Pacarina del Sur
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 La política colectiva de organizaciones indígenas. El pueblo de Tastil en perspectiva histórica. Luchas por su reconocimiento. Salta-argentina

 The collective policy of indigenous organizations. The town of Tastil in historical perspective. You fight for its recognition. Salta-Argentina

 A política coletiva das organizações indígenas. A cidade de Tastil em perspectiva histórica. Você luta por seu reconhecimento. Salta - Argentina

Rosana Jimena Flores

Universidad Nacional de Salta, Argentina

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Elisa Sulca

Universidad Nacional de Salta, Argentina

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Recibido: 15-01-2020
Aceptado: 30-03-2020

 

 

Introducción

En las últimas décadas, la polémica sobre los descendientes de los pueblos originarios que viven en el territorio argentino creció y se hicieron visibles en los reclamos de esos mismos pueblos tanto por reivindicaciones concretas inmediatas como por el respeto a sus costumbres, lenguas, creencias y prácticas sociales. Los reclamos de estos pueblos, respaldados por algunos sectores progresistas, crecieron en un contexto sin duda favorable. En el ámbito nacional, la apertura democrática iniciada en 1984 hizo viables esos reclamos que tuvieron alcance jurídico cuando algunas reivindicaciones fueron incluidas en la Constitución Nacional con la reforma de 1994. Y, si bien los logros concretos fueron parciales, la visibilidad que alcanzaron esos movimientos derribó uno de los mitos fundacionales de la Nación, el de la Argentina europea y blanca.

Pero más allá de las reivindicaciones puntuales, de los discursos encendidos o de la virulencia de las declaraciones lo que en el fondo se discute es el lugar que los pueblos originarios deben ocupar en el contexto de la sociedad nacional global argentina. Esto va más allá de la extensión de determinados derechos civiles, económicos, sociales o políticos pues cuestiona el carácter mismo de la sociedad nacional, pensada por sus fundadores en el siglo XIX en consonancia con las ideas imperantes en la época como una sociedad homogénea desde el punto de vista cultural, lingüístico y racial.

En esta polémica poco han dicho los historiadores, el estudio de las sociedades originarias no fue, ni es todavía, un terreno que, en general, interese a los historiadores. Por cierto, en los últimos años algunos investigadores se han acercado al tema, especialmente jóvenes, y la producción historiográfica, virtualmente inexistente un cuarto de siglo atrás es hoy importante. Pero la temática sigue siendo ajena al grueso de los historiadores, que frecuentemente sólo se ocupan de ella de modo tangencial o, simplemente, la ignoran (Mandrini, 2007).

Sin embargo, en los últimos años el trabajo interdisciplinar ha posibilitado una renovación historiográfica de las sociedades originarias en el territorio argentino. Sin lugar a duda, el primer paso para esta renovación fue la superación de aquel precepto que separaba los campos de la antropología y la historia. Ubicados en una concepción diferente de nuestra disciplina, algunos historiadores comenzamos a considerar a las sociedades originarias como un campo de estudio legítimo que nunca debimos abandonar. Al mismo tiempo, nuestro interés se abrió a una interpretación totalizadora del pasado de esas sociedades que superara la visión atomizada heredada de positivismo (y reivindicada recientemente por las corrientes neopositivistas). Así, nos acercamos a la antropología buscando conceptos e instrumentos teóricos que nos facilitaran la aproximación a nuestro campo de estudio, reivindicamos el valor de otras fuentes, como la tradición oral, la información arqueológica y los datos etnográficos, y avanzamos en una relectura de las fuentes escritas tradicionales.[1] Este avance posibilitó analizar el territorio argentino y en especial el denominado noroeste.

En este contexto es que los pueblos originarios en la provincia de Salta no sólo empezaron con su lucha de reconocimiento identitario sino también de legitimarse en la historia para este reconocimiento. En este sentido nuestra unidad de observación se enfoca en el Pueblo de Tastil.

