Pacarina del Sur
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El Instituto Nacional de Antropología. El primer antecedente de la Escuela Académico Profesional de Antropología de la UNMSM (1931-1932)

The National Institute of Anthropology. The first antecedent of the Professional Academic School of Anthropology of the UNMSM (1931-1932)

O Instituto Nacional de Antropologia. O primeiro antecedente da Escola Acadêmica Profissional de Antropologia da UNMSM (1931-1932)

Efraín Núñez Huallpayunca

Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú

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Recibido: 18-02-2020
Aceptado: 01-04-2019

 

 

Introducción

La Escuela Académico-Profesional de Antropología, que actualmente se encuentra en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, inicia su historia con la promulgación del Estatuto Universitario el 22 de setiembre de 1984; aunque en realidad esta venía desarrollándose desde 1946 cuando se crean los Institutos de formación profesional en la antigua Facultad de Letras. Desde esa fecha la trayectoria de la Escuela de Antropología se ha mantenido con algunas interrupciones.[1] Sin embargo, si retrocedemos en el tiempo, veremos que ya desde los años treinta del siglo pasado hubo un intento de crear y organizar en la universidad un Instituto de Antropología con la finalidad de formar antropólogos profesionales.

Este Instituto, llamado en realidad Instituto Nacional de Antropología, tenía como función específica “conocer científicamente al Hombre como miembro del grupo racial o social peruano”, esto implicaba una enseñanza especializada y un Plan de Estudio que diera preferencia a la investigación del hombre en el Perú. Sin embargo, tras varias sesiones para su organización (planes de estudios, materiales de enseñanza, tipo de grados académicos, publicaciones y actividades extracurriculares) dicha iniciativa quedó en un buen intento tras frustrarse el proyecto a raíz del receso universitario de 1932.

El presente ensayo tiene por finalidad conocer cómo se llevó a cabo la organización del Instituto de Antropología (que pertenecía a la Escuela de Altos Estudios); además, mostraremos los acuerdos del Instituto (objetivos, funciones, planes de estudios, cátedras, catedráticos, etc.), y todo ello en un ambiente muy convulsionado en la universidad antes de su receso (1932).[2]  

 

Contexto

En 1930 el país atravesaba una severa crisis económica. La inestabilidad política terminó con la caída del entonces presidente del Perú, don Augusto B. Leguía, a manos del coronel Luis Miguel Sánchez Cerro. Este hecho no solo trajo nuevos vientos de esperanza para el país, sino también para la Universidad.

El mismo día de la salida de Leguía de Palacio, la Guarnición de Lima formó una Junta de Gobierno que estuvo presidida por el general Manuel María Ponce Brousset. Sin embargo, el mandato del general Ponce duró un par de días, pues este cedió su puesto al coronel Sánchez Cerro quien llegaba de Arequipa para tomar el mando del país.

A pesar de haber estado poco tiempo en la Junta de Gobierno, el general Ponce expidió un Decreto (25-VIII) que derogó el Estatuto Universitario de 1928 y colocó en su reemplazo la antigua Ley Orgánica de 1920. Recordemos que el Estatuto del año 28 había interrumpido los logros y las propuestas que se venían dando desde la generación centenaria, tales como la autonomía y el cogobierno.[3] Ante esto, los miembros de claustro sanmarquino se reunieron en Asamblea Universitaria para discutir sobre la suspensión del Estatuto de 1928 vigente hasta entonces.

[…] se plantearon dos tendencias claramente definidas; la una propugnaba la restauración en el Rectorado de Don José Matías Manzanilla, quien por dignidad renunció al cargo, al promulgarse el Estatuto Universitario de 1928; y la otra abogaba por el regreso de Don Manuel Vicente Villarán, quien se encontraba en el destierro desde 1924 después que hiciera formal renuncia al Rectorado y postulara su candidatura a la Presidencia de la República (Pérez Alva, 1969, pág. 57).

 

Con el regreso del Estatuto del año veinte, José M. Manzanilla regresaba al rectorado de la Universidad San Marcos (agosto de 1930). Esto se dio por el Decreto Ministerial expedido por el entonces Ministro de Educación Pública de la Junta de Gobierno, comandante Zapata Vélez. La medida generó cierta inestabilidad en toda la comunidad universitaria, especialmente en los estudiantes, porque chocaba con los derechos adquiridos desde la reforma de 1919, como la tacha docente, el cogobierno y la autonomía.

Los estudiantes, inconformes con la nueva medida, empezaron a organizarse y a movilizarse aprovechando el tránsito democrático de entonces, pensaron que había llegado el momento para que sus propuestas y visión de universidad sean expuestas y escuchadas por las autoridades del claustro con el objeto de reformarla antes que el civilismo, presente aún en San Marcos, pudiera tomar el poder. Los primeros en organizarse fueron los estudiantes de la Facultad de Medicina. Tras no obtener respuesta a su pliego de reclamos, sus alumnos, agrupados en sus Centros de Estudiantes, iniciaron una huelga estudiantil, esto generó una cadena de apoyo de otros estudiantes de la universidad, lo que finalmente trajo consigo un conflicto entre autoridades, docentes y alumnos.

El resultado de toda esta tensión fue la promulgación, mediante Decreto-Ley, de un nuevo Estatuto en febrero de 1931, que dio preferencia a la participación estudiantil en los diferentes órganos de gobierno de la universidad. En este proceso reformador tuvo mucho que ver el Dr. José Antonio Encinas, rector de San Marcos entre 1931 y 1932. Encinas “inició una vigorosa modernización […] y efectuó el primer ensayo de participación estudiantil en el gobierno del claustro” (Tauro del Pino, 2001, pág. 916).

El Estatuto del año 31 creó también un nuevo régimen académico: la Escuela de Altos Estudios y el Colegio Universitario (además de la Escuela Preparatoria). La nueva estructura académica fue la siguiente: los alumnos tenían que cursar tres años en el Colegio Universitario (con cursos obligatorios y electivos de cultura general), después pasaban a la Escuela de Altos Estudios que estaba integrado por varios Institutos (Literatura, Filosofía, Historia e Historia del Perú, Antropología, Geografía del Perú, Psicología y Educación). El presente ensayo solo se referirá a la creación y formación del Instituto de Antropología.

