes, proceso inicialmente controlado ideológicamente tanto por el gobierno como por la monarquía de Alfonso XIII. No faltaba la injerencia católica en las universidades, un ejemplo de ello fueron las conferencias del padre Nevares en la Universidad de Sevilla acerca de la necesidad de expandir los sindicatos obreros católicos.[12] Tampoco fue casual que el rey inaugurase, el 10 de octubre de 1921, el nuevo año académico de la Universidad de Madrid. Sin embargo, el discurso del rector Rodríguez Carracido reconoció la existencia de una crisis de transición cuyo curso era de difícil pronóstico.[13] No se equivocaba la máxima autoridad universitaria en su apretado diagnóstico, si consideramos que a las turbulencias estudiantiles previas, pronto le seguiría una saga de movilizaciones que se fue revistiendo de radicalidad antiautoritaria y de orientación renovadora de la vida universitaria y de preocupación por la realidad y el futuro de España. Frente a la arcaizada Universidad y su carácter ideológico conservador emergieron voces y acciones estudiantiles a favor de su transformación. Una revista estudiantil expresó en 1925:

Nosotros hemos venido al mundo universitario con un ideal, con el ideal de una Universidad viva y fecunda, que podamos llamar nuestra y de nuestro pueblo; y hemos de luchar sin cejar un punto hasta imponerlo, porque ese ideal es lo mejor y más puro de nuestra juventud, y porque en él vemos la única perdurable solución de todos los males afrentosos que son hoy nuestro vilipendio.[14]

Los estudiantes universitarios en Madrid, compartieron espacios de confluencia y encuentro, además de sus aulas y claustros universitarios: el local de la Federación de Estudiantes, la Casa del Estudiante, los cafés y las revistas que les servían de órganos de expresión. El ambiente que atraía y propulsaba al movimiento universitario resentía un desencuentro de género. Cierto es que las estudiantes representaban un pequeño número en los claustros universitarios, pero que gradualmente iba en ascenso.

A partir de 1910 se derogó la norma de excepcionalidad que limitaba el acceso de las mujeres a las carreras universitarias.[15] A partir de 1915, muchas de sus tertulias, foros y conferencias solían realizarse en la Residencia de Señoritas, regenteada por la feminista María de Maetzu y Whitney (1882-1948), una feminista moderada e institucional. Es posible que en el seno de la Residencia se hubiesen manifestado algunas corrientes más radicales, las que al parecer, fueron sofrenadas por la directora. Una declaración suya, años más tarde, puede ser interpretada como una forma elíptica acerca de fallidas rebeldías estudiantiles.[16] En general, los vínculos internacionales de dicha Residencia se inclinaron a favor de un sostenido intercambio estudiantil con los Estados Unidos. Si existieron vínculos con México o Argentina debieron ser muy débiles; no existen evidencias de ello. Lo que sí se sabe es que la Maetzu en 1926 realizó una estancia docente en la Universidad de Buenos Aires. [17]

Bajo el ideal hispanoamericano, las universidades promovieron algunos encuentros entre estudiantes, en los cuales la participación femenina fue inexistente o mínima. Un 12 de octubre de 1921 la Unión General de Estudiantes convocó a los estudiantes españoles y a los de sus excolonias a participar en una ceremonia que exaltase la «confraternidad hispano americana» en la Universidad de Madrid. Dicho evento, fue una derivación universitaria de la celebración del Día de la Raza. La fotografía tomada por Vidal muestra cuatro portaestandartes y aproximadamente unos 60 estudiantes, de los cuales cinco eran mujeres.

Las intervenciones de Medrano y Erro ─delegados estudiantiles mexicanos─ convergieron en hacer públicos los saludos de la Federación de Estudiantes de su país a los estudiantes españoles, ratificar su adhesión a la fraternidad hispanoamericana y congratularse de encontrarse estudiando en España.[18] La Legación de México participó activamente en dicho evento.[19] Erro les comunicó a los estudiantes españoles «lo que es la Federación de Estudiantes Mexicanos».[20]Trasmitió igualmente el mensaje enviado por la Federación de Estudiantes de México, el cual concluía con estas palabras: « ¡Hermanos! El Cid y Bolívar sean los héroes divinos y que ellos nos ayuden a realizar nuestros ideales de unión y de amor sobre la tierra».[21]

Es posible que para las jóvenes universitarias españolas de izquierda los movimientos de sus pares latinoamericanos carecieran de interés por estar fuertemente masculinizados. Las lastimaba también ser ignoradas o marginadas por la Federación de Estudiantes así como por sus seccionales universitarias. Por lo anterior, resulta comprensible que en 1920 María Machado, al lado de otras universitarias españolas decidiesen constituir la Juventud Universitaria Femenina, entidad que estableció vínculos con la Federación Internacional de Mujeres Universitarias, la cual sirvió de base para la fundación de la Federación Española de Mujeres Universitarias en enero de 1921.[22] Otra vertiente prefirió ubicarse en el seno de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas y por la Cruzada de Mujeres Españolas que en 1921 organizaron una importante manifestación frente a las cortes en demanda de la igualdad civil y política.[23] Ellas prefirieron seguir el curso de las mujeres universitarias europeas y norteamericanas, así como sus expresiones feministas inclinadas a favor de la igualdad de derechos, incluido el de sufragio y la representación política. En octubre de 1921 las españolas concurrieron a dos eventos: Victoria Kent (1889-1987) al Congreso Internacional de Mujeres Universitarias celebrado en la ciudad de Praga [24] y Elisa Soriano Fisher (1891-1964) y María Josefa Barran como parte integrante de la delegación oficial de la Federación de Estudiantes de España para asistir al Congreso Internacional de Universitarios de Europa a celebrarse en Montpellier.[25] La Soriano ya comenzaba a destacar como lideresa feminista. En lo general, carecieron de un vocero equivalente al que representó El Estudiante para los jóvenes de izquierda a mediados de dicha década.  