El sitio arqueológico de Tastil es uno de los más grandes de la provincia de Salta
Imagen 1. El sitio arqueológico de Tastil es uno de los más grandes de la provincia de Salta.
Posee una morfología radio concéntrica con calles sobre elevadas a través de las cuales se acceden a patios y a las unidades habitacionales hechas con piedras superpuestas en forma irregular.
Foto de Rosana Jimena Flores, 2018.

 

El Pueblo de Tastil en el proceso histórico

La Quebrada del Toro, se percibe como un espacio complejo, compartido por diversos grupos étnicos cuya naturaleza, afinidad y filiación aún están lejos de ser comprendidas desde cualquiera de las disciplinas del pasado. En este marco, lo más productivo para lograr avanzar en la discusión sería centrarse en el estudio de espacios acotados a partir de la arqueología o de determinados grupos étnicos, si la aproximación es etnohistórica. Sin embargo, sólo se logrará una visión ajustada a la realidad pretérita a través de una perspectiva que conjugue la información proveniente de las diferentes fuentes disciplinares. En la región andina la presencia de un grupo en determinada zona no siempre implica la existencia de territorios compactos con límites netos, atendiendo al frecuente registro arqueológico y etnohistórico, de etnias y comunidades con territorios de tipo archipiélago, multiétnicos o interdigitados (Murra, 1972; Aldenderfer & Stanish, 1993; Conrad, 1993). A partir de fuentes etnohistóricas, Martínez (1992) plantea la existencia de una “territorialidad interdigitada” entre los diferentes grupos que habitaron la puna árida y quebradas en los últimos siglos previos a la llegada de los europeos. Desde lo arqueológico, en cambio, se distingue la presencia de sociedades con diferentes tradiciones culturales cuyos territorios están, en general, claramente marcados por una distribución discreta de determinados patrones de asentamiento, técnicas de construcción, elementos muebles, funebria y otros (Albeck & Ruiz, 2003). Por esta razón y para el Periodo Tardío Desarrollos Regionales (siglos X al XV), se puede plantear la existencia de territorios nucleares con la presencia mayoritaria de un grupo étnico que concentraría allí sus principales asentamientos y áreas productivas. En este contexto se puede hablar de una cultura Tastil.

Provincia de Salta, Departamento de Rosario de Lerma
Imagen 2. Provincia de Salta, Departamento de Rosario de Lerma. http://www.colarqsalta.org.ar

 

El Pueblo Tastil como organización política

Actualmente el Pueblo Indígena Tastil se ubica en la Quebrada del Toro, forman parte de este Pueblo las localidades rurales de Potrero de Uriburu, Palomar, Cruce, Cerro Negro de Tejada, Las Mesadas, El Mollar, El Gólgota, Gobernador Solá, Santa Rosa de Tastil, las Cuevas, El Manzano, El Rosal, Pascha, Potrero de Chañi, Cerro Negro de Tirao y San Bernardo de las Zorras.

Su nombre, proviene de una de las sociedades prehispánica que habitaba la zona en el siglo XVI y se corresponde con el de los pobladores del Período Tardío Desarrollos Regionales (1000 a 1430/80) mencionados en diversos documentos contemporáneos con la invasión hispana del territorio (primera mitad del siglo XVI).

Los vestigios arqueológicos[2] indicarían que antes de la llegada de los europeos la región se caracteriza como un “[…] centro de organización, intercambio y distribución de los productos que se elaboraban regionalmente, así como de aquellos otros provenientes de zonas alejadas como podría ser el litoral pacífico, que no pertenecía a su área de influencia directa. […] centralizó las expectativas de la región y quizás ejerció su poder político”.  Así, se destaca que Tastil basaba su economía en la explotación agrícola con una gran variedad productos, tales como maíz, papa, quínoa, porotos, y calabazas. Además, se distinguieron para ese mismo período actividad ganadera y minera. En este contexto, estaba frente a un tipo de economía en expansión, a la que incorporó productos propios y los obtenidos de centros cercanos como la Puna que proveía materias primas: lana, carne y sal, los valles templados del sur (Valle de Lerma y Valles Calchaquíes) proveía madera, poroto, y aves.


Imagen 3. Véase: (Vitry, Soria, Pitzzú, Esparrica, & López, 2007).

