Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
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Las dimensiones de la política.
El proceso político en San Francisco Oxtotilpan
[1]

El presente texto se trata de una serie de reflexiones sobre el proceso político en San Francisco Oxtotilpan, Municipio de Temascaltepec, Estado de México y las condiciones para llegar a entender este proceso.

Palabras clave: procesos, política, comunidad, antropología sociocultural, poder

 

Ha sido un problema construir un marco dentro del cual sería posible analizar y comprender el proceso político en ambientes no occidentales, con el acervo de datos y experiencias que se ha venido acumulando a través de las actividades de los antropólogos políticos, y el aislamiento de esta disciplina de otras disciplinas de las ciencias sociales en general y de las disciplinas políticas en particular ha retrasado su desarrollo.

 

La política y la antropología política

En todos los imaginables contextos, la antropología política es aparentemente la disciplina antropológica de más reciente creación y de más débil desarrollo. Lo atestiguan las palabras de un antropólogo noruego, hablando del sistema de cargos: “Todavía no tenemos un estudio detallado del carácter político del sistema de cargos"[3], igual que el hecho de que en el gremio antropológico se piensa por lo regular que la antropología política haya nacido con la publicación de “African Political Systems”[4] en 1940, lo que evidentemente nos presenta una paradoja, pues si, por un lado, la política es una actividad humana tan vieja y establecida que Aristóteles se vio motivado a definir al hombre genéricamente como un animal político, y los antropólogos manifiestamente son buenos y muy perspicaces observadores, entonces ¿cómo es posible que esta actividad humanamente universal hubiera escapado de su atención hasta una fecha tan reciente como 1940? Este dilema nos permite, si seguimos aceptando que la actividad política es de muy avanzada edad, plantear la pregunta: ¿de veras no existían antes de la entrada de los británicos en el campo en 1940 estudios dignos de ser etiquetados como de antropología política?

La antropología política nació en la antropología social británica, mientras que una rápida revisión de las obras de Franz Boas y Alfred L. Kroeber, los dos demiurgos de la antropología cultural norteamericana revela la total ausencia siquiera de las palabras “política” y “poder”[5]. La consecuencia del monopolio político de la antropología social británica y la inexistencia de cualquier referencia a lo político en la antropología cultural norteamericana ha producido una antropología política que se parece a un animal con cuatro patas traseras, pues aquella nueva disciplina que supuestamente nació en 1940, en “African Political Systems”, se fundamenta en el concepto de poder, un concepto que pertenece más al dominio de lo cultural que al dominio social, haciendo a un lado el concepto de control social que hubiera podido dar pie a otra antropología política.

 

Las dimensiones de la política

Una estrategia para resolver este dilema sería intentar disolver el poder en sus dimensiones constituyentes, siguiendo a Balandier, y buscar “a la vez los fundamentos, los procesos y las funciones del poder”[6], agregando lo que en los últimos años se ha vuelto un aspecto predilecto del estudio del poder, principalmente por parte del mismo Georges Balandier: la manifestación más o menos ritual del poder[7].

El poder tiene efecto, el poder es fuerza, y podemos buscar las huellas de esta fuerza en la toma de decisiones. Para encontrar las huellas de esta fuerza tenemos que buscar los roles desde los cuales se toman las decisiones, en los espacios diseñados exactamente para la toma de estas decisiones. De esta manera podemos primero pensar en los delegados y los demás ocupantes de cargos constitucionales, cuando se reúnen en el edificio de la delegación, pero podemos también pensar en ellos cuando se presentan ante la audiencia en el auditorio para rendir cuentas, atender solicitudes y enjuiciar.


