Pacarina del Sur
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El capitalismo es un sistema corrupto

Julio Roldán[1]

 

 

Uno de los conceptos más repetidos, a través de todos los medios, recurriendo a un sin número de voces y tonos, en las últimas décadas, es el verbo “corrupción”. Y su derivado “corrupto”, como adjetivo. El generalizado alibi es vender la idea que la corrupción es una acción centralmente moral que va acompañado de su consabida reglamentación ética. Según esta pretensión, ser corrupto significa ser inmoral, ser corrupto implica ser antiético. En otras palabras, significa haber quebrantado las normas legales-legitimas que rigen la sociedad oficial y la buena convivencia.

Hay que mencionar, sumariamente, que la causa determinante de la corrupción es directamente proporcional a la aparición de la propiedad privada. A su derivado las clases sociales. Sobre estos dos conceptos teoriza la filosofía política. El Derecho lo normaliza. El poder político, particularmente a través del Estado, lo legitima. La costumbre lo naturaliza. Finalmente, la ideología lo interioriza-espiritualiza.

No es el sistema de clases sociales que ha sido corrompido. El sistema de clases sociales es inmanentemente corrupto. Nuevamente, hay que insistir que la fuente primigenia de la corrupción es la mencionada propiedad privada. A esto agréguese todos los adjetivos que se deseen. Los atributos no negarán su fuente original. Por el contrario, lo confirmarán y, lo reafirmarán.

Lo planteado, son los principios generales que rigen todos los sistemas sociales de clases. El capitalismo, como formación histórico-económico-social, no escapa a esas reglas. Por el contrario, este sistema es quien mejor alimenta las causas sobre las cuales se manifiesta la corrupción. Es este sistema, ahí donde llega, es quién mejor lo realiza. Es este sistema, ahí donde pone sus manos, quién mejor lo potencializa. Dice el conocido mito que del Rey Midas, que este monarca fue dotado del poder de convertir todo lo que tocaba en oro. Para no morir de hambre, pidió a su dios que lo liberara de ese don. El sistema capitalista, desde su origen, corrompe todo lo que toca. Pervierte todo lo que palpa. La pregunta, para los crédulos, es: ¿Existirá algún dios que le retire el don de la corrupción y así evitar que perezca engullido por ese poder? Los que aún creen en el futuro de la humanidad dirán no. Que no hay tal deidad. Los que bregan por un mundo mejor, que trascienda el capitalismo, ya no creen en ningún tipo de dioses o deidades más allá de lo que descansa en la razón y se mueve en la emoción.

La verdad de las verdades es que, al margen de las buenas o malas intenciones, en sociedades como la capitalista, esta quiebra ética, esta transgresión moral, redunda directa o tangencialmente en beneficio del poder, en cualquiera de sus acepciones que este se manifieste. Siempre la corrupción es en beneficio de unos y en desmedro de otros.

Hace un siglo y medio atrás Karl Marx (1818- 1884), en el capítulo XXIV del primer tomo del libro El Capital, dedicado a la acumulación originaria en el sistema en mención, escuetamente, escribió: “El capitalismo viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza” (Marx, 2013:784).

Para verificar lo anunciado en la cita precedente, las interrogantes que caben, en la actualidad, son: ¿En qué parte del Planeta el sistema capitalista prescinden de la guerra y de la sangre? ¿En qué parte del Planeta el sistema capitalista no es sinónimo de corrupción y lodo? No es posible mostrar ningún punto en el Mapamundi dónde la sangre o el lodo estén ausentes. Si no hay sangre hay lodo. Si no hay lodo hay sangre. Frecuentemente, sangre-lodo, son como hermanos siameses.

Lo mencionado es la condición central para la corrupción. Es sobrentendido que hay seres humanos, hasta grupos, que apoyándose en su voluntad, recurriendo al libre albedrío, actúan con recta conciencia en medio de la sinuosa “inconciencia” del sistema. Es decir ajustados a las normas, a las leyes, a los principios, que orienta a la sociedad. Lo anterior, en una sociedad de clases, es la excepción.

