Pacarina del Sur
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La percepción del papel de la intelectualidad cubana en Carlos R. Rodríguez y Antonio Gramsci

The perception of the role of Cuban intellectuals in Carlos R. Rodríguez and Antonio Gramsci

A percepção do papel da intelligentsia cubana em Carlos R. Rodríguez e Antonio Gramsci

Ileanys Ma. Mena Fdez.[1] y Mercedes Ferrer García[2]

Resumen

Resumen: El trabajo pretende realizar un acercamiento a la concepción de intelectual orgánico desde las figuras de C. R. Rodríguez y A. Gramsci y su papel histórico en la transformación social de nuestro país. Los hombres integrados en grupos, clases, partidos, en fin la articulación de toda la vida social a través de la intencionalidad humana, son elementos esenciales en la definición necesaria de un camino o sistema social, en la que están presentes como un factor clave las condiciones y actitudes humanas ya sea para bien o para mal. Apreciando la cuestión en el más vasto plano social y sobre el fundamento de que se tiene que obrar a partir de las realidades materiales objetivas, es el hombre, en su más amplio sentido social, quien mueve y produce la historia. Somos nosotros mismos quienes la hacemos, pero la realizamos con arreglo a condiciones objetivas.

Palabras clave: intelectuales, cubanos, Carlos R. Rodríguez, Antonio Gramsci.

 

Desarrollo

Desde los años cuarenta del pasado siglo en nuestra isla, Cuba, se da una importante representación de la ideología del proletariado y sus partidarios. Ya no se contaban entre sus filas a Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras ni Pablo de la Torriente Brau, pero la ideología del proletariado se hizo sentir como corriente de pensamiento en las cátedras universitarias, en la cultura artística y literaria, en la prensa y la política. Intelectuales como Raúl Roa, Mirta y Sergio Aguirre, Carlos Rafael Rodríguez[3], José A. Portuondo, Julio Le Riverand, Raúl Cepero Bonilla, Ángel Augier, Emilio Roig Leuchsenring, Juan Marinello, por solo citar algunos, trasmitieron y divulgaron de diversas vías sus impresiones de la filosofía de la praxis, que aspiraban a proseguir la an­terior trayectoria luminosa del pensamiento cubano consagrándose al estudio de la obra de nuestro Héroe Nacional y  pu­blicando valiosos trabajos sobre la herencia filosófica y cultural cubana.

La revista Dialéctica que en la década del cuarenta ve la luz en la Habana y cuenta con la colaboración de Carlos Rafael Rodríguez en la ciudad, se produce dentro de un empeño de la intelectualidad cubana por investigar y rescatar la historia de las ideas en Cuba. Este empeño aunó a valiosos intelectuales como Medardo Vitier, Humberto Piñera, Elías Entralgo, Salvador Bueno, José A. Portuondo, entre otros destacados pensadores que emprendieron la revalorización de la historia de las ideas políticas, literarias, artísticas, pedagógicas, jurídicas, científicas en la isla hasta entonces.

En 1949 Carlos Rafael Rodríguez escribe “El tesoro de nuestras tradiciones ideológicas”[4]; en él, hace un balance de lo logrado por el Partido Socialista Popular (PSP) en su política cultural hasta ese momento y destaca la necesidad de un examen crítico por la existencia de serias fallas, por lo que a partir de aquí y en lo adelante se podrán apreciar sus aportes a la solución de esas dificultades.

