Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

Discurso político y polarización social: el discurso anti-aprista en la prensa escrita durante la campaña electoral de 1931 en Tacna

Discurso Político E Polarização Social: O Discurso Anti-Aprista Em Prensa Escrita Durante A Campanha Electoral De 1931 En Tacna

Political Speech And Social Polarization: Anti-Aprist Speech In The Written Press During The 1931 Electoral Campaign At Tacna

Alfonso Renato Vargas Murillo[1]

RECIBIDO: 13-09-2016 APROBADO: 09-11-2016

Resumen

Resumen: Uno de los discursos recurrentes en esta época caracterizada por el conflicto político en el Perú, fue el discurso “anti-aprista”, el cual tiene la particularidad, de mostrarse como un discurso transversal, es decir, era componente del discurso de la izquierda socialista (anti-aprista), y de la derecha (en su versión conservadora o populista), ambos parte de lo que Haya de la Torre denominará el “Frente Reaccionario”. En el presente trabajo, analizaremos los artículos publicados en “La Nación”, el cual al mostrarse como un diario neutral en un inicio (hasta comprometerse formalmente con la tendencia sanchezcerrista), surge como el medio propicio para poder observar las manifestaciones discursivas de este frente anti-aprista, en su heterogeneidad.

Palabras clave: Aprismo, antiaprismo, sanchezcerrismo.

 

Introducción

En la década de 1930, el surgimiento (y la recepción en el Perú) de las nuevas ideas políticas y la aparición de los movimientos de masas tanto de izquierda (aprismo) como de derecha (sanchezcerrismo/fascismo), trajo consigo una serie de conflictos a nivel político, económico y social, una pugna entre un sector que abogaba por una serie de reformas y otro que ensayaba nuevas estrategias de legitimación para conservar el status quo. En ese contexto, la prensa juega un rol fundamental, en cuanto se fueron comprometiendo con una u otra tendencia, sirviendo de canal difusor de sus principales tesis, así como “escenario” para una serie de controversias, basadas en furibundos ataques hacia el “otro”. En este sentido, uno de los discursos recurrentes en esta época, es el discurso “anti-aprista”, el cual tiene la particularidad, de mostrarse como un discurso transversal, es decir, era componente del discurso de la izquierda socialista (anti-aprista), como de la derecha, tanto en su versión más conservadora, o en su forma populista (con el sanchezcerismo), ambos parte de lo que Haya de la Torre denominará el “Frente Reaccionario”. En el presente trabajo, analizaremos los artículos publicados en “La Naciòn”, el cual al mostrarse como un diario neutral en un inicio (hasta comprometerse formalmente con la tendencia sanchezcerrista), surge como el medio propicio para poder observar las manifestaciones discursivas de este frente anti-aprista, en su heterogeneidad.

 

Prensa y discurso político

La prensa escrita –los periódicos fundamentalmente- , como fuente para la reconstrucción histórica tiene un enorme potencial, en cuanto ofrece “información de gran parte de la realidad inmediata” (Morán & Aguirre, 2008: 247), abarcando una serie de aspectos (políticos, sociales, jurídicos, económicos, etc.). Tradicionalmente se ha utilizado para rescatar datos sobre hechos concretos, que luego deberán contrastarse con otras fuentes, sin embargo, desde una visión más amplia respecto a las posibilidades del uso de la prensa escrita como fuente, por medio de ella podemos comprender “la evolución de las ideas en su desarrollo y en sus agitaciones, la captación de movimientos sociales y políticos, la recuperación de realidades y procesos que hubieran sido olvidados, y la posibilidad de reconstruir muchos aspectos de la vida cotidiana” (Morán & Aguirre, 2008: 244) , es decir, la prensa no solo ofrece una serie de datos que permitan la reconstrucción de los hechos históricos, sino que deja en evidencia una serie de percepciones, permitiendo un análisis de las mentalidades, poniendo en la centralidad del objeto de investigación a una determinada interpretación (dentro) del momento histórico.

Los objetivos que debe cumplir el historiador al momento de analizar la prensa, como fuente para la reconstrucción histórica, según Daniel Morán y María Isabel Aguirre, son en términos sintéticos: definir teóricamente a la prensa, ubicar el contexto histórico, el carácter de la sociedad a la cual se analiza, ubicación y explicación de la tendencia ideológica de los periódicos, la relación entre la línea del periódico, el periodista y el poder político de turno, indagación sobre el financiamiento, utilización de la técnica de análisis de contenido, reflexión crítica sobre el grado de difusión del discurso periodístico, y el contraste con otras fuentes. (Morán & Aguirre, 2008: 236)

El discurso, -siguiendo los enfoques del Análisis Crítico del Discurso, en especial el enfoque histórico del discurso- se entiende como:

…una forma de práctica social…una forma de significar un particular ámbito de la práctica social desde una particular perspectiva… una relación dialéctica, entre las prácticas discursivas particulares y los ámbitos de acción específicos (lo que incluye las situaciones, los marcos institucionales y las estructuras sociales) en que se hallan ubicados. Por un lado, las determinaciones situaciones, institucionales y sociales configuran los discursos y les afectan, y por otro, los discursos influyen tanto en las acciones y los procesos sociales y políticos de carácter discursivo como en los de carácter no discursivo. (Wodak, 2003: 104-105)

 

De esta manera, la prensa, por el lugar que ocupa en la sociedad, no solo como medio informativo, incorpora una serie de discursos, que en el plano político, son la manifestación de una determinada ideología, que busca interactuar con los componentes de la sociedad, permitiendo la adquisición, expresión, aprendizaje, propagación e impugnación de las mismas (Van Dijk, 2005a: 26). Demostrando gran versatilidad, para el cumplimiento de los fines políticos. Como afirma Van Dijk, el acceso a algunas formas de discurso, como el político, es un recurso de poder en sí mismo, en cuanto las mentes de la gente son influidas por el texto y el habla, el discurso puede controlar al menos indirectamente las acciones de la gente, utilizando recursos como la persuasión y la manipulación. (Van Dijk, 1999: 26). Sobre este punto, será crucial, el rol de las élites políticas, pues como señala Wodak, estos actúan como:

“moldeadores de opiniones e interés públicos específicos, además de como sismógrafos, pues reflejan y reaccionan a la anticipación atmosférica de los cambios de la opinión pública, así como a la articulación de los cambiantes intereses de los grupos sociales específicos y de las partes afectadas”. (Wodak, 2003: 102)

