Pacarina del Sur
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Los diccionarios biográficos de América Latina, entre la historia del movimiento obrero y las izquierdas. Un homenaje a Robert Paris[1]

The biographical dictionaries of Latin America, between the history of the labor movement and the left. A tribute to Robert Paris

Dicionários biográficos de América Latina, incluindo a história de movimento operário e a esquerda. Um tributo a Robert Paris

Horacio Tarcus[2]

RECIBIDO: 13-09-2016 APROBADO: 09-11-2016

Resumen

Resumen: América Latina cuenta hoy con cuatro diccionarios biográficos del movimiento obrero y de las izquierdas: el de Argentina (2007), el de Uruguay (2008), el de Río de Janeiro (2010) y el de Guatemala (2014). Se suma el anuncio de la próxima publicación acerca de tres países: Brasil, Colombia y Perú. Mostraremos aquí la referencia modélica que, para todas estas obras, significó el Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier français dirigido por Jean Maitron (conocido coloquialmente como Dictionnaire Maitron, e incluso como Le Maitron a secas). Y sobre todo el rol decisivo de mediador jugado por Robert Paris entre el Proyecto Maitron y una nueva generación de historiadores sociales de América Latina.

Palabras clave: América Latina, diccionario biográfico, movimiento obrero, biografía, izquierda

 

América Latina cuenta hoy con cuatro diccionarios biográficos del movimiento obrero y de las izquierdas: el de Argentina (2007), el de Uruguay (2008), el de Río de Janeiro (2010) y el de Guatemala (2014). Además, se anuncia para 2017 la aparición de cinco nuevos diccionarios, uno correspondiente al Perú, otro a Colombia y tres al Brasil (Rio Grande do Sul, Minas Gerais y São Paulo).

Nuestro continente estuvo hasta hoy prácticamente ausente de lo que dio en llamarse “la Internacional de los diccionarios” —para utilizar la expresión del número especial de la revista Materiaux consagrada al tema.[3] Y, sin embargo, fue el continente latinoamericano el que vio nacer el primer diccionario específico del movimiento obrero: me refiero a la obra del periodista Osvaldo López: Diccionario biográfico obrero de Chile, editado en Concepción, en fascículos, entre 1910 y 1919, obra concebida incluso con anterioridad a la Encyclopédie socialiste, syndicale et coopérative de l’Internationale ouvrière, publicada entre 1912 y 1921 por Adéodat Compère-Morel, o al Dictionnaire du socialisme de Charles Vérecque, publicado en 1911.[4] Entre una y otra edición, Osvaldo López alcanzó a redactar 171 biografías de obreros-artesanos, ocho de las cuales correspondían a mujeres. Una verdadera proeza si se considera el carácter periférico del país, la precocidad de la empresa y la escasez de recursos del autor, que buscaba afanosamente interesar en su proyecto a las sociedades obreras de su tiempo.

Ahora bien, ¿cómo entender que, luego  de un siglo de silencio, América Latina vea aparecer, en el lapso de diez años, diez diccionarios obreros y de las izquierdas? ¿A qué motivaciones responden estas obras? ¿En qué medida corresponden a esfuerzos colectivos, a metodologías comunes, o al menos a vínculos entre sus autores y directores?

Quisiera mostrar aquí la referencia modélica que, para todas estas obras, significó el Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier français dirigido por Jean Maitron (conocido coloquialmente como Dictionnaire Maitron, e incluso como Le Maitron a secas). Y sobre todo el rol decisivo de mediador jugado por Robert Paris (Marseille, 1937) entre el Proyecto Maitron y una nueva generación de historiadores sociales de América Latina.

Advierto que mi presentación tendrá un carácter paradójico, pues sostendré que la emergencia de los diccionarios latinoamericanos sería inexplicable sin la mediación de un proyecto que su propio mentor, Robert Paris, daba por fracasado veinte años atrás: me refiero al Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier d’Amérique latine.


Detengámonos por un momento en los avatares del proyecto de Robert Paris. Es poco o nada lo que sabemos de su trayectoria intelectual. Nacido en Marsella en 1937, tuvo la fortuna de formar parte del célebre Seminario que dictó Ruggiero Romano en l’École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, donde tuvo por compañeros a Marcelo Carmagnani, Nathan Wachtel, Enrique Florescano, Alejandro Tortolero, Hira de Gortari, Roberto Blancarte, Enrique Tándeter, Alberto Flores Galindo y Manuel Burga.[5] Fuertemente estimulado por esa figura bisagra entre la historiografía italiana y la francesa que fue Ruggiero Romano, Paris se graduó como italianista con una primera tesis sobre la formación del fascismo.[6] Traductor e introductor de Gramsci en lengua francesa desde la década de 1960[7], fue nuevamente Romano quien lo puso en la pista del historicismo italiano en la formación del pensamiento de José Carlos Mariátegui. Esto significó la reorientación de sus estudios hacia América Latina. Sus artículos preliminares y sobre todo su tesis doctoral sobre Mariátegui fueron decisivos sobre figuras como José Aricó, Oscar Terán y Alberto Flores Galindo, la generación que vino a renovar los estudios mariateguianos en América Latina.[8]

Robert Paris llegó a ser profesor titular en la l’École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París, un cargo que los franceses llaman “maître de conférences”. Fue en las sesiones de su seminario de la École, en el marco de la Maison de las Sciences de l’Homme de la Avenue de France, que Paris ejerció su magisterio silencioso y socrático sobre una nueva generación de historiadores sociales latinoamericanos.

Según su propio testimonio, el Dictionnaire habría sido concebido en 1964, año en el que coincidieron el inicio de su investigación sobre la formación del pensamiento Mariátegui y la publicación del primer volumen del Maitron:

El proyecto de realizar […] un Diccionario biográfico del movimiento obrero de América Latina nació en mí, de un encuentro: de una parte, una investigación sobre Mariátegui —y enseguida después, a través de él, sobre el movimiento obrero de América Latina— en la que me involucré en 1964 bajo la auspiciosa instigación de Ruggiero Romano; y, de otra parte, la publicación, el mismo año, del Dictionnaie de Jean Maitron. La exploración del movimiento peruano significaba la reunión de una multitud de actores y protagonistas, la más de las veces desconocidos por una historiografía ella misma acotada, donde todo o casi todo estaba por descubrirse; de donde la necesidad de constituir sin demora un inventario, hecho sobre cuadernos escolares, para identificar y clasificar mis personae dramatis. La aparición del primer volumen del Dictionnarie le ha dado un nuevo sentido a esta empresa y rápidamente fue convenido con Jean Maitron que yo me encargaría de un diccionario consagrado a América Latina que, en su espíritu, habría de adoptar el perfil de los otros diccionarios internacionales.[9]

 

