Pacarina del Sur
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Las paradojas del empleo y el salario en la sociedad del trabajo

The paradoxes of employment and salary in the work society

Os paradoxos do emprego e salário na sociedade do trabalho

Juan Huaylupo Alcázar

Universidad de Costa Rica

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Recibido: 01-10-2019
Aceptado: 04-11-2019

 

 

Introducción

El estudio del trabajo humano es el fundamento para comprender las sociedades y valorar la capacidad colectiva de las personas para construir y transformar sociedades y culturas. La actual crisis fiscal en Costa Rica pone de manifiesto la carencia de planificación, pero también revela que la fuente principal de los ingresos tributarios son los trabajadores asalariados del país, no los privilegios de los propietarios del capital a quienes se les posterga, eximen o se les perdona el pago de sus obligaciones tributarias. Los trabajadores sustentan la producción y rentabilidad de los propietarios del capital y el Estado, además de su contribución en el dinamismo económico nacional y político estatal. No obstante, no son los ponderados en el sistema económico ni están en la cúspide de la escala social, por el contrario, engrosan las filas de los pobres, desempleados, migrantes e incluso son los despreciados en el sistema imperante.

Las guerras, invasiones y ocupaciones ocurridas en el mundo, así como la supeditación económica, son algunas muestras en la historia de las formas empleadas para apropiarse de la riqueza y los recursos de las naciones, así como, para subordinar voluntades y poblaciones. El traslado de los patrimonios nacionales, era y es, un atributo arrogado desde los poderes imperiales en todos los tiempos, con los cuales se han enriquecido, empobrecido pueblos y esclavizados pueblos y personas. Los procesos de centralización y de concentración de la riqueza del mundo en pocos países, son evidencias de su conversión en potencias económicas, militares y políticas con recursos de los dominados. La riqueza no es un atributo natural ni inherente de específicos países, es el resultado de relaciones sociales mediadas por el trabajo humano, que crea y reproduce riqueza, la cual es apropiada por poderes en el espacio nacional e internacional.

Las sociedades son pobres por la expropiación de los productos del trabajo, por la iniquidad en las relaciones laborales, por el desplazamiento de la fuerza de trabajo, por la indiferencia o complacencia estatal y por desigualdad en las relaciones internacionales.

El trabajo ha sido apreciado como una relación dependiente con el capital invertido en salarios. El trabajo es generador de capital, dinamizador de la economía, reproductor del valor del trabajo y de las condiciones sociales imperantes. Los Estados benefactores, en momentos específicos, buscaron paliar infructuosamente las brechas sociales en los trabajadores y pobres aglomerados en las áreas marginales de las ciudades. La pobreza tiene en la explotación del trabajo la fuente de su incesante crecimiento. Las políticas públicas, que no todos los entes estatales tienen la capacidad de desarrollar, solo palian parcialmente las formas extremas de la desigualdad, inequidad y explotación a los trabajadores. Las políticas o las relativas acciones coyunturales benefactoras de algunos Estados, en la actualidad se revierten, agudizando la polaridad social en América Latina. Las prácticas regresivas en los salarios y conquistas laborales, la perdida de institucionalidad y las precarias intervenciones estatales, aumentan la pobreza, la explotación, el desempleo y el descontento social, estas prácticas han estado relacionadas con las propuestas del Fondo Monetario Internacional en América Latina en distintos periodos del siglo pasado y en el presente (Ugarteche, 2016).

La pobreza no es una determinación creada por los trabajadores, es el resultado de relaciones de poder entre clases sociales, el Estado y las inequitativas relaciones internacionales. En el espacio nacional, no es posible paliar la pobreza con desempleo y sin salarios indignos, tampoco con tímidas y superficiales acciones estatales, ni es posible evitar la contracción económica ni las crisis estructurales con poblaciones sin posibilidades de consumo.

El trabajo es una problemática sistémica, tiene una relación directa con la situación de los trabajadores, reproducción del capital, la pobreza, el Estado y la sociedad. El trabajo y la pobreza tienen como determinantes causales y efectos en la dinámica del capital y el carácter social del Estado. No obstante, no existen reflexiones sobre la heterogeneidad y diversidad de las formas de pobreza existentes en relación con la situación laboral de las poblaciones y las políticas públicas.

En torno de la pobreza predominan las mediciones comparativas de variables e indicadores, que suponen la representan, aunque no siempre explicitadas ni referidas a contextos particulares, sino generales y aplicables a cualquier realidad. Esto es, suponen erradamente realidades idénticas, pues cada realidad es particular, luego sus variables e indicadores deberán distintas.

Entonces, ¿por qué abundan las cuantificaciones de la pobreza por parte de los entes públicos e internacionales? ¿acaso sirven de orientación para el diseño y ejecución de políticas públicas? ¿son evidencias del abandono o ineficacia social de los Estados? ¿son manifestaciones de la superioridad de unas sociedades frente a otras? ¿son los trabajadores los han determinado su condición de vida?

La desigualdad destacada en miles de publicaciones no analizan las condiciones impuestas por los poderes y la inequidad de las relaciones sociales, económicas y políticas, se asume la existencia de un ideal posible de ser alcanzado por todas las sociedades, desconociendo que las culturas, las condiciones de vida y las construcciones sociales, no son ni pueden ser iguales.[1] La pluralidad y heterogeneidad social de ninguna manera supone igualdad en los estilos de vida y de desarrollo entre individuos, grupos ni sociedades. La implícita ponderación particular de algunas sociedades como lo adecuado, pertinente o deseable para todos, es una posición que encubre supuestos más allá de la simple descripción cuantitativa. En torno de la pobreza predominan que describen y comparan la pobreza entre regiones y países, sin relación alguna con su contexto económico, social ni político. Las comparaciones cuantitativas que se hacen son estandarizadas, asumiendo erradamente que la pobreza es idéntica entre los espacios sociales comparados, ignorando que cada realidad impregna particularmente su condición. La homogenización cuantitativa de la pobreza es un error reiterado, carente de consistencia teórica y empírica, así como lo son las descripciones sin relación con fenómeno social alguno.


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Entonces, ¿por qué abundan las cuantificaciones de la pobreza por parte de los entes públicos e internacionales? ¿acaso sirven de orientación para el diseño y ejecución de políticas públicas? ¿son manifestaciones de la superioridad de unas sociedades frente a otras? ¿son los trabajadores los han determinado su condición de vida? ¿son modos para encubrir las relaciones causales de la pobreza?

La ponderación de algunas naciones como generadoras de riqueza y bienestar es un recurso empleado para destacar la superioridad de unas naciones de la colonialidad del poder, apreciadas como inferiores. El implícito ideológico sobre la pobreza y la desigualdad asume que es posible superarla, pero tomando como modelo la calidad de vida, la de los ricos, explotadores y propietarios del capital. La creación de una ilusión forma parte de la reproducción ideológica del sistema imperante, es una posición que ignora y desprecia la cultura y las inéditas construcciones sociales que no pueden ser reproducidas ni pueden ser iguales[2] (Huaylupo Alcázar, 2019). La pluralidad y heterogeneidad social de ninguna manera supone igualdad en los estilos de vida ni el desarrollo entre sociedades.

El trabajo humano no es un aspecto técnico, es una relación social dependiente de la situación, tratamiento y relaciones entre las personas y poderes en sus contextos particulares. El trabajo considerado y tratado como un objeto separado e independiente del trabajador, es una artificial y absurda escisión, siendo el trabajador quien le otorga cualidades a su trabajo. Esta separación en la concepción del trabajo ha posibilitado que el trabajador sea visto como una máquina barata, que lo explota, aliena y enferma. Asimismo, permite que el salario no se encuentre determinado por las necesidades de los trabajadores, pues son las patronales y la regulación estatal con el salario mínimo lo establecen, donde se ponderan los intereses económicos y económicos privados y gubernamentales, condición que condena a la pobreza a parte de los trabajadores. Las luchas de los trabajadores en sus organización han logrado relativamente reivindicaciones en sus condiciones laborales y salariales, las cuales suelen ser vulnerables a los manejos de la economía, y las imposiciones de los poderes empresariales y del Estado.[3]

La cosificación del trabajo y su precio son abstracciones que encubren la explotación, dado que se presentan como equivalentes, de modo similar al salario a destajo, al cual sarcásticamente se le atribuye ser único responsable de su productividad, salario y bienestar e inclusive el de los empresarios y la sociedad (BID, 2001). En las actuales condiciones el salario constituye la expresión del desprecio a los trabajadores que reeditan otras épocas sin derechos laborales. Así, se justifica la desigualdad y la explotación de los trabajadores, como si fuera un proceso natural y colateral sin responsabilidad patronal. En la comprensión en la sociedad del trabajo, aun en nuestros días no se otorga a los trabajadores su importancia y significación en el conocimiento de la reproducción de la sociedad, la economía y sus tendencias.

Los prejuicios en torno del poder, en todas las épocas y de quienes han interpretado la historia, efectúan una lectura de los pueblos, donde las cosas son valoradas como más valiosas que las personas, pueblos y culturas. El poder individualizado, ha sido apreciado como decisorio y absoluto para el devenir, presente y futuro, de las personas y pueblos. Las masas han sido ocultadas, no solo para los poderes autocráticos del mundo, también por muchos historiadores, salvo algunas respetables excepciones.

El sometimiento del trabajador, por un salario, a los imperios de los dueños temporales de sus facultades transformadoras, ha sido la gran transformación del capitalismo que ha permitido su crecimiento y expansión, como ningún otro sistema económico. Asimismo, desde el poder, posibilita la continuidad de la segregación, desprecio y explotación de los trabajadores del mundo. El auge de la sociedad contemporánea no está asociado con la democracia, libertad ni el bienestar de los trabajadores de las naciones.

Esto es, el trabajo humano no es independiente de la situación, tratamiento y relaciones entre las personas, pueblos y países considerados pobres. La carencia de empleo y salarios insuficientes para vivir, es una problemática sistémica relacionados con la dinámica del capital y el carácter social del Estado. El ensayo sobre el empleo y el salario en la sociedad del trabajo, es una aproximación analítica y una necesidad en el contexto nacional costarricense, ante la relativa ausencia de voces que lo estudien y valoren en su complejidad, mientras que prevalecen las opiniones de personajes mediáticas de gobernantes, legisladores y magistrados, quienes condenan los montos salariales y las conquistas reivindicativas, con lo cual expresan transparente su aversión e ignorancia de la trascendencia de los trabajadores y sus familias, pero también sobre el impacto en la economía y la sociedad.

 

La expansión capitalista. Un posesionamiento social inviable

Los empresarios del mundo claman por el mayor crecimiento económico y ampliación de los mercados, con el apoyo de los Estados y entes mundiales, dado que el dinamismo económico implica el incremento de las posibilidades de negocios y ganancias mundiales, porque se ha impuesto e internalizado la idea que el crecimiento económico permite el empleo, así como, el bienestar y el desarrollo, aun cuando contemporáneamente el crecimiento y expansión económica está acompañada de desempleo.

La creencia que el enriquecimiento empresarial privado es bueno para todos, es un posicionamiento ideológico arraigado social e históricamente que trasciende el espacio nacional, que se refuerza cotidianamente por los propietarios del capital, la gestión estatal, las formas mediáticas y la propia formación académica nacional y mundial, a pesar de las evidencias empíricas y analíticas que muestran ser causales de la pobreza, el hambre, la degradación ambiental o la proliferación de armas suficientes para destruir muchas veces la vida del planeta, etc. Los empresarios globales critican al Estado por no haber generado las condiciones para el crecimiento del empleo, aun cuando son actores directos del desempleo y quienes imponen la restricción del empleo público y los Estados, en algunos casos, buscan paliar las consecuencias del deterioro social y ambiental del crecimiento privado y en otros casos, la competitividad y la expansión mundial de poderes privados y estatales, están acompañadas de guerras, ocupaciones, destrucción y muerte de pueblos y sociedades.

Desde la propia teoría económica erróneamente se propuso un indicador creado al calor de la gran crisis económica de 1929: el Producto Interno Bruto (PIB), al cual que se la asignó representar el progreso económico el bienestar general y el desarrollo nacional.[4] Gran parte de la historia del pensamiento económico predominante, ha girado entorno de esa idea, a pesar del conocimiento adverso existente y su inconsistencia epistemológica, teórica y empírica.

Las imprecisiones son muchas en ese supuesto economicista, entre muchos cuestionamientos se puede mencionar que epistemológicamente ningún fenómeno complejo puede ser explicado ni representado con un exclusivo indicador, ni los beneficios de la actividad económica privada son distribuidos socialmente, en una sociedad desigual e inequitativa. El interés y las prácticas privadas no son de beneficio colectivos, públicos ni nacionales. La producción y los servicios privados, no son para el bienestar ni el desarrollo, son privados. El mejoramiento de la calidad de bienes y servicios privados, están relacionados por la competitividad mercantil, no con el bienestar de los consumidores ni con conservación de los recursos naturales y ambientales de la nación. Las capacidades del Estado son limitadas nacionalmente y frente a un poder global que amenaza con cerrar empresas, truncar inversiones, empobrecer, aislar o sancionar sociedades.

En el sobredimensionamiento empresarial y capitalista, creen ser los sustentadores de la vida de sus trabajadores, cuando precisamente son los trabajadores quienes crean la riqueza privada. Sin trabajadores no hay producción, no se obtienen excedentes, no se recuperan las inversiones ni existen consumidores. La vida y la satisfacción de las necesidades básicas de los trabajadores, en el caso costarricense, han sido garantizadas por un Estado Social temprano en América Latina. Así, el salario, la educación, la educación pública, la ayuda social, la expansión urbana y el propio crecimiento empresarial fueron garantizados por el Estado, en la actualidad la organicidad social, los movimientos populares y las huelgas de trabajadores han limitado relativamente los proyectos liberales del actual gobierno liberal.

Los trabajadores son una condición necesaria en las actividades económicas desde la propia gestación del capitalismo, la expulsión de los agricultores de la acumulación originaria para el trabajo en talleres de las ciudades, creaba masivamente a los asalariados que eran esclavizados a 18 horas de labores diarias y quienes no “vendían” su trabajo eran sentenciados como vagos y condenados a trabajos gratuitos e incluso su reincidencia, la pena de muerte, era el castigo.

