Pacarina del Sur
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La vigencia del concepto de acumulación originaria de capital en el siglo XXI. Aportaciones desde México

Isidro Téllez Ramírez

Universidad Nacional Autónoma de México

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Recibido: 25-10-2019
Aceptado: 15-11-2019

 

 

Introducción: el secreto de la acumulación originaria de capital

No nos sorprende el hecho de que las obras maestras de la literatura y el arte conserven su fuerza artística durante siglos e incluso milenios. Pero tampoco El Capital, obra rigurosamente científica, muestra signo alguno de envejecimiento. Antes bien, su importancia y popularidad van aumentando con el paso del tiempo.

(Vigotsky, 1978, pág. 9).

En el capítulo XXIV del primer tomo de El Capital, Marx define a la acumulación originaria como el proceso de “escisión entre productor y medios de producción” que “configura la prehistoria del capital y del modo de producción correspondiente al mismo” (Marx, 2003, pág. 893). Un proceso que se caracteriza por una violencia estructural y sistemática que transforma “en uno de los polos, los medios de producción y de subsistencia sociales en capital, y en el polo opuesto la masa del pueblo en asalariados, en ‘pobres laboriosos’ libres” (Marx, 2003, pág. 950).

Este concepto de Marx es una crítica a la formulación de acumulación previa (previous accumulation) de Adam Smith y en general a la postura de la economía política clásica que concibe el origen del capitalismo como un proceso pacífico basado en el ahorro y el “espíritu emprendedor” del burgués. Frente a esta interpretación, Marx señala que el punto de partida del capitalismo descansa en episodios de saqueo y hurto que demuestran que este sistema no provino del cuento “del hombre diligente y moderado que se convierte en un capitalista y de los vagabundos inútiles que despilfarraron todo su haber y que como castigo son condenados ellos y sus hijos, y los hijos de sus hijos, a trabajar eternamente con el sudor de su frente para ese hombre bueno y su descendencia” (Kautsky, 1977, pág. 276). Dicho con otras palabras, el capitalismo nació de la expropiación violenta de las condiciones de producción que sufrieron grandes masas de campesinos, artesanos y pueblos indígenas alrededor del mundo que “nada tienen que ver con el método pacífico de lo que se ‘gana trabajando’ (si el capitalismo se hubiese debido limitarse solamente a este método pacífico, por cierto que hasta la fecha no hubiese salido aún de su infancia)” (Rozdolski, 1978 [1968], pág. 294).

Es por este motivo que Marx reemplaza el adjetivo de “previa” de Adam Smith por el de “originaria” –o “primitiva”, de acuerdo con la traducción inglesa– para señalar, por un lado, que con la separación violenta entre el productor y los medios de producción arranca el capitalismo, y, por otro lado, que este proceso “abarca en realidad toda la historia del desarrollo de la moderna sociedad burguesa” (Marx, 2003, pág. 893). La crítica a Smith, sin embargo, parece contradecirse en el momento en que Marx utiliza el caso de Inglaterra como ejemplo para explicar la forma clásica o radical con que ocurre dicha escisión entre productor y medios de producción.

Este diseño expositivo del capítulo XXIV es considerado por diferentes autores como una incoherencia o digresión en Marx (Rozdolski, 1978 [1968], pág. 316) y uno de los factores que ha dado lugar a un largo debate entre dos interpretaciones sobre el llamado “secreto de la acumulación originaria de capital”: 1) una posición que sostiene que este proceso remite únicamente al origen del capitalismo (la transición del feudalismo al capitalismo); y 2) otra lectura que afirma se trata de un proceso histórico al mismo tiempo que constitutivo del proceso de acumulación ampliada de capital hasta el día de hoy (Navarro, 2012; Composto & Navarro, 2014; Tellez Ramírez, 2015).

