Pacarina del Sur
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El 98 cubano: una mirada desde la prensa obrera

The Cuban 98: a look from the working press

O 98 cubano: um olhar da imprensa de trabalho

Daniel Rodríguez Trejo

 

¡Cayó el coloso!... cual si fuera enano,
Sobre la roca ensangrentada y fría,
Oyendo la insultante vocería
Del enojado pueblo castellano.
No fue el combate rudo del cubano
Quien lo hizo desplomar, fue la sombría.
Nefanda aborrecida tiranía,
Que nutre su alma con dolor humano;
La causa eterna que derrumba atletas,
El poderoso impulso de la vida
Que anhelaron los Juárez y Gambettas;
Para curar la gangrenosa herida
Que hacen al pobre pueblo las saetas
De la dominación aborrecida.[1]

 

Introducción

La guerra hispano-cubano-estadounidense representó un hito en la historia de América Latina. El vetusto imperio español terminaría por desmoronarse para dar paso a Estados Unidos como nueva potencia imperial, extendiendo su sombra “protectora” en el continente bajo los lineamientos de la doctrina Monroe.

La lucha independentista cubana y la intervención norteamericana en el conflicto, dividió a la opinión pública latinoamericana. Por lo mismo, la confrontación bélica acaecida en Cuba, encontró su correlato en los periódicos de los países latinoamericanos, la prensa se convirtió en el campo de batalla donde se dirimieron posturas.

La intervención de los norteamericanos en la guerra hispano-cubana revistió una gama de oposiciones y adhesiones. En primer lugar, la colonia española asentada en Latinoamérica, con anuencia de las élites económicas, apoyaron a España; en segundo, un amplio espectro de las clases medias y populares, de tendencia liberal, externaron su apoyo a la mayor de las Antillas, y no dudaron en ver, en la intervención “yankee”, un gesto de solidaridad con Cuba para desterrar, de una vez por todas, el yugo oscurantista de España en América; en un tercer sitio se situaron quienes percibieron, en la guerra hispano-estadounidense, un acto de expansionismo de los Estados Unidos; mas, a pesar de la amenaza, apoyaron la “cruzada civilizatoria” de Norteamérica, siempre y cuando se respetara el derecho del pueblo cubano a su independencia.

La Convención Radical Obrera (México), núm. 544, 24-04-1898.
Imagen 1. La Convención Radical Obrera (México), núm. 544, 24-04-1898.
Fuente: www.hndm.unam.mx

En el campo oficialista, Argentina y México declararon su neutralidad. Sin embargo, las respectivas colectividades de españoles radicados en estos países se abocaron a recaudar víveres y dinero para destinarlo a la lucha, incluso en el caso argentino un contingente, de por lo menos mil 500 voluntarios, fue a batirse a Cuba; en el caso mexicano, se pretendió hostilizar a los Estados Unidos desde la frontera norte.

El mundo del trabajo también se vio impactado por la guerra. En este artículo se realiza un estudio comparativo del conflicto hispano-cubano-estadounidense, a través de dos periódicos destinados a la clase trabajadora: La Convención Radical Obrera (La CRO), publicado en la ciudad de México, y La Protesta Humana (LPH), editado en Buenos Aires.

La estrategia y metodología utilizada en este trabajo fue abordar la prensa desde algunos presupuestos del análisis del discurso y de la historia socio-cultural, tomando algunos tópicos concernientes a la organización y situación de los trabajadores, ideología sostenida, y qué comprendieron por: patriotismo, guerra, colonialismo; aunado a ello se da un panorama del contexto en el cual se desarrollaron, pues los textos no se pueden entender y explicar a sí mismos, por tal es necesario conocer aspectos sociales, como lo eran las vías de circulación y a quiénes sustentaban los impresos.

Los periódicos analizados permiten adentrarse a la información contenida y difundida a los trabajadores, en cómo y cuál les era dada, reconociendo, desde luego, que los escritos de esta prensa no eran meramente informativos, sino, ante todo, un producto ideologizado y revestido de una función pedagógica, su objeto final no era dar a conocer el hecho en sí, sino provocar-motivar acciones.

El trabajo cobra relevancia toda vez que esta veta ha sido poco explorada en la historiografía del movimiento obrero, el único trabajo dedicado a dilucidar la lectura realizada por los trabajadores sobre la guerra hispano-cubano-estadounidense es el de María Eugenia Chedrese (2009) quien, en su tesis de licenciatura, estudió el posicionamiento de La Protesta Humana ante el 98 cubano.

 

Leer e interpretar desde el mundo del trabajo

Desde su aparición la prensa de los trabajadores ha cumplido diversos objetivos, entre ellos propiciar la organización de las clases laborantes, elevar su nivel cultural, difundir ideas y demandar mejoras económicas y sociales al Estado o a la patronal. En los periódicos, los obreros plasmaron sus puntos de vista en torno a temas que les afectaban de cotidiano o eran de interés común. Esto propició, en gran medida, la creación de una conciencia y solidaridad de clase.

La prensa de los trabajadores de finales del siglo XIX, tuvo el rol de promover entre los sectores laborantes una opinión pública propia, con la intención de impugnar las políticas estatales y burguesas. De tal suerte, el periódico se convirtió en un centro aglutinador, organizador y difusor de actividades e ideas. Menciona Clara Lida (1997: 10): “históricamente el surgimiento de la prensa burguesa rompió con los órganos tradicionales de las oligarquías cortesanas, también la prensa y los impresos populares rompieron con el monopolio de la información, por parte de los grupos de poder político y económico de las oligarquías burguesas y del Estado”.

En consonancia con lo anterior, los rotativos obreros informaban del devenir de las huelgas, de la organización de charlas, debates, actividades culturales e instaban a sus lectores a solidarizarse con sus “hermanos de infortunio”: enfermos, huérfanos, presos o víctimas de la represión. De tal manera, la prensa tejió redes de solidaridad y creó nuevos patrones culturales alejados de los fomentados e impuestos por las élites. En palabras de Alberto Melucci, con la elaboración de nuevos códigos, dentro de los movimientos populares se “definen concepciones del mundo y estilos de vida originales. Los movimientos tratan de construir sus identidades confrontando el discurso de los movimientos sociales con el de sus opositores, el de las instituciones y con los códigos dominantes” (cit. Chihu, 1999: 69).

Por lo tanto, es importante considerar los canales de distribución de estos periódicos obreros, si bien La CRO y LPH se contrapusieron en cuanto a modelo organizativo y finalidades, ambos estaban destinados al mismo público y éste se encontraba circunscrito a las fábricas, obrajes, vecindades, conventillos, centros sociales, sociedades mutualistas, cooperativas, bibliotecas, librerías, quioscos, sociedades de resistencia, asambleas, mítines, en la calle, entregado por suscripción o de mano en mano. A esto se agregaría la lectura en voz alta en parques, mercados, etc., donde además de leerse los periódicos, se les discutía.