 

La creación del Instituto

A inicios del siglo XX, concretamente en los años veinte, surgían varias preocupaciones en el país, por ejemplo, el referente al indígena, el indigenismo, o la nacionalidad peruana. Sobre el llamado problema del indio, el Dr. Lumbreras nos dice lo siguiente:

El “problema del indio” era un tema de gran beligerancia, debido a que la estructura semifeudal del país tenía sus más agudas contradicciones precisamente en el campo, donde la población era mayoritariamente indígena. El gobierno del país estaba en manos de grandes terratenientes agro-exportadores que echaban la culpa del “secular atraso del Perú” a las amplias masas de campesinos indígenas que según ellos vivían embrutecidos por el alcohol, la coca y otros vicios (que naturalmente les eran proporcionados por los propios hacendados). Esto explica por qué en 1931, durante el debate del Congreso Constituyente, había la propuesta que “los indios” debían ser eliminados para reemplazarlos con inmigrantes “blancos”, pues estos últimos harían la grandeza del Perú mientras los primeros representaban su atraso. Un representante Constituyente de Ayacucho propuso que se prohibiera la procreación de indios en el Perú, que los adultos existentes fueran separados de sus hijos y que los niños fueran encargados a párrocos de origen español para que de una vez por todas olvidaran la lengua y las costumbres quechuas y las nuevas generaciones olvidaran su ancestro; se sugería una suerte de “reservaciones” de niños indígenas en las parroquias (Lumbreras, 2006, pág. 210).

Julio C. Tello
Imagen 1. Julio C. Tello. https://es.wikipedia.org

El indio estaba en una situación privilegiada para los estudiantes de la universidad por ser un tema interesante para investigar. “El ‘problema del indio’ tenía tanta vigencia e importancia que, de cada diez tesis universitarias, cinco se ocupaban del tema en las facultades de Derecho, Filosofía e incluso Medicina” (Ibíd.).

 El campesino tenía mucha presencia a inicios del siglo XX. Hay que destacar el levantamiento de 1915 en el Altiplano-Puno a cargo de Rumi Maqui. Recordemos también las luchas de 1922, 1923 y 1924 contra la Ley de la Conscripción Vial que había impuesto Augusto B. Leguía, o el Decreto Supremo (24-V-1930) que estableció el Día del Indio cada 24 de junio. Era una época en que los campesinos se movilizaban por recuperar la tierra que en aquel entonces estaba en manos de los terratenientes.

Mientras tanto, en la Universidad, un grupo de catedráticos, después de conversar con el Dr. José Antonio Encinas, Rector de San Marcos, se habían reunido en el local del Museo Arqueológico de la Universidad (13-IV-1931) para intercambiar ideas sobre los fines que se proponía el Instituto de Antropología Nacional, creado recientemente por la Universidad. Después de algunos debates los catedráticos tomaron los siguientes acuerdos:

 

  1. Enteradas de los altos fines y propósitos que han inspirado la fundación del Instituto, aceptamos y agradecemos debidamente la alta distinción que nos ha dispensado el Señor Rector al considerarnos como colaboradores o miembros del Instituto.
  2. Aunque nuestros conocimientos en materia antropológica son muy limitados, hacemos presente al señor Rector que pondremos al servicio del Instituto el contin­gente de nuestro entusiasmo, de nuestra labor intensa y de nuestra buena voluntad.
  3. Señalamos a continuación los estudios espe­ciales en las que cada uno de nosotros nos obligamos a prestar nuestra colaboración:
  • Antropología Física: Dr. Pedro Weis
  • Arqueología: Preinkaica: Dr. Julio C. Tello
  • Arqueología Inkaica: Dr. Luis E. Valcárcel
  • Sociología Peruana. Estudio de la Sociedad Aborigen a base de los datos obtenidos por la observación de las condiciones actuales de los aborígenes: Alberto Arca Parró
  • Etnología de la región de las florestas: Dr. Pedro del Águila Hidalgo
  • Folklore: Dr. Saturnino Vara Cadillo
  • Artes Utilitarias: Srta. Rebeca Carrión Cachot
  • Artes decorativas: Sr. Antonino Espinoza Saldaña
  • Música Indígena: Sr. Mariano Bejar Pache­co
  • Lingüística Indígena: Sr. M. Toribio Mejía Xesspe
  • Mitología y Religión: Dr. Julio C. Tello
  • Documentación relativa a los indios de los siglos XVI y XVII: Sr. Carlos A. Romero
  • Documentación del siglo XVIII: Salvador Romero So­tomayor
  • Bibliografía Antropológica Nacional Moderna: Alejandro Arancibia
  • Bibliografía Antropológica en lenguas extranjeras: Eugenio Yakowleff

 

Entre los firmantes estaban los Dres. Luis E. Valcárcel, Carlos A. Romero, Julio C. Tello, Salvador Romero Sotomayor, Alberto Arca Parró, Saturnino Vara Cadillo, Antonino Espinoza Saldaña, Mariano Bejar Pacheco, Eugenio Yakowleff, Pedro del Águila Hidalgo, Alejandro Arancibia, Toribio Mejía X., Pedro Weis, y la Dra. Rebeca Carrión Cachot.

Ese mismo día se dio una sesión extraordinaria en el Instituto de Antropología. En ella, los suscritos, propuestos como miembros del Instituto y reunidos en el local del Museo Arqueológico de la Universidad a las 6 pm, y a indicación del Rector, procedieron a la designación del Director del Instituto de Antropología. La elección recayó, por unanimidad de votos, en el Dr. Julio C. Tello.

Dos días después (16 de abril), el Consejo Universitario aprueba por unanimidad la elección del Dr. Tello como Director. Ese mismo día se expide la Resolución Rectoral N° 114 (16-IV-1931), donde el Consejo Universitario funda el Instituto Nacional de Antropología en la Universidad Mayor de San Marcos.

Entre las finalidades del Instituto están, por ejemplo, conocer científicamente al Hombre como miembro del grupo racial o social peruano, y para ello se prepone estudiar todos los testimonios que permitan conocer su pa­sado, su condición actual, y las posibilidades de su mejoramiento en el porvenir. Además, se aclara que los materiales de estudio del Instituto serán las colec­ciones arqueológicas y etnológicas de los Museos Nacionales, los manuscritos y libros de los archivos y bibliotecas relacionados con la histo­ria aborigen y los materiales que adquiera en las exploraciones del territorio nacional.

El instituto se organizaría en cinco Secciones: Geo­grafía Social, Antropología Física, Arqueo­logía peruana, Etnología peruana, y Fuentes Antropológicas documentales. Además, el Institu­to tendría las mismas funciones educacionales que las otras Facultades de la Universidad y solo se diferenciaran de ellas en su organización especial, orientada preferentemente hacia las investigaciones científicas relativas al Hombre, y hacia la enseñanza a base “del plan de estudio independien­te”.

El personal del Instituto estaría conformado por profesores y Auxiliares de Seminarios. Las obligaciones de ambos profesores se referirán principalmente a la contribución que puedan aportar al mejor conocimiento de alguna determinada materia, a la enseñanza de los métodos de investigación, y a la divulgación científica mediante conferencias y publicaciones. El profesor del Seminario deberá poseer su grado académico, o ser autor de trabajos de investigación en alguna de las ramas del conocimiento comprendidas en el Instituto. El auxiliar del Seminario deberá acreditar su competencia mediante trabajos inéditos o publicados.

