Pacarina del Sur
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Argentina; la continuidad del proyecto popular de cara a las elecciones de octubre de 2015

Argentina; the continuity of the popular project for the elections October 2015

Argentina; a continuidade do projeto popular para as eleições de outubro 2015

José Miguel Candia

Recibido: 07-03-2015 Aceptado: 19-03-2015

 

La declaración de la presidente Cristina Kirchner sonó como advertencia para los precandidatos del Frente para la Victoria. Lo que está en juego es el proyecto de gobierno y no el nombre de quien nos represente. Con estas palabras acotó el debate y fijó límites a la puja interna que habrá de dirimirse el próximo mes de agosto en las PASO, elecciones primarias mediante las cuales todas las agrupaciones políticas designaran a sus candidatos a la presidencia de la República. Fue una manera elegante de decirle a Félix Randazzo, Daniel Scioli, Agustín Rossi y Sergio Urribarri que no debe ponerse el carro delante de los caballos.

La llegada de Néstor Kirchner al gobierno en mayo de 2003 y las dos administraciones de su esposa Cristina Fernández – 2007-11 y 2011-15 – forman parte de un laborioso esfuerzo de recomposición del espacio de la centro-izquierda a partir de la matriz política de la tradición “nacional-popular”, que en Argentina está invariablemente amarrada a la experiencia peronista. El camino de recomposición de la identidad “popular” requería una cuidadosa tarea de rearticulación del aparato productivo y de reparación de los daños que dejaron más de diez años de gobiernos neoliberales. El paso de Carlos Menem por la máxima función pública (1989-1999) constituye el peor legado de destrucción del tejido social y de pérdida de derechos laborales para los trabajadores del cual se tenga memoria en la historia argentina. La privatización de las empresas estratégicas ubicadas en áreas sustantivas de la economía como petróleo, agua potable, correos, servicios telefónicos y ferrocarriles dejó a miles de trabajadores sin empleo y trasladó al capital privado, nacional y extranjero, la facultad de manejar aspectos medulares de las actividades productivas.

Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner colocaron como eje de sus gestiones, la recuperación gradual del patrimonio público, enajenado en manos de intereses particulares y el restablecimiento de beneficios y derechos de los trabajadores y familias de bajos ingresos. El control de variables macro-económicas como la inflación, la paridad cambiaria, las tasas de interés y el reordenamiento del gasto público, abrieron las puertas para estabilizar la economía y generar confianza en los inversores. Ese adelanto del “apocalipsis” que fue diciembre de 2001 con la aplicación del “corralito financiero” (bloqueo a los depósitos bancarios) acompañado de una crisis de confianza en las instituciones casi sin precedentes, que se tradujo en un grito multitudinario - “que se vayan todos” - pudo ser superado, no sin sobresaltos y rupturas de antiguos lazos políticos, gracias al rearmado de alianzas y a la recuperación de la confianza en la gestión pública.


Imagen 1. www.inserbia.info

Los logros obtenidos en la superación de las secuelas catastróficas de los gobiernos de Menem, más el acumulado de los fracasos que dejó el accidentado paso del presidente Fernando de la Rúa (1999-2001), generaron las condiciones propicias para la recuperación de antiguas banderas populares y para el armado de un nuevo tejido político. Dicho soporte es la base desde la cual se puede gestar un pacto social desde el cual pueda disputársele la hegemonía al bloque de alianzas y compromisos que se estructuró a partir de la aplicación de los programas de “modernización” capitalista.

Ahora bien, sabemos que la convocatoria a un espectro social variopinto no puede apoyarse exclusivamente, sobre el respaldo y las simpatías que provienen de sectores agraviados y excluidos por las anteriores políticas económicas, ni responder a la atención oportuna de demandas puramente coyunturales. El articulado de alianzas y acuerdos políticos  de largo alcance camina sobre dos pilotes  que suelen ser resbaladizos: las tradiciones ideológicas y referentes simbólicos construidos históricamente en el imaginario nacional-popular así como el papel que los actores sociales - nuevos y viejos – en particular los primeros, desempeñan en el escenario político y social de un país cuya estructura de clases ha cambiado sustancialmente.

