Pacarina del Sur
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Marxismo y socialismo en el Ecuador: la cuestión de los orígenes

Marxism and socialism in Ecuador: the question of origins

Marxismo e do socialismo no Equador: a questão das origens

Ricardo Melgar Bao (INAH México)

RECIBIDO: 18-09-2015 APROBADO: 25-10-2015

Resumen

Resumen: La historia de la izquierda ecuatoriana no ha explorado suficientemente sus orígenes, adoleciendo además, de los lastres ideológicos de las versiones militantes. Proponemos una relectura a partir de la relevancia que tuvo en su momento la revista Antorcha, la crisis del liberalismo en el poder y la fuerza renovadora de la llamada Revolución Juliana. Nuestra perspectiva es interdisciplinaria, próxima a la Antropología Social, o a lo que en América del Sur se denomina Antropología Histórica, en el marco de una reconocida y prolongada crisis de paradigmas y fronteras disciplinarias.

Palabras clave: socialismo, marxismo, Comintern, Revolución Juliana, revista Antorcha.

 

Primera entrada historiográfica

Socialismo y marxismo representan historias diferenciadas, con fases relevantes de convergencias y rupturas, que sirvieron de base para la configuración de sus respectivas identidades ideológicas, políticas y culturales. Su historia adolece de los lastres ideológicos de las versiones militantes, las cuales quedan insertas en lo que Eric Hobsbawm designó críticamente como «Historia-sectaria»,[1] es decir, aquella que se subordinó a la pedagogía política partidaria.[2] Esta vertiente interpretativa parte de cuatro premisas discutibles: que el auténtico socialismo es marxista o marxista-leninista; que encarna y representa al proletariado, que su trayectoria es lineal o teleológica, y que no existe más tradición socialista o comunista que la propia. La crítica a dicha representatividad clasista y la defensa de la diversidad de la izquierda socialista y sus varios legados ha sido sustentada por Alexis Páez.[3] Bajo el mirador comunista, el socialismo, el anarquismo, el anarcosindicalismo y el sindicalismo revolucionario son caracterizados como equívocos y como lastres para su existencia y desarrollo. Por su lado, Lazar y Víctor Jeifets, aportan muy valiosos datos acerca de los orígenes del comunismo en el seno del movimiento socialista extraídos de los archivos de la Internacional Comunista.[4] Se suman a esta nueva historiografía los escritos de Marc Becker[5] y Hugo González Toapanta,[6] los cuales abrevaron discrecionalmente ―según sus particulares perspectivas― en la información contenida en la revista Antorcha.[7] Es relevante señalar que las matrices interpretativas de Becker y de Páez van más allá de la historia – social o de las ideas, en diálogo implícito o abierto con otras disciplinas humanísticas y de las Ciencias Sociales.

Existe consenso que dicha revista representa una expresión sustantiva de los orígenes del socialismo ecuatoriano. Existe también consenso que Antorcha fue una revista de combate y organización de carácter ideológico-político socialista y no un aleatorio medio de difusión. Discrepamos de quienes piensan que las revistas o periódicos militantes deben ser considerados con el mismo rasero con que se valora y analiza el diarismo nacional o internacional. Una revista como Antorcha representa una fuente primaria de calidad para el análisis de los orígenes del socialismo ecuatoriano al ofrecer los posicionamientos en torno al Estado real e ideal (socialista), a las vías revolucionarias o reformistas, a Lenin y la Unión Soviética, a las demandas y urgencias del proletariado, del campesinado, de los indígenas, así como al papel y auto representación de la nueva generación de la pequeña burguesía urbana universitaria.[8]

Nuestro aporte se solventa en abordar por vez primera aspectos ideológicos y culturales no considerados, presentes de manera significativa en la revista Antorcha como el juvenilismo mesiánico, sus representaciones acerca de la ciudad como lugar hegemónico del quehacer político y de la cultura y del progreso. Como ninguna de estas entradas fue considerada en los estudios previos, su confluencia discursiva funda la originalidad de este escrito. Por último, ofrecemos información complementaria a lo ya aportado por investigaciones reciente acerca de la real heterogeneidad ideológica de sus redactores y colaboradores, lo que dota de amplitud, pero también de cierta vulnerabilidad a la malla o red de vínculos intelectuales y políticos coyunturalmente reiterados y significativos. Todos ellos, además de colaborar en la revista Antorcha, concurrieron al proceso de constitución del Partido Socialista en 1926. Situado el proceso formativo del socialismo ecuatoriano en el contexto de los países andinos durante los años 1924 a 1926, la convergencia entre su ala reformista y cominternista fue posible. No eran todavía tiempos de ruptura. La propia Internacional Comunista siguió tolerando, aunque a disgusto, las adscripciones socialistas hasta el año de 1929.[9]

Partimos de la premisa que una nueva cultura urbana se cribó durante la primera posguerra mundial reanimando a las clases medias. Uno de sus rasgos se expresó a través de una ola expansiva de corte juvenilista que se acompasó hasta cierto punto, con las secuelas de la crisis económica internacional. En el Ecuador la crisis tradujo el agotamiento del ciclo del Cacao, sostén de su economía agroexportadora. Pesaron como plomo: el atraso de su sistema de plantación frente a la competencia emergente en el mercado mundial. En la coyuntura de crisis vino un descenso de los precios de las materias de exportación coincidente con las pérdidas ocasionadas por plagas y enfermedades de las plantas. El agotamiento del ciclo liberal de gobiernos, se hizo ostensible al crecer la desigualdad social y el descontento social.[10]

La crisis económica enlazada a su vez, a una crisis de índole política y cultural redondeó el drama ecuatoriano. Sus expresiones más significativas se dieron en los contextos urbanos más importantes del Ecuador. La ciudad costeña y portuaria de Guayaquil y la ciudad serrana de Quito. Una estimación censal de población le atribuía en 1919 a Guayaquil la cantidad de 89,777 habitantes[11] dejando a Quito en segundo lugar. No obstante lo anterior, Quito en poco más de un cuarto de siglo había duplicado su población, llegando en 1922 a contar con 80,702 habitantes.[12]Las distancias demográficas entre ambas ciudades se iban acortando, mientras que en el plano político e ideológico se iban inclinando a favor de Quito.

En el Ecuador de manera parecida a otros países, la crisis potenció un movimiento universitario reformista con sensibilidad política. Los universitarios reformistas demandaron además de la transformación de las anquilosadas estructuras universitarias, las de los injustos y esclerotizados órdenes políticos y culturales oligárquicos. Recusaban al Partido Liberal no solo por su acusado sesgo ideológico individualista, sino por ser el vehículo político de expresión de los intereses de la Oligarquía, principalmente costeña, bancaria, comercial y terrateniente agroexportadora (cacao y banano) aliada a los terratenientes tradicionales serranos.

En ese contexto, la intelectualidad de izquierda en el Ecuador cobró visibilidad a mediados de los años veinte del siglo pasado a través de sus publicaciones periódicas y de sus quehaceres disidentes o antigobiernistas en los espacios públicos. Sus integrantes se adscribieron bajo la imagen de una nueva generación comprometida con el cambio social. De otro lado, la joven oficialidad militar que participó en la Revolución Juliana compartía a su manera, ese mismo clima ideológico. Al decir de Agustín Cueva, ese sector castrense juvenil, como se sentía tan postergado como «el resto de la pequeña burguesía del país», se avino a través de la Logia Militar, a dar un golpe de estado no caudillista de corte reformista contra el Partido Liberal y la plutocracia de Guayaquil. [13]

En esa coyuntura, los jóvenes civiles y militares tejieron entre si algunos puentes, vínculos y convergencias. Unos y otros procedían de las capas medias urbanas, las cuales tradujeron a su manera la crisis de la cultura y del orden oligárquico de la sociedad ecuatoriana, así como los movimientos de resistencia de las clases subalternas. Las lógicas culturales de la nueva generación cribaron en ellos una «politicidad sensible» al cambio de época y al drama de las clases y minorías étnicas sulbalternas. Las cuestiones sustantivas de la problemática del Ecuador mundo, desde referentes, ideológicos, morales, estéticos y políticos, se cubrieron de juvenilismo mesiánico.

El proceso ciudadanización del sector prosocialista de la joven intelectualidad citadina congregado en torno a la revista Antorcha de Quito, de orientación antigubernamental merece ser tomado en cuenta en dicho proceso. La revista tuvo una existencia de siete meses, de noviembre de 1924 a junio de 1925 siendo su principal norte desarrollar su antagonismo frente a la ideología liberal y el «Liberalismo corruptor»: «Los jóvenes ya no queremos mirar el espectro del liberalismo que ha sido un tesoro ubérrimo para cófrades de la causa y burgueses bonachones de los círculos inquisitoriales del tanto por ciento. »[14]

Desde las páginas de La Antorcha un colaborador se reapropió del nombre de un caudillo militar romano dotando de sentido a su pseudónimo. Su escrito brindó señas inconfundibles acerca de un verosímil acercamiento entre los jóvenes oficiales y antorchistas un mes antes del golpe militar: «Queremos un gobierno social dentro del territorio nacional, que se preocupe de la felicidad popular (…) como aspiración justa de los sentimientos humanos que agitan los corazones de la juventud intelectual civil y militar.» [15] La «felicidad» humana, popular o socialista gravitaba como ideal en la literatura de la izquierda latinoamericana a comienzos del siglo XX. [16]Cabe la posibilidad que el autor haya podido ser un integrante de la propia Logia Militar. Existe una prueba significativa adicional de los vínculos existentes entre los integrantes de la Logia Militar y los de Antorcha: la incorporación al gobierno de uno de los fundadores de la revista, Luis N. Dillon en calidad de presidente de la Junta Revolucionaria. [17]

 

Juvenilismo mesiánico

La «juventud» como término relacional e identitario enunciado por los estudiantes universitarios y oficiales de incipiente graduación del ejército durante los años de 1925 y 1926 era una categoría nativa; ya estaba inserta en su habla y en su manera de configurar sus pertenencias colectivas y sus horizontes de futuro. Sin embargo, la categoría e imagen de la juventud se movía en dos horizontes de sentido. El primero y general, sintetizaba las marcas propias de época, es decir, como asunción de las coordenadas del pensamiento de la primera posguerra mundial y como reconocimiento de ser parte de las clases medias urbanas. La segunda, la juventud fue significada segmentadamente por organizaciones institucionales, movimientos y corrientes con la finalidad de enunciar sus respectivos «nosotros» o identidad colectiva: universitaria, militar o doctrinaria. El desencanto de un joven frente al liberalismo expresado con sinceridad, parecía sintetizar el punto de quiebre y viraje de muchos de sus pares de edad:

Recuerdo que allá, en mis diecisiete primaveras, era un romántico…En cierta ocasión, un cinco de junio, hilvané algunas frases de las más redondas y sonoras sobre liberalismo; decía entre otras cosas que “el liberalismo indica una modalidad compresiva superior a las existentes” y que es la base del sistema republicano, el espíritu de la democracia…Con el transcurso de los años me han venido las lágrimas a los ojos al ver la triste figura del liberalismo. Esa hermosa mujer que en mis años mozos la amé románticamente, no es sino una “mujer pródiga”, una prostituta. […] ha suprimido escuelas, la base del progreso de los pueblos, ha producido una generación de políticos desvergonzados y canallas que en el poder han protegido a los explotadores del obrero menesteroso…[18]

Los movimientos juveniles se inscribieron a favor de la profundización del proceso de secularización de los gobiernos liberales entre 1895 y vísperas del golpe militar revolucionario de 1925. Una nueva fe y voluntad generacional de acción transformadora de la sociedad cuestionaba de fondo, el quietismo que auspiciaba como forma de control oligárquico el alto clero católico. Jorge Carrera sintetizó esta postura con motivo de la celebración de la navidad de 1924 dotándola de significación socialista en una de sus lecturas para proletarios. Refiriéndose a lo que represento el socialismo a partir del siglo XIX escribió que por ese entonces se había «secado la vara del milagro. Los hombres ya no creían». «La tierra, tierra sórdida y triste, parecía un hormiguero» bajo el peso de la expoliación capitalista y el poder opresivo de la burguesía. Y en ese siglo de invenciones notables afirmó: “El proletariado es la roca donde se elevará la Iglesia del Porvenir”, había dicho el profeta Lasalle. Y el profeta Marx: “La religión del trabajo se extenderá por todo el mundo.”»[19] Por lo anterior, no fue casual que la revista se convirtiese en objeto de ataques de los políticos conservadores y del clero llamando a mantener un estado de alerta en sus filas: «contra la sirena del socialismo, que invocando reivindicaciones e ilusorias mejoras, pretende agrupar en su rededor a los hijos del trabajo, para lanzarlos, tal vez en día no lejano a los abusos y violencias de una demagogia desenfrenada». [20] Es comprensible que si los antorchistas le asignaron de manera explícita una función histórica y política al proletariado ecuatoriano, recogían un presupuesto compartido por las vertientes socialistas y comunistas. Con motivo de la realización del Tercer Congreso Obrero una nota periodística de Antorcha, muy elocuente:

Creemos que este futuro Congreso revestirá verdadera importancia aportando valiosas enseñanzas y dictando medidas útiles para el obrerismo ecuatoriano. Es de especial importancia que para este Congreso no se elijan, viejos maestros de taller apegados a la tradición, pequeños burgueses que son los más grandes enemigos del proletariado. Vayan allá jóvenes obreros instruidos y bien intencionados. [21]

La juventud universitaria contaba con un organismo representativo: la Federación de Estudiantes del Ecuador la cual se orientaba ideológicamente por esos años hacia la izquierda y un vocero de nombre elocuente, Juventud. Dicha entidad y sus adherentes no fueron ajenos a la quiebra del ciclo económico del Cacao ni a la espiral inflacionaria ni a las urgencias y demandas populares. Se inquietaron frente al proceso de obsolescencia del poder y de la cultura oligárquica asumiendo posiciones a favor del cambio, entre la reforma y la revolución.

Estos jóvenes al adherir a nuevas ideas y comportamientos en los espacios públicos, coadyuvaron a minar los esclerotizados órdenes. Su recepción de los grandes acontecimientos continentales y mundiales coincidía con la conmemoración del primer Centenario de la gran mayoría de las repúblicas latinoamericanas, salvo Cuba, Puerto Rico, Panamá y Brasil. Estuvieron alertas e interesados en las nuevas corrientes ideológicas y la emergencia de tendencias estéticas vanguardistas cuyos primeros ecos llegaban retaceados o distorsionados a través de las agencias cablegráficas que incidían en el diarismo nacional. La reapropiación del mundo dependía de la renovación del capital letrado signado por una primavera de revistas culturales y periódicos sindicales y políticos, así como por una labor editorial nativa que convergías con las novedades del circuito librero internacional. Fueron usuales las suscripciones y canjes con revistas europeas y las colaboraciones de doble vía: ecuatorianos fuera y extranjeros dentro. Reforzaban esta corriente renovadora las experiencias de los viajeros ecuatorianos y extranjeros, así como las cultivadas prácticas epistolares. El grupo intelectual Renovación constituido hacia 1921 e integrado por: Jorge Carrera Andrade, Benjamín Carrión, Pío Jaramillo, Antonio J. Quevedo, Jorge Eguez, Carlos Zambrano Orejuela y Miguel Ángel Zambrano entre otros, expresaba una búsqueda vanguardista en el terreno literario, sensibilidad y compromiso social. Convergente era el parecer vanguardista de quienes integraban la revista Savia en Guayaquil, su admonición juvenilista de 1925, así lo ratifica. [22]

En ese tiempo, no fue casual que la imagen y el pensamiento de Barbusse fuesen las expresiones más visibles de la recepción ideológica de la nueva generación universitaria. Las librerías «Sucre» y «La Española» de las ciudades de Quito y Guayaquil ofrecían en venta algunas obras de Marx, Engels, Kautsky, Bebel, Lafargue y Labriola.[23] No faltaban tampoco en estas librerías las obras de autores libertarios como: Bakunin, Malatesta, Reclus. [24] El intercambio de publicaciones era fluido en el territorio nacional. Veamos una cartografía en clave ideológica:

Dejando a un lado La Antorcha y La Voz del Proletario periódicos francamente socialistas, anotaremos la labor de Adelante, periódico que se publica en Otavalo que manifiesta un rumbo decidido hacia el socialismo...En Lacatunga La Nueva Idea se presenta como un paladín del socialismo. [25]

En el seno del movimiento estudiantil y por extensión entre los jóvenes antorchistas, cobraba alguna fuerza el ideal juvenilista de erigirse en la fuerza directriz del combate al orden oligárquico así como en conductores del proceso de transformación del país. Sin embargo, más allá de los claustros universitarios el ideal juvenilista mesiánico y antioligárquico también gravitaba en un sector emergente de la nueva oficialidad del ejército. Ellos se congregaron en torno a la novísima Liga Militar el 26 de octubre de 1924 y expresaron de manera explícita su adhesión al ideal juvenilista en los siguientes términos:

Los grandes movimientos sociales, sobre todo cuando tienen por objeto algo más que intereses económicos de crudo y rudo positivismo personal deben ser ampliamente abordados por la juventud redentora de los pueblos; a ella pues le toca, porque las más bellas ideas culminan en el éxito.[26]

Ildefonso Mendoza Vera, jefe manabita de la Liga Militar se le atribuye haber compartido con la tropa a su cargo, la lectura de textos de Lenin,[27] así como la formación de milicias para el control de las sucursales bancarias. Esta facción radical fue depurada pocos meses después de instaurada la Junta Revolucionaria; otros oficiales que permanecieron en activo, cayeron en el pesimismo. [28]

Por su lado, los jóvenes civiles tejieron en torno a Antorcha una malla de redes intelectuales y políticas. Tuvieron como vocero a una revista semanal quiteña que ostentaba el mismo nombre. Su contingente fundacional, según la mayoría de las fuentes, coincide salvo un par de personajes. Figuraban: Hugo Alemán Fierro,[29] Augusto Arias,[30] Jorge[31] y César Carrera Andrade,[32] Néstor Mogollón Robles,[33] Leonardo Muñoz,[34] Ángel M. Paredes,[35] Ricardo Paredes, Julio Peñaherrera y Gonzalo Pozo, Emilio Uzcátegui y Juan Elías Naula Tamayo[36]. Se fueron sumando colaboradores muy importantes como Luis Maldonado Estrada, dirigente obrero durante las jornadas huelguísticas de Guayaquil en 1922. En diciembre de 1924 figuraba como uno de los más entusiastas defensores de la idea de avanzar en el proceso de constitución de un partido socialista.[37] Varios de ellos, habían cultivado relaciones entre sí a través de revistas, colectivos y quehaceres intelectuales políticos.

La principal línea de continuidad con el arielismo se expresaba en el terreno moral, en el deber ser de la juventud, pero impregnado de un nuevo contenido social y político de inconfundible factura antioligárquica e inclinado a favor del ideario socialista. El juvenilismo antorchista se inscribió en la ola reformista universitaria continental de la primera posguerra. La coincidencia o proximidad de los planteamientos antorchistas con el ideario mesiánico acerca del papel histórico que debía desempeñar la juventud universitaria formulado por Víctor Raúl Haya de la Torre –el fundador de las Universidades Populares «González Prada» en el Perú- merece ser destacado.

Los antorchistas fueron muy sensibles al horizonte de la agitación estudiantil universitaria de su país y del extranjero. Lo prueban sus abiertas simpatías hacia la nueva directiva de la Federación de Estudiantes del Ecuador, y claros indicios de que compartían la misma red intelectual y en cierto sentido generacional.

La idea-fuerza juvenilista apareció en un elocuente artículo firmado por Alfonso Leal publicado en las páginas del primer número de La Antorcha con motivo de la celebración del triunfo obtenido en las elecciones de la Federación de Estudiantes por parte de la lista liderada por Guillermo Pólit[38] e integrada por Eduardo Salazar, Antonio Quevedo, César Carrera y Nicolás Augusto Cañizares, frente a la de sus adversarios del grupo La Vanguardia encabezado por Miguel Ángel Zambrano.[39] El autor del artículo destacó igualmente los valores de otros tres líderes estudiantiles que participaron en diga contienda electoral aunque sin precisar los contornos ideológicos de sus respectivas banderías: Gonzalo Escudero. Miguel Ángel del Pozo y Augusto Velasco. En dicho artículo se suscribió la idea de que:

El mérito de esta juventud, está en no torcer la línea recta que obstinadamente se traza en su sendero, en no descubrir el vericueto poco limpio por el que se llega más pronto; en perpetuar el alba de la vida, alimentándola con la misma pura claridad, alegrándola con la misma bondad riente, alentándola con el mismo tesonero afán que saben poner en sus horas iniciales. Entonces la juventud podrá salvarnos; hará un país de hombres más generosos, sin dejarse contaminar del moho de hipocresía que daña el oro del espíritu, cuando olvidando la doctrina que se bebió en las aulas, no se vacila en manchar las páginas que pudieron ser inmaculadas, para acogerse a la paternidad de un interés creado.[40]

La retórica discursiva de Alfonso Leal tiene deudas con la tradición arielista considerando que fue permeada por el halo moralista rodoniano. Pero con mucha más fuerza gravitaron en sus escritos imágenes literarias como el «alba de la vida», la «línea recta» en el sendero y «la bondad riente», las cuales, siguiendo a Mariátegui, representarían el «alma matinal». El ensayista peruano en agosto de 1925 recuperó la fórmula enunciada por José Vasconcelos que definía el sentimiento de la nueva generación como: «pesimismo de la realidad y optimismo del ideal». [41] Pocos meses antes, el filósofo mexicano, había publicado su mensaje de aliento dirigido a la juventud ecuatoriana:

