Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

La retórica de la modernidad, la lógica de la colonialidad y la globalización en el ámbito de las migraciones trasnacionales: formación de subjetividades negadas y cotidianidad de migrante del sur[1]

The rhetoric of modernity, the logic of coloniality and globalization in the field of transnational migration: formation of subjectivities and everyday denied migrant south.

A retórica da modernidade, a lógica da colonialidade e a globalização no âmbito das migrações transnacionais: formação de subjetividades negadas y cotidianidade de migrante do Sul.

João Paulo Pereira Lázaro[2]

RECIBIDO: 13-09-2016 APROBADO: 09-11-2016

Resumen

Resumen: La colonialidad y la modernidad dentro del contexto que pretendemos presentar surgen como retóricas sobre las vidas de las poblaciones que han sido puestas a las márgenes del proyecto desarrollista; estos sujetos adentran el plan modernizador y globalizante del mundo en medio a justificativas etnocéntricas, una vez que el occidente asume el control de la política de identificación del ser. Un sistema de apoderamiento que al afirmar Europa como centro y lo que está a su alrededor como la periferia, lo que queda en la periferia al sur se transforma en un objeto de rechazo o reproche, de miradas sesgadas; esta política de ubicación e identificación asume el valor de estrategia política y epistemológica de subyugación de la gente del sur a la condición de sujeto subalterna y al inmigrante, el de ahí originado, a la condición de “otro”, desvinculado de la sociedad, justificativa suficiente a la consolidación de todas las negativas vinculadas a la condición de inmigrante.

Palabras clave: colonialidad, modernidad, inmigración, subalterno.

 

Introducción

Lo que buscamos en las páginas siguientes es desvelar la lógica de la colonialidad engendrada en medio a la política de la modernidad, de la globalización y del capitalismo. Una lógica no interesada en esconder la desfachatez del proyecto desarrollista que en la larga historia de desinterés por la vida humana se ha reinventado siempre en el sentido de mantener el orden de las cosas, es decir el orden definida por Mignolo (2010) en la matriz colonial de poder, en donde el poder se mantiene en manos del sujeto imperial y la sumisión sobre las espaldas de los sujetos destinados al eterno proceso de colonización de sus vidas.

 Las víctimas de modernidad, herederos de la colonialidad, culpabilizados de su propia desgracia, en los cuentos de los sujetos discentes imperiales, han sido tratados como gente que necesita ser salvada de su propia existencia como “no ser”. En este sentido, lo que  ha surgido como una especie de violencia epistémica segundo Spivak (1998) permitió que los intelectuales sean cómplices en la tarea de  persistente constitución de este “Otro”, sirviendo, por lo tanto, como justificativa de exclusión y “ocultamiento”. El elemento más claramente presente de tal violencia epistémica es, segundo Spivak (1998), ese proyecto de orquestación remota, de largo alcance y heterogéneo para constituir el sujeto colonial como “otro”. Ese proyecto representa también la anulación asimétrica de la impresión de ese otro en su más precaria subjetividad.

La lógica de la modernidad que presentamos en las páginas siguientes, ya me apoderando de concepciones de Dussel (2000), es un proceso irracional que se oculta a sus propios ojos, es decir, esconde su verdadera intención. En ella el explotador es un agente de conducción al desarrollo, el salvador; por otro lado el explotado es un beneficiado, el suertudo receptor de la salvación.

Llevar este tema a la realidad encontrada en el cotidiano vivido por gran parte de los inmigrantes del sur establecidos en  el “Norte desarrollado”, es buscar comprenderla a partir de esta larga historia de sumisión, anclada en un proceso de colonialidad que ha impregnado en el cuerpo del sujeto no originario de la cultura no occidental la impresión de subalternidad, es además entender que ha sido por medio de la construcción y mantenimiento de este imaginario que se han definido las políticas de identificación del sujeto inmigrante del sur, impregnado a la colonización del tiempo y del espacio.

Aún más, es pensar que esta política de identificación y ubicación ha traído consecuencias devastadoras observables en la trata de gran parte de los inmigrantes, tanto respecto a las políticas de sierre fronterizo, cuanto respecto a los modelos de asignación de políticas sociales, dejándoles alejados de derechos sociales muchas veces inalienables a la dignidad de la persona humana.


Imagen 1. http://www.radiohc.cu

 

El lado oscuro de la modernidad

La modernidad no es un acontecimiento reciente y tampoco ha surgido como un accidente inevitable en la historia de la humanidad, pelo contrario, surge como un proyecto programado, destituido de un carácter humanitario, vino ocultándose tras una propuesta inexcusable de progreso y apoderándose y jugando vidas a la marginalidad, en este sentido,  no debemos estudiarla aislándola de las consecuencias que su proyecto produjo y sigue produciendo sobre muchas vidas humanas que a lo largo de siglos han sido despreciadas y explotadas, bien como engañadas, llevadas a consumirla como un paquete irrenunciable.

Bajo el hechizo del neoliberalismo y la magia de los medios de comunicación que lo promueven, la modernidad y la modernización, junto con la democracia, se venden como un paquete de viaje a la tierra prometida de la felicidad, un paraíso donde, por ejemplo, cuando usted ya no puede comprar la tierra porque la tierra es limitada y no producible o está monopolizada por quienes tienen el control y la concentración de la riqueza puede comprar la tierra virtual (Mignolo, 2010: 9).

 

Pos lectura de Mignolo (2007) uno puede entender que la modernidad ya nasce tendenciosa al desprecio por las vidas humanas que sean necesarias a la garantía de su consolidación y desarrollo, dice él que ya  “a principios del siglo XVII, cuando la formación del capitalismo ya mostraba un desprecio por vidas humanas desechables (indios y negros, fundamentalmente), sometidas a la explotación del trabajo, expropiadas de su morada (la tierra en donde eran), y su morada transformada en tierra como propiedad individual” (ibíd.: 39), también “los refugiados y el holocausto nazi son tan sólo un momento más en la larga cadena de desechabilidad de la vida humana” (ibíd.: 41). Igualmente, el reciente proceso de negación, sometimiento, encarcelamiento y expulsión de inmigrantes en Europa es tan sólo un otro momento más en la larga cadena de desechabilidad de la vida humana.

Mignolo (2010: 18) plantea que la modernidad, en realidad, como lo ha entendido Habernas y Taylor, “es un fenómeno europeo, sí, aunque constituido en una relación dialéctica con una alteridad no europea que contiene en sus más remotos confines. La modernidad aparece cuando Europa se afirma como el “centro” de la Historia Mundial que inaugura: la “periferia” que rodea este centro es entonces parte de esta definición auto centrada”.

