Pacarina del Sur
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La existencia, un problema ontológico

Existence, an ontological problem

Existência, um problema ontológico

Yolanda Celi

 

Con la finalidad de poder establecer una relación entre la esencia y la existencia se esgrimir algunas ligeras acepciones de la existencia soslayando momentáneamente su vínculo (al que indesligablemente hacen algunos filósofos) con la esencia.

Los griegos hicieron una distinción entre la existencia verdadera de la apariencia sensible. Utilizar el “existir” como el “haber” (como sinónimo) parecería lo habitual, de hecho, todo existe: un árbol, una piedra, no obstante existe pero no bajo la premisa que lo liga al ser cuyo fundamento pasa, necesariamente, por la capacidad de tener algún grado de conciencia.

Para Aristóteles, la existencia en primera instancia se muestra como algo concreto, viene a ser el hecho de que algo sea. El filósofo considera que no es posible observar la esencia separada de la existencia, la existencia, en sí, se constituye en el acto de la esencia. La existencia mundana, como sustancias primarias y que solo pueden realizar la acción de “sujeto”, más no de “predicado”. Para que algo exista tiene que poseer un haber un carácter formal, propio.

En los seres creados, la existencia no está comprendida en su esencia, son contingentes, existen, pero pueden no existir.

Ya sujeto de sus concepciones metafísicas, Aristóteles le otorga a Dios (como ser necesario) la particularidad de que su existencia le corresponde por definición y forma parte de su esencia. Solo en este caso particular (Dios), la existencia es ilimitada mientras la esencia y el ser se identifican.

La existencia bajo la óptica de Platón resulta algo más confusa y a ratos difícil de digerir filosóficamente. La dualidad de sus concepciones nos conduce a considerar una suerte de dos formas de existencia. La primera, de aquellos objetos que podemos percibir sensorialmente y que son múltiples, temporales y mutables. La segunda y principal, aquella “existencia” que solo existe en lo que el filósofo conoce como “mundo inteligible” o “mundo de las ideas” que deviene en eternas e inmutables.

Estas con capciones obviamente reflejan ese extraño desprecio que tenía Platón de lo material y su sobredimensión de lo abstracto, de la metafísica.

Por el contrario, Hegel en su libro Filosofía de Derecho, obra fundamental en la teorùa del derecho y la sociedad, se ajusta más a las concepciones racionalistas. La realidad está ahí en la medida que es susceptible para el conocimiento racional, porque “el mismo Universo es racional” (…) “Lo que es razonable es real y lo que es real es racional” (1821). Bajo esa premisa, para Hegel la existencia  está ligada al ser y a la reflexión. No puede haber existencia sin ser con racionalidad.

La existencia de las cosas en si (noúmenos) son responsables del conocimiento humano, al mismo tiempo son incognoscibles de sí mismas ya que la causa (teórica) sólo puede comprender las cosas así como se nos muestran (como fenómenos). Otra vez, la causa costumbre facilita por lo menos aproximarnos a las cosas en sí mismas para asegurar su vida y tener alguna información acerca del alma, la independencia y Dios. 

Karl Marx analiza la existencia desde otras ópticas. Deja de lado la visión fenomenológica y abstracta. Aborda el tema desde el materialismo; la materialidad de las cosas y de los seres humanos. Los seres humanos como existencia en concreto.

Atiende conceptos como la finitud e infinitud, temporalidad y lo eterno desde el manejo de nociones como la transformación de la materia y que sutilmente también son expuestos en torno a la vida humana por lo que le otorga, a pesar del carácter concreto de la existencia, cierta relatividad al concepto de vida.

Partiendo de las concepciones materialistas históricas, la existencia del individuo ha estado sujeta del proceso de mutación de la materia y que devino en el ser humano, cuya existencialidad física, material, a la vez está condicionada por el rol que cumple en la producción y en la sociedad. La existencia es independiente de la conciencia, es objetiva, tangible.

