Pacarina del Sur
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Brasil. Las nuevas modalidades de golpes de estado en América Latina

Brazil. The new modalities of coups d’état in Latin America

Brasil. Novas formas de golpes de Estado na América Latina

Tania Carranza

RECIBIDO: 04-11-2016 APROBADO: 02-12-2016

Resumen

Resumen: En el presente texto se hace un análisis sobre la coyuntura actual brasileña a partir de un recuento de lo general: el contexto internacional (en el que se subraya el papel de Estados Unidos), a lo particular: golpe de Estado en Brasil. Esto último, dentro de un enfoque latinoamericano para poder comprender las particularidades de los casos que se mencionarán, sus interrelaciones desde los acontecimientos políticos, para finalizar con un giro que vuelve al marco internacional. Brasil, hoy, pasa por un acontecimiento de gran envergadura. Este consiste en la aplicación de un golpe de Estado de tipo parlamentario. De manera abrupta, se dio fin a un periodo de democratización de los espacios públicos, así como de las políticas dedicadas a resolver las carencias sociales como la pobreza y el hambre. El gobierno interino golpista buscó desde años atrás su regreso al poder con el propósito de restaurar los privilegios de las élites, de otorgar los recursos estratégicos nacionales al capital privado extranjero y de golpear de manera sensible a los trabajadores, dejándolos sin derechos. Destacamos la voracidad de las corporaciones internacionales por la búsqueda del petróleo; por ello, se observará la crisis de la soberanía brasileña ocasionada con el golpe, en materia de desarrollo industrial e independiente con respecto a la tecnología de otros países. Pero todo esto no se comprende sin observar el papel del gobierno de Estado Unidos, de las propias corporaciones a las que privilegia y a las intenciones de construcción de un mundo hegemónico unipolar. Ello lo explicamos mediante una mención de los golpes de Estado en la región, previos al sucedido en Brasil, para finalizar con una hipótesis referente a los subsecuentes golpes contra los Estados latinoamericanos.

Palabras clave: Brasil, América Latina, neoimperialismo, golpe de Estado, derechización.

 

Estados Unidos y su papel internacional

Para comprender el papel de Estados Unidos en la actualidad mundial, nos proponemos hacer algunas aproximaciones a diversos discursos políticos tanto electorales (previos a la contienda de noviembre de 2016) entre los dos candidatos a la presidencia, como mediáticos, y empezar a delinear el tipo de relaciones que este país establece con algunos otros de América Latina. Haremos un seguimiento del desempeño del gobierno de Estado Unidos en materia de política exterior, los casos de espionaje en la historia reciente, la forma de construcción hegemónica de una ideología liberal y su marcado interés en la configuración de un nuevo escenario internacional sustentado en tratados de libre comercio que favorezcan a las grandes corporaciones y que soslayen las soberanías de los Estados nacionales, sus recursos humanos y naturales. Todo ello lo entendemos como neoimperialismo.

Si bien Lenin ya había señalado la categoría de imperialismo como la fase superior del capitalismo monopolista, conviene precisar algunas características. Para Theotonio  dos Santos

Al basarse en la acumulación ampliada del capital, el capitalismo, que nace dentro del mercado mundial, ha generado una tal concentración de su base productiva que no le permite quedarse en los marcos locales, ni regionales, ni aun nacionales. El surgimiento del imperialismo al final del siglo XIX y las dos guerras interimperialistas de nuestro siglo han demostrado que este régimen de producción no puede quedarse limitado a un plano nacional. Por la propia naturaleza de su funcionamiento, basado en el crecimiento constante de la tasa y de la masa de las ganancias, el capitalismo es un régimen internacional (Dos Santos, 2011).

 

Por su parte, Gérard Duménil y Dominique Lévy se refieren al imperialismo com la “capacidad de los países más avanzados de extraer ganancias del resto del mundo” (Duménil, 2007). Sin olvidar la estrategia de la acumulación, dicen que los países imperialistas exportan sus capitales y los países invierten los suyos en los países centrales lo que constituye una violencia, pues “La violencia económica simple toma la forma de apertura de fronteras comerciales y financieras entre países con desarrollos muy diferentes, con consecuencias desastrosas […] [como] la deuda de los países menos desarrollados, en el contexto de las tasas reales de impuestos […]” (Duménil, 2007). Para estos autores, la violencia toma formas tradicionales como la corrupción, la subversión golpista y de guerra. Y es en esto último en lo que queremos enfocarnos.

Empecemos el debate. Para el gobierno de Estados Unidos, el cual comprende la mancuerna Casa Blanca, Pentágono, Ejército y Departamento del Tesoro, es prioridad tender una alfombra roja a las grandes corporaciones (monopolios) internacionales y a los organizamos financieros cuyo eje se ubica en Wall Street. Así, la mancuerna no acaba en la capacidad administrativa del gobierno sino, fundamentalmente, en la especulación financiera sustentada en el capital privado global, y en la guerra, basada en el desarrollo de la industria bélica y el control geoestratégico de las regiones en el mundo.

Para que el capitalismo siga redituando ganancias y riqueza a las élites mundiales, es decir, para lograr su objetivo que es la acumulación de capital a menor plazo y con menor inversión y esfuerzo, se requiere dar libre paso al capital y a las mercancías controladas por las corporaciones y los organismos financieros. Por eso resulta sobresaliente el nuevo tratado comercial propuesto hace unos años que elimina las fronteras nacionales comerciales entre América y Asia, a través del océano Pacífico y se da por llamar Tratado Transpacífico (TTP) (o TPP en inglés).

Pero desde hace más de dos décadas no existe más un control único del mercado y del capital en general, sino varios, por lo que hablamos un mundo multipolar. Uno de los acuerdos más importantes ha sido el llamado BRICS que establece un intercambio comercial y de inversión financiera entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Este bloque juega a construir hegemonías capitalistas alternativas a la que imponen Estados Unidos y sus aliados comerciales y militares (Israel, Arabia Saudita, Turquía, Irak, Gran Bretaña, Francia, Alemania, España, Italia, Noruega, Dinamarca, Holanda).

BRICS
Imagen 1. BRICS.
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Así entonces, desde finales del siglo pasado, ha sido prioridad para Estados Unidos volver a articular la hegemonía mundial, que había venido perdiendo desde finales de la guerra fría, en el tripié: 1) militar, 2) terrorista (y su vinculación con el narcotráfico, el control petrolero y financiero) y 3) de espionaje. Ahora bien: en el primer punto señalamos la relevancia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la que participan militarmente EU y los países más fuertes de Europa y que se vuelve fundamental para el control de regiones productoras de petróleo como Medio Oriente; en el segundo punto, destacamos la producción de terroristas y de fanáticos extremistas que hagan las labores de descomposición política y social desde el interior de los países, como por ejemplo Al Qaeda y el Estado Islámico (EI) (ISIS en inglés, Daesh en árabe), y para la producción y distribución de droga; y sobre el tercer punto, el papel de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) (Central of Inteligency Agency, en inglés) que desde los años sesenta del siglo XX ha logrado armar una infraestructura para espiar a las organizaciones sociales, las fuentes de información y censurar a los medios de comunicación, así como a los ciudadanos comunes, además de controlar el mercado de narcóticos. Por ejemplo, mediante la financiación del grupo extremista de los talibanes en la frontera entre Paquistán y Afganistán, se consiguió convertir la zona no sólo de la mayor producción de heroína en el mundo sino de consumidores, así como para abastecer el 60% de las necesidades de esta droga en Estados Unidos. (Chossudovsky, 2002).

De ahí que las argucias de Estados Unidos junto con sus aliados giren no sólo en torno a la industria bélica sino la aplicación y control de rutas para el flujo de droga y de petróleo, como se puede observar en la sostenida guerra en Medio Oriente, de manera relativamente constante desde 1992 (con la guerra del golfo Pérsico llamada la «Madre de todas las Guerras» en la que EU pretendía demostrar al mundo su superioridad militar por encima de los estados socialistas recién desaparecidos en esa época). Para ello, debe generar caos e incertidumbre al interior de los países, tanto como acabar con gobiernos u organizaciones que privilegien el desarrollo social y que, por lo tanto, no son favorables a la acumulación de capital por parte de los monopolios.

Uno de los países africanos más desarrollados industrial, económica y socialmente, había sido Libia hasta hace algunos años (2014), el cual daba trabajo y seguridad social no sólo a los compatriotas libios sino a extranjeros provenientes de otras partes de África y de Medio Oriente. Según fuentes de información de WikiLeaks, una de las principales intenciones de Estados Unidos, y en particular de Hillary Clinton como secretaria de Estado de ese país (2009-2013), fue acabar con el desarrollo de Libia y, de paso, con su presidente Moamar Gadafi (asesinado en un espectáculo televisivo el 20 de octubre de 2011) (Proyecto Segunda República, 2016). El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, presentó pruebas de que existen correos electrónicos de Hillary Clinton, quien, como secretaria, facilitó no sólo la entrega de armas a grupos terroristas sino que promovió la “catastrófica intervención en Libia, […] la destrucción del gobierno de Gadafi […]. [Estos correos] contienen información clasificada sobre los preparativos de la ofensiva occidental y el proceso de envío de armas a los grupos armados a este país.” (HispanTV, 2016).