No es casual que en un clima historiográfico dominado por la tiranía de la “estructura”, haya sido un marxista crítico[10] como Robert Paris, formado en una lectura heterodoxa de Gramsci y del historicismo italiano, quien comprendiera de inmediato la novedad que representaba el Dictionnaire Maitron, cuyo proyecto historiográfico había sido concebido en 1955 “a contracorriente”, como ha señalado François Dosse “en plena temporada de eclipse de la biografía”.[11]

Robert Paris fue receptivo de esas perspectivas historiográficas y metodológicas que, a contrapelo de un clima de desconfianza “científica” frente a lo que Pierre Bourdieu calificó como la “ilusión biográfica”, vinieron entonces a restituir, para el mundo obrero, el valor de la experiencia de clase y de la subjetividad colectiva. Piénsese en la nueva historia de las clases subalternas que inspiraron autores como Eric Hobsbawm, Raphael Samuel o E. P. Thompson, en la perspectiva de la “historia desde abajo”, en los estudios sobre la “cultura obrera” herederos de los trabajos pioneros de Richard Hoggart, o en la metodología de la historia oral. La obra de Thompson y de otros historiadores marxistas británicos desafiando el estructuralismo entonces reinante con una historia genética de la clase trabajadora fundada en nociones tales como “experiencia de clase” y “cultura obrera”, ha dado lugar a un extenso y productivo debate, mundialmente conocido.[12] Pero lo que nos interesa aquí es destacar el valor de una experiencia que se desarrolló en Francia en forma simultánea y menos rutilante que el debate británico.

El proyecto de Maitron, siempre según Dosse, acaso nació para servir como una fuente informativa, a la manera de un diccionario biográfico clásico. Sin embargo, “en el proceso de su elaboración, ‘el Maitron’ acaba apareciendo como el portador de una concepción innovadora de la biografía colectiva”.[13] Maitron se proponía una obra descentrada de las élites tradicionales propias de los diccionarios nacionales, desplazándose hacia el terreno de lo que denominaba esas “élites oscuras” que son los dirigentes obreros. Pero no se contentaba con un diccionario de los grandes dirigentes obreros, sino que fue en busca de los dirigentes medios, e incluso de los militantes sindicales y políticos de base, apenas conocidos en su época por su propio entorno y hoy olvidados, siendo suficiente para ingresar a su diccionario con que su nombre haya quedado registrado en un acta sindical, una crónica de la prensa obrera, una memoria militante o una ficha policial. Es necesario, argumenta Maitron, hacer resurgir plenamente “todo un pueblo militante”, restituyendo a la historia obrera su riqueza y diversidad: “es necesario descender al nivel de las comunas, de los barrios, de las fábricas, a riesgo de no descubrir má  s que los rastros tenues de la actividad militante”.[14]

Esta Introducción fue leída por Robert Paris con entusiasmo, como si fuera un manifiesto. La reseña que le dedicó al primer volumen del Dictionnarie Maitron en una revista italiana de historia obrera es un testimonio elocuente de que no tardó en comprender su carácter innovador.[15] Durante las década de 1960 y 1970, Robert Paris siguió el modelo de Maitron para elaborar las primeras fichas biográficas de figuras del movimiento obrero peruano indispensables para encuadrar en su seno la figura singular de Mariátegui. Pero su empeño fue más lejos, y con el concurso de una serie de historiadores latinoamericanos, sobre todo exiliados, que a fines de la década de 1970 cursaban su seminario de l’École para hacer sus tesis de doctorado, fue elaborando el proyecto de un Diccionario biográfico del movimiento obrero de América Latina, que ofreció al propio Jean Maitron como parte del mega proyecto del Diccionario internacional del Movimiento Obrero.

Robert Paris hizo público su proyecto de Diccionario latinoamericano en el V Seminario Internacional sobre “Historia del Movimiento Obrero Latinoamericano”, reunido en Caracas entre el 27 de octubre y el 1º de noviembre de 1980.[16] Ofreció entonces un texto programático, conforme su estilo crítico y reflexivo. Se trataba de un discurso abigarrado, rico en observaciones históricas y pleno de hipótesis secundarias, de afirmaciones luego matizadas en frases subordinadas, en ejemplos de experiencias militantes extraídas de las más diversas fuentes latinoamericanas.

Paris se proponía, en primer término, llevar a América Latina un diccionario “total” a la manera de Maitron:

El objeto del Diccionario no puede ser sino, citando a Jaurès, la “inmensa multitud de hombres que salen por fin de la oscuridad”.

 

Añadiendo que:

El proyecto hace suyas para toda América Latina, algunas de las exigencias expresamente provocadoras planteadas por Jean Maitron desde la aparición del primer volumen, publicado en 1964, en su Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier français.[17]

 

Paris se proponía establecer para el Dictionnaire latinoamericano “la autonomía histórica y epistemológica de su objeto”, ofreciendo una serie de consideraciones que están en el núcleo mismo de la prosopografía y que se condensaban en el pasaje del momento empírico (la suma de biografías) al objeto histórico (el movimiento obrero). La producción de biografías, lejos de ser un fin en sí mismo, no debía perder de vista que el objeto histórico era el movimiento obrero en su conjunto, siendo incluso posible deducir de allí a la clase obrera misma.


El optimismo de semejante proyecto no le impedía señalar una serie de obstáculos teóricos y metodológicos que planteaba la traslación del Dictionnaire Maitron a otro continente. América Latina no constituía una unidad nacional, como Francia, Italia o Alemania. El tempo de sus movimientos sociales no estaba necesariamente sincronizado con el europeo. La formación del movimiento obrero no sólo era tardía respecto de Europa, sino que las luchas sociales latinoamericanas estaban atravesadas por movimientos campesinos, indigenistas, nacionalistas y populistas que excedían con creces lo que podría definirse como un movimiento obrero latinoamericano, en todo caso atípico. El editor y traductor de Gramsci en lengua francesa proponía entonces, para dar cuenta de los movimientos sociales latinoamericanos, la inscripción de la clase obrera en el marco de las clases o los grupos “subalternos”, lo que ampliaba considerablemente el foco de los sectores sociales a estudiar y complejizaba aún más la empresa.