Wenceslao Roces Suárez
Imagen 3. Wenceslao Roces Suárez
http://portal.uc3m.es/

Entre los espacios de sociabilidad urbana destacaron las revistas y los cafés. La revista El Estudiante a pesar de su breve existencia entre Salamanca y Madrid, presentó un interesante y valioso cuadro de concentración de ideas y de redes tanto estudiantiles como intelectuales. Giménez relevó a Wenscelao Roces durante la fase madrileña de la edición de la revista El Estudiante y, al igual que Juan Rojano, cumplió el papel de figuras bisagra con la Revista Popular, editada en Córdoba y de orientación vanguardista en el terreno estético-literario, aunque de explícita orientación política revolucionaria.[26]

Un lugar relevante en la vida cultural y política madrileña siendo atraídos por su influjo los estudiantes universitarios. Al respecto, Alberto Ghiraldo, el escritor argentino libertario afirmó con cierta ironía: «El café es, en realidad, el más grande escenario de Madrid». [27] Los jóvenes intelectuales comenzaron a frecuentar el café Savoia de Madrid, al que concurrían varias figuras representativas de la llamada generación de 1927. La juventud inclinada hacia el marxismo cominternista que iba al café, real polo de actividad política y cultural, mostraba sus diferentes pertenencias de clase: José Antonio Balbontin, Rafael Giménez Siles, José Díaz Fernández y José Venegas pertenecían a la pequeña burguesía urbana, mientras que Juan Andrade, Julián Gorkin y J. Loredo Aparicio procedían de las filas del proletariado. Balbontín militaba en el Grupo de Estudiantes Socialistas, brazo juvenil universitario del Partido Comunista Español.[28]

 

Juego de espejos y fraternidades

El movimiento reformista universitario fue a la alza a partir del Grito de Córdoba de 1918 extendiéndose por las universidades de varias ciudades del continente, pero también supo entusiasmar a los estudiantes migrantes de nuestro continente que residían en ciudades como Londres, París, Berlín y Madrid, así como a sus pares europeos, gracias a un corredor de ideas. Incidieron en favor de ello la circulación transnacional de revistas y periódicos que fungían como voceros o que, sin serlo pero por afinidad ideológica, les daban un espacio en sus páginas. En menor medida, algunas agencias cablegráficas europeas o norteamericanas diseminaban internacionalmente algunas noticias. Contaron también los pareceres y noticias que eran intercambiados por vía epistolar, así como los viajes de algunos intelectuales que abogaban a favor de la Reforma Universitaria pero también los que eran partidarios de un ideal juvenilista con la finalidad de renovar o transformar la sociedad española como Cristóbal de Castro Gutiérrez (1874- 1953). [29]  

En enero de 1919, arribó a Madrid el ensayista argentino Manuel Ugarte, invitado por el Centro de Cultura Hispanoamericana, coincidiendo con su nombramiento como miembro de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias y Artes de Cádiz, el cual iría acompañado de un nutrido programa de conferencias que impartiría en las principales ciudades españolas. Previamente había manifestado su decidido respaldo a la constitución de la Federación de Estudiantes en su país, así como su acompañamiento legitimador del movimiento de Reforma Universitaria. Sus arengas juvenilistas poseían dos coordenadas: la del cambio y su oscilante propuesta acerca de la unidad continental o hispanoamericana.[30] No bastaba predicar o adherirse a un no muy convincente ideal acerca de la unidad hispanoamericana, si se dejaba de lado la voluntad de los jóvenes a favor de modificar los anquilosados órdenes de sus sociedades. En una entrevista periodística expresó su parecer juvenilista en los siguientes términos:

Reaccionando contra el desapego de las generaciones pasadas, la juventud actual en la América hispana, desea ardientemente un acercamiento cada vez mayor con España, acercamiento económico, intelectual y acercamiento en lo que pudieran ser propósitos comunes dentro de la política internacional. De suerte que en la eficaz y oportuna labor de las instituciones que, como la Juventud Hispanoamericana que preside mi distinguido amigo Cristóbal de Castro, tienen que encontrar del otro lado del Océano, no sólo una acogida entusiasta, sino una colaboración estrechísima y fervorosa que se hará sentir muy pronto […].