Jean Paul Sartre, en gran medida sigue el curso marxista. La existencia parte de un hecho concreto: la materialidad. Existe porque está, porque es. La existencia es lo que distingue al er humano. El hombre existe, no tiene esencia, solo existe. La esencia viene después se incorpora con el tiempo y con lo que hacemos de la vida.

 

Pero, ¿qué es la esencia?

Durante miles de años, la filosofía afirmó que los seres humanos se caracterizaban por tener ciertos rasgos que los equiparaba como tales. Es decir, el ser humano se identificaba “por su esencia”.

Tradicionalmente, la esencia, se consideraba como aquello que se constituía como respuesta al por qué de lo real; a lo que las cosas son, verdaderamente. Esencia viene del latín essentia “creada (probablemente por Cicerón) para traducir ousía, significa el «qué es» de una cosa”, una especie de traducción del eidos (forma o espacio). Sin embargo, ya en la Edad media, el concepto de esencia termina por contraponerse al de existencia.

La esencia venía a ser una condición otorgada por la deidad y desde la propuesta de Platón tenía una razón de ser predestinada, pre elaborada y con ciertos patrones generales. Claro, para otros era un rasgo o aspecto particular, de cada individuo.

Desde Aristóteles se consideraba que la esencia remite al ser “es decir, no a que una cosa es, sino a "lo que es" esa cosa. En este caso se habla de la esencia como de algo real. La esencia como una cualidad de los entes materiales.

Para Aristóteles, como lo explica Raúl Echauri, el problema de la esencia está ligado a la sustancia: “La esencia podrá pertenecer a un ente real, como un hombre, o a un ente ideal, como un triángulo, y la definición asumirá, por consiguiente, el carácter de lo definitivo” (1975: 119).

Un aspecto cardinal en la acepción de esencia de Aristóteles es que le liga (trata de ligar sus concepciones metafísicas a lo “terrenal” cuando identifica la esencia a los que posteriormente Marx le llamaría clase, conciencia de clase desde la perspectiva ideológica) al concepto, una interacción “terrenal” que está sujeta del rol que cumplen los individuos en la producción. Un ejemplo es la teoría de la sociedad

 

…el hombre libre y el esclavo poseían esencias diferentes, siendo estas esencias las que determinaban la posición que ocupa cada uno de ellos en la sociedad. Así, el esclavo tenía una esencia que le impedía valerse por sí mismo, quedando determinado así su dependencia respecto al hombre libre (Marx, Engels, 1974: 75).

 

A pesar de que Aristóteles fue discípulo de Platón, se muestra contrario al concepto que esgrimía su maestro. Aristóteles, a la esencia, le da vida y vínculo social; pierde ese carácter inmutable, sin movimiento y generalizada.

Platón esgrimía concepciones eminentemente metafísicas. Para él el mundo sensible no tiene ni esencia ni existencia, todo se simplifica a la pura apariencia. Lo único que existe es lo que se encuentra en el mundo inteligible, las cosas que “habitan” en el mundo de las ideas. Todo no pasa de ser sino ilusiones de los sentidos.

La metafísica tiene a ligar la esencia al ser, de hecho, lo confunde o lo nómina de la misma manera generando en verdad un serio problema ontológico. Y es así como lo llama precisamente Heidegger citado por García Hoz, una diferencia ontológica, la diferencia entre el ser y la esencia. “El ser es, pues, algo distinto de la esencia. La esencia es el ente, pero no es el ser” (1989: 85).

Santo Tomás de Aquino manifiesta que la esencia es lo que es una cosa. Es la sustancia definida; que está compuesto de materia y forma. En el caso de los ángeles, Tomás de Aquino hace la excepción, pues para él éstos solo tienen forma en un ser inmaterial. La esencia, para Tomás Aquino, es lo definible, lo potencialmente metafísico, la posibilidad lógica de una cosa (lo que es).