En una comunicación del año 1988, Paris resumía en pocas líneas el problema de la presunta “unidad” de América Latina:

¿América Latina? Ya se sabe la carga ideológica que esta fórmula acarrea. Forjada aparentemente bajo el Segundo Imperio, la América “latina” no puede sino tener una unidad, incluso una existencia, imaginaria, o por lo menos implícita o negativa. ¿Latinos los indios del Perú, Bolivia, Paraguay? ¿Los “negros” de Santo Domingo? ¿Los anglófonos de Belice y de Jamaica? Sin hablar de los que recusan dicha pertenencia: los argentinos (hasta la Guerra de Malvinas), los brasileños, expertos en el arte de la renegación…[18]

 

Problemas no menores planteaban la cuestión de la periodización:

Forzoso es aquí que confesar que las grandes fechas europeas —1830, 1848, 1871, 1905, 1914, 1917, 1939, etc.—, dejan de proporcionar las principales articulaciones cronológicas y el historiador, como el conquistador de Heredia, debe acostumbrarse a nuevas constelaciones y proporcionar nuevos puntos de referencia: la Revolución mexicana en lugar de la Revolución bolchevique, el ascenso de Perón en lugar de Stalingrado, el asesinato de Gaitán antes que la masacre de Deir Yassin...[19]

 

Por no hablar de los problemas de orden práctico que Paris desplegaba en su ponencia de 1980: el desarrollo desigual de los estudios sobre el movimiento obrero en los diversos países latinoamericanos, la ausencia de centros de documentación, la dificultad del acceso a los archivos policiales, etc. A ello se sumaba además el carácter artesanal de su propia labor investigativa, que no contaba siquiera con un apoyo institucional:

No voy a repetir aquí la historia de este trabajo, que proseguí por mi propia cuenta durante quince años, haciendo todo lo posible para ir llenando mis pequeños ficheros... A partir de 1979, la llegada de refugiados argentinos, a los cuales vinieron a sumarse otros estudiantes, me permitió organizar, al margen de mi seminario en la EHESS, un grupo de trabajo bimensual consagrado a este Diccionario, que poco a poco fue convirtiéndose en asunto de todos. Empresa, conviene precisarlo, que siempre se mantuvo artesanal —sin ningún tipo de apoyo financiero o logístico—, en base a la buena voluntad y el mero entusiasmo de sus participantes.[20]

 

Y añadía a continuación: “La principal dificultad radica, en verdad, en la desmesura, y en el objeto del proyecto”. Para 1988 se había hecho evidente la imposibilidad de un Diccionario latinoamericano “total” e “integral” a la manera del Maitron francés:  Robert Paris estaba dispuesto a “renunciar a la unidad, seguramente quimérica, de América ‘latina’”, aceptando su desagregación en volúmenes nacionales: “Entonces, el proyecto inicial había estallado, diversificándose en una serie de obras en curso: Argentina, Perú, México, Brasil, Paraguay, Guatemala, etc.”.[21]

Pero en su informe de 1988, el entusiasmo de la presentación del proyecto en Caracas parecía haberse debilitado. Entonces nos habla de: “El proyecto de realizar —o de suscitar— un Diccionario biográfico del movimiento obrero de América Latina”. Para dicho año, el estado de la cuestión era el siguiente:

El volumen más avanzado (algunos miles de biografías y de fichas) es el relativo a la Argentina, conducido con la colaboración de Edgardo Bilsky, Eduardo Bitlloch, Osvaldo Coggiola, Ricardo Falcón y Bernardo Gallitelli. El de Perú, bien avanzado, es llevado con la ayuda de Ricardo Melgar Bao, universitario peruano establecido en México. El de México, comenzado con Sylvie Didou, Miguel Rodríguez, Georges Rouvalis y Javier Torres Parés, está a la espera de nuevas “buenas voluntades”. El de Brasil, emprendido con Jacy Alves de Seixas y Claudio Batalha, debe contar con el apoyo del Departamento de Historia de la Universidad de Campinas, depositaria de los muy ricos Archivos Edgard Leuenroth. Dos diccionarios, en fin, han sido o son realizados, al margen de sus tesis, por dos jóvenes investigadores: el de Guatemala por Arturo Taracena Arriola y el de Paraguay por Nilda Rivarola.[22]

 

En 1995, apenas cinco años después, Robert Paris evocaba con amarga ironía la historia gramsciana de aquel profesor de filosofía que anunciaba un curso monumental sobre “el Ser evolutivo final” pero nunca lograba sobrepasar las clases preliminares dedicadas a Lao-Tsé, para concluir, acerca de su proyecto: “Claro que se trata de un fracaso”.[23]Robert Paris no transigía en los fundamentos epistemológicos de un “dictionnaire total”. Un proyecto que repitiera el modelo de los “dictionnaires internationales”[24] limitado a unas 500 entradas biográficas no iría más allá de una cúpula de dirigentes anarquistas, socialistas, sindicalistas y comunistas: revelaría así las simetrías de Latinoamérica con las corrientes del movimiento obrero europeo, aunque de ningún modo daría cuenta de la especificidad del movimiento obrero latinoamericano. Pero admitía al mismo tiempo el carácter desmesurado del proyecto, reconociendo además que por entonces había desaparecido  “l’enthousiasme qu’avait soulevé, en des temps meilleurs ou sous d’autres cieux”:

Flambés d’enthousiasme —et d’illusion— auxquels je ne puis penser sans un mélange de mélancolie, d’amusement et d’amertume.[25]

 

Asumía su responsabilidad por haber concebido un proyecto tan ambicioso:

Assurément nous avons péché par immodestie ou par maximalisme —nous, c’est-à-dire le petit groupe de travail que j’ai animé pendant plusieurs années à l’EHESS autour de ce Dictionnaire. Ainsi notre projet rompait-il d’emblée avec l’esprit des autres Dictionnaires internationaux. À la différence d’autres aires géographiques ou d’autres pays dans lesquels existaient déjà, quels qu’en fussent les mérites ou les lacunes, des dictionnaires du mouvement ouvrier, l’entreprise, ici, n’avait pas d’exemple et ne risquait guère d’être imitée. Nous avons alors décidé d’être exhaustifs.[26]

 

Aunque también recriminaba a las instituciones francesas por la falta de cualquier apoyo material:

No obstat les promesses que d’autres nous avaient prodiguées, nous n’avons reçu aucune aide et nous avons mené toutes les recherches à nos frais, photocopies et achats de timbre-poste y compris, selon des méthodes artisanales.[27]

 

Robert Paris no omitía señalar entre los obstáculos aquellos de carácter político-historiográfico: frente a ciertas historias oficiales, o ciertos mitos políticos pertinaces, “l’historisation pouvait se révéler périlleuse, voire insupportable”. Y dejaba en un difuso segundo o tercer plano su decepción con los historiadores latinoamericanos que habían regresado a sus países de origen luego de defender sus tesis pero sin honrar su compromiso con el Diccionario latinoamericano, señalando con amargura que “le mouvement ouvrier ne permet guère de faire carrière; a fortiori sous la forme d’un dictionnaire, fût-il biographique, aussitôt assimilé à un instrument de travail”.[28]


 

La experiencia del Diccionario biográfico de la izquierda argentina

La situación parece haber mutado en los últimos diez años. La publicación sucesiva de cinco diccionarios biográficos latinoamericanos y el anuncio de otros cinco de inminente aparición contrastan con el crudo diagnóstico de Robert Paris.

Inesperadamente, cuando se lo daba por muerto, el viejo Proyecto del Dictionnaire latinoamericano reverdeció, ya no en la ciudad de París, sino en diversas capitales latinoamericanas. Ya no tiene un director general, ni un formato unificado, ni tampoco un solo editor, y sin embargo los nuevos diccionarios, con todas sus diferencias, responden a un cierto patrón general.

