Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
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Muertes violentas y almas que penan. La escatología en el imaginario de los pueblos andinos

Violent deaths and souls that suffer. The eschatology in the imaginary of the Andean peoples

Mortes violentas e almas que sofrem. A escatologia no imaginário dos povos andinos

Néstor Godofredo Taipe Campos[1]

 

Introducción

Se habla de dos tipos de muertes: natural y violenta. La primera es la consecuencia de un proceso “interno” del organismo y son por vejez, súbita y repentina. La segunda es la consecuencia de la intervención de un agente “externo” al organismo y son por accidente, suicidio y asesinato.[2]

En la cosmovisión de muchas culturas, como entre los andinos, la muerte es un rito de paso de una a otra vida; por tanto, el pasaje se efectúa mediante una serie de ritos de separación, de margen y de reintegración (van Gennep, 2008). La correcta realización del proceso ritual mitiga las angustias y permite recomponer el desajuste del hogar a partir de la pérdida de uno de sus miembros (García, 1997). En este sentido, hubo cierta compatibilidad entre el imaginario sobre la “otra vida” entre los andinos y los occidentales. Ya es diferente el grado de aceptación, adaptación, reinterpretación o rechazo con relación a los imaginarios con respecto al cielo, infierno, purgatorio y limbo.

En un contexto cultural donde el pensamiento religioso tiene todavía un gran arraigo ¿Qué sucede con las almas de las personas que tuvieron muertes violentas? ¿A cuáles causas se atribuyen el destino de las almas de las personas que tuvieron muertes violentas? ¿Qué hacen los parientes para mitigar o suprimir los sufrimientos o la condenación de “sus” almas?[3] Me propongo responder estas interrogantes haciendo un trabajo de campo en Huancavelica y Ayacucho, pueblos con profunda herencia colonial pero también con una vigorosa vigencia de la cultura andina.

Para dar respuesta a las interrogantes, entre los años 2015 y 2016, viajé a las ciudades de Huancavelica y Ayacucho, y conversé con mujeres y choferes que han perdido a sus familiares y amistades en accidentes ocasionados en las carreteras; registré información en Colcabamba sobre la muerte extremadamente violenta de una persona en la construcción del Complejo Hidroeléctrico del Mantaro; entrevisté a los familiares de dos suicidas; revisé tres testimonios sobre personas que perdieron la vida en el contexto de la violencia política en áreas rurales de Ayacucho por las décadas de los ochenta y noventa: y, un cuarto testimonio de una viuda cuyo cónyuge fue secuestrado y desaparecido por miembros del Partido Comunista “Sendero Luminoso” (PCP-SL) en un centro minero en Castrovirreyna a mediados de los noventa del siglo pasado.

La información obtenida es impresionante y permite otras entradas para comprender la escatología vigente en el pensamiento de los actores sociales estudiados. En consecuencia, abre trochas para adentrarnos en las profundidades de las subjetividades, de las angustias y de los temores que experimentan ante la amenaza de que el alma de sus difuntos terminen condenados en el tormento del infierno o del purgatorio; además, facilita la comprensión de los rituales que los parientes realizan para mitigar o suprimir el sufrimiento de las almas de las personas que murieron violentamente y para superar ellos mismos las angustias que involucran la pérdida de sus seres queridos.

Organizo la exposición en tres apartados: En el primero doy cuenta sobre las creencias del sufrimiento de las almas de las personas muertas en accidentes; en el segundo abordo sobre el destino de las almas de los suicidas; y, en el tercero desarrollo los testimonios sobre las almas de las personas que murieron violentamente en el contexto del conflicto armado interno[4].

 

Los sufrimientos de las almas de las personas muertas en accidentes

Muertos fuimos allá con violencia
todos, y hasta última hora pecadores,
mas el cielo alumbró nuestra conciencia
y, arrepentidos y perdonadores,
en paz con Dios dejamos la otra vida
y de verle consúmennos ardores.
La Divina Comedia
.

Las almas de las muertes por accidentes carreteros

El estudio que realizo tiene como contexto a un territorio con las carreteras más peligrosas del país que conecta, por la vía “Los Libertadores”, a los departamentos de Ica, Huancavelica y Ayacucho y la que unen a Huancayo, Huancavelica y Ayacucho por la “Carretera Central”.[5]

Precisamente por considerar que las personas que recorren a diario las carreteras deben conocer bastante sobre el tema que me interesa, al desplazarme por el tramo entre la ciudad de Huancavelica y la ex-mina colonial de mercurio de Santa Bárbara, pregunté al conductor de la camioneta ¿Qué ocurre con las almas de las personas que se mueren en un accidente carretero? Esta fue su respuesta:

Se cuenta que, cuando hay volcaduras con uno o varios fallecidos, las almas de los muertos quedan allí donde murieron sus cuerpos y van penando por ese lugar. Las almas quedan por donde hubo el accidente hasta que sus familiares los recojan haciendo uso de la ropa del propio finado. Las almas se pegan a esa ropa, así las recogen y las llevan hasta las tumbas donde están sepultados sus cuerpos, entonces, allí recién estas almas descansan tranquilas. Hecho esto, las almas dejan de penar, de lo contrario van llamando la ocurrencia de más accidentes en el mismo lugar ¿Recuerda usted cuántos accidentes hubo en el puente de Matachico, en Jauja, en la carretera central? ¿Habrá escuchado también que entre Ticrapo y Castrovirreyna hay accidentes constantes? Además, cuando uno viaja, siempre vemos unas pequeñas capillas de concreto en los bordes de las carreteras. Estás capillas están casi siempre con velas y flores frescas porque los familiares de los que murieron en los accidentes los visitan y rezan por las almas de estas personas.

 

En el testimonio anterior se puede tomar como elementos de análisis a la separación de las almas de los cuerpos muertos, el sufrimiento de éstas, los rituales para mitigar esos sufrimientos y que, de lo contrario, las almas “llaman” la ocurrencia de mayores accidentes.

Antes del análisis, veamos el contenido de otras narraciones registradas en una reunión de varias señoras en la Tierra del Mercurio. ELC me narró:

C. A. P., natural de Lircay y a punto de titularse como ingeniera civil en la UNH, el 20 de abril de 2015, falleció junto con otras 10 personas en un accidente en ‘Pukarumi’, en la carretera Huancavelica-Palca. El bus de la Empresa Raymundo cayó a un barranco y 11 personas murieron. A ella ya la habían enterrado; pero dice que su hermana siempre la soñaba y le decía: ‘¿Por qué me han dejado? Ustedes me abandonaron, ya no vienen a verme’. Esos sueños eran constantes. Como ella había muerto en accidente, la gente dijo que las almas de su hermana y de las otras personas estaban penando. Dicen que lloran, gritan y se lamentan en el lugar del accidente. Entonces, después de varias consultas, los familiares de la chica hicieron un muñeco con la ropa de la finada y la llevaron al lugar donde fue el accidente. En este lugar pusieron al muñeco. Luego empezaron a rezar. Dicen que aquella fecha estaba muy próxima al cumpleaños de su mamá. Entonces ellos dijeron al alma: ‘¡Apúrate! Tenemos que ir. Mamá nos está esperando. No demores más’. Y, aunque no lo creas, es como si el alma de la fallecida se hubiera metido dentro del muñeco. Dicen que cuando lo alzaron, el muñeco pesaba bastante, estaba totalmente tieso; dicen que lo trajeron aquí y luego lo llevaron al sepulcro donde estaba su cuerpo. Allí le dijeron: ‘Ya hemos llegado’. Luego contaron que ella ya estaba muerta, y le dijeron que no se preocupe, que ellos iban a ver a su mamá: ‘Tú descansa ya. Te queremos. Te extrañaremos’. Aunque no lo creas, mientras hablaban así, el muñeco ya no pesaba, estaba liviano tal como lo llevaron al principio, el alma abandonó el muñeco y lloró al enterarse que su cuerpo ya estaba muerto, luego se fue… no creo que fuera al cielo, supongo que iría al purgatorio a esperar al juicio final. Hay mucha gente que, por desconocimiento, sólo recoge a los cuerpos que mueren en los accidentes y se olvidan de las almas y los condenan a sufrir y penar siempre en el mismo lugar y a llamar a que ocurran más accidentes allí mismo.

 

En este testimonio emergen tres elementos nuevos con relación al primero, estos son la comunicación onírica de la finada con su hermana; el segundo es la afinidad entre los muertos y los vivos (alma, hermana y madre); el tercero que, por desconocimiento, muchos familiares sólo recogen los cuerpos de sus difuntos olvidándose de sus almas.

Presento el tercer testimonio de MCR:

Mi padre fue CCH. Él y mis tíos hacían negocio de ganado. Aquella vez llevaron ganado de Huancavelica a la feria de Chupaca en el valle del Mantaro y ya regresaba de Huancayo a Huancavelica, venía en un carro de su amigo y pasando Izcuchaca, en esa subida, se desbarrancó. Allí murieron tres personas, el chofer, su amigo y mi papá. Enterados del accidente, mis abuelos maternos, mis tíos y mi mamá recogieron el cadáver. Las tres personas fallecidas eran de Huancavelica. Llegando a la ciudad, por orden del fiscal, los llevaron a la morgue; luego lo sacaron a mi papá y lo llevaron a un local alquilado para que lo velen, esto fue así porque mis tías decidieron que el velatorio no sería en mi casa, porque no nos dejaría estar bien, porque su alma estaría allí, temían por mi hermanito chiquito de un año y medio, decían que podía llevárselo, que podía morir o enfermar, porque es bebito puede llevárselo, por eso no lo velaron en mi casa. Parece que, a los últimos, a los más engreídos, cuando muere el padre o la madre, se los lleva. Después de tres días, enterraron a mi padre en el cementerio general de Huancavelica.

Mis padres tienen a su padrino de matrimonio en Izcuchaca, él caminaba con sus vacas por el lugar del accidente y, como a las seis de la noche, oyó que el alma de mi papá llamaba pidiendo auxilio, lloraba y se lamentaba. Cuando el padrino contó, mi madre, con ayuda de mis tíos, hizo una capilla en el lugar de accidente, llevaron al cura para que haga una misa, prendieron velas y pusieron flores para que no esté sufriendo. Desde entonces ya no se oyó que hubiera llantos ni lamentos por ese lugar. Los familiares de los otros dos fallecidos, al enterarse que mi madre hacía la capilla para mi padre, también hicieron lo mismo. En lo sucesivo la visita de algún familiar a este lugar daba ocasión a que rece por los tres.

Sin embargo, mi madre empezó a enfermar y mi abuelo nos llevó a su casa donde vivimos casi un año. En su sueño, mi padre reclamaba a mi madre porqué habíamos dejado a la casa. Además, encargó que busque unos ahorros que tenía escondido en la casa. Buscaron muchas veces sin hallarla. Hasta que cierto día, apareció sola en una bolsa de tela que contenía monedas de 9 y 5 décimos y un fajo de billetes viejos. Entonces recién empezó a sanar mi madre y regresamos a ocupar nuevamente la casa y ya no hubo más problemas”.

 

En los accidentes descritos ocurre que el cuerpo y el alma se separan abruptamente. El cuerpo muere y el alma queda en el lugar o los alrededores del siniestro. Los cuerpos son recogidos siguiendo las prescripciones legales y son trasladados a la morgue y luego son entregados a los familiares para su sepelio.

En el segundo testimonio podemos encontrar que los dolientes de las personas que mueren en accidentes, “por desconocimiento sólo recogen a los cuerpos […] y se olvidan de las almas y los condenan a sufrir y penar siempre en el mismo lugar y a llamar a que ocurran más accidentes […]”.

En el testimonio referido, la gente advierte a la hermana que, si tiene perturbaciones del alma de la finada, por los sueños constantes, es porque ella está sufriendo en el lugar del siniestro. En el tercer testimonio, es el padrino de matrimonio quien narra el sufrimiento de las almas, escucha en el lugar del accidente sus gritos de auxilios, los llantos y lamentos.