La prensa, aparte de analizar e interpretar la realidad e informar sobre ella a un público determinado, tenía la finalidad de motivar acciones, por eso es menester comprender que nuestros actores utilizaron las palabras como armas en su combate (Palti 2007: 197); La CRO las utilizó contra la inmoralidad, por la educación y el patriotismo; LPH las blandió contra el capital, el Estado y por la revolución.[2]

Elías Palti (2007: 197) refiere que el análisis de la prensa debe partir de la eficacia que esta haya tenido en provocar la movilización de sus oyentes, por ello se debe tener en cuenta “la ‘performatividad’ de la palabra, de que las palabras son acciones, en fin, de que un panfleto bien podía derribar un gobierno. El periodismo aparecerá así, al mismo tiempo, como un modo de discutir y de hacer política (…), pues la prensa periódica no sólo buscaba ser la opinión pública, sino tenía la misión de constituirla como tal” (Palti 2007: 197). Considerando lo anterior, cabría apuntar lo que La CRO y LPH, entendía por periodismo y opinión pública.

Voladura del Maine en el puerto de La Habana
Imagen 2. “Voladura del Maine en el puerto de La Habana” (litografía), c. 1900-1920. 1920 Fábrica de chocolates de Evaristo Juncosa Litografía. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Para La Convención el periodismo era “la palabra que ilumina como un rayo de sol los cerebros obscurecidos y los espíritus mediocres”. Era la fuerza capaz de derramar “sus energías en máximas morales, en artículos poblados de teorías sublimes, en las épocas de paz; pero en los tiempos de revoluciones sociales, lanza a los vientos su voz formidable y con su brazo de hierro da protección al débil y ahoga al verdugo, defendiendo a la patria de las iras de un tirano, sin temblar, es inexorable guerrero”.[3] Es importante hacer notar el momento histórico de enunciación del escrito de La Convención, son años aciagos para el periodismo, a causa de la represión porfirista, incluso La CRO, da seguimiento al encarcelamiento y liberación de varios periodistas, mas no criticó nunca el actuar de Díaz. Al contrario, le agradecía por el decreto de “leyes liberrísimas”.

LPH, ante los vientos de guerra cernidos sobre el continente (Estados Unidos y España; Argentina y Chile), reprodujo un texto de Tolstoi donde, además de ser una crítica al binomio patriotismo/guerra, era un llamado a crear y fortalecer una nueva opinión pública capaz de derogar viejos conceptos. Sobre el segundo punto señala que los gobiernos han fomentado una opinión pública según “la cual el patriotismo es un brillante y magnífico sentimiento”; ante eso, Tolstoi recomienda forjar una nueva opinión pública encauzada a eliminar la idea de patriotismo y fomentar la “fe en la solidaridad y en la fraternidad de los pueblos”.[4]

La CRO y LPH, intentaron con sus escritos inculcar nuevos valores a sus lectores. La CRO invitó a sus agremiados a amar a la patria y los conminaba a rendirle honores; por ello cada mes designaba a una de las sociedades adheridas a ella, a llevar un altar de flores y hacer guardia en los monumentos donde descansaban los héroes de la patria. Por su parte LPH, a través de sus artículos, estimuló a su público a organizarse tanto en grupos de afinidad como a impulsar el gremialismo obrero y rechazar las manifestaciones patrióticas.

La guerra hispanoamericana, vista desde LPH, encierra varios tópicos, el primero de ellos es el origen de sus editores y el círculo de sus lectores: españoles e italianos, esto condicionó de manera importante su análisis del conflicto; el segundo lo ocuparon las redes de solidaridad tendidas entre españoles e italianos radicados en Cuba, Estados Unidos, España y Argentina, esto le otorgó una perspectiva amplia; a su vez otros procesos de mayor significación, para el mundo ácrata porteño, tenían lugar en este periodo: los Procesos de Montjuic y la amenaza bélica entre Chile y Argentina, por una cuestión de límites fronterizos; a lo anterior se sumó el debate teórico-táctico entre las diferentes posturas libertarias, en especial entre organizadores y anti-organizadores, estos temas estuvieron entrecruzados y fueron comunicados a sus lectores mediante conceptos claves y de forma pedagógica.[5]

 

La Convención Radical Obrera

La Convención Radical Obrera fue un semanario editado en la ciudad de México entre 1886 y 1903, de la mano de la organización del mismo nombre, heredera del Congreso Obrero fundado en 1879. En el periódico y en la organización, colaboraron algunos personajes que estuvieron involucrados con el anarquismo en sus primeras batallas en tierras mexicanas, como Carmen Huerta, José María González y Pedro Ordóñez. Este último participó activamente en La Social, en el Gran Círculo de Obreros, en los Congresos obreros y urdió la expulsión del grupo fundador de La Convención, acusándolos de querer imprimirle un carácter político a la asociación. Pedro Ordóñez se erigió en director de La CRO hasta su muerte, acaecida en 1903.

Los objetivos trazados por La Convención, fueron: “propagar entre la clase trabajadora la necesidad de tomar parte activa en las cuestiones públicas; -mantener la paz «que tanta sangre costó conquistar»; -unirse al gobierno para caminar en acuerdo; - estudiar las necesidades del obrero e iniciar su remedio; e, -incentivar la industria” (Villalobos 1978: 3).

La Convención no manifestó cuántos ejemplares tiraba, pero por su capacidad económica -contaba con avisos publicitarios y subvención del gobierno-, y la cantidad de agremiados en sus filas, nos hace suponer la emisión de muchos más ejemplares que cualquier otro periódico obrero de la época. La CRO se distribuía en las sociedades mutualistas, en las fiestas, charlas y eventos culturales organizados por las asociaciones congregadas en La Convención, asimismo se repartía en las escuelas nocturnas destinadas a los obreros y se remitía a los centros obreros de toda la república.

La CRO, a diferencia de sus predecesores, El Hijo del Trabajo y El Socialista, propugnó por la armonización del trabajo y el capital, exhortando a sus lectores a formar sociedades mutualistas, a fundar cajas de ahorro y cooperativas. Asimismo, pidió a los trabajadores a “no arrojar la culpa [de su situación] a los gobiernos ni a otras clases sociales, sino a sí misma” (Villalobos, 1978: 37), y los exhortó a agradecer al gobierno, por expedir leyes de fomento al trabajo, y al capitalista por darlo. Al contrario de lo sostenido por John M. Hart, La Convención denunció al anarquismo, al socialismo, a las reivindicaciones obreras como males sin razón de ser en México.[6]

La Protesta Humana (Buenos Aires), núm. 35, 15-05-1898.
Imagen 3. La Protesta Humana (Buenos Aires), núm. 35, 15-05-1898. Fuente: http://americalee.cedinci.org

Ante los ataques “terroristas” y las huelgas patrocinadas por los anarquistas en Europa, La CRO publicó una serie de artículos contra el anarquismo, sugiriendo que el mejor método no era la dinamita, ni el puñal sino “la conservación de la paz pública, el sostenimiento de un gobierno honrado, paternal y progresista; la instrucción de la escuela, el uso de los derechos concedidos por las leyes, la asociación y, en último caso, la huelga” (Villalobos, 1978: 76).