Lo afirmado, además de ser conceptualizaciones son, de igual manera, valoraciones. Como todo en la vida humana, la valoración no está exenta del interés político. Ella no está al margen de la instrumentalización ideológica. La verdad es que, en este tipo de sociedades, normalmente nada es gratuito. Nada es por casualidad o por ingenuidad. Reducir tal o cual acción, la corrupción en nuestro caso, al componente moral en abstracto es una engañifa. Son los más grandes corruptos los interesados en cubrir sus bribonadas con un manto ético. Sobre el tópico, Friedrich Nietzsche (1844-1900), cuestionando la moral en abstracto, fue diáfano cuando afirmó: “No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de fenómenos” (Nietzsche, 1985: 98).


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Por lo tanto analizar la corrupción, conceptualizándolo sólo como un problema moral, como trasgresión de la ética, conduce a un laberinto oscuro y sin salida. Eso implica esconder la raíz del problema. La corrupción no flota en el aire como las nubes en el espacio. La corrupción no florece espontáneamente como flor silvestre en la pradera. Ella esta concretizada en acciones de personas. En actividades de grupos. En conductas de clases sociales. En manifestaciones de sistemas económico-sociales.

Lo anotado es lo que no desean ver los liberales de hoy. Esta misma postura se repite en los que en un tiempo no tan lejano se reclamaban comunistas. Luego involucionaron a socialistas. Continuaron hacia la socialdemocracia. Hasta terminar, la mayoría, en liberales. Levantar las banderas de la democracia sin apellido, de la libertad en abstracto, del ser humano al margen de las clases sociales, de la corrupción como conducta sólo moral, implica esconder conscientemente la realidad. Ello no es nada más que oportunismo ideológico. Nada menos que acomodo político.

Lo último caracteriza a los liberales de todas las latitudes, desde que esta corriente de pensamiento abandonó sus orígenes, razón-evolucionaria, fue instrumentalizada y transformada en racionalismo-conservador. Esa actitud, como todo fenómeno, no es estática. Sus ideólogos se reciclan de acuerdo a las circunstancias. Según las necesidades para justificar el sistema social imperante. Es por ello que proliferan los cristiano-liberales, los social-liberales, los izquierdistas-liberales, los liberales a secas, los neo-liberales.

Para no recurrir a los especialistas en el tema. Tampoco a sus intrincadas definiciones. Leamos lo que escuetamente escribió el poeta César Vallejo (1892-1938), en torno a los liberales, sus palabras: “Pero el liberal es, por desgracia, un diablo disfrazado a quien vender sus cuernos. En todo liberal hay una contradicción. Moralmente es un tartufo. Políticamente, un sujeto multiforme o, más exactamente, un camaleón” (Vallejo, 19987: 426).

A pesar que los tartufos y camaleones liberales no deseen ver la raíz de la corrupción, hay que subrayar que la corrupción es una de las expresiones sociales de la aparición de la propiedad privada en la historia de la humanidad. Propiedad privada que es la base de la existencia de clases sociales. Consecuentemente, el capitalismo como tal, es un sistema corrupto. El capitalismo llega chorreando sangre y lodo a la escena de la historia.

Por lo tanto, insistir sobre el tema de la corrupción, en la sociedad actual, como problema moral-ético, es mentir a sabiendas. Basta mirar como accionan los organismos financieros internacionales en el plano económico. Hacer lo mismo con la acción de los Estados y sus gobiernos en el nivel político. El rol de las iglesias en el plano de las creencias. La hazañas de la FIFA en el deporte más popular en el mundo. Las intrigas al interior de la Comisión al Premio Nobel en el plano de la ciencia-creación. La Manipulación-venta de datos en Facebook en las comunicaciones. Los chantajes-sexuales en el mundo de la diversión y espectáculo. Para no seguir con la cadena de organizaciones mafiosas, dejamos de contar.

