Pacarina del Sur
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Roberto Mac-Lean y la cátedra de Sociología: una transición a la institucionalización

Roberto Mac-Lean and the chair of Sociology: a transition to the institutionalizatione

Roberto Mac-Lean e a classe de Sociologia: uma transição para o institucionalización

Efraín Núñez Huallpayunca[1]

RECIBIDO: 13-09-2016 APROBADO: 09-11-2016

Resumen

Resumen: Roberto Mac-Lean fue un destacado sanmarquino que dictó la cátedra de Sociología en una etapa en que la disciplina necesitaba institucionalizarse. Mac-Lean mantuvo activa la asignatura hasta su retiro y fue a partir de allí que se dieron los primeros pasos para crear un Departamento Académico exclusivo para la formación de sociólogos profesionales en la Universidad de San Marcos. Conocer la historia de la Universidad, sus maestros y sus cátedras ayuda a crear identidad y fortalecer nuestra autoestima institucional.

Palabras clave: Roberto Mac-Lean, Sociología, Cátedra, Catedráticos, Doctrinas.

 

Introducción

La Escuela Académico-Profesional de Sociología, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, logra su institucionalización en 1961 cuando se crea el Departamento de Sociología en la Facultad de Letras en la misma universidad.[2] Sin embargo, su historia comienza desde muchos años atrás con la creación de la cátedra de Sociología en 1896. En aquel entonces el Dr. Mariano H. Cornejo es elegido catedrático principal de la asignatura. Años después la cátedra es asumida por el Dr. Roberto Mac-Lean y Estenós, quien durante más de 20 años continuó y mantuvo la cátedra hasta su retiro voluntario en 1953.

De 1953 a 1960 la cátedra es continuada por los Dres. José Mejía Valera y Aníbal Ismodes Cairo, durante ese tiempo se dieron las condiciones para iniciar las conversaciones sobre la institucionalización de la cátedra de Sociología; es decir, crear en la universidad un instituto encargado de la formación profesional de sociólogos. Sobre esto, el Dr. Mac-Lean es un personaje clave por ser el puente entre la creación de la cátedra y la institucionalización de la misma como carrera profesional.

Imagen 1. Roberto Mac-Lean. Tomado de Tauro del Pino, 1987.
Imagen 1. Roberto Mac-Lean. Tomado de Tauro del Pino, 1987.

El presente ensayo, que es un breve avance de un trabajo que estamos preparando sobre la Universidad de San Marcos y la cátedra del Dr. Roberto Mac-Lean, tiene por finalidad, y de manera inmediata, reconstruir el ambiente universitario de la primera mitad del siglo XX, asimismo saber ¿cómo y en qué circunstancias inicia la docencia universitaria el Dr. Mac-Lean?, ¿qué de nuevo introdujo a la cátedra de Sociología? y ¿cuáles fueron sus argumentos para asumir el titularato de la cátedra?

Ahora, por la brevedad del espacio solo veremos de manera somera algunos datos cronológicos de la cátedra del Dr. Mac-Lean en la Facultad de Letras, es decir, desde que la asume como Titular en 1936 hasta su retiro formal en 1953. Además, haremos un breve comentario de la exposición de su Programa de Sociología presentado en 1936 para obtener el titularato de la cátedra, no profundizaremos su paso en la Secretaría General de la Universidad o sus cátedras en la Facultad de Pedagogía, tampoco estudiaremos su paso en los ámbitos extrauniversitarios en la que también tuvo una destacada participación, como la diplomacia y la política.

 

El Contexto Universitario

San Marcos, en los años veinte del siglo XX, conservaba aún en la memoria de sus profesores y estudiantes los sucesos de la reforma de 1919, la misma que tuvo sus orígenes en la universidad de Córdoba-Argentina (1918). En nuestro país, el movimiento reformista tuvo como consecuencia inmediata la promulgación de la Ley Orgánica de Enseñanza en 1920. Los puntos más importantes que exigieron los estudiantes comenzaron a implementarse aquel año.[3] Bajo ese régimen legal la Facultad de Filosofía y Letras cambió su nombre por Facultad de Filosofía, Historia y Letras, de esta manera la Facultad amplió sus estudios y por ende se crearon nuevas cátedras y se contrataron nuevos profesores; además, el grado de doctor se dividió en tres especialidades: Filosofía, Literatura e Historia.

La Facultad de Letras en 1924 estuvo bajo el decanato del Dr. Alejandro Deustua, y los profesores que integraban el Consejo de Facultad eran los Dres. Carlos Wiesse, Horacio H. Urteaga, Mariano Iberico, Luis Miró Quesada, José Gálvez, Pedro Dulanto, Humberto Borja García, Alejandrino Maguiña, Alberto Ureta, Emilio Sequi, José María de la Jara y Ureta, Ricardo Bustamante Cisneros, Ricardo Dulanto, Héctor Lazo Torres, Manuel Beltroy, Juan A. Mackay, Juan Manuel Peña Prado, entre otros.

Por otra parte, en la coyuntura internacional tenemos la crisis del 29, el periodo de entreguerras, la época de los totalitarismos, la guerra civil española, la segunda guerra mundial, entre otras que de alguna forma impactaron en el devenir histórico-político y social de nuestro país. Por otro lado, en el Perú, es la época del gobierno de Augusto B. Leguía (1919-1930), del Tercer Militarismo (1930-1939), y los gobiernos de Prado, Bustamante y Odría (1939-1956).

 

Cronología de la cátedra de Sociología del Dr. Roberto Mac-Lean

En una de las sesiones del Consejo de la Facultad de Letras (29-I-1924) se dio cuenta del expediente de don Roberto Mac-Lean solicitando se le declarase expedito para optar el grado de Bachiller. Años después (04-VI-1928) se vio otro expediente del mismo Mac-Lean pidiendo esta vez el grado de Doctor en Letras. En esta última sesión apareció un informe de la Secretaría de la Facultad donde se expresaban los cursos que le faltaban al recurrente para el doctorado en Letras y que no se habían dictado en la fecha en que había hecho sus estudios doctorales, a excepción de Historia de la Literatura Castellana que sí se dictó. El Dr. Julio Chiriboga expuso a favor de la exoneración del recurrente en dicho curso. La Junta de catedráticos declaró al señor Mac-Lean exonerado de Historia de la Literatura Castellana y de las de Literatura General, Castellano (curso especial) y Literatura Americana y del Perú que no se habían dictado y le faltaban para optar el grado de Doctor. Finalmente se le declaró expedito para la colocación de dicho grado.

En marzo de 1930, y ante la ausencia del Dr. Mariano H Cornejo por estar desempeñando cargos diplomáticos en el extranjero, se nombró al Dr. Roberto Mac-Lean y Estenós como catedrático Interino de Sociología, que ya venía dictándola desde el 18 de marzo de 1929.

Más adelante (27-V-1930), en un ambiente muy convulsionado por el movimiento estudiantil, y estando en los últimos días de gobierno del presidente Augusto B. Leguía, la Junta de catedráticos de la Facultad de Letras aceptó la renuncia del Dr. Mac-Lean del cargo de catedrático Interino de Sociología. Mac-Lean expuso con detenimiento los fundamentos de su renuncia, aseguró que su “presencia en el claustro será un pretexto más para que se produzcan nuevos desórdenes que, unidos a los que han venido sucediéndose, determinarán la intervención inmediata de las autoridades superiores de nuestro instituto y la clausura de la Universidad” (Valcárcel, 1967: 56). Asimismo, la Facultad decidió expresar al Dr. Mac-Lean un reconocimiento por los servicios prestados durante su interinato en la cátedra de Sociología desde 1929 y en los meses corridos del presente año.[4]

Meses después, tras la destitución de Leguía, la Junta de catedráticos de la Facultad de Letras volvió a sesionar (31-VII-1930). Allí se dio cuenta de la resolución del decano José Gálvez encargando la cátedra de Sociología General al Dr. Alberto Ballón Landa. La sesión finalizó con la inesperada renuncia irrevocable del Dr. José Gálvez al decanato de la Facultad “a raíz de la apertura de la Universidad por el Consejo Nacional de Enseñanza Universitaria y la notoria desconfianza y desaire que dicho acto entrañaba” (Valcárcel, 1967: 56). Ante esto, la Junta de Catedráticos decidió nombrar decano accidental al Dr. Horacio Urteaga.