Ante la situación descrita en el segundo caso, los familiares realizan un ritual para mitigar el sufrimiento del alma de la finada. Hacen un muñeco con la ropa de la occisa y van al lugar del accidente (más adelante tendremos oportunidad de acceder a detalles más ricos cuando veamos un caso de la muerte por suicidio), le ruegan y apremian al alma para que ingrese al muñeco, que cuando lo hace adquiere más peso y hasta le sienten “tieso”. Luego lo trasladan hasta la sepultura donde está el cuerpo y le explican que ella ya murió y que descanse en paz y que ellos se encargarán de cuidar a su madre. Saben que el alma sale porque el muñeco se vuelve liviano como al principio. Lo que no queda claro en la narración es a dónde va esta alma después de este ritual. En cambio, es explícito el carácter de contigüidad o de contagio (Frazer, 1981) entre la ropa y el alma del finado.

Cuando los informantes describen que, sino “recogen” a estas almas, se los condena a un sufrimiento lastimero; entonces el “abandono” adopta un significado siniestro porque estas almas “llaman” a que ocurran más accidentes en el mismo lugar. “La sangre llama a la sangre”, escribe Jean-Paul Roux (1990), como en Matachico o la carretera entre Ticrapo y Castrovirreyna (primer testimonio), se trata de un efecto nefasto por simpatía “lo semejante evoca lo semejante” (Frazer, 1981). Estamos ante la figura de una sucesión en la que el alma para liberase del sufrimiento, evoca o “llama” a que otras almas sufran en su lugar y que ellas puedan continuar con su destino. Los relatos sobre los condenados narran que éstos tratan de devorar a la gente para lograr su salvación. Es paradójico, pero creo que estamos ante un mecanismo paralelo en el cual cada alma (el siniestrado accidentalmente y el condenado) busca realizar su destino, provocando mayores accidentes o devorando a las personas.

El tercer testimonio es novedoso en la medida en que pone al descubierto el haber escondido monedas de plata y billetes como una causal del sufrimiento del alma y presenta otras formas de rituales orientados a mitigar los sufrimientos de las almas cuyos cuerpos murieron en accidente, y de proteger a los hijos menores para evitar que el finado se lo “lleve”.

Este testimonio describe ciertas creencias y prácticas de carácter protectivo a los miembros de la familia del fenecido. Los deudos de CCH deciden velarlo en un local alquilado, para evitar el riesgo de que su alma perturbe la vida de los parientes vivos. Además, existía el gran riesgo que el finado decida “llevarse” consigo al último hijo, que aquella vez tenía apenas un año y medio, que era el más débil de los miembros de su familia, y que podía “enfermarlo” y provocar su muerte para que se fuera con él, para que sea su compañero en el viaje a la otra vida.

A lo mejor estamos ante algunas creencias con raíces andinas, ya que, en el Perú antiguo, cuando moría algún personaje principal sacrificaban a una esposa o concubina, a los hijos y algunos servidores. Son varios los testimonios que he escuchado que el finado, sino se cumplen con ciertos procedimientos, se “lleva” al ser que más apego tuvo con él. De ahí la decisión de esta familia de realizar el velorio fuera de su casa. A lo anterior se puede añadir que en estas sociedades rurales existen ciertas creencias y prácticas orientadas a evitar que el muerto provoque la muerte de otros parientes suyos, entre las que se puede mencionar el evitar barrer la casa hasta después del quinto día, cerrar los ojos y la boca del finado si éste los tuvo abiertos al momento de morir.

En cambio, la antigua práctica de sacrificar un perro para que guíe el camino del alma aún se mantiene vigente en varios lugares de los Andes (Fourtané, 2015). El 28 de mayo de 2016, Tomasa Taipe me dijo:

El alma se va después del quinto día, entonces el alma del perro debe ir junto a su dueño. El quinto día se ahorca a un perro, le ponen un hábito hecho con costales, luego, haciendo una chakana [tarima con palos cruzados], como si fuera un cadáver humano, se lo lleva hacia un lugar alejado de la casa, de preferencia debajo de algún camino, la viuda va detrás del cadáver del perro, con luto, cubierto con un pañolón negro. Todo esto hacemos hasta ahora en Sachamarca y por la zona de Ocoro [en Colcabamba, Tayacaja].

En toda casa hay más de un perro, cuando muere su dueño, se sacrifica al perro que más quiso éste. El ritual, es igual que al de una persona, se vela al cuerpo del perro, se le lleva rezando y cantando, luego se le entierra. Entonces el alma del humano viaja acompañada de su perrito al lugar donde le designa el Padre.

 

A lo anterior se suma otro testimonio que registré en Huancavelica que, a inicios del año 2012, cuando murió la madre de otra de mis informantes, sacrificaron a un perro para que acompañe al alma de la finada. En algunos testimonios de la violencia política por Acobamba, también informaron sobre las mismas prácticas de sacrificio de perros para que acompañen a las almas de sus dueños en el viaje a la otra vida. Inclusive, hay la creencia que cuando las almas estén en el purgatorio o en el infierno, será el perro quien alivie la sed del alma llevándole gotas de agua en sus orejas (Taipe, 1999).

Es indiscutible la función psicopompo de los sacrificios de perros descritos. Pero también pueden ser interpretados, en contextos contemporáneos, como un rito de sustitución que los dolientes otorgan al alma del finado. Le dan al perro que más quiso en vida para su compañía en su viaje. Entonces ya no tendrá necesidad de “llevarse” a uno de sus parientes.

El tercer testimonio presenta sus propias particularidades. No “recogen” el alma del muerto. En cambio, hacen construir una capilla y colocan una cruz en el lugar del siniestro, luego llevan a un cura para que haga una misa en dicho lugar, le rezan, le prenden velas y ofrendan flores. Se trata de un rito que busca liberar o mitigar el sufrimiento del alma cuyo cuerpo feneció en este accidente. Pero al mismo tiempo es un rito que sacraliza al espacio del siniestro. Porque en el futuro, no sólo los familiares harán reverencias religiosas, sino todos los choferes y creyentes se santiguarán al pasar por este lugar (imagen 1).


Imagen 1. Capilla que marca el lugar de la muerte de varias personas por volcaduras.
Carretera Ayacucho - San Francisco (Fotografía: Rocío Coras, 2015).

Pero la esposa del finado empezó a enfermar a pesar del ritual realizado. Entonces, el padre de ésta decide que ella y sus hijos (los nietos) vivan en su casa. Estuvieron en la casa del abuelo por término de un año, durante el cual seguían visitando la capilla en el lugar donde murió y al cementerio donde estaban sepultados sus restos. Pero la señora tenía sueños en el cual el finado le reclamaba porqué habían abandonado su casa y encargó que busquen la plata que había ocultado. La presencia turbadora del alma terminó cuando encontraron la plata ocultada. Con el hecho anterior parece que el alma recién se separa definitivamente de los vivos. La esposa mejoró de salud y luego, junto a sus hijos, retornó a habitar la casa y la familia logró tener paz nuevamente.

En los tres casos se puede notar que la afinidad entre vivos y muertos no termina con la muerte. Hay tiempos, espacios y motivos por las que interactúan: los sueños, las revelaciones, la presencia inquietante en el hogar, los llantos, los gritos y lamentos en los lugares del accidente; de ahí la importancia de los ritos para restablecer la tranquilidad en el hogar.

 

La muerte accidental por explosión

Por los setenta del siglo pasado, cuando estuvieron construyendo la Central Hidroeléctrica Santiago Antúnez de Mayolo (hoy Complejo Hidroeléctrico del Mantaro), en Campo Armiño (Colcabamba), un trabajador “misti” (blanco), de apellido Orellana, murió a raíz de la explosión de varios cartuchos de dinamita. Dicen que fue una muerte que conmocionó a sus compañeros, familiares y al pueblo de Colcabamba porque su cuerpo voló en pedazos.

Después de un tiempo, el comunero quechua Antonio Egoavil que venía de Andaymarca hacia Colcabamba, al llegar al río Mantaro vio que un grupo de demonios llevaba a Orellana, en procesión, en un trono que ardía con dirección a la selva. Grande debió ser el miedo de Egoavil que se quedó dormido muchas horas en ese mismo lugar, y al llegar al pueblo, contó lo que había visto.

Entre la gente, mestiza e indígena, hay la convicción de que las personas que tienen muerte muy violenta se “condenan”, por tanto, su destino final será arder en el infierno. ¿Pero dónde está el infierno? Entre los pueblos de Colcabamba, Andaymarca y Roble (en Tayacaja) hay la creencia de que el infierno está por la “montaña” (yunka). Casi todos los cuentos hacen referencia que los “condenados”, después de deambular por las noches buscando víctimas, al tercer canto del gallo, van en dirección de la “montaña”.

Tal vez aquí haya coincidencia con los indígenas huantinos que ubican al infierno o supay wasi por territorio de Huarcatán o por los flancos de Carhuaurán (imagen 2), al que le llaman Tawa Ñawi (Coronel y Millones, 1981; Huertas, 2007) y que, en ambos casos, está muy cerca a la ceja de selva del Valle de los Ríos de Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM).

Pregunté sobre este infierno a un poblador de Ayahuanco radicado en la ciudad de Huancayo y me dijo:

¿El Tawa Ñawi? ¿Cómo no escucharlo? Cuando, aparte de campeches [campesinos], éramos también arrieros, como yo tenía de “raspadita” alguna educación, me parecía interesante escuchar a los arrieros esos cuentos, y conocer los lugares donde aparecían estos demonios que vivían en el Tawa Ñawi. Este cerro se ve desde Chahurchayocc, de los bajíos de Apulema y de Putis.


Imagen 2. Indígenas quechuas de Carhuaurán-Huanta (Fotografía: Néstor Taipe, 2012).

Olinda Quispe (2016), en la maestría de antropología en la EPG de la UNSCH, presentó un relato en el que un condenado pretende conducir a un viajero hacia el Tawa Ñawi. Los datos anteriores hacen evidente la vigencia contemporánea de creencia de este infierno entre los campesinos de estos lugares.

¿Por qué el destino tan terrible de las almas cuyos cuerpos murieron por accidente? Fourtané (2015) postula que, en la cosmovisión andina, entre los creyentes el accidente de por sí involucra alguna transgresión, es decir, ocurrió el accidente sólo porque sus víctimas han cometido algún pecado en términos cristianos o han quebrantado las reglas elementales de convivencia en su grupo social. En consecuencia, el accidente se constituye en un medio para hacer cumplir el destino final de las almas.

Sí se habla de destino final, en las creencias católicas hay dos destinos terminales, el cielo para los justos y el infierno para los que tuvieron pecados mortales, mientras que el purgatorio emergió como un tercer espacio temporal transitorio para aquellos que cometieron pecados veniales. El limbo es casi contemporáneo del purgatorio y está destinado “para los justos anteriores a Cristo y los niños pequeños muertos sin el bautismo”, de ahí que se hable del “limbo de los justos y el limbo de los niños”. El limbo de los patriarcas queda vacío y “ya no es más que un recuerdo histórico. El limbo de los niños, que seguirá siendo objeto de discusiones durante siglos, no figura en un plano de igualdad con los otros tres lugares del más allá. Corresponde al caso de aquellos seres humanos que no tienen ningún pecado personal, sólo el pecado original” (Le Goff, 1989: 254).

Cuando se impuso en los Andes estas creencias, el infierno no fue asimilado como posible destino de los indígenas en cambio tuvo mayor arraigo la idea del purgatorio. Tampoco tuvo mucho arraigo la idea del limbo para los niños muertos sin el bautismo, en cambio sí tuvo crédito la idea de que todos los niños van al cielo (Millones, 2007). Hasta los cuentos de los condenados otorgan la posibilidad de salvación. Los condenados, después de un ritual que puede involucrar devorar humanos o ser derrotados por estos, abandonan el mundo de los vivos y se dirigen a cumplir con su destino; es decir, termina el tiempo liminar y marca el momento de la separación de esta vida y la otra. Algunos cuentos dicen que se transforman en paloma y vuelan. ¿Vuelan al purgatorio o al cielo? Se salvan del infierno, pero sí tuvieron pecados tendrán que expiar en el purgatorio esperando al juicio final.