El Instituto estaría obligado a preparar una Memoria anual; un Boletín mensual en tres se­ries de trabajos originales, traducciones de artículos y libros referentes a algunas de las espe­cialidades del Instituto publicadas en lenguas extranjeras; y trabajos de divulgación.

Días después (27 de abril), y tras la creación de los Institutos de Antropología e Historia del Perú en la Universidad de San Marcos, la Junta de Gobierno, que presidía el presidente David Samanez Ocampo, emitió la Resolución Suprema N° 436. En ella se anota que siendo los fines de ambos Institutos idénticos dentro del Museo Nacional, y conforme al Estatuto de dicha dependencia; y visto además el Informe del Director General del Museo que había manifestado su completo acuerdo con la idea de coordinar las funciones altamente científicas de los mencionados Institutos y las que la ley encomienda al Museo Nacional de Historia, la citada Resolución resolvía autorizar al Director del Museo Nacional para que, en uso de la facultad que le confiere el artículo 69 del Estatuto del establecimiento, celebre los respectivos convenios con el Rector de la Universidad y los Directores de los Institutos de Antropología e Historia del Perú, a fin de que las labores científicas de dicho Museo cuenten con la colaboración del personal universita­rio. Por otra parte, se resolvió también que mientras se organizaban definitivamente los servicios del Museo Nacional y se celebraban los convenios que autorizaba el acuerdo anterior, se encomiende la Jefatura de las secciones respectivas (Instituto de investigaciones Antropológicas e Instituto de Investigaciones Históricas) a los Directores de los Institutos Universitarios de An­tropología e Historia del Perú, quienes sujetarán sus procedimientos a las prescripciones del Estatuto y a las que se estipulen en dichos convenios.

Precisamente sobre los convenios, el 16 de junio de 1931 se emitió el oficio N° 79, del director del Museo Nacional, Dr. Luis E. Valcárcel,[4] al director del Instituto de Antropología de la Universidad de San Marcos, Dr. Julio C. Tello, sobre el acuerdo que había llegado el Rector de la Universidad de San Marcos y el director del Museo Nacional, en cumplimiento de lo dispuesto por Resolución Suprema N. 436, del 23 de abril último. De esta manera, a fin de facilitar la cooperación científica entre ambas instituciones, se resolvió lo siguiente: Aprobar el convenio celebrado entre el Rector de la Universidad y el director del Museo Nacional, cons­tante de las partes siguientes:

 

  1. Del Instituto Univer­sitario de Historia del Perú y del Museo Nacional
    1. El Museo Nacional concede todas las facilidades necesarias a los profesores y alumnos del Instituto Universitario de Historia del Perú para el cumplimiento de sus propósitos de investigación.
    2. El Instituto Universitario de Historia del Perú reco­noce como normas obligatorias las proscripciones conteni­das en el Estatuto del Museo y en los reglamentos especia­les en cuanto se relacionan con el público en general.
    3. Las secciones Virreinato, Independencia y República que forman el Departamento de Historia quedan especialmen­te a disposición del Instituto.
    4. Como las rentas del Museo no permiten por ahora sino el sostenimiento del Instituto de Antropología, con jefes y auxiliares rentados, el Instituto Universitario de Historia del Perú no se sus­tituye en todas las obligaciones ni funciones del de Investigaciones Históricas que debió establecerse, sino que lo reemplaza de acuerdo con la declaración de fines conte­nidas en su propio Reglamento.
    5. Compete al director del Instituto Universitario de Historia del Perú:
      • Ab­solver informes de carácter técnico, por sí o por la res­pectiva comisión del Instituto.
      • Integrar los Comisión de redacción del Boletín y de Publicaciones o Imprenta.
      • Cooperar a la más acertada dirección del Museo, en su papel de consultor.
      • Representar al Instituto en el régimen interno o en las actividades exteriores del Museo.
      • Establecer por acuerdo del Instituto las normas y condiciones que aseguren la conservación, conocimiento y di­fusión del acervo histórico que el Museo custodia.
      • Cautelar en general el patrimonio-arqueológico del Perú e intervenir en la declaración oficial de monumentos na­cionales, atendiendo al voto del Instituto en pleno.
      • Promover vinculaciones y protección a las distintas dependencias del Museo.
      • Otras labores de carácter se­mejante y que no importan una obligación sino un servicio concejil, o solicitud del Director General del Museo.
      • El Museo pone a disposición del Instituto las páginas del Boletín o Revista que editará periódicamente, así como los servicios tipográficos de su propia instalación, dentro de los turnos y condiciones que fije el Comité respectivo.

 

  1. Del Instituto Nacional de Antropología de la Uni­versidad y el Museo Nacional
    1. El Instituto Nacional de Antropología de la Universidad de San Marcos se sustituye el de Investigaciones Antropológicas fundado como anexo al Departamento de Antropología del Museo Nacional por el decreto ley del 9 de abril de 1931.
    2. El Direc­tor del Instituto Nacional de Antropología de la Univer­sidad asume, en consecuencia, las funciones y obligaciones que dicho decreto ley asigna al jefe del Instituto de Investigaciones Antropológicas del Museo Nacional.
    3. Los Profesores y alumnos universitarios del Insti­tuto dispondrán de todas las facilidades necesarias pa­ra el cumplimiento de sus propósitos científicos dentro del Museo, en sus diversas secciones, sin más limitación que la observancia de las proscripciones contenidas en el Estatuto y Reglamentos de aquel.
    4. Como las colec­ciones arqueológicas del Museo demandan con urgencia una labor activa de preservación y preparación de especies, que aseguren su conservación indefinida y su adecuada ex­hibición, el director del Museo, pone provisionalmente a disposición del Instituto para facilitar sus labores, un Administrador, un Preparador, y un Sirviente.
    5. La Dirección del Museo administrará y supervigilará directamen­te, o por intermedio de un representante suyo, todo lo relacionado a las colecciones arqueológicas que sean utilizadas por el Instituto como materiales de estudio, de reparación o de preparación. Controlará igualmente cuanto se refiere a la preparación de las especies, teniendo especial cuidado en el registro de los especímenes arqueológicos que ingresen o egresen a los talleros y demás secciones del Instituto. Cuidará del edificio, de los libros de Inven­tario, de todas las existencias y de cuanto se relacio­na con las actividades de carácter administrativo.
    6. Para realizar las funciones especiales que el decreto ley señala al Instituto, este recibirá las partidas con­signadas en el Presupuesto Administrativo del Museo ba­jo las denominaciones de "Sostenimiento del Instituto de Investigaciones Antropológicas" y "Para exploraciones y gastos de exposición y conservación de las colecciones arqueológicas", la primera de seiscientos soles, y la segunda de cuatrocientos soles mensuales. El Instituto presentará mensualmente a la Dirección del Museo la cuenta documentada de la manera como hubiera invertido las par­tidas que se le asignan.
    7. La reglamentación Interna del Instituto será aprobada previamente por el Director General del Museo.