Años después, y bajo el gobierno del presidente Óscar Benavides, la universidad es reabierta luego de haber estado en receso tres años (1932-1935). La Facultad de Letras vuelve a sesionar los días 9 y 11 de setiembre de 1935, en ellas se dieron las siguientes comunicaciones: del Dr. José de la Riva Agüero solicitando un año de licencia y otra manifestando su renuncia al cargo de miembro del Consejo Directivo de la Facultad; también se dio cuenta del comunicado del Dr. Alberto Ureta solicitando licencia por el tiempo que dure en el cargo de Cónsul del Perú en Madrid. Inmediatamente se procedió a la provisión de las cátedras de la Facultad. El Decano de entonces, Dr. Horacio Urteaga, procedió a la provisión de la cátedra de Sociología. La votación fue así: Roberto Mac-Lean por 3 votos contra 3 de Alberto Ballón. Se decidió por Mac-Lean para la cátedra.

Al año siguiente (29-IX-1936), la Facultad sacó a concurso el titularato de las cátedras de Historia de la Literatura Castellana y Sociología. En aquel entonces, los Dres. Aurelio Miró Quesada Sosa y Roberto Mac-Lean fueron los únicos opositores a las cátedras. Así, en octubre de aquel año, el Decano proclamó a los Dres. Miró Quesada y Mac-Lean como catedráticos Titulares de Historia de la Literatura Castellana y Sociología,[5] respectivamente.

El día de la postulación Mac-Lean presentó y expuso ante la Junta de Catedráticos de la Facultad un informe sobre las razones metodológicas en la enseñanza de su cátedra, y aconsejaba dividir el curso de Sociología en tres capítulos: “Abarca el primero el estudio del contenido, métodos, leyes y orientaciones de esta disciplina social. Comprende el segundo el análisis de la evolución social, desde sus gérmenes hasta nuestros días. Completa el tercero la investigación de las distintas fuerzas que en proceso complejo, determinan y regulan la marcha de las colectividades”.[6] Su informe, entre otras cosas, podría considerarse, para su tiempo, como una síntesis del campo de acción de la Sociología.

Años después (15-VI-1942) se dio lectura a una proposición del Dr. Mac-Lean pidiendo que se restableciera el curso de Sociología Nacional en los estudios de la Facultad. Ante esto el Decano expresó que ese curso ya había figurado en los estudios de la Facultad, y que existía abundante material de estudio en el orden etnológico e histórico que merecía ser examinado dentro de las leyes sociológicas. Los Dres. Mariano Iberico y Oswaldo Hercelles estuvieron a favor de la propuesta. En realidad no se trataba de una creación, sino del simple restablecimiento de una cátedra. Días después (25-VI-1942) el Rectorado comunicó el restablecimiento de la cátedra de Sociología Peruana en los estudios doctorales de la Facultad y nombró al Dr. Mac-Lean catedrático Principal Titular.

El 24 de abril de 1946 se promulgó en el Perú la Ley 10555 (Estatuto Universitario o Ley de Reforma Universitaria). Con esta reforma se reorganiza la estructura académica de la Universidad: se crea el Colegio Universitario; la Escuela de Estudios Especiales; la Facultad de Educación –Capítulo XIII, artículo 67–; se logra la autonomía universitaria; vuelve el cogobierno (lo que permitió a los estudiantes volver a participar en el gobierno de la universidad y el derecho de agruparse en Asociaciones y Federaciones), etc. Ahora, una consecuencia inmediata de la Ley fue la creación de los Institutos de formación profesional en la Facultad (Historia, Literatura, Filosofía, Antropología, Etnología y Filología). Todo esto ocurre durante el gobierno del presidente José Luis Bustamante y Rivero (1945-1948).

Ante ese escenario (17-V-1946), el Decano de la Facultad de Letras, Dr. José Jiménez Borja, dijo que en su condición de Presidente de la Comisión de los Institutos de la Facultad, iba a dar cuenta de los acuerdos a que se había llegado luego de las diversas reuniones realizadas, y que daba a conocer al Consejo de la Facultad los planes de Estudio de los Institutos de Literatura, Historia, Filosofía y Psicología, Antropología y Etnología, entre los que se consideraban cursos de reciente creación. Asimismo, propuso a la consideración del Consejo la elección de los profesores que debían servir dichos cursos. Así, para el Instituto de Historia tenemos el siguiente Plan de Estudios:

Cursos del Colegio Universitario

  • Sociología (introducción), 3 horas: Dr. Roberto Mac-Lean.
  • Historia y Geografía del Perú, 3 horas: Dr. Javier Pulgar Vidal
  • Introducción a la Historia Universal, 3 horas: Dr. Alberto Tauro del Pino.
  • Historia General de la Cultura, 3 horas: Dr. Teodosio Cabada
  • Historia del Perú (Instituciones), 3 horas: Dr. Teodosio Cabada.

 

Cursos avanzados y de investigación

  • Sociología (curso avanzado), 3 horas: Dr. Roberto Mac-Lean.
  • Arqueología Americana, 3 horas: Dr. Julio C. Tello.
  • Fuentes Históricas del Perú, 3 horas: Raúl Porras B.
  • Fuentes de la Historia Universal, 3 horas: Dr. Roberto Reich
  • Filosofía de la Historia, 3 horas: Dr. Carlos Daniel Valcárcel.
  • Geografía del Perú, 3 horas: Dr. Javier Pulgar Vidal.
  • Geografía General, 3 horas: Dr. Víctor M. Dávila.
  • Historia General del Arte, 3 horas: Dr. Felipe Cossío del Pomar.
  • Historia de la Cultura (curso avanzado), 3 horas: Dr. Teodosio Cabada.
  • Historia del Arte Americano y del Perú, 3 horas: Dr. Felipe Cossío del Pomar.
  • Historia del Perú (Incas), 3 horas: Dr. Luis E. Valcárcel.
  • Historia del Perú (Conquista y Colonia), 3 horas: Dr. Raúl Porras B.
  • Historia del Perú (Emancipación), 3 horas: Dr. José Valega.
  • Historia del Perú (República): 3 horas: Dr. Jorge Basadre.
  • Historia de América, 3 horas: Dr. Andrés Townsend.

 

Imagen 2. Publicación de Mac-Lean: “Sociología” de 1930.  Foto del autor
Imagen 2. Publicación de Mac-Lean: “Sociología” de 1930.  Foto del autor

En junio de 1948, los catedráticos del Consejo de la Facultad de Letras dieron la bienvenida a los miembros de la nueva delegación estudiantil compuesta por los señores Galdo Pagaza, Eliseo Reátegui, Antonio Maurial, Vásquez Ruiz, Espinoza, Calixto, Rodríguez y Escobar. De inmediato, el Decano manifestó que el Profesor de Sociología, Roberto Mac-Lean, había expresado que no podía seguir dictando la cátedra a un grupo de sus alumnos, y proponía para reemplazarlo al Dr. Luis Cabello quien ya había dictado el curso en 1946. Sin embargo, el delegado estudiantil Espinoza expuso que los estudiantes proponían para el dictado al Dr. Aníbal Ismodes. La votación fue así: empate con 6 votos. Ante esa situación, el Instituto de Historia sería el encargado de dar una nueva propuesta para el dictado de la cátedra. Años después (27-V-1953) el Instituto de Historia propuso a los Dres. José Mejía Valera y Aníbal Ismodes para que asumieran la cátedra de Sociología (Introducción) ante la ausencia del Titular.

Meses después, en la sesión del 11 de agosto de 1953, se dio cuenta de la comunicación del Dr. Roberto Mac-Lean al Decanato, fechada en Buenos Aires, solicitando la subrogación definitiva del cargo de catedrático Titular de la Facultad a fin de que se le otorgara la correspondiente pensión de cesantía. El Dr. Mac-Lean pidió la subrogación de los cargos de Secretario General de la Universidad y el de catedrático Principal Titular de Sociología y de Historia de la Pedagogía en las Facultades de Letras y Educación, respectivamente.

