Pacarina del Sur
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Desposesión, metabolismo social y Territorio: Resistencias y re-existencias en Chiapas, México

Dispossession, social metabolism and Territory: Resistance and re-existences in Chiapas, Mexico

Dispossession, metabolismo social e Território: Resistência e re-existencias em Chiapas, México

Agustín Ávila Romero[1] y León Enrique Ávila Romero[2]

Recibido: 29-06-2016 Aprobado: 17-08-2016

Resumen

Resumen: En el presente texto se describen los procesos de resistencia que han desarrollado los pueblos originarios, ante la profundización del proceso de acumulación por desposesión, el territorio se ha convertido en una arena de disputa en el que se defienden los bienes comunes como el agua, la tierra, los bosques, y el derecho a la vida y al cuidado de la madre tierra. En su voracidad el sistema capitalista busca el despojo territorial, y la mercantilización de la naturaleza.  Ante esto han surgido procesos de economía solidaria y social, que propugna por el establecimiento de relaciones no capitalistas, el trueque y la creación de otras monedas nos marca la posibilidad de construcción de otro tipo de relaciones económicas.  La propuesta del Buen Vivir y de las Juntas de Buen Gobierno en Chiapas marcan la posibilidad de construcción de un horizonte alternativo, no de manera sencilla y fácil sino con toda la complejidad de un sistema económico desigual que se niega a fallecer, y en el que las resistencias y luchas de miles de mexicanos forman parte de la creación y construcción cotidiana de un paradigma alternativo civilizatorio.

Palabras clave: Desposesión, metabolismo social, resistencia, disputas territoriales.

 

Introducción

México es uno de los países megadiversos del planeta, en su territorio se conjugan especies biológicas de dos eco-regiones de suma importancia neo-tropicales y neárticas, dicha conjunción da una particularidad que genera múltiples endemismos, y que llevan a una situación en el que nuestro país aparece entre los primeros lugares en biodiversidad mundial de reptiles y anfibios, de mamíferos y de plantas vasculares. (Boege, 2008).

Dicha biodiversidad existe gracias a la presencia del conocimiento ancestral de los pueblos indígenas , los cuales han desarrollado una memoria biocultural (Toledo & Barrera, 2008) , que ha permitido que amplias zonas del país se hayan convertido en auténticas zonas de refugio en el que se ha conservado no solos bosques, selvas y diversos ecosistemas, sino que se ha permitido el desarrollo de una agricultura y gastronomía, que fue reconocida en el año 2010 como patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO por su riqueza e importancia. Actualmente este patrimonio se encuentra en riesgo debido a la destrucción por el proceso de la modernización y de globalidad económica, los cuales vienen implementando la imposición de prácticas de “agricultura convencional” con el uso de agroquímicos generando una profunda erosión genética y cultural, ocasionando una fuerte presión sobre las tierras forestales en las que descansa parte del patrimonio natural de México.

Mediante esta ponencia buscamos analizar los procesos de expansión geográfica y de despojo que se han puesto en marcha en Chiapas, donde destacan los procesos de reconversión productiva, la minería y el turismo. Y por el otro lado, los procesos de resistencia y de re-existencias que mantienen los habitantes de comunidades rurales contra dichos procesos.

 

Desposesión y metabolismo el capital

El sistema capitalista se caracteriza por atravesar una gran crisis producto de las contradicciones en que se desenvuelve, no hablamos solamente de cuestiones económicas sino también del alto grado de depredación de la naturaleza que le es común y sobre todo de una crisis social y cultural que se reflejan en una desigualdad económica y social sin precedentes.

Hablamos así de una gran transformación que se caracteriza por procesos migratorios sin precedentes –éxodos enteros de poblaciones-, la apertura de nuevos espacios de manera violenta a  los procesos de acumulación de capital, generando tres procesos claramente: 1)la disposición de nueva  mano de obra al ejercito industrial de reserva mundial con lo cual se presionan a la baja los salarios y aumentan las ganancias de las grandes empresas;  2) la utilización de territorios como reservorios de recursos naturales –minerales, petroleros y genéticos fundamentalmente- para los  procesos de explotación y acumulación  sin historiales similares y 3) la creación de nuevos mercados para las mercancías que provienen del excedente de capital de las grandes empresas trasnacionales, la generación de esto último recae también fundamentalmente en el uso del crédito, la financiarización  y el endeudamiento como mecanismo dominador de las vidas de muchas personas en los países no centrales.

Esto lo explica David Harvey(2004) como la tendencia del sistema capitalista a engendrar crisis de sobreacumulación de capital, donde despliega  excedentes de capital (expresado como una sobreabundancia de mercancías en el mercado que no pueden venderse sin pérdidas, como capacidad productiva inutilizada, y/o excedentes de capital-dinero que carecen de oportunidades de inversión productiva y rentable)  y excedentes de trabajo (creciente desempleo)  que conviven sin verse claramente en la posibilidad de combinarse forma ventajosa.

Para hacer frente a la crisis capital y utilizar por tanto los excedentes, el capitalismo despliega el proceso de expansión geográfica y de reorganización espacial que busca incorporar nuevos territorios a las dinámicas de valorización de capital y por tanto de explotación y desposesión de aquellos espacios que mantienen prácticas subordinadas pero diferentes a la lógica de los dueños del dinero, como son esencialmente las relaciones sociales y económicas que se establecen en tierras campesinas e indígenas.

Para Harvey  un elemento fundamental son los ajustes temporales a través de inversiones de capital en proyectos de largo plazo o gastos sociales, o mediante, desplazamientos espaciales a través de la apertura de nuevos mercados, nuevas capacidades productivas y nuevas posibilidades de recursos y de trabajo en otros lugares, o señala también, que mediante una combinación de los mismos.


Imagen 1. Foto de los autores.

Resultado de esta expansión geográfica una parte importante del capital se está enfocando a despojar a los pueblos de sus riquezas naturales. Selvas, minas, recursos hídricos, diferentes vertientes de la naturaleza  y los sistemas de sabiduría originaria hereditarias de los pueblos indígenas asociados al uso de bienes comunes  están perdiendo el carácter de bienes colectivos que por siglos han mantenido para beneficio de la humanidad, convirtiéndose en propiedad privada y por lo mismo en mercancía. (Ávila, 2013).

Esta nueva dinámica de conquista territorial sobre lugares indígenas y campesinos ha generado un gran proceso de resistencia y re-existencia en diferentes parte de América Latina, por eso observamos cada vez más movimientos socio-ambientales plenamente dispuestos a defender la tierra, el territorio, la vida y la ecología.

 La acumulación por despojo se canaliza así a través de dos estrategias principales: (1) privatización de bienes y servicios públicos, comprende áreas muy variadas como transporte, petroquímica, sistema de seguridad social (salud, educación, vivienda); y (2) transformación de la tierra en mercancía, que contribuye a la destrucción de los fundamentos materiales y culturales de las antiguas civilizaciones, incorpora a la naturaleza y al conocimiento en el ámbito del capital en un mundo globalizado, y conduce a la apropiación privada de saberes tradicionales (Roux, 2007)

El funcionamiento del capitalismo en la actualidad hace necesario por tanto este proceso de expansión y de geocolonialidad para que las grandes empresas trasnacionales puedan por una parte relocalizar muchas de sus inversiones para hacer frente a sus problemas de rentabilidad, a través de una extracción de plusvalor sin precedentes, -super explotación del trabajo le llama Ruy Mauro Marini (1994)- y por otro lado llegar a nuevos mercados de consumo que les permitan maximizar sus ganancias.

