Pacarina del Sur
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La entonación incierta del habla santiaguina

The uncertain intonation of Santiago´s language

A entonação da fala incerto Santiaguina

Juan Carlos Munizaga Vera[1]

Artículo recibido: 28-02-2013; aceptado: 22-03-2013

 A.

Uno de los principales capitanes de Pedro de Valdivia no asistió a la primera misa que los conquistadores realizaron en Santiago para celebrar la fundación de la ciudad. ¿El motivo? El militar quedose retozando con las hijas del cacique Talagante, después que éste lo invitara a sus tierras. Evidentemente sufrió un castigo, no obstante, en la perspectiva del oficial español ese castigo debe haber sido para él un costo menor frente a lo que aconteció como una ceremonia del placer.

Podemos rescatar de esta anécdota que es posible pensar que en esos primeros años de la Conquista hubo un momento de encuentro afectivo entre españoles y mujeres picunches (mapuches de la zona central) y que fue placentero para ambos.

Es probable, entonces, que fundaran una vida nocturna de encuentro amoroso hombres y mujeres de distinto origen, y que sólo dio vida a unos guiños y gestos cómplices, porque esa relación no tuvo palabras que la legitimara. Es un encuentro mediado por el silencio y la complicidad y quizás, por qué no, que tuvo un reconocimiento a través del juego. Este vínculo no tuvo palabra, porque el discurso de la voz dominante estuvo impregnado por otra fundación, que era la vida oficial que desarrollabase en el día de la ciudad, una ciudad de poder imperial preparada para la guerra para los mapuches o, más bien, para asentar el dominio de una cultura autoreferente que excluye a quienes no tienen el origen, la postura ni el gesto español o criolla. Por tal razón la palabra, o el simbolismo asociado a lo diurno, era de  absoluta indiferencia con ese tejido placentero y amoroso que transcurría en el tiempo nocturno.

Es así como quienes primero conocieron y experimentaron este mundo dual sin solución de continuidad fueron los hijos mestizos provenientes de  ambos progenitores. Ellos pudieron intuir que en algún fondo nocturno sus padres lograban una suerte de compañerismo, basada en una mutua aceptación, y al mismo tiempo percibir que todo eso  borrábase con el codo en el trayecto diurno de la vida citadina, donde la antinomia entre el mundo español y mapuche era total. De acuerdo a esta hipótesis, el habla de estos hijos mestizos no tuvo un fondo de apoyo que proviniera de sus progenitores, porque su voz arrastra la memoria de ambas fundaciones u orígenes y no tuvo ni tiene una explicación que logre conciliar el ‘día’ y la ‘noche’ que dividió a sus padres. Y a pesar de que para los hijos mestizos el castellano fue la lengua oficial para comunicarse, esta fue un habla traumada, porque no recibió una herencia única de memoria que le indicara cómo valorar los seres y las cosas que le rodeaban. Por el contrario, este hijo mestizo tomo conciencia de su perplejidad de poseer dos memorias: una memoria que la sabe y que no puede decir, generada en lo nocturno, y una memoria ‘diurna’ con la que habla y que no obstante es insuficiente para dar cuenta de su identidad.

Podemos decir que este hijo mestizo comienza a recodar con ambas memorias y que no piensa con ninguna de ellas, sea esa la figura del mestizo, arrojado a la existencia con el eco dual de ambas memorias no las puede actualizar para su presencia de facto, y está obligado a pensarse con sólo los retazos que le trae el día cotidiano, delgada existencia para el momento presente y profunda memoria para un ayer que no alcanza a ser suyo.

Por eso este mestizo, al mirar al pasado o hacia el futuro, ve dos líneas de vida paralelas que no tienen punto de encuentro o, más bien, que el punto de encuentro es él mismo y entonces es la escisión la que habla en él.

 

B.

Una segunda consecuencia es el rasgo de dubitación en el habla de la comunidad mestiza. Es un habla que duda en cuanto a nombrar, porque no tiene la confirmación de lo que está diciendo es lo correcto, debido a que lo que primero observó fue un paisaje ambiguo donde el día y la noche no tenían vínculo, y esta incertidumbre de mundo no tuvo palabra que sirviera de síntesis y superación de la dualidad.


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Por ello lo ambiguo no puede denotarse, sino que es traducido mejor a través de la connotación o el lenguaje gestual, que impone necesariamente al contexto como decodificador del mensaje. Probablemente, un rasgo que esta repetido en nuestra conversación es que el significado no queda de forma suficiente expresado en la palabra, sino en la totalidad de sentido que la rodea.