Sobre este último aspecto no podemos abundar demasiado en este ensayo, pero es bueno recordar la caída relativa del trabajo asalariado protegido y estable, la multiplicación del empleo precario y de las más variadas formas de inserción ocupacional en las que destacan el trabajo a destajo, el empleo domiciliario y el llamado “tele-trabajo”. Los jóvenes y las mujeres suelen ocupar franjas significativas de estos dos sectores y son además, las principales víctimas de la reducción del empleo convencional y del abandono de la legislación tutelar que se heredó del primer peronismo (1946-55).

Las expresiones sociales y organizativas de mayor gravitación en el escenario político suelen estar vinculadas a segmentos de la población activa que fueron desplazados del aparato productivo por el cierre de empresas o recortes de personal. Las organizaciones de trabajadores desocupados  - piqueteros – son la manifestación más clara de este fenómeno. Otros agrupamientos, con marcada presencia en la plaza pública, son las organizaciones juveniles, los grupos feministas y de respeto a la diversidad sexual, jubilados y pensionados, agrupaciones barriales y, más recientemente, un dato novedoso en la conformación del auditorio popular argentino: las representaciones de los pueblos originarios, portadores de reclamos ancestrales sobre la propiedad de la tierra y el respeto a costumbres y lenguas nativas. Las comunidades indígenas de las provincias del Chaco, Santiago del Estero, Salta y Neuquén son especialmente protagónicas en esta materia.

Los gobiernos kirchneristas supieron abrir espacios eficaces de negociación con las organizaciones sociales, atender sus reclamos y encuadrar las demandas en un horizonte más amplio de respaldo al proyecto de crecimiento con inclusión social y justicia. De esta forma, los nuevos actores sociales son uno de los soportes del programa de gobierno que definieron en su momento Néstor y Cristina Kirchner. El otro pivote nace de las corrientes del peronismo que bloquearon el regreso de Menem en las elecciones de abril de 2003 y que procuran recuperar las banderas históricas de ese movimiento.

Las negociaciones con las agrupaciones piqueteras, con los frentes y organizaciones  barriales y otras expresiones de la sociedad civil, transitó por caminos de entendimientos y acuerdos relativamente aceptables. Las peticiones de ampliación de los programas de ayuda a la población desocupada o de bajos ingresos y la extensión de la cobertura de los sistemas de seguridad social, aseguró una base solida de atención de las demandas y generó una corriente de diálogo permanente entre las diversas instancias del gobierno y las organizaciones populares.  


Imagen 2. www.theworldaccordingtopepe.wordpress.com

El enmarque de las demandas sociales en la matriz nacional-popular del peronismo permitió  enlazar la gestión kirchnerista con los referentes ideológicos y simbólicos de una experiencia histórica de fuerte arraigo en los sectores populares mientras que, en paralelo, se consolidaba   una estructura política con creciente presencia en la clase trabajadora, capas medias y grupos empresariales beneficiados por el incremento del consumo interno y de las exportaciones a los países del Mercosur y China. Esta amalgama de fuerzas políticas y sociales, explica los éxitos electorales que posibilit  aron los 12 años (2003-2015) de administración kirchnerista y la notable capacidad de Néstor y Cristina para remontar procesos adversos. En materia electoral, vale recordar la derrota en las elecciones intermedias de 2009 y el notable triunfo del Frente para la Victoria en la elección presidencial de 2011, año en el cual se consagró a Cristina como presidente por un segundo período consecutivo.