Con la imposición del neoliberalismo en el mundo a partir de los años setenta, la última posición teórica suscitará mayor atención generando interesantes reflexiones sobre la vigencia del capítulo XXIV, muchas de ellas basadas no sólo en una lectura de El Capital, sino también de otros textos de Marx como los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) (1976). El caso más difundido, entre marxistas y no marxistas, es el concepto de acumulación por desposesión acuñado por el geógrafo David Harvey (2007 [2004]) bajo el cual identifica numerosas prácticas basadas en medios extraeconómicos que incluyen, además de los descritos por Marx, procesos completamente nuevos: desde la gentrificación de las ciudades y la privatización de la infraestructura pública (agua, sanidad, telecomunicaciones, transportes), pasando por la mercantilización del código genético y la cesión al dominio privado de las pensiones de los trabajadores, hasta la empresarización y privatización de instituciones públicas como las universidades (2007 [2004], págs. 118-119). Con esta propuesta, además de que reemplaza el oxímoron que significa el adjetivo de “originaria” en el siglo XXI, Harvey invita al lector a poner atención nuevamente en el capítulo de El Capital pues considera que así lo ameritan el realce de despojos que caracterizan a la acumulación de capital bajo el neoliberalismo, tanto en la periferia como en los países desarrollados.[1]

En México se pueden identificar distintos autores que se han pronunciado por una invitación similar antes y después de que Harvey la hiciera pública en El nuevo imperialismo (2007 [2004]). Entre ellas destacan las reflexiones de Alfonso Aguilar-Monteverde (1968 [1976]), Sergio de la Peña (1974), Roger Bartra (1974), Enrique Dussel (1985), el Subcomandante Marcos (1999)[2], y recientemente Rhina Roux (2008), Mina Lorena Navarro (2012; 2013), John Holloway (entrevistado por Composto y Navarro, 2012b), Luis Arizmendi (2017), Carlos Rodríguez Wallenius (2017), Armando Bartra (2008; 2014a; 2014b; 2016) y Jorge Veraza (2007a; 2007b). Aquí nos centramos en recuperar las aportaciones de estos dos últimos autores debido a que permiten entender el desarrollo del capitalismo contemporáneo a través de una categoría acuñada por Marx hace más de 150 años.


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La continuidad de una vieja discusión

Como recuerda Zarembka (2012), Vladimir Lenin fue uno de los primeros autores que interpretó a la acumulación originaria como el proceso de transición inicial del feudalismo al capitalismo. Misma posición de Kautsky quien señala que “Marx llama acumulación primitiva a la formación original de las condiciones básicas del capital, que precedió su desarrollo” (1977, pág. 275). Rosa Luxemburgo, discrepando con Lenin y Kautsky, señala que la acumulación originaria se trata de un proceso social paralelo a la acumulación ampliada de capital, así como una salida externa para resolver las crisis de subconsumo en las naciones capitalistas mediante la expansión de las fronteras del capitalismo sobre la periferia del mundo (Luxemburgo, 1978).

Posteriormente, entre los años sesenta y setenta, teóricos como André Gunder Frank (1969) o Maurice Dobb (1977) discutieron la “transición” al capitalismo y con ello continuaron alimentando las reflexiones sobre la acumulación originaria. Aunque es importante señalar que los estudios derivados de este debate no tuvieron como objetivo abordar estrictamente la cuestión del despojo como premisa iterativa para la acumulación de capital.

La “transición” y la acumulación originaria fueron nuevamente conceptos centrales en los debates sobre el neocolonialismo, el subdesarrollo, la dependencia y el intercambio desigual entre el centro y la periferia (Rodríguez Wallenius, 2017, pág. 46). Por ejemplo, a partir del análisis desde una lectura del capítulo XXIV del subdesarrollo en México, Alfonso Aguilar Monteverde advertía de “no tomar ciertas peculiaridades del desarrollo de otros países como leyes o patrones generales y la de no acomodar caprichosamente nuestras realidades históricas a un marco teórico preestablecido, rígido y supuestamente infalible” (Aguilar-Monteverde, 1968 [1976], pág. 96). Es decir, que el concepto de acumulación originaria no debe verse como una ley inexorable del capitalismo que debe cumplirse linealmente y que todos los países deben transitar sucesivamente.