Los relatos andinos dan la idea de que la estadía en el infierno no es eterna, porque hay la posibilidad de que logren salir de ella mediante la restitución (vieja creencia occidental trasladada a los Andes).

Dos ejemplos ilustran lo anterior. Primero, en los cuentos del Tawa Ñawi,[6] Mariano Moreno (1800-1879) dueño de la hacienda Urubamba (en Acobamba, Huancavelica), estaba en el infierno por haber sido en vida perverso y cruel con los campesinos. Antes de morir encargó que taparan sus fosas nasales y la boca y que lo entierren a seis varas de profundidad. Pero terminó condenándose. Desde el Tawa Ñawi hizo llegar una carta firmada con su sangre, exigiendo a su señora la restitución para su salvación. La viuda tuvo vergüenza de devolver las herramientas a tantos indios y terminó entregando la hacienda al cura del lugar con la condición de que celebre misas gregorianas. Solo así se salvó el hacendado Mariano (Coronel y Millones, 1981).

Segundo, en un cuento acopiado en Marangani, Canchis (Cusco) por el Padre Jorge Lira y traducido junto con José María Arguedas (2012), Miguel Wayapa, hombre de corazón duro y perverso que, al morir, cayó en el infierno por usurero implacable. Éste dijo a un hombre pobre, que llegó al infierno buscando sus llamas robadas por el demonio, “yo soy Miguel Wayapa. Por todas las lágrimas que hice derramar a los hombres he aquí que nuestro Señor me atormenta y me aflige” (2012: 229). Aconseja cómo recuperar sus animales y junto con éstos logra salir del infierno, “se salva”. Por instrucciones de Santiago, que le recriminó por sus actos en vida, retorna y el cura le hace una casa detrás del campo donde se entierra a los cadáveres. Después de los rituales, Wayapa cuenta a su mujer que por sus culpas penó en el infierno y pide que, por su salvación, reparta algo de sus riquezas entre los huérfanos y los míseros.

Pero también estamos ante una apropiación simbólica en la que los andinos admiten los suplicios en el infierno, pero como lugar a donde irán sus explotadores: los hacendados, las autoridades abusivas, los sacerdotes, los policías y los militares que tuvieron que ver con la represión a sus pueblos como en el caso de Huanta.

Le Goff expone que el purgatorio tiene una prehistoria en los bautizos por fuego y en ciertas creencias de los siglos II y IV por las cuales los cristianos creyeron que las almas de ciertos pecadores podían tal vez salvarse pasando alguna prueba. Por el siglo XII nace como creencia y da origen al purgatorio que, hasta entonces no existía ni como palabra, se impone como un “tercer lugar” en la creencia del cristianismo occidental aproximadamente entre 1150 y 1250. Escribe nuestro autor:

Se trata de un más allá intermedio en el que algunos muertos sufren una prueba que puede llegar a acortarse gracias a los sufragios -a la ayuda espiritual- de los vivos (1989: 14).

 

Un poco más adelante, la doctrina del purgatorio fue definida e institucionaliza por la iglesia a partir de los concilios de Lyon (1274), Viena (1311-1312), Florencia (1438-1445) y Trento (1545-1563).

Según Le Goff, esta creencia se apoya en un doble juicio, al momento de la muerte y al final de los tiempos. Aparece como lugar de purgación de los pecados veniales, entendido como los pecados ligeros, cotidianos, habituales, por tanto, perdonables. Es un intermedio temporal como una etapa entre la muerte individual y el juicio final, es intermedio espacial entre el paraíso y el infierno, y es un “falso intermedio” porque carece de eternidad que si tienen el infierno y el paraíso.

En el purgatorio los muertos sufren pruebas de fuego y hielo, padecen igual que los condenados en el infierno, sufren situaciones de lo ardiente y lo helado, aunque tuvo mayor preponderancia el fuego en el imaginario de la época.

Pero los sufrimientos de los muertos en el purgatorio pueden ser mitigados o acortados mediante sufragios de parte de los vivos. En consecuencia, se cree en la eficacia de las plegarias en favor de los muertos, los sufragios suponen la constitución de solidaridades entre vivos y muertos, los vivos influyen sobre los muertos, la iglesia adquiere el poder sobre el purgatorio por sobre el poder de Dios.

Los sufragios, que son buenos para los que están en el purgatorio e ineficaces para los que están en el infierno y para los niños que murieron sin bautismo, van desde la oración, el ayuno, las limosnas hasta las misas para las almas. Esta situación llevó a pensar que cuánto más “caridad” monetaria se daba a la iglesia había mayor posibilidad de mitigar o acortar el sufrimiento de las almas en el purgatorio. Pero, el pueblo no perdonó tal invención de los curas e hizo del acto de las limosnas como sufragios un blanco de burlas, así entre las anécdotas occidentales del medioevo se tiene que:

Los frailes y monjas alababan la caridad de los fieles, y para animarles a ella Oliverio Maillar, famoso predicador del siglo XVI decía en uno de sus sermones: “Las almas del purgatorio oyen el sonido del dinero que vosotros dais para ellos, cuando al caer el azafate hace ting, ting, ting, y entonces se ponen a reír, ja, ja, ja, ji, ji, ji y por ello redoblaban las limosnas” (Collin de Plancy, 1982: 241).

 

También los catecismos de la iglesia católica inducen a las limosnas para el beneficio de las almas:

Quanto aproveche á las Almas. La piden las Almas del Purgatorio para su alivio. Aumenta el caudal de los limosneros. Es de grande Sufragio, aplicada por las Almas del Purgatorio. Limosna empleada para los Difuntos, es de gran credito, y honra (Bró, 1767: 252-253).

 

En La divina comedia encontramos que el alma de toda persona muerta en acto de violencia va al purgatorio. En el canto quinto del purgatorio, Dante narra el encuentro con tres almas fenecidas en actos violentos: Un alma desconocida le dice que todos los que están allí han terminado sus días de muerte violenta, que fueron pecadores pero que abandonaron la vida arrepentidos y perdonados en la gracia de Dios. Bonconte (Buonconte) se queja que ni Juana ni los otros cuidan de él y que por eso está allí, narra que murió con el cuello atravesado y que ensangrentó la llanura, pero que a última hora habló el nombre de María por lo que el Ángel de Dios lo cogió y que el del infierno protestó porque por una lágrima (de arrepentimiento) se llevaba la parte eterna (el espíritu) y que él trataría de modo diferente a la otra parte (el Archiano furioso encontró su cuerpo helado y lo arrastró hacia el Arno). El tercer espíritu fue el de Pía que tuvo una trágica muerte a causa de los celos de su esposo. Estas sombras rogaron a Dante para que otros rogaran por ellos para abreviar su tiempo de purificación en el Purgatorio (Alighieri, 1984).

Si los muertos por violencia, arrepentidos en último instante, logran la gracia de Dios y van al Purgatorio; hay muertes violentas ocurridas accidentalmente al punto de morir al manipular explosivos como en el caso del mito de Orellana. Desde la perspectiva indígena éste, por esa muerte tan violenta, termina convertido en condenado. Al punto que son los demonios quienes trasladan su cuerpo en una procesión de fuego y lo conducen en dirección de la selva.

En el Perú prehispánico los ayllus rendían culto a sus mallkis (momias) y willkas (mortal convertido en sobrenatural). Se concebía la muerte como el paso de esta vida a otra. Había la convicción de que como mallki o willka serían atendidos por el ayllu, tendrían ofrendas de ropa, comida y bebida. En cambio, si el cadáver era quemado y convertido en cenizas, supondría la desaparición total del camaquen (que era el principio vital de todas las cosas). El hombre, las momias, los animales y ciertos objetos inanimados como los cerros, las piedras o guanca poseían su camaquen (León Axárate, 2007; Rostworowski, 2014; Taylor, 2015).

Esta creencia pudo ser la causa de que Atahualpa aceptara el bautismo, con el fin de conmutar la hoguera, que le condenaría en su creencia a desaparecer para siempre, por el garrote, y quizá también fue la razón por la que su lugarteniente Quisquis, durante las guerras intestinas por el poder, mandase quemar el cadáver de Tupa Yupanqui, antepasado de Huáscar, hermanastro y rival de Atahualpa (León Axárate, 2007: 225).

 

En el caso del cuerpo destruido por la explosión se podría pensar que existe una suerte de conjunción entre las creencias occidentales y andinas, que podría expresarse en la desaparición total, pero que al mismo tiempo el alma es conducida por los demonios hacia el infierno. Con un cuerpo destrozado por una explosión, el alma no podrá encontrarse con él ni el juicio final. A la construcción de este pensamiento habría que añadirle la consideración del fallecido como “misti”, un “otro” étnico radicalmente diferente; por tanto, condenable desde la perspectiva indígena.

En los velorios de los pueblos andinos es frecuente escuchar la canción quechua San Gregorio para las almas. Una versión muy popular fue cantada por Adón Heredia. En Jauja hace varios años escuché en la puerta de la catedral al señor Adolfo…, invidente, que hacía responsos y cantaba San Gregorio para quienes pedían hacerlo en memoria del alma de algún pariente, su interpretación era muy conmovedora. Sin embargo, me pareció mucho más completa la versión publicada por Florencio Coronado, cuyo texto está anexado en un trabajo de Abilio Vergara (1997) sobre la muerte. En resumen, la canción narra que San Gregorio escuchó el lamento de las almas que provenían de las profundidades del purgatorio. Un alma clama a los hombres sin memoria que él sufre y está atado al fuego por sus pecados y los de sus cercanos, que está con cadenas y grilletes de fuego, que si fuese leña ya cenizas sería. Invoca no ser olvidado, pide misas y ruegos por él, se queja del dolor y del inmenso calor, pide que apaguen el fuego con agua bendita. Recrimina el olvido de sus compadres, pide responsos para lograr un poco de descanso. Narra a los demás que el purgatorio es un lugar difícil, que es casa de escarmientos, es morada de mucho llanto y que si volviera a la tierra haría penitencia, se confesaría para ser perdonado por Dios. Afirma que si logra ingresar al cielo pedirá por ellos. Pide a Jesús el perdón, que con su sangre aplaque el fuego. Pide a la Virgen del Carmen que interceda ante su hijo para que sea sacado de esa cárcel tenebrosa. Escuchando estas palabras, San Gregorio hizo treinta misas para que estas almas descansen.

La popularidad de esta canción en los entierros andinos es un indicador de la aceptación del purgatorio, “tercer espacio”, como posible destino de las almas de los muertos. Pero al mismo tiempo es una muestra de los mecanismos de los que se valieron los occidentales para colonizar el imaginario de los nativos americanos (imagen 3: muerte, juicio, infierno y gloria).

En varios velorios a los que he asistido he visto llorar desconsoladamente cantando o escuchando esta canción. Pero parece que, al fin y al cabo, el gran llanto conduce a aceptar con resignación la separación con el ser querido. Pero es obvio, que la figura del fuego, del castigo, del dolor, del pecado y del arrepentimiento lacera los sentimientos de los deudos.

Los andinos han reinventado mecanismos para mitigar la acción del fuego en el purgatorio. Tomasa Taipe me narró, en mayo de 2016, que el hábito o mortaja para el muerto debe ser confeccionado con bayeta blanca (de lana de oveja) que protege al alma del fuego destructor en el purgatorio. Según ella, no se debe enterrar a los difuntos con mortaja, hábito o traje de la ciudad porque, por ser de sintético, al contacto con el fuego en el purgatorio se pega a la piel del alma y arde con gran violencia, provocándole grandes sufrimientos. En cambio, la prenda confeccionada por lana se resiste al fuego, si arde lo hace tenuemente y solo para afuera. Si llevó como compañía al alma de su perro, éste le alcanzará gotas de agua para que el penitente sacie la sed. Los rezos, responsos y misas tienen el mismo fin de aliviar el sufrimiento de estas almas.


Imagen 3. Las cuatro Postrimerías (la muerte, el juicio, el infierno y la gloria). Pinturas de los siglos XVIII y XIX. Autor: Anónimo. Técnica: Temple. Estilo Barroco. Iglesia de Sarhua, Víctor Fajardo, Ayacucho (Fotografías: Raúl Mancilla).