Es una regularidad en el capitalismo el aumento de la tasa de desempleo por el uso de las máquinas. En los primeros años de las repúblicas latinoamericanas, los artesanos en los puertos impedían su desembarco, porque los desplazaban, hoy el uso de las máquinas que son controladas por software y hacen el trabajo mecánico de humanos, ha reducido las ocupaciones asalariadas, en un proceso incesante y masivo, pero en los actuales procesos no tecnificados y pauperizados, como en algunas cooperativas de autogestión, microempresas o empresas de maquila, los condena a largas jornadas a precios miserables y en las peores condiciones. Una muestra de la dinámica del empleo en Costa Rica, es tener una PEA que no es absorbida laboralmente, con efectos relacionados con la proliferación del empleo informal, el trabajo parcial, la mendicidad e incluso con el aumento de la criminalidad, aspectos que inciden en la población ocupada que se le impone el aumento de la jornada e intensidad del trabajo, como modos para la conservación del empleo.[5] Un deterioro social que no es atendida suficientemente por el Estado, creando un círculo perverso de pobreza.

La salud, educación, calidad de vida o bienestar de los trabajadores, no es una tarea ni preocupación por los empleadores, el individualismo que los caracteriza, se aproxima a las regresiones primitivas, como el trabajo gratuito o esclavizado, disciplinados al poder y sin organicidad. El quehacer patronal es regresivo a los derechos laborales y el desarrollo nacional, que despóticamente usa el miedo a perder el empleo contra los necesitados del trabajo asalariado con la complacencia del Estado[6] y la permanente amenaza de una recesión o crisis económica, aun cuando no son los trabajadores culpables del devenir económico.

La ponderación empresarial de ser los sustentadores del desarrollo y los ingresos fiscales, es la elevación de una autoestima, ante la incapacidad de una pretendida suficiencia que carecen. La dependencia de los trabajadores y del Estado es determinante para la existencia y reproducción empresarial. Son los trabajadores quienes sustentan los ingresos fiscales del Estado, mientras la que elusión y la evasión tributaria de los empresarios es una práctica común, los cuales superan el déficit fiscal nacional de 6.2% del PIB. Los certificados de abono tributario en Costa Rica, creado en 1972, fue un subsidio que se brindaba a los exportadores, no solo no pagaban impuestos, sino que se le pagaba por exportaciones que incluso incumplían las condiciones requeridas del incentivo, a la vez que se concentraba en pocas empresas globales (Noguera, 1997), e inclusive se otorgaban dichos certificados a quienes hacían exportaciones fraudulentas.

…los Certificados de Abono Tributario (CAT) creados en 1972 y regulados mediante una legislación en 1984, fecha a partir de la cual se dispara su crecimiento. En 1985 las emisiones por CAT eran de 973.5 millones de colones, en 1990 la cifra llegaba a los 7,310 millones y nueve años más tarde, en 1999, el dato llegaba a 36,000 millones. Esta última cifra equivalía a 4.4% del presupuesto ordinario del año 1999, y sus beneficiarios, según la prensa, sería unas 200 empresas. Esta rápida expansión, cuyo índice de crecimiento en los años noventa llega a ser mayor incluso que el presupuesto nacional, viene acompañado de indicios de que este mecanismo estatal de incentivo a las exportaciones ha operado (también) a favor de la corrupción y el narcotráfico, lanzando justificadas dudas sobre la supuesta bonanza de las exportaciones no tradicionales y de paso a sus beneficiarios. Y en efecto, con el objetivo de obtener los beneficios del CAT se han creado exportaciones ficticias con montos millonarios )basura, arroz quebrado h hiero para aletas de tiburón, bilis de ganado para cálculos biliares, aserrín de ipecacuana, desechos vegetales por palma); exportaciones reales con cambiados, incrementos artificiales en el precio y volumen de lo exportado y exportaciones de productos originarios en otros países, cual se tratara de productos nacionales (camarón, tiquizque, jengibre, y plantas de ipecacuana de Nicaragua) ajos de la China, aletas de tiburón de Panamá y Nicaragua, artesanía de Guatemala) (González & Solís, 2001, pág. 45).

 

El Estado se endeuda para atender necesidades de infraestructura para uso privado y también se subsidiaba la divisa extranjera a los exportadores, así como por 28 años se devaluaba diariamente la moneda nacional para favorecer las utilidades de los exportadores. En el presente, se incrementa la regresividad tributara, aumentando la tributación a las mayorías, reduciendo los salarios, anulando conquistas salariales, se disminuyen pensiones, aumentando el desempleo, etc., el déficit fiscal es el falaz argumento para incrementar la explotación y el empobrecimiento de la población, aun cuando no son los trabajadores responsables de ninguna crisis financiera.

Las medidas adoptadas actualmente por el gobierno costarricense contra los trabajadores, no tienen como propósito resolver el déficit fiscal, ha sido la ocasión propicia para depreciar el valor del trabajo, quebrar toda capacidad organizativa de los trabajadores, destruir las voces críticas y disidentes populares y universitarias y en la actualidad proponiendo y aprobando leyes contra las huelgas de los trabajadores y afectando los presupuestos de las universidades públicas, violentando la Constitución de la República.

Los prejuicios en torno del poder, en todos los tiempos de la desigualdad social han interpretado la historia de los pueblos como recuento de cosas, más valiosas que el devenir de las personas, pueblos y culturas, las cuales son denigradas y despreciadas. Las masas trabajadoras y lo público están marginadas del desarrollo y el bienestar de poderes autocráticos, e incluso de la historia escrita por muchos historiadores.

 

La escisión de los trabajadores de su trabajo

En el proceso de exclusión y de alienación social, se ha creado una abstracción cognoscitiva que escinde el trabajo del trabajador, como si fueran objetos distintos y autónomos. A partir de ese falso supuesto, han sido analizados y tratados autónomamente en las relaciones laborales y económicas por utilidad y funcionalidad.

La escisión del trabajo del trabajador, como objetos distintos y sin relación, ha permitido por la fijación de salarios independiente de las capacidades y habilidades de los trabajadores, así como de las condiciones del medio que permiten su reproducción como fuerza laboral y cognoscitiva. Asimismo, ha subordinado al asalariado a su capacidad de generación de excedentes, sin tomar en consideración las responsabilidades y condiciones patronales en los resultados de las labores. De este modo, se han otorgado facultades autocráticas a los propietarios del capital para determinar la situación y condición de vida de los trabajadores que explota y que engrosan las filas de los pobres en las sociedades, así como se ha facultado a los propietarios y sus administradores la determinación totalitaria de las labores de los trabajadores, aun cuando sean indignas e inclusive atenten contra su salud y vida. El trabajo es una facultad de cada ser humano que ha sido escindida y despojada de quienes la generan, para convertirlos en objetos de quienes se han apropiado de su facultad y voluntad. La despersonalización del trabajo es la alienación a la que están sometidos los trabajadores en un proceso de subsunción real que los ha esclavizado, sin que los propietarios asuman la responsabilidad alguna por las condiciones de la existencia y vida de los trabajadores. El trabajador en su condición de despojado de los medios para la vida, producto de relaciones sistémica creadas históricamente y reproducidas cotidianamente por la organización jurídica, social y económica del poder en la sociedad global, es una situación y condición de responsabilidad sistémica del capitalismo y concretamente de los propietarios del capital, el Estado y las entidades internacionales. El desempleo, la pobreza, las migraciones forzadas, el hambre, las guerras, son parte del proceso de subsunción real de la vida de los despojados por la estructura y privativos actores del capitalismo.

El trabajar para el beneficio de los otros ha sido y es una condición de los poderes en la historia de los pueblos y la humanidad. El Estado como garante del sistema y sociedad capitalista comparte los intereses de los propietarios del capital, luego el interés general, público o democrático de la sociedad, no es consustancial a su devenir histórico. Esto es, el bienestar y desarrollo de la sociedad en su conjunto, es lo aparente y lo discursivo. La situación y condición de los trabajadores relativiza las visiones sobre la igualdad, la democracia y el bienestar de todos, para ser exclusivo de los propietarios del capital y sus acólitos. En el presente, trabajar para otros no posibilita vivir en condiciones dignas, estables ni seguras, una situación que es cercana a los desempleados.

La manifestación clasista del Estado es una vieja historia que conserva similitudes esenciales con el pasado no capitalista, a pesar de los tiempos y los distintos espacios sociales. Las formas de explotación han variado, pero prevalece la riqueza y bienestar de pocos a costa del trabajo de muchos, cada vez con menos organicidad y voz propia. El auge de la sociedad contemporánea no está asociado con la democracia, libertad ni bienestar de los trabajadores de las naciones del mundo, encubre la reproducción de la dominación y la explotación, destruye el ambiente y la naturaleza y atenta contra las sociedades con pobreza, miseria, invasiones y guerras.

La acción transformadora de los trabajadores (esclavos, siervos o proletarios), es hacedor de muchas de las obras y conocimientos alcanzados por la humanidad y usados por el individualismo posesivo del poder. Atentar contra la vida de los trabajadores del mundo, es una regresión no conocida, que condena a la desesperanza a los pueblos y la vida sin futuro.

 

El desprecio a los trabajadores en la sociedad del trabajo

Los procesos de concentración y centralización de la riqueza, el control de las propiedades, los medios de trabajo y la producción, así como, la subordinación de personas, Estados y sociedades, han superado a todas las épocas del pasado, convirtiendo a las naciones y la inmensa población mundial, en trabajadores, en personas que deberán trabajar para vivir precariamente. No obstante, la productividad de los trabajadores en el último siglo y medio, se ha elevado extraordinariamente (Drucker P. , 1997; 1999), o lo que es lo mismo, el enriquecimiento privado ha elevado la brecha entre los ricos y pobres en las sociedades.

Asimismo, la rentabilidad actual excede a las capacidades de inversión productiva, más allá de las estimaciones efectuadas por Samuel Lichtensztejn (1984), que contribuye al aumento extraordinario de la capital de préstamo en el mundo, lo cual incide directamente en la apropiación de la riqueza de todos los sectores sociales que requieren dinero para la viva, para mejorar la condición de vida, de capitales del Estado para la inversión pública, efectuar política sociales, o pago de la deuda externa en un ciclo sin fin[7]. De este modo, todas las clases en todo el mundo contribuye con la centralización concentración de la riqueza de 28 bancos, en 2012, poseen más recursos que las magnitudes de la deuda pública de 200 Estados del planeta (Morin, 2015).[8] Los endeudamientos individuales y estatales crecen exponencialmente en una red mundial que usurariamente se apropian de propiedades y recursos, a la vieja usanza colonialista y medioeval.

El desprecio a los trabajadores y su labor son valorados como inferiores a las máquinas, las cuales no solo se han convertido en medios del poder para maximizar la productividad y rentabilidad del trabajo, sino que también en las actuales circunstancias, son símbolos de la dominación (Habermas, 1968). Las técnicas al servicio de la dominación son promovidas desde el poder (Marcuse, 1993), las cuales enajenan las relaciones laborales y destruyen humanidad y la naturaleza. Han sido convertidas en dioses que tienen que ser adorados por todos.

Las investigaciones y ensayos sobre el trabajo regularmente están referidos a la creación de empresas y los modos para dinamizar la economía, como única forma de crear empleo. Esto es, paradójicamente se propone crecimiento económico, cuando es precisamente el proceso que genera desempleo. También gobernantes responsabilizan del desempleo a los propios trabajadores, por no tener el dominio de idiomas extranjeros, carecer de formación académica ni técnicas, etc. La ignorancia la elevación en la composición orgánica del capital, es un argumento para propiciar nuevas formas de explotación, como la promoción de las microempresas, o la auto explotación de los trabajadores que en reproducción simple, sus excedentes son modos transfigurados de salarios y como microempresas desaparecen en el mercado, absorbidas, empobrecidas y endeudadas financieramente (Huaylupo Alcázar, 2015a), sin embargo dinamizan la economía y contribuyen a pauperizar a los trabajadores, eufemísticamente llamados empresarios.

Los propietarios del capital no les interesa la absorción laboral, por los prejuicios en favor de las técnicas, aun cuando encarezcan los procesos, son intencionados actores del empobrecimiento de los trabajadores y la sociedad, con la indiferencia, complicidad y participación estatal. La desocupación está asociada con los procesos que buscan maximizar las ganancias. El incremento de la productividad del trabajo disminuye el tiempo de reposición del salario, sustituye trabajadores y afecta la tasa de ganancia de los propietarios por la disminución de la masa de plusvalor, incremento de la competitividad y la mayor concentración y centralidad del capital.[9]

Una problemática estructural del capitalismo contemporáneo que no se resuelve con mayor explotación a los trabajadores ni empobreciendo las sociedades. No obstante, la obsesión por las ganancias inmediatas, el apoyo estatal, las imposiciones cognoscitivas y la mercantilización mediática, crean crisis económica que afectan directamente a los pobres y trabajadores no siendo responsables, sino víctimas del proceso.

Estas apreciaciones ideológicas y acciones emanadas del poder, antagonizan a los otros a quienes culpan como causantes de la crisis de las finanzas públicas, que no son originadas por los trabajadores, sino por una gestión estatal y privada que promueve el endeudamiento externo, que sirve para justificar acciones que conculcan derechos laborales e impulsan decisiones que empobrecen, aun cuando son los trabajadores quienes garantizan la rentabilidad privada y los ingresos fiscales de la liberal coalición gubernamental costarricense.

Esas visiones son superficiales y carentes de consistencia y pertinencia analítica y empírica, sin embargo, prevalecen en el inconsciente colectivo de una sociedad polarizada que criminaliza inmoral, ilegal e ilegítimo las remuneraciones salariales y sus organizaciones. El poder liberal quebranta el orden jurídico establecido contra la ciudadanía con la complicidad de quienes deben respetarlo y ampararlo.

La unidad de los actores del poder en la sociedad está sustentada en su aversión y antagonismo con los subalternos, no es una identidad en razón que le sean propia como clase social, como regularmente ha sido interpretada, dado que los propietarios del capital, compiten, antagonizan y se destruyen por la disputa monopólica del mercado y el totalitarismo mundial.

La liquidación de los eventuales adversarios mercantiles en el ámbito de los negocios y de la privatización de las decisiones y riquezas públicas, son relativas replicas colonialistas imperiales del presente en el espacio latinoamericano. Las crisis económicas nacionales e internacionales, provocadas por la desigualdad entre capitales y poderes políticos, han contribuido a la liquidación de desiguales competidores para concentrar y centralizar del poder, de modo tal, que cada vez son menos negociantes y consorcios empresariales que controlan la producción, el comercio y las finanzas del mundo.