Carlos R. Rodríguez reconoce la necesidad de rescatar y utilizar el pensamiento de las principales figuras de la historia en nuestro país planteando: “… nuestra historia no necesita de retoques ni los admite. Los que se escandalizan de un tratamiento científico, es decir, verás y severo de nuestro pasado, son, en realidad, los que no tienen fe en la grandeza de las mejores figuras cubanas y pretenden apuntalar, a fuerza de retóricas otras figuras endebles que no resisten el examen acucioso, por el contrario, el enfoque marxista de la historia de cuba parte del reconocimiento de nuestras altas tradiciones. Pero las somete a la más estricta de las pruebas.” [5]


Imagen 1. http://www.sigloxxieditores.com.mx/   

El triunfo revolucionario  del 1ro de enero 1959 significó para la cultura cubana el inicio de una nueva etapa, se suprime el poder terrateniente burgués, lo que trajo consigo que la dirección del país pasara a una alianza de las masas populares cuyo papel dominante estaba en manos de la clase obrera y los campesinos trabajadores. El estado que se estableció desde los primeros años representó una democracia real, que respondía a los intereses de las clases y sectores populares, con la intensión de dar respuesta a los problemas humanos concretos, cumpliendo con las funciones elementales que proponía  Antonio Gramsci[6] como:

  • Elevar la gran masa de la población a un determinado nivel cultural, nivel correspondiente a las necesidades de desarrollo de las fuerzas productivas y a los intereses de la clase dominante.
  • Llevar la educación a todos los rincones del país
  • Crear tribunales

 

La primera etapa transcurre en la década del 60 y se caracteriza por el debate, la diversidad de opiniones y la libertad creativa. Trabajos de intelectuales europeos como Georg Lukacs, Karl Korsch, Louis Althusser, Antonio Gramsci, Jean Paul Sartre, etc., se publican en forma de libros o en revistas como Pensamiento Crítico. La enseñanza de la filosofía de la praxis no sigue en todas las instituciones un patrón único. Junto al modelo soviético coexiste una interpretación del marxismo que, inspirada en la originalidad de la Revolución cubana, no se circunscribe al empleo de los clásicos, pues recurre a la lectura de autores contemporáneos incluidos el Che, Fidel y diferentes líderes del movimiento revolucionario y de liberación nacional del Tercer Mundo[7].

Los primeros cinco años del gobierno revolucionario, fueron de una tensa vida cultural, prestando mayor importancia a  las categorías de la superestructura, es decir las esferas social, cultural, ideológica, política, ética y jurídica. Se consideró esencial el estudio y divulgación de los orígenes de nuestra civilización, integrada por elementos de las culturas europeas y africanas, así como de las manifestaciones más significativas de las mismas. Mucha relación tiene con el concepto gramsciano de cultura, que no es más que “apropiación y disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de una conciencia superior, por la cual se llega a comprender el valor histórico que tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes”.[8]

Fue creado el Instituto de Etnología y Folklore con la función de formar cultural e ideológicamente a los sectores sociales. Un papel no menos importante lo desempeñó el cine, la radio, la televisión y la prensa. El uso del cine sufrió grandes cambios, pues “se le garantizó a la población un repertorio que incluyó tanto las películas que procedían de países socialistas como las más representativas de los capitalistas, con acepción de los Estados Unidos”[9]. La apertura de la carrera de Filosofía marxista-leninista en las universidades de La Habana y Oriente es un hecho significativo, empañado por el cierre de la especialidad de Sociología error que se analiza con el proceso de rectificación en lo interno y los ecos de la crisis del marxismo.

El individuo juega un papel fundamental en la construcción de la sociedad socialista, ya que la subjetividad humana lo social deviene histórico en la personalidad del hombre, expresándose su potencial determinista. El papel activo, creador y transformador del individuo se presenta como un momento de acción en la sociedad por vía ejecutiva - administrativa, que siempre resultan importantes, pero se han de tener en cuenta como cuestión de fondo, principios de economía política, de educación y de cultura. En nuestra sociedad se logran un conjunto de condiciones objetivas que favorecen el desarrollo social e individual y el funcionamiento de los colectivos en todos los eslabones de la sociedad y la creación de un clima político y psicológico favorable para tales empeños.

