Pacarina del Sur
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Pacarina del Sur

Javier Diez Canseco

Miguel Aragón[1]

Recibido: 16-05-2013; Aprobado: 01-07-2013

Condiciones que influyeron en nuestra formación inicial

Desde 1950 hasta 1975 el Perú atravesó por un largo ciclo de relativa estabilidad y crecimiento económico. Al lado de las inversiones del gran capital peruano y extranjero, en esos años de crecimiento económico capitalista se impulsaron las inversiones de las pequeñas y medianas empresas, que competían en condiciones desiguales con las inversiones del gran capital. Y por otro lado, creció rápidamente el proletariado, manual e intelectual, el proletariado creció en el campo y la ciudad. Así creció y se robusteció la clase de los trabajadores asalariados. En esos años, el campo continuaba su largo proceso de depresión y empobrecimiento, mientras que algunas  ciudades crecían rápidamente, rodeadas por los cinturones de empobrecidas barriadas, constituidas por nuevos pobladores pujantes y emprendedores. La población estudiantil y el movimiento estudiantil también crecieron al impulso de  esa evolución económica.

En esas nuevas condiciones, por un lado creció y se intensifico la lucha entre el proletariado y la burguesía, en lucha por un nuevo reparto de la renta nacional acrecentada; y por otro lado, entre las filas de los diferentes sectores de los  propietarios (grandes, medianos y pequeños) se intensificó la competencia  por la distribución de la plusvalía. La evolución de esas  dos contradicciones básicas,  formadas en la base económica del país, influyó decisivamente en nuestro comportamiento social y político. La confluencia de las luchas del proletariado con las luchas de los pequeños propietarios y medianos propietarios, que se enfrentaban de manera conjunta contra la clase dominante, fortalecieron al frente unido del pueblo peruano. Las masivas luchas campesinas de esos años vitalizaron a la Confederación Campesina del Perú, mientras que los nuevos contingentes de obreros constituyeron la nueva CGTP, y los maestros, por su parte, dieron nacimiento al SUTEP. En esas condiciones de intensa lucha poblana, en varias ciudades del país se constituyeron los Frentes de Defensa del Pueblo, emulando la iniciativa germinal del Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho. El movimiento estudiantil universitario también fue partícipe  de esa oleada de luchas de las organizaciones de masas. 

 

El decenio de la gran escisión

En los años finales de la década de 1960 conocí de vista a Javier Diez Canseco. Por esos años en muy pocas oportunidades conversamos personalmente, pero coincidimos en algunos de  los eventos estudiantiles más importantes de ese tiempo. En octubre de 1967 en el XII Congreso de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) realizado en la Universidad Nacional de Educación - La Cantuta, evento en el cual fue superada, derrotada y desterrada  definitivamente la influencia aprista en el movimiento estudiantil. En octubre de 1968 en el Seminario en Conmemoración del Aniversario 50 de la Reforma Universitaria, evento realizado en la Facultad de Civiles de la UNI, evento que coincidió con el  golpe de estado dirigido por la cúpula  militar al mando del General Juan Velasco. A fines de 1969 en la Asamblea Metropolitana de Estudiantes realizada en la Facultad de Mecánica de la UNI, en esos momentos con sus aulas recesadas por las autoridades serviles al régimen militar que impuso violentamente el recorte de los derechos estudiantiles. Y en mayo de 1970 en el Congreso Extraordinario de la FEP realizado casi en secreto en la ciudad de Arequipa, superando la persecución contra el movimiento estudiantil  impuesta por el  régimen policiaco instaurado a partir del golpe militar del 3 de octubre de 1968.[2]         

Javier  asistió a todos esos eventos como dirigente estudiantil de la Pontificia Universidad Católica, y yo lo hice como dirigente estudiantil de la Universidad Nacional de Ingeniería. Está demás mencionar que lo hicimos agrupados en tendencias discrepantes, pero que en las jornadas de lucha, en las movilizaciones callejeras, y en los enfrentamientos con las fuerzas de la represión,  actuábamos de manera conjunta, y nuestras diferencias teóricas desaparecían “como por encanto”, y así se imponía la unidad en la acción política.[3]

Entre los años 1965 y 1967 fue superada definitivamente la larga y nefasta  influencia de la tendencia aprista en  el movimiento estudiantil universitario (que venía desde los tiempos de Víctor Raúl Haya y Manuel Seoane), y en esas nuevas condiciones los estudiantes de tendencia renovadora de fines de los años 60 nos encontramos con la nueva situación así creada, en la cual  aparentemente ya no había “enemigo directo” a quien combatir en las aulas universitarias, y por simple reacción instintiva, cometimos el más grande error de nuestra generación.