De esa forma “para no desaprovechar el capital que carece de un retorno rentable y productivo arriesgándose a una devaluación, se expanden las fronteras de apropiación a formas “precapitalistas” de vida valiéndose de métodos como la política colonial, el sistema de empréstitos internacionales, la primacía de intereses privados o la guerra”. (Echeverri, 2014: 112)

En ese sentido, las reservas ecológicas o áreas naturales de conservación se convierten así ya no en espacios vacíos o sin valor económico para el proceso de reproducción del capital. En la actualidad dichas zonas pasan a tener un valor económico fundamental basado en los grandes potenciales de material genético que poseen,  la diversidad biológica asociada a la industria química y farmacéutica, el ecoturismo o como dinámica de acaparamiento de tierras rumbo a la especulación inmobiliaria o los distintos tipos de comoditties que poseen en sus entrañas. Punto fundamental también es la visión capitalista de esos territorios como sumideros de carbono dentro de los mercados de emisiones y de mitigación de los gases de efecto invernadero.

A todos estos procesos de dominio de las territorialidades los denominaremos el nuevo proceso geo-colonial sobre los patrimonios bioculturales fundamentales de América, Asia y África. Ya que no solamente se trata de aprovechar los recursos naturales espaciales de esos territorios sino también de construir nuevas pautas de comportamientos socio-culturales y de re-educación en dichas zonas.

La naturaleza se ha convertido así en una fuente de ingresos económicos extraordinarios que está generando alianzas hasta hace unas décadas insólitas entre empresas, Organizaciones no Gubernamentales supuestamente de conservación ambiental, gobiernos y donantes internacionales, para apropiarse de los territorios bioculturales de pueblos afro-indo-asiáticos y americanos. Vivimos un proceso de acaparamiento de tierras sin precedentes.

Pero este aprovechamiento de la naturaleza está relacionado con una contradicción básica del capitalismo que ya había señalado Marx, desde el siglo XIX ya había ubicado que la agricultura capitalista industrializada constituía nada menos que una fractura en la relación metabólica entre los seres humanos y la naturaleza. Bellamy Foster la sintetiza así:

Con la preponderancia incesantemente creciente de la población urbana, acumulada en grandes centros por la producción capitalista, ésta por una parte acumula la fuerza motriz histórica de la sociedad, y por otra perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra, esto es, el retorno al suelo de aquellos elementos constitutivos del mismo que han sido consumidos por el hombre bajo la forma de alimentos y vestimenta, retorno que es condición natural eterna de la fertilidad permanente del suelo. (…) Pero a la vez, mediante la destrucción de las circunstancias de ese metabolismo, (…) obliga a reconstituirlo sistemáticamente como ley reguladora de la producción social y bajo una forma adecuada al desarrollo pleno del hombre.(…) Todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte deesquilmar el suelo; todo avance en el acrecentamiento de la fertilidad de éste durante un lapso dado, un avance en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa fertilidad. (…) La producción capitalista, por consiguiente no desarrolla la técnica y la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador. (Foster, 2014)

 

Este nuevo proceso de apropiación de territorios profundiza la crisis ecológica global, ya que la relación humana-metabólica con la naturaleza se realiza a expensas de los ecosistemas del mundo lo cual ocasiona el cambio climático, por ejemplo.

En el caso del estado de Chiapas en México es claro el proceso de expansión geográfica que se ha puesto en marcha y que se encuentra enmarcado dentro de planes trasnacionales como el Plan Mesoamérica y la declaratoria de Zonas Económicas Especiales que se ha dado recientemente y que viene a construir una reconfiguración territorial sin precedentes.

La reciente aprobación y puesta en marcha de la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales (Publicada en el Diario Oficial de la Federación de México el 01/06/2016) que otorga una serie de beneficios fiscales, aduaneros y financieros a las empresas extranjeras que decidan hacer uso de la infraestructura que se encuentra en el Puerto  Chiapas, forma parte de la estrategia de control, dominación y subordinación a cualquier acto de protesta social.

Ya que dichas zonas no sólo vienen a entregar parte de nuestro territorio nacional a empresas extranjeras sino que sobre todo vienen a modificar la forma de vida campesina e indígena que se encuentra mayoritariamente en dichos estados. En ese sentido prácticas que promueven valores colectivos, el apego al territorio y acciones culturales de reafirmación étnica y de relación armónica con la naturaleza son enemigos de este nuevo proceso de colonización y de cerco sobre los bienes comunes que se promueve desde el ejecutivo federal y sus grandes socios trasnacionales. (Ávila, 2016)

Es de llamar la atención que las Zonas Económicas Especiales implicarán también ordenamientos territoriales de las comunidades campesinas cercanas a la costa de Chiapas, en ello ya se contempla claramente propiedades mixtas de la tierra para los impulsos agroindustriales, mineros, hidro-energéticos y de construcción de infraestructura que ya se visualizan en el sur-sureste.  Y que vienen a ubicar a estas regiones dentro de la estrategia extractivista para saquear sus minerales, petróleo, agua y fuerza de trabajo.

Para todo ese proceso de reconfiguración territorial y de acumulación por despojo que se viene, la existencia de una organización gremial como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que ahora suscita un amplio apoyo popular a sus demandas es un estorbo y por dichas razonas se dio la masacre de Nochixtlan, Oaxaca el 19 de junio del 2016.

Los procesos de expansión geográfica y de despojo que se han puesto en marcha en Chiapas, giran alrededor de tres ejes principales: los procesos de reconversión productiva, la minería y el turismo.

La reconversión productiva forma parte de un proceso colonial en el que se busca fundamentalmente como en una “cruzada de la modernidad” que amplias zonas del sur sureste mexicano en las que predomina fundamentalmente población campesina- indígena, pasen a formar parte de la “modernidad” es así, que la propuesta busca generar en primer término la ruptura de la economía indígena-campesina, transformando sus tierras en productos que puedan incorporarse a la “cadena de valor”.

Es así, que en Chiapas los procesos de desarrollo del trópico húmedo mexicano se han orientado principalmente a la producción de los siguientes productos: palma africana, limón, aguacate, arroz, mango, cacao, café y producción en agricultura protegida, sobresaliendo las flores y jitomate en invernadero.

Con dicha propuesta de la reconversión productiva, se busca en la lógica neoliberal abatir la producción de básicos (maíz y frijol) y favorecer en esos terrenos la siembra de cultivos de mayor rentabilidad.

En esta dinámica de rentabilidad económica, se dejan de lado los criterios ambientales, lo que genera ya graves problemas de contaminación de aguas y suelos en amplias regiones de Chiapas.

La imposición de nuevos cultivos, los cuales son exógenos a los sitios están generando fuertes limitantes, por ejemplo los impactos sociales y ambientales que el cultivo de la Palma Africana está desarrollando en el estado de Chiapas, México son relevantes. (Ávila, 2014)

Por su parte, la minería a cielo abierto que se está impulsando, se está concentrando en la sierra madre de Chiapas y en la costa del estado configurando graves desastres ambientales y un deterioro social sin precedentes. 

La implementación de megaproyectos mineros en América Latina muestra ejemplos claros del proceso de acumulación por desposesión, ello se presenta así porque la mayor parte de las inversiones mineras de capital extranjero necesitan el despojo de tierras, de los recursos naturales y de sus medios de sobrevivencia.


Imagen 2. Foto de los autores

En nuestro país 52 millones de hectáreas (25% del territorio nacional) han sido concesionadas a capital privado nacional e internacional desde el año 2000. (Roux, 2012: 8), en la mayor parte de los proyectos mineros que se han llevado a cabo ello ha ocasionado el despojo de tierras ejidales como los muestra el estudio de Garibay (2010: 142).

