Pacarina del Sur
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Naufragios Ingleses en Costas Mapuche y sus vinculaciones con el Parlamento de 1837

British shipwrecks in Mapuche coast and its links with the Parliament of 1837

Naufrágios ingleses na costa de Mapuche e sus conexões com o parlamento de 1837

Flavio Salgado Bustillos[1] y Carlos Contreras Painemal[2]

RECIBIDO: 13-09-2016 APROBADO: 09-11-2016

Resumen

Resumen: El presente artículo analiza crónicas de la época y testimonios de los funcionarios británicos asentados en territorio chileno, con miras  a desentrañar  la relación entre parlamentos mapuche y naufragios ingleses. Particularmente nos interesa indagar sobre las motivaciones políticas y económicas que impulsaron la realización de tratados de paz entre ingleses y mapuches con el objetivo de demostrar que durante el parlamento de 1837 , los mapuche hicieron uso soberano de su territorio marítimo independiente del Estado de Chile, llevando al vicecónsul de Inglaterra, a un espacio etnopolítico, propio de la sociedad mapuche, donde se negoció de igual a igual entre las partes; la situación de los “náufragos” y de las “presas” obtenidas durante los rescates de los frecuentes naufragios.

Palabras claves: Parlamento, mapuches, ingleses,  naufragios, república.

 

Introducción

Normalmente Chile se  imagina sólo como una geografía terrestre, sin embargo, los eventos marítimos desarrollados en alta mar han contribuido en gran parte, para bien o para mal, a lo que hoy es Chile: Invasiones (León, 1990), piratas (Brouwer, 1646), batallas navales, maremotos, expediciones, asaltos a buques, asedios a los puertos, secuestros comisiones científicas y naufragios (Vidal Gormaz, 1866). Estos últimos fueron frecuentes, y generaron  gran cantidad de náufragos que circulaban por territorio chileno, llegando a ser este flujo humano de tal magnitud que fueron utilizados como mano de obra esclava por parte de hacendados y terratenientes.   Es por ello que antes que Francia e Inglaterra reconocieran formalmente la independencia de Chile, la potencia británica hizo firmar a la naciente república un “Tratado contra la esclavitud” (Barros, 1990).

Durante el siglo XVIII en Valparaíso atracaban alrededor de 300 barcos anuales, procedentes de Europa, lo que da cuenta de la intensidad del tráfico marítimo, que en algunas ocasiones derivaban en naufragios en las costas de Chile y también frente al borde costero de la Araucanía. Al respecto, Medina, (1923: 43) señala: “En el invierno de 1823, durante un norte (como se llaman a estos vientos) se perdieron completamente diez y ocho naves en el espacio de veinticuatro horas”.

Esta cifra no sólo da cuenta de la intensidad del tráfico marítimo, sino también del incremento de las probabilidades de naufragios debido a condiciones climáticas adversas propias de los mares del Pacífico. En consecuencia, el aumento de los naufragios producto del incremento del intercambio comercial entre Chile y las nacientes potencias europeas,  motivaron  al vicecónsul  ingles Henry W. Rouse,  a participar en el Parlamento de Boroa de 1837, convocado por el Intendente de Concepción, José Antonio Alamparte Vial, quien en representación del poder central, tenía la misión de firmar un tratado de paz con los mapuche. 

 

Los parlamentos durante la Colonia

La victoria mapuche de Curalaba en 1598, representa uno de los episodios bélicos de mayor importancia entre mapuche y españoles, pues determinó la conformación de un nuevo escenario, en donde la corona española replanteó su estrategia militar para alternarla con mecanismos de negociación, orientados a lograr la paz y asegurar la gobernabilidad de los territorios conquistados. Inspirados en estos objetivos, el rey de España en 1610, escribió una carta a los mapuche en la cual, les solicitaba poner fin a las hostilidades mediante encuentros formales que planteaban abordar los conflictos desde una dimensión política, fue así que después de muchos intentos, se logró concretar en 1641, el Parlamento de Quilín en donde ambas partes, se comprometieron a fijar fronteras alrededor del rio Bio-Bio. En adelante, los parlamentos se convirtieron en los mecanismos de negociación etnopolíticas utilizados por mapuche y españoles hasta el final de la Colonia y que luego se perpetuarán en las repúblicas tanto de Chile como de Argentina.