Años después, Sergio de la Peña hará eco de dicha observación de Aguilar-Monteverde señalando que el planteamiento de Marx en el capítulo XXIV “es una abstracción que cobra perfiles específicos y diversos en la realidad de cada sociedad y también según el ámbito doméstico o internacional existente” (1974, pág. 234). Una abstracción que explica únicamente la génesis del capitalismo:

se puede afirmar que termina el proceso de acumulación originaria de capital en el momento en que prevalecen relaciones de producci6n capitalistas en la mayor parte de los procesos productivos y de intercambio de la sociedad, al grado de marcar su carácter predominante. Es decir, ya no es originaria la acumulaci6n cuando es dominante el modo de producción capitalista (De la Peña, 1974, pág. 236).

 

Roger Bartra (1974), por su parte, observa que en México se presenta una acumulación primitiva permanente que define como “la forma peculiar como se articula —en la agricultura de un país subdesarrollado— el modo de producción capitalista con otros modos de producción no capitalistas” (pág. 102). Idea basada en una lectura de Rosa Luxemburgo (1978), pero ubicada más bien dentro del enconado debate sobre los modos de producción en América Latina, cuyos participantes (André Gunder Frank, Sergio Bagú, Carlos Sempat Assadourian, entre otros) buscaron responder la cuestión acerca de los orígenes del capitalismo y de las raíces del atraso de los países latinoamericanos, pero no discutieron propiamente la idea de la acumulación originaria como un proceso continuo.

Décadas más adelante, el despojo y privatización creciente de bienes comunes y de propiedad estatal, producido por la aplicación de medidas de corte neoliberal, alentó nuevamente el debate internacional sobre la vigencia de la acumulación originaria y su relación y diferencias con la acumulación ampliada de capital. Es en este momento que la discusión se torna frontal, en particular entre marxistas anglosajones cuyos argumentos contrapuestos se recogen en dos números de las revistas Midgnith Notes Collective y The Commoner entre los años noventa y principios del 2000.[3] La difusión en castellano de estas ideas habrá de esperar hasta 2012, cuando la revista argentina Theomai traduce varios de estos artículos en un dossier que titula Trazos de sangre y fuego. ¿Continuidad de la acumulación originaria en nuestra época?

Entre los artículos reunidos destaca el titulado “La acumulación primitiva en el marxismo, ¿separación histórica o transhistórica de los medios de producción?”, de Paul Zarembka (2012). En este escrito el autor señala que no tiene mucho sentido hablar de acumulación originaria como un proceso continuo, cuando la acumulación ampliada ya implica el despojo y la violencia para lograr la separación entre productores y medios de producción, toda vez que dicha escisión aparece tanto en esta forma de acumulación como en la acumulación primitiva. Es decir, para Zarembka en la actualidad no existen dos formas de acumulación de capital, por lo que propone utilizar el término “histórico” para referirse específicamente a la transición originaria del feudalismo al capitalismo, y el de “transhistórico” cuando se trata tanto de esa transición como de los procesos que tienen lugar dentro del modo de producción capitalista propiamente dicho y no a otros modos de producción (pág. 2).

Para Zarembka, por lo tanto, no es importante cuestionar la función que ha jugado el despojo durante el desarrollo del sistema capitalista ya que considera que la explotación de plusvalor “no es, después de todo, más que una forma específica de acumulación por desposesión: la alineación, apropiación y desposesión de la capacidad de los trabajadores de producir valor en el proceso de trabajo” (Harvey, 2014 [2010], pág. 301).

Entre esos años en México también surgen importantes reflexiones opuestas a las expresadas por Zarembka. Es el caso de Rhina Roux (2008) que, siguiendo la brecha abierta previamente por autores como Rosdolsky (1978 [1968]) y Dussel (1985) sobre la idea de continuidad histórica del despojo en los Grundrisse, plantea que la historia del robo y violencia narrada hasta la parte final de El Capital, no fue resultado de una reconstrucción histórica en el discurso crítico de Marx, sino un paso obligado en su arquitectura teórica. Así Roux (2008) recuerda que para Marx la historia contada en la narración de la acumulación originaria se repetía, una y otra vez, exponencialmente, como momento constituyente del capital y contenida en su concepto.