Por lo tanto, modernidad se refiere al modo de organización de la vida social que surgió en Europa a partir del siglo XVII, el cual fue transformando el mundo bajo su influencia. “Esta modernidad asociada a un período de tiempo y con una primera ubicación geográfica, deja sus principales características en condiciones de seguridad fuera estibados en un caja fuerte (ibíd.: 46, citando Giddens, 1993)

Desde este punto de enunciación, o sea, del local en donde los privilegiados se benefician de sus logros, la modernidad será vista como un sistema benéfico, de ahí se verán las ventajas sacadas de dicho sistema, la fuerza del exhibicionismo y de la opulencia actuará, por un lado, como convite irresistible a la reproducción de esta forma de vida y, por otro lado, funcionará como herramienta discursiva de enunciación del poder, los efectos colaterales no serán presentados como consecuencia, los excluidos serán culpabilizados por su propia desgracia y estarán siempre esperando por soluciones prometidas por “el avance de la modernidad y para el bien de la democracia.

A los 500 años del comienzo de la Europa moderna, leemos en Informe sobre el desarrollo humano 199225 de las Naciones Unidas que el 20 % más rico de la humanidad (principalmente Europa occidental, Estados Unidos y Japón) consume el 82 % de los bienes de la tierra, y el 60 % más pobre (la “periferia” histórica del “Sistema-mundial”) consume el 5,8% de dichos bienes. ¡Una concentración jamás observada en la historia de la humanidad! ¡Una injusticia estructural nunca sospechada en la escala mundial! ¿No es este acaso el fruto de la Modernidad o del Sistema mundial que inició la Europa occidental? (Dussel, 2000: 52).

 

La modernidad es para Mignolo (2010) la historia contada por sujetos dicentes imperiales, contando su propia historia y disimulando su regionalidad. El diferencial de poder moderno/colonial, dice él, fue, por supuesto, estructurado en todos los niveles (económico, político, epistemológico, militarmente) pero “es en el nivel epistemológico donde la retórica de la modernidad adquirió valor” (ibíd.: 58).

La modernidad queda así en el presente del tiempo y el centro del espacio. La geo‐política y corpo‐política no mencionada en esta narrativa, es que Europa es a la vez el presente y el centro del planeta. Y esa narrativa es la de Hegel. “La política identitaria” consolida el pensamiento y la subjetividad Europea y tiene en Hegel uno de sus más fuertes defensores. Curiosamente, pensadores y filósofos actuales europeos condenan las políticas identitarias de grupos étnicos no‐europeos, ocultando la política identitaria en la que ellos mismos están sumergidos y que les sirve como medida para condenar toda política identitaria que no sea la suya” (ibíd.: 61).

 

La política de la modernidad en la actualidad, analizada tras lección de Mignolo (2010), puede ser comprendida como heredada de una larga historia de sumisión anclada en un proceso de colonialidad que ha impregnado en el cuerpo del sujeto no occidental la imagen de subalterno. Sobre este amparo ha sido construida la política identitaria de los inmigrantes originarios del sur, a partir de la “colonización del tiempo y del espacio” (ibíd.: 61), Europa colocada como “presente y centro del planeta” y lo que está a su vuelta como el pasado y lo primitivo, sobre esta anclaje se ha institucionalizado la diferencia colonial/temporal como elemento “crucial para la modernidad como relato de salvación, emancipación y progreso” (ibíd.: 62).


Imagen 2. http://cazagra.blogspot.mx/ 

Si “el concepto de primitivo introduce en el relato de la modernidad la diferencia temporal externa al trasladar los bárbaros en el espacio y los primitivos en el tiempo” (ibíd.: 63) y como sobre este relato histórico se ha construido a la gente del sur como sujetos primitivos, “aquellos que carecían de algo en los ámbitos del gobierno” (ibíd.: 62),  y a las sociedades como atrasadas, “aquellas que no responden a los estilos y exigencias de los modos de vida europeos” (ibíd.: 64), así, “lo primitivo y lo tradicional aparecen como objetos afuera de Europa y fuera de la modernidad” (ibíd.: 64), luego, de este afuera “inventada por la retórica de la modernidad en el  proceso de recreación de su mismo adentro” (ibíd.: 64) se construye al sur como exterioridad y a sus gentes seguidamente como identidades asociadas al subdesarrollo, por pertenecer a “países que ocupaban los márgenes al sur” (ibíd.: 71).

Acredita Mignolo (2010) que aunque la modernidad no es simplemente un fenómeno europeo y está inexorablemente atada a las colonias, la retórica de la modernidad si es un relato europeo, presente en los hombres letrados europeos, en oficiales del Estado, que han narrado como tal y ocultado la otra mitad de la historia. Esta misma visión tiene Dussel (2000) cuando entiende que sobre esta óptica se ha construido el mito de Europa como personaje único de la modernidad (el lugar en donde surge, se instala, se desarrolla y transfiere al mundo la modernidad).

El lugar de la Europa futura (la “moderna”) era ocupado por lo “bárbaro” por excelencia (de manera que posteriormente, en cierta forma, usurpará un nombre que no le es propio, porque el Asia (que será provincia con ese nombre en el Imperio romano: sólo la actual Turquía) o el África (el Egipto) son las culturas más desarrolladas, y los griegos clásicos tienen clara conciencia de ello. El Asia y el África no son “bárbaras”, aunque tampoco plenamente humanas. Lo que será la Europa “moderna” (hacia el norte y el oeste de Grecia) no es la Grecia originaria, está fuera de su horizonte, y es simplemente lo incivilizado, lo no-político, lo no-humano. Con esto queremos dejar muy claro que la diacronía unilineal Grecia-Roma-Euro es un invento ideológico de fines del siglo XVIII romántico alemán; es entonces un manejo posterior conceptual del “modelo ario”, racista” (Dussel, 2000: 43).

 

Fue sobre este invento ideológico que se ha construido la idea de Europa como sinónimo de modernidad, lugar privilegiado, centro de dominio y poder, lugar de enunciación. Hemos sido instruidos a entender, aceptar, respetar y quizás admirar esta construcción de Europa y modernidad, aún más, en el entendimiento de Sartre (1961) hemos sido domesticados a aceptar, admirar y reproducir la cultura occidental, pero no en términos de Mannoni, es decir, bajo el deseo de ser como ellos y ante el complejo de estar delante de una entidad superior o ser poseedores desde la infancia de un germen de inferioridad. Contrario al pensamiento de Mannoni[3], Fanon (1963) acredita que hemos sido forzados a tal entendimiento por medio de agresiones renovadas sin cesar, por medio de la violencia colonial que “no se propone solo como finalidad mantener en actitud respetuosa a los hombres sometidos, trata de deshumanizarlos. Nada será ahorrado para liquidar sus tradiciones, para sustituir sus lenguas por las nuestras, para destruir su cultura sin darles la nuestra; se les embrutecerá de cansancio” (Fanon, 1963: 11).