La presencia de las mineras en el territorio chiapaneco es relevante, de acuerdo a Ávila (2010: 51):

en  el estado de Chiapas se han otorgado un total de 97 concesiones desde el 2000 hasta agosto del 2009 con un total de 1 115 130.447 hectáreas que representan el 15.21% del territorio estatal. 37 de las 97 concesiones –el 38% del total- son vigentes hasta la década del 2050.

 

La riqueza minera de Chiapas se manifiesta en el número de concesiones que se desarrollan fundamentalmente en la Sierra Madre de Chiapas y en la región Costa- Soconusco .en el año del 2014 se registran más de 110 concesiones en el estado.

Los minerales que se explotan en el estado se dividen en no metálicos y metálicos. En el primer caso los principales productos son: caliza, arena, grava, ámbar y azufre, que es la industria extractiva que se encuentra más desarrollada en el estado de acuerdo al Sistema Geológico Mexicano, (2014), en lo concerniente a principales minerales metálicos con alto potencial de desarrollo en el estado, sobresalen la barita, el zinc, oro, plata, cobre, plomo y titanio.

En lo concerniente a las inversiones extranjeras, de acuerdo a María Fernanda Paz (2014:18):

Según el Servicio Geológico Mexicano y la Coordinación General de Minería de la Secretaría de Economía, en el año 2010 se reportaba la presencia de nueve empresas de exploración minera en la entidad; seis de ellas cana- dienses (Linear Gold Corporation; Brigus Gold; Fronteer Development Group, South Malartic Exploration, Inc., Radius Gold; Blackfire Exploration).

 

Las grandes criticas a los proyectos de minería, tienen que ver con la modalidad a cielo abierto, los cuales generan un cambio en la estética del paisaje, ocasionando grandes heridas en la superficie de la tierra. El uso de maquinaria y de explosivos han sido muy criticados por la contaminación sonora, la cual impacta no solo en los seres humanos, sino en aves y mamíferos en general, el uso de químicos en la sedimentación del material también generan fuertes críticas a esta actividad destructora del medio ambiente. (Urkidi, L., & Walter, M. 2011)

En cuanto al turismo, este se ha desarrollado para que sean las operadoras turísticas y los grandes hoteleros los beneficiarios fundamentales de las actividades económicas, en detrimento del sector social de la economía. Punto clave es el impulso gubernamental de esta actividad en los ámbitos comunitarios para el impulso de la pluriactividad de la unidad campesina y su tercerización consecuente.

El turismo se establece como una de las principales estrategias a través de las cuales el capital internacional se reproduce, sobre todo a través de la producción de nuevas mercancías turísticas, la expansión territorial y la apropiación de espacios, la segmentación de mercados trasnacionales y la integración de circuitos mercantiles de producción y consumo, en el marco de políticas y dinámicas de la globalización.

El turismo como economía y como industria se orienta sobre todas las cosas a producir lugares como mercancías de consumo turístico, de tal forma que los contenidos geográficos, paisajísticos, históricos, sociales y culturales de los lugares representan los valores materiales y simbólicos más importantes de este proceso de producción (López y Marín, 2010).

Un proceso sumamente complejo que involucra la apropiación de historias y experiencias de lugar, la producción de representaciones sociales, la invención de tradiciones y la generación de nuevos imaginarios de la naturaleza y el paisaje a través del despliegue de estrategias de mercado, que finalmente se convierten en activos económicos de la industria. Estos en su conjunto van definiendo las características distintivas de los lugares turísticos, lo que se complementa y consolida con la inversión de capitales, la especulación de la tierra y el desarrollo de los negocios inmobiliarios. (Marín, 2015: 9-10)

En el caso de nuestro país la política turística que ha impulsado el gobierno federal tiende a ofertar el turismo sobre todo en zonas de playa y lugares patrimoniales por su alto valor paisajístico, natural y cultural, dirigidos a captar visitantes de alto nivel adquisitivo provenientes fundamentalmente del extranjero.

Ello ha ocasionado diversas formas de despojo agrario en torno a las zonas de playas o de desarrollo turísticos, basado sobre todo en el negocio inmobiliario (expansión geográfica) para la construcción de casas de segunda residencia (para verano o fines de semana) o para jubilados de Estados Unidos y Canadá, básicamente.

Ello ha ocasionado que “..poco más de un millón de personas se han establecido en México, principalmente en las zonas de playas de los estados de Baja California, Baja California Sur (BCS), Sonora y Jalisco, aprovechando las condiciones climáticas y un costo de vida más barato” (Rodriguez,  2015 :137)

Un estudio realizado por la organización de la sociedad civil Alcosta (2007) indica que la mitad de las localidades limítrofes con los proyectos turísticos han tenido conflictos con estos, debido a :

  • Presiones y engaños por compra o expropiación de tierras ejidales, comunales o pequeños propietarios
  • Tensión entre la actividad turística y la agricultura, por el uso de suelo, agua y determinación del tipo de producción.
  • Exclusión de la pesca ribereña y de los pequeños pescadores, por desplazamiento de sus comunidades, por el cierre de los sitios de atraque, así como por los impactos ambientales que tienen las zonas turísticas sobre la pesquería.
  • Destrucción del hábitat, de humedales, manglares, arrecifes y la afectación de áreas naturales protegidas.
  • Ciudadanos que se inconforman por el proceso de privatización de las playas y por no poder acceder a éstas ante la apropiación de los hoteles.

 

El estudio realizado por Diego Carrión y Ricardo Sánchez (2014) ubica cuatro tipos de conflictos que el turismo ha ocasionado en torno a zonas rurales, campesinas e indígenas que es lo que puede visualizarse para el estado de Chiapas:

 1) El conflicto relacionado con el control de recursos, donde empresas turísticas de enclave suelen apropiarse de amplias zonas, incluso superiores al área efectiva de construcción, lo que genera un dinamismo inusitado del mercado de tierras. Junto con ello, se busca controlar los recursos hídricos, paisajísticos y culturales, entre otros.

2) Conflictos por la reacción de la sociedad civil ante los abusos de inmobiliarias turísticas, como la devastación ambiental que se promueve en zonas turísticas con la deforestación de manglares y el vertimiento de aguas negras a esteros y playas.

3) Conflictos inter-empresariales por contraposición de intereses. Este conflicto se da entre grandes empresas trasnacionales turísticas y pequeños y medianos empresarios turísticos que buscan mantenerse en el mercado.

4) Conflictos por precariedad laboral. El turismo es una de las actividades económicas con mayor desregulación y flexibilidad laboral, lo que permite una explotación de la mano de obra con salarios bajos, ausencia de contratos laborales y prestaciones básicas, lo cual acarrea conflictos en muchas partes.

 

Estas cuestiones tienen que observarse porque sí comparamos el año 2000 y el 2012, se ve un incremento de 144.516 turistas por cada año para el estado de Chiapas. Ello muestra un crecimiento significativo entre 1,8 millones de visitantes que recibía el estado en el año 2000 y los más de 3,6 millones que tuvo en el año 2012. (Ávila, 2015) Ahora bien, las proyecciones para la región son altamente promisorias para los empresarios, lo que debe llamar la atención sobre cómo atender la cuestión turística en estado y su impacto ambiental, social y sobre los territorios bioculturales.

 

La centralidad de la categoría territorio

Para Henri Lefebvre (1991) el espacio es producido socialmente, por ello está definido por las relaciones de producción (ahora capitalistas) y las relaciones de reproducción (división sexual del trabajo) y representaciones simbólicas. Milton Santos (1990) lo complementa diciendo que el espacio es indisociable de su contenido, es decir, no es el mero paisaje donde la acción social “sucede”, sino producto de las relaciones sociales. Por su lado, David Harvey (2004) señala que la producción del espacio y de la naturaleza se da a través del trabajo humano, determinado en el mundo actual por el modo de producción capitalista. Así, el espacio es producto, medio y condición de la acumulación de capital.