Así mismo, Clinton actuó en concordancia para desestabilizar a la sociedad y al gobierno de Egipto y promover la llamada «Primavera árabe», como continuación de la supuesta liberación de los países de Medio Oriente y del Norte de África que terminó con el mandato del presidente egipcio Hosni Mubarak. Recordemos que, más que un logro del pueblo sobre su gobierno, el resultado fue el caos, la inseguridad, el terror, la guerra permanente y la migración masiva hacia Europa con un resultado de millones de muertos.

Finalmente, cabe decir que en la mira de Estados Unidos, desde hace varios años (2013), está Siria pues su pueblo promueve ideas socialistas y es islámico (monoteísta); se trata de un Estado que, entre otras cosas, es laico (dividido entre suníes –minoría–  y chiíes –mayoría– que son los laicos), permite una serie de derechos a las mujeres, posee una de las principales reservas petroleras del mundo (YouTube, 2015), no tiene deuda con ningún organismo financiero internacional y se encuentra en una zona geoestratégica, pues está en el centro medio-oriental (para la nueva «ruta de la seda») y muy cercano a Rusia.

En resumen y para ir acercándonos a los intereses de Estados Unidos en América Latina, diremos que la pretensión de cercar a Rusia y a China (pues pertenecen a un bloque de capital distinto y sus características imperialistas representan una competencia) incluso militar y económicamente. Sus diferentes frentes están por occidente: donde tiene injerencia la OTAN; por el Mar Báltico: donde tiene bases y buques desde Noruega y que amenazan a un pequeño territorio ruso que colinda con este mar; y por el Océano Pacífico: donde construirá su emporio comercial, militar y naval en la cercanía de las aguas chinas (norcoreanas, vietnamitas, filipinas, etc.). En ese sentido, se torna fundamental la consolidación del TTP, en el que se involucra a América Latina.

 

La «competencia» electoral Clinton-Trump

Aquí viene, entonces, uno de los primeros análisis que proponemos. Para alcanzar nuestro objetivo de conocer el fondo de la propuesta de las élites (o los iluminati), partiremos de la siguiente pregunta, misma que se irá hilando con otros planteamientos: ¿Quién es, de dónde viene y a dónde se dirige Hillary Clinton? Su papel destaca como funcionaria del gobierno desde años atrás por pertenecer al sistema de espionaje estadounidense. Como dice WikiLeaks, se filtraron miles de correos electrónicos enviados por ella para promover la caída de Gadafi y de la industria libia; con ello no sólo cometió un acto intencional de crisis política en el país africano y en la región árabe, sino un crimen de Estado al intercambiar información confidencial del gobierno. Subrayamos que, entre otras, como ya se dijo, las consecuencias de la crisis humanitaria se hallan en la gran cantidad de refugiados e inmigrantes provenientes de África y de los países árabes a Europa.

Las intenciones de Clinton para ser candidata a la presidencia por el Partido Demócrata estadounidense no sólo tienen que ver con el control sobre la región medio-oriental, sino la amenaza militar a Rusia que ello supone. Nos interesa particularmente su interés en el control sobre América Latina pero, como decíamos más arriba, además de ello, la candidata, al representar a los sectores financieros internacionales, busca garantizar la acumulación de capital por las grandes empresas y aumentar las reservas de petróleo en Estados Unidos; es decir que su propósito es el sostenimiento del establishment internacional.

Ello lo podemos comprobar al rastrear quién financia su campaña política, para saber qué intereses hay detrás de su candidatura. En el caso de Clinton, su campaña está respaldada por grandes firmas y corporaciones estadounidenses. Por ejemplo, Clinton tiene, organizaciones a su servicio cuya cooperación no es  altruista sino que directamente reciben dinero en cuantiosas cantidades de Arabia Saudita, Catar y de Noruega. Según la propia Clinton Fundation, más del 40% de los donantes para la campaña son extranjeros, lo cual supone, desde luego, un conflicto de intereses. El senador italiano, Lucio Malan “desveló […] los nombres de otros mayores donantes a la Fundación Clinton, entre ellos, Arabia Saudí, Catar y Noruega” (HispanTV, 2016). “La entidad filantrópica de la familia de la aspirante demócrata recibió entre 10 y 25 millones de dólares por parte del Gobierno saudí” (SputnikNews, 2016).  Además, en Estados Unidos los extranjeros tienen prohibido donar dinero para las campañas electorales, pues, si así fuera, las campañas serían vulnerables ante intereses ajenos.

Una de sus más claras propuestas de la candidata (aunque permanentemente cambia de opinión en sus discursos de campaña) está en la firma e implementación del TTP que involucraría a todos los países americanos que tienen costa con el Océano Pacífico desde Canadá hasta Chile, y a los países asiáticos del otro lado del Pacífico. Con ello, desarrollaría un monstruo comercial mucho más potente y capaz de enfrentar al BRICS, es decir, principalmente a China y a Rusia, no sólo en materia comercial sino, llegado el caso, también militar.

Resulta muy interesante y hasta cómico, por su carácter de circo y espectáculo, que el principal oponente a Clinton sea un personaje como Donald Trump, candidato por el Partido Republicano estadounidense. Es cierto que sus discursos son ridículos y sobrepasan lo que hasta para un republicano sería racista o sexista. Sin embargo, si bien su despegue como candidato surgió por parte de la élite corporativa, con la intención de ridiculizar las opciones que no fueran Hillary Clinton para darle ventaja, a estas alturas nos muestra no sólo un síntoma de la crisis del sistema de partidos sino de la propia política estadounidense. Pero, en contraste, para los propios republicanos (evidentemente también para los demócratas) el discurso de Trump resulta demasiado peligroso, pues promueve estrategias políticas que contravienen el establishment social y financiero de los magnates y el mantenimiento de la guerra.

Desde hace décadas, en los países capitalistas (y en el mundo) se ha desarrollado una ideología neoconservadora o de extrema derecha con la implosión de la URSS; antes era contenida por la bipolaridad de fuerzas ideológicas que suponía la existencia de dos bloques en el mundo. Por lo tanto, ese pensamiento ha tenido gran auge desde entonces y se manifiesta en expresiones fascistas o neonazis en varias partes de Europa y de Estados Unidos. Auguramos un triunfo electoral (mediante manipulación, fraude o crisis del sistema cibernético) de la extrema derecha neoconservadora en Estados Unidos. Parece paradójico pero, a pesar de lo que se pueda suponer, el neoconservadurismo hoy no está representado por el Partido Republicano sino por el Partido Demócrata y por aquellos republicanos que se oponen a Trump. Aunque, en realidad, está representado por el propio sistema estadounidense; es decir, más o menos habría el mismo resultado al ganar cualquiera de los dos candidatos.

El circo Clinton-Trump
Imagen 2. El circo Clinton-Trump
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La posibilidad de triunfo de Trump en las elecciones presidenciales de EU ha alertado a los demócratas y al orden mundial establecido. Por ello, los medios de comunicación occidentales se han encargado de ridiculizarlo aún más, de exaltar sus frases fascistas, al tiempo que ocultan las intenciones de Clinton, quien también piensa de forma similar.

Con ello, nuestra tesis va en el sentido de que los medios están construyendo, sin decirlo, una imagen de Clinton como congruente, centrada, propositiva y no racista, e incluso como salvadora de la democracia en América Latina. Ponemos el ejemplo de sus afirmaciones: se opuso públicamente al retiro del GIEI de México en tanto no se supiera el paradero de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa: “A la luz del segundo y último informe del GIEI se produjeron expresiones internacionales de respaldo a la tarea de los expertos (de manera destacada la de Hillary Clinton, haya sido ésta con la intención política que haya sido) […]” (Hernández López, 2016). Ello constituye un discurso muy peligroso ya que, justamente, es todo lo contrario. Se trata de una candidata que quiere una radicalización del mundo hacia la derecha; eliminar las alternativas populares y de izquierda que se den en cualquier parte del mundo, pero con énfasis, en América Latina, como lo revisaremos más adelante. Y no olvidemos que su intención bélica va más allá de la guerra permanente en Medio Oriente, es decir, no sería descabellado decir que Clinton va por una guerra mundial.

Por otra parte, si ahondamos un poco en las propuestas del texano (lo que no implica olvidar que se trata de un tipo repugnante) veremos que giran en torno a la revisión y cancelación de los tratados de libre comercio, al restablecimiento de la industria nacional de EU que generaría empleos para los estadounidenses y la vuelta a la producción (tan golpeada por el neoliberalismo). También propone frenar la precarización de los salarios y la inseguridad laboral. Dice que es importante el cese al hostigamiento a Medio Oriente, el dejar de invertir en proyectos y acciones militares de la OTAN, restablecer las relaciones con Rusia y dejar de promover la casada enemistad entre sus pueblos (el ruso y el estadounidense). Promueve un acercamiento con Vladimir Putin, presidente de Rusia. Para Trump, si Rusia quiere gastar millones de bombas en contra del Estado Islámico, a Estados Unidos qué más le da, de hecho le queda claro que no tiene dinero para seguir derrochando en gastos de guerra. Plantea un distanciamiento con respecto a Israel. También sugiere que Estados Unidos encuentre nuevos lazos pacíficos con Irán (aliado de Rusia) el cual está incrementando su poder en la región árabe. Sobre Sadam Husein llegó a decir que si bien era malo, lo cierto es que mataba terroristas y ahora ya no hay quien los controle en Medio Oriente. (elsalvador.com, 2016). Es decir, lo contrario a la intención de permanencia del establishment convocada por Clinton.