Maldonado-Torres (2007: 140) se refiere a este proceso como “la condena del no europeo racializado a la naturalización de la ética de la no-guerra”, y explica, “en la modernidad ya no será la agresión o la oposición de enemigos, sino la raza”, y, añado la pertenecía, como lo que justifica, “ya no la temporal, sino la perpetua servidumbre, esclavitud y violación corporal de los sujetos racializados”. Por eso, alerta Dussel (2000) que ha llegada la hora de oponernos este mecanismo de sumisión:

Debemos oponernos a la opinión hegemónica en cuanto a la interpretación de la Europa moderna (a la “Modernidad”), y no como un tema extraño a la cultura latinoamericana, sino, contra la opinión corriente, como problema fundamental en la definición de la “Identidad latinoamericana” -para hablar como Charles Taylor-. En efecto, hay dos conceptos de “Modernidad”. El primero es eurocéntrico, provinciano, regional. La Modernidad es una emancipación, una “salida” de la inmadurez por un esfuerzo de la razón como proceso crítico, que abre a la humanidad a un nuevo desarrollo del ser humano. Este proceso se cumpliría en Europa, esencialmente en el siglo XVIII. El tiempo y el espacio de este fenómeno lo describe Hegel, y lo comenta Habermas en su conocida obra sobre el tema -y es unánimemente aceptado por toda la tradición europea actual-: Los acontecimientos históricos claves para la implantación del principio de la subjetividad [moderna] son la Reforma, la Ilustración y la Revolución francesa (Dussel, 2000: 45).

 


Imagen 3. http://sociales-rhp.blogspot.mx  

El mito de la modernidad del que habla Dussel (2000) sigue produciendo un gran número de víctimas que han tenido el desplacer de recibir la herencia maldita de “la falacia desarrollista del proceso de modernización hegemónico” (ibíd.: 50) que les han definido como personas negadas a los beneficios la modernidad.

Luego, si las víctimas de la modernidad han sido instruidas a pensarse como culpables de su propia desgracia el primer camino para superar la maligna semilla de la modernidad es dar la vuelta a la lógica de la modernidad y encararla como “un proceso irracional que se oculta a sus propios ojos” (ibíd.: 49) y, entonces, descubrir “la otra cara-negada y víctima de la modernidad como inocente: es la víctima inocente del sacrificio ritual, que al descubrirse como inocente juzga a la modernidad como culpable de la violencia sacrificadora, conquistadora originaria, constitutiva, esencial” (ibíd.: 49).

Este camino es lo que nos permitirá “descubrir la dignidad del Otro (de la otra cultura, del otro sexo y género, etcétera); cuando se declara inocente a las víctimas desde la afirmación de su alteridad como identidad en la exterioridad como personas que han sido negadas por la modernidad” (ibíd.: 50).

 

La modernidad, globalización y capitalismo, pilastras de la colonialidad

La modernidad, tal como hemos presentado en las consideraciones anteriores, puede ser también entendida, juntamente con la globalización y el capitalismo, como pilastras de la colonialidad, y la colonialidad es, como se ha referido Quijano (2007), uno de los elementos constitutivos y específicos del patrón mundial de poder capitalista que se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular de dicho patrón de poder. La colonialidad es, por lo tanto, una estructura de dominación y explotación iniciada con el colonialismo, pero que se ha mantenido como una herida abierta hasta la actualidad.

La colonialidad, dice Dussel (2000: 50), suele pasar desapercibida por “el mito de la modernidad”, ocultándose detrás de la retórica de un mundo moderno/globalizado. Y al volcarnos a un pensamiento otro (contrario a la lógica de opresión) percibimos que es en lo que Mignolo nos ofreció como concepto de matriz colonial de poder[4] que entenderemos la colonialidad como proyecto que produjo y sigue produciendo secuelas, es decir, una lógica “sobre las que se actúa y se racionaliza la acción, se saca ventaja de ella o se sufre sus consecuencias (Mignolo, 2010: 12).

Quijano, Mignolo, Dussel y otros investigadores son parte de un grupo interesado en nos revelar el concepto de colonialidad de poder y es este concepto un esquema que Curiel (2007: 94) acredita ser ideal “para entender las lógicas de dominación del mundo moderno y su relación con el capitalismo global, ligado al colonialismo histórico, al cuestionar de fondo las corrientes eurocéntricas y occidentalistas”.

Es importante añadir al entendimiento de Curiel lo que Quijano (2001) propone como cuestión central para entender la globalización a partir de su relación con las tendencias actuales de las formas institucionales de dominación, en particular del moderno Estado-Nación. Quijano (2001) por medio de una perspectiva teórica e histórica cuestiona el fenómeno del poder y nos lleva al entendimiento de que es este un tipo de relación social constituido por la “co-presencia” permanente de tres elementos: dominación, explotación y conflicto. Asevera el autor que estos elementos afectan a las cuatro áreas básicas de la existencia social: el trabajo, el sexo, la autoridad colectiva y la subjetividad/intersubjetividad; sus recursos y sus productos. Aun afirma Quijano que las relaciones de poder que se constituyen en la disputa de tales áreas o ámbitos no nascen ni si derivan las unas de las otras, pero no pueden existir las unas sin las otras. Y eso es lo que posibilita que se forme un complejo estructural determinado por un patrón histórico de poder que desde hace 500 años ha sido impuesta sobre toda la población del planeta.

Desde entonces, en el actual patrón mundial de poder impregnan todas y cada una de las áreas de existencia social y constituyen la más profunda y eficaz forma de dominación social, material e intersubjetiva, y son, por eso mismo, la base intersubjetiva más universal de dominación política dentro del actual patrón de poder” (Quijano, 2001: 98). “En ese sentido, lo que ahora se llama "globalización" es, sin duda, un momento del proceso de desarrollo histórico de tal patrón de poder, quizá el de su culminación y de su transición, como varios ya han sugerido (ibíd.: 100).