El territorio por su parte se ha definido en la geografía clásica como hegemonía del estado-nación y como un contenedor de las relaciones sociales. Desde la geografía crítica, el territorio es visto como una fragmentación y producción de espacio (Fernandes, 2009) pero también donde el actor se apropia del espacio (Raffestin ,1993), donde las clases sociales imprimen su intencionalidad (Mançano Fernandes, 2009). Es, por tanto, un espacio de disputa social (Porto Gonçalves, 2001,  Mançano Fernandes, 2009,  Zambrano, 2001).Un producto de una disputa social según intereses de los actores sociales y su construcción es un permanente conflicto.

Para los autores de la geografía critica latinoamericana como Porto Gonçalves, Bernardo Manzano Fernandes y Carlos Zambrano el territorio por tanto “es producto de una disputa social, que implica que pueden haber varios tipos de territorios según los intereses y proyectos de los actores sociales, por lo que su construcción está en constante conflicto.” (Rodriguez et. al., 2010: pág. 6)

El territorio es así un espacio geográfico que es apropiado y construido social y culturalmente y en el cual se ejercen relaciones de dominio y control y que contiene vínculos de pertenencia. (Blanco, 2007)

Para Giménez (1996) el territorio es multiescalar, objeto de representación y apego afectivo (pertenencia). Para Giménez “el territorio constituye por si mismo un "espacio de inscripción" de la cultura y, por lo tanto, equivale a una de sus formas de objetivación” (Gimenez; 1996: 14) y por tanto puede comprenderse como un espacio “cuasi sagrado” dotado de “alta densidad simbólica”. Para Martínez Luna (2013) es el espacio físico donde opera una organización social y política, en este caso la comunidad, que lo gobierna.

Sosa Velázquez entiende al territorio como una “relación geo – eco – antrópica” lo cual implica que “el territorio no es solamente una porción de tierra delimitada con su complejidad biofísica (relieve, condiciones ambientales, biodiversidad). Es, sobre todo, un espacio construido socialmente, es decir, histórica, económica, social, cultural y políticamente.” (Sosa, 2012: 7).

La dimensión geo-eco-antrópica, entonces, se genera a partir de la apropiación social del espacio y las formas de relación entre los diversos actores territoriales que en el marco de procesos sociales hacen posible la convivencia, la vida productiva y la construcción de proyectos comunes o antagónicos a partir de un territorio.

El territorio es una red, un tejido que articula componentes físicos, procesos ecológicos y procesos sociales históricos que delinean su configuración en tanto forma sistémica peculiar asociada a la disposición pero también a relaciones de dependencia, proximidad, propiedad, inherencia, información, etc. Es un contenedor y un escenario de procesos y dinámicas ecológicas, poblacionales, relaciones de poder interconectadas con el contexto inmediato y mediato. Más allá de alguna delimitación que pueda hacerse, el territorio es un ámbito donde se desarrollan espacios, relaciones y determinantes que combinan los impactos del proceso local, nacional y global, de lo urbano y lo rural (Sosa; 2012: pág. 17).

 

Todo este recorrido conceptual nos permite entender al territorio como una construcción social, mediada por relaciones sociales de producción y reproducción, y por lo tanto, por relaciones sociales de poder. Así, el territorio implica una apropiación del espacio. “Así, el proceso de construcción del territorio recoge las relaciones culturales con el espacio, así como las formas de apropiación y explotación de ese espacio. El territorio es, entonces la proyección del grupo social, de sus necesidades, su organización del trabajo, de su cultura y sus relaciones de poder sobre el espacio, es lo que transforma ese espacio de vivencia y producción.” (Rodriguez et. al., 2010: Pág. 5)

En este sentido, el territorio es un aspecto clave de los procesos de reproducción social, marcados, en nuestras sociedades, por el imperativo de la acumulación de capital y sus procesos de expansión geográfica y de desposesión para la reproducción ampliada de las relaciones sociales capitalistas.

Partiendo de este concepto, el territorio se transfigura en una categoría clave para discernir los contradictorios procesos de estructuración social ya que estas relaciones sociales dialécticas, de poder, dominación y lucha se imprimen e interactúan con los territorios, convirtiéndose estos en un plano de análisis para comprender los procesos en lugares como Chiapas o el sur-sureste de México.

Al mismo tiempo, la renovada relevancia del territorio para el análisis de las luchas y las resistencias comunitarias puede comprenderse a partir de las dinámicas adoptadas por la acumulación del capital en su actual fase neoliberal, ya que actual modelo económico dominante en México implica un proceso de desterritorialización y reterritorialización. El primer movimiento, posibilitado por la creciente financiarización del capital, es a su vez condición de posibilidad del segundo movimiento, la penetración del capital en nuevos territorios.

A nivel global somos testigos de una creciente capitalización de la naturaleza y los territorios, lo cual ha generado nuevos espacios de conflictividad social. Sin dudas, la creciente incorporación de la naturaleza a los circuitos de valorización del capital, su mercantilización, han llevado a una creciente politización de las relaciones entre la sociedad, la naturaleza y los territorios. En este sentido, puede comprenderse el incremento en las disputas en torno a la apropiación y los usos del territorio como una expresión de las contradicciones inherentes al sistema capitalista. Así, el territorio nos permite comprender los procesos sociales de apropiación, producción y reproducción social que atraviesan y enmarcan las luchas y resistencias comunitarias. Acercarnos por tanto al entendimientos de las resistencias y las re-existencias que se presentan en Chiapas y en otros lugares de América Latina.

 

Resistencias y re-existencias

Las resistencias y las re-existencias son procesos donde los movimientos sociales de las comunidades campesinas e indígenas crean y recrean diferentes estrategias sociales para mantenerse e inventarse en un contexto social subordinado de los poderes hegemónicos e inserto en la subjetividad colonial.

Es resistencia a la dominación, la explotación y la colonialidad y es re-existencia en cuanto ecología de saberes que busca en las raíces culturales la forma de afirmarse y descolonizarse poniendo en igualdad jerárquica el sistema de conocimientos, las formas organizativas de producción, alimentarias, rituales y estéticas que permitan dignificar la vida y reinventarla en sociedades en movimiento.

Los movimientos sociales de re-existencia según Porto-Gonçalves (2001) luchan para resistir los procesos de exploración, dominio, estigmatización  y racismo que sufren las comunidades indígenas y al oponerse a dichos procesos relacionados muchos de ellos con la expansión geográfica y la acumulación por desposesión, son movimientos que defienden un modo determinado de existencia.

La idea fundamental es que más allá de los movimientos basados en identidades culturales o políticas, los procesos de re-existencia son procesos asentados en la territorialidad. Por la lucha y por la afirmación de las identidades territoriales, son recorridos de horizontes utópicos para afirmar un modo determinado de ser, una ontología política territorial.

Las re-existencias en ese sentido proponen otra mirada de la ecología política cuestionando los cimientos que estructuran la modernidad occidental y de la dinámica colonial.  Poniendo atención a la construcción de los sujetos colectivos desde el ámbito territorial donde ha sido primordial la experiencia de las comunidades indígenas de América Latina.

En Chiapas los procesos de expoliación, represión y asimilación cultural han hecho invisibles muchas de las dinámicas de resistencia territorial que han planteado en la dinámica territorial y de procesos sociohistóricos las comunidades indígenas. La resistencia se traduce en afirmación de existencia que hace posible la visibilización como es el caso de la autogestión territorial autonómica zapatista que ya cumple 20 años.