Los intelectuales ante el proceso y las perspectivas de la cultura cubana tienen una gran responsabilidad en cuanto a formación de la nueva generación, no solo de jóvenes intelectuales, sino obreros y  campesinos, lo cual Carlos Rafael deja ver en  “Las instituciones culturales y la situación cubana” ya que la sociedad naciente en la Cuba del 60  necesitaba un respaldo intelectual para la elaboración y puesta en marcha de las tareas a implementar, es ahí donde la figura de Carlos Rafael Rodríguez en 1962 se pone en vigor la Reforma Universitaria, en la que había desempeñado un papel protagónico, y a que es designado presidente del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA ). En la  Universidad introdujo la enseñanza de la filosofía de la praxis en los planes de estudio, en la Agricultura, Salud, Cultura, nacionalización de empresas, “es evidente que el paso a la propiedad estatal de una parte significativa de los medios de producción constituirá un anticipo muy importante a la socialización futura”. Ello demuestra una vez más que los hombres integrados en grupos, clases, partidos, a través de la intencionalidad humana, son elementos esenciales en la definición necesaria de un camino o sistema social.


Imagen 2. Portada del libro José Martí, guía y compañero (1981)   

En el pensamiento de Gramsci, uno de los eslabones principales que enlazan los conceptos es el de “intelectual orgánico” que en la concepción que Gramsci se trazó desde su detención fue la de analizar con rigor la función de los intelectuales, comenzó estudiando el papel que los intelectuales desempeñan en las sociedades divididas en clases antagónicas a través de múltiples conexiones, lleva a cabo la elaboración de diversos conceptos que constituyen el núcleo de su aportación teórica: intelectual orgánico-intelectual tradicional, bloque histórico, hegemonía, crisis orgánica, revolución pasiva, sociedad civil y sociedad política, Príncipe Moderno. 

El concepto de "Intelectual" contiene un momento que no puede ser reducido al momento biopsicológico ("trabajador mental" o, incluso, "trabajador con símbolos científicos"), que ya fue categorizado por Marx como "trabajador colectivo". Aquel es el momento en torno al cual elabora Gramsci su concepto de "intelectual orgánico". Cada grupo social al nacer en el terreno originario de una función social esencial en el mundo de la producción económica, se crea conjunta y orgánicamente uno o más rangos de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de la propia función, no solo en el campo económico, sino también en el social y en el político. Es la figura que integra el conocimiento de las diferentes esferas sociales y lo pone en función de la sociedad a la que pertenece.

En particular Gramsci trata de establecer las relaciones entre el intelectual y el filósofo. El "intelectual orgánico" pertenece a la esfera política, o, por lo menos, "para algunos grupos sociales el partido político no es más que el modo de articular la propia categoría de intelectuales orgánicos". Recíprocamente "todos los miembros de un partido político deben de considerarse como intelectuales". El filósofo es, para Gramsci, también un político vinculado a una organización de base o central. En ese sentido, el partido es el intelectual orgánico por excelencia. Los intelectuales no constituyen pues una clase social, sino una capa social que dispone de cierta autonomía. El intelectual no discute el poder hegemónico de la clase social de la cual constituye el funcionario organizador, pero puede entrar en conflicto con ella. Sin embargo, incluso en esto los intelectuales se despegan de la clase dominante para unirse a ella más íntimamente.

Al  decir de Gramsci  «todos los hombres son intelectuales». Profundizando en el tema, el filósofo precisó que ciertas categorías especializadas de intelectuales se forman en el ejercicio de la función intelectual en contacto con las clases sociales, pero, sobre todo, en contacto con los grupos sociales más importantes: la clase dominante o la que propende  serlo. Por medio de la sociedad civil y de la sociedad política, la clase dominante ejerce sobre las clases subalternas una doble función: hegemónica y coercitiva. Empero la ejerce de manera mediata. Es esta mediación la que caracteriza la función de los intelectuales orgánicos, en la medida en que se revelan como los «especialistas» de esta función; los encargados por el grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de hegemonía social y de gobierno político. 