 

Corrupción. Doctores. Política

Ya hemos nombrado la economía, con más propiedad las transacciones y los negocios. La política, con rigor los políticos profesionales, en la medida que los casos nos abruman por igual en las “democracias” cultas, modernas, liberales del Primer Mundo como las “democracias” ignorantes, primitivas, liberales del Tercer Mundo.

Al margen de lo mencionado nos interesa recordar un nivel de la producción humana que aún aparecía algo “recatado”, con cierta “decencia”, con halito de “honesto”, para muchos hasta “limpia”. Una producción humana sin manchas de lodo, tampoco salpicada con gotas de sangre. Nos referimos a la producción científica. A sus realizadores los científicos.

Para la ocasión, recordemos esta verdad que se plasma con diáfana claridad en el sistema que comentamos. Ella afirma: “La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados” (Marx y Engels, 1970: 35).

Ninguna de las profesiones, en la cita mencionada y las otras que existen, escapa al encanto abrazador del corrupto sistema. Además de ser “… sus servidores asalariados…”, algunos de ellos han sido elevados a la condición de lumbreras dignas de ser imitadas en unos casos. En otros casos han sido encumbrados a la condición de nuevas deidades propensas a las adoraciones. Son los modernos fetiches. Lo último es la razón que lleva a la escritora Almudena Grandes (1960-) decir lo siguiente: “En la era de la corrupción prosperan los mejores sentimientos, que cada cual aplica en exclusiva, eso sí, a sus propios compañeros. Cuanto más enterrados en el fango están, más calurosas son las ovaciones que reciben, más ditirámbicos los elogios a las instituciones que representan” (Grandes, 2018).

La construcción de sus centros académicos donde fabrican sus lumbreras, incluidas, en parte, las llamadas mejores universidades del mundo, cumplen cabalmente esta función. La investigación titulada Los impostores intelectuales (1999) que tiene como autores al físico norteamericano Alan Sokal (1955-) y al matemático belga Jean Bricmont (1952-), nos dan algunas pistas para comprender como se hilvana algunas “teorías científicas” y muchos de sus afamados teóricos.

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Anotemos, a manera de ilustración, algunos casos concretos sucedidos en esta rama del conocimiento humano. Es decir, la producción científica universitaria. Concretamente, el tema de los doctorados en una sociedad altamente desarrollada. En un país considerado como uno de los menos corruptos, sino del mundo, por lo menos de Europa, la República Federal Alemana.

El año 2011 se descubrieron cuatro casos de corrupción, en la modalidad de robo intelectual, llamado “plagio”. Ellos se concretizaron en trabajos de doctorado perpetrados por personas públicas. Políticos bastante conocidos y de ambos géneros. Coincidentemente, los plagiadores eran militantes, representantes en cargos públicos al más alto nivel, de los dos partidos que habían gobernado, por muchas décadas, este país.

Recapitulemos escuetamente. El primero en ser descubierto, como plagiador, fue un descendiente de la aristocracia babara. Militante de la Unión Social Cristiana (CSU). Para entonces, ministro de Defensa. Voceado como futuro canciller alemán. Nos referimos a Theodor zu Guttenveg (1971- ). Él había obtenido el doctorado por la Universidad de Bayreuth, situada en la región de Babaría. Universidad de la cual era patrocinador económico.[2]

Un segundo caso es el de con Annette Chavan (1955-). Ella recibió el doctorado por la Universidad de Düsseldorf. En aquel tiempo Chavan era miembro del parlamento. Exministra de educación y culto. Dirigente de la Unión Cristiana Alemana (CDU). Además, consejera política personal de la canciller Ángela Merkel (1954- ).

Luego se conoció el caso de la parlamentaria, dirigente del Partido Liberal Alemán (FDP), Silvana Koch-Mehrin (1970- ). Ella fue doctorada por la Universidad de Heidelberg. Finalmente el caso de Georgios Chatzimarkakis (1966- ). El descendiente de griegos fue doctorado por la Universidad de Bonn. Parlamentario y dirigente del mismo partido que Koch-Mehrin.