Confío en que esta juventud idealista logrará imponer en el orden social y en el sistema político todas las reformas que necesitan nuestras sociedades, carcomidas moralmente por la pereza, la incompetencia y los vicios; y políticamente por el militarismo, el caudillaje y la injusticia.[42]

Las ondas expansivas de las redes intelectuales latinoamericanas insuflaban no sólo el movimiento estudiantil sino que además lo orillaban a asumir una bandera unionista continental. A modo de respuesta generacional al maestro mexicano, César Arroyo (1890-1937), cobijado en las páginas de La Antorcha mexicana, escribió que los horrores de la gran guerra europea convertían a nuestro continente en «campo de reserva de la humanidad» y que la «unión necesaria y salvadora» será la misión de los jóvenes a los que llamó «dirigentes del mañana». [43]

En otro artículo, Jorge Carrera Andrade postuló el advenimiento de una nueva sociedad recurriendo a la simbólica imagen de la antorcha y su fuego purificador al escribir que la:

…humanidad se prepara a dar el salto histórico sobre el obstáculo del Estado en bancarrota y tiene ya la antorcha encendida sobre el gran bosque de los privilegios. Los espíritus libres comprenden que ha llegado la hora de dar al Trabajo el altísimo puesto tanto tiempo usurpado por el Capital y de sustituir el régimen patronal y absoluto por un sistema de cooperación en que todo hombre sea de derecho un asociado. [44]

El juvenilismo mesiánico se erigió en una preocupación central de los antorchistas y los que formaron parte de sus redes intelectuales y políticas. A partir de la segunda quincena de noviembre de 1924, se sumó Ricardo Paredes a la red antorchista anunciando desde la revista que brindará asistencia médica «gratuita a los pobres».[45]

Por su lado, Ricardo Álvarez, entusiasta partidario de la admonición de Romain Rolland a los jóvenes[46] convocó a una encuesta pública lanzada por con el ánimo de sondear en el imaginario social si era compartida la idea fuerza de que la juventud poseía la voluntad de cambiar el orden social vigente. La encuesta formulada a través de las páginas de La Antorcha tuvo la siguiente presentación.: «Invitamos a todos los ecuatorianos que comulgan con la inquietud ideológica del momento presente, que sienten el imperativo de una definitiva reforma nacional, se sirvan enviarnos sus contestaciones…“¿Cuál debe ser la actitud de los jóvenes en el momento actual?»[47] La formulación y centralidad discursiva de esta pregunta en dicha encuesta reafirma la importancia asignada a la nueva generación en los espacios públicos.

Pocas fueron las personas que como Gonzalo Pozo respondieron entusiastas a la encuesta:

La actitud juvenil debe ser altiva, revolucionaria, izquierdista, propia de espíritus nuevos, sin pretender solidarizarnos con las viejas agrupaciones políticas, causantes de todas las calamidades públicas que lamentamos. … los hombres jóvenes deben ser los controladores de las actitudes gubernamentales, interviniendo como prolijos espectadores en el desenvolvimiento de administrativo, a fin de que se cumplan fielmente todas las funciones del Estado, dentro de un marco de estricta justicia y sin las acostumbradas perversiones de los políticos burócratas.[48]

Ricardo Álvarez retomó su ideal juvenilista proyectándolo sobre los países latinoamericanos en abierto desafío a la visión fatalista de los positivistas spencerianos. Compartía el ideal reformista universitario de asumir una posición alternativa frente al injusto panorama continental:

En la hora presente la situación heterogénea de la Sociedad debe ser dominada por golpes inteligentes de voluntad de parte de la juventud. En la juventud hay energía suficiente y aptitudes precisas para curvar los viejos moldes. Sobre todo la juventud latina es la que está llamada a desempeñar un gran papel, porque hay que reconocer el atraso positivo, de ciertos pueblos latinos, la falta de muchas cualidades que impide el triunfo en la vida.[49]

El juvenilismo radical de los jóvenes antorchistas tuvo como norte liquidar la cultura y el orden oligárquico liberal que atenazaba al pueblo ecuatoriano. Pensaban que muchos otros países del continente enfrentaban parecidos lastres y problemas que ya no debían seguir hipotecando el futuro de sus pueblos. El espejo ecuatoriano reinante antes de la Revolución Juliana no contrariaba la tendencia dominante en el escenario continental. Fue la Revolución juliana la que abrió nuevos cauces a la sociedad ecuatoriana y entre ellos, a diversos segmentos de la juventud que se encontraban al margen o escaparon de los señuelos clientelares que auspiciaba el clero católico pro oligárquico. Bajo el mandato de la Logia Militar se puso un freno al capital bancario hegemónico protegido por los sucesivos gobiernos liberales creando una banca estatal. Promulgó una reforma laboral avanzada para su tiempo que suscitó varios apoyos de organizaciones de los trabajadores entre las que figuraba la Confederación Obrera del Guayas, así como sociedades mutualistas de artesanos como «Unión y Progreso» de Tungurahua y «Artesanos de León» de Latacunga. Otorgó el derecho de sufragio electoral a las mujeres. [50] La caracterización que hizo el socialista Ricardo Paredes ante el VI Congreso de la Internacional Comunista seguía siendo de admiración y reconocimiento a la Logia Militar y la orientación que le supieron imprimir a la Revolución y el nuevo gobierno, al punto que sostuvo que su modalidad de mando y organización «tenía cierta estructura soviética.»[51]

 

La politicidad sensible de los antorchistas

Disentimos de constreñir toda sensibilidad política al ámbito del poder,[52] por lo que preferimos significarla como otra sensibilidad propia al movimiento antorchista inserto en la urdimbre del horizonte histórico cultural de la resistencia de las clases y grupos subalternos. La otra sensibilidad política percibe la proximidad de aquellos sujetos y sus cuerpos que son objeto de dominio y expoliación, a través de sus gestos y prácticas de resistencia. Incluso, dicha sensibilidad les permite descubrir y modelar su propia identidad colectiva. Los antorchistas fueron construyendo imágenes sensibles y simbólicas del pueblo ecuatoriano y de la nueva generación de la intelectualidad de izquierda a través de sus modos de expresión.

La «politicidad sensible» experimentada por los jóvenes intelectuales aglutinados en torno a la revista Antorcha entre los años de 1924 y 1926 se encontraba atravesada por cuatro coordenadas: su cultura «tipográfica e iconográfica»,[53] la ciudad como su lugar de enunciación y combate, su modo de asumirse como parte directriz de la otredad y su modo de fungir como espejo solidario de la multitud en resistencia o rebeldía. El proceso de diferenciación social entre artesanos y los obreros fabriles, aunque era todavía era incipiente, se dejaba notar en los espacios públicos. Algo similar sucedía en la ciudad de Guayaquil.

La Antorcha nos permite explorar todos estos ámbitos relacionados y yuxtapuestos entre sí. Empecemos por el nombre de esta revista socialista nacida un 16 de noviembre de 1924 en la ciudad de Quito. Su elección merece algunas preguntas y sondeos acerca del imaginario social ecuatoriano conmocionado por las lecciones de la lucha obrera y popular del 15 de noviembre de 1922 en la ciudad portuaria de Guayaquil, así como por la impronta de la Nueva Rusia y sus ecos europeos, asiáticos y latinoamericanos.  

La Antorcha se inscribió como un símbolo luminoso acorde con la nueva sensibilidad de la intelectualidad quiteña siguiendo canon parecido al de La Aurora en la tradición tanto liberal como anarquista, pero también al de la Claridad de inspiración barbussiana filo maximalista. La mitologización política moderna de las imágenes solares en las retóricas que acompañaron las grandes jornadas de lucha huelguística de Guayaquil de 1922, nutrían las expectativas milenaristas de los trabajadores como bien lo ha señalado Alexis Páez. El Proletario: «Obrero…oriéntate hacia la Aurora del mañana que disipará la legendaria tiranía mediante la asociación.» en consonancia con otras imágenes publicadas en los periódicos obreros y libertarios como Alba Roja, El Cahuero y Redención.[54] En 1926, una de las facciones de la joven oficialidad que participó en la Revolución Juliana editó la revista literaria Claridad en la ciudad de Quito, bajo el lema de «Unión, Concordia y Fraternidad». [55]Tuvo como director al teniente Alfaro Augusto Pozo quien formó parte de la Junta de la Primera Zona Militar del Pichincha en las acciones del 9 de julio de 1925.[56] Lo acompañaron en la revista en calidad de miembros de honor a: Gonzalo Escudero, el mayor Guillermo Burbano y a los coroneles Ángel Chiriboga y Luis T. Paz y Miño, así como el poeta Augusto Arias. En sus páginas colaboraron Jorge Carrera Andrade y Medardo Ángel Silva entre otros.[57]

En la revista Antorcha, Barbusse está presente de manera más explícita en sus páginas, aunque enlazado al legado de Juan Montalvo. Los dos paratextos, es decir, los epígrafes de Juan Montalvo y de Henri Barbusse que flanquean el título de la publicación no resultan accesorios, toda vez que cumplen una función algo más que coreográfica al condensar la semántica propia de pensamiento de izquierda en desarrollo, que abreva en sus propias tradiciones ideológicas pero también en las canteras de la izquierda intelectual internacional de su tiempo.

El pensamiento de Juan Montalvo fue ubicado en el campo superior izquierdo de la primera página por sus editores. Lugar preferente en la tradición gráfica visual entre finales del siglo XI y principios del siglo XX. El juicio de Montalvo fue extraído de las páginas de El Cosmopolita sin mencionar la fuente, representando un llamado a la movilización libertaria con esperanza:

Los dignos de libertad bregan hasta el último Instante por defenderla; y si a pesar de su ahínco la perdieron viven para recobrarla algún día. Viven pensativos y angustiados, y sólo los anima la esperanza; si la pierden también, su alma está triste hasta la muerte.[58]

Los antorchistas vieron en Juan Montalvo más de un motivo de atracción ideológica. Esta figura señera del pensamiento liberal quedó disociada de la de Eloy Alfaro a la que sí le formularon severas críticas.[59]

Por su lado, el sentencioso juicio de Barbusse seleccionado por los editores de la revista probablemente fue extraído de las páginas de su novela El Fuego con el propósito de legitimar su posición de combate: «La tolerancia frente al error es un error más grande».[60]

Otra fuente de inspiración ideológica antorchista fue el pensamiento de Lloyd George, figura reivindicada por su política redistributiva y su cercanía con la política de Wilson para la primera posguerra mundial: «Liberal, en un principio revolucionario siempre George renovó la política inglesa en estos últimos catorce años».[61]

Los jóvenes antorchistas no practicaron el parricidio intelectual frente a los prohombres de la izquierda ecuatoriana, prefiriendo apoyarse selectivamente en su legado para continuar su proceso de afirmación y diferenciación. Entre noviembre de 1924 y los primeros días de 1925 avanzaron en el proceso de la configuración de su identidad colectiva, además de jóvenes, se definieron como socialistas:

Se hacía indispensable su establecimiento en esta hora urgente para la acción. Púdose creer que la gente moza que compone este semanario de, carecía de alientos para laborar más allá de las líneas de un simple periódico […] Hoy el grupo está de pie y se muestra en su prístino fervor a todos los compañeros que desde los más apartados rincones del suelo común palpitan generosamente al llamado de la voz renovadora. [62]

A estos jóvenes socialistas los presidía un símbolo matinal. Una antorcha no jacobina, pero sí con inclinación revolucionaria y solidaria con los pueblos del mundo, en particular con los de continente. Jorge Carrera escribió con tono magisterial sus «Lecturas para los Proletarios:

Los Tiranos de todas partes son vuestros enemigos. » Y argumentó:

Los tiranos son enemigos natos del proletariado, de sus acción humana y de sus justos fines, como productos de una sociedad individualista, levantar su baluarte con los sedimentos de la tradición ante la oleada de los derechos y reivindicaciones de la colectividad. […] No importa que los Tiranos sean de otra nacionalidad: ellos son un peligro para el proletariado del mundo entero. […] ya ha llegado el crepúsculo de los Tiranos en América. Ayer los Gutiérrez. Hoy, Juan Vicente Gómez. [63]

La Antorcha pretendía iluminar las conciencias de las clases subalternas y encender sus voluntades. Se trataba de un símbolo de combate intelectual de la nueva generación o como dice su primera editorial: «Los jóvenes tenemos derecho a hablar, a protestar. […] en todas partes La Antorcha, prenderá una hoguera de rebeldía, de reivindicación nacional».[64] Se le atribuye al coronel Juan Manuel Lasso Ascasubi el financiamiento de dicha publicación por su afinidad ideológica con el ideario socialista.