El poder en la economía, liquida, excluye y recrea permanentemente relaciones inequitativas entre sus protagonistas. La autosuficiencia individualista de los propietarios los polariza, pero conservando el desprecio y antagonismo con los otros, los trabajadores. Así, el enfrentamiento permanente contra los trabajadores constituye una dimensión esencial de unidad entre los propietarios del capital, que actúan contradictoria y patológicamente a la explotación cotidiana contra los trabajadores. La constante lucha contra los trabajadores, es la liquidación diferida de su suicidio. El individualismo empresarial tiene en la liquidación a los otros, la impronta de su devenir caótico, en un antagonismo que linda con su propia destrucción, pero también incide en la desorganización e impotencia de los subalternos.

El odio y desprecio a los otros son efectos fallidos de su propia incapacidad de reproducción y sustento, de su miedo a desaparecer por la acción de las mayorías, que semejan los ataques preventivos norteamericanos e israelíes contra los que dominan. La agresión y desprecio de los propietarios del capital y el Estado, contra los trabajadores, son manifestaciones patológicas de un suicidio colectivo, asesinando a quienes le dan vida y riqueza.

Pero, la unidad de acción de los propietarios contra un inventado enemigo, contrasta con su cotidiana confrontación por la competitividad y disputa por el control y dominio de los mercados entre los propietarios del capital en todos los espacios, hoy convertidos en escenarios del antagonismo del capital global contra la diversidad y heterogeneidad social, económica, cultural.

Los propietarios del capital compiten y buscan destruirse mutuamente, en una especie de juego de muerte que los liquida o excluye del mundo de los negocios como incompetentes. La unidad de de los propietarios acción solo es aparente y externa, pero radical y sin concesiones en la cotidianidad económica. La idea del riesgo, tan internalizada entre los empresarios, pone de manifiesto el miedo ante la imprevisibilidad de la crisis o la quiebra de los negocios, ocasionada por otros empresarios, por la acción colectiva en los mercados, el devenir del sistema económico mundial, pero atribuidas a los trabajadores y los Estados.

La agresividad de los propietarios del capital, también lo es contra el Estado, a pesar de ser el ente que representa al capital y garantiza su reproducción, independientemente de su forma orgánica y de actuación concreta, dado que, la actuación de los Estados totalitarios, como también de los democráticos su actuación se circunscribe al devenir de las tendencias del capital y de sus propietarios, por ello los incesantes esfuerzos en América Latina por apoderarse del aparato gubernamental e institucional, tanto de los liberales radicales o por los representantes de iglesias pentecostales para el ejercicio autocrático retrogrado.

El Estado desde la gestación originaria del capital, ha sido quien ha contribuido en la creación de las condiciones para su expansión y crecimiento del capitalismo, incluso más allá de las fronteras nacionales. Este ente, aunque aliado de los propietarios del capital, no constituye un actor social de confianza absoluta para los heterogéneos y dispares propietarios del capital. Hay una larga historia discordante sobre la visión el devenir social y estatal en relación con el funcionamiento de la economía, donde predomina liberalmente la concepción que subordina la sociedad a la economía e incluso fue valorada por Adam Smith (1981) como una relación natural, que Estado ni agente alguno debe intervenir. En general, aún en nuestros días, la economía es valorada como un proceso técnico, libre de determinaciones sociales, históricas, políticas o culturales, etc., lo cual incide en el desconocimiento de la situación y tendencias de la economía mundial, así como promueve su manipulación cuantitativa por parte de las potencias imperiales y las empresas globales.

La escisión entre el capital y el Estado es coyuntural, dada la fragmentación de los intereses del capital y por la imposibilidad de articular, armoniosamente y consistentemente, los intereses y acciones públicas con los intereses y necesidades privadas, menos aún, cuando los propietarios del capital imaginan ser los artífices de la economía y la sociedad. Las relaciones contradictorias del Estado con los propietarios del capital, ocurren en momentos históricos particulares, donde se antagoniza la representación de lo público, de lo común a todos, frente al individualismo privado.

La afirmación de Marx y Engels que el capital no tiene patria, reitera su evidencia en el capitalismo, tanto por la articulación mundial de las inversiones para el control financiero (Morin, 2015) y mercantil, como por la carencia de identidad de los propietarios con los espacios sociales de su actuación. Los propietarios son apátridas, desconocen cualquier vínculo social, cultural e histórico, que no sea de la cosificación de la ganancia y la apropiación de las riquezas, que inmune e impunemente, trasciende el proceso de valorización, para apropiarse de la riqueza existente, como en las finanzas, la especulación, la corrupción, el espionaje, el fraude y la estafa.

El individualismo, consustancial en la sociedad capitalista, conlleva la separación y desprecio contra todos los que pretendan o pongan en peligro sus ambiciones por el crecimiento y la expansión privada del capital. Los propietarios del capital desconfían o adversan al Estado, en tanto que debe representar a todos en la sociedad, porque que no es la personificación del poder de los propietarios y porque ningún tirano garantiza la fidelidad absoluta a su poder. No obstante, el totalitarismo ha sido la opción política del capital mundial, ante riesgos económicos y políticos en sus espacios de poder.

El desprecio, explotación y exclusión a los otros (Honneth, 2010) por parte de los propietarios del capital, es la manifestación de su propia incapacidad de unidad e identidad de clase, así como, de la imposibilidad de establecer alianzas perdurables, más allá de la patológica valoración de una individualidad autocrática.

Desde el poder económico y estatal despreciar a los otros y desconocer sus contribuciones en la sociedad del trabajo, es un absurdo que niega la historia, los conocimientos y las evidencias. La ideologización del poder es una limitación para la negociación y la concertación que condena a la miseria y muerte a la humanidad.

 

¿El fin del trabajo?

El trabajo humano es parte consustancial de la vida de las personas, a través del cual ha transformado su medio social, natural y ambiental, según las relaciones sociales y poder, así como, históricos, culturales, organizativos y tecnológicos. El trabajo manual e intelectual revela la condición de homo faber, el que fabrica, quien ha construido y modelado su entorno global en razón de creencias, formas organizativas, creatividad, condiciones de vida y posibilidades de su espacio-tiempo, en una labor que transforma su propia condición de vida y conciencia.

El capitalismo no es el único sistema organizativo que de modo sistemático y permanente ha usado el trabajo colectivo en los procesos fundamentales de las sociedades. Las civilizaciones del pasado muestran obras monumentales que solo han podido ser efectuados con el trabajo colectivo a lo largo de años o centurias, así como los conocimientos acumulados por generaciones, pero también habría que anotar, que las guerras en todos los tiempos son realizadas por el poder con el sacrificio y muerte de las colectividades.

El haber readecuado el trabajo de los despojados de medios y recursos para la vida a miles de trabajadores desde el siglo XVIII en los talleres de las incipientes ciudades, fue una relación que consolidó la transformación burguesa de las sociedades. La generación masiva de plusvalor revolucionaba la sociedad, a la vez que inundaba de mercancías las ciudades de las metrópolis y los espacios coloniales de las potencias, en un proceso productivo que no ha cesado.


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Las inmensas cantidades de trabajadores del campo desplazados a las urbes, modificaban su condición histórica, de ser propietarios de los productos de sus trabajos se convertían en personas que no podían disponer de su trabajo ni de los productos generados. Los propietarios que compraban su tiempo de trabajo por 12 y 18 horas, se convertían en dueños de las capacidades temporales de los trabajadores y de los excedentes por el uso privado de la fuerza de trabajo ajena.

Desde el origen del capitalismo el trabajo se convirtió formalmente en una cosa o una mercancía que se vendía y compraba formalmente no para toda la vida, como los esclavos, pero los asalariados al vender su trabajo para vivir, eran dependientes permanentes de los dueños de su tiempo de trabajo y con ello de su vida. El capitalismo convertía artificialmente una facultad humana en una mercancía que se paga con salario arbitrario, independientemente de su voluntad, compromisos, necesidades y capacidades de los trabajadores y donde la obediencia ciega es una constante aún en nuestros días. El trabajar, como expresión de libertad, es un artificio ideológico, dado que es una obligación para la existencia de los trabajadores, de quienes viven y se enriquecen y del sistema. Hoy en Costa Rica se aprueba una ley contra el derecho a la protesta, movilizaciones y huelgas, como una evidencia de la vuelta al pasado de los diputados, de los partidos políticos y los propietarios del capital. Aspecto fundamental que caracteriza los procesos administrativos taylorianos formalizados hace más de dos siglos, como principios de la “administración científica del trabajo” y de la disciplina económica, los cuales aún perduran a pesar de sus inconsistencias, críticas y servilismo a lo largo de los tiempos.

El capitalismo significó para los trabajadores la perdida de la determinación de su trabajo, de sus propósitos y modos de efectuarlo, para convertirse en una decisión de quienes les pagan. Una labor asalariada donde se les impone sus labores, cómo hacerlas y con qué recursos. Las capacidades particulares de los trabajadores son consideradas irrelevantes e innecesarias, por la ignorancia de los propietarios.

El capitalismo ha unido inextricablemente a los protagonistas sociales, donde la existencia de unos depende de los otros. Así, los salarios que reproducen miseria, hambre y enfermedades a los trabajadores, pero también afectan los requerimientos de mayor consumo, calidad del trabajo y la creatividad que requieren los propietarios del capital. La condición de vida de los trabajadores tiene una determinación directa e inmediata de los salarios que se pagan al trabajo. Esto es, lo empleadores privados y estatales son los responsables de la pobreza de los trabajadores ocupados, pero también lo son, con los trabajadores desempleados, pues desplazan y sustituyen trabajadores con salarios y vida miserables, así como crean un contexto de pauperización en las relaciones sociales. En este proceso está el Estado que además de reducir su cabida ocupacional, desfalca el trabajo de los funcionarios públicos cercenando reivindicaciones conquistadas, elevando las imposiciones tributarias al trabajo y violentando derechos adquiridos.

La pobreza tiene una determinación social, no es individual, es social e histórica en la desigualdad de las sociedades. La riqueza y el capital son resultado de relaciones desiguales del pasado y reproducidas en el presente por actores sociales vinculados al poder. En tal sentido, es una responsabilidad social e histórica del Estado y de los propietarios del capital el garantizar la vida y su calidad de vida a los trabajadores. Dicha responsabilidad, no es caridad ni solidaridad social, es una obligación y necesidad para el poder económico y político, pues, sin trabajadores no es posible producción, consumo ni generación de capital, como tampoco se tendrá legitimidad ni posibilidad de gobernar.

El trabajo como fuente para desarrollo humano se transformó en actividades que lo alienan, que atentan contra la salud e incluso afectan sus facultades intelectivas. El trabajo repetitivo, mecánico y sin pensamiento, no solo atenta contra los trabajadores manuales, también los oficinistas cuyas labores están regidas por normas rígidas y estandarizados, así como lo están los docentes e investigadores, al imponerse formas mecánicas a su quehacer cotidiano por imposiciones administrativas absurdas y absolutas que ofenden a la inteligencia. De este modo, no es casual que las máquinas, robots y software desplacen a los trabajadores de sus labores mecánicas y rígidas, que no los libera, los condena a la miseria absoluta.

Esta dinámica que irremisiblemente empobrece a familias y pueblos, es el resultado contradictorio del devenir del capital global, que también globaliza la pobreza. Las ideas en torno del “fin del trabajo” es el endiosamiento a la tecnología, se asemeja a la propuesta de Fukuyama del “fin de la historia”, que pondera a la técnica y al capitalismo, como fenómenos naturales e irreversibles, cuando en realidad son procesos políticos y sociales que condenan a la humanidad a un destino cada vez más desigual y miserable.

No obstante, hay que hacer algunas precisiones, las técnicas sustituyen el trabajo humano robotizado, que se impuso para las actividades productoras y comercialización de mercancías que son estandarizadas. Luego, el desplazamiento de trabajadores ha sido una consecuencia de la forma como fue concebido el trabajo, las mercancías y los servicios, los cuales que no fueron para atender necesidades específicas en razón de los patrones de cultura y de vida de los consumidores, sino modo para imponer formas de consumo, en razón de las ganancias, que afectan a la salud, vida y bienestar de los consumidores, el medio ambiente y la naturaleza.

Las personas en el capitalismo han sido tratadas como medios para la valorización del capital, usadas como maquinas que transforman los valores mercantiles en nuevo capital. Los trabajadores y los consumidores son para el capital, cosas indiferenciadas que deberán trabajar y consumir lo que se decide privadamente. Tendencialmente en los espacios latinoamericanos se disminuye el consumo productos tradicionales y culturales relacionados con sus medios naturales y sociales, acorde con sus necesidades y la sabiduría acumulada. Los procesos de centralización y concentración del capital, destruyen, desplazan, absorben o destruyen a los productores de mercancías para el consumo locales y regionales.

Los asalariados son esclavos en las jornadas laborales, como también los consumidores son esclavos de las decisiones productivas y mercantiles de los propietarios del capital. La profundización de la tendencia de la eliminación de los trabajadores mecanizados por robots, forma parte del proceso que elimina los productos para necesidades particulares.

La desaparición del trabajo vivo estandarizado no libera el mecanicismo ni la esclavitud laboral, no es para que los trabajadores realicen actividades creativas en razón de su imaginación, conocimiento o iniciativa, es la condena a la miseria y sus consecuencias en un proceso de alcance mundial. La crónica de una tragedia para las personas y pueblos se escribe cotidianamente en la globalidad contemporánea, pero oculta la resistencia social y el temor a la organicidad y la acción de los trabajadores, como los “indignados”, la “primavera árabe” o los “chalecos amarillos”

La ponderación de lo tecnológico o la reedición ideológica del anquilosado mecanicismo, como lo óptimo para la rentabilidad, es un prejuicio errado, dado que la mayor composición orgánica del capital o con mayor agregado, originan una decreciente tasa de ganancia y requiere de técnicas, insumos y trabajos determinados en un proceso interdependiente que no necesariamente abaratan los costos. La uniformización tecnológica es una utopía, la desigualdad se manifiesta en la capacidad tecnológica, magnitud de capitales, rentabilidad, en la organicidad y poder empresarial, características que separan intereses y ambiciones entre empresas.