Y la labor de nuestras juventudes consiste ahora en reaccionar contra errores pasados y preparar esas democracias para la acción conjunta que tendrán que desarrollar, sino quieren ser absorbidas gradualmente. [31]

Ugarte, en otro pasaje de la misma entrevista, expresó que las lucha antiimperialistas que deben acometer los pueblos hispanoamericanos y por ende sus juventudes, deben ser solventadas por: «sus antecedentes étnicos, morales o culturales…Nuestro lema tiene que ser siempre: la América española para la América española.»[32] Ugarte fue invitado a acompañar diversos eventos estudiantiles universitarios, en los cuales ratificó con mayor o menor énfasis sus ideales unionistas, de cambio social y de lucha antiimperialista.[33] A la prédica juvenilista de Ugarte se sumó con mayor fuerza la figura de su paisano y mílite socialista Alfredo L. Palacios un año más tarde. Al respecto, el testimonio de Sbert resulta esclarecedor: «…entramos en contacto con un grupo de estudiantes universitarios hispano-americanos, adoctrinado entonces por el Doctor Palacios… [Y] conocimos la inquietud de las juventudes universitarias sudamericanas».[34]

Merece igualmente destacarse el concurso de otros cuadros universitarios: docentes y dirigentes estudiantiles. Comenzaremos por presentar el testimonio temprano del médico y profesor Augusto Pi Suñer (1879-1965) de la Universidad de Barcelona. En 1919 al mismo tiempo que ejercía la cátedra en la Facultad de Medicina, se desempeñaba como diputado por el Partido de la República Catalana. Con motivo de un viaje académico a la ciudad de Buenos Aires en el curso de ese año, dio una conferencia, cuyo título y tenor refrenda la recepción temprana del movimiento reformista de Nuestra América: «Influencia del movimiento argentino en las universidades españolas». Pi y Suñer, les comunicó a los estudiantes argentinos que fueron a oírle que: el movimiento estudiantil catalán conquistó el derecho a la autonomía universitaria en 1918, el cual fue refrendado por los acuerdos del Congreso estudiantil de 1919 bajo su presidencia. Sus palabras fueron elocuentes:

…tened en cuenta, vosotros profesores y estudiantes argentinos que en la redacción del proyecto catalán como en la redacción del estatuto universitario de Barcelona, conocedores nosotros de la renovación que en las universidades de la República Argentina se operaba, tuvimos muy en consideración las disposiciones de vuestra Reforma de 1918.

Ved, por lo tanto, cómo vuestra influencia no se ha limitado a la Universidad de Córdoba, sino que ha trascendido allende el mar, conmoviendo la vieja tradición y sacudiendo intensamente a las adormecidas universidades españolas.

La Universidad española entra en vías de renovación y vuestro ejemplo ha de interesarnos, para estudiarlo con todo desapasionamiento, pero también con todo afecto. [35]

Deben considerarse otros liderazgos que bregaron a favor de cultivar un corredor estudiantil hispano americano: Luis Enrique Erro Soler (1897-1955), Antonio María Sbert (1901-1980), Luis de Filippo (1902- 1997), Wenceslao Roces Suárez (1897- 1992). Sbert y Roces eran de nacionalidad española, Erro mexicano y de Filippo, argentino. Por sus fechas de nacimiento, pero sobre todo, porque fueron marcados por los principios de la Reforma Universitaria, y el despertar de los movimientos estudiantiles de la primera posguerra, pertenecieron a una misma generación.

Luis Enrique Erro Soler
Imagen 4. Luis Enrique Erro Soler
www.datuopinion.com

Erro era hijo de una pareja de inmigrantes catalana-vasca, nacido en la ciudad de México. A pesar de ello, las redes y tradiciones familiares seguían vivas. Además de estudiar ingeniería en la UNAM cursó derecho en la antigua Escuela de Jurisprudencia y Letras en Madrid. Su trayectoria en el movimiento estudiantil tanto mexicano como español cubrió dos hitos: su papel como editor de una corrosiva revista estudiantil San-Ev-Ank en el México de 1918 y su condición de dirigente estudiantil internacional en Madrid en 1923. La revista que dirigió era de corte satírico y político y se publicó durante los meses de junio y noviembre de 1918, bajo una orientación muy crítica hacia las autoridades universitarias y al régimen carrancista. Proponía la politización de los estudiantes y la conversión de la Universidad en partido político. Fue financiada por la Embajada alemana hasta la víspera de que su gobierno solicitase un armisticio y con ello aceptase la derrota militar. Lo anterior induce a pensar que la postura internacional de Erro durante la conflagración europea, tendría alguna simpatía germanófila. Recibió el apoyo de la Federación de Estudiantes de México en su designación como agregado estudiantil adscrito a la Legación de México en Madrid.[36] En la capital española fungió de intermediario con las corrientes y organizaciones estudiantiles españolas y presumiblemente con la Federación Universitaria Hispano Americana. El 5 de octubre de 1921, por mandato del Comité Ejecutivo de la Federación Internacional de Estudiantes, respaldado en los acuerdos tomados por los delegados asistentes al Congreso Internacional de Estudiantes celebrado en la ciudad de México, se le encomendó a Erro, en su calidad de delegado de la Federación de Estudiantes de España, trasmitiese a sus pares sus acuerdos, entre los que destacaba en el terreno federal organizativo la constitución de una Secretaría coadyuvante con sede en Madrid. [37] ¿Qué tan trascendentes y subversivos podían ser los contenidos de índole ideológica, política y educativa de sus seis resoluciones? Todo indica su abierta inclinación hacia la izquierda. La primera resolución brindó su adhesión a la lucha por el «advenimientos de una nueva humanidad, fundadas sobre los principios modernos de justicia en el orden económico y político». Y para evitar equívocos precisó desde una inconfundible matriz socialista que uno de sus objetivos de lucha es para: «destruir la explotación del hombre por el hombre y la organización actual de la propiedad, evitando que el trabajo humano se considere como una mercancía y estableciendo el equilibrio económico y social.» La segunda resolución fundamentó que la extensión universitaria «es una obligación de las asociaciones estudiantiles», así como la necesidad de robustecer la «solidaridad estudiantil». La tercera, abogó por la constitución de «Universidades Populares». La cuarta, reivindicó las reformas universitarias que reconozcan «la participación de los estudiantes» en la conducción institucional, así como la aceptación de «la docencia libre y la asistencia libre.» La quinta, acordó que «las relaciones internacionales deben descansar sobre la integración de los pueblos en una comunidad universal. » Y la sexta y última declaró: «constituida la Federación Internacional de Estudiantes, que tendrá como fin conseguir la unificación de los estudiantes del mundo…».[38] No obstante lo anterior, sorprende que a pesar de la destacada presencia de Héctor Ripa Alberdi, un joven dirigente del movimiento de la Reforma Universitaria en Argentina, quedasen fuera algunas reivindicaciones la autonomía universitaria y el derecho de tacha a los profesores incompetentes. El movimiento estudiantil español no tardaría en asumir como propia el derecho de tacha o veto a los profesores ineptos.

