Pacarina del Sur
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El joven periodista J.C. Mariátegui denunciado por profanar el Cementerio. Lima, 5 de noviembre de 1917

Antonio Rengifo Balarezo

 

El joven periodista le revela a Ruth, su confidente epistolar, una faceta de su vida, signada por sortear acechanzas al transitar por caminos insospechados:

Se han aprovechado los menores pretextos para soliviantar contra mí a la ciudad.  He salido de una acechanza para caer en otra. Escándalo tras escándalo. Escándalo de NorkaRouskaya, escándalo de los militares, etc., etc. (p.69).[i]

 

El lunes 5 de noviembre de1917a la una de la madrugada en el Cementerio General de Lima la danzarina Norka Rouskaya interpretó el sentimiento que Chopin le insufló a su Marcha fúnebre (1839). Esta escenificación, que tan solo habría durado 08 minutos, provocó indignación en la opinión pública limeña.

Norka Rouskaya a los 18 años de edad
Imagen 1. Norka Rouskaya a los 18 años de edad. Fotografía enviada a J.C. Mariátegui, s/f.

A las pocas horas del suceso aludido, el influyente diario El Comercio en la edición de la mañana lanzó la primicia con el fin de incinerar la figura del joven periodista:

Anoche se ha realizado una escena que ha de producir la más profunda indignación en toda persona de sentimientos delicados.  (…)  Un grupo de jóvenes se trasladaron a la una de la mañana en varios automóviles al cementerio general, llevando en su compañía a la bailarina Norka Rouskaya; (…) lograron penetrar al sagrado lugar y olvidando todo el respeto que él merece, tuvieron la inconcebible temeridad de hacer bailar con acompañamiento de música a la bailarina nombrada.

 

A las pocas horas del suceso aludido, el influyente diario El Comercio en la edición de la mañana lanzó la primicia con el fin de incinerar la figura del joven periodista:

Anoche se ha realizado una escena que ha de producir la más profunda indignación en toda persona de sentimientos delicados.  (…)  Un grupo de jóvenes se trasladaron a la una de la mañana en varios automóviles al cementerio general, llevando en su compañía a la bailarina Norka Rouskaya; (…) lograron penetrar al sagrado lugar y olvidando todo el respeto que él merece, tuvieron la inconcebible temeridad de hacer bailar con acompañamiento de música a la bailarina nombrada.

 

La breve noticia tendenciosa fue magnificada por una crónica aparecida en la edición de la tarde de ese mismo diario suscrita por “Clovis”, seudónimo de Luis Varela y Orbegoso culto y reconocido periodista.  Ahí conjuga seis veces el verbo profanar.  Suficiente es citar el primer párrafo para darse cuenta de la pérdida de ecuanimidad del cronista:

La enfermedad física y moral de que padece el grupo de analfabetos que entre nosotros se han arrogado el monopolio del talento y de la genialidad, ha dado en la madrugada de hoy, sus frutos, llevando hasta la necrópolis a una joven artista, sedienta de renombre, para que profanara las tumbas de nuestros padres con sus músicas macabras y sus lúbricas contorsiones. (Subrayado del autor).

 

En esa época, descalificar a una persona, acusándola de “profanador”, es lo mismo que ahora se le califique de “terrorista”. Según Clovis, se había cometido un delito execrable; el peor de los sacrilegios que implica la introducción de elementos profanos en un recinto que se considera sagrado. Con el agravante de lúbricas contorsiones. La denuncia y protesta de Clovis fue el detonante que desencadenó, en la opinión pú blica limeña, una especie de bombardeo de sobresaturación contra Mariátegui. Y fue la pauta que siguieron -en un principio- los otros medios de prensa con la excepción del diario El Tiempo en que laboraban Mariátegui y su compañero de infortunio, Jorge Falcón.

Cementerio general de Lima, Alameda de Esculturas
Imagen 2. Cementerio general de Lima, Alameda de Esculturas. Escenario del cónclave convocado por el joven periodista J.C. Mariátegui. (Al fondo resalta el soldado romano, correspondiente a la tumba de Ramón Castilla) http://blog.pucp.edu.pe

Mariátegui, al tomar en conocimiento de la alarmante noticia de El Comercio, se movilizó rápidamente, el mismo lunes 5 de noviembre; se acercó en la mañana a la redacción del diario La Prensa para levantar el cargo de profanación; pues, quien calla, otorga:

(…) Repito –concluyó Mariátegui- que en la artista Rouskaya ni en ninguno de los que la indujimos a realizar ese acto hubo, ni por asomo, la intención de profanar el Cementerio ni de hacer mofa de la muerte.