Pensando en el prisma antorchista cabe una pregunta central para entender su posición: ¿Cuál era el drama que vivía el país bajo el mandato de los grupos de poder bancario en consorcio con los poderes públicos? Para los jóvenes radicales era el nepotismo de los de arriba y la pasividad de los de abajo: «creadores de la miseria de obreros y empleados inferiores, cuyos gritos de justicia son ahogados por autoridad abusiva». [65] Este parecer reapareció en un artículo de Belisario Quevedo en el que parafraseando a Carlos Marx suscribió la lucha de clases como principio rector de la historia ecuatoriana y reseñó el drama del pueblo en la ciudad portuaria de Guayaquil:

La plutocracia de Guayaquil que, naciente aún, hizo el 95 por ideas liberadoras la revolución política contra las clases clericales y de grandes propietarios de la sierra, es al presente profundamente conservadora de los privilegios y abusos que ha llegado a crearse.[66]

No obstante lo anterior, algunos signos de la retórica positivista y del higienismo burgués se deslizaron a través de su primer editorial o manifiesto al declararle una guerra santa –«cruzada» le llamaban- a todo lo que representaba la patología nacional de lo mórbido y lo insano, o en su defecto el atraso y lo obsoleto. Los jóvenes antorchistas están en contra de: «lo caduco y enfermizo», de «la decrepitud en política», de la «indiferencia malsana de los abajo». La hediondez y formas escatológicas de los de arriba justificaban las promesas profilácticas que deseaba impulsar la nueva juventud intelectual. Para ellos la plutocracia era repudiable porque ya no podían aguantar su hedor, la contaminación alienante que representaba, su modo de enmierdar a la patria ecuatoriana. La plutocracia en el imaginario antorchista era la síntesis de lo realmente mórbido, lo cochino y lo malo. El propio presidente fue considerado un claro síntoma de lo mórbido:

El enfermo presenta un debilitamiento global de las facultades intelectuales y por los caracteres que presenta podemos establecer como diagnóstico que el Sr. Dr. Gonzalo S. Córdova, Presidente de la República del Ecuador, ha entrado en la Demencia senil, cuyo pronóstico como es sabido es fatal.[67]  

Los jóvenes antorchistas invirtieron la lógica clasista de las amenazas del positivismo y del higienismo burgués. Además de ello, resimbolizaron lo feo y lo malo como excrecencias del poder plutocrático. Hubo en estos jóvenes de la izquierda intelectual algo de ruptura y algo de continuidad ideológica, más de la primera que de la segunda.

No cabe duda que la publicación de La Antorcha le confirió identidad política a sus editores y simpatizantes, pero poco sabemos de su recepción, salvo algunos comentarios aislados publicados en sus páginas aunque impregnados de entusiasmo como el siguiente:

Cuando apareció el primer número del brillante semanario La Antorcha, algo resucitó en mí, apático por naturaleza; una especie de emoción traducida en esperanza, en entusiasmo de la primera edad. ¡Qué hermoso es ver unos cuantos jóvenes preocupados por las cosas públicas, sembrando auroras mejores para el país![68]

La promesa juvenilista de conducción de un cambio social en el Ecuador se fue coloreando como socialista, aunque son conscientes de que tenían que bregar contra ciertos prejuicios antisocialistas reinantes en los medios obreros:

El socialismo para que fructifique en este país profundamente político, de espíritu moral, religioso, con esa religiosidad externa, de culto, de los países latinos, deberá entrar como partido político.

… se protesta contra el socialismo, los obreros sienten terror solo al escuchar la palabra proletario, murmuran que la doctrina que quiere hacer su propia felicidad, que quiere redimirlas y sin embargo, cuando se les habla de los gobiernos explotadores, los obreros adoptan una actitud francamente socialista; hablan contra el socialismo e inconscientemente pliegan a él. [69]

Si hubo un contenido que caracterizó al socialismo antorchista en esta fase de transición fue la sostener el papel rector del estado en una política de reforma jurídica, desarrollo tecnológico y equidad dirigida a resolver la cuestión agraria e indígena:

La resolución del problema agrícola reclama, no las manos libres y fuertes sobre el indio, o cualquier trabajador, sino la protección del Estado en forma de facilidades otorgadas para la implantación de maquinaria, estudio del suelo, abonos y asesoramiento por peritos técnicos.

No soy de los que piensan o creen que para conseguir la rehabilitación del indio, terreno casi intocado en el Ecuador, tengamos ya las leyes suficientes y nos basta y sobra con ponerlas en práctica, si es que no se llega a afirmar, tenemos superabundancia de leyes.[70]

El socialismo antorchista no puede ser definido como marxista aunque iba en camino de ello. Tampoco es fácilmente homologable al socialismo francés o británico, aunque existan algunos indicios que lo emparentan con aquellos. Lo relevante en todo, caso, es que de manera convergente a otras corrientes, algunos de sus líderes reivindicaron una veta nativista.

 

El universo urbano y rural

Para los antorchistas la ciudad de Quito era el lugar de su enunciación cultural rebelde pero también representaba el objeto de su deseo y de sus ideas. Por su lado, Guayaquil les generaba sentimientos ambivalentes, por ser para ellos la sede del poder de lo que llamaban la plutocracia, principalmente banquera, pero también el lugar de las jornadas de lucha obrera de 1922. Criticaron duramente el proceso inflacionario, la especulación de la moneda, las obras públicas irrelevantes y la crecida e infecunda empleomanía estatal a costa del erario nacional y reclamaron una alternativa popular. Uno de ellos, bajo el pseudónimo de Carlín escribió: «Con la vida cara, los artículos de primera necesidad en las nubes, las subsistencias en general altas, los arrendamientos caros, con todo caro y en las presentes circunstancias económicas, ¿qué le corresponde hacer al pueblo?... ¿reivindicarse?».[71]

Desde otro ángulo, a los antorchistas les preocupaba el desplome cultural, literario y científico de la ciudad de Quito, al punto de hacer el siguiente juicio sumario:

Nunca como hoy la Capital de la República centro a lo menos del movimiento literario y de iniciación científica, ha visto cerrarse las puertas de toda Academia, sociedad o círculo de trabajos intelectuales y extinguirse casi la última revista de propagación cultural.

La Universidad Central es representada en la legislatura por uno de sus más respetados catedráticos, y por boca de él proclama la inutilidad de esos centros científicos.[72]

A los antorchistas les agobiaba el papel sumiso o clientelar de los artesanos y obreros de la ciudad de Quito, a los cuales les lanzaron la siguiente admonición:

Es hora ya de que el obrero de Quito, sacuda su adormilada energía, que cese su indiferencia para sus propios intereses; que deje ese apático gesto que le hace decir: “mientras yo tenga trabajo, ¿qué me importa lo demás?”… Obrero de Quito, reforma tus sociedades ya existentes en una forma útil, funda otras nuevas.[73]

Si a los antorchistas el panorama cultural y sindical de Quito les parecía deplorable, otro era su parecer acerca de su Cantón. Vieron con buenos ojos y elogiaron el pago de la deuda y la eficiente gestión financiera del Consejo Cantonal a cargo de su tesorero F. M. Andrade, así como el cuidado que pusieron los ediles en materia de servicios públicos: «La higiene ha preocupado preferentemente a los Sres. Ediles; se ha provisto de agua potable a la ciudad, se ha cuidado del aseo público, provisto de excusados, etc. Va a dársele un nuevo canal».[74]

La impactante huelga general de la ciudad portuaria de Guayaquil realizada en noviembre de 1922 ingresó en el imaginario social dejando huella indeleble, tanto por ser la primera acción colectiva de los trabajadores en la historia social del Ecuador, como por haber desnudado la política represiva del Estado bajo conducción plutocrática liberal. Según el parecer antorchista, la ciudad de Guayaquil pos represión de la huelga, la cuestión social se había agravado para los trabajadores y favorecido al capital comercial gracias a las corruptelas aduaneras que supo inducir. Por añadidura, dicho panorama afectó negativamente a los pequeños comerciantes o prestadores de servicios:

En Guayaquil los grandes mercaderes siguen tranquilos en su labor de usurpación y de agio, tienden a introducirse en la Aduana para cohechar a los empleados a que sus mercancías no paguen derecho defraudando al Estado.

Y a los pequeños propietarios se les molesta en toda forma; ahora en el municipio de Guayaquil se ha impartido la orden de que los pobres y honrados buhoneros y caramancheleros sean desalojados de sus sitios de venta para confinarlos a las afueras de la población donde su negocio perdería inmensamente.[75]

Al decir de Leonardo Visconti el panorama general de la cuestión urbana en Ecuador mostraba los lastres del poder omnímodo de la oligarquía y sus aliados en detrimentos de los trabajadores y del pueblo en general:

En las pequeñas ciudades y villorios, la propiedad se reparte de manera uniforme, muy pocos sobresalen en fortuna; hay una medianía vecina a la pobreza. Hay poca iniciativa; ninguna asociación; la tierra rinde poco, por los medios primitivos de cultura, la industria no existe.

Las grandes ciudades lo absorben todo. La riqueza está en pocas manos: terratenientes, banqueros, industriales, agiotistas absorben el capital… míseros obrerillos de pequeñas industrias: tipógrafos, sastres, zapateros, que sudan noche y día por un escasísimo jornal.[76]

Si este era el panorama desolador, los jóvenes antorchistas reafirmaron su voluntad generacional de asumir un papel salvacionista, civilizador y justiciero. Su mirador urbanocéntrico no les permitió comprender lo que representaba la agravación de las contradicciones entre la ciudad y el campo, entre la oligarquía y el pueblo ecuatoriano, aunque si apreciar solidariamente a los trabajadores rurales e indígenas.

