Pacarina del Sur
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Recepción del deceso de José Carlos Mariátegui en las organizaciones estudiantiles continentales en Madrid y París (1930-1931)

Ricardo Melgar Bao

 

La juventud –sus propios movimientos lo comprueban y declaran–
no vive falta de estímulos intelectuales ni de auspicios ideológicos.
Nada la aísla de las grandes inquietudes humanas
.
José Carlos Mariátegui, 1959.

 

Han transcurrido 88 años de una fecha infausta para la izquierda latinoamericana. El 16 de abril de 1930 falleció José Carlos Mariátegui en la ciudad de Lima, quedando trunco su proyecto de reunirse en Santiago de Chile con los representantes de las diferentes células socialistas y apristas existentes fuera del Perú, los cuales ya habían arribado a la ciudad. No obstante el abierto y trascendente deslinde ideológico-político de Mariátegui con Víctor Raúl Haya de la Torre dos años antes, quedaba abierto un resquicio para un proceso de reconcentración de fuerzas que iría más allá de la lucha antiimperialista. Concluida la reunión en Chile Mariátegui viajaría a Buenos Aires, lugar que había elegido como residencia y relanzamiento de la revista Amauta y de su proyecto político socialista.

A fines de 1929, Mariátegui no sólo era la figura mayor del socialismo peruano y editor de Amauta, sino que además había asumido la representación continental de la Liga Contra el Imperialismo. Su elección por unanimidad le había sido comunicada muy cálidamente por Willi Munzenberg (presidente) y Virendranath Chattopadhyaya (secretario general):[1]

Querido camarada:

Tenemos el placer de informarle que […] el Congreso Mundial contra el Imperialismo que tuvo lugar en Fráncfort sobre el Main, Alemania, en los días 21 a 27 de julio de 1929, lo ha elegido a Ud. unánimemente miembro del Consejo General de la Liga contra el Imperialismo y por la Independencia Nacional.[2]

 

La moción para dicha designación fue propuesta por la delegación latinoamericana integrada por Raúl Karacik (Brasil), Luis Fierro (Uruguay), Germán Lizt Arzubide (México), Jacobo Hurwitz (México), José Vidal Mata, Antonio González y Gregorio Gelman (Argentina), Eudocio Ravines (Perú), Aurelio Fourtoul (Venezuela), Raúl Mahecha (Colombia), Leonardo Fernández Sánchez y José Chelala Aguilera (Cuba) (Kersffeld, 2012: 234).  Cabe aclarar que la nacionalidad de Hurwitz era peruana, aunque en dicho evento representó a la organización antiimperialista Manos Fuera de Nicaragua (MAFUENIC), con sede en Ciudad de México.

Esta designación abre una fisura en la manera en que la historiografía latinoamericana ha reiterado, con parcial razón, que Mariátegui tuvo un hondo desencuentro con la Internacional Comunista que iba de menos a más. Esta tesis cobró solvencia a partir de mediados de 1929 con  motivo de los ataques que recibiera de Victorio Codovilla por sus escritos y por el carácter socialista de su organización política durante la realización de la Primera Conferencia Comunista Sudamericana.[3]

