Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

Las revistas Militancia Peronista para la Liberación y De Frente, con las bases peronistas: una propuesta “alternativa” para la identidad política del peronismo revolucionario, 1973-1974

The magazines Peronist Militancy for Liberation and From the Front, with the Peronist bases: an “alternative” proposal for the political identity of revolutionary Peronism, 1973-1974

As revistas Milícia peronista para a libertação e De frente, com base os peronistas: uma proposta “alternativa” para a identidade política do peronismo revolucionário, 1973-1974

Mariela Stavale[1]

 

Introducción

El siguiente artículo deriva de una investigación doctoral, que ha buscado visibilizar la experiencia militante del grupo político que publicó las revistas político-culturales Militancia Peronista para la Liberación (MPL) y su continuación en De Frente, con las bases peronistas (DF). Ambas fueron dirigidas por Rodolfo Ortega Peña y Eduardo L. Duhalde, salieron publicadas entre 1973-1974 y, hasta ahora, no habían sido formalmente estudiadas.

Siguiendo a Tortti, observamos que los estudios sobre la Nueva Izquierda argentina (NI), evidencian un “doble recorte” que ha concentrado el análisis en la praxis armada y en la caracterización de las organizaciones revolucionarias más importantes: Montoneros por parte de la izquierda peronista y Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), de la izquierda marxista (2009). Con el objetivo de desandar, en parte, ese recorte, nos concentramos en la experiencia de un grupo político que no fue una organización armada, que giró (y se organizó) en torno a dos revistas político-culturales, que se alejó de (y discutió con) las posiciones de Montoneros y Juventud Peronista (JP) –organizaciones hegemónicas de la Tendencia Revolucionaria Peronista (TRP)- y formuló propuestas para la militancia peronista y marxista.

MPL-DF expresan el proceso de transformación de la identidad peronista del grupo político que las publicó. Ambas circularon en una coyuntura clave: el tercer gobierno peronista, que regresaba al poder luego de 18 años de proscripción política. Como un actor político más de la TRP, las revistas analizadas incidieron en los debates del peronismo revolucionario, tensionando hacia el extremo las fronteras de su identidad política peronista, al acentuar el carácter clasista de sus planteos. En la práctica, estas posiciones llevaron a que MPL-DF participaran en la construcción de un colectivo más amplio, que se vinculó con las posiciones alternativistas.

Debemos comenzar diciendo que MPL primero y DF después, fueron publicaciones independientes de las organizaciones coetáneas y funcionaron, al decir de Lenin, como “un organizador colectivo” para el grupo político que venía aglutinándose en torno a Ortega Peña y Duhalde, en espacios de experiencia previos y compartidos.[2] La decisión de publicar una revista como MPL se produjo como respuesta a un cambio de coyuntura: la finalización de la dictadura militar conocida como “Revolución Argentina”. El gobierno militar venía siendo profundamente cuestionado desde 1969, luego de la insurrección popular conocida como “el Cordobazo” (Balvé, 1989; Brennan, 1996). Este hecho político abrió un ciclo de protesta que tuvo por protagonistas a los principales actores del periodo posterior: las direcciones clasistas del movimiento obrero y las organizaciones revolucionarias, armadas y no armadas, peronistas y  marxistas (De Riz, 2000; Pucciarelli, 1999). Es en esta coyuntura, que el presidente de facto Gral. Lanusse,[3] asumió el mando de la debilitada dictadura e ideó una estrategia política que buscó re-legitimar el rol del Estado, evitando la confluencia entre protesta social y política (Tortti, 2014): el Gran Acuerdo Nacional (GAN), que prometía llamar a elecciones con participación  del peronismo.

Imagen 1. Portada de <em>Militancia Peronista para la Liberación,</em> núm. 2, 21 de junio de 1973
Imagen 1. Portada de Militancia Peronista para la Liberación, núm. 2, 21 de junio de 1973

La posibilidad de que el peronismo regrese al poder por la vía democrática, puso en jaque las coincidencias mínimas que venía unificando sentidos al interior de la TRP: la idea de que Perón y el Movimiento eran revolucionarios y que su regreso se produciría por la vía armada. Las diferencias que surgieron giraron en torno a cuestiones clave, como el rol de Perón como líder, la caracterización del Movimiento y el carácter de la revolución. Este debate consolidó dos corrientes al interior del peronismo revolucionario, que deben ser consideradas como “tipos ideales”, puesto que rara vez se dieron en estado puro (González Canosa, 2014; Lanusse, 2005): los movimientistas y los alternativistas. En términos amplios, los movimientistas consideraban que el Movimiento Peronista era revolucionario en su conjunto y Perón, el conductor del proceso. De esta forma, relegaban como “secundarias”, las contradicciones que existían entre los diferentes actores del Movimiento (Cullen, 2008).  Los alternativistas,[4] en cambio, buscaron construir una organización para y de los trabajadores, independiente de “burócratas y traidores” (Raimundo, 2004; Stavale, 2013). Esta corriente se sustentó en concepciones clasistas y antiburocráticas y muchos caracterizaron a Perón como un líder popular, es decir, no era un revolucionario “aunque podría conducir al menos parte del proceso” (González Canosa, 2014: 140).

El llamado a elecciones con participación del peronismo que, a través del Frente Justicialista por la Liberación Nacional (FREJULI), presentó la candidatura de Cámpora, significó el fin de la proscripción peronista y ocluyó ese debate. Si el GAN había explicitado la heterogeneidad de la TRP, la campaña electoral había mostrado su capacidad para volver a unificar a las bases del peronismo de izquierda en torno a la consigna “Campora al gobierno, Perón al poder”.Sin embargo, más temprano que tarde, las diferencias reverdecieron y el alternativismo volvió a ser una opción política para aquellos sectores que, como en el caso analizado, se enfrentaron a Perón y a la experiencia del tercer gobierno peronista, de manera temprana. 

En lo que sigue, buscaremos reponer los principales rasgos del proceso de transformación de la identidad política del grupo MPL-DF y las mutaciones que produjo en sus apuestas programáticas. Para ello, analizaremos algunas aristas identitarias: la definición del rol de Perón, la caracterización del Movimiento Peronista, la definición de la contradicción principal, el sujeto revolucionario y las posiciones y apuestas políticas, de cara al resto del campo revolucionario. Todas ellas, son indicadores de la variación de la identidad política del grupo en una coyuntura  adversa, que los enfrentó a la experiencia del tercer peronismo. En efecto, la metamorfosis y nuevas suturas identitarias, fueron forjándose al calor de esta disputa política. 

A su vez, y aunque las revistas no pueden periodizarse, identificamos momentos diferentes que fueron marcando el ritmo de esa transformación. Esos momentos se encuentran delimitados por acontecimientos concretos, que se tradujeron en un cambio de posición: la renuncia de Cámpora el 13 de Julio de 1973, la asunción de Perón a su tercera presidencia, el 12 de Octubre de ese año, la clausura de MPL por parte del gobierno de Perón en Marzo de 1974 y la publicación de  DF, cuyo primer número circuló el 2 de Mayo. 