 

El pueblo Tastil en la colonia

La definición de los Tastil como una etnia autónoma, propia de la quebrada del Toro fue postulada por Cigliano. Este investigador también delineó a grandes rasgos el territorio potencial de este grupo a partir de la información arqueológica y etnohistórica (Cigliano, 1973). En la documentación de los siglos XVI y XVII, los Tastil aparecen con frecuencia vinculados a distintos grupos étnicos y, a juzgar por las evidencias arqueológicas, existía una gran afinidad entre ambos grupos. Sin embargo, su filiación étnica ha sido discutida en las últimas décadas porque no han podido ser incluidos, en forma categórica, en ninguna de las grandes unidades sociales con las cuales limitaban: atacameños, calchaquíes y diaguitas.

La historia de los Tastil después de la llegada de los españoles es conocida de manera incompleta por la falta de trabajos etnohistóricos e históricos específicos. Se desconoce en gran medida los procesos ocurridos durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII. La documentación conocida se remonta a la segunda mitad del siglo XVII. En este contexto, los trabajos de la Guerra Calchaquí y la ocupación definitiva de esos Valles los analizan tangencialmente.

En algunos de los registros coloniales de población (padrones y censos), que comprenden una serie que se inicia a mediados del siglo XVII y culmina a principios del XIX, se destacan los lugares de residencia de los tributarios y encomendados. La secuencia en que se nombran las localidades y su proximidad geográfica están permitiendo asignar determinadas localidades a los Tastil y de esta manera esbozar el territorio de estos grupos durante la colonia

En síntesis, podemos decir que la ocupación espacial se remonta a tiempos muy remotos en la Quebrada del Toro, área de conexión importante entre las tierras altas y el valle, surcada desde el siglo XIV por el camino del inca y que aún conserva gran riqueza arqueológica. Las comunidades que la habitaban sufrieron todo tipo de explotaciones y una fuerte dominación cultural, hasta perder su lengua e identidad étnica que lentamente van recuperando. A comienzos del siglo XX, luego de la gran obra de construcción del tren que unía Antofagasta con Buenos Aires, se levantaron iglesias, escuelas y centros de salud en las estaciones, las cuales concentraron más gente y cambiaron los antiguos asentamientos, el tránsito y los modos de intercambio. El cierre del ferrocarril significó el desmantelamiento de una forma de vida y de economía regional, expulsando a muchas familias con el concomitante cierre de escuelas y de otros servicios públicos. En consecuencia, aumentó el tránsito de camiones y la presencia de otras instituciones del Estado, como gendarmería y aduana. Por otra parte, desde las últimas décadas del siglo XX, se incrementó el turismo por carreteras y a través del conocido “Tren a las nubes”, lo que volvió a estimular la elaboración de artesanías, principalmente el hilado y tejidos de mantas, ponchos y ropa con lana de llama y oveja, entre otras elaboraciones con cerámica, cuero y madera de cardón. En la mayoría de los casos los pobladores no disponen de títulos de propiedad sobre la tierra que habitan y trabajan, los que devienen de mercedes reales y fueron vendidos y revendidos como grandes latifundios casi improductivos. La falta de titularización de las tierras que habitan campesinos y pastores, es un problema acuciante, cuando hay un nuevo impulso para los productos agrícola-pastoriles campesinos andinos y el turismo.

La Quebrada del Toro
Imagen 4. La Quebrada del Toro (Salta), se caracteriza por incluir diversos pueblos, parajes y yacimientos arqueológicos muy particulares; en los 59 kilómetros de esta Quebrada el Río Blanco bordea el camino, cruzándolo varias veces por debajo de vados, y por ello en época de lluvias transitar este camino es muy dificultoso. Foto de Rosana Jimena Flores, 2018.