Sin embargo, debe matizarse, considerando lo ya dicho acerca del Congreso de Frankfurt y el hecho de que la lucha de corrientes y tendencias no había concluido en el seno de la Internacional Comunista ni con la salida de Trotski ni de Bujarin. Si nos remitimos a fechas más tempranas como los años 1925-1927 encontraremos relevantes proximidades. La primera tiene que ver con la comunicación de María Eugenia Scarzanella en el curso de los debates del Coloquio Internacional José Carlos Mariátegui de Sinaloa (1980), al informar que en el vocero cominternista se había publicado una reseña positiva del libro de Mariátegui La escena contemporánea (1925). Este parecer es convergente con la publicación de una adhesión solidaria del secretariado sudamericano de la Internacional Comunista, con motivo de la detención de Mariátegui en 1927: “…autor de obras valiosas –Escena contemporánea–, escritor profundo, al que se lo tiene en un hospital por hallarse seriamente enfermo”.[4] Mariátegui remitió esta obra a diferentes destinatarios dentro y fuera de América Latina.  Está documentado en su epistolario que su libro fue recibido por Henri Barbusse en París en 1926 (Mariátegui, 1994: 1786), entre otros intelectuales franceses. Merece mencionarse que dicha obra llegó a manos de los estudiantes socialistas peruanos residentes en París, así como a la de un prestigiado intelectual positivista, como lo fue Francisco García Calderón (ibíd.: 1792). Respecto al valor y contenido de dicha obra, el joven Abelardo Indacochea escribió:

Los temas desarrollados por el autor en Escena Contemporánea  poseen un interés enorme desde el punto de vista doctrinario marxista. La obra contiene 7 ensayos independientes, sobre la realidad actual de los problemas económicos, sociales y políticos de Europa, Asia y América. Como quiera que los asuntos discutidos han sido y son materia de grandes debates entre los académicos internacionalistas de gran renombre de la social-democracia y han dado lugar a millones de volúmenes publicados por éstos, y ahí que un juicio o critica marxista sobre estos fenómenos concernientes a la violenta putrefacción de la burguesía y al derrumbe brutal del edificio capitalista, tenga un gran interés para nosotros, que poco conocemos de América y menos aún de los otros continentes (Indacochea, 1931).

Portada de La escena contemporánea
Imagen 1. Portada de La escena contemporánea

Retomando el punto de cierre, es decir, la recepción del deceso de Mariátegui por parte de las dos principales organizaciones estudiantiles latinoamericanas en Europa, con sede en Madrid y en París, subrayaremos el hecho de que fue motivo de pronunciamientos solidarios y pesarosos. Desde el mirador de la Federación Universitaria Hispanoamericana (FUHA), cuya sede quedaba en Magdalena núm. 12 en la capital española, hubo un explícito enlace con el hecho presumiblemente mediado por sus afiliados peruanos. Los integrantes de dicha organización venían de participar en el movimiento estudiantil español levantando las banderas de la Reforma universitaria, inspiradas por las acciones de sus pares sudamericanos. En 1930, las juntas de resistencia estudiantil de la Federación Universitaria se habían cobijado en el local de la Federación de Estudiantes Hispanoamericanos no por casualidad, ya que entre ambas entidades y sus afiliados se habían tejido redes solidarias y acciones convergentes, tanto contra la dictadura en España, como contra las dictaduras en América Latina y el Caribe. Coincidió este proceso con la reorientación ideológica y política de los dirigentes estudiantiles de izquierda a favor de establecer acuerdos con las organizaciones obreras. En marzo de dicho año, desde las páginas de La Gaceta Literaria, Giménez Caballero convocó a Antonio María Sbert y a los estudiantes españoles a cumplir una tarea directriz en la Revolución en alianza con el proletariado (Álvarez, 2010: 276).

El relevo de la dirigencia de la FUHA que acompañó el derrumbe del gobierno de Primo de Rivera en 1930, pasó a manos de José Macedo Mendoza, socialista peruano (presidente) y de Manuel Salas Cornejo Arias (secretario del interior).[5] La sensibilidad de los universitarios españoles y latinoamericanos fue de mayor compromiso con la vía republicana en la efervescente y compleja coyuntura política. A los latinoamericanos les seguía preocupando la fosilización de la cultura oligárquica y los excesos autoritarios en la mayoría de sus países de origen, pero también les inquietaba las amenazas de las tendencias monarquistas y fascistas, así como el grado de polarización social y política. Un sector de ellos se involucró en el movimiento estudiantil español y en la lucha antidictatorial. Por lo anterior, las sucesivas directivas de la FUHA fueron optando, según sus orientaciones ideológicas, por solicitudes, demandas de atención, protestas o denuncias frente a las legaciones diplomáticas acreditadas en Madrid o por vía epistolar o cablegráfica a sus gobiernos (Melgar, 2015).

