Pacarina del Sur
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Los usos de la sátira en la prensa anarquista mexicana del período revolucionario. Regeneración 1910-1918

La prensa anarquista se valió de diversos recursos para expresar sus ideas, siendo los discursos irónicos o satíricos algunos de los más socorridos, gracias su eficacia argumentativa, que incrementaba la recepción positiva en el público lector. En este trabajo exploraremos los usos y recursos del humor y la sátira en la prensa anarquista del México revolucionario a través de las páginas del periódico Regeneración.

Palabras clave: anarquismo, sátira, tropos, ironía, prensa, México

 

El anarquismo mexicano integró en sus filas a importantes combatientes de las filas de la izquierda, gracias a su oposición al régimen porfirista, que ejerció su influencia desde fines del siglo XIX. Fueron ellos mismos quienes más tarde engrosaron las filas de aquellos exiliados, que desde las trincheras del destierro, atacaron las bases de la dictadura y llamaron a la emancipación, de la que la Revolución Mexicana se convirtió en baluarte. De entre estos, destacaron los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón, fundadores del Partido Liberal Mexicano (PLM), y principales representantes de la ideología libertaria en México, quienes tras su exilio en la ciudad de Los Ángeles fungieron como portavoces del pensamiento ácrata.


“Jardín zoológico mexicano”, Regeneración, núm. 122 (1 de enero de 1913), p. 1.

El PLM tuvo como principal vocero al periódico Regeneración, que con sus casi 400 números, publicados entre 1900 y 1918, mostró ampliamente los avatares del pensamiento anarquista. No solo de México, sino de aquellos libertarios norteamericanos que se sumaron a su causa, irradiándolo más allá de sus fronteras.  Regeneración, siguiendo los preceptos del pensamiento anarquista, atacó a los representantes del poder mexicano, siendo Porfirio Díaz uno de los primeros blancos, con todo y su aparato represor. Más tarde, cuando la revolución que había estallado en noviembre de 1910 se encontraba en su apogeo, figuras como Francisco I. Madero, Victoriano Huerta, Venustiano Carranza, entre otros, que les representaban una manifestación tangible de los enemigos del anarquismo y de la revolución social.

La revolución mexicana representó, ante la mirada anarquista no solo un movimiento armado contra el régimen porfirista. Significó la materialización de los ideales de libertad y emancipación, pregonados desde hacía tiempo, razón por la que desde sus inicios fue seguida de cerca. Así pues, sus tempranos llamados a la emancipación, su detallado seguimiento del curso de la Revolución y su notoria oposición a los regímenes autoritarios, convierten a este periódico en referente indispensable de la lucha revolucionaria en México. Muchos de sus redactores se valían de las hazañas de los caudillos, entre ellos Francisco Villa y Emiliano Zapata, para ensalzar los ideales anarquistas, tratando de mostrar que el movimiento encabezado por estos caudillos estaba en concordancia con los anhelos libertarios.

Muchos de ellos, presentaban en sus artículos algo más que denuncias o defensas del anarquismo; plasmaban sus impresiones acerca del movimiento revolucionario y los ideales anarquistas, haciendo énfasis en su evidente concordancia con el pensamiento libertario. La retórica anarquista se valió en muchas ocasiones del discurso satírico, en el que a través de ironías, burlas, sarcasmos, chistes, metáforas, etc., mostraron su opinión respecto a las figuras aludidas, reforzando la imagen muchas veces heroica de los líderes revolucionarios, y sobre todo de las masas que los acompañaban, contrastándola con la de los “enemigos” aludidos.

De acuerdo con la propuesta  de James Scott, los sectores que tradicionalmente han estado bajo regímenes autoritarios o alguna forma de opresión, desarrollan peculiares formas de expresión, que en cierta manera les sirven para separarse de sus enemigos. Al tiempo que muestran sus opiniones y de alguna manera “descargan” sus frustraciones, con lo que desarrollan un lenguaje alterno al oficial, que sólo se expresa a nivel individual o de grupo y en muy raras ocasiones es difundido.[1] Sin embargo, en el caso de los redactores de Regeneración, más que desarrollar un discurso alterno, que se expresara a nivel individual o en grupos reducidos, se reprodujo en los medios impresos, dejando que miles fueran testigos de este lenguaje, y lograran su propagación, lo que los distinguió, dándoles una identidad ideológica. Regeneración, si bien no fue un periódico de corte expresamente satírico, como El Hijo del Ahuizote, también dirigido por los Flores Magón, sí contó con colaboradores que utilizaban uno o vario recursos de la sátira o la ironía en sus contribuciones.