De esta forma la cátedra de Sociología, con todos sus desdoblamientos, quedaba en manos de los Dres. Mejía Valera e Ismodes Cairo. Con ellos se iniciaron las conversaciones para institucionalizar la Sociología en la universidad, porque el contexto de entonces demandaba profesionales que estudiaran la realidad del país desde una mirada sociológica.[7] Sin embargo, el auge de la Sociología recién ocurriría en los años setenta,[8] pero esa etapa merece otro trabajo que algún acucioso científico social abordará.

 

Consideraciones finales

Roberto Mac-Lean representa en la historia de la Escuela de Sociología una transición que permitió la continuidad de la cátedra fundada por Mariano H. Cornejo. Posteriormente, el excesivo número de matriculados hizo con el correr del tiempo que la cátedra de Sociología se dividiera en varios grupos. Este aumento de la población estudiantil motivó a que los catedráticos Mejía e Ismodes, que habían reemplazado a Mac-Lean en la cátedra, empezaran a discutir sobre la posibilidad de crear en la Facultad de Letras un Departamento de Sociología con el objetivo de formar especialistas en el ramo.

Cornejo y Mac-Lean fueron los primeros profesores en dictar la cátedra de Sociología en su etapa fundacional y de transición hacia su institucionalización (muy aparte de los otros catedráticos que enseñaron la cátedra de forma interina[9]), y si bien es cierto ellos no fueron sociólogos de formación profesional[10], es de destacar, sin embargo, que Cornejo y Mac-Lean mantuvieron la cátedra en una época en que la Sociología empezaba a formar su identidad institucional.

Ahora, sobre el Programa de Sociología que presentó el Dr. Roberto Mac-Lean en 1936 al Jurado de la Facultad de Letras para acceder al titularato de la cátedra de Sociología, es realmente muy interesante poder leer un texto antiguo de exposición de la sociología cuando la sociología aun andaba en pañales ya que esta, como ciencia, se consolida recién en la segunda mitad del S. XX.

Entonces, del documento en mención podemos deducir que el paradigma científico todavía se encuentra en un estadio, por así decirlo, pre-moderno, cuando la investigación científica todavía buscaba la verdad de las cosas en la historia; por lo tanto, descubrir el origen del ser, en la historia y en su historicidad, son una parte fundamental del quehacer científico.

La Sociología del Dr. Mac-Lean es “una filosofía de las ciencias sociales particulares que investiga campos ajenos a estas últimas y que da la visión panorámica e integral de la realidad social que a ellas les falta”, y como filosofía aún busca comprender y explicar antes que transformar.

El Dr. Mac-Lean en su explicación del quehacer sociológico es heredero de estas corrientes de pensamiento: del historicismo francés y de la escuela evolucionista spenceriana. En este sentido el primer interés de la sociología es comprender la evolución de los sistemas sociales, desde los primeros asentamientos humanos, fruto de la agricultura, hasta la moderna civilización occidental. En este proceso se crean elementos muy propios de grupo como la autoridad y la distribución del poder; el derecho, la moral y la reglamentación de la convivencia; la religión y el pensamiento mágico; el dinero y la división del trabajo social, entre muchos otros.

En su texto hace hincapié en que el quehacer sociológico es descubrir estos elementos constitutivos de las sociedades, y al analizar elementos claves como el poder, el lenguaje, el sexo, el mito, descubrir “la clave de las leyes que lo determinan", es decir, al fenómeno social, o sea, la sociedad.

Aún estamos hablando de la sociología como una ciencia total, cuando aún pretendía desarrollar una metateoría que pudiera explicarla: “El fenómeno social, en su génesis y evolución, es la resultante de fuerzas múltiples que explican el origen y el desarrollo de las colectividades y encierran la clave de las leyes que lo determinan. Investigar la esencia de esas fuerzas y la naturaleza y cumplimiento de estas leyes es uno de los objetivos de la disciplina sociológica […]”. Aunque el mismo Mac-Lean reconoce que “las leyes sociales tienen una eficacia relativa”.

Mucho más sorprendente es encontrar una descripción del método sociológico tan por así decirlo, post moderno. Las discusiones acerca del método sociológico no terminaron con las “Reglas del Método Sociológico” de Durkheim, sino que empezaron con él. Personalmente creemos que el “Método Ecléctico” del Dr. Mac-Lean es una posición adecuada. El método sociológico es puesto en debate cada vez que se pretende analizar un fenómeno social, las diferentes teorías sociales se sostienen en un método particular, más no existe un método sociológico en sí sino el método ecléctico y depende de la habilidad del sociológico hacer convergir las diferentes teorías sociales y sus métodos en un solo pensamiento capaz de explicar y comprender el fenómeno social.

Si bien es cierto se puede preferir ciertos métodos a otros para explicar ciertos fenómenos, los sociólogos muchas veces se encierran en sus ficciones teórico-metodológicas y no se abren a nuevas perspectivas interpretativas que otros métodos ofrecen, caso más ejemplar el holismo económico marxista, como el mismo Mac-Lean insinúa.

Personalmente creemos que el Programa de Sociología expuesto por el Dr. Mac-Lean es un texto muy valioso para comprender la evolución de la cátedra y carrera de sociología, pero no solo eso, sino también como un testimonio para emprender la elaboración de la tan ansiada sociología peruana que los sociólogos aún le deben a tan noble ciencia.

 

Anexo

Exposición de motivos del Programa de Sociología que presenta el Doctor Roberto Mac-Lean y Estenós[11]

Razones metodológica aconsejan dividir en tres capítulos el curso de Sociología. Abarca el primero el estudio del contenido, métodos, leyes y orientaciones de esta disciplina social. Comprende el segundo el análisis de la evolución social, desde sus gérmenes hasta nuestros días. Completa el tercero la investigación de las distintas fuerzas que en proceso complejo, determinan y regulan la marcha de las colectividades.

Antes de entrar en el estudio de la Sociología precisa determinar su contenido, tan amplio como incierto, a diferencia de las demás ciencias del mundo exterior, las disciplinas del espíritu y las ciencias sociales particulares cuyo contenido está perfectamente delimitado, sin que se presente entre unas y otras, a pesar de las estrechas relaciones que pudieran existir, ningún litigio fronterizo. El vocablo “sociología”, derivado de raíces griegas y latinas y creado por Augusto Comte, comprendiendo en él a los fenómenos y objetos más diversos; el desacuerdo de los sociólogos que, imbuidos por un exagerado afán de originalidad, sacrificaron el fondo a la forma, la esencia a la novedad, multiplicando las escuelas que aportaban las soluciones más contradictorias a cada uno de los problemas sociológicos; y la actitud de las demás disciplinas sociales que creyeron en peligro su patrimonio intelectual, como si la Sociología fuera a enriquecer su contenido a expensas de ellas, han sido las causas principales que han determinado la imprecisión de los dominios sociológicos, que por fortuna va desapareciendo, cada vez más, a medida que la Sociología robustece su carácter científico independiente, eleva el plano de sus investigaciones y se afirma como una filosofía de las ciencias sociales particulares que investiga campos ajenos a estas últimas y que da la visión panorámica e integral de la realidad social que a ellas les falta.

El método sociológico suscita la más absoluta discrepancia de opiniones. Spencer quiere aplicarle la deducción, acaso porque considera que el complejo social está involucrado dentro de las leyes generadoras de la solución universal; pero olvidando sin duda que la deducción, cuyos engranajes funcionan admirablemente en las ciencias matemáticas, a base de postulados que no necesitan demostración porque se demuestran por sí mismos, no puede adaptarse a la totalidad del proceso social en el que no hay postulados apriorísticos porque todo necesita demostrarse.