 

El Territorio Tastil en discusión

Hacia finales del siglo XX y principio del siglo XXI ha comenzado a emerger la conciencia de un país habitado por la diversidad cultural. En este marco, el Estado argentino reconoció la existencia de los diferentes pueblos indígenas y el acceso a derechos fundamentales a través de marcos legales tales como Reforma Constitucional (1994), el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) (2000), la Ley de Educación Nacional N°26.206 (2006) y la ley N°26.160 de emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que ocupan los pueblos indígenas del país (2007). Estas normativas apelan, entre otras cuestiones, a la garantía de los derechos (lenguas, educación, identidad, sistema de valores, reconocimiento, acceso a la tierra) y al respeto a las culturas indígenas.

En cumplimiento a estos marcos legales, en el año 2001 el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos), mediante el Censo Nacional de Población de Hogares y Viviendas releva la cantidad de población indígena y la pertenencia a los distintos pueblos. El INDEC escudriñó la presencia de más de 30[3] pueblos en el país (además de las categorías: “Otros pueblos” y “Pueblos no especificados”).

Los principales resultados estimaron una población de 600.329 personas que se reconocían pertenecientes o descendientes en primera generación de pueblos indígenas, sin embargo, los nuevos datos estadísticos relevados mediante el Censo Nacional de Población de Hogares y Viviendas 2010, posibilitó actualizar dicha cifra, ascendiendo la misma a una población de 955.032 personas autoreconocidas como indígenas en todo el territorio nacional.

En la región noroeste del país, constituida por las provincias de Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, Santiago del Estero y Tucumán, 173.436 personas se autorreconocen indígenas, esto es 3,5% de la población total de la región, y es superior al promedio nacional (2,4%).  (INDEC, 2015).

En Salta, 79.204 personas se autoreconocen indígenas, sobre el total de 1.214.441 habitantes. Esto es el 6,5% sobre el total de la población.

El INDEC no registra, en el último censo, la existencia de todos los pueblos indígenas autorreconocidos que habitan la provincia de Salta. El censo relevó en la provincia ocho pueblos, mientras que el Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios (ENOTPO) registró un total de quince pueblos indígenas: Wichí, Kolla, Guaraní, Ava Guaraní, Diaguita-Calchaquí, Toba, Chané, Chorote, Tastil, Lule, Q`om, Tapiete, Iogys, Weenhayek y Chulupí.

El Pueblo Tastil fue identificado dentro del Pueblo Kolla dada las características similares del territorio, de algunas pautas culturales y económicas que hacen a su identidad. Los pobladores de este territorio han sido enmarcados dentro lo que se denominó la “cultura andina”[4] del pueblo Kolla.

En este marco los logros en relación al pleno reconocimiento de los pueblos indígenas deben ser matizados:

algunas diferencias continúan invisibilizadas, otras sometidas a fuertes proceso de discriminación, otras son celebradas de modo superficial, es decir, en argentina se asume la existencia de una vasta heterogeneidad sociocultural que está, al mismo tiempo, escasamente visibilizada o fuertemente invisibilizada (Grimson & Karasik, 2017, pág. 24).

 

Hacia finales de la década del 90, caracterizada por la redefinición del papel del Estado que deja de lado las responsabilidades sociales, la organización de los pueblos indígenas se ve perjudicados y las luchas avanzaron de manera lenta y sin respaldo político.

Protestas frente a la Legislatura Provincial, ciudad de Salta
Imagen 5. Protestas frente a la Legislatura Provincial, ciudad de Salta, de referentes del pueblo Tastil que afirman que están sufriendo los embates de usurpación de tierra de la empresa de capitales extranjeros Foxter. http://contapuesalta.com.ar

En este contexto, surge una serie de programas y proyectos buscado paliar las problemáticas de los sectores más vulnerables, entre los que surgen los programas sociales en educación, salud y agroganadería a cargo del Poder Ejecutivo Nacional. Posteriormente, bajo la lógica de transferencia y descentralización de las instituciones del Estado, estos programas pasan a ser dirigidos por los respectivos ministerios; de Salud, Educación y economía de cada provincia, que ante la falta de presupuesto económico desparecen paulatinamente el Programa Social de Salud y de Educación, quedando vigente el Programa Social Agropecuario (P.S.A).