Luis E. Valcárcel en 1964, cuando era director del Museo Nacional de la Cultura Peruana
Imagen 2. Luis E. Valcárcel en 1964, cuando era director del Museo Nacional de la Cultura Peruana. Foto: archivo familiar. https://elcomercio.pe

 

La Organización del Instituto en la Facultad de Letras de San Marcos

Luego de la organización externa vendría ahora la organización interna, y esta se realizaría en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, donde se encontraría el Instituto de Antropología

En el contexto de la reforma universitaria, y bajo el rectorado del Dr. José Antonio Encinas, varias Facultades de la universidad estaban reorganizando su estructura académica.

De esta forma la Facultad de Letras inicia su primera reforma (31-VIII-1931) durante varias sesiones y con asistencia del Rector.[5] La Facultad de Letras estaba bajo la presidencia del sub decano, Dr. Alberto Ureta, y la presencia de los Dres. Jiménez Borja, Manuel Abastos, Honorio Delgado, Manuel Argüelles, Julio C. Tello, Uriel García, Jorge G. Leguía, Mariano Iberico, Salinas Cossío, Luis E. Valcárcel, Jorge Basadre, Enrique Barboza, Velásquez y Porras Barrenechea, además de la presencia de los delegados estudiantiles: señores Estuardo Núñez, Otero, Patrón y Silva. Con ellos se dio inicio a un largo debate sobre la reforma universitaria y la reorganización de la Facultad.

Todo este proyecto que se iba a discutir sería el antecedente para la profesionalización y futura institucionalización de las carreras, y que daría como resultado, años después, a la fundación de los Institutos, Departamentos y Escuelas Académico-profesionales.

En ese entonces el Rector agradeció la invitación que había recibido de la Facultad para asistir a dicha sesión y explicar a los catedráticos su plan de creación del Colegio Universitario y la Escuela de Altos Estudios, así también para absolver todas las preguntas y consultas que quisieran hacérsele con relación a la organización de los Institutos. Expuso extensamente las razones por las que, en su concepto, las Facultades preparatorias de la Universidad no habían llevado su rol, principalmente por haberse limitado a ser centros de preparación para los estudios de Jurisprudencia o de Medicina, olvidando sus fines propios de cultura general. Expresó que otro de los defectos fundamentales de la organización vigente era el de los métodos empleados en la enseñanza en la que predominaban las lecciones de exposición verbal y la que prescindía casi en lo absoluto de investigación directa. Dijo que era necesario dividir las actividades de las Facultades de Ciencias y de Letras en dos ciclos perfectamente distintos, uno correspondiente a los cursos de cultura general que pertenecerían al Colegio Universitario y otro de especialización e investigación que correspondería a la Escuela de Altos Estudios. En cuanto al papel que correspondería a las Facultades dentro de esta nueva organización dijo que les correspondía una labor de alta dirección y coordinación pedagógica y una función administrativa.

Refiriéndose al plan de estudios del Colegio Universitario o ciclo de Cultura General, dijo que en su concepto el primer año de esta sección debería estar formado por un curso de idiomas, otro de Castellano, Revisión de Matemáticas, Antropología y Biología. Recalcó la importancia fundamental que tenían los idiomas en la enseñanza universitaria y dijo que consideraba indispensable el aprendizaje por lo menos de dos idiomas para todo estudiante universitario y de cuatro idiomas para todo el que quisiera obtener el título de Doctor. El segundo año del Colegio Universitario debía corresponder en su concepto los cursos de Historia y Geografía del Perú como obligatorios y el resto de los cursos debían ser electivos. Expresó finalmente que en la realización completa del plan que había propuesto a la Universidad encontraba principalmente dificultades de orden económico, pero que confiaba en que la Universidad prestaría todo el apoyo de que era capaz a las ideas que trataba de llevar a la práctica.[6]

El doctor Ureta expresó la satisfacción y el agradecimiento de la Facultad por la presencia del Rector en el seno de esta con el objeto de ilustrar el debate del plan de reforma universitaria. El Dr. Iberico preguntó cuál sería la situación de la Facultad dentro del nuevo plan y qué relaciones existirían entre el Colegio Universitario y los diversos Institutos y entre el Colegio y las Facultades profesionales, y a quién correspondería la determinación de las materias que deberían adquirirse en el Colegio Universitario para ingresar a los Institutos o Facultades. El Rector repuso que serían las Facultades de Derecho y de Medicina los que indicarían los cursos necesarios para el ingreso a estas en la misma forma que existe actualmente. El Dr. Tello opinó porque debería exigirse para ingresar a las Facultades profesionales haber seguido los cursos del Colegio Universitario y haber obtenido el título de Bachiller.

El Rector aceptó las proposiciones del Dr. Tello en lo que se refiere al certificado de cultura general pero no en lo relativo al título de Bachiller.

El Dr. Iberico dijo que el plan remitido a la Facultad por el Rector, y que se hallaba en discusión, faltaban algunos cursos y que debía ampliarse. Por su parte, Jorge Basadre opinó lo contrario, que había que reducir el ciclo de los cursos obligatorios al mínimo, exponiendo los cursos elementales que, en su concepto, debían integrar el plan. El Rector declaró en primer lugar que los cursos que deberán seguir los aspirantes a Derecho en la Facultad de Letras han sido ya determinados por la Facultad de Jurisprudencia. En cuanto al plan insinuado por el doctor Basadre declaró que era el plan soviético, pero que no era aplicable a la enseñanza universitaria, que es típicamente de investigación, sino a la segunda enseñanza, y que el plan de cursos estaba ya indicado por él al hacer el cuadro de los que deberá comprender el primer año del Colegio Universitario. El Dr. Velásquez se declaró de acuerdo con las ideas expuestas por el Rector exponiendo que, en su concepto, los defectos de la enseñanza universitaria provenían principalmente de la deficiencia de los estudios de la segunda enseñanza. Dijo que las condiciones mentales de los alumnos provenientes de los colegios eran pobrísimas, que había que rehabilitarlos culturalmente aclarando y estructurando lo que habían traído, pero que consideraba que el aporte de ellos era de base demasiado pobre para la investigación. Refiriéndose particularmente al plan de estudios del primer año dijo que consideraba que los alumnos que ingresaban a la Universidad no estaban suficientemente preparados para hacer el estudio de la Antropología.

El Dr. Tello intervino declarando que era un error creer que la Antropología era una ciencia sumamente difícil y complicada y que en su concepto esta debería enseñarse hasta en los Kindergarten.

Por su parte, el Dr. Salinas Cossío dijo que había sentido una especial complacencia al escuchar las palabras del Rector referente a la importancia que se concedería en adelante al estudio de los idiomas, los que consideraba indispensables para la adquisición de una cultura universitaria, y que en su concepto debía exigirse a todo estudiante que sepa traducir por lo menos un idioma extranjero.