Hegel aborda el tema de la esencia no solo como una conceptualización de la realidad objetiva, sino como un momento ontológico de la misma, en aquello que pervive atrás de la apariencia, “lo sustancial que subyace a lo dado”. "un aparecer en sí mismo del ser", dentro de sí, en lo profundo. Pero a la vez, "La esencia, como ser mediado consigo mismo por la negación de sí mismo, es la referencia a sí mismo en cuanto referencia a otro" (Hoz, 1989). Hegel le otorga a la disposición intelectual como el único vehículo capaz de acceder a la esencia de las cosas y hacerla “aprehensible”.

Para Heidegger la expresión “El ser y su estructura” deviene en el ser como la existencia y la estructura como la esencia. Establecer la diferencia entre el ser y el ente es como abordar la distinción entre género y especie, o género y sustancia individual.

Karl Marx va más allá de Aristóteles y barre las ideas metafísicas de Platón y otros cuando le da, a la esencia, un lugar por fuera del individuo, manifiesta que la esencia humana es un conjunto de relaciones sociales. “La esencia humana no es algo abstracto e inmanente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto delas relaciones sociales.

Con esta ponencia Marx lo que dice es que a lo que se llama esencia tiene una condición cambiante, que se empobrece o se enriquece dependiendo de cuál sea el rol del individuo en la producción y en la sociedad.

Sartre deviene de las tesis marxistas. “La existencia precede a la esencia” ¿qué quiere decir esto? El hombre no es solo como se concibe, sino como él se quiere solo después de la existencia. El hombre no es otra cosa sino lo que él se hace así mismo. Éste, principio básico del existencialismo que también lo esgrimió Kierkegaard.

En esta acepción de Sartre la figura de una esencia divina y eterna no existe, sino que está sujeta del mismo hombre –existente- el que define su esencia. Claro, no está demás suponer o decir que esa esencia está sujeta de las distintas relaciones sociales a las que hace referencia Marx.

Albert Camus se expresa al respecto. Por ejemplo, cuando vamos a construir una mesa, libro o cualquier cosa, primero lo diseñamos, luego lo construimos. Es decir, primero la esencia y después la existencia. “En el caso de los seres humanos es diferente, “Cuando un ser humano llega al mundo, todavía no es nada, sólo alguna cosa que existe. La existencia es su única esencia” (Malishev cita a Camus, 2000: 237).

Es decir, para Camus, el problema de la esencia ya es personal. Definirla, delinearla ya es una respuesta apoyada en el libre albedrío.

 

Relación entre la esencia y la existencia; o, entre la existencia y la esencia

Parecería que el orden en el formulamiento de la relación (existencia-esencia, o, esencia-existencia) sea indiferente, no tenga significado alguno, empero, en la filosofía, ese orden resulta incidental el momento del análisis, ¿por qué?, porque precisamente las ponencias al respecto nos ponen de frente a anteponer la esencia a la existencia ya define abordar el tema desde la metafísica. Hacerlo de manera inversa, existencia como algo que precede a la esencia nos sugiere por sí mismo apegarnos filosóficamente al materialismo, por lo menos como punto de partida.

Desde la metafísica el problema de la existencia tener un carácter secundario, pues la esencia es lo fundamental.  Desde esta visión algo (una persona) puede no necesariamente tener existencia, pero la esencia estará ahí, inmutable, inalterable, de hecho, su carácter es eterno.

Según tal distinción entre la esencia y la existencia, la posición de la metafísica tradicional respecto a la relación Dios/seres humanos podría reducirse a una sencilla explicación del tipo: Dios piensa el ser humano (su esencia) y posteriormente lo crea, es decir, le da existencia a la esencia pensada, del mismo modo que un artesano piensa primero el objeto y luego lo construye según lo pensado. Ahora bien, ¿qué ocurre si suprimimos a Dios de esa relación? ¿Cómo explicamos la existencia de los seres humanos, de la realidad? (Fouce, 2014, §8).