La interpretación de Roux (2008), como veremos a continuación, ha sido enriquecida por los autores seleccionados (Armando Bartra y Jorge Veraza) a partir de una lectura del capítulo XXIV no separada de los tres tomos de El Capital, bajo la tesis general de que el despojo es restablecido permanentemente por el capital en tanto se trata de la premisa para relanzar la acumulación global.

 

Armando Bartra: la acumulación primitiva permanente

Armando Bartra (2014b), en diálogo con las ideas de Rosa Luxemburgo (1978), señala que el término “despojo” y no “desposesión”, es la palabra más exacta para caracterizar al capitalismo contemporáneo. En una interpretación que sintetiza parte de la postura teórica que considera a la acumulación originaria como un proceso permanente, Bartra se refiere a este proceso como:

Un despojo universal y omnipresente que sin embargo se agudiza y encona en las periferias. El mundo que habitamos los mexicanos, los latinoamericanos, los africanos, los asiáticos, y también una buena parte quienes viven en Europa y Estados Unidos es el mundo del despojo, el mundo del saqueo, el mundo de la expoliación, el mundo de la violencia ejercida contra las personas y su patrimonio, contra las comunidades, contra la naturaleza.

Y hace un siglo Rosa Luxemburgo llamaba la atención sobre el carácter permanente de este despojo. Apuntaba certeramente el hecho de que el capitalismo, por razones de sobrevivencia y porque es su naturaleza, tiene que despojar y seguir despojando, tiene que devorar y seguir devorando su entorno. Un entorno recurrentemente restablecido que es condición de posibilidad de su existencia. Esto que observó Rosa hace cien años es hoy tan verdadero como entonces, por eso hay que volver a leer La acumulación del capital (2014b, pág. 191).

 

Bartra, sin embargo, aclara que el despojo no es en sí mismo acumulación de capital, ya que pensarlo así echaría a la borda la teoría del valor del propio Marx. De allí que Bartra califica de “puramente descriptivo” el ampliamente difundido concepto de acumulación por desposesión de David Harvey, pues considera que “no esclarece cuál es la articulación del momento del despojo con la acumulación productiva o reproducción ampliada” (2016, pág. 159). Una imprecisión que puede llevar a perder de vista la especificidad histórica del despojo en tanto “robo, saqueo, expoliación hubo en muy diferentes formaciones sociales” (2014b, pág. 195).

En este sentido, Bartra indica que la renta es el concepto clave para entender cómo es que el despojo deviene en acumulación de capital:

para que pueda haber capitalismo hay que quitarle al campesino la tierra y al artesano el taller, hay que arrebatarle sus medios de trabajo al productor, pero ese despojo sólo deviene acumulación de capital cuando los recursos privatizados y el trabajo “liberado” se emplean de manera capitalista en una fábrica o en una empresa de cualquier índole.

Desde fines del siglo XIX resultó claro que la expropiación basada en la violencia extraeconómica, que estaba en el origen del capitalismo, persistía a lo largo de su desarrollo coexistiendo con la violencia puramente económica, —y por tanto encubierta— con que los obreros y otros trabajadores son despojados de su plusvalía. Más aún, comenzó a hacerse patente que la sociedad y la naturaleza tenían que ser violentadas reiteradamente para que el gran dinero pudiera hacerse, una y otra vez, de unas premisas que, una y otra vez, se le externaban (Bartra A. , 2014b, pág. 196).

 

Es así que para Bartra “con el despojo no termina el proceso de la acumulación sino que apenas empieza” (2014b, pág. 197). Para que concluya y vuelva a comenzar de manera acrecentada, se requiere que el despojo esté asociado a un derecho exclusivo de propiedad, es decir, con el cobro de una renta que surge de la apropiación del plusvalor extraordinario por la propiedad o control excluyente sobre bienes, conocimientos y mercados. Por lo tanto, el rasgo que otorga la especificidad capitalista a la palabra despojo es su vínculo con la explotación del trabajo vía cobro de una renta, “pues detrás de toda ‘ganancia extraordinaria’, detrás de toda ‘renta’, lo que hay es plusvalía” (2016, pág. 160).