 

Abordar el tema de la globalización a partir de una mirada relacional con el tema de la colonialidad significa verificar el patrón de poder, establecido bajo la lógica de la colonialidad, encontrando en la globalización un camino ideal para expandirse y crear sus estrategias de subyugación; bien como, manifiesta que detrás de tal espejismo existe una lógica y elementos que, de la misma manera que hemos visto anteriormente en la retórica de la modernidad, conforman la retórica de un mundo capitalista/globalizado que esconde la lógica de colonialidad y las consecuencias perversas de sus dispositivos de explotación presentes en el cotidiano y experiencias de los que viven presos a la experiencia de la marginalidad.

 Aplicar tal contexto a la realidad de vida de los inmigrantes trasnacionales, permítenos entender de esta trama que lo que no se evidencia en la retórica de la modernidad/colonialidad (globalizada)  es que: mientras admitimos una posible disminución en los límites respecto a las transferencias materiales, financieras y muchas veces humanas, como efecto de la globalización, por otro lado, este tendencioso proceso de apertura fronteriza, y que ha resultado en una cultura trasnacionalizante, no ha cesado cuando se habla de barreras sociales, especialmente cuando dentro del modelo moderno de Estado-Nación el Estado funciona como una estructura autoritaria y dominante que tiene como signo: “primero, la ciudadanía o presunción formal de igualdad jurídico-política de los que habitan en su espacio (…) segundo, la representatividad política que, sobre esa base, se atribuye al Estado respecto del conjunto de ciudadanos (Quijano, 2001: 99).


Imagen 4. https://vocesdepradillo.wordpress.com/ 

El Estado bajo esta ideología crea imposiciones a la vida de los no ciudadanos (inmigrantes), es decir, crea mecanismos de exclusión y justifica tales medidas como sacrificio en defensa de los ciudadanos, en este sentido, se por un lado tales medidas justificadas legitima parte de la población como merecedora de “la presunción formal de igualdad jurídico-política”, por otro lado, funciona como proceso de exclusión y deslegitimación de la otra parte (los inmigrantes), en este sentido “la desigualdad se establece por el principio de igualdad, la exclusión se establece de acuerdo al principio de la diferencia” (De Sousa Santos, 2005: 9). Y es este, sin duda, un proceso de formalización o agravamiento de las fronteras sociales que resulta de la relación autóctono/inmigrante y que, de acuerdo con De Sousa Santos (2005), funcionan como mecanismos por los medio de los cuales los sistemas de subordinación se retroalimentan y se articulan en las sociedades capitalistas.

Centrándonos ahora en el concepto de globalización[5], si:

Lo que hoy se denomina "globalización" es, obviamente, una cuestión de muchas cuestiones y sobre las cuales hay mucho debate y una vasta y creciente literatura. Es probable que la más difundida idea que circula asociada a ese término sea la de una continua y creciente integración económica, política y cultural del mundo. En la práctica eso implica que hay fenómenos y procesos que afectan a todo el mundo de manera inmediata, incluso simultánea, esto es (...) global. Y se atribuye a la "revolución científico-tecnológica" en los medios y sistemas de comunicación y de transporte, la calidad de ser la principal determinación histórica de ese posible proceso (Quijano, 2001: 101).

 

Y este fenómeno, visto por Giddens (2001: 690) como “el crecimiento de la interdependencia entre distinta gente, regiones y países en el mundo”, ha, de acuerdo con Hawkins (2008: 133), “exacerbado el dilema contemporáneo de como los movimientos transnacionales, particularmente los de la migración, pueden ser acomodados dentro de la esfera política del proyecto del Estado-nación”.

Además, si asociamos a este contexto la idea de naturalización de los valores capitalistas, bajo la hegemonía del neoliberalismo, y aplicamos tal perspectiva a la realidad de vida de muchos inmigrantes que sobreviven a las presiones del status de la ilegalidad, o a las políticas de la colonialidad, que surgen de la raíz de lo que Mohanty (2008: 349) llama de “macropolíticas de dominación que generan en las micropolíticas de la vida cotidiana y los procesos más grandes de recolonización de la vida cotidiana”.

Aún más, si consideramos, a la luz de Mohanty (2008), que estos procesos políticos y económicos se han vuelto más brutales y han menoscabado las desigualdades económicas y sociales, bien como, si entendemos que los efectos de los cuerpos gobernantes sobre la gente pobre del mundo han sido devastadores y que es la gente marginada “especialmente del Tercer Mundo/Sur quien lleva la carga más pesada de la globalización” (Mohanty, 2008: 358), es decir, “capital global en su guisa racializada destruye los espacios públicos de la democracia y silenciosamente succiona el poder de los espacios antaño públicos/sociales de los Estado Nacionales” (ibíd.: 358), nos encontramos con el entendimiento de qué son los que viven a las márgenes del sistema de seguridad ciudadana los que sufren por este proceso de desmantelamiento promovido por el desinterés público en comprometerse con la defensa de ciertas clases. Algunas clases de inmigrantes, por ejemplo, es parte de una población que no está ubicado socialmente en el punto/espacio para donde el capital concentrado se transforma bienestar social.

Con lo cual, asociar la problemática migratoria a las injusticias promovidas por el capitalismo global es entender la globalización como “un espacio de recolonización de los pueblos” (Mohanty, 2008: 359). Ha dicho Mohanty que “El colonialismo ahora se llama globalización y libre comercio” (ibíd.: 355) “El capitalismo utiliza los cuerpos raciales en su busca global de ganancias” (ibíd.: 381).

 

Una mirada hacia la trata de los inmigrantes: el quebrantamiento de las fronteras nacionales, la creación de espacios regionales y la incursión de la realidad trasnacional ante la ideología globalizante

Si, además de un proyecto político de apertura fronteriza, la globalización acaba también por transformarse en un espacio de recolonización de los cuerpos de la gente marginada del sur, en este sentido, como hemos nos referido en el apartado anterior, la globalización se materializará como un proyecto a servicio de la colonidad y que facilitará y sostendrá la retórica de la modernidad.

 Dentro del actual contexto de las migraciones esto ocurre cuando la globalización (asociado al desarrollo tecnológico) se transforma en un facilitador o un espacio de apertura de las fronteras de Estados-naciones hasta entonces cerrados para el cruce de poblaciones del mundo subdesarrollado, creando la ilusión de un mundo cada vez más aproximado, pero a la vez esconde la colonialidad como proyecto de subyugación (a servicio del capitalismo), es decir, en el mismo momento en que se abren las fronteras geográficas/políticas son impuestas fronteras sociales que serán reglamentadas por el propio Estado receptor.