El primer Diccionario en recoger el legado de Maitron y de Paris fue el Diccionario biográfico de la izquierda argentina, cuya dirección estuvo a mi cargo. Aunque a los fines prácticos resolví acotarme a poco más de 500 biografías y a pesar de que decidí redefinir mi objeto a “las izquierdas”, reconocía desde la misma introducción de la obra el carácter modélico del Dictionnaire Maitron así como la incitación para mí que había significado que el propio Robert Paris me presentara person  almente en el proyecto. En efecto, cuando visité París a fines de 1983, en mis años de estudiante, proyectaba una tesis de licenciatura sobre una serie de figuras olvidadas del trotskismo argentino. A través de mis compatriotas exiliados Edgardo Bilsky, Ricardo Falcón y Bernardo Gallitelli, fui presentado a Paris, quien me interesó en el Proyecto, me entregó una serie de documentos y de fichas modelo. Finalmente, solicitó mi colaboración para elaborar media docena de biografías de militantes del trotskismo argentino. Yo elaboré aquellas fichas, pero como sabemos, el proyecto naufragó al poco tiempo de comenzar. Esta fue mi primera aproximación al mundo de los diccionarios obreros, así como mi primer estímulo.

El diccionario argentino reunió, en forma sistemática y ordenada, toda la información disponible sobre 550 experiencias militantes de las izquierdas en mi país, buscando reconstruir los itinerarios políticos de anarquistas, socialistas, sindicalistas, comunistas, trotskistas, maoístas, guevaristas y peronistas revolucionarios.

Es indudable que para hacer resurgir plenamente, a la manera del Diccionario Maitron, todo un pueblo militante y restituir a la historia obrera y de las izquierdas toda su riqueza y diversidad, era necesario descender al nivel de las comunas, de los pueblos y reunir decenas de miles de biografías. No dudo, pues, que la empresa hubiera merecido un “diccionario total”, a la manera del Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier d’Amérique latine que se propuso Robert Paris. Pero vistas las dificultades que encontró su realización, consideré útil comenzar con la elaboración y publicación de diccionarios nacionales de la izquierda y/o el movimiento obrero latinoamericanos más acotados. Me concentré en primer lugar en el que fue mi campo privilegiado de investigación durante años: las izquierdas argentinas.

Ahora bien, ¿con qué criterios escoger quinientos militantes? En primer lugar, elaboré una primera lista nominativa de unos cinco mil militantes, todos aquellos que encontré mencionados en memorias obreras, estudios sobre las izquierdas y los movimientos sociales, publicaciones políticas, actas, archivos policiales, etc. Sobre esta lista seleccioné para esa primera edición las quinientas biografías que consideré más representativas, procurando establecer una proporción equilibrada entre: las vertientes políticas; las diversas regiones del país; las distintas esferas de acción militante; la participación de hombres y de mujeres, y las sucesivas generaciones militantes.

Respecto de las diversas vertientes políticas, intenté cierto equilibrio entre cada una de ellas, según su peso específico en nuestra historia. Recogí aproximadamente una treintena de biografías de precursores de la izquierda del siglo XIX, ciento veinte de anarquistas, ciento veinte de socialistas, una decena de sindicalistas revolucionarios, más de un centenar de comunistas, cuarenta trotskistas, diez maoístas, treinta guevaristas y cincuenta peronistas de izquierda. Las cifras son aproximadas, sea porque algunas figuras son difíciles de encuadrar estrictamente en una de estas vertientes, sea porque su itinerario atraviesa a más de una de ellas.

Además, procuré que esta selección no dejara en pie sólo a los máximos dirigentes, sino que incluyera también a una buena cantidad de “cuadros medios”, de figuras fundacionales luego alejadas de la militancia, de activistas cuya acción militante ha sido breve pero que sin embargo alcanzó repercusión pública por su participación en una huelga o porque fueron objeto de una encarnizada represión policial. Los izquierdistas son los disidentes, pero a menudo los disidentes crean sus propias ortodoxias, emergiendo de su seno otros disidentes, los disidentes dentro de los disidentes. Intenté recuperar aquellos individuos o grupos que no se encuadraron en las tradiciones luego institucionalizadas de la izquierda —como los “anarco-bolcheviques”, o los socialistas de izquierda que no se incorporaron al comunismo, o aquellos trotskistas que no ingresaron en la memoria oficial de los trotskismos...

Consciente del indudable peso político y simbólico de la ciudad de Buenos Aires, intenté establecer cierto equilibrio entre las diversas regiones de mi país. También busqué equilibrar las distintas esferas de acción militante, se trate del movimiento obrero, el estudiantil, el feminista o el de derechos humanos, y ya se haya librado en la arena política, en la cooperativa, en la artística o en la intelectual.

Intenté equilibrar también, en la medida de lo posible, la representación militante de varones y mujeres. Fue una tarea muy dificultosa buscar establecer una representación de las mujeres en la vida militante argentina, pues en las fuentes predomina, como lo ha señalado Michelle Perrot de modo inmejorable, “el mutismo de las mujeres y el silencio sobre las mujeres. De ellas se habla poco”.[29] A menudo sólo sabemos su nombre de pila, o que se trata de la “abnegada compañera” de tal o cual militante.[30]

La decisión a favor de un diccionario de las izquierdas en lugar del movimiento obrero se fundó en dos razones. Entendí que el término “izquierdas” definía más cabalmente la amplitud del compromiso militante que el término “movimiento obrero”, incorporando y dando mayor relevancia a otras dimensiones de la militancia social y política. Sin desconocer el peso e incluso la centralidad del movimiento obrero en las luchas sociales y políticas argentinas del siglo XX, busqué visibilizar otros movimientos sociales, como los movimientos por los derechos humanos, artísticos, estudiantiles, feministas, cooperativos, etc. Estos movimientos tienen sus propias lógicas de acción social y política, lógicas que a veces los han aproximado pero otras veces los han alejado del movimiento obrero.