Bacon y Asturaro auspician el método inductivo que con tanto éxito funciona en las ciencias físicas y naturales. En Sociología, sin embargo, no es posible adaptarlo integralmente porque si bien es cierto que la observación y la hipótesis –dos etapas iniciales de la inducción– son necesarias en el estudio de los fenómenos sociales, en cambio la experimentación que ponga a prueba a las hipótesis para corroborarlas o rectificarlas y que tan admirablemente cumple su misión en los gabinetes de las ciencias físicas, no podría recomendarse en los vastos laboratorios sociales porque cada fracaso sería susceptible de acarrear verdaderas catástrofes. El método “causal inverso” de Comte o el “método histórico” de Stuart Mill adolece de taras análogas. Más acertado estuvo Stuckemberg al propiciar para la Sociología un método propio y distinto de las demás ciencias. Nosotros seguimos una actitud ecléctica. Utilizamos todos los métodos, en la medida de lo posible. Usamos la deducción y la inducción. Nos valemos del método comparativo o de las analogías. Y aprovechamos del análisis y de la síntesis en la explicación unitaria de la realidad social. Encasillarse dentro de un criterio exclusivista no es conveniente ni aconsejable en los dominios sociológicos. Con la racional colaboración de los distintos métodos, realizamos una triple sistematización constructiva: la depuración de los sistemas, la unidad del conocimiento y la visión integral de los problemas.

El estudio de las leyes sociales integra también el primer capítulo de la Sociología. Rümelin y Letourneau niegan la existencia de esas leyes y renuncian a la posibilidad de encontrarlas porque, según ellos, todo intento de legislación en los dominios sociológicos menoscabaría el ejercicio del libre albedrio, necesario en los individuos y en las colectividades. No somos de esta opinión. Las leyes sociales no establecen, como las leyes físicas, una relación fatal entre causas y efectos. Son más bien pautas y orientaciones generales. Las causas de los fenómenos sociales varían en el espacio, en el tiempo y en la sicología humana, pero es posible encontrar, en medio de la multiplicidad aparente de los hechos históricos, un núcleo de hechos generadores. No aceptamos, como lo quieren algunos, que a la explicación del fenómeno social puedan aplicarse, estrictamente, las leyes síquicas, biológicas o cósmicas porque la Sociedad es, en su esencia, distinta del espíritu individual, de la materia orgánica o del universo. La Sociología tiene ya sus leyes propias: la de la causalidad, el desarrollo, el paralelismo, la complejidad, la unidad y la variedad, la continuidad y el finalismo, son las principales. Hay que convenir, empero, que las leyes sociales tienen una eficacia relativa.

Afirmando su propia independencia, la Sociología mantiene estrechas relaciones con las demás disciplinas conexas. Con la Filosofía de la Historia, a la que Barth pretendió identificarla, olvidándose que esta incide sobre todo el proceso histórico, domina lo abstracto y tiene un carácter especulativo, en tanto que aquella solo incide sobre el aspecto social y tiene un carácter concreto y pragmático. Con la Historia, a la que pretendió asimilarla Henry Giddings, sin reparar que la Sociología, con el auxilio de la arqueología y de la paleontología, penetra en el terreno de la pre-historia. Con la Cosmología, ya que en las edades remotas el Cosmos tuvo una innegable trascendencia social y que la mentalidad primitiva, al interpretar el universo, crean las primera religiones, los primeros mitos, las primeras leyendas. Con la Antropología que estudia al hombre, parte integrante de la unidad social. Con la Economía Política que analiza la producción, circulación, reparto y consumo de la riqueza, fenómeno económico, uno de los motores de la evolución colectiva. Con la Moral y el Derecho, cuya génesis es evidentemente social, ocurriendo lo propio con el Arte.

La tercera y última parte del primer capítulo de nuestro curso lo forman, en visión panorámica, las distintas interpretaciones del fenómeno social, desde la Antigüedad hasta nuestros días. Antes de investigar la evolución social, juzgamos necesario conocer las distintas opiniones que esa evolución ha merecido a los principales pensadores y escuelas de las distintas épocas históricas. El punto central de referencia es Comte, fundador de la Sociología. De ahí que distingamos tres épocas en el análisis de la cuestión social: la pre-comtiana, la comtiana y la post-contiana. Abarca la primera las interpretaciones religiosas, metafísicas, apriorísticas, históricas e ideológicas de la marcha de las colectividades. La interpretación religiosa tiene su auge en la Antigüedad, excepción hecha de los filósofos griegos, que explicaba los fenómenos y estados sociales por la intervención arbitraria y caprichosa de los dioses paganos. El cristianismo, cuya filosofía encumbra San Agustín, trata de explicarlo todo por la voluntad omnipotente del Dios único y va a tener su apogeo en el Medioevo católico. La filosofía griega inicia el periodo metafísico con la concepción social libero-racionalista que encuentra no ya en la voluntad divina sino en la razón humana la explicación del desarrollo social. Con el Renacimiento, que marca un impulso renovador de todas las doctrinas, el pensamiento pasa lógicamente de una concepción teológica a una interpretación filosófica y científica de la sociedad. Tres sistemas filosóficos representan la explicación apriorística del fenómeno social: el finalismo de Kant para quien el proceso histórico está determinado por causas finales; el dialectismo de Hegel que trata de explicar la evolución humana, mediante el juego sucesivo de sus tres términos dialécticos: tesis, antítesis y síntesis; y la acción del inconsciente en la que Hartmann, con un criterio exclusivista, cree encontrar la clave del desarrollo colectivo. La escuela histórica del siglo XVIII tiene tres genuinos representantes: Gibbon, en Inglaterra, autor de la teoría del crecimiento, atribuye a causas históricas la marcha ascendente del salvajismo a la civilización, acepta periodos de decadencia, pero juzga que cada siglo va aumentando el acervo de la humanidad y que, por ende, cada civilización será menos efímera que las anteriores; Montesquieu, en Francia, combate el concepto sobre el origen divino de la autoridad y la hace radicar en el pueblo; Vicco, en Italia, con su teoría del corsi y del ricorsi, proclama la repetición de las etapas históricas

Programa Analítico del curso de Sociología de 1936. Foto del autor
Imagen 3.  Programa Analítico del curso de Sociología de 1936. Foto del autor    

En esa trayectoria ideológica juzgo también necesario referirse a las concepciones de Juan Jacobo Rousseau, expuestas en “El Origen de las Desigualdades humanas” y en “El Contrato Social”; a las de Gumplowics que trata de explicar todo el mecanismo social por la lucha, posponiendo a la cooperación voluntaria y a la solidaridad; a las de Turgot que cree encontrar en la conciencia y no en la historia la clave de la coordinación objetiva de los sucesos; y a las de Condorcet que pone en juego al progreso fisiológico en cada individuo y político en cada colectividad para explicar, mediante su conjunción el complejo social.

Augusto Comte, padre del positivismo y fundador de la Sociología, llena con su nombre y con su obra, una etapa de estudios. Su concepción simplista de la humanidad adolece de algunos errores, disculpables por las reducidas perspectivas, etnográficas e históricas, de su época; pero, en cambio, su concepción de la Sociología, colocada por él en la cumbre de la clasificación científica, es de una solidez inobjetable.

La época post-contiana abarca las investigaciones de una serie de escuelas, cuyos antecedentes son, en algunos casos, anteriores a Comte; pero que solo después de su muerte, adquieren auge. Ellas son, entre otras, la Sociología Biológica, representada por Schafle, Lilienfield, Spencer y Hankins, que estableciendo una analogía entre las sociedades y los organismos, aspira a explicar la sociedad con un criterio biológico; la orientación sico-biológica, auspiciada por Spengler; la Sociología Sicológica, cuyos antecedentes se encuentran en Turgot y cuyos más genuinos representantes son Bastián, Tarde y Wundt, que establece una similitud entre la sociedad y el espíritu, y pretende explicar, mediante el juego de las leyes síquicas, la trayectoria de las colectividades; la Antroposociología que, con Lombroso, Broca, Letourneau y Topinard, exalta la influencia decisiva de la raza, trata de encontrar en ella la clave de los accidentes históricos y fracasa en su empeño de descubrir una relación entre el índice cefálico y los problemas sociales; la Sociología Geográfica, representada principalmente por Ratzel, que pone de manifiesto la influencia del medio físico –clima, agua, topografía– en la gestación, desarrollo y decadencia de las culturas; y la interpretación estadística de la sociedad que aspira, con Quetelet, a encontrar la base matemática de la ciencia social y encasillar a la sociedad, en empeño absurdo, dentro de cuadros estadísticos precisos.