En esta canción se menciona a la Virgen del Carmen, que se dice ayuda a salir a las almas del purgatorio, especialmente a las que portan un escapulario, porque la virgen dijo: “quien muriere con él, no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará”. Quizá por esta creencia, algunos cadáveres son enterrados con una imagen o un escapulario de la Virgen.

 

El destino de las almas de los suicidas

El hombre que á sí mismo se ha matado,
No le vale el estar arrepentido,
Y en el girón segundo está enclavado.
Quien se priva del mundo en que ha vivido,
Y el que juega ó disipa patrimonio,
Llora la dulce dicha que ha perdido.

La divina comedia.

El alma de un enfermero suicida

A mediados de 2015, un adulto, empleado del sector público, se suicidó en su hogar en la ciudad de Huancavelica. Indagué ante su cuñada las razones del suicidio, ella respondió que no sabía, que esa tarde él estuvo tranquilo, que estuvo bailando, pero amaneció muerto. “Da cólera. Y todavía se mató en casa de mis padres”, dijo.

  • ¿Van al cielo los suicidas?, pregunté.
  • ¡Qué va ser pues! ¿Dónde estará? ¿Cómo va permitir dios que ingrese al cielo sí él mismo ha buscado su muerte?.
  • ¿Si no va al cielo, se condena?”, indagué.
  • “Sí se condena, porque ninguna persona puede disponer de su propia vida. Debe estar pagando su culpa. Debe estar en el infierno.

Después de su muerte, estuvo haciendo asustar en la casa donde se suicidó. Hace varias semanas que ya no voy [a la casa donde murió]. Cuando vas, la casa misma es otra forma, asusta, parece que va sonando algo. La casa se vuelve tenebrosa. Cuando estás allí, parece que alguien está caminando, ¿qué será pues…?

Para evitar lo anterior hemos mandado hacer misa. Pero con todo, cuando vas a la casa, es otra forma, tu cuerpo siente escalofrío. Todos los que fuimos a la casa hemos sentido la misma sensación. En cambio, cuando murió mi mamá en la misma casa, nunca he sentido nada desagradable. Inclusive después de diez días de muerta, cuando estuvimos velando con la puerta abierta, la he visto pasar y se fue por las gradas caminando encorvada. La he visto, pero nunca me hizo asustar.

A mi cuñado no lo hemos visto, pero hay algo dentro de la casa que nos asusta. Cuando estuvimos velando, mi hermana (la viuda) salió al baño y al regresar se puso completamente pálida, esto será porque allí está esa alma. A mi hermana tuvimos que darle coca, soplarle con humo de cigarro, le dimos anisado y le pasó.

 

Por pedido de los familiares del fallecido, su cuerpo fue trasladado de Huancavelica a la ciudad de Chincha, en cuyo cementerio fue sepultado. Pero las personas que vivían en la casa del suicida siguieron sintiendo “la presencia del espíritu” del finado. Ante la gran perturbación que sentían los familiares, otras personas les dijeron que el cuerpo y espíritu estaban separados por el tipo de muerte ocurrido. Mi informante narró:

  • Nosotros hemos llevado el espíritu de mi cuñado de Huancavelica a Chincha. Cuando hay muerte violenta, el espíritu se queda en el lugar donde ocurre la muerte. Nosotros (los familiares), sin saber, el cuerpo nomás hemos recogido y luego lo hemos llevado a Chincha. Yo comenté que mi casa estaba extraña desde que mi cuñado se suicidó allí, que mi casa asustaba; entonces me dijeron que su espíritu estaba todavía allí y que teníamos que ‘agarrarlo’ y ‘llevarlo’ al lugar donde fue enterrado su cuerpo.
  • ¿Y cómo los han “agarrado” y “llevado” a ese espíritu?, pregunté.
  • Eso se hace con una persona que sabe “curar”, que sabe “agarrar”. Ésta persona hizo un muñeco con la ropa del hombre y luego estuvimos velando y rezando. Yo estaba asustada, ¿cómo lo hará? ¿qué pasará?, pensando, porque nunca había participado de una experiencia como esta. El “curandero” nos dijo que íbamos a velar hasta la media noche. Diez minutos antes de la media noche, nos hizo salir a todos a la calle, donde estuvimos en silencio, apagó las luces de la casa, porque el espíritu no puede entrar cuando hay luz, tiene que estar oscuro, entonces el espíritu entró en el muñeco creyendo que es su cuerpo.

Después de un rato ingresamos y apenas alumbrados por la luz de una vela, al muñeco lo envolvió en una manta, como cuando una madre se alista para cargar a su bebé. Claro que esto no puede hacerlo un familiar directo, tiene que hacerlo una persona ajena, quien cargará al muñeco durante el tiempo que dure el viaje desde Huancavelica hasta el cementerio de Chincha [como a 400 kilómetros].

La señora que cargó al muñeco dijo que sintió en varias ocasiones como si una criatura estirara o encogiera sus pies. Al llegar a Chincha, nos dirigimos al cementerio, a la tumba del finado, sobre la cual fue colocado el muñeco con toda la manta, luego de algunos rezos, fue quemado por el ‘curandero’. Al regresar a Huancavelica fuimos a la casa a reunir las cosas del muerto y ya no sentí miedo.

 

El alma de un estudiante suicida

MCR me narró el suicidó de un primo suyo, en la ciudad de Huancavelica, el año 2006:

Tuve un primo que se llamaba V. M. Q. R., él estuvo estudiando administración en la UNH, le faltaba apenas un ciclo para terminar la carrera. Sucede que se enteró que la persona a la que llamaba padre no era su papá, su mamá nunca le había dicho eso. Esto pasó porque su verdadero padre fue a buscarlo a la universidad, presentándose como su padre al que le respondió que él no llevaba su apellido. Él llevaba el apellido de la actual pareja de su mamá. Sorprendido le dijo que si él era su papá porqué recién se aparecía, que antes necesitaba el él y que ahora ya no. El papá dijo que cuando nació él, su madre no la dejó ver, lo despreció por pobre y se fue con otro. Se enojó y fue a tomar cerveza con sus amigos.

Llegó a su casa borracho y su madre no la dejó ingresar. Enojado se fue al cuarto de su enamorada que estaba esperando un bebé, pero a ésta lo encontró con su mejor amigo, discutieron y la chica dijo que el bebé que esperaba no era suyo sino de su amigo. Se fue y continúo tomando cerveza. Después, sus amigos lo llevaron a su casa como a la media noche e ingresó porque su hermanito le abrió la puerta, llegó a su habitación, se había cambiado de ropa y puso la radio a regular volumen, luego había dejado una carta reprochándole a su madre y que nunca lo perdonaría y que por culpa de ella había decidido quitarse la vida. Se ahorcó en su camarote.

Al día siguiente, lo encontraron muerto. Vino la policía, lo llevaron a la morgue. Lo velaron en su casa y lo enterraron en el cementerio general. Cuando pasó el quinto día, la madre no podía estar tranquila en la casa, era como si alguien lo estuviera jalando y le quitaba la respiración, estuvo así buen tiempo, ya estaba muy mal la mamá, hasta que una vecina le dijo que como él ha muerto en la casa, su alma todavía estaba allí, y le sugirió buscar a un señor para que lo cure y haga la “limpieza” en la casa. El señor le pidió todas las fotos del finado y las prendas que usó el día de su muerte y lo puso en una mesa y colocó coca, cigarro y prendió unas velas, luego empezó a rezar y pedir que deje en paz a su mamá. A mi tía también le rezó y con una ortiga de flor roja [¿inka itaña?] le pasó por todo el cuerpo. Igual pasaron con esa ortiga a las fotos y ropa de finado y luego quemaron la ortiga. Este señor instruyó a mi tía para que durante un mes ponga velas y cigarros a las fotografías, porque decía que el humo del cigarro ahuyenta a los malos espíritus. Poco a poco mi tía se fue recuperando y luego dijo que el alma ya no penaba en la casa.

Mi tía se arrepiente de no haberle dicho la verdad sobre el padre de su hijo, que nunca será perdonada y que por esa causa se irá al infierno. También cree que su hijo está sufriendo en el infierno por haberse quitado la vida. A la novia de mi primo no le permitieron ingresar al velorio. Pero la vieron en el sepelio llorando y pidiendo perdón a mi primo diciendo que lo que le había dicho era mentira. Ahora me han comentado que la chica está enferma, está paralítica, y su niña debe tener 10 años y no lleva el apellido de mi primo sino lleva los dos apellidos de su madre. Su amigo fue al cementerio y le pidió disculpas y ahora no se sabe nada de él.

 

Jean Paul Roux (1990) nos dice que en otras culturas el suicidio era practicado para que en la vida futura el espíritu fuera robusto y vigoroso y no decrépito y gastado. Además, cuando se realiza con intención ejemplar, redentora o expiatoria, el suicidio era sublimado. Así ocurre con los kamikazes, los monjes budistas. Se puede añadir que así era el harakiri, así son las acciones suicidas de los chiitas, etc. Pero en el mundo occidental católico, el suicidio es un pecado mortal.

En ambos testimonios, los informantes afirman o escucharon decir de los parientes más cercanos que los suicidas van al infierno. De modo explícito en uno de los casos, afirman que el que se suicida “se condena, porque ninguna persona puede disponer de su propia vida”, por lo que debe pagar su culpa en el infierno.

Lo anterior coincide con la escatología occidental sobre el destino de los suicidas después de la muerte. Hay que considerar que estamos refiriendo a sociedades en la que el dominio hispano colonizó su imaginario. Este proceso se hizo mediante mecanismos diversos. Como propuso Luis Millones (2010), los españoles que llegaron a estas tierras (campesinos empobrecidos, artesanos sin clientes, aspirantes a burócratas, o tahúres conocidos por los gendarmes):

En su trato con los indígenas, les transmitieron su propio bagaje cultural de ángeles, brujas, fantasmas y aparecidos, que se sumaron a la prédica eclesial con igual o mayor fuerza que las palabras del sacerdote o del entorno mismo del templo, que en su mayoría era indígena o mestizo (campanero, sacristán, empleados de limpieza, etc.). Estos tres canales de información debieron fundirse con los sistemas de creencias de origen prehispánico, en proceso de fragmentación por las persecuciones, pero con una matriz interpretativa que tenía la solidez de haber estado vigente por muchos siglos (Millones, 2010: 26).

 

En la Catedral San Antonio de Huancavelica existe una pintura colonial del juicio final de gran dimensión, está a la vista de todas las personas, tiene las escenas del infierno, del purgatorio y del paraíso (imagen 4). Las dos primeras tienen imágenes muy duras, tenebrosas, de los tormentos diversos a los que son sometidas las almas por los demonios. Inclusive en la parte inferior del lado izquierdo aparece Leviatán devorando a las almas. Hace poco escuché a tres personas, una que cuando era estudiante de la institución educativa Pepín, un cura que era profesor de religión, llevaba a la catedral a sus estudiantes de primaria para que vean el juicio final y a Santiago Matamoros, advirtiendo que si no eran “buenos” podían ir al infierno o terminarían como los moros pisoteados por el caballo de Santiago. Otras señoras que hicieron la secundaria en el colegio religioso “Las Panchas” en Huancavelica también me comentaron que las monjas las llevaban a la catedral a ver el infierno, purgatorio y paraíso para atemorizarlas con estos destinos.

He visto que, al interior de las viviendas, especialmente de familias mestizas, tienen una especie de altares con cuadros del juicio final, de la Virgen del Carmen sobre el purgatorio, cargando al niño Jesús y que ambos portan unos escapularios y están en la parte alta de almas que arden en el purgatorio. Tampoco es raro encontrar junto a estos iconos católicos alguna calavera de algún familiar y que tiene el mismo estatus sagrado que las otras imágenes.

En el ámbito de la tradición oral, los condenados, los diablos y el infierno fueron reinterpretados, además fueron y son incorporados algunos elementos andinos ancestrales y contemporáneos.