Por otro lado, los diccionarios europeos del movimiento obrero han excedido de hecho su propio objeto. El mismo Maitron, al presentar la última parte de su Dictionnaire Biographique du mouvement ouvrier français, reconocía que se lo llamaba coloquialmente como un “dictionnaire des militants”, y él no rechazó esa “simplification”. Yo adopté la definición ampliada que dio entonces Maitron de los sujetos a estudiar: aquellos hombres y mujeres (sean trabajadores manuales o intelectuales, hombres de acción o teóricos) comprometidos en una acción, importante o no, de larga duración o no, encaminada a contribuir, ya sea mediante reformas o revolución, o a través de ambas, una mayor justicia social y una mayor libertad. [31] Incluso la Nueva serie del Maitron se titula “mouvement ouvrier, mouvement social”.[32]

Otros diccionarios que tuve como referencia se centraron en ciertas familias políticas de las izquierdas, como el Esbozo de una enciclopedia del anarquismo español (2001) de Miguel Iñiguez, el Dizionario biografico degli anarchici italiani (2003-2004) que dirigieron Antonioli, Berti, Fedele y Iuso, o el diccionario de la Komintern: L’histoire et les Hommes (2001), dirigido por M. Gotovich y M. Narisnkii. En otros casos el objeto de investigación lo constituyeron las izquierdas en plural que agitaron la vida de una nación, como el Biographical Dictionary of the Left, del británico Francis X. Gannon (1969, 1971), o la Encyclopedia of the American Left de Mari Jo Bhule, Paul Bhule y Dan Georgakas.[33]

Finalmente, me propuse ponderar la representación de las diversas generaciones militantes. Para ello establecí la siguiente periodización: (a) la generación de los precursores que activaban en las décadas de 1870 y 1885; (b) la primera generación de anarquistas y socialistas del período fundacional: 1886-1900; (c) la segunda generación de los anarquistas y socialistas: 1901-1916; (d) la generación de la reforma Universitaria y la formación del comunismo: 1917-1930; (e) la generación del antifascismo y de la formación del trotskismo: 1931-1945; (f) la generación del peronismo: 1946-1960; (g) la generación de la “nueva izquierda”, que activa entre los años 1961-1976.

Siguiendo el modelo de los diccionarios europeos del movimiento obrero, cada entrada buscó consignar catorce campos: 1. Apellidos y nombres.; 2. Apodos, seudónimos y “nombres de guerra”; 3. Una fotografía.; 4. Lugar y fecha de nacimiento; lugar, fecha y causa de la defunción; 5. Una presentación general del militante, que normalmente no excede un renglón o dos; 6. Datos familiares básicos; 7. Estudios, posición socio-profesional; 8. Militancia gremial, comenzando por el año y los motivos de su iniciación en la vida sindical y siguiendo su itinerario en la misma; 9. Itinerario político-militante. (grupos o partidos en los que se inició y en los que activó, corrientes internas, etc.); 10. Viajes de carácter político; 11. Persecuciones, prisiones y exilios; 12. Cargos en instituciones públicas; 13. Obra escrita; 14. Fuentes.

Además, establecí un sistema de más de 2000 referencias internas mediante un símbolo ► (una flecha), un link por el cual las entradas remiten permanentemente unas a otras. Creo que buena parte de la riqueza del Diccionario está en este sistema de reenvíos que permiten concebirlo como un ejercicio de biografía colectiva.

Si bien las entradas aspiran a alcanzar la mayor concisión y precisión posibles, sin hacer la menor concesión a la retórica florida de la literatura oficial partidaria, tampoco quise limitarme a presentar una mera ficha técnica que consignara una sumatoria de datos, acciones políticas, siglas y funciones públicas. Hice pues un esfuerzo por integrar la información, así fuera escasa o abundante, dentro de un cierto hilo narrativo, construyendo una cierta “puesta en intriga” (Paul Ricoeur) que permitiese recuperar cierto dramatismo de la vida militante.

 

La experiencia de los diccionarios nacionales latinoamericanos

En los años subsiguientes aparecieron tres nuevos diccionarios biográficos:

Carlos Zubillaga, Perfiles en sombra. Aportes a un diccionario biográfico de los orígenes del movimiento sindical en Uruguay (1870-1910), Montevideo, Librería de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2008, 214 pp.

Claudio Batalha (dir.), Dicionário do movimento operário. Rio de Janeiro do século XIX aos anos 1920. Militantes e organizaçoes, Sâo Paulo, Fundaçào Perseu Abramo, 2009, 297 pp.

Arturo Taracena Arriola, Omar Lucas Monteflores, Diccionario biográfico del movimiento obrero urbano de Guatemala, 1877-1944, Guatemala, FLACSO / Editorial de Ciencias Sociales, 2014, 378 pp.

 

Desde fines de 2016 la revista Pacarina del Sur anuncia la aparición inminente de un nuevo diccionario bajo el siguiente título:

Ricardo Melgar Bao (director), Diccionario biográfico del movimiento obrero y popular peruano (1848-1959), en coedición entre Pacarina del Sur y el Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.  


También en estos cuatro casos, el modelo es el Dictionnaire Maitron y el mediador es Robert Paris. El brasileño Claudio Batalha y el guatemalteco Arturo Taracena formaron parte del Seminario de Paris en l’Ecole, y fueron los encargados de las respectivas secciones del frustrado Diccionario. Ricardo Melgar es el historiador peruano exiliado en México mencionado por Paris en su informe de 1988, con quien mantenía asidua correspondencia y llevaba por entonces “assez avancé” el diccionario peruano.

Batalha rememoraba en la Introducción de su obra aquel seminario de historia del movimiento obrero latinoamericano, que “representou um ganho inestimável nas discussôes em torno dos problemas metodológicos, que cercam um projeto de dicionário biográfico”.[34] Taracena también recordaba sus años de formación en el Seminario de Paris y escribe con satisfacción en la Introducción de su obra: “Han pasado 36 años y solo hasta ahora estoy en capacidad de cumplir con el deseo de mi maestro”.[35] Melgar publicó recientemente en su revista Pacarina del Sur el Proyecto de Robert Paris de 1980, traducido al español por antiguos miembros del seminario de l’Ecole: Héctor Milla y Arturo Taracena.

Zubillaga no mantuvo contactos con Maitron ni con Paris, pero también reconoce su deuda intelectual cuando señala que “La elaboración de repertorios biográficos del mundo sindical tiene un referente inexcusable en el historiador francés Jean Maitron”, presentando al de Robert Paris como un proyecto que emulaba para América Latina al diccionario francés.[36]

En cuanto a su objeto, estos cuatro diccionarios —a diferencia del argentino— se centran en el movimiento obrero, aunque no se limitan exactamente a él. Zubillaga habla para el Uruguay de “movimiento sindical”, dentro del cual desagrega: “dirigentes, militantes y afiliados a las organizaciones sindicales, secretarios rentados de las mismas, oradores y agitadores, periodistas y colaboradores de la prensa obrera y obrerista, participantes en movimientos huelguísticos o en acciones de boicot o sabotaje, poetas y narradores inscriptos en la literatura de combate, abogados defensores de organizaciones sindicales o de militantes encausados o detenidos, ideólogos o difusores de extracción anarquista, socialista o social-cristiana, políticos y proyectistas de legislación social, colaboradores del movimiento sindical no pertenecientes a los sectores asalariados…”.[37] Batalha mantiene los parámetros de Maitron y Paris sobre “movimiento obrero” mientras que Taracena y Monteflores hablan de “movimiento obrero urbano”, pues sus autores reconocen la dificultad de “trascender hacia el mundo campesino”.[38] Melgar, por su parte, define su objeto como “movimiento obrero y popular peruano”, donde se propone dar cabida a figuras de “extracción popular” que activaron “en el seno del movimiento obrero, indígena, estudiantil,  intelectual y de los sectores medios”.[39]