El desarrollo tecnológico, vinculado a las nuevas disposiciones de traslado, ha sido muchas veces entendido como herramienta estimuladora y facilitadora para la entrada de una gran cantidad de inmigrantes en los países occidentales, pero entendemos que si por un lado existe una tecnología que por medio de su desarrollo ha creado facilidades para el traslado de los inmigrantes, por otro lado, esta misma ha avanzado en el sentido de ofrecer a los Estados instrumentos que contribuyan para el establecimiento de límites y “evitar la sensación de barca llena” (Castle, 2008). Estas herramientas tecnológicas cuando inseridas dentro del contexto de la globalización producen efectos dicotómicos en la relación Estado-nación/inmigración: sobre los inmigrantes, cuando la falsa idea de unidad y la sensación de un menor distanciamiento territorial y cultural en el mundo crea un “efecto push” (Castle, 2008); sobre el Estados-nación cuando la realidad globalizante permite tener a su disposición la mano-de-obra en la cuantidad y cualidad deseada y por ello se crea políticas de aceptación, pero también de rechazo a extranjeros no clasificados dentro del orden de la necesidad vigente, permitiendo que a los rechazados que logran cruzar forzosamente la frontera se les traten dentro de los parámetros o políticas de la ilegalidad.

El proceso de la mercantilización del trabajo —y consecuentemente de la propia inmigración—, implementado como parte de las políticas de las naciones desarrolladas, se enfocó en el beneficio propio del excedente laboral de los países periféricos (Wong, 1997), lo que ha abierto la puerta a esta migración transnacional y la posibilidad que este fenómeno ha dado a estos individuos de vincularse casi simultáneamente con el país de origen y el país de acogida. (Hawkins, 2008: 149).

 

Asimismo, aunque cada vez más los Estados occidentales busquen cerrar las fronteras para la entrada de inmigrantes indeseados, éstas son percibidas como permeables a la medida en que muchos inmigrantes encuentran brechas en los mecanismos de cierre y logran cruzar dichas fronteras, sin embrago, hay que considerar que algunas de estas brechas pueden más bien ser entendidas como mecanismos que solo funcionan se asociados a idea de apertura por parte de algunos países que, bajo ciertas intencionalidades, desean permitir la entrada de extranjeros, clasificados dentro de la tipología de inmigrantes no calificados, para atender a necesidades laborales específicas, por ejemplo las vacantes insalubres, luego, a medida que sus necesidades son satisfechas buscase contener la entrada de éstos.

La verificación de que muchos estos inmigrantes ya no deseados (dentro de los límites de absorción establecidos por el mercado formal) siguen logrando cruzar las fronteras ha alarmado a los países recibidores, la verificación de dichas fallas ha permitido que estos países busquen cada vez más mejorar las políticas de contención por medio de la utilización de herramientas tecnológicas.

Se ha estimado que desde 1970 la inmigración tanto legal como ilegal en la escala mundial se ha incrementado 10 veces (Ostendorf, 2002), y consecuentemente los temas de integridad nacional y diferenciación que previamente eran formulados por la división colonial-colonizado, han reaparecido más dramáticamente. Esta migración —vista cada vez más como un fenómeno transnacional— ha generado una redistribución masiva de movimiento geográfico pues la gente que había sido previamente colonizada, ahora inunda los países metropolitanos en busca de oportunidades” (Hawkins, 2008: 148).

 

En observancia al crecimiento de los movimientos migratorios trasnacionales y su impacto sobre los países recibidores, Besserer (1999) organizar la literatura sobre el trasnacionalismo y además de otras consideraciones[6] afirma que hoy las comunidades transnacionales escapan en muchos sentidos a la sujeción del Estado-nación no solo por excederse de la soberanía territorial, sino también por exceder las fronteras de las categorías con las que opera el Estado.

Podemos encontrar esta definición de comunidad transnacional como aquella que se ubica "más allá del momento histórico del Estado-nación" en varios planteamientos:

  1. En los estudios de comunidades europeas, la constitución de una figura política supra-nacional ha alterado la relación entre comunidades y Estado-nación, acentuándose frecuentemente la identidad "local"…
  2. El fin del tratado Bretton Woods ha iniciado la formación de un régimen de regulación supranacional que ha reformulado el sentido mismo de los recursos y poblaciones a nivel local de una manera diferente a la que el régimen nacional lo ha hecho hasta ahora (Gupta 1997)…
  3. La integración de sistemas económicos privados multinacionales que incluyen a los sistemas de corporaciones globales así como a las “cadenas globales de mercancías”…
  4. Los movimientos translocales, sean éstos coaliciones, redes de información, organizaciones no gubernamentales (ONG) o comunidades transnacionales, son en sí fenómenos que al romper con la unidad estado-soberano/sociedad-civil forman comunidades "transmésticas” (Khagram 1995) o transnacionales, un fenómeno que en sí mismo expresa el fin histórico del Estado-nación [ibíd. 7 y 8; citando Richard Mines (1981), Withol de Wenden (1994), Fonseca (1995), Suárez (1998), Gupta 1997, Bonacich et al. (1994), Khagram (1995)].

 


Imagen 5. http://www.grupotortuga.com/ 

Mientras gran parte de los teóricos que investigan el trasnacionalismo defienden la idea de que éste pone en cuestión o debilita las estructuras del Estado-nación por medio de un quebrantamiento en su base ideológica, Hawkins (2008), por ejemplo, nos dice que “a pesar de que los movimientos migratorios no son un fenómeno nuevo, la escala de la reciente migración global ha exacerbado el debate de si el Estado-nación es capaz, o no, de sobrevivir como autorregulador por mucho más tiempo” (ibíd.: 148). Por otro lado, ya se discute la existencia de círculos que producen los más importantes debates y planteamientos en contra del argumento anterior, “estos académicos críticos sugieren que más bien el tema del transnacionalismo está aumentando el poder de algunos Estados-naciones” (ibíd. 152). Ellos explican que “mientras que las prácticas económicas neoliberales buscan la destrucción de las líneas de demarcación, la inmigración transnacional, que de estas prácticas resulta, ha amenazado con implementar un nuevo y más radical sistema de regulación de las fronteras nacionales” (ibíd.: 152).

Hawkins (2008) también se refiere a las fronteras Estados-nacionales como espacios que están cambiando a regionales, pero que no han abandonado las “viejas práctica de segregar y diferenciar los individuos y grupos raciales” (ibíd.: 153). Aunque él trae como ejemplo el proyecto de reformulación de la frontera México-Estados Unidos a través del NAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de Norte América), alianza que por la heterogeneidad cultural, económica y de intereses políticos de las dos partes mantiene a los Estados Unidos en un punto de superioridad espacio/económico/temporal, creado a través de un imaginario que “ha convertido Norteamérica en parte heredera de las raíces dominantes del mundo” (Shapiro, 1999; citado en Hawkins (2008: 154),  en donde el poder es enunciado de arriba abajo; en este sentido, estando México en un punto de desventaja, las transacciones no se establecerán en igual nivel de competitividad, por ejemplo, en la libre pasaje de personas.