La metafísica tomista de Platón condiciona la existencia de los “seres contingentes” (Seres que un tiempo existen y otro no. Estos seres se suponen puede volver a ser, pero diferente a como fueron antes). Por la voluntad de Dios. Es él quien define su nueva forma de vida, su mutación en la vida terrenal. Todas las ideas están en la mente de Dios, y es él quien determina lo que deviene de la esencia en existencia, lo sostiene de esta manera, Tomás de Aquino: En la medida en que todas las sustancias reciben la presencia de Dios, el ser no les forma parte propiamente sino que lo tienen por analogía con Dios; y lo mismo sucede con las otras perfecciones.

Separar esencia de existencia es la forma más pura como se expresa la metafísica. Oportunamente Aristóteles hacía una crítica a Platón sobre estas consideraciones. A pesar de que Aristóteles consideraba la existencia de seres no sensibles, pensaba que la esencia estaba –necesariamente- ligada a la existencia, fenómeno al que llamaba hilomorfismo, la materia y la forma, la “substancia”, compuesta de materia y forma, la materia, o lo existente, que viene a ser la base o el sustrato de la sustancia, mientras que la forma deviene en la manera particular de ser, en las características particulares de la substancia.

Todas las cosas o substancias están conformadas de estas dos cosas: materia (hile) y forma (morfe). Para Aristóteles la esencia y la existencia conviven, pero la esencia termina por ser el alma, y en ese sentido la hipótesis de Aristóteles sucumbe en la metafísica al igual que Platón y sus seguidores.

Santo Tomás de Aquino al respecto teoriza, obviamente desde lo abstracto. Cuando habla de las tres formas de hallar la esencia, en la segunda define la independencia que puede tener la una de la otra, la esencia de la existencia. La segunda forma de encontrarse la esencia es la que se otorga en las sustancias intelectuales construidas, en las cuales el ser (esse) es distinto de su esencia, aunque la esencia existe sin materia. Su ser, por consiguiente, no está separado, sino que es recibido y, por lo mismo, con límite y cerrado a la aptitud de la naturaleza que lo recibe; en cambio, su naturaleza o quididad es absoluta (o separada), no residiendo en alguna materia (Fouce, 2014).

Pero Santo Tomás de Aquino no queda ahí, en su trabajoSobre el ser y la esencia, Capítulo V, al que hace relación la cita anterior, muestra a Dios como necesario, indispensable, como el ser único en el que la esencia se identifica con la existencia, “es decir el único ser cuya esencia consiste en existir” (Fouce, 2014). Si Dios es el ser esencial, los restantes seres vienen a ser secundarios.

Santo Tomás se imbuye en la determinación y obviamente en los criterios creacionistas donde le otorga a Dios la facultad de otorgar la existencia con carácter finito que se entiende su fecha de caducidad deviene con la muerte. La esencia ligada al concepto religioso del alma se mantiene inmutable, eterna, siempre ha estado ahí, y siempre estará, es algo que comparte el carácter in finito con la existencia de Dios.

Por fin, hay un tercer modo de encontrarse la esencia, y es el que se otorga en las sustancias compuestas de materia y forma, en las cuales no sólo el ser es recibido y finito, porque además tienen el ser provocado por otro, sino que, además, su naturaleza o quididad es recibida en la materia designada. Por eso son finitas en las dos perspectivas, hacia arriba y hacia abajo; y además, a causa de la división de la materia signada son probables varios individuos en solo una clase (Echegoyen, 2014).

La esencia es un componente metafísico, no físico. Lo que es, mientras que la existencia es física, finito, concreto. La existencia está delimitada por la esencia. Se trata de una distinción metafísica y no física, dentro de una cosa.

La esencia y la existencia no son para Tomás de Aquino dos cosas. No hay esencia objetiva sin vida, y no hay vida que no sea la existencia de algo finito y preciso. La existencia se recibe o está limitada por la esencia (alpiedelclasico, 2010). Las definiciones de Kan son algo más ambiguas. Del criticismo trascendental da un salto al agnosticismo en teología.