La parte final del primer capítulo comprende el estudio del movimiento socialista, en sus diversas escuelas, a saber: el socialismo utópico que hace su aparición en el Antiguo Oriente, Grecia y Roma; el Socialismo Católico, cuya doctrina la forman los primeros padres de la Iglesia, a quienes les inspiraba poco respeto la propiedad privada y la opulencia de los propietarios; el Socialismo Radical, surgido en el fervor trágico de la Revolución Francesa; el Socialismo Científico, cuyo padre es Karl Marx, autor de la doctrina que lleva su nombre; y el socialismo agrario que, sobre la premisa de ser la propiedad de la tierra y el ahorro de la riqueza, causas del malestar social, aspira a nacionalizar la tierra y a distribuir mejor la riqueza.

Cierra el primer capítulo una visión sintética sobre el movimiento sociológico contemporáneo.

***

El capítulo segundo, dividido como el anterior en varios sub-capítulos, abarca, en toda su amplitud, la evolución social, desde sus prolegómenos hasta nuestros días. El primer sub-capítulo comprende desde el origen de la vida en los espacios interestelares hasta la aparición de la especie humana en nuestro planeta. La Geología y la Paleontología aportan su valiosísima ayuda para rastrear las oscuras huellas de la vida cuyos gérmenes aparecieron en los mares primitivos; cuyos indicios vegetales y animales –carbón en estado de grafito y fósiles de protozoarios– se encuentran ya en los terrenos arqueanos o precambrianos; que perfeccionan sus manifestaciones en las eras geológicas posteriores; que presencian, en la época terciaria, la constitución definitiva de la flora y fauna actuales; y que preparan así el advenimiento del hombre en la era cuaternaria.

Otear las actividades de los hombres primitivos, la existencia de las primeras razas que pugnaban por superarse en su lucha contra la naturaleza hostil; contrapesar, en sereno análisis, las hipótesis monogenista y poligenista para explicar el origen de la humanidad, con la ayuda de la ciencia, de la filosofía y de la historia forman el interesante acervo del segundo sub-capítulo. El tercero lo integran las investigaciones sobre la sociabilidad animal, de incuestionable valor sociológico, ya que la vida social no es un patrimonio exclusivo de la especie humana y que las primeras agrupaciones de hombres, determinadas por el instinto de conservación, tienen, en sus grandes lineamientos, las mismas características de las sociedades animales.

Distinguimos dos procesos en la evolución social: uno subjetivo y otro objetivo. Este último marca la trayectoria que sigue los agregados humanos desde la horda hasta la nación. La horda, reunión efímera, impuesta por las necesidades súbitas de la defensa ante el cataclismo de la naturaleza o el ataque de los animales salvajes, se convierte en tribu cuando surge el concepto de la autoridad, se reglamentan aunque incipientemente las relaciones familiares y la reunión se hace permanente. Unas tribus recolectan los frutos silvestres y otras se dedican a la caza. Las primeras contienen los gérmenes de la agricultura y las segundas del pastoreo que inician, junto con la natural división del trabajo, distintas formas de vida. La agricultura crea ciudad –que el pastoreo desconoce– y que deviene unas veces de la evolución de la choza, a través del caserío y de la aldea, otras de la agregación de castillos feudales, pudiendo, a su vez, tener como matriz un monasterio o una fortaleza y obedeciendo en algunos casos la acción convencional de los hombres. El aporte social de la ciudad, en sus múltiples manifestaciones, es, en nuestro curso, materia de especial estudio. La ciudad tiene su concomitancia sociológica con el Estado, cuyo origen intentan explicar, con criterios opuestos, las doctrinas tecnocráticas y las doctrinas democráticas, las teorías colectivistas y las teorías individualistas; cuya evolución marca la ruta que empieza con los estados patriarcales, sigue con los estados del tipo agrario, militar y tecnocrático y se encumbra con los estados de tipo industrial y representativo. El Estado, expresión nacional está en la cúspide de ese proceso.

El régimen de las castas –sacerdotes, guerreros, comerciantes, industriales y proletarios– forman el contenido del cuarto sub-capítulo en esta sección. El siguiente se dedica al estudio del proceso subjetivo en la organización de los grupos, siguiendo los hitos que marcan la aparición de los mitos, las religiones, la moralidad, la ciencia y el arte, esos factores primordiales de la mentalidad de un pueblo.

La civilización es la resultante lógica de los dos procesos, el estudio de la civilización es materia del último subcapítulo, dando especial importancia al conflicto de la civilización contemporánea y deteniéndonos en cada una de las causas de la crisis en que se debate.

Imbuido en un sentido peruanista creo necesario hacer precisas referencias a la Sociología Patria. En este sentido cada gran capítulo de la Sociología lleva, a manera de complemento, un bosquejo de la sociología peruana. Estudiamos, por eso, también, en esta oportunidad, la evolución social en el Perú desde sus orígenes hasta nuestros días, en su doble proceso objetivo y subjetivo, estudios que presentan, en nuestro país, la natural dificultad, derivada de la carencia de nutridas fuentes de bibliografía e investigación.

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El fenómeno social, en su génesis y evolución, es la resultante de fuerzas múltiples que explican el origen y el desarrollo de las colectividades y encierran la clave de las leyes que lo determinan. Investigar la esencia de esas fuerzas y la naturaleza y cumplimiento de estas leyes es uno de los objetivos de la disciplina sociológica y forman el contenido del tercer capítulo de nuestro curso.

No es posible encerrar el complejo social dentro de una interpretación religiosa, como ocurrió en la Antigüedad donde todo se explicaba por la intervención caprichosa y apasionada de los dioses del paganismo o en el Medioevo donde todo se hacía depender de la voluntad omnipotente del Dios único. Las fórmulas metafísicas de la filosofía griega, complicadas en una concepción social libero-racionalista, tampoco nos satisfacen. Lo propio acurre con la posterior explicación apriorística del complejo social. Ni el finalismo de Kant que trata de explicarlo todo por las causas últimas, ni el juego dialéctico de Hegel, ni el empeño de Hartman que exagera la acción de lo inconsciente, logran descubrir la complicada urdimbre del desarrollo social. La escuela histórica del siglo XVIII tiene algunos aciertos, pero no pocos fracasos, en su intento de desentrañar las fuerzas de la sociedad: Gibbon, autor de la teoría del crecimiento, solo tiene en cuenta las causas históricas en la marcha ascendente del salvajismo a la civilización; Montesquieu comete el error de introducir en las relaciones sociales el principio de la causalidad y ver en la sociedad un enlace mecánico de causas a efectos; Vico tiene el mérito de haber llamado la atención sobre el dinamismo social, aunque su concepción del corsi y del ricorsi no esté ejecutoriada por la realidad. La ciencia y la prehistoria desmienten a Rousseau porque acreditan que no existe un estado pre-social en el hombre, como él lo suponía; porque, además, es inadmisible concebir que el hombre primitivo, dominado por la superstición, salvajizado en sus instintos, sin explicarse la realidad que lo rodeaba y en constante lucha contra la naturaleza hostil, haya podido gozar de los atributos de perfección intelectual y moral que le otorgaba el filósofo francés, quien al afirmar que el origen de la sociedad es un contrato, acto deliberado y voluntario de los individuos, desconoce la fuerza arrolladora del factor colectivo y el aporte moderado –sin la hipérbole hartmaniana– de lo inconsciente.

No admitimos, en su totalidad, la afirmación del austriaco Gumplowicz para quien la lucha es el único dinamo de la energía social porque, aun cuando la lucha se encuentra en los fenómenos iniciales de la civilización y perdura, en algunos de sus aspectos, hasta nuestros días es inaceptable pretender que el conflicto entre los grupos sea el único factor que explique todo el desenvolvimiento de las sociedades porque ello equivaldría a desconocer a influencia innegable de los altos valores espirituales, la cooperación voluntaria y la solidaridad, antítesis de la lucha.