Por ello Bartra (2016) propone renombrar a la acumulación originaria de Marx como acumulación primaria, indicando que existe una forma originaria que es la premisa histórica del capitalismo y otra forma permanente o recurrente, que se refiere al proceso lógico, más que temporal, mediante el cual los rentistas contrarrestan la tendencia decreciente de la tasa de ganancia vía apropiación monopólica de ostentosas rentas “provenientes de la privatización y explotación excluyente de los […] minerales, del agua potable, de las bandas del espectro electromagnético, del genoma, del paisaje, de los territorios geoestratégicos, de las patentes tecnológicas, del software, de la información, de las franjas del mercado que satisfacen necesidades irrenunciables como la alimentación, o de la salud y la educación (2014a, págs. 19-20).

Portada de la primera edición de El Capital
Imagen 2. Portada de la primera edición de El Capital (Hamburgo, 1867).
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 El planteamiento de Bartra, en este sentido, más que una crítica a David Harvey –y por ende a Marx–, es un complemento en dos aspectos. En primer lugar, porque permite entender que los procesos predatorios se vinculan con los mecanismos de explotación del trabajo mediante la apropiación de una renta. Una renta que no deriva de los bienes despojados (públicos y comunes), sino de la plusganancia industrial que el terrateniente se apropia por la propiedad excluyente de los mismos, ya que “el tesoro no se convertirá en capital sino es por medio de la explotación del trabajo” (Rosdolsky, 1978 [1968], págs. 363-364). Con esta idea Bartra conecta la sección séptima del tomo I –que Harvey analiza–, con las secciones sexta y séptima del tomo III de El Capital dedicadas a la renta.

En segundo lugar, el planteamiento de Bartra deja ver que el despojo ya no está asociado únicamente con la renta del suelo, sino con “la renta de la vida”, la cual alude a la apropiación de plusganancias merced la monopolización excluyente de bienes como la diversidad genética del maíz, de la misma forma que en el pasado se obtuvieron rentas de la propiedad de tierras bien ubicadas, fértiles, irrigables y con relieves y climas propicios (2008, pág. 109). Por lo que hoy en día el abanico de bienes despojados que enlista Bartra muestra que la renta capitalista en realidad abarca “la totalidad del espacio” (Lefebvre, 1976, pág. 99).

 

Jorge Veraza: la acumulación originaria y la historia por deducción

En el libro Guía de El Capital de Marx (A Companion to Marx's Capital) (2014 [2010]), Harvey indica acertadamente que en los capítulos XXIV y XXV de El Capital, Marx “da un marcado cambio de tono, contenido y método” que “contravienen” las premisas que han presidido la argumentación de los capítulos anteriores del Tomo I: los supuestos de que el intercambio de mercancías se desarrolla en un contexto de armonía y paz donde gobiernan la libertad y la igualdad y en el que las instituciones liberales funcionan adecuadamente (pág. 281).

En la parte final del primer tomo de El Capital, Harvey considera que Marx busca un triple objetivo: 1) evidenciar que el punto de partida del capitalismo descansa en el robo, depredación, violencia y empleo abusivo del poder (capítulo XXIV); 2) mostrar que el capital necesita apelar permanentemente por estas prácticas predatorias para sobrevivir (capítulo XXV); y 3) indicar que no puede haber una solución colonial para las contradicciones de clase del capitalismo (capítulos XXIV y XXV) (pág. 285).

Como se puede observar, estas reflexiones de Harvey están basadas en una lectura de los capítulos XXIV y XXV que no está separada del resto del Tomo I de El Capital. Bajo un abordaje similar se insertan las preguntas hechas por Jorge Veraza (2007a) sobre ¿por qué el capítulo dedicado a la acumulación originaria, Marx no lo colocó como el capítulo primero de El Capital? ¿Por qué no dispuso de éste como la introducción histórica al capitalismo? Por el contrario, la exposición de Marx primero explica la ley general de acumulación de capital como un círculo cerrado en el que una y otra vez el capitalista explota a la clase obrera y le enajena toda su riqueza (capítulos XXII y XXIII). Después, paradójicamente, habla del inicio (capítulo XXIV) y del final del capitalismo (capítulo XXV) (pág. 289).