Para Carlos Walter Porto Gonçalves y Luis Hocsman  (2016: pág. 14) desde la cuestión agraria de América Latina pueden definirse dichas re-existencias como:

Mas allá de la resistencia, r-existen en la medida que no solamente reaccionan a las acciones de los de arriba, porque tienen historias locales que se insertan en la historia global. En fin, resisten porque existen, y es en esa resistencia/r-existencia que plasman su existencia futura en el presente. En fin, pasado, futuro y presente son un solo espacio-tiempo (pacha, en lengua andina).

 

Resistencias y re-existencias

El Ser campesindio vs monocultivos

En nuestro país, millones de campesinos han resistido el proceso de venta de tierras, y continúan siendo propietarios de la tierra, la propiedad colectiva, se ha incrementado contra todas las visiones catastrofistas del TLCAN (Concheiro, 2010). Sin embargo, los procesos de renta y usufructo de las mejores tierras de regadío o para la producción de frutales o hortalizas en la práctica han sido retomadas por la agroindustria, desplazando a los campesinos de la toma de decisiones sobre qué cultivar, qué cosechar, y qué paquete tecnológico emplear, asumiendo éste un papel pasivo, en el cual la empresa agroindustrial decide qué sembrar, fechas, insumos, y el productor presta su terreno para dicha actividad.

Es así, que un primer escenario de resistencias se da entre las empresas agroindustriales y los campesinos, en torno a la forma de realizar las diversas actividades para la producción, dado que en nuestro país prevalecen amplias regiones indígenas y campesinas de una economía eminentemente familiar, donde el ser campesino marca el modo de vida particular.

Armando Bartra (2011, pág. 19) lo señala así:

La palabra campesino designa una forma de producir, una sociabilidad, una cultura pero ante todo designa un jugador de ligas mayores, un embarnecido sujeto social que se ha ganado a pulso su lugar en la historia. Ser campesino es muchas cosas pero ante todo es pertenecer a una clase: ocupa un lugar especifico en el orden económico, confrontar predadores semejantes, compartir un pasado trágico y glorioso, participar de un proyecto común. En especial esto último: participar de un sueño, compartir un mito y una utopía. Porque ser campesino en sentido clasista no es fatalidad económica sino elección política, voluntad común, apuesta de futuro. Los campesinos no nacen campesinos, se hacen campesinos: se inventan a sí mismos como actores colectivos en el curso de su hacer, en el movimiento que los convoca, en la acción que ratifica una campesinidad siempre en obra negra.

 

La implementación del despojo a los campesindios: land grabbing y disputas territoriales

La presencia de los pueblos indígenas en el continente americano, se ha convertido en el siglo XXI en un freno a las políticas económicas neoliberales, no solo por los aspectos culturales, y su particular forma de cómo relacionarse con la naturaleza, sino  la preservación de su territorio y los diversos sistemas de conocimiento, permiten la generación de una estrategia de resistencia que significa en la praxis  una alternativa al proceso global ( Palacios, 2011) y el cual se encuentra en un proceso de disputa por la existencia en sus territorios de recursos naturales, los cuales han sido revalorizados por el capital trasnacional, y se busca la implementación de un proceso de despojo de tierras o su término en inglés land grabbing es un fenómeno, que históricamente ha servido para el desarrollo del sistema capitalista. De acuerdo a Borras et. Al., 2012: 404):

En primer lugar, un punto de partida fundamental es aclarar que el acaparamiento de tierras lo que busca fundamentalmente  controlar el proceso agrario, entendido como el poder de controlar la tierra y otros recursos asociados, como el agua con el fin de obtener beneficios de dicho control. El acaparamiento de tierras en este contexto es a menudo vinculada a un cambio en el significado o el uso de la tierra y los recursos asociados, ya que los nuevos usos están determinados en gran medida por los imperativos de acumulación de capital que ahora controlan una clave factor de producción, la tierra. "Extracción" o "alienación" de los recursos para fines externos (nacionales o internacionales) es a menudo el carácter tomada por el acaparamiento de tierras.


Imagen 3. Foto de los autores

En Latinoamérica,  han existido diversas formas de tenencia de la tierra, en algunos países como México, Cuba, Bolivia, Perú, Nicaragua, Venezuela, El Salvador y Ecuador, se han realizado procesos de reforma agraria, en las que ha existido un reparto de tierras a comunidades indígenas y campesinas, algunas de estas han sufrido procesos de contra reforma agraria, tal es el caso de la modificación al articulo 27 de la constitución mexicana que genera un mercado de tierras incipiente.

En otros países como Brasil, Argentina,  Paraguay, Guatemala, Honduras, en las cuales   existen experiencias  limitadas de reforma agraria pero que se encuentran en un proceso de disputa territorial con la agroindustria, y la expansión de la frontera agrícola.

Finalmente hay experiencias como las de Chile, Uruguay  de procesos de concentración de tierras en pocas manos y que desgraciadamente no han podido ser desconcentradas e iniciar un proceso de reparto de tierras. Sin embargo, en el caso uruguayo se han generado condiciones laborales para los trabajadores agrícolas, que permiten un mejor nivel de vida (Carambula, 2012).  Ante esta problemática de análisis de diferentes formas de aproximarse a la problemática de los pueblos indígenas en el continente americano.  Surge la importancia geoestratégica de sus territorios, de acuerdo a Seoane (2012:15):

Sino que tiene también un indubitable sustento en la disputa global por la apropiación de los bienes naturales de la región latinoamericana en el contexto de la ofensiva extractivista. Valga recordar que nuestra América Latina y Caribeña comprende un territorio en el que crecen el 25% de los bosques y el 40% de la biodiversidad del globo; casi un tercio de las reservas mundiales de cobre, bauxita y plata conocidas son parte de sus riquezas, a lo que se suma más del 85% de las de litio; guarda en sus entrañas el 27% del carbón, el 25% del petróleo, el 8% del gas y el 5% del uranio descubiertos y en explotación; su plataforma marítima anuncia nuevos yacimientos y sus cuencas acuíferas contienen el 35% de la potencia hidroenergética mundial, mientras una de las principales reservas de agua dulce se esconde bajo su suelo (Seoane, 2005). Y, complementariamente, nuestra región ya resulta una reserva estratégica central para la economía estadounidense; consideremos que 7 de los 21 minerales considerados por el gobierno de Washington de “total vulnerabilidad” son importados principalmente de Brasil y México; 8 de los 17 de “alta vulnerabilidad” se obtienen en gran medida de México, Perú, Bolivia, Brasil y Chile; y 11 de los 25 de “mediana vulnerabilidad” de Venezuela, Chile, México, Perú, Brasil y Trinidad y Tobago.

 

Entonces ubicamos a los territorios latinoamericanos como espacios con una importancia geoeconómica fundamental, en el que se desarrollan disputas por la forma en que se maneja la agricultura (campesindia versus convencional), y la extracción mineral, de los bosques,  agua y el manejo de la biodiversidad.

