Pacarina del Sur
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Entre La Habana  y Juárez, historias de dos guerrilleras fronterizas: Haydée Tamara Bunke Bider y Avelina Gallegos Gallegos

Between Havana and Juarez, stories of two border guerrilla: Haydee Tamara Bunke Bider and Avelina Gallegos Gallegos

Entre Havana e Juarez, histórias de guerrilha Dois fronteira: Haydee Tamara BunkeBider e Avelina Gallegos Gallegos

Nithia Castorena-Sáenz[1]

Recibido: 22-05-2016 Aprobado: 20-06-2016

Resumen

Resumen: El presente artículo analiza la actuación en la guerrilla de Haydée Tamara Bunke Bider y Avelina Gallegos Gallegos. La primera sobre todo en su participación en labores en pro de la revolución en Cuba, y posteriormente enviada como agente encubierto a Bolivia, donde finalmente muere. La segunda como activista del movimiento inquilinario en Chihuahua capital, y posteriormente comandante estatal del Grupo N en el mismo estado, muere en una expropiación revolucionaria. Aunque no se conocieron entre sí, hay múltiples circunstancias y características coincidentes en sus historias.

Palabras clave: Historia de mujeres, Guerrilla, Historia oral, Historia social, Feminismo poscolonial.

 

¿Nada será mi nombre alguna vez?

¿Nada dejaré en pos de mí en la tierra?

Haydée Tamara Bunke Bider, Bolivia, 1966.

 

Introducción

En este trabajo se busca abordar algunos elementos compartidos entre las experiencias de vida de dos mujeres jóvenes en América Latina que le apostaron a la vía armada para la transformación política y social de un país. Una, Haydée Tamara Bunke Bider, fue una mujer multilingüe, nacida en Argentina, pero radicada en  Alemania y que tuvo el poder y los recursos para viajar a Cuba tras el éxito de su revolución en 1959.  La otra, Avelina Gallegos Gallegos, que estudió para ser maestra en su natal Juárez y que viajó a titularse, desarrollar su labor docente y estudiar la carrera de derecho, a la capital del fronterizo estado de Chihuahua. Se les llama guerrilleras fronterizas en un doble sentido, primero geográfico y segundo simbólico.  Por un lado son fronterizas por los lugares donde habitaron y cruzaron, y por otro, son fronterizas por el lugar fronterizo desde donde se posicionaban, además son fronterizas por todas aquellas barreras simbólicas que desafiaron y cruzaron. 

Aunque contemporáneas, estas mujeres no se conocieron entre sí. Sin embargo, comparten muchos rasgos comunes: ambas jóvenes, con estudios universitarios concluidos, con ideología de izquierda y participación en distintas organizaciones políticas y sociales. Ambas forjaron, con pasos firmes, un camino en la vida de las organizaciones armadas.

Una en Bolivia y otra en México, las acciones en las que perdieron la vida pueden iluminar de manera contundente las vidas de Haydée Tamara y Avelina. La primera, conocida con el alias de “Tania, la Guerrillera”; murió poco antes de cumplir los 30 años, en un cerco del ejército a  la guerrilla boliviana (apoyada y organizada por cubanos, entre estos Ernesto “el Che” Guevara), en Ñancahuazú en agosto de 1967. La segunda, quien eventualmente utilizó el alias de Natasha, maestra, estudiante del 5º año de derecho en la Universidad de Chihuahua, dirigente estatal el Grupo Los Guajiros, y parte de una organización nacional que buscaba aglutinar a los grupos armados en México y que llevó a cabo una triple expropiación bancaria en la que Avelina perdió la vida, a los 26 años. Estas vidas breves pero intensas son las que se abordarán en este trabajo.

Tamara Bunke
Imagen 1. Tamara Bunke
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Los elementos teóricos que se tejen para el abordaje de este análisis pertenecen a la historia social, historia oral, historia de las mujeres y  los estudios feministas. El primero cuenta con ángulos cerrados pues, si bien la historia social buscó desmitificar a “personajes principales” y “héroes”, en este artículo se fija la atención únicamente en dos personas. Sin embargo esto se resuelve explicando que este trabajo es heredero de una investigación más amplia en la que se abordó la participación de las mujeres en los grupos armados de Chihuahua (Castorena, 2013). Una de las conclusiones a la que se llegó en aquella ocasión es que es imposible que exista algún episodio de la historia en el que las mujeres no hayan estado involucradas, sin embargo, esta tradición de la historia política (afortunadamente en declive, al menos en la academia) recuperó una imagen del pasado en el que las mujeres se encontraban ausentes, como si eso fuera posible. Parafraseando a Virginia Woolf ¿Es posible agregar un suplemento “mujeres” a la historia para incorporarlas en una narrativa que las había omitido, o será necesario, más bien, reescribir la historia?. En este artículo se tiene por objetivo devolver esta presencia femenina a la historia de los movimientos armados, destacando la importancia de su participación, asimismo se busca hacer una contribución teórica a la discusión que implica la reconstrucción histórica de subalternos para la historia de las izquierdas latinoamericanas, así como señalar las múltiples relaciones que guardan la historia oral y la historia social por un lado, con los estudios poscoloniales y el feminismo poscolonial, por el otro.

 

Breve estado de la cuestión

Aunque no puede considerarse suficiente, sí existe una producción de investigaciones alrededor de la participación de las mujeres en los grupos armados. El trabajo de Mary Nash Rojas. Las mujeres republicanas en la guerra civil[2] sobre la participación de las mujeres en la línea de combate durante la guerra civil española es indudablemente un punto de partida para el análisis de las distintas formas de participación de las mujeres en enfrentamientos armados, sobre todo en cuanto a los límites que tuvieron, “tácitos” o incluso debidos a las restricciones impuestas socialmente, por el hecho de ser mujeres.

En el trabajo de Nash se muestra cómo el género interactúa con otras fuerzas históricas que influyen en el resultado de un movimiento revolucionario. Sobre su obra, Shirley Mangini dice que Nash analiza los trabajos de los grupos que evolucionaron desde la Organización de Mujeres Antifascistas, antes de la guerra, que tenía el mayor número de afiliadas. Presidida por la mujer más famosa de la Guerra civil, Dolores Ibáurri, conocida como La Pasionaria (Mangini, 1998:533). Mangini destaca el uso de fotografías que hace Nash para su texto en las que figuran muchas mujeres soldado en overoles y cargando armas, a pesar de que sus carreras en la milicia fueron breves y a menudo insignificantes. En una de las imágenes, aparece un grupo de milicianos y milicianas republicanas, a punto de partir al frente de Huesca, el 28 de Agosto de 1936. Además de los overoles que usaban las mujeres, idénticos a los de los hombres, me parece importante destacar que las únicas 7 mujeres que aparecen en la imagen, rodeadas de muchos hombres milicianos, están juntas. Es decir, no parece un grupo de iguales integrado. Es más, dos de ellas sujetan, o se sujetan, del brazo de su compañeras más cercana[3].

Nash expone en su trabajo que las mujeres, en muchos casos fueron relegadas al trabajo que se suponía les correspondía debido su sexo. En otra de las imágenes aparece una mujer atendiendo a nueve niños en un campo para niños de milicianos.  En la parte superior de la imagen puede verse sólo el cuerpo de una pequeña niña sentada en una silla, pero no al cuidado de la mujer que está al centro de la imagen, sino alimentando a los bebés que están en las sillas esperando sus alimentos. Además de estas labores, fueron responsables de cocina y lavandería para los soldados varones. En realidad su permanencia en las líneas de batalla fue reducida, pues con múltiples excusas fueron sacadas de ahí. Mangini retoma una de las conclusiones finales de Nash, cuando ésta afirma que ninguno de los cambios que trajo la guerra civil, permanecieron, y que la percepción de las mujeres en España no fue alterada significativamente por la guerra (1998:533).

Por otro lado, el trabajo de Verónica Oikión Solano y Marta García Ugarte es paradigmático a nivel mexicano. No hay otro esfuerzo similar que reúna las voces de 27 testigos e investigadores de los movimientos armados en México en el siglo XX. Sin embargo, es de notar que de estos 27 ensayos, apenas uno aborda la participación de las mujeres en el movimiento armado mexicano, y otro más en el caso guatemalteco (Oikión/García, 2006). Lucía Rayas analiza el papel de las mujeres en dos fenómenos de enfrentamiento armado, a saber: la guerrilla de El Salvador en la década de 1980, y la invasión a Iraq por parte de Estados Unidos. Este análisis se teje a partir del cuerpo, definiendo éste como “la base de la experiencia”, como “el instrumento de mediación entre la persona y los otros”, sobre todo en cuanto a la interpretación que asignan las culturas en el tiempo pues, como ella lo anota: “El cuerpo, imbuido de significado social, se sitúa históricamente” (Rayas, 2009:45).

El trabajo de Rayas es una importante contribución al estudio de las formas de participación de las mujeres en grupos armados. Sin embargo, se torna necesario aclarar un punto: la autora retoma a Garaizabal y Vázquez, para una afirmación que parece un tanto arriesgada:

[…] el papel de la guerrillera simplemente se sumó a los otros papeles propios de las mujeres, combinándolos con los “nuevos” atributos permitidos a las mujeres durante la guerra tales como “la racionalidad, el no mostrar abiertamente los sentimientos, la dureza y la competitividad” […] (Rayas, 2009:119).