No sería aventurado pensar entonces que en nuestra actual habla todavía permanecen rasgos de ese carácter dubitativo, debido a un origen que no tuvo una única memoria asumida por todos, y que permea una entonación incierta respecto de cómo valorar las cosas que pasan y decimos.

Según el filósofo ruso Mijail Bajtin, es a través de la entonación personal del hablante que la comunidad traspasa a éste la manera de valorar y entender el mundo natural y cultural en el que vive. Así, para Bajtin la entonación no es un  fenómeno sicológico del hablante sino un hecho social que habla por medio de éste. Y este hecho social es el fondo coral comunitario que nutre a los hablantes.

Por tanto, si este fondo coral no emerge con un solo sentido, su tonalidad será confusa e incierta, que es lo que sucedería en nuestras conversaciones.

Es sobre todo en el encuentro de la esfera pública, donde formamos parte de una sociedad con un habla y una memoria común, cuando estamos en disposición de este rasgo mestizo de la incertidumbre y la duda, permeando nuestra habla y entonación. A través de nuestra incertidumbre lingüística retornamos a una conversación que quedo pendiente desde el tiempo de la Conquista y que tiene que ver con la decisión que toma el mestizo respecto de su propio estatuto como mestizo, cuyo signo más vital es no tener claro cómo nombrar su origen, por lo que tampoco le queda evidente cómo dice y nombra lo que hace y acontece.

En esa noche de los tiempos donde advertimos cierta huerfanía,[2]en ese instante de historia donde el conquistado y el conquistador siéntense raramente análogos en la soledad de su épica, en la derrota humana que supone la guerra: ahí anudase una de las claves originarias de nuestro ser como hablantes, como individuos de palabras, como comunicadores de lo incierto, como si todo fuese un parecer, como si la materia fuese una ilusión del verbo.

Ese desgarro inicial: matar, morir, la copula, bailar y beber en demasía; proyecta su sombra hasta nuestros días y el cronista avezado percibirá en la entonación del habla santiaguina la rémora de una ausencia…si, exacto, la ausencia de la presencia del espeso cuerpo humano, que en ladinoamérica bulle por todos lados,[3] y que sin embargo no es rescatado por nadie[4].

No será, entonces, la falta de asertividad individual ni una mancha sicológica la que habrá de ayudarnos a entender los modismos y los quiebres del hablar chileno. Bastará con escudriñar la historia de la Conquista de este territorio, por demás insular, para entender cómo hablamos cuando queremos decir, como sacamos el aire y lo transformamos en palabras. (Texto del diseñador gráfico, Leonardo Ahumada Gallardo)[5]

 

 C.

Uno de los rasgos más llamativos de nuestros de nuestra oralidad es hablar en diminutivo y, en general, suelese responsabilizar a la sicología de las personas la causa de este rasgo lingüístico. Sin embargo, ello correspondería más bien a un estado de la cultura de nuestra comunidad, que estaría basada en la incertidumbre no sólo respecto de lo que dice y nombra por lo ya señalado, sino también porque el sujeto que habla queda él mismo en estado incierto como hablante, debido a la inconstancia de su origen cultural. Es el sujeto precario el que habla y en su precariedad busca afirmarse en la realidad a través de lo tentativo, de lo posible. Por eso hablar en diminutivo es acercarse tímidamente al objeto de conversación, no vaya a suceder que  lo que decimos sea inconveniente o complicado para los demás, debido a que precisamente carecemos de un firme suelo simbólico en que asentarnos.[6]


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Por eso que nuestra habla tiende inmediatamente al consenso, hurtándose de la polémica o del disenso, pues intuye que el piso de identidad cultural es lo suficientemente incierto como para fundar un sujeto que hable con singularidad y p ropiedad. Esta especie de secreto cultural nos lleva a que tendamos a arrojar nuestro habla con los vestidos del grupo antes que con los de la experiencia personal. Al carecer de una confirmación original, buscamos ésta en cada uno de nuestros encuentros. Asimismo, un rasgo tan criticado de nuestro decir, como poner el verbo ‘tratar’ antes de afirmar una acción, conviértese  en algo natural dado el trasfondo incierto del hablante y su falta de consistencia ontológica. Decimos que vamos a “tratar de hacer”, porque estamos “tratando de ser” debido a nuestra escisión de nacimiento.