 

Sin embargo, los discursos al presentarse muchas veces como neutrales, o como representación objetiva de la realidad, no permiten observar fácilmente su tendencia ideológica, para lograr tal objetivo, es necesario encuadrarlo dentro de una situación política determinada y de este modo –a dicho de Van Dijk- poder determinar quién habla, cuándo, dónde y con quién, identificando los modelos mentales de la situación política o contextos, que servirán de “interfaz cognoscitivo” (Van Dijk, 2005a: 26-27). La identificación de contextos, será vital, en cuanto en el discurso –como señala el propio Van Dijk- “no siempre ni necesariamente expresan o manifiestan las creencias de los grupos con los cuales se identifican.  Además, el discurso  ideológico  es siempre  variable tanto personal como contextualmente” (Van Dijk, 2005b: 19). Evidenciando una situación dinámica e interrelacionada de los discursos con los contextos, y que en el plano político, hace imposible evidenciar lo ideológico del discurso, a partir de un abordaje aislado del mismo.

Respecto, a la relación concreta entre ideología política y discurso político, según Van Dijk, se manifiesta en lo que denomina “cuadrado ideológico”, el cual presenta generalmente las siguientes estrategias: 1) Hacer énfasis a nuestras cosas buenas, 2) hacer énfasis a sus cosas malas, 3) minimizar nuestras cosas malas, 4) minimizar sus cosas buenas (Van Dijk, 2005a: 30). Estas estrategias globales, serán el punto de partida para otras estrategias, como es la producción de los “estereotipos”, (concepto introducido por Lippmann), los cuales según Guillermo López:

crean   un   determinado   horizonte   de   expectativas reconocibles  en  la  ciudadanía,  asientan  unos  valores  más  o  menos  inmutables  y explican  las  cosas  de  una  forma  harto  maniquea:  la  conversión  de  la  realidad  a estereotipos  implica  la  negación  de  la  misma  realidad,  el  dominio  de  los prejuicios  para  catalogar  las  cosas,  la  sustitución  del  mundo  por  un  mundo alternativo  (lo  que  Lippmann  llama  nuestro universo)  facturado  por  los  medios en el que las cosas funcionan de modo previsible. (López, 2001: 159)

 

Estos estereotipos, que parten de la representación de grupos e interés opuestos, -que constituyen lo que se denomina polarización social- dificultan la posibilidad de conseguir acuerdos a partir del diálogo sobre intereses comunes, pues “Las  personas,  los  hechos  y  las  cosas  ya no se miden por lo que son en sí, sino en función de lo que representan a favor  o  en  contra  de  la  confrontación:  nosotros-ellos” (Lozada, 2004: 2). Como afirma Van Dijk, respecto a la polarización, “En los debates sobre "otros" pocas estrategias semánticas son tan prevalecientes como la expresión de cogniciones polarizadas, y la división categorial de las personas en el grupo endógeno (nosotros) y el grupo exógeno (ellos)” (Van Dijk, 2005a: 26-27). De esta manera, en escenarios caracterizados por el conflicto político, “la polarización social fractura el tejido social a la vez que favorece la naturalización y legitimación de la violencia” (Lozada, 2004: 3). El “otro”, será en quien se verán representados todos los males sociales de una época.

 

Prensa y conflicto político en la década de 1930

La campaña electoral de 1931, trajo consigo la reconfiguración del campo periodístico, y la polarización de opiniones, (proceso que se empezó a gestar desde la caída de Leguía), de esta manera se incorporan nuevos discursos en diarios como “El Comercio” y de otros diarios de similar tendencia (dada la influencia que ejercía sobre diarios de menor circulación), que arremetía contra los reclamos de la clase obrera y sectores medios de la costa, y sus visiones alternativas de desarrollo, siendo tildados de “comunistas, criminales y traidoras de la patria” (Hansen, 2010: 105). De esta forma, la irrupción de los grandes partidos de masas (Partido Aprista Peruano y la Unión Revolucionaria) y la aparición de la izquierda socialista-marxista, la política –a dicho de Aljovín y López- “cambió radicalmente y comenzó a concebirse en términos de intereses representados que se enfrentaban” (Aijovín & López, 2005: 13), y por ende, la prensa sería el escenario, donde se harían visibles dichas confrontaciones.

De esta manera, la estrategia de diarios como “El Comercio” fue apelar a los miedos encarnados en los lectores peruanos, representando al APRA como la antítesis de lo socialmente aceptable en la época, rechazando debates formales, apelando a una suerte de autoridad moral, utilizando calificativos recurrente como criminal, peligroso, internacional, comunista; la respuesta la obtendría del diario La Trbuna, diario oficial del APRA en Lima, donde ridiculizaban a Sánchez Cerro, representando como un ser sin cultura, iletrado, ladrón, pero más que realizar una contra-campaña, solo pudo responder a las acusaciones de El Comercio (Hansen, 2010: 109).

En Tacna, reincorporada al aparato jurídico-administrativo nacional desde 1929, con necesidades particulares derivadas del cautiverio vivido bajo la sombra del Estado Chileno, fue un terreno propicio para la recepción de ideas políticas que permitieran formular propuestas para su reconstrucción. De esta forma, reproduciendo en líneas generales la dinámica política nacional, surgen dos tendencias que agruparán (y dividirán) al pueblo tacneño: la tendencia aprista y la tendencia sanchezcerrista. De esta forma, en el caso de la prensa, como señala Oscar Panty, los diferentes diarios fueron “tomando posición comprometida con los intereses en conflicto, bajo la influencia de las nuevas fuerzas operantes en el país” (Panty, 1999: 81).