 

Y más que nada parece arriesgado asumir que fue un proceso simple. En absoluto este papel pudo sumarse en una operación cuasi algebraica. Éste se montó, quedó superpuesto con los papeles atribuidos tradicionalmente a las mujeres. La condición de mujer marcó no una, sino varias y distintas formas de participación en los grupos armados, y que aún no han sido reconocidas como participación en los mismos, ni han sido abordadas en su complejidad. De entre las cosas que no se han abordado, está el análisis del que se podría considerar “criterio central” a partir del cual se establece si una actividad implica participación o no: el poder que ellas tenían en estos grupos. Sobre este concepto Judith Butler expone que:

El proceso de asumir el poder no consiste sencillamente en cogerlo de un lado, transferirlo intacto y enseguida convertirlo en propio; el acto de apropiación puede conllevar una modificación tal que el poder asumido o apropiado acabe actuando en contra del poder que hizo posible esa asunción (2001: 23).

 

Como se verá más adelante, tanto Tamara como Avelina ingresaron en la organización armada en condiciones de subordinación, pero luego se conviertieron en integrantes estratégicas en ésta, lo que les permite negociar, resistirse a un ejercicio de poder jerárquico, tomar decisiones.

Rayas sugiere que un resultado de la utilización de la categoría de género para el análisis histórico será el corrimiento de la historia de las mujeres, “de las márgenes, hacia un sitio central” (Rayas, 2009:42). Aunque no lo menciona de ese modo, parece claro que sigue la tradición de la historia social propuesta por Eric Hobsbawm (1998).

En “La revolución que llegaría”, Aleida García Aguirre aborda uno de los eventos históricos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, no sólo en el estado de Chihuahua, sino en el país completo: el asalto al Cuartel de Madera el 23 de Septiembre de 1965. A partir de éste, en opinión de Verónica Oikión Solano, se “inaugura” una especie de actividad armada de este periodo (Oikión, 2008). Pero no sólo en su ocurrencia o en la conformación del Grupo Popular Guerrillero que lo llevó a cabo, sino en cuanto a la construcción de lo que ella ubica como “conciencia de clase”. Una de las ideas en las que centra García Aguirre su trabajo, es la solidaridad. Parte de la idea de que es ésta una de las expresiones de “conciencia de clase”. Su argumento es que “los normalistas compartían un mismo origen de clase con los solicitantes de tierras y que durante su formación magisterial experimentaron situaciones de formación política y organizativa que contribuyeron a su incorporación al movimiento campesino” (García, 2015: 88).

Aleida se apoya en los planteamientos de Ranajit Guha quien acuñó “el concepto de solidaridad” para debatir contra los estudiosos de la insurgencia campesina en la India que argumentaban que una rebelión surgía por emulación de los actos ajenos (Guha, citado por García, 2015:126). Entonces, plantea que “La solidaridad es una conciencia que se activa de forma colectiva, es decir que quienes se integran a una lucha son grupos, no individuos, y los primeros ejercen presión sobre éstos para que se plieguen a las decisiones del conjunto” (García, 2015:127). Por su parte, también Alicia de los Ríos ha abordado la participación de las mujeres en los grupos armados de Chihuahua. Ella se enfoca en los procesos de radicalización pues los considera fundamentales en el desarrollo de su investigación, pues fungen como indicadores de los agravios de los actores de la guerrilla buscaron combatir a través de su organización político armada.  De los Ríos explica que la participación de las obreras fronterizas en la guerrilla ha sido muy poco abordada, entre otras cosas porque muy pocas sobrevivieron a la militancia armada. Una informante importante en el trabajo de Alicia es Amanda Arciniega, quien ingresa al trabajo en la maquiladora siendo aún estudiante de secundaria, y que se integra a la Liga Comunista 23 de Septiembre en 1975, en la etapa conocida como la “Reconstrucción” (2015: 505).

Tamara Bunke
Imagen 2. Tamara Bunke
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Además de estas autoras se conoce el trabajo de Elizabeth Henson sobre los significados y la memoria alrededor del Grupo Popular Guerrillero y el Asalto al Cuartel de Madera, en el estado de Chihuahua, trabajado como tesis doctoral para obtener el grado de Doctora en Historia por la Universidad de Arizona. El de Adela Cedillo, también trabajado como tesis de licenciatura en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México,  sobre la operación de las Fuerzas de Liberación Nacional, en el que se destaca la ardua labor que llevó a cabo para la reconstrucción de sus integrantes, entre ellos la joven Dení Stock. Además de los trabajos de Laura Castellanos, Fritz Glockner, sobre periodos específicos de la actividad armada en México en la segunda mitad del siglo XX. También  el de Carola Carbajal y Ana V. Jiménez como editoras de la autobiografía de una jaramillista: Paula Batalla; así como los testimonios de mujeres jaramillistas reunidos por Guadalupe García Velasco. Además se encuentran los trabajos de análisis como los llevados a cabo por Carlos Montemayor  que se han convertido en referencias obligadas en el tema de los grupos armados. Y recientemente el de Carlos Illades sobre la presencia de la izquierda en el debate público mexicano de 1968 a 1989, o el de Barry Carr que integra prácticamente toda la historia del Partido Comunista Mexicano.

Por otro lado, hay esfuerzos sumamente significativos en otros países para la reconstrucción de la participación de las mujeres en las luchas armadas. Por ejemplo el trabajo de Nelson Caula y Alberto Silva en Uruguay, sobre la historia de Lucía Topolansky; o el de Mauricio Cavallo también sobre la participación femenina en el MLN-T en ese mismo país. También es imprescindible el enorme trabajo que realizaron Lola G. Luna y Norma Villarreal para analizar los movimientos de mujeres y la participación política de las mujeres en Colombia en la primera mitad del siglo XX. Como se ve, aunque dispar y en ocasiones fragmentario, se va consolidando ya un corpus de estudios específicos sobre mujeres en la luchar armada, aunque aún queda por realzarse esfuerzos más amplios y panorámicos que permitan sopesar más hondamente el calado y las particularidades de estas militancias.

 

Algunos elementos para la discusión teórica

La intención de este trabajo es contribuir a una nueva historiografía de mujeres con la impronta de la complejidad en las relaciones. Debido a esto se torna ineludible problematizar profundamente sobre las implicaciones de “opresión” y “desventaja”. Con ello, se re escriben por fuerza capítulos de eventos previamente abordados desde la historia tradicional en la que los personaje principales, las más de las veces, han sido hombres. La historia escrita ahora, no puede ser un “suplemento” ni un apartado optativo en la historia, sino una nueva visión de la misma, por tanto, una re escritura.[4] Y para que exista una re escritura, una historia renovada, plena, posible; deberán existir conceptos que funcionen para explicarse el pasado, para abordar lo más posible la magnitud que lo compone.

La historia que se plantea no es el recuento de las grandes obras llevadas a cabo por las mujeres sino “la exposición de las operaciones del género que son fuerzas con una presencia y una capacidad de definición en la organización de la mayoría de las sociedades” (Scott, 2008:47). Ahora bien, no es inútil aclarar que no se espera encontrar una práctica feminista, ni siquiera una teoría básica, pues los planteamientos de este movimiento se encontraban aún en ciernes y se desarrollaron, precisamente, durante esta época. Se parte de la idea de que no sería posible entender las experiencias históricas femeninas si no las analizamos tomando en cuenta el poder. Al respecto retomo la idea de James C. Scott en la que expone que en el caso de las mujeres el sometimiento se ha dado principalmente a nivel de relaciones personales e íntimas, y que es debido principalmente a su función procreadora y a su “responsabilidad” dentro de la vida familiar, que superar esta condición de subordinación requiere un paso mucho más radical que en el caso de los esclavos, por ejemplo (2000).[5]

El abordaje de Judith Butler, desde el ángulo ontológico de la condición de sometimiento, es oportuno ahora. Para esta filósofa, el sometimiento es paradójico, pues plantea que: “Aunque se trata de un poder que es ejercido sobre el sujeto, el sometimiento es al mismo tiempo un poder asumido por el sujeto, y esa asunción constituye el instrumento de su devenir” (2001: 22). Es decir, el sujeto acepta el ejercicio del poder pues es en él que se asegura su propia existencia. En palabras de Butler: “El poder no sólo actúa sobre [acts on] el sujeto, sino que actúa [enacts] al sujeto, en sentido transitivo, otorgándole existencia” (24).

Por otra parte, Mary Nash planteó grandes aportaciones en cuanto al análisis de lo que podría considerarse historia de las mujeres. Para el análisis que realiza sobre la participación de las mujeres en la guerra civil española, parte de preguntar “¿Las mujeres estaban involucradas en el activismo revolucionario y en la resistencia anti-fascista en sus propios términos? ¿O estaban politizadas pero canalizadas en funciones de apoyo que no desafiaron las formas prevalecientes de la subordinación de género” (Nash, 1995:1).[6]

Para Joan W. Scott la política es “el proceso por el cual las interacciones del poder y el conocimiento constituyen la identidad y la experiencia”.[7] Este ir y venir de poder, implicaría negociaciones, verbalizadas o no, una construcción del sujeto político pues. ¿Cuáles elementos son identificables en la constitución del sujeto, vistos desde el poder, en mujeres guerrilleras de la década de 1960 y principios de 1970? ¿Qué diferencias pueden identificarse en esta “constitución de la persona”, de cuando resiste a cuando ejerce el poder? ¿O si resiste en ocasiones específicas? ¿O si ejerce en otras ocasiones específicas? ¿Es posible ubicar cuando, en un mismo espacio, se resiste y se ejerce poder, de acuerdo al sentido de la discusión? ¿Cómo impacta eso en la “constitución de la persona”? ¿Cómo impacta en la toma de decisiones, en la construcción de su personalidad?