Veraza (2007a) responde señalando que la razón por la cual el capítulo XXIV aparece hasta el final y no al principio del tomo I de El Capital, es debido a que Marx tiene un objetivo histórico y revolucionario: mostrar al trabajador que la apariencia de que el capital explota y enajena de forma infinita es falsa. En el capítulo XXIII, Marx señala que se le ha enajenado toda la riqueza material al proletario, pero también que se le ha enajenado la conciencia de que al producir mercancías él mismo está reproduciendo la relación donde una y otra vez queda sometido y despojado de su capacidad de pensarse como el sujeto que gestiona la producción y reproducción del capital (el obrero al producir se reproduce como fuerza de trabajo delante del capital, al mismo tiempo que produce al capitalista como capital delante de la fuerza de trabajo, es decir, se reproduce reproduciendo al otro, su negación) (2007a). Es por ello, indica Veraza, que Marx coloca hasta el final su análisis sobre el origen del capitalismo, pues considera que sólo es posible comenzar a hacer su historia crítica si se comienza dentro del propio sistema.

Una vez realizada la crítica de “la mercancía, del dinero y del capital, de la explotación de plusvalor, así como la crítica de la reproducción capitalista –simple y ampliada–, de la ley del valor y del plusvalor y de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia” (2007a, pág. 295), entonces sí es posible exponer en términos históricos y estructurales del origen y desarrollo del capitalismo. Esta historia, escribe el autor:

no es una historia inventada [como la narración mítica de la economía política clásica] sino deducida con toda necesidad del funcionamiento del capitalismo. Ahora cualquier narración que nos entregue la tradición oral o escrita ya puede ser comprendida desde esta conceptualización crítica. Entonces podemos explicar las leyes o algún hecho del feudalismo porque ya sabemos cómo se articula con el capitalismo y se diferencia de él, y podemos deducir su lógica y su estructura esencial (pág. 296).

 

Esta deducción que, de acuerdo con Veraza, representa la crítica del despojo de la historia por parte del capitalista, además de exponer el pasado del sistema (que encontramos del primero al sexto apartado del capítulo XXIV), permite a Marx, sobre esa base, deducir la posible muerte del capitalismo (apartado siete del mismo capítulo): la tendencia a “la expropiación de los expropiadores, sustentada en el trabajo vivo, ese que fue cosificado, reducido a mercancía” (2007a, pág. 296). Una tendencia histórica al colapso del sistema que ni el despojo en escala mundial puede detener, en tanto el arrebato a la población de la riqueza natural y la riqueza cultural representa “el recrudecimiento de la deformación de la historia humana” (pág. 297), con consecuencias que pueden adquirir una forma “terminal” en el sentido de que el desarrollo de la acumulación de capital en el siglo XXI tiende cada vez más “a acabar con la vida de la clase obrera y de la humanidad y aun con la del propio capitalismo” (2007b, pág. 54).

Veraza, en síntesis, señala que la ubicación del análisis de la acumulación originaria hasta el final del libro primero de El Capital, es una invitación de Marx a entender la “escisión entre productor y medios de producción” como un proceso abierto y, por lo tanto, nunca garantizado de antemano. Es decir, tiene un sentido político que muestra la fragilidad de la dominación capitalista (Composto & Navarro, 2012a): su inicio y posible final. Con ello, el lector no pierde de vista, como había advertido Aguilar Monteverde desde los años sesenta, que la formación y concentración de capital proceden de la explotación laboral de los despojados que se volvieron asalariados (Aguilar-Monteverde, 1968 [1976], pág. 97).[4]

 

Comentarios finales

La “historia deducida” que encontramos en las páginas del capítulo XXIV de El Capital, fue una propuesta innovadora por parte de Marx. Nadie había planteado antes de forma tan sistemática el papel decisivo de la violencia en el origen del capitalismo, así como de las feroces luchas de resistencia que acompañaron su nacimiento. Asimismo, Marx fue pionero en esbozar las líneas generales de las revoluciones agrícola e industrial, así como de los procesos de proletarización y mercantilización de la tierra. Señaló, además, la estrecha relación entre el Estado y lo que ahora se ha denominado como “políticas del despojo” (Navarro M. L., 2012).