Portada de <em>El Estudiante</em> (Salamanca), núm. 2, 10-05-1925
Imagen 5. Portada de El Estudiante (Salamanca), núm. 2, 10-05-1925.

La delegación estudiantil española no concurrió al Congreso por lo que no pudo suscribir sus resoluciones. Días más tarde se aclaró involuntaria inasistencia así como su vínculo fraternal con la entidad que representaba a sus pares mexicanos. La Federación de Estudiantes de España reconoció que había recibido con oportunidad la invitación para asistir al Congreso pero su declinación llegó con tardanza, el 21 de octubre, tres semanas después de que hubiese concluido. Su mensaje contenía las siguientes palabras:

Los estudiantes españoles están en estos momentos unidos espiritualmente con sus compañeros mejicanos en las fiestas con que celebran la consumación de la independencia nacional, lamentando que los momentos por que la patria atraviesa no les permita ausentarse de la misma; rogamos a la Federación Nacional de Estudiantes Mejicanos nos representen en todos los actos. ¡Viva Méjico! ¡Viva España![39]

Aunque se carece de información acerca de la recepción española de las resoluciones del Congreso Internacional de 1921, se han encontrado huellas de una fraternal relación hispano-mexicana. El 22 de octubre del mismo año, la Unión General de Estudiantes, con motivo de la conmemoración del «Día de la Raza», organizó un acto en el paraninfo de la Universidad Central presidido por el rector Carracido y el Embajador mexicano. Erro, representante de los estudiantes mexicanos, manifestó en su nombre, «que se congratulan de venir a estudiar al lado de sus compañeros españoles». Agregó que profesaba «admiración y amor a España».[40]

Antonio María Sbert, joven español, estudiante de la Escuela Especial de Ingenieros Agrónomos de Madrid, fue partícipe entusiasta de la recepción del movimiento de Reforma Universitaria de nuestro continente e incidió en su ánimo y orientación al liderar el proceso de constitución de la Federación Universitaria Española iniciado el año de 1921, al cual se habían sumado algunos estudiantes latinoamericanos.[41]

Era una coyuntura en la cual a muchos de los estudiantes españoles no les satisfacía el perfil ideológico conservador y muchas veces monarquista de las facciones que integraban la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos. Fueron para ellos mejores opciones las que emergieron de la secularización, del laicismo y de los giros de organización socialista, anarquista y comunista a favor suyo. Por lo anterior, en el seno del movimiento estudiantil se crearon las condiciones propicias para elegir un Comité Nacional en aras de atraer a los ramales regionales ya existentes o incidir en su organización donde no los hubiera, en la perspectiva de lograr su unificación. En su dirección coexistían dos figuras centrales y polares: Sbert y José Antonio Primo de Rivera –hijo del General-. Representaba cada quién, proyectos de organización estudiantil divergentes. El primero, proponía la creación de una Federación – la que sería conocida más adelante como la FUA― y por extensión, la constitución de la Federación Universitaria Hispano Americana (FUHA). La FUA pronto contaría con una local oficial ubicado en la calle Magdalena en la ciudad de Madrid, acreditando el número telefónico: 100-330.[42] El segundo, auspiciaba un modelo corporativo fascista de agrupación estudiantil vertical y obligatoria, denominada impropiamente Asociación. Esta última no respetaría el principio de libre de adhesión ni la autonomía local o regional. En el primer congreso nacional de estudiantes celebrado en Zaragoza en el mes de enero de 1923 se impusieron en la votación por muy amplia mayoría las propuestas de Sbert.[43]

Luis Di Filippo (1902- 1997) figura entre los argentinos que participaron en la Reforma universitaria y que disertaron acerca de ella ante un público estudiantil en la Universidad de Barcelona en 1925.[44] Formó parte del ala radical del movimiento de la Reforma adscrito a la corriente que editaba la revista Insurrexit (1920-1921) y en 1923 se sumó a la corriente anarco-bolchevique que fundó la Alianza Libertaria Argentina, la cual lo envío a Europa en 1924. A su arribo a Barcelona se vinculó al Comité de Relaciones Anarquistas de España.[45] A su retorno a su país, se sumó a la revista Izquierda (Buenos Aires) fundada y dirigida por Elías Castelnuovo en 1927.[46]