Además del doctorado plagiado, acción común que unía a los cuatro mencionados, ellos fueron doctorados con el máximo calificativo. Es decir con Magna cum laude. Ello implicaba que los doctorantes, con sus investigaciones, habían contribuido con aportes importantes a la rama del conocimiento en la cual habían investigado.

Lo que llamó la atención fue que los falsos doctores eran dirigentes de los tres partidos, -liberal-cristianos-, que más levantaban las banderas de la moralidad. Decían -“tolerancia cero a la corrupción”. Se promocionaban como los Partidos de las -“manos limpias”-. Después del escándalo, a los plagiadores se les retiró el título de doctores. Los auténticos doctores plagiados, perjudicados, que no habían recibido el calificativo de Magna cum lauden, los enjuiciaron por plagio y no se sabe cuál fue el resultado final, por lo menos hasta hoy.

Los cuatro doctores plagiadores desaparecieron de la escena política, no se puede decir de la intelectual, ya que nunca aportaron nada significativo, en este campo del conocimiento, en Alemania. La muerte civil fue el destino de la mayoría de ellos. Se sabe que Annette Chavan fue nombrada Embajadora de Alemania ante la Ciudad Estado del Vaticano. Hasta hoy se mantiene en el cargo.[3]


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Corrupción. Literatura. Premios

En este nivel de la producción humana, por sus características, subjetiva, por su enjambre con la fantasía, es mucho más complicado llegar a niveles objetivos de cuantificación y formas reales de medición de lo reproducido. La literatura como “la verdad de las mentiras para unos” o como “la verdad psicológica y la mentira real” para otros se presta mucho mejor para lo que es catalogado como impostura, plagio, saqueo, piratería, sin mayores consecuencias.

Una de las razones es que los límites se diluyen en la medida que sus aristas se acometen. La estética se coloca a la par y no pocas veces sobre la ética. En esta dirección lo declarado por Jorge Luis Borges (1899-1986) daría pie para que la impostura, el plagio, el saqueo, la copia, tenga patente de corso. Leamos lo que el nombrado declaró: “… quizás haya seis o siete historias fantásticas esenciales que los hombres repiten…” (Campra, 1987: 131).

Si aceptamos la afirmación del citado, llegaríamos a la conclusión que las miles de obras serían, especialmente “…las historias fantásticas…”, saqueos o en su defecto imposturas que no transgreden la moral, que no mellan la ética. Buenas, excelentes, malas; pero al fin de cuenta copiadas o plagiadas. Esta idea es, de alguna forma, compartida por el novelista chino Lu Sin (1881-1936). Él lo sintetiza en el título de uno de sus libros que reza: Contar nuevo historias viejas.

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Pongamos como caso concreto, en esta forma de la creación humana, a dos personajes conocidos, especialmente, en el mundo literario latinoamericano. Los que por coincidencia nacieron en el tercermundista Perú. Comencemos muy escuetamente con el novelista Alfredo Bryce Echenique (1939-) en la medida que su caso es relativamente conocido y no hay mucho que agregar a lo ya publicado.

A partir del año 2010 se comenzaron hacer público una seria de denuncias de plagio-copia. Se le acusaba a Bryce de haberse adueñado de artículos periodísticos y haberlos publicado como si fueran suyos. En total se descubrió que fueron 32 trabajos de un número parecido de periodistas-escritores procedentes de Europa y de Latinoamérica.

Bryce, no obstante las evidencias, la multa impuesta por el organismo que controla los derechos de autor en el Perú (INDECOPI), nunca acepto que haya copiado, plagiado, robado, los artículos mencionados. En una entrevista sobre el acápite, él afirmó: “El plagio, como decía Borges, es incluso un homenaje. Borges le plagió a medio mundo. Yo no siento haber plagiado a nadie. El texto de Willy Niño es un trocito así (y, con los dedos, marca unos tres centímetros), el resto es mío” (Pajares, 2010: 12.04.)