Erró Turgot cuando quiso encontrar únicamente en las ideas la clave de la coordinación objetiva de los sucesos. Condorcet se equivocó al vincular el perfeccionamiento social a la longevidad de los individuos. Y no anduvo acertado Comte, padre y fundador de la Sociología, cuanto tuvo una concepción simplista de la humanidad, considerada por él como un todo homogéneo y uniforme y cuando, al exagerar la influencia de los centros conscientes de la sociedad, desconoció la acción y la fuerza de lo inconsciente.

Bajo las orientaciones de la Sociología Sicológica, de la Sociología Biológica, de la Socio-geografía y de la Antroposociología, podemos poner un denominador común: su exclusivismo perjudicial. La evolución social no puede explicarse, íntegramente, por la acción exclusiva de las fuerzas síquicas como lo pretende la primera ni de los factores orgánico como lo quiere la segunda. Tampoco es el producto exclusivo del medio físico o de los elementos étnicos. Y no lo es porque existen fenómenos sociales que no encuentran explicación completa o parcial dentro del exclusivismo absorbente de esas escuelas.

Tienen razón las distintas escuelas socialistas que reconocen en el factor económico una fuerza social de primera categoría; no la tienen cuando quieren explicar dentro de la órbita económica todo el proceso social, múltiple y complejo, algunos de cuyos aspectos, como el religioso y el sexual, tan alejados se encuentran de las influencias económicas. El sexo, antes bien, supedita al factor económico. No es el fenómeno económico el que influye sobre el sexo sino este el que ejerce influencia sobre aquel.

Nosotros no nos encasillamos, al explicar la génesis y el desenvolvimiento de las fuerzas sociales, dentro de ningún criterio exclusivista. Admitimos la existencia de dos clases de fuerzas: la que están en el organismos social y las que están fuera de él. Las fuerzas internas son el sexo y el espíritu colectivo. Las fuerzas externas están constituidas por la acción del medio físico. Sexo, espíritu y ambiente: he ahí la clave de la acción social.

El sexo tiene un valor sociológico que ya muy pocos se atreven a discutir. Voz del instinto de conservación, determina la primeras reuniones humanas y, con ellas, el embrión de las colectividades. La reglamentación posterior de las relaciones sexuales, promiscuas en su origen, va a determinar el progreso de la horda y su conversión en tribu donde se encuentran ya los atisbos remotísimos e incipientes de la cultura. El sexo adquiere, desde entonces, un valor religioso, multiplicándose en casi todos los cultos antiguos los emblemas fálicos, la obscenidad en los ritos y las demás manifestaciones desbordadas del instinto sexual. La prostitución, antes de ser laica, es religiosa: nace en los templos del paganismo. Más tarde, las religiones éticas, sublimando al sexo, sujetan sus actividades a un orden, una disciplina y una regla superiores.

La desigualdad de los sexos masculino y femenino determina la diversidad de la acción social del hombre y de la mujer. El trabajo, factor económico, tiene una innegable característica sexual, no porque sea un atributo exclusivo del hombre, como equivocadamente lo afirmaba Marañón, olvidándose que, desde la Antigüedad hasta nuestros días, las mujeres trabajadoras han rendido también una producción excelente, sino porque el trabajo, como deber y responsabilidad ineludibles, surge desde el momento en que el hombre, como resultado de su actividad sexual, forma una familia y asume la obligación de alimentar a su mujer y a su prole. El deporte y el lujo, en distintos órdenes y planos sociales, tiene también una evidente sexualidad. El deporte estimula las atracciones sexuales y el lujo las refina.

La trayectoria de la humanidad va marcándose, desde la protohistoria, con los hitos del sexo. Ellos señalan, etapa por etapa, los avances de la civilización. La promiscuidad sexual se confunde con el salvajismo. Las relaciones endogámicas y exogámicas apuntan un progreso. El rapto es la transición hacia la monogamia que en la forma matrimonial aceptan las culturas superiores e imponen, con vínculos indisolubles, las religiones éticas. Y ya, en la cúspide de ese desarrollo, aparece el divorcio, disolución del vínculo conyugal que, en la mayor parte de los casos, obedece a motivos puramente sexuales. La prostitución, desde sus orígenes, en los templos del paganismo, hasta su reglamentación en siglos posteriores, por los Estados que participan en algo de sus utilidades, y en sus distintas formas –religiosa o laica, legal o clandestina– tiene también una marcada significación sociológica que no es posible desconocer.

El sexo resulta así, en sus diversas manifestaciones, un conjunto de fuerzas sociales, cuyo análisis y crítica es indispensable en nuestro curso, para comprender la clave de algunos fenómenos colectivos que, sin las investigaciones y comprobaciones sexológicas, resultarían inexplicables.

Pero no solo de sexo vive el hombre. Al lado del sexo existe otra fuerza social de no menor importancia y significación: el espíritu colectivo. Engendrado por el sentimiento de omnipotencia multitudinaria y robustecida por el contagio y la sugestión, el espíritu colectivo tiene, según la acertada expresión de Wundt, una inteligencia, un sentimiento y una voluntad. La inteligencia colectiva crea el lenguaje. El sentimiento colectivo engendra el mito. La voluntad colectiva origina la moral y el derecho. El lenguaje, el mito y la moral y el derecho son las manifestaciones primordiales del espíritu colectivo actuando como fuerza social. A cada una de ellas le dedicamos preferente atención.

El lenguaje es el producto espontáneo del pueblo. Conjunto de conexiones síquicas que se unifican y relación de los signos que expresan esas conexiones, el lenguaje, coetáneo con la conciencia, ni anterior ni posterior a esta, se origina en ese periodo indefinido, en que una cierta cantidad de sonidos precisa su significado, ya que nosotros no concebimos siquiera la posibilidad de una etapa en que el hombre, en posesión de los caracteres síquicos y físicos que lo diferencian de otras especies, careciese del lenguaje solamente. Lenguaje y conciencia son dos términos concomitantes. La fuerza social del lenguaje no se discute: sin el lenguaje sería imposible la sociedad.

El lenguaje puede ser el resultado de un proceso de composición o de síntesis o la consecuencia de un proceso de descomposición o de análisis. Nosotros nos inclinamos por este último, por cuanto el lenguaje, función vital, está unida al pensamiento y revela la forma gradual como este se desenvuelve. Aceptar el proceso inverso equivaldría al absurdo de admitir que el pensamiento se produce por sílabas. La evolución general de las lenguas es un fenómeno sociológico, revelado por la naturaleza de los cambios del sonido y del significado que, casi siempre, son el resultado de la acción colectiva, sin descontar la intervención de otros factores como el elemento ético y la acción de la filosofía y el cristianismo. La comunidad de la lengua es la fuerza solidaria en el interior de cada grupo. Así lo acredita la coincidencia de la formación de las nacionalidades modernas con la creación definitiva de sus lenguas y la imposibilidad de crear artificialmente –como lo pretendió el presbítero Scleyer con el “volapuk” y el doctor Samenhof con el “esperanto”– una lengua universal.

El estudio sociológico del Mito –expresión del sentimiento colectivo– comprende su origen, su desenvolvimiento y sus manifestaciones. Nosotros consideramos al Mito, en su origen que se confunde con el del pensamiento humano y en su universalidad que no puede atribuirse a determinadas castas, como un producto espontaneo de la fantasía colectiva, ajeno a toda invención reflexiva, anterior a las ciencias y a los símbolo, correspondiente a una época de cultura primitiva no enriquecida por los conceptos acumulados por la experiencia y el análisis y en la que el pensamiento humano, aún embrionario, no sabe percibir las diferencias sustanciales entre la fantasía y la realidad. La poesía, el culto y la filosofía provocan el desenvolvimiento del mito y se encargan de explicarlo.