Surgiendo en plena coyuntura electoral, el diario “La Nación”, el cual cumplió la labor de difusión de las diversas ideas, de las corrientes en pugna. A pesar de su corta duración (1930-1931), este diario atraviesa por tres momentos: 1) El momento “socialdemócrata” –como lo denomina Oscar Panty- donde el diario se presenta como un órgano democrático y plural, reproduciendo propaganda de los candidatos a la constituyente sin distinción, publicitando datos biográficos y sus programas, desde candidatos del sanchezcerrismo como el Coronel José Urdanivia Ginéz, hasta Jorge Basadre (en su momento socialdemócrata). Así mismo, acogió algunos debates, como el de Gonzales Marín (socialdemócrata/aprista) contra Carlos Tellez (civilista). 2) El momento aprista: Desde que Manuel F. Chepote, asume la dirección del diario, este se torna en órgano de difusión de las principales tesis del aprismo, recogiendo artículos, como el de Enrique Cornejo, el cual llamaba a la transformación del sistema y el cambio de Constitución para poder cubrir las necesidades de la localidad; animando a la creación del primer Comité Departamental del PAP, el cual fue decisivo para el triunfo local de los candidatos apristas a la Constituyente, y que Haya de la Torre, haya obtenido la mayoría de votación. 3) El momento fascistizante: Al asumir la dirección Augusto Villa de la Tapia, el diario publica una serie de ataques al aprismo, evidenciando una contra-campaña, a puertas de los comicios electorales. 4) A la salida de Villa de la Tapa lo sucede Juan Arce Arnao, retomando la tendencia aprista, pero en un momento crucial para la coyuntura electoral, publicando diversos documentos relativos al programa aprista de gobierno e incluso sobre las actividades del comité aprista local y la visita de Haya de la Torre a la ciudad. (Panty, 1999, 82-85)

 

Aprismo y anti-aprismo

El aprismo se crea alrededor de la figura del trujillano Víctor Raúl Haya de la Torre, quien en 1924 –durante su estancia en México- crea la “Alianza Popular Revolucionaria Americana” (en adelante APRA), la cual se erigió, como un “frente único de trabajadores manuales e intelectuales, que tenía como objetivos  principales la lucha contra el imperialismo yanqui, la unidad política de América Latina, la nacionalización de tierras e industrias y la internacionalización del canal de Panamá” (Contreras & Cueto, 2013: 264). Reproduciendo tales principios, el 20 de septiembre de 1930 se funda el Partido Aprista Peruano (en adelante PAP) (Candela, 2008: 3). En 1931 Haya de la Torre, luego de retornar de su exilio, recorre el país como candidato presidencial, presentando un “Plan de acción inmediato” y un “Programa mínimo”, donde se esbozaban una serie de planteamientos, que consistían fundamentalmente en:

[…] la idea de reformar el Estado, haciéndolo más fuerte y redistributivo,…la nacionalización progresiva, una reforma agraria entendida como el acatamiento de medidas laborales de justicia social y el aliento a la producción agrícola, la promoción del capitalismo nacional, la reforma integral de la legislación tributario, con supresión de los impuestos indirectos, … la educación universal gratuita y el seguro social, la construcción de viviendas populares, la fijación de salarios mínimos, el voto femenino, la creación de los ministerios de Trabajo, Agricultura, Asistencia Social y de Educación y la integración económica de los países de América Latina. (Contreras & Cueto, 2013: 266).

Imagen 1: Víctor Raúl Haya de la Torre y su “Manifiesto a la Nación”, domingo 12 de noviembre de 1931.
Imagen 1: Víctor Raúl Haya de la Torre y su “Manifiesto a la Nación”, domingo 12 de noviembre de 1931.

https://www.flickr.com

En dicho contexto electoral, el PAP tenía como principal contendor a el Partido Unión Revolucionaria (en adelante PUR) de Luis M. Sánchez Cerro, quien había cometido el golpe de Estado contra Leguía; sin un programa político muy elaborado y de apelando a su carácter nacionalista, contaba con el apoyo tanto de la oligarquía conservadora como de una amplia base popular, a partir de la configuración de un discurso que se basaba en una serie de  acusaciones vertidas contra el aprismo, (de ser comunistas, antipatriotas enemigos de la religión, de la familia o de ser leguiistas) (Contreras & Cueto, 2013: 268). Encarnando los miedos de una sociedad caracterizada –según Molinari- por “fuertes rasgos tradicionales-autoritarios… estructuralmente en un sistema político neopatrimonialista y en el poder oligárquico-latifundista en crisis, así como instituciones familiares, eclesiásticas y laborales bastante verticales y en relaciones de género muy asimétricas” (Molinari, 2009: 19).

La campaña electoral con miras a las elecciones de 1931, tiene como principales actores, a los Clubes electorales sanchezcerristas y los comités apristas, ambos teniendo alcance nacional. Al respecto, apunta José Luis Rénique:

El sanchezcerrismo como populismo multitudinar conservador, al que el aprismo contrapone una remozada visión de la “gran transformación”; la oferta de un Estado efectivo, verdaderamente enraizado en “el problema mismo de la nacionalidad”, con funcionarios juntos trabajando por el bienestar de la población. Este es un objetivo posible en virtud de la ación, desde arriba de los técnicos del partido y, desde abajo, de la “fuerza moral”, del aprismo. (Rénique, 2016: 371)

 

Es así que Sánchez Cerro gana las elecciones por un margen de 50,000 votos asumiendo el poder en diciembre de 1931. Esto generó la resistencia de los apristas, a partir de las acusaciones de fraude electoral. Es en ese momento donde se desencadenaría la persecución estatal hacia los componentes de dicho partido, a la par que se producen una serie de actos violentos de parte de sus militantes que consistieron en motines, atentados y que desembocarían en una sangrienta guerra civil (Contreras & Cueto, 2013: 268). De esta manera, a la par del surgimiento del aprismo, se consolida –para Emilio Candela- el antiaprismo en sentido estricto (Candela, 2008: 8). Dicho autor considera que el antiaprismo surge a partir de la participación de Haya de la Torre en la coyuntura de 1919-1923, a raíz de las protestas públicas contra el Sagrado Corazón de Jesús, la participación en las Universidades Populares Gonzales Prada y las protestas obreras, generando de esta manera una oposición automática de los sectores oligárquicos y conservadores, sin embargo consideramos que al no haberse fundado el APRA en ese periodo, mucho menos el PAP, y la composición heterogénea de los movimientos sociales, no puede hablarse de una oposición antiaprista, sino solo se puede observar una tendencia de rechazo hacia movimientos corte progresista, sin embargo este rechazo será la base sobre la que se construirá el discurso antiaprista, al menos, hasta antes del triunfo electoral de Sánchez Cerro, y la violencia generalizada en su Gobierno.