Hay muchas descripciones del infierno, quizá el que mayor detalle presenta sea la narración de Dante Alighieri (1984) en La divina comedia, en cuya primera parte describe el descenso al infierno acompañado por Virgilio. El infierno habría sido escrito entre 1304 a 1307-1308. Sin embargo, el origen el infierno data de mucho tiempo atrás. Por tanto, hay varias “descripciones” de este lugar de castigo de las almas que cometieron pecados mortales.


Imagen 4. Almas en el purgatorio (arriba) y en el infierno (abajo).
Juicio Final en la Catedral San Antonio de Huancavelica (Fotografía: Néstor Taipe, 2015).

Para describir al infierno católico he optado por hacer un resumen de La Visión de Tundal que fue escrito más o menos en 1149, por tanto, es anterior a La divina comedia, fue redactado en latín por Marcus, monje benedictino irlandés. La narración incorpora extractos de El Apocalipsis de San Pablo (finales del siglo IV); La Visión de Drythelm (año 696); La Visión de Furseus (año 731); y La Visión de Wetti (año 824).

Este resumen corresponde a un artículo de José Alonso (2011): El protagonista es responsable de haber cometido ocho pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza y, según la tradición irlandesa, la traición.

Tundal muere en una cena. “Su alma sale del cuerpo y viaja a un sombrío y oscuro lugar”. Realiza una penosa travesía por el purgatorio, observa a Satán y al infierno y retorna a su cuerpo para referir su experiencia tras su muerte, reformarse y advertir que no sigan el camino de la maldad para evitar morar en el infierno para toda la eternidad. El viaje tiene lugar en diez pasos, siete gozos y una Reversio Anime. En el paso I, Tundal contempla a los terribles demonios; en el II, las almas de los asesinos son atormentadas en el fuego de una fosa pestilente; en el III, los ladrones y estafadores expían sus culpas en fuego y hielo; en el IV, los soberbios purgan sus pecados en una fosa de fuego y azufre; en el V, los codiciosos y avaros están condenados a entrar al estómago de Acherón y reciben tormento con fuego y hielo; en el VI, los ladrones, sacrílegos y blasfemos son castigados en un lago repleto de bestias; en el VII, los lujuriosos arden en un enorme horno, son cortados en pedazos, reformados y vueltos a cortar; en el VIII, los clérigos y religiosos lujuriosos son engullidos por una enorme bestia e infestados de serpientes y alimañas que entran y salen de sus cuerpos; en el IX, los diferentes pecadores son atormentados en la forja de Vulcano, son zarandeados por herreros infernales que los golpean con martillos; en el X, describe al infierno y al mismo Satán. Entre los pasos I-IX, Tundal pasa por diferentes estadios y tormentos del purgatorio donde las almas tratan de purgar sus culpas y pecados hasta el Día del Juicio Final; día en el que se decidirá si van al cielo o al infierno.

En paso X describe el infierno y a las almas que ya han sido condenadas a morar en él eternamente por sus terribles pecados. Narra sobre un frío intenso, de una gran oscuridad y del gran miedo que sintió. Oyó los gritos de dolor del castigo de las almas condenadas. Escuchó enormes estruendos y ruidos espantosos que provenían del infierno. Vio un profundo foso en el que había una gran columna rodeada de un fuego pestilente. “Demonios y almas volaban alto y bajo con gran rapidez alrededor de ella como chispas de fuego avivadas por el viento”. Las almas consumidas del todo caían hechas cenizas, pero volvían a recuperar su estado normal para reiniciar el castigo.

Los demonios que se le aproximaron sostenían ganchos ardientes para castigar a las almas. Le amenazan que arderá eternamente, que vivirá siempre en la oscuridad y que jamás verá la luz. Que no tendrá ayuda alguna y no habrá compasión, que lo llevarán hasta Satanás a las profundidades del infierno y que será devorado por él. Los demonios hacían ruidos atronadores; tenían ojos enormes y ardientes como teas, de miradas espantosas; con dientes negros, afilados y largos; sus colmillos grandes y duros; sus cuerpos eran como dragones y sus colas como escorpiones; sus garras eran como afilados ganchos de acero y tenían enormes alas como las del murciélago.

Su ángel dice a Tundal que Dios le ha concedido la gracia de no sufrir más castigos, pero que aún será testigo de otros tormentos. Se apostó en las puertas del infierno y vio un enorme foso que ni toda la tierra podría llenar del todo, en su fondo vio a Satanás, criatura repugnante, el sufrimiento que provocaba era tan espantoso que ni siquiera alguien dotado de cien cabezas, numerosas bocas con cien lenguas cada una podría describirlo. Era una bestia horrenda. Era capaz de engullir a mil almas de un bocado. Tenía mil manos con veinte dedos en cada una, y dotados de afiladas garras que parecían de hierro y más largas que las lanzas de hierro. Tenía muchos dientes con los que trituraba a las almas y una nariz larga y ancha. Su boca era enorme y sus labios colgaban de ella a cada extremo. Con los ganchos de su cola gigantesca pinchaba a las almas.

Satanás estaba sobre una plancha candente y debajo de ella había ascuas avivadas con fuelles por los demonios. En torno a Satanás y en el centro del fuego había innumerables almas. Satanás estaba encadenado a esa gran plancha y las cadenas estaban rodeadas de latón hirviendo. Cuando cogía a las almas, las destrozaba con sus garras y las arrojaba al fuego y posteriormente las sacaba de nuevo de allí para que padecieran una y otra vez. Satanás se quejaba por estar encadenado. Cada vez que lo hacía, arrojaba de su boca mil almas al fuego y después las despedazaba, las volvía a engullir en medio de un hedor a brea y a azufre. Las almas que no lograba atrapar caían al fuego para ser sacadas nuevamente y ser golpeadas con gran fuerza por la cola de Satanás.

El ángel dijo a Tundal que Satanás fue la primera criatura que hizo Dios. Por su soberbia fue arrojado del cielo a esta profunda mazmorra y confinado hasta el Día del Juicio Final. Junto a Satanás estaban los descendientes de Adán y muchos ángeles expulsados del cielo condenados para toda la eternidad. Muchos hombres, legos y clérigos, que desobedecieron las leyes de Dios y amaron el pecado y las malas acciones, llegarán aquí hasta el Día del Juicio Final. El ángel sentenció: “Y aquellos que gozaron de un enorme poder en la tierra y que fueron crueles con los pobres e hicieron lo que les vino en gana, tanto el bien como el mal, serán castigados como príncipes del mal por los demonios que sobre aquellos ejercen un gran poder.” Hasta aquí el resumen.

En los Andes, aun cuando haya coincidencia con la última sentencia del Ángel, en que ciertos condenados al infierno son los explotadores como los que se encuentran en el Tawa Ñawi, no es tan radical el destino de las almas en el infierno. No fue asimilado el infierno como un lugar de eterno castigo, mejor asimilado fue el espacio transitorio del Purgatorio. Además, como dijo Luis Millones, “quienes han estado allí es porque no han sabido aplicar las fórmulas conocidas para evitarlo. Aún después de muerto, cada uno de los condenados podría hacerlo. En otras palabras, el Infierno está poblado por aquellos que no hacen nada por evitarlo” (2010: 27).

Tengo la impresión de que, el infierno, como destino final de los suicidas pregonado por los curas ha calado en los creyentes de las sociedades estudiadas. Las testimoniantes de los casos estudiados fueron enfáticas al señalar que Dios no permite el ingreso al cielo de las almas de los suicidas. Además, resulta predestinado que el alma de la madre que provocó el suicidio del hijo, irá al infierno. Asimismo, en el segundo caso, el no haber dicho quién era el verdadero padre del hijo, el negarle el ingreso del hijo a la casa, la maldición realizada por el hijo a la madre, se constituyen en causantes de la condenación. Otro tanto sucede con la traición de la novia y el amigo, que son aludidas como causa de su estado negativo de la salud y que hasta la hija de ésta se convierte en una niña “sin padre” y que lleva los apellidos de los abuelos, es decir, es hija y hermana de su madre.

Entre los andinos es importante una muerte que previamente logró conciliar o arreglar las diferencias consanguíneas y por afinidad. De ahí que cuando una persona está enferma, o muy vieja y sabe que morirá, manda llamar a los parientes o amistades con quienes tuvo alguna diferencia que los haya llevado al resentimiento, rencor y distanciamiento, y se perdonan mutuamente. Entonces se restablecen las relaciones armoniosas y la persona muere en paz. A esto le llaman muerte normal o “muerte buena” (imagen 5) que es opuesto a las muertes violentas a las que llaman “mala muerte”. Con el suicidio del segundo caso, este ritual estuvo ausente y, más al contrario, el hijo anunció por escrito que nunca perdonará a su madre.


Imagen 5. Entierro en Huancavelica de Filomena Taipe, mujer que murió a los 117 años. https://diariocorreo.pe

Los rituales de separación entre los muertos y los vivos son la “captura” del alma, una misa católica en el lugar del suicidio, la “limpia” de la casa realizada por un especialista.

La misa efectuada por el cura no tuvo efecto, seguía presente la perturbación del alma del primer suicida a los familiares vivos. Entonces, igual que en una de las situaciones en casos de accidente, mediante el uso de la ropa del finado hicieron un muñeco para “agarrar” al espíritu del suicida. Pero en este caso, participa un “especialista” y hay una narración más precisa del procedimiento, del tiempo y los espacios utilizados. Es largo el viaje que realizan para “conjuntar” el alma con el cuerpo, donde finalmente el “especialista” quema al muñeco. En el caso de la muerte por accidente capturado mediante el muñeco y llevado hasta la tumba donde está el cuerpo, le explican al alma que su cuerpo ya está muerto y le piden que descanse en paz. En el caso del primer suicida, la descripción concluye con la quema del muñeco que marca la separación del muerto (del alma) con los vivos. Se supone que luego el alma emprende el viaje a su destino final.

En el caso del segundo suicida, el alma del estudiante perturba a su madre, la asusta y hasta le quita la respiración. Por los consejos recibidos, buscó a un especialista que realizó un ritual de “limpieza” de la casa, ritual que sirve para ahuyentar al espíritu del suicida. Utiliza las fotografías y las ropas que vistió el día de su muerte, los colocan sobre una mesa, le prenden velas, provocan humo con tabaco, luego pasan con ortiga los objetos ubicados sobre la mesa y por el cuerpo de la madre del finado, luego arrojan la ortiga al fuego. Los humos ahuyentan a los espíritus. La ortiga y el fuego son objetos purificantes. Después el “especialista” instruye que deberá velar y provocar humo de tabaco por un mes para que el alma se aleje y deje de perturbarla. Logró relativa tranquilidad, sin embargo, la madre carga la idea que su hijo está en el infierno y que a ella le corresponde el mismo destino por sentirse culpable de la muerte de su hijo.

 

Los sufrimientos de las almas de los muertos en el contexto del conflicto armado interno

Toda maldad es repugnante al cielo,
Y sobre todo el fraude y la violencia
Que á otros causa desgracia ó desconsuelo.

La divina comedia.

Las almas de las personas ejecutadas extrajudicialmente

En julio de 2015, pregunté a un viejo dirigente de las rondas de Ayahuanco (Huanta): ¿Escuchaste alguna vez sobre las penas de las almas de las víctimas que murieron violentamente? Esta fue su respuesta:

En Huancayo hay pobladores de Putis. Uno escapó a los 5 años. Otro ya de joven tiene el hombro roto por las torturas […]. Sobre Putis, me contaron que después de que los soldados mataron a la gente y que los enterraron en una gran fosa que hicieron cavar a los hombres, casi después de una semana, se oían gritos desgarradores pidiendo auxilio en quechua, eran gritos de dolor, gritos de moribundos, eran también llantos de niños y mujeres. Y en la base del ejército, que estaba al frente de la fosa común, los soldados solo atinaban a soltar instalazas y disparos de ametralladoras, porque los gritos y llantos de los muertos no los dejaban dormir. Yo llegué a Putis después de menos de un mes de la masacre, fui llevando a todos los pobladores de Lambras y a una parte de los hombres de Ayahuanco que debían integrar la patrulla de relevo que combatían a los “tucos” [terroristas]. Dormimos una noche en Putis y no escuché nada. Quise llegar hasta la fosa común, pero al notar que los soldados nos cuidaban, me hice “el loco”. En las partes bajas de Huarcatán (Ayahuanco) hubo otra matanza hecha por los soldados, igual que en Putis (Santillana), los sobrevivientes que dormían en las cuevas, escuchaban gritos y llantos en el lugar de la masacre. En la matanza de Ayahuanco, hecho por el capitán “Gato” y sus soldados, igual se escuchaban gritos y lamentos de las almas de las víctimas.