 

Su breve argumentación fue publicada en la edición de la tarde.  Sin embargo, no logró conjurar las proporciones que alcanzó la denuncia de Clovis en El Comercio.  Mariátegui, en la tarde acudió a la cita convocada por el Prefecto. Ahí fue apresado y conducido a la cárcel.

Al día siguiente, o sea el martes 6, el artículo de Clovis tuvo su caja de resonancia en el diario Unión, órgano oficioso de la iglesia católica; cuyo editorial: “La degeneración actual”, anatematiza, en un estilo inquisitorial, a losculpables. Además, atribuye las causas de la degeneración física y moral que determinan el extravío total de la juventud actual a quienes:

…entonan ditirambos a la libertad democrática y prescinden de las máximas del Evangelio como cosa arcaica y pasada de moda.  Preténdese educar al pueblo con mucha libertad, inculcarle el cumplimiento del deber por el deber, haciendo caso omiso de la verdad religiosa, (…) a las películas que se proyectan en la tela de los cines.

(…) y seguiremos cantando a la democracia y a la libertad, y nos indignaremos después ante los hechos monstruosos que conmueven todas las entrañas de nuestro ser, como en el caso presente, y quedaremos, a fin de cuentas, en el mismo estado de antes hasta que venga la ira de Dios y consuma con el fuego del cielo las basuras de la carne y la degeneración de todos sus secuaces. (…)

 

El mismo diario, bajo el titular “A la cárcel”, informa:

En las últimas horas de la tarde de ayer (lunes 5), fueron remitidos a la cárcel de Guadalupe cuatro de las personas que en la madrugada de ayer, estuvieron con la bailarina suiza Norka Rouskaya en el Cementerio general y profanaron ese sagrado reciento, ejecutando ésta la danza fúnebre de Chopin.

La Rouskaya acompañada de su madre ha sido enviada a la cárcel de Santo Tomás.

 

Se exigía castigo ejemplar para los “profanadores”. Además del maltrato psicológico, se adicionó el maltrato físico con el encarcelamiento arbitrario en un ambiente insalubre.

Alejandro Ureta, presidente del Círculo de Periodista quiso que la agremiación hiciera pública su protesta respaldando la actitud de Mariátegui con un pronunciamiento; pero, los asociados no asistieron a la convocatoria de Ureta; razón por la cual, renunció.  El día martes 6 apareció en el diario El Tiempo dicha renuncia. (Por consiguiente, Mariátegui también renunció, tenía el cargo de segundo vicepresidente).

En el momento de mayor tensión intervino la policía, el Prefecto, el Ministro del Gobierno, el Ministro de Justicia, Presidentede La Beneficencia Pública, el Juez del crimen, el Vicario Capitularde la Arquidiócesis, el Nuncio apostólico y la movilización de los escalones de la Iglesia católica con ritos de desagravio.  También  los diputados y senadores debatieron en las Cámaras del Congreso de la República.  Los diarios publicaron cartas de sus lectores y ofrecieron amplia cobertura. El asunto de la “profanación” fue la comidilla del día en los barrios limeños.

El punto de quiebre, del cargamontón hacia Mariátegui, se logró el día miércoles7 de noviembre con el discurso del senador puneño y fundador de la Sociología académica, Mariano Hilario Cornejo en defensa de Norka Rouskaya y denuncia la prisión arbitraria. El jueves 08, el discurso de Cornejo, apareció en algunos diarios de Lima.

El sábado 10, Félix del Valle, amigo de Mariátegui, publicó “Síntesis de una defensa de la juventud”, al incidente Norka Rouskaya en la Revista de Actualidades; artículo muy bien fundamentado. Al día siguiente fue reproducido en el diario El Tiempo.

José Carlos Mariátegui en su máquina de escribir Remington (1922)
Imagen 3. José Carlos Mariátegui en su máquina de escribir Remington (1922), ¿estaría escribiendo su apología?

La apología de Mariátegui ante la sociedad limeña apareció el sábado 10 en el diario El Tiempo.  Mariátegui justificó su actitud; y, lógicamente, no se disculpó. Únicamente, transcribiré las palabras finales de Mariátegui: 

que la ciudad me crea lo que yo le juro por nombre de Dios; que el acto de Norka Rouskaya en el cementerio fue religioso, fue recogido y fue puro (Stein, 1989: 129).

 

Obviaré el escrutinio del debate que aparece en el libro del antropólogo William Stein, Norka Rouskaya y Mariátegui; con el fin de interpretar, lo ocurrido. 