Imagen 2: Luis Miguel Sánchez Cerro.
Imagen 2: Luis Miguel Sánchez Cerro.

http://repositorio.pucp.edu.pe/

En este periodo el antiaprismo en el plano nacional se manifiesta en dos corrientes: el antiaprismo de derecha y el antiaprismo de izquierdas, esto a partir de la polémica de Haya de la Torre con Mariátegui y el movimiento socialista que se forma en torno a él (Candela, 2008: 9). De esta manera, se empezó a constituir lo que el propio Victor Raúl Haya de la Torre, denominó el “frente reaccionario”, el cual estuvo compuesto por una amalgama entre “el feudalismo plutocrático en el campo nacional y el imperialismo y el comunismo en el internacional” (Haya, 2010: 18). De esta manera, podemos observar un antiaprismo de derecha, conformado por el “feudalismo plutocrático”, sectores conservadores y el imperialismo (con sus respectivos representantes en el plano nacional) y un antiaprismo de izquierdas, a partir de la polémica con Mariátegui y sus seguidores, así como con los adherentes a un socialismo alineado a los intereses de la Internacional Comunista.

Tal como señala, Taylor Boas, la división –de larga data- entre los seguidores y opositores del APRA, está profundamente arraigada en la cultura política del país, reforzada, por  la persecución sufrida por sus militantes, el culto a la personalidad de Haya de la Torre, y una devoción cuasi-religiosa al partido, emergiendo un discurso de carácter sectario y excluyente “nosotros contra ustedes”, el cual provocó una intensa oposición por los no-miembros, y dificultando mantener una posición neutral, lo cual puede explicar por qué “la división APRA / anti-APRA a veces trasciende otras divisiones, más tradicionales, con el Partido Comunista formando alianzas anti-APRA con la derecha política” (Boas, 2016: 31).

Sin embargo, la oposición de la izquierda marxista, tendría un trasfondo ideológico, más allá de la práctica política. A pesar de que en sus primeros textos doctrinarios y proselitistas se reclamaba a sí mismo como un partido marxista, posteriormente -pese de haber asumido algunos conceptos o categorías del marxismo-, en la teoría y práctica se constituye como un partido diferente al marxismo, llegando a ser considerado por algunos autores, como negación del marxismo (Panty, 1986: 104-105). Será su propio líder, quien corrobore esta realidad, señalando que el aprismo si bien consideró los “principios generales de la teoría marxista, no los abraza y profesa como verdad inconcusa” (Haya, 2010: 86). Tildando a los comunistas de dogmáticos, y que la concepción marxista, la consideran como un antecedente histórico importante, mas “no inalienable, el cual está limitado y relativizado por las condiciones peculiares de su Espacio y de su Tiempo que son las que determinan su negación dialéctica al ser confrontado con una realidad diferente de la de Europa” (Haya, 2010: 87). Siendo la principal diferencia entre el discurso aprista y la izquierda marxista, la apelación de los primeros a la participación de las diversas clases sociales contra el imperialismo, mientras que los segundos, insistían en el rol exclusivo del proletariado como clase conductora del proceso revolucionario. (Candela, 2008: 5)

Para Jeffrey Klaiber, una de las formas de analizar el surgimiento del antiaprismo, es desde la óptica del “miedo”, señalando que desde la creación del PAP, hasta la creación de nuevos partidos en la década del 50, la política peruana se dividía en apristas y antiapristas, proponiendo como metodología para analizar los motivos de ese miedo, el separar los mitos de aquellas razones “razonables”, que encontraría más en la derecha, en cuanto el APRA:

…representó la reforma social y tenía un impresionante poder de convocatoria. También y sobre todo después de la persecución lanzada contra el APRA de parte de Sánchez Cerro y Benavides, ese partido se armó y formó grupos de defensa internos. Al mismo tiempo, los años de la vida en clandestinidad inculcaron en los apristas un espíritu de camaradería que fácilmente se convertía en un sectarismo grupal. Si el APRA solo fuera un partido reformista, esto en sí habría constituido un motivo razonable de preocupación para la derecha política. Además la violencia de la década de 1930 fomentó un clima de ansiedad y de miedo. Los magnicidios de Sánchez Cerro y de los Miró Quesada confirmaron, para los no apristas, su temor respecto a que los apristas eran violentos y peligrosos. Aunque los apristas desmintieron cualquier vínculo con estos hechos violentos, había motivos para temer la venganza de los militantes apristas, algunos de los cuales eran capaces de actuar espontáneamente, con o sin el consentimiento oficial del partido. (Klaiber, 2005: 257-258) 

 

De esta forma, la extraordinaria capacitad para organizar y movilizar a las masas -como señala Julio Cotler-, rivalizando con el ejército, reforzó la negativa de la clase dominante a incorporar las clases populares políticamente (al menos como las dirigidas por el partido), lo cual llevó a los gobiernos (el caso de Sánchez Cerro, Benavides, por ejemplo), a implementar “tímidos” programas de bienestar y reforzar la propaganda contra el APRA “para divorciar a las masas de la dirección política, pero nunca tuvieron éxito” (Cotler, 1983: 9). El miedo de las élites políticas y económicas, a este punto, es fundado en el hecho de que una de las innovaciones del APRA en la cultura política del país en el siglo XX, consiste en ser un “movimiento popular con un programa definido… y una organización detallada que le dio más fuerza… permitiendo que las masas puedan intervenir directamente en el proceso político y tenían una expresión partidaria que les daba apoyo ideológico y logístico” (Candela, 2008: 7).

Y precisamente, para lograr tales objetivos, es que las élites políticas, junto a los sectores que verían perjudicados sus intereses materiales e incluso la hegemonía ideológica sobre cierto sector (las masas proletarias y el campesinado p. ej.) con la posibilidad de la llegada al poder del PAP, implementó por medio de la prensa una contra-propaganda, que no solo hizo énfasis en las acciones violentas concretas cometidas por sus militantes, sino que desde un inicio apelaron a una serie de prejuicios y fueron configurando un determinado “estereotipo”, por ejemplo, cuando eran tildados de “cáncer social” (Klaiber, 2005: 258). Los calificativos variarán, y podrán ser comprendidos solo a partir de la identificación ideológica del interlocutor, con alguno de los proyectos que conforman el frente antiaprista (o el “frente reaccionario” como lo llamó Haya de la Torre).