 

La identidad “K” y la oposición a derecha e izquierda

Hay un dato de la realidad política que no puede soslayarse. Se admite que el fenómeno kirchnerista nació del tronco peronista pero resulta cada vez más difícil negar que se fue consolidando con perfiles y matices propios.  En la práctica – y con frecuencia en los enunciados y discursos -  se manejan contenidos que dibujan la conformación de un espacio “neo-peronista”, este dato parece explicar la situación de conflicto latente y sostenido con las estructurales oficiales del peronismo, en particular con el Partido Justicialista y con un sector de los sindicatos que se agrupan en la central obrera que dirige el gremialista camionero Hugo Moyano. Lo larvado se hace explícito cuando no hay acuerdo sobre aspectos puntuales como el porcentaje en que deben incrementarse los salarios, la fijación de topes a las negociaciones paritarias o la modificación del impuesto a las ganancias que grava el ingreso de los trabajadores. La huelga del pasado 31 de marzo, aunque promovida y acatada por los gremios que reconocen la conducción de Moyano y del dirigente gastronómico Luis Barrionuevo, constituyó una demostración de fuerza que se inscribe en las pujas internas del peronismo en un año electoral.

La lucha por los espacios políticos y la designación de candidatos para los cargos de elección popular, es otro frente de conflicto que permanece latente, hasta que las coyunturas hacen que se vuelva virulento y sin mediaciones. Poco después de las elecciones de abril de 2003, surgieron diferencias que se hicieron irreconciliables entre las “heterodoxias” de Néstor y Cristina y la vieja guardia peronista. Este diferendo llevó a la enemistad primero y a la ruptura política después, con caudillos provinciales como Eduardo Duhalde de la provincia de Buenos Aires, Adolfo Rodríguez Saa de San Luis y Carlos Reutemann de Santa Fe.  

La corriente histórica del peronismo que se nuclea en las filas del Partido Justicialista, milita en las filas del llamado “peronismo federal” y no deja de apreciar en el emergente “k”  a un fenómeno de sospechosas reminiscencias “setentistas”, potencialmente disolvente de la antigua identidad popular que se forjó en la década de los cuarenta. Aunque los gobiernos kirchneristas han sostenido la liturgia y los referentes iconográficos  del peronismo histórico - la presidente Cristina pronuncia sus discursos desde la Casa Rosada con una silueta de Eva Perón a sus espaldas - no puede ocultarse cierta impronta entre irreverente y juvenil, que se parece, en las formas, al activismo y  los rituales convocantes de las agrupaciones juveniles peronistas de hace 40 años. Hay cierta escenografía y muchos gestos que preocupan a la vieja guardia y que se explican, en buena medida, por la presencia de una generación de militantes que se hizo adulta en la post-dictadura. Esto es parte de este fenómeno innovador, pero el resto de los componentes que contextualizan el proceso que arrancó en el año 2003, están dictados por las condiciones sociales, culturales y económicas de este inicio del siglo XXI. Cabe preguntarse entonces ¿Hasta dónde el esfuerzo de construir un espacio político de centro-izquierda que resulte incluyente para el progresismo que nació de vertientes no-peronistas, puede conciliarse con la liturgia y los registros simbólicos y discursivos que nacieron del riñón peronista? Por el momento es difícil de responder, pero admitamos que este  horizonte no parece tan lejano.


Imagen 3. www.alamy.com

A partir de agosto próximo las fuerzas partidarias contendientes tendrán definidas sus candidaturas y la marcha hacia las elecciones presidenciales de octubre se habrá teñido entonc  es, de los colores de cada una de las corrientes sociales y políticas que aspiran a desbancar del gobierno al Frente para la Victoria. Es oportuno hacer una reflexión más sobre las expresiones partidarias que a derecha e izquierda del kirchnerismo disputaran las preferencias de los votantes.

Por derecha hay un primer dato que debe consignarse, es el notable crecimiento de la opción conservadora corporizada en la figura de Mauricio Macri,  actual alcalde de la Ciudad de Buenos Aires. Producto de una familia de empresarios, hombre del jet-set y reconocido consumidor de buenas marcas, pasó del golf al fútbol al asumir la presidencia del Club Boca Juniors y desde el más popular de los deportes se le hizo fácil brincar a los escritorios de la política. Su candidatura a la presidencia parecía un despropósito hasta hace pocos meses, pero al lograr el apoyo de uno de los partidos históricos – la Unión Cívica Radical – la posibilidad de integrar la formula en primer término, junto al dirigente de la UCR Ernesto Sanz como candidato a vice, abrió un amplio espacio de especulación acerca de la capacidad de atraer el voto anti-k que tenga esta fórmula.