Como compensación,  ante ese “vacío de contrincante”, colocamos en primer plano las contradicciones en las filas del frente unido estudiantil. Grave escisión política que después se reflejaría y prolongaría  en el movimiento socialista peruano y en el frente unido del pueblo peruano en las próximas décadas. Lastre sectario todavía no superado hasta ahora.

La combinación de la influencia del medio pequeño-burgués predominante en nuestro país, con la influencia de la herencia feudal no superada  en lo cultural y político (no obstante el largo periodo de crecimiento económico capitalista), fueron las condiciones que facilitaron el desborde del caudillaje personalista y el sectarismo pequeño-burgués en el movimiento estudiantil universitario, en el cual se combinaron fácilmente los intereses mezquinos del pequeño propietario, con la herencia cultural española.

En las filas del frente unido y del movimiento socialista, la táctica frente unitaria laboriosamente cultivada entre los años 1945 y 1965, fue abandonada, y en su remplazo se impuso la táctica predominantemente partidarista. En boca de los jóvenes recién iniciados en las primeras lecturas socialistas, que todavía no habíamos aprendido “el abc del socialismo científico”, lo primero que aprendimos a mediados de los años 60 era  pronunciar  estas dos máximas creencias casi religiosas “antes de unificarse y para unificarse es necesario empezar por deslindar los campos de un modo resuelto y definido”, y “el partido se fortalece depurándose”. Dos propuestas máximas, que sacadas fuera del contexto de la realidad presente del momento, resultaron ser propuestas  dogmáticas y sectarias,  más influidas por la manera de pensar idealista y de actuar sectariamente de Fernando Lasalle,  que por  el ejemplo de la práctica leninista, que nosotros invocábamos a cada momento, sin haberla conocido directamente, y mucho menos entendido. En nuestras rápidas lecturas del libro ¿Qué Hacer?, no nos dimos cuenta que Lenin había planteado “Puede tener miedo a alianzas temporales, aunque sea con gente insegura, únicamente el que tenga poca confianza en sí mismo”.  Y en esos años de iniciación política, eso fue lo que nos faltó a nosotros,  nos faltó “confianza en nosotros mismos”, y por eso desconfíábamos de los aliados en la lucha diaria.   


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La mayoría de jóvenes estudiantes de esos tiempos, entre ellos Javier y yo, no fuimos ajenos a esa perniciosa desviación sectaria. El decenio 1965-1975 fue el Decenio de la Gran Escisión en las filas del frente unido y del movimiento socialista, en el cual  “en un abrir y cerrar de ojos” se constituyeron más de cincuenta minúsculas tendencias político partidaristas,  engendradas  unas del seno del viejo y obsoleto Partido Comunista Peruano, y otras en la cuna no menos vieja y obsoleta del  Apra Rebelde, aunque todas, para encubrir sus debilidades teóricas y sus impotencias políticas,  se reclamaban herederas y seguidoras del Camino de Mariátegui.

Acabo de leer que Javier, en algún momento  declaró lo siguiente: “Lo primero que hay que reconocer es que las izquierdas somos organizaciones débiles, pequeñas, con limitaciones. Ningún partido de izquierda tiene la masa crítica para ser un partido nacional con opción de poder. Yo pienso que el principal problema de la izquierda ha sido su desorganización y debilidad y luego su carencia de iniciativa”.[4]

Así concluyeron los años  juveniles de nuestra generación, totalmente escindidos y contrapuestos. Y pronto tuvimos que asumir nuestras responsabilidades de adultos. 

 

Nuevas condiciones y nuevas tareas: el fortalecimiento del frente unido del pueblo

Después del Decenio de la Gran Escisión se modificaron las condiciones económicas, sociales y políticas en el país. A partir de 1975 se ingresó a la crisis económica y social más larga y profunda de toda la historia republicana, crisis que se mantuvo y agravó hasta comienzos de la década de 1990, largo periodo de hundimiento y bancarrota del país, que exigía un replanteamiento en las propuestas tácticas. La crisis económica intensificó  las contradicciones sociales, creándose una excelente  situación revolucionaria en el país, excelente situación que fue desaprovechada por el movimiento socialista peruano, que no estuvo preparado para transformar la excelente situación revolucionaria en crisis revolucionaria. Este es  el cargo más grave  que tenemos que señalar en el balance de  nuestra generación.  