Lo risible en Regeneración, incluye un poco de ironía, un poco de sarcasmo, de metáfora y uno que otro insulto. El humor, en contraste con la seriedad y formalismos importados en un país –y un continente en general- en el que las normas de etiqueta traídas de Europa resaltaban los formalismos y lo serio como la norma ideal de conducta, rompía con los estereotipos conductuales de la época.[2] Sin embargo, la risa también servía para expresar indignación, por lo que la misma ironía que se utilizaba para aludir a características físicas de personajes como Francisco I. Madero se usaba también para resaltar sus deficiencias morales:

… es un chimpancé vicioso, no se explica uno cómo natura pudo engendrar semejante imperfección, un ejército de Eunucos sin columna vertebral le rodea, mostrando orgullosos la vergonzosa cicatriz de su castración. Lo llaman Francisco I. Madero ciudadano Presidente de México, pero yo le llamo el matarife del pueblo.[3]


El doble discurso, en el que las alusiones a la condición animal, y por tanto irracional de Francisco I. Madero, quien había traicionado los ideales de la lucha revolucionaria, servía para, de alguna forma, justificar su proceder y, al mismo tiempo, condenarlo: su condición animal le impedía razonar debidamente. Este “chimpancé rabioso”, que se rodeaba de “un ejército de Eunucos”, había traicionado la causa, convirtiéndose en el verdugo de la misma gente que le había otorgado el poder, por lo que el apoyo o simpatía hacia él, se convertía en sí misma en una traición, digna de seres irracionales e imposibilitaba al mismo Madero a ostentar un poder para el que no tenía facultades int electuales para ejercerlo.

Este tipo de alusiones, que no se limitaban a la pluma de Moncaleano, no eran de ninguna manera gratuita: la bestialización de los enemigos, que los convertía en monstruos, algo menos que seres humanos, única manera de “comprender” sus atentados contra la dignidad humana, justificaba la confrontación a la que eran objeto y los incapacitaba para ejercer su autoridad sobre los seres humanos racionales; razón de más para hacerles frente.

 

Las diversas caras de la sátira

La sátira, discutida frecuentemente en los ámbitos literarios, es una oración que altera el significado de un discurso, dándole uno completamente opuesto, siendo este su principal objetivo. El propósito fundamental de la sátira es el de expresar un significado negativo, toda vez que es frecuentemente utilizada con el objetivo de denunciar o descalificar. La sátira abarca diferentes aristas o tropos, que expresan estos pensamientos combativos de distintas maneras.[4]

La sátira y sus tropos como recursos escriturales han tenido un importante uso al ser utilizados como medio que articula el discurso crítico y el humor, utilizando diversas formas, como como la lírica, la metáfora, la ironía, la parodia, la alegoría. Algunos de los tropos de la sátira que los redactores de Regeneración privilegiaron son la ironía, la caricatura, la parodia, el humor, etc. Mismos que sirvieron para marcar un claro contraste entre las representaciones de las figuras heroicas del movimiento armado y aquellas que significaban una amenaza para el curso de la emancipación que el país estaba viviendo, encarnado en las figuras de autoridad, así como los ostentadores del poderío económico.

La ironía recurre a un tono burlesco y a la vez amargo, que equilibra el enlace entre forma y sentido. Así pues, una frase común y corriente puede convertirse en una mordaz crítica si incorpora un argumento irónico, que resalta los defectos de la realidad, y que más que llamar a la risa, llama a la reflexión:

Ayer, se torturaba a las víctimas en las cuevas del Santo Oficio; ahora, en las estaciones de policía. Antaño, eran manos piadosas las que cristianamente mordían con las tenazas las carnes de las gentes; manos santas eran las que encendían el fuego que lentamente, muy lentamente, para aplacar la cólera divina, había de achicharrar el cuerpo del hereje; manos eucarísticas vaciaban santamente los ojos de los enemigos de la Iglesia.[5]