Visto desde las consideraciones de autores como “Huntington, Waldinger y Fitzgerald” (Hawkins, 2008: 153) la entrada de nuevos inmigrantes no significa el declive del proyecto del Estado-nación y planes como el “NAFTA, aplicado al ámbito de las migraciones, se convierte en “un mecanismo para enfrentar la gran escala de inmigración” (ibíd.: 153). Sobre esta percepción estos autores sugieren que “a pesar de que la inmigración transnacional y el movimiento de personas en general ponen en cuestión el Estado nacional, como una entidad política válida, este tipo de inmigración no puede aún sobrepasar el poder del monopolio que los fuertes Estados-naciones tienen para contener y promover estos movimientos” (ibíd.: 153).

En el caso de la Unión Europea las fronteras de sus Estados-nacionales como espacios que están cambiando a regionales debe ser analizado de forma distinta de la lógica atribuida por Hawkins al NAFTA, esto porque la realidad económica, política y cultural que comparten los países que conforman dicho bloque sigue una lógica distinta de la que hemos percibido en el NAFTA. Empezando por la cuestión económica, aunque en este momento algunos de sus miembros atraviesen por momentos económicos inestables, es importante entender que para ser miembro o seguir perteneciendo a la Unión Europea hay que cumplir, sin cuestionar demasiado, a una serie de cuestiones o reglas impuestas por la cúpula, sobre pena de no aceptación o expulsión, en este sentido solo se aceptan a los países que atiendan a una cierta lógica de homogeneidad, que sobre el plan económico quiere decir capacidad  y oferta de garantías[7]. Esto ha permitido que se crie una idea de homogeneidad de vecindad cultural en torno de la ideología identitaria occidental que permite disminuir los conflictos intersubjetivos entre las poblaciones de los distintos países miembros.

Sobre la población inmigrante originaria del sur la cuestión política y cultural asume un lógica distinta, estando asociada a la creación de una posible identidad occidental, como padrón de superioridad, que ha estado demasiado tiempo ocupada en establecer distinciones coloniales y estimular el proceso de diferenciación y de inferiorización de la gente del sur, del tercer mundo/subdesarrollo.

En este caso, ha sido creado un patrón de diferenciación en donde los diferentes (otros) son los de “abajo del globo”, sobre los de arriba, establecido a través de esta imagen “monocultural” europea. Tal lógica parte de “una combinación de retórica política e ideológica que busca crear una falsa plataforma sobre la cual el poder puede ser legitimado” (Shapiro, 1999; citado en Hawkins, 2008: 154). Como la homogeneidad política/económica/cultural es pregonada y ciertos tipos de libertades no ponen en riesgo o en desventaja el interés de ninguna de las partes, dentro del límite europeo, las relaciones se darán en todos los niveles, liberándose las fronteras de forma ilimitada para el flujo de esta población[8].

En este sentido, la inmigración asume su carácter como tal cuando intrínseco dentro de un contexto de negación, diferenciación y exclusión. Cuando la competitividad está implícita dentro de la lógica de vecindario trasnacional y las fronteras trasnacionales no han sido convertidas en fronteras regionales reales. Surge dentro de las relaciones fronterizas desarrollo versus subdesarrollo o Europa versus Sur. “Tanto el eje Norte/Sur como el eje Este/Oeste se identifican en el espacio de tiempo transnacional, y es en el donde actúan los fenómenos de globalización” (De Sousa Santos, 2005: 22).

Por lo tanto, dentro del contexto de las migraciones trasnacionales, esta realidad es perceptible dentro de las políticas de la Unión Europea a través los acuerdos bilaterales y creaciones de leyes que facilitan tanto el cruce de las fronteras cuanto el permiso para residir y trabajar para ciudadanos de países miembros.

Estas personas no sufren las consecuencias de lo que pretendemos llamar de colonialidad en su más brutal representación, ni en la trata política, respecto al gozo de derechos sociales (residir, trabajar, seguridad social), ni en la subjetividad, ya que son considerados como miembros de “la cultura de primera” o de la “la invención occidental”. Son para todos los efectos extranjeros y no inmigrantes. El termino inmigrante gana aquí un sentido reduccionista o una connotación negativa propia de la colonialidad, ya que ser inmigrante no significa ser simplemente extranjero, pero ciertos tipos o clases de extranjeros, el del Sur, o del Este subdesarrollado, son los herederos del colonialismo, del subdesarrollismo, del tercermundismo los que viven en la actualidad el proceso de colonialidad.

 

Conclusión

Hemos buscado aquí pensar el cotidiano del inmigrante subordinado a la colonialidad y eso significa buscar analizarlo desde “las huellas de la herida colonial” (Quijano, 2007). Hemos querido con eso observar las consecuencias de esta herida sobre el proceso de acomodación y sociabilización de los inmigrantes en las comunidades de destino, demostrando las consecuencias de esta lógica impositiva sobre sus vidas. La exclusión presente en el cotidiano del inmigrante surge, por lo tanto, como “una especia de asimetría social en la que algunas personas se benefician en perjuicio de otras” (Garcia Canclini, 2004, p. 75).

Hemos podido verificar que esto se produce y se reflete dentro del contexto migratorio tanto, por ejemplo, cuando se crean las políticas direccionadas a la contención de los flujos migratorios, como también por el control y segregación en el acceso a algunos tipos de políticas sociales. En ese sentido, para muchos inmigrantes considerados desnecesarios (intrusos), por un lado, se les niegan el permiso de entrada en país de destino, por otro lado, para los que logran ultrapasar “la encrucijada das fronteras” (Arango, 2003), se les imponen limites a través da creación de imposibilidades en el acceso a las políticas asistenciales y derechos, por ejemplo, algunas de los que son ofrecidos a los detenedores del ejercicio de la ciudadanía (trabajar, seguridad social, entre otros).

Este control de la autoridad, establecido en contexto migratorio, presente tanto en política de control  fronterizo, como en los mecanismos de desvinculación das políticas de protección social, y también de negación de derechos individuales e libertades subjetivas, bien como las miradas sesgadas y otros procesos discriminatorios sufridos por muchos inmigrantes en el occidente, debe ser demarcado dentro do constante proceso entendido como una lógica que resulta del posicionamiento del inmigrante como sujeto subalterno, disminuido como ser por el simple hecho de pertenecía u origen, una práctica cultural reforzada por la constante actualización del sistema de la colonialidad. En este sentido, entender la colonialidad como resultado de esas prácticas culturales, permítenos crear un orden de entendimiento en donde los valores do padrón de poder (que emana de los privilegiados del capitalismo) sobreponen a los valores o necesidades de los grupos marginalizados (subalternos) e víctimas de dicho sistema.