El género se asume aquí como un ordenador social que implica el “conocimiento de la diferencia sexual”, lo que lo convierte en un velo a través del cual se explica el mundo, ligado necesariamente a las sociedades que lo habitan. Los usos y significados de éste   “constituyen los medios por los cuales se construyen las relaciones de poder, dominación y subordinación”, lo que pone de manifiesto su carácter político (Scott, 2008:24).

Desde luego, se asume que todas las relaciones desiguales involucran cuestiones “políticas”, pues implican una distribución desigual del poder, lo que instala la categoría de género como uno de los campos primarios por medio de los cuales se articula el poder, y por lo tanto un factor integrante de todas las demás relaciones. El editor de la colección de que es parte el texto de Mary Nash menciona la intención de que ésta serie contribuya a la comprensión de “cómo el género interactúa con otras fuerzas históricas para determinar el resultado de un movimiento revolucionario” (Nash, 1995, xii).

Ahora bien, es importante recordar que esta discusión teórica se teje para el análisis de las actividades guerrilleras de dos mujeres jóvenes en dos organizaciones y países distintos, una en Cuba-Bolivia y otra en México). Si como plantea James C. Scott “Las relaciones de poder son, también, relaciones de resistencia […] La subsistencia de cualquier modelo de dominación siempre es problemática” (Scott, 2000:71).

Entonces tendríamos que pensar en que tanto Tamara como Avelina, habrán resistido al ejercicio de poder como subordinadas en organizaciones eminentemente jerárquicas. A eso podríamos llamarle “Razón del poder 1”, que en este texto es aquella por la cual voluntariamente ambas se sometieron a acatar órdenes y a llevar a cabo actividades encomendadas, sin embargo pudieron existir resistencias en forma de “interpretaciones” distintas al sentido original de una orden, o incluso llegar a interpelar directamente a sus superiores sobre las órdenes dadas.

Pero, ¿qué otras razones del poder es posible ubicar, relacionadas tanto con circunstancias que les rodeaban como con ellas mismas? Entendiendo “ellas mismas” como todas sus características personales: sexo, edad, estado civil, nacionalidad, grados académicos, condición económica, contactos/redes a las que pertenecían de forma tácita o declarada.

Judith Butler afirma que:

El poder nunca es sólo una condición externa o anterior al sujeto, ni tampoco puede identificarse exclusivamente con éste. Para que puedan persistir, las condiciones del poder han de ser reiteradas: el sujeto es precisamente el lugar de esta reiteración, que nunca es una repetición meramente mecánica (2001:27).

 

A partir de esto, podría llamarse “Razón del poder 2” a aquella por la cual en ocasiones se acatan los estereotipos de género establecidos, pues hacerlo de este modo puede resolver alguna situación particular, por ejemplo: si llevando a cabo actividades a su rol genérico (esté o no de acuerdo), se garantiza algún tipo de beneficio que le otorga este rol. El primero de ellos: el reconocimiento. Un “te veo”, “sé que estás ahí”, “te reconozco”; tal como lo señala Butler: “Dentro del sometimiento el precio de la existencia es la subordinación” (2001:31-32).

Ahora bien, en atención a la perspectiva de género en la historia, Joan W. Scott resalta la utilidad del género como un modo de:

[…] decodificar el significado y de comprender las complejas conexiones entre varias formas de interacción humana. Cuando los historiadores buscan caminos por los que el concepto de género legitima y construye las relaciones sociales, desarrollan la comprensión de la naturaleza recíproca de género y sociedad, y de las formas particulares y contextualmente específicas en que la política construye el género y el género construye la política (Scott, 2000:294).

 

Sin embargo, en un trabajo posterior la misma autora advierte que al abordar historia de mujeres, no se asociará a las mujeres a ningún compartimento o grupo para su estudio, que no sean las mujeres mismas, pues de otro modo podrían perderse de vista en compartimentos de clase social o de familia (Scott, 2008:25). En ese sentido, el presente texto difiere un poco pues es precisamente en la asociación con el grupo guerrillero, mayormente constituido por hombres, que es posible complejizar sobre la posición que desempeñaron, el poder que obtuvieron a partir de ésta, y las negociaciones que entablaron en el proceso. Aún así, son Tamara y Avelina las actoras principales de este artículo.

Es necesario dedicar un espacio para comentar al menos las implicaciones de una supuesta y permanente “condición de desventaja”. Al respecto,  Arlette Farge afirma que: “Utilizar la idea de dominación afirmando que es universal y que tiene como efecto la necesaria exclusión de las mujeres de la esfera política es atenerse a una constante que no se parece en nada  a un análisis” (Farge, citada en Luna 1994:45). Este enfoque de la opresión presenta su mayor limitación al presentar a las mujeres como víctimas, tanto del patriarcado como del capitalismo, sin embargo víctimas y nada más. Lo que ocurre de ese modo, además, es la revíctimización de las mismas. Resulta prácticamente imposible puntualizar su actuación como sujetos políticamente activos desde esta perspectiva. Es necesario superar, o más bien “huir” del simplismo ahistórico: dominación/subordinación.

Problematizar sobre las relaciones que establecieron estas mujeres significaría tomar en cuenta circunstancias y características de las mismas, como si fueron desiguales, los simbolismos dentro de ellas, lo subterráneo y complejo. Incorporar no sólo la categoría hombre/mujer, el nivel académico, la condición económica, el lugar de origen, la situación jerárquica de unas y otros, y viceversa.

Por su parte Lola G. Luna menciona que cualquier investigación abordada desde la categoría de análisis de género es por fuerza una declaración política. Y por política Joan W. Scott entiende “el proceso por el cual las interacciones del poder y el conocimiento constituyen la identidad y la experiencia” (Scott, citada en Luna, 1994:45).

En este texto se retoma esta afirmación para observar las redes de valores, normas y prácticas que excluyen a las mujeres en la toma de decisiones a nivel familiar, de algunos sectores del empleo formal, de las oportunidades académicas, de su participación social y política en condiciones equitativas. Todas éstas implican una cuestión política en tanto que exponen relaciones de poder.

Ahora bien, si este tipo de relaciones se establecen a partir de la diferencia sexual, el lugar en el que es posible ubicar su reflejo es en las construcciones sociales y culturales ¿Cómo se relacionaban las mujeres con los hombres en las décadas de los 60’s y 70’s? ¿Y cómo lo hacían al interior de los grupos armados, en relaciones de camadería?

Karina Bidaseca, en su famoso ensayo “Mujeres blancas buscando salvar a las mujeres color café de los hombres color café”, resume el también famoso trabajo de Gayatri Spivak: “¿Puede hablar el subalterno?”. Ella dice que la pregunta tiene una respuesta no esperada: No. “No es posible recuperar la voz, la conciencia del subalterno, de aquellas memorias que sólo son los registros de la dominación” Y agrega: “El subalterno no puede hablar no porque sea mudo, sino porque carece de espacio de enunciación” (2011:102).

En este texto ella define voces altas y voces bajas, las cuales se escuchan en distintos ámbitos, que también podrían considerarse altos y bajos, como una sala de magistratura, o un pueblo indígena argentino. Interesan sus reflexiones en este texto, en el sentido de las voces que pueden o no escucharse en las historias de Tamara y Avelina.

 

La libertad y las decisiones propias

A los tres años de la muerte de Avelina (1972) y a los ocho de la de Tamara (1967), Natalie Zemon Davis dictaba en la Berkshire Conference on Women’s History:

Nuestra meta es entender el significado de los sexos, de los grupos de género, en el pasado histórico. Nuestra meta es descubrir el rango de los roles sexuales y el simbolismo sexual en diferentes sociedades y periodos, para descubrir el significado que tuvieron y cómo funcionaron para mantener el orden social o para promover su transformación” (Zemon, 1975, citado en Nash, 1995: xiii).[8]

 

Este evento, aunque al parecer aislado, contribuye a una idea particular: En el pasado reciente, décadas de 1960 y 1970, las mujeres avanzaban de a poco en tomar su lugar en el mundo. Y en muy pocos casos, estaban en contacto entre sí.

Como se ha mencionado a lo largo del texto. Ni Avelina ni Tamara se conocían entre sí, sin embargo ambas terminaron sus vidas en medio de refriegas armadas, en combate por lo que consideraron justo, para las cuales se habían preparado y a las cuales habían llegado luego de un proceso de varios años de participación política de izquierda.

Avelina, como estudiante de derecho, perteneció a la Sociedad Femenil “Rosa Luxemburgo”, en un intento de reconstruir lo que fue su participación en ésta, se llevaron a cabo entrevistas a dos mujeres que también formaron parte de la misma, Irma Campos Madrigal y Cristina González Tejeda.            