Si bien, sus adversarios encontraron un pretexto, profanación; ¿por qué querían lapidarlo?  ¿Y,  por qué fracasaron en el intento?

En el caso del periodista Luis Varela y Orbegoso, su  motivación se debió a su despecho por no haber sido invitado.  Varela escribió un auspicioso reportaje a Norka Rouskaya antes de su debut para después de lo ocurrido en el Cementerio, denigrar de la danzarina.  Según, Mariátegui, Clovis no estuvo entre los elegidos por Norka para asistir a la velada en el Cementerio.  En ese cambio  de actitud también puede haber influido el ser primo de José de la Riva Agüero, a quien admiraba y Mariátegui lo había criticado con severidad e ironía.

Mariátegui, con solo 22 años de edad dirigió sus dardos hacia don José de la Riva Agüero y Osma, Marqués de Monte Alegre de Aleustia y Casa Dávila; quien se asumía como la quinta esencia del lenguaje castizo.  Fue a propósito del discurso de Riva Agüero: Elogió al Inca Garcilaso de la Vega; leído en el Salón General de la Universidad Nacional de San Marcos el 23 de abril de 1916.  El artículo de Mariátegui fue publicado el 30 de abril de 1916 en el diario La Prensa: “Un discurso: tres horas, 48 páginas, 51 citas.  ¿Gramática?  ¿Estilo? Notas Marginales”.  En el trasfondo de la crónica tendenciosa de Varela y Orbegoso también debe haber operado el celo profesional ante la emergencia de dos jóvenes periodistas de origen plebeyo como Mariátegui y César Falcón; quienes se habían formado en la escuela del trabajo y no eran blanquitos.

El frente amplio para lapidar a Mariátegui estuvo conformado por el Presidente de la República José Pardo y Barreda, ministros, militares, diputados y senadores y demás autoridades; ninguno de ellos era intocable ni escapaba a la pluma traviesa de Mariátegui.  Como había sido cronista de espectáculos continuó con ese estilo al dedicarse a la crónica política en su sección “Voces” del diario El Tiempo. Ahí convirtió a los lectores en cómplices al ironizar a los empingorotados personajes; qué, por supuesto, bien se lo merecían. La ironía, según el literato Alfredo Bryce, es la sonrisa de la razón.

Mariátegui, aunque escribía para ganar un salario, se divertía al escribir y divertía a los lectores.  Para él, en sus palabras: la política peruana es sustancialmente cómica.  La política peruana es de escenario festivo (La Razón (Lima), núm. 14; 29 de mayo de 1919).

Respecto a la movilización de los escalones de la iglesia católica, dentro del frente amplio para lapidar a Mariátegui, deberá saberse que hasta antes del 11 de noviembre de 1915 la Nación profesa oficialmente la Religión Católica, Apostólica y Romana: el Estado la protege, y no permite el ejercicio público de otra alguna.[ii] En esa fecha se aprobó, en una sesión tumultuosa y contra viento y marea, el proyecto de enmienda del artículo 4º de la Constitución; se declaró la libertad de cultos; aunque no cesó la hostilización a lo que no eran católicos.

En la aludida sesión del Congreso, un grupo mayoritario de mujeres como señal de protesta, entre gritos y rezos, arrojaban coronas de alfalfa a los parlamentarios que apoyaban la enmienda a la Constitución. Cuando el vicepresidente del Congreso, Dr. Peña Murrieta, empezaba a leer el acta de aprobación de la enmienda, el sacerdote Sánchez Díaz saltó de su asiento, corrió hacia la mesa directiva, arrebató el documento y lo hizo pedazos. En cambio, un pequeño grupo de estudiantes universitarios expresaban su alegría por la victoria lograda.[iii]

Puesto en estado de alerta la clase conservadora fundó en 1917 la Pontificia Universidad Católica para preservar a sus hijos de las “perniciosas” ideologías renovadoras que estaban penetrando a la Universidad Nacional de San Marcos; cuyo corolario fue la fundación de la Federación de Estudiantes.

Si el mismo “incidente” promovido por Mariátegui en el Cementerio de Lima hubiera ocurrido en Nueva York o en Paris, no sería tal. En Lima fue incidente por el grado de urbanización de la ciudad.  Lima era una “aldea grande”.  Buena parte de la población se conocía cara a cara. Y, como sentencia el refrán: en pueblo chico, infierno grande.