Wenscelao Roces y el equipo de colaboradores de El Estudiante, la revista salmantina, un primero de mayo de 1925, dejó explícito reconocimiento de que los jóvenes universitarios españoles deberían seguir el ejemplo del fecundo movimiento reformista latinoamericano que subvirtió los anquilosados claustros universitarios:

Solo la Universidad, la Escuela Normal, el Instituto, pueden afrontar con éxito esta labor gigantesca de renacimiento nacional y solo el estudiante puede infundirá los decrépitos cuerpos de enseñanza el aliento de vitalidad que los reanime e incorpore con energías creadoras.

La acción renovadora de las juventudes universitarias de América es ejemplo preclaro. Ellas contribuyeron como nadie a crear la Universidad nueva, hoy próspera y fecunda, liquidando la triste herencia escolástica de la época colonial. [47]

No fue una editorial de circunstancias, en la que el movimiento de Reforma Universitaria de nuestro continente llamase la atención del colectivo de la revista. Lo refrenda el hecho de que inaugurase la revista la sección «América», en la cual se publicaron diversas notas sin firma, una de ellas consignó el siguiente mensaje:

Enviamos desde aquí un saludo reverente a los grandes maestros de tierras americanas y un mensaje de cordial solidaridad a aquellas juventudes estudiosas, que representan acaso lo mejor de la savia espiritual vitalizadora de nuestra vieja España. Y les pedimos el calor de su, simpatía, un aliento fraternal, para nuestra empresa apasionada de lucha por ideales que nos son comunes.[48]

Para el naciente movimiento estudiantil español la necesidad de impulsar una ruptura con los catedráticos conservadores era una tarea prioritaria. Deseaban contar con maestros que auspiciasen ideas renovadoras de la sociedad, y al mismo tiempo, expresasen un aliento a la nueva generación universitaria. Fue así como el colectivo de la revista El Estudiante recuperó como figuras señeras del magisterio a Ramón del Valle Inclán (1866- 1936) y a Miguel de Unamuno (1864-1936). El primero había sido reconocido por el Primer Congreso Internacional de Estudiantes, celebrado en la ciudad de México durante los días que corrieron del 11 de septiembre al 10 de octubre de 1921. [49] Viajó a dicho país invitado por la Comisión del Centenario de la Independencia bajo el gobierno de Álvaro Obregón y a sugerencia de Alfonso Reyes, escritor y diplomático.[50]

 

Disidencias, rebeldías y hermandades

El dictador, en octubre de 1923 lanzó un mensaje a la juventud universitaria. Le ofrecía diálogo directo, además de atractivos señuelos: que las agrupaciones estudiantiles le presentasen sus solicitudes de atención y ayuda, además de sus reclamos y sus propuestas de renovación de los planes de estudio. De fondo, y en orquestación con su hijo, apostaba a irlos integrando a las filas de la Juventud Patriótica, rama corporativa de la Unión Patriótica, partido de Estado. El gobernante de facto, bajo esas circunstancias, recibió peticiones de los estudiantes madrileños de la Escuela de Ingenieros y de la Facultad de Derecho de Madrid. El incumplimiento de las promesas de apoyo, acicateó el ya existente descontento político juvenil, el cual a su vez, fue nutriendo las filas de la resistencia a la dictadura. El otro mensaje del general Primo de Rivera tocó las fibras sensibles de varios estudiantes latinoamericanos. Retóricamente incorporó en algunos de sus discursos oficiales la idea de la fraternidad hispánica hacia sus excolonias y ofreció el señuelo de asignación de becas de estudio. Al ser contados los beneficiados, se desplomaron las expectativas de los estudiantes migrantes de limitados recursos.

La agitación juvenil en las Universidades tenía sobrados motivos académicos y políticos para organizarse, movilizarse y expresar sus voces de protesta y sus demandas. Resultó un agravio que la misma Universidad de Salamanca que no supo defender a Miguel de Unamuno y tuviese que marchar al destierro a París, fuese la misma que le confiriese al dictador Primo de Rivera la distinción inmerecida de Dr. Honoris Causa el 18 de junio de 1924. [51]

«Vasconcelos, visto por Bagaria». <em>El Estudiante</em> (Salamanca), núm. 8, junio de 1925
Imagen 6. «Vasconcelos, visto por Bagaria». El Estudiante (Salamanca), núm. 8, junio de 1925.