A dos meses del fallecimiento de Mariátegui la FUHA envió una carta a la revista Amauta expresando el acuerdo de su junta directiva de dar su “más sentido pésame por la muerte del notable e ilustre escritor peruano y Director de esa revista, José Carlos Mariátegui, ocurrida en esa Capital el día 16 de abril ppdo.”,[6] la cual fue rubricada por Macedo Mendoza y Salas Cornejo Arias.

De otro lado, la Unión de Estudiantes Latino-Americanos (ULAE), con sede en París y afiliada a la Unión Federal de Estudiantes (UFE), fungía como brazo juvenil universitario del Partido Comunista Francés. Su sede se ubicaba en el 51 de la Rue Montagne-Saint-Geneviève,[7] en el corredor cultural que unía el Barrio Latino, Montparnasse y el campus universitario de la Sorbona. Se había deslindado abiertamente de la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos (AGELA) por razones políticas. Su concepción fue una derivación del llamado “tercer periodo” o de “clase contra clase”, aprobado en el VI Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú en 1928. Dicha organización consideraba “un deber hacer un llamamiento a todo el estudiantado latinoamericano, para reclamarles su incorporación a la lucha revolucionaria de las masas explotadas, contra el imperialismo y las burguesías nacionales que le sirven de instrumento” (ULAE: 3). En otro pasaje la ULAE fundamentó su punto de ruptura con los movimientos de Reforma universitaria a los que adhería la AGELA y la APRA:

Las reformas universitarias (autonomía, depuración del profesorado, modificación de los planes de estudio, etc.), preconizadas por núcleos burgueses o pequeños burgueses, son falsas reformas que en nada cambian la situación material y social del estudiantado y, en general, de la enseñanza actual. Todas las reformas que se preconicen en este sentido carecen de la significación y resultados que deben guiar al estudiantado revolucionario (ULAE: 10-11).

 

El ramal latinoamericano de la UFE había sido acogido por sus pares y afines franceses gracias a la nueva política asumida por su organización frente a los extranjeros: “L’U. F. E. luttera aussi avec toute son énergie contre la tendance xénophobe, faite d’idées dangereuses et préconçues qui règne avec une trop grande intensité dans les milieux universitaires”. [8]

Portada del Manifiesto de la ULAE, impreso en París. Archivo del autor
Imagen 2. Portada del Manifiesto de la ULAE, impreso en París. Archivo del autor.  

Aunque no hemos podido rescatar el texto del homenaje de la ULAE a Mariátegui, sí accedimos a una muy decidora postal  presidida por la imagen fotográfica del pensador peruano, cuyo original obra en nuestros archivos, la cual tenemos a bien compartir con nuestros lectores. Cabe la aclaración de que entre 1927 y 1930 ya se había hecho conocida la imagen de Mariátegui a través de varias revistas intelectuales de América Latina. En su mayoría no eran fotografías, sino dibujos de su rostro hechos por artistas plásticos de izquierda.

La relación entre fotografía y postal se había vuelto, a inicios del siglo XX, recurrente. Las postales habían ganado presencia en la práctica epistolar y habían multiplicado sus usos a partir del último tercio del siglo XIX, diversificando sus usos turísticos a los de índole social, familiar, artístico y político.[9] La postal con identidad política, como la dedicada a Mariátegui por la ULAE, fue precedida por otras hechas en París por el pintor mexicano Santos Balmori a favor de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) con motivos antiimperialistas y fines propagandísticos. En el seno de la organización de estudiantes residentes en París de filiación revolucionaria, editores de la postal, destacaron dos peruanos: Nazario Chávez Aliaga (Chávez, 1958: 265), de Celendín, estudiante de Letras y Abelardo A. Indacochea, originario del puerto de Huacho y estudiante de Medicina en la Sorbona. Cabe la posibilidad de que ellos hayan cumplido una labor de intermediación al respecto.