El P.S.A llega a las comunidades autor reconocidas del pueblo Tastil hacia principios del año 2002, el objetivo principal fue impulsar la producción agrícola de la zona que implicó la redacción de un proyecto para obtener los medios de producción. La implementación del programa requirió de la organización de reuniones periódicas a los fines de consensuar sobre las necesidades de las comunidades.

Dichas reuniones posibilitaron, a su vez, reunir y organizar a las distintas comunidades y poner de manifiesto las problemáticas sobre la posesión de la tierra, la afirmación de los derechos, la revalorización de las culturas y el reconocimiento de su pertenencia al pueblo Tastil.

En el interior de cada comunidad se empezaron a organizar reuniones en las que se discutía la “liberación” del patrón o dueño de las fincas que hasta entonces habitaban en calidad de arrendatarios o inquilinos, las consultas a abogados sobre los títulos de propiedad de los arrendatarios, la antigüedad de las familias en las comunidades (Temas discutidos en la reunión de la comunidad de las Cuevas, 2010).

Los temas planteados en el interior de cada localidad se discutían luego en una reunión general con integrantes de distintas comunidades de la Quebrada del Toro. Tales reuniones dieron lugar, en el año 2007, a la conformación del Consejo Indígena del Pueblo de Tastil (C.P.T).

En el año 2008 el CPT es reconocido por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y adquiere personería jurídica. Sin embargo, el Instituto Provincial Indígena de Salta (IPPIS) no lo reconoce, entre otros pueblos a Tastil, hasta la fecha. El no reconocimiento dentro de esta entidad trae como consecuencia el no acceso a políticas provinciales.

Otras de las problemáticas sobresalientes que persisten las comunidades del Pueblo Tastil es la propiedad de la tierra que habitan. Al no poseer títulos de propiedad las localidades sufren intentos de desalojo y expropiación de los recursos que poseen.

El despojo y expropiación material es percibida como un proceso de pérdida de la identidad, de prácticas culturales, rituales, de supervivencia que implica la tenencia de la tierra.

Para los pueblos, la noción de tierra excede a la superficie que constituye, es la flora, fauna, ríos, lagos, montañas, cultura, “ha sido y es indispensable para la vida, para la preservación biológica, social y cultural” (Buliubasich, 2013, pág. 62), el territorio incluye una pluralidad de significados materiales y simbólicos. Constituye una de las dimensiones identitarias más importantes de lo indígena.

Vilca, un nativo del Pueblo Tastil, expresa la noción de territorio de la siguiente manera:

Para los habitantes de la comunidad, y para todo habitante del Pueblo Tastil el territorio tiene un gran significado. Territorio=Pacha=Mama (…) es hermandad cósmica, equilibrio del espacio y del tiempo “esto es territorio” (…) entre la pacha y pueblo existe una vinculo inseparable porque en ella depositamos nuestra razón de existencia (…) en ella producimos nuestra supervivencia, en ella está nuestro sustento, físico como espiritual (Pastrana, 2012, pág. 91).

 

La desposesión de las tierras se fundamentada en el progreso y el desarrollo que desde una visión occidental implica “un proceso de cambio social que parte de la tradición y conduce a la modernidad, en términos de un modelo de ‘antes y después’”, es entendido como avance, mejoramiento y perfeccionamiento del conocimiento, lo espiritual y lo material de la humanidad, el desarrollo y progreso es lineal (Castillo Aguirre, 2015). La expropiación y explotación de la tierra para el cultivo de la soja transgénica en el chaco salteño, por ejemplo, es una de las muestras más claras de desvalorización de formas de producción, consideradas tradicionales y atrasadas.

Ceremonia de la Pachamama por integrantes de la Comunidad Las Cuevas, Pueblo Tastil
Imagen 6. Ceremonia de la Pachamama por integrantes de la Comunidad Las Cuevas, Pueblo Tastil. Foto de Elisa Sulca, 2018.

Los procesos de reorganización de los pueblos llevan como bandera de lucha el reclamo de las tierras arrebatadas históricamente. La insistente demanda por acceder a la propiedad de las mismas logró en argentina, en el año 2006, la sanación de la Ley Nº 26.160, cuyo objetivo principal fue declarar “la emergencia en materia de posesión y propiedad comunitaria indígena por el término de cuatro años, suspender los desalojos y disponer la realización de un relevamiento técnico -jurídico- catastral de las tierras ocupadas por tales poblaciones” (Ley de la Nación Nº 26.160, art. 1-3).