También las cronologías, como ya advertía Paris décadas atrás, presentan diferencias sustantivas, según los procesos endógenos de cada nación. El diccionario argentino comenzaba con la generación militante emergente en la década de 1870, en los albores del movimiento obrero moderno y la prehistoria de las izquierdas, y se cerraba con la generación de los hombres y mujeres de las décadas de 1960 y 1970. Zubillaga se enfocó en “los orígenes del movimiento sindical en Uruguay”, de modo que se acotó al período 1870-1910, que coincide también con la “modernización uruguaya”.[40] Batalha también optó por el período formativo del movimiento obrero carioca, que remonta a la década de 1830 y lo hace llegar hasta la década de 1920.[41] Melgar hace nacer su diccionario a mediados del siglo XIX, “con la participación de representantes del republicanismo popular que supieron apropiarse culturalmente del ciclo mundial revolucionario de 1848” y lo cierra en 1959, en aquel “clima de renovación sindical, política y cultural” que enlazó con la recepción de la Revolución cubana en el Perú.[42]

El diccionario argentino contó con unos 30 colaboradores, pero la mayoría de las microbiografías recayeron sobre su director. El diccionario uruguayo fue elaborado en su totalidad por Zubillaga. Batalha contó con ocho autores y once colaboradores. Arturo Taracena sólo pudo llevar a término el proyecto del diccionario guatemalteco con la ayuda de un joven historiador, Omar Lucas Monteflores. Ricardo Melgar llevó adelante la mayor parte de las biografías, aunque contó con el apoyo de su compañera, Hilda Tísoc Lindley, que trabajó sobre todo en las biografías de las mujeres obreras, y con numerosas entradas redactadas por el propio Robert Paris.

El diccionario argentino logró establecer 550 biografías y el uruguayo 370. Curiosamente, estas obras se han desarrollado sin vínculos previos entre sus autores, cuando es evidente que el intercambio de criterios e informaciones las hubiera enriquecido, sobre todo considerando que tienen alrededor de 30 biografías en común. Batalha ofrece 839 biografías breves de militantes, a las que añade 397 entradas correspondientes a organizaciones gremiales. El diccionario guatemalteco ofrece 830 biografías y el peruano alcanza la cifra de 2.108 entradas, si bien el 65% se presentará en estado de primera redacción (borrador).

Párrafo aparte merece la labor desarrollada desde Rusia por Lazar y Víctor Jeifets, quienes confeccionaron un diccionario focalizado en las principales figuras involucradas en las relaciones entre el Komintern y los partidos comunistas de América Latina. Combinando emisarios soviéticos y militantes criollos, La Internacional Comunista y América Latina (2004) totalizó en una primera edición 900 entradas biográficas, que ascienden a alrededor de 1500 entradas en la nueva edición lanzada en el año 2015. La obra de los Jeifets tiene el mérito de haberse fundando en fuentes escasamente accesibles a los investigadores latinoamericanos. Sus propios autores reconocen haber dispuesto a partir de 1992 de un “acceso privilegiado” a los archivos personales que la sección de cuadros que la Comintern había acumulado sobre sus colaboradores, lo que les permitió “consultar los expedientes personales del fichero ‘América Latina’ del Archivo Estatal Ruso de Historia Sociopolítica (RGASPI)”, antes Instituto Marx-Lenin.[43] Pero dicho mérito constituye asimismo su límite, en la medida en que la obra —a diferencia de los diccionarios que tuvieron el Maitron como referencia— fue concebida y configurada conforme esas fuentes privilegiadas. Las fichas soviéticas constituyen una cantera de extraordinaria utilidad historiográfica, pero como toda fuente, sobre todo cuando es casi exclusiva, presenta una serie de problemas. En primer lugar, se trata de fuentes oficiales, de documentos de Estado: su apropiación por la historia social y la prosopografía requiere de mucho más que de una simple y cuidada transcripción. Por ejemplo, las fichas suelen contener no sólo juicios contradictorios sobre un mismo sujeto, sino incluso datos empíricos incompatibles entre sí. Además, son a menudo muy incompletas (por ejemplo, experiencias militantes que se extienden por varias décadas de vida, en las fichas concluyen en la mitad de ese lapso, cuando el militante, por ejemplo, sale de la órbita comunista). Por útiles que sean, necesitan al igual que otras fuentes del careo con otro tipo de documentos, como los que proveen la prensa, los libros de memorias, los estudios biográficos, las investigaciones de historia social y política, o los registros policiales. La ficha biográfica constituye apenas el esqueleto de una microbiografía: es necesario que esa suma de datos duros que suele proveer —“fue miembro del Buró Sudamericano entre 1929 y 1931”; “viajó como delegado al V Congreso de la Komintern”, etc.— sean integrados en una trama narrativa histórico-biográfica que sólo puede proveer el cotejo con otro tipo de fuentes. La nueva edición aparecida en Chile en 2015, al enriquecerse con los aportes de los diccionarios latinoamericanos antes mencionados así como con comunicaciones de numerosos investigadores del continente, representa una mejora sustantiva respecto de la edición pionera del año 2004.

En suma, la publicación sucesiva de todos estos diccionarios, que casi siempre dialogan entre sí, representa la construcción de un saber acumulativo. Por otra parte, los que conocemos las graves dificultades con que se topan quienes emprenden trabajos prosopográficos en nuestro continente, sabemos que una ficha breve y esquemática es siempre preferible a una ficha vacía.

 

Por un Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas

La aparición sucesiva de estos diccionarios nacionales me animaron a reactivar un proyecto que anuncié en la Introducción del diccionario argentino: la publicación de una versión reducida, preliminar y limitado a unas 600 entradas, de un Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas. Algunos de sus posibles subtítulos ofrecen una idea de su arco temporal: De los socialistas románticos a la nueva izquierda. De Francisco Bilbao a Fidel Castro.

Durante la última década busqué tender una red de historiadores del movimiento obrero y las izquierdas de América Latina, con quienes discutí criterios de selección e inclusión, sobre todo Pablo Stefanoni y Andrei Schelchkov para Bolivia, Fernando Teixeira, Claudio Batalha y Michael Hall para Brasil, Arturo Taracena y Liliana Martínez para Centroamérica y el Caribe, Olga Ulianova para Chile, Juan Carlos Celis Ospina para Colombia, Álvaro Campuzano, Valeria Coronel y Santiago Ortiz para Ecuador, Ricardo Melgar y José Luis Rénique para Perú, Pablo Yankelevich para México, Vania Markarian y Gerardo Caetano para el Uruguay.