La nueva generación intelectual - o por lo menos, su segmento antorchista- nos mostró en su revista de manera explícita los acontecimientos que fueron despertando su conciencia y animando su voluntad y posicionamiento. Se sintieron impactados por la imagen fuerte y muy moderna de la multitud urbana en resistencia. La multitud posee una carga de sentido diferente aunque siguió coexistiendo con el uso de otros términos como el de pueblo y proletariado.  

De otro lado, se puede constatar que los pueblos originarios tuvieron una tenue presencia en la agenda periodística de los antorchistas. Fueron limitados los ecos de los levantamientos indígenas en Leyto, Simincay, Pichibuela y Urcuquí en 1923 y en Azuay (1923, 1925).[77]

Lo relevante de ello fue el registro que realizó Pino de la Peña de la presencia indígena en las ciudades ecuatorianas, así dice: «Hemos llegado al convencimiento de que los indios tienen nobles aspiraciones y de que los efectos sociales no son generales.»[78] Aunque no hubo consenso entre los antorchistas había quienes postulaban que:

La tenacidad de los indios es… la primera lección que deben aprovechar los políticos de oficio, y es, a no dudarlo, la primera fuerza con que contaremos para las luchas del porvenir. La raza indígena, aplastada inmisericordiosamente por todos los pulpos blancos, tendrá que ocupar su rol en la nacionalidad y en la civilización del Ecuador. [79]

En lo general, el indígena en tanto «lejano próximo» [80]ganaba presencia demográfica en las ciudades de Quito y Guayaquil, comenzó a ser visto con condescendencia por la nueva generación intelectual y política. El cuerpo y la gestualidad de esta figura nativa de la «extrañeidad» lograron una fisura ideológica frente al estigma que le asignaron los gobiernos conservadores y liberales, en concordancia con los intereses de la plutocracia y de la clase terrateniente. Destacó en las filas del emergente movimiento socialista la figura del dirigente indígena Jesús Gualavisí originario de Llaño[81], amigo y compañero de Ricardo Paredes en las tareas de organización de la lucha comunitaria antiterrateniente. [82]La tierra ingreso a la agenda antorchista y del gobierno revolucionario. En materia de solidaridad se sintieron menos indigenistas ya que sus simpatías se inclinaron a favor de los trabajadores urbanos criollo-mestizos por su potencialidad política revolucionaria y sus emergentes luchas sindicales. Sin embargo, Ricardo Paredes dio la principal nota disidente al reivindicar el potencial socialista de las comunidades indígenas de cara a la Revolución y a la nueva sociedad.

La huelga de noviembre de 1922 en Guayaquil fue rememorada. Gravitaba en el imaginario social de las clases subalternas y ocupó un lugar en la lectura política antorchista de la problemática nacional. La necesidad y motivación de esa multitud que levantó significativas banderas de lucha en la principal ciudad portuaria del Pacífico ecuatoriano persistió de manera agravada al decir de La Antorcha: «Han pasado dos años y la víbora ha picado en la carne del indigente; el Hambre hace sangrar… una cicatriz aún tierna.». La oligarquía ecuatoriana simbólicamente asumió un perfil multiforme, configurando un simbólico bestiario impregnado del mal político, gracias a la pluma de los redactores antorchistas. Tal construcción de imágenes coincidió con procesos análogos experimentados por las generaciones intelectuales insumisas de otros países. En esa misma dirección, el caso de la Venezuela del Bisonte Gómez ha sido elocuentemente referido por Manuel Caballero.[83]

El escenario de la huelga merece ser destacado. La percepción de la ciudad de Guayaquil fue presentada en un simbólico claroscuro, gracias al papel ejercido por la multitud en huelga que tiene por el momento el control de las calles y que ha suspendido como medida de presión el servicio de alumbrado eléctrico:

La ciudad duerme envuelta por la sombra; patrullas de obreros ambulan por las calles vigilantes del orden. […]

Amanece; el sol del trópico ilumina la Perla del Pacífico y la multitud marcha ansiosa a saber la decisión del omnímodo sultán.[84]

En general, los emergentes movimientos de izquierda en el Ecuador y América Latina, apostaron a favor de la reelaboración simbólica de las figuras del mal arraigadas en el seno del catolicismo popular, asumiendo formas secularizadas. Todas ellas fueron bordadas entre la estetización de lo grotesco y la politización de lo depredador, indeseable y temido.  

La Antorcha cuando develaba a la oligarquía como algo más que una víbora ponzoñosa que se cebaba en el cuerpo herido de la plebe, no olvidaba su conversión en el vampiro que: “«chupa la sangre de las víctimas, mira su rostro exangüe con fruición y el vestido andrajoso. » [85]Dicha figura traduce la astucia del capitalista que burla la demanda de aumento salarial por parte de los trabajadores, apelando a nuevos artilugios.

Desde el mirador crítico de los jóvenes antorchistas: «La concentración más fuerte de ese poder del oro está radicada en Guayaquil, en pocas, poquísimas manos que unidas diabólicamente forman círculo férreo alrededor de la tísica garganta del pueblo ecuatoriano.»[86]

Estos jóvenes de inclinación socialista identificaron a la burguesía bancaria sin diferenciar las otras formas del capital que operaba en el Ecuador de esos años. No sólo no esclarecieron la diferenciación de los lazos existentes entre el capital bancario y el comercial y usurario, no siempre armónicos, sino que además, abrieron las páginas de su revista a un aviso pagado, de un anónimo usurero que ofrecía atender préstamos hipotecarios.

Y en cuanto al estado oligárquico los antorchistas afirmaron que vivía una gran crisis:

El estado está caduco, es un pobre paralitico, sus movimientos: torpes, incordinados, deambula serpeando. La púrpura que reviste sus hombros atemoriza todavía al vulgo pero él sabe su flaqueza y tiembla. Tiene terrores nocturnos; fantasmas lo persiguen, y da gritos hundiéndose en su almohada llamando a su guardián; y le mima, le llama su gran amigo, la llena de condecoraciones, mientras el astuto siervo, atisba el debacle, sus brazos seniles se extienden; uno pide arrimo al robusto galonado, el otro pide oro, oro que le alarga el prestamista, en forma de papel confeccionado en Nueva York. [87]

 

Nuevo rumbo hacia el Partido Socialista

La Antorcha resintió el acoso policial del gobierno optando por hacerlo de conocimiento público. La imprenta «La Exactitud» dónde se editaba la revista fue intervenida policialmente quedando bajo su custodia, mientras que Luis A. Miño -su propietario- fue conminado a no editarla bajo riesgo de cárcel y amenaza de clausura definitiva de la imprenta. El tiraje de ese número de la revista fue requisado. El riesgo para Miño por ser mayúsculo por ser militar y abrirse la posibilidad de que fuese juzgado en el fuero castrense.[88]

La Antorcha cerraba con este incidente la primera fase de su proceso de posicionamiento político, e iniciaba otra de reorganización interna y reorientación socialista. Sus adherentes se fueron inclinando al ritmo de los acontecimientos a favor de un emprendimiento político de mayor envergadura: la creación de un partido. Dicha idea prevalecía desde noviembre de 1924, al momento de su constitución como nos lo recuerda uno de los colaboradores que se identificó con las iniciales F.D. Este anónimo personaje anunció que el Partido Radical-Socialista era la nueva opción política que ofrecían los jóvenes frente a los dos partidos tradicionales de la oligarquía ecuatoriana. Se anunció que se trataría de un partido con «ideología propia y con hombres nuevos… [ de la] juventud intelectual, …que en todas partes ha sido la fuerza directiva de las grandes reformas sociales y los movimientos emancipadores.» [89]

El médico Ricardo Paredes (1898 - 1979)[90] asumió la conducción de la revista Antorcha a fines de marzo de 1925, iniciando su segunda época y su nuevo rumbo a favor del socialismo. El cuerpo de redactores quedó integrado por: Hugo Alemán, Ricardo Álvarez, Augusto Arias, Jorge Carrera A., Néstor Mogollón, Julio Peña y Gonzalo Pozo. Como Administrador figuró Carlos López E. y como reportero Pedro Pablo Ortiz. [91]

Esta nueva fase de la revista fue de abierto combate antigubernamental, tras conocer su intento de dejarla fuera de circulación. El editorial bajo el rótulo de «Al Gobierno», asumió tonos desafiantes, ratificando su juvenilismo crítico y radical:

Aquí estamos de nuevo, de frente, sin temor, porque nosotros no sabemos de argucias, de cohecho y de viles procedimientos; aquí estamos para defender la causa de los oprimidos. No cejaremos en la lucha contra los gobernantes ineptos corruptores y corrompidos; ni contra los explotadores que causan el hambre del público. ¡Sabedlo! No acostumbramos doblegarnos ni ante vuestras amenazas ni ante vuestro oro asqueroso.[92]

El editorial antorchista, presumiblemente salido de la pluma de Ricardo Paredes tocó un punto sensible a la retórica liberal en el poder, al poner en evidencia su oportunista renuncia a la libertad de prensa, la cual habían defendido cuando siendo oposición bajo la hegemonía autoritaria de los conservadores y caudillos militares, la defendieron. [93]

La libertad de prensa no era un asunto secundario para los antorchistas ni para algunos periódicos como El Comercio, El Sol y El Derecho que se mostraron solidarios con los primeros por el atropello sufrido.[94] La Antorcha asumió la defensa política y al parecer legal del editor Juan Miño quién seguía detenido por no haber acatado las presiones gubernamentales de denegarles sus servicios de imprenta.[95] La más importante organización obrera se sumó a la protesta contra la censura gubernamental de la libertad de prensa. Fue el Directorio Nacional de la Confederación Obrera del Ecuador quien remitió una carta al diario El Comercio, la cual fue reproducida por La Antorcha en defensa de dicha libertad que afectaba además de las publicaciones periódicas y sus redactores, a las imprentas, sus dueños y a los propios tipógrafos. La perspectiva obrerista de dicha Confederación fue clara frente a:

…la supresión de las imprentas donde se editan periódicos y para impedir sus publicaciones se ha tomado la medida de secuestrarlas o cerrarlas por la fuerza reduciendo aún a sus operarios a prisión […] muchos obreros del trabajo honrado,... [han quedado] sin el sustento para sus familias; y como de continuar por este medio reprobable habrá un sinnúmero de tipógrafos sin trabajo, esperamos de su importante Diario, como vocero defensor del pueblo sea remediada prontamente esta anomalía.[96]

Este hito reorientó el trabajo de los antorchistas a tomar contacto y cultivar vínculos con personas y colectivos afines en ideas a favor del socialismo en varias localidades del país. El testimonio de Luis Maldonado, dirigente histórico del proletariado costeño, afirma que fueron dos los polos de irradiación socialista: Quito y Guayaquil, aunque no aporta datos complementarios para su esclarecimiento. [97]Agotado el ciclo editorial de su revista, la organización política devino en prioritaria. Es la fase menos documentada y conocida, de la cual merece tomarse en cuenta a la labor realizada.