Consideramos como las principales manifestaciones del mito al animismo, uno de los conceptos primitivos con que despierta el pensamiento de la especie humana y que ejerce influencia en todos los grados de la cultura; la brujería, derivada del anterior, que surge cuando se localiza el alma en un órgano del cuerpo, da origen al canibalismo, inspira las prácticas para alejar a las almas sombras y se desenvuelve posteriormente al amparo de la magia; el demonismo, cuya concepción, en su infinita variedad, se engendra en la mente del hombre primitivo y cuya concepción evoluciona posteriormente al impulso transformador de las sociedades religiosas; el fetichismo, síntesis de los conceptos anímicos, cuya individualidad se incrementa con la fuerza demoniaca y cuya superioridad social se impone en las colectividades primitivas; el totemismo, culto de los antiguos animales considerados como fundadores y protectores de la tribu, y cuyas prácticas origina el tabú que nace constreñido al tótem y después se amplía a otros objetos y el sacrificio, derivado de la idea de expiación, exigida por la violación del tabú. Cada una de estas manifestaciones merece especial estudio en nuestro curso, así como la evolución de la fantasía colectiva en el mito, a través del cuento, la tradición heroica, la cosmogonía y la leyenda.

Juzgamos conveniente, por su estrecha vinculación con el mito, estudiar al Arte en este capítulo de la Sociología. Solo le interesa al acervo sociológico las orientaciones del proceso síquico del Arte en conexión con las influencias sociales que lo determinan y la comprobación del carácter social de las principales manifestaciones del arte ornamental que se desarrolla en el aspecto, como la arquitectura, la escultura, la pintura, la cerámica, del arte rítmico que, como la música se desarrolla en el tiempo y del arte que nosotros llamamos mixto y que, como la danza, requiere, en su ejecución, del espacio y del tiempo.

La voluntad colectiva tiene un innegable valor sociológico. La costumbre –distinta del hábito que tiene un carácter individual y del uso que se vincula a una generación– es el almácigo fecundo de la sociedad. La costumbre no puede contrariarse impunemente. En unos casos las violaciones se purgan con una sanción interna y en otros con una coacción física, es decir en unos casos engendra la Moral y en otros el derecho.

El derecho, costumbre impuesta coactivamente por el grupo social, tiene en su origen una faz negativa: las prohibiciones. El derecho a la vida y a la propiedad son sus manifestaciones primarias. Pero el derecho a la vida tiene sus excepciones. Hay homicidios en favor de la sociedad, tales como los sacrificios de los ancianos y de los niños, en ciertas tribus primitivas, y las guerras cuya moralidad exaltan las religiones antiguas; homicidios que la colectividad a veces acepta y a veces repudia, tales como el suicidio y el desafío individual, el canibalismo y la eutanasia; y homicidios que el grupo social repudia siempre porque no tienen ningún fundamento mítico y no los inspira ningún interés colectivo. La trayectoria del derecho de propiedad, desde las épocas primitivas hasta nuestros días, así como los delitos contra ella, es materia de especial estudio en este capítulo.

Consideramos que la definición de los ideales éticos constituye un proceso social, donde van plasmándose los sentimientos de aprobación y desaprobación, satisfacción y remordimiento, que engendran la conciencia moral de los agregados sociales. La misión de la Sociología radica en el examen de los conceptos fundamentales –la felicidad, la virtud, el esfuerzo– a los que da un valor ético la sicología colectiva.

***

El sexo y el espíritu colectivo, en sus distintas expresiones, son fuerzas sociales que radican en el propio organismo colectivo. Fuera de los agregados sociales existen otras fuerzas –impulsos externos– que determinan también su desarrollo. No puede negarse la influencia del medio físico en los estados de la cultura. Sin caer en la hiperbólica tesis socio-geográfica que pretendió explicar la evolución integral de la sociedad por la acción exclusiva de los factores físicos, hay que admitir que ellos tienen intervención apreciable. El clima, el agua y los accidentes geográficos son elementos importantes en la marcha de las colectividades. Los climas excesivos por su frío o su calor, su humedad o su sequedad, son elementos negativos que empantanan el progreso humano. Los climas templados, por la altura o por la latitud, han visto, en cambio, el florecimiento de distintas civilizaciones. Las regiones abundantes en aguas concentraron también los grupos humanos de las primeras épocas. Los ríos, lagos y mares tienen un efectivo valor social. No en vano se ha afirmado que la civilización es una planta acuática que crece a sus orillas. Influencia no menor tienen los accidentes topográficos. Las superficies accidentes provocan el aislamiento, la autonomía de los grupos, el regionalismo. Las superficies llanas propenden a la comunicación y el robustecimiento del poder central. Los pueblos isleños son siempre navegantes: las islas pequeñas y muy separadas del continente tienen una población reducida y un estado rudimentario de cultura; las islas grandes y con cercanas vinculaciones continentales forman colectividades poderosas. La condición peninsular dificulta la perfecta unificación de los grupos étnicos. Los bosques y los desiertos obstaculizan por igual –el uno por exceso y el otro por la falta de vegetación– la formación de las sociedades. Investigaciones prehistóricas acreditan que las grandes migraciones de los grupos sociales primitivos estuvieron determinadas por la influencia convergente del clima y de los accidentes territoriales.

Es imposible precisar, con exactitud, los efectos de los factores físicos en los destinos de las colectividades y relacionar el medio externo con el desenvolvimiento social, pero tampoco puede negarse la influencia del medio físico en la desigual repartición de la población humana, la diversidad de las razas, así como en las analogías de los agregados sociales que habitan una región o regiones parecidas y las diferencias de los que viven en zonas diversas.

La influencia de los factores físicos decrece con el progreso de la civilización.

He ahí, en grades lineamientos, las vastas perspectivas que encuadran el panorama sociológico, amplio campo de acción para las investigaciones de esta importante disciplina social.

***

Debo, finalmente, exponer ante el elevado criterio de la Junta de Catedráticos de esta Facultad, el método de estudios que he seguido, con el más provechoso resultado, durante los cuatro años académicos que vengo dictando el curso de Sociología en esta Universidad.

Mi sistema de labor se basa en la colaboración efectiva del profesor y de los alumnos. Juzgo innecesario remarcar los inconvenientes de que estos últimos tengan una actitud pasiva en la enseñanza, convertidos en auditorio del monologo magisterial y reducidos a simples receptáculos de las explicaciones verbales del maestro. Considero indispensable exaltar las cualidades reflexivas y estimular la potencialidad creadora de los estudiantes. Por eso el dictado de las clases se complementa luego con las investigaciones personales de cada alumno, cuya eficiencia se acreditará en los respectivos trabajos monográficos. Impongo a cada uno de mis alumnos la obligación de realizar, bajo mi inmediato control, tres monografías cada año. A fin de evitar las posibles influencias de unos trabajos sobre otros, he optado por el régimen de los temas individuales. Cada alumno tiene un tema distinto y cada tema consta de dos partes: en la primera de ellas se desarrolla, en forma sintética y objetiva, el problema; y en la segunda el alumno debe exponer y fundamentar su juicio crítico sobre la cuestión estudiada. Obvio me parece puntualizar la importancia que le concedo a esta parte del tema.

Cada monografía tiene, como es natural, distintas fuentes de consulta. En esta materia no me limito, únicamente, a la simple recomendación de los textos, sino que, para dar mayor facilidad a cada alumno, le detallo, en cada uno de esos textos, los capítulos y –más aún– las páginas precisas que deben consultarse. No escapará al elevado criterio de la Facultad de Letras el esfuerzo personal que, para el maestro, representa esta facilidad pedagógica dada a los estudiantes; pero él se ve compensado, con creces, ante los resultados obtenidos.

El coeficiente, cada vez menor, de alumnos aplazados en el curso que vengo dictando durante cuatro años, es el mejor índice sobre la eficiencia del método que sigo. En el último año académico, a pesar de la nutrida población escolar, matriculada en Sociología, solo un alumno mereció el calificativo de desaprobación.

Dejo así cumplidas, señores catedráticos, las disposiciones pertinentes, consignadas en el art. 61° del Estatuto Universitario vigente, sobre las reglas del concurso para la provisión de las cátedras.

Lima, 19 de setiembre de 1936.