Un ejemplo de su posición contra el anarquismo, es el discurso pronunciado por Abraham A. Chávez en la inauguración del salón de sesiones de la sociedad Unión y Concordia, en él propuso la creación de un comité consultivo de obreros, nombrados por el gobierno, para “dirimir esas peligrosas contiendas entre el capital y el trabajo”, el comité tendría la función de “apagar las chispas antes de estallar en incendio”, se propuso, asimismo, celebrar reuniones entre trabajadores y patronos para elevar la productividad y atender las necesidades de los trabajadores”.[7]

La CRO concibe la lucha de clases como una cuestión moral, y no económica. El antagonismo es consecuencia de la ciega avaricia de los propietarios y la incapacidad de ahorro por parte de las clases productoras.[8] Esta posición se observa cuando La CRO, analiza una huelga iniciada en la fábricas de tejidos La Colmena, donde los operarios se declararon en paro por la reducción de su jornal, de este conflicto La Convención culpó al egoísmo del capitalista, quien, con su proceder, no sólo afecta al trabajador sino a la patria y su progreso; su acto, a la par de inmoral e inhumano, sembraba el germen del desequilibrio entre el capital y el trabajo:

La vida de los operarios, esas multitud de [desgraciados] de ambos sexos, está sujeta a una disciplina carcelaria de catorce a diez y ocho horas diarias, en cuyo tiempo elabora manufacturas que representan una ganancia de mil a mil doscientos pesos para el propietario de la fábrica (…) sería justo que al obrero se le retribuya la misma cantidad, ya que el desheredado obrero, está sujeto a un trabajo bestial, por el que recibe de 25 a 75 centavos diarios, menoscabado por las multas y las injusticias exacciones, lo que representa en su personalidad una utilidad factible para el propietario, del 100 al 150 por 100 sobre lo que recibe (…) no deseamos que el trabajo se imponga al capital; pero tampoco es aceptable el despotismo de éste sobre aquél.[9]

 

El análisis elaborado por La CRO aborda un punto recurrente en las exigencias obreras del México pre-revolucionario y era el papel de los extranjeros, La CRO, manifestó: “si en México algún extranjero funda una industria, se daría al operario mexicano la plaza de peón, mientras la obra artística le sería encomendada a operarios extranjeros a quienes se les retribuiría con creces”. Por ello, exhortó a los “ricos” del país a “abandonar su indolencia, pues su acción era necesaria para el desarrollo de la riqueza pública por medio de la industria, era necesario que tomaran la dirección y administración de sus negocios, asegurando así el porvenir de sus intereses y el de los obreros mexicanos, sólo así coadyuvarán al engrandecimiento de la patria”.[10]

A esto podemos agregar la crítica lanzada por el futuro revolucionario y presidente de México, Plutarco Elías Calles, sobre la situación de los indígenas y campesinos dentro de las haciendas, Calles señaló: “en toda la república los indígenas son tratados como esclavos y no existe industrial, fabricante, comerciante y agricultor, que no explote su ignorancia y trata a estos seres desgraciados, no como a miembros de la familia humana sino como a seres irracionales”, y se pregunta por qué todos los extranjeros avecinados en el país tienen protección y “¿por qué antes de proteger a los hijos de otros países no se protege a los indígenas, que son los dueños verdaderos de la tierra que nos da vida?”. [11]

El artículo de Calles no fue lo único referente a la situación del indígena, el semanario trató de ser su voz y, en la mayoría de sus números de 1898, denunció los llamados contratos de aparcería, las tiendas de raya y las deudas endosadas a los indígenas para engancharlos a la tiranía de “los señores de la horca y el cuchillo”, los hacendados son tachados de “traficantes de sangre humana, legados por nuestros dominadores para mengua de nuestra civilización”.[12] Junto a la denuncia realizada, La CRO llamó a los obreros a asociarse para elevar peticiones al gobierno y denunciar la “inmoralidad” de los hacendado.

Con todo y las denuncias elaboradas por La Convención sus editores no abandonaron sus concepciones positivistas, consideraron al indígena como un sujeto capaz de ser “regenerado” y sacado de su “postración milenaria”, por medio del mutualismo. Al indígena, manifestó La CRO, sería sencillo integrarlo a las sociedades mutualistas, merced a su docilidad y natural talento, en esos recintos “civilizatorios” se le haría comprender sus deberes y derechos para convertirlo en un ciudadano ejemplar. De tal suerte, La CRO sostuvo: “no existe mejor escuela que la mutualista para redimir al proletariado mexicano (…), desde el momento en que el asociado penetra en ese centro, la amistad más cordial le obliga a dejar sus resabios de incivil, conocería su valor moral, [se le enseñaría] a respetar la ley, con ello se respetaría a sí mismo y a los demás para gozar de los beneficios que concede la asociación.[13] Sumado a ello, aseguró La CRO, con la educación mutualista el obrero mexicano, el de las fábricas, las haciendas y minas, jamás podría albergar ideas disolventes como el socialismo o el anarquismo.[14]

La Convención a pesar de apoyar al gobierno de Díaz, a quien calificó de ser el primer ciudadano, hombre honrado y constructor de México, fue el único vocero de la clase trabajadora mexicana de fines del siglo XIX, y a pesar de estar bajo control del régimen, no abandonó del todo su autonomía, esto lo dejó plasmado al señalar los peligros que corría el mutualismo si los trabajadores permitían al gobierno inmiscuirse en su organización interna.[15]

 

La Protesta Humana

En junio de 1897 vio la luz el primer número del periódico La Protesta Humana. Impreso auspiciado por anarquistas españoles e italianos exiliados y emigrados en Buenos Aires. LPH ocupó uno de los pilares del anarquismo en Argentina y se convirtió en un ícono de la prensa libertaria a nivel internacional. Su aparición se inscribe en la necesidad de los grupos anarquistas, de la corriente organizadora, de contar con un púlpito para empujar un anarquismo vinculado con el proletariado y transformarlo en un movimiento de masas, capaz de provocar cambios sociales no sólo en la sociedad porteña, sino a nivel internacional.

Antes de LPH, con excepción de El Oprimido y El Perseguido, todas las publicaciones ácratas del Río de la Plata tuvieron una vida exigua e irregular. En ese sentido, refiere Gonzalo Zaragoza, LPH “se convirtió en un centro de información y de relaciones de todos los grupos no individualistas y en tribuna pública de los grupos anarquistas desde 1897” (1996: 163), su influencia dentro del movimiento obrero llegaría hasta 1930 y se sigue publicado hasta hoy día, aunque de forma irregular.