Esas nuevas condiciones reclamaban y exigían el replanteamiento táctico, replanteamiento que comenzaba por plantearse en primer plano la cuestión de la unidad del movimiento socialista y del frente unido del pueblo. La historia de los últimos cuatro decenios, desde 1975 hasta el presente, ha comprobado que siempre es más fácil dividir, que unir las fuerzas. Para dividir el movimiento solo se necesitó de un “abrir y cerrar los ojos”; después, para unir se están necesitando varias décadas de tenaz y laborioso esfuerzo. Y en ese esfuerzo, la muerte sorprendió a Javier. También acabo de leer que Javier declaró “La política es el arte de las correlaciones de fuerza, si tú no construyes una favorable no puedes pretender que las ideas, sin acción y sin organización, transformen la realidad”.[5] Conclusión muy acertada, las ideas sin acción y sin organización no pueden transformar la realidad.

Con Javier Diez Canseco (JDC) volvimos a coincidir en algunas  tribunas universitarias, veinte años después,  a mediados de la década de 1990. Yo como un modesto y anónimo agitador intelectual convocado periódicamente por nuevos contingentes de estudiantes para llevar a la práctica de manera informal la cátedra libre sobre temas de mi interés y preocupación, como son la evolución de la economía y la educación en el Perú, y otros temas más coyunturales. Mientras que Javier desde 1978, se había iniciado y entregado a la agitación política electoral y parlamentaria, llegando a ser uno de los parlamentarios más fogosos y conocidos en el país. 

En esta nueva oportunidad nuevamente discrepábamos públicamente, pero como siempre con respeto mutuo. Pude comprobar lo que ya suponía, su debilidad teórica, pero que era superada largamente por su beligerancia política, y el momento era de preocupaciones políticas más que  teóricas.

 

Reivindicación de Javier Diez Canseco

JDC no ha sido un teórico, ha sido un político, un pragmático, un hombre de acción. Y más que eso, ha sido un agitador, un tribuno, un gran acusador, y en el futuro, así será recordado en las filas del pueblo.

En teoría, que siempre fue su flanco más débil,  JDC se declaró socialista. Pero en la política práctica, que siempre fue su flanco más fuerte, siempre fue un demócrata radical consecuente. No fue un reformista como muchos lo acusaban (o acusábamos), sino  un  reformador radical. Más preocupado por modernizar, renovar y nacionalizar el estado actual, que como todos sabemos es un estado de clase, es un estado burgués, y no un “estado de todos los peruanos”.

El aspecto medular del programa socialista, como todos sabemos, es la cuestión del Estado. Y el objetivo del socialismo peruano es la instauración de un nuevo estado, para lo cual hay que destruir el viejo estado (porque se entiende que sin destrucción de lo viejo no se puede construir lo nuevo). Pero Javier abrigaba la ilusión de poder modernizar   al obsoleto estado actual, por eso sus beligerantes campañas contra la corrupción y por el buen uso de las rentas públicas.


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Pero también tenemos que reconocer que Javier, hombre práctico y realista,   nunca regateó su colaboración con el fortalecimiento y/o formación de los gérmenes del nuevo estado. Gérmenes que están constituidos  por las comunidades nativas amazónicas, las comunidades campesinas alto andinas, y por los municipios renovados. Contra lo que piensan algunos doctrinarios, las células del nuevo estado “no aparecerán recién, como por arte de magia, al día siguiente de la toma del poder”, sino que estas células de lo nuevo, se están formando desde hace muchas décadas dentro de la propia sociedad vieja. 

Como demócrata consecuente y reformador radical, Javier Diez Canseco siempre ha formado parte del frente unido del pueblo, que contra lo que piensan algunos minúsculos “ghetos” sectarios enfermos de doctrinarismo, el frente unido no está formado solamente  por unos cuantos “auto declarados” socialistas proletarios, presuntamente marxistas. Todo socialista consecuente sabe muy bien, o en todo caso debería saber, que así como el partido se fortalece “depurándose”, por el contrario, el frente unido se fortalece “uniendo a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas, para luchar contra el enemigo común”. Quien no entiende esa diferencia, simplemente no entiendo lo más mínimo de la táctica socialista.