 

 “Cámpora al gobierno”: el momento de las expectativas revolucionarias

MPL comenzó a circular el 14 de Junio, días después de que Cámpora asumiera la presidencia, el 25 de Mayo de 1973. Su candidatura había significado un guiño para los sectores revolucionarios del peronismo que, además, habían sido designados por Perón para organizar la campaña electoral. Con estas medidas, el viejo caudillo buscó contrarrestar el poder de la dirigencia gremial que, en el período previo, se había movido con márgenes demasiado grandes de autonomía (De Riz, 1987: 75-76). Sin embargo, tras el triunfo electoral, emergieron las tensiones entre Perón y la TRP. Por parte de estos últimos, porque no reconocían como válidos los compromisos y normas de la democracia formal o los consideraban insuficientes (la mayoría de las organizaciones, no bajaron sus armas). Por parte de Perón, porque apostó a que ganadas las elecciones, iba a poder acallar las voces de quienes consideraban exigua la legitimidad democrática (Lenci, 1999: 180).

Sin embargo y a pesar de estas tensiones –que se desenvolvieron con el correr del tiempo- Cámpora fue recibido con entusiasmo y expectativas. Presidentes como Allende y Dorticós asistieron a la ceremonia de asunción representando a los países revolucionarios de América Latina. El nuevo gobierno, abría un período en el que el que la confluencia entre tradiciones como el marxismo, el peronismo y el nacionalismo (característica del período previo) pareció tener una articulación virtuosa que funcionó como una racionalidad política específica y como una creencia.

Imagen 2. Portada de <em>Militancia Peronista para la Liberación,</em> núm. 6, 19 de julio de 1973
Imagen 2. Portada de Militancia Peronista para la Liberación, núm. 6, 19 de julio de 1973

El grupo que ya giraba en torno a las figuras de Ortega Peña y Duhalde y que resolvió publicar una revista como MPL no estuvo ajeno a ese movimiento. Por el contrario, definiendo su identidad política como peronista revolucionaria y “situando” al marxismo en el lugar de la teoría –es decir, como las lentes a partir de las cuales, analizar la realidad- (González Canosa, 2012), el agrupamiento MPL expresó aquella racionalidad en sus apuestas programáticas y en la caracterización de la etapa que abría el tercer gobierno peronista.

El primer número de MPL afirmó que el regreso del peronismo, significaba una experiencia “revolucionaria y definitiva”, que se expresaba en el programa electoral del FREJULI y que contaba con Perón como su conductor natural. Para MPL, el regreso del peronismo al poder debía traducirse en la construcción del socialismo nacional. El grupo político, afirmó que liberación nacional y revolución social eran dos instancias indivisibles. A su vez, habían analizado las elecciones desde una “racionalidad instrumental” (González Canosa, 2018); es decir, como una táctica más, dentro de una estrategia integral y revolucionaria, que debía construir un ejército popular. En este punto, el agrupamiento alertaba que haber llegado al gobierno no era sinónimo de haber tomado el poder.

En este primer momento, MPL definió al sujeto revolucionario equiparando las categorías de “pueblo” y “clase”. La revista ponía en juego, de manera específica, aquella mixtura entre marxismo, nacionalismo y peronismo  que subyacía a la identidad del grupo político. Si el primer editorial se presentaba “como parte que somos del pueblo peronista”,[5] páginas adelante, referían a esas luchas en términos más clasistas: “la Resistencia [peronista] se encuentra instalada en la conciencia de explotadores y explotados. Expresada en las luchas que, como experiencias de movilización popular, quedan incorporadas en la conciencia de la clase obrera”.[6]

Esta dualidad, también se expresó en las definiciones del proceso revolucionario: MPL definió –junto con el resto de los actores de la TRP- que la contradicción “imperio – nación” era clave; sin embargo, no la supeditó a condición de contradicción principal en detrimento de otras, como las de clase, sino que la interpretó como el marco global de una dependencia estructural que expresaba la contradicción clasista. Afirmaban: “la verdadera naturaleza ideológica de la lucha peronista es contra las formas renovadas del imperialismo y contra la opresión interna, que desatan las clases poseedoras sobre los oprimidos. Para el peronismo, toda liberación nacional es social y a la inversa”.[7]

Inicialmente, MPL expresó una fuerte identificación con el Movimiento Peronista; al calor de las enseñanzas de Cooke –quien apareció como influencia explícita desde el número uno- la revista apostó por la potencialidad revolucionaria del peronismo: el movimiento debía superarse dialécticamente, para evitar ser “asimilado por el Sistema”.

Para el grupo MPL, el peronismo era potencialmente revolucionario por su contenido proletario, es decir, porque encarnaba los intereses de los trabajadores peronistas, representados por Perón. Este punto articula una característica clave en el modo en que el grupo político significó el rol del viejo caudillo: durante el primer momento de MPL, Perón apareció como el conductor del proceso revolucionario por ser el líder de los trabajadores. El vínculo “Perón-clase obrera” explicaba su liderazgo y las potencialidades revolucionarias del período que se abría. Si en este primer momento, MPL afirmó que Perón fijaba “los lineamientos generales” del proceso potencialmente revolucionario, también remarcó el protagonismo del pueblo y la clase obrera peronista que, con sus luchas, había posibilitado su retorno e iría corrigiendo las estrategias equivocadas, para dar con la transformación que los tendría como protagonistas.[8] Lo interesante a remarcar es que, en un momento político signado por las expectativas que despertaba el regreso de Perón, la revista sopesaba su liderazgo a partir del rol de los trabajadores. Como veremos más adelante, esta forma de entender el rol del viejo líder contuvo una vía de escape, útil para enfrentar a Perón cuando este definió su programa político, explícitamente.

En este primer momento es posible identificar, también, dos huellas de origen (porque se mantuvieron presentes desde el primer número) que fueron claves para el posicionamiento de la revista. La primera fue la crítica al Pacto Social, programa económico de conciliación de clases que significó una alianza política entre la Central General de Empresarios (CGE) y la Central General de los Trabajadores (CGT) dirigida por J. I. Rucci. El programa se inspiró en la armonía entre clases, característica de la tradición peronista clásica y de la política económica de los primeros gobiernos peronistas. En parte por este motivo, en parte porque para muchos actores del peronismo revolucionario, el proceso de transformación vinculado al gobierno no ligaba necesariamente liberación nacional y revolución social; la crítica temprana de MPL al Pacto Social, es un elemento diferencial respecto del resto de los actores de la TRP. En sus primeras publicaciones, el grupo dirigido por Ortega y Duhalde, afirmó que el “neodesarrollismo” de Gelbard era un modelo vetusto y que el acuerdo requería de una alianza con la burguesía vernácula, débil y prácticamente inexistente, que potenciaría la dependencia.[9] Como se observa, la posición sobre política económica ligó con la forma de entender al frente de liberación nacional y sus potenciales aliados.

La segunda huella de origen, fue la denuncia de las contradicciones de clase al interior del Movimiento Peronista. Lejos de posiciones movimientistas, MPL denunció desde el primer número, a los sectores de “la burocracia sindical y política” que conformaban “el enemigo interno”. Como veremos luego, estas huellas surcaron las posiciones de MPL y la de los sectores hegemónicos de la TRP, a pesar de que, en este primer momento, las diferencias permanecieron solapadas por las expectativas que despertaba el gobierno de Campora.

En efecto, en esta etapa, MPL se acercó al posicionamiento de Montoneros  - JP: ambos actores significaron de manera revolucionaria el regreso de Perón, su rol conductor y la apuesta porque el gobierno podía traer aparejada una transformación radical. A su vez, cuando la militancia peronista tuvo que enfrentar el duro golpe que significó la “masacre de Ezieza”[10] el día del regreso de Perón al país, MPL realizó la misma lectura que Montoneros-JP, echando mano a la idea de un “Perón cercado por su entorno” y señalando como responsables a los sectores de la derecha peronista. La revista omitió pronunciarse sobre el rol de Perón quien, dos días después y vestido con uniforme militar, había cuestionado a la juventud por los hechos sucedidos el día de su regreso. De esta manera, la publicación puso en juego elementos de la estructura argumental de la teoría del cerco, que los sectores hegemónicos de la TRP comenzaban a articular para explicar los desaires del viejo caudillo.