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Aquí estamos en una espacio políticamente correcto en los fundamentos de la antropología política, pues ya en su declaración fundacional señaló Radcliffe-Brown que “la estructura social de cualquier sociedad incluye alguna diferenciación de roles sociales entre personas y clases de personas. El rol de un individuo es el papel que juega en la vida social total - económica, política, religiosa, etc. En las sociedades simples existe sólo un poco más que la diferenciación muy importante sobre la base del sexo y de la edad y el reconocimiento no institucionalizado del mando en el ritual, en la caza y en la pesca, en la guerra, etc. A eso tenemos que agregar la especialización del oficio más antiguo del mundo, el de curandero. Pasando de las sociedades simples a las más complejas, registrando un aumento en la diferenciación ente los individuos, y normalmente también alguna división de la comunidad de clases, más o menos definitiva. Como se desarrolla una organización política también surge una diferenciación, cada vez más clara, a través de la cual se le asignan a ciertas personas - los reyes, los jefes, los jueces, los caudillos de guerra, etc. - roles especiales en la vida social.  El tenedor de un oficio en este sentido esta dotado de cierta autoridad, y al oficio se le otorgan ciertas obligaciones y también ciertos derechos y privilegios. En África es frecuentemente muy difícil separar - aún como un experimento mental - el oficio político del oficio religioso o ritual”[8]. En San Francisco Oxtotilpan tenemos también roles claramente señalados, y separados entre roles políticos y roles rituales, que le permite al ocupante del rol tomar decisiones vinculantes o, como lo expresa otro estudioso del poder: “tomar la decisión como yo, pero pronunciarse como nosotros[9].

Pero el poder también tiene forma, una forma específicamente cultural, podemos buscar las huellas de esta forma cultural en el proceso de legitimación del poder. El espacio de los mayordomos y los mbexoques, es decir el catolicismo popular, constituye probablemente el espacio político más importante fuera del y en fuerte competencia con el espacio de la política formal, pues en este espacio se forja la legitimación del poder y de los miembros de la comunidad que ocupan los cargos políticos[10]. No existe en San Francisco Oxtotilpan una constitución política que especifique cuáles son las condiciones para ocupar un puesto político, pero sí existen con relativa claridad especificaciones de las condiciones para ocupar un cargo político. La primera condición inequívoca es que el candidato tiene que ser miembro de la comunidad, y aquí podemos recurrir a la reputación del sistema de cargos religiosos para decidir quiénes son los miembros de la comunidad y quiénes son los forasteros. Una persona que ha cumplido sus obligaciones como mbexoque y como mayordomo es por definición miembro de la comunidad y puede ser candidato a un cargo político. Pero podemos llegar un poco más lejos en nuestra evaluación del sistema de cargos como herramienta de legitimación en la arena política en San Francisco Oxtotilpan, pensando que “la organización de un sistema jurídico se fundamenta en la concepción básica que tal sistema tiene del ser humano; la correspondiente imagen del ser humano es el secreto regulador de cada sistema de derecho”[11], y que lo mismo vale para un sistema político: la concepción básica del ser humano en San Francisco Oxtotilpan encontramos encapsulada y expresada en el sistema de cargos religiosos. Un candidato a un cargo político en San Francisco Oxtotilpan no solamente tiene que ser miembro de la comunidad, tiene también que ser un miembro respetado de la comunidad, y tal respeto se adquiere a través de la participación en el sistema de cargos.

Como prueba de este postulado podemos primero ver las respuestas que me dieron los mayordomos y los mbexoques en mis cuestionarios. En seguida se presenta una selección de las respuestas de los mayordomos de 2003 en San Francisco Oxtotilpan a la pregunta: “¿Qué significa para usted ser mayordomo o mbexoque?”:

-                      “ACEPTÓ SER FISCAL PORQUE ES CREYENTE, NO GANA NADA, SOLAMENTE LOGRA DAR UN SERVICIO SOCIAL, Y SER MAYORDOMO ES PARA EL UNA COSTUMBRE QUE UNO TIENE QUE PAGAR”

-                      “ACEPTÓ EL CARGO DE MBEXOQUE POR SEGUIR LAS COSTUMBRES Y GANA LA SATISFACCIÓN, Y PARA EL ES UNA SATISFACCIÓN ESPIRITUAL BASTANTE BONITA”

-                      “ACEPTÓ SER MAYORDOMO PORQUE COMO CIUDADANO TIENE UNA OBLIGACIÓN A CUMPLIR, CON SU CARGO GANA MUCHAS BENDICIONES DE DIOS Y SIGNIFICA PARA EL UNA SATISFACCIÓN MUY BONITA”