 

Notas:

[1] Basado en el trabajo de investigación (tesina) realizado para el Máster en Antropología de Orientación Pública (Universidad Autónoma de Madrid): La colonialidad y sus disfraces: el poder que se ejerce sobre los inmigrantes del tercer mundo bajo los ojos de occidente y el hechizo de la colonialidad; orientado por el profesor Dr. Juan Carlos Gimeno.

[2] Vinculado al Programa Doctoral en Ciencias Humanas de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM); línea de investigación: antropología de orientación pública; e-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[3] Fanón (1973: 68 y 69) critica el pensamiento de Mannoni y dice que habiendo vivido en la extremada ambivalencia inherente a la situación colonial (…) y que aun habiendo consagrado doscientas veinticinco páginas al estudio de la situación colonial, Mannoni no ha sabido captar sus verdaderas coordenadas. Dice Fanón que no podemos estar de acuerdo con él cuando leemos: El hecho de que el malgache adulto aislado en otro medio puede devenir sensible a la inferioridad de tipo clásico prueba de manera pocos menos irrefutable que, desde de su infancia, existía ya en él un germen de inferioridad.

[4] Mignolo (2010) presenta la matriz  colonial de poder como una red de creencias y de dominación cuyos aspectos fundamentales explica la lógica de la colonialidad del saber, colonialidad del ser, colonialidad del ver, colonialidad  del hacer, colonialidad  del pensar y del oír; que se manifiestan a través del control de la economía, control de la autoridad, control de los recursos naturales, control del género y sexualidad y, por fin, por el control de la subjetividad y del conocimiento.

[5] No pretendo adentrar en las discusiones conceptuales relativo a las múltiples formas de abordar el tema de la globalización, quiero apenas citarla como puerta de entrada al tema de las migraciones trasnacionales, ya que el primero puede ser entendido cómo un de los determinantes de este último.

[6] Besserer (1999) divide los estudios de importantes investigadores en tres acepciones de acuerdo con la definición de comunidad trasnacional:

  1. En la primera acepción la comunidad trasnacional es entendida como aquella que se extiende y se consolida “más allá (o a pesar) de la frontera nacional”. En ella citando autores como Rouse (1991), Kearney (1991), Georges (1990), Negangast (1988), Glick Schiller et al. (1992), discute el concepto de transnacional (más allá de la frontera) centrándose en el carácter transfronterizo de los sujetos y comunidades que estudian y refiriéndose principalmente a la presencia y movimiento de personas, organizaciones signos, y valores más allá de las fronteras territoriales del Estado-nación. Estos estudios apunta en Besserer (1999: 2 y 3) alternativas a las estrategias localizadas de investigación para abrir camino a los estudios de “comunidades desterritorializadas” y sus problemáticas singulares, bien como sus relaciones multívocas que enlazan a las sociedades de origen a través de la intensificación de “círculos migratorios” que con el tiempo se fortalecen y consolidan constituyendo una sola comunidad dispersa en una variedad de localidades.
  2. En la segunda acepción Besserer (1999) reúne a los autores que entienden la comunidad trasnacional como un resultado del proceso de construcción de la nación en tres visiones:
  • En la primera visión, citando a Blanc Szanton. Basch, Glick Schiller (1992) y Mandel (1989) muestra ejemplos de algunas naciones que se han basada en procesos de construcciones excluyentes y bajo discursos nostálgicos, creando una relación de diferenciación tanto étnica como económica. “Así, el proceso de transnacionalización" de una comunidad que mantiene la unidad pese a ubicarse en varios países se debe, en gran medida, al proceso exclusionista –etnificante- de construcción de la nación” (ibíd.: 4).
  • La segunda versión vincula el proceso de trasnacionalización a la creación de una doble nacionalidad como resultado del interés que tiene el gobierno del país de origen en lograr obtener resultados positivos “al reconocer el importante papel que juegan los transmigrantes para la economía política de la nación de origen, les confiere un status de doble nacionalidad” (ibíd.: 5)
  • En la tercera versión podemos encontrar algunos pensadores post-coloniales de Africa y de la India que afirman que “el proceso de independencia de estos países en el siglo XX creó una ventana de oportunidad para la reflexión sobre el camino a seguir como países independientes. En esta discusión postcolonial, al liberarse del colonialismo europeo que impuso fronteras territoriales que dividieron a grupos lingüísticos, étnicos y nacionales, surgió la propuesta “nativista” de propugnar por la construcción de la unidad del Estado-nación libre.

Por ultimo encontramos la acepción que entiende las comunidades transnacionales como comunidades que se consolidan en un momento de desvanecimiento del Estado-nación. Sobre esta óptica, citando Kerney (1991), los miembros de las comunidades transnacionales son identificados como poseedores de “lo que más recientemente se ha nombrado como “doble conciencia o identidad híbrida” (ibíd.: 6), pero no como resultado de un doble proceso de construcción nacional; “también es el producto de que la unidad de la nación es solo imaginada” (ibíd.: 6).

[7] El artículo 49 del Tratado de la Unión Europea (TUE) impone las condiciones (así como las modalidades) para todo país que desee ingresar en la UE:

Todo país que desee ingresar en la UE debe respetar los criterios de adhesión, o criterios de Copenhague, en los que se basa la Comisión para emitir su dictamen relativo a las solicitudes de adhesión. Estos criterios fueron definidos en el Consejo Europeo de Copenhague de 1993 y completados en el Consejo Europeo de Madrid de 1995. Se trata de:

  • criterios políticos: la estabilidad de las instituciones que garantizan la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos y el respeto y la protección de las minorías;
  • criterios económicos: la existencia de una economía de mercado viable, la capacidad para hacer frente a la presión de la competencia y a las fuerzas del mercado en el seno de la UE;
  • la capacidad de asumir las obligaciones como miembro que se derivan del Derecho y de las políticas de la UE (acervo), incluida la adhesión a los objetivos de la Unión política, económica y monetaria;
  • haber creado las condiciones para su integración mediante la adaptación de sus estructuras administrativas.