Al hablar de Trump, queda claro que no se trata de un republicano tradicional. Su discurso de acercamiento a los trabajadores, desempleados, pobres y jubilados estadounidenses, queda corta con la última propuesta de realizar una auditoría a la Reserva Federal de EU. La reserva es un órgano privado que se ha convertido en un abismo sin fondo y que mantiene a los estadounidenses en una burbuja financiera (superávit artificial) que en cualquier momento reventará. Esto, claro, sería un golpe para las corporaciones y organismos financieros.

Este candidato afirma que el sistema estadounidense está amañado así los resultados electorales no necesariamente resultarán del deseo popular. Ante la posibilidad de que Trump llegara a la presidencia, los propios republicanos lo han acusado de racista, a pesar de que su política migratoria sería igual de agresiva que la de Barak Obama, con la diferencia de que, aunque de una manera muy torpe políticamente, Trump estaría defendiendo los empleos de los estadounidenses. No olvidemos que las políticas anti-migratorias en contra de los mexicanos, o latinoamericanos en general, las ha realizado el presidente Obama en los últimos meses (2016).

Finalmente, sobre el financiamiento de su campaña, esto es, para enfocar los intereses que están detrás, sabemos que se trata de un multimillonario que puede autofinanciar su campaña política. “[…] la mayor parte de su autofinanciación es un préstamo: hasta comienzos de marzo, 69% de la financiación de la campaña era deuda que tenía que ser devuelta, ya sea usando otras donaciones o por el propio candidato. […] La campaña ha recaudado casi US$35 millones de los cuales 27% provienen de donantes individuales, según el sitio web Center for Responsive Politics que reporta datos de las autoridades electorales. […] Trump había invertido hasta ese momento sólo US$250.318 de su dinero en su candidatura presidencial […]” (BBC, 2016). No existen a simple vista corporaciones o intereses más allá de sí mismo, pero sí que las donaciones y sus propios recursos tienen un origen en deudas contraídas por sí mismo. No obstante, hay que recordar que el empresario texano es un especulador que hizo su fortuna mediante negocios inmobiliarios multimillonarios.

Como dijimos, la contienda estadounidense actual se trata de un espectáculo mediático que intenta colocar a Clinton como la única opción para el mundo, no sólo para Estados Unidos.

 

Formas hegemónicas de Estados Unidos en la región latinoamericana

En el ámbito internacional existen, por lo menos, dos grandes bandos financieros y comerciales que afectan a la región latinoamericana: por un lado la propuesta neoliberal apoyada y financiada por el Banco Mundial (BM) y por el Fondo Monetario Internacional (FMI), además del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y, por otro, las propuestas alternativas o postneoliberales apoyadas y financiadas por los BRICS a quienes no les importa si los Estados son neoliberales o no.

Echemos una mirada a la historia reciente de América Latina. El siglo XXI se ha caracterizado por el establecimiento de gobiernos y programas políticos representativos de las izquierdas, mediante la presión y movilización social, a través de la vía electoral. El proceso de democratización a partir de 1999 y hasta la actualidad, sucedió a modo de cascada, en apariencia incontenible, en varios países de América Latina (Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay; Bolivia, Ecuador, Paraguay, Honduras, Nicaragua). De tal manera que la región se iba integrando en nuevos proyectos de financiamiento, apoyo mutuo y solidaridad como a través de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), y con el propio Mercado Común del Sur (MERCOSUR) fundado en 1992, que cambió de giro en el siglo XXI y dejó de ser sólo una herramienta para el libre mercado; además, integró a más países que los que lo fundaron originalmente (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay).[1]

Los gobiernos petistas en Brasil (2003-2016), desde el primer momento, pagaron y cancelaron la deuda con el FMI (2004) y pronto encontraron otro grupo comercial que les permitió planear sus políticas sociales y de desarrollo de recursos estratégicos: los BRICS. Esto no sólo molestó a las derechas brasileñas sino particularmente a la banca internacional y a los grandes inversionistas del mundo. Pero Brasil no fue el único país latinoamericano que canceló su deuda con el FMI sino que estos actos se volvieron frecuentes.

Todo esto también iba alertando a los intereses del gran capital. Por eso las políticas internacionales, dirigidas por uno u otro bando financiero, entran en conflicto. Esto es el neoimperialismo.

Las estrategias de Washington se encaminaron a retomar la hegemonía que estaba perdiendo en Centro y Sudamérica. Una de las estrategias sería deshacerse de los BRICS en la región. Eso se podría lograr con los golpes de Estado como el asestado en Brasil de 2016. Así, el gobierno de golpista de Michel Temer (quien será presidente interino de Brasil hasta 2018) ofrece los recursos de Brasil para promover la vuelta de Brasil a la deuda con el FMI. A diferencia de ello, si el gobierno de Dilma hubiera continuado, la oferta sería para la inversión de capital por parte de los BRICS. A este respecto, cabe recordar que Lula da Silva no sólo liquidó la deuda con el FMI, sino que en años subsecuentes dentro de su gobierno y del de Dilma, realizó préstamos al propio FMI:

En 2002, el gobierno de FHC […] Recibió un préstamo de $41,75 billones de dólares, que todos los candidatos a la presidencia se comprometieron a pagar. En 2005, el gobierno de Lula tomó la decisión histórica: sacó el resto de la deuda contraída por FHC y liberó al país de las exigencias del FMI. En 2009, por primera vez en la historia, Brasil le prestó dinero al Fondo: $10 billones de dólares para ayudar a países emergentes en medio de la crisis internacional. En 2012, le un nuevo préstamo de $10 billones de dólares, esta vez para la eurozona –con la exigencia: participación más efectiva de los países en desarrollo en las decisiones del Fondo. (Instituto Lula, 2014).

 

A modo de redondear esto último con la idea ya planteada sobre el papel de Estados Unidos, podemos decir, en términos generales, que el falso debate Clinton-Trump encierra un trasfondo en el que se perfila el afianzamiento de la derechización internacional. Los intereses de los aliados occidentales en el mundo no sólo son militares sino comerciales y financieros. En tal sentido van contra los BRICS, la UNASUR el ALBA y el MERCOSUR.

Detrás de los asuntos geoestratégicos de la región latinoamericana está la CIA. Desde los años sesenta del siglo XX no sólo realizó espionajes a los gobiernos y a los ciudadanos latinoamericanos sino que encabezó militarizaciones, golpes de Estado, entrenamiento y financiamiento militar, sostenimiento de dictaduras, etc. Todo ello fundamentado en sus políticas exteriores como la «Alianza para el progreso» (de la cual surgió la USAID)[2] que funcionaban como parapetos diplomáticos de la intromisión estadounidense en los países latinoamericanos. Así, la CIA apoyó el primer golpe de Estado bajo la Doctrina de Seguridad Nacional en América Latina que fue el de Brasil en 1964 (y los subsecuentes en otros países). También estuvo detrás del posterior colapso de los Estados socialistas y del discurso democrático (postdictatorial) que enarbolaba el neoliberalismo llegado a nuestros países en los años ochenta. Y, finalmente, la ubicamos en la actualidad como propiciadora de la «Nueva fase de golpes de Estado» del siglo XXI, a la que muchos analistas se refieren como el «Nuevo Plan Cóndor»:

La reedición del Plan Cóndor  busca la coordinación de los dirigentes de derecha en América Latina para aislar del contexto regional a las naciones con gobiernos progresistas.  El nuevo Plan Cóndor busca el revanchismo político de la derecha al destruir y desprestigiar los avances sociales alcanzados por los gobiernos de corte socialista. Esto se evidencia con la llegada en diciembre de 2015 del Gobierno neoliberal de Mauricio Macri en Argentina, cuyas primeras medidas fueron despidos masivos, censura de medios de comunicación, privatizaciones y ataques contra países que no comulgan con sus políticas, como Venezuela (TeleSur, 2016).


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Intereses estadounidenses detrás del golpe de estado en Brasil

Brasil, en la configuración latinoamericana representa algo más que el papel de gigante del sur. Al establecer vínculos con los países con los que «tradicionalmente» y por designio del vecino del norte no se hace negocio, es decir, con China y con Rusia (entre otros), de algún modo se dio una permeabilidad de los asuntos comerciales, intereses financieros y hasta productivos de esos dos países en la región. Debe entenderse América Latina, histórica y tristemente, había permanecido bajo la hegemonía estadounidense.[3]

La presencia de los BRICS, es decir, de Rusia y China en Brasil (al parecer La India y Sudáfrica no son tan relevantes para los intereses de los aliados), representa una clara incomodidad para Estados Unidos, el cual se ha propuesto recuperar nuevamente su hegemonía en América Latina.