El Dr. Tello dijo que no debía admitirse a nadie en la Universidad si no había comprobado previamente el estudio del quechua. El Rector se refirió nuevamente a la importancia principal de los idiomas, que lo habían determinado a crear el Instituto de Idiomas y quien haría todos los esfuerzos posibles para aumentar el número de profesores de idiomas.

Velásquez, por su parte, refiriéndose a la organización de los diversos institutos de la escuela de Altos Estudios, dijo que el funcionamiento de estos y el desarrollo de las investigaciones necesitaban principalmente de elementos de trabajo tales como bibliotecas, gabinetes y laboratorios que la Universidad no está en aptitud de adquirir y que por lo tanto muchas de las reformas propuestas habían de quedarse simplemente escritas (Salaverry García & Chiri Jaime, 1999).

El Rector declaró que la Universidad estaba dispuesta a hacer todos los esfuerzos económicos necesarios para la adquisición de los elementos materiales, pero que mientras estos se obtenían esperaba contar principalmente con el elemento hombre y la voluntad de trabajar de todos los profesores de la Universidad.

Habiéndose retirado el Rector, el Consejo, después de una discusión sobre puntos esenciales del plan propuesto, acordó aprobar en principio la organización del Colegio Universitario, reservándose el derecho de formar y revisar los planes pedagógicos de este. El Decano declaró que siendo necesaria la inmediata organización de los estudios dentro del nuevo plan, proponía a la Junta que se declarase en sesión permanente y continua hasta su aprobación total (Salaverry García & Chiri Jaime, 1999).

En la sesión permanente (01-IX-1931), y bajo la presidencia del sub decano Alberto Ureta, y con la presencia de los Dres. Luis E. Valcárcel, Jorge Basadre, Jiménez Borja, Raúl Porras, Manuel Arguelles, Uriel García, Julio C. Tello, Manuel Abastos, Honorio Delgado, Luis Alberto Sánchez, y los delegados: Fernández, Núñez, Otero, Patrón, Silva, quedó aprobado el cuadro del 1° y 2° año del Colegio Universitario:

 

Primer año: Cursos obligatorios:

  • Elocución y Complementos del Castellano
  • Revisión de Matemáticas
  • Biología
  • Historia General de la Cultura
  • Un idioma

 

Segundo año: Cursos obligatorios:

  • Antropología (dos términos)
  • Historia General de la Cultura (dos términos)
  • Sicología (dos términos)
  • Un idioma (dos términos)
  • Cursos electivos (cuatro términos)

Más adelante, en otra sesión permanente (02-IX-1931), se acordó que el plan de estudios del tercer año del Colegio Universitario fuera totalmente electivo como lo había propuesto el Rector, pero atendiendo a la situación especial de los alumnos que ingresaran a él en 1931, los que se habían regido por el plan anterior de la Facultad de Letras, y teniendo en cuenta que la mayor parte de ellos son aspirantes a la Facultad de Jurisprudencia, se acordó recomendarlos, de acuerdo con las disposiciones adoptadas por esta Facultad, el siguiente plan transitorio:

 

Tercer año 1931:

  • Historia General del Perú
  • Historia General de la cultura
  • Filosofía General
  • Sicología
  • Sociología
  • Un idioma

En seguida se aprobó la siguiente lista de cursos electivos para los alumnos del Colegio Universitario además de los ya nombrados:

  • Historia general de la economía Social
  • Problemas de la Civilización contemporánea
  • Historia General de las Ciencias
  • Latín
  • Historia y Literatura del idioma castellano
  • Historia General de la Literatura
  • Lógica e historia de las ideas morales
  • Filosofía General
  • Sicología General
  • Sociología General
  • Historia General de la Cultura
  • Sociología Nacional
  • Idiomas (cuatro idiomas)

Con los mismos catedráticos continuó, en sesión permanente (4-IX-1931), la discusión del proyecto del Rector sobre la organización de la Escuela de Altos Estudios.

En otra sesión (5-IX-1931), y bajo la presidencia del Dr. Ureta, con asistencia de los Dres. Tello, Arguelles, Basadre, Valcárcel, Salinas, Leguía, Iberico, Abastos, Jiménez, Sánchez, Velásquez, Porras, y los delgados: Fernández, Núñez, Otero, Patrón y Silva, se trató de la constitución del Instituto de Filosofía. En la discusión de este plan se trasladó el curso de Sociología, que figuraba en el plan del Rector, al Instituto de Antropología. Luego continuaron con la organización del Instituto de Historia y de Historia del Perú. En seguida se aprobó el plan de estudios del Instituto de Antropología de la siguiente forma:

 

Instituto de Antropología

Cursos Generales:

  • Antropología General (dos términos)

Cursos de Especialización

  • Antropología Física (dos términos)
  • Arqueología Incaica (un término)
  • Arqueología pre-incaica (un término)
  • Fuentes antropológicas (dos términos)
  • Etnología (un término)
  • Antropología Social (un término)
  • Arqueología americana (un término)

Seminarios y cursos de investigación

  • Seminario de Etnología
  • Seminario de Antropología Social
  • Seminario de Fuentes antropológicas
  • Seminario de Arqueología

 

Este plan debía ejecutarse al año siguiente, lamentablemente el proyecto quedó truncado al ser recesada al Universidad en 1932.

José Antonio Encinas
Imagen 3. José Antonio Encinas. https://rpp.pe

 

Consideraciones finales

¿Qué factores desencadenaron la idea de crear un Instituto de Antropología en San Marcos? Posiblemente la necesidad de estudiar a los indígenas y sus comunidades entonces excluidas.[7] Si bien la antropología académica como disciplina universitaria recién surge en el Perú en los años cuarenta, no debemos negar el hecho de que años atrás hubo intentos por institucionalizar y profesionalizar la antropología en el Perú. Por institucionalización entiéndase la creación de un Instituto dedicado a formar antropólogos, y por profesionalización al conjunto de herramientas, y/o especialistas, que permiten capacitar y/o mejorar la labor en la investigación (syllabus, docentes, cátedras, entre otros).

Además, los trabajos o ensayos monográficos previos a este tema del indígena (Valcárcel, Castro Pozo, Francisco Tudela, Uriel García, Joaquín Capelo, entre otros) dan cuenta de la existencia de un nuevo actor que estaba siendo “marginado” y que merecía ser revalorado y/o estudiado.

El Instituto tuvo como finalidad lo siguiente: “conocer científicamente al Hombre como miembro del grupo racial o social peruano; y para ello se propone estudiar todos los testimonios que permitan conocer su pasado, su condición actual y las po­sibilidades de su mejoramiento en el porvenir, y divulgar las enseñanzas derivadas de dichos estudios”.