Aunque se entrevistó en una ocasión a Irma Campos Madrigal, luego de su muerte se llevó a cabo una entrevista a Jaime García Chávez (su novio en aquel momento, luego su esposo por cerca de 40 años) en el ánimo de encontrar más pistas que ayudaran a la comprensión de lo que implicó la Sociedad Femenil “Rosa Luxemburgo”, al respecto éste comenta que a la distancia puede concluir que Irma hacía esto más “como en una intuición”, que “como resultado de una formación teórica feminista” (García-Chávez citado en Castorena 2013:164).

La Sociedad Femenil Rosa Luxemburgo, conocida comúnmente como “Las Rosas”, estaba conformada exclusivamente por mujeres, algunas de las cuales se habían separado de otra reconocida organización de izquierda en la Escuela de Derecho: la Sociedad Ignacio Ramírez (también conocida como “Los Nachos”), conformada tanto por hombres y como por mujeres, pero en la voz de los hombres era la predominante. Al respecto Irma Campos menciona que:

Conforme pasó el tiempo en 1966 decidimos una asociación paralela de puras mujeres. Ya que en los Nachos casi no se tomaba en cuenta la situación de las mujeres y tampoco a nosotras se nos reconocía el liderazgo. Entonces formamos la sociedad Rosa Luxemburgo, según esto para lograr e impulsar la igualdad entre hombres y mujeres (Campos, 2008).

 

Cristina González Tejeda, menciona que ninguna de ellas había leído nunca a Rosa Luxemburgo, y que para la primera actividad que llevaron a cabo, usaron una imagen muy fea de la teórica marxista para los volantes de promoción, pues fue todo lo que consiguieron en ese momento (González, 2013).[9]

Entonces ¿Por qué elegir ese nombre? ¿Quién se los dio? Algunos testimonios apuntan al Lic. Ernesto Lugo, docente en la Escuela de Derecho (Castorena, 2013:154). Y por otra parte: ¿Cómo se gestó la separación de un grupo crítico, de izquierda y con una presencia afianzada en la Escuela de Derecho como la Sociedad Ignacio Ramírez? Los temas que abordó la Sociedad Femenil “Rosa Luxemburgo” en sus periódicos murales y en sus conferencias, no distan enormemente de aquellos organizados previamente con “Los Nachos”, entonces ¿por qué dejar ese grupo para hacer otro? Judith Butler afirma que “El sometimiento explota el deseo por la existencia, que siempre es conferida desde fuera; impone una vulnerabilidad primaria ante el otro como condición para alcanzar el ser” (2001:32). Para eso hicieron ese otro grupo Avelina, Irma, Cristina: Para ser. Para ser ellas las que hablaran, las que tomaran las decisiones, para escuchar sus propias voces y no las de sus compañeros.

Las circunstancias de la incorporación de Avelina con el Grupo N, a través de Diego Lucero no se encuentran muy claras, pues ambos mueren en los eventos relacionados a la expropiación guerrillera que llevaran a cabo el 15 de enero de 1972, un triple asalto bancario en la ciudad de Chihuahua. De las entrevistas realizadas tanto a la viuda de Diego Lucero Martínez, Lourdes Estrada Gallegos (Estrada 2013) y a Sergio Granados Pineda (Granados, 2013); se concluye que un primer contacto haya sido a partir de la relación que habían entablado Diego y Avelina por sus participaciones en las sociedades de alumnos la Escuela de Derecho y en la de Ingeniería, cuando Diego Lucero fue presidente de la Sociedad de alumnos de esta última. Luego esta relación se vio fortalecida por el lazo familiar que les unía, siendo Avelina prima-hermana de Lourdes (hijas de hermanas).

Para Diciembre de 1971 se sabe que Avelina participó como comandante de la célula de su estado natal, en una reunión de la dirigencia del Grupo N, en la ciudad de México. Ahí estuvo también David López Valenzuela, responsable de las células de Jalisco y Nayarit. Para entonces ya se había integrado Juan Gilberto Flores Díaz, alias Gaspar, un ex militar que se enteró de “los precarios conocimientos en el manejo de armas que tenían los guerrilleros ponían en riesgo sus vidas, y se ofreció como instructor” (Lucero, 2012: 95).

Al parecer, cuando Avelina se solicitó de los conocimientos de Gaspar solicitó su presencia para capacitar a la célula de Chihuahua. Con la información otorgada por Diego de que el comando de ese estado había planeado una triple expropiación bancaria, previa discusión entre los integrantes, la solicitud de Avelina fue aceptada.

Avelina Gallegos
Imagen 3. Avelina Gallegos
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La discusión rondón alrededor de la importancia que tenía la “plaza” de Chihuahua “puesto que ahí se adquirían todos los ‘paquetes’ que utilizaban, que enviaban a Lucio [Cabañas] y a los demás grupos” (Lucero, 2012:96). Estos paquetes eran las armas. Este Grupo N es conocido también como Los Guajiros, pues era el apodo que Lucio les tenía, pues se comportaban, según él, como guajiros.

Hay varios elementos que sugieren que la principal responsabilidad de la comandante  fue entablar los contactos para el trasiego de armas de Juárez a Chihuahua. Primero, Avelina era la única que conocía completamente ciudad Juárez, pues ahí había vivido hasta terminar sus estudios en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio. Segundo, ella era la comandante de la célula norteña, no siendo una experta en armas capaz de entrenar a su propia célula (por eso pidió el apoyo de Gaspar), debía existir otra razón tan fuerte como estratégica, para nombrarla a la comandancia. Tercero, José Luis Alonso Vargas escribe sobre un viaje que hizo a Juárez, acompañado de su esposa y algunos guerrilleros, para traer armas a Chihuahua.[10] 

La triple expropiación triunfa sólo en dos de los bancos que se habían previsto. En el banco en el que participó  Avelina se fracasa, sobre todo debido a graves errores del comando pues en la vuelta de reconocimiento no detectaron un auto que se encontraba justo frente a la sucursal bancaria, lleno de soldados. Este comando estaba compuesto por Avelina Gallegos Gallegos, José Luis Alonso Vargas, Mario Pérez e Inocencio Carrillo, alias Ramiro.[11]

Dejaron el taxi en el que se transportaban estacionado del otro lado del canal, lo que les implicó correr a pie casi 100 metros con los pasamontañas puestos y las armas en mano. Al parecer los militares los vieron, pero esperaron a que entraran al banco para atacarlos. En el ataque muere Mario Pérez, alias Óscar. Avelina alcanza a repeler a los militares disparando al comandante Enrique Espino en el muslo, con la intención no te matarlo sino de inmovilizarlo. Éste le responde el ataque con un certero tiro que le dio justo en la cabeza.

El Lic. Víctor Cepeda Guzmán era delegado de previas y lo enviaron al hospital universitario, donde se encontraba el anfiteatro, para que diera fe de las personas muertas en el asalto trucando del Banco ubicado en Canal y c. 25ª. En entrevista él menciona que:

Desde que levantaron a Avelina ya la habían reconocido, porque Avelina ya había ido a litigar por ahí, ya había hecho sus primeros escarceos en el derecho, ya había ido a previas, y no nomás a litigar, ella traía la mentalidad de… de aquella época de ayudar, entonces iba con gente, con campesinos (Cepeda, 2013).

 

Avelino había apoyado el activismo inquilinario en la capital, donde cientos de familias ocuparon terrenos y lograron la cesión de éstos. Éste tuvo como resultado la creación de la Colonia Villa. Todo este proceso estuvo liderado, entre otros, por Rubén Aguilar Gil, egresado de la Escuela de Derecho, también integrante de la Sociedad Ignacio Ramírez.

Luego del triple asalto bancario se llevó a cabo un Tribunal Popular para juzgar la actuación de la policía judicial del Estado, responsables del asesinato extrajudicial de Diego Lucero Martínez. Caso que tomó en sus manos la fracasada FEMOSPP. Víctor Cepeda Guzmán ya había sido interrogado en varias ocasiones, antes de conceder la entrevista que aquí se cita, precisamente en el contexto de la investigación de esta Fiscalía.

Al morir, Avelina llevaba consigo un papel, supuestamente fue el mismo delegado de previas el que lo recuperó y lo abrió después,[12] era una carta dirigida a Gilberto Montaño León, alias el Chicano. No se conoce la versión original de este documento, y la transcripción a la que se tuvo acceso tiene serios problemas de sintaxis. Aunque bien pudieron deberse a errores de la misma Avelina por el ánimo que haya tenido antes de escribirla (una noche antes del asalto), es poco probable, pues sus estudios de normalista y siendo alumna del quinto año de derecho, una redacción mínima debió haber sido algo ya desarrollado por ella.