La ideología del fin del trabajo también simplifica la complejidad económica y productiva, asume implícitamente que todas las actividades artesanales, los oficios y todas las labores agrícolas de campesinos, que absorben trabajo en proporciones superiores a las actividades empresariales serán sometidas al mismo desplazamiento de la fuerza de trabajo. Sin embargo, no todas las actividades productivas están regidas por los ciclos de reproducción ampliada, no son atractivas para la inversión ni son aptas para la producción mecanizada, masificada ni en serie. La economía capitalista ha convivido con formas no capitalistas de producción, a las que no puede reemplazar, absorber ni se adecuan a sus intereses y condiciones de inversión y trabajos. El prejuicio que absolutiza a la técnica como modeladora culturas, desarrollo y bienestar de sociedades, es parte de la ideología que magnifica el capital y las relaciones capitalistas, cuando en realidad la cultura, las formas de vida y el arraigo a social a las formas de producción y trabajo, son las que definen el uso y rendimiento de las técnicas.

Las formas de trabajar han variado a través de los tiempos y culturas, adecuándose a las necesidades, la imaginación y creatividad de los trabajadores, pero, suponer que el mecanicismo tecnocrático capitalista terminará por liquidar el trabajo, es un absurdo el trabajo es consustancial al capitalismo, sin trabajo no se generan excedentes. Sin trabajo no existe sociedad ni capitalismo.

El fin del trabajo remunerado requiere haber creado una forma distributiva de la riqueza existente para la vida de los trabajadores, así como, el haber transformado radicalmente las sociedades. Desde la perspectiva de Jeremy Rifkin (1996), es la creación de un “tercer sector”, fuera del Estado y del mercado, lo cual, supone una sociedad que supere la explotación y regule la distribución de la riqueza. Es una utopía que ilusoriamente se relaciona con el ideal comunista de una sociedad sin clases y sin Estado, o quizás imagine la supervivencia humana, luego de la destrucción masiva de una y última guerra planetaria. Creer en lo inexistente e inviable en las circunstancias concretas, de ninguna manera puede ser el punto de partida para una acuciante problemática que aflige y amenaza a los trabajadores y la humanidad.

Las ideas tecnocráticas forman parte del desprecio a los trabajadores, pues en los círculos privados empresariales, brindar trabajo, es considerado un privilegio en una época que los sustituye, razón para convertir a los salarios en indignos, africanizados o asiáticos, aunque se reducen los salarios reales en Europa, como también disminuye el salario mínimo en Honduras y Nigeria (OIT, 2019b).

La magnificación otorgada a la técnica, lleva a calificarlas como “inteligentes” o que ellas pueden optar, decidir o hacer cosas, aunque todos los software y máquinas responden a diseños y pautas preestablecidos. La atribución peyorativa contra las personas, al atribuir inteligencia es ofensivo, un engaño o muestra de la precariedad cognoscitiva de los propietarios del capital.[10]

El desempleo global ha llegado ya a su más alto nivel desde la gran depresión de los años 30. Más de 800 millones de seres humanos se encuentran desempleados o subempleados en el mundo. Esas cifras y el fin de siglo en la medida en que millones de aspirantes a integrar la fuerza de trabajo se encuentran sin empleo, muchos de ellos víctimas de la revolución tecnológica que está sustituyendo rápidamente a los seres humanos por máquinas, en prácticamente cada sector e industria de la economía global” (Rifkin, 1996, pág. 17).

 

El desempleo es irresoluble en el capitalismo contemporáneo, el cual es asumido como ajeno a los propietarios del capital ni estatal, quienes lo atribuyen absurdamente a la insuficiente formación, experiencia y conocimientos de los trabajadores.[11] No obstante, es una problemática arraigada a la producción privada de técnicas y de quienes las adquieren y contratan la creación de robots, proceso que está presente desde su gestación originaria con la revolución manufacturera, e inherente al crecimiento y expansión de la producción y las ganancias. El desempleo lejos de ser resuelto, se agudiza en la competitividad al aumentar el plusvalor relativo en las actividades más dinámicas y tecnocráticas de la economía, así como, se incrementa el plusvalor absoluto en las actividades de menor composición orgánica de capital.

Tener menos trabajadores permite disponer de menores recursos variables de capital y la posibilidad de invertir en nuevas técnicas que los suplen, pero tener trabajadores en teletrabajos posibilita el empleo de menores recursos en el mantenimiento de las oficinas y sus servicios, así como aísla a los trabajadores y limita su organicidad, e incorpora a las familias y hogares como espacios de trabajo permanentes, además de absorber parte de los costos del trabajo, aumentar la producción, reducen costos y se evaden leyes laborales. El teletrabajo se expande porque conviene a los empresarios, como una reedición retrograda del trabajo a domicilio o de la “fabrica disgregada” de la protoindustria en el siglo XIV y XV, así se prolonga las jornadas de trabajo ilimitadamente, empleando los recursos de los trabajadores y en caso integra gratuitamente el trabajo de la familia.

 

Judicialización de los derechos y demandas de los trabajadores

En la actual coyuntura costarricense se retoman las prácticas liberales de los años ochenta del siglo pasado que afectan las remuneraciones salariales de los trabajadores con algunas variaciones, por ejemplo, ya no se anuncia el despido de funcionarios públicos, pero hoy se cercenan las conquistas salariales, se suprimen compensaciones por aumentos del costo de vida, se contraen las pensiones, no se crean nuevos empleos, se imponen nuevos tributos al consumo de la mayoría trabajadora, se judicializa las protestas y manifestaciones públicas[12], se suprimen mediáticamente toda difusión a las demandas populares, se propone ley para el salario único, etc. Asimismo, se ha disminuido los recursos presupuestales para las políticas públicas, estrangulando el aparato institucional del Estado, aumentan las tarifas de los servicios públicos, crece la inflación, se modifica la canasta básica para abaratarla y se incrementan los precios de los bienes salarios. Todo ello, en un contexto de déficit fiscal irresponsable, culposo y premeditado de los partidos liberales en el poder estatal.

Las posiciones asumidas por los partidos políticos, de la coalición gubernamental (2018-2022),[13] pretenden reducir el gasto en salarios de los funcionarios públicos, como una forma para debilitar la función social del Estado, del que forman parte y de donde impulsan acciones que liquidan la institucionalidad pública y el Estado Social de derecho.

En la década del setenta del siglo pasado, la Trilateral[14] fue pionera de propuestas liberales que se implementarían con los programas de ajustes estructurales y de los tratados de libre comercio, argumentaban que la crisis fiscal era la causa de la ingobernabilidad, y como ahora en Costa Rica, afirmaban que la solución era promover e incentivar al capital trasnacional. La utopía liberal de un poder mundial, es un añejo proyecto hegemónico político militar, pero también económico y social.

En este sentido, la continuidad liberal de décadas pasadas, en los años 70s del siglo pasado, se argüía sobre el tamaño del Estado tenía que ser reducido, independientemente de lo que se hacía y la forma de hacer política pública. Así, desde el fetichismo de las magnitudes, se mentía afirmando que era para la eficiencia y efectividad estatal, como también hoy, se actúa contra la autonomía y presupuesto de las universidades públicas costarricenses. En el presente, la Contralora General de la República y de su predecesora la Ministra de Hacienda, se centra en criticar el excesivo gasto, sin mencionar la comparación con qué o quiénes, ni en qué contexto, como tampoco menciona qué tan excesivo es el gasto, ni hace referencia alguna a lo qué se hace, cómo y para qué se hace dicha erogación. Asimismo, el desconocimiento y atrevimiento, hace reiterar el sofisma de la administración privada de negocios, que sin tiempo ni espacio, imaginan que siempre es posible ser más eficiente y eficaz, sin mencionar cuánto, cómo, dónde y sin contemplar la naturaleza de la función pública e institucional, además de ignorar la imposibilidad de contrastar la rentabilidad privada, con la rentabilidad social de las instituciones públicas.[15]

La reducción del gasto público fue la acción de los partidos que, en la década del ochenta del siglo pasado, y hoy en coalición gubernamental, debilitan o liquidan las políticas públicas, consideradas como innecesarias, similar a lo efectuado por Ronald Reagan en Estados Unidos en 1980 y en la actualidad Mauricio Macri en Argentina, Jair Bolsonaro en Brasil, entre otros.

El liberalismo de ese entonces, como en el presente, opta por debilitar la institucionalidad pública, reduciendo el trabajo como un modo de hacer inoperante la función pública y toda regulación estatal, y de este modo convertir el espacio nacional en el ámbito del poder de las corporaciones económicas mundiales y al Estado un ente de la colonialidad del poder. En el presente, el protagonismo del pasado del FMI y BM, han perdido importancia, ya no se requiere su mediación para imponer decisiones imperiales en el espacio nacional, ya que de modo directo se impone la praxis liberal empresarial global con la política norteamericana.

La crisis de las finanzas públicas no se resuelve contrayendo el gasto, como imaginaba Aristóteles para la economía doméstica o los espacios sociales aislados en las creencias neoclásicas, los siglos que nos separan de los conocimientos y condiciones del pasado, no tienen validez alguna en el presente. La ingenuidad, ignorancia o la intencionalidad de distorsionar, confundir y mentir es frecuente en los diputados y las formas mediáticas mercantilizadas. La contracción del gasto lejos de atenuar la situación económica, crea recesión, contrae el empleo, la inversión pública y la política social y pública, empobreciendo a la población, agudizando el conflicto social y las prácticas represivas y legislativas contra los trabajadores, que se expresan en la crisis de consumo, producción, etc. Esto es, las medidas políticas liberales son iatrogénicas, matan al paciente.

Culpar a los funcionarios públicos por los salarios percibidos, es una falsa atribución que no posee ningún trabajador. Los salarios de los funcionarios están pautados por normas jurídicas en las que no participan los trabajadores. La crítica al empleo público y sus remuneraciones, posee una intencionalidad contra los trabajadores, pero también contra lo público, a la vez que legitima la precariedad de las remuneraciones del sector privado nacional.

La crítica contra el empleo público y particularmente contra las remuneraciones de los funcionarios, efectuadas en una aparente equidad y una falsa justicia distributiva y moral, evidencia su parcialidad cuando se conoce que el 27% de los trabajadores empleados privadamente es remunerado con menos del salario mínimo, que la oferta ocupacional privada es de baja calificación, con elevada informalidad y alta movilidad laboral, así como se evidencia una profunda e infame desigualdad salarial con las mujeres trabajadoras (INEC–Estado de la Nación). Esto es, se critica al Estado y sus instituciones, mientras se oculta la ilegalidad e inmoralidad de las remuneraciones en las empresas privadas (Huaylupo Alcázar, 2015b).

 

La inconsistencia política gubernamental costarricense se corresponde con la práctica político partidaria nacional, sin principios y ni democracia interna, para predominar regirse autocráticamente y representar a sectores privados de la sociedad. En el horizonte liberal del quehacer estatal, los partidos políticos han conformado una informal alianza contra los intereses nacionales, la institucionalidad pública y los trabajadores.

 

La visión administrativista del trabajo humano

Todo quehacer administrativo representa al poder de la organización donde administra, siendo su función esencial el control, supervisión y evaluación de los trabajadores en razón de los propósitos de la organización. En la cotidianidad del quehacer administrativo y de su formación profesional, no estudia el quehacer administrativo en las organizaciones, porque a pesar de definirse como ciencia, es una actividad que busca pautar, disponer y supervisar el trabajo, en razón de procedimientos y técnicas preestablecidas por el poder en la organización. La administración aún está orientada e inspirada por la posición de sus creadores, Frederick Taylor y Henry Fayol considerados “padres de la administración científica del trabajo” (Neffa, 1990) y calificado por el sindicalismo norteamericano, como “El mayor enemigo del trabajador” (Morgan, 1998, pág. 19).

Fue Frederick Taylor (1856-1915) quien, obviando consideraciones políticas, sociales y económicas en torno del trabajo, estableció el horizonte de la administración como la optimación del trabajo y la rentabilidad de la organización. Esto es, como ingeniero propietario de una empresa, formalizaba sus planteamientos experimentados en su propia organización, los cuales se han reafirmado con el fordismo, el neofordismo, reingeniería, outsourcing, etc., técnicas administrativas que se complementan con formas organizativas del trabajo que flexibilizan horarios, tiempos, días y lugares de labor, en todos los casos optimizando la rentabilidad empresarial, sin distinción alguna entre trabajadores ni sus peculiaridades. De este modo, la eficiencia y eficacia de los trabajadores son vistos como resultado de las acciones administrativas y de gestión de la organización, mientras que los fracasos en las organizaciones son atribuidos a los trabajadores.

Esto es, Taylor ha sido convertido en ideólogo de los propietarios del capital y también de la técnica administrativa, razón por la cual aún en el presente, sigue siendo caracterizado como el creador de la “administración científica del trabajo”, a pesar de no ser su creador originario ni su contribución fue científica. No obstante, su influencia incluso irradió, al propulsor de la Revolución Bolchevique en 1918, a Lenin quien propició su aplicación en la Rusia bolchevique.[16]

Los trabajadores son valorados por la eficacia de su labor y por el disciplinamiento a las pautas administrativas establecidas por las organizaciones, según los propósitos empresariales privados y políticos del poder estatal. La explotación de las capacidades de los trabajadores ha cambiado de formas e intensidad, pero continúa siendo una valoración utilitaria y rentable imprescindible para sus empleadores. En nuestros días, la subordinación del trabajador pretende incluso controlar sus valoraciones e identidad individual y social, como un medio para condicionar su compromiso y actuación en las organizaciones y en el espacio nacional.

En esa perspectiva, los trabajadores son importantes, en tanto que trabajan[17], pero no interesa su situación y condición social, ni las consecuencias en la salud y vida, como tampoco interesa su impacto en la familia ni en la sociedad. Aspectos que deben ser dimensionados desde una perspectiva inclusiva y totalizante para comprender la importancia y trascendencia del trabajo, más allá de las visiones economicistas.

 

El trabajo. Historia y poder

El trabajo es una cualidad transformadora del ser humano que le permite actuar y adecuar su contexto y vida, en razón de formas culturales, condiciones existentes, de concepciones y voluntades colectivas, en tal sentido, constituye el fundamento de su cotidianidad y la organicidad de la sociedad. Pero, habría que mencionar que las voluntades colectivas en gran parte de la historia de la humanidad han tenido la posibilidad de construir sus espacios sociales en razón de sus propias voluntades en la historicidad de su vida y relaciones interculturales, dado que, los poderes autocráticos han impuesto patrones de existencia que agreden voluntades y vida de las colectividades. Así, las obras monumentales construidas y logros intelectuales han sido efectuadas por colectividades que tienen la impronta de poderes en cada periodo de la historia de los pueblos. La historia del trabajo humano son expresiones de la historia colectiva, de sus relaciones, creencias y formas de poder.