Como hemos descrito líneas arriba, el proyecto de la organización del Instituto de Antropología, donde participó el Rector y los catedráticos, tuvo también por finalidad formar antropólogos profesionales, esto último se desprende de las cátedras y los seminarios creados, que en sí tuvieron como único propósito la formación académico profesional del estudiante.

El receso de San Marcos en 1932 acabó con el proyecto de institucionalizar la antropología en la universidad, y no sería hasta 1946 cuando se retoma la idea de crear un Instituto para formar antropólogos profesionales en la Universidad de San Marcos.

El presente ensayo es solo una somera descripción, corresponde a los acuciosos investigadores profundizar el tema para reconstruir esa etapa de la historia de la Universidad.

 

Anexo. Facultad de Letras. Escuela de Altos Estudios[8]

Instituto Nacional de Antropología

 

  1. Objeto y Propósitos

El Instituto tiene por objeto conocer científicamente al Hombre como miembro del grupo racial o social peruano; y para ello se propone estudiar todos los testimonios que permitan conocer su pasado, su condición actual y las po­sibilidades de su mejoramiento en el porvenir, y divulgar las enseñanzas derivadas de dichos estudios.

 

  1. Materiales de Estudio

Los materiales de estudio son:

  1. Los testimonios relativos a la constitución física del hombre: la historia de su desenvolvimiento desde las formas humanas inferiores hasta las formas humanas superio­res, y las características étnicas, físicas y mentales de ellas.
  2. Los testimonios arqueológicos y etnológicos.
  3. Los testimonios históricos relativos a la raza abori­gen.

 

  1. Los testimonios relativos a la constitución física del Hombre
  1. La población actual, principalmente la población pe­ruana de sangre aborigen: los tres o cuatro millones de habitantes que presentan características físicas y mentales que, bien comprendidas, ayudarán a la interpretación del hombre en la actualidad, y a la comprensión de sus aptitudes y posibilidades físicas e intelectuales futuras.
  2. Los restos humanos de las generaciones desaparecidas, preservador en los cementerios y yacimientos arqueológicos, rectos humanos desecados o momificados artificialmente, y restos esqueléticos.

 

  1. Los testimonios Arqueológicos y etnológicos
  1. Los monumentos: ruinas de antiguas poblaciones, wakas, adoratorios y templos; acueductos, represas, caminos, puen­tes, jardines o andenerías agrícolas; y las innumerables reliquias de los productos menores de la industria humana que se hallan en las tumbas, en las cavernas, en los basu­rales, y, en general, en las formaciones que contienen restos de la actividad Humana.
  2. Los productos de las artes e industrias actuales de las gentes de bajo nivel cultural, así de las tribus de la región de la floresta como de las poblaciones indígenas de la Sierra, cuyo estudio, en lo que respecta a la manufactu­ra, la forma, el uso, el significado y el origen de dichos productos, es de suma importancia para el conocimiento de las artes e industrias del pasado.
  3. Los testimonios tradicionales: creencias y costum­bres, narraciones y dichos; esto es, las creencias y prác­ticas supersticiosas, las costumbres tradicionales, los cuentos, fábulas, apólogos, mitos, leyendas locales, proverbios, apodos, rimas de cuna, etc.
  4. El folk-musical o música popular, baladas y cancio­nes y drama popular.
  5. Las lenguas y dialectos: Keshwa, aimara, uro, muchic, akaro, etc. y los troncos lingüísticos de las florestas.
  6. Las instituciones: aillus y otras organizaciones so­ciales, políticas, económicas y religiosas aborígenes, de­rivadas de estas, o resultantes del mestizaje de indio y europeo.

 

  1. Los testimonios históricos relativos a la raza aborigen
  1. La literatura de los cuatro siglos transcurridos desde la Conquista Española hasta la fecha, relacionada con la historia de los Indios.
  2. Los títulos de tierras de comunidades: empadronamientos y censos; expedientes de juicios sobre propiedades comun­ales; informes relativos a la condición social, intelectual, económicos, políticos y religiosa de los Indios de las diferentes regiones del Perú, etc.
  3. Los documentos de la Curia Episcopal, relativos a los Indios.
  4. El Archivo del Protectorado de los Indios y del Pa­tronato de la Raza Indígena, y los de la Sección Indígena de los Ministerios de Instrucción y de Fomento.
  5. Los manuscritos existentes en las bibliotecas y Ar­chivos extranjeros relativos al Perú Pre-colombino.

 

Funciones

Aparte de la enseñanza general y especializada que ofrecerá el Instituto, este orientará de preferencia sus actividades hacia la investigación científica relativa al mejor conocimiento del Hombre en el Perú, y hacia el sistema de enseñanza denominado “plan de estudio independiente”. Mediante este plan el alumno, de acuerdo con el profesor, formulará su propio programa de estudios y lo desarrolla­rá bajo la dirección de este.

El estudiante que al terminar el 2° Año del Colegio Universitario hubiese revelado vocación o habilidad excep­cional en determinada materia antropológica, puede, si así lo desea, matricularse en la Escuela de Altos Estudios pa­ra continuar su carrera universitaria en el Instituto de Antropología conforme al "plan de estudio independiente".

El Instituto, por medio de sus Seminarios o Secciones respectivas, preparará al estudiante un programa de trabajo más comprensivo y más intensivo que el del estudiante común, programa cuyo desarrollo ha de requerir necesariamente de una dirección técnica personal más inmediata.

El Instituto nombrara a uno de sus miembros para ser­vir como consejero o tutor del estudiante; para ayudarle a trazar el programa de estudio; para familiarizarle con las fuentes bibliográficas principales; para vigilar su traba­jo, y apreciar su adelanto mediante pruebas consistentes en informes, tesis y discusiones en los seminarios.

El estudiante será responsable del manejo de su tiem­po; pero tendrá presente que trabaja para obtener su gra­do y que las pruebas del grado acreditarán que está capaci­tado para utilizar y organizar el conocimiento que ha ad­quirido.

 

Estudios indispensa­bles para obtener los grados de Bachiller y Doctor en Antropología

Los estudiantes regulares que durante dos años hu­bieren llevado en el Instituto seis cursos de investiga­ción a satisfacción de la Sección o Secciones en los que hubiera realizado, y que hubieren sido aprobados, además por lo menos en seis cursos superiores seguidos en los os­tros Institutos de Ciencias, o Letras, de acuerdo con el plan de estudio independiente aprobado por el Instituto, serán declarados expeditos para obtener el grado de Ba­chiller en Antropología.

Los Bachilleres en Antropología que hubieren llevado en el Instituto dos cursos de investigación durante un año, dedicando íntegramente su tiempo a los trabajos que dichos cursos demanden —los que culminarán en dos trabajos calificados por el Instituto como verdaderas contribuciones nuevas al conocimiento antropológico—, serán declarados expeditos para obtener el grado de Doctor en Antropología.

El Instituto auspiciará la publicación de dichos tra­bajos.