A pesar de todo esto, y con la buena voluntad de que este es un escrito en efecto del puño de Avelina, hay algunos enunciados que bien merecen una observación. Al inicio ella le dice a Gil, quien fuera su novio previamente a su ingreso a la vida semiclandestina: “Te quiero, mas no puedo seguir adelante. Las fuerzas que tu amor me dan, han sufrido fuertes tormentas y me van debilitando para seguir adelante”. Una vez dentro del grupo armado, y con el plan que se tenía luego del triple asalto, Avelina pasaría a la vida completamente clandestina. En ese inter, ¿asumía como debilidad un amor que antes le daba fuerzas? ¿O debía comenzar a acatar los nuevos estereotipos de una mujer guerrillera, en los que las expresiones de amor no son permitidas, ni promovidas, ni soportadas por la vida azarosa? También cabe la posibilidad de que la carta expresara, aunque en forma desordenada, razones cariñosas de terminar para siempre una relación amorosa.

En un punto intermedio de la carta ella escribe: “Cuanto estás a mi lado la oscuridad de mi vida se ilumina y siento calor”, y termina deseándole lo “mejor en la vida”, “saca coraje con toda la fuerza y que puedas luchar en la vida” (Contreras, 2007:286-287).[13]

La tumba de Avelina se encuentra en el Panteón Dolores de Chihuahua capital, el más viejo de la ciudad. En su lápida versa: “Srit. Profa. y Lic. Avelina Gallegos G., va tu epitafio diciendo: Descansa en paz niña inquieta sin ningún remordimiento que el pueblo no te condena. Recuerdo de su mamá, tíos, primos, hna. y compañeros de la Universidad.”

El caso de Tamara se reconstruye a partir de los testimonios publicados en el texto publicado por el Instituto del Libro Cubano: Tania. La guerrillera inolvidable. Y de los testimonios ofrecidos tanto por Ángela Soto, amiga suya en Cuba, como por Ulises Estrada Lascaille, quien fuera su pareja apenas unos meses antes de abandonar La Habana hacia la misión en la que terminaría su vida. Aunque se conoce el libro publicado en 2014 por Estrada Lascaille, no se incorpora en el análisis del presente artículo.

Los padres de Tamara migraron a Argentina, perseguidos por el naciente régimen fascista alemán. Ahí nace ella, en 1937. En 1952, a la edad de 15 años, sus padres deciden volver a lo que entonces era la República Democrática Alemana (Rodríguez, 1970). Ahí, ella se enlista en el Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA), al tiempo que intercambia correspondencia con amistades argentinas. A la edad de 24 años, en 1961, decide viajar a Cuba para integrarse en las labores de construcción de la revolución de la isla. Fue notada no sólo por su capacidad de traducción sino por el ímpetu con el que llevaba a cabo las actividades que le solicitaban.

Ahora bien. Tanto en historia social como en historia de las mujeres, y como se ha  desarrollado en las últimas discusiones del feminismo poscolonial: Se parte de la idea de que su involucramiento en la labor de la guerrilla en Bolivia, luego de aproximadamente 3 años viviendo en Cuba, fue una decisión propia. Es decir, ella contaba con elementos muy importantes de la constitución de sujeto para decidir libremente por la opción guerrillera, por ejemplo, la formación, el apoyo familiar si bien no a la guerrilla pero sí a las labores en pro de la revolución cubana, la independencia económica.

Parafraseando a Farge, no es posible concluir que por el hecho de ser mujer, y ser joven, implique necesariamente una subordinación. Ahora bien, si la subordinación se da, la preparación y el proceso que vivió Tamara, sugieren que su subordinación fuera una moneda de cambio de algo más. ¿Qué podía querer una mujer joven, argentino-alemana, y socialista? En su caso en particular, se sugiere que ella fue capaz de subordinarse,  a cambio de participar en la revolución, “contribuir a la causa”, y ser parte de una transformación que ella anhelaba para toda América Latina.

Aunque Judith Butler habla de las cualidades ontológicas del ser, su señalamiento es pertinente para explicar el párrafo anterior pues, como se verá enseguida, “el ser” para Tamara, implicaba la izquierda, la revolución, fue lo que ella vivió y experimentó en su niñez a través de la formación de sus padres. Butler señala que: “Cuando las categorías sociales garantizan una existencia social reconocible y perdurable, la aceptación de estas categorías, aun si operan al servicio del sometimiento, suele ser preferible a la ausencia total de existencia social” (2001:31). Esto es lo que obtenía Tamara: una existencia como Tania, un reconocimiento como Tania.

Al respecto de la selección de Tamara para ser la responsable de llevar a cabo el trabajo de inteligencia en La Paz, Guido “Inti” Peredo menciona: “La etapa de preparación de un foco guerrillero requiere del esfuerzo de gente escogida […] se necesita una extraordinaria capacidad de autocontrol y sacrificio” (Rodríguez, 1970:13).

Lo que había identificado a Tamara en la isla, fue su ímpetu por las labores en pro de la revolución. Esto posiblemente se deba a la formación que sus padres le dieron. Su madre, Nadia Bunke, comenta sobre esto:

Nosotros hacíamos comprender a nuestros hijos, con palabras simples como para niños, que estábamos luchando por el bien de la humanidad para el bien del pueblo argentino; les explicábamos sobre la Revolución de Octubre en la Unión Soviética, les decíamos que trabajábamos por una sociedad nueva como aquélla, pero que todo era un trabajo muy difícil y peligroso (Bunke, en Rodríguez, 1970:81).

 

Durante su adolescencia Haydée Tamara es participante activa de la Juventud Libre Alemana. Recién cumplidos los 18 años, en 1955, es aceptada como candidata al Partido Socialista Unificado de Alemania.

En Febrero de 1958 ella escribe:

En la RDA fui educada y aprendí a pensar y actuar como un marxista-leninista. Por eso para mí lo más natural es luchar toda mi vida, igual en un país que en otro, y bajo cualquier circunstancia, en las filas de nuestro partido marxista-leninista. Por esa razón ingresé como candidato en el PSUA […] Mi deseo más grande es volver a mi patria, la Argentina, y ofrecer allí al Partido todas mis fuerzas. Es natural que volvería a mi patria con el consentimiento del Partido […] He pensado mucho sobre mi futuro. Muchos compañeros me han aconsejado estudiar. También yo llegué a la conclusión de que eso es indispensable, por la simple razón de que podría servir mejor a nuestra causa cuando posea más conocimientos. De mayor importancia es, en ese sentido, el estudio de las ciencias sociales (Rodríguez, 1970: 42-43).

 

Luego de su desempeño al interior del partido y de su evidente entusiasmo por regresar a América Latina a desempeñar labores afines al socialismo, ella sale de Alemania en mayo de 1961 con rumbo a La Habana, no sólo con la anuencia del Partido sino con una encomienda establecida sobre los trabajos que desarrollaría en la isla. Tamara se integra al Ministerio de Educación y colabora en labores de traducción y gestión de la cultura en la recepción y acompañamiento de grupos de ballet de la RDA por ejemplo.

Además, Tamara tuvo una participación muy activa en la Federación de Mujeres Cubanas, colaborando con el tabloide Vida Nueva, que ahí se editaba. Ella escribía sobre temas internacionales y sobre las mujeres luchadoras internacionales, como Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Nadiezhda Krupskaya, “la esposa de Lenin”. Además de esto colaboraba con un programa de Radio Rebelde dedicado a las mujeres. Según el testimonio de Ángela Soto, quien fuera su amiga durante los años que habitó en La Habana, no sólo desempeñaba sus responsabilidades en la FMC estrictamente sino que se incorporaba alegremente a todas las fiestas de esta Federación, como la del 8 de marzo, y la del 23 de Agosto, aniversario de la FMC. Sobre el tipo de relación que tenía con Tamara, Soto comenta:

Los fines de semana, Tamara me llamaba y me invitaba a ir al apartamento de Miramar. Hablábamos de todo: de la lucha, de la Revolución que nos había juntado, de la emancipación de la mujer; de la importancia que tenía estudiar, superarse para alcanzar el desarrollo de nuestra sociedad recién estrenada. Después, ambas nos seguimos viendo en la Universidad de La Habana, en la Facultad de Periodismo recién creada allí. Me parece que ella duró muy poco como estudiante, en realidad sabía mucho […] (César, 1998:29).

 

De este testimonio es posible destacar varios puntos. De inicio, la forma del discurso que construye Soto sobre Tamara sugiere una subordinación hacia ella, pues no acordaban verse para pasar un rato juntas el fin de semana, sino que Soto recibía la llamada de invitación, y era ella misma quien se trasladaba al apartamento de Tamara para verse. Además, Soto demuestra la admiración que sentía por Tamara, tanto por sus actividades en La Habana, como por todo lo que sabía antes de llegar ahí: “en realidad sabía mucho”. Por otro lado, el testimonio muestra la carga de trabajo a la que se sometía voluntariamente Tamara pues, desde un inicio, esa había sido su intención al viajar a Cuba.

El texto publicado por el Instituto de Libro Cubano dice de ella:

Tamara, íntegramente política, revolucionaria, era eminentemente mujer, su belleza natural, su toque delicado, la profundidad de sus ojos, sobresalían con el uniforme de milicias que generalmente vestía, sin maquillaje, sin retoques artificiales […] (Rodríguez, 1970:194).