En los registros históricos, la noción de parlamento aparecerá tempranamente con Vivar, quien observó cómo se juntaban y reunían los mapuche ciertas ocasiones del año para tratar temas de importancia: “como en nuestra España tienen donde hacen cabildo (…) Es como cuando van a cortes, porque van todos los grandes señores. Todo aquello que allí se acuerda y hace es guardado y tenido y no quebrantado” (Bibar, 1966: 120). Por otra parte, el cronista Diego de Rosales observará que existía un tipo de reunión al cual los mapuche denominaban “Coyao” donde: “se juntan a tratar las cosas de importancia, que son como los lugares del cabildo” (Vivar, 1878: 131).

Puerto de Valparaíso siglo XIX
Imagen 1. Puerto de Valparaíso siglo XIX
Fuente: http://lcuhistoria.blogspot.cl/2012_09_01_archive.html  

El Cabildo para los españoles representaba una institución importante, pues en ella se expresaba la voluntad popular, por lo tanto, las comparaciones que nos hacen Vivar y Rosales, implican un reconocimiento a un tipo de reunión política (Koyang) propia de la sociedad mapuche y dan fe de que estos eventos se desarrollaban anterior a la llegada de los españoles previa a la conquista. Pineda y Bascuñán, también proporciona un valioso testimonio derivados de su cautiverio y del tiempo que pasó entre los mapuche. Al respecto, escribió: “tienen señalado y dispuesto un lugar conocido en cada parcialidad para sus parlamentos y consejos de guerra y cuando se ofrece alguna consulta o Cojao (que así llaman a estas juntas)” (Núñez de Pineda y Bascuñan, 1863: 67).

Durante el primer periodo de la época colonial, existió un consenso entre los españoles que la opción militar era la única alternativa para someter a los mapuche, tal como lo describen Jerónimo de Vivar (Bibar, 1966), Góngora (2010) y Mariño (1865), quienes serán los principales cronistas que adscriben a esta opción.

No obstante, esta visión comenzó a cambiar, a partir de 1606, pues la derrota de Curalaba, significó la pérdida de siete ciudades al sur del río Bio-Bio. Está victoria obtenida por los mapuche sentó un precedente, pues por un lado,  marcó el fin del periodo conocido como conquista y por el otro, representó el inició de una nueva forma de relación entre los bandos, que los Jesuitas denominaban como  “La conquista espiritual”.

La adaptación de nuevas estrategias políticas para revolver por vía pacífica los conflictos, causó reticencia y desconfianza en los sectores españoles que habían sido partidarios de prologar en el tiempo, la guerra ofensiva contra los mapuche. Al respecto, Nájera (1889), propone el exterminio total de los mapuche y la importación a estas tierras de esclavos traídos desde África para repoblarla. Por otra parte, el cronista militar Quiroga (1979), se inclinó  por mantener la opción militar y de oponerse a los Parlamentos, por considerarlos  una condición de brutalidad y salvajismo que le impedía a los mapuche celebrar acuerdos y contratos de paz. En este sentido Quiroga, opina:

Aún no estaba enjuta la tinta con que se firmaron los capítulos de paz, que es en mi sentir bufonada o ceremonia excusada, como diré adelante, porque es lo propio que poner por escrito un contrato hecho entre un hombre y un animal, respecto de que el indio es un bruto que ni lee, ni entiende lo que dicen ni lo que se escribe...Digo que aún  estaba fresca la tinta, cuando los araucanos, en fe de que los tucapelinos habían de lograr la intención de su emboscada, se alzaron y acometieron al nuevo castillo (Quiroga, 1979: 279).

 

Si analizamos, el testimonio anterior, Quiroga no niega la importancia de los tratados, sino que más bien argumenta que no existen las condiciones para que éstos perduren en el tiempo, pues la paz sería solo un breve interludio entre dos guerras. Así lo expresa Pérez García cuando dice: “Viendo en ese tiempo los indios catirayes, personas tan de poca fe, que en 25 años habían dado la paz ocho veces y la habían vuelto á quebrantar” (Quiroga, 1979: 68).