En el diploma del Bachillerato se indicará que el gra­duado posee conocimientos generales de Antropología; y en el del doctorado se indicará el ramo del conocimiento en el que el graduado se ha especializado.

Se concederá certificados de estudios especializados a los estudiantes no regulares que posean títulos o gra­dos concedidos por las otras Facultades de la Universidad, y que hubieren seguido cursos de investigación en el Ins­tituto, por lo menos durante un año, y que a juicio de es­te sean acreedores a grados de Bachiller o Doctor.

El Bachillerato en Antropología capacita para el ejer­cicio de ciertos cargos técnicos en la Administración Pu­blica relativos a la población indígena en sus aspectos educacional, económico y religioso. El Doctorado en Antro­pología capacita para el desempeño de los altos cargos ad­ministrativos y técnicos relacionados con la especialidad del graduado: Directores de los Gabinetes de Antropometría del Ejército, de la Armada, de Investigaciones policiales, etc. técnico en folklore, sociología indígena, etnología y lingüística.

 

Organización Técnica

El Instituto se organiza a base del Seminario.

El Seminario es una asociación cooperativa de maes­tros y alumnos para estudiar e investigar; o sólo de maestros cuyas actividades se orientan en el sentido de una rama especializada de la Antropología. El Instituto orga­niza, además, gabinetes de investigación individual y de investigación técnica especializada.

El Instituto se compone, por ahora, de los siguientes Seminarios:

  • Seminario de Antropología Física.
  • Seminario de Etnología.
  • Seminario de Arqueología.
  • Seminario de Antropología Social.
  • Seminario de Fuentes Antropológicas.
  • Seminario de Geografía Social.

 

  1. Seminario de Antropología Física. En este se estu­dia al Hombre como entidad biológica: sus caracteres sexuales y étnicos; antropometría y sicometría.
  2. Seminario de Etnología. En este se estudian los múl­tiples productos de la actividad física y religiosa, y comprende:
  1. La etnología del aborigen de la floresta amazoni
  2. La tecnología primitiva: artes utilitarias.
  3. La Lingüística.
  4. La Estetología: artes decorativas.
  5. El Folklore, Mitología y Religión.
  1. Seminario de Arqueología. Trata de la reconstrucción historia, a base del estudio de los productos dejados por la actividad humana a través de sus edades. Se comprende en ella, el estadio de los restos arqueológicos de las diferentes eras precolombinas: Megalítica Arcaica, Pre-in­caica e Inkaica.
  2. Seminario de Antropología Social. Estudia las Instituciones:
  1. El estudio de la sociedad indígena a base de la documentación histórica.
  2. El estudio de la sociedad indígena a base de los datos aportados por la observación de las condiciones actuales de los aborígenes.
  1. Seminario de fuentes documentales antropológicas. En es­te se estudian las obras de los cronistas y escritores de Indias, y en general, la bibliografía antropológica peruanista, y se incluye en ella:
  1. La documentación relativa a los Indios de los siglos XVI, XVII y XVIII.
  2. La bibliografía antropológica nacional moderna en lengua castellana.
  3. La bibliografía antropológica peruanista en lenguas extranjeras.
  1. Seminario de Geografía Social. Estudia la distribu­ción presente y las características étnicas en relación con el medio geográfico, y las condiciones biológicas del medio en sus relaciones con el Hombre.

 

Organización Administra­tiva

En la Organización Administrativa, se comprende:

          1. El Personal técnico Facultativo del Instituto,
          2. Personal Administrativo.

 

El Personal técnico se compone de los Profesores de Se­minario y de los Auxiliares de Seminario.

El Profesor debe poseer grado académico, o ser autor de trabajos de investigación en algunos de los ramos del conocimiento comprendidos en el Instituto.

El Auxiliar acreditará su competencia mediante trabajos inéditos o publicados.

Las obligaciones del Profesor y Auxiliar de Seminario se refieren principalmente a la contribución que puedan aportar al mejor conocimiento de determinada materia; a la enseñanza de los métodos de investigación: y a la vulgarización científica mediante conferencias y publicaciones.

Tanto el Profesor como el Auxiliar del Seminario es­tán obligados: 1° a presentar trimestralmente el resulta­do de los trabajos llevados a cabo en el Seminario que co­rre a su cargo, en condiciones de ser publicados; 2° a presentar anualmente una memoria sobre el funcionamiento del Seminario; 3° a ofrecer trimestralmente una conferen­cia de vulgarización científica, o a presentar un trabajo de esta misma naturaleza para su publicación; 4° a guiar al alumno o alumnos en la confección del plan de estu­dio independiente, obligación esta última de carácter opcional para los Auxiliares de Seminario.

El Personal Facultativo se reunirá obligatoriamente una vez por semana para tratar de preferencia asuntos de carácter técnico, y también asuntos de carácter social. Los pri­meros son aquellos relacionados con los principios y método de investigación científica, -los programas y planes de es­tudio de carácter cooperativo, y todo cuanto tienda a fa­vorecer la especialización, la unidad en el trabajo, y la cooperación de los diferentes Seminarios en la realización de los fines y propósitos del Instituto. Los segundos se re­fieren a los medios que tiendan a estrechar los vínculos so­ciales de los miembros y colaboradores del Instituto y for­talecer el espíritu y solidaridad entre profesores y estu­diantes.

Todo miembro del Instituto está obligado a concurrir a las sesiones y a presentar, periódicamente, en estas las iniciativas o ponencias que tiendan a delimitar mejor el campo o dominio de sus investigaciones, a corregir las deficiencias que en la organización del Seminario pudieran presentarse, o a señalar los medios que aseguren el progre­so de este.

Todo miembro del Instituto está obligado, igualmente, a presentar periódicamente al Comité Directivo los resul­tados de su labor tanto en pro de las investigaciones gene­rales, como la labor de carácter especializado, individual o cooperativo.

Las iniciativas o ponencias se presentarán por escrito al finalizar la sesión para ser incluidas en la agenda de la sesión o sesiones posteriores, agenda que se dará a co­nocer a todos los miembros tres días antes de la sesión.

Las ponencias serán sustentadas por sus autores y dis­cutidas, si fuere necesario, por los miembros del Instituto.

Podrán asistir a las sesiones del Comité facultativo y tomar parte en las discusiones los colaboradores asociados y estudiantes universitarios que se interesaran de modo es­pecial por los asuntos tratados por el Instituto, pero no tendrán derecho a voto.

 

Personal Administrativo. El Instituto se gobierna por un Comité Consultivo y un Comité Ejecutivo. El Comité Consul­tivo es también deliberativo, y se compone de los profeso­res de Seminario, de un Delegado de los Auxiliares y de dos delegados de los estudiantes matriculados en el Instituto.

El Comité Ejecutivo se encarga de la ejecución de los acuerdos y resoluciones de carácter administrativo tomados por la Junta, y se compone del Director del Instituto, de un Secretario y de un Administrador.