El trabajo colectivo es la manifestación de su tiempo-espacio, impregnado de significaciones específicas, por ser efectuado de determinados modos y servir a propósitos que no son universales ni generales. Las formas y contenidos que adoptan los productos del trabajo, no son indiferentes de los medios que se producen, así como tampoco de quienes ni para quienes lo producen. No existen productos del trabajo que sean iguales ni tengan igual significación.

En el capitalismo la producción masiva de mercancías, son aparencialmente iguales, sin embargo, son distintas las condiciones sociales donde se efectúan, los materiales y recursos empleados en su producción, como los costos y los modos de producirlos, así como la subjetividad de quienes trabajan y los usos particulares por parte de los consumidores de dichas mercancías. Las creencias mecanicistas destacan magnitudes y precios de las mercancías, pero ocultan las relaciones y las significaciones de tales procesos. El trabajo humano en este sistema, es convertido en un objeto manipulable, sin conciencia, voluntad ni poder.


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La igualdad es una formalidad y una convención que se asume como legitima y vigente ideológicamente, dado que es inexistente en un mundo heterogéneo social, natural y ambiental e incluso la igualdad de derechos, suele ser una formalidad que se desdibuja en el monopolio de la aplicación e interpretación jurídica, así como tampoco es posible garantizar el derecho igualitario en el espacio social, en una sociedad desigual y segregacionista que desprecia los trabajadores. La postulación jurídica igualitaria significó un avance social y político, pero es una asunción ideológica de un sistema excluyente. La concepción filosófica positivista que inspira la igualdad, imagina un mundo mecánico regido por leyes universales, aun cuando, cada fenómeno es particular e inédito.

La igualdad de precios para fines contables, no es la igualdad de los productos ni del trabajo al producirlos. Es una fantasía en la competitividad de productores y de la teoría neoclásica suponer que las mercancías son iguales y que pueden ser aceptadas, consumidas universalmente, así como creen obtener idénticos resultados en cualquier consumidor. Todo trabajo lleva la impronta de la individualidad del trabajador como parte de su integración social. Las particularidades del trabajo y sus productos, no son relevantes en la producción capitalista, por el fetiche de los costos, precios, ganancias y la competitividad.

El trabajo no solo transforma el contexto de la vida en sociedad, también transforma a los propios trabajadores. El trabajo es inherente a los individuos que crean y reproducen sociedades, independientemente de los usos mercantiles, productivos o de empleo. Cada trabajo es la expresión tangible y concreta de sus constructores, así como de su cultura e historia.

La dominación que se apropia de la riqueza social y los productos del trabajo, es una característica de gran parte de la historia en todos los tiempos de la humanidad, aun cuando con modos distintos, según la naturaleza de las formaciones sociales y los poderes existentes. La riqueza de los pueblos está fundada en el trabajo, la apreciación de los objetos como tesoros a través de los tiempos, son formas fetichizadas y simbólicas del poder, que muchas veces ignoran el trabajo humano y la cultura de los pueblos.

Las distintas épocas y sociedades del pasado y del presente han privilegiado al poder de los imperios o la acción de autócratas, como hacedores del destino de los pueblos, pero los relatos del poder de tiranos, niegan el sustento social de sus privilegios y poder. Las historias escritas son regularmente historias privadas del poder que ignoran y desprecian el trabajo colectivo como constructos de la sociedad, para considerarlos exclusivamente como productos individualizados. En sentido estricto, no es historia las visiones parciales, parcializadas y cómplices de poderes autoritarios, por el contrario, desfiguran, destruyen y ocultan a todos sus protagonistas.

La individualización de la historia encubre los atributos de las acciones colectivas, porque consideran a las masas como objetos, sin pensamiento, voz ni cultura y sin capacidad para decidir ni actuar con criterio propio. La explotación de los subalternos en todos los tiempos, es la evidencia de su importancia para construir sociedad y reproducir riquezas, privilegios y poderes.

La colonialidad del poder tiene prisioneros a los trabajadores a una estructura social y política que, como cárceles de larga duración, carecen de libertad e igualdad real de derechos que impiden la construcción de un destino compartido en la heterogeneidad social. Los trabajadores en todos los tiempos y particularmente en el capitalismo global, ha creado una situación antípoda a la condición ciudadana y humana, compatible con una regresión esclavista.

 

Trabajo y trabajadores ¿exindibles?

El trabajo en el capitalismo ha escindido, al trabajador de su trabajo, para convertirlo en la parte variable del capital o en una artificial separación para considerarlo como una mercancía, que no le pertenece trabajador, sino de quien lo compra como en otros tiempos y sometido a trabajos que imponen determinadas condiciones de vida que incluso atentan contra su salud y existencia. El mercantilismo del trabajo es el modo como se controla a los trabajadores, ante la privatización de los medios para la subsistencia, el bienestar y la vida. Ergo, el desempleo y los salarios miserables, con todas sus secuelas, son el resultado de la privatización de los medios que viabilizan la explotación y destino de trabajadores y pueblos del planeta. La explotación capitalista es la apropiación de la vida de los trabajadores del mundo. En el sistema imperante los trabajadores pertenecen al capital, ocupados o desocupados, pues despojados de todo medio subsistencia, trabajan para valorizar el capital. La creación de esas condiciones y la explotación responsabiliza al poder y el sistema prevaleciente de su responsabilidad histórica con los trabajadores en la sociedad del trabajo.

El trabajo para vivir o vivir por el salario, o parafraseando a Castells (1996), vivir para producir o producir para vivir, son expresiones contemporáneas que invisibilizan a los que no pueden vender su fuerza de trabajo, como tampoco es vida percibir salarios miserables. Las clases subalternas son objeto de decisiones del poder, aun cuando el poder las responsabiliza de actos ajenos a su voluntad, conciencia y acción colectiva.[18]

La apropiación de la capacidad creadora y transformadora del trabajo ha implicado el ejercicio totalitario en los ámbitos laborales, lo cual es paradójico, pues los empresarios exigen libertad para invertir, explotar, degradar el medio ambiente, amnistía tributaria, etc., pero erradican toda libertad en las relaciones laborales (Meiksins, 2006).

El trabajo no es una cosa, aun cuando el trabajo se cambia por un salario, no es una mercancía. El trabajo no se escinde del trabajador, de su vida, pensamiento ni de su capacidad de disponer y comprometer su vida, como tampoco ser proletario, conculca sus derechos como ciudadano. La artificial separación trabajo-trabajador, posibilita el trato ilimitado de las patronales durante el tiempo que son “dueños” del trabajo ajeno. Así, las labores indignas, extenuantes y atentatorias contra la salud y vida de los trabajadores, constituye una regularidad en la explotación, que los niega como sujetos y ciudadanos. Asimismo, en esta separación trabajo-trabajador, el salario encubre la responsabilidad patronal de las consecuencias económicas, familiares, salud y vida, de las labores impuestas a los trabajadores.

En tal sentido, el trabajo, el salario y las relaciones laborales, no son asuntos privados, son públicos. El Estado es participe y cómplice de la explotación y condición de vida de los trabajadores, a pesar de su incidencia al ingreso estatal, la sociedad y vida de la inmensa mayoría de ciudadanos de los países y del mundo.

El hacer peligrar la subsistencia y los derechos de los trabajadores va más allá de la exclusión clasista, es una actuación genocida, incluso contraria a las necesidades de reproducción del capital y del sistema fundado en el trabajo humano. Los atentados contra los trabajadores y sus salarios, son las paradojas de un sistema que se suicida asesinando. Las crisis económicas, en todas sus formas, son el resultado de decisiones y contradicciones entre los propietarios del capital y sus aliados políticos, que centralizan y concentran cada vez más el capital mundial y agudizan la precarización de las poblaciones y degradan la naturaleza y el ambiente.

La vorágine por las ganancias en la competitividad y el poder mundial y la tendencia por reducir las inversiones y el riesgo mercantil, ha contribuido a la autonomización del capital bancario que incluso condiciona el devenir de las otras formas de capital. Así, la banca global en alianza con poder político, es la actividad predominante en las relaciones económicas globales del presente (Morin, 2015), la cual sin generar valores nuevos se apropia de la riqueza y recursos de personas y sociedades en correspondencia con su originaria impronta feudal. De este modo, el capitalismo contradice su naturaleza fundamental y regresivamente de generador de nuevos valores se apropia de valores o riquezas existentes. Las finanzas contemporáneas están sobre dimensionadas (De la Garza, 2001), crece y se expande con dinero ajeno, desfalcando la riqueza generada, con lo cual polariza a las sociedades y limitando el crecimiento y expansión del propio capitalismo. El sector financiero muestra la naturaleza regresiva de la colonialidad del poder en la globalización contemporánea.

La tendencia regresiva del capital bancario constituye la fuente de la reproducción ampliada del capital del proceso productivo, del cual se nutre en un proceso no necesariamente funcional ni armonioso. El sector productivo que compite por el dominio y la conquista de los mercados hacia un proceso tendencialmente monopólico, tiene por propósito la realización de los valores plasmados en las mercancías (recuperar lo invertidos y los nuevos valores creados en el proceso de trabajo), no necesariamente para satisfacer los requerimientos y cualidades de las poblaciones consumidoras, dado que, constituye el medio para la generación y la apropiación de valores generados colectivamente. La magnitud del valor de las mercancías, las tradiciones, la persuasión mediática o las formas monopólicas, constituyen elementos que pretenden universalizar la adquisición y los consumos de las mercancías.

En este proceso, es necesario mencionar que es la absorción laboral y los salarios, los directamente afectados, los trabajadores son sustituidos por las técnicas robotizadas, se abarata el salario, se modifica la organización laboral, se aumenta la jornada de trabajo sin compensación, se flexibiliza el trabajo, se modifican y adecuan las leyes laborales en favor de los empleadores. Son millones de personas que se ven obligadas a tener que aceptar trabajos indignos, según lo revela un reciente informe de la OIT (2019a). Los procesos laborales y sus productos se estandarizan, independientemente de las particularidades de consumidores, cultura, preferencias o formas sociales de consumo y trabajo. El consumo masivo e idéntico de las mercancías es la utopía de los empresarios globales, por ello intentan controlar y manejar la producción, el consumo y el trabajo de las personas del mundo, sin importar la perdida de los rasgos y peculiaridades de las personas, sociedades y sus culturas.

La pobreza en el mundo, no solo aumenta por la carencia de empleos, por procesos de exclusión y discriminación social y estatal, también aumenta porque la remuneración salarial de los empleos no satisface las necesidades básicas y de vida de los trabajadores ocupados. Así, son 700 millones de personas que padecen pobreza, extrema o moderada, a pesar de estar empleadas (OIT, 2019a, pág. 15). De los 3,300 millones de personas ocupadas mundialmente (OIT, 2019a, pág. 1), la gran mayoría padece del deterioro de la seguridad económica, la libertad y la calidad de vida de los trabajadores para reducir costos y aumentar la tasa de explotación por competitividad en las ganancias en el corto plazo, no obstante, genera una tendencia decreciente en sus tasas de ganancias en el mediano y largo plazo.

El empleo y la remuneración en otros períodos del capitalismo se garantizaba condiciones para la vida, pero en el presente aumenta el trabajo indigno y no satisface las necesidades de los trabajadores,[19] por ello, los esfuerzos de cada vez más las mujeres y jóvenes por incorporarse al mercado laboral para complementar los ingresos familiares.[20]

Los salarios son básicamente para ser gastados, luego el consumo será mayor de los asalariados con necesidades insatisfechas, ante mejores remuneraciones. La Organización Internacional del Trabajo afirma que el crecimiento y el progreso están en directa correspondencia con “empleos de calidad” (OIT, 2014), por ello es posible afirmar que las contracciones en los salarios son recesivas y de ningún modo están relacionadas con la estabilidad, el crecimiento económico ni el desarrollo. Esto es, son las empresas u organizaciones quienes fijan las magnitudes de los salarios, los cuales son regenerados con excedentes por el uso del trabajo, en un círculo infinito de trabajo-salarios. Así, los trabajadores con el pago a su trabajo, contribuyen con la empresa y no son responsables de las insuficiencias e incapacidades de las empresas. El cuestionamiento a los montos del salario de los empleados públicos que efectúa el gobierno costarricense, es la más absurda posición que pretende condenar a quienes con su trabajo generan las condiciones para el enriquecimiento privado y la propia reproducción social y estatal. Cabe anotar que las cadenas globales de producción de empresas mundiales, desconocen los derechos laborales de sus empresas filiales del mundo (Gaio, 2019), sin que exista ente internacional que lo impida. De este modo, el empobrecimiento de los trabajadores y el empleo, constituye una característica del capitalismo contemporáneo.

Fue John Myrdal Keynes (1980) quien analizaba la inconveniencia de bajar los salarios nominales por las protestas y movimientos de los trabajadores, pero apreciaba que la inflación era el medio para relativizar el peso económico de los salarios (Molina, 1979). La disminución del salario real o aminorar su capacidad adquisitiva, gubernamental al servicio de los empresarios que ganan elevando precios de las mercancías, pagando realmente menos en salarios. El Estado costarricense contribuye a ese proceso aumentando el precio de los servicios públicos, redefiniendo la canasta básica e incrementando las tasas impositivas a los trabajadores. Asimismo, se reavivan los procesos de privatización de los servicios públicos.

A pesar que las erogaciones salariales constituyen una inversión privada como pública, la obsesión por la disminución de costos e incremento de las ganancias, es la persistente e infame tendencia que enriquece a pocos e envilece a muchos. Oxfam (2016), señala que el 1% de la población mundial concentra el 99% de la riqueza del planeta.