Detengámonos un momento en lo declarado. “El plagio es un homenaje”. Debería de aclarar para quién es esa acción un homenaje. ¿Para el plagiado o para el plagiador? Nunca lo aclaró. ¿Quiénes fueron, nombres, apellidos, los plagiados por Borges? ¿Debemos contentarnos con la vieja adagio que reza: mal de muchos consuelos de tontos? Luego Bryce afirma, no obstante las evidencias, “Yo no siento haber plagiado a nadie”. No se trata de sentir. Dejemos lo sensorial al margen. De lo que se trata es que él es consciente que ha plagiado 32 artículos y punto.

No obstante estas evidencias, dos años después, en el año 2012, el jurado al Premio FIL (Feria Internacional del Libro) en Guadalajara-México le otorgó el mencionado laurel, correspondiente a ese año. Las protestas en contra y los apoyos cruzaron espadas. Entre los primeros se contaron un grupo de intelectuales mexicanos. Sus argumentos en contra, entre otros, fueron los siguientes: “El hecho de que un premio tan prestigiado como lo es el Premio FIL, un premio enmarcado en el contexto de la feria del libro más importante en habla hispana (la de Guadalajara), que está arropado por instituciones públicas mexicanas de primer nivel (como la Universidad de Guadalajara, el CONACULTA y el FCE) y que está dotado con 150.000 dólares (que en parte es dinero público), haya sido concedido a un autor que ha plagiado decenas de textos y que ha cobrado por ellos manda una señal que es negativa desde diversos puntos de vista. Enseguida, mencionamos algunos de los que nos parecen más importantes. Porque plantea una escisión inaceptable entre ‘la obra de creación’ y ‘la obra periodística’ de un autor; porque minimiza una práctica, el plagio, que no solo es indebida, sino también ilegal; porque esta práctica atenta contra el corazón de la actividad intelectual (sea académica o literaria); porque sienta un pésimo precedente en la medida en que este premio pretende reconocer el trabajo, el esfuerzo y la originalidad individuales y, finalmente, porque dicha entrega había constituido, hasta la fecha, el evento cumbre de una feria del libro que es visitada por miles de estudiantes mexicanos de todos los niveles educativos” (Breña, et., al, 2012).

¿Qué demuestra este primer caso? Que sencillamente el poder, los intereses, el prestigio, la fama, de los nuevos ídolos, de los nuevos fetiches, cubre con oro la ceniza. La pregunta es: ¿Y dónde está la moral? ¿Qué pasó con la ética? Los que siguen creyendo en la moral y la ética, al margen del poder, tienen tres explicaciones. Son cínicos. Son ingenuos. Son torpes. Lo más seguro es que merecen los tres calificativos al mismo tiempo.


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El otro caso menos difundido, tampoco castigado, por ser muy intrincado demostrar, es la del novelista Mario Vargas Llosa (1937-). Hace algunos años él fue acusado de “adaptador”, “imitador”, “piratería”, “saqueo” y de “plagio”. Estas denuncias fueron hechas por autores de las obras literarias, “saqueadas” o “plagiadas”, por otros escritores y estudiosos de las obras “adaptadas”, “imitadas” o “pirateadas”.

En este caso no son artículos periodísticos, son cuatro novelas las frecuentemente mencionadas. La ciudad y los perros (1963) vendría a ser un “adaptación” de la novela titulada Die Verwirrungen des Zöglings Törleß (Las tribulaciones del estudiante Törleß) (1906) del escritor austriaco Rober Musil (1880-1942). En segundo lugar La guerra del fin del mundo (1981) que sería un “saqueo” de la novela de Euclides Dacuhna (1866-1909) titulada Os Sertoes (1903). En tercer lugar Historia de Mayta (1984) que a su vez sería un “saqueo” de la novela histórica Hujaco (1977) del escritor jaujino César Núñez (1929-2011). Finalmente La fiesta del chivo (2000) que de igual manera sería un “plagio” de la novela titulada Trujillo: The Killed the Goad (1978) (Trujillo: La muerte del chivo) del escritor norteamericano Bernard Diederich (1926-). Y la misma un “saqueo” de la novela titulada Después del viento (1997) del escritor y catedrático dominicano Lipe Collado (1947-).