La presencia extranjera coadyuvó a favor de este proceso de radicalización izquierdista, en parte al flujo migrante y del exilio, pero también a excepcionales presencias diplomáticas. El mexicano Rafael Ramos Pedrueza (1897- 1943) arribó a Ecuador en calidad de encargado de negocios de la Legación de su país. Se había desempeñado como parlamentario socialista durante los años de 1921 a 1922 abogando a favor de los derechos del campesinado a la tierra. [98]En 1922 publicó un librito de cariz explícitamente socialista gracias al apoyo recibido por José Vasconcelos, en ese entonces, titular de la Secretaría de Educación Pública.[99] Su contenido versaba sobre los puntos de proximidad entre la Revolución rusa y la Revolución mexicana. Al nativizar a partir del caso mexicano, colocó en la agenda de la izquierda ecuatoriana, la cuestión de la revolución social, o socialista. Militaba en las filas del Partido Comunista desde el año de 1923 y viajó al Ecuador con su autorización y bajo el compromiso político de difundir el ideal comunista y organizar un núcleo revolucionario en el Ecuador.[100] Eran tiempos, en que la adscripción comunista mexicana era laxa, con presencia de facciones anarquistas y socialistas. Los jóvenes intelectuales ecuatorianos no eran ajenos a la seducción que ejercía en su imaginario las noticias acerca de la Revolución mexicana. El testimonio de Benjamín Carrión (1897- 1979) es elocuente al respecto:

…conjugado el impacto de la lectura con el sueño revolucionario que entonces vivíamos en casi toda América los hombres jóvenes y libres, estábamos dispuestos a pedirle a la Revolución Mexicana todos los avances, todas las purezas, todos los heroísmos. Pretendíamos que la Revolución Mexicana hubiera sido hecha y continuara viviendo, “a imagen y semejanza” de nuestros deseos, de nuestras prefiguraciones. [101]

La recepción ya existente del proceso mexicano entre los jóvenes ecuatorianos generó un clima amable para la labor propagandista de Ramos Pedrueza. El diplomático mexicano dio conferencias acerca de la Revolución mexicana y la Revolución Rusa en la ciudad de Quito según consta en su comunicación epistolar dirigida al socialista argentino José Ingenieros con fecha 24 de julio de 1925. [102] El 22 de septiembre bajo su conducción se constituyó la Sección Comunista de Propaganda y Acción «Lenin» en base al reclutamiento de intelectuales que mantenían entre sí lazos universitarios, de residencia, amistad y afinidad ideológica. Sus integrantes fueron:

Alberto Suárez Dávila de profesión ingeniero civil, Pablo Charpantier de profesión ingeniero civil, Fernando Chávez de profesión profesor normalista de instrucción primaria, Timoleón Jácome de profesión ingeniero electricista, Juan F. Karolys de profesión contabilista dactilógrafo, Luis Anda Rumazo de profesión periodista y Manuel Eduardo Rumazo de profesión tipógrafo.[103]

Suárez Dávila tenía vínculos con la Universidad Central del Ecuador al igual que Charpentier y Jácome, según consta en su anuario. [104] Suárez era integrante de la Sociedad de Estudios Técnicos que dirigían Luis R. Nuñez y César Chiriboga Villagómez vinculada a los medios académicos quiteños, en particular a la Universidad Central. [105] Karolys fue promovido al secretariado de la Liga Antiimperialista de las Américas como representante del Ecuador, meses antes de la constitución del Partido Socialista y suscribió un pronunciamiento,[106]quizás más. Otra fuente, menciona como integrante de dicho agrupamiento al músico y escritor socialista Enrique Terán Vaca. [107]          

Se ha subrayado el hecho de que Ramos Pedrueza y los demás integrantes, al mismo tiempo que declaraban su adhesión a la Internacional Comunista y por ende, a su programa y directivas, afirmaron fundar su quehacer revolucionario «exclusivamente en conformidad a las condiciones étnicas de la República del Ecuador: raza, medio ambiente, partidos políticos, estado social, estado económico». [108] El mexicano fue obligado por su gobierno en el mes de octubre de 1925 a retornar a su país. El gobierno de Calles cedió ante las presiones diplomáticas estadounidenses para que dicho diplomático bolchevique cesase en su labor de propaganda en el Ecuador. La agrupación por él fundada se debilitó y perdió contactos con él y el Partido Comunista de México; tampoco logró el apoyo esperado de parte del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista. De todo ese contingente destacó la participación de Karolys en el proceso que dio vida al Partido Socialista.

El 16 de Mayo de 1926 la figura de Ricardo Paredes sobresalió entre todos los fundadores del Partido Socialista Ecuatoriano, pugnando por su adhesión a la III Internacional pero sin romper con las corrientes autonomistas y reformistas. En noviembre del mismo año viajó a Guayaquil y tuvo relevante participación en la Asamblea Socialista del Guayas. Otras figuras de este nuevo momento constitutivo del socialismo ecuatoriano fueron: María Luisa Gómez de la Torre, Adolfo H. Simmonds, César Endara, Jorge Carrera Andrade, Luis Maldonado Estrada, Jesús Gualavisí, Luis Felipe Chávez, entre otros. Lo cierto es que la base social de los delegados del Congreso se había ensanchado, gracias a la participación de trabajadores y socialistas procedentes de diversas localidades del Ecuador, relativizando en alguna medida el peso de la pequeña burguesía intelectual quiteña.

Luis Maldonado, un protagonista del Congreso Socialista de 1926, dejó testimonio acerca de las adscripciones de clase de sus delegados:

La composición social del congreso es heterogénea: campesinos, elementos de clase media en su gran mayoría, y su orientación deja mucho que desear por la gama de tonalidades doctrinarias que se manifiestan, desde la liberal exaltadora de la propiedad privada hasta la extrema del comunismo, tendencia ésta que al fin consigue marcar su tono en las resoluciones, amparada por el prestigio y simpatía de la Revolución Rusa. [109]

Y en cuanto al programa emanado de ese evento, se dio muestra clara de una orientación socialista al reivindicar el postulado de que: «El deber ineludible de exaltar la dictadura del proletariado como fase transitoria, hasta conseguir la estimación de la clase capitalista.» [110]

Todos las fuentes consultadas sostienen que durante la realización de dicha asamblea constitutiva del Partido Socialista, disputaron la hegemonía dos corrientes ideológico-políticas, aunque la filocominternista logró afirmarse gracias a la conducción cumplida por Ricardo Paredes. Más allá de ello, lo relevante de la intervención de Paredes en el terreno ideológico fue su acusado tono nativista:

Nuestra tradición comunista, pues Ecuador pertenecía al gran Imperio Incásico, el primer Estado comunista del mundo. Quizá antes que en Europa capitalista, el comunismo se implementará en la América indohispana, donde el maestro de la religión social, el admirable Illich Lenin, encontrará sus discípulos más fervientes. [111]

Desde un mirador más amplio, puede afirmarse que dicha postura de Paredes fue precedida por el contenido inserto en un saludo de adhesión dirigida al IV Congreso de la Internacional Comunista (1922), el cual le fue entregado por los dirigentes de una Federación Comunista Indígena interandina al dirigente comunista argentino Rodolfo Ghioldi, vísperas de su viaje a Moscú. [112]

 

Cerrando líneas

Esta primera aproximación al estudio de la revista La Antorcha ha privilegiado algunos de sus aristas: su ideología juvenilista, su política sensible, sus antinomias discursivas, su diagnóstico de la cuestión ecuatoriana, el lugar que ocupa la ciudad y las luchas sociales. Se han atisbado sus deslindes con el liberalismo plutocrático y el conservadorismo católico. Se ha subrayado su entusiasta adscripción al socialismo y su reconocimiento de un lugar protagónico al incipiente proletariado ecuatoriano en base a las jornadas de lucha que libró en el Guayas en 1922, cruentamente reprimidas. Los integrantes y adherentes a la revista, recibieron con entusiasmo la Revolución Juliana, así como el flujo de obras e ideas maximalistas que hacia 1926 terminó por polarizar a los socialistas ecuatorianos, aunque la hegemonía quedó en manos de los filocominternistas, sin llegar a la ruptura. Las escisiones llegarían un año más tarde desde diferentes flancos. La postura de Manuel Donoso Armas, dirigente obrero en el Guayas y director del periódico Confederación Obrera de negarse a suscribir una condena contra Trotsky el año de 1927 con motivo de su viaje a la Unión Soviética como delegado ante el IV Congreso de la ISR, merece señalada. Meses más tarde reprodujo el Testamento de Lenin, ratificando sus preferencias ideológicas. [113]

Hemos igualmente atisbado algunas de sus redes y presencias latinoamericanas destacando la labor del mexicano Rafael Ramos Pedrueza y su vena discursiva nativista, retomada de manera convergen por Ricardo Paredes, figura mayor del socialismo ecuatoriano. Quedan todavía varios ámbitos que ha dejado pendiente la historiografía ecuatoriana acerca de la diseminación y apropiación socialista en los espacios no quiteños, en particular en Guayaquil. De otro lado, hemos subrayado una contradicción en desarrollo, que continuó de otra manera el legado secular de liberalismo contra el poder ideológico de la Iglesia Católica, respaldado por la Plutocracia y los agrupamientos políticos conservadores.

En el terreno del vanguardismo intelectual falta procesar las marcas de su nueva sensibilidad y compromiso. No fue accidental registrar, por ejemplo, la presencia de Alfonso Leal en las páginas de la revista Esfinge publicada en la ciudad de Quito por Hugo Alemán.[114] Muchas cosas han quedado pendientes, lo que nos compromete a volver sobre La Antorcha y los orígenes del socialismo ecuatoriano. Esta ponencia, a pesar de su inevitable economía textual, brinda más de un aporte como podrán apreciar sus lectores.

 

Créditos de Imágenes:

 

Notas:

[1] «En términos generales, los historiadores sectarios han sido revolucionarios, o por lo menos gente de izquierda y en su mayoría disidentes comunistas. (La contribución de los partidos comunistas a su propia historia ha sido pobre y hasta hace pocos años, insignificante). El principal propósito de esta investigación ha sido descubrir por qué los partidos comunistas han fracasado en organizar revoluciones o han logrado resultados tan desconcertantes cuando las han hecho. Su principal debilidad profesional, ha sido la incapacidad para distanciarse suficientemente de las polémicas y cismas en el seno del movimiento». Hobsbawm, Eric, Revolucionarios. Ensayos contemporáneos, Barcelona: editorial Ariel, 1978, p. 55.

[2] Saad, Pedro. La CTE y su papel histórico. Guayaquil: Ed. Claridad, 1968.

[3] Páez Cordero, Alexis, Páez Cordero, Alexis, Los orígenes de la izquierda ecuatoriana, Quito: Abya Yala, 2001.