En el primer año de vida, LPH publicó pocos textos referentes al movimiento social de Argentina, el contenido era ocupado, principalmente, por noticias procedentes del “Viejo Mundo”; mas, al contrario de lo manifestado por Iaacov Oved, en cuanto a que la mayor parte de los “artículos eran copias y traducciones de la prensa anarquista europea” (1978: 68), se puede sostener que las firmas aparecidas, son colaboraciones expresamente para LPH, por ejemplo las de Ricardo Mella, Anselmo Lorenzo, Errico Malatesta, Pietro Gori, Saverio Merlino, quienes tejieron redes trasatlánticas de solidaridad y colaboración con los exiliados anarquistas en Argentina y Uruguay.

The Battle of Las Guasimas of June 24, 1898
Imagen 4. “The Battle of Las Guasimas of June 24, 1898” (litografía). © Kurz y Allison, c. 1900

En momentos de aguda represión, estas redes se activaron para apoyar con dinero o dar refugio a sus compañeros de ideas y hacer eco de los actos represivos. El caso de José Prat es ilustrativo, este catalán mantuvo estrechos vínculos con Gori, Mella, Merlino y Lorenzo. Además, Prat e Inglán Lafarga, sostuvieron correspondencia con los anarquistas españoles y cubanos radicados en Estados Unidos, los más importantes y cercanos fueron Pedro Esteve y Palmiro de Lidia, quienes, desde Nueva York y Florida, colaboraron con los anarquistas cubanos durante la guerra de independencia y remitían información a sus compañeros de Argentina y España.[16]

La Protesta Humana tenía un tiraje de entre mil y tres mil ejemplares, se distribuía en los círculos obreros y anarquistas de la mayoría de las ciudades argentinas e incluso llegaba a varias capitales de Sudamérica como Lima y Santiago de Chile, y ciudades europeas, entre ellas Barcelona, Madrid, Ancona y Florencia.

Es importante destacar que los editores de LPH fueron colaboradores de la prensa ácrata española, en específico de la catalana; en este asunto se destaca José Prat,[17] quien escribía en El Productor de Barcelona, a su llegada a Buenos Aires continuó con su labor propagandística y con el proceso organizativo entre los trabajadores y grupos anarquistas iniciado en España.

LPH estaba dirigida a incentivar la organización de los trabajadores. A diferencia de La CRO, no buscó la reconciliación de intereses, sino incentivar a los obreros a asociarse libremente como clase “para que en un día más o menos lejano se pudiera implementar el reinado de la igualdad económica y libertad humana”; no obstante, LPH reconoció la dificultad de alcanzar el socialismo libertario mientras “la burguesía no se convenza de la necesidad del reinado de paz y justicia”.[18]

La controversia entre organización y anti-organización anarquista,[19] ocupó un espacio considerable dentro de las páginas de LPH, esta se abocó a defender la postura organizadora, y en ocasiones a ridiculizar las posturas de los individualistas y los anti-organizadores. El posicionamiento de La Protesta, se vio respaldado por las mejores plumas del anarquismo internacional: Errico Malatesta, Ricardo Mella, Anselmo Lorenzo, Saverio Merlino, enviaron colaboraciones a la publicación; en una de ellas Mella expuso: “negar la necesidad de organizarse frente al enemigo organizado, o en vista de las necesidades de la producción y el consumo, es una aberración”.[20]

LPH se convirtió en el vocero del anarquismo organizado vinculado a los centros obreros, su rápido crecimiento le permitió “imponerse” a otro grupos o periódicos libertarios, en especial a los individualistas y los grupos de afinidad (anti-organizadores), no obstante, éstos sectores marginalizados, fungieron de contrapesos y críticos constantes del anarquismo relacionado con el mundo del trabajo, evitando su burocratización o “desviación” de su objetivo final: la implementación del comunismo libertario.

A contraposición de la concepción general de la época, de los anarquistas yendo por el todo o nada, Saverio Merlino[21] puntualizó que existían dos vías para acceder al socialismo, estaba “el camino de las reformas pacíficas, de las pequeñas mejoras, del progreso lento y ordenado, efectuado con el consentimiento y con la ayuda generosa de la burguesía y del gobierno o el camino de la rebeldía”; lo anterior no significaba el rechazo o negación, por parte de los anarquistas, a que los obreros mejoraran progresivamente su vida cotidiana. Los libertarios, afirmó Merlino, lucharían por la entera emancipación del obrero, pero cualquier conquista, por mínima, sería un logro arrebatado a la burguesía y demostraría a los trabajadores su capacidad de lucha, esto, al fin de cuentas, los incentivaría a ir por más; señaló:

Si estalla una huelga o una agitación entre campesinos, aunque sólo sea para obtener un mínimo avance nosotros no estaremos alejados, ni buscaremos apartarles de la lucha, sino que, al contrario, procuraremos que la huelga o la agitación se extiendan y darles fuerza y vigor, porque todo movimiento efectuado por un reducido número es débil y fácilmente aplastado. La única esperanza de triunfo para los obreros está en la unión y en la decisión con que sepan obrar.[22]

 

LPH lamentó ante sus lectores la posición de no pocos revolucionarios, de desear aguardar hasta el periodo revolucionario para modificar a la sociedad y eliminar sus múltiples vicios, justificando su apatía por el enrarecimiento del ambiente, el cual “era más fuerte que la voluntad individual”; ante ello LPH expresó la necesidad de eliminar los prejuicios “religiosos, políticos y aún económicos” antes de iniciar el proceso revolucionario, pues “si esos prejuicios no se eliminaban, se corría el riesgo de hallar a las masas, después de la revolución, tan ignorantes y viciadas como antes y, por tal, propensas a dejarse sugestionar por los reaccionarios”. De esa manera, Merlino invitó a sus oyentes a “no habituarse, ni a esperar confiados el día de la revolución para cambiarlo todo”. Los anarquistas, puntualizó, tienen el deber de “revolucionar primero el cerebro, las costumbres, los hábitos, para que en su día la reorganización de la sociedad se hallen menos prejuicios obstaculizadores a su marcha progresiva hacia la justicia y la igualdad”. [23]

Merlino concluyó su análisis apelando a sus compañeros a instruirse lo más posible y procuraran llevar sus ideas a todos los ámbitos de la vida: “infiltrar en su ser, en todos los actos de la vida íntima, en el hogar, en el taller, en el campo social y en la práctica diaria lo aprendido, y al día siguiente de la revolución, serían menos los obstáculos que nuestra misma ignorancia e inercia opondrá a la transformación social”.[24]

 