Pero el concepto de acumulación originaria también pasa por alto varias e importantes cuestiones. Por ejemplo, Silvia Federici ha mostrado en Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva (2013), que Marx no consideró que la caza de brujas fue un elemento esencial en la violenta transición del feudalismo al capitalismo, aun cuando se trató de un proceso que modificó de forma decisiva la reproducción social hasta el día de hoy. En la misma tesitura se encuentran autores no marxistas que indican que la propuesta de Marx no explica las renovadas y disímiles formas del proceso de acumulación originaria –“estrategias de despojo múltiple”, les llama Navarro (2012)–, ni todas las circunstancias que la rodean.[5]

La propuesta de Bartra se inscribe en estas discusiones que en los últimos años distintos marxistas y no marxistas han colocado en el debate internacional. Su rasgo principal es haber relacionado el proceso de acumulación originaria y la acumulación ampliada mediante el concepto de renta capitalista, abriendo con ello un abanico de líneas de investigación que buscan explicar “los complejos procesos que van desde los mecanismos de despojo hasta la realización de ganancias y sus impactos en la reproducción ampliada de capital” (Rodríguez Wallenius, 2017, pág. 48). Ejemplos de estos abordajes se encuentra en los análisis sobre el despojo presente en la minería mexicana y la configuración de la resistencia social contra esta industria rentista (Morales Ramírez & Téllez Ramírez, 2016; Núñez Rodríguez, 2017).

Asimismo, a diferencia de Veraza que propone un nuevo oxímoron (acumulación originaria terminal) (2007b, págs. 53-54), Bartra trata de lograr una claridad semántica que incluye la sustitución de la palabra desposesión (derivada de la traducción del inglés de dispossession) por la de despojo, en tanto la primera se refiere a “privar a alguien de lo que posee”, mientras que el término despojo indica “‘privar a alguien de lo que goza y tiene, desposeerlo de ello con violencia’, lo cual está más cercano a los procesos que Marx describe para la acumulación originaria” (Rodríguez Wallenius, 2017, pág. 49).

Las reflexiones de Veraza, por su parte, invitan a pensar la actual ola de despojos en relación con la tendencia al derrumbe del capitalismo, pero no en un sentido de nueva sociedad en ciernes, “preparada por las victorias de un ‘sujeto revolucionario’” (Arizmendi, 2019, pág. 554), sino como resultado de un contexto de descomposición terminal de la sociedad burguesa, que no encuentra los mecanismos para salir del colapso –derivado en particular por las contradicciones y los cuellos de botella cada vez más difíciles de resolver en materia ambiental– al que la ha conducido la ley de su propio desarrollo. Situación que muestra un agravio común que requiere alianzas y redes entre el movimiento obrero y las heterogéneas luchas sociales contra el despojo y la destrucción de la riqueza colectiva y global (Veraza, 2007b, pág. 54).

Por último, el principal aporte de ambos autores es que invitan a la polémica desde una lectura del capítulo XXIV en conjunto con los capítulos que conforman la sección séptima, así como en relación con los tres tomos de El Capital; es decir, desde los textos de Marx y no de Lenin, Luxemburgo o Harvey (aunque no los descartan), por mencionar algunos autores. Mediante este camino, Bartra y Veraza identifican los detalles de la continuidad y vigencia del concepto de acumulación originaria, al mismo tiempo que rompen con aquellas interpretaciones que lo emplean de manera aislada del proceso general de acumulación de capital. Por eso se trata de interpretaciones complementarias que mueven a la reflexión crítica sobre el grado y formas del actual proceso de despojo para la acumulación de capital, motivando dudas que poco a poco distintos estudios han ido abordando, tales como: ¿Cuáles son y cómo operan las actuales formas de despojo? ¿Cómo se han profundizado? ¿Cómo se mezclan con las viejas formas de despojo? ¿Se entrecruzan con las formas de superexplotación laboral? ¿Se apuntalan entre sí? O como también cuestiona Barreda (2014): “¿Qué importancia tendrá en las futuras movilizaciones sociales la actuación de todas las diversas figuras de los excluidos, de los campesinos, de los indígenas, de los consumidores, de los géneros y las generaciones, de las minorías étnicas, de los grupos de preferencia sexual, etcétera?”.