En el año 2014 la OIT (2014) estimaba para el mundo en el año 2015, 208 millones de desempleados y 839 millones de trabadores empleados que no superaban los niveles más bajos de pobreza, mientras que para el año 2018 se estimaban 172 millones de personas desempleadas (2019a, pág. 2), en un mayor universo poblacional, en dicha exploración se señala que 3.300 millones de personas empleadas que carecen de seguridad económica. Asimismo, se estima entre 1,500 a 2,500 millones de personas que sufren hambre en el mundo[21] y en América Latina y el Caribe hay 130 millones de trabajadores informales, ámbito donde el autoempleo registra una generalizada pobreza. Dichas tendencias no han cambiado, se confirman y profundizan.

El desempleo en América Latina, según estimaciones de la OIT es de 7.8% que equivale a 25 millones de personas que carecen de trabajo (2018, pág. 50), son aproximaciones estadísticas y no distinguen la volatilidad y estacionalidad del trabajo en esas cifras. En Costa Rica el desempleo para el segundo trimestre de 2019, fue del 11.9%, según la Encuesta Continua de Empleo (ECE), lo cual es un incremento del 3.3% con respecto del año 2018 (Rodríguez, 2019). Tampoco las magnitudes de desempleo estimadas, guardan correspondencia con el crecimiento económico, porque se crece con desempleo, debido a la elevada composición orgánica y técnica del capital de la inversión contemporánea. El crecimiento económico con incremento del desempleo es una regularidad en nuestros días, dada la tendencia hacia la instrumentación técnica de los trabajos en actividades económicas industriales, productivas y mecánicas, mientras que los servicios, absorben proporcionalmente más trabajadores, pero con alta movilidad, estacionalidad y vulnerabilidad. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2019), estima que el crecimiento para el área en el 2019, será de 1.7%, mientras que el Fondo Monetario Internacional, para el mismo año, prevé un crecimiento del empleo de 1.2%. La heterogeneidad laboral latinoamericana no permite establecer relaciones simplificadas de un proceso que es complejo y diverso. Las estimaciones estadísticas revelan desiguales y contradictorias tendencias entre la magnitud del capital y las ganancias con la absorción laboral y la productividad del trabajo.

Las aproximaciones cuantitativas revelan una tendencia nacional que también es global, pero son estimaciones que no permiten visualizar la complejidad de la diversidad contextual regional y nacional. Así, el desempleo en las mujeres aumenta globalmente, como se incrementa alarmantemente el desempleo en jóvenes, aun cuando con causas distintas en su pluralidad.

En relación con las cifras estadísticas, la OIT comparando espacios sociales desiguales, establece que entre 1980 y el 2011, el ingreso per cápita en los países pobres fue de un promedio de 3.3% anual, mientras que para el mismo periodo para los países de economías avanzadas fue de 1.8, lo cual es interpretado como un progreso, sin embargo, es una deducción errada, porque en un contexto de desigualdad extrema, cualquier acción para paliar el hambre, la pobreza o el desempleo en los países pobres, por insignificante que sea, eleva extraordinariamente la proporcionalidad porcentual, pero de ningún modo es la superación del ingreso per cápita con los países comparados, puesto que la masa de capital en los espacios sociales de los países avanzados, es muy superior a la relación per cápita establecida. Pero, no revelar el ingreso promedio de la renta anual, invisibiliza el incremento real de la brecha y la polaridad social entre los espacios sociales comparados. Asimismo, en la década del setenta la CEPAL registraba que la proporción de inversión industrial con respecto al PIB de América Latina era muy superior a los países europeos, lo cual era debido a la precaria inversión industria y el bajo PIB en América Latina, el incremento de la inversión en términos absolutos, daba como resultado una proporción porcentual superior a la europea, lo cual era por las magnitudes polares del PIB y con ello el porcentaje la inversión entre los espacios comparados están en relación inversa con cantidades absolutas. La manipulación crea resultados estadísticos artificiales contrarios a las tendencias reales.

En esos equívocos de los prejuicios económicos originados de otras épocas, el gobierno y diputados asumen que debe promoverse e incentivarse más la inversión privada, dado que se asume resolverán el desempleo, aun cuando el dinamismo económico mundial y nacional ha decrecido y desconociendo las tendencias crecientes de aplicaciones técnicas que suprimen empleo, a la vez ignoran que en la actualidad se transfiere valores y riquezas individuales y sociales al capital financiero global.


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La educación, la inversión ¿alternativas al desempleo?

La creencia generalizada que la educación contribuye a absorción laboral, invisibiliza la desocupación de los profesionales universitarios, que a pesar de su formación no tienen empleo y en casos se desempeñan en labores distintas a su formación, como lo hacen los migrantes en otras naciones. Ante ellos y siendo los pobres, los que sufren las mayores consecuencias de la desocupación, el subempleo y la sobreexplotación, el gobierno pretende aprobar una ley en la obliga al Ministerio de Educación la implementación de la educación dual, como un modo para combinar la educación general con la formación técnica y hacer prácticas de los estudiantes en las empresas o, dicho de otro modo, ofreciendo trabajo gratuito de jóvenes a las empresas, distorsionando y caricaturizando el modelo de educación dual alemana, para crear la ficción de absorción laboral a futuros desempleados.

El haber imaginado un capitalismo que crecía de modo permanente en un ciclo de reproducción incesante de capital, suponía que todo aumento de la producción y la productividad estaba acompañado de una creciente absorción laboral y mayores remuneraciones, sin embargo, fue una efímera ilusión creada en el pasado en el devenir latinoamericano y mundial, como tampoco lo fue la creencia de un crecimiento industrial con mayor la demanda de insumos agrícolas a mejores precios, como imaginaba Prebisch (2012).

El desempleo no es el resultado de errores del Estado y de los empresarios, como suponía Keynes (1980), por no emplear a trabajadores. El trabajo humano es útil y necesario, inserto en una desigual relación mercantil de costo-beneficio, para el Estado y los empresarios, así como, para el sistema social imperante, como fue evidenciado con el New Deal, al contribuir a resolver la crisis de 1929-1932 y la reactivación económica capitalista. El empobrecimiento de trabajadores asalariados por desempleo, condiciones laborales y salariales indignas, la economía campesina cuyos costos son insuficientemente cubiertos con sus precios, etc., son parte de un proceso crítico para los trabajadores, pero beneficioso para los propietarios. Un proceso que empobrece, polariza y se radicaliza en la globalización.

En tal sentido, las condiciones para la vida para la población es una responsabilidad del poder estatal y empresarial, así como lo es, el velar y garantizar las condiciones sociales y de vida de las personas y colectividades. Condiciones obligadas para reproducir la sociedad y el propio poder, razón de la existencia y necesidad de las políticas públicas como exigencias públicas que debe ejecutar el Estado. Una práctica estatal que se desentienda de las prácticas antilaborales y de la vida de las poblaciones, es un Estado atrasado, incapaz de efectuar política pública, un ente que es cómplice de las inequidades creadas por intereses privados.

La pobreza de los trabajadores, con o sin empleo, es una problemática que trasciende las relaciones laborales y mercantiles para comprometer a la sociedad global en su conjunto. Sin trabajo y sin salarios dignos, no se resuelve la competitividad empresarial, es una posición cuestionable en un sistema interdependiente, dado que, no habría consumidores para la conversión de capitales ni excedentes en nuevas inversiones, como tampoco habrá contribuciones tributarias de los pobres ni trabajadores en condiciones y capacidades para trabajar. Esto es, la manipulación del empleo y los salarios tienen profundas implicancias sobre las organizaciones, la economía, el Estado, la sociedad y el sistema, atentar contra los trabajadores es una acción suicida contra el poder.

Los empresarios en Costa Rica en una aparente y cínica preocupación presionan al gobierno para que resuelva el problema del desempleo (Barquero, 2015b), siendo ellos los principales responsables del desempleo, como lo reconoce la propia Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (UCCAEP) (Barquero, 2015a), así como constituyen acérrimos adversarios de toda absorción laboral estatal. La preocupación empresarial tiene el propósito de presionar al Estado sobre un aspecto sensible para las poblaciones, pero no para beneficiarlas, sino para responsabilizarlo por el precario crecimiento económico y la falta de consumidores suficientes, así como la insuficiente promoción y subsidio al capital, pues paradójicamente se consideran hacedores de la economía y la sociedad.

El empleo en la sociedad capitalista tiene una determinación dependiente, no existe interpretación ni práctica económica que supedite las relaciones económicas a las de necesidades de empleo, aun cuando toda actividad y crecimiento económico depende del trabajo y del consumo de todos. Sin salarios y sin transferencia de valores a los desempleados y pobres, no es posible crecimiento, bienestar ni desarrollo. Sin embargo, el empleo-salario solo tiene referencia formal en la legislación laboral, sin supervisión o insuficiente fiscalización, sin política pública que garantice la equidad de la relación, a pesar de su trascendencia y amparo constitucional en Costa Rica. Es un contrasentido de abyecta desigualdad de las sociedades, donde la inmensa mayoría de trabajadores están condenados a ser pobres y excluidos del bienestar, cuando crean riqueza y sociedad.

La Organización Internacional de Trabajo (OIT) invoca la reducción de las vulnerabilidades laborales y las amenazas globales proponiendo un contrato social mundial (UNDP, 2014), así como, nuevas voces postulan la conveniencia social de empleos dignos y de calidad, en contraste con empleos con “salarios africanizados” y de trabajos cuasi esclavizados (Somavía, 2014). Sin embargo, supeditar las buenas intenciones de los organismos internacionales a los vaivenes y crisis económica, así como al logro de acuerdos internacionales, es encubrir los efectos originados por la propia economía capitalista, que no critican ni contravienen. La intencionalidad por el bien común, pero sin denunciar ni responsabilizar a los culpables de la problemática social y sin facultad para adoptar las medidas que reviertan ese proceso, son enunciados distractores de vanas e inviables esperanzas. El conocimiento crítico es una necesidad en una realidad que condena a los trabajadores y sociedades a la miseria y explotación, sobre todo, si se trata de organismos con facultades y recursos internacionales sobre una problemática que es mundial.

El reconocimiento que no todas las actividades económicas son atractivas al capital, propicia que los trabajadores, políticos y gobiernos, incentiven la creación de empresas sociales y solidarias, para crear autoempleos en micro y pequeñas empresas, las cuales han dinamizado la economía, porque comercializan, crean mercancías y servicios útiles y necesarios, a la vez que son compradores, vendedores y consumidores otras mercancías y servicios financieros en un mercado altamente competitivo entre las propias empresas sociales con capacidades, recursos y actividades económicas similares (De Soto, 1986). Las micro y pequeñas empresas dinamizan la economía, pero no tienen garantizada su propia sostenibilidad como unidades económicas. Los trabajadores desempleados crean autoempleos en eufemísticas empresas, que no son para la reproducción ampliada del capital, sino para la reproducción simple, gran parte de ellos trabajan a una escala de producción que no les permite crecer ni expandirse y sus “ganancias”, solo son formas transfiguradas de salarios miserables. La auto explotación generalmente no garantiza las necesidades de sus “dueños” ni la reproducción de las empresas. Así, desaparecen porque los mercados las liquidan, absorben o porque consumen su capital de trabajo. La creación de micro y pequeñas empresas guardan correspondencia con su desaparición, precariedad y endeudamiento financiero.

Hacer del empleo un asunto de los trabajadores, como se promueve en la economía social y el gobierno costarricense, es una distracción ideológica contradictoria. El microempresario no es un actor de la reproducción ampliada de capital, sino un trabajador de la reproducción simple, inserto subordinadamente en el mercado capitalista como vendedor, comprador y usuario de los servicios financieros usurarios. La conversión de micro empresario en trabajador desempleado es un proceso que se repite incesantemente. El desempleo ni la pobreza la originan los trabajadores, son consecuencias de acciones y decisiones del poder en la economía, el Estado y el sistema.

Las prevalecientes tendencias económicas globales afectan las ofertas del empleo, en las relaciones económicas, pero en las formas no capitalistas pero integradas mercantilmente, se encuentran determinadas por las relaciones familiares, culturales e históricas, así como sus ingresos y gastos responden a los modos distributivos que no son homologables con las relaciones capitalistas.

Asimismo, el empleo público no responde a los condicionamientos económicos de rentabilidad ni de costos, porque su eficiencia y eficacia en la actividad estatal responde al diseño y ejecución de sus funciones sociales para satisfacer necesidades públicas y cuya pertinencia no está sustentada por su factibilidad financiera, sino próximas a una ponderación socialmente factible. Asimismo, el empleo público es importante porque conforman un sector social de mayor consumo interno nacional y son los mayores contribuyentes tributarios y de consumo de los servicios públicos.

La incidencia presupuestal en las finanzas públicas, son compensadas por el dinamismo generado al ciclo de reproducción de la sociedad, la calidad de vida y el bienestar de la sociedad. Sin embargo, las prácticas liberales del actual gobierno, han hecho regresivas las prácticas presupuestales, dado que, decrece la inversión pública, se desfinancia las instituciones de política social, así como, se contrae el empleo, se aprueban leyes que gravan los ingresos de los trabajadores, se violentan las conquistas reivindicativas de los funcionarios, se promulgan leyes que conculcan derechos laborales, se judicializan las huelgas, protestas y movilizaciones, crean disposiciones que suprimen las compensaciones salariales[22], reducen las pensiones, etc. La agresión y desprecio hacia los trabajadores es la característica relevante del liberalismo del Estado costarricense, que el gobierno de Carlos Alvarado impone en los poderes de la república y la institucionalidad pública.

Las migraciones son vías para búsqueda de trabajo que experimentan los desempleados del mundo, convirtiendo las fronteras en espacios de represión, segregación y repudio para los trabajadores. Los espacios donde se migran no son fortuitos, son manifestaciones de relaciones sociales ocurridas durante la historia entre sociedades que enriquecen con su trabajo, imaginación y cultura los ámbitos donde concurren y empobrecen los originarios. Las esas infames y arbitrarias “cicatrices de la historia” (Navalón, 2006), no garantizan la subsistencia, menos aún, el bienestar son los “intocables” son excluidos y discriminados, no solo en la India, sino en moderna Europa[23]. Durante eternos años las potencias colonialistas del mundo gozaron de la riqueza, paz y bienestar en sus espacios sociales, pero creando miserias, guerras y dictaduras en los ámbitos de la colonialidad de su poder. Las migraciones no son arbitrarias, los lazos con la colonialidad, son los ámbitos donde las poblaciones migran, como determinadores históricos de su pasado y presente.