El 98 cubano: patriotismo, guerra e imperialismo

La CRO conceptualizaba a la patria como una buena madre al cuidado de sus hijos, por eso los ciudadanos le debían fidelidad y respeto. Por consiguiente, el patriotismo, era el medio idóneo para acallar las preocupaciones de partido y calmar los odios políticos. Bajo esas premisas La CRO consideró el amor a la patria el más grande de todos los afectos, el más poderoso y el más inherente a la naturaleza humana, quien no era capaz de amar a su patria era un ser despreciable “que no ama a la madre que le dio el ser y su alma estaría completamente cerrada a todos los sentimientos generosos”.[25]

Para LPH, la patria y el honor son mecanismos perpetuadores de la explotación del hombre por el hombre; además, a la patria estaba concatenado el ejército “encargado de arrebatar a la comunidad la flor de sus energías”.[26] El militarismo y el patriotismo es, a ojos de los redactores de La Protesta, una dualidad perversa erigida por la burguesía para involucrar a las masas obreras, quienes “renuncian a una parte del mendrugo que le da la «generosidad» burguesa a cambio de alzar las bayonetas y ser alimento de cañón después de haber alimentado fábricas, talleres y minas”. El proletariado, comenta LPH, no debería matarse a sí mismo en defensa de la patria, para el obrero sólo existía un enemigo poderoso “que manifiesta su saña en todos los actos de la vida, pero no se oculta tras una frontera determinada ni es oriundo de esta o de aquella nación, aquél se halla esparcido por todo el haz de la tierra y a todos los humanos ataca por igual. ¿Su nombre?: capital”.[27]

Respecto a la patria y el patriotismo, la interpretación realizada por los dos impresos nos permite elucidar desde dónde se está escribiendo, y es quizá el punto donde más se distanciaron; mientras La CRO apeló a valores patrióticos como el medio idóneo para pacificar a un país como México, con casi 50 años de guerra civil en su pasado reciente; LPH, en cambio, enunció un discurso internacionalista con la finalidad de incentivar entre los obreros radicados en la argentina finisecular, pertenecientes a un mosaico de nacionalidades, a agremiarse en torno a una organización de clase, y no en los centros con base en la identidad nacional, como el Casino Español, o en las asociaciones de los “nacionalismos periféricos”, como el Centre Catalá o el Laurak Bat.

The duty of the hour; - to save her not only from Spain, but from a worse fate
Imagen 5. “The duty of the hour; - to save her not only from Spain, but from a worse fate”,
© Louis Dalrymple, 1898. Fuente: www.loc.gov

Nuestros dos impresos asumieron una posición neutral en torno al conflicto hispano-cubano-estadounidense, pero por razones bien distintas. La CRO se ciñó a los dictados del gobierno de Porfirio Díaz, quien decretó una neutralidad disimulada ante el conflicto hispano-cubano, pero beneficiosa hacia España. A pesar de ello La Convención no dejó de publicitar su posición pro-cubana y pro-intervención norteamericana.[28]

Pocas semanas antes de estallar la guerra entre España y los Estados Unidos, La CRO reprodujo un suelto distribuido por las calles de la ciudad de México, firmado por Jesús Porchini, fundador y presidente de la Sociedad Infantil Mutualista; el escrito declaraba ser favorable a Cuba y su independencia, pues eso era estar de lado de la justicia, debido al agobiante y entorpecedor poder impuesto por la monarquía española, esa la tiranía ibérica que entorpecía la prosperidad progresista de la isla caribeña.[29] Aunado a ello se ponía el acento en la posibilidad de que Cuba no alcanzara su independencia, y fuera anexada a los Estados Unidos.[30]

La CRO informó de la adhesión de las clases productoras a la causa cubana, no obstante, una minoría poderosa se oponía al sentir popular y amenazaba a quienes lo expresaban, tal fue el caso del periódico ibérico El Español; este impreso, patrocinado por la colonia española, amedrentó a los obreros mutualistas por haber externado, durante los festejos del XXI aniversario de la sociedad mutualista Unión y Amistad, sus anhelos de ver una Cuba libre de la dominación española. Ante la amenaza, La CRO replicó que Cuba sería libre completamente, pues la autonomía ofertada por el ministro Sagasta era una burla a las instituciones de un pueblo soberano, España sabía de antemano “que Cuba no podía ser más tiempo suya dado que los Estados Unidos había decidido intervenir, por esa razón era inútil hacer tentativas para pacificar Cuba”.[31] y le señaló a El Español y a la colonia española asentada en México: “sería honroso para España reconocer la independencia de la isla que durante 400 años tuvo sujeta, convencida de que es incapaz de seguirla dominando, y no recurrir a la ridícula autonomía que nadie ha aceptado. Este acto no acusaría debilidad, sino el reconocimiento de un derecho”.[32]

Al discurrir el conflicto, La CRO abandonó su optimismo de los primeros meses del 98, ante el inminente choque de los dos imperios afirmó: “el resultado no será favorable a la independencia de Cuba”; para ilustrar sus dichos reprodujo una parte del discurso del senado norteamericano y del presidente McKinley, quienes invocaron “a la civilización y humanidad”, para intervenir en el conflicto hispano-cubano pero sin reconocer la independencia de la mayor de las Antillas, por consiguiente “los insurrectos cubanos lo seguirían siendo, pues los Estados Unidos no los reconocería como tales, ni al gobierno civil ni a las bases constitucionales que se habían dado”.[33]

Bajo ese argumento, La CRO defendió a la República de Cuba en armas y la comparó con el proceso de independencia mexicano, en específico con Morelos y el Congreso de Chilpancingo, donde, a decir de La CRO, estaba representada la voluntad de la nación mexicana: “otro tanto han hecho los insurrectos de Cuba; sin embargo, el presidente McKinley desconoció ese gobierno para fundar su negativa a la independencia de Cuba”.[34]

LPH, al tenor de La CRO, se remitió al ejemplo del José de San Martín y su lucha libertadora para demostrar su adhesión a la causa cubana:

San Martín, dotado de un espíritu positivamente liberal, como lo prueba el haber peleado abnegadamente para libertar de los opresores a todos los pueblos sud-americanos sujetos a España y siendo vencedor, no se reviste ni acepta poder ni autoridad, ni aún de sus propios coterráneos. Obró desinteresadamente, por puro amor a la libertad, en el móvil que lo agita la intención de querer formar pueblos libres habitados por hombres libres. San Martín, como Garibaldi, aparecen en un período histórico en el cual las escuelas económicas se hallan en gestación; los hubiésemos tenido en este fin de siglo y ambos serían concienzudamente ácratas, pues su espíritu expansivo y humanitario, cerniéndose por encima de toda preocupación, los hubiera hecho ver que de nada sirve la acción política para emancipar al hombre, mientras subsista la esclavitud económica.[35]

 

LPH y La CRO apoyaron, con sus reservas, la intervención de los Estados Unidos en la guerra. De esa manera, afirmó LPH, se terminaría “la oprobiosa dominación española”; además consideró la intervención como una acción humanitaria en favor de las colonias españolas dentro del terreno político: “pues una vez apartadas de la influencia embrutecedora de España, vivirían en un ambiente menos despótico, donde los oprimidos podrían prepararse mejor, hacia la evolución de aspiraciones libertarias”.[36]