A pesar de estas coincidencias iniciales, las diferencias entre MPL y los sectores hegemónicos de la TRP pueden visibilizarse si, como hemos dicho, analizamos la forma de expresar los proyectos políticos asociados al FREJULI. A diferencia de MPL, Montoneros expresó en El Descamisado (ED), su apuesta por la potencialidad de una alianza con la burguesía nacional. Aunque, siguiendo a Slipak, la organización miró con desconfianza el Pacto Social, no cuestionó el programa económico, al menos inicialmente (2015). Esta posición ligó con la forma de entender el frente de liberación y con la caracterización del vínculo peronismo/revolución. Para los sectores hegemónicos de la TRP, liberación nacional y revolución social no eran instancias indivisibles: la liberación nacional se entendía como la primera etapa de un proceso más amplio que tuviera como meta, la construcción del socialismo nacional (Pacheco, 2014). A su vez, y a pesar de que no sea posible simplificar posturas al interior de Montoneros, puesto que la organización estuvo surcada por “distintas visiones sobre el peronismo, la figura de Perón, los sindicatos y políticos peronistas y la especificidad de la revolución”, el ED tuvo como prioridad homogeneizar posiciones en torno a un discurso común que, con tires y aflojes, afianzó posturas movimientistas y abrevió la convivencia de intereses contrapuestos dentro del Movimiento (Slipak, 2015: 67). A diferencia de MPL, la apuesta hegemónica de Montoneros-JP estaba en apuntar que el peronismo era revolucionario en su conjunto, característica que iría descartando a aquellos actores que –como “la burocracia sindical”- abrevaban en proyectos contrarios.[11]

Un elemento interesante para destacar, es la republicación que MPL realizó sobre las entrevistas que, en 1971, la revista Cristianismo y Revolución realizó a Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). MPL volvía a hacer circular esos documentos en una coyuntura completamente distinta que, además, asistía al proceso de fusión entre la organización de origen guevarista y Montoneros. La posición de FAR en el ´71 era muy similar a la que el grupo MPL sostenía en el ´73: el rol de los trabajadores y su experiencia de clase, como clave de la identidad peronista revolucionaria, el vínculo indivisible entre liberación nacional y revolución social, una caracterización del liderazgo de Perón que sugería que el viejo caudillo podía conducir sólo una parte del proceso (el referido a la liberación nacional) y la necesidad de construir un ejército popular para la to  ma del poder (González Canosa, 2012). 

Imagen 3. Portada de <em>Militancia Peronista para la Liberación,</em> núm. 13, 6 de septiembre de 1973
Imagen 3. Portada de Militancia Peronista para la Liberación, núm. 13, 6 de septiembre de 1973

Considerando aquella heterogeneidad interna que señalábamos para los sectores de la TRP, podríamos suponer que la re-publicación de documentos del ´71 en la coyuntura del 73, fue una provocación (o una advertencia) al itinerario político que había resuelto tomar FAR en proceso de fusión con Montoneros.

 

El momento de la crisis identitaria. El interinato de Lastiri: del “golpe de Estado a Cámpora” a la asunción de Perón

El gobierno de Cámpora finalizó abruptamente, el 13 de Julio de 1973. El destino de la gestión camporista, que duró apenas 48 días, comenzó a vislumbrarse luego del regreso de Perón al país y del ataque a la militancia vinculada a la TRP, que había asistido a recibirlo. La “masacre de Ezeiza” tuvo significados múltiples: materializó la disputa entre la izquierda y la derecha peronista, fue el puntapié para que Perón definiera su línea política dejando atrás todo tipo de ambigüedades y, finalmente, la composición de quienes estaban a cargo de la seguridad del acto, que anticipó el accionar de bandas armadas clandestinas que se generalizó rápidamente y fue un signo distintivo durante el internato de Lastiri.

El desplazamiento de Cámpora fue un cimbronazo para el grupo MPL que abrió un período de crisis; el hecho, significó una fractura, que se tradujo en un cambio de posición. Este momento de MPL puede caracterizarse como la fase embrionaria de una identidad peronista en mutación.

Estos cambios comienzan a visibilizarse en la interpretación misma que MPL realizó sobre el desplazamiento del presidente. Aunque Cámpora renunció por obedecer una orden de Perón, MPL interpretó el hecho político como un “golpe de Estado”. En su caracterización, la revista articuló la lectura que, sobre los acontecimientos, realizó la izquierda marxista (por ejemplo, PRT-ERP afirmó que se había producido un “auto-golpe contrarrevolucionario”) con la estructura argumental de la teoría del cerco que los sectores hegemónicos de la TRP venían sosteniendo desde Ezeiza. MPL denunció una conspiración de “la brujocracia” –concepto que aludió, irónicamente, a la confluencia de intereses entre la burocracia sindical y la derecha peronista, dirigida por “el brujo” López Rega- contra “la lealtad de Cámpora y la política llevada a cabo por el Poder Ejecutivo en el cumplimiento fiel de las promesas pre-electorales”, contra “el pueblo y los trabajadores” y contra el propio Perón.[12]

La interpretación de MPL, puso en juego una forma peculiar de “lealtad peronista”: en los hechos, Cámpora había renunciado acatando una orden del viejo líder. En este punto, el acontecimiento político podría haberse interpretado como una muestra de “lealtad peronista” puesto que, al decir de Balbi, en esa tradición política, el objeto último a lo que se es leal es, siempre, Perón (2005). Sin embargo, la revista puso en juego una concepción contrapuesta: en principio, porque denunció una conspiración y los conspiradores, no pueden ser leales. A su vez, afirmó que Cámpora había sido destituido por “ser leal”, desconociendo que su renuncia respondió a una orden de Perón. Finalmente, es interesante remarcar que la lealtad de Cámpora no tiene un sujeto de referencia: MPL no especificó si Cámpora fue leal a Perón, al pueblo y a la clase obrera, o a todos a la vez. El sentido de aquella lealtad puede inferirse de su fidelidad a las promesas pre-electorales, es decir: a las bases, que votaron un programa político que –apoyado por Perón- había sido interpretado como revolucionario.

El nuevo gobierno de Raúl Lastiri se alineó con la pasada dictadura. MPL denunció una maniobra política de los sectores contrarrevolucionarios que, compuesta por diferentes aristas como Ezeiza o el Pacto Social, requería del giro represivo propiciado por la nueva gestión para sostener este tipo de políticas. En este punto, la revista denunció de manera temprana el accionar para-estatal y sus vínculos con el gobierno peronista.