Desde inicios del siglo XXI fueron surgiendo en Latinoamérica expresiones populares que llevaron por la vía electoral a diferentes partidos de las izquierdas a los gobiernos federales. Cabe decir que, la opción electoral corresponde a una expresión de la democracia liberal o representativa de la que echó mano el neoliberalismo desde hace décadas como parte de su discurso democrático. Así, al no haber otra opción más que la vía electoral como forma de acceso al poder, las derechas en el continente no perdían su margen de control porque siempre había la probabilidad de que las izquierdas perdieran y, si eventualmente llegaban al gobierno, había manera de eliminarlas bajo el propio esquema democrático de las elecciones. Por ello, el discurso de la democracia es tan importante para las derechas, el neoliberalismo y para las nuevas expresiones imperialistas. No por ello, los conservadores dejaron de intentar otro tipo de estrategias, ya conocidas, como el uso de tecnologías nanogenéticas a partir de las cuales provocaron enfermedades como el cáncer a ciertos personajes claves en el imaginario caudillista latinoamericano como Hugo Chávez, Fidel Castro, Lula da Silva, Néstor Kirchner, Fernando Lugo, Rafael Correa, Cristina Fernández y Dilma Rousseff.

Una investigación documental […] habría hallado el arma «de alta tecnología» que Estados Unidos supuestamente implementó a partir de enero del 2003 para inducirle un cáncer al exlíder del país bolivariano, informa el portal web de noticias Aporrea. Según detalla el portal, la «nanoarma» fue desarrollada mediante «nanotransportadores o nanocápsulas con direccionamiento controlado que contenían nanopartículas inductivas con aceleradores de metástasis de dosis controlada». El arma con que asesinaron al líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, fue presuntamente utilizada contra siete presidentes latinoamericanos; uno de ellos, Néstor Carlos Kirchner, murió de un infarto, y cinco sobrevivieron. El portal llama la atención al hecho de que solo murieron los expresidentes Kirchner y Hugo Chávez […]. Aporrea resalta que «no fue casualidad que cinco presidentes latinoamericanos —Fernando Armindo Lugo Méndez, Dilma Vana da Silva Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, Cristina Elisabet [sic] Fernández de Kirchner y Hugo Rafael Chávez Frías— estuvieran enfermos de cáncer en menos de tres años», en 2009, 2010 y 2011 (RT, 2016).

 

Llegó un momento en que la democracia liberal (representativa) refrendada por el neoliberalismo no fue suficiente, dado que cada vez se volvió más difícil tirar a las izquierdas del poder por la vía electoral. Los gobiernos llamados progresistas no sólo proliferaban en América Latina sino que se quedaban en el poder por la decisión popular. Así que, la segunda parte de la estrategia fueron los golpes de Estado llamados parlamentarios (ya utilizados tiempo atrás como el que se impuso en contra del presidente Salvador Allende en Chile durante su breve gobierno de 1970 a 1973, antes del golpe militar violento que terminaría de facto incluso con su vida). Sobre el golpe en Brasil se sabe ahora que, según Edward Snowden, quien ha denunciado desde hace año los sistemas de espionaje en favor de los intereses de las multinacionales, dijo que

Brasil era una de las más importantes piezas del ajedrez latinoamericano […]. Los hechos [de espionaje], incluso, pondrían al gobierno depuesto de Dilma Rousseff en alerta. El hecho es que no eran sólo los norteamericanos, sino 5 países (Canadá, EUA, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda), el llamado «5 ojos», una alianza estratégica de intercambio de informaciones, que intrigó contra el gobierno brasileño. Canadá, por ejemplo, a través de Communications Security Establishment Canada (CSEC), espió al Ministerio de Minas y Energía en la época de las subastas del campo Libra, el mayor campo petrolero descubierto en el país. Las informaciones de todos los procesos de investigaciones y decisiones estratégicas del gobierno fueron ampliamente estudiados por los EUA. También puede ser que el 80% de las conexiones de internet pasaran por él. Se estima que 2.3 billones de telefonemas y mensajes fueron interceptados (Na luta todo dia, 2016).

 

Además del espionaje como estrategia fundamental, los intereses neoimperialistas para favorecer  los intereses monopolistas, tanto extranjeros como nacionales, están presentes y detrás del golpe de Estado:

[…] resulta entonces del todo lógico que los actores clave del impeachment impulsado en Brasil parecerían recibir órdenes directamente de funcionarios estadounidenses, o al menos colaboran con ellos. De hecho, un día después de haber votado la destitución presidencial, el senador Aloysio Nunes estuvo en Washington manteniendo encuentros de alto nivel con el senador republicano Bob Corker, jefe y miembro importante de la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, y con el senador demócrata Ben Cardin, un importante apoyo de Hillary Clinton. Nunes también tenía programado reunirse con el subsecretario de Estado Thomas Shanon, el tercero en la jerarquía de funcionarios del departamento de Estado y el primero en Asuntos Latinoamericanos, como también con representantes de la organización lobbista Albright Stonebridge Group, encabezada por Madeleine Albright, importante apoyo de Clinton. Efectivamente, esos encuentros muestran el deseo de quienes están conspirando con el golpe institucional de colaborar con todas las fracciones del Consenso de Washington –los republicanos y los demócratas, el capital privado y las agencias gubernamentales– para realizar una transición suave, respaldada por Estados Unidos, en Brasil. De hecho, sería perdonable pensar que estuvieran esperando una repetición del golpe en Honduras de 2009, presidido y consentido por Hillary Clinton y su entramado de lobbistas y amigos en Washington (Draitser, 2016).

 

De algún modo, los casos de derrocamiento de los presidentes Manuel Zelaya en Honduras (28 de junio de 2009) –aunque este fue rematado con la intervención miliar– y de Fernando Lugo en Paraguay (el 22 de junio de 2012) fueron ensayos de lo que más adelante se realizaría en otras partes como en Brasil en 2016. La segunda modalidad en los experimentos fueron Argentina y Perú.

En el caso peruano, el proceso electoral fue conducido para poner fuera de combate a Verónika Mendoza, representante popular de las izquierdas y candidata de la coalición Frente Amplio. Así, la contienda final (segunda ronda) fue entre Keiko Fujimori, representante de la derecha dictatorial neoliberal, y Pedro Pablo Kusinsky, representante de la derecha neoliberal. Esto es, en cualquiera de los dos casos, no habría pierde para el neoliberalismo. No olvidemos el papel geoestratégico de Perú en la firma del TTP.

En el caso argentino se trató de la construcción de un discurso hegemónico vacío que llevara a la población a generar simpatías por la derecha, lo que redituó en la elección de Mauricio Macri y en el debilitamiento, al menos temporal, del Kirchnerismo. No obstante, las fuerzas conservadoras previeron la posibilidad de que el efecto Cristina (Fernández) privilegiara al candidato de centro Daniel Scioli y tomaron sus providencias, por lo que construyeron un aparato de desprestigio mediático por corrupción contra Fernández y sus allegados, que reservaron para más adelante por si acaso Macri perdía la elección. Una vez dada la contienda, la vuelta de Cristina Fernández como líder popular incuestionable, les permitió empuñar esta arma estratégica consistente en el debilitamiento de su figura ante la opinión pública. Cabe esperar si la estrategia ha tenido efecto, o en todo caso, si las políticas aplicadas por Macri relativas a incrementar los precios de los servicios y los bienes, llamadas «tarifazos», y bajar los salarios y las jubilaciones, han posicionado nuevamente a Cristina en el imaginario popular como la líder social.

El gobierno kirchnerista argentino (2004-2015) había reconstruido y universalizado los derechos sociales y laborales, por lo que era importante imponer un escenario despolitizante que, a la par, devolviera los privilegios a los empresarios. La ventaja de la derecha continental fue el triunfo de Macri en sí, pues desde Argentina y en contubernio con los empresarios industriales de São Paulo, se gestó el golpe de Estado contra el gobierno de Dilma Rousseff.

En el contexto previo, identifiquemos que uno de los procesos más representativos de la democratización latinoamericana del siglo XXI consistió en la investigación gubernamental y no gubernamental de las acciones consideradas crímenes de lesa humanidad cometidos por los militares y civiles golpistas y dictadores en las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta. Argentina era vanguardia en esos procesos de justicia, verdad y memoria. Mientras tanto, en Brasil, hacia 2015, la Comisión de la Verdad en São Paulo investigaba acerca de la participación directa que tuvo la Federación de Industriales de Estado de São Paulo (FIESP)[4] en el golpe de Estado de 1964. El presidente de la FIESP, Paulo Skaf, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB)[5] consideró oportuno, entonces, el retorno de las operaciones brasileñas en Argentina y, más adelante, manifestó abiertamente su apoyo al impeachment de Dilma Rousseff. Así, ese mismo año, la FIESP premió a Macri por su capacidad de negociación para la vuelta de las relaciones empresariales entre los dos países.

Un año más tarde, y con una carga simbólica muy importante, el presidente de EU, Barak Obama visitó Argentina justo el 24 de marzo de 2016 (día del aniversario del golpe de Estado en Argentina de 1976) planteó, en un discurso público dirigido a Macri, la necesidad de golpear a la instituciones del Estado sin afectar a los empresarios. Si bien, para algunos era evidente que la visita significaba que “[…] Estados Unidos […] levantaría su veto a los créditos de parte de los organismos internacionales”, (TeleSur, 2016) también, podemos considerar la necesidad del gobierno estadounidense de coordinar “[…] labores para intercambiar información de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Oficina Federal de Investigación (FBI, por su sigla en inglés) con la Secretaría de Inteligencia argentina” (TeleSur, 2016) bajo la justificación del combate al narcotráfico, pero, podemos aseverar que se trataría de un control ciudadano como en la época de la guerra fría.