El 28 de marzo de 1925 la Universidad de Madrid auspició el cortejo fúnebre de Ángel Ganivet que se trasladaría de la estación del Norte a la Estación del Mediodía, lugar de reembarque de sus restos con destino a Granada. Primo de Rivera –el dictador-, el 15 de mayo del mismo año, concurrió a la ceremonia de inauguración de un nuevo pabellón de la Escuela de Ingenieros, siendo interpelado por Sbert, el cual le entregó un pliego conteniendo los reclamos estudiantiles. El líder estudiantil recibió como respuesta su expulsión de la Escuela y su confinamiento en Cuenca. Tal hecho suscitó una acción huelguística de escaso impacto, por su falta de organización, apoyo y aislamiento.[52]

En 1925, el clima de insubordinación juvenil universitaria contra la dictadura recibía los mensajes solidarios desde fuera. Unamuno desde su exilio en París seguía atento y en comunicación con Roces, el curso editorial de la revista El Estudiante. Mientras que, Alfredo Palacios, enviaba su carta de respuesta a los estudiantes españoles desde la ciudad de Buenos Aires. A solicitud epistolar de la revista salmantina el profesor socialista de la Universidad de La Plata no demoró en responder anunciándoles que se encontraban en los «albores de un nuevo día, en que nuestra raza deberá decir al mundo su palabra, portadora de un mensaje de justicia y de fraternidad, que eleve a planos más altos el sentido y el objeto de la vida colectiva.» Y concluyó su carta admonición con estas palabras: «Seguimos nuestro camino hacia la nueva fraternidad y los grandes ideales que estamos elaborando, y aguardamos vuestros hechos, jóvenes españoles».[53]

Los estudiantes universitarios, por derecho propio, han formado parte de la intelectualidad, aunque en sentido estricto se encuentren en su fase formativa. Sin embargo, en el lenguaje de la izquierda universitaria, la intelectualidad era una categoría elitista, a la que percibían como ajena y opuesta. Una editorial de El Estudiante de enero de 1926 refrendó este parecer:

Nosotros no queremos pertenecer a esa casta sacerdotal de los "intelectuales" españoles de la hora presente, nido de egoísmos, cobardías y bajezas, a esa grey de bufones más menos filosóficos, enfeudados a los magnates y a las empresas, que han venido a sepultar en el señoritismo de unos cuantos todas las ansias de liberación de una clase y de un pueblo. Aborrecemos a esos "intelectuales" olímpicos que ofician de pontifical desde los periódicos, las revistas y las cátedras, "intelectuales" de nómina y enchufe. [54]

 

Cierre de palabras

Esta aproximación a las redes hispano-latinoamericanas durante el breve periodo analizado, ha logrado su cometido de llamar la atención acerca de ellas y de su importancia para la historia de los movimientos estudiantiles transfronterizos. Un punto de aproximación entre el movimiento estudiantil español y los cribados en América Latina en dicho arco temporal, fue signado tanto por su voluntad parricida frente a los maestros ineptos y/o autoritarios como por su reconocimiento y respeto frente a quienes consideraron sus auténticos maestros, sin discriminarlos por su lugar de residencia o nacionalidad. El ideal juvenilista renovador jugó de enlace entre los llamados «Maestros de la juventud» y las vanguardias estudiantiles.

Fiesta escolar de la confraternidad hispano-americana celebrada en el paraninfo de la Universidad de Madrid, 1921
Imagen 7. Fiesta escolar de la confraternidad hispano-americana celebrada en el paraninfo de la Universidad de Madrid, 1921.

Si el periodo que cubrió los años de 1919 a 1925 signó la primera fase de un movimiento estudiantil bifronte: español y latinoamericano, no tuvo que pasar mucho tiempo para reanimarse de los golpes inferidos por los gobiernos y las propias autoridades universitarias.

La agitación y protesta estudiantil alcanzó su mayor auge durante los años de 1928 a 1930. Excepcionales fueron los apoyos morales que recibieron de algunos profesores como Miguel de Unamuno, Luis Jiménez de Asúa[55] y episódicamente Ramón Menéndez Pidal y Ortega y Gasset. En cambio, en la Argentina fue masiva y sostenida la protesta de la Federación de Estudiantes contra la dictadura de Primo de Rivera. Se publicaron varios pronunciamientos y textos solidarios que fueron publicados en revistas culturales y periódicos estudiantiles. Además de lo anterior, se realizó un mitin de protesta en la Plaza del Once en Buenos Aires contra la dictadura y una movilización hacia la Embajada de España a cargo de Ramiro de Maetzu desde diciembre de 1927. [56]

La represión gubernamental contra los integrantes de la Federación de Estudiantes fue acompañado de una argucia político-legal: declararla inexistente por carecer de registro ante la Dirección General de Seguridad según lo prescribía una norma ulterior a su fundación. Se pasó de la huelga general a un nuevo ciclo represivo, sin poder desarticular la voluntad antidictatorial de los estudiantes universitarios, ni impedir su reagrupamiento orgánico y político. Cierta hermandad entre estudiantes españoles y latinoamericanos se fue construyendo durante el proceso de reanimación de los organismos estudiantiles y la lucha antidictatorial dentro y fuera de España. César Naveda, el estudiante ecuatoriano presidió la  

Asociación de Medicina en Madrid. El peruano Ricardo Cornejo dirigente de la Federación Universitaria de la Universidad de Salamanca impulsó la proyección del Comité pro Unión Federal de Estudiantes Hispanos. El dominicano Manuel de Lara por participar en las luchas contra la dictadura de Primo de Rivera fue detenido al lado de sus compañeros españoles y confinado en prisión. El salvadoreño Rodolfo Barón Castro jugó un papel destacado en la impresión clandestina de carteles, volantes y periódicos de la Federación de Estudiantes y participó en varias acciones de lucha estudiantil dentro y fuera de los claustros universitarios. Hizo algo más en compañía de su paisano Orlando de Sola estudiante en la Universidad de Oxford: sacar clandestinamente de España - ocultas en un bombo musical─ dos mil copias de un manifiesto antidictatorial de la Federación de Estudiantes, el cual fue remitido por ellos a muchos países por vía postal desde la ciudad portuaria de Burdeos. Rubén Salido Orcillo, estudiante mexicano, cofundador y dirigente de la Federación Universitaria Escolar mexicano, suscribió una carta de protesta dirigida al dictador Primo de Rivera a nombre de los estudiantes hispanoamericanos [57]