 

Un gobierno revolucionario en Cuba y la guerrilla en otros puntos de América Latina, crearon un estereotipo de mujer con el que debían cumplir aquellas que se integraran; éste distaba del estereotipo de mujeres tradicional,[14] pero al parecer sólo en aquellas cuestiones que eran relacionadas por los guerrilleros y revolucionarias, con la burguesía. Sin embargo, es importante destacar que son precisamente estas cuestiones las que no implican un esfuerzo para las mujeres. Primero, la belleza de la guerrillera suponía ser natural, sin maquillaje, sin “retoques artificiales”. Aun así la belleza seguía siendo una exigencia para las mujeres. Y si bien las guerrilleras no tenían la obligación de maquillarse, pues el maquillaje se consideraba burgués, sí persistían obligaciones relacionadas a su condición de género. Con burguesía o con revolución las mujeres raramente descansan, sus agendas están saturadas de actividades, todas las cuales tienen en común que llevan un discurso implícito, sea demostrar cuán buena mujer se es, o cuán ejemplar guerrillera.

En este punto, merece especial atención el texto de Régis Debray: Revolución en la revolución. Aunque éste se publica en 1969, dos años después de la muerte de Tamara; es posible relacionarlo con ella pues fue precisamente ella quien llevó a Régis a Ñancahuazú,  para llevar a cabo una entrevista a la guerrilla que ahí nacía. Y fue debido a esto, entre otros factores, que el ejército pudo ubicar a la columna guerrillera hasta exterminarla.

Gran parte del ensayo de Debray se centra en el papel de la autodefensa, la que según él aspira a integrar a todo el mundo en la lucha armada, “a constituir una guerrilla de masas, con mujeres, niños y animales domésticos en el seno de la columna guerrillera”. El autor hace una diferencia entre la autodefensa y la guerrilla, resaltando la capacidad de esta última de “mantener y preservar su agilidad y flexibilidad”, por lo que ésta “so pena de perder la iniciativa, la velocidad en sus movimientos, su capacidad de maniobra”, no podría “convoyar a mujeres, niños y todos los materiales y animales domésticos de un pueblo a otro”. Debray abunda en esta idea, confundiéndose a sí mismo con un diccionario guerrillero, precisando que: “confundir el éxodo de los civiles en las marchas, muchas veces forzadas, de una guerrilla, es privar a ésta de toda capacidad de ataque; luego no tiene con qué defender esta misma población de la cual se hizo cargo” (Debray, 1969). Para Lucía Rayas es a esta representación construida de la mujer, a la que se debe la normalizada exclusión de la mujer de las actividades bélicas. Pero, como es evidente en este caso, no es que estaban excluidas, estaban ahí, pero invisibilizadas por todos  a su alrededor. Desvanecidas.

Ahora bien, existen  muchas interrogantes que surgen a partir de estas reflexiones del periodista francés, pero que no es posible resolver aquí, sin embargo se precisa al menos enunciarlas para tomar nota de ellas y seguir, en colectivo, repensándolas, aprehendiéndolas: Si bien los grupos guerrilleros asumieron como suya la responsabilidad de proteger a la población en éxodo por la represión del estado, este éxodo era provocado por la misma acción de la guerrilla que atraía al ejército hacia esas poblaciones. Es decir, sí era su responsabilidad proteger a la población, pero al hacerlo se asumía  a ésta en su conjunto, como un grupo subordinado, uno del “cual se hizo cargo”, que debía obedecerles. Por tanto, desestabilizaba el hecho de que el conjunto mujeres podía aparecer en ambos grupos, tanto en la guerrilla como en el de la población indefensa. A pesar de conocer a Tamara, o de haber estado casado con Elizabeth Burgos, presa en 1969 por su activismo periodístico; Debray no pudo concebir a las mujeres más allá de un grupo del cual debían hacerse cargo.

¿Era consciente esta omisión? ¿No tenía Debray las herramientas necesarias para construir una diferenciación entre mujeres? ¿Verlas en sus diferencias? Para poder decir que había algunas que requerían ser protegidas, y que podían restar “habilidad” a una columna guerrillera, y otras que estaban capacitadas para ello, que tenían la voluntad y la entereza necesarias, como Tamara en ocasión de su “subida” a Ñancahuazú.

En lo que parece es un texto de Tamara, aún en La Habana, en 1964, ella escribe:

La mujer es así, no necesita del vestido elegante, costoso, o el trabajo cuidadoso que no dañe sus manos, ha de llevar dentro de ella misma amor, ternura, pero ha de ser ante todo revolucionaria y ésta será la premisa que busque en el hombre que seleccione como esposo. (Rodríguez, 1970:94).

 

La labor revolucionaria que llevaba a cabo Tamara en la isla, con vehemencia, con dedicación, dejaba claro que ella era “ante todo revolucionaria”, es decir, era esa su prioridad. Sin embargo, no se desprende del amor y la ternura propios del estereotipo femenino. En ello puede verse lo que se había identificado previamente con “Razón del poder 2”, es decir, aquella por la cual acata, a conveniencia, los estereotipos de género establecidos.

Como se vio anteriormente en el testimonio de Ángela Soto, ella se interesa en reafirmar un discurso en el que sus pláticas con Tamara rondaban alrededor de la revolución y de la emancipación de las mujeres. Nunca mencionó algo relacionado con las relaciones personales. Sin embargo, la misma Soto menciona que cuando Tamara salió de la isla, fingiendo ir a Europa a acompañar como traductora a una delegación cubana; le regaló a ella vestidos, suéteres y zapatos de noche, pues pensaba comprar cosas nuevas en Europa ¿Entonces sí había una vida social? ¿O estas ropas eran usadas en labores revolucionarias?

Como se desprende del testimonio de  Ángela, Tamara colaboraba con la Federación de Mujeres Cubanas, y escribía en la revista de ésta, sobre las mujeres luchadoras internacionales, como Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Nadiezhda Krupskaya. Aunque es necesaria una revisión exhaustiva de sus publicaciones para poder ahondar en este punto, es posible adelantar algunas interrogantes al respecto, por ejemplo ¿Escribía Tamara de los posicionamientos políticos de estas mujeres? ¿De sus discusiones públicas? ¿De sus participaciones en debates del Partido? ¿Retoma Tamara de ellas algunas indicaciones o elementos, sobre el “ser mujer revolucionaria”? ¿Quedan expresados en sus publicaciones elementos que den cuenta de esto?

Ahora bien, su encomienda en Bolivia le implicó mentir a sus padres, escribir cartas ficticias sobre trabajos, fingir una identidad que no era la propia en un país desconocido para ella como Bolivia, lo que le implicó además llevar a cabo un trabajo  de etnóloga durante más de dos años, pues esa era su coartada.[15]

Implicó, además, suspender la relación que apenas iniciaba con Ulises Estrada Lascaille, en Cuba. Sin embargo, ella sabía que así sería, pues conoce a Ulises, precisamente en el proceso de ingreso a la misión que intentaría la revolución boliviana, pues él era un cuadro de la Dirección de Inteligencia Cubana, dirigida por el comandante Manuel Piñeyro Losada, Viceministro Primero del Interior. Esta Dirección había investigado a Tamara, y constató que sus “condiciones revolucionarias” eran “muy positivas”, tanto en su estancia en Alemania como en Cuba.

Avelina Gallegos
Imagen 4. Avelina Gallegos
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Ulises participa muchos años después en un Encuentro en la ciudad de Cuernavaca, Morelos (en 1998), en el que es presentado como “el amor cubano de Tania”. Luego de narrar el proceso de reclutamiento de Tamara en la misión hacia Bolivia menciona: “[…] escogimos al azar un nombre clave para designarla en el trabajo clandestino y le puse Tania.” Es importante tomar en cuenta que esta memoria es presentada a más de 30 años de la muerte de Tamara, y que Ulises es escuchado por las personas asistentes al Primer Encuentro Continental de Mujeres, lo que provoca que muchas de éstas fueran no sólo sensibles a la historia de Tamara/Tania, sino que la veían como una heroína que murió en combate, mientras a él le vieran como alguien que sobrevive aguardándola en una isla. De ahí probablemente el cambio de la narración que había presentado en cuarta persona y que cierra con un fuerte “le puse”. Difícilmente alguien podría contradecirle en ese momento. Esta cuestión es apenas una enunciación de algo que se ha trabajado profundamente desde la Historia Oral: los mecanismos de la memoria.[16] Aunque no sea posible responderlas todas es oportuno plantear las siguientes preguntas ¿Por qué es importante para Ulises decir que fue él mismo quien bautizó a Tamara como Tania, en un nombre clave para la guerrilla? ¿Qué implicaciones reales pudo tener esto? ¿Subordinó a Tamara frente a él para después iniciar una relación romántica, como se comentará en seguida? ¿Qué implicaciones tiene en el presente (aquel presente de 1998) para Ulises, frente a un público afín a Tamara/Tania? ¿Podría hablarse de una continuidad del poder? Es decir, ¿Si bautizar a Tamara como Tania en 1964 le dio algún poder, éste alcanzaría a llegar hasta Cuernavaca para colocarlo a él como “el poder” sobre Tania, entre quienes le recuerdan?

Ahora bien, una vez iniciada su labor encubierta en Bolivia, con el alias de Laura Gutiérrez, recibe una visita de un compañero con el alias de Mercy para continuar su preparación táctica como responsable de logística para la recepción de guerrilleros cubanos en Bolivia. Ahora se sabe que el alias Mercy correspondía al revolucionario guatemalteco Carlos Conrado de Jesús Alvarado Marín. Éste elabora un informe detallado de lo que fue su visita de entrenamiento a Cochabamba y a La Paz con Tamara, ahí Laura Gutiérrez (Rodríguez, 1970:262-290).