Previamente a esta visita, el 21 de marzo, Obama visitó Cuba. (Bassets, 2016). Cabe recordar que un bastión importante de la revolución latinoamericana, había sido Cuba. Este país retoma un papel relevante en la propuesta de giro a la derecha en la región pues, una vez instalado el gobierno de Raúl Castro, la propuesta de Obama (y en particular de Hillary Clinton) no sólo era negociar con el nuevo presidente para la alineación de Cuba sino, como en tiempos de John F. Kennedy,[6] propiciar la destrucción de la Revolución desde el interior, es decir, eliminando el bloqueo comercial a la isla sostenido por más de cincuenta y cinco años. Falta por ver que el pueblo cubano lo acepte y bajo qué condiciones. Pero el hecho es que, antes de viajar a Argentina, Obama hizo una parada estratégica en Cuba para afianzar el nuevo escenario político latinoamericano que más convendrá a la candidata demócrata a la presidencia de EU.

Así se gestaba el golpe en Brasil. Subrayamos que un papel preponderante en este proceso, al interior del país, lo tuvieron los medios de comunicación. En Brasil existe un control monopólico de la información a cargo de unas cuantas familias. A decir de Julian Assange, “El gran problema en América Latina es la concentración de los medio. Hay seis familias que controlan 70% de la prensa en Brasil […]” y algo similar ocurre en todos los países del mundo. “Por lo tanto, cuando hablamos de libertad de expresión, tenemos que incluir la libertad de distribución, una de las cosas más importantes que nos dio la internet.” (Assange, 2013).

Se sabe que en Brasil los contenidos mediáticos son falseados y también inventados, además esto es con un propósito político determinado. Su fuerza discursiva preparó la caída de Dilma Rousseff a partir de un desprestigio sistemático en el que aparecía como la principal corrupta del país que desviaba fondos de Petrobrás hacia sus bolsillos. Cabe la aclaración de que Rousseff no tenía injerencia en la empresa petrolera sino que, justamente desde el segundo mandato de Lula, los gobiernos petistas establecieron mecanismos anticorrupción contra todos los involucrados en el manejo de recursos públicos. Así, una de las principales operaciones, Lava Jato (operación anticorrupción en Petrobrás) ya se encaminaba a señalar a ciertos personajes como Sérgio Moro, Eduardo Cunha, Geraldo Alkmin, José Serra, Michel Temer, Aécio Neves, etc. como los principales corruptos. Cabe la reflexión de que justo eso aceleró el proceso de golpe de Estado contra Dilma Rousseff, por parte de estos personajes para salir impunes. Por su parte, la prensa brasileña también se dedicó a la construcción de cargos judiciales falsos contra el expresidente Lula da Silva.[7] Esto con el propósito de impedir su candidatura en 2018 y su eventual vuelta a la presidencia en 2019.

El discurso anticorrupción que enarbola la derecha brasileña forma parte de esta necesidad de volver a tener el control político; por ello, desde 2005, previendo una segunda elección de Lula (lo cual de todas formas ocurrió en 2006), se construyó todo un aparato de manipulación mediática y construcción de pruebas jurídicas en contra de funcionarios de gobierno, del Partido de los Trabajadores, conocido proceso como Mensalão. Más adelante, como se mencionó, se establecería la Operación Lava Jato de persecución de la corrupción en la empresa Petrobrás.

Todo ello les valió de poco pues a pesar de todos los recursos empleados, el PT se reelegía por cuarta ocasión para gobernar Brasil (2014). Cuando hablamos del PT, hay que recordar que no sólo se trata de un partido de izquierda (que no lo es tanto) o de un grupo de personas que pueden tener o no vínculos corruptos con el poder, sino que su llegada a la presidencia de la república significó el establecimiento de un gobierno planificado y centrado en la obtención de recursos para la inversión pública en desarrollo social, en concordancia, y esto es lo relevante; con las políticas de otros gobiernos latinoamericanos. La destitución definitiva de Dilma Rousseff no sólo fue un recurso legal (que no necesariamente es un recurso positivo), sino un acto de imposición, un acto ilegítimo[8] y que muestra el desespero de las oligarquías por la pérdida de privilegios dentro del sistema capitalista que supone una balanza que se inclina en favor ya sea de los trabajadores o ya sea en favor del capital, esto es, que se fortalezca al Estado (como en el caso del Estado de bienestar o de los gobiernos del siglo XXI en América Latina llamados posneoliberales) o bien, que se reduzca (como en el caso de la propuesta de desarrollo del neoliberalismo).

Para las élites brasileñas y para los intereses imperialistas globalizados había que reforzar el neoliberalismo, la política de comercio y tercerización, promover el abandono de los beneficios y programas sociales, dejar de conservar empresas estratégicas y recursos como la extracción del petróleo en manos del patrimonio nacional lo que, a su vez, consolidaba la soberanía, y ponerlo a disposición de los intereses privados nacionales y extranjeros. A todo esto se suma, como ya revisamos, la necesidad de Estados Unidos y sus aliados en enfrentar a los BRICS, sobre todo en un territorio que ha sido objeto de su alienación históricamente, que es América Latina. En tal sentido, consideremos las palabras de Boaventura de Sousa Santos: “El golpe parlamentario-judicial que tuvo lugar en Brasil va a tener repercusiones en la vida social y política del país difíciles de prever, ya que, en la versión oficial [brasileña] y en la de los EUA, todo ocurrió dentro da normalidad democrática.” (De Sousa Santos, 2016).

 

Los intereses sobre el petróleo y la pérdida de soberanía nacional

A la derecha brasileña se le escapó de las manos el control de Lava Jato, por lo que la salida para no ser acusada de enriquecimiento ilícito era promover un juicio político contra quien encabezaba la anticorrupción: Dilma Rousseff. El proceso de investigación y juicio al presidente que está previsto en la Constitución de 1988 (y que existe legalmente desde la constitución de 1946) es el llamado impeachment.[9] La intención del juicio era la destitución definitiva de Rousseff, lo que se logró el 31 de agosto de 2016. Quede asentado que no consideramos la destitución como fin último del golpe de Estado sino sólo el inicio de un proceso que permitiría la vuelta de Brasil al neoliberalismo, es decir, que el nuevo gobierno pudiera desmantelar el Estado (al menos deshacerse del pequeño respiro que el gobierno del PT le había dado) y afectar directamente las políticas laborales en detrimento de la vida de los trabajadores y sus familias. Así, el gobierno interino de Michel Temer ha aplicado políticas que profundizan las desigualdades regionales,[10] pone fin al Estado como agente del desarrollo, perjudica a los más pobres con los ajustes fiscales, genera una economía dependiente, subordina el interés público al privado. La precarización del trabajo a partir de su informalidad, el aumento a la edad para jubilarse, poner fin a las acciones sociales compensatorias, sustitución de la escuela pública por la privada, etc. (TeleSur, 2016). Todo esto es resultado de políticas que giran en torno al desmantelamiento de Petrobrás,  la entrega de Pré-sal a las multinacionales. La Cámara ha decidido no obligatoria la participación de Petrobrás en la explotación de Pré-sal, y la otorga al capital extranjero. (Viomundo, 2016).

Pero detengámonos un momento en Petrobrás y en Pré-sal para entender nuestro argumento sobre la pérdida de soberanía. Petrobrás es la empresa de exploración, extracción y refinamiento de petróleo desde 1953 (fue fundada por el presidente Getúlio Vargas, junto con Electrobrás y empresas siderúrgicas, aeronáuticas, etc. entre 1951 y 1954). Durante los años de la posdictadura, y en particular cuando tuvo auge el neoliberalismo en Brasil (años noventa) con los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) esta empresa pasó por diversas reformas que privatizaron su capital, sus recursos y su producción.

Más adelante, los gobierno petistas (2003-2016), si bien no nacionalizaron la totalidad de la empresa, invirtieron en ella de una manera muy peculiar: el Pré-sal[11] se empezó a desarrollar en 2003 a partir de un hallazgo de petróleo debajo de suelo marino frente a las costas de Rio de Janeiro. Fue concebido como un patrimonio nacional que tiene su origen en la producción de petróleo, de tal manera que se desarrolla como una política nacional. Se trata de un proyecto que permite la reinversión de la ganancia por la exploración en aguas ultraprofundas que traspasan un banco de sal, extracción, refinamiento y venta del petróleo en la propia empresa. Mediante este desarrollo, se promueven inversiones destinadas a diversas áreas productivas como la ciencia, la ingeniería, la agricultura, la química y la petroquímica, de las que se desprenden otras sub-ramas como la farmacéutica, la de fertilizantes y la propia agricultura. Se trata de una inversión altísima en tecnología para exploración en aguas profundas; no sólo se extrae crudo sino también gas natural, lo que reditúa en energía eléctrica, industrial y doméstica. Con el gas, también, se producen nutrientes nitrogenados que son utilizados como fertilizantes, lo que impulsa la producción agrícola, y Brasil deja de depender de la importación de fertilizantes. Finalmente, en los últimos dos años, además, se han establecido partidas que van directamente a educación y salud públicas. Esto es: Pré-sal se ha convertido en una herramienta del Estado de gran relevancia social, económica, política, tecnológica y cultural.