El proyecto avanzó de modo desigual según cada país, pero ya cuenta al menos con un listado nominativo de 600 biografías, consensuado con los más diversos colegas del continente. Socialmente hablando, incluye líderes del movimiento obrero, campesino, indígena, estudiantil, de derechos humanos, de mujeres y de intelectuales. Políticamente comprende: socialistas románticos y librepensadores decimonónicos, liberales radicales, agraristas, anarquistas, socialistas, comunistas, trotskistas, nacionalistas y antiimperialistas revolucionarios, maoístas, guevaristas y cristianos revolucionarios.

La fecha de aparición del volumen está pautada para 2018. Desde la primera vez que establecimos una fecha de cierre hasta hoy, nos vimos obligados a posponerla una y otra vez. Es que el Diccionario latinoamericano, aún en su versión más acotada, sigue ofreciendo muchos problemas de conceptualización y de realización.[44] Sin lugar a dudas, el diagnóstico de Robert Paris permanece vigente.

Sin embargo, el Diccionario latinoamericano tuvo un fruto inesperado: el equipo colombiano que coordina Juan Carlos Celis Ospina excedió con creces el listado de 40 militantes inicialmente pautado, y hoy anuncia la primera versión de una obra que ofrecerá más un centenar de biografías, exhaustivamente establecidas, titulada: Diccionario biográfico de las izquierdas colombianas (1910-1980).  Por su parte, diversos equipos de colegas brasileños nos anuncian la marcha avanzada de los diccionarios obreros de Rio Grande do Sul, Minas Gerais y São Paulo.[45]

En suma, después de un siglo de silencio, podemos congratularnos de que América Latina cuente con un puñado de diccionarios ya publicados y con otro puñado en curso de publicación. Sólo es de lamentar que su propiciador Robert Paris, gravemente enfermo, no esté hoy entre nosotros para comprobar que el ímprobo esfuerzo, finalmente, viene dando sus primeros frutos.

 

Notas:

[1] Ponencia presentada en el Colloque Le Maitron : regards et perspectives internationales,  Paris, 6 et 7 décembre 2016. Quiero agradecer a Geneviève Dreyfuss-Armand, Arturo Taracena, Ricardo Melgar Bao, Perla Jaimes Navarro, Carlos Zubillaga y Javier Torres Parés, quienes generosamente me brindaron información sobre el asunto de esta ponencia.

[2] CeDInCI/UNSAM , CONICET-Argentina.

[3] Dossier “L’International des Dictionnaires”, in: Materiaux, n° 34, Nanterre, 1994.

[4] Hay al menos tres ediciones: Diccionario biográfico Obrero, Concepción, Librería, Imprenta y Encuadernación “Penquista”, 1910, s/n [A-Z]; Diccionario biográfico Obrero de Chile, Santiago de Chile: Imprenta y encuadernación Bellavista, 1912, s/n [A-Z]; Diccionario biográfico Obrero de Chile, Santiago de Chile, Sociedad de Artesanos “La Unión”, 1915, 2ª ed., s/n. Dado que por esa fecha la clase obrera chilena se encontraba aún en proceso de formación, el diccionario recoge sobre todo los nombres de artesanos destacados en las asociaciones mutuales, en la actividad política o en el primer periodismo obrero. López recorrió personalmente el país, buscando apoyos económicos y al mismo tiempo entrevistando a los dirigentes de dichas asociaciones. La Biblioteca Nacional de Chile conserva el ejemplar de 1912, el Instituto de Historia Social de Ámsterdam preserva el ejemplar de 1915 y el CeDInCI de Buenos Aires dos ediciones. V. Juan David Murillo Sandoval, “La confección del Diccionario Biográfico Obrero de Chile. Cultura impresa y sociabilidad obrera a comienzos del siglo XX”, en Iberoamericana a. XVI, n° 62, Berlín, 2016, pp. 107-119.

[5] Hilda Iparraguirre, “La experiencia de Ruggiero Romano en la historiografía italiana en torno a México”, in: Rivista dell’Istituto di Storia dell’Europa Mediterranea, n° 7, Turín, diciembre 2011, p. 249.

[6] Robert Paris, Histoire du fascisme en Italia. I. Des origines à la prise du pouvoir, Paris, François Maspero, 1962; Les origines du fascisme, Paris, Flammarion, 1968, 140 pp. Trad. cast.: Los orígenes del fascismo, Barcelona, Península, 1969, 140 p.

[7] Antonio Gramsci,  Cahiers de prison, Paris, Gallimard, 1966-1992, 5 vols., Avant-propos et notes de Robert Paris; Antonio Gramsci, Écrits politiques. 1. 1914-1920, Paris, Gallimard, 1974; 2. 1921-1922, Paris, Gallimard, 1975; 3. 1923-1926, Paris, Gallimard, 1980.

[8] “La formation idéologique de José Carlos Mariátegui”, Thèse 3ème cycle : Histoire. Sociologie, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, 1969, 2 vols., 308 p. Fue publicada en México doce años después por José Aricó en los Cuadernos de Pasado y Presente: Robert Paris, La formación ideológica de José Carlos Mariátegui, México, Siglo XXI, PyP, 1981.

[9] Robert Paris, “L’Amerique latine”, sección “Les volumes en préparation”, en Le Mouvement social. Bulletin trimestriel de l’Institut français d'histoire sociale, supplément au numéro 144, París, Éditions ouvrières / Éditions de l’Atelier, octobre-novembre 1988, numéro spécial consacré à Jean Maitron, p. 142. Trad. de H.T.

[10] Paris fue un marxista crítico de espíritu libertario. Son innumerables sus reseñas, artículos y prólogos sobre figuras como Marx, Lafargue, Bakunin, Sorel, Malatesta, Gramsci, Jaurès, Luxemburg, Gramsci, Mariátegui, Croce, Paul Mattick, Althusser, etc.

[11] François Dosse, La apuesta biográfica. Escribir una vida, Valencia, PUV, 2007, p. 303.

[12] Harvey Kaye, Los historiadores marxistas británicos, Zaragoza, Ediciones Universitarias de Zaragoza, 1989.

[13] Ibid., p. 304.

[14] Jean Maitron, Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier français, París, Les Éditions Ouvrières, 1964, “Introduction”, t. I, p. 11.

[15] R.P., Jean Maitron, “DMOF”, in: Movimento operaio e socialista, Genova, juillet-décembre 1964, p. 330-331.

[16] Robert Paris, “Biographie et ‘profil’ du mouvement ouvrier: quelques réflexions autour d’un dictionnaire, apareció años después en: Babylone n° 4, Paris, 1985, p. 86-109. Fue traducido por Héctor Milla (con revisión de Arturo Taracena Arriola) como: “Biografía y ‘perfil’ del movimiento obrero. Algunas reflexiones en torno a un Diccionario biográfico del movimiento obrero de América Latina”, en Pacarina del Sur, año 4, n° 15, abril-junio, 2013.

