Pacarina del Sur
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Señas, guiños y espejismos revolucionarios: México y Bolivia

Auscultaremos la recepción de la Revolución mexicana en el campo diplomático, intelectual y político boliviano con especial referencia a la cuestión religiosa. En dicho proceso veremos el modo en que las analogías se confundieron con ciertos espejismos acerca de la cuestión religiosa en México y en Bolivia. Explicaremos cómo las lecturas y posiciones en torno a la Revolución mexicana fueron recurrentes y polares en los espacios públicos del país andino de aquellos años. En el proceso de dicha recepción tomaremos muy en cuenta el papel cumplido por los exiliados peruanos. Cerraremos nuestro estudio con un acercamiento a las ideas y prácticas de tres desterrados bolivianos acerca del México revolucionario y del régimen de Calles.

Palabras clave: redes, recepción, revolución, exilio, religión

 

 

No hubo escenario nacional en este continente que permaneciese impávido frente al curso de lo que acaecía en el México bronco de 1906, 1910 y años subsiguientes. Durante las dos últimas décadas, los estudios sobre tales conexiones han cubierto algunas coyunturas y países, no todos. Por lo anterior, no debe extrañarnos que la recepción andina de la Revolución mexicana expresase durante la década de los años veinte del siglo pasado, sus aristas ideológicas y políticas más significativas. En dicho proceso, la cuestión boliviana fue eslabonada a las problemáticas de la tenencia de la tierra, la opresión y explotación del indígena, la amenaza imperialista, la educación pública y religiosa, el estado laico y la libertad de cultos. De otro lado, los debates acerca de la estatización y/o nacionalización de los recursos naturales, tuvieron en México un eje obligado de referencia. La frase “a la mexicana”, condensaba corajes y prácticas de signos diversos.

 

Las relaciones bilaterales

Los procesos de recepción de las revoluciones mexicana, china y rusa en América Latina, únicamente han sido coincidentes en términos relativos con sus principales aristas y eventos. En la actualidad, podemos apreciar que el proceso revolucionario mexicano iniciado en 1910 gravitó de manera  significativa en nuestro continente, enlazándose de manera contradictoria con  las recepciones de las revoluciones iniciadas en China (1911)  y Rusia (1917). El propio término de la Revolución -hechura de la modernidad- tuvo como primer referente histórico a la  Revolución francesa. Dicha representación primigenia fue vinculada al ciclo independentista. Sin embargo, en el imaginario social, la palabra y la imagen de la revolución, terminaron degradándose convirtiéndose en sinónimo de rebelión caudillesca y golpe de estado.

El ciclo revolucionario que inauguraron en el siglo XX México, China y Rusia, coadyuvaron a un debate sobre los sentidos del término revolución y su viabilidad y consecuencias en los países latinoamericanos. Las diversas corrientes ideológicas en boga  resignificaron el concepto revolución, sea para exaltarlo o estigmatizarlo a través del fantasma anarquista o bolchevique. El ciclo largo del proceso revolucionario tanto mexicano como chino, no fue homologable ni al ruso ni al francés. La popularización de un concepto de revolución apropiado a los continentes periféricos, erosionó sus respectivas tradiciones positivistas sobre el caos, la violencia y el cambio radical, así como los sentidos de golpe de estado o asonada. [1]La imagen de la revolución, siguió camino parecido en su intrincado proceso de resimbolización. En la misma dirección exploraremos las vertientes ideológicas de la izquierda andina, principalmente boliviana. [2]

La relevancia del proceso revolucionario mexicano en el imaginario social del continente y por ende, de los países andinos, tuvo que ver tanto con la proximidad cultural y geográfica, como con las similitudes de los problemas sobre los que contendieron las distintas fuerzas revolucionarias y oligárquicas en el hermano país mesoamericano.

Las relaciones diplomáticas entre Bolivia y México fueron de muy bajo perfil, algo parecido sucedía en los campos de relación intelectual, política y sindical, a pesar de que en su seno las comunicaciones y redes eran más fluidas y tendían a expandirse. Sin embargo, el interés por México y su revolución fue en ascenso; los cables enlos medios gráficos contribuyeron a ello, también ciertos puntos de la agenda nacional a debate.

Las cancillerías de ambos países, entre 1911 y 1916 tuvieron algunos intercambios, lo refrendan las visitas ocasionales de los embajadores mexicanos Luis G. Pardo y Adolfo Mújica a Bolivia. El año de 1917, la Cancillería mexicana dio los primeros pasos para formalizar sus relaciones con Bolivia y el Perú, al nombrar a Carlos Félix Díaz como encargado de negocios ad ínterin en La Paz  y a Manuel Méndez Palacios como ministro en Lima.[3] Díaz propuso que ambos países intercambiasen publicaciones y que respectivamente tuviesen en sus bibliotecas nacionales, una sección que se llamaría, según los casos, México o Bolivia. [4] Dos años más tarde, la representación diplomática mexicana ponía a disposición de los bolivianos en su pequeña biblioteca: diarios nacionales y dos libros informativos: México a través de los siglos (1888) de Vicente Riva Palacio[5] y México su evolución social (1901) de Agustín Aragón. [6]

Los gobiernos revolucionarios de México buscaron ensanchar su radio de influencia en América Latina, en su intento de atenuar las presiones y amenazas de los Estados Unidos así como las campañas difamatorias del clero. Sin embargo, fue bajo el mandato del presidente Álvaro Obregón, que las relaciones bilaterales con Bolivia, asumieron un mejor perfil, al propiciar intercambios culturales con motivo del centenario de la Independencia. La visita de Eduardo Hay y Antonio Caso a Bolivia fueron relevantes.[7] La Cancillería mexicana bajo Obregón dio prioridad a su Embajada en el Perú, sobre su oficina en Bolivia. Tal postura cambió bajo el gobierno de Calles, la  Embajada en Chile, se hizo cargo de las relaciones con diplomáticas con Bolivia. Este movimiento diplomático mexicano no fue hecho al azar, respondía, como bien lo ha subrayado Pablo Yankelevich, a un intento de deslegitimar el arbitraje norteamericano en el litigio fronterizo entre Chile, Bolivia y el Perú.

En el acercamiento entre los dos países, más que las discutibles acciones de la diplomacia mexicana, contaron más, los esfuerzos de carácter intelectual.  Los eventos conmemorativos del primer centenario de la Independencia  en los países andinos, al asumir ostensibles signos bolivarianos fueron muy sensibles a la cuestión mexicana y nicaragüense. Y la parte mexicana, hizo sentir su simbólica presencia a través de las redes vasconcelistas, y de los publicistas de los regimenes de otros caudillos de la revolución, como Ortiz Rubio afincado en la Legación diplomática de Brasil y Carlos Gracidas en la de Argentina. Ortiz Rubio tuvo contacto con el diplomático boliviano Roberto Hinojosa, poco más tarde desterrado. Al respecto, resulta relevante el testimonio del boliviano sobre la embajada de México al frente de Ortiz Rubio. En dicho artículo, el autor destacó la capacidad de irradiación entre los intelectuales el cual contrastaba con el vacío diplomático de que era objeto. Más allá del tenor lisonjero de Hinojosa hacia el diplomático y político mexicano, traduce con cierta objetividad las expectativas de las radicalizadas juventudes universitarias sudamericanas en torno a los mensajeros mexicanos de la Revolución:

“La Embajada de México se tornó, pues, en hogar de cuanto estudios tenía curiosidad por conocer las cosas de México, pero la voz del Embajador se desplomó en el vacío de la diplomacia. Vox clamatis in deserto…

Muy pronto, el prestigio de Ortiz Rubio cundió por el continente y las juventudes de Argentina, el Uruguay, Bolivia, el Paraguay y Chile, expresaban su deseo de escucharlo, pero el pueblo mexicano frustró sus esperanzas llamándolo para presentarse como candidato a la Presidencia de la República.”·[8]

 

La cuestión religiosa

Contra la opinión del historiador Schelkov, consideramos que la cuestión religiosa en Bolivia fue relevante durante las administraciones de Saavedra y de Siles, en la medida en que generaron acres debates políticos e ideológicos y no pocas movimientos sociales. Por lo anterior, no sorprende el interés de los diversos actores bolivianos por el curso de la Revolución mexicana en torno a la cuestión religiosa. En la medida en que nos adentramos en la trama nacional boliviana, se irán descubriendo las  motivaciones y urgencias encontradas de los actores sociales. Además de ello, México seguía despertando interés, acicateado por esa imagen fuerte que gravitaba en el imaginario social boliviano acerca de las afinidades culturales de ambos pueblos y sus civilizaciones prehispánicas. Esta fase de la recepción de la Revolución mexicana, estuvo marcada además, por los tiempos de emergencia del nacionalismo cultural y el desarrollo de nuevos  movimientos sociales.[9]

Por esos años, el clero boliviano veía con preocupación la presencia de ideologías anticlericales desde la segunda mitad del siglo XIX, pero con mayor fuerza en el curso del Siglo XX. Belém de Sárraga, la conocida española anticlerical, había pasado por Bolivia. [10] Llegaban a Bolivia los cables de noticias sobre el vandalismo anticlerical revolucionario, despertando simpatías y antipatías, también debates.


En 1917, el obispado de La Paz promovió un despliegue de sermones y rezos en solidaridad con la Iglesia mexicana. El obispo sostuvo, pública y reiteradamente que en México, los revolucionarios habían inflingido “crueles y encarnizadas persecuciones” a sacerdotes y fieles.[11] La directiva de la Cancillería mexicana para su representante ante el gobierno boliviano fue de que:

“cuando juzgue conveniente haga notar que ni las leyes ni el Gobierno mexicano persiguen ni hostilizan a la religión ni a sus ministros, pero como el artículo 130 de la Constitución prohíbe a los extranjeros el ejercicio del sacerdocio quizá estén las personas que han dado pie a esa crítica resentidas con el proceder constitucional.”[12]

El debate boliviano sobre la cuestión religiosa filtraba las miradas sobre la Revolución mexicana. En cambio, en los medios obreros y universitarios, las posiciones anticlericales fueron ganando terreno y miraban con simpatía las medidas revolucionaras mexicanas contra el poder del clero católico. Por esos años, se vivía un nuevo clima ideológico, favorecido por el cambio político y el lanzamiento de periódicos y revistas contestatarias así como por el crecimiento y democratización del público lector. El semanario Arte y Trabajo dirigido por Césareo Capriles desde Cochabamba, inició la edición de su primer número el 27 de febrero de 1921 con un póstumo homenaje a Kropotkin. Su orientación fue antiautoritaria y en esa dirección asumió visos anticlericales.  [13]

En 1921, la Federación de Estudiantes de La Paz y el Centro Obrero de Estudios Sociales invitaron al socialista Gerardo F. Ramírez a dar una conferencia. Ramírez en su disertación, impresa poco después,[14] criticó el  autoritarismo opresivo  y la opulencia de las jerarquías eclesiásticas apoyándose en imágenes del cristianismo primitivo, en línea próxima a las posturas de Enfantin y Lammenais. Al decir de Lora, el conferencista “recordó a San Clemente y San Basilio para repudiar a los ricos y a la misma propiedad privada”. [15] Dicho año fue de resonante agitación estudiantil, tras el cierre temporal de la Escuela de Comercio de la Universidad Mayor de San Andrés decretada por el gobierno de Saavedra. [16]

Además de la escisión entre el Estado y la Iglesia católica en México, el clero boliviano, así como a sus similares del continente, veían con preocupación la proximidad del protestantismo con el gobierno de Venustiano Carranza. Recordemos que los lazos intelectuales de los protestantes mexicanos y norteamericanos con los gobiernos de Carranza y Obregón, tuvieron particular incidencia en la política educacional. El prebisteriano Moisés Sáenz jugó un papel de primer orden en la reforma educativa de aquel entonces, aplicando criterios caros al sistema escolar protestante. [17] El protestantismo en Bolivia había echado sus reales en las zonas indígenas, principalmente aymaras. La Iglesia Metodista inició a través del pastor norteamericano Francis Harrington, su campaña misionera en 1906. [18]

La controversia entre el laicismo versus clericalismo se profundizó tanto en Bolivia como en el Perú, corrían los tiempos crisis de sus respectivas repúblicas oligárquicas. El ascenso de Saavedra al poder en 1921, inauguró una nueva etapa en medio de fuertes tensiones sociales, [19]mientras en el Perú el régimen de Leguía, dos años antes, seguía un camino parecido.

La llamada guerra cristera bajo el régimen de Plutarco Elías Calles en México, le dio un nuevo impulso al debate sobre laicismo y clericalismo en los campos intelectuales y políticos.  No fue accidental que Oscar A. Cerruto, inspirado en el ejemplo mexicano,  desde las páginas de uno de los principales periódicos de la izquierda paceña, asumiese inflamadas banderas anticlericales convocando a un frente popular anticlerical en los siguientes términos:

¡Fundámonos en una acción conjunta y arrojemos al clero de nuestro país!  Expulsémosle y habremos conseguido más que cien prédicas líricas y prudenciales.

¡Obreros, estudiantes, hombres libres: pongámonos a la tarea: pidamos la separación de la Iglesia del Estado, expulsemos al cura de Bolivia![20]

La iglesia católica en coordinación con el Vaticano recurrió a todos los medios a su alcance para que desde los púlpitos y medios de comunicación bajo su influencia atacasen al gobierno mexicano, equiparándolo con el bolchevique en la URSS. Entre los principales voceros de la derecha boliviana que escribieron y disertaron contra el gobierno mexicano se encontraban el abogado y político Román Paz, [21] El gobierno de Saavedra  apostó a consolidar sus relaciones con el clero, aprobando la creación de obispados en Oruro, Potosí y Tarija,[22] y el 7 de agosto, a pocos días de concluir su mandato, logró lo que el gobierno de Leguía en el Perú no pudo en 1923, la consagración de Bolivia al culto del Corazón de Jesús. [23] Los ecos de la batalla anticlerical peruana fueron divulgados por los exiliados apristas procedentes de ese país refugiados en la ciudad de La Paz. [24]La reestructuración de las jerarquías eclesiásticas en los obispados, [25] dinamizó y extendió las campañas eclesiales contra México, los protestantes y las corrientes librepensadoras y obreristas bolivianas.

El clima de agitación estudiantil durante el tercer trimestre de 1925 tuvo tres ejes, la lucha por la libertad de creencias frente al injerecismo religioso, el cuestionamiento del ritual conmemorativo del centenario de la Independencia del 6 de agosto y su condena al Congreso frente a las elecciones generales. La fase de transición y de relevo de Saavedra por Siles fue cuestionada por el movimiento estudiantil boliviano. Las Federaciones de Estudiantes de La Paz y Sucre y algunas sociedades culturales de estudiantes y jóvenes intelectuales convergieron en sus demandas y movilizaciones.

La Federación de Estudiantes de La Paz que se había asumido como representante de la generación del Centenario de la Independencia, defensora de la Constitución y del ideal de la patria nueva. Sus dirigentes, Enrique Valdivieso y Luis Ballivián Caracho, rubricaron un manifiesto dirigido al Congreso en septiembre de 1925 repudiando al caudillismo político. En dicho pronunciamiento se sostenía que, su ideología se había formado “sobre el fracaso de los partidos históricos” y que apoyándose en “las fuerzas mas vivas de la nación: intelectuales y obreros” reprobaban la actitud del Congreso y su acuerdo frente a los comicios nacionales. [26]

La Federación de Estudiantes de Sucre en su mensaje solidario a sus compañeros de La Paz, expresaron haberse movilizado y manifestado contra los fastos conmemorativos del Centenario de la Independencia con los que los partidos tradicionales y sus caudillos pretendían ocultar “un siglo de miseria y calamidades”. En su balance, mencionan haber sido objeto de represión gubernamental:

Los aceros de las policías y las cárceles de los piquetes oficiales, intentaron anular el gesto  de la juventud. ¡Inútil acto de barbarie! Por encima de los sables y de las bayonetas la ideología universitaria ha triunfado.

No pararon allí los extravíos de los hombres envejecidos en el diario correr de las pasiones partidistas. Nos señalaron los caminos del martirio: el confinamiento, la prisión policíaca, las descargas de los fusiles, las expulsiones de centenares de estudiantes, las clausuras de nuestros establecimientos.”[27]

Para los radicalizados estudiantes bolivianos, la figura señera del filosofo mexicano José Vasconcelos, a lado de los argentinos José Ingenieros y Alfredo Palacios aparecía como una fuente de inspiración ideológica, como lo manifestó el pronunciamiento de la Asociación “Platonia” en su esfuerzo de “contribuir con su modesto empuje en la gran cruzada idealista” en Bolivia y América Latina. La caracterización del sistema de opresión que realizo dicho agrupamiento estudiantil coloco en el centro a sus enemigos:

El militarismo y el clero, fieles aliados de los gobiernos de fuerza, sentaron sus reales junto al tirano, instituyendo la funesta trilogía que había de absorber las mas indispensables actividades sociales de esta parte de América.

Como lógica consecuencia de un régimen desorientado y dilapidadote, produjese la nefasta intromisión del imperialismo yanqui…

Y estos peligros no lo son únicamente para nuestro país. Extended  la mirada alrededor vuestro y veréis otras naciones jóvenes de América Latina estrujadas, dolidas, asfixiadas por idénticos dogales. [28]

La agitación estudiantil y obrera, motivó que el gobierno clausurase la Universidad de Chuquisaca en 1925, pero sin extinguir los focos de rebeldía y nuevas organizaciones como el grupo Claridad y la Escuela Ferrer Guardia. [29]

El lanzamiento de la campaña pontificia a fines de 1926, fue apoyado por el obispo Antezana. Incluso tal campaña justificó la creación de una orden de misioneras, cuya superiora la caracterizó como “un escuadrón siempre dispuesto a ir en primera fila a luchar en los campos de guerra para defender a la Iglesia y al Pontífice".[30] Por su lado, aunque de manera convergente, Sieffert, el obispo austriaco, lanzó la campaña “Pro-Indio”, [31] pero fracasó por la fuerte oposición protestante, estudiantil y masónica.[32]

En el país vecino, el jesuita Valentín Sánchez, aprovechando el Te Deum con motivo del cumpleaños de Benedicto XV, celebrado en Lima, había lanzado un sermón donde acusaba de  mil tropelías al régimen de Calles afirmando que los “cristeros”, sus sacerdotes representantes del Papado eran objeto de crucifixión, mutilados de lengua, trepanación de cráneo e incluso de inoculación del bacilo de Koch. En su afiebrada imaginación los demonios callistas habían recitado y remozado los viejos métodos de la Santa Inquisición que los dominicos habían utilizado contra los libre pensadores y herejes, reales o supuestos. La satanización del callismo y por ende de la Revolución mexicana fue celebrada y acogida por el clero, la oligarquía, el gamonalismo criollo y los sectores conservadores su feligresía media y popular. Fue el prebístero Nicolás Fernández Naranjo el principal exponente del clero boliviano de la campaña contra el gobierno mexicano.  La ulterior publicación de su opúsculo Historia de la Política Religiosa en México (1931) condensa las posturas de la derecha eclesial boliviana. [33]

Este proceso tuvo que ver con algo más que un paralelismo de la recepción en estos dos países andinos, considerando sus mutuos exilios del periodo de entreguerras mundiales. Bolivia al igual que el Perú no tuvo a lo largo del siglo XIX una reforma liberal como la mexicana. A principios del siglo XX la presencia de diversas denominaciones protestantes y el desarrollo de corrientes agnósticas, teosóficas y anticlericales suscitaron debates e iniciativas en torno a la separación del Estado de la Iglesia católica, la libertad de cultos, la educación laica y religiosa. La opresión del indígena, además del gamonalismo fue remitida al papel cumplido por la iglesia. Frente a ello, Bandera Roja, el vocero de la Federación Obrera Local de La Paz, levantó las banderas anticlericales a mediados de la década de los veinte.

La Iglesia boliviana bajo el arropamiento de una Gran Cruzada Nacional Pro-Indio apostaba a ganar base social, recaudando fondos para llevar adelante su proyecto educativo misional en las zonas rurales. Toda campaña educativa en un país con grandes rezagos de alfabetización y de escuelas, era bien recibida, pero, detrás de tal cobertura, se escondían intereses no siempre consensuados, todo lo contrario. En este caso, la curia católica pretendía hacerle frente a los proyectos educativos para las clases y minorías subalternas auspiciados por las misiones protestantes y las corrientes de la izquierda boliviana. El 17 de abril de 1926, la Federación Universitaria de La Paz liderada por Enrique Baldibieso, condenó dicha cruzada en memorable manifiesto:

“Creemos que la incorporación del indio a la civilización no debe ser patrimonio de ningún credo religioso. Toda tendencia de redención del indígena debe descansar en un fenómeno eminentemente económico: la propiedad o enfiteusis de la tierra y como consecuencia de este postulado, la alfabetización y educación técnica. “[34]

El exitoso mitin estudiantil en la Plaza Murillo ratificó su oposición a la Gran Cruzada de la Iglesia, siendo su represión impedida por el presidente Siles. Una sonada entrevista del presidente con la dirigencia estudiantil, tuvo positivos efectos, el retiro del respaldo gubernamental a la campaña eclesial y la propia renuncia del obispo de La Paz a continuar en su empeño. [35] El proceso de radicalización estudiantil se fue gradualmente extendiendo a ocho campos universitarios del país. La cruenta represión del 4 de mayo de 1927 contra los estudiantes universitarios en La Paz, que manifestaban su solidaridad con los profesores que demandaban el pago de sus haberes.

Bajo este clima de agitación estudiantil se celebró en la ciudad de Cochabamba, entre el 17 y el 23 de agosto de 1928 el Primer Congreso Nacional de Estudiantes y se reabriese el debate en torno a las cuestiones sociales y religiosas en Bolivia y en México. Siete delegaciones universitarias concurrieron al evento. Los acuerdos tomados por los representantes estudiantiles nos muestran que su visión sobre México estaba entrelazada a sus preocupaciones nacionales. Fue así como ratificaron su adhesión a los acuerdos del Primer Congreso Internacional de de Estudiantes en México del año 1921 y del Manifiesto Universitario de Córdoba, Argentina de 1918. [36] El magnicidio cometido en México llevó a los estudiantes a suscribir la moción de homenaje a Álvaro Obregón presentada por el dirigente universitario Ricardo Anaya, quien sería elegido primer presidente de la Federación Universitaria de Bolivia, cuyo tenor dice:

La convención, por unanimidad de sus miembros, rindió homenaje a la memoria del gran estadista mexicano Álvaro Obregón, cobardemente asesinado por un fanático del catolicismo, y reiteró los votos de su más franca solidaridad con la política trascendentalmente constructiva de la Revolución mexicana. [37]

Los delegados aprobaron también la moción presentada por el delegado Franklin Antezana, quien sería elegido como secretario de vinculación obrera de dicha Federación, para otorgar un “voto de aplauso” a señor Aniceto Solares, ministro de educación, por su decreto a favor del restablecimiento de “la libertad de enseñanza religiosa en los establecimientos fiscales.” [38] Un año más tarde, el II Congreso Nacional de Estudiantes, acordó exigirle al gobierno que “derogue el Decreto de mayo de 1929 que impone la enseñanza católica en las escuelas primarias.” [39]

 

El debate de los peruanos en La Paz

La presencia intelectual y política del exilio peruano en La Paz incidió de manera relevante en las agendas del emergente campo intelectual boliviano, sin necesariamente portar coordenadas ideológicas convergentes como lo veremos a continuación. Los acuerdos del Primer Congreso Nacional de Estudiantes de Bolivia lo refrendan al aprobarse tres mociones de signos ideológicos identificables: la presentada por los delegados de Oruro, de dar un voto de adhesión “a la doctrina sustentada por el profesor peruano Víctor G. Guevara, en su libro Hacia Indolatinia,  acerca de la supranacionalización de la prensa, como garantía contra los atropellos de que suele ser objeto”, la moción de la delegación paceña para convocar a la realización de un Congreso Indoamericano de Estudiantes, y por último, al suscribir la moción del delegado J. Natush Velasco de condenar a la dictadura del Perú, al lado de la venezolana y la chilena.[40]

En 1928, la cuestión religiosa retornó a la agenda de los debates intelectuales y políticos, involucrando a los exiliados peruanos. Miguel Ángel Urquieta, un conocido escritor peruano exiliado en Bolivia, un  2 de enero de 1928 escribió desde La Paz una carta abierta de tenor polémico con motivo del Primer Congreso Continental del Magisterio, evento que dio origen a la Internacional Magisterial Americana. El mensaje del peruano circuló en los medios intelectuales y políticos de Bolivia, el Perú y posiblemente de Chile y la Argentina. El mensaje de Urquieta dirigido a los maestros demandaba la condena del régimen de Calles por la represión a la oposición cristera y anarquista, porque, afirmaba, o se está contra todas las dictaduras o no se está contra ninguna. Advertía a los preceptores sobre los riesgos de los señuelos autoritarios maquillados como libertarios. Por ello, consideraba que aún en el caso de que las dictaduras pretendiesen levantar falsamente el estandarte de la libertad y de la renovación para sus fines primitivos, éstas, deberían ser repudiadas y condenadas.  Mariátegui desde las páginas de la revista Amauta publicada en Lima,  manifestó su desacuerdo sobre tal valoración y centró sus críticas en la tesis ácrata antiautoritaria de Urquieta, sobre una misma esencia de las dictaduras reaccionarias y revolucionarias.[41] Las armas ideológicas de Urquieta y de los anarquistas convergían en la descalificación del Estado soviético y del Estado mexicano por las mismas razones.

En junio de 1928, el gobierno de Siles, a través de Félix del Granado, ministro de educación, promulgó un decreto declarando obligatoria la enseñanza de los cursos de religión.  [42] Tal medida reavivó el debate político y las protestas en la sociedad boliviana.

Rómulo Meneses, otro intelectual peruano vinculado al emergente proyecto aprista, escribió desde su exilio en la ciudad de La Paz sobre la cuestión en debate. Meneses señaló que el “romanismo”  entendido como un modelo administrativo, político y religioso no tenía parangón en materia de estabilidad ideopolítica en el periodo contemporáneo. Consideraba que el poder espiritual y material del catolicismo había perdido terreno y entrado en su fase agónica, entre la intolerancia y la desesperación. La prolongación de los antiguos fueros eclesiales, pensaba nuestro autor, representaban quizá todavía una amenaza, únicamente para la “América Indígena y analfabeta” y el “paroxismo contemporáneo del Asia”. El hombre contemporáneo, constataba Meneses, vivía un drama de conciencia y conflicto de creencias, producto del descalabro del cristianismo y del ascenso de ideologías más terrenales como las de la revolución rusa o china:

En Amerindia este aspecto de su problemática reviste un carácter de transcendental fricción. Siempre se levantaron voces condenatorias de expresiones intolerantes. Es que la tolerancia religiosa no puede existir en países unilateralmente religiosos. Hasta hoy, estos movimientos buscan el prevenir y vigilar los fáciles avances de las oligarquías religiosas. México, con su heroica intolerancia y el Perú con la resistencia de sangre de 1923, son claros indicios de cómo y a qué profundidad estarán echadas estas raíces del problema religioso en nuestra infraestructura social.[43]

Pocos meses después en los diarios de La Paz, Urquieta y Meneses  continuarían una acre polémica cuyos ecos borraban la frontera con el Perú, lo refrendan las páginas de la revista Amauta en Lima, y el semanario paceño  Humanidad, vocero de la Federación Obrera Local de La Paz, quien contaba entre sus colaboradores a Magda Portal. En dicha Federación, destacaban algunos líderes obreros de origen peruano como Francisco Gamarra, Paulino Aguilar y un tal Navarro. [44] A los anteriores se sumaba la figura sindical  de Mario Nerval, dirigente del Centro Internacional Libertario, quien fundamentó en el III Congreso Obrero de 1927 celebrado en Oruro en marzo de 1927 a favor de “mantener relaciones con las organizaciones proletarias sudamericanas”.[45]La izquierda y las organizaciones obreras seguían de cerca los avatares del sacerdote Tomás Chávez Lobatón, dirigente de la Federación Obrera Local, al enfrentar a la jerarquía eclesial que le había prohibido en 1928 celebrar misas.[46] Chávez Lobatón, para beneplácito de las corrientes anticlericales colgó los hábitos sumándose más abiertamente a la campaña anticlerical anarquista.

Urquieta volvió a la palestra -desde las páginas del diario paceño La Razón -contra la violencia callista, contra los “cristeros” y en defensa de la más férrea e irrestricta libertad de conciencia. En polémica pública librada en un club de La Paz, se enfrentó al poeta Carlos Alberto González [47] y más tarde en lid ideológica al  aprista Rómulo Meneses.[48] González fue colaborador del Boletín Titikaka de Puno. [49]

Emiliano Zapata
www.chicagotribune.com
En el campo popular, la resonancia de esta polémica dejó en minoría el alegato filosófico y jurídico de Urquieta. Así lo confirman las resoluciones del Primer Congreso de Estudiantes Universitarios de Bolivia, las cuales dieron su adhesión a la política de Calles. Los estudiantes consideraron que la política callista era justa por representar para el indígena “su liberación de las garras del clericalismo explotador y oscurantista, y de las autoridades provinciales, fieles reflejos en ignorancia y perversión despótica-de las nacionales”.[50] Y este desencuentro ideológico y político de Urquieta con las organizaciones de los estudiantes universitarios de Bolivia y México, fue capitalizada públicamente en su contra por el poeta Carlos Alberto González. [51]

Fue importante el opúsculo escrito por el escritor y abogado brasileño Oscar Tenorio, quien había participado como representante estudiantil en las jornadas de debate sobre el curso político de América Latina organizadas por la Federación de Estudiantes de La Paz en 1927. [52] En 1928, Tenorio formaba parte del grupo intelectual que animaba a la revista Folha Academica de Río Janeiro, en la cual colaboraron los socialistas bolivianos Tristan Marof y Roberto Hinojosa. Y bajo el sello editorial de la revista, publicó su alegato a favor del México revolucionario, al México de Calles y su lucha contra los “cristeros”. [53] Donato González, otro intelectual peruano radicado en La Paz, redactó una elogiosa reseña del  opúsculo de Tenorio, y sumó su adhesión a la causa de Calles contra el clero:

El clero se subleva en México y arrastra a los fanáticos, a los inconscientes,: explota la ingenuidad de estos o la buena fe de muchos creyentes. se alía a los Caballeros de Colón, y urden un boycot, pero fracasan ante la firme convicción del gobierno, que se siente apoyado por todo el pueblo mexicano, especialmente por el campesino que no quiere seguir explotado por esta casta parasitaria. El clero, sigue luchando al lado de los generales porfiristas. No vacilará en traicionar a México, facilitando otra invasión yanqui  como la del 47; por esto que los revolucionarios, conocedores de la moral del clero, no retrocederán  en la terminación de este problema. Pero el fraile sigue intrigando, hasta que consigue el asesinato del general Álvaro Obregón, y aún sigue luchando por los bienes terrenales. [54]

 

Los exiliados bolivianos y México

El destierro llevó a México a tres destacados líderes bolivianos de los movimientos sociales durante el periodo estudiado. El primero de ellos fue Germán Saravia M., dirigente obrero y socialista. El 14 de septiembre de 1919 había participado en la fundación del Partido Obrero Socialista, que se sumó a la revuelta de julio de 1920, al lado del Partido Republicano. En 1924, fue deportado por el gobierno de Saavedra a la Argentina y retornó a su país, tras el cambio de gobierno. Sin embargo, en 1928 volvió a padecer otro exilio que lo llevó a México, dónde según sus propias palabras: “tuvo una actuación descollante entre las masas revolucionarias. “ [55] Su paso por México fue breve, ya que viajó a Nicaragua para sumarse a la causa anticolonialista de César Augusto Sandino hasta el año de 1930. [56]

Para estos tres bolivianos los caminos del exilio en México, hicieron que sus lecturas previas y adhesiones a la Revolución mexicana, profundizasen sus sentidos de  nativización y legitimación política, no siempre convergentes. En lo general, reforzaron la idea de que no sólo era posible una revolución de base popular, sino que podría seguir un camino propio en el continente. En ese marco fue explicable la preocupación por encontrar raíces populares de larga data, que demostrasen el potencial revolucionario de las masas indígenas en México y Bolivia, así como en otros países de América Latina. La revolución nacional y latinoamericana debería tener sus propios y legitimados sujetos revolucionarios, proletarios, campesinos comunitarios o indígenas.

Roberto Hinojosa y Gustavo Navarro alias Tristán Marof, fueron por esos tiempos, figuras prominentes de la nueva generación intelectual y política boliviana de filiación antioligárquica. El primero fue enviado por el presidente Saavedra a ocupar un cargo diplomático en Europa y el segundo, fue designado representante de Bolivia en el Brasil por el presidente Siles. La represión y el destierro no les fueron ajenos, tampoco las aventuras revolucionarias en Bolivia y en sus países de exilio. En febrero de 1927, ambos líderes fueron arrestados y luego deportados, por sus actividades socialistas revolucionarias.

Hinojosa se refugió en la Argentina, colaborando en el diario Crítica de Buenos Aires,[57] fundado por el uruguayo Natalio Botana. [58] Un mes después, después, afincaría su residencia en Brasil y  aceptaría un cargo diplomático del gobierno de Siles. El líder revolucionario boliviano olvidándose del protocolo diplomático de su país se abocó a desarrollar activa campaña a favor del gobierno de Calles. Suyas son las palabras: “La nueva generación prefiere mil veces morir con México, que enriquecer con Estados Unidos”.[59]

Los artículos de Hinojosa de esos años, asumieron tonos de beligerante anticlericalismo a favor de México. Hubo un tiempo en el intelectual boliviano, gracias a Pascual Ortiz Rubio por ese entonces embajador de México en Brasil, obtuviese importantes apoyos como publicista de la causa mexicana y del gobierno de Plutarco Elías Calles a través de diversos medios periodísticos de los países del Cono Sur. No tardó Hinojosa en solicitarle al gobierno de Calles un apoyo para viajar a México, el cual le fue concedido en junio de 1927. Bajo cláusulas de discreción se le otorgaron  800 dólares en efectivo y la visa mexicana de internación. No obstante lo anterior, el viaje de Hinojosa se frustró por las presiones argentinas y chilenas. En septiembre de 1928 nuestro personaje volvió a solicitar apoyos al Gobierno de México para viajar, pero únicamente obtuvo una gélida y silente respuesta. En noviembre de 1929 escribió desde Buenos Aires:

“El destino de México nos interesa como a cualquier mexicano, porque México es para nosotros, como ya lo dijo don Ricardo Rojas, baluarte de la raza, frontera del idioma, atalaya del porvenir, México es uno de los centros vitales de nuestra América, y su suerte nos interesa a todos los hispano-americanos, como fuente de tradición y como vanguardia de ideales. “[60]

Años más tarde, Hinojosa se acogió al paraguas protector del régimen de Lázaro Cárdenas y se convirtió en activo propagandista de su obra. A su retorno a Bolivia acompañó en su gestión gubernamental al presidente Gualberto Villarroel tratando de reeditar a su manera, la experiencia cardenista, en ello se le fue la vida. [61]

Otra fue la postura de su coetáneo Tristán Marof frente a México. Nos apoyaremos en fragmentos diversos de las publicaciones de este intelectual para acercarnos a su vida en durante su exilio en México entre los años de 1928 y 1930. Para este escritor y político socialista, su arribo a México constituyó un hito muy importante en su accidentado periplo. Marof confiesa: “No pude vivir en el Perú y tuve que emigrar a México, que por ese instante halagaba mis oídos con su revolución”.[62]

Refiriéndose a su estancia mexicana diría:

No fui a México,. . . a prosternarme ante generales ni a resolver mi situación personal. Evité con dignidad cualquier compromiso. Y cuando la represión descarada se dejó sentir, a pesar de que ocupaba una situación magnífica en la Universidad, no vacilé en sacrificarla y ponerme frente al gobierno de Portes Gil, taimado enterrador de la revolución.[63]

Tristán Marof tomó posición en esta cuestión, con una ventaja frente a sus  contendientes, su conocimiento directo del curso de la Guerra Cristera en México:

No es posible imponer dogmas valiéndose del fuego y la metralla. Tampoco es hábil sistema reemplazar el dogma católico por el dogma protestante, pues si sucediera esto, habría razón para combatirlo y no someterse. El protestantismo peca de los mismos defectos que el catolicismo, hablando en términos generales. Algo más: significa en América Latina, una penetración del imperialismo yanqui. No estoy de acuerdo en lo que me decía ingenuamente un profesor mexicano, que se debía combatir “un fanatismo con otro fanatismo”, pues el remedio me parece algo arriesgado y contraproducente. Mi respuesta fue que se debía combatir todos los fanatismos. ¿Cómo? Educando a los niños creando una conciencia, insinuándoles amar la belleza de la vida como la armonía suprema. Elevando la moral de los hombres; explicando los acontecimientos naturales y elevando su conciencia artística. Pero este problema religioso está tan vinculado a los factores económicos de los pueblos que no se pueden hacer experimentos por grados, sin exponerse  al fracaso momentáneo o al desaliento. [64]

Nuestro asilado boliviano, a pocos días de su arribo a México y en el curso de su primera conferencia dictada en la UNAM, fue abriendo un nuevo prisma para la cuestión boliviana:

Y si venimos a hablar a México de nuestros asuntos y de nuestras cosas, es porque sabemos que aquí existe una visión global del Continente, y que la revolución Mexicana es el preludio de revoluciones que tendrán que realizarse en todos los pueblos oprimidos de la raza indígena.[65]

Marof hablaba en plural, aunque afirmó la función paradigmática de la Revolución rusa en la tarea de anudar el papel del Estado con las intereses de las masas desposeídas. La revolución estaba a la alza como proyecto y como ideal en el imaginario social de la primera posguerra mundial en el mundo. Sería equívoco restringir la gravitación de las ideas y las imágenes revolucionarias a su importación europea por parte de los círculos anarquistas y comunistas, si tomamos en cuenta que su proceso de recepción tuvo cierta base popular que las recreó y resignificó.  La Rusia soviética era una realidad en incesante afirmación, la vía mexicana una posibilidad marcada por los azares de la lucha revolucionaria:

En estos últimos tiempos, la idea de nacionalizar las minas, los ferrocarriles, los petróleos, se está haciendo una necesidad imperativa, como un medio de garantizar la vida proletaria y establecer una balanza de justicia. En México, se lucha ardientemente. En Rusia, la gran República socialista, es una realidad.[66]

Marof, si bien caracterizó en términos clasistas a la Revolución mexicana como pequeño burguesa con fuerte base popular, fue más allá al precisar su contenido étnico dominante. Algunos se preguntarán incluso hoy: ¿se puede filiar étnicamente un proceso político o un Estado?

El intelectual boliviano no pudo dejar de ser muy sensible a los alineamientos étnicos y a las particulares expresiones de la politicidad mexicana. Las mestizofilias andinas seguían siendo subalternas frente al blanqueado discurso criollo, carecían, pues, del peso ideológico, político y cultural que habían logrado alcanzar en México. Marof subrayó el contenido mestizo del poder revolucionario y posrevolucionario, oponiéndolo al criollismo oligárquico representado por Porfirio Díaz.

Marof refrendó su aserto sobre la hegemonía étnica al analizar el sensible punto del movimiento campesino suriano desde su indiscutible líder Emiliano Zapata en el que, además de reconocer su condición de humilde caballerango y trabajador de hacienda, afirmó que era:

. . .la expresión genuina de la clase campesina mestiza que se rebela consciente de su condición de explotada. . . Sus líderes estaban impresionados más bien de un sentimentalismo generoso mezclado de religiosidad y piedad por los humildes. Traducían, por así decirlo, el mismo liberalismo con manto jesucristiano.[67]

Marof en su libro sobre México sostuvo provocadoramente que no hubo intelectuales que le dieran fisonomía a la Revolución, aunque sí los que participaron en ella al amparo de los caudillos militares. Marof valoró en las canciones populares hechura de la Revolución, al “fecundo compositor de corridos”. Escribió que los corridos son “composiciones vernáculas. . . de profunda alma popular”,realistas, crueles y sentimentales”. Es más, dijo: “confieso, sin ningún temor, que tengo mayor satisfacción oyendo cantar la Adelita o la Valentina, que escuchando recitar, por ejemplo, a la Singerman, el Beso del viejecito Urbina”.[68]

En la mirada del boliviano los tiempos del callismo se volvieron aceleradamente deleznables a partir de la represión de 1929. Algo menos malos fueron los años del obregonismo, donde podía encontrarse al pintor Fernando Leal nutriendo sus cuadros con escenas del movimiento zapatista en Morelos. Leal, dijo Marof, impresionó con uno de sus cuadros a José Vasconcelos, quien más allá de sus prejuicios antizapatistas, lo invitó a pintar frescos en la Escuela Nacional Preparatoria.[69]

Para acentuar los términos de su ruptura con el callismo, el boliviano presentó un nuevo y envilecido escenario sobre la tierra de Zapata. Así simplificó el callismo por sus relaciones claudicantes frente a los Estados Unidos promovidas por la pequeña burguesía mestiza en el poder. El intelectual boliviano exageró cuando escribió que:

Morrow, al igual que los grandes magnates yanquis, compró grandes haciendas en el Estado de Morelos, hasta el extremo que se hizo popular la frase para designar a este Estado. No se pronunciaba Morelos sino “Morrowelos”.[70]

Sin lugar a dudas Morrow fue una figura política de primer orden en tanto representante de los Estados Unidos. La residencia del embajador en la ciudad de Cuernavaca acrecentaba su imagen de poder en el ámbito regional. Sin embargo, resulta una exageración de Marof convertirlo en el principal terrateniente morelense.

Morrow había borrado en términos relativos las fronteras nacionales al ritmo de las debilidades de la política exterior de Plutarco Elías Calles, pero no representaba el poder omnímodo neoterrateniente dentro del estado de Morelos. Morrow, eso sí, cambió algunas prácticas políticas y culturales de la ciudad de Cuernavaca, que comprometieron a diversos educadores, intelectuales y artistas de la época. El caso más controvertido fue que Morrow financió los murales de Diego Rivera en el Palacio de Cortés, en el corazón de la ciudad de Cuernavaca. Le lectura del boliviano apuntaba a subrayar que el tiempo de la contrarrevolución se había afirmado, subvirtiendo la tierra de y obra de Zapata en escenario caciquil y de dominio imperialista norteamericano.

México fue para Marof una especie de calidoscopio  desde el cual miró los diversos aristas, los cuales le sirvieron de fuente de inspiración para reflexionar acerca de lo que debía ser o no ser Bolivia y la propia América Latina. Consideramos que la parte más relevante de su experiencia y lectura mexicana, giró en torno a la Revolución, desde su contradictorio proceso discutió el papel de los intelectuales, así como la subalternidad y marginalidad de los indígenas frente a los mestizos en el poder.[71]

 

Cerrando líneas

Este proceso de recepción de la Revolución mexicana que hemos presentado a grandes trazos, merece mayor atención y cuidado por parte de nuestros investigadores interesados en sus proyecciones continentales. Nuestra entrada fue muy acotada a la cuestión religiosa. Seguimos los ecos de su acre debate a través del análisis de las redes de exilio intelectual y político peruano con sus pares bolivianos. Muchas otras aristas muy importantes quedan pendientes. Seguramente saldrán a luz, cuando discutamos e investiguemos más acerca de los enlaces de la experiencia mexicana con la Revolución boliviana de 952, que en 2012 cumplirá su septuagésimo aniversario. El estudio y debate sobre las revoluciones en América Latina dista de estar agotado, el año pasado la Revolución cubana concentró la atención por celebrar su cincuenta aniversario y la investigación y el debate continúan. Poco importa que el 2010 quede atrás, la Revolución mexicana representa mucho más que un centenario y cien discursos de orden y otros tantos estudios críticos, oficiales u oficiosos.

 


Notas:

[1] El reporte diplomático de Carlos F. Díaz  remitido desde La Paz el 28 de mayo de mayo de 1917 a la Cancillería mexicana ilustra sobre los usos populares de dicho concepto al decir que durante: .”las últimas elecciones en Bolivia, por la que fue electo Presidente José Gutiérrez Guerra tuvieron incidentes desagradables y no faltó quien los tomara como un nuevo intento de revolución (sic), esta situación fue tal que el Enviado de Argentina en Bolivia comunicó a su país que Bolivia ardía en revolución (resic), esta noticia la hizo pública el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina causando el desagrado de la población boliviana, quienes argumentaron que solo se había tratado de tumultos callejeros y alborotos de pueblo. AHGE-SER: Carlos F. Díaz. Secretaria de Relaciones Exteriores, México La Paz, mayo 28 de 1917. Expediente: 17 – 7 – 187.

[2] El poeta boliviano Carlos Gómez Cornejo, fue ganado por la imagen señera de Sut Yat Sen, sin olvidarse de su terruño en sus calcomanías de Illimani en Barajas, La Paz, Talleres “Gráfico Mundial”, 1929.

[3] AHGE-SRE, Legación de México, No. 12, Carlos Félix Díaz a Secretario de Relaciones Exteriores, La Paz, junio 12 de 1917, Exp. 17-7-187.

[4] Ídem.

[5] Riva Palacio, Vicente, editor, México a través de los siglos. Historia general y completa del desenvolvimiento social, político, religioso, militar, artístico, científico y literario de México desde la antigüedad más remota hasta la época actual... Barcelona, Espasa y compañía [1888-89] 5 v. illus.

[6] Aragón, Agustín [et al.] México, su evolución social: síntesis de la historia política, de la organización administrativa y militar y del estado económico de la Federación Mexicana; de sus adelantamientos en el orden intelectual....; director literario, Justo Sierra, México: J. Ballesca y compañía, 1901.

[7] “Informe del Presidente Plutarco Elías Calles al abrir las sesiones ordinarias al Congreso el 1º de septiembre de 1925, en la Cámara de Diputados”, en: Los Presidentes ante la Nación. Informe, Manifiestos y documentos de 1821 a 1966, Tomo III, México, Cámara de Diputados, 1966, p. 439.

[8] Hinojosa, Roberto, “La lucha presidencial en México y la personalidad de Ortiz Rubio”, Folha Acadêmica (Río de Janeiro) núms.  45 e 46, 5/12 de novembro de 1929.

[9] Klein,Herbert S, Orígenes del la Revolución Nacional Boliviana, La Paz, Librería Editorial “Juventud, 1968, p.67.

[10] Centro de Documentación y Estudios, Ciudadanas: Una memoria inconstante (Asunción, Paraguay) 1997, p.11.

[11] AHGE-SRE. Legación de México, Núm. 34, Carlos Félix Díaz a Ernesto Garza Pérez, Secretario de estado, La Paz, diciembre 14 de 1917. Exp. 16-23-24.

[12] AHGE-SRE. Departamento Diplomático, Aguilar, Secretario de Relaciones a Carlos Félix Díaz, México, 7 de febrero de 1918, Exp. : 16 – 23 – 24.

[13] García Mérida, Wilson, “Anarquismo cochabambino. El legado de Cesáreo Capriles (I)”, http://www.lostiempos.com/noticias/01-02-09/01_02_09_trag5.php

[14] Ramírez, Gerardo F. La sociedad futura. Conferencia socialista, disertada en la Federación de Estudiantes el 1o de Mayo de 1921, en homenaje a la fiesta universal del trabajo. La Paz: González y Medina.

[15] Lora, Guillermo, Historia del Movimiento Obrero Boliviano 1900-1923 Tomo II, La Paz, Editorial Los Amigos del Libro, 1969, p.206.

[16] “Historia de la Universidad Mayor de La Paz”, http://www.bv.umsa.bo/historia/umsa.htm, consultada el 4/1/2009.

[17] Bastian, Jean-Pierre, Protestantismos y modernidad latinoamericana, México, Fondo de Cultura Económica, 1994, pp.180-181.

[18] Iglesia Evangélica Metodista en Bolivia, “Un pueblo llamado metodista. En sus 100 años de caminata en Bolivia”, http://www.iemb.cc/02evomorales.htm, consultado el 4 de enero de 2009.

[19] Klein, Herbert S., Ob.cit, pp.81-83,

[20] O.A.C. “El cura un peligro inmediato. Siguiendo el ejemplo de otros pueblos libres expulsémoslo”, Bandera Roja (La Paz) núm.2, junio 14 de 1926, p.2.

[21] Autor de: La escuela neutra y el laicismo: esquemas políticos: liberalismo, radicalismo, conservatismo bolivianos. Cuestiones sociales. Sucre: Impr. de "La Capital", 1920. Fue ministro de Relaciones Exteriores (1921-1924) y de Instrucción ( 1924-1925).

[22] Just, Estanislao,  Aproximación a la historia de la Iglesia en Bolivia, La Paz, Editorial Don Bosco, 1987, p. 72.

[23] Ibíd.

[24] Francovich,  Klein.

[25] “El 25 de marzo de 1925 fueron consagrados en la Catedral de La Paz cinco obispos. Dos de ellos iban a llenar las sedes vacantes de La Paz y Cochabamba, el redentorista Augusto Sieffert y el sacerdote diocesano Julio Garret respectivamente. Los tres restantes eran los obispos de las nuevas diócesis: de Potosí el sacerdote diocesano Cleto Loayza, de Tarija el cordimariano Ramón Font, y de Oruro el cordimariano Abel Isidoro Antezana.” Baptista, Javier, S.J. “Nazaria Ignacia, mujer de ayer y de hoy”, http://www.madrenazaria.org/Libro_Javier_Baptista_SJ_.pdf, consultado el 9/1/2009.

[26] Mensaje dirigido por la Federación Universitaria al Congreso Nacional, La Paxz, 2 de septiembre de 1925, en: Del Mazo, Gabriel, pp.141-142.

[27] Gómez Reyes, R., presidente; Vargas, Ernesto, secretario; Alvarado, Julio, presidente de la Universidad; Arnau, Napoleón, secretario; Chopitea, M. Amelia, presidente de la seccion femenina; Pérez Porcel, Enrique, tesorero; Salinas, Eduardo; secretario del Ateneo Carolino; Sotelo, Luis V. , presidente de la Sección Deportiva; Maitre P., Jorge L, presidente de la seccion artística. Mensaje de la Juventud Universitaria de Sucre a la Federación de Estudiantes de La Paz (1925) en: Del Mazo, Gabriel, pp. 142-144.

[28] Valdez, Abraham, secretario general; Cerutto, Oscar Alberto, secretario de relaciones; Paz Rojas, Juan, secretario interno; Álvarez, Moisés, secretario de hacienda de Platonia, Asociación Juvenil Latinoamericana, rubricaron el manifiesto.

[29] Chumacero Vargas, Ramón, “La autonomía universitaria en Bolivia”, Ciencia, Tecnología e Innovación (Chuquisaca) núm. 2, junio-julio de 2007, p.1.

[30] Ibíd.

[31][31] Frontaura Argandoña, Manuel, La Revolución Nacional, La Paz, Editorial Los Amigos del Libro, 1974, p. 292.

[32] Just, Estanislao, Ob.cit, p. 73.

[33] Fernández Naranjo se destacó también como un pionero de la campaña anticomunista en Bolivia. En 1932 publicó su Estudio Crítico de la dictadura comunista en la Rusia Soviética. La cual amplió para su tercera edición de 1936, acompañada de un prólogo de Román Paz. Su texto sobre México creció en volumen y detalles, modificando ligeramente su título: La política religiosa en México, 1917-1937; un estudio de historia sobre las relaciones entre el Estado y la Iglesia en México. La Paz: [Impr. Apostólica], 1937.

[34] En : Kein, Herbert S., Ob. cit, p. 110.

[35] Ibíd.

[36] Hemos de destacar el hecho de que en un informe del Comité Central de la Federación Universitaria de Bolivia sobre los años 1929-1936 al IV Congreso, se siguiese recordando como su principal hito internacionalista, la  participación de los delegados bolivianos al Congreso de 1921 celebrado en la ciudad de México. Informe del Comité Central de la FUB 1929-1936, copia mecanoescrita, consultada en la Biblioteca del Dr. Hugo Biagini en Buenos Ares.

[37] I Congreso Nacional Universitario, Cochabamba, 17 al 23 de agosto de 1928, copia mecanoescrita consultada en la Biblioteca del Dr. Hugo Biagini.

[38] Ibíd.

[39] II Congreso Nacional Universitario, Sucre 2 al 8 de septiembre de 1929, copia mecanoescrita consultada en la Biblioteca del Dr. Hugo Biagini.

[40] I Congreso Nacional Universitario, Cochabamba, 17 al 23 de agosto de 1928.

[41] Amauta (Lima), Núm.11, enero de 1928, p. 4.

[42] Just, Estanislao,  Ob.cit., p. 80.

[43] Rómulo