Respecto del Movimiento Peronista, el grupo MPL denunció que estaba siendo “copado por el enemigo interno” que ya se caracterizaba como la expresión de un “peronismo de arriba” que ganaba espacios de poder en el gobierno.[13] Este tipo de definiciones tuvo su correlato lógico en la caracterización del rol de Perón. Sujetos al vaivén propio de un período de crisis, las referencias al líder del Movimiento fueron contradictorias: la justificación de un Perón cercado, comenzó a convivir con cuestionamientos cada vez más explícitos y con el señalamiento de su responsabilidad política sobre el carácter que asumía el gobierno. Las críticas, se potenciaron al calor de las definiciones políticas de Perón en cada discurso público. El líder peronista, ponía fin a la polisemia que él mismo había alentado durante el período previo, definiendo a la identidad peronista en un sentido ortodoxo, alejada de cualquier significación revolucionaria. Ejemplo de ello, su disertación en la CGT, el 30 de Julio. Allí, Perón definió el sentido de su “revolución” que lejos estaba de una transformación radical del orden social; más bien, se aparejaba a la “evolución” asociada a “cambios estructurales” dentro del orden existente.[14] A la vez, al elegir pronunciarse en  la central obrera (y frente a los dirigentes gremiales), el líder peronista definía, implícitamente, a los protagonistas de esa revolución. Finalmente, había rebajado a la militancia revolucionaria y sus métodos de lucha, caracterizándolos como “muchachos apresurados”[15]. La repuesta de MPL llegó a través de una estrategia editorial que apeló a los escritos de Cooke para desautorizar las definiciones de Perón. El número 8, publicado el 2 de Agosto, tituló: “Cooke: peronismo es revolución” y se acompañó de una foto del representante del peronismo marxista en la tapa. El grupo proponía una comparación silenciosa con el discurso del viejo caudillo y abría el juego para una disputa con el propio líder sobre los alcances del vínculo peronismo/revolución.

Otra estrategia editorial que MPL puso en juego en esta etapa, fue la de introducir críticas a Perón en la “Sección Polémica”, espacio editorial que recreaba un debate epistolar entre dos personajes ficticios, que eran trabajadores peronistas. Cuando el 2 de Agosto, Perón pronunció el “discurso a los gobernadores”, afirmó que “la delincuencia juvenil había florecido en el país” y que “no admitía la guerrilla”[16], la “Sección Polémica” salía de su formato habitual, proponiendo una carta conjunta de los personajes obreros “El Negro” y “Francisco” a Perón:

Estimado General: Escuchamos su discurso y quedamos desconcertados (…) para nosotros, la lucha no ha terminado (…) Estamos de acuerdo, por supuesto, que el Movimiento hay que institucionalizarlo, pero en el gran sentido: transformarlo en una organización revolucionaria, pensamos que ese debe ser el sentido de sus palabras porque de otra manera significaría integrarlo al Sistema (…) A los muchachos no nos cabe la menor duda que la “juventud” cuestionada es la del botón Brito Lima que Usted conoce bien y la de esa supuesta “juventud sindical” (…) No cabe duda de que el Movimiento es de izquierda y como nosotros somos la izquierda, el pueblo es de izquierda.[17]

Imagen 4. Portada de <em>El Descamisado,</em> núm. 31, 18 de diciembre de 1973
Imagen 4. Portada de El Descamisado, núm. 31, 18 de diciembre de 1973

El párrafo es contundente y polémico: MPL denunciaba el vínculo entre el líder y la formación de organizaciones para-estatales vinculadas a la derecha política y sindical (Brito Lima era uno de los dirigentes más importantes de la Juventud Sindical Peronista). A su vez, retomaba la estrategia discursiva de Perón -que en aquel discurso, había definido al Movimiento como “de izquierda” para excluir a los sectores revolucionarios- y la daban vuelta: la izquierda “somos nosotros”, es  decir, los trabajadores y la militancia revolucionaria. Lo que quedaba por verse era si Perón seguía perteneciendo al colectivo, o no.  Finalmente, porque a partir de este espacio editorial, MPL comenzaba a poner en juego su construcción política sobre el rol de los trabajadores que, luego, se tradujo en apuesta política: la idea de una clase obrera autónoma, capad de discutir con y oponerse a su líder histórico.

La crisis identitaria que caracteriza este momento, condensó en el título de la novena editorial de MPL. Allí, la dirección del grupo político afirmó: “no hay peronismo sin Perón, pero tampoco Perón sin peronismo”. De esta forma, la revista ponía en tensión la identidad virtuosa entre Perón-trabajadores, propia del primer momento. En efecto, la formulación de esa relación cambia: a la tradicional afirmación de que no había peronismo sin Perón, MPL agregó un nuevo término que implicó un duro cuestionamiento al líder: no hay Perón sin peronismo. Así, el grupo político dejaba en claro que apoyaba al viejo caudillo, pero (le) advertía que su liderazgo dependía de encarnar los intereses pretendidamente revolucionarios de los trabajadores. De lo contrario, “dejaría de ser Perón”.

Este apoyo con condicionamientos: Perón debe ser presidente pero para corregir el proceso en marcha; Perón sigue siendo líder sólo si encarna los intereses revolucionarios de la clase obrera, se resquebrajó dos días después de su victoria electoral, con la escalada represiva que sobrevino al “ajusticiamiento” a Rucci, por parte de Montoneros.[18] MPL denunció el avance del “terror blanco” y afirmó que Perón había “pre-concebido un plan político, de conciliación con el enemigo” desde el exilio.[19]

En este movimiento, el grupo MPL profundizó sus diferencias político-ideológicas con los sectores hegemónicos de la TRP. El distanciamiento giró en torno al debate con las lecturas movimientistas que sostenían esos sectores y con la importancia que el grupo MPL le otorgó al enemigo interno. Para MPL, “la contrarrevolución” venía gestándose dentro del Movimiento y había copado el gobierno popular. El grupo político interpelaba a los sectores hegemónicos de la TRP con una propuesta política concreta: asumir la disputa interna como primordial, enfrentar a la derecha peronista y lograr una definición positiva de Perón. Como dijimos, la caracterización del líder peronista había cambiado. La revista afirmaba que “Perón no es socialista, sino peronista (…) un líder popular y como tal, un nacionalista de un país dependiente, lo que equivale a decir, antiimperialista (…) No es un ideólogo revolucionario sino un conductor pragmático que define su acción a partir de la realidad”.[20] En este sentido, MPL apuntaba que la labor del viejo caudillo era la de elaborar una síntesis entre las opciones antagónicas que se dirimían al interior de su Movimiento. Para el grupo político, si la TRP ganaba la disputa interna, podía lograr que esa síntesis se volcara a favor del proyecto revolucionario.

Sin embargo, la propuesta de MPL no logró tallar al interior de la TRP y la crítica a Montoneros y JP se exacerbó a partir de dos hechos puntuales: la participación de esas organizaciones en el acto convocado por la CGT para apoyar la fórmula Perón-Perón el 31 de Agosto y la participación conjunta de JP y el Ejército en el Operativo Dorrego que, iniciado en Octubre, se proponía colaborar con barrios afectados por inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Sobre la asistencia al acto de la CGT, MPL afirmó que había significado “un aval para la burocracia, alineando a la JP con su proyecto político general y motivando una sonrisa de triunfo en Lorenzo Miguel y Rucci”:[21] respecto del Operativo Dorrego, la revista alertó que el Ejército no devenía en “ejército del pueblo” por una expresión de deseo de JP que “en una de esas, un día descubre que en vez de haber trabajado por la Argentina Socialista, estuvo poniendo sus esfuerzos en la Argentina Potencia [expresión utilizada por Gelbard para definir su programa de gobierno] para los usufructuarios del esfuerzo obrero”.[22]

Inflexible, MPL vertía el debate en torno a los significados del “peronismo verdadero” (Altamirano, 2001) al interior del peronismo revolucionario. Como veremos a continuación, la discusión en torno a ser o no peronista y el significado que ello asumía, fue clave en una coyuntura dónde el propio Movimiento (y su conductor) expulsaban a amplios sectores de la militancia, señalándolos como “infiltrados”.