Merece destacarse el hecho de que Indacochea había redactado en París un extenso ensayo sobre Mariátegui, el cual publicó por entregas en un periódico huachano. Esta obra, que ha sido rescatada por el historiador Filomeno Zubieta y que será publicada próximamente, nos fue compartida. De ella extractamos dos pasajes. El primero, que refiere la motivación y la condición en que fue escrito el año de 1931:

Hoy que iniciamos este trabajo o ensayo, hace un año de la muerte del más grande revolucionario socialista del Perú, América toda la recuerda con respeto. El proletariado peruano renueva hoy su fe marxista con más fervor que nunca; al recordar al inolvidable camarada, que cayó en plena lucha a la edad de 33 años.

La triste noticia nos llegó cuando rodeábamos el lecho de nuestro compañero Luis F. Bustamante en el hospital “La Pitié”, otro gran luchador que moría meses después dando pruebas de su inflexible fe marxista (Indacochea, ob. cit.).

Archivo del autor
Archivo del autor
Imagen 3 y 4. Archivo del autor

En el segundo pasaje, Indacochea apeló a Mariátegui con la finalidad de esclarecer el panorama político en que se situaban las izquierdas francesas. Fue su modo de tender un puente con su país de residencia.

El socialismo francés no formaba un grupo homogéneo, había una serie de agrupaciones de temperamento socialista, no definido, y concreto. Pero llegó un momento en que era necesaria la clarificación de la teoría de ese conjunto aún difuso. “En 1898 el Partido Obrero provocó un movimiento de aproximación de los varios grupos socialistas”. Era necesario ver cuáles eran las orientaciones políticas de esos hombres, ver si estaban de acuerdo o no, sobre todo en la línea fundamental del socialismo. Mariátegui explica aquel periodo inicial de la siguiente manera: “En el sector socialista francés habían 9 matices; pero en realidad no había sino dos tendencias: la tendencia clásica y la tendencia colaboracionista. Y en último análisis, estas dos tendencias no necesitaban sino entenderse sobre los límites de su clasismo y su colaboracionismo para arribar fácilmente a un acuerdo. A la tendencia clasista y revolucionaria le tocaba reconocer que, por el momento, la revolución debía ser considerada como una meta distante y la lucha de clases reducida a sus más moderadas manifestaciones. A la tendencia colaboracionista le tocaba conceder, en cambio, que la colaboración no significase, también por el momento la entrada de los socialistas en un ministerio burgués. Bastaba eliminar esta cuestión para que la vía de la paralización socialista quedase franqueada” (ibíd.).

 

Para comprender la atracción que ejercía Mariátegui en la nueva generación, además de su celebración del “alma matinal” que le corresponde y que guía sus pasos hacia la revolución socialista, cuenta también evocar su concepción juvenilista como la que aparece en apretada síntesis en el epígrafe de este artículo. El homenaje que le brindaron los integrantes de la ULAE no quedó exento de un distanciamiento de posiciones en torno a lo que significó el proceso de Reforma universitaria en Nuestra América. La postura crítica de Mariátegui no cayó en la descalificación de los jóvenes reformistas. Es bueno recordarlo a una centuria de conmemorarse el grito de Córdoba, que fue el punto de partida de un movimiento estudiantil sin precedentes en la historia. Escribió Mariátegui al cumplirse una década del inicio del movimiento reformista, su balance y parecer:

El movimiento de la Reforma tenía lógicamente que atacar, ante todo, esta estratificación conservadora de las Universidades. La provisión arbitraria de las cátedras, el mantenimiento de profesores ineptos, la exclusión de la enseñanza de los intelectuales independientes y renovadores, se presentaban claramente como simples consecuencias de la docencia oligárquica. Estos vicios no podían ser combatidos sino por medio de la intervención de los estudiantes en el gobierno de las universidades y el establecimiento de las cátedras y la asistencia libres, destinadas a asegurar la eliminación de los malos profesores a través de una concurrencia leal con hombres más aptos para ejercer su magisterio (Mariátegui, 2005: 131-132).