Otras expresiones del conservadurismo político, como la ex legisladora Elisa Carrió o el antiguo kirchnerista Sergio Massa – una especie de Capriles rioplatense a juzgar por el aspecto y los modos – tendrán que pactar con Macri la distribución de las preferencias electorales de una clientela que les resultará muy parecida a la hora de arrancar las campañas.

Pero para no engañarse con siluetas maquilladas y aprendices de última hora,  hay que reiterar que el verdadero poder de la derecha radica en los grandes corporativos empresariales y mediáticos. Los diarios La Nación y Clarín son pivotes de una campaña desestabilizadora que no reconoce principios ni buenos modales. La estrategia de golpeteo  mediático durante el tratamiento de las noticias referidas al oscuro episodio de la muerte del fiscal Alberto Nisman, tuvo por objetivo hacer responsable al gobierno de dicha muerte y desprestigiar a la presidente. Los canales de opinión de las fuerzas que pujan por el restablecimiento de las políticas neo-liberales, cuentan, además de los dos diarios mencionados y numerosos periódicos provinciales, con la más importante cadena televisiva y de radios comerciales del país. La capacidad de estos medios apenas es contrarrestada por el uso de la cadena nacional cuando la presidente Cristina Kirchner  decide hacer anuncios relevantes para la vida del país.

Los argumentos de la oposición caminan por dos líneas temáticas principales: las cuestiones de seguridad ciudadana y los casos de corrupción de algunos funcionarios públicos. El marco ideológico en el cual se envuelve esta línea es la crítica genérica al “populismo” como sinónimo de derroche, mal ejercicio de los recursos públicos y aplicación autoritaria del poder. En el mismo saco ponen  la supuesta pérdida de autonomía del Poder Judicial y el “avasallamiento” de la libertad de expresión junto al manejo político de los programas sociales.

Lo curioso es que algunos sectores de la oposición de izquierda cuestionan al gobierno con  argumentos similares. En  este espectro de los agrupamientos críticos de la gestión oficial se distinguen al menos dos corrientes principales: grupos de orientación trotskista o maoísta  que impugna globalmente lo hecho en los últimos doce años. Suelen apoyarse – o al menos reivindicar - las formas organizativas de base, ya sea de algunas expresiones del movimiento piquetero o de agrupaciones sindicales anti-burocráticas. Aunque parezca un contrasentido, también levantan las banderas de lucha contra el “populismo y el uso indebido de recursos” en los programas de apoyo social. En numerosos episodios de manifestaciones callejeras y cortes de vialidades han coincidido con los grupos patronales más conservadores y con las peores figuras del sindicalismo mafioso.

Una vertiente menos fallida de la oposición de izquierda es la que expresa la actual diputada y pre-candidata Margarita Stolbizer o el llamado Frente de Izquierda y del Trabajo. Ambas expresiones buscan capitalizar errores de gestión en los programas públicos y ganar el apoyo del electorado que ha sido más golpeado por el repunte inflacionario de los últimos años. El público natural de estas fuerzas es el progresismo de origen no peronista.

En octubre próximo estará en juego no el nombre del próximo presidente sino el futuro del proyecto nacional y popular de crecimiento con inclusión, igualdad y justicia, costosamente construido en poco más de una década. Cabe entonces reiterar lo que manifestó la presidente Cristina y cuya advertencia utilizamos para abrir la redacción de este ensayo, que el árbol no nos tape el bosque, el proyecto está por encima de los nombres o lo que es lo mismo, no poner la carreta delante de los caballos. Esperemos que los cuatro postulantes del Frente para la Victoria que competirán en las primarias de agosto, no olviden estas palabras.

 

Cómo citar este artículo:

CANDIA, José Miguel, (2015) “Argentina; la continuidad del proyecto popular de cara a las elecciones de octubre de 2015”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 24, julio-septiembre, 2015. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 18 de Septiembre de 2019.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1176&catid=14

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