Así pues, se trata de un proyecto «causa-efecto» porque es sostenible a largo plazo. Esto es que, tratándose de las áreas antes mencionadas, se pueden generar empleos profesionalizados para las futuras generaciones, además, el país no tendrá que depender de la tecnología o la ciencia extrajeras porque está invirtiendo en su propia producción. Por otro lado, también es un proyecto sostenible pues tiene una visión anticíclica. Esto se refiere a que la producción e inversión reditúan en la elaboración de combustibles bien remunerados a pesar de que baje el precio internacional del petróleo, lo que resulta en una estabilidad y equilibrio del sistema interno. Petrobrás, entonces, cuenta con tecnología e ingeniería propia que le permite la búsqueda (no sólo en Brasil sino en cualquier parte del mundo), extracción y procesamiento del petróleo. Todo lo anterior se traduce en el fortalecimiento de la soberanía del Estado que, a su vez, prioriza un complejo “cerebro” (Pré-sal) que es capaz de sostener diversas ramas de la industria.

Imagen de perforación de la capa de sal hasta encontrar petróleo en aguas ultraprofundas
Imagen 4. Imagen de perforación de la capa de sal hasta encontrar petróleo en aguas ultraprofundas.
Fuente: Petrobrás en http://www.petrobras.com.br

A partir de lo descrito anteriormente se puede deducir fácilmente por qué la mafia política conformada por empresarios y oligarcas brasileños cometieron actos ilícitos en Patrobrás para incrementar sus riquezas, y también por qué la operación Lava Jato, que eventualmente sacaría a la luz estos actos de corrupción, fue literalmente volteada, en este caso, contra Dilma y ella pasó a ser señalada. Pero, sobre todo, queda claro por qué es tan importante para esa élite desbaratar Petrobrás, dejarla sin tecnología y sin inversión en ingeniería, desmantelar la industria petrolera y poner la infraestructura de Pré-sal, con todo su funcionamiento integral (campo, industria, ciencia tecnología, diversidad de las ramas de producción, empleos, educación, salud), en manos del capital extranjero.

Debemos enfatizar que el hecho del desmantelamiento de recursos estratégicos conduce a la desnacionalización de la economía brasileña y, a la vez, al beneficio de las élites (la mafia empresarial y oligárquica), del gran capital y del agronegocio (de beneficio a los grandes latifundistas). Es decir, el impacto del golpe en la actualidad resultará en un atraso mucho más profundo e insalvable que el producido en 1964.

 

El proceso de impeachment, el disfraz del golpe de estado

Rousseff no ha actuado para beneficiarse y es juzgada y criminalizada por una banda de ladrones, dijo Noam Chomsky sobre el golpe en Brasil (Democracy Now!, 2016). Si hacemos un recuento de los actos de ilícitos cometidos en Brasil y que principalmente han propiciado el enriquecimiento personal con millones de reales, destacan dos partidos políticos: PMDB y PSDB. No obstante, no se salvan el PT, DEM, PCdoB, PP y PDT. En las listas por cantidad de dinero mal habido destacan en orden decreciente los siguientes personajes: Rolan Calheiron con R$ 32.2 millones, Edison Lobao con R$ 24 millones, Romero Jucá con R$ 21 millones, José Sarney con R$ 18.5 millones, Michel Temer con R$ 15 millones, Henrique Eduardo Alvez con R$ 1.5 millones y Aécio Neves con R$ 1 millón. Lugo sigue la lista, pero queremos destacar algo fundamental: ni Lula da Silva ni Dilma Rousseff se encuentran en ella.

Los golpistas que destacan en la lista han sido llamados a hacer declaraciones en diversas ocasiones por la policía federal y judicial. También hay otros cuya trayectoria de corrupción no ha salido a la luz tan claramente, por lo que no podemos afirmar que la tengan, pero todos ellos resolvieron promover el proceso de juzgamiento a la presidente, fundamentalmente por dos «crímenes de responsabilidad»: el freno de pagos de la deuda del gobierno con la banca pública y el cambio de fondos entre las diversas partidas presupuestales. Cabe decir que estas dos acusaciones, por un lado, son acciones que ejecuta cualquier presidente en cualquier parte del mundo en vistas a la mejor gobernabilidad posible y, por otro, no son motivos suficientes para promover la remoción del cargo de presidente. El impeachment tiene sus argumentos y sus tiempos: los diputados deben promover la creación de una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) una vez que sean evidentes los crímenes cometidos, es decir, que haya argumentos para promover la conformación de la comisión. La CPI deberá, entonces, investigar para reunir las pruebas que serán enviadas a juicio. Una vez reunidas las pruebas, deben enviarse junto con los argumentos a la Cámara de Senadores que, a su vez, decidirá si amerita ser llevado a juicio. Si el Senado da respuesta afirmativa el presidente en turno deberá dejar el cargo por un periodo de 180 días en lo que el juicio se lleva a cabo en el Supremo Tribunal Federal, el cual deberá dar su fallo en el plazo determinado ya sea para que el presidente vuelva a su cargo o bien, para que sea destituido definitivamente. La destitución definitiva será solamente por «alta traición». En tanto que el presidente esté fuera de su cargo, lo suplirá el vicepresidente en funciones.

Como se observa, el caso del juicio contra Rousseff se ha tratado de una imposición a todas luces: los supuestos hechos no ameritaban el retiro de su cargo, no se comprobó el crimen de responsabilidad, las Cámaras votaron a favor del impeachment sin haber reunido las pruebas, el STF falló en favor de la remoción definitiva sin que los hechos lo ameritaran.

Caben algunas consideraciones relativas al proceso. En primer lugar, los recursos financieros del gobierno de Rousseff provenían, en buena medida, de las inversiones de los BRICS; en otra buena parte, de las contribuciones fiscales de los empresarios nacionales, lo cuales, debemos decir, hicieron un boicot al gobierno y dejaron de pagar cuantiosas sumas, lo que provocó el incremento del endeudamiento del gobierno con la banca pública.

Pero cuál sería la razón de ello y cuál el objetivo final. La pérdida electoral del PSDB, del principal partido opositor al PT, y que no representa solamente sus intereses partidistas sino los intereses de la oligarquía nacional, del capital internacional, del neoliberalismo y de Estados Unidos. Si no es posible acceder al poder ejecutivo mediante el recurso electoral, entonces, la única salida posible es un golpe de Estado.

En resumidas cuentas, podemos afirmar que el impeachment contra Dilma encarna un golpe de Estado.  Los propósitos de trasfondo iban mucho más allá del sólo retiro de la presidente en turno: se trababa de recuperar los privilegios perdidos pos el propio sistema capitalista. Y, que quede claro, el PT nuca gobernó bajo un esquema diferente al capitalismo, puesto que la vía electoral de la democracia liberal, no lo permite, sino que refrenda la gobernabilidad del propio sistema.

 

La reacción popular y la contraofensiva del gobierno golpista

A continuación haremos un recuento final de algunas políticas públicas referidas a la resolución de grandes problemas sociales como el hambre, la pobreza y la marginación. Un ejemplo de eso son los programas sociales como el Bolsa Família, Mais Médicos, ProUNI, Minha casa, minha vida. Más allá de describir cada uno de ellos debemos observar que se trata, grosso modo, de programas integrales que promueven no sólo un aspecto del desarrollo humano, sino que integran en su propuesta una serie de reacciones y consecuencias. Por ejemplo, el derecho al ingreso mínimo (renda mínima) por ser ciudadano brasileño, constituye un derecho social que, si se lleva a cabo, la familia puede comer, se integra al mercado interno porque consume y produce, es decir, se promueven el empleo y la distribución de bienes al mismo tiempo, se «condiciona» el acceso a esta renta a cambio de acceder a la educación y al sistema de salud, lo cual no es una obligación sino el cumplimiento de derechos sociales, etc. Entonces, estos programas están concebidos de manera integral.

El resultado, después de 13 años de aplicación de los programas fue el reconocimiento de la UNICEF de que Brasil había salido del mapa mundial de la pobreza. Cabe decir que Brasil inició el siglo XXI siendo el país más desigual del mundo. La aplicación de políticas que hicieran circular el capital, los bienes, el trabajo y los servicios no sólo reanimó la economía (que no es lo mismo que resolver la crisis), sino que se reconfiguró la estructura social. Los datos indican que las clases A y B[12] en 2003 conformaban un 13%, subieron al 22% en 2013 y la proyección para 2023 era de 33%. La clase C[13] de 38% en 2003 subió a 54% en 2013 y se esperaba su aumento al 58% en 2023. Finalmente, las clases D y E[14] se redujeron de 49% en 2003 a 24% en 2013 y la proyección para 2023 era su reducción todavía mayor a 9%. Esto significa que la clase C aumentó de modo significativo en sólo 10 años y que los más pobres y extremadamente pobres dejaron de serlo para pasar a ser clase C. Por su parte, las clases más altas, durante los gobiernos petistas también aumentaron. Pero parece ser que esto tampoco le convenía al gran capital. Recordemos que uno de los propósitos del capitalismo es la acumulación de la riqueza en el menos número posible de manos en el mundo; por lo tanto, el objetivo que forma una contraparte, es el incremento de la pobreza, es decir, de construir grandes ejércitos de reserva que se conformen con salarios de miseria que, de otra manera, permanecerían desempleados.