 

Anti-aprismo en “La Nación”

El antiaprismo de derecha, tenía como principal exponente, al sanchezcerrismo, sobre todo al ser su principal contendiente en la campaña electoral de 1931. En Tacna el sanchezcerrismo, estaba representado durante la campaña electoral, por los dos Clubes Sánchez-Cerro, siendo “La Nación” en su “Tercer momento fascistizante” (Panty, 2001: 36), principal difusor de las actividades de dichas organizaciones. Bajo la dirección de Manuel F. Chepote, el diario era órgano de expresión y difusión de ideas apristas, al cambio de dirección, a manos de Augusto Villa de la Tapia, adquiere una posición antagónica. El nuevo director, según los datos autobiográficos publicados en el diario, formó durante el cautiverio una sociedad escolar de apoyo a las regiones cautivas denominado “Sociedad Juventud Tacna, Arica y Tarapacá”, la cual se fusiona en 1925 con la “Sociedad Regional Tacna, Arica y Tarapacá”, y participa en los actos plebiscitaron y en las protestas por la firma del Tratado de Lima, resultando preso, por lo que denomina “horrendo delito, para la tiranía, de amar a Tacna y negar aplauso a esa repartija”, sin embargo su historia se conecta con la de Haya de la Torre, en las luchas universitarias contra lo que denomina “peligro clerical”, siendo deportado en dos ocasiones (1923 y 1925) por el gobierno de Leguía, sin embargo, como veremos, durante la campaña electoral su discurso irá posicionando a ambos personajes en posiciones antagónicas. En 1931, se desempeñaba como notario público, en su oficina de la Calle Blondell N° 142, junto a la Prefectura-Plaza Colón.[2]

Imagen 3: Diario <em>La Nación</em>, Archivo Regional de Tacna.
Imagen 3: Diario La Nación, Archivo Regional de Tacna.

Uno de los primeros artículos que muestran la nueva postura frente al APRA, es la reproducción de una Editorial de “El Comercio” (Lima), del 19 de agosto de 1931, donde se acusa al aprismo de ser un movimiento “antinacional”, discurso recurrente y populista. Señala de esta forma: “…tiende a destruir el ideal de la nacionalidad y el concepto de patria, el partido que hace un desfile político con banderas extranjeras y que tiene su bandera propia y su himno propio, como si la canción nacional, la bicolor de la patria, nada signifiquen, ni fueran suficientemente hermosas- así como condena el grito de- ¡Viva el Perú Aprista!”.[3]

Estos artículos, buscan presentar al aprismo como la antítesis de lo nacional, estrategia que resultaría importante, en una ciudad que ha vivido un proceso tan trágico como el cautiverio y su resistencia considerada símbolo de patriotismo, se buscó apelar a ese sentimiento enraizado en la población tacneña para generar animadversión hacia tal partido. Por otro lado, tomando en cuenta que las símbolos, la organización y el discurso aprista, eran elementos novedosos en la cultura política peruana (Candela, 2008: 3), al rechazar al APRA por estas características, se buscaría anticiparse al surgimiento de otros partidos que no acepten los cánones tradicionales de la política peruana del siglo XIX e inicios del XX, creando la siguiente relación: partidos tradicionales (defensores de la patria) – partidos no tradicionales (enemigos de la patria), por ende cualquier persona que apoye algún partido de corte no tradicional estaría posicionándose en el lugar de los enemigos de la patria.

En un extenso artículo dividido en tres partes, que se titula “Los Apristas son comunistas: ¿Qué es el APRA?” escrito por Enrique Echecopar, -en referencia al artículo de Haya de la Torre del mismo nombre publicado y traducido en varios idiomas (Haya, 2010: 81) -, afirmará que a partir de la lectura de dicho texto, se habría convencido del carácter comunista de su partido, de esta manera agrega:

…Dice Haya de la Torre que hay dos formular para realizar sus propósitos: una para todo el mundo “RADICAL” que implica la abolición del sistema capitalista adoptando “la filosofía y la política “MARXISTA”, “representado en el campo de la acción europea por los partidos COMUNISTA y socialista, que son sus ramas izquierda y derecha respectivamente y otra para América Latina en donde todavía no es posible establecer, si el comunismo ni el socialismo ¡por que el imperialismo lo impide y es prudente una fórmula “TRANSICIONAL” dentro de la cual sea posible “trabajar por la independización económica” mientras los proletarios industriales de los grandes países capitalistas destruyen el sistema que es origen de esa subordinación…

El lector habrá entendido, seguramente que el FIN del aprismo es el comunismo o socialismo y que trabaja por esa izquierda o esa derecha de la política Marxista, pero que todavía no es tiempo de implantar esas doctrinas en América Latina. Que la política que conviene aquí es la transicional y que en cuanto triunfen los comunistas en Europa habrá llego el momento de implantarlo en éste como en los demás países de América Latina...

Esta glosa está en la página dieciocho del Ideario y Acción Aprista que ha publicado el señor Haya de la Torre en los primeros meses de este año 1931. “Es de la economía, al producirse la abolición del sistema capitalista” El Apra está preparando el campo para establecer el comunismo. Está sembrando, está formando la clase obrera de condiciones favorables. Está dando al pueblo “esa cultura política”… que será la que sirva como en Rusia para largar al pueblo al comunismo.[4]

 

La glosa hecha por Enrique Echecopar, pretende pasar su propia interpretación del argumento de Haya de la Torre, como el argumento en sí mismo. El uso de mayúsculas en las palabras “RADICAL”, “MARXISTA” “COMUNISTA”, pretende hacer énfasis en aquellas características, que los harían parte del grupo exógeno (los movimientos radicales marxistas), y la función que cumplirían como engranajes de un proyecto global de instauración del comunismo, y que tiene como ejemplo paradigmático a la Revolución Rusa, afirmando por ende, que las consecuencias de dicho evento en Rusia (cambio de orden a nivel social, político y económico), se trasladarían a nuestro país si llegase a triunfar el aprismo. Este artículo, al agregar una carga negativa a la “cultura política” de las masas populares, estaría dirigida a los diversos componentes de las élites locales, utilizando la imagen de la Revolución Rusa, a fin de crear miedo, y por ende, buscar su adhesión a propuestas más conservadoras que aseguren la protección del status quo. La presentación negativa de la propuesta de “abolición del sistema capitalista”, pretende equiparar al aprismo con los movimientos marxistas, y por ende, encauzar el rechazo existente hacia dicha doctrina por parte ciertos sectores, hacia este nuevo movimiento.