Tal es el caso de la frontera entre Bolivia y Brasil, en el que  de acuerdo con la Coordinación por los Derechos de los Pueblos Indígenas (CODPI), se encuentra un sitio en el cual tienen presencia los siguientes pueblos Karitiana, Karipuna, Urueu-wau-wau, Katawixi, Parintitin, Tenharin, Pirahã, Jiahui, Tora, Apurinã, Mura, Oro Ari, Oro Bom, Pacahuara, Kassupá y Salamã, y se viola sus derecho a la consulta y al resguardo de su territorio, de acuerdo a CODPI (2012):

La Iniciativa para la Integración de las Infraestructuras Regionales Sudamericanas (IIRSA) es una propuesta común del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Corporación Andina de Fomento (CAF), con la cual se pretende reordenar y reorganizar los territorios de América del Sur en corredores productivos optimizando así la eficiencia de los flujos internacionales de comercio y de exportación. Como parte de la IIRSA, el 'Complejo del río Madera', integrado en el corredor transversal eje Perú – Brasil – Bolivia, se compone de las represas brasileñas de Santo Antônio y Jirau, la represa Boliviana de Cachuela Esperanza, una cuarta represa binacional (actualmente descartada), una línea de transmisión entre las dos represas brasileñas, así como una red hidroviaria de 4.200 km de longitud, la cual permitiría la navegabilidad entre las ciudades de Porto Velho (Brasil) y Guayaramerín (Bolivia), con destino a un futuro puerto fluvial situado en Perú. Las centrales hidroeléctricas de Santo Antônio y Jirau, a su vez, forman parte desde el 2001 del Programa de Aceleramiento del Crecimiento (PAC), llevado a cabo por el gobierno de Brasil en su afán por desarrollar las potencialidades económicas de la Amazonia”

 

Frente a esta lógica capitalista que profundiza la crisis socio-metabólica con la naturaleza que ha señalado en varios estudios Bellamy Foster (2014, 2015)  existe también un proceso de resistencia y reexistencia campesina e indígena que permite la conservación de la naturaleza y el resguardo del territorio campesino.

 

Resistencia indígena a la economía verde: eólicas

Dentro del rubro de la economía verde, se ha publicitado el desarrollo de energías alternativas, para su instrumentación se ha impulsado procesos de negociación con comunidades rurales e indígenas, en las que finalmente de forma encubierta se busca el despojo de sus territorios. En el caso especifico del Istmo de Tehuantepec, en México, se ha afectado contra los derechos de los pueblos indígenas a practicar, revitalizar y manifestar sus costumbres, el derecho a la vida y a preservar sus lugares sagrados.  Desde 1986 la compañía gubernamental denominada la Comisión Federal de Electricidad (CFE), impulsa la creación del parque eólico la Venta el cual se concluye en 1994.   Con el paso del tiempo, la industria eólica ha generado impactos sociales y ambientales, de acuerdo a Jara (2012)

Entre los principales impactos destacan: el conflicto por la propiedad de la tierra donde se ubica el recurso eólico, la degradación de la calidad del paisaje, la pérdida de biodiversidad, la generación de ruido mecánico y aerodinámico, entre otros más. El problema central es que los estudios oficiales de impacto ambiental de los parques eólicos elaborados para determinar su viabilidad ambiental, ignoran la complejidad, los riesgos y la incertidumbre cognitiva y ética que subyace en el reciente uso de tecnologías eólicas.

 

 Lo anterior ha generado un movimiento social, encabezado por los comuneros de San Mateo del Mar—comunidad/municipio integrante del pueblo etnolingüístico Ikoo y la respuesta del gobierno ha sido la criminalización de la protesta ( Rueda, 2011).

Actualmente, hay siete parques eólicos en funcionamiento, en los que existe inversión de las ETN españolas, además de otros cuatro, que están en fase de proyección y litigio (Mareña Renovables, Bii Yoxho, Dos Arbolitos y la ampliación de Parques Ecológicos de México).

 

La disputa por la madre tierra:  la defensa del patrimonio biocultural y la lucha contra la biopirateria.

En el  libro  Confronting Biopiracy  de Daniel F Robinson, menciona sobre diversas tipologias de Biopirateria (2010:21), y las agrupa de la siguiente forma:

  1. a) Patentes biopiratas: El patentamiento de invenciones (a menudo espurias) basadas en los recursos biológicos y / o conocimientos tradicionales que se extraen sin la autorización adecuada y la distribución de beneficios de otros, se da en los países en desarrollo (por lo general, a las comunidades indígenas o locales)
  2. b) la biopiratería sin patentes. Otro control de la propiedad intelectual (PVP canal o marcas comerciales engañosas) basado en los recursos biológicos y / o conocimientos tradicionales que han sido extraídos sin la autorización adecuada y participación en los beneficios de otro, el beneficio esta en los países en desarrollo (por lo general,  se desarrolla en comunidades indígenas o locales).
  3. c) apropiación indebida: la extracción no autorizada de los recursos biológicos y / o conocimientos tradicionales de otros países (por lo general) en desarrollo, las comunidades indígenas o locales, sin una adecuada distribución de los beneficios.

 

Dentro del marco de los proyectos a los cuales se les han acusado abiertamente de ser biopirateria, se encuentra el ICBG- Maya que fue impulsado por el Dr. Brent Berlin de la Universidad de Georgia, investigadores del Colegio De la Frontera Sur (ECOSUR,) y una compañía denominada Molecular Nature Ltd, ellos impulsaron el proyecto “ Investigación farmacéutica y uso sustentable del conocimiento etnobotánico y la biodiversidad en la región Maya de los Altos de Chiapas”.  Fue criticado por su intencion de generar patentes de los medicamentos descubiertos en base a las plantas medicinales de los pueblos mayas de Chiapas.

Por lo que  la sociedad civil encabezada por la Organización de Medicos Indígenas de Chiapas (OMIECH) y el Consejo de Medicos y parteras de Chiapas (COMPITCH), organizaron una serie de foros y protestas contra la intencion de privatizar dicho conocimiento ( Valadez, 2001).  Finalmente el Colegio de la Frontera Sur decide de manera unilateral suspender el proyecto, y dar por finalizada la polemica de los estudios de bioprospeccion en Chiapas.

 

La resistencia indígena ante el modelo extractivista

La peor tragedia que pueda ocurrir para un pueblo indígena, mayor incluso que un desastre natural o la presencia de la delincuencia organizada, es que una corporación minera adquiera una concesión para explotar una mina en su territorio.

Gilberto López y Rivas

 

Para el desarrollo capitalista del siglo XXI los recursos minerales han adquirido una nueva valoración, y existe actualmente un nuevo ciclo de acumulación capitalista basado en los elevados precios de algunos metales y en el desarrollo de nuevas tecnologías de explotación minera favorecieron un “boom” de concesiones en AL (Rodriguez, 2010).  Es así, que esto ha traído un nuevo boom en los mercados, por lo que se han ampliado las superficies de extracción, en un informe que ilustra la disputa territorial que desarrollan las mineras, tenemos que han ocasionado conflictos en múltiples naciones, más del 49 % de las minas se ubican en territorios indígenas. Es importante, resaltar que para el capitalismo trasnacional no todo ha sido miel sobre hojuelas, dado que se ha enfrentado a diversos movimientos sociales en los cuales los pobladores han resistido. En el cuadro 1, podemos observar los casos mas significativos en los que se han dado procesos de resistencia indigena, los que han luchado contra la minería a cielo abierto y la explotacion petrolera, destructora del medio ambiente y financiada por empresas de carácter trasnacional.

 

CUADRO 1

Casos representativos de resistencia indígena ante el modelo extractivo

Nombre

País

Etnia

Problema

Resistencia

Yacimiento Loma Negra

Argentina

Mapuche

La petrolera estadounidense Pioneer Natural Resources, que actualmente opera como Apache Corporation, una multinacional con presencia en países como EEUU, Canadá, Egipto y Australia.

En la zona se conoce desde 1995 la contaminación por condensados de gasolina de la napa freática, el acuífero más cercano al suelo”

 

Bloque Caipipendi

Bolivia

Guarani

Yacimiento Petroleros Bolivianos en asociación con REPSOL explotación de GAS

Abarca casi 700 mil hectáreas en los departamentos de Tarija y Chuquisaca. Este bloque petrolero se superpone a las TCOs (Tierras Comunitarias de Origen) Itika Guasú y Tentayape, así como al Parque Nacional Aguaragüe.

Campo Margarita

Bolivia

Guarani

Explotación de GAS en asociación REPSOL y YPB

el cual se encuentra ubicado en las Itika Guasu tierras comunitarias de origen (TCO).. En este proceso de explotacion del gas, de acuerdo a Perreault (2012), la compañía Repsol ha destinado mas de U$ 100 000  en bienes y estipendios para la comunidad guarani para que les permitan la explotacion del campo.