-                      “ACEPTÓ SER MBEXOQUE PORQUE HAY QUE CUMPLIR CON LAS COSTUMBRES DEL PUEBLO, NO GANA NADA PERO SÍ APRENDE ALGUNOS NOMBRES DE ALGUNAS IMÁGENES QUE ANTES NO CONOCÍA”

-                      “SER MAYORDOMO SIGNIFICA ATENDER A LAS PERSONAS, EL ACEPTÓ EL CARGO POR SER CIUDADANO DE SAN FRANCISCO OXTOTILPAN, Y CON EL CARGO LOGRA DAR SERVICIO A LA COMUNIDAD”

-                      “ACEPTÓ SER MBEXOQUE PARA CUMPLIR CON LAS COSTUMBRES, ES SU PRIMER CARGO Y TAMPOCO HA OCUPADO CARGOS CIVILES EN LA COMUNIDAD”[12].

En segundo lugar, podemos atacar el problema estadísticamente: en San Francisco Oxtotilpan no encontramos a un solo miembro de la comunidad que haya ocupado un cargo político sin primero pasar por el sistema de cargos y haber ocupado cargos religiosos como mbexoque y como mayordomo[13].

En tercer lugar, un caso algo especial tiende a confirmar que la legitimación del poder político se hace a través de los cargos religiosos, pues en 2001 ocupó Don Feliciano Benítez el cargo de fiscal, sin antes haber ocupado ningún cargo religioso en absoluto, lo que es notable, ya que antes había ocupado todos los cargos políticos en la comunidad, en la delegación y en el contexto de las tierras comunales y las tierras ejidales[14]. Su ocupación del cargo de fiscal, el cargo más elevado en la comunidad, ocurrió en el transcurso del conflicto electoral que había catalizado el fraude electoral en el Municipio de Temascaltepec en 2000, y hay que tener en mente que Don Chano es un hombre de alrededor de setenta años, que es la indiscutible líder de la facción priísta en San Francisco Oxtotilpan y que es también en cualquier contexto un especialista en la política de la comunidad, tanto en el sentido de conocedor como en el sentido de operador.


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El poder se tiene que mostrar, si el poder no se muestra no funciona - “todo sistema de poder es un dispositivo destinado a producir efectos, entre ellos los comparables a las ilusiones que suscita la tramoya teatral”[15] - y esta cratofanía encontramos en las funciones públicas que se llevan a cabo en la comunidad, en particular en el seno del sistema de cargos religiosos.

En la misa se exhiben tres cosas que en conjunto conforman el poder de la iglesia católica: el espacio de la iglesia católica, el sacerdote y las parafernalias sagradas de la iglesia católica, desde los santos hasta la hostia y el vino sagrado. No se requiere una vista muy aguda para darse cuenta de que la exhibición del espacio de la iglesia católica es la exhibición de un espacio cargado de poder, pues las palabras que se pronuncian en este espacio, en primer lugar tienen que subordinarse a las reglas particulares que rigen en este espacio y, en segundo lugar, las palabras que se pronuncian en este espacio se convierten en palabras que poseen un poder muy peculiar, pues se convierten en promesas y amenazas, un abogado diría que son vinculantes.

En la participación de los mayordomos y los mbexoques en la misa se subordinan los representantes del pueblo, los cargueros y sus ayudantes, a las normas de la iglesia católica, pues participan en un ritual que se lleva a cabo de acuerdo a la normatividad de la iglesia católica en el espacio formal y real de esta iglesia, y la persona que dirige y ocupa el espacio central en este ritual es el que a todas luces y de la manera más oficial y formal es el representante de la iglesia católica: el sacerdote. En estos rituales se confirma la relación jerárquica de las autoridades de la Iglesia Católica oficial y del catolicismo popular, pero ambas autoridades se colocan claramente encima de la feligresía, o sea los miembros rasos de la comunidad.

En los rituales de los mayordomos y los mbexoques se expresa simbólicamente la autoridad de los integrantes del sistema de cargos religioso, en cuanto representantes de la comunidad y sus miembros. Una vez más se enfatiza el poder y su sacralidad por el espacio en el cual se lleva a cabo: la iglesia, la sacristía y el espacio alrededor de la iglesia, con la cocina de los mbexoques, incluyendo también la ruta de las procesiones alrededor de la iglesia y su patio.