El Director está obligado: 1°, a convocar y presidir las sesiones de los Comités del Instituto; 2°, a actuar co­mo medio ordinario de comunicación entre el Instituto y las facultades; 3°, a presentar a la Facultad de Letras una memoria anual sobre las condiciones generales del Instituto; 4°, a dirigir la correspondencia oficial y enterarse del es­tado, intereses y necesidades de la institución; y 5°, a ejercer una superintendencia general de todo lo que concierne al Instituto.

El Secretario y Administrador tendrán las funciones pro­pias de esta clase de cargos.

 

Alumnos y Colaboradores del Instituto

El Instituto acogerá en su seno a cualquiera persona interesada en los estudios antropológicos siempre que ella esté capacitada para ofrecer mediante su labor una contri­bución efectiva a los fines de la institución.

Los colaboradores serán honorarios, corresponsales, y afiliados eventualmente, y estarán obligados a realizar sus trabajos conforme a un plan aprobado por el Instituto.

Los estudiantes son de dos clases: regulares y libres. Los primeros seguirán su carrera académica en el Instituto de acuerdo con el plan de estudio establecido por la Escue­la de Altos Estudios. Los segundos tomarán parte, previo pago de los derechos de matrícula y con el carácter de alumnos o de investigadores, en cualquiera de las actividades del Instituto.

 

Publicaciones

El Instituto está obligado a preparar las siguientes publicaciones:

          1. La memoria anual dividida en dos partes: una admi­nistrativa y otra técnica.
          2. El Boletín mensual en tres series: 1. trabajos ori­ginales; 2. traducciones de artículos y libros; 3. trabajos de vulgarización: traducciones de artículos importantes sobre principios y métodos de investigación.

 

Exploraciones, excursiones y exposiciones

Según los recursos económicos de que disponga el Instituto, este realizará expediciones y excursiones a los lugares que ofrezcan mayor interés para los estudios antropológicos. Una comisión especial se encargará de equipar la expedición después de aprobado el plan técnico de ella y el presupuesto de gastos por la Facul­tad de Letras.

Igualmente, el Instituto propiciará, por lo me­nos dos veces al año, exposiciones especiales que den a conocer los trabajos que realiza, los nuevos materiales adquiridos; exposiciones de arte indígena, decorativo, escultórico, textil, etc.

 

Notas:

[1] En algún momento se fusionó con el Departamento de Arqueología y tuvo que denominarse Departamento de Etnología y Arqueología, años después pasó a llamarse Departamento de Antropología. En 1969, y por mandato de la Ley Universitaria, se convierte en la Sección de Antropología y Arqueología. Esta fusión terminará en 1975, cuando ambas secciones se separan y recuperan su autonomía. Finalmente, a mediados de los años ochenta, la Sección se convierte en la actual Escuela Académico-Profesional de Antropología. Hace falta una historia de la Escuela y de la enseñanza de la Antropología en Perú.

[2] Para el presente ensayo hemos usado algunos documentos ubicados en el Archivo de la Universidad de San Marcos; sin embargo, al estar el Archivo en un proceso de inventario, los documentos que citamos están sin clasificar, y solo hemos colocado en la bibliografía los años de su emisión.

[3] Respecto a la autonomía, el Estatuto de 1928, que había sido aprobado por el presidente Augusto B. Leguía y su Ministro de Instrucción Pedro Oliveira, mencionaba que San Marcos estaría supeditada a un Consejo Nacional de Enseñanza Universitaria. También apuntaba la no intervención de los estudiantes en las decisiones de la universidad. Otro punto que también refiere el Estatuto fue el de los catedráticos de la universidad, quienes a partir de la fecha iban a ser elegidos por el Consejo de Enseñanza.

[4] Valcárcel recibió el oficio N° 2500 de la Dirección General de Enseñanza, a cargo del Director General de Enseñanza Accidental, Carlos Rodríguez Pastor, en la que se transcribía la resolución suprema N° 793 de la Junta de Gobierno, de fe­cha 12 de los corrientes.

[5] “Encinas inició una reforma muy interesante porque fue el precursor del Colegio Universitario, él creó el Colegio Universitario para preparar a los alumnos antes del examen de ingreso (o en vez del examen de ingreso), pero dando una preparación adecuada, salvando los vacíos, los errores, las desviaciones que tenían los planes de estudio de primaria y secundaria. Para este proyecto se nombró profesores del Colegio Universitario a los alumnos distinguidos de la Universidad. De la Facultad de Letras salieron por ejemplo profesores de Literatura y de Historia. El director del Colegio Universitario fue Raúl Porras” (Salaverry García & Chiri Jaime, 1999).

[6] “Encinas inició una reforma muy interesante porque fue el precursor del Colegio Universitario, él creó el Colegio Universitario para preparar a los alumnos antes del examen de ingreso (o en vez del examen de ingreso), pero dando una preparación adecuada, salvando los vacíos, los errores, las desviaciones que tenían los planes de estudio de primaria y secundaria. Para este proyecto se nombró profesores del Colegio Universitario a los alumnos distinguidos de la Universidad. De la Facultad de Letras salieron por ejemplo profesores de Literatura y de Historia. El director del Colegio Universitario fue Raúl Porras” (Salaverry García & Chiri Jaime, 1999).

[7] “En conjunto se puede afirmar que la década de 1920 a 1930 representó un considerable incremento en la imagen del indio en la conciencia de la intelectualidad peruana” (Basadre, s/f, pág. 33).

[8] Documento sin clasificar del Archivo Histórico de San Marcos, 1931.

 

Referencia Bibliográficas:

          • Basadre, J. (s/f). Historia de la República del Perú, vol. 16. Lima: Editorial Universo.
          • Lumbreras, L. G. (2006). Apuntes sobre Julio C. Tello, el Maestro. San Marcos. Revista editada por el Rectorado de la UNMSM(24), 209-222. Obtenido de http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/publicaciones/san_marcos/n24_2006/a10.pdf
          • Pérez Alva, S. (1969). Medio siglo de admisión a San Marcos. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
          • Tauro del Pino, A. (2001). Enciclopedia Ilustrada del Perú, vol. 6. Lima: Peisa.
          • Valcárcel, C. D. (1967). La Facultad de Letras y Ciencias Humanas (1919-1966). Lima: La Universidad.

 

Fuentes primarias

          • Archivo Histórico de San Marcos. Documentos varios sin clasificar (1929-1935).

 

Cómo citar este artículo:

NÚÑEZ HUALLPAYUNCA, Efraín, (2020) “El Instituto Nacional de Antropología. El primer antecedente de la Escuela Académico Profesional de Antropología de la UNMSM (1931-1932)”, Pacarina del Sur [En línea], año 11, núm. 43, abril-junio, 2020. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 13 de Julio de 2020.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1876&catid=10

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