Bloque Capachos

Colombia

U´wa

En Arauca, se explota el bloque petrolero Capachos  el cual se encuentra en la zona ancestral de los u ´wa.

Fuertes inconformidades de los dueños originales de las tierras.

Yasuni

Ecuador

Waorani

REPSOL- explotación petrolera

Resistencia ante la compañía petrolera. Contaminacion ambiental y deforestación

Chicomuselo, Chiapas

Mexico

Chicomuselteko

Explotación minera de Barita por parte de la empresa canadiense Blackfire.

Se generó todo un movimiento en contra de la operación de la empresa, el cual culminó con el asesinato del líder ambientalista Mariano Abarca  Roblero, resultando como consecuencia  la clausura temporal de las actividades de la empresa a finales de 2009. ( Roblero, 2012).

Corazon de las tinieblas

Mexico

Amuzgo, Tlapaneco, Nahua, mixteco

Hochschild Mining pretende echar a andar en territorios indígenas, con que incluye San Luis Acatlán, Zapotitlán Tablas, Malinaltepec y Tlacoapa

Dos proyectos más emprenderá Camsim Minas, sa de cv denominados Proyecto San Javier y La Diana, en el territorio de Iliatenco y Malinaltepec”[3] la amenaza que se cierne sobre los pueblos indígenas del estado de Guerrero que forman parte de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), que crearon la policia comunitaria.

Totonicapan

Mexico

Totonacos

PEMEX

Fuga en los ductos de la paraestatal, generando problemas de contaminación ambiental. Debido a la nula inversión del gobierno federal en la empresa publica.  Zna Norte de Veracruz, México.

En el mes de febrero del 2011,cientos de indígenas totonacos del municipio de Papantla, protestaron y tomaron 8 pozos petroleros para demandar solución, obras que se había comprometido PEMEX a realizar en el 2008,

Cuenca Ribereña

México

Chontales

PEMEX contaminación ambiental de la explotación petrolera

Manifestaciones contra la explotacion petrolera, indemnizacion, bloqueo de pozos en el estado mexicano de Tabasco

Lote 109

Peru

Kumaca

Contaminacion del agua de la cuenca del Rio Marañon

Manifestaciones, bloqueo de carreteras

 

Lote 39

Peru

Arabela, secoya, kichwa y pueblos indígenas en aislamiento voluntario (posiblemente waoranis, arabela y taushiros)

La presión internacional ejercida en defensa de estos pueblos ha sido la causa de que Repsol ponga en venta su participación en el proyecto extractivo (marzo de 2014)

 

La concesión se superpone a Territorios Indígenas y a la Reserva Natural de Pucacuro lo cual propicia un alto nivel de impacto y afecta directamente al ecosistema y las poblaciones que lo habitan

Camisea

Peru

Machiguenga

en complicidad con las empresas multinacionales como la Shell, Pluspetrol y TGP,

Con la explotación petrolera se incrementaron mas del 40 % las enfermedades respiratorias y diarreicas

 

Fuente: Elaboración propia con segumiento hemerográfico y bibliográfico destacando (Urteaga- Crovetto, 2012:116).

 

La defensa del agua y de los rios

En Latinoamérica se han construido grandes obras de infraestructura para la generación de energía eléctrica.   Por ejemplo, en el estado mexicano de Chiapas cuenta con cuatro grandes centrales hidroeléctricas que la convirtieron en la entidad que más contribuye a la federación en la generación de  electricidad, exportando energía actualmente a la vecina república de  Guatemala.

En Brasil las obras hidráulicas en el río amazonas han desplazado de manera significativa a la población nativa.

La construcción de estas obras de ingeniería, requieren una fuerte inversión económica y tienen un alto impacto ambiental, dado que se inundan grandes extensiones de tierra y se ha comprobado que  ocasionan un fuerte impacto en la generación de gases metano que coadyuvan al incremento de la temperatura del planeta.

En Centroamérica existen procesos de violación del derecho a la consulta y al consentimiento previo de las obras que se realicen en territorios indígenas, tal es el caso de la presa Barrio Blanco, que se desarrolla en Panamá, y en el que el pueblo ngöbe-bugle se oponen a su construcción, debido a que la información ha sido falseada y han sufrido intimidación los legítimos dueños de la tierra.

 En Guatemala,  el caso es similar:

El Ministerio de Energía y Minas concede a Hidro Santa Cruz una autorización para la construcción de la Hidroeléctrica Canbalam I. Esta autorización da vía libre a la instalación de una unidad generadora con capacidad de 4.998 MW, así como de una subestación cuyo transformador alcanzaría una potencia de 6.5 MVA. El proyecto contaría además con una línea de transmisión de una longitud de 5 km. A partir de esa fecha, la empresa construye un cerco con malla y postes de concreto, en el que se colocan minas antipersonales, lo cual fue constatado por los pobladores. La presencia de la empresa ha suscitado una compleja problemática en una región donde se realizó una consulta comunitaria (2007), en la cual el 99,9% de la población se declaró contraria a los megaproyectos mineros e hidroeléctricos.

 

Otro ejemplo, que esta vulnerando el derecho a la vida, a la consulta y al consentimiento libre, previo e informado, es la propuesta de realizar la  hidroeléctrica de Cababon, la cual se sitúa en Panzos, y tienen una fuerte presión los habitantes indígenas sobre sus tierras, ya que implicara la reubicación territorial. Otro problema significativo tiene que ver con la construcción de las Hidroelectricas El Volcan, en la Republica de Guatemala, de acuerdo a CODPI (2012):

El Ministerio de Energía y Minas (MEM), en octubre de 2009, y sin consultar a los pueblos mayas q'eqchi' de estos tres municipios -que aproximadamente constituyen 5.000 familias-, entregó en concesión el uso del río Chiacté (afluente del Cahabón) a la empresa GLG, así como el territorio comunal de la comunidad Chiacté, para la construcción de la casa de máquinas de la hidroeléctrica El Volcán. Dicha hidroeléctrica afectará a los municipios de Santa María Cahabón, Senahú y Lanquín, de 26 megavatios, supondrá una inversión de 52 millones de US$, y tenía previsto iniciar operación para el fin de 2011. Sus obras, a día de hoy, siguen pendientes de ser iniciadas.

 

En el caso chileno, en la jurisdicción territorial del pueblo mapuche, en la comunidad Juan Quintuman, se ve afectada  por la intencionalidad de construir la Central Hidroeléctrica Neltume y su respectiva línea de alta tensión. Lo cual ha generado problemas de divisionismo interno, y donde se encuentra localizado el sitio sagrado.

En el caso chiapaneco ha existido una fuerte oposición a la implementación de la presa de Itzatun en el municipio de Hutiupan, los cuales lograron frenar las obras desde la década de los 70´s del siglo XX y han continuado su lucha por mas de 40 años de oposición a la construcción de la presa (Avila, 2015).  En comunidades de los Altos y Selva de Chiapas, se han opuesto a la construcción de las hidroeléctricas, el caso de la presa binacional México- Guatemala del boca del cerro es ejemplar la dinámica de resistencia de las comunidades choles y zoques en contra de la inundación que generaría el río mas caudaloso de nuestro país.

Las comunidades indígenas del municipio de San Juan Cancuc, también se opusieron a la construcción de la presa en su territorio indígena.