Sin embargo, el incumplimiento de la Ley durante los cuatro años establecidos obligó a ejecutar nuevas prorrogas en el año 2009, luego en el 2013 y la última se realizó en el año 2017.

Asimismo, los informes de las dos primeras etapas, correspondientes al año 2009 y 2013, llevado adelante por Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA), muestran un balance negativo en torno a la ejecución de la ley a nivel país, respecto a la prevención de desalojos y de relevamiento territorial. Los informes muestran que de 1.578 comunidades que habitan las diferentes provincias argentinas, sólo 197 fueron relevadas, esto es el 12,48% del total.

En la provincia de Salta se relevaron sólo 10 comunidades de 383, lo que equivale al 2,61% del total de las comunidades (ENDEPA, 2011).

El incumplimiento de la ley y sus respectivas prorrogas trajo aparejado una serie de consecuencias. Los pueblos indígenas de la provincia de Salta han enfrentado reiterados intentos de desalojos y expropiación de sus ganados (ovejas y vacas) pese a la vigencia de la ley (ENDEPA, 2011).

El pueblo Tastil no es ajeno a lo que sucede en el contexto nacional y provincial ya que la tenencia de la tierra de los pobladores de dicha comunidad presenta una situación crítica. El 97% de los productores no son dueños de la tierra. Solo existen dos propietarios, 47 arrendatarios típicos, 30 arrendatarios con dependencia laboral y 30 ocupantes que gestionaban títulos de propiedad sobre la base de posesión veinteñal (Zapater, 2002 en Barbarán & Arias, 2013). Situación que desembocó en reiterados intentos de desalojo a través de amedrentamientos y agresiones físicas por parte de una firma privada Foxter S.A. (Pastrana, 2012).

Estas formas de expropiación de las tierras dan cuenta del racismo de las prácticas, ya que se “se justifican a través de distintos argumentos que aluden a su condición “arcaica” de vivir, de cultivar, de usar el suelo (Álvarez Leguizamón, 2017, pág. 311).

Construcción de la apacheta luego de la ceremonia a la Pachamama por integrantes de la comunidad Las Cuevas, Pueblo Tastil
Imagen 7. Construcción de la apacheta luego de la ceremonia a la Pachamama por integrantes de la comunidad Las Cuevas, Pueblo Tastil. Foto de Elisa Sulca, 2018.

 

Consideraciones finales

Asistimos a un consenso generalizado acerca de la valoración de las poblaciones indígenas y su participación en las decisiones políticas, lo cual es visible en los distintos marcos legales. Este tránsito que implicó el paso de una invisibilidad histórica a una visibilidad persistente tuvo lugar en un marco de acciones concretas por parte de los Pueblos, por ejemplo, las manifestaciones, las asambleas entre los distintos pueblos, entre otras, que se manifestaron con fuerza creciente “generando, simultáneamente, una transformación radical en las relaciones sociales, políticas y culturales, así como un impacto en las jurisprudencias provinciales y nacionales, las cuales tuvieron que empezar a dar cuenta de los reclamos de los pueblos indígena, llenando el vacío legal de hasta entonces” (Acuto & Manzanalli, 2014, pág. 1). Estos movimientos suponen, además de la lucha concreta por el territorio, una lucha simbólica por redefinir la identidad negada.

Sin embargo, subyace en los discursos y prácticas representaciones negativas acerca de los indígenas y sus modos de vida, entre los que se encuentran la desposesión y la expropiación de la tierra, la violencia simbólica y la burocracia que implica el reconocimiento de los pueblos indígenas por parte del Estado, reconocimiento que permitiría el acceso a derechos fundamentales. En este sentido, Elías sostiene que más allá de que un Estado (2003) otorgue, legalmente, igualdad de condiciones entre grupos, existe una inflexibilidad emocional de los que dominan a partir del sentimiento de su virtud humana superior, lo que lleva a rechazar la igualdad respecto de la condición humana y el acceso de los derechos de los grupos con menor poder.