En 1930, las juntas de resistencia estudiantil de la Federación Universitaria se cobijaron en el local de la Federación de Estudiantes Hispanoamericanos en la calle de la Magdalena en la ciudad de Madrid, no por casualidad, entre ambas entidades y afiliados se habían tejido redes solidarias y acciones convergentes, unas contra la dictadura en España, otras contra las dictaduras en América Latina. Hubo también una reorientación ideológica y política de los dirigentes estudiantiles de izquierda a favor de establecer acuerdos con las organizaciones obreras. En marzo de 1930, desde las páginas de La Gaceta Literaria Giménez Caballero, al convocar a Antonio María Sbert y a los estudiantes a cumplir una tarea directriz en la Revolución en alianza con el proletariado refrendó este punto de viraje.[58]

El relevo de la dirigencia de la FUHA que acompañó el derrumbe del gobierno de Primo de Rivera en 1930, pasó a manos del peruano José Macedo Mendoza, su presidente y de Manuel Salas Cornejo Arias, su secretario del interior.[59] La sensibilidad de los universitarios españoles y latinoamericanos fue de mayor compromiso con la vía republicana en el efervescente y complejo frente interno. A los latinoamericanos les seguía preocupando la fosilización de la cultura oligárquica y los excesos autoritarios en la mayoría de sus países de origen, pero también les inquietaba la polarización social y política española. Un sector de ellos se involucró en el movimiento estudiantil español y en la lucha antidictatorial. Por lo anterior, las sucesivas directivas de la FUHA fueron optando según sus orientaciones ideológicas, por solicitudes, demandas de atención, protestas o denuncias frente a las legaciones diplomáticas acreditadas en Madrid o por vía epistolar o cablegráfica a sus gobiernos.

 

Notas:

[1] La Agrupación Universitaria pro Sociedad de las Naciones se constituyó en Madrid el año de 1925. Azcarate, 1925:

[2] Weck, 1946.

[3] Suscribimos la siguiente caracterización: «Una idea subyacente general en la trayectoria reformista se vincula con el juvenilismo, es decir, con la creencia de que les corresponde a los jóvenes asumirse como avanzada histórica, como redentores sociales y portadores de utopía, al reunir en sí la mayor dosis de inconformismo, desinterés, creatividad y compromiso; lo cual se traduce en un accionar renuente a la injusticia e inclinado hacia los desposeídos.» Biagini, 2000: 75.

[4] Conmocionó los espacios intelectuales y políticos españoles la provocadora y ególatra frase de Unamuno: «El único joven de España soy yo». Sin embargo, dio pie a una interpretación estudiantil amable y solidaria como la de Balbontin, 1925.

[5] Conmocionó los espacios intelectuales y políticos españoles la provocadora y ególatra frase de Unamuno: «El único joven de España soy yo». Sin embargo, dio pie a una interpretación estudiantil amable y solidaria como la de Balbontin, 1925.

[6] La juventud chilena y argentina en sus escritos de 1921: «Carta de Unamuno a los estudiantes chilenos», El Maestro (México), núm.2, noviembre de 1921, pp. 128-131; Unamuno, 1977: 30.

[7] Vasconcelos fue saludado como «uno de los hombres más preclaros del espíritu de la América española, guía esforzado de la nueva generación intelectual y creador de la Universidad nueva de México» desde las páginas de la revista El Estudiante, núm. 8, junio de 1925, s/p. La respuesta del pensador mexicano fue reproducida en el mismo número de la revista. Uno de sus párrafos decía: «Yo no podría deciros que en la América nuestra se han logrado conquistas definitivas, pero sí puedo afirmaros que allí se ha luchado y se sigue luchando por la justicia. En esa cruzada fecunda hace falta vuestro concurso. Cada vez que las libertades se ahogan en una región, la libertad peligra en el mundo. Cada acto de tiranía es un bofetón dado en el rostro de cada uno de los hombres. Estudiantes de España: La América de vuestra sangre está atenta, os acompaña en vuestro dolor y en vuestra esperanza y confía en vosotros. No entonará el canto de triunfo mientras vosotros no hayáis triunfado.»

«Vasconcelos a los estudiantes españoles» El Estudiante, núm.8, junio de 1925.

[8] Palacios, Alfredo L. «A los estudiantes españoles» El Estudiante, núm.1 segunda época, diciembre de 1925.

[9] La verdad sobre Méjico, Bilbao: Ugalde, 1919; Mi campaña hispanoamericana, Barcelona: Editorial Cervantes, 1922; La Patria Grande, Barcelona: Editorial Internacional, 1922; El Destino de un Continente, Madrid: Editorial Mundo Latino, 1923.

[10] «F i g u r a s d e l C o m i t é de la "CASA DE LA PRENSA NO DIARIA" »Mundo gráfico (Madrid) núm. 428, 14 de Enero de 1920. s/p.