El discurso libertario se nutrió de los recursos propios de la sátira y sus tropos, mismos que tuvieron una significativa presencia. La caricaturización, menos frecuente que el discurso irónico plasmó visualmente los contrastes entre los héroes y sus enemigos. En el discurso irónico se puede vislumbrar, más allá de una oposición entre el bien el mal, un contraste entre capacidades. Es decir, los “malos”, aquellos con capacidades intelectuales poco menos que animalescas, con todo su poderío, todo su aparato represor y sus recursos, no eran capaces de hacer frente a las hordas de salvajes, bárbaros y marginados que les hacían frente, aquellos que sólo tenían en su favor una capacidad intelectual superior, que los hacía aprovechar al máximo los pocos recursos con los que contaban:

Tal parece que la proximidad de los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad se van vislumbrando en todos los actos de nuestros hermanos rebeldes; y esto y no otra cosa, es lo que hace que los burgueses de México y de todas partes –en primer lugar de las bolsas financieras de Wall Street, de Nueva York- se les pongan los pelos de punta al considerar que los rebeldes mexicanos han comprendido que no deben dejares que los bandidos de levita los exploten y roben, apoyados de ese cubil de sanguijuelas que se llama Gobierno y que está en maridaje con los buitres de sotana, con el único fin de extorsionar al infeliz obrero que hasta ahora había permanecido sordo a las prédicas de los hombres que sinceros y desinteresados trataron de mostrarle al desnudo a sus opresores, por cuyo delito los perros del dinero, del poder y de la iglesia los ha mandado sacrificar, creyendo esos estúpidos que con eso se escaparían de las iras de los trabajadores. Pero… qué contrario se les ha puesto el viento, y ahora si que de veras es el pueblo soberano, no coma tienen la costumbre los esbirros del Capital de darle esa canción al pueblo cuando lo necesitan para que vaya a votar para que los bandidos se apoderen de la “matona” y luego se encaramen sobre los hombros del sufrido obrero. Pero “que gran rabo les ha salido ahora con eses obrero paciente”.[6]

El discurso satírico anarquista, más que mostrar los antagonismos entre el bien y el mal, buscaba destacar la ineptitud del enemigo, frente a las grandes cualidades del proletariado, campesinos y jefes revolucionarios. La ridiculización del contrario buscaba poner en escena su incapacidad para hacer frente a la gran masa que les hacía frente y que los “dominaba”. No por ser más fuerte, sino por un mejor aprovechamiento del intelecto y de los pocos recursos materiales que poseían. La burguesía, aun con todo su poderío económico, no seria suficiente para detener la oleada revolucionaria.

 

Las armas de papel son más eficaces

El poder que la palabra escrita otorgó a los movimientos sociales del siglo XIX resultó significativo, porque representó un mundo de posibilidades de expresión y difusión, en el que los medios de propaganda impresos permitían una gran capacidad de transmisión; más allá de los contextos locales que, por diversas razones, limitaban la expansión de su pensamiento. Desde sus trincheras periodísticas, los redactores de Regeneración dieron rienda suelta a sus críticas contra el sistema imperante y sus representantes, utilizando los mismos recursos con que atacaban al enemigo, para enaltecer a sus héroes, por lo que los combates librados en los medios impresos resultaban más épicos que los efectuados en los campos de batalla revolucionarios.

El ingenio y el uso mordaz del lenguaje reforzaban el mensaje que buscaba debilitar la imagen de los poderosos, encarnados en terratenientes, gobernantes y comandantes militares tanto nacionales como extranjeros. El poder de la prensa radicaba en su poder de difusión y como modelador de conciencias, que orientaban a los lectores hacia cierto ideal o causa política o social, exponía los errores y vicios de los representantes del poder político, económico y militar, contrastándolos con las virtudes y hazañas de los caudillos, mostrando un panorama bastante amplio de la situación –y tensión– política y social del México revolucionario.[7]

 