Cuadro I. Porcentaje de incremento/reducción de las clases sociales en Brasil

Clases sociales/años

2003

2013

Proyección a 2023

A y B

13%

22%

33%

C

38%

54%

58%

D y E

49%

24%

9%

Población total

176 millones

201 millones

216 millones

Elaboración propia con datos de Brasil da Mudança. (Brasil da Mudança, 2016)

Fuente: Serasa Experlan/Data Popular

 

No es que todas las cuestiones estuvieran resueltas ni que los servicios fueran de buena calidad, pero el caso es que durante esos años se estuvo proveyendo al Estado de su papel regulador de las inversiones en las que se priorizaba el desarrollo social. Subrayamos que esas dos cuestiones contravienen de manera directa los principios del neoliberalismo.

Así las cosas, podemos visualizar las razones por las cuales los movimientos sociales y la gente común han protestado de diferentes formas en contra del golpe y en contra de la reducción de sus derechos. El gobierno de Temer ha reducido la inversión presupuestal para todos esos programas y ha añadido diferentes políticas consistentes en la reducción de los salarios, la vuelta a la informalidad de trabajo lo que significa la pérdida de seguridad social, el aumento de edad para las jubilaciones junto a la reducción de sus pensiones, etc. De hecho, su reforma laboral se inserta perfectamente en la propuesta toyotista, de subcontrataciones y, por lo tanto, de precarización del trabajo. Su diseño incluye “[…] la posibilidad de contratación de horas trabajadas o por productividad (servicio específico), lo que permitirá el vínculo del trabajador con más de una empresa, según el ministro del Trabajo [del gobierno de Michel Temer], Ronaldo Nogueira. El gobierno también quiere dejar claro que convenciones colectivas podrán acordar la posibilidad de que un trabajador cumpla una jornada de hasta 12 horas por día, con la limitación semanal de 48 horas. Ese modelo ya se utiliza en las  áreas de enfermería y de vigilancia, pero requiere de seguridad jurídica […]. Las dos nuevas modalidades de contratación, por productividad y por horas trabajadas serán creadas para servicios especializados, como una opción extra a la contratación por jornada de trabajo, utilizada actualmente, los que prevé un vínculo con sólo un empleador.” (Alegretti, 2016).

El proceso golpista iniciado con el impeachment que se sostiene con falsas acusaciones, en primer lugar, ha anulado la vida democrática de Brasil al ignorar 54 millones de votos que dieron la presidencia a Dilma Rousseff, en segundo lugar, ha desmantelado lo poco que se había reconstruido el Estado brasileño y ha puesto a la venta recursos estratégicos y, finalmente, ha cancelado derechos sociales y laborales, así como los programas que consolidaban esos derechos. Por ello, los movimientos sociales actuales que se manifiestan en contra del gobierno de Temer y en favor de la vuelta a la democracia y al Estado de derecho tienen muchas ramas. Por un lado, están los propios petroleros y organizaciones de trabajadores como la CUT que promueven la defensa de Pré-sal. Por otro, también están los diputados democráticos de diferentes partidos que están dando una lucha dentro del parlamento en la defensa de las leyes que garantizan los derechos sociales.

En tal sentido, podemos visualizar a los movimientos sociales y a las expresiones de repudio al gobierno golpista en general. Desde el intento de eliminar a Lula da Silva de la escena política acusándolo de fraudes inmobiliarios, ya planeaban el golpe de Estado. Pero no previeron que los movimientos y las organizaciones sociales como los sindicatos de trabajadores, asociaciones estudiantiles, campesinas, religiosas, homosexuales, etc. se manifestarían en contra de la detención arbitraria de Lula. Es decir, el panorama nos muestra una expresión social organizada y en permanente movilización como se observó con la posterior destitución de Dilma y en durante los Juegos Olímpicos recién llevados a cabo en la ciudad de Rio de Janeiro (agosto de 2016).

Así, el propio Lula ha encabezado grandes manifestaciones en las principales ciudades de Brasil y ha promovido la organización de un Frente Brasil Popular en el que se incluyen 65 organizaciones y movimientos de todo el país. También hay otros frentes amplios como Pueblo sin Miedo y Frente de Izquierda.[15] Esa masiva organización se enfrenta directa y permanentemente en las calles y sedes públicas tanto al golpe como a las fuerzas armadas las cuales, se han desplegado en todo el territorio nacional con el fin de contener a los movimientos sociales. Han sido muchos los enfrentamientos y las personas detenidas o heridas durante los últimos meses. Pero lo que destacamos es que la expresión social parece no quedarse callada, parece indignada con la imposición de un gobierno ilegítimo y dispuesta a recuperar la breve y mal formada democracia que ha ido construyendo Brasil desde 1985 cuando se retiraron los militares dictadores del poder.

Los movimientos sociales proponen la devolución de los programas referidos al Sistema Único de Salud, Farmacia Popular, Bolsa (beca) Familiar, Más Médicos, Mi casa, mi vida. En particular, los trabajadores petroleros y de confederaciones sindicales como la CUT proponen también la defensa de Pré-sal. Por su parte, algunos diputados de diversos partidos han consolidado el Frente parlamentario en defensa de Petrobrás. En fin, se trata de una movilización generalizada por la defensa del patrimonio nacional construido en los últimos 13 años.

Movimientos como el de los Trabajadores Rurales sin Tierra ha añadido a su agenda política propuestas en contra del gobierno golpista, apoyo a os profesores y jubilados, y a quienes toman oficinas de gobierno, lo que ha provocado que se vuelva un blanco de la política represiva, no sólo mediante la criminalización de la protesta social de los últimos meses sino, por ejemplo, al permanecer la represión y hasta el asesinato de indígenas y sus dirigentes a manos de guardias blancas, intenta acusarse al MST de haber cometido esos crímenes.

Pero, ante la posibilidad del retorno del PT a la presidencia de Brasil en 2018, se sabe que quien puede aglutinar la mayor cantidad de votos es Lula. Por ello, el objetivo en este segundo momento del golpe es eliminar a Lula de la escena política. Para tal efecto, las élites y los jueces brasileños, junto con los medios de comunicación, realizan una «cacería» del líder petista a partir de señalarlo como culpable de corrupción: enriquecimiento ilícito. Sin embrago, destacamos el propio dicho que estos cazadores dijeron en la búsqueda de pruebas en su contra: “[…] afirmaron que no tenían pruebas de lo que afirmaban [sic], pero que tenían la convicción de estaban en lo correcto con sus meras hipótesis.” (Página de Lula, 2016). Como se ve, no se trata ni siquiera de una aplicación de la justicia bajo parámetros éticos, sino de recurrir, incluso, al cinismo, pues de su apuesta depende el hecho de que la élite siga recuperando el terreno perdido aún después de 2018.

Manifestaciones en Brasil contra el golpe, por la democracia y por la recuperación de los derechos
Imagen 5. Manifestaciones en Brasil contra el golpe, por la democracia y por la recuperación de los derechos.
Fuente: www.rtve.es

 

El escenario latinoamericano actual y un probable futuro

Para concluir podemos señalar que la estrategia geopolítica internacional de corte neoimperialista promueve diferentes acciones en torno al control hegemónico de la región latinoamericana, ya sea mediante la imposición ideológica de un pensamiento reaccionario, ya sea mediante los llamados golpes parlamentarios, ya sea mediante la provocación de la inestabilidad económica que conduzca al caos social. Por otra parte, subrayamos que, si bien los gobiernos populares de América Latina durante estos primeros 16 años siglo XXI no son exactamente socialistas o de izquierda radical, sino que incluso han acceso al poder con la utilización de las reglas del propio sistema capitalista, han generado una incomodidad a los intereses hegemónicos del capital, cuanto más en la medida en que se hacen negociaciones con los enemigos de la democracia occidental como lo son China y Rusia. Además, estos gobiernos han cometido una serie de errores políticos y sociales que tampoco favorecen mucho el equilibrio y la gobernabilidad. No obstante, sus posturas de recuperación de un cierto papel del Estado que se había perdido con el neoliberalismo parece que han bastado para ser considerados como enemigos del sistema.

De tal manera que si imaginamos el mapa de América del Sur podemos identificar que, por el Cono Sur Chile y Argentina ya han entrado en la lógica de permitir la intromisión incluso militar de Estados Unidos. Por el Pacífico, Perú cierra filas con Chile; la mitad centro occidental, Paraguay se integra al bloque con Argentina y Brasil, mientras que éste último cierra filas con Colombia para encerrar literalmente a Bolivia, y hay que decir que la actuación del ejército chileno ha sido definitiva en la frontera con Bolivia pues está colocando misiles de fabricación israelí (recordemos que Israel es el principal aliado de EU) apuntando a Bolivia en un acto de franco hostigamiento.[16] En tanto que Uruguay queda aislado al Sur y Ecuador al Norte. Pero falta la cereza del pastel estadounidense: Venezuela. Todos los objetivos están puestos sobre ese país, desde la baja artificial del precio internacional del petróleo provocado por el robo cínico del combustible a Irán y Siria a través de Turquía por parte de la OTAN, hasta el reforzamiento financiero y mediático de la oligarquía venezolana, y hasta la invención de una guerra fronteriza entre los pueblos colombiano y venezolano cuyo fuego se atisba constantemente mediante tráfico de dinero, mercancías, gasolina, narcóticos, armas, etc.