En este informe relata distintos desencuentros con la argentino-alemana. Por ejemplo, respecto a la relación de amistad que ella había iniciado con unos periodistas en Cochabamba, Mercy menciona:

Cuando le dije que evitara hacer más amistades cuando estuviera en el trabajo conmigo, me decía: PENSÁ QUE TENGO QUE CUBRIR MI MANTO, COMO TURISTA Y ARTISTA CERÁMICA. Ante esta situación tuve que recordarle en varias ocasiones, que si bien era necesario cubrir el manto, el trabajo que debía hacer conmigo era primero que todo (Mercy en Rodríguez, 1970:275).

 

En otro desencuentro Mercy relata cómo al final del mes de entrenamiento que tuvo con Tamara, ella desentonó con él en la estrategia que éste quiso implementar para llevar a cabo una especie de “evaluación” de lo aprendido:

Durante los últimos días hicimos un repaso general de todo lo que habíamos dado en el mes, pero cometí el error de querer hacer a Tania preguntas sueltas y se me explotó diciéndome: MIRA, ESA FORMA DE HACER PREGUNTAS ERA LO QUE ME DISGUSTABA DE LOS PROFESORES QUE TUVE EN LA HABANA, PUES PARECÍA QUE SOY ESTÚPIDA. Cuando le expliqué que era para comprobar si había asimilado todo, se me volvió a explotar, luego me dijo, arrepentida: MIRÁ, MEJOR DECIME SOBRE QUÉ COSA QUIERE QUE TE HABLE Y YO TE HABLARÉ. Opté por seguirle la corriente y así lo hicimos; a pesar de su rabieta quedé satisfecho de la forma en que había aprendido todo, pues es bueno aclarar que tiene una inteligencia prodigiosa y todo lo sabía cómo si lo tuviera grabado; al final decía: YA VISTE QUE NO SOY ESTÚPIDA (Mercy en Rodríguez, 1970: 284:285)

 

Este episodio deja al descubierto varias cosas. Primero, ya se había observado en el testimonio de Ángela Soto cómo Tamara abandona los estudios de Periodismo en La Habana pues, a consideración de Soto, Tamara sabía mucho. Es posible que no se debiera a este saber mucho que ella sale sino, como lo menciona Mercy en su informe, a sus desacuerdos con la forma en que era tratada por los maestros ahí.  

Por otro lado, se hace evidente el poder de Tamara para negociar incluso con aquellos con quienes se supone debía ser subordinada, pues aunque Mercy menciona en su informe “opté por seguirle la corriente”, como si fuera una especie de condescendencia con ella, y a pesar de calificar la defensa de Tamara de sí misma como una “rabieta”, en el mismo párrafo terminar por reconocer la “inteligencia prodigiosa” de ella.

En las conclusiones que elabora Mercy del informe vuelve a mencionar “la excelente capacidad de asimilación” de Tamara. Y agrega que hubo ocasiones en que ella no quedaba conforme con los puntos abordados, a lo que él le sugirió que lo consultara con quien fuera su próximo contacto. Respecto a las discusiones que sostuvo con ella menciona que “considero que es fruto de su afán de contradicción”, y él mismo se explica la situación emocional diciendo que ha estado mucho tiempo sola en un país capitalista con profundas contradicciones, por lo que “al estar conmigo encontró una válvula de escape para sus nervios y sus sentimientos.” Cierra sus conclusiones hablado de lo emotivo que resultó para ella recibir el mensaje que éste le llevó y que “tanto éste como los discursos del compañero Fidel […] la hacían llorar de emoción” (Rodríguez, 1970: 289-290).

 

Las huellas. Reconstrucción del border. A modo de conclusión

El feminismo poscolonial va concluyendo en los últimos años algo que ya había señalado la historia de las mujeres: la ausencia de voz de las mujeres tiene una interpretación significativa. Si bien Karina Bidaseca habla de voces altas y voces bajas (Bidaseca, 2011), en historia de las mujeres, podría decirse que “no son vistas”. Las mujeres no son nombradas porque no eran vistas, como se hizo evidente en el texto de Régis Debray.

En el caso de Tamara, ella es “vista” después de haber dado su vida. Sin embargo dicha vista tiene muchas similitudes con una estrategia de comunicación, más que con un reconocimiento. Es decir: te veo a cambio de que se me reconozca que te veo, lo que queda demostrado con una primera edición de 300,000 ejemplares del libro que el mismo estado cubano imprimió y distribuyó. Además, en el caso de Tamara, “verla públicamente”, mostrarla, implicaba darle continuidad a un proyecto revolucionario, pues reconocer a una guerrillera motivaría que más personas se integraran en el proyecto de la isla.

Al hablar de las fronteras que ellas cruzan, y por las que son cruzadas, se parte de las ideas que plantea Saskia Sassen respecto a lo que implica el over the edge (sobre el borde), es decir, esa finísima línea que divide un espacio particular de otro, un grupo de otro, una forma de ser de otra. Considero a estas mujeres como guerrilleras fronterizas,  no sólo porque Avelina  habitaba en la frontera entre México y Estados Unidos, o porque Tamara haya viajado de un país a otro en distintos momentos de su vida; sino porque ellas fluctuaron de cierta forma entre las convenciones de género. Es decir, lo que ellas debían “cumplir” como norma, por el hecho de ser mujeres, y lo que en realidad hacían. Tal como se mencionó en la “Razón del poder 1” y “2”.  

Este ir y venir tiene que ver con las transgresiones que experimentaron en sus vidas respecto a un poder establecido. Su ideología de izquierda les suponía enfrentamientos a un status quo permeado hasta el último rincón de sus sociedades. Este status quo, en el caso mexicano, dictaba que la situación económica de México era ideal, que crecían las inversiones y divisas en el país, entonces ¿por qué quejarse? Pero además había una especie de mandato en los grupos armados que dictaba, sobre todo, un ánimo de sacrificio de quienes los integraban. Había que tener disposición para morir, y ello podía ocurrir en cualquier momento. Sin embargo, había algo a cambio, como lo señala Marco Rascón en entrevista, sabían que podían morirse y esa idea tornaba más intensas sus relaciones de pareja (Rascón, 2013).

Aunque hay otros casos execrables respecto a los usos que se le dio a esta posibilidad de muerte, como el que el mismo José Luis Alonso Vargas narra en sus memorias, respecto al chantaje cometido en contra de quien luego fuera su esposa, advirtiéndole que si seguía negándose a ser su novia, entonces él se uniría a la guerrilla guatemalteca: “En ese momento toqué nuevamente el tema de nuestro noviazgo, manejándolo como lo único que me detendría” (Alonso, 2009:45).

No es posible que este artículo agote los vínculos que bien podrían crearse entre la historia oral, la historia de las mujeres y los estudios poscoloniales y el feminismo poscolonial. Sin embargo, es importante traer a colación ¿cuál es el espacio de enunciación que tienen las mujeres en la historia? ¿Quiénes y cómo las recuerdan? ¿Qué queda de lo que fue su voz, que el análisis histórico pueda utilizar?

Si, como plantea Bidaseca, “El subalterno no puede hablar no porque sea mudo, sino porque carece de espacio de enunciación” (2011:102), ¿qué podemos interpretar del hecho de que sean sobre todo hombres quienes hablan de ellas después de sus muertes?

Las traducciones consultadas de los textos de Sassen convierten el concepto de edges como fronteras, que en inglés también podría ser border. Para efectos de este trabajo, se parte de la idea de que el concepto de edge, borde, es fiel a la intención de la autora. Es decir, aquello que sigue de un borde es incierto, muchas veces desconocido en absoluto. Pero ¿quién cruza de un lugar a otro? ¿Quién cruza un borde? Y una vez cruzándolo ¿Cómo le hace para volver?

Sassen habla de un “edge of the system”, el borde del sistema, que no es el mismo que el “borde geográfico”. Tanto el borde como el centro, “son casos extremos” que ayudan a esclarecer muchas proyecciones. Por ejemplo, tanto Tamara como Avelina se encontraban al borde no sólo de un sistema capitalista y autoritario, contra el que luchaban en los grupos armados a los que se integraron; sino que estaban al borde de un sistema patriarcal, con estereotipos de género definidos. Roles que una mujer debía acatar, que un hombre debía acatar. Más allá de eso, “over the edge”, todo era desconocido. De alguna forma ellas debían “inventar” cómo relacionarse, cómo actuar. ¿Qué viejos esquemas debían traer consigo? ¿Cuáles debían abandonar en tanto revolucionarias? Este “estrés” se sumaba a los que ya tenían de por sí, debido a sus actividades de guerrilleras, de mujeres. Eso explica en parte la reacción de Tamara frente a Mercy, o el que Avelina haya buscado, tres días antes de la triple expropiación, a su ex novio, para contarle de lo nerviosa que se sentía (Lucero, 2012).