En ese vano afán de racionalizar la idea de Dios y la metafísica descarga su posición respecto de la existencia como algo concreto. Propio de su intención cognoscible en todos los ámbitos, le otorga a la esencia esa capacidad, de ser cognoscible, que deviene portadora de una serie de elementos sintéticos a priori.

La realidad de los fenómenos (esencia) solo puede ser “captada” por una representación a la que Kant le llama “idea” y que tiene la cualidad de ser trascendente. Marx establece el vínculo de la existencia con esencia ajustado al rol que cumplen las relaciones materiales entre los individuos. Marx, han dicho en este sentido que la existencia del hombre está enajenada de su esencia. La afirmación sartriana de que la existencia precede a la esencia es considerada como la premisa fundamental del existencialismo.

¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por ser nada. Sólo será después, y será tal como se halla hecho. Así pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla (Sartre, 1960).

Sartre deja de lado los conceptos abstractos. Desde su concepción atea los seres humanos “están ahí”, y carecen de esencia pre definida, predeterminada, su esencia será construida por ellos mismos dependiendo de su modo de existir. Contrario a las concepciones metafísica donde existir es la contingencia, para Sartre “lo esencial es la contingencia” como lo dice en La Náusea:

 

Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero jamás se les puede deducir. Hay quienes, creo, han comprendido esto. Aunque han intentado superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de sí. Ahora bien, ningún ser necesario puede explicar la existencia: la contingencia no es una máscara, una apariencia que se puede disipar; es lo absoluto y, en consecuencia, la perfecta gratuidad. Todo es gratuito, este jardín, esta ciudad y yo mismo (webdianoia, 2013).

 

Es decir la esencia es todo ese conjunto de rasgos que necesariamente deben estar en los objetos para que estos sean lo que son. Pero esta definición va biemn para el comun de las cosas mas no para los seres humanos quienes en primera instancia existen, “hacen precensia efectiva en el mundo”, efectiva, no figurada, concreta, entre las cosas, y solo después se “incorporan” esos rasgos necesarios que le otrogan la esencisa. Esa incorporación, a decir de Sartre es una construcción propia, del individuo, una tarea que bajo ningún punto de vista podemos soslayar. Para llegar a la conquista absoluta de nuestro es necesario debeos hacerlo por medio de nuestra existencia (Rueda, 2012).

Sartre distingue dos realidades o entes, “en si” y “para sí”. Entre estos ultimos están los seres humanos en la medida de que sean consientes de su propio ser, en cuanto existan. Los demás seres solo “·son”. Aquí el grado o nivel de conciencia es el que determina el ser.

Albert Camus no es muy diferente. Comparte la tesis sartriana de que la existencia precede a la esencia. El hombre existe, está ahí, pero él se encarga de hacer su existencia, de elaborarla, de construirla. El individuo hace su existencia existiendo.

 La existencia define por sí mismo la esencia. Para Camus la existencia –en el ser humano- y concretamente en el individuo existe en virtud de la capacidad que tenga para generar pensamientos. El pensamiento hace que el hombre sea libre, sin esa libertad no hay existencia. Es esa libertad la que hace al individuo responsable de sus actos y consiguientemente la existencia de una ética de la responsabilidad individual.

En la obra literaria de Camus es evidente la permanente búsqueda del sentido de la existencia. Existe, es, pero lo que cuenta también es en qué condiciones se existe. Camus le da relevancia a este vínculo. En alguna medida podríamos decir que el entorno histórico que vivió Camus lo puso de frente a la necesidad de dar relevancia a la existencia sumida en medio de altos niveles de conflictividad, violencia, apatía y despropósitos.

La búsqueda por dar sentido a la existencia, al sentido de la existencia Camus le llama “religión de la dicha”, el goce de la vida, la naturaleza, la felicidad., según Camus, choca con la muerte, en ese sentido la vida se vuelve absurda, no deja más salidas sino la posibilidad de que esencialmente transmutemos a otra vida o sencillamente el suicidio, de ahí su propuesta o convocatoria a rebelarse de lo absurdo. Pasa en Calígula, El Mito de Sísifo, El Extranjero.