[4] Jeifets, Lazar y Víctor Jeifets, «Los orígenes del Partido Comunista del Ecuador y la Tercera Internacional», Revista Izquierdas (Santiago de Chile) Año 3, Núm. 6, Año 2010, s/p.

[5] Becker, Marc. Indians and leftists in the making of Ecuador's modern indigenous movements. Durham: Duke University Press, 2008.

[6] González Toapanta, Hugo. El periódico La Antorcha y la emergencia de la ideología socialista en Huelga(1924-1925). Quito: Tesis de Maestría en Historia Andina, Universidad Simón Bolívar, 2015.

[7] Gracias a Álvaro Campuzano Arteta pude acceder a una copia de la colección completa de la revista Antorcha, inexistente en acervos institucionales de dominio público.

[8] Véase Melgar Bao, Ricardo, «La Hemerografía cominternista y América Latina, 1919-1935. Señas, giros y presencias», Revista Izquierdas, núm. 9, Universidad de Santiago de Chile, abril, 2011, pp. 79-137.

[9] Recuérdese que Ricardo Paredes concurrió al VI Congreso de la Internacional Comunista en Moscú (1928) con la doble representación socialista y comunista, algo similar pasó con la delegación colombiana. Véase: Caballero, Manuel, La Internacional Comunista y la revolución latinoamericana, 1919- 1943, Caracas: Nueva Sociedad, 1988, pp.93-94.

[10] Maiguashca, Juan « La incorporación del cacao ecuatoriano al mercado mundial entre 1840 y 1925, según los informes consulares», Procesos (Quito), Revista Ecuatoriana de Historia, núm. 35, 1er Semestre de 2012, pp. 67-97.

[11] Páez, Ob. Cit., p. 53.

[12] Kingman Garcés, Eduardo. La ciudad y los otros. Quito 1860 - 1940: higienismo, ornato y policía. Quito: FLACSO, 2006, p.208.

[13] Cueva, Agustín, «El Ecuador en los años treinta» en: América Latina en los años treinta, México: UNAM, 1977, pp. 216-217.

[14] Rialva, «Visiones políticas», Antorcha (Quito) núm.17, 7de marzo de 1925, p.2.

[15] Cincinato Genuino, «La actitud Militar», La Antorcha (Quito) núm.17, 7 de mayo de 1925, p. 3.

[16] Loyola, Manuel. La felicidad y la política en el pensamiento de Luis Emilio Recabarren, Santiago de Chile: Ariadna, 2007.

[17] Jeifets, Lazar y Víctor Jeifets, «Los orígenes del Partido Comunista del Ecuador y la Tercera Internacional», s/p.

[18] Rialva, « ¿Cómo se gobierna el Ecuador?» La Antorcha (Quito) núm. 15, 21 de febrero de 1925, p. 2.

[19] Carrera Andrade, Jorge, «Lectura para los proletarios. La nueva Navidad», Antorcha (Quito) núm.7, 24 de diciembre de 1924, p.2.

[20] Citado por González Toapanta, Hugo, El periódico La Antorcha y la emergencia de la ideología socialista en Quito (1924-1925), p. 59; extraído de « ¿Partido Socialista?», El Derecho (Quito) diario Conservador de la Mañana, 24 de julio de 1925, p.1.

[21] «El Tercer Congreso Obrero Ecuatoriano», La Antorcha (Quito) núm.15, 21 de febrero de 1925, p.3.

[22] « ¡Juventud! Es hora de hacer vivir los ideales», Savia (Guayaquil), 9 de julio de 1925, s/p. Véase: Pöppel, Hubert et al. Las vanguardias literarias en Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú́ y Venezuela: bibliografía y antología crítica. Madrid: Iberoamericana, 2008, p. 260.

[23] Albornoz Peralta, Oswaldo, Del Crimen del Ejido a la Revolución del 9 de julio de 1925, Guayaquil: Claridad, 1971, pp.120-121.

[24] Páez Cordero, Alexis, Los orígenes de la izquierda ecuatoriana, p. 108.

[25] L.V. «De la vida periodística» La Antorcha (Quito) núm.17, 7 de marzo de 1925, p.6.

[26] Pérez Ramírez, Gustavo, La Revolución Juliana y sus jóvenes líderes olvidados, Quito: Academia Nacional de Historia, p.238.

[27] Véase: Jeifets, Lazar y Víctor Jeifets, «Los orígenes del Partido Comunista del Ecuador y la Tercera Internacional» s/p.

[28] «A nosotros los militares jóvenes no nos queda otro recurso, que dejar hacer, dejar pasar y preparar una mortaja para nuestros ideales y los de la Nación» en: Un Teniente. «Para La Antorcha. Respondiendo a la Encuesta» La Antorcha (Quito) núm15, 21 de febrero de 1925, p. 6.

[29] Hugo Alemán Fierro (1898-1983), poeta quiteño. El que fuese cofundador y redactor del periódico Humanidad (1923), dirigido por Jorge Carrera Andrade prueba un relevante vínculo intelectual. No fue casual que en 1926 ambos participasen en la fundación del Partido Socialista Ecuatoriano y en la edición de la revista de arte y literatura Esfinge. http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo10/a4.htm

[30] Augusto Arias (1903-1974). Poeta y ensayista quiteño. Cofundador de la revista literaria Esfinge (1926). http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo16/a3.htm

[31] Jorge Carrera Andrade (1903-1978) dirigió el periódico Humanidad criticando duramente al régimen liberal plutocrático de Luis Tamayo. En noviembre de 1923, a un año de la represión cruenta de los trabajadores huelguistas en Guayaquil escribió un texto solidario y antigubernamental por lo que fue detenido y censurado el periódico. Franco Crespo, Antonio A. 100 masones, su palabra: selección de cien personajes, su biografía y una muestra de su pensamiento. Ecuador: A.A. Franco Crespo, 2009, p. 98.

[32] César Carrera Andrade. Poeta y ensayista. Cofundador del Partido Socialista Ecuatoriano en 1926. Rodas Chávez, German, La izquierda ecuatoriana en el siglo XX (aproximación histórica), Quito: Abya-Yala, 2000, p. 29.

[33] Mogollón Robles, Néstor (1900-1952). Originario de Latacunga. Estudió derecho en la Universidad Central de Quito. Después de su experiencia en la revista Antorcha ingresó a las filas del Partido Socialista y fue delegado por Lacatunga en el Congreso de 1926 al lado de Luis Felipe Chávez en 1926. Fue electo delegado suplente del CEN del Partido. Un año más tarde formó parte del grupo que rompió con el Partido por disidencias políticas. En 1934 fungió como director del periódico La Tierra en compañía de los socialistas Hugo Larrea y Víctor Zúñiga. Entre 1937 y 1938 figuró como asesor laboral durante el gobierno del general Alberto Enríquez Gallo y redactó el estatuto de las comunidades campesinas y la ley de Cooperativas, recogiendo algunas ideas reformistas de la Revolución Juliana. Colaboró con Miguel Ángel Zambrano en la redacción del Código del Trabajo. Rodas Chaves, Germán. Socialismo casa adentro: aproximación a sus dos primeras décadas de vida. Quito: Ediciones La Tierra, 2006, pp. 57 y 144.

[34] Leonardo J. Muñoz (1898-1987). Librero y cofundador del Partido Socialista Ecuatoriano (1926), además de formar parte de su primer Consejo Ejecutivo Central. Cofundador del periódico Germinal (1926), que mostraba un abierto apoyo a la Revolución Juliana. A través de su librería «Indoamérica» se convirtió en uno de los principales distribuidores de literatura comunista producida en América Latina y Europa. Véase: Rodas, 2000, p. 30; http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo11/m5.htm consultado el14 , consultado el 14 de junio de 2015.

[35] Ángel Modesto Paredes Romero (Riobamba, 1896). Abogado y sociólogo. Cofundador y miembro del primer Consejo Ejecutivo Central del Partido Socialista Ecuatoriano (1926). http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo16/p2.htm consultado el 14 de junio de 2015.

[36] Naula nació en una localidad del Chimborazo en 1871. Fotógrafo ambulante. Dirigente sindical desde 1901. Cursó estudios básicos y se cultivó como autodidacta. Editor del periódico Defensa Social (1912-1916). En 1917 fundó y dirigió el Sindicato Obrero del Guayas, más tarde conocido como Liga Obrera. Fue en cierto sentido un internacionalista, combinando las labores del trabajo y la ampliación de sus redes obreristas de los países en que residió temporalmente: Perú, Panamá y los Estados Unidos (Nueva York). Es autor del libro Principios de sociología aplicada, Guayaquil Tipografía y Papelería de Julio Foyain, 1921. http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo13/n2.htm, consultada el 11 de marzo de 2015.

[37] «Vayamos hacia un Partido Socialista», La Antorcha (Quito) núm.8, 31de diciembre de 1924, p.1.

[38] En 1925 fue enviado a Colombia para desempeñar funciones de secretario adscrito a la Legación del Ecuador bajo la titularidad de Leonidas Pallares. Robalino Dávila, Luis. El 9 de julio de 1925. Quito: Editorial La Unión, 1973, p. 122.

[39] Miguel Ängel Zambrano Orejuela (1891- 1969) poeta, se graduó de abogado en 1925. Desde 1921 ya tenía cierta experiencia y presencia política al fungir de diputado por el Chimborazo en el Congreso Nacional durante los años de 1922 a 1923. http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo14/z1.htm, consultado el 10 de julio de 2015.

[40] Leal, Alfonso, «Anotaciones: La Presidencia de la Federación de Estudiantes», La Antorcha (Quito), núm.1, 16 de noviembre de 1924, p.3.

[41] «En la nueva generación, arde el deseo de superar la filosofía escéptica. Se elabora en el caos contemporáneo los materiales de una nueva mística. El mundo en gestación no pondrá su esperanza donde la pusieron las religiones tramontadas. "Los fuertes se empeñan y luchan, -dice Vasconcelos- con el fin de anticipar un tanto la obra del cielo". La nueva generación quiere ser fuerte.» Mariátegui, José Carlos, «Pesimismo de la realidad y optimismo del ideal», Mundial (Lima) 21 de agosto de 1925. Reproducido en El Alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, Lima: Empresa Editora Amauta, 1959, pp. 27-28.

[42] Vasconcelos, José, «Homenaje a los estudiantes ecuatorianos» La Antorcha (México) núm.26, 28 de marzo de 1925, p. 15.

[43] La Antorcha (México) núm.26, 28 de marzo de 1925, p. 14.

[44] Carrera Andrade, Jorge, « Lecturas para los proletarios. El trabajo supremo bien», La Antorcha (Quito), núm.2, 28 de noviembre de 1924, p.1.

[45] La Antorcha (Quito), núm.2, 28 de noviembre de 1924, p.1.

[46] Un epígrafe elocuente de Romain Rolland preside un artículo de Ricardo Álvarez cuya letra dice: «Hombres de hoy, jóvenes a vuestro turno. Haced de nuestros cuerpos un peldaño y avanzad. Sed más grandes y más felices que nosotros»: «Educación social», La Antorcha (Quito), núm.2, 28 de noviembre de 1924, p.1.