[17] Ibid.

[18] “Amérique latine? On sait la charge idéologique que charrie cette formule. Forgée, semble-t-il, à l’époque du Second Empire, l’Amérique « latine » n'a peut-être qu'une unité, voire une existence, sinon imaginaire, tout au moins en creux ou négative. Latins les indiens du Pérou, de Bolivie, du Paraguay? Les ‘nègres’ de Saint-Domingue? Les anglophones du Bélize et de la Jamaïque? Sans parler de ceux qui récusent l'appartenance : les Argentins (jusqu’à la guerre des Malouines), les Brésiliens, passés maîtres ici dans l'art de la dénégation...”. Robert Paris, “L’Amerique latine”, sección “Les volumes en préparation”, op. cit., p. 142.

[19] “Force est ici de s’avouer que les grandes dates européennes —1830, 1848, 1871, 1905, 1914, 1917, 1939, etc.— cessent de fournir les grandes articulations chronologiques et que l'historien, tel le conquérant d'Heredia, doit s'accoutumer à des constellations nouvelles et se donner de nouveaux repères : la Révolution mexicaine plutôt que la Révolution bolchevique, l'avènement de Peron plutôt que Stalingrad, l'assassinat de Gaitân plutôt que le massacre de Deir Yassine...”. Ibid.

[20]Je ne referai pas ici l’histoire de ce travail, que j'ai poursuivi, dans mon coin, pendant quinze ans, faisant flèche de tout bois pour remplir mes petits classeurs... A partir de 1979, l’arrivée de réfugiés argentins, auxquels vinrent s’agglutiner d’autres étudiants, m’a enfin permis d’organiser, en marge de mon séminaire de l’EHESS, un groupe de travail bimensuel consacré à ce Dictionnaire qui devint peu ou prou l’affaire de tous. Entreprise, il convient de le préciser, restée toujours artisanale —sans aucun appui financier ni logistique— et reposant sur la seule bonne volonté et le seul enthousiasme des participants”. Ibid.

[21] Ibid.

[22] Ibid., p. 143.

[23] Robert Paris, “Les dictionnaires d’Amerique Latine: entre mouvement ouvrier et classes subalternes”, en: Materiaux, n° 34, Nanterre, 1994, pp. 36-38.

[24] El mismo Maitron había lanzado bajo el título de Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier international y con el concurso de diversos historiadores volúmenes mucho más acotados que el diccionario francés: aparecieron sucesivamente volúemens sobre el movimiento obrero austríaco (1972), británico (1978-1986), japonés (1978-79), chino (1985), alemán (1990) y Marruecos (1998). V. Bruno Groppo, “Los diccionarios biográficos del movimiento obrero: análisis comparado de un género científico, en: Políticas de la Memoria n° 13, Buenos Aires, 2012-2013, pp. 13-21.

[25] Robert Paris, “Les dictionnaires d’Amerique Latine…”, op. cit., p. 36.

[26] Ibid.

[27] Ibid., p. 38.

[28] Ibid.

[29] Perrot, Michelle, “Le Dictionnaire come ‘lieu de mémoire’”, en: Michel Dreyfus, Claude Pennetier, Nathalie Viet-Depaule (eds.), La part des militants, París, Les Editions de l’Atelier, 1996, p. 14.

[30] He logrado establecer cuarenta y dos biografías de mujeres (un 8% del total), que se reparten del siguiente modo: siete anarquistas; una de la corriente sindicalista; once socialistas; siete comunistas; tres trotskistas; cinco guevaristas; cinco peronistas; una psicoanalista independiente vinculada a la nueva izquierda, una feminista librepensadora y una sufragista simpatizante del socialismo.

[31] “…ces hommes et femmes (si travailleurs manuels ou intellectuels, hommes d’action ou théoriciens) engagés en une action, importante ou non, de longue durée ou non, en vue d’apporter, par réformes ou par révolution, ou par les deux, plus de justice sociale et plus de liberté”. Jean Maitron , “Introduction”, DBMOF, última parte: 1914-1939, Paris, 1981, t. I, p. 14-15.

[32] Claude Pennetier (dir.), Le Maitron. Dictorionnaire biographique. Mouvement ouvrier, mouvement social. De 1940 à 1968, Paris, Les Editions de l’Atelier, 2005 y ss.

[33] Bruno Groppo, “Los diccionarios biográficos…”, op. cit.

[34] Claudio Batalha (dir.), Dicionário do movimento operário. Rio de Janeiro do século XIX aos anos 1920. Militantes e organizaçoes, Sâo Paulo, Fundaçào Perseu Abramo, 2009, p. II.

[35] Arturo Taracena Arriola, Omar Lucas Monteflores, Diccionario biográfico del movimiento obrero urbano de Guatemala, 1877-1944, Guatemala, FLACSO / Editorial de Ciencias Sociales, 2014, p. 9.

[36] Carlos Zubillaga, Perfiles en sombra. Aportes a un diccionario biográfico de los orígenes del movimiento sindical en Uruguay (1870-1910), Montevideo, Librería de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2008, pp. 14-16.

[37] Ibid., p. 19.

[38] Arturo Taracena Arriola, Omar Lucas Monteflores, op. cit., p. 14.

[39] Ricardo Melgar Bao, “Presentación abreviada” del Diccionario biográfico del movimiento obrero y popular peruano. 1848-1959, texto inédito. Agradezco a su autor haberlo compartido conmigo.

[40] “Coincide en su comienzo con la revolución de las lanzas y en su culminación con la última chirinada que cierra el ciclo de las alternativas armadas para la definición del rumbo político”. Zubillaga, op. cit., p. 19.

[41] Claudio Batalha, op. cit., pp. 12-14.

[42] Ricardo Melgar, op. cit.

[43] Lazar Jeifets, Víctor Jeifets, Peter Huber, La Internacional Comunista y América Latina, 1919-1943, Moscú, Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Moscú, y Ginebra, Institut pour l’histoire du communisme, 2004, pp. 12-13

[44] Algunos de ellos fueron tratados en: Horacio Tarcus, “La biografía colectiva. Por un Diccionario de las izquierdas y los movimientos sociales latinoamericanos”, en Iberoamericana. América Latina. España. Portugal. Ensayos sobre letras, historia y sociedad. Reseñas iberoamericanas n° 52, Berlín, diciembre 2013, pp. 139-154.

[45] Luigi Biondi, “Dizionari Biografici del Movimento Operaio in Brasile: aspetti generali e il caso in progress di São Paulo”, in: Colloque Le Maitron : regards et perspectives internationales, Paris, 6 et 7 décembre 2016.

 

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Cómo citar este artículo:

TARCUS, Horacio, (2017) “Los diccionarios biográficos de América Latina, entre la historia del movimiento obrero y las izquierdas. Un homenaje a Robert Paris”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 32, julio-septiembre, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 22 de Agosto de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1492&catid=5

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