Tal cuestión es evidente entre las poblaciones indígenas y la sociedad en general, ya que el reconocimiento y el acceso a algunos derechos otorgados a los pueblos no es suficiente para aceptar a los indígenas como ciudadanos con derechos y obligaciones.

 

Notas:

[1] Sobre trabajos arqueológicos con interés para los historiadores interesados en el tema, véase, entre otros, Biset, Ana María y Gladys Varela, El sitio arqueológico de Caepe Malal. Una contribución para el conocimiento de las sociedades indígenas del noroeste neuquino (Cuadernos de Investigación: Arqueología y etnohistoria de la Patagonia septentrional. María T. Boschín (coord..), Tandil, IEHS/UNCPBA, 1991, págs. 18-35); Ferrer, Eduardo A. y Victoria Pedrotta, Los corrales de piedra. Comercio y asentamientos aborígenes en las sierras de Tandil, Azul y Olavarría Tandil, Ediciones Crecer, 2006; Hajduk, Adán y Ana M. Biset, Principales características del sitio arqueológico ‘Caepe Malal I’ valle del río Curi Leuvú departamento de Chos Malal (provincia de Neuquén). Informe preliminar, en Cuadernos de Investigación: Arqueología y etnohistoria de la Patagonia septentrional. María T. Boschín, coordinadora. Tandil, IEH-S/UNCPBA, 1991: 6-17).

[2] Las Ruinas de Tastil A 2.500 m de la pequeña población se encuentran las ruinas de los que fuera la comunidad de Tastil, un pequeño y antiguo poblado pre-incaico que existió en el lugar entre los siglos XIV y XV. Este poblado desaparecido está ubicado en un predio de 12 ha y cuenta con 1.160 recintos de piedra, calzadas sobreelevadas, plazas y arquitectura funeraria. Se presume que, en su momento de prosperidad, a fines del siglo XV, la población de Tastil superaba los 2.000 habitantes. En diciembre de 1997 este poblado fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Decreto 114/97.

[3] Según el INDEC se relevaron los siguientes pueblos autoreconocidos.: Atacama, Ava Guaraní, Aymara, Chané, Charrúa, Chorote, Kolla, Guaraní, Omaguaca, Mocoví, Chulupí, Comechingón, Diaguita/Diaguita Calchaquí, Huarpe, Mbya Guaraní, Lule, Ona, Pampa, Mapuche, Quechua, Sanavirón, Tapieté, Tehuelche, Toba, Tonocoté, Tupi Guaraní, Wichí, Pilagá, Qom, Querandí, Rankulche. Información consultada en Hirsch y Serrudo (2010): La educación en comunidades indígenas de la Argentina: de la integración a la Educación Intercultural Bilingüe.

[4] La “cultura andina” que se caracteriza por una actividad productiva principal el pastoreo, que en términos generales implica un movimiento a través de las tierras de pasturas de los animales junto a la unidad doméstica que se constituye fundamentalmente como una estrategia que permite el sostenimiento del rebaño y asegura la cercanía de los animales con las personas. En este sentido, los pueblos pastores centran su vida y esfuerzo laboral en el cuidado de sus animales, los cuales constituyen su medio de producción, pero también son un elemento social y simbólico, con atributos culturales (Galaty & Johnson, 1990) aprovechando las variaciones en las condiciones ambientales. Los desplazamientos estacionales le permitían aprovechar distintos pisos ecológicos dentro del mismo territorio.

 

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Cómo citar este artículo:

FLORES, Rosana Jimena; SULCA, Elisa, (2020) “La política colectiva de organizaciones indígenas. El pueblo de Tastil en perspectiva histórica. Luchas por su reconocimiento. Salta-argentina”, Pacarina del Sur [En línea], año 11, núm. 43, abril-junio, 2020. ISSN: 2007-2309. Dossier 23: Etnografías andinas.

Consultado el Martes, 1 de Diciembre de 2020.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1872&catid=68