Sin embargo, y contra lo que se ha dicho, se puede observar, en informes, manuscritos o actas de los parlamentos, una voluntad real por parte de la Corona española por establecer la paz con los mapuche.

Frente a la opción militar como única vía para dirimir conflictos, comenzó a tomar protagonismo un sector que planteaba la conquista por otros medios, se hablará entonces de “conquista espiritual”, patrocinado por los jesuitas a lo que se denominó “la estrategia de guerra defensiva” (Rosales, 1878). De esta manera la Corona se enfrentó a la necesidad de optar entre una “estrategia de guerra defensiva” o una, “estrategia de guerra ofensiva”. La discusión fue intensa, incluso en ella, estuvieron comprometidos el monarca de España, el Consejo de Indias, los Jesuitas, los militares y los propios mapuche. Y sólo después de largas deliberaciones, la Junta de Guerra, acordó a fines de mayo de 1610, desplegar  en Chile por un periodo de tres a cuatro años, el sistema de “guerra defensiva” (Arana, 1885).

Esta nueva estrategia, tenía como objetivo lograr la paz y el sometimiento mapuche mediante la conquista espiritual a cargo del trabajo misionero, de los miembros de la Compañía de Jesús, quienes en medio de una sangrienta guerra sirvieron de mediadores entre las partes. Entre ellos, destaca la figura del padre Luis de Valdivia, quien viaja a España y trae consigo una  carta del Rey dirigida a los mapuche. En dicha carta, se resalta, los buenos deseos del monarca español para lograr acuerdos que establezcan una paz duradera entre ambos bandos. A través de esta carta, la Corona española, también le otorga a Valdivia plenos poderes para pactar en su nombre, todo esto en un momento en que los militares se encontraban “desnudos de honor y de prestigio” (Eyzaguirre, 1850).

En este contexto,  las tensiones entre los partidarios de ambas estrategias, tienen su punto culminante durante el Parlamento de Paicavi de 1612, donde las conspiraciones en contra de Luis de Valdivia, tuvieron como consecuencia la muerte de tres misioneros jesuitas en el Valle de Elicura que marcaron  la historiografía chilena hasta el día de hoy.

Parlamento de Quilín 1641 realizado entre la Corona española y los mapuche.
Imagen 2: Parlamento de Quilín 1641 realizado entre la Corona española y los mapuche.
Fuente: https://walintonia.files.wordpress.com

 

Expediciones  y naufragios  ingleses previos al Parlamento de 1837

El interés de los ingleses por el territorio  de chile  se originó en primer lugar por el deseo de controlar el estrecho de Magallanes, que tenía el valor estratégico por ser una ruta interoceánica que conectaba al Pacífico con el Atlántico. En segundo lugar, existía una disputa entre Inglaterra y España por controlar las rutas marítimas dentro de un conflicto conocido como la Guerra del Asiento (1739-1748). En medio de este conflicto, zarpó en septiembre de 1740, una escuadra de guerra británica formada por 8 navíos, al mando de   Lord George Anson, con el objetivo  de arrebatarle a España sus dominios de ultramar. Una  integrante de dicha escuadra  era la fragata  H.M.S  Wager.

Dicha fragata contaba con 28 cañones y había zarpado con una tripulación de 160 hombres hacinados. Su interior estaba completamente cargado con armas, municiones y herramientas para las operaciones en tierra, además de un cargamento de objetos, destinados a ser intercambiado con los mapuches al sur de Chile, con el propósito de establecer alianzas contra los españoles (Ortiz, 2009: 5).

 

Al iniciar su viaje en Inglaterra, la escuadra tenía como primer objetivo  sitiar la posesión de Valdivia. Durante el trayecto muchos tripulantes enfermaron de escorbuto y decenas de ellos murieron. En marzo de 1741, el mal tiempo sorprendió a la escuadra británica a la altura de Cabos de Hornos, haciendo regresar a las embarcaciones, a excepción de la fragata Wager, quien continuó su viaje fugazmente, para luego naufragar el 14 de mayo de ese mismo año en el Golfo de Penas, ubicado en la zona septentrional del archipiélago de  Guayaneco (Ortiz, 2009). El caso de la fragata Wager, fue uno de los muchos naufragios ingleses que encallaron en las costas chilenas y que motivaron posteriormente a la corona inglesa a establecer tanto una representación consular en Chile como negociaciones directas con los mapuche, incluyendo el parlamento de 1837. Independiente de los actores (Lonkos o funcionarios chilenos) para los ingleses su misión aparte de promover el intercambio comercial y fortalecer su presencia en el país, era la garantizar la vida de los náufragos y el establecimiento de mecanismos para la repatriación de mercancías.