La campaña anti-aprista continua con el artículo “Pueblo: con el aprismo conquistarás el despotismo y la tiranía más detestable de tu vida republicana.” Escrito por Augusto Romero desde la capital, donde afirma que los líderes apristas al renegar de sus “tendencias comunistas”, se apropiaron de las voces de unidad latinoamericana, para despertar un interés populista y utópico, al final del artículo advierte:

La falta de cultura cívica de nuestras masas las está llevando hacia senderos completamente equivocados… está infiltrándose en las clases proletarias, que no alcanzan a comprender, cual es la finalidad del aprismo, si sus propósitos están de acuerdo con nuestra realidad. […]

Hasta ahora lo único que sabemos es que los leader apristas, renegados sus tendencias comunistas, encontraron que era más fácil apropiarse de las voces de Unidad Latino-americana y transportarlas a este ambiente donde las novedades, por más que sean utopías despiertan interés a quienes no tienen la suficiente cultura para analizarlos…

Pueblo: el aprismo tiende a destruir la nacionalidad. Huye de él, si no quieres renegar de tus virtudes y derechos de hombre libre.[5]

 

El diario, pretende establecer como causa del crecimiento del aprismo, la falta de cultura cívica de las masas, lo cual permitiría configurar la siguiente relación: si las masas nos apoyan, es señal de que poseen cultura cívica, contrario sensu, si no nos apoyan, existe una carencia cultura cívica; lo cual a todas luces es una estrategia de manipulación, arrogándose la voz de la clase “proletaria”, al afirmar que éstos no comprenden los fines del aprismo, por eso lo siguen. Del mismo modo, pretenden descalificar el discurso aprista, al incluir a sus principales tesis, como parte de una estrategia que pretende –a partir de un discurso simple- llegar al poder, sin revelar su verdaderos fines.

En la edición del día siguiente, reproduce un artículo de “La Patria” de Lima, titulado “Por qué somos anti apristas”, expresando como principales motivos, el carácter ateo e internacionalista de los fundadores del partido, por su participación en la formación de la “Universidad Popular Gonzales Prada”, donde aseguran se prohibía cantar el himno nacional, en cambio se cantaba “La internacional”; así como su apoyo al divorcio y las constantes “injurias” de sus partidarios hacia la iglesia, avizorando una futura persecución a los católicos “en su propia tierra” como ocurría entonces en España y Francia.[6] En este extremo, se propone la defensa de la religiosidad católica, entendiéndolo como componente central de lo “nacional”, y aprovechando su situación como predominante, a partir de su situación privilegiada, respecto al Estado. Este argumento sería reforzado con la actuación de Haya de la Torre, años antes de la formación del PAP, durante el gobierno de Leguía, en las protestas por la Consagración del Perú al Sagrado Corazón de Jesús en 1923 -como lo explica Emilio Candela- “fue el principal referente de un acto que iba en contra de una manifestación religiosa típica de la oligarquía peruana”. (Candela, 2008:7)

Posteriormente el diario, a pesar de su marcado antiaprismo de derecha por su carácter sanchezcerrista, publicó artículos de la tendencia antiaprista de izquierda, con el fin de mostrar la amplitud de críticas hacia el aprismo, constituyéndose lo que Haya de la Torre llamó “frente reaccionario”, el cual a pesar de estar conformado por grupos políticamente antagónicos, en algunos momentos no tuvieron reparos en poner por un segundo de lado sus intereses mediatos por el interés inmediato de detener el avance del aprismo. De esta manera, el diario pretendía mostrarse como un diario plural, y no como un órgano de expresión partidario. De esta manera, con el fin de conseguir sus objetivos, (descalificar al aprismo y desterrarlo de la vida política), se sirvió de otras tendencias, como se evidencia en un artículo escrito por Ernesto More, resaltando el carácter oportunista con el que actuaría el aprismo, volviendo la crítica sobre el carácter comunista o fascista[7] del partido:

…un partido político que intenta capturar el poder sin establecer serios compromisos con nadie, sin poner sobre sus hombros una responsabilidad para nada y para nadie, que no está jalonado por hechos concretos ya que las palabras no pasan de ser pura demagogia si no están seguidas de cerca por acos, no es un partido político con garantías para el pueblo, sino una organización meramente externa, que apunta a sus fines inmediatos…

Y cuando una comisión de personas se presentó en su órgano “La Tribuna” en pos de una protesta por el confinamiento en masa de una multitud de presos detenidos hasta entonces en el Frontón, el partido de izquierda no tuvo ni una palabra de reproche, no adopto ninguna actitud de amparo, imprescindible en esos momentos en que una caravana de prisioneros iba a tomar la ruta, una peor ruta de la que tanto y tan afanosamente habían de vanagloriarse los que fundaron el APRA…

Por donde se tome a este partido se encuentra la doble cara de los Términos romanos que miraban para dos rutas. Si es fascio, carece de ese impulso nacionalista y rebalsa hacia un internacionalismo teñido de comunismo. Si se basa en doctrina marxista, riñe con el comunismo, que es la expresión legítima de Marx y Bebel (sic.)  Y solo conserva de ese partido los apelativos de compañero-caricatura de camarada…

El APRA que quiere capturar el poder, con las manos limpias de sudor y de trabajo, de un salto, ahorrándose el esfuerzo y la brega, que son el supremo ideal y el mas grande orgullo de los partidos de izquierda, no viene a ser por desgracia, sino el anhelo tan afincado en nuestro pueblo, de la acomodación. Lo que Sánchez Cerro significo para los Institutos Armadas- el fácil acceso al poder mediante un segundo de audacia-significa Haya de la Torre para las juventudes peruanas.[8]

 

En este caso, el argumento central para descalificar al aprismo, sería su ambigüedad política, entendida como su negativa a “encuadrarse” en alguna de las tendencias que irían cobrando mayor fuerza en el mundo en la década del 1930: la tendencia fascista y la tendencia comunista-socialista. Su carácter latinoamericanista (o continental), lo alejaría de las posiciones fascistas ortodoxas y por otro lado las constantes controversias con la tendencia comunista y su apelación a la lucha inter-clasista,[9] lo descalificarían como marxista (pese a que Haya habría aclarado su posición respecto al marxismo). En el último párrafo, al hacer alusión  a la captura del poder “con las manos limpias de sudor y trabajo” y tomando en cuenta la amplia base popular que tenía el aprismo, se estaría arremetiendo contra su carácter populista, y para ello se compararía con el sanchezcerrismo (populismo-conservador de derecha), precisamente porque en los partidos de masas “se privilegia la cantidad de adherentes sin importar su origen o nivel social y cultural”, donde el discurso ideológico que hayan podido delinear, será el elemento en torno al cual se establezcan las adhesiones al partido (Candela, 2008: 2), en contraste –por ejemplo- con los partidos que privilegiaban la rigurosa formación ideológica de todos sus componentes, desde sus bases filosóficas y teóricas.