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Comencemos con la primera. El escritor peruano Oswaldo Reinoso (1931-2016), sostuvo hace algunos años atrás que esta novela, La ciudad y los perros, es una adaptación, a las particularidades peruanas, de la novela párrafo antes mencionado. Leamos lo que el novelista, sobre el acápite, afirmó: “Entre los miembros del jurado estaba Alfonso Reyes. Alfonso Reyes no suscribió el acta de otorgamiento del premio a La ciudad y los perros, porque dijo: No es más que una adaptación a la situación peruana, de un libro, de un alemán, Musil, que se llama Las Tribulaciones del joven Törless. ¿Qué pasa en ese libro? Hay un internado; hay uno que sacrifican, que es el perro; salen de ahí a un burdel; ahí está la dominación terrible de los que manejan ese centro. Si ustedes leen La ciudad y los perros y leen eso, verán que Vargas Llosa hace una magnifica transposición de ese relato. Lo hace bien; pero los personajes y la idea es de Törless” (Vásquez, 2014: 2).

Si se lee con detenimiento las dos obras, se comprueba que hay muchas coordenadas que se cruzan con lo que se daría la razón a Reinoso. La “adaptación” es más que evidente. La pregunta es: ¿Leyó Vargas Llosa la obra de Musil antes de escribir la suya? Si la respuesta es positiva, se puede decir que no sólo hay influencia y adaptación, sino que hasta “plagio”. De ser negativa. Las historias, parecen, que se repiten y eso es totalmente lícito. Él único que puede despejar esta duda es Vargas. ¿Tendrá tiempo para hacerlo?

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En el caso de la novela titulada La guerra del fin del mundo. Para el novelista portugués José Saramago (1922-2010) y el especialista en el tema Pablo del Barco (1943- ), la actitud de Vargas es algo problemática. Leamos al respecto una nota aparecida en el diario El País de España: “El escritor portugués José Saramago y el profesor de la Universidad de Sevilla Pablo del Barco acusaron ayer de ‘mal imitador’ al novelista peruano Mario Vargas Llosa, por su novela La guerra del fin del mundo. Según Del Barco, (...), Vargas Llosa ha ‘creado una mala novela a partir de uno de los mejores textos de la literatura brasileña: Los Sertones, escrita en 1902, por Euclides da Cunha’. Del Barco, (...), aseguró que una de las últimas obras de Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo, no es más que una imitación deficiente de la buena novela del brasileño Da Cunha. El ensayista sevillano explicó que la obra de Da Cunha es una novela épica en la que se narran unos hechos importantes que vivió el propio autor, durante la formación política de Brasil. ‘Esta circunstancia le otorga un atractivo especial, mientras que Vargas Llosa ofrece una épica descafeinada y una mala ambientación’”.

En seguida, la información, continúa: “Por su parte, José Saramago señaló, en un debate posterior, que ‘nadie puede intentar escribir de nuevo el Quijote’, y se refirió a ‘la falta de sentido que tiene imitar una buena novela’. No obstante, matizó que Miguel de Unamuno en su libro La vida de don Quijote y Sancho tomó a los personajes de Cervantes, ‘pero lo hizo bien y es muy distinto a lo ocurrido con Vargas Llosa’” (Bayón, 1990: 38).


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En el tercer caso proviene del escritor peruano Darío Núñez Sovero (1948- ). Él se refiere a la novela Huajaco y la acción de “piratería” hecha por Vargas Llosa. Leamos lo que escribió: “Ya en la soledad del retiro laboral y teniendo como amiga y vieja confidente a su leal máquina Remington, fue plasmando de a pocos relatos vivenciales de gran valor histórico como su novela Huajaco, publicada en una parca edición a mimeógrafo en la primera mitad de la década del 70 del siglo anterior, la misma que luego le fuera arrebatada y distorsionada, a manera de pueril piratería, por la pluma de Mario Vargas Llosa quién con intenciones subalternas lo visitó en Jauja para saber de ‘primera mano’ los entretelones de la asonada que un grupo de josefinos, con el apoyo de Mayta (un campesino de Curimarca-Jauja, preso acusado de sedición) y la conducción del Teniente (GR) Vallejos, realizaron el 29 de mayo de 1962 con propósitos revolucionarios y que, justamente, constituye la temática de la novela que el laureado escritor publicó posteriormente con el nombre de La Historia de Mayta” (Núñez, 2010: 10.06).