 

Luchas de Re-existencia indígena zapatista

Dentro de los Acuerdos de San Andrés el gobierno mexicano reconocía que se requiere una nueva relación entre los pueblos indígenas y el Estado mexicano,  por lo que había que dejar atrás las tesis de integracionismo cultural y ubicar a los pueblos indios como nuevos sujetos de derecho en base a los compromisos internacionales suscritos como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El compromiso incluía una reforma a la Constitución y al sistema jurídico para garantizarles el pleno ejercicio de sus derechos políticos, sociales, económicos y culturales. Lo más importante era el reconocimiento de las comunidades indígenas como entidades de derecho público y la libre determinación y autonomía como aspiraciones de los pueblos.

Junto con la libre determinación como un derecho político de los pueblos indios los Acuerdos de San Andrés incorporaron el acceso y uso de los recursos naturales,  el derecho de los pueblos indios al acceso y operación de los medios de comunicación , el derecho al desarrollo y el acceso a la riqueza nacional. (López Bárcenas, 2009)

 Fueron estos puntos los que marcaron la divergencia con los gobiernos  de Ernesto Zedillo y de Vicente Fox, ya que detrás del rechazo de estos planteamientos se esconde la lógica perversa del modelo neoliberal de aprovecharse de los recursos naturales situados en las regiones indias de nuestro país para enriquecer a los empresarios extranjeros y despojar y explotar a las comunidades originarias.

Fue frente a este proceso donde los pueblos indios deciden ponen en marcha experiencias autonómicas a lo largo y ancho de nuestro país para defender su territorio, su cultura y sus derechos. Destacan en esta resistencia visiblemente la conformación de Juntas de Buen Gobierno con sus correspondientes municipios autónomos zapatistas en el estado de Chiapas.

 De acuerdo a Ávila  (2012: 120)

Para el Comandante Bruce Li del EZLN, la autonomía la describe de la siguiente forma, Para nosotros, la autonomía es que nosostros nos gobernamos con el modo de autogobernarnos como pueblos indígenas:la autonomía es que nosotros decimos cómo queremos que trabajen nuestras autoridades autónomas. Para nosotros, es que no dependemos de los políticos de arriba. La autonomía es de hombres y mujeres, es la forma de tomarnos en cuenta entre nosotros mismos. También la autonomía tiene sus leyes, sus formas de administración, de información, y rendición de cuentas, en cumplimiento de que el que mande, mande obedeciendo”

 

La creación de las Juntas de Buen Gobierno, le permiten a los pueblos indígenas desarrollar una forma de gestión de su propio territorio que los lleva a un nivel de organización mayor, que la administración que venían desarrollando anteriormente mediante los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ).  En la practica en cinco regiones del estado de Chiapas, las comunidades indígenas y no indígenas que por su propia decisión aceptan y se circunscriben a la (JBG), cuentan con su propio sistema de justicia, de salud, de educación, de derechos humanos y de agroecología.

En el apartado de justicia, han tenido logros relevantes, ya que es instrumentada bajo una lógica diferente a la convencional, en el que no se busca castigar o generar un lucro o multa económica, sino que fundamentalmente se genere justicia. (Fernández, 2014). La justicia “alternativa “ es muy importante porque se da en un contexto de criminalización de la lucha social en el país y en particular en el estado de Chiapas, no hay que olvidar que existe actualmente un proceso de guerra de baja intensidad que no ha finalizado pese a la tregua presente en el estado desde 1995 ( Mora, 2013).

En la salud, se ha logrado por parte de las comunidades y pueblos indígenas el desarrollo de hospitales y centros de salud, en los cuales se pueden hacer operaciones de urgencia, y se mantiene una lógica de formación continua del personal de salud, existe hilos de convergencia entre la medicina alópata (convencional) y la medicina tradicional de corte maya, rompiendo las perspectivas de dominación colonial. La herbolaria y la presencia de ceremonias y formación permanente para las parteras y los médicos tradicionales ha sido importante y fundamental (Cuevas, 2007).

El caso de la educación zapatista ha sido un referente a nivel mundial, la formación en un primer momento de promotores comunitarios independientes del gobierno central, fue un aliciente que demuestra que es fundamental cambiar los contenidos, y las formas de enseñanza de la educación “institucional”, la instrumentación del proyecto educativo “semillita del sol” y la formación de centenas de jóvenes de las comunidades, ha permitido un proceso de politización , de toma de conciencia de su realidad, de revitalización de sus tradiciones, costumbres y fomento a su historia y lengua desde una perspectiva local,  que contrasta con la actual  “reforma educativa” orientada al mercado que trata de imponer el gobierno federal a miles de profesores y alumnos  del país.

La necesidad de cambiar la forma de producir los alimentos, llevo a las comunidades zapatistas a impulsar un proceso de formación de promotores comunitarios, que acompañaran los procesos productivos  y de comercialización.  La incorporación del respeto a la madre tierra,  y la utilización de insumos locales, generaron procesos de reflexión interesantes sobre la construcción de la agricultura del futuro. Los zapatistas indudablemente han generado procesos de reflexión sobre la forma de hacer la agricultura que les ha permitido mejorar sus tierras y garantizar los procesos de soberanía alimentaria en un contexto de guerra de baja intensidad. (Ávila, 2007)

 

A manera de conclusión

El acercamiento a la dinámica histórica de las resistencias en la defensa  territorial de las sociedades indígenas en movimiento en América Latina. Nos permite  identificar diversos  niveles de organización social, cultural y territorial  en la defensa de sus bienes comunes.

Para los pueblos indígenas, el territorio es el punto de partida para la cohesión familiar y comunitaria, los pobladores poseen una visión amplia del espacio físico y sus recursos naturales adyacentes como agua, suelo, aire, vegetación, en los cuales se obtienen los satisfactores inmediatos y necesarios para la sobrevivencia familiar, y se desarrollan  espacios de construcción de saberes  y prácticas  tradicionales que refuerzan su perspectiva particular del mundo.

En ese sentido, hemos descrito los  principales y mas sobresalientes procesos de resistencia indígena que vienen desarrollando en contra de las empresas trasnacionales, que buscan apoderarse de diversos espacios, generando procesos de acumulación por desposesión. Hemos visto como el capitalismo, en su voracidad busca el despojo territorial, y la mercantilización de diversos espacios: el agua, los bosques, el aire, la tierra, los minerales,  son espacios que se disputan actualmente.

La autonomía indígena, el autogobierno, son manifestaciones de los pueblos que han caminado en el horizonte latinoamericano, la experiencia de las Juntas de Buen Gobierno en Chiapas, las autonomías comunitarias en Guerrero y Michoacán, en México dan muestra de la ruptura de procesos de control cultural retomando la enseñanzas del maestro Bonfil Batalla. El concepto  del buen vivir o vida nueva, lekil kuxlejal para los pueblos mayas tsotsiles y tzeltales  nos marcan un horizonte de lucha, o un espacio de reflexión necesaria para caminar.

Las alternativas a esta crisis civilizatoria, surgen en la elaboración de políticas como los derechos de la naturaleza, el buen vivir, que trastoca la forma en como se relaciona el ser humano y la naturaleza.  Y en el que la propuesta agroecológica se convierte en una estrategia de defensa territorial, y en la posibilidad de la custodia colectiva del patrimonio biocultural de los pueblos.

 

Notas:

[1] Profesor de la Universidad Intercultural de Chiapas. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] . Profesor de la Universidad Intercultural de Chiapas

[3] Minería en Guerrero “El corazón de las tinieblas” Semanario ojarasca # 165 Enero 2011, periódico La Jornada www. Jornada.unam.mx

 

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Cómo citar este artículo:

ÁVILA ROMERO,  Agustín; ÁVILA ROMERO, León Enrique, (2016) “Desposesión, metabolismo social y Territorio: Resistencias y re-existencias en Chiapas, México”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 29, octubre-diciembre, 2016. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Jueves, 24 de Agosto de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1402&catid=6

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