Una crítica en este sentido, la brinda el ensayista, diplomático y político de izquierda panameño Diógenes de la Rosa, escribe “Aprismo: Confusionismo”, quien ve al aprismo como:

…la puerta de escape de los que abjuran del capitalismo y tienen miedo de caer en el pecado socialista o comunista. El aprismo es incapaz de administrar remedios a nuestro males, económicos, sociales y políticos. Distribuyen en cambio una fraseología, redentorista y demagógica. Por eso capta la simpatía de todos los embaucadores que se ponen al trabajo de salvar nuestros pueblos, sin que nuestros pueblos lo reclamen, ni lo quieran...[10]

 

De esta manera, la crítica desde la izquierda, se apoyaba en la “ambigüedad” del aprismo, teniendo en cuenta que hasta entonces, aspectos como la aceptación de capitales extranjeros (programa mínimo) a la par que se promulga el antiimperialismo, y su carácter poli clasista, precisamente por el carácter clasista del comunismo (aunado a que desde 1928, en el VI Congreso de la Internacional Comunista, se había planteado la táctica de clase contra clase) (Candela, 2008: 15-16).

A pesar de que en las páginas anteriores, hemos podido observar que el contenido de las publicaciones era evidentemente anti-aprista, el diario no se declaró como tal en un inicio, hasta que ad portas de la salida de Augusto Villa de la Tapia de la Dirección del diario, publica una “declaración de guerra”:

Después de compulsar la opinión pública y adquirir el convencimiento pleno del ruidoso fracaso de ese sector político que no tiene principios ni moral, nos toca exponer nuestro ideario de acción frente a los deleznables planes del seudo izquierdismo que predican con infantilidad fervorosa de mejor suerte-los jóvenes del Apra; sin entender que Tacna no es tierra propicia al engaño y la farsa ni tampoco instrumento ciego de la fusión…de los leguiistas de ayer con los apristas de hoy. Desde mañana editorializaremos, con el fervor patriótico de los convencidos, exponiendo radicalmente, nuestro repudio principialista a la Acción Popular Revolucionaria Americana.[11]

 

Es así que al día siguiente en la Editorial expresa:

El Apra como organización política carece en absoluto de principios nacionalistas que son la base fundamental de todo partido. En cambio el fariseísmo dictatorial de esa facción formase también en clan político rudimentario, de camaderias y extremismos ridículos.

Juzgamos que el aprismo se ha desprestigiado para siempre, si no definen en breve, de hecho su bandera y actitudes. Las fuerzas cívicas, honradas solamente se congregan alrededor de intenciones y programa manifiestos. De otro lado, si se contempla la realidad actual, la única que se observa es la supremacía del caudillismo de Haya de la Torre. De este modo, la palabra izquierdismo que proponen a su favor, planea sobre el recuerdo de dictaduras embrionarias, demostrando la más absoluta falta de fe democrática que sustentamos.[12]

 

En el contexto político de 1930, ambos partidos, tanto la UR como el APRA, se anunciaban como nacionalistas, sin embargo, una interpretación más integral de sus discursos nos permite observar un contraste entre ambos “nacionalismos”, un nacionalismo que se predica “revolucionario”, antiimperialista e integrador (en el marco latinoamericano) con un programa democratizador a nivel económico, político y social, y por el otro lado, un nacionalismo de corte conservador, que si bien contempla algunas medidas de bienestar social,[13] es aún atractivo a las viejas élites, como los civilistas, sobre todo por la posibilidad de mantener su dominio sobre las “masas”, y evitar el avance del aprismo y movimientos socialistas, representando entonces en el fondo una continuidad política de los grupos hegemónicos del siglo XIX y principios del XX, pero con un cambio de estrategia, de nacionalismo elitista a un nacionalismo de corte populista-conservador. La apelación al nacionalismo “que todo partido debe tener”, estaría haciendo referencia a esta última visión.

Posterior a la declaración de adhesión a la candidatura de Sánchez Cerro, expresada en la columna llamada “El momento político”, publica un pequeño artículo de “Feliz J. Jaworski” donde afirma que “El resultado no es difícil de prever, si el aprismo con su conglomerado de comunistas, leguiistas, oportunistas, ‘capturan’ el poder. El aprismo así contaminado, es un veneno para el Perú”.[14]  En una de las últimas editoriales de Villa de la Tapia, destilando rabia, utilizando duros calificativos contra el Apra; escribe:

…ataquemos con crudeza varonil la fantasía corrompida de agrupaciones políticas que engañan y ultrajan la conciencia del pueblo, ofreciendo lo que nunca cumplirán y regalando idealidad que jamás de cobijaron en sus almas abyectas.

El Apra en el periodismo adquiere una fisionomía bataclanesca, es decir, contorsionista y ladina: El ritmo de la farsa con la feminidad felina de la hipocresía. El cinismo hecho principio y la maldad lujuriante de odiosidades hecho un dogma, es la proyección de la vida periodística del Apra, monograma internacional, que reniega su cuna comunista.