Figuras retoricas a contraste

Los anarquistas plasmaron en las páginas de Regeneración su desprecio a toda forma de autoridad y por tanto, de opresión. La presencia de la sátira y sus tropos, como la ironía o la caricatura –más verbal que visual– fue constante. Así, no solo los calificativos despreciativos hacia los “enemigos”, sino la ridiculización se hicieron presentes en personajes como Francisco I. Madero, –“El Enano”, “Reptil”, “Chimpancé Vicioso”, “Jesuítico Político”–; Venustiano Carranza, –“Barbas de Chivo”, “El Jesuita”, “El Negrero”–; Porfirio Díaz,, –“El Porfisaurio”, “El llorón de Icamole”, “El Nerón Mexicano”–, entre otros. En contraste con la reivindicación de la figura de los caudillos como Emiliano Zapata, –“Atila del Sur”, “El Tigre de Ayala”, “El Héroe del Pueblo”–, Francisco Villa, –“Centauro del Norte”, “Napoleón”, y, más notoriamente, de las masas que los acompañaban, y que eran los verdaderos representantes de la lucha revolucionaria:

Hoy, más que nunca, la paz burguesa está muy lejos; la paz fundada en la sumisión forzosa de los de abajo; la paz maldita de las bayonetas. La burguesía llora lágrimas de sangre por esa paz, ida tal vez para siempre. La ley de las multitudes es lo que impera: una ley que carece de las ondulaciones de serpiente de la ley burguesa; una ley sin recodos, sin trampas, sin escondites; una ley de acero que no está escrita en ningún código; la ley natural que no necesita de abogados que la interpreten, ni jueces y magistrados de levita que la apliquen. Son hombres de huarache y calzón blanco los que mandan, sobre todo en las regiones donde operan fuerzas verdaderamente revolucionarias, las que expropian y cuelgan burgueses y autoridades y frailes; son hombres de huarache y sombrero de petate los que han tomado la ley en sus manos, la ley no escrita, la hermosa ley natural que dice que todos somos iguales, que todos tenemos derecho a un asiento en el bran banquete de la vida, que nadie debe estar una pulgada arriba de los demás. Y, sencillos y rudos, esos justicieros, con la misma sencillez con que ponen un pedazo de tortilla en la boquita de un niño, ponen en el cuello del burgués la cuerda que ha de estrangularle.[8]

Destacamos la pluma de Francisca Mendoza, como ejemplo evidente del uso de la sátira como forma de expresión. El discurso satírico tuvo una importante presencia en sus contribuciones en Regeneración, en las que con ingenio nutrió este género con sus comentarios punzantes acerca de los procederes de los personajes que, en ese momento (1912, sobre todo), encarnaban la figura del enemigo del ideal libertario, siendo principalmente Madero y Carranza blanco de sus críticas. Durante 1912 siguió de cerca el curso de la revolución valiéndose principalmente de la prensa opositora al movimiento, lo que sirvió para reforzar su discurso irónico:

Con los colores más espeluznantes notifica la prensa burguesa de la capital de México la obra que los revolucionarios de Emiliano Zapata están llevando a cabo en el sur de la República, pues dice la prensa que son una “horda de asesinos, sanguinarios y que sólo están sembrando en la patria el terror y la desolación”. La Revolución mexicana y los actos de justicia que los revolucionarios –en primer lugar los que acompañan a Zapata– están practicando con los burgueses y gobernantes, no son crímenes como la prensa oficial los quiere hacer aparecer, sino un rasgo de la hermosa Revolución Social que está muy cerca de triunfar en la República Mexicana.[9]

Mendoza destaca la obra de los combatientes revolucionarios, cumpliendo una doble función: subrayar la labor de aquellos rebeldes, y rebatir las declaraciones de la prensa, que parecía querer ocultar los detalles de lo que en realidad ocurría, dando al curso de la revolución un cierto carácter de irrealidad, en el que las hazañas de los revolucionarios, y las condiciones que realmente imperaban en el país eran sustituidas por visiones idílicas de la labor emancipadora: “[…] por más que el Gobierno a cada paso dice que ya los acabó, pero como los revolucionarios están en ‘gracia de dios’ ‘se mueren y resucitan al tercer día’”.[10]

La campaña antimaderista de Regeneración se nutrió de comentarios alusivos no sólo a apariencia física del entonces presidente, destacando sobre todo su corta estatura (“enano bandolero”),[11] sino claras alusiones a su futuro en manos de los rebeldes (“¡Ah, Chatito, te huele a mecate el pescuezo!”),[12] y su decepción ante lo que consideraban una traición a los ideales revolucionarios que los habían llevado al poder.