Las migraciones actuales son una problemática mundial, las poblaciones escapan de las prisiones de hambre, inseguridad, miseria, guerras, desempleo, etc., que se han convierten cada vez más naciones en el mundo. Hoy no es posible responsabilizar exclusivamente a los gobiernos de la condición de sus poblaciones, las determinaciones internacionales son culpables directas de la pobreza de las naciones. La globalidad del poder contemporáneo, está sentenciado a un holocausto a las poblaciones pobres del mundo (Huaylupo Alcázar, 2010).

Impedir que las poblaciones se desplacen hacia espacios por trabajo y vida, son atentados de lesa humanidad. Nadie escoge el lugar donde nacer, pero es un derecho escoger el espacio para trabajar y vivir. Los migrantes, los sin voz ni organicidad, han sido convertidos en ilegales e intrusos, cuando se han convertido en víctimas de las violaciones contra los derechos humanos, constitucionales, así como el chantaje de Donald Trump al imponer condiciones a México y Guatemala y otros países, como “tercer país seguro” para impedir el tráfico migratorio a EE.UU. chantajeando a gobiernos con imposiciones arancelarias, o usando a los migrantes para propósitos políticos contra su lugar de origen, como ocurre con los venezolanos en las naciones sudamericanas. No obstantes, la migración es un derecho humano practicado por las personas de todas las sociedades y en todos los tiempos, como parte de su propia existencia. Las oleadas de migrantes son regularidades sistémicas, pero habría que reconocer que hoy son más intensas y dramáticas.

 

Empleo y liberalismo

El liberalismo en la actualidad cambia los énfasis de su discurso, pero no se modifican sus prácticas contra los trabajadores, las políticas públicas y el Estado. La individualización o la privatización de la política continúa siendo su característica dominante en correspondencia con la privatización del bienestar.

La ideología necesaria del capitalismo justifica a ultranza al capitalismo, a pesar de sus cambios a través de los tiempos, así como, es enemigo histórico contra el Estado para atentar contra la institucionalidad pública privatizando la función pública, liquidar los derechos civiles y laborales, destruir las formas organizativas de los trabajadores, provocar despidos y conculcar derechos ciudadanos. El liberalismo contemporáneamente es la ideología que inspira las prácticas autoritarias y regresivas en nuestra América y el mundo.

La práctica histórica del Estado Social en Costa Rica, posterior a la Guerra Civil de 1948, estuvo asociada con la ampliación del empleo por las responsabilidades sociales y nuevas funciones públicas que demandaban trabajo. El empleo público fue la fuente principal de absorción laboral, en una relativa expansión capitalista, que también creaba empleos privados por el aumento en la demanda de mercancías. El gasto social en salarios, infraestructura, educación, salud y seguridad social, en procesos integrados y planificados, fue el estímulo necesario para el crecimiento y expansión de las relaciones capitalistas, no fue obra de la acción individualista de los propietarios del capital.

La década del ochenta fue el fin de la cabida ocupacional estatal, la agresión liberal argumentaba que el aparato estatal era ineficiente, ineficaz y burocrático (COREC, 1990).[24] El Estado supuestamente grande, era para el pensamiento liberal de la época, el centro de su cuestionamiento, aun cuando nunca se dijo que tan grande, tampoco por qué lo era, ni con respecto a qué, pero nunca fue relacionado con el ejercicio de las funciones públicas. El despido, las pensiones adelantadas, etc., fueron algunos de los medios para debilitar la función pública del Estado, así como se desmantelaba las entidades y favorecer las concesiones privadas de las obras públicas, consultorías, etc. El consenso político socialdemócrata, que es liberal en Costa Rica, redujo el empleo público y liquida la función pública estatal.

Hoy en día, en alianza partidaria parlamentaria las fracciones liberales atacan al Estado, desde su propio seno, contra el monto del gasto en salarios que asumen deben ser reducidos, eliminar las todas las compensaciones al trabajo, a la vez que proponen el salario único, sin consideración de la formación técnica, profesional, experiencia ni capacidades. En el proceso de destrucción de la función pública, se han creado formas jurídicas e imposiciones que violentan la Constitución y la institucionalidad pública, en un contexto donde la política liberal tiene una gran presencia político partidaria y en las formas mediáticas, así como en la organicidad conservadora y en la propia institucionalidad estatal.

La crisis política en Costa Rica no se fundamenta en nuestros días por la oposición de los trabajadores, con movilizaciones y huelgas, como en otros contextos. Los sindicatos básicamente funcionarios públicos de los gremios de la educación y la salud, carecen de la capacidad movilizadora y de sostenimiento de las protestas, ante la poca legitimidad por parte de la ciudadanía que se ve afectada en los servicios públicos. Tampoco es por la oposición ideológica o partidaria, por la alianza con partidos políticos pentecostales, liberales y conservadores y sin cuestionamiento por parte de los medios mercantilizados. Este peculiar contexto nacional otorga una aparente tranquilidad social a pesar del creciente descontento ciudadano que, sin la organicidad que los represente, están prisioneros de un Estado que ha construido una normatividad jurídica que atenta contra los derechos adquiridos, la democracia y la libertad. La crisis política costarricense es la ilegitimidad social originada por el caos jurídico de la institucionalidad estatal, cada entidad pública interpreta sus funciones en argumentos jurídicos interesados que contradicen y antagonizan la normatividad establecida, aun cuando sea resultado de aplicaciones constitucionales, de reglamentos o estatutos institucionales.[25] Se ha creado un aparente Estado de derecho, donde rige el poder autocrático estatal e institucional, con inmunidad e impunidad empresarial e indefensión ciudadana. Así, formalmente desapareció la diferencia entre lo privado y lo público, para convertir a la ciudadanía en objeto subordinado de caóticos y arbitrarios procesos normativos del poder.

El extremismo liberal ha dividido y antagonizado el quehacer público, en una contradicción Estado contra Estado, contraviniendo o paralizando su función pública y política en relación con lo ciudadano. El Estado costarricense vive una crisis política que tiene como protagonistas, no a los trabajadores ni la sociedad civil, sino a los entes del Estado y una política exterior transgresora de nuestra tradición e historia. La Asamblea Legislativa controlada por las fracciones liberales, en los diversos partidos políticos, impide, difiere o sustituye proyectos de bien común y público, para favorecer los poderes autocráticos.

De este modo, la Autoridad Reguladora de los Servicios Pública (ARESEP), la Superintendencia de Telecomunicaciones (SUTEL) o el Consejo Nacional de Concesiones (CNC), entre otros, se convierten en entes que desde el Estado favorecen lo privado y crean regulaciones para beneficio propio, así también la representación legal del Estado, la Procuraduría General de la República de Costa Rica (PGR), ha validado prácticas que atentan contra el ejercicio público del Estado, o el ente que controla el gasto público, la Contraloría General de la República (CGR), no tuvo enjuiciamiento alguno contra contratos ilegítimos en favor de empresas privadas, ni contra las prácticas corruptas en una carretera en la zona fronteriza; la Superintendencia de Pensiones (SUPEN) que supervisa las pensiones de los trabajadores, se ha convertido en fuente de capitalización para mercado financiero, arriesgando las pensiones de los trabajadores. La relativa autonomía de estos entes, los han facultado para fijarse salarios, sin regulación alguna que niegan a ser redefinidos, a costa de los servicios que ofrecen a la ciudadanía en tiempos de crisis fiscal y desempleo.

En Costa Rica la institucionalidad pública ha sido históricamente la forma como se ha garantizado el respeto de los derechos ciudadanos, la democracia y la equidad en la heterogeneidad social y organizativa de la sociedad, pero en el contexto actual, se ha metamorfoseado en un instrumento para propósitos liberales. La expresión formal de la democracia se ha transformado en autocracia, con una legalidad que la privatiza. Costa Rica vive los efectos de un golpe de Estado, que no difiere de otras dictaduras que conoce y ha conocido nuestra América.


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La adversidad liberal contra los otros

La ideología que sustenta las relaciones de los propietarios del capital, muestra permanentemente una paradójica adversidad contra aquellos a quienes les deben su existencia: los trabajadores y el Estado. Los propietarios del capital escindidos y renegados de su propio origen social e histórico, carecen de identidad propia, la unidad contra los otros es patológico, no sustituye su incapacidad de crear lazos más allá de su antagonismo contra los otros, ni la superación alienante de la ganancia, aun cuando implique la liquidación a quienes los reproducen y destruya el planeta.[26] El odio de los propietarios del capital contra los trabajadores y el Estado, es la imagen fielmente representada por la ideología liberal, que también los disuade de su vocación suicida, como un vano e imposible intento de descubrirse en las cenizas de los otros. El totalitarismo ideológico y político es el sustento contemporáneo de los empresarios y potencias, en un camino contra la humanidad.

El empleo tiene una condición dependiente de los empleadores que lo requieren, como el medio para el logro de sus propósitos, pero también para vida de los trabajadores, de tal modo que cualquier acción unilateral de los actores del proceso, propiciará la ruptura de una relación necesaria. Los salarios “africanizados”, el incumplimiento de las funciones públicas o no efectuar labores con la eficiencia y eficacia, no son actividades unilaterales de los trabajadores cuyas labores están pautadas y estratificadas. Los resultados de los trabajos son preponderantemente responsabilidad de los propietarios del capital y de quienes usurpan las funciones públicas, es un absurdo responsabilizar a los trabajadores de un trabajo impuesto que no les pertenece.

En la actualidad nacional se pretende eliminar y pautar las huelgas con lo cual se liquida y violenta un derecho amparado por la Constitución de la República de Costa Rica, con el silencio cómplice de órganos jurídicos existentes y los medios.[27] La culpabilidad a los trabajadores de las consecuencias de las huelgas en el sector público, es un absurdo, pues la función de los servicios públicos es una obligación estatal, no es una función delegada ni perteneciente a los trabajadores.

Las aspiraciones y conquistas reivindicativas de los trabajadores del mundo, se compensa con incremento de la productividad laboral alcanzada en cada transformación tecnológica (Drucker P. , 1997; 1999), proceso que se efectúa con la mayor sofisticación tecnológica de la cuarta revolución industrial (Vega Iracelay, 2017). Al respecto, son muchos quienes relativizan esta tendencia, al afirmando que la desaparición de empleos genera nuevas ocupaciones, no obstante, su cabida es mucho menor que los que pierden el empleo. El mejoramiento de las condiciones de trabajo y de las remuneraciones al trabajo, de un sector focalizado de la población laboral de elevada calificación técnica, muchos de ellos encargados de la innovación y renovación tecnológica y de los cambios en los procesos organizativos del trabajo globalizado (Google, IBM, Gorila).

Las sociedades con alta calidad de vida han sido espacios en correspondencia con las remuneraciones de sus trabajadores, no obstante, los bolsones de desocupación y miseria, ya no son exclusivos de los países pobres, también las naciones dominantes y hegemónicas se dan crecientes desigualdades sociales. La progresividad de los salarios no es indiferente del crecimiento económico ni del bienestar de la sociedad. La obtención de mayores ganancias sin distribución salarial de excedentes, polariza las sociedades y hace inestable del devenir económico y político de las sociedades.

Es una regularidad que ante la crisis económica o empresarial que se desencadenen despidos y una la disminución absoluta y relativa de las remuneraciones al trabajo, aumento en la jornada e intensificación del trabajo, a la vez que se especula con los precios de las mercancías, a la vez que aumentan las cargas tributarias a los trabajadores, se degradan jurídicamente los derechos laborales y ciudadanos, etc. La sobreexplotación del trabajo hacer recaer sobre los hombros del trabajador los efectos de la crisis, lejos de ser soluciones o paliativos económicos, son recesivas para el desarrollo, la economía, las empresas y los trabajadores.

El salario mínimo es el consumo básico para satisfacer las necesidades en cada contexto, debe guardar correspondencia con las condiciones medias para satisfacer las necesidades elementales, es el salario en Costa Rica que en mayor proporción pagan los propietarios del capital, no obstante, son remuneraciones que no cubren los costos para satisfacer lo requerido. Debe anotarse que las regulaciones de los salarios mínimos son decisiones políticas que no están libres de los requerimientos patronales. Sin duda, la perdida de la capacidad organizativa de los trabajadores, constituye una limitación para el logro de las mejores condiciones de trabajo y de salarios.

El Estado social ha incidido en la regulación e incremento de las remuneraciones de los trabajadores, asimismo creó sectores elitizados en la realización de tareas consideradas estratégicas, como modos corporativos o clientelares, ante posibles acciones de protestas contra las prácticas gubernamentales de otros trabajadores. Esto es, el incremento de los montos de las remuneraciones tiene una determinación que trasciende decisiones y acciones de los trabajadores, que hoy los incriminan y judicializan, para involucrar políticas estatales, las tendencias del mercado laboral e incluso las propias prácticas empresariales[28]. El salario no es factor causal ni es la solución de la crisis fiscal, como no es responsable en la rentabilidad empresarial decreciente, ni la problemática del desempleo puede ser resuelta ni es competencia de los trabajadores.

La competitividad alcanzada actualmente con las nuevas tecnologías robóticas y de software, así como las formas de organización del trabajo, usadas por pocas empresas que afectan a muchas empresas en su sustentabilidad, no pueden ser resueltas con el sacrificio de los trabajadores, así como tampoco, los Estados pueden resolver sus finanzas con arbitrarias y unilaterales imposiciones a los trabajadores. La sobreexplotación es un absurdo de inviables resultados, a la vez que un crimen de lesa humanidad.

La reconstitución del Estado Social es una condición necesaria para el respeto de los derechos adquiridos por la ciudadanía y para el desarrollo nacional. La institucionalidad y la función pública constituyen expresiones de procesos democráticos donde están insertos los derechos y conquistas laborales construidas social e históricamente por la sociedad, las cuales están destruidas por la acción depredadora de los propietarios del capital y el Estado liberal costarricense.

En la actual coyuntura política y económica, no es interés de los propietarios del capital, del Estado ni de las organizaciones internacionales el defender, luchar y reconstituir el Estado Social de Derecho, hacerlo es una responsabilidad posible de todos los trabajadores, manuales e intelectuales, públicos y privados, ocupados o desempleados en el espacio nacional. La unidad de los trabajadores es una necesidad política para la Costa Rica en el presente liberal, del mismo modo es importante el restablecimiento la capacidad de convocatoria, negociadora, propositiva y de acción colectiva de la organicidad de los trabajadores para modificar las tendencias contemporáneas, así como, transformar las demandas laborales que trasciendan los simples requerimientos laborales en las empresas o instituciones. La democracia y el desarrollo son una exigencia del momento y una tarea de todos los trabajadores.