Tanto en el caso de Tamara como en el de Avelina, su propia voz es apenas reconstruible a través de cartas y notas. Las fronteras que ambas mujeres atravesaron fueron distintas. En el caso de Tamara, ella no sólo atravesó continentes para residir en Cuba y dedicar su fuerza y conocimientos a la revolución cubana, sino que atravesó culturas (de una Alemania de posguerra a una revolución cubana en ciernes), y de pertenecer a una zona urbana tan grande como Berlín de la década de los 60, a una ciudad pequeña y en reconstrucción como La Habana, luego en Cochabamba y en La Paz, en Bolivia, para finalmente morir en una zona rural como Ñancahuazú.

Tanto Tamara como Avelina tienen en común varias decisiones, características y circunstancias. Aún que guarden ángulos más cercanos en algunas y más lejanos en otras. En las primeras: ambas deciden integrarse a un grupo armado de izquierda que buscaba hacer la revolución. Avelina hacía la revolución en su propio país y comandaba el grupo a nivel estatal en Chihuahua. Por su parte Tamara no hacía la revolución en su país natal, ni en el país que  eligiera para ofrecer su empeño (Cuba), sino en el que le asignó la Dirección de Inteligencia Cubana (Bolivia).

En los dos casos ellas habían iniciado su trayectoria política años antes, y tenían una postura clara y pública al respecto. Tamara era parte del Partido Socialista Unificado de Alemania, mientras que Avelina era abogada defensora de los integrantes del movimiento inquilinario de Chihuahua capital.

 

Notas:

[1] Nithia Castorena-Sáenz es maestra en historia por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Ha llevado a cabo estudios de especialización en el Programa Regional de Género y Políticas Públicas de FLACSO. Además, se ha formado en género, derechos humanos, ciudadanía, epistemología e investigación feminista en distintos espacios académicos como la UNAM y la UACJ, y de las ONG’s, como el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, el Centro de Atención a la Mujer Trabajadora, la Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez  y Alianza Sierra Madre. Ha participado en múltiples congresos de investigación académica. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] En este texto se utiliza la versión en inglés: “Defying male civilization: Women in the spanish civil war”, publicada por Arden Press en Denver, como se puede ver en las referencias.

[3] La imagen aparece en la página 105 del libro Nash, y en ella menciona que se a reimpreso gracias al permiso del Centre d´Estudis Histórics Internacionals de la Universidad de Barcelona.

[4] Sobre esto, Joan W. Scott retoma a Virgina Woolf cuando escribe que: “¿puede un enfoque centrado en las mujeres ‘añadir un suplemento a la historia’ sin por ello ‘reescribir la historia’?” en “La historia de las mujeres” (Scott, 2008:36).

[5]James C. Scott menciona que “En el caso de las mujeres, las relaciones de subordinación han sido generalmente más personales y más íntimas. Debido a la procreación y la vida familiar, imaginar una existencia completamente separada del grupo subordinado requiere un paso mucho más radical que el de los siervos y los esclavos” (2000:47).

[6] En el original: “Were women involved in revolutionary activism and antifascist resistance on their own terms? Or were they politicized but channelled into supportive roles that did not challenge prevailing forms of gender subordination?” (p. 1) Traducido por Nithia Castorena-Sáenz.

[8] En el original: “Our goal is to understand the significance of the sexes, of gender groups, in the historical past. Our goal is to discover the range in sex role and sexual symbolism in different societies and periods, to find out what meaning they had and how they functioned to maintain the social order or to promote its change.” (Zemon, 1975, citado en Nash, 1995, xiii). Traducido por Nithia Castorena-Sáenz

[9] “Se sabe que el nombre fue propuesto por Irma Campos, y tanto Cristina González Tejeda, como Jaime García Chávez y Cecilia Wong Ordoñez coinciden en que el Lic. Ernesto Lugo fue una influencia importante para los grupos de izquierda en la Escuela de Derecho, e incluso García Chávez propone que tal vez él le haya propuesto el nombre a Irma, sabiendo que se buscaba el nombre de una mujer, para la formación del grupo, que hubiera sido destacada en la política de izquierda” (Castorena, 2013:163).

[10] No se profundiza sobre José Luis Alonso Vargas, ni sobre su libro de Memorias, pues hay demasiadas aristas que abordar en un texto de más de 300 páginas en el que da cuenta de su vida desde su nacimiento. Es completamente un discurso elaborado del cual es difícil triangular información, pues se concentra en dar cuenta de sus relaciones personales con múltiples mujeres, maestras, activistas, guerrilleras; y es potencialmente probable que lo haya hecho sin autorización de éstas. Un breve ejemplo da cuenta de esto: El 8 de Febrero de 1969 le escribe a su esposa embarazada. Termina la carta diciéndole “Recuerda que te quiero mucho y te soy fiel” (Alonso, 2009:69). A los seis días, escribe un acróstico a una estudiante normalista de la Juventud Comunista de Ensenada. Sobre esto, el mismo Alonso menciona que era “propio del día de San Valentín” (2009:70). El 15 de marzo del mismo año, nace su primera hija. Apenas escribe un párrafo de esto, inserta algunas imágenes, y enseguida vuelve a hablar de la misma chica de la JC, de cómo era “codiciada” por muchos hombres comunistas, docentes, de la JC, y cómo él logró intimar de algún modo con ella. Este hombre se expresa de las mujeres como si fueran cosas, y Avelina no fue la excepción. Su relación con ella, también le mereció un poema post mortem, y en su texto hace públicos una serie de detalles verdaderamente innecesarios sobre ella, que no contribuyen en absoluto a la comprensión histórica sino a exponer la capacidad soez de Alonso Vargas.

[11] Una narración detallada y completa de esto se puede encontrar en el libro de Diego Lucero Estrada aquí citado, páginas 117 a 129.

[12] Al menos así es contado, en forma novelada, en el libro de Javier H. Contreras, Los informantes. Documentos confidenciales de la guerrilla en Chihuahua, 2ª edición, Chihuahua: Textos Universitarios, Universidad Autónoma de Chihuahua

[13] Tanto el texto citado aquí, como otros artículos del mismo Javier H. Contreras se encuentran llenos de imprecisiones. Por ejemplo, en un artículo publicado en enero del 2014, éste afirma que hay un oficio de inhumación por medio del cual su madre pudo exhumar el cadáver de su hija (el 16 de enero) y llevarlo consigo a Juárez (http://www.oem.com.mx/elheraldodechihuahua/notas/n3257196.htm) Sin embargo, la tumba de Avelina se encuentra hasta hoy en el panteón de Dolores de Chihuahua Capital.

[14] Por ejemplo el difundido por las falanges españolas en la “Guía de la buena esposa”, de 1953 y que aún seguía vigente en la época. Para más información puede consultarse: http://www.elpais.com.uy/vida-actual/rescatan-guia-buena-esposa-libro.html

[15] En La Paz, una vez ubicados los efectos que cargaba consigo Tamara al momento de su muerte, es posible apreciar que ella había llegado a Ñancahuazú aún con lo necesario para mantener su coartada de etnóloga:  “se encontraron libretas de anotaciones con nombres y direcciones, presupuestos de víveres, listas de piezas musicales, especialmente sambas del norte argentino, una cinta magnetofónica con música oriental de Bolivia, algunas prendas de vestir y un plato de aluminio perforado por proyectil.” (Rodríguez, 1970:338)

[16] Autorxs como Pablo Pozzi, Jorge Aceves, Graciela de Garay, Gerardo Necoechea, Patricia Pensado, Alicia de los Ríos, Magdalena Pérez Alfaro, entre otrxs; han planteado distintos abordajes de la oralidad y la memoria, de la implicación de los silencios en el pasado; los olvidos, voluntarios o no.

 

Bibliografía:

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Fuentes primarias:

  • Entrevista a Cristina González Tejeda realizada por Nithia Castorena Sáenz el 3 de Mayo del 2013 en Chihuahua, Chihuahua
  • Entrevista realizada a Jaime García Chávez por Nithia Castorena Sáenz, el 7 de Abril del 2013, Chihuahua, Chihuahua.
  • Entrevista realizada a Irma Campos Madrigal por Nithia Castorena Sáenz, 14 de Octubre del 2008, Chihuahua, Chihuahua.
  • Entrevista realizada a Lourdes Estrada Gallegos por Nithia Castorena Sáenz, 12 de Enero del 2012 en Chihuahua, Chihuahua.
  • Entrevista a Marco Rascón Córdoba realizada por Nithia Castorena Sáenz el 11de Enero del 2013 en Chihuahua, Chihuahua.
  • Entrevista a Sergio Granados Pineda realizada por Nithia Castorena Sáenz el 2 de Abril del 2013, Chihuahua, Chihuahua.
  • Entrevista a Víctor Cepeda Rascón realizada por Nithia Castorena Sáenz 6 de Abril del 2013, Chihuahua, Chihuahua.

 

Cómo citar este artículo:

CASTORENA-SÁENZ, Nithia, (2016) “Entre La Habana y Juárez, historias de dos guerrilleras fronterizas: Haydée Tamara Bunke Bider y Avelina Gallegos Gallegos”, Pacarina del Sur [En línea], año 7, núm. 28, julio-septiembre, 2016. Dossier 18: Herencias y exigencias. Usos de la memoria en los proyectos políticos de América Latina y el Caribe (1959-2010). ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 26 de Abril de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1332&catid=58&Itemid=324

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