Por lo que toca a Centroamérica y el Caribe, Guatemala, Nicaragua y El Salvador parecen estar controlados no sólo por la guerra interna que se oculta con los acuerdos de paz que se convocan permanentemente, sino por el cerco que hacen México de un lado y Honduras por otro y, desde luego, Panamá (el canal y la base militar) entre el Istmo y Colombia y hacia los océanos. Haití, nación que permanece sometida a las disposiciones colonialistas, junto con República Dominicana y Jamaica han servido para que Estados Unidos mantenga rodeada a Cuba, pero ahora más, cuando la propuesta revolucionaria pretende ser destruida desde el interior; mientras Puerto Rico ha sido actualmente sometido a una nueva firma en el pacto que lo hace permanecer como «Estado Libre Asociado» de Estados Unidos, con su carácter colonial pero sin que sus ciudadanos tengan los derechos que tienen los estadounidenses.

Como se ve, y a modo de redondear nuestra conclusión, podemos decir que el golpe de Estado en Brasil ha sido definitivo para la reorganización geoestratégica de nuestros países latinoamericanos con el TTP a la cabeza, mismo que encontrará su esplendor (no sólo comercial, sino también militar) una vez que Clinton consolide su presidencia.

 

Notas:

[1] Cabe subrayar que, si el próximo objetivo de golpe de Estado parlamentario instrumentado por parte de Estados Unidos sucede es Venezuela (al menos es parte de la tesis que sostenemos), el MERCOSUR se volvería estratégico para buscar la hegemonía estadounidense, pues la presidencia le toca en turno a Venezuela. Las élites brasileñas se han manifestado en contra y quieren ser ellas las que controlen el acuerdo comercial, mientras que las izquierdas brasileñas en el poder, como algunos senadores y diputados, han declarado su apoyo a Venezuela.

[2] Aquí cabe subrayar, como parte de la investigación que hacemos, el papel de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés: United States Agency for International Development). “La Agencia de los EUA para el Desarrollo Internacional (USAID) es un órgano independiente del gobierno federal de los EUA responsable de programas de asistencia económica y humanitaria en todo el mundo. La USAID surgió en 1961 con la firma del Decreto e Asistencia Externa por parte del entonces presidente John F. Kennedy, unificando diversos instrumentos de asistencia de los Estados Unidos para enfocar mejor las necesidades de un mundo en constante transformación. La USAID en Brasil apoya los esfuerzos brasileños en dirección al desarrollo sustentable. El apoyo a los valores democráticos y una política económica dirigida al mercado abierto y el sector privado ha sido la base de sustentación de una creciente sociedad entre los EUA y Brasil.” Véase USAID, Embajada de Brasil, “Agencia de los EUA para el Desarrollo internacional”, en http://portuguese.brazil.usembassy.gov/usaid.html (Consultado abril de 2014). Los trabajos de la agencia en América Latina iniciaron en los años sesenta. Recordemos que esta es la época del recrudecimiento de la guerra fría enmarcado por la movilidad social mundial a partir de la Revolución cubana y, por lo tanto, del cambio de paradigmas y estrategias tanto por parte de la izquierda como de la derecha en el mundo. Pero se sabe que la intención de cooptación de los mercados latinoamericanos por parte de Estados Unidos data de finales de la segunda guerra mundial cuando este país “[…] inició su disputa con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) por la conquista de mercados y de áreas de influencia estratégica […].” Véase Maria das Graças Martins Ribeiro “A USAID e o ensino agronômico brasileiro: o caso da Universidade Rural do Estado de Minas Gerais”, en Emílio Goeldi, Ciências Humanas, Belém, vol. 4, núm. 3, p. 453-463, septiembre-diciembre de 2009, pág. 455. En el caso brasileño fue con la dictadura que Estados Unidos tuvo luz verde para ello a través de Ministerio de Planeación “[…] haciendo de la USAID […] «el instrumento diplomático, por excelencia, de la infiltración imperialista» (Tavares, 1980, p. 16).” Véase Ibid, pág. 456.

[3] Esta hegemonía se desarrolló desde el llamado Panamericanismo imperialista y monopolista de finales del siglo XIX. Se consolidó con los enclaves económicos (transnacionales), políticos (dictaduras oligárquicas nacionales) y militares (bases del ejército y la marina estadounidenses) como el primero en su género que fue en 1898 en Guantánamo, Cuba (más adelante, la inauguración del Canal de Panamá en 1914) una vez consolidada su independencia con respecto a España, pero en la que iniciaba el neocolonialismo para todo el continente.

[4] La FIESP fue fundada en Brasil a partir de los proyectos de expansión y ampliación de la red de manufacturas y comercio brasileños, toda vez que con la primera guerra mundial se redujo el abasto de Europa hacia Brasil. Empezó a funcionar en 1928, pero en los años treinta el presidente Vargas estableció políticas de vinculación de los sindicatos de trabajadores de la industria con el gobierno, lo que permitió a la FIESP convertirse en Federación a modo de asociación civil con los líderes industriales de São Paulo. Actualmente la FIESP dice favorecer la competitividad en un intento por evitar la desindustrialización del país. Véase: Federação das Indústrias do estado de São Paulo, História, en http://www.fiesp.com.br/sobre-a-fiesp/historia (Consultado diciembre de 2014).

[5] Partido de Fernando Henrique Cardoso.

[6] A través de la USAID.

[7] En la actualidad (2016), las acusaciones contra Lula da Silva giran en torno a la adquisición ilícita de un bien inmueble (un departamento). Esto ha legado a tribunales internacionales, por parte de la defensa de Lula.

[8] Es ilegítimo, toda vez que ella llegó a la presidencia de la república con 54 millones de votos del pueblo, y Michel Temer con 0 (cero).

[9] La Constitución Federal de Brasil, en su artículo 85, a la letra dice: “Art. 85. São crimes de responsabilidade os atos do Presidente da República que atentem contra a Constituição Federal e, especialmente, contra:            I - a existência da União; II - o livre exercício do Poder Legislativo, do Poder Judiciário, do Ministério Público e dos Poderes constitucionais das unidades da Federação;           III - o exercício dos direitos políticos, individuais e sociais; IV - a segurança interna do País; V - a probidade na administração; VI - a lei orçamentária; VII - o cumprimento das leis e das decisões judiciais. Parágrafo único. Esses crimes serão definidos em lei especial, que estabelecerá as normas de processo e julgamento. (Constitución Federal, 1988).

[10] Recordemos que Brasil es un país multicultural y con diversidad regional. Una de las mayores concentraciones de pobreza las ubicamos en el Norte, en el Centro y en el Nordeste, mientras que la mayor riqueza la encontramos en el Sur y Sureste. Sin embrago, las grandes concentraciones de pobreza y de grupos marginales están en todo Brasil. Por ello, el gobierno petista había enfocado las grandes aglomeraciones pobres como las del Nordeste, así como las esparcidas comunidades campesinas del Norte para que recibieran los mayores beneficios sociales, con los que los abismos regionales empezaron a matizarse. Con el gobierno golpista de Temer, se vuelve a las políticas de alejamiento entre las regiones y distanciamiento entre los sectores socioeconómicos.

[11] Sobre Pré-sal, Petrobrás dice: “Lo descubierto por pré-sal está entre lo más importante en todo el mundo en la última década. La región pré-sal está compuesta por grandes acumulaciones de aceite ligero, de excelente calidad y con alto valor comercial. Una realidad que nos coloca en una posición estratégica frente a la gran demanda de energía mundial. La producción diaria de petróleo en el pré-sal pasó de una media de aproximadamente 41 mil barriles por día, en 2010, hasta la cifra de 1 millón de barriles diarios a mediados de 2016. Un crecimiento casi 24 veces. Para descubrir esas reservas y operar con eficiencia en aguas ultraprofundas, desarrollamos tecnología propia y actuamos en sociedad con constructores, universidades y centros de investigación. Contratamos sondas de perforación, plataformas de producción, navíos submarinos con recursos que promueven toda la cadena de la industria de energía.” Véase: Petrobrás, en http://www.petrobras.com.br/pt/nossas-atividades/areas-de-atuacao/exploracao-e-producao-de-petroleo-e-gas/pre-sal (Consultado septiembre de 2016).

[12] Según los institutos de población brasileños estas clases son las más altas: constituyen las élites comunicacionales, financieras, empresariales.

[13] Esta clase es la clase media profesionista y la clase trabajadora.

[14] Estas clases son: la más baja y la que está en condición de extrema pobreza.

[15] Subrayamos el hecho de que en esta ocasión, a diferencia de las manifestaciones de junio de 2013, las cuales, además, fueron convocadas y aprovechadas por la derecha brasileña, sí tienen dirigencia política y un nivel de organización.

[16] También diremos que es importante verificar si estas acciones son consecuencia, entre otras cosas, de los acuerdos que Bolivia ha firmado últimamente con Rusia en la construcción de plantas termoeléctricas que se instalaron en territorio boliviano y son de tecnología rusa.

 

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Cómo citar este artículo:

CARRANZA, Tania, (2017) “Brasil. Las nuevas modalidades de golpes de estado en América Latina”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 30, enero-marzo, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Jueves, 20 de Julio de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1425&catid=14

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