 

El testimonio anterior hace necesario un resumen breve de la masacre de Putis. En el Tomo VII del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (2003) se encuentra que, el 13 de diciembre de 1984, los miembros del Ejército Peruano acantonados en Putis ejecutaron extrajudicialmente a 123 personas entre hombres, mujeres y niños. Las víctimas procedían de las comunidades de Cayramayo, Vizcatanpata, Orccohuasi y Putis (en el distrito Santillana, Huanta, Ayacucho). Los hechos ocurrieron en un contexto que se inicia con el desarrollo de una estrategia de amenazas, asesinatos, sabotajes y propaganda política realizada por el Partido Comunista Peruano “Sendero Luminoso” (PCP-SL) entre 1980-1982, razón por la cual, el gobierno decretó el estado de emergencia comprendiendo a la provincia de Huanta. Entre 1983-1985 Huanta quedó bajo el control de la Marina de Guerra, pero por las alturas de algunos distritos, el Ejército Peruano (EP) realizaba patrullajes y tenía algunas bases como la instalada en Putis (1984). Los militares, ofreciéndoles seguridad frente a la subversión, juntaron a la gente en Putis e hicieron cavar una poza grande ofreciendo instalar una piscigranja, los juntaron a todos en torno a la poza y dispararon a matar (imagen 6). Los asesinaron porque los militares sospechaban que dicha población estaba vinculada a SL y para lucrarse de la venta del ganado de los campesinos (CVR, 2003).


Imagen 6. El Equipo Forense Especializado de Ayacucho entregó a los familiares los restos de las víctimas de la masacre de Putis, Santillana-Huanta.  www.bbc.com/mundo

Yo conocí en Huancayo a un joven Quispe Condoray que, por cosas del destino, su tía y él (aun siendo niño) se salvaron de la matanza en Putis, porque se retrasaron en ir a la reunión que los militares habían llamado, y cuando vieron de una loma que los estaban matando, retrocedieron y fugaron hacia Huanta. Allí el niño fue adoptado y le cambiaron de apellidos. Murieron en esa masacre sus abuelos, sus padres, sus tíos, sus hermanos, sólo él sobrevivió. El drama era que por creer que la reparación económica sería considerable quería recuperar sus apellidos biológicos, para el cual debía empezar un proceso judicial y no tenía dinero para pagar a los abogados, además requería disponer de bastante tiempo para sobrellevar el proceso judicial. Las cosas se le complicaban si pensaba que debía tramitar el cambio de nombre y apellidos en sus certificados de estudios, en el título de propiedad de una casita... En fin, era una historia, como otras muchas, bastante desgarradora.

 

El alma de una persona secuestrada y desaparecida

El 7 de enero de 2002, registré el testimonio de Olga Yolanda Huamán Canales en la oficina de la CVR en Huancayo y luego fue presentado en la audiencia pública de Huancavelica (CVR, 2002b) sobre el secuestro y la desaparición (en 1994) de su esposo Víctor Bernardino Gonzalo Mejía por senderistas, en la mina Dorita en Castrovirreyna.

Olga Canales narra que desde 1984, SL empezó a tener presencia en la zona, mataban a diferentes personas, unos amanecían acuchillados y otros aparecían abaleados como en Yuraqcancha (Castrovirreyna) donde mataron a 11 campesinos acusándolos que estaban formando rondas. Por todo eso, más o menos en 1986, el EP instaló una Base Militar en Caudalosa Grande, empezando la población a experimentar una serie de abusos, los soldados violaban a las mujeres solteras y casadas, abusaron de las profesoras. A los varones los golpeaban y torturaban. Saqueaban las casas. Se hizo insoportable la vida.

En 1985, Olga y su esposo Víctor Gonzalo Mejía vivían en la mina Caudalosa Grande. Él trabajaba en un hotel como cocinero. Porque al hotel ingresaban militares e ingenieros de la mina, él fue amenazado por SL. Después lo pasaron a la mina Reliquias. Los militares lo secuestraron para preguntar por una familia Canales, le hicieron tocar la puerta, detuvieron al señor Canales; luego sacaron a las profesoras y abusaron de ellas. El 20 de enero de 1991, Víctor Gonzalo, al retornar de una mina, fue interceptado por cuatro hombres y le pidieron que se una a ellos, le conminaron que no debía estar siempre de sirviente. Llegó golpeado y contó que lo habían llevado a la mina Bonanza. Retornaron nuevamente a Caudalosa Grande y luego fugaron a la ciudad de Huancayo.

En Huancayo Víctor Gonzalo no conseguía trabajo. Ella vendía agua de manzana. Su hija mayor era empleada doméstica. Los menores limpiaban carros, lustraban zapatos y vendían chupetes (eran cuatro hermanos). Al no conseguir trabajo Víctor Gonzalo retornó a la mina. Luego regresó a Huancayo una vez. Ella la visitó dos veces a Caudalosa Grande. Allí contó que tenía tres cartas de amenazas. Dijo: “Olga si un día voy a desaparecer, nunca pienses que yo estoy vivo porque yo voy a morir en la punta del cuchillo porque a mí me han amenazado”. Un 3 de marzo de 1994 desapareció:

Tanto hemos llorado… y un día me dice en mi sueño: “Olga, yo estoy en la mina Madona. A mí me han llevado los terroristas y me han matado, y me han metido ahí, ahí estoy. Estoy trabajando. Mis uñas todas ya se me han acabado, ¿no tienes un martillo para que me puedas emprestar?”, me dice. Le digo… yo le digo: “Te habrás ido con otra mujer. ¡Qué te van a matar a ti!”, le dije. “No, sí es verdad, Olga, estoy trabajando, por favor”… encontré su ropa amontonada en el cuarto, su chalina llena de su cabello que se había caído. Recogí, lo llevé a su cuarto de mi prima. Ahí empezamos a velarlo. Y en mi sueño me dice: “Olga, al muchacho que me ayuda le he emprestado mi casaca, no te vayas a olvidar, lo vas a pedir”, me dice. Y al día siguiente me desperté, me fui al hotel le dije: “Joven, dice su casaca que le ha dejado mi esposo”, le digo. “Sí señora, me ha emprestado”, me dice. “Ya”, le digo. “Joven, la grabadora también dice que había dado”, le digo. “Señora, yo le he emprestado plata; de eso es lo que lo voy a hacer quedar la grabadora”, me dice. Su casaca sí lo tengo, sí me ha dado su casaca porque yo no sabía si él lo había emprestado o no, pero en mi revelación él me dijo así.

[…] mi esposo siempre me para revelando, me dice: “Hija, no llores, no llores; yo te estoy viendo, te estoy cuidando”. De ahí un día me dice él…me dice: “A mí me han llevado a una mina. En esa mina, me están teniendo yo tengo mucha sed, mucha hambre. Esa mina es mina de oro. No puedo salir de ahí, me tienen ahí”. Yo le digo: “Pero Víctor, ¿no puedes venirte?, ¿no puedes salirte?”. “No porque todo desnudo nos tiene”. “Cómo podemos salir, cómo podemos venir”. Pero yo le digo: “Cómo… pero muchas personas vienen siempre a visitar a su familia”. Pero él me dice: “No llores, tanto llorar… ¿no te cansas de tanto llorar?”. “Pero qué puedo hacer si tú…”. “Ya te he dicho, ya te he dicho que yo estoy muerto” […].

 

La viuda declaró que no llevó luto porque él dijo en vida que si se ponen luto no descansaría tranquilo, además, porque no quiso causar dolor en sus hijos. En cambio, sí veló sus ropas y le mandó hacer sus responsos. En su sueño él reclamaba: “Tengo mucha sed, ¿por qué no me alcanzas un poco de agua?”. Después de los responsos le dijo: “Gracias, ahora ya no tengo sed”. Cierto día cuando la testimoniante castigó a su hija, él le dijo en sus sueños: “Olga te has excedido castigando a nuestra hija. Si eso se repite, me la llevaré”. Desde entonces Olga Huamán sólo llama la atención e intenta corregir a sus hijas mediante el diálogo. Finalmente, la señora dijo que su esposo era buen sueño. Cuando le sueña hasta su negocio “corre rapidito”.

 

Las almas por mala muerte buscan comer perros

A principio de 1993, Martina Valenzuela Saccatoma, quechua hablante de la comunidad de Hualla (Víctor Fajardo, Ayacucho), analfabeta de unos 64 años, narró al antropólogo Mario Maldonado sobre el asesinato del alcalde:

Los comuneros estuvieron haciendo una faena en la chacra comunal, dirigido por el alcalde del distrito, en eso aparecen unas personas desconocidas y hablaron en castellano, yo no entendí, no sé qué es lo que decían, cuando de repente a las dos autoridades traen vivando y acompañado por la comunidad y traen a la plaza, después de pregonar lo matan, junto con su compadre delante de la iglesia y en presencia de la gente de la población, lo matan los puriq runakuna [gente que camina]. Cuando mataron a estas dos autoridades, alcalde Juan Inca y Demetrio Ipurre, en nosotros se apoderó un gran miedo en toda la población porque, una persona sana que muere así [asesinada] no es recibida por el Dios cristiano; por eso, el rumor del miedo se escuchaba en varios pueblos como Cayara, Chincheros, Tiquihua y Hualla. A las almas de estas autoridades, muchos pobladores los han visto durante varias semanas y en distintos lugares. Los vieron a las almas en “persona”. Yo los vi en su chacra de Milley trabajando de día, pero ellos ya estaban muertos. También dicen que los han visto en el camino junto con su compadre, caminado, los dos siempre están caminando.

Aquellas fechas empezaron desaparecer nuestros animalitos de la casa, se perdían constantemente nuestros perros y gatos; luego de algunos días los encontrábamos muertos, con la cabeza hueca, sólo los comían los sesos. Dice que las almas que se convierten en mana allin alma [alma maligna o condenados] deambulan así hasta que logren salvarse. Dicen que salvan a sus almas comiendo perros. También asustan a las personas. Es por eso que aquellas fechas no se caminaba sólo, sino siempre acompañado y se regresaba temprano de nuestros quehaceres, porque por la noche estos espíritus asustaban.

También se les ha escuchado llorando, cantando y gritando por distintos lugares del pueblo. Encontrándose con pobladores, estas almas conversaron con ellos. Dicen que se encontraron y se saludaron una vez por el camino a Chinchero, otra vez ocurrió lo mismo por el camino a Tiquihua. Otras veces la gente al verlos empezó a esconderse, porque dicen que estas almas malignas nos pueden comer o pueden llevarse a nuestras almas y podemos morir; o sea, con nuestra alma se pueden salvar. Pero estas almas seguirán caminando buscando su salvación hasta que encuentren paz con el Señor, porque fenecieron en “mala muerte”, porque estas muertes no fueron decididas por Dios.

 

SL constituyó un Comité Zonal Fundamental (Cangallo - Víctor Fajardo) con el objetivo de constituir comités populares, que en breve declaró a Accomarca, Cayara, Hualla y Tiquihua como “zona liberada” del PCP – SL que buscaba destruir el “viejo orden” y construir con sus bases de apoyo un Estado nuevo. Estos cuatro distritos fueron considerados como bases de apoyo de SL hasta mediados de la década del 90, aunque en la población había grados diversos de compromiso y algunos estaban en contra (Theydon, 2004).