 

De la crisis al enfrentamiento: de la asunción de Perón a la clausura de MPL

Las contradicciones que caracterizaron al período de crisis, se zanjaron en este último momento de la revista MPL. En términos generales, este período significó la ruptura con las posiciones anteriores. La referencia al vínculo “Perón-trabajadores” en términos de una mutua necesidad (“no hay peronismo sin Perón, pero tampoco Perón sin peronismo) se resolvió en detrimento del viejo líder: MPL abortó la primera parte de aquella frase y apostó por la posibilidad del “peronismo sin Perón”.

A su vez, durante este momento, la revista puso en evidencia otras transformaciones importantes: si hasta el momento, MPL había apelado a las categorías de “pueblo” y “clase” como sinónimos para referirse al sujeto revolucionario, los planteos de esta etapa acentuaron el carácter clasista, haciendo pie en el rol de la clase obrera. Junto con ello, el grupo político definió como prioritaria la contradicción “burguesía-proletariado” para definir el proceso revolucionario y afirmó explícitamente que “entre Capitalismo y Socialismo, no existe la Tercera Posición”.[23]

Respecto del gobierno de Perón, MPL denunció abiertamente su carácter “contrarrevolucionario” y “represivo”, que se expresó en la puesta en juego de herramientas legales e ilegales (Franco, 2012). Entre las primeras, la aprobación de las “leyes gremiales”,[24] el nuevo Código Penal aprobado en Enero del ´74 o la intervención de provincias afines al progresismo de la izquierda peronista, como Buenos Aires o Córdoba (Servetto, 2010). Entre las herramientas ilegales, el accionar de organizaciones para-estatales como la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) se exacerbó durante este período.

En esta coyuntura, MPL afirmó que el gobierno de Perón se tornaba “cada día más gorila” y representaba “la última gran tentativa del proyecto burgués”, que contaba con “el apoyo explícito de las fuerzas reactivas del imperialismo”. Haciendo pie en su construcción sobre el “peronismo verdadero”, MPL afirmaba que el objetivo del gobierno (peronista) era “desperonizar a la clase trabajadora”.[25] El grupo político se acercó al análisis de la izquierda marxista, afirmando que el gobierno de Perón era la última carta de la burguesía. En ese movimiento, el viejo líder era expulsado de la geografía peronista. A su vez, la revista encerró a todos los ministros del gobierno peronista en la sección “la Cárcel del Pueblo” y sugirió que el propio Perón tenía un lugar en la celda editorial.[26]

Imagen 5. Portada de <em>De Frente, con las bases peronistas,</em> núm. 1, 2 de mayo de 1974
Imagen 5. Portada de De Frente, con las bases peronistas, núm. 1, 2 de mayo de 1974

Sin embargo, a pesar del nivel de beligerancia con el viejo caudillo, la experiencia de su tercer gobierno y el Movimiento Peronista, el grupo MPL se mantuvo dentro de los límites del peronismo. El esfuerzo estuvo puesto en expandir su enfoque. En este punto, podríamos apuntar que, en este momento, la revista parió una identidad peronista transformada: MPL afirmó que “el peronismo verdadero” era revolucionario y le pertenecía a los trabajadores, poniendo en juego una suerte de “operación ideológica” (Sigal, 2002) que los dislocaba de Perón. Un ejemplo de este tipo de operación, fue el recurso editorial que MPL puso en juego para posicionarse frente a la palabra de Perón. Cuando, en diciembre, el presidente anunció el “Plan Trienal para la reconstrucción y la liberación nacional”, confirmó la cooperación de la central obrera y la empresaria y se apoyó en las direcciones gremiales tradicionales al señalarlas como “peronistas leales”, MPL respondió publicando una carta de un personaje ficticio, el “Negro Pueblo”, que se dirigía a Perón y afirmaba:

General, lo escuché a Ud. los otros días desde la C.G.T. y de eso quiero hablarle. Usted dijo allí muy clarito que los dirigentes sindicales tenían treinta años de lealtad probada y que sólo los tontos los llamábamos burócratas. ¿Sabe General, que no consigo hacer memoria? Ya le dije, la pucha, que ya no soy el mismo de antes (…) Ahora no hay caso, Usted me dice de los 30 años de lealtad de los dirigentes sindicales y yo no consigo recordarlo (…) tratemos de memorizar esa lealtad de la que Usted nos habla, como la de Vallese, como la de Tito Bevilaqua… claro que no eran dirigentes sindicales, pero esa sí que era lealtad, ¿no compañero Conductor?[27]

Como dijimos, la revista ponía en juego una operación que buscaba separar al peronismo obrero de quien había sido su jefe. En efecto, la nota ponía en juego dos memorias sobre un mismo pasado: la de abajo, representada en la voz del “Negro Pueblo” y la de arriba. La novedad es que la primera –antes vinculada, también, a Perón- ahora sólo le pertenecía los trabajadores y el viejo líder quedaba asociado a la memoria de “los enemigos”. Es debido a esta bifurcación que el personaje no puede recordar lo que rememora Perón y le pregunta por compañeros caídos durante el período de resistencia que, además, se presentan como verdaderos leales. Con ironía, la sección volvía sobre el fragmento en donde Perón refería a la honestidad de los dirigentes gremiales y afirmaba:

¡Pucha que me estoy volviendo viejo! Ya no lo entiendo ni volviendo a leer sus discursos (…) Claro General, soy yo el que no entiende, de tonto nomás. Años cantando aquello de “combatiendo al capital” que ahora no entiendo lo del capital bueno, los patrones buenos, el pacto social y tantas cosas (…) Por eso me quedo en casa, no sea cosa que le pida aumento al patrón y Otero me acuse de subversivo o infiltrado. ¿Sabe que a una cuadra de casa vive la mamá del Negro Delleroni? ¿Tampoco lo conoció al negro, General? Qué lástima. Era muy peronista (…) todos muy peronistas.[28]

La experiencia de la clase obrera se asociaba a las improntas del grupo y alcanzaba a símbolos de la tradición peronista como la marcha, ahora vinculada a la lucha y no a la armonía de clases. En segundo lugar, la apelación a la vejez conllevaba una ambigüedad que, en verdad, estaba dirigida al propio líder: el “desmemoriado”, el que no entendía o el “tonto” no era “el Negro Pueblo”, sino Perón. Finalmente, la referencia a Otero (dirigente gremial y ministro de Trabajo de la gestión peronista) se contrapone a la de Delleroni (militante peronista asesinado) sugiriendo que Perón no conocía a los peronistas, esto es: no conocía al peronismo verdadero.

El viraje clasista de la identidad peronista del grupo y su apuesta por un peronismo obrero ligó, también, con las propuestas políticas que realizaron de cara al resto de los sectores revolucionarios. En efecto, durante este último momento, MPL explicitó su acercamiento a la corriente alternativista dentro del peronismo revolucionario[29] y vinculó la propuesta de construir una organización para y de los trabajadores peronistas (e independiente de “burócratas y traidores”) con la apuesta de construir un frente revolucionario (el “Frente de Trelew”), que convocara a las principales organizaciones del campo popular (peronistas y marxistas). En este primer momento, el grupo MPL insistía en la necesidad de una izquierda peronista unificada que luego pueda extender puentes hacia otros actores.