En esa condición política definida, reconocemos que JDC ha sido el más destacado Candidato del Pueblo  y Representante Político del Pueblo en los últimos procesos electorales. Ha sido el más destacado tribuno, que asumió la defensa incondicional de las causas de todos los desposeídos, y que denunciaba sin miramientos las cotidianas corruptuelas de los políticos burgueses.

Confieso, y sin rubor, que no obstante mis diferencias teóricas con Javier, en las elecciones presidenciales del año 2006, voté por Javier para Presidente de la República. Hoy con mucho orgullo reivindico,  que mi voto fue parte del respetable   0.5% de  votos dignos obtenidos en esa oportunidad. (Ese 0.5% fue el embrión que en octubre de 2010 se transformó en más del 50% de los votos en apoyo a la Confluencia Fuerza Social coordinada por Susana Villarán en las Elecciones Municipales en Lima). Y también confieso, lo que ya es público, que en  abril de 2011, hice campaña por los Candidatos del Pueblo en las Elecciones Parlamentarias, y voté por Javier y otro candidato del pueblo para el Congreso de la República.

Por mi declarada posición socialista, y por lo tanto obligatoria y necesariamente frente unitaria, ni en las elecciones del 2006, ni en las elecciones del 2011, me dejé engañar ni sorprender por la demagógica campaña nacionalista burguesa de Ollanta Humala,  sintetizada en el Plan de Gobierno de la llamada Gran Transformación, teñida en lo sustancial  de la nefasta herencia “hayista-velasquista”, influencia con la cual el socialismo peruano no puede rebajarse, ni menos confundirse.   

Como todos los que sentimos sinceramente la muerte de Javier, y que cada día vamos a sentir la ausencia de Javier  con mayor intensidad, declaro que tengo muchas otras ideas y recordaciones que anotar, pero el tiempo apremia. Todos los que nos sentimos identificados con su causa, con sus campañas de agitación, tenemos que estar presentes hoy día en las calles de Lima, acompañándolo en su última lucha política parlamentaria, desde el frontis del congreso en la Plaza Bolívar, contra el vetusto congreso.[6] El pueblo de Lima le dará un voto mayoritario de apoyo contra los mediocres representantes de la decrépita clase burguesa.

Todos los que nos sentimos solidarios con él, entendemos que su separación del congreso, antes que denigrarlo, lo ha reivindicado, y lo ha engrandecido.

 

 


Notas:

[1] Versión revisada, corregida y ligeramente ampliada

[2] Para mayor información sobre el desarrollo del movimiento estudiantil, recomiendo ver libro de Edilberto Huamaní El Movimiento estudiantil en la UNI, Fondo Editorial Universidad de Ciencias y Humanidades, Lima 2011.

[3] Sería muy largo anotar la numerosa cantidad de movilizaciones masivas en las cuales los estudiantes de las universidades de Lima participamos en esos años, ya sea por reivindicaciones propias de los estudiantes, o en apoyo a los luchas obreras, magisteriales y de pobladores, o de solidaridad con las luchas de los pueblos del mundo, especialmente con las luchas del pueblo vietnamita y la defensa de la revolución cubana. En todas esas jornadas de combate callejero,  por lo general coincidíamos con Javier Diez Canseco. El efecto nocivo de los gases lacrimógenos, de los varazos policiales, y de los chorros de agua a presión, no hacían distingos  entre las diferentes tendencias teóricas en que estábamos agrupados los estudiantes, a todos nos caía por igual.

[4] Palabras citadas por Víctor Cáceres en el  artículo Javier Diez Canseco y ¿Dónde está nuestra izquierda? Del 05 de mayo de 2013. 

[5] Ibíd.

[6] Este artículo fue escrito el martes 7 de mayo de 2013. Mismo día que se efectuó el entierro de Diez Canseco, enmarcado por un homenaje póstumo.  

 

Cómo citar este artículo:

ARAGÓN, Miguel, (2013) “Javier Diez Canseco”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 16, julio-septiembre, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el

Consultado el Lunes, 18 de Enero de 2021.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=760&catid=15

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