 

Notas:

[1] Efraín Núñez Huallpayunca es Licenciado en Educación y Bachiller en Historia, ambos por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha escrito libros, artículos y ensayos sobre la historia de la Universidad de San Marcos. Entre ellas están: Jorge Basadre. Vida, Historia y Universidad. El Departamento de Humanidades de la UNMSM. Documentos y syllabus rescatados (1972-1986), Crónica de una crisis. La Facultad de Letras de San Marcos (1967-1969), Escuela Académico-Profesional de Filosofía. Planes de estudios, Syllabus, Cátedras y Catedráticos. UNMSM (1985-1997), entre otros. Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Sobre los orígenes de la Escuela de Sociología, ver nuestro ensayo: “La Escuela Académico-Profesional de Sociología de la Universidad de San Marcos (1961-1968)”. En Revista de Sociología. Revista de la Escuela Académico Profesional de Sociología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vol. XVIII/N° 23, pp. 321-340. Lima, julio 2013.

[3] Entre ellas tenemos por ejemplo la libertad de cátedra, asistencia libre a las clases, cátedras paralelas, derecho a la tacha, participación estudiantil en el gobierno, etc.

[4] La renuncia de Mac-Lean coincide con la crisis y caída del gobierno de Leguía acaecida semanas después (27-VIII-1930), y es que su decisión de dejar la docencia en San Marcos fue para evitar alguna manifestación hostil por parte del gobierno, las autoridades, o alumnos del claustro universitario, y esto por haber colaborado con el régimen depuesto. Lo que quería evitarse era la clausura de la universidad, sin embargo, de nada serviría, porque años más tarde (1932) la universidad sería clausurada por orden del presidente del Perú, Luis Miguel Sánchez Cerro. Mac-Lean, luego de su renuncia, continuó su labor docente, pero esta vez en las escuelas secundarias.

[5] Roberto Mac-Lean ya dictaba la cátedra de Sociología de forma interina desde 1929, pero es desde 1936 en que lo haría como Titular del curso. Además, Mac-Lean tenía en su haber varias publicaciones: Alma Errante (Versos, 1921), Quimera Salvaje (Versos, 1923), Piedras Filosofales (Versos, 1925), Cosmópolis llega (Programa Social, 1927), Democracia (Polémica Social, 1928), Programa Analítico de Sociología (1929), Sociología-fascículo I (1930), Sexo (1936), Ficha Sociológica de la Prostitución (1936), Programa Analítico de Sociología (1936). Años más tarde (29-V-1941) sería elegido catedrático Titular de Historia de la Pedagogía, que ya venía regentándola desde 1937.

[6] Aquel informe contiene un resumen de los temas de su cátedra de Sociología, así como el método de enseñanza y estudio que iba a usar con sus alumnos durante el tiempo de su dictado. La exposición del Programa de Sociología puede verse íntegramente en el anexo que está al final de este ensayo.

Ahora, entre otras cosas, es muy interesante lo que manifiesta en su informe el Dr. Mac-Lean, por ejemplo, escribe lo siguiente: “Antes de entrar en el estudio de la Sociología precisa determinar su contenido, tan amplio como incierto […]”. Bueno, sucede que hasta ahora, como en los años treinta del siglo XX, siguen las discusiones acerca del campo de la sociología; si bien es cierto en el transcurso de los años se ha podido afianzar el ámbito sociológico, en la medida en que es una filosofía social y un modo de conocer e interpretar el mundo de las relaciones sociales, todo lo humano es susceptible de ser campo de investigación de la sociología. En un mundo preocupado por paradigmas y métodos, donde el método científico ha tomado preeminencia incluso sobre la verdad misma, las discusiones acerca del campo de acción de la sociología aún son muy actuales y muy comprensibles.

En otra parte de su informe, Mac-Lean escribe: “El método “causal inverso” de Comte o el “método histórico” de Stuart Mill adolece de taras análogas. Más acertado estuvo Stuckemberg al propiciar para la Sociología un método propio y distinto de las demás ciencias. Nosotros seguimos una actitud ecléctica. Utilizamos todos los métodos, en la medida de lo posible. Usamos la deducción y la inducción. Nos valemos del método comparativo o de las analogías. Y aprovechamos del análisis y de la síntesis en la explicación unitaria de la realidad social. Encasillarse dentro de un criterio exclusivista no es conveniente ni aconsejable en los dominios sociológicos”. Personalmente creemos que la posición del Dr. Mac-Lean es realmente sabia. El método sociológico es puesto en debate cada vez que se pretende analizar un fenómeno social, las diferentes teorías sociales se sostienen en un método particular, más no existe un método sociológico en sí sino el método ecléctico. Si bien es cierto se puede preferir ciertos métodos a otros para explicar ciertos fenómenos los investigadores muchas veces se cierran en sus ficciones metodológicas y no se abren a nuevas perspectivas interpretativas que otros métodos ofrecen.

[7] “Con motivo de celebrarse los 40 años de la Escuela de Sociología (2001), uno de los docentes invitados a la celebración fue el Dr. José Mejía Valera, quien en su intervención señaló que cuando en 1961 se crea el Instituto de Sociología dentro de la Facultad de Letras, iniciaron esta tarea con mucha incertidumbre acerca de la posibilidad de contar con alumnos matriculados. Pero, a pesar de ello, decidieron hacerlo por una imperiosa necesidad contextual de contar con profesionales que expliquen el problema de la desigualdad social, el problema del poder, los cambios y las tendencias del complejo proceso social y político latinoamericano e internacional […]” (Vargas, 2011: 264).

[8] “Las necesidades del gobierno reformista de Velasco trajeron consigo una brusca ampliación de los aparatos del Estado peruano y con ello la incorporación significativa de profesionales de la sociología. El resultado fue que el mercado de trabajo del sociólogo aumentó considerablemente, creció el número de Escuelas de Sociología y, por consiguiente, se amplió la cantidad de alumnos matriculados y los profesores de la disciplina” (Mejía, 2005: 259).

[9] Entre Cornejo y Mac-Lean regentaron la cátedra de Sociología de manera interina los Dres. Antonio Miró Quesada, Alejandro Deustua, Carlos Wiesse, Ricardo Bustamante Cisneros, Enrique Barboza, Alberto Ballón Landa, Manuel Abastos, Luis Cabello Hurtado, Juan Bautista Velasco, Carlos Neuhaus Rizo Patrón y Francisco Bourricaud (Núñez, 2013: 322).

[10] “Nuestros catedráticos llegan a ser sociólogos de manera episódica, sólo cuando enseñan en la universidad, su formación y vocación no es la sociología, no están interesados en estudiar la realidad nacional. Cornejo es abogado, diplomático y político parlamentario […] Mac-Lean es abogado, político y parlamentario. La sociología es una preocupación y actividad secundaria […]” (Mejía, 2005: 255).

[11] Documento sin clasificar del Archivo Histórico de San Marcos, 1936.

 

Bibliografía:

  • ARCHIVO HISTÓRICO DE SAN MARCOS. Documentos sin clasificar (1920-1954).
  • MEJÍA, J. (2005)       “La sociología en el Perú. Trayectoria histórica y desafíos teóricos”. En Investigaciones Sociales. Revista del Instituto de Investigaciones Históricos Sociales. Año IX, N° 15, pp. 251-275.
  • NÚÑEZ, E. (2013)    “La Escuela Académico-Profesional de Sociología de la Universidad de San Marcos (1961-1968)”. En Revista de Sociología. Revista de la Escuela Académico Profesional de Sociología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vol. XVIII/N° 23, pp. 321-340.
  • TAURO DEL PINO, A. (1987). Enciclopedia Ilustrada del Perú. Lima: El Comercio – PEISA. 
  • VALCÁRCEL, C. (1967)     La Facultad de Letras y Ciencias Humanas (1919-1966). Lima.
  • VARGAS, Z. (2011) “Sociología y docencia se hacen al andar: retos y desafíos”. En Revista de Sociología N° 21, pp. 245-285.

 

Cómo citar este artículo:

NÚÑEZ HUALLPAYUNCA, Efraín, (2017) “Roberto Mac-Lean y la cátedra de Sociología: una transición a la institucionalización”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 32, julio-septiembre, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 18 de Diciembre de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1521&catid=5

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