En México como desde otras geografías, la contestación a estas preguntas poco a poco ha venido germinando (Rodríguez Wallenius, 2017), con lo que no sólo continúa esta “tradición interpretativa” de concebir a la acumulación originaria como un proceso vigente en el siglo XXI (Composto & Pérez Roig, 2012). También se profundiza el debate Sur/Sur y Norte/Sur mostrando el alcance, complejidad y limitaciones de un concepto cuyo estudio sigue vigente después de más de 150 años de haber sido propuesto.


Imagen 3. www.themarker.com

 

Este artículo se realizó como parte del proyecto PAPIIT “Atlas de la Minería de México”, Clave IN303417, con apoyo financiero de la DGAPA-UNAM.

 

Notas:

[1] Con el concepto de acumulación por desposesión, David Harvey también posicionó en escala internacional el debate sobre la vigencia del capítulo XXIV. Sin embargo, al mismo tiempo abrió una “moda Harvey”, como la califica Eduardo Gydynas (2015), basada en la aplicación del concepto a cualquier circunstancia y de manera aislada del proceso general de acumulación del capital. Esta situación ha derivado en un eclecticismo y con ello en una confusión del alcance del planteamiento de Marx (Tellez Ramírez, 2015).

[2] El Subcomandante Marcos (1999) en realidad habla de una “Cuarta Guerra Mundial” caracterizada, entre otros rasgos, por una nueva conquista, robo, destrucción y reorganización de los territorios campesinos e indígenas nacida a partir de la década de 1990.

[3] Entre los autores involucrados destacan Paul Zarembka, Massimo de Angelis, Silvia Federici, Michael Perelman y Werner Bonefeld.

[4] Perelman (2000) también observa que Marx puso hasta el final de este tomo su reflexión sobre la acumulación originaria de capital por razones políticas, además de por cuestiones teóricas. El argumento de Perelman es que de haber colocado al inicio de El Capital este pasaje sobre la génesis del capital, Marx hubiese distraído al lector del papel brutal que juegan en sí mismas las fuerzas de mercado en la reproducción del sistema capitalista.

[5] Por ejemplo, Eduardo Gudynas (2015) criticó que los abordajes de David Harvey sobre la acumulación originaria discurren sobre todo en un alto nivel de abstracción, enfocados en la dinámica de un capitalismo global. Un abordaje que, de acuerdo con Gudynas, no permite un análisis profundo de las especificidades que se obtienen de ejemplos locales y nacionales. Joan Martínez Alier (2015), casi al mismo tiempo que Gudynas, también señaló que el geógrafo inglés ha descartado el estudio detallado del extractivismo, sea minero, de extracción de hidrocarburos o mediante las plantaciones de palma o de eucaliptos.

 

Referencias bibliográficas:

  • Aguilar-Monteverde, A. (1968 [1976]). Dialéctica de la economía mexicana. Del colonialismo al imperialismo. México: Nuestro Tiempo.
  • Arizmendi, L. (2017). Capitalismo y violencia. A 150 años del libro I de El Capital. Observatorio del Desarrollo, 6(18), 5-15.
  • Arizmendi, L. (2019). El debate global sobre la Crítica de la economía política en el siglo XXI. El Trimestre Económico, 86(343), 545-578. doi:http://dx.doi.org/10.20430/ete.v86i343.919
  • Barreda, A. (2014). Viejas y nuevas formas de explotacion y despojo [inédito].
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Cómo citar este artículo:

TÉLLEZ RAMÍREZ, Isidro, (2020) “La vigencia del concepto de acumulación originaria de capital en el siglo XXI. Aportaciones desde México”, Pacarina del Sur [En línea], año 11, núm. 42, enero-marzo, 2020. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 25 de Mayo de 2020.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1826&catid=14

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