En los rituales compartidos entre los mayordomos, los mbexoques y las autoridades civiles, se muestra claramente el poder: el poder se ve en su desempeño, con su legitimación que emana de los cargos religiosos. En la foto del mayordomo entrante que recibe su vara, el símbolo visual y palpable de su autoridad, de las manos de los delegados, se ve el poder secular legitimando al poder sagrado, pero al mismo tiempo se ve al poder sagrado subordinándose al poder secular.

 

Conclusiones

La disolución del poder en sus varias dimensiones constituyentes ha servido para captar el poder y la dinámica en la comunidad San Francisco Oxtotilpan – “los fundamentos, los procesos y las funciones del poder”, para citar una vez más a Georges Balandier – en la ausencia de una definición operacional del poder.

Esta operación pone en el centro la exigencia de Abner Cohen, de construir una antropología “redonda”[16], que sea realmente socio-cultural, y no solamente social, como es la antropología británica, y no solamente cultural, como es la antropología norteamericana.

Queda abierta la cuestión de si será posible, partiendo del tríptico que ha sido presentado aquí, acercarnos otra vez a un concepto de poder que nos puede servir.

Quisiera terminar citando a Roberto Varela, con quien hablé poco tiempo antes de su muerte: “si podemos construir una definición correcta del concepto de poder, ya hemos avanzado mucho”. Es mi opinión que falta todavía un buen tramo.

 


Notas:

[1] Ponencia para el evento “ANTHROPOS 2007”, realizado en La Habana, 5-9 de Marzo del 2007.

[2] Antropólogo de la Universidad de Copenhague, Maestro y Candidato a Doctor en Ciencias Antropológicas por la UAM Iztapalapa, Profesor-Investigador de la Maestría en Antropología Social de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH-INAH).

[3] Siverts, 1965: 340.

[4] Fortes & Evans-Pritchard, eds., 1940. Así piensan Georges Balandier (1976: 17), H. J. M. Claessen (1979: 19), Ted Lewellyn (1992: 13), Max Gluckman (1978), igual que Esteban Krotz y Andrés Fábregas (1976: 15), M. G. Smith (1974: 13-14) y Elizabeth Colson (1979: 19, haciendo referencia a Easton, 1959) entre otros.

[5] Véase, sin embargo, algunos de los comentarios de Claude Lefort.

[6] Riviére, 1996: 118.

[7] En Eric Wolf, 2001 y Balandier, 1994 (es justo recordar que fue Georges Balandier que introdujo seriamente el estudio de la relación entre lo sagrado y la política, en Balandier, 1976).

[8] Radcliffe-Brown, 1940: XXI.

[9] Dice W. J. M. Mackenzie que “al final formulé el problema verbal para mí mismo como el de la primera persona singular y la primera persona plural; en qué contexto utilizo yo propiamente la palabra nosotros?” (Mackenzie, 1978: 12).

[10] M. G. Smith ha desarrollado un marco conceptual cuyo núcleo es la distinción entre “autoridad” y “poder”: el establece que “el poder en lo abstracto es la capacidad de actuar de manera efectiva sobre personas o cosas o asegurar la toma de decisiones favorables que no les son adjudicadas por derecho a las personas o sus roles”, mientras que “la autoridad es en lo abstracto el derecho a tomar una decisión particular o exigir obediencia, ya que el acto de exigir siempre implica por lo menos una decisión de este tipo” (Smith, 1960: 18-19). De este contraste deriva la dicotomía entre “política” y “administración” que son en su opinión los componentes del “gobierno”. “El gobierno es el manejo, la dirección y el control de los asuntos públicos de un determinado grupo o unidad social” (Smith, 1960: 15), por medio de actividades políticas y administrativas, y “mediante la acción política se toman las decisiones acerca de la manera en que se tienen que regular y llevar a cabo los asuntos públicos, y acerca de los modos, las funciones y las metas del gobierno. Los actos que se efectúan para conducir este asunto público y coordinar las varias actividades del gobierno son de carácter administrativo” (Smith, 1960: 15). Las acciones políticas y administrativas se pueden ver como dos sistemas opuestas pero claramente interdependientes. Aquella es un sistema de “relaciones de poder, implicando competencia, coalición, compromiso y actividades similares”, mientras que “el sistema de acción administrativa, a través de la cual se lleva a cabo, es un sistema de relaciones, orden, obligaciones y derechos autorizados” (Smith, 1960: 15).