Sobre los aspectos políticos, económicos y culturales amparados jurídicamente las fichas técnicas de la Comunidad Europea sintetiza los fundamentos jurídicos de dicha adhesión y concluye:

La UE ha conocido cinco ampliaciones sucesivas desde su creación en 1957. De los seis Estados miembros fundadores, ha pasado a veintisiete. Las de 2004 y 2007 han sido ampliaciones sin precedentes, tanto en razón del número de países que iban a ingresar como de los retos que presentaba la adhesión de estos países a la UE. En efecto, la situación tanto política como económica de la mayoría de esos países requería una mayor preparación antes de ingresar en la UE. Además, la propia UE debía prepararse para acogerlos en términos de capacidad de absorción. Ése es el motivo por el que se profundizó el proceso de ampliación, de modo que esos países estuvieran en condiciones de hacer frente a sus obligaciones de Estados miembros en el momento de su adhesión, ayudándoles en sus procesos de transición y reformas y, en consecuencia, de preparación a la adhesión.

Así pues, con arreglo a la voluntad de los padres fundadores y al espíritu de los Tratados, la UE responde a su objetivo de ser un espacio de unidad en la diversidad, promotor de estabilidad y prosperidad, y agrupa a países que comparten un compromiso y unos valores comunes, a saber, la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos. (Fuente: Adaptado de la síntesis del fundamento jurídico de la Comunidad Europea en http://europa.eu/legislation_summaries/enlargement/ongoing_enlargement/l14536_es.htm, en 07 de junio de 2013)

[8] Los artículos 14 (A), 18 (A) y 61 (73I y ss) del tratado de la Comunidad Europea (CE) son los que regulan los temas y políticas de libre circulación de las personas: en el artículo 14 (A) se establece el "mercado interior", entre otras cosas para la libre circulación de las personas; en el artículo 18 (8A) menciona los ciudadanos de la Unión tienen el derecho a circular y residir libremente en el territorio de los Estados miembros; el artículo 61 (73I y ss.) introduce un nuevo Título IV (III bis) sobre "visados, asilo, inmigración y otras políticas relacionadas con la libre circulación de las personas.

De acuerdo con las fichas técnicas del Parlamento Europeo el objetivo de tales medidas es permitir la libertad de circulación de las personas y la eliminación de controles en las fronteras interiores forman parte de un concepto más amplio, el de mercado interior, en el que no es posible que existan fronteras interiores ni que las personas vean sus movimientos obstaculizados.

Dichas fichas técnicas menciona aunque el concepto de libre circulación de las personas (libre circulación) ha experimentado un cambio significativo desde que se creó. En las primeras disposiciones se trataba únicamente de la libre circulación de cada persona considerada como sujeto económico, ya fuera como trabajadores o como prestatarios de servicios. Este concepto económico inicial se ha ampliada cada vez más en el sentido de una generalización vinculada a la idea de una ciudadanía europea, independientemente de la actividad que se ejerciera y de las diferencias en cuanto a la nacionalidad. (Fuente: Adaptado de las fichas técnicas del Parlamento Europeo en http://www.europarl.europa.eu/factsheets/2_3_0_es.htm en 07 de junio de 2013).

 

Bibliografía:

  • ARANGO, J. (2003). La explicación teórica de las migraciones: luz y sombra. Migración y Desarrollo, nº 01: 01-30.
  • BESSERER, F. (1999). Estudios trasnacionales y ciudadanía trasnacional, en Gail mummert (ed.) Fronteras Fragmentadas, México, Colmich.
  • CASTLES, S. (2008). Globalización e inmigración. Inmigración y procesos de cambio, Europa y Mediterráneo en cuestión. Gemma Aubarell y Ricard Zapata (eds.) –Barcelona: Icaria, p. 33 – 56.
  • CURIEL, O. (2007). Crítica poscolonial desde las prácticas políticas del feminismo antirracista. Universidad Central – Colombia, Nómadas, nº 26, p. 92-101.
  • DE SOUSA SANTOS, B. (2005). Desigualdad, exclusión y globalización: hacia la construcción multicultural de la igualdad y de la diferencia. Revista de Interculturalidad, año 1, nº 1, p. 9 – 44.
  • DUSSEL, E. (2000). Europa, modernidad y eurocentrismo. E. Lander (Compilador), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales; Perspectivas latinoamericana,. Buenos Aires: CLACSO.
  • FANON, F. (1963). Piel negra, máscaras blancas. Editorial Abraxas, Buenos Aires.
  • GARCÍA, N. (2004). Diferentes, desiguales y desconectados: mapas de la interculturalidad. Barcelona: Editorial Gedisa.
  • GIDDENS, A. (2001). Sociology Polity Press & Blackwell Publishing Ltd., Cambridge-Oxford.
  • HAWKINS, D. (2008). “Fronteras y límites: transnacionalismo y Estado-nación”. En: Boletín de Antropología Universidad de Antioquia, v. 22, n.° 39, p. 132-158.
  • MALDONADO-TORRES, N. (2007). Sobre la colonialidad del ser: contribución al desarrollo de un concepto. El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global / compiladores Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel. – Bogotá: Siglo del Hombre Editores; Universidad Central, Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos y Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Pensar.
  • MIGNOLO, W. (2010). Desobediencia Epistémica. Retórica de la modernidad, lógica de la colonialidad y gramática de la descolonialidad. Colección Razón Política, Ediciones del Signo, Buenos Aires.
  • MIGNOLO, W. (2007). El pensamiento decolonial: desprendimiento y apertura, un manifiesto. En El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global / compiladores Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel – Bogotá: Siglo del Hombre Editores; Universidad Central, Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos y Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Pensar, p. 25 – 46.
  • MOHANTY, C. T. (2008). “Bajo los ojos de Occidente: la solidaridad feminista a través de las luchas capitalistas”, en Suárez Navaz, L. y Hernández, R. (eds.) Descolonizando el feminismo. Teorías y prácticas desde los márgenes, Cátedra, Madrid.
  • QUIJANO, A. (2007). Colonialidad del Poder y Clasificación Social. El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global / compiladores Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel. – Bogotá: Siglo del Hombre Editores; Universidad Central, Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos y Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Pensar.
  • _____ (2001). Colonialidad del poder, globalización y democracia. Utopías: Revista de Debate Político, (188), p. 97-123.
  • SPIVAK, G. C. (1998). ¿Puede hablar el sujeto subalterno?, Orbis Tertius, 3.

 

Cómo citar este artículo:

PEREIRA LÁZARO, João Paulo, (2017) “La retórica de la modernidad, la lógica de la colonialidad y la globalización en el ámbito de las migraciones trasnacionales: formación de subjetividades negadas y cotidianidad de migrante del sur”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 31, abril-junio, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Sábado, 24 de Junio de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1460&catid=14

Si deseas colaborar con nosotros, lee las indicaciones para publicar