El Apra como fisionomía personalista, es un apostata y un renegado. Un apostata porque maldice la raíz que le dio vida política y un renegado, porque antepone a la nacionalidad su elocuente característica internacional…

Debemos por patriotismo y serenidad de juicio, desenmascarar a esos emboscadores del Apra, que ayer fueron coriteos de Leguía y hoy se amoldan a esos bastardos principios de la megalomanía aprista.[15]

 

En este caso, se vuelve a apelar a la idea de que el discurso aprista es en su totalidad una mentira, a partir de su ambigüedad y que solo busca manipular al pueblo. En este caso, vemos agregados algunos elementos como “la crudeza varonial” con la que se debe atacar al aprismo, que se a su vez encarnaría la “feminidad felina de la hipocresía”, buscando traducir simbólicamente los aspectos negativos asociados a la feminidad –dado el carácter de la época- al plano político, concretamente al aprismo. Ese mismo día aparece en la columna escrita por “COMUNISTA” (seudónimo), hace referencia a los ataques recibidos por el diario chileno “El Pacifico”, quien recuerda su anti-peruanismo en el cautiverio, que ahora lanza ataques a personalidades y prensa local, y aprovecha la oportunidad para recordar las consideraciones del Apra con Chile, tachándolo de partido “pro-chileno” e “internacional”, afirmando así que se trata de una “injerencia odiosa-por parte de “El Pacífico”- y de sabor aprista”.[16]

Los últimos dos artículos anti apristas, provenientes del antiaprismo de izquierda, se titulan “La Lucha Revolucionaria contra el imperialismo ¿Qué es el Apra?” escrito por el comunista cubano Julio Antonio Mella y “Sindicatos de clase y sindicatos Apro-Fascistas”, escrito por Donato Gonzales R. El primero afirma que el Apra ha “pretendido copiar en la forma y las palabras la Organización de la Internacional Comunista, como si por ponerse para sus reuniones el overol de mezclilla ya fueran proletarios y dejaran de ser intelectuales divorciados de la masa obrera”.[17] El segundo haciendo una aproximación de la situación del sindicalismo tacneño, señala que

en Tacna mayormente donde no han existido organizaciones obreras ni mucho menos sindicatos, el Apra trata de hacer de las suyas sorprendiendo la buena intención de los trabajadores, cierto que a estos elementos no se les puede acusar de desleales con su clase…Los sindicatos apristas son organismos anti proletarios defectuosos y sin una visión clara, no le indican su rol al trabajador, solo tratan de hacer de él un fácil instrumento de aspiraciones dudosas y ajenas a los intereses del proletariado.[18]

 

Posteriormente, el aprismo retoma el control del diario, hasta su extinción en marzo de 1932. El motivo de la separación de Villa de la Tapia, se desprende del primer artículo del señor Arce Arnao, emprende una crítica a la labor desarrollada por el antiguo director, afirmando que “…Más tarde sentirán rubor de haber ofendido e insultado y se arrepentirán de haber pretendido hacer de un diario, confundiendo tristemente la libertad con el libertinaje, instrumento de diatriba al servicio de los inescrupulosos”.[19] Desde ese momento, las publicaciones se dirigen a contestar los ataques de los artículos publicados bajo la dirección de Villa de la Tapia, a desligarse de las acusaciones de “comunistas” o de explicar el carácter patriótico del aprismo, dentro de su cosmovisión y proyecto “latinoamericanista”, así como propaganda de Haya de la Torre y su candidatura, y el buscar desprestigiar al sanchezcerrismo local y a su líder.

 

Conclusiones

La prensa escrita en Tacna, siguiendo la dinámica de la prensa nacional, se alineó con alguna de las fuerzas políticas más importantes dentro del escenario electoral, el caso de “La Nación”, en el año 1931, por un breve, pero significativo momento, toma posición, siendo el primer diario local  en alinearse con el sanchezcerrismo. Sin embargo, el hecho de haber asumido una postura antiaprista, implicó la aceptación y difusión de artículos de autores de izquierda, con la sola condición de que busquen descalificar al aprismo. De esta manera, el antiaprismo surge, como una coalición coyuntural entre fuerzas antagónicas política y socialmente, pero que de manera pragmática orientaron su discurso -dejando de lado por un momento sus profundas diferencias ideológicas- con el fin de detener el avance y crecimiento del Partido Aprista Peruano.

Sobre las estrategias discursivas utilizadas por el frente antiaprista local, se ha podido observar la acentuación en ciertos aspectos, que debido al haber permanecido en cautiverio durante casi medio siglo, y haber retornado al Perú recién en 1929, ocupaban un lugar importante en la cultura política local, como el patriotismo (o la falta de), apelando a los sentimientos enraizados en la población a partir del carácter trágico de ese proceso denominado chilenización.

 

Notas:

[1] Estudiante de la Escuela Profesional de Historia de la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann y de la Escuela Profesional de Derecho de la Universidad Privada de Tacna (Tacna, Perú). Ha publicado artículos sobre derecho e historia, en las revistas especializadas “Derecho y Cambio Social” (Lima) y “La Vida y la Historia” (Tacna). Ha participado como ponente en el XXVI Coloquio de Estudiantes de Historia de la PUCP (Lima), el V Congreso Internacional de Estudiantes de Historia de la UNMSM (Lima) y de la IV Jornada Trinacional de Historia (Cuzco). Correo Electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] La Nación, 18 de setiembre de 1931, p. 1

[3] La Nación, 21 de agosto de 1931, p. 1

[4] La Nación, 21 de agosto de 1931, p. 2

[5] La Nación, 3 de setiembre de 1931, p.1

[6] La Nación, 4 de setiembre de 1931, p. 4

[7] El Partido Comunista Peruano en 1931, denunciaba las prácticas fascistas o social-fascistas del APRA respecto a su influencia en los sindicatos. (Guadalupe, 1988: 108)

[8] La Nación, 5 de setiembre de 1931, p. 2

[9] Sobre todo cuando se implementa la lucha de “clase contra clase”, en el Partido Comunista Peruano. (Guadalupe, 1988: 108)

[10] La Nación, 9 de setiembre de 1931. p. 2

[11] La Nación, 12 de setiembre de 1931, p. 1

[12] La Nación, 13 de setiembre de 1931, p. 1

[13] Ver el acápite sobre “El Problema Social” en: (Sánchez, 1931: 28-36)

[14] La Nación, 13 de setiembre de 1931, p. 4

[15] La Nación, 15 de setiembre de 1931, p.1

[16] La Nación, 15 de setiembre de 1931, p. 1

[17] La Nación, 18 de setiembre de 1931, p. 2

[18] La Nación, 18 de setiembre de 1931, p. 4

[19] La Nación, 19 de setiembre de 1931, p. 1

 

Bibliografía:

 

Fuentes Hemerográficas del Archivo Regional de Tacna:

“La Nación” (1931), Tacna

 

Cómo citar este artículo:

VARGAS MURILLO, Alfonso Renato, (2017) “Discurso político y polarización social: el discurso anti-aprista en la prensa escrita durante la campaña electoral de 1931 en Tacna”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 31, abril-junio, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Domingo, 22 de Octubre de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1470&catid=5

Si deseas colaborar con nosotros, lee las indicaciones para publicar