En 1917 Lima tendría menos de 200,000 habitantes. La  más alta de sus edificaciones la constituían los campanarios de sus numerosas iglesias coloniales. Todavía no se habían prohibido las construcciones urbanas de barro y caña brava.  La mayoría de calles eran polvorientas en verano.  Los gallinazos cumplían un importante papel en la higiene pública. Lima se extendía por el norte, con la Alameda de los Descalzos en el distrito del Rímac; por el sur, con el Paseo Colón; por el oeste, con la avenida Alfonso Ugarte que conecta la plaza dos de Mayo con la plaza Bolognesi (no existía la plaza San Martín); y, por el este con los Barrios Altos. Para espectáculos estaban el teatro Segura y Colón, el hipódromo de Sana Beatriz y la plaza de toros de Acho. El cine comenzaba a introducirse y no existía una estación de radio ni estadio.  Fue la época de auge del periodismo. No estaba tan descaminado Abraham Valdelomar, literato y amigo de Mariátegui, cuando en un exceso de egolatría y en tono de parodia, dijo: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert soy yo”.

No diré que Mariátegui quedó indemne del linchamiento mediático de la época. Según su biógrafo, Guillermo Rouillon, cuando salió de la prisión acudió presuroso a la casa de su mamá, que era muy católica a darle explicaciones; lo mismo que a su atractiva amiga Juanita  Martínez de la Torre y a su madre.

Norka Rouskaya cuando salió libre fue entrevistada, ofreció una conferencia de prensa y le remitió una nota de agradecimiento al senador Mariano Cornejo.  Sus amigos le ofrecieron un ágape de despedida a manera de desagravio. Poco antes de partir visitó al Vicario Capitular de la Arquidiócesis de Lima.

La mayor defensa de Mariátegui fue la firme convicción de haber obrado con honestidad, su confianza en sí mismo y la excelencia de su pluma como escritor. Años después, y luego de retornar de Europa, respondió a una encuesta de la periodista Ángela Ramos:

Lo que siempre me habría aterrado es traicionarme a mí mismo.  Mi sinceridad es la única cosa a la que no he renunciado nunca.[iv]

 

Indudablemente, dada la época, el asunto de la profanación era controversial.  El mismo Mariátegui dice:

Yo no he sido prudente jamás.  Pero es que no he podido serlo.  Un hombre todo sinceridad no puede ser prudente. (p.49)[v]

 

La campaña periodística sindicándolo de profanador a Mariátegui, tenía por objetivo su desaparición del escenario político. Sus adversarios, no lograron excluirlo socialmente; ni que pidiera perdón; tampoco lo intimidaron. En Mariátegui no quedó la menor huella de resentimiento. Pues, no tenía enemigos personales; sino adversarios ideológicos. Así se resolvió el conflicto.

William W. Stein y Antonio Rengifo B.
Imagen 4. William W. Stein y Antonio Rengifo B. en el “Rincón rojo”, Casa Museo J.C. Mariátegui

Dicho incidente en la vida de Mariátegui ha sido historiado por el antropólogo William W. Stein de la Universidad del Estado de Nueva York en Buffalo: Mariátegui y NorkaRouskaya”. Crónica de la presunta “profanación” del Cementerio de Lima en 1917 (1989), fuente invalorable de consulta.

 

Anuario Mariateguino (Lima), año I, núm. 1, 1989

STHAL, F. (s/f). En el País de los Incas. Puno: librería Cristóbal Villasante.

STEIN, W. (1989), NorkaRouskaya y Mariátegui. Crónica de la presunta “profanación” del Cementerio de Lima en 1917. Lima: Empresa Editora Amauta.

 

 

[i] Carta de Mariátegui a “Ruth”. Lima, 06 de abril de 1920. En: Anuario Mariateguino, 1989.

[ii] Título II de la Religión, Artículo 4º de la Constitución Política del Perú.

[iii] (STHAL, Fernando: En el País de los Incas. Edición a mimeógrafo, librería Cristóbal Villasante. Puno-Perú; s/f.)

[iv] “Mundial” Revista. Lima, 23 de julio de 1926

[v] Carta de Mariátegui a “Ruth”

del 06 de abril de 1920

ANUARIO MARIATEGUINO. Año I, N° 1.

Empresa editora Amauta S.A. (Lima 1989)

 

Cómo citar este artículo:

RENGIFO BALAREZO, Antonio, (2017) “El joven periodista J.C. Mariátegui denunciado por profanar el Cementerio. Lima, 5 de noviembre de 1917”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 34, enero-marzo, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 19 de Febrero de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1596&catid=15

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