Para 1824, agentes y funcionarios ingleses habían convertido a Valparaíso en un enclave para sus relaciones comerciales. En ese periodo  cinco casas comerciales británicas habían establecido operaciones en el país. Entre ellas, estaban: la Brittain Waddintong, Hut Grunning y la Gibbs y Cía. Todas ellas, llegaron a monopolizar un alto porcentaje del sector importador y exportador chileno. En el periodo el 1820 a 1850, cuatro de 26  compañías organizadas en Londres para explotaciones e inversiones en el continente latinoamericano, operaban en territorio chileno (Garrido, Castagneto, Mesina, Rivera, 2006).          Al naufragio de la fragata Wager, le siguió el siniestro del Sarance (1824), también de bandera inglesa al mando del capitán John Kenney, quien relata que su tripulación en tierra fue asaltada y acosada por los “araucanos”. Según cuenta el propio Kenney, “los mapuche los dejaron partir rumbo al norte, sólo después de quitarles las armas de fuego, la pólvora y artículos de vestir” (Villalobos 1994: 200).

No sólo los buques mercantes (el Sarance) y militares (el Wager) de la marina inglesa surcaron las costas chilenas, también lo hicieron las expediciones científicas a bordo de barcos de bandera Británica, tales como; la expedición de Jonh Narborough (1669), quien realizó trabajos hidrográficos y observaciones sobre las características climatológicas del Estrecho de Magallanes; la expedición de Bartolomé Sharp, la expedición de William Dampier, de Edward Davies, de Ambrose Cowley,  y de John Eaton. Pero sin duda, la más famosa de esas expediciones fue la del Beagle, quien recaló en costas chilenas entre 1832 y 1835, para recorrer desde la Tierra del Fuego hasta Copiapó, pasando por la ciudad de Concepción. (Villalobos, 1994).

En el Beagle, aparte del naturalista y científico Charles Darwin, iba a bordo Robert Fitz-Roy, quien además, de comandar el bergantín, publicó su diario de viaje bajo el título de: Narrative of the Surveying of H.M.S. "Adventure" and "Beagle" between the years 1826 and 1836 Describing their Examination of the Shouthern Shores of South Americ and the Beagle's Circunnavigation of the Globe.

En este relato, Fitz Roy esboza una crónica sobre los mapuche, en donde por un lado, operan los prejuicios de la época contra el sujeto indígena y por otro, se evidencia una suerte de admiración al comparar los territorios mapuche con la campiña inglesa, tal como se expresa a continuación:

La región que atravesamos ese día, era más hermosa que cualquiera que haya intentado describir. No creo que hubiéramos cabalgado e incluso visto un acre de tierra improductiva (...) Los distritos arbolados eran muy agradables a la vista, así como al espíritu, como una muestra de un rico y fértil territorio casi en estado virgen (...) Pensé en los bosques de Inglaterra en tiempos de antaño (…). En algunos de los claros bosques que atravesamos vi pastar a un inmenso animal que había despertado la admiración, incluso al ganado que se expone en Inglaterra (2013: 397)

 

Descrito el territorio de la Araucanía, Fitz Roy hace una descripción etnográfica sobre las costumbres y vestimenta de los mapuche en los siguientes términos:

Durante los últimos días, había visto a varios indios araucanos de pura sangre, con su vestuario nativo y me asombro mucho la precisa similitud, con el de las aborígenes del Perú como Frezier los describe y pinta en su viajes. La túnica cuadrada o monta, se echa sobre sus hombro y va fijada por delante con un broche de cabeza aplanada muy grande del tamaño de un dólar (…) la faja ancha que rodea su cintura está adornada con cuentas, y los adornos de bronce en el pelo, las orejas y alrededor del cuello, llamaron más pronto mi atención  que su semblante (…) Vi  tan ataviada a sólo una mujer india, bien parecida, era la hija de un cacique que había acompañado a algunos de su tribu para observar a los hombres del buque naufragado(…)quizás la mirada de uno de aquellos indios que nunca había vivido como personas civilizadas sea el único rasgo que difiere de modo llamativo: tanto se han mezclado la clases más baja de los chilenos con los aborígenes. En la mirada de un indio libre y nómada hay un recelo inquieto que le recuerda a uno el de un animal salvaje, pero esa peculiar expresión cambia pronto mediante la civilización (…) la ropa de los araucanos hecha por ellos mismos, es de una tela muy buena y muy fuerte. Los ponchos indios son impermeables más tiempo que cualquier otro. El azul oscuro es el color usual de sus ropas, desde los ponchos hasta las faldas, y se fabrican de lana (2013: 399)

Óleo del HMS Wager, encallado en costas chilenas en 1741.
Imagen 3: Óleo del HMS Wager, encallado en costas chilenas en 1741.
Fuente:  http://www.abc.es/cultura/

En este testimonio, Fitz Roy también hace alusión a la embarcación  identificada por los ingleses como el Challenger, el cual naufragará frente a la costa de Concepción. Según el propio oficial británico, el naufragio de dicha embarcación ameritó la intervención del mismo cónsul británico, Sr. Rouse, quien además de servir de interprete entre el capitán Seymour y los mapuche, negoció  con un “cacique” para proveer de asnos, caballos y varias yuntas para bueyes a la tripulación del Challenger, para que pudiese partir por tierra rumbo a la ciudad de Concepción.  

En síntesis, el hundimiento de la fragata Wager (1747),del Sarance (1824) el incremento de la presencia inglesa en la región de Valparaíso a partir de ese mismo año, así como el naufragio del Challenger (1835), en el que intervino el vicecónsul británico Sr. Rouse,  constituyen los antecedentes del Parlamento de 1837, efectuado en el fuerte Arauco y  que contó con la presencia del mismo oficial británico, quien a petición de su superior directo, el cónsul ingles de Valparaíso, elaboró un informé en torno a su participación en el parlamento. En dicho informe, Rouse cuenta sobre un cacique llamado Manquil o Magil, quien instigó a los “caciques” Gueyputru, Quilal, Namacura y Frayre a incursionar en el Departamento de La Laja con la presunta intención de tomarse su capital (Los Ángeles), la cual se encontraba indefensa, pues sus custodios habían sido trasladados a Valparaíso para luego embarcarse hacia el norte, para participar en la guerra contra la  Confederación Perú-Boliviana. (Villalobos 1994)

 

El Parlamento de Boroa de 1837

El Parlamento de Boroa de 1837, fue convocado por el Intendente de Concepción para conseguir una tregua con los “caciques” sublevados a raíz de la movilización de tropas a la guerra, el vicecónsul Rouse,  informará a su majestad  británica:

(…) La disminución de las fuerzas militares a los largo de la frontera indígena para cumplir con las exigencias de la guerra con el Perú se combinó para que las autoridades sinceramente decidieran pactar una tregua con sus salvajes vecinos (…) El intendente de Concepción invitó a Antinao con algunos otros caciques amigo de la costa, a una conferencia en esta ciudad, donde se explicó que la conducta de Manquil hacia el general Bulnes, podría muy a su pesar, obligarlo a poner a disposición del general una numerosa fuerza militar lista en Talcahuano para aniquilar a las tribus rebeldes a menos que el descontento del general fuese aplacado por la sumisión de los rebeldes (W. Rouse,1837 citado en Villalobos, 1994: 214)

 

En cuanto al ceremonial y protocolo desplegado por los mapuche durante la realización del Parlamento, el vicecónsul británico, señala:

Concluida la carrera de caballos, entramos a un fuerte con más calma, en cuyo portón una guardia de infantería recibió al intendente. Entonces siguió la ceremonia de saludo como la llaman los indios Mari Mari, la cual es de este modo. Los caciques primero se ordenaron a la derecha  y la izquierda del cacique principal, y frente al Intendente y su grupo respaldados a media yarda por una multitud de seguidores (mocetones). Luego cada cacique dirigiéndose a la persona a ser saludada, camina hacia adelante, se saca el sombrero, o toca su frente con la exclamación Mari Mari. Ésta es la señal de bienvenida, al colocar la mano derecha estirada sobre el hombro izquierdo de la otra persona, e inclinando la cabeza primero a la izquierda y luego a la derecha. La ceremonia es más bien  un problema, pues de después de haber terminado separadamente su ronda de saludos, presentan a sus respectivos seguidores para participar del mismo privilegio (…) A los saludos les sigue normalmente un largo y tedioso discurso, pero el Intendente acortó el acto, y los despidió insinuando un estado de cansancio (Rouse, 1837citado en Villalobos, 1994: 214- 215)

 

Según el testimonio ofrecido por el vicecónsul ingles a su superior en Valparaíso, el Parlamento se reanudó al día siguiente, cuando fueron a la choza principal donde los esperaban:

Pascal Antinao, cacique gobernador de Arauco, cuya jurisdicción nominal se extiende desde los confines de Arauco a lo largo de la costa hasta Imperial y Boroa, Basilio Undalevi, yerno de Antinao;  Juan Luicopichun, dueño de la mayor parte de la tierra entre el fuerte Arauco y el cerro Chimpi (…) Pedro Curriñir, cacique de  Tucupel (…) Felipe Paillante, cacique de Tirúa, Montero Llevilanquen, casique de Lleu-Lleu o de Ranquelhue donde se perdió el barco francés Rose (…) Francisco Gueracán, uno de los caciques de Imperial, cerca del cual se perdió la corbeta inglesa Sarance (…) Los caciques se sentaron en un banco rojo (…) mientras el intendente, el vice cónsul francés, el Comandante del fuerte y yo mismo, ocupamos sillas en el centro; y detrás de nosotros estaba una multitud mezclada de chileno e indios. (Rouse 1837citado en Villalobos, 1994: 216) 

 

En el segundo día de parlamento, el Intendente informó que el motivo de la asamblea era la paz.  Para ello, la intendencia había dispuesto gran cantidad de recursos, pero, también había contemplado castigos para los rebeldes. Declaró además, sentirse deseoso de que cada tribu viviera en su propio territorio, sin ser molestadas. Escuchada las declaraciones del Intendente, el cacique Conum en nombre de los presentes, manifestó sentirse deseoso de permanecer en buenos términos con sus vecinos chilenos. Durante el tercer día en la tarde, los mapuche se congregaron alrededor de la casa del Intendente para recibir regalos. Situación que fue aprovechada por los vicecónsules inglés y francés para reunir a los mapuche y hacerles una propuesta de paz. Esta propuesta de paz, consistía según el propio Rouse en ofrecer a los “caciques alojamientos, regalos (tabaco, añil) y agasajos cuando visitasen la ciudad de Concepción a cambio de que los mapuche, les brindarán protección, insumos, caballos, guías y facilidades de traslado hasta Concepción a todos aquellos marineros que pudiesen naufragar en sus costas” (Rouse, 1837 citado en Villalobos 1994:196)

Vicealmirante Robert FitzRoy, capitán el HMS Beagle durante el famoso viaje de Charles Darwin por costas chilenas
Imagen 4: Vicealmirante Robert FitzRoy, capitán  el HMS Beagle durante el famoso viaje de Charles Darwin por costas chilenas
Fuente: https://curiosidadesdelahistoriablog.com

Analizado el testimonio del vicecónsul británico, se puede afirmar que el objetivo del Parlamento de 1837, era asegurar la paz en la frontera norte en un contexto donde la naciente república chilena se encontraba inmersa en una guerra con sus vecinos Perú y Bolivia.