Un conjunto de acciones de los senderistas hizo que las Fuerzas Armadas (FFAA) establecieran sus bases contrasubversivas en Hualla y Canarias. En octubre de 1984, Hualla acuerda levantarse contra los subversivos y se comprometen colaborar con las FFOO y bajo control de las “fuerzas militares” se comprometen a nombrar sus autoridades distritales (Theydon, 2004). Para las FFAA un sector de la población era visto como potenciales senderistas y por su parte los senderistas consideraron a otro sector de dicha población como colaborador de las FFAA. El Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF) describe:

La destrucción de parte de la infraestructura de la comunidad, vejaciones, asesinatos colectivos y selectivos, arrestos, torturas y desapariciones forzadas, se convirtieron en formas que Sendero y el Ejército emplearon para relacionarse con los miembros de la comunidad, moldeándose parte de la experiencia de vida de la población, instalándose el miedo y el celo en Hualla (2012: 18).

 

Ambos contendientes impusieron terror en la población. SL asesinaba a las víctimas en presencia de la población, intentando que su accionar sea interpretada como una acción ejemplificadora para evitar “traiciones” e infidencias:

Usaban piedras y armas blancas para asesinar a sus víctimas. Así evitaban gastar municiones. Por otro lado, el Ejército Peruano solía detener a la población o en espacios públicos de la localidad o ingresando al domicilio de los pobladores. Las escenas que recuerda la población dan cuenta de un contexto de destrucción de bienes personales y de violencia física y verbal que antecedió a cada retención (EPAF, 2012: 27).

 

En el contexto anterior, según una cronología de DESCO (1989), el 11 de julio de 1982, el alcalde Juan Inca Allccacu y al señor Demetrio Ipurre (ambos eran pequeños comerciantes de abastos), fueron conducidos a la plaza de armas, donde los asesinaron de balazos en el cráneo delante de sus familiares y del pueblo, acusados de ser colaboradores de las FFAA. Después, saquearon sus tiendas y mataron a sus animales; por último, advirtieron a la población que no entierren a los cadáveres porque habían sido unos “traidores miserables” (Aroni, 2013). Los asesinatos y ejecuciones extrajudiciales crecieron en gran escala al punto de considerar que, en el distrito, hubo más de dos centenas de víctimas entre muertos y desaparecidos. Por las amenazas de SL y el EP los ritos mortuorios quedaban truncos, no eran realizados como la tradición lo prescribía, generando grandes angustias entre sus familiares y el pueblo en general. Tuvo que pasar muchos años para que Hualla empiece a superar los traumas del conflicto y recuperar la alegría de la vida (imagen 7).

 

Los peces demoniacos que comen a los muertos

Hace más de 10 años, Maura Ocejo Cisneros[7], natural de Huanta, cuando ella tenía 33 años de edad, con primaria completa narró al antropólogo Mario Maldonado Valenzuela que:

En tiempos de violencia política nos fuimos de Huanta hacia la selva, escapándonos de tanta matanza, huimos dejando nuestra casa y todas nuestras cosas. Vivíamos en Canayre […]. Por aquellos años hubo muchas muertes, desapariciones y mucho miedo. Según dicen, a los muertos los arrojaban al río o los tiraban al monte. Seguro así habrá sido, entonces en los ríos de la selva abundaron mucho pescado llamado “motosierra”, había un “montón” este pescado. Una fecha, cuando fuimos a pescar en la tardecita, al borde del río, empezaron a saltar muchos peces y cuando queríamos pescar nos trataban de jalar hacia el río; pero así hemos pescado, luego dijimos que de repente los peces eran espíritus malignos, habrá sido el demonio, creo que los peces eran demonios, porque este pescado abundó en demasía por alimentarse de los muertos que arrojaban al río. Así, uno de los vecinos encontró en el vientre del pescado dedos humanos, así fue, ahora decimos que todo eso habrá sido por la cantidad de muertes que hubo. Ahora no hay, este tipo de pescado desapareció, entonces habrá sido pescados malignos o de repente habrá sido el propio demonio.


Imagen 7. Huallinos que recuperaron sus tradiciones y la alegría después del conflicto armado interno. Foto: Mario Maldonado, 2012.

El año 2011, Canayre fue calificado por el diario La República como “uno de los pueblos más peligrosos del mundo”[8]. Sin embargo, en Canayre escuché en varias ocasiones comentar a los lugareños, que veían el noticiero en la televisión, que cómo se podía vivir en la ciudad de Lima si a diario hay accidentes, asesinatos, asaltos, violaciones y otras barbaridades. Entonces daba la impresión que lo “peligroso” dependía cómo y dónde estaba el mirador.

Canayre está a orillas del río Mantaro (imagen 8), antes pertenecía al distrito de Llochegua, desde septiembre de 2013 fue categorizado como distrito nuevo de la provincia de Huanta. Es una zona cocalera (como todo el VRAEM), con narcotráfico, delincuencia común, con presencia activa de la “organización de los hermanos Quispe Palomino que funciona como una firma intermediaria del narcotráfico, con experiencia de guerra, control territorial y conocimiento del área” (Antezana, 2016). Aunque a esta organización los civiles en la zona la siguen identificado como “senderistas” y “los tíos”, de parte de las fuerzas del orden la denominan “senderistas”, “terroristas”, “terrucos” y “tucos”. La economía gira en torno al cultivo ilegal de la coca y el narcotráfico. Por ser todavía zona de operaciones militares de las FFAA y la organización de los Quispe Palomino, es una zona que presenta sus propios riesgos: los docentes, los enfermeros y otros empleados públicos no duran mucho tiempo. Si bien es cierto que aún hay hostigamientos de baja intensidad en esta zona, en un pasado correspondientes a los 80 y 90 del siglo pasado, la cuestión era completamente diferente en el sentido de la presencia de mayor violencia. Lo que ha obligado a que todos los pueblos de esta zona se organicen en Comités de Autodefensa Defensa (CAD) para combatir a los senderistas, por tanto, era una zona completamente militarizada (en cada pueblo había y hay un CAD armado). Ahora los CADs funcionan más para el orden interno que para combatir a los senderistas.

Una de las acciones que marcó a Canayre fue una masacre senderista ocurrida 27 de diciembre de 1989, donde asesinaron a 39 personas. Al respecto, en abril de 2002, en las Audiencias Públicas de la CVR (2012a) en Ayacucho, entre los casos de Huanta, doña Juana Potosino Curo, narró en quechua, que aquel día, pasado el mediodía, llegó a Canayre, 7 o 4 botes que trasladaban muchas personas. Los visitantes, senderistas vestidos de soldados, reunieron a la población en la plaza y solicitaron voluntarios para un “operativo contrainsurgente”. 30 pobladores se ofrecieron de voluntarios así que ellos se quedaron en la plaza por órdenes de los visitantes y al resto de personas los enviaron a esperar en la iglesia evangélica, al pasar por la posta vieron que había 8 personas muertas con los cráneos destrozados con piedra. En ese momento, algunos pobladores se dieron cuenta de que se trataba de una columna de senderistas e intentaron escapar. Para evitarlo, los senderistas disparan contra algunos y a la mayoría de ellos los degollaron. Antes de retirarse incendiaron las tiendas del lugar y saquearon las viviendas.

En los cuatro casos del sufrimiento de las almas de las personas que murieron violentamente en el contexto del conflicto armado interno vivido en nuestro país durante las dos últimas décadas del siglo pasado, el ritual mortuorio trunco es un aspecto transversal común.


Imagen 8. Niños Asháninkas de la CCNN Sankiminkiari a orillas del río Mantaro, en cuya ribera está el Centro Poblado Canayre. Foto: Néstor Taipe, 2012.

Si los andinos conciben a la muerte como el paso de “esta vida” a “otra vida”, los rituales de paso permiten dicha realización. Con ciertas diferencias entre localidades, etnias y regiones, se podría decir que estos ritos involucran al muerto y a los dolientes. Entre los ritos de separación, con relación al muerto, para la fase del velorio, está el aviso a los familiares y amistades, el repique de la campaña (diferente si es por muerte de mujer, hombre o niño), el baño y el amortajamiento del cadáver y la confección del ataúd; durante el entierro, se realiza la misa de cuerpo presente; en el retorno, se hace el kaypin cruz; en el pichqakuy, se realiza el lavatorio de la ropa del finado, la velada y guardada de la ropa, algunos sacrifican un perro, cierran el ritual con un castigo simbólico a los dolientes que pudieron haber tenido faltas con el finado. Con relación a los dolientes, inicia el luto con el uso de ropa negra.

Los ritos de margen (o liminares) con relación al muerto en el velorio van desde la ubicación espacial del cadáver, la realización de rezos, cantos y juegos (que incluyen adivinanzas, cuentos, chistes, etc.), la provisión de útiles e iconos católicos que acompañarán al cadáver; el entierro incluye el traslado del ataúd, los descansos en la ruta y en la capilla del cementerio, y el entierro. Después del pichqakuy el alma inicia su viaje a la otra vida, algunos quedan como almas en pena y otros se condenan y estarán en esa condición liminar hasta consumar otros ritos de salvación. En algunas culturas, los suicidas no podrán agregarse “a la sociedad general de los muertos” hasta que pase el tiempo que hubieran vivido normalmente (van Gennep, 2008). Por su parte, los dolientes ingresan en un periodo marginal de un año, tiempo que dura el luto, que obliga al cumplimiento de ciertas prescripciones y prohibiciones, en suma, estarán en una condición temporal, espacial y social anormal.

Por último, se realizan los ritos de inserción o de agregación. Si todo lo anterior fue correctamente ejecutado, las almas se insertan en la otra vida o en el mundo de los muertos. En este caso, para la iglesia católica y cristiana en general, el destino final de las almas justas es el cielo, para los que tuvieron pecados mortales es el infierno, con un lugar transitorio denominado purgatorio para los que tuvieron pecados veniales.

El conjunto de estos actos rituales mitiga las angustias de los dolientes hasta aceptar finalmente la pérdida del ser querido y normalizar la vida cotidiana de los miembros del hogar. Pero el ritual mortuorio no se realizaba o quedaba inconcluso cuando los senderistas o las fuerzas del orden masacraban a poblaciones íntegras, o cuando prohibían recoger y enterrar a los cadáveres o, como cuando narra Edilberto Jiménez (2009) sobre la violencia en Chungui, hasta se les prohibía llorar por los muertos, entonces muchos solo “lloraban por dentro”, la angustia debió ser mayor para aquellas madres que fueron obligadas a matar a sus hijos pequeños porque con su llanto ponían en peligro a los senderistas.

Cuando una persona era secuestrada y desaparecida por cualquiera de los portadores de armas, o cuando los cadáveres eran arrojados al monte o a los ríos, a las lagunas, a los nevados, a los barrancos, a las cavernas, etc., los rituales que permitían el paso de una vida a otra vida no se realizaba, por tanto, como en el caso de Hualla, esas almas sufrían, interferían negativamente en la vida de los hombres, terminaban convirtiéndose en espíritus malignos, en condenados, que deambulan por el pueblo, por los caminos, por las chacras, que van devorando a los perros y gatos, que andan asustando a los pobladores y que inclusive pueden devorar a los humanos buscando su salvación. En consecuencia, no se terminaba de procesar el ciclo ritual de la muerte, haciendo interminable el sufrimiento de los dolientes.

Las exhumaciones, la identificación de las víctimas, la entrega de los restos a los familiares y el entierro respectivo, como en el caso de las víctimas de Putis, es muy importante porque, como registró Tamia Portugal, significa “reconocer la humanidad de las víctimas: estas ya no estaban enterradas ‘como animales’ y se les podrá visitar de una manera más cotidiana…” (2015: 168). En este caso, el proceso ritual se completó, lo que no ocurre para las otras víctimas que aún están enterrados en diversos lugares de las montañas, caminos, chacras, plazas o, simplemente, no ubicados.

Las almas que no fueron agregados a la otra vida (que siguen en una situación liminar) e inclusive aquellas que se agregaron pueden, como hizo notar van Gennep (2008), ir en sentido inverso y reaparece entre los vivos por iniciativa propia o por coacción de otros. En efecto, gran parte de los familiares afectados narran las perturbaciones oníricas de sus seres que fueron víctimas del conflicto armado interno, al punto que los sueños se convierten, como sostiene Arianna Cecconi (2013) en dispositivos de memoria y generadores de historias de estas familias y sus comunidades.

El testimonio de Olga Canales, mediante sus sueños, describe al lugar de tormento de su esposo como si fuera escenas del purgatorio y que sus torturadores (los senderistas) son análogos a los demonios, narra que se encuentra en el interior de una mina de oro (una caverna), que los hacen trabajar desnudos, que tiene las uñas gastadas por el trabajo (¿no tienes un martillo para que me prestes?), se queja que tiene mucha sed y mucha hambre. Después de unos responsos, Víctor le agradece a Olga. Además, se trata de un testimonio que ilustra perfectamente los vínculos que hay entre el muerto y los vivos: Comunica que está muerto, revela en un sueño para que recupere algunas prendas del desaparecido, moldea la relación entre madre e hijas, le pide que deje de llorar por él, reprehende a su mujer por haberse excedido en el castigo a su hija, amenaza con “llevársela” si ocurría lo mismo.

En algunos casos se hiperboliza la violencia, como cuando narran la excesiva presencia de peces en el río Mantaro (en Canayre) que habrían aumentado porque tenían mucha comida que consistía en los cadáveres arrojados al río. Por tanto, llegan a considerar a los propios peces como seres malignos o como encarnación del propio demonio. Estamos ante la influencia bíblica que considera a Leviatán un pez monstruoso que luego se convertiría en la boca del infierno; pero al mismo tiempo estamos ante un ejemplo de un pachakuti (reversión del orden en caos o del caos en orden) en el que la comida (el pez) se convierte en comensal; y, el comensal (el hombre) se convierte en comida del pez. Esta forma de pensar no es gratuita sino está marcada por el contexto de violencia generalizada en un ámbito extenso del país.

En situaciones como las descritas, los evangélicos en el VRAE[9] cuando llegaban los senderistas los recibían, pero cuando empezaron a matar a sus pastores y a los miembros de su iglesia los declararon los soldados del infierno. Se armaron y organizaron en CADs y se autodenominaron los soldados de dios y combatieron a los senderistas por su sobrevivencia.

Durante algunos recorridos que realicé por los años 2011 y 2012 por comunidades alto andinas del norte de Huanta he registrado que muchos pueblos, incluidas sus iglesias católicas, fueron incendiados por los senderistas. En contextos como el descrito, la iglesia católica dejó de tener presencia en el campo, por tanto, los pobladores se refugiaron en las iglesias evangélicas. Son muchos los testimonios que a los tutan purik (caminantes nocturnos, los senderistas) los asociaron con los seres malignos, con los vientos, las tormentas, con ambientes en las que andan los condenados, las qarqarias y otros seres; o como “demonios”, “anticristos” y “nakaq” (Degregori, 1996a y 1996b), también como los descritos por Ponciano del Pino (1996) como los “diabólicos”, “condenados” y “demonios”, eran el rostro del “anticristo”, eran los “filisteos”, “condenados, más que el diablo”.

También los asociaron con los piojos. En varias comunidades en Huanta registré esta asociación. En Cunya, me informaron que cuando los senderistas ingresaban a las comunidades, sacaban de las casas pantalones, casacas y zapatos en buen estado y allí mismo, se mudaban la ropa vieja, y en éstas encontraban muchos piojos, razón por la cual empezaron a insultarlos de usasapakuna (piojosos), la interpretación que tenían los comuneros eran que los senderistas nunca se bañaban, porque andaban día y noche llenos de piojos, que dormían como animales que ni tampoco descansaban tranquilos. En la comunidad de Parqona, también les decían “piojosos” porque andaban “totalmente cochinos, apestosos, siempre caminaban sucios, sin bañarse, no tenían tiempo para cambiarse porque siempre caminaban”. En Iquicha decían que “los tucos andaban sucios, piojosos, hambrientos por el castigo de Dios y por la maldición de todas las personas que mataron por estas comunidades”. En Qarasenqa decían que “Los senderistas viven en los huecos. De allí cuidan a la gente. Están llenos de piojos. Ellos comían paja. Sus ropas también eran andrajos, y cuando entraban a una casa escogían la mejor ropa y se lo llevaban, muchos se cambiaban sus ropas sarnosas. Cuando sus compañeros morían los dejaban y los campesinos veían que estaban llenos de piojos”. En Marqaraqay, en Chula y otras comunidades la percepción se repetía. Inclusive la comunidad Purus, me narraron que hasta “cuando detenían o abatían a una persona, los cabitos lo primero que hacían era ver si el detenido o muerto tenía piojos y, si era así, los consideraban terroristas”.

En todo caso, esta asociación o identidad del senderista con el piojo se trata de una sanción mística que los hace perder su condición humana y cultural para revertirlo al orden de la naturaleza o de la anticultura debido a que eran responsables de muchas muertes crueles y del sufrimiento de la población.

Por su parte, los agentes del Estado también fueron comparados o identificados con los espíritus malignos como los “condenados” devoradores de hombres o, según Degregori (1996), como “mercenarios extranjeros” y “pishtacos” (degolladores). Degregori (2015) analizó por el año 1987 una situación de pánico general en Ayacucho provocado por los “pishtacos” y que precisamente coincide con los años del recrudecimiento de las acciones de Sendero Luminoso y las acciones represivas por parte de las fuerzas del orden. En una situación como la de aquella época, todo forastero, todo extraño, todo blanco era sospechoso de degollador. En realidad, se había metaforizado la gran oleada de violencia con muchas muertes con el retorno de los pishtacos.

 

Conclusiones

  1. Los muertos no se alejan de inmediato. La muerte no significa separación inmediata entre muertos y vivos, sino que hay un tiempo en el que las almas penan o recorren ciertos lugares como penitentes o como “condenados”. Ciertos rituales hacen efectiva esa separación y logran mitigar o evitar el sufrimiento de las almas.
  2. En la sociedad estudiada existe la concepción de una “mala muerte”. En esta categoría se incluyen las muertes violentas por accidentes, por suicidios y los asesinatos y las ejecuciones extrajudiciales en el contexto de la violencia política.
  3. La “mala muerte” tiene consecuencias negativas para las almas porque dejan deudas por saldar; algunas promesas realizadas a los humanos, a Dios, la Virgen o los santos; aún tienen hijos sin bautizar o hijos sin contraer matrimonio religioso; dejan personas resentidas o enemistades con los cuales debieron disculparse y perdonarse.
  4. La “muerte normal” da tiempo para que realicen la confesión, para que enmienden algunos errores, para que “arreglen” sus asuntos pendientes, para arrepentirse, para rezar y dejar ciertos encargos a los familiares y las amistades.
  5. Las almas de los suicidas, en las creencias estudiadas, no son recibidas por Dios, porque las personas no pueden disponer de sus vidas. Esto es causa de la condenación y de su destino al infierno, pero no como un destino eterno, sino que si cumplen los familiares vivos algún pedido o ciertos rituales pueden lograr su salvación. Inclusive el devorar humanos y animales o ser derrotados por humanos, las misas y la restitución, son dispositivos que permiten su salvación.
  6. La condición de víctima por asesinato, ejecución extrajudicial y desaparición forzada son causales de sufrimiento de las almas que pueden llevar a un proceso de condenación a los que refuerza el incumplimiento o cumplimiento parcial los rituales mortuorios prescritos por la tradición debido a las amenazas de los portadores de armas de no enterrar y hasta de no llorar a sus muertos. La ausencia del ritual fúnebre, puede llevar a demonizar a ciertas especies como los peces que se convierten en comensales de humanos.

 

Notas:

[1] Docente en la Escuela Profesional de Antropología Social en el Departamento Académico de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Cristobal de Huamanga (UNSCH) en Perú. Es antropólogo por la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP), con maestría y doctorado en antropología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de México (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.).

[2] Mis reconocimientos a Mario Maldonado Valenzuela que compartió conmigo una fotografía y dos narraciones sobre muertes violentas en contexto del conflicto armado interno. Raúl H. Mancilla Mantilla compartió conmigo cuatro fotografías. Además, Mario y Raúl revisaron y comentaron al borrador.

[3] En el contexto cultural donde realizo el estudio, alma tiene dos acepciones: entidad que se separa cuando muere el cuerpo; y, como sinónimo de cadáver; aunque en este caso, aya es la denominación propia para referir al cuerpo muerto. Anima es la fuerza vital que puede separarse del cuerpo vivo. Arianna Cecconi (2013) especifica que el uso de alma refiere a seres muertos y anima a seres vivos. Ambos caminan, el primero después de la muerte el segundo antes de la muerte.

[4] El Derecho Internacional Humanitario distingue a los “conflictos armados internacionales”, que enfrentan dos o más Estados, y a los “conflictos armados no internacionales” que enfrentan a las fuerzas armadas de un Estado y las fuerzas armadas disidentes o rebeldes. Además, al conflicto armado no internacional se la puede entender como sinónimo de “guerra civil” (Verri, 2008). Con esta aclaración, en adelante utilizaré la denominación de conflicto armado interno como sinónimo de conflicto armado no internacional.

[5] Las muertes por accidentes carreteros en Perú tienen tasas muy altas. Un cotejo de los indicadores correspondientes del 1 de enero al 8 de agosto de los años 2015 y 2016 da el siguiente resultado: al año 2015, hubo 3,839 accidentes carreteros, con 576 muertos y 3,839 heridos. En 2016, fue registrado 3,876 accidentes con 489 muertos y 3,839 heridos (RPP, agosto, 2016).

[6] El Tawa Ñawi es un infierno que para los habitantes de Marcas y Caja Espíritu (en Acobamba, Huancavelica) es una laguna con llamas de fuego en las cercanías de Huarcatán (comunidad quechua cordillerana ubicada en el distrito de Ayahuanco, en Huanta), cuyo ingreso lo realizan por la Mina de Cobriza: Expansión – Pampa Coris – Huarcatán; o por Colcabamba: Los Machos - Huallhua - Huarcatán). Está muy cerca a la cumbre de los Andes Centrales a partir del cual empieza la selva descendiendo en dirección de Vizcatán). Para los habitantes de Ccechacca y Allpachaca el Tawa Ñawi sería un complejo de cuatro cerros cerca de Tircos (Huanta), y que en las faldas de uno de ellos está Yawarqucha (Laguna de sangre). El profesor Luis. E. Cavero narra que el Tawa Ñawi es una caverna que se halla al borde de un riachuelo en Carhuaurán (Huanta) (Huertas, 2007).

[7] La informante narró al Antropólogo Mario Valenzuela que ella perdió su padre y madre cuando tenía 10 u 11 años de edad. Una noche, los soldados incursionaron a su domicilio, padres e hija fueron conducidos a una base militar donde fue separada de ellos y desde entonces no los volvió a ver. Ella y otras personas estuvieron por algún tiempo en dicha base de cuya ubicación no recuerda, pero afirma que fue en la selva ayacuchana. Más adelante fue rescatada por sus familiares. Un capital que se hacía llamar “Diablo” hizo la entrega de la niña, firmando un papel simple como evidencia del acto.

[8] http://larepublica.pe/03-05-2011/canayre-uno-de-los-pueblos-mas-peligrosos-del-mundo.

[9] VRAEM es una nominación que surge recién el año 2012, en fechas anteriores llamaba a este mismo territorio Valle de los Ríos de Apurímac y Ene (VRAE).

 

Bibliografía:

ANTEZANA, Jaime. (2016). “Hermanos Quispe Palomino son intermediarios del narcotráfico en el VRAEM”. Red de Comunicación Regional, 12 de abril.

ALIGHIERI, Dante. (1984). La divina comedia [traducción de Bartolomé Mitre]. Buenos Aires: Editor Jacobo Peuser.

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Cómo citar este artículo:

TAIPE CAMPOS, Néstor Godofredo, (2018) “Muertes violentas y almas que penan. La escatología en el imaginario de los pueblos andinos”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 36, julio-septiembre, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 18 de Diciembre de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1636&catid=6

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