[47] «Encuesta», La Antorcha (Quito), núm.1, 16 de noviembre de 1924, p.4.

[48] Pozo, Gonzalo, « ¿Cuál debe ser la actitud de los jóvenes en el momento político actual?», La Antorcha (Quito), año 1, núm. 2, noviembre 23 de 1924, p. 4.

[49] Álvarez, Ricardo, «Educación social», La Antorcha (Quito) núm. 2, noviembre 23 de 1924, p. 2.

[50] Milk Ch., Richard, Movimiento obrero ecuatoriano: el desafío de la integración, Quito: Pontificia Universidad Católica del Ecuador/Abya-Yala, 1997, p.102.

[51] Paredes, Ricardo, [Intervención] VI Congreso de la Internacional Comunista. Segunda Parte. México: Siglo XXI, 1978 (Cuadernos de Pasado y Presente núm. 67), 1978, p.182.

[52] Definida como aquella que impulsa a «sujetar cuerpos y sus impulsos sensoriales y sensibles entre sí.»

[53] Ranciere, Jacques, «La división de lo sensible. Estética y política», Centro de Estudios Visuales de Chile, Julio de 2009, p.4. en: http://www.centroestudiosvisuales.cl, consultada el 2/10/2012.

[54] Páez Cordero, Alexis, Los orígenes de la izquierda ecuatoriana, pp.93-94.

[55] Valencia Sala, Gladys. El círculo modernista ecuatoriano: crítica y poesía. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Ecuador, 2007, p. 121.

[56] Paz y Miño, Juan y J. Cepeda. Revolución juliana en Ecuador: 1925-1931: políticas económicas. Quito: Ministerio Coordinador de Política Económica, 2013, p. 25.

[57] Su obra: Poesías escogidas (1926), fue una selección realizada por Gonzalo Zaldumbide quién la publicó en París.

[58] La Antorcha (Quito) núm.1, noviembre 16 de 1924, p.1.

[59] «Queremos prevenir al pueblo de posibles manejos de este gobierno afirmar su vacilante situación; en esta vez se pueden intentar como hizo Eloy Alfaro en 1910 para que cesara la oposición a su gobierno: agitar la cuestión internacional, hacer la pantomima de preparativos bélicos con el Perú para distraer la opinión pública en ese sentido y evitar su caída, movimiento análogo al que el Presidente Leguía en el Perú con el mismo objeto que el Presidente del Ecuador afianzar su tiranía.» «Sanción, Las consecuencias del Pacto», Antorcha (Quito) núm.1, noviembre 16 de 1924, p.1.

[60] La Antorcha (Quito) núm.1, noviembre 16 de 1924, p.1.

[61] «Lloyd George», La Antorcha (Quito) núm.1, 24 de marzo de 1925, p.4.

[62] «El Grupo Socialista “La Antorcha”» La Antorcha (Quito) núm.10, 17 de enero de 1925, p.1.

[63] Carrera Andrade, Jorge, « Lecturas para los Proletarios: Los Tiranos de todas partes son vuestros enemigos», La Antorcha (Quito) núm.10, 17 de enero de 1925, p.1.

[64] «Encendiendo la Antorcha», La Antorcha (Quito) núm.1, noviembre 16 de 1924, p.1.

[65] Ibíd.

[66] Quevedo, Belisario, «La explotación banquera de Guayaquil», La Antorcha (Quito), núm.1, 16 de noviembre de 1924, p.6.

[67] Visconti, Leonardo, «El Dr. Gonzalo Córdova atacado de demencia senil», La Antorcha (Quito) núm. 8, mayo 9 de 1925, p. 1.

[68] «A los jóvenes de La Antorcha», La Antorcha (Quito), año 1, núm. 5, diciembre 13 de 1924, p. 3.

[69] «El advenimiento del socialismo rojo», La Antorcha (Quito), núm. 7, mayo 1 de 1925, p. 3.

[70] «Protección de la raza india», La Antorcha (Quito), núm. 12, junio 8 de 1925, p. 2.

[71] Carlin, « ¡Cómo ganar el pan!», La Antorcha (Quito) núm. 10, enero 17 de 1925, p. 4.

[72] «Comentarios», La Antorcha (Quito) núm. 2, noviembre 23 de 1924, p. 2.

[73] «La reorganización de la Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana», La Antorcha (Quito) núm. 6, diciembre 20 de 1924, p. 5.

[74] «El ilustre consejo cantonal de Quito», La Antorcha (Quito), núm. 2, noviembre 23 de 1924, p. 6.

[75] «El caso de los buhoneros y caramancheleros de Guayaquil», La Antorcha (Quito), núm. 10, enero 17 de 1925, p. 2.

[76] Visconti, Leonardo, «De Profundis», La Antorcha (Quito), núm. 1, noviembre 16 de 1924, pp. 3-4.

[77] Véase: Cueva, Agustín, Lecturas y rupturas. Diez ensayos sociológicos sobre la literatura del Ecuador, Quito: Planeta, 1992, p. 167; Becker, Marc. Indians and Leftists in the Making of Ecuador's Modern Indigenous Movements. Durham: Duke University Press, 2008.

[78] Peña, Pino de la, «“Los indios aspirar socialmente»”, Antorcha (Quito), núm.3, 29 de noviembre de 1924, p.2.

[79] Ibíd., p. 3.

[80] Aguiluz, Maya, El lejano próximo. Estudios sociológicos sobre extrañeidad, Madrid: Anthropos, 2009.

[81] Becker, Marc «Indigenous Nationalities in Ecuadorian Marxist Thought,» en Militantes, intelectuales y revolucionarios. Ensayos sobre marxismo e izquierda en América Latina de Carlos Aguirre ( editor), Raleigh, NC: Editorial A Contracorriente, 2013, p. 243.

[82] Yánez del Pozo, José́. Mi nombre ha de vivir: y yo me he de ir a mi destino (transito Amaguaña); género, producción y aprendizaje intercultural en los Pueblos Andinos. Quito: Ed. Abya-Yala, 2005, p.31.

[83] Caballero, Manuel. Gómez el tirano liberal. Caracas: Monte Ávila, 1993.

[84] «15 de noviembre de 1922», La Antorcha (Quito) núm. 1, noviembre 16 de 1924, pp. 1, 6.

[85] Ibíd., p. 1.

[86] «Quién gobierna en el Ecuador? », La Antorcha (Quito) núm. 3, 29 de noviembre de 1924, p.1.

[87] Visconti, Leonardo, «De Profundis», La Antorcha (Quito), núm. 1, noviembre 16 de 1924, pp. 3-4.

[88] «Atentados contra la libertad de imprenta y contra el honor de un militar», La Antorcha (Quito), II Época, núm. 1, 24 de marzo de 1925, p.1.

[89] F.D. «La farsa del tercer partido», La Antorcha (Quito), núm. 2, 28 de noviembre de 1924, p.1.

[90] Ricardo Paredes se había graduado de médico en 1922 en la Universidad Central del Ecuador familiarizándose con el medio intelectual y político de su generación en la ciudad de Quito donde fijó su residencia. Véase: Jeifets, Lazar, Victor Jeifets, y Peter Huber. La Internacional comunista y América Latina, 1919-1943: diccionario biográfico. Moscú́: Instituto de Latinoamérica de la Academia de las Ciencias, 2004, p. 251.

[91] «Redactores de La Antorcha»» (Quito) núm.1, 24 de marzo de 1925, p.2.

[92] «Al gobierno», La Antorcha (Quito) núm. 1, 24 de marzo de 1925, p.1.

[93] «Digan categóricamente, con la diestra en el pecho y el sombrero en la mano: “’Fuimos preconizadores de la libertad de imprenta cuando la necesitamos. Ahora la hemos matado. Somos como todos los liberales de este desgraciado feudo’. En cuanto llegamos al poder, en nombre de esa misma libertad que no levantó como a una humareda, nos preocupamos de conservar el puesto y de amordazar a la prensa libre. », Ibíd.

[94] «Agradecimiento», La Antorcha (Quito) núm. 1, 24 de marzo de 1925, p.3.

[95] Ibíd.

[96] «La Confederación Obrera y la libertad de imprenta», La Antorcha (Quito), II Época, núm. 1, 24 de marzo de 1925, p.2.

[97] Muñoz, Luis, Bases del PSE, Quito, Ediciones Antorcha, 1938, p. 43.

[98] Véase las intervenciones del diputado Ramos Pedrueza en: Legislatura XXIX, Año II - Período Ordinario - Fecha 19211019 – México, números de Diarios 16 al 26.

[99] Ramos Pedrueza, Rafael, Rusia soviet y México revolucionario. Vicente Guerrero, precursor del socialismo en México. México: Secretaría de Educación Pública/Talleres Gráficos de la Nación, 1922.

[100] Jeifets, Lazar, Victor Jeifets, y Peter Huber. La Internacional comunista y América Latina, 1919-1943: diccionario biográfico, p. 277.

[101] Benjamín Carrión, «Mis bodas de plata con México (1933-1958)», Cuadernos Americanos (México) núm. 100, julio-octubre, 1958, pp. 77-79.

[102] Ramos Pedrueza, Rafael (membrete: Encargado de negocios de México. Quito. Ecuador), a José Ingenieros, Quito, 24 de julio de 1925. AR ARCEDINCI ARCEDINCI FA-021-A-6-1-1815.

[103] Muñoz Vicuña, Elías. Temas obreros. Guayaquil: Departamento de Publicaciones de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Guayaquil, 1986, p.87.

[104] Anales de la Universidad Central del Ecuador, tomo XXXI, núm. 247, agosto-diciembre de 1923, p. 357.

[105] Ibíd., pp. 319-320.

[106] «L’ Affaires de Tacna-Arica et le Impérialisme Américain», La Correspondance Internationale, núm.32, 13 de marzo de1926, p. 288.

[107] http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo14/t3.htm, consultada el 8 de junio de 2015.

[108] Citado por: Véase: Jeifets, Lazar y Víctor Jeifets, «Los orígenes del Partido Comunista del Ecuador y la Tercera Internacional».

[109] Maldonado, Luis, Bases del PSE, p. 43.

[110] Ibíd., p. 43.

[111] Citado en: Jeifets, Lazar y Víctor Jeifets, «Los orígenes del Partido Comunista del Ecuador y la Tercera Internacional»

[112] La fuente procede del mismo Ghioldi y fue consignada en su presentación del libro: El camarada Victorio: semblanza de Victorio Codovilla de Valerián Goncharov, Moscú; Progreso, 1980.

[113] Páez, Ob. Cit., pp. 122 y 135.

[114] Leal, Alfonso, «La crisis del espíritu nacional», Esfinge (Quito) núm.2, febrero de 1926, p.1.

 

Cómo citar este artículo:

MELGAR BAO, Ricardo, (2016) “Marxismo y socialismo en el Ecuador: la cuestión de los orígenes”, Pacarina del Sur [En línea], año 7, núm. 26, enero-marzo, 2016. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 22 de Mayo de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1259&catid=3

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