La apuesta frentista esgrimida por MPL fue bien recibida por organizaciones marxistas como el PRT-ERP. Este es un buen termómetro del viraje clasista de MPL que, incluso, se diferenció de las posiciones de otros actores del marxismo (como el grupo político vinculado a la revista Pasado y Presente) que insistía en que Montoneros no debía abandonar el Movimiento. Lejos de este tipo de lecturas, MPL afirmaba que las organizaciones hegemónicas de la TRP se habían “mimetizado” con la burocracia sindical y política, y los instaban a asumir una política propia que, si pretendía representar a los trabajadores, debía romper con el proyecto de Perón.

El grupo MPL siguió interpelando a Montoneros-JP, puesto que consideraban que su participación en un potencial frente revolucionario era clave, por ser las organizaciones hegemónicas del peronismo revolucionario. Sin embargo, las diferencias programáticas entre ambos sectores se exacerbaron y continuaron vinculadas a la forma en que ambos, significaban el vínculo peronismo/revolución. Si MPL insistía en la estrategia frentista (y en este camino, comenzaba a acercarse al Frente Antiimperialista y por el Socialismo –FAS- impulsado por el PRT), Montoneros-JP afirmaba desde ED, que la clave estaba en construir un Frente de Liberación y un “verdadero Pacto Social”.[30] De esta forma, los sectores hegemónicos de la TRP seguían teniendo por fin la liberación nacional y una alianza de clases “representativa” que, con hegemonía de los trabajadores, incluyera a la burguesía nacional. 

En una coyuntura profundamente represiva, el nivel de beligerancia entre MPL, el gobierno de Perón y la disputa intraperonista tuvo como consecuencia lógica, su clausura. El viejo caudillo prohibió la circulación de la revista, a través de un decreto que también impedía la circulación de otros medios del campo revolucionario. Pero el grupo político se reorganizó rápidamente y en menos de un mes, publicó el primer número de la revista De Frente con las bases peronistas. 

 

El “peronismo sin Perón”: la revista De Frente, con las bases peronistas

La clausura de MPL y la reorganización del grupo político en torno a DF, adquiere un peso simbólico interesante: el agrupamiento puso sobre el tapete aquella identidad peronista transformada que habían parido al calor del enfrentamiento con Perón y su gobierno, durante el último momento de MPL.

Esas mutaciones, se pusieron de manifiesto a través de varias definiciones: la revista, recuperó el nombre de un periódico que Cooke había publicado durante la Resistencia Peronista, “De Frente”, y le agregó el mote “con las bases peronistas”, revelando el lugar que asumían dentro del peronismo revolucionario, así como las tradiciones que reivindicaban. A su vez, convocaron a Oscar del Hoyo – viejo militante del Ejército Guerrillero del Pueblo guevarista- como director responsable e incorporaron voces como las de Manuel Gaggero (director del diario perretista El Mundo y dirigente del FAS) o del dirigente gremial combativo y alternativista, Jorge Di Pascuale, en la escritura de notas y secciones. En este período, el grupo político expresó explícitamente al peronismo obrero; definición que, además, encarnó Ortega Peña, quien asumió su banca como diputado nacional jurando por “la sangre derramada” y conformando un bloque “unipersonal y de base” que implicó la ruptura política con el FREJULI.[31]

En efecto, la opción por el “peronismo de las bases” significó el único lazo político entre la identidad peronista del grupo y el movimiento popular. Para el agrupamiento dirigido por Ortega y Duhalde, la clase obrera se constituía como tal, en y con su identidad política peronista: la revista partía de esa identidad, apuntando la necesidad de recuperar las experiencias concretas: [lo que] existe [es] la clase obrera peronista (…) Si tenemos en claro lo que hemos dicho, no caeremos en la trampa de hacer un clasismo puro que (…) en definitiva es antimarxista porque quita al marxismo (…) la creatividad revolucionaria”.[32]

Imagen 6. Portada de <em>De Frente, con las bases peronistas,</em> núm. 5, 30 de mayo de 1974
Imagen 6. Portada de De Frente, con las bases peronistas, núm. 5, 30 de mayo de 1974

A su vez, en esta etapa, DF potenció las transformaciones que se habían expresado en MPL: la referencia al “pueblo” como una entidad equiparable al concepto de “clase” se desplazó completamente a favor de la clase obrera definida como “el único actor capaz de derrocar al capitalismo” y de arrastrar con su liberación, al resto de los sectores oprimidos.

Siguiendo a Rot, observamos que DF encarnó la prédica de un grupo político que había llegado a ribetes de beligerancia completa respecto del peronismo gobernante. La revista declaraba el agotamiento del reformismo peronista que, sustentado en la armonía de clases, develaba sus propios intereses: “una suerte de 18 Brumario local, pero sin sobrinos de Napoleón. Por el contrario, en su tercera presidencia, era el propio Perón quien interpretaba, en clave de farsa, la otrora fuerza nacional y popular del peronismo” (2016: 114). En efecto, el semanario afirmaba que la clase obrera estaba “demasiado madura para presentarse sumisamente a una nueva etapa de explotación, esta vez bajo banderas nacionales”.[33] Respaldándose en el crecimiento efectivo de la conflictividad social que, en efecto, había desestabilizado los pilares del Pacto Social (Torre, 1982), DF supuso y construyó un enfrentamiento definitivo entre los trabajadores peronistas y quien había sido su líder histórico. Esta lectura estuvo en la base de la interpretación de la revista frente a los acontecimientos sucedidos el 1 de Mayo de 1974. La publicación afirmó que ese día había simbolizado “el fin del liderazgo de Perón”,[34] pero no basó esta afirmación en la ruptura simbólica entre el viejo caudillo y el activismo montonero –que se retiró de la plaza, luego de que Perón los acusara de “imberbes” y “estúpidos”- sino en el hecho de que, según el grupo político, la clase obrera no había asistido al acto, puesto que no tenía nada que dialogar con el viejo líder.[35]

En este punto, la apuesta del “peronismo sin Perón” no significó el reemplazo de una dirigencia por otra, sino la superación dialéctica de los trabajadores que, sin abandonar el peronismo- enfrentaban a quien –en el pasado- había encarnado sus intereses. Ahora bien, debemos decir que, aún a pesar de sustentar ese análisis en hechos concretos como las luchas antiburocráticas del movimiento obrero, DF asociaba a los trabajadores peronistas con la revolución de manera automática, es decir, partiendo de una concepción que postulaba a la clase obrera como sujeta a una suerte de inmanentismo revolucionario.

La ruptura del grupo político con Perón y con la experiencia de su gobierno, condensó en algunas definiciones clave: DF afirmó que el presidente se había convertido en “el jefe de la represión”.[36] A su vez, cuando Perón pronunció su último discurso público el 12 de Junio y amenazó con renunciar al poder ejecutivo, DF se posicionó fuertemente crítica. En su última aparición pública, el líder peronista había puesto en juego un discurso conocido por la militancia peronista, arremetiendo contra la oligarquía y el imperialismo. Sin embargo, lejos de interpretarlo positivamente, la revista denunció una estrategia política de Perón. Lejos de la idea de un Perón cercado (como había prevalecido en la primera etapa de MPL) o de la apuesta porque podía corregir la dirección de su gobierno, para ponerse al frente de la liberación nacional y social (como sugirieron en el momento de crisis). DF caracterizó a Perón como un dirigente hábil y como un estratega, capaz de apelar al sentimiento de los trabajadores para aplacar la lucha de clases y retomar las riendas de un proyecto político profundamente cuestionado.[37]

Estas transformaciones identitarias ligaron necesariamente, con las posiciones de DF respecto del resto de los sectores del campo revolucionario. En este punto, la revista también potenció los lineamientos que ya se habían esbozado en las últimas publicaciones de MPL: por un lado, la apuesta programática del grupo político, que aceitó la opción por el alternativismo y la prédica frentista (que ahora, también, llamaba a la formación de una coordinadora antirrepresiva de organizaciones revolucionarias). En este último momento, el grupo DF confluyó con el FAS y las organizaciones de la izquierda marxista y peronista -como el Frente Revolucionario Peronista, de Jaime y Auguren- que allí se nucleaban (Silva Mariños, 2017). Por otro lado, la revista siguió formulando duras críticas a Montoneros y JP, aunque no dejó de interpelarlos a través de una estrategia que pareció estar dirigida a lograr que las bases montoneras presionen a la cúpula de la organización.