 

En general, este proceso de recepción de los estudiantes universitarios latinoamericanos, tanto en Madrid como en París, acerca del deceso y del legado de Mariátegui suscitará nuevas búsquedas y hallazgos documentales. Lo relevante del caso es que el director de Amauta había logrado cierta visibilidad y trascendencia internacional en parte gracias al papel cumplido por los estudiantes peruanos que le eran afines en ideas y sentimientos. Las ideas e imágenes de Mariátegui en 1930 habían logrado un espacio en las revistas intelectuales, pero también en otros medios de expresión (carteles, periódicos y volantes). Fue excepcional su presencia en la postal impresa por la ULAE. También quedará pendiente el esclarecimiento de las redes estudiantiles transoceánicas y el seguimiento de los itinerarios de vida de quienes fueron protagonistas visibles de este proceso.

 

Notas:

[1] “Liga contra el Imperialismo y por la Independencia Nacional”. Amauta (Lima), núm. 26, septiembre-octubre de 1929, p. 96.

[2] Ídem.

[3] “Tal vez con un cierto afán conciliador y para romper la marginación que comenzó a gestarse, en una de las interrupciones de la reunión, Pesce se acercó a Codovilla para entregarle algo que era motivo de orgullo y afirmación de los delegados peruanos: un ejemplar de los 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana. Codovilla, que tenía en esos momentos también por azar el folleto de Ricardo Martínez de la Torre sobre el movimiento obrero en 1919, mirando a Pesce y con la seguridad de ser escuchado por los otros delegados, dijo en su habitual entonación enfática que la obra de Mariátegui tenía muy escaso valor y por el contrario el ejemplo a seguir, el libro marxista sobre el Perú, era ese folleto de Martínez de la Torre. La anécdota fue referida por Pesce y refrendada por Julio Portocarrero.

“A Codovilla le incomodaba, le resultaba insoportable, un libro en cuyo título se juntaran las palabras "ensayo" y "realidad peruana". Ensayo implicaba asumir un estilo que recordaba a los escritos de autores burgueses y reaccionarios como Rodó o Henríquez Ureña, aparte de implicar un cierto tanteo, un carácter provisional en las afirmaciones, y evidentemente un hombre como Codovilla así como no podía admitir un error, menos toleraba la incertidumbre: los partidos o eran comunistas o no lo eran, se estaba con el proletariado o con la burguesía, no podía haber nunca otras posibilidades. La realidad estaba nítidamente demarcada, de manera que se debía hacer una u otra cosa; la línea correcta no admitía discusión, los "ensayos" quedaban para los intelectuales. Mariátegui precisamente era un "intelectual" y tanto para Codovilla como para Humbert-Droz, un comunista suizo presente en la reunión, todos los intelectuales eran peligrosos porque si no eran todavía traidores, acabarían siéndolo: no se podía confiar en ellos, nunca debería bajarse la guardia, era necesario someterlos a vigilancia permanente. Un intelectual dirigiendo un movimiento quedaba condenado a persistir en la deriva, en función de cualquier viento o corriente. Eran años en los que la Internacional Comunista, previendo una nueva coyuntura revolucionaria, se proponía la extrema y acelerada proletarización de sus cuadros: la problemática de la hegemonía obrera pasó a ocupar un lugar central y decisivo” (Flores, 1980: 27-28).

[4] “La represión en el Perú”. La Correspondencia Sudamericana (Buenos Aires), año 1, núm. 25, 15 de junio de 1927, p. 31.