La capa intelectual representa la «conciencia» de la clase a la que sirven; en tanto que trabajadores de las superestructuras ideológicas, los intelectuales proporcionan a la clase de origen una visión clara de su propia orientación socio-económica, política, cultural, etc. que le permite asentar su propio poder hegemónico. En este sentido, los intelectuales orgánicos de la clase progresista deben contar con la ideología de los otros grupos sociales –anteriormente dominantes– a los que deben integrar en la nueva concepción del mundo dominante. Para esta finalidad deben asimilar a esa capa de intelectuales que Gramsci denominaba «intelectuales tradicionales».

Fidel destaca que esta política de llevar a escala de masas la cultura, de convertir a nuestro pueblo en un pueblo auténticamente culto, es una respuesta integral  que se puede ofrecer ante esta oleada globalizadora en el campo de la cultura.

Carlos Rafael Rodríguez
Imagen 3. Carlos Rafael Rodríguez. http://www.cubadebate.cu

Carlos Rafael Rodríguez  subrayó: “Hemos realizado una hermosa, profunda, abarcadora revolución educacional, pero nos falta incorporar a esa revolución el ingrediente indispensable de la cultura”. Y aseveró además, “Tenemos un pueblo cada vez más instruido, pero todavía no tenemos un pueblo culto”.[10]

 

Conclusiones

Los hombres integrados en grupos, clases, partidos, en fin la articulación de toda la vida social a través de la intencionalidad humana, son elementos esenciales en la definición necesaria de un camino o sistema social, están presentes como un factor clave las condiciones y actitudes humanas ya sea para bien o para mal. Apreciando la cuestión en el más vasto plano social y sobre el fundamento de que se tiene que obrar a partir de las realidades materiales objetivas, es el hombre, en su más amplio sentido social, quien mueve y produce la historia. Somos nosotros mismos quienes la hacemos, pero la realizamos con arreglo a condiciones objetivas.

La original y rica concepción que Gramsci tenía de la cultura, se manifiesta también en muy diversos aspectos de su colosal obra: tratamiento de la función de los intelectuales en la organización de la cultura, el necesario componente cultural de la hegemonía política, el concepto de cultura nacional-popular, etc. La concepción gramsciana de  cultura  no puede concebirse sólo como saber enciclopédico en el cual el hombre no es visto sino bajo la forma de recipiente que llenar de datos y hechos. Esto no es cultura sino pedantería. La cultura es organización, disciplina del propio yo interior y toma de posesión de la propia personalidad, es conquista de la consciencia superior por la cual se logra comprender el propio valor histórico, la propia función en la vida, los propios derechos y deberes. El hombre es, sobre todo, espíritu. Es decir, creación histórica y no naturaleza. No se explicaría de otra manera, porque habiendo existido siempre explotados y explotadores –desde el período histórico– no se haya realizado aún el socialismo. Ello quiere decir que toda revolución ha sido precedida siempre por un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural. 

Carlos Rafael Rodríguez también ofreció profundas reflexiones sobre la cultura, sus funciones, proyección ideológica y sobre todo, acerca de la relación de la política con ella, la relación política – cultura está presente en toda la obra de Carlos Rafael Rodríguez  considerada por él un importante factor en la transformación revolucionaria de la sociedad cubana. La relación de la política con la cultura es dialéctica; en ella ambos elementos se presuponen, determinan, condicionan y complementan de manera constante;  para Gramsci,  por ejemplo, política es cultura y viceversa. El desarrollo de acciones por los Partidos revolucionarios en función de determinar y usar la herencia y las tradiciones culturales como instrumento en la lucha política e ideológica ha sido fuente de inspiración de los intelectuales que hemos abordado en nuestro trabajo.