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Para terminar con el tema de los supuestos “plagios” hechos por Vargas Llosa, hay que mencionar que el periodista de The Miami Herald, Bernard Diederich, autor del libro Trujillo: La muerte del chivo, publicado en 1978, denunció en una conferencia de prensa al autor en mención por haber plagiado su trabajo. Leamos lo que el Diario Libre de Santo Domingo informó sobre el tópico: “El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, autor del libro La Fiesta del Chivo, fue acusado de plagio por el corresponsal internacional de guerra Bernard Diederich, durante un conversatorio ofrecido este viernes por el destacado periodista ante un nutrido público de intelectuales dominicanos. Al hablar en la sede de la Sociedad Dominicana de Bibliófilos (SDB), Diederich expresó que ‘Vargas Llosa plagió mi libro Trujillo: They Killed the Goad (Trujillo: La muerte del Chivo), publicado en 1978’. Ambas publicaciones tratan sobre la era del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, y luego de varios años de su presentación, Diederich califica al escritor peruano como mezquino y arrogante, y de acusar a otros colegas de ‘escritorzuelos’. (...) Es la primera vez que el periodista de guerra Bernard Diederich da su testimonio personal sobre los meses que estuvo en República Dominicana, cubriendo los acontecimientos tras la caída de la dictadura de Rafael L. Trujillo” (Autor anónimo, 2011: 32).

Pero el escándalo, del plagio de la novela, en mención no queda allí. El diario El Mercurio de Chile informó otro caso más. Es como sigue: “Esta es la segunda vez que Vargas Llosa es acusado de plagio. Hace unos meses el escritor dominicano Lipe Collado acusó al escritor peruano de ‘saqueo intelectual por las sorprendentes coincidencias’ entre La fiesta del chivo y su novela Después del viento, ganadora del Premio de Literatura Quinto Centenario. El escritor dominicano resalta la similitud de los protagonistas de ambas novelas, personajes que regresan a su país tras una larga ausencia y después de haber roto con su pasado” (Autor anónimo, 2000: 12).

Como se puede colegir en el caso de Vargas, las novelas La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo, Historia de Mayta y La fiesta del chivo, su “originalidad” está puesta en tela de juicio. Lo curioso es que nadie ha preguntado al autor sobre estas denuncias. Estas se han limitado a tales. La lapida del silencio cómplice lo cubre hasta la actualidad.

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Una vez más. D de ser verdad lo que las denuncias afirman, en el caso de Vargas, porque en el caso de Bryce no hay la menor duda, estos casos demostrarían que a los nuevos ídolos se les perdona sus pecados. A los aupados fetiches se les esculpa de sus denuestos. Estos hechos evidencian que para el poder dominante la moral es retórica, cuando se trata de sus hijos privilegiados. El poder de la fama o la fama del poder convierte la ética en humo. A pesar de las cuatro denuncias públicas, antes descritas, y pasando por sobre de ellas, el año 2010 Vargas fue premiado con el Nobel de Literatura y el 2011 con el título de Marqués.

En el plano doméstico, Latinoamericano-México, en el caso de Alfredo Bryce Echenique, algunas personalidades protestaron por el premio del FIL que se le otorgó. Que las razones hayan sido loables o subalternas está más allá de nuestro juicio. El aludido dice que “todo es por envidia”. Los 32 artículos periodísticos, el cuerpo del delito, para utilizar un concepto propio de la jurisprudencia, están ahí presentes. En el segundo caso, el de Mario Vargas Llosa, es mucho más complicado que sus acusadores evidencien sus denuncias, por ser novelas, es por ello que nadie levantó la voz sobre este tópico. Por el contrario la inmensa mayoría celebró, aplaudió, cuando se le otorgó el Premio Nobel de Literatura.