Por su parte La CRO observó en el “anexionismo” norteamericano un “beneficio reclamado por la justicia, la humanidad y la civilización (…) sin otro móvil que romper las cadenas de un pueblo esclavizado durante cuatro siglos”.[37] No obstante estos juicios dentro de La CRO se intercalan con la desconfianza y la esperanza; los convencionistas ven una Cuba bajo el manto protector norteamericano, esto le “permitiría a los cubanos constituirse en una nueva república”; empero, en el mismo artículo, afirmaron: “la guerra iniciaba no se basa en una guerra salvaje, ni en el sostenimiento de un derecho ajeno, sino en la ocupación del territorio para más tarde, por razones de conveniencia y a pretexto de civilización, formar una nueva entidad federativa agregada a la unión americana”, y se congratuló por el rechazo de “los patriotas cubanos, quienes declararon que no pidieron ni aceptarían ninguna intervención del Norte”.[38]

LPH divulgó su primera nota de la guerra hispano-cubano-estadounidense el 1ro de mayo y está relacionada con la situación en España; declarada la guerra, arguyó La Protesta, los patriotas españoles serían felices, pues meses antes pregonaron por las calles de Madrid y Buenos Aires “la guerra contra los yankees”. Para LPH existieron dos razones por las cuales los estadounidenses intervinieron en el conflicto hispano-cubano, la primera, evitar el quebranto de los intereses de la Unión; la segunda, apoyar a los cubanos en su lucha contra la intransigencia española, y, de ese modo, ayudar al pueblo cubano a dotarse de un gobierno “a su gusto”.

Al tocarse los clarines de guerra, LPH se mostraba cauta en señalar al posible vencedor, sin embargo, refirió, Cuba seguiría sometida, ganara quien ganara, a los dictados no de Estados Unidos, ni de España ni aún incluso de los guerrilleros cubanos, sino a los del capitalismo y la autoridad, así “el pueblo que hoy en ella lucha por la libertad será tan oprimido y explotado como el de las demás naciones; la libertad no se consigue cambiando de amo o gobierno, sino prescindiendo de él y de sus leyes y arreglando el pueblo por sí mismo sus asuntos”.[39]

El 15 de mayo LPH abordó la guerra hispano-cubano-estadounidense de manera detallada, si bien antes había dado algunas notas pequeñas estás aparecieron en la sección de misceláneas o en la concerniente al movimiento social de Europa. En su editorial del 15 de mayo LPH, se declaró neutral, reiteró su desafecto por los dos imperios en pugna[40] y su simpatía por los mambises cubanos, de estos, apuntaron sentir admiración y reconocieron sus esfuerzos revolucionarios y emancipatorios, aunque lamentaban el limitado concepto de libertad que les guiaba, pues la insurrección de los guerrilleros era ante todo una revolución política y deseaban, por ello, derribar un gobierno emanado de Castilla e instaurar uno salido de sus propias filas, ese hecho no cambiaría su situación de oprimidos y explotados.

Con la injerencia de los Estados Unidos, comentó LPH, la lucha de los cubanos se desvirtuó debido a la actitud de los norteamericanos, la cual no era “precisamente de solidaridad, pues a McKinley no le interesa la campaña de Máximo Gómez y los suyos si no evitar la prolongación de la guerra”. La nueva etapa del conflicto, afirmó LPH, no respetaba en absoluto los ideales de José Martí ni de Antonio Maceo. Estos, refiere LPH, luchaban por la independencia de su pueblo, por la libertad, aunque limitada. La Protesta ve en la empresa iniciada por los Estados Unidos una nueva forma de colonialismo, que no permitiría una Cuba libre e independiente, sino sumisa y dependiente del poder del norte: “Norteamérica había demostrado una vez más su instinto egoísta y sus deseos de dar en América los mismos pasos que su mamá Inglaterra en Europa, y ha puesto de relieve, al propio tiempo, la brutalidad de los colosos”.[41]

La CRO nunca mencionó la palabra colonialismo, a este le nombró anexionismo. Así, para La convención “el anexionismo” de los Estados Unidos se inició con la guerra de 1847 contra México, su segundo paso fue su expansión hacia el Oeste a costa de los “indios” y su objetivo era “hacerse de las islas antillanas, después seguiría el continente en su conjunto”.[42] Para ilustrar su comentario La Convención profirió que los Estados Unidos, seguía el ejemplo de las naciones poderosas, las cuales han sido causantes de espantos y épocas luctuosas entre los pueblos débiles, a consecuencia de sus conquistas emprendidas “hace cuatro siglos bajo el derecho de conquista era respetado y sancionado como legítimo”, pero el mundo estaba progresando y no era posible mantener esos atracos a las naciones soberanas, por pequeñas y débiles que fueran, no obstante, escribió La CRO, se siguen cometiendo esos crímenes ya no escudados en el “derecho de conquista”, sino bajo una nueva modalidad revestida por “un carácter aún más horripilante, porque a la hipocresía se aduna un ataque al derecho ajeno. Ese pretexto es la negación sugestionada e impuesta por la ambición encubierta de los «civilizadores»”, La CRO, se apega bastante a lo sostenido por La Protesta, y sentencia:

Amparada en la política humanitaria y civilizatoria la omnipotente Rusia se anexó a Polonia porque ese pedazo de tierra le estorbaba en sus fronteras, además, porque en el colmo de la filantropía no podía ser indiferente ante la impotencia que para gobernarse tenían los polacos. La Europa entera, cuyo terreno nacional apenas es bastante para proporcionar a sus habitantes medios propios para su enriquecimiento se anexa a los pueblos más lejanos del globo, llevándoles, es verdad, la civilización, que poco les ha aprovechado, si no es para arraigar más sus cadenas.[43]

 

Bajo esos supuestos La Convención observó en la política asumida por Estados Unidos un “espejo del accionar de las naciones del Viejo Mudo”, inaugurada por la “lujuria conquistadora”, que en los Estados Unidos encontró su correlato en la “anexión”. Ante el avance neo-colonialista de los Estados Unidos, y de las llamadas naciones “modernas”, La CRO se interrogó si gracias al principio filantrópico de la “anexión” han progresado los pueblos sometidos por otra nación en nombre de la civilización; se respondió que sí, pero siempre en provecho de las naciones fuertes, esto le llevó a exclamar: “¡que la solución del conflicto hispano-americano sea propicia a la libertad de los pueblos esclavizados!”.[44]

El neo-colonialismo, visto desde la LPH, encontró sus orígenes en la exaltación del nacionalismo y el militarismo, a ese dualismo lo bautizó como el “imperio del sable”:

Él domina en Francia dirigiendo su afilado punto a la cabeza del «judío» [caso Dreyfus] en espera de un mejor blanco prusiano. De Alemania, nada digamos. Aquello es un vasto cuartel… de embrutecimiento. A sablazos Rusia se ha comido varias Polonias y se apresta a dar tajos sobre China. Inglaterra sablea a mansalva toda la India. Italia sableó una parte de África, y sablearía aún, si el África, con su Manelick a la cabeza, no la hubiera sableado a ella. España reparte tajos y mandoblazos en Filipinas y Cuba (…) Europa, Asia y África, es un inmenso campo de batalla en cuyo seno se siembran cadáveres cual guisantes (…) Y, Norteamérica, la industrial, burguesa por excelencia, se nos ha vuelto belicosa con miras más o menos humanitarias.[45]

 

En relación con las secuelas de la guerra, LPH y La CRO comparten perspectiva, ambas publicaciones sostienen que las consecuencias inmediatas serían la inconformidad popular en España y la amenaza imperialista de los Estados Unidos.