[11] La cita es de una obra del fundador del moderno derecho laboral alemán, Sinzheimer (1933: 5).

[12] Las respuestas aquí reproducidas son una selección de las respuestas al cuestionario a los mayordomos y sus mbexoques en 2003. Las respuestas dicen mucho acerca del idioma culturalmente espcífico que rige en San Francisco Oxtotilpan.

[13] La única excepción a esta regla es el caso de un delegado que no había ocupado ningún cargo religioso antes de ocupar el puesto de delegado, pues era miembro de los Testigos de Jehová.

[14] Don Chano Benítez tiene una comprensión muy precisa y muy aguda de los dominios respectivos de los cargos políticos y los cargos religiosos, pues una vez que le sugerí colocar hipotéticamente un proyecto de desarrollo en la comunidad bajo la responsabilidad de los mayordomos, me contestó sin titubear que “no, no se puede, pues eso es autoridad de los delegados”.

[15] Balandier, 1994: 16.

[16] Cohen, 1979.

 

Bibliografía:

Balandier, Georges  (1976). Antropología política, Barcelona, Libro del Bolsillo.

Balandier, Georges (1994). El poder en escenas. De la representación del poder al poder de la representación, Barcelona, Paidós.

Claessen, H. J. M. (1979). Antropología política, México, UNAM.

Cohen, Abner (1979). “Antropología política: El análisis del simbolismo en las relaciones de poder”, en J. R. Llobera, ed.: Antropología política, Barcelona, Anagrama, 1979: 55-82.

Colson, Elizabeth M. (1968), “Antropología política”, en J. R. Llobera, comp.: Antropología política, Anagrama, Barcelona, 1979: 19-25.

Easton, David (1959). "Political Anthropology", en Biennial Review of Anthropology, 1959, Stanford, Stanford University Press.

Fábregas,  Andrés (1976). Antropología política. Una antología, México, Prisma.

Fortes, Meyer & E. E. Evans-Poritchard, eds. (1940). African Political Systems, London, Oxford University Press for the International African Institute.

Fortes, Meyer & E.E. Evans-Pritchard (1940A). Editors' Note (Traducción de Leif Korsbaek).

Gluckman, Max (1978). Política, derecho y ritual en la sociedad tribal, Madrid, Akal.

Lasswell, Harold & Abraham Kaplan (1950). Power and Society. A Framework for Political Inquiry, New Haven, Yale University Press.

Lewellen, Ted C. (1992). Political Anthropology: An Introduction, Bergin & Garvey, Westport.

Mackenzie, W. J. M. (1978). Political Identity, Harmondsworth, Penguin Books.

Radcliffe-Brown, A. R. (1940). "Prólogo", en Meyer Fortes & Evans-Pritchard, eds, 1940: XI-XXIII (Traducción de Leif Korsbaek).

Riviére, C. (1996). “Balandier, Georges”, en Bonte & Izard, eds.: Diccionario Akal de Etnología y Antropología, Barcelona, Akal, 1996: 117.

Sinzheimer, H. (1933). "Das Problem des Menschen im Recht", Gröningen.

Siverts, Henning (1965). "The Cacique of Kancuk: A Study of Leadership in Highland Chiapas", Estudios de Cultura Maya, Vol.V, 1965.

Smith, M. G. (1960). “Social and Cultural Pluralism”, en Dorothy Keur & Vera Rubin, eds.: Social and Cultural Pluralism in the Caribbean, New York, Annals of the New York Academy of Sciences.

Smith, M. G. (1974). "Prólogo: El estudio antropológico de la política", en Llobera, comp.: Antropología política, Barcelona, Anagrama, 1979: 7-15.

Wolf, Eric R. (2001). Figurar el poder. Ideologías de dominación y crisis, México, CIESAS.

 

 

[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

KORSBAEK, Leif, (2012) “Las dimensiones de la política. El proceso político en San Francisco Oxtotilpan”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 10, enero-marzo, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 16 de Noviembre de 2018.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=374&catid=3[/div2]

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