Regeneración, núm. 142 (24 de mayo de 1913), p. 1
El discurso antimaderista de Juan Francisco Moncaleano recurrió al uso de la metáfora como medio de expresión, para expresar los contrastes de los frentes en oposición. La simbolización anarquista del enemigo buscó en todo momento su deshumanización, separándolo de los seres racionales que buscaban la libertad, como lo mostró Moncaleano en esta metáfora, impregnada de tintes dantescos:

¡Ah, chacal, levanta tu cabeza!, no importa que tus ojos se enrojezcan, no me amedrentan los rayos de tu cólera simiesca... levanta tu cara, cosaco, despiadado, esa cara charra que la Naturaleza se negó a darle perfil de hombre, eres chato; el rasgo característico del hombre se avergonzó de aparecer en ti. Emperador de las cloacas del Estado […] enano de piernas y de cerebro es el que en nombre de su inspiración de espírita de teatro cínico y escamoteador, asaltó en el camino del progreso a la libertad de un pueblo, la acogotó y ante la, faz de mundo la violó, apoyado por, el cerdo burgués americano y navegando apoyado por los remos de su infinita desfachatez, va por un mar de lágrimas y de sangre […] En tu cerebro no hay sino reptiles y en tu corazón sólo anidan bajezas […] los cascos de los caballos que tiran del carro del progreso, no te han aplastado porque no te han encontrado, eres demasiado pequeño, no mereces el honor del desprecio, te dejo como eres, ridículo, tus glorias macabras sólo pueden ser relatadas en el fondo de una selva africana, teniendo por oyentes a los reptiles.[13]

 

Libertarios que luchan contra la “serpiente de tres cabezas”

La ideología anarquista proponía la disolución de todos los sistemas de gobierno Argumentando que son sólo un instrumento de represión y no contribuyen al desarrollo del ser humano, al contrario, merman su libertad, considerada un derecho natural, por lo que el estado ideal de la humanidad es un mundo sin gobernantes, por lo tanto, sin represiones o limitaciones. El ideal máximo del anarquismo es la libertad total del ser humano, por lo que la rebelión tenía como fin último conseguir esa condición, aunque significara sacrificar la vida en la batalla épica contra el monstruo apocalíptico:

Si no te rebelas contra esos tres monstruos criminales, será porque quieres seguir besando las cadenas que te oprimen, y si no quieres que tus hijos maldigan de ti, únete a las filas del Partido Liberal Mexicano, ya que este es el único Partido que en el terreno de las ideas y de la acción, lucha por conquistar la libertad y el bienestar del proletariado universal, el único que lucha por hacer de todos los pueblos del planeta Tierra uno solo, eliminando fronteras y aplastando a esa serpiente de tres cabezas, Gobierno, Capital y Clero. [14]

La figura de la serpiente inmediatamente remite al lector al relato bíblico del pecado original, cuando la legendaria serpiente indujo a Eva a comer de aquel fruto prohibido. Al aludir a esta “serpiente de tres cabezas”, no sólo se ha destacado al enemigo en su calidad de fiera, lo que lo convertía en algo menos que humano, sino que se le mostraba como la triple encarnación del pecado, aquel que causaba la perdición de toda la humanidad, muy similar a aquella bestia apocalíptica de siete cabezas, causante de la perdición del mundo moderno.[15]

Y es por eso, por matar á la serpiente venenosa que los mexicanos empuñan el fusil, para dar por tierra de una vez, con el robo hecho ley, con la maldad hecha cruces, y con el burgués hecho tirano, y cantar alegres y abnegados la bienvenida hora de paz y libertad. Y caen los templos, se incendian las leyes, se borran las propiedades, y el sol sobre la tierra cae de lleno en las frentes de los aztecas, inundando de luz su cerebro bizarrísimo. Y huyen los que creyeron vivir del sudor y de la sangre proletaria, á otros lugares, donde puedan engañar, y vivir sin hacer nada y la prensa mercantil, inserta en sus columnas párrafos soeces, para aturdir á los hombres que aun ignoran que son hombres como los demás, y que la naturaleza les dio los mismos dones.[16]

 

Reflexiones finales

La prensa anarquista fue una eficaz arma de combate con los discursos irónicos, que englobaron diversas expresiones de este recurso, como un medio risible de ensalzar las virtudes de los caudillos revolucionarios y la gran masa indígena y campesina que los acompañaba y hacer así un contraste que resaltara los defectos y deficiencias de los enemigos de la libertad. El discurso irónico, lejos de quedarse en la burla como fin último, golpeó el orgullo de los aludidos, al verse rebajados a seres irracionales, y en muchas ocasiones a algo menos que seres humanos.