Respecto de las apuestas programáticas, DF insistió en la necesaria unidad del campo revolucionario. La revista afirmó que las diferencias entre las organizaciones peronistas y organizaciones como el PRT-ERP debían supeditarse a condición de “contradicciones secundarias” puesto que la urgencia política requería del accionar conjunto entre quienes buscaban la construcción del socialismo. Este tipo de afirmaciones, se vincularon con dos características claves de la transformación identitaria del grupo: la definición de la contradicción principal en torno al antagonismo “burguesía-proletariado” y la ligazón con la clase obrera. Respecto de este último punto, es posible suponer que el seguimiento, contacto y visibilización política que DF sostenía sobre los conflictos obreros, sea una clave para pensar el debate político que el grupo buscaba dar para con las organizaciones revolucionarias. A nivel de fábrica y en muchos de los casos, la lucha proletaria supuso una “unidad en la acción” entre obreros y activistas de organizaciones de la izquierda como el PRT-ERP y aquellos vinculados a las organizaciones de la TRP; esta unidad primó en el plano sindical y estuvo “motivada por la práctica de militantes fabriles que tendieron a dejar de lado las discusiones político-ideológicas entre las direcciones de sus organizaciones [priorizando] la coordinación en acciones comunes y organismos de base” (Stavale, 2017: 81).

Imagen 7. Portada de <em>De Frente, con las bases peronistas,</em> núm. 11, 25 de julio de 1974
Imagen 7. Portada de De Frente, con las bases peronistas, núm. 11, 25 de julio de 1974

Estas coincidencias políticas se reflejaron en la confluencia entre el grupo político y el FAS, con quienes compartían posiciones sobre la coyuntura política y las apuestas programáticas. La confluencia fue tal que el grupo político participó de los congresos del FAS en Villa Constitución y en Rosario. En este último, Ortega Peña fue uno de los principales oradores.

Respecto de Montoneros y JP, la posición de la revista siguió siendo abiertamente crítica. A pesar de interpretar positivamente que el activismo de Montoneros haya abandonado la plaza el 1 de Mayo, DF alertó que ese hecho político debía significar el fin de “una política de conciliación” por parte de los sectores hegemónicos de la TRP. De lo contrario, esas organizaciones pasarían a formar parte del “campo del enemigo”.[38]

Sin embargo, a pesar de las presiones que el grupo político propició desde las páginas de DF, la posición de Montoneros no se revirtió. Por el contrario, la organización caracterizó al grupo político dirigido por Ortega y Duhalde y, en general, a los sectores alineados con el alternativismo, como “irresponsables políticos”, “carentes de un espacio representativo”.[39] Para las organizaciones hegemónicas de la TRP, la unidad sólo podía existir entre “las fuerzas organizadas del peronismo, que impulsan el programa votado el 11 de Marzo”. De esta forma, cerraban cualquier alternativa de constituir un frente revolucionario o si quiera, una coordinadora antirrepresiva, con el PRT. La organización seguía apostando por la disputa al interior del Movimiento Peronista, puesto que ambicionaba su conducción (Slipak, 2015: 134).

Las diferencias se ensancharon, luego del último discurso público de Perón.  Lejos de la posición política de DF, Montoneros – JP afirmó  que el viejo caudillo “comenzaba a tener en cuenta las orientaciones y críticas que nosotros le formulamos” (Gillespie, 2008: 238). Al respecto, DF afirmó que las organizaciones hegemónicas de la TRP “desconocen el contenido ideológico por el que luchan” (la patria socialista), el enemigo principal y el carácter de clase de la lucha dentro del Movimiento. Por estas falencias, habían quedado “desconcertadas” frente a la estrategia de Perón. La revista remataba, afirmando que “para ellos, no se abre un espacio político si lo que intentan es movilizar a la clase obrera. Si en cambio, lograrán un espacio de actuación si su propósito es participar de la Argentina Potencia en los roles que Perón les ha reservado.[40]

Pero la coyuntura política volvió a barajar las cartas y azotó con dos muertes: la de Perón y la uno de los dirigentes políticos del agrupamiento: Ortega Peña. Esta última, terminó con la experiencia de DF. Tras la desaparición física del viejo líder, la represión legal y extralegal recrudeció. Tanto, que la Triple A asesinó a Ortega Peña (diputado nacional) en pleno microcentro porteño. Entre ambos hechos, la revista publicó dos números, dónde siguió remarcando que la tarea principal era la avenencia del campo revolucionario y, dentro de ella, “la impostergable unidad del peronismo socialista de los de abajo”.[41] Pero la prédica del agrupamiento no surtió efectos. El último número de DF evaluaba que la militancia peronista “no está a la altura de las exigencias y posibilidades de la clase obrera (…) El no aprovechamiento de las posibilidades concretas de esta etapa, significará retrasar el avance popular de los próximos tiempos y, sobre todo, ese espacio que la militancia ocupa, será blanco del reformismo”.[42]

Aun cuando consideremos que la revista expresó un diagnóstico agudo sobre la necesidad de construir un frente revolucionario compuesto por las organizaciones hegemónicas del campo popular, sus propuestas políticas no lograron hegemonizar al peronismo revolucionario y el grupo político quedó a merced de la coyuntura represiva, mientras ésta corroía los pilares de un puente que nunca llegó a vincular a las organizaciones de la izquierda revolucionaria con los sectores de la TRP.

A lo largo de este artículo, hemos recuperado las principales líneas interpretativas de una investigación más amplia, que busca iluminar el proceso de transformación de la identidad política del grupo MPL-DF, a través del análisis de aristas claves como el rol de Perón, la definición del proceso revolucionario y su vínculo con el peronismo, la caracterización del Movimiento, entre otras. A su vez, buscamos sintetizar las consecuencias que este proceso de transformación política tuvo en el posicionamiento del agrupamiento, frente al resto de los actores del campo revolucionario. El análisis de la transformación identitaria liga con la dimensión programática puesto que, como hemos buscado demostrar, se tradujo en apuestas y propuestas políticas, dentro y fuera de la TRP.

A su vez, la experiencia político-editorial de MPL-DF, permite visibilizar la heterogeneidad del peronismo revolucionario y el debate político, que siguió enfrentando a movimientistas y alternativistas en lo que respecta al rol de Perón y la caracterización del peronismo en una coyuntura clave.

 

Notas:

[1] FaHCE- Universidad Nacional de La Plata. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Los miembros del grupo político MPL, venían compartiendo experiencias en torno a dos actividades clave: la defensa de presos políticos desde la Gremial de Abogados y la participación en revistas coetáneas, como intelectuales revolucionarios. Allí, los proto-MPL sostuvieron una política frentista –que luego se mantuvo en las revistas- y un vínculo fluido con las organizaciones del campo popular, sean marxistas o peronistas [sobre Gremial de Abogados ver: Chama, 2010].