 

Notas:

[1] Profesora asistente del dpto. Marxismo de la Universidad de Cienfuegos, desde 2000 imparte la asignatura de  Filosofía y Sociedad. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Profesora auxiliar del dpto. Marxismo de la Universidad de Cienfuegos, desde 1985,  imparte la asignatura de Teoría Sociopolítica. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

[3] Nace en Cienfuegos el 23 de mayo 1913 y muere en la Habana 8 de diciembre 1997.Abogado de profesión, su carrera política se remonta a los años treinta. Fue uno de los fundadores y principales líderes del Partido Socialista Popular (PSP), Desde enero de 1959, ocupó importantes cargos en el gobierno revolucionario, sobre todo en el área económica. Fue presidente del Instituto de Reforma Agraria entre 1963 y 1965, ministro presidente de la Comisión Nacional de Colaboración Económica y Científico Técnica y representante permanente de Cuba ante el desaparecido COMECON. En la década de los 60, durante las crisis cíclicas que enfrentaron a Castro con los líderes de la antigua URSS, su papel de mediador fue fundamental, y fue uno de los artífices de los grandes acuerdos comerciales que rigieron las relaciones entre ambos países hasta 1989.Fue, además, vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, miembro del Buró Político del Partido Comunista Cubano desde su primer Congreso, en 1975, hasta el IV Congreso.

[4] Carlos R. Rodríguez .El tesoro de nuestras tradiciones ideológicas. En: Revista Fundamentos, junio de 1949.

[5] Carlos R. Rodríguez El marxismo y la historia de Cuba. Letra con filo. Ed. C. Sociales. Hab. 1987.

[6] Antonio Gramsci, filósofo y político italiano nació en Ales, Cagliari, en 1891. Escribió un considerable números de artículos políticos en los periódicos socialistas y comunistas, entre los que se encuentran La Cittá Futura, Avanti, Il Grido del Popolo y sobre todo en L’ Ordine Nuovo, semanario del que fue animador y director. Fue uno de los creadores del Partido Comunista Italiano en 1921, convirtiéndose en su secretario general tres años más tarde. 1926, año en que cae preso de la dictadura fascista. Sus escritos de la cárcel presentan una profunda reflexión, pues trata diversos temas como el materialismo histórico, la historia de la filosofía, la religión, el estado, el partido, la relación entre base y superestructura, entre el proletariado y la intelectualidad, y otros que quedaron plasmados en sus Cuaderni del Carcere. Muere en 1937, pocos días después de haber cumplido la sentencia impuesta por la dictadura de Mussoulini.

[7] Hace referencia en artículo de la autora “La recepción de Gramsci en Cuba” publicado en Tiempo y sociedad. Núm. 4, 2011, pp. 81­98 ISSN: 1989­6883

[8] Gramsci, A.  Antología. Instituto cubano del libro. Ed Ciencias Sociales. La Habana.1973.

[9] García Buchaca, E. “Las transformaciones culturales de la revolución cubana”. CUBA SOCIALISTA. 29/1964.pp. 28-54.

[10] Carlos Rafael Rodríguez: “A la cultura por la revolución”, Cuba Socialista, año 8, No 32, marzo – abril de 1988, p. 19.

 

Bibliografía: 

  • BUCHACA, E. G. (1964). “Las transformaciones culturales de la revolución cubana”. En: Cuba Socialista, núm. 29, pp. 28-54.
  • GRAMSCI, A. (1973). Antología. La Habana: Ed Ciencias Sociales.
  • _____. (1977). Los intelectuales y la organización de la cultura. Buenos Aires: Ed. Lautaro.
  • MENA FERNÁNDEZ, I. M. (2011). “La recepción de Gramsci en Cuba”. En Tiempo y sociedad, núm. 4, pp. 81­-98. En línea: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3907613.pdf.2011
  • PORTANTIERO, J. (1987).  Los usos de Gramsci.  México: Ed. Plaza y Valdés.
  • RODRÍGUEZ, C. R. (1987). Letra con Filo TIII. La Habana: Ed. Ciencias Sociales.
  • _____. (1988). “A la cultura por la revolución”. En: Cuba Socialista, núm. 32, marzo – abril, p. 19.

 

Cómo citar este artículo:

MENA FDEZ., Ileanys Ma.; FERRER GARCÍA, Mercedes, (2017) “La percepción del papel de la intelectualidad cubana en Carlos R. Rodríguez y Antonio Gramsci”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 34, enero-marzo, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Domingo, 22 de Abril de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1586&catid=5

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