Otro ejemplo de la incertidumbre que puede estar en la base de nuestros enunciados es la voz ‘digamos’ que utilizamos en medio de una conversación cualquiera. Si nos fijamos en los momentos en que esta palabra aparece es siempre a continuación de una proposición afirmativa. Y este ‘digamos’ es una muestra de la incertidumbre en que nuestra comunidad lingüística nos coloca, porque implica relativizar precisamente aquello que antes hemos dicho con cierta firmeza, como si dijesemos que lo que acabo de decir ‘puede ser’, y también ‘puede no ser’. El tono de esta voz es siempre cargado hacia un fondo de pregunta, donde el hablante quiere sumar la posición de su interlocutor a la suya propia. Y esto sucede porque al no ser nosotros parte de una comunidad confirmada por sus padres, necesitamos urgente que el otro nos confirme en nuestro hablar.[7]

 

 D.

Esto que nos sucede en el habla parece necesario que la comunidad misma lo tome como pregunta, puesto que sabemos que tanto las entonaciones como el habla cambian con el paso de las épocas, y quizás estemos ahora frente a una de esas disyuntivas históricas, en donde nuestro habla comience a modificarse, y ello porque está en el aire la necesidad de responder al estatuto del ser mestizo. Como sabemos, cuando estamos en crisis volvemos siempre al origen y muy pocos ponen en duda que no estemos hoy en una época crítica. Además, la emergencia de una sociedad de mercado que necesita de lenguajes performativos es  posible que también sea un estímulo para este cambio de lenguaje.

De acuerdo a lo dicho, desprendese que nuestra oralidad, como ciudad y país, reserva un espejo en el que podemos mirarnos más a la luz de lo que somos como comunidad, y para ello es absolutamente necesario volver a conversar con nuestros padres simbólicos y que esta vez, cuando llegue el amanecer, lo aprendido en la noche, no sea disuelto por el día.

 

Escrito posterior:

Dedico este texto al poeta de Lautaro, Jorge Teillier y al filósofo de Selva Negra, Martín Heidegger; en provecho del primero, este texto no lleva la palabra ‘pero’, que al decir de Teillier ensucia la fuerza del castellano y a favor del segundo, este escrito no lleva la partícula autónoma ‘se’ que sólo impulsa el olvido de estar cuando hablamos y escribimos.



[1]  Este texto lo escribí originalmente en el 2001, (Patrimonio Cultural, N 22, Invierno 2001) es decir, trece años antes, hoy lo rescato con ciertas modificaciones que aunque pequeñas, resultan importantes para su propósito.

[2] Exacto, la palabra huerfanía no está registrada por la RAE chilena, es una palabra de mi invención, que retrata mejor el estado de orfandad del huacho mestizo chileno, dado que tiene cierta semejanza con la mixtura entre la palabra huérfano y melancolía, algo que es de suyo propio.

[3] Lo que nos lleva a la impactante oración de Baruch Spinoza en su Etica…’nadie sabe lo que puede el cuerpo’… que según nuestro texto podría entenderse  como .. nadie sabe lo que puede Latinoamérica.

[4] Al respecto, F. Nietzche puede ser considerado el primer latinoamericano muerto en el exilio…

[5] En el texto original, la editora de Patrimonio Cultural, Virginia Rioseco, ante una ausencia prolongada mía y la necesidad de tener un párrafo más para que ocupe toda la caja del texto, solicito a Ahumada este párrafo, dada nuestra amistad y mutuo conocimiento; texto con el que estoy totalmente de acuerdo.

[6] No obstante, hay visiones complementarias a esto, como el libro La atenuación del Castellano en Chile, de Juanita Puga, donde la autora hace intervenir la variable poder entre los hablantes para explicar nuestra habla en diminutivo.

[7]  No obstante, este hablar de ‘ parecer ‘ es para G. Deleuzze una manera más humana de habitar la vida, dado que importa más el lenguaje que la realidad referida, decir en forma ambigua a la cosa y no designarla literalmente invita más al juego que a la milicia. Con lo cual no es necesario reemplazar este decir incierto sino sumarle el lenguaje propio y singular, de cada humano individual.

 

Cómo citar este artículo:

Munizaga Vera, Juan Carlos, (2013) “La entonación incierta del habla santiaguina”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 15, abril-junio, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el

Consultado el Lunes, 18 de Enero de 2021.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=698&catid=15

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