LPH se “congratuló” de la derrota hispana, la cual sería provechosa para provocar una conmoción violenta en el pueblo ibero, esto le sacaría de sus preocupaciones tradicionales y tiránicas. Esas “revueltas”, llevarían a los peninsulares a darse “cuenta que han derramado lujosamente su sangre, no en aras de la patria, sino en apoyo de un gobierno reaccionario”. Sólo así, afirmó LPH, el proletariado comprendería “que esa burocracia sin entrañas cuya patria es el abdomen, que explotaba y esquilmaba a las colonias, es la misma que explota y esquilma a las provincias y municipios. [46]

La CRO, por su parte, vaticinó una serie de convulsiones sociales en suelo español debido al rotundo fracaso de la monarquía ibérica; para los Estados Unidos auguró una “futura grandeza, su ambición le llevaría a empresas más atrevidas que las recién consumadas”, la próxima sería su preponderancia en el vasto continente americano, luego le seguiría Asia y aún la propia Europa caería en sus garras por medio de su comercio.[47]

El Hijo del Ahuizote (México), núm. 645, 04-09-1898.
Imagen 6. El Hijo del Ahuizote (México), núm. 645, 04-09-1898.
Fuente: www.hndm.unam.mx

La intervención norteamericana para salvar a Cuba de la opresión española, según el decir de McKinley, sólo fue un pretexto para apoderarse del mar de las Antillas, escribió La CRO, acotando que no debía culparse a los revolucionarios cubanos; sino a España por haber despertado el “instinto expansionista de los Estados Unidos, por no ser previsora y errar en su política colonial; en definitiva, si hubiese estado apegada a la justicia y al derecho, otorgando la libertad a Cuba, se hubiera evitado la humillación”, y, más importante, no tendría:

El remordimiento de haber dado margen al desorden de la ambición del norte (…) puesto que pudiendo tener en Cuba una aliada y por ende un centinela avanzado que vigilara el avance invasor del norte, al perder a la Perla de las Antillas, España le abrió las puertas al «anexionismo» norteamericano hacia América Latina, la perspectiva que tenemos a la vista, nada halagadora es para los intereses de América Latina.[48]

 

La CRO achacó a España, el haber confiado, para iniciar y sostener la guerra, sólo en sus fuerzas morales sin tener en consideración el avance de la ciencia y la técnica aplicada al arte de la guerra, según La Convención eso “le costó y le seguirá costando, por su férrea creencia de que el siglo XIX tiene algún símil con el XVI”.[49]

En este punto concordaron La CRO y LPH, esta publicó:

Cuando el mundo se regía por teólogos podíamos y fuimos los dueños del mundo, pues nuestra nación los produjo en abundancia. Pero ahora que las naciones se rigen por algo más positivo, todas han progresado y modificándose, los españoles que aún estamos como estábamos, debíamos forzosamente quedarnos rezagados en todo y rezagados hemos quedado: en religión, en política, en administración en cultura, en militarismo, en todo, en suma. [50]

 

LPH señaló que el desastre de la guerra “muy honroso, pero inevitable”, sorprendió a un pueblo embriagado con el bálsamo de la gloria a la patria y el honor nacional, la derrota monárquica, sentenció La Protesta, demostró el engañó urdido por la opinión pública, esta construyó, en contubernio con la burguesía, la idea de una poderosa monarquía y una supuesta debilidad de los Estados Unidos, no conforme, añadió LPH, envalentonó a los españoles afirmando que irían a luchar contra “cerdos y mercachifles”, contra una nación compuesta “de aventureros sin ejército ni marina”, de esa forma, LPH culpó a los gobernantes y capitalistas peninsulares por aprovecharse del “pobre Juan-sin-patria en la guerra, pintándole una cosa fácil la victoria sobre la nación rival”,[51] la sorpresa: unos Rough Riders admirablemente armados y equipados, aplastó sin dificultad a un ejército pobre y sin preparación.[52]

 

Conclusiones

En el presente artículo se demostró cómo dos periódicos obreros, elaborados desde posturas política/ideológicas tan distanciadas y creados en espacios geográficos separados, con objetivos y finalidades en contraposición, arribaron a conclusiones parecidas en lo relativo al conflicto hispano-cubano-estadounidense. En este asunto son pocos los puntos y temas de confrontación.

La Protesta y La Convención fueron favorables a la independencia de Cuba, demostrando un marcado anti-hispanismo, a pesar de que la mayoría de los redactores de LPH eran de origen español; una respuesta se encuentra, no sólo en las ideas libertarías de estos, sino, ante todo, por ser ellos mismos víctimas de las “bayonetas de la patria”; por su parte La CRO se mostró favorable a los Estados Unidos y contraria a España, por el hecho de considerar a Norteamérica el modelo perfecto de república liberal y democrática, un ejemplo a seguir para México y América Latina, mientras a la península se le atribuyó el haber sembrado el atraso y el oprobio.

En el tema de la organización de los trabajadores y la forma de régimen social ideal, los periódicos se distanciaron considerablemente; lo anterior se ve reflejado en la forma de presentar los artículos: en La CRO los redactores no se identifican, o asumen, como obreros; al contrario de LPH, donde se redactó destacando siempre el «nosotros». Esto se explica por la ocupación de quienes escriben, los colaboradores de LPH son obreros, tipógrafos, panaderos, electricistas, etc.; mientras los “publicistas” de La CRO fueron obreros ascendidos a cargos de “burócratas”, comisionados para llevar la representación de las sociedades mutualistas, no es extraño, por tanto, ver a un sólo personaje representar a varias sociedades; el caso paradigmático de estos proletarios advenidos en políticos y/o empresarios fue Pedro Ordoñez, quien era presidente de la Benemérita Mutua del ramo de sombrerería, vicepresidente de La Convención, presidente del Congreso Obrero de la República Mexicana, dueño de zapaterías, una imprenta (a nombre de su hijo) y regidor del ayuntamiento de la ciudad de México.

 

Notas:

[1] “El laúd del demócrata”. La Convención Radical Obrera (México), 26 de febrero de 1899.