[11] «La expulsión del escritor Sr. Ghiraldo» en: Soldevilla, 1922: 294.

[12] «Conferencias del P. Nevares» El Día (Madrid) 14 de abril de 1919, p, 3.

[13] [Nota informativa] en: «Panorama Universal», Hojas Selectas (Madrid) núm. 239, noviembre de 1921: 1046-1047.

[14] «Nuestra Universidad» El Estudiante, núm. 7, junio de 1925.

[15] Rodrigo, 2002: 35.

[16] En abril de 1929 cuando la Maetzu manifestó en una entrevista periodística que en la Residencia de Señoritas no era «ni Casino de Intelectuales, ni plantel de sufragistas», quizás se refería a intentonas estudiantiles previas. Citado en: Pérez-Villanueva, 1990: 94.

[17] Ibíd.: 47.

[18] [Nota informativa] en: «Panorama Universal», Hojas Selectas (Madrid) núm. 239, noviembre de 1921: 1048.

[19] «De la Fiesta de la Raza en la Universidad» Acción (Madrid) 13 de octubre de 1921, p. 6.

[20] «En la Universidad. Fiesta iberoamericana. Entrega de mensajes» El Sol (Madrid) 14 de octubre de 1921, p. 3.

[21] «La Fiesta de la Raza Fraternidad hispano-americana», El Globo (Madrid) 14 de octubre de 1921, p.2.

[22] Jiménez-Landi, 1996: 487.

[23] Aguadon, 2008: 221-222.

[24] San Martin, 2009: 75.

[25] «Estudiantes. El Congreso de Montpellier» La Voz (Madrid) 29 de octubre de 1921, p.8.

[26] Aznar, 2014: 79.

[27] Citado en Esteban, 2004: 30.

[28] Véase: Aznar, 2014: 79; Gómez, 2005: 108.

[29] La orientación socialista de Castro pueden rastrearse en sus obras, pensamos en las siguientes: Mujeres Extraordinarias, Madrid: Compañía Iberoamericana de Publicaciones, 1920 (incluyó un retrato de la esposa de Lenin y otro de Christabel Pankhurst lideresa feminista británica); ─── La revolución desde arriba: ensayo sobre la reforma agraria y la colonización interior, Madrid: Impr. de J. Pueyo, 1921 ───Un bolchevique (escenas de la revolución rusa), Madrid: Renacimiento, 1922.

[30] Barrios, 2007: 152.

[31] «Actualidad Hispanoamericana. Interviú con un argentino ilustre» El Día (Madrid) 14 de abril de 1919, p.8.

[32] Ibíd., p. 9.

[33] Uno de ellos fue el Congreso de Exploradores y Juventudes Hispanoamericanos realizado en el Paraninfo de la Universidad Central de Madrid el 14 de abril de 1919, auspiciado por la Universidad, la Sociedad de Boy scouts españoles y el Centro de Cultura Hispanoamericano. «Ibero-América en el Paraninfo de la Universidad. Congreso de Exploradores y Juventudes Hispanoamericanos» El Sol (Madrid) 15 de abril de 1919, p.2.

[34] Massot, 2000: 16.

[35] Pi Suñer 1919: 54-55.

[36] Krauze, 1990: 101-103.

[37] Del Mazo, 1968: 85.

[38] Primer Congreso Internacional de Estudiantes (1921) reproducido en del Marzo, 1968: 81-84.

[39] «Mensaje de los estudiantes españoles a los mejicanos» El Sol (Madrid) 22 de octubre de 1921, p.1.

[40] «De la fiesta de la Raza en la Universidad», La Acción (Madrid), 13 de octubre de 1921, p. 6.

[41] Massot, 2008: 10.

[42] FUHA, of. 255: 14 de junio de 1930.

[43] Mas, 2014: ¿?

[44] Del Mazo, 1968: 53.

[45] Tarcus, 2007: 181.

[46] Lafleur, 2006: 158.

[47] «Nuestra Misión» El Estudiante, núm.1, 1° de mayo de 1925, p.1.

[48] «América» El Estudiante, núm.1, 1° de mayo de 1925, s/p.

[49] En una fotografía Valle Inclán aparece en el medio de los delegados estudiantiles internacionales, al lado del peruano Víctor Andrés Belaunde. Del Mazo, 1968: s/p [entre las páginas 80 y 81].

[50] Vasconcelos, 1968: 33.

[51] Aznar, 2014: 63.

[52] Caudet, s/f: 5.

[53] Palacios, 1925: 2.

[54] «Estudiantes e intelectuales» El Estudiante, núm.6, enero de 1926, p.1.

[55] Jiménez de Asúa fue detenido y desterrado el 30 de abril de 1926 a las Islas Chafarinas.

[56] Jiménez-Landi, 1996: 181.

[57] Ibíd.

[58] Álvarez, 2010: 276.

[59] FUHA, of.255: 14 de junio de 1930.

 

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Cómo citar este artículo:

MELGAR BAO, Ricardo, (2015) “Legado y espejo de la Reforma Universitaria latinoamericana en España: 1919-1926”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 25, octubre-diciembre, 2015. Dossier 17: Movimientos juveniles en América Latina: Batallas e impugnaciones de la política, la educación y la cultura excluyentes. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Domingo, 23 de Julio de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1206&catid=56

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