En este trabajo presentamos un acercamiento de las formas de resistencia y oposición de la prensa libertaria ante los embates del enemigo no sólo de la Revolución, sino del pensamiento libertario mexicano, presente en su más importante medio de difusión y las categorizaciones más socorridas.

El discurso irónico anarquista fue más allá de contrastar figuras del bien y del mal. Tenía por intención mostrar las ineptitudes del enemigo, ante la fuerza arrolladora de la masa descontenta, que se ponía al frente de la lucha armada. La frontera entre la seriedad y la risa se vuelve difusa, toda vez que no se sabe bien dónde termina una e inicia la otra.

 


Notas:

[1] Scott, 2004.

[2] Melgar Bao, 2010: 364.

[3] Moncaleano, Juan Francisco, “Bandera roja”, Regeneración, núm. 122, 4ª época, 1 de enero de 1913. p. 1.

[4] Beristaín, Helena, Diccionario de retórica y poética, México, Porrúa, 1995.

[5] “La Santa Inquisición”, Regeneración, núm. 226, 4ª época, 19 de febrero de 1916. p. 1

[6] Mendoza, Francisca, “¡No más capital! ¡Abajo el Estado! ¡Muera la Religión!”, Regeneración, Núm. 110, 4ª época, 5 de octubre de 1912, p. 2.

[7] Gantus, 2004.

[8] Flores Magón, Ricardo, “La situación”, Regeneración, núm. 204, 4ª época, 12 de diciembre de 1914. p. 1.

[9] Mendoza, Francisca, “¡Paz! ¡Paz! Grita aterrorizado el enano Madero”, Regeneración, Núm. 104, 4ª época, 24 de agosto de 1912, p. 2.

[10] Mendoza, Francisca, “¡Avante, hijos del Pueblo! El triunfo será nuestro”, Regeneración, Núm. 96, 4ª época, 29 de junio de 1912, pp. 1-2.

[11] Mendoza, Francisca, “Viva la Revolución Social”, Regeneración, Núm. 109, 4ª época, 28 de septiembre de 1913, p. 3

[12] Flores Magón, Ricardo, “Notas al vuelo”, Regeneración, núm. 50, p. 2.

[13] Moncaleano, Juan Francisco, “No claudicaré”, Regeneración, núm. 112, 4ª época, 19 de octubre de 1912. p. 1.

[14] Valencia, Anicento, “No nos libertará”, Regeneración, núm. 188, 4ª época, 9 de mayo de 1914. p. 2.

[15] Apocalipsis, capítulo 13. Biblia de Jerusalén, 1976.

[16] “Revisando la Prensa”, Regeneración, núm. 163, 4ª época, 1 de noviembre de 1913. p. 2.

 

Bibliografía:

Beristaín, Helena, Diccionario de retórica y poética, México, Porrúa, 1995.

Fausta Gantús, “Prensa satírica y poder político”, Amnis [En ligne], 4 | 2004, mis en ligne le 01 septembre 2004, consultado el 04 de marezo de 2012. URL: http://amnis.revues.org/755

Melgar Bao, Ricardo, “Más allá de Chaplin, el humor político de la izquierda latinoamericana”, en La arquitectura del sentido II. La producción y reproducción en las prácticas semiótico-discursivas, México, INAH-CONACULTA, 2011, pp. 363-399.

Scott, James, Los dominados y el arte de la resistencia, México, Ediciones Era, 2004.

 

[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

JAIMES NAVARRO, Perla, (2012) “Los usos de la sátira en la prensa anarquista mexicana del periodo revolucionario. Regeneración 1910-1918”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 11, abril-junio, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 21 de Mayo de 2018.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=425&catid=3[/div2]

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