[5] “Adhesiones al duelo de Amauta. Federación Universitaria Hispanoamericana”. Amauta (Lima) núm. 31, junio-julio de 1930, pp.83-84.

[6] Ídem.

[7] Bulletin  Municipal Officiel de la Ville de Paris, 12-05-1927, p. 2459.

[8] “Attitude de I'U. F. E. A à l’égard des étudiants étrangers”. L’Étudiant (Montpellier), núm. 1, 25 de enero de 1929, p. 1.

[9] “El auge de la tarjeta postal ilustrada, y especialmente de la postal fotográfica, se produjo a finales del siglo XIX, gracias al impulso de fotógrafos y a los avances tecnológicos con los que la imprenta reproducía adecuadamente fotografías. Con la instantaneidad de la fotografía se introdujo un gran realismo en la postal cuyo atractivo estético la convirtió a partir de 1900 en un documento coleccionable e intercambiable con una enorme aceptación social. Desde ese momento la tarjeta postal pasó a ser un documento fotográfico, y en consecuencia, informativo y formativo, concebida como un elemento comunicativo que sobrevivió al empuje e impacto de las tecnologías de la información y comunicación” (López, 2013: 10).

 

Bibliografía:

  • ÁLVAREZ CHILLIDA, G. (2010). “Ernesto Giménez Caballero: Unidad nacional y política de masas en un intelectual fascista”. Historia y Política (Madrid), núm. 24, julio-diciembre, pp. 265-291.
  • CHÁVEZ ALIAGA, N. (1958). Cajamarca, vol. 5. Lima: Colegio Militar Leoncio Prado.
  • FLORES GALINDO, A. (1980). La agonía de Mariátegui. La polémica con la Komintern. Lima: DESCO.
  • INDACOCHEA, A. (1931). “José Carlos Mariátegui”. El Amigo del Pueblo (Huacho), 7 de octubre y 26 de noviembre [proporcionado por Filomeno Zubieta].
  • KERSFFELD, D. (2012). Contra el imperialismo. Historia de la Liga Antiimperialista de las Américas. México: Siglo XXI.
  • LÓPEZ HURTADO, M. (2013). La tarjeta postal como documento. Estudio de usuarios y propuesta de un modelo analítico. Aplicación a la colección de postales del Ateneo de Madrid. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.
  • MARIÁTEGUI, J. C. (1959). Temas de educación. Lima: Amauta.
  • ____ (1994). Mariátegui total, vol. 2. Lima: Amauta.
  • _____ (2005). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Amauta.
  • MELGAR BAO, R. (2015). “Legado y espejo de la Reforma Universitaria latinoamericana en España: 1919-1926”. Pacarina del Sur (en línea), núm. 25, octubre-diciembre.
  • ULAE (s/f). “Mensaje de la Unión Latinoamericana de Estudiantes (U.L.A.E.) de París”. París: ULAE.

 

Fuentes hemerográficas:

  • “Adhesiones al duelo de Amauta. Federación Universitaria Hispanoamericana”. Amauta (Lima) núm. 31, junio-julio de 1930, pp.83-84.
  • “Attitude de I'U. F. E. A à l’égard des étudiants étrangers”. L’Étudiant (Montpellier), núm. 1, 25 de enero de 1929, p. 1.
  • Bulletin  Municipal Officiel de la Ville de Paris, 12-05-1927, p. 2459.
  • “La represión en el Perú”. La Correspondencia Sudamericana (Buenos Aires), año 1, núm. 25, 15 de junio de 1927, p. 31.
  • “Liga contra el Imperialismo y por la Independencia Nacional”. Amauta (Lima), núm. 26, septiembre-octubre de 1929, p. 96.

 

Cómo citar este artículo:

MELGAR BAO, Ricardo, (2017) “Recepción del deceso de José Carlos Mariátegui en las organizaciones estudiantiles continentales en Madrid y París (1930-1931)”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 35, abril-junio, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 25 de Junio de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1610&catid=5

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