[3] Las consecuencias políticas del Cordobazo condujeron a la renuncia del Gral. Onganía, presidente de facto desde 1966. Luego de un breve interregno del Gral. Levingston, Lanusse asumió el mando de la dictadura militar hasta 1973.

[4] La denominación “alternativista” responde al lanzamiento de la Alternativa Independiente por parte de las Fuerzas Armadas Peronistas, en 1971.

[5] Militancia Peronista para la Liberación, núm. 1, 14-06-1973, p. 3.

[6] Ídem, p. 19.

[7] Ídem, pp.19-20.

[8] Militancia Peronista para la Liberación, núm. 2, 21-06-1973, p. 22.

[9]  Militancia Peronista para la Liberación núm. 1, 14-06-1973, p. 5.

[10] El 20 de Junio de 1973, Perón retornó luego de 18 años de exilio y una multitud se dispuso a recibirlo, participando de una de las concentraciones populares más importantes de la historia argentina. Allí se condensaban en un mismo espacio político las disputas y enemistades entre la derecha y la izquierda peronista y la estrategia pendular de Perón -quien se había apoyado en los sectores revolucionarios durante la campaña- que ponía a la derecha peronista a cargo de la organización del acto. En efecto, los sectores de la derecha peronista ubicados en el palco, dispararon contra la multitud simbolizando el inicio de las disputas intraperonistas, características de todo el período aquí analizado.

[11] Aquí debemos introducir una nota metodológica. En este artículo, tomaremos como referencia  a la revista El Descamisado, para referir a la lectura de Montoneros. Aunque, como vemos, no es posible reducir las posiciones de esta organización al discurso de su prensa orgánica, consideramos que ED constituyó una forma específica de construir esa identidad y de transmitirla, en una coyuntura clave. Tanto ED como MPL, interpelaron a un público amplio con pretensiones de hegemonía y es desde esta perspectiva, que nos interesa comparar las posiciones del grupo político y de la organización, en una coyuntura nodal: qué eligieron decir y qué apuestas realizaron, con independencia de las diferencias y posiciones que, efectivamente, existieron al interior de los grupos políticos.   

[12] Militancia Peronista para la Liberación, núm.  6, 19-07-1973, p. 3.

[13] Militancia Peronista para la Liberación, núm.  6, 19-07-1973, pp. 3-4. 

[14] Perón, Juan Domingo. Discurso pronunciado en la CGT, 30-07-1973.

[15] Ídem.

[16] Perón, Juan Domingo. “Discurso a los gobernadores”, 02-08-1973.

[17] Militancia Peronista para la Liberación, núm. 9, 09-08-1973, p. 10. El subrayado es nuestro.

[18] Dos días después de la victoria electoral de Perón, un comando de Montoneros “ajustició” a Rucci. La muerte del dirigente sindical, pieza clave del Pacto Social, no fue asumida públicamente por la organización peronista. Sin embargo, la respuesta no tardó en llegar: Perón firmó el Documento Reservado Número 1 que llamaba a “depurar” al Movimiento Peronista de la “infiltración marxista”.

[19] Militancia Peronista para la Liberación. núm.  23, 15-11-73, p. 3.

[20] Ídem, p. 13.

[21] Militancia Peronista para la Liberación, núm.  13, 06-09-1973, p. 3.

[22] Militancia Peronista para la Liberación, núm.  19, 18-10-1973, p. 14.

[23] Militancia Peronista para la Liberación, núm. 24, 22-11-1973, p. 3.

[24] Se conoce bajo el nombre de “leyes gremiales” al conjunto de medidas destinadas a avanzar contra la clase obrera. Entre ellas podemos mencionar la aprobación de la Ley de Prescindibilidad Laboral y la reforma a la Ley de Asociaciones Profesionales que incrementó el poder de las dirigencias gremiales en detrimento de los sindicatos clasistas y combativos.

[25] Militancia Peronista para la Liberación, núm.  36, 07-03-1974, p. 3.

[26] La sección “Cárcel del Pueblo” fue icónica de la revista MPL. Allí, el grupo político “encerraba” a personajes o situaciones que encarnaran el enemigo de la clase obrera. En este último momento, la sección devino en un desfiladero de ministros. A su vez, la revista publicó una serie de cartas de lectores, dónde dos militantes del PB propusieron encarcelar a Perón, implícitamente. 

[27] Militancia Peronista para la Liberación, núm.  28, 20-12-1973, p. 9.

[28] Ídem.

[29] Las organizaciones más importantes del alternativismo fueron: las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) Comando Nacional, el Peronismo de Base (PB), Montoneros Columna José Sabino Navarro y el Frente Revolucionario Peronista (FRP). A su vez, esta corriente tuvo expresiones gremiales, a partir de dirigentes como Ongaro, Di Pascuale o Guillán.

[30] El Descamisado, núm.  31, 18-12-1973, pp. 2-4.

[31] Luego de la aprobación de las reformas al Código Penal en Enero de 1974, los 8 diputados vinculados a la TRP renunciaron a sus bancas. Ocupando el lugar de Diego Muñiz Barreto (integrante del grupo político MPL-DF) asumió Ortega Peña.

[32] De Frente, con las bases peronistas, núm. 4, 23-05-1974, p. 20.

[33] De Frente, con las bases peronistas, núm. 5, 30-05-1974, p. 7.

[34] De Frente, con las bases peronistas núm.  1, 02-05-1974, p. 3.

[35] Ídem.

[36] De Frente, con las bases peronistas, núm.  6, 12-06-1974, p. 6.

[37] De Frente, con las bases peronistas, núm.  7, 20-06-1974, pp. 3-4.

[38] De Frente, con las bases peronistas, núm.  1, 02-05-1974, pp. 3-4.

[39] El peronista lucha por la Liberación, núm.  5, 21-05-1974, p. 6. 

[40] De Frente, con las bases peronistas, núm.  7, 20-06-1974, p. 3.

[41] De Frente, con las bases peronistas, núm.  10, 18-07-1974, p. 3.

[42] De Frente, con las bases peronistas, núm.  11, 25-07-1974, p. 3.

 

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Fuentes citadas:

  • De Frente, con las bases peronistas (Buenos Aires, 1974)
  • El Descamisado (Buenos Aires, 1973)
  • El Peronista lucha por la liberación (Buenos Aires, 1974)
  • Militancia Peronista para la Liberación (Buenos Aires, 1973)
  • PERÓN, J. D. Discurso pronunciado en la CGT, 30-07-1973. Disponible en la web: www.ruinasdigitales.com
  • _____ “Discurso a los gobernadores”, 02-08-1973. Disponible en la web: www.ruinasdigitales.com
  • _____ “La doctrina, fundamento de la organización”, 8-11-1973. Disponible en la web: www.ruinasdigitales.com 
  • SANTUCHO, M. R. (1973). “Las definiciones del peronismo, las tareas de los revolucionarios”. En: El Combatiente núm. 83, 84 y 85.

 

Cómo citar este artículo:

STAVALE, Mariela, (2018) “Las revistas Militancia Peronista para la Liberación y De Frente, con las bases peronistas: una propuesta “alternativa” para la identidad política del peronismo revolucionario, 1973-1974”, Pacarina del Sur [En línea], año 10, núm. 37, octubre-diciembre, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 16 de Noviembre de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1684&catid=5

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