Entre Alfredo Bryce y Mario Vargas hay muchos puntos de convergencia, más allá de los premios en mención. Los dos son latinoamericanos tercermundistas. Más aún, ambos son peruanos. Escriben en lengua española. Los dos son conocidos más como novelistas. Ellos pertenecen a la misma generación. Los dos reclaman descender de la aristocracia peruana. Como en ese país esos títulos se han esfumado, uno de ellos, lo buscó y lo encontró en la “Madre Patria”. El Rey Juan Carlos de Borbón (1938- ), un personaje de la misma generación de los aludidos, le otorgó el título de Marqués[4] en el año 2011. Bryce y Vargas se reclaman ser de ideología neoliberal. Consecuentemente ambos, el segundo más que el primero, se declaran anticomunistas militantes.

Las acusaciones contra ellos les tienen sin cuidado. Los premios, como a todos sus pares, les llegan como cae la fruta madura; o les viene sin trámite burocrático. Así funciona, en beneficio de sus dos nuevos ídolos y los otros, la moral en abstracto, la ética en abstracto, en el corrupto sistema capitalista.

 

Notas:

[1] Julio Roldán es sociólogo, doctor en filosofía. Vive en Alemania en condición de asilado político. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Como anécdota, hay que mencionar, este personaje era conocido por ser un caballero que más nombres oficiales tiene en este país, posiblemente en el mundo. Leamos: Karl-Theodor Maria Nikolaus Johann Jacob Philipp Franz Joseph Sylvester Buhl-Freiherr von und zu Guttenberg.

[3] En el año 2018, esta historia de los falsos doctores o masters se repite, con algunas particularidades en España. Comencemos con el máximo dirigente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) Pedro Sánchez (1972- ) que recibió, en un tiempo record, el título Doctor por la Universidad Camilo José Cela. Su caso está en investigación. De igual manera los dirigentes del Partido Popular (PP) Cristina Cifuentes (1964- ) y Pablo Casado (1981- ). Los dos acreditan tener título de magister, sin haber asistido a clases y sin haber presentado la tesis de investigación, por la Universidad Rey Juan Carlos. Estos últimos aún son reconocidos como másteres. La pregunta es ¿Harán los españoles con su “falso” doctor y sus falsos masters lo que hicieron los alemanes con los suyos? El tiempo lo dirá.

[4] La información oficial dice el Rey español: “Vengo a otorgarle el título de marqués de Vargas Llosa, para sí y para sus sucesores,… ”, de esa forma logró lo que tanto deseaba, desde comienzos de los años 60, convertir su apellido de simple en compuestos. A la par dar continuidad a su viejo linaje inaugurado por el “… maese de campo don Juan de la Llosa y Llaguno”, el primer Llosa español que llegó al virreinato del Perú.

 

Bibliografía:

BAYÓN, M. (1990). “Saramago acusa a Vargas Llosa de mal ‘imitador’”. El País (Madrid), 22 de agosto.

BREÑA, R., et., al. (2012). “Bryce Echenique: de plagios y premios”. El País (Madrid), 14 de noviembre.

CAMPRA, R. (1987). América Latina: La identidad y la máscara. México: Siglo XXI.

GRANDES, A. (2018). “Universidad”. El País (Madrid), 16 de abril.

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“Periodista acusa de plagio libro La fiesta del chivo. (2011). Diario Libre (Santo Domingo) 04 de febrero.

VALLEJO, C. (1987). Desde Europa. Crónicas y artículos (1923-1938). Lima: Ediciones Fuente de Cultura Peruana.

“Vargas Llosa acusado nuevamente de plagio”. (2000). El Mercurio (Valparaíso), 18 de septiembre.

VÁSQUEZ, M. (2014). Literatura amazónica. Discurso de Oswaldo Reinoso. Lupuna, núm. 8, agosto.

 

Cómo citar este artículo:

ROLDÁN, Julio, (2018) “El capitalismo es un sistema corrupto”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 36, julio-septiembre, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 15 de Octubre de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1630&catid=14

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