 

Notas:

[1] Las comparaciones que se hacían en el pasado respecto del desarrollo-subdesarrollo, han sido sustituidas por comparaciones de indicadores donde se aprecian las desigualdades entre regiones o países, las cuales no son explicadas en razón de las condiciones sociales, económicas o ambientales, simplemente se asumen como indebidas, negativas y susceptibles de ser modificadas. Esto es, poco se ha avanzado epistemológicamente de las perspectivas que también eran predominantes del siglo pasado, por el contrario, las comparaciones sin contextos, inundan las informaciones del presente.

[2] Las comparaciones sobre desarrollo-subdesarrollo, que se hacían en el pasado hoy han sido sustituidas por comparaciones de indicadores donde se aprecian las desigualdades entre regiones o países, las cuales no son explicadas en razón de las condiciones sociales, económicas o ambientales, simplemente se asumen como indebidas, negativas y susceptibles de ser modificadas. Esto es, poco se ha avanzado epistemológicamente de las perspectivas que también eran predominantes del siglo pasado, por el contrario, las comparaciones sin contextos, inundan las informaciones del presente.

[3] Keynes (1980), consideraba inviable disminuir salarios por las protestas que ocasionaría, sin embargo, proponía la reducción de su capacidad adquisitiva o disminución del salario real, sea aumento de precios, prolongación e intensificación del trabajo, devaluación monetaria, procesos inflacionarios, despidos, etc., así como por los procesos políticos liberales que imponen reducciones de los salarios y represión a los trabajadores y sus organizaciones. Asimismo, los salarios mínimos en muchos casos son paradójicamente insuficientes para adquirir la canasta básica; en otros casos, se cambian los bienes de la canasta básica, para guardar correspondencia con el salario mínimo que deprecia el salario.

[4] Suponer que un indicador represente la complejidad de las realidades carece de validez, sin embargo, es una práctica común que simplifica, aísla, reduce e impide la comprensión de las realidades económicas y sigue siendo el propósito fundamental de las economías y de los organismos financieros internacionales. En marzo de 2013, en conferencia en la Universidad Dhurakij Pundit en Bangkok, Joseph Stiglitz, cuestionaba el indicador porque omitía la distribución de la riqueza (Agencia EFE, 2013). Si bien, fue Simon Kuznets, quien lo usó inéditamente hace 85 años a consecuencia de la Gran Depresión de 1929, su empleo no observó las previsiones de su creador y ha sido usado hasta el presente como un expresión del bienestar y progreso económico, a pesar de múltiples cuestionamientos, lo cual es un absurdo teórico y epistemológico.

[5] Adascalitei y Pignatti (2015) muestran que entre 2008 y 2014, 110 países hicieron reformas para debilitar las legislaciones laborales, como en Costa Rica, posibilitando el despido injustificado, eliminación de las horas extras, fomentando los contratos temporales, modificando o eliminando las convenciones y negociaciones colectivas y modificando formas de contratación.

[6] En Costa Rica la amenaza al despido es permanente y se práctica contra los intentos de sindicalización en las empresas privadas, así como, fue usada extensa y abiertamente por los empresarios privados en el referéndum 2007, para condicionar el voto de los trabajadores en favor del Tratado de Libre Comercio con EE.UU., con la complicidad de Tribunal Supremo de Elecciones y el Gobierno socialdemócrata.

[7] Costa Rica a diciembre de 2016, la proporción Deuda/PIB era de 49.2% y se estima que aumente 2020 a 72%, mientras el déficit para el período 2018-2019 se estima en 7%. El déficit primario en el 2028, es de 1.1%. Los desequilibrios financieros en América Latina y el mundo, constituyen una regularidad en permanente ascenso, en un ciclo de empobrecimiento global, sin perspectiva de solución en las tendencias predominantes (Ministerio de Hacienda, 2018).

[8] Los bancos que forman parte del oligopolio bancario son: P. Morgan Chase, Bank of America, Citigroup, HSBC, Deutsches Bank, Groupe Crédit Agricole, BNP Paribas, Barclays PLC, Mitsubishi Ufjfg, Bank of China, Royal Bannk of Scorland, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Mizuho FG, Santander, Societé Génerale, ING Bank, BPCE, Unicrédit Suisse, Nordea, BBVA, Standart Chartered, Bank of New York Mekon y State Street. Oligopolio que controla aproximadamente 50,341,000 millardos, según Morin (2015).

[9] Los procesos de apropiación de los productos del trabajo, no son los únicos procesos a través del cual se dan los procesos de privatización de la riqueza existente en las sociedades. En la esfera de la circulación, en la inequidad de las relaciones económicas y de intercambio, se dan transferencias de valor o de apropiación de valores existentes. Así, la desigualdad en los procesos mercantiles, la especulación en los precios, la manipulación de los precios de las divisas, los préstamos bancarios, las concesiones de los recursos naturales, las obras de infraestructura contratadas a empresa globales, la corrupción, la inflación, la imposición de compras de las potencias económicas o las invasiones, son algunos de los modos como se transfieren valores de las sociedades de menor desarrollo relativo a los espacios políticos de la colonialidad del poder. Transferencias de recursos que han acompañado a la explotación capitalista, aunque no son creaciones capitalistas.

[10] La sociedad del trabajo guarda correspondencia con la representación de una sociedad que desprecia a los trabajadores por el poder del capital, a lo que Axel Honneth (2011) desde una abstracción filosófica, denomina la sociedad del desprecio.

[11] Los sistemas educativos están siendo modificados para adecuarlos a las necesidades empresariales, se implementa la educación dual, se alteran cognoscitivamente los programas de estudio para ser sustituidos por la enseñanza técnica.

[12] En la actualidad se discute un proyecto de ley en la Asamblea Legislativa que pretende prohibir las huelgas de carácter político, esto es, se ignora que los actos de las colectividades contra quienes violentan los derechos ciudadanos y laborales, constituyen por la democracia y la institucionalidad pública, a la vez que revela la naturaleza social y política tiránica de los actuales legisladores.

[13] El Partido Acción Ciudadana, triunfa en las elecciones presidenciales, pero gran parte el equipo gubernamental de los sectores estratégicos de la gestión gubernamental como el Ministerio de Hacienda, Ministerio de la Presidencia, entre otros, son del Partidos Unidad Social Cristiana, de una abierta y declarada posición liberal, razón que en parte ha contribuido desde el inicio con ilegitimidad social del gobierno.

[14] La Comisión Trilateral fue es una organización mundial privada, creada en 1973 para analizar la problemática económica y política mundial a partir de los dilemas e intereses de Estados Unidos, Europa y Japón. Creada por David Rockefeller, ejecutivo del Council on Foreign Relations y del Grupo Bilderberg, que agrupa a connotadas personalidades del mundo de los negocios, de la academia y de la política mundial. Originalmente fundada por tres años 1973-1976, luego renovada hasta 1979, en la actualidad se desconoce su papel, quizás por la jerarquía de sus integrantes en funciones estatales, como fue originalmente conformación del Gobierno de Carter 1977-1981 (Rico, 1978). Actualmente la Trilateral considerada como una de las organizaciones secretas del mundo. De modo oficioso se dice que Comisión está presidida por el congresista demócrata Tom Foley Estados Unidos, el empresario y político irlandés Peter Sutherland por Europa y el presidente de Fuju-Xerox, Yotaro Kobayashi en representación del Japón.

 “Con objeto de asegurar la continua oportunidad de desarrollar análisis penetrantes sobre cuestiones de política exterior complicadas, importantes y actuales, opera una organización conocida como la Comisión Trilateral. Un grupo de líderes de las tres áreas desarrolladas y democráticas del mundo se reúne cada seis meses para discutir ideas de interés presente para Japón, América del Norte y Europa. Temas tales como el sistema monetario internacional, las relaciones económicas entre las naciones ricas y pobres, el comercio mundial, la energía, el futuro de los mares, la ayuda a las naciones menos desarrolladas y otras posibilidades de comprensión y colaboración internacionales son primero estudiadas por académicos y después debatidas por los miembros de la Comisión; finalmente se publican los análisis y se distribuyen a los líderes mundiales” (Carter, 1976, págs. 145-146).

[15] Entrevista a Marta Eugenia Acosta, Contralora General de la República, en el programa radial Matices del 4 de marzo de 2019. Radio Monumental.

[16] Lenin afirmaba: “… como todo progreso capitalista, es una combinación de la refinada brutalidad de la explotación burguesa y un número de grandes logros científicos en el campo del análisis de movimientos mecánicos durante el trabajo, la eliminación de movimientos inútiles y torpes, la elaboración de correctos métodos de trabajo, la introducción del mejor sistema de contabilidad y control, etc. La república soviética debe adoptar a cualquier costo todo lo que es válido en este campo en cuanto a logros de ciencia y tecnología se refiere […] Debemos organizar en Rusia el estudio y la enseñanza del sistema Taylor, experimentarlo sistemáticamente y adaptarlo a nuestros fines (Lenin, 1965, pág. 259).

[17] A lo largo de la historia han sido lapidarias las sentencias de los poderes sobre el trabajo de los subalternos, así en el año 51 de era cristiana la Carta de S. Pablo a los Tesalonicenses, enunciaba “…que el no quiera trabajo, tampoco coma”; en la entrada al campo de exterminio nazi de Auschwitz, había un irónico letrero que decía: “El trabajo os hará libres” o la Constitución la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) establecía, “quien no trabaja, tampoco come”, o en el presente todas las prácticas administrativas lo practican como un quehacer esencial a su labor.

[18] Responsabilizar a los trabajadores y sus salarios como culpables de la pérdida de competitividad empresarial, así como, judicializar a los funcionarios públicos y sus organizaciones, por los salarios y reivindicaciones que perciben, como lo hace el Gobierno y la Asamblea Legislativa en Costa Rica, son expresiones del desprecio a los trabajadores.

[19] Los salarios deben cubrir las necesidades con los bienes y servicios del mercado, en tal sentido, es absurdo denominar salario cuando sus magnitudes no logran satisfacer los requerimientos mercantiles de los trabajadores ni de su relevo generacional y laboral, lo cual es una contradicción de una sociedad que desprecia al trabajador.

[20] En el presente las mujeres se incorporan al mercado laboral no solo como una manifestación de realización personal, sino también como una necesidad para complementar los ingresos familiares para la conservación de los niveles de vida. No obstante, la incorporación laboral es parcial frente a la creciente demanda y con salarios menores a los establecidos y de los hombres. Los jóvenes al trabajar en las peores condiciones, sacrifican su formación, salud y vida, lo cual es una sentencia a su presente y futuro y de la sociedad.

[21] La FAO estima 870 millones de personas que sufren hambre, pero de personas con actividad moderada, sin embargo, en personas con actividad normal las cifras se elevan a 1,500 millones y efectuando una actividad intensa alcanzan 2,500 millones de personas que padecen hambre en el mundo (Devé, 2013).

[22] Regularmente los aumentos salariales constituyen modos para compensar los procesos inflacionarios que disminuyen su capacidad adquisitiva, los cuales de ningún modo son originados por los salarios (Bourgues, 1981).

[23] El conservador David Cameron, Primer Ministro británico, en julio denominaba “plaga” a los inmigrantes (Agencia EFE, 2015), hoy ante el dramatismo de los acontecimientos, afirma tener “la responsabilidad moral”, aun cuando son, con otros gobiernos, parte constitutiva del problema migratorio en Libia, Siria, Irak, Yemen, Eritrea y en otros espacios sociales como Grecia, Hungría e Italia.

[24] La Comisión consultiva para la reforma del Estado costarricense estuvo integrada los partidos de Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, el primero representado por Justo Aguilar Fong, Mauro Murillo Arias, Rodolfo Solano Orfina y Juan Villasuso Estomba, el segundo por Carlos Echeverría Esquivel, Wilburg Jiménez Castro, Johnny Meoño Segura y Carlos Vargas Pagán.

[25] El que los jerarcas de las entidades descentralizadas y de fiscalización del Estado designadas por intereses políticos partidarios en la Asamblea Legislativa, ha provocado una actuación que no responde a los intereses, necesidades públicas ni nacionales. La individualización de la política es una paradoja en Costa Rica que semeja a auténticos asaltos contra el poder estatal, los derechos ciudadanos y la institucionalidad pública.

[26] La incapacidad de garantizar su existencia y reproducción ha creado una compensación ideológica competitiva, contradictoria y destructiva con otros propietarios, imposibilitados de construcción de una comunidad de intereses, más allá de la fuente inmediata y pragmática de su actuación cotidiana contra los otros. El reconocimiento de este proceso por los propietarios es el fin de su utópica autosuficiencia, luego, el desprecio y violencia contra los otros, como compensación paradójica, enfermiza, despiadada del poder, como una forma de suicidio, asesinando. Este fenómeno se deduce de los reveladores análisis y estudios de Sigmund Freud y Jacques Lacan, que redefinen los análisis de clase burguesa predominantes del pensamiento crítico.

[27] En el caso nacional costarricense de otros países, las huelgas en el sector privado son inexistentes porque se niega en los hechos, la capacidad organizativa de los trabajadores. El hostigamiento y el despido son los recursos empleados para impedirlo, pero también hay que reconocer que socialmente, los sindicatos son vistos como indeseables distorsiones, de ello se encargan las propias federaciones de trabajadores, que lejos de representarlos, constituyen barreras de contención contra los derechos. Los empleados públicos en los últimos tiempos efectúan huelgas y movilizaciones que trascienden sus reivindicaciones, defendiendo derechos públicos, ciudadanos y nacionales, así las protestas contra las medidas adoptadas por el déficit fiscal, contra la privatización de los servicios públicos en salud, etc., son acciones necesarias que aún no son comunes en los subalternos.

[28] Es conocida la decisión de Henry Ford de duplicar los salarios de los obreros, con lo cual eliminó el ausentismo y la movilidad laboral, así como aumentó la productividad y disminuyeron los costos de producción, aspectos que compensaron en exceso el aumento de los salarios.

 

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Cómo citar este artículo:

HUAYLUPO ALCÁZAR, Juan, (2020) “Las paradojas del empleo y el salario en la sociedad del trabajo”, Pacarina del Sur [En línea], año 11, núm. 42, enero-marzo, 2020. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 23 de Septiembre de 2020.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1831&catid=14

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