[2] Con lo anterior expuesto, sostengo que la prensa proletaria puede analizarse en tres grandes dimensiones: en primera, interrogarla sobre cuestiones económico/sociales; en segunda, adentrarnos al mundo de las ideas, e ideología, sostenidas por los trabajadores; y, por último, visibilizar las culturas políticas de las clases subalternas.

[3] “Periodismo”. La Convención Radical Obrera (México), 15 de mayo de 1898.

[4] León Tolstoi, “El patriotismo”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 6 de marzo de 1898.

[5] El conflicto hispano-cubano-estadounidense está cruzado por dos hechos donde los anarquistas tuvieron un papel que impactó a los países contendientes, el primero de ellos es el asesinato de Antonio Cánovas del Castillo en 1897, a manos de ‎Michele Angiolillo; y el segundo, es la ejecución de William McKinley, perpetrado por el libertario Leon Czolgosz en 1901.

[6] Hart afirmó que La Convención “insistía en sentimientos socialistas libertarios, la no violencia y el éxito de las sociedades mutualistas” (Hart 1974: 67).

[7] “Discurso”. La Convención Radical Obrera (México), 13 de febrero de 1898.

[8] “El banco de avío y los de préstamos”. La Convención Radical Obrera (México), 13 de febrero de 1898.

[9] “Otra huelga”. La Convención Radical Obrera (México), 20 de febrero de 1898.

[10] “El mismo asunto”. La Convención Radical Obrera (México), 27 de febrero de 1898.

[11] Plutarco Elías Calles, “Raza desgraciada”. La Convención Radical Obrera (México), 6 de noviembre de 1898.

[12] La CRO publicó una serie de artículos en los que describe la explotación de la clase proletaria, urbana y rural, mexicana: “Explotación infame de la clase proletaria mexicana”. La Convención Radical Obrera (México), 24 de abril de 1898; 15 de mayo de 1898; 19 de junio de 1898 y 10 de julio de 1898.

[13] “Explotación infame de la clase proletaria mexicana”. La Convención Radical Obrera (México), 24 de abril de 1898; 15 de mayo de 1898; 19 de junio de 1898 y 10 de julio de 1898.

[14] “¿La asociación mutualista puede producir la regeneración del proletariado mexicano?”. La Convención Radical Obrera (México), 3 de julio de 1898.

[15]“Una grave amenaza para el mutualismo en México”. La Convención Radical Obrera (México), 6 de febrero de 1898.

[16] Una breve biografía de estos personajes se puede consultar en (Íñiguez 2001).

[17] José Prat firmó varios de sus artículos, en La Protesta Humana, bajo el pseudónimo de Urania (Tarcus 2007).

[18] Urania, “¿...…?”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 13 de febrero de 1898.

[19] Este debate estuvo centrado en si los anarquistas debían o no involucrarse con el movimiento obrero, los organizadores sostenían la necesidad de trabajar desde los organismo proletarios e incentivarlos a adoptar los principios del anarquismo; por su parte los anti-organizadores, a quienes no se les debe de confundir con los individualistas, preferían trabajar por medio de grupos de afinidad, es decir núcleos netamente libertarios en busca de un fin determinado, obviando por tal, la lucha de los trabajadores.

[20] Ricardo Mella, “Aberraciones II”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 27 de febrero de 1898.

[21] LPH divulgó una serie de artículos de Francesco Saverio Merlino, explicando qué es el anarquismo, en su quinta entrega debatió sobre el reformismo y la revolución, un tema por demás importante en la esfera anarquista rioplatenses, pues a fines del siglo XIX se estaba construyendo el anarquismo de “masas” que trajo consigo el reflujo de los grupos anti-organizadores y los individualistas.

[22] S F Merlino, “¿Por qué somos anarquistas?”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 20 de febrero de 1898.

[23] José Prat, “Preparémonos”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 6 de marzo de 1898.

[24] Ídem.

[25] J T Vázquez, “El verdadero patriotismo”. La Convención Radical Obrera (México), 16 de octubre de 1898.

[26] Altair, “La escuela del crimen”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 12 de junio de 1898.

[27] Altair, “Entusiasmo nefando”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 1 de abril de 1898.

[28] En principio publicó un artículo sobre el origen de la bandera cubana Origen de la bandera cubana. La Convención Radical Obrera (México), 27 de febrero de 1898.

[29] Jesús Porchini, “Partidos”. La Convención Radical Obrera (México), 27 de marzo de 1898.

[30] “España y los Estados Unidos”. La Convención Radical Obrera (México), 10 de abril de 1898.

[31] Jesús Porchini, Partidos. La Convención Radical Obrera (México), 27 de marzo de 1898.

[32] “La independencia de Cuba”. La Convención Radical Obrera (México), 27 de febrero de 1898.

[33] “Lo del día”. La Convención Radical Obrera (México), 17 de abril de 1898.

[34] Ídem.

[35] Dr. Nord-Grand, “Obsesión patriótica”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 1 de mayo de 1898.

[36] Dr. Vinedre, “España, Estados Unidos, Cuba y Filipinas”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 29 de mayo de 1898.

[37] “La guerra”. La Convención Radical Obrera (México), 22 de mayo de 1898.

[38] “Lo del día”. La Convención Radical Obrera (México), 17 de abril de 1898.

[39] “Misceláneas”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 1 de mayo de 1898.

[40] M, “La guerra hispano-norteamericana”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 15 de mayo de 1898.

[41] M, “La guerra hispano-norteamericana”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 15 de mayo de 1898.

[42] “La guerra”. La Convención Radical Obrera (México), 22 de mayo de 1898.

[43] Ídem.

[44] Ibídem.

[45] Urania, “El reinado del sable”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 18 de marzo de 1898.

[46] Dr. Vinedre, “España, Estados Unidos, Cuba y Filipinas”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 29 de mayo de 1898.

[47] “La paz hispano-americana”. La Convención Radical Obrera (México), 28 de agosto de 1898.

[48] “La paz hispano-americana”. La Convención Radical Obrera (México), 28 de agosto de 1898.

[49] “Fin de la guerra hispano-americana”. La Convención Radical Obrera (México), 21 de agosto de 1898

[50] Urania, “Desde España”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 4 de septiembre 1898.

[51] Urania, “Ecos de España”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 12 de junio de 1898.

[52] Urania, “Desde España”. La Protesta Humana (Buenos Aires), 4 de septiembre 1898.

 

Bibliografía:

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Hemerografía:

  • La Convención Radical Obrera (1898-1899)
  • La Protesta Humana (1898-1899)

 

Cómo citar este artículo:

RODRÍGUEZ TREJO, Daniel, (2019) “El 98 cubano: una mirada desde la prensa obrera”, Pacarina del Sur [En línea], año 10, núm. 38, enero-marzo, 2019. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Sábado, 19 de Octubre de 2019.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1707&catid=5

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