 

…el absurdo es, sobre todo, un sentimiento que azota al hombre cuando se da cuenta de que la existencia no es más que la repetición maquinal de actos desprovistos de todo sentido. El hombre siente así un cansancio teñido de indignación. La certitud de la muerte esperando al borde del camino no hace más que intensificar, según Camus, el sentimiento de que nuestra existencia es inútil (Malishev, 2000: 230).

 

Se podría pensar que Camus al igual que Sartre coinciden con Kierkegaard de que hay una supremacía de la existencia sobre la esencia. La decisión última, la que nos coloca de frente a la fatalidad, la desgracia o la muerte es la que le da sentido a la existencia, precisamente eso que llaman esencia.

Parecería que las concepciones más conservadoras (desde la filosofía) y más retrógradas desde la política en general han apuntalado la subsistencia de concepciones metafísicas que esgrimen la supremacía a la esencia sobre la existencia.

Más allá debate filosófico, esta argumentación parecería que busca o propende el sostenimiento de determinadas relaciones sociales que sigan emboscando al común de la gente, con argumentos teístas que justifiquen en alguna medida las difíciles condiciones de vida material, pues los argumentos literarios expuestos en las guías religiosas se encargan del resto. Esa es precisamente la naturaleza de la alienación, “otorgarle” al individuo su razón de ser en el mundo donde los roles ya está preestablecido.

Por alguna razón impulsiva parecería necesario remitirse a los conflictos que se desatan en la actualidad en Medio Oriente, Afganistán, el Magreb. Hombres y mujeres empujados a vivir conflictos cuyas razones o fundamento son terrenales y que están íntimamente ligados a los antagonismos inter imperialistas pero que pueden ser convocados no desde el discurso clasista, objetivo, que en primera instancia nos dicta la existencia y que son las condiciones de vida material, las relaciones de producción y el rol que cumplimos en la sociedad desde el punto de vista ideológico lo que determina nuestra esencia, sino desde la convocatoria religiosa que da supremacía a la esencia sobre la existencia, pues para el discurso fatuo, la vida antes y después de nuestra condición humana está garantizada por fuerzas sobre naturales, metafísicas que ya se “encargaron” de delinear el destino de una manera fatalista.

En otra oportunidad dibujada los fundamentos del Islam. Trataba de insertarlo dentro de una dinámica lucha económica y política en la que establecía ciertos símiles entre suníes (conservadores, tradicionalistas, metafísicos, monoteístas) y chiíes, (liberales, progresistas y por darles una definición filosófico-literaria, neokantianos y existencialistas). Estos conflictos no han estado ajenos a nuestras realidades últimas, sobre todo en Latinoamérica que devenimos de esas contradicciones expuestas en la actualidad como lucha de clases.

La importancia de señalar este ejemplo se muestra en la trascendencia que tiene no solo para la filosofía o la literatura abordar la discusión sobre la relación entre existencia y esencia, pues el movimiento social, el bregar por dirimir las contradicciones en el mundo nos coloca ante esa necesidad de manera perentoria.

Establecer la esencia antecediendo a la existencia, volcarse sobre los filósofos clásicos de Grecia y que han pervivió en la evolución conceptual sujetos del mismo fundamento nos dota de insumos para entender ese gran movimiento de masas beligerantes que opera en el planeta bajo un “aparente” fanatismo religioso que esconde todo, menos sus verdaderos razones de ser, su esencia, un religiosidad instrumentalizada.

 

Bibliografía:

 

Cómo citar este artículo:

CELI, Yolanda, (2019) “La existencia, un problema ontológico”, Pacarina del Sur [En línea], año 10, núm. 39, abril-junio, 2019. ISSN: 2007-2309

Consultado el Lunes, 19 de Agosto de 2019.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1742&catid=14

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