Con el tratado, se evitaba abrir un frente interno atizado por la rivalidad entre el Estado y los mapuche por los territorios y recursos de la región de la Araucanía (Contreras, 2002 a, 2002 b, 2007, 2009, 2012, 2014). Sin embargo, la ocasión fue capitalizada por los representantes de las potencias europeas para negociar con los mapuche en torno a las posibles embarcaciones que naufragarán en sus costas. Todo ellos para disminuir las vicisitudes que pudiesen padecer los marineros varados, tal como sucedió en el pasado con la fragata Wager, la corbeta Sarence y el Challenger. Por otro lado, para los vicecónsules franceses e ingleses, el Parlamento de 1837, significó la oportunidad de acercarse a los mapuche en un escenario de crisis gubernamental derivado  tanto de la guerra con sus vecinos como por el asesinato de Diego Portales  cuando era trasladado a Valparaíso.

En consecuencia, la crisis de gobernabilidad que sufrió el Estado chileno en las postrimerías del siglo XIX, alimentó las pretensiones extranjeras de ocupar e invadir los territorios perteneciente a los mapuche, quienes aún, se mantenían independientes del Estado chileno (Bengoa, 2003). En este contexto, la corona británica intensificó sus contactos y negociaciones con diferentes lonkos en la Araucanía, con el objetivo de hacerse del territorio y presionar a la república chilena para obtener ventajas y privilegios en diferentes campos económicos bajo la excusa de cobro del empréstito de Londres, que Chile adeudaba.

Como dato curioso, dos meses después de realizarse el Parlamento de 1837, el Congreso Nacional, le solicita la renuncia al Intendente de Concepción. Los motivos de tal solicitud, están inmersos en el informe del Sr. Rouse, quien da a entender que el Intendente no sólo deseaba la paz con los mapuche, sino también era proclive a  respetar los límites del territorio mapuche. A la solicitud de renuncia del Intendente por parte del poder central, le siguió un gran silencio gubernamental que invisibilizó a este parlamento de la historia oficial chilena, en aras de construir un proyecto nacional, cuyo carácter homogeneizador   no comulgaba con la idea de que los mapuche fueran capaces de defender sus intereses y al mismo tiempo, representarse en forma soberana, frente a potencias internacionales, tal como habían existido durante el periodo colonial, en las negociaciones llevadas a cabo con la Corona de España. De allí, la categorización que hizo el poder constituido sobre los parlamentos, al describirlo como simples actos de borrachera, con miras a relegar la relevancia jurídica y sus posibles implicaciones de carácter vinculante que pueden y que legitiman, aún en la actualidad las demandas y exigencias mapuche, en torno a su derecho sobre su territorio ancestral.

 

Conclusión

La sociedad mapuche -a diferencia de sociedades mesoamericanas o andinas,   no  se organizó en torno a un poder central, por lo tanto, los mapuche no depositaron su representación en elites teocráticas o castas guerreras que ejercían su poder frente a la masa campesina. En consecuencia en una sociedad sin Estado como la mapuche, se impone un sistema fluctuante de alianzas y contra alianzas entre grupos o facciones que se unen para negociar directamente de igual a igual con el poder central, tal como se evidencia en los parlamentos celebrados entre los mapuche con las potencias coloniales y con la naciente  república chilena, cuyas elites políticas, en su afán de construir su imaginario nacional  relegaron los parlamentos a los confines de la historia.

Esta omisión de la  historia oficial, fue naturalizada durante los siglos XIX y parte del siglo XX a través de los “paradigmas históricos temporales”, que se imponen como verdad desde las construcciones epistemológicas, propias de la racionalidad occidental, las cuales contribuyeron a desvalorizar la cultura, la identidad y las formas de negociación etnopolíticas que existían en los mapuche desde tiempos inmemoriales. Unida a esta desvalorización y construcción del otro desde una perspectiva eurocéntrica, había una intencionalidad política de ocultar u omitir el tema de los parlamentos de las agendas institucionales por considerarlos como posibles antecedentes jurídicos que pudiesen avalar las demandas territoriales de los mapuche que tanto en el pasado como en el presente serán percibidas por las elites políticas como amenazas a la integridad territorial del Estado chileno.

Sin embargo, existen archivos y crónicas que dan cuenta de la existencia de los parlamentos como mecanismos de negociaciones etnopolíticas que por un lado, evidencian la autonomía de la cual gozaron los mapuche, lo cual los situaba en una condición jurídica de “súbditos libres” frente a la Corona y por otro, la capacidad que tenían los mapuche para ejercer la diplomacia y la política y hacer frente al poder central. Así, lo atestigua Fitz Roy en su diario cuando hace referencia a las negociaciones  realizadas entre la tripulación del Challanger y los mapuche.

No obstante, es necesario señalar que entre los ingleses existían otras motivaciones  aparte de los naufragios y el rescate de mercancías, que los impulsaban a reforzar el contacto con los mapuche. Una de esas motivaciones fueron en primer lugar, la Guerra del  Asiento (1739- 1748), mediante la cual, Inglaterra le disputó los dominios de ultramar al reino de España y en segunda lugar, la guerra contra Perú y Bolivia, la cual junto al  asesinato de Diego Portales, fueron percibidos por la corona inglesa como una oportunidad de ampliar sus dominios mediante el establecimiento de alianzas con los mapuche en contra de la naciente república chilena.

Por otro lado, el parlamento de Boroa de 1837, entre mapuche e ingleses, así como los anteriores realizados con la corona española, evidencian la existencia de una plena conciencia de los mapuche sobre la extensión de sus fronteras marítimas y terrestres, a pesar de ser una sociedad sin Estado. Este principio se aplicaría de igual  manera a España e Inglaterra, quienes explícitamente a través de los parlamentos, reconocieron, la soberanía mapuche sobre un vasto territorio.

Las investigaciones sobre los parlamentos, no solo  son valiosas para rescatar crónicas, archivos y documentos que puedan servir como antecedentes jurídicos a las actuales demandas territoriales y autonómicas del pueblos mapuche en virtud de que fueron acuerdos refrendados y aprobados tanto en la época colonial como en el periodo de gestación y consolidación de la república chilena , sino también para  reconstruir a partir de la etnografía y la historiografía una institucionalidad mapuche que hasta el siglo XIX,  sirvió como mecanismo de negociación etnopolítica para dirimir y evitar conflictos.  Por lo tanto, el rescate de dicha institucionalidad desde los confines de la historia oficial, podría fortalecer la participación política del movimiento mapuche, pues se estaría visibilizando y al mismo tiempo dignificando un espacio de negociación etnopolítico que desde tiempos inmemoriales sirvió para fortalecer alianzas. Además los parlamentos en la actualidad podrían constituirse en un  nuevo  punto de encuentro  entre el Estado  chileno y  los mapuche que sustituya la institucionalidad fallida construida por el poder central para mediar con los mapuche.

 

Notas:

[1] Doctorarte en Sociología. Investigador del Centro de Investigación Indígena RUCADUNGUN  Academia De Humanismo Cristiano. Profesor  de Sociología  de la Cultura,  Universidad  Alberto Hurtado. Publicaciones: La Cueca Sola. Mujeres, Memoria y Lucha (Ni perdón ni olvido). Editorial Ocean Sur;    Estado-ciudadanía, cooptación, y etnicidad en el Chile del siglo XXI. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Doctor phil. Altamerikanistik. Freie Universität Berlín. Antropólogo. Licenciado en Antropología, Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Diplomado en Gestión Social. Realizó prácticas de docencia en Lateinamerika-Institut, Freie Universität Berlín. Fue profesor invitado por el Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Estudios Internacionales y Ciencias Políticas de la Universidad de Lodz en Polonia. Ha sido invitado a la UNPO (Unión de Pueblos No Representados) en el Parlamento Europeo, Bruselas, Bélgica. Autor de tres libros y siete artículos para diferentes revistas científicas, ha participado en congresos internacionales en Chile, Argentina, Alemania, España, Francia, Bélgica, Hungría y Polonia. Es Director del Centro de Documentación e Investigación Indígena RUCADUNGUN. Investigador asociado a la Escuela de Antropología de la UAHC. Docente de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Coordinador de investigación de la Cátedra UNESCO de Educación en Derechos Humanos Harald Edelstam. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Bibliografía:

  • ARANA BARROS, D. (1885). Historia General de Chile. Santiago, Rafael Jover, Editor.
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Cómo citar este artículo:

SALGADO BUSTILLOS, Flavio, (2017) “Naufragios Ingleses en Costas Mapuche y sus vinculaciones con el Parlamento de 1837”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 32, julio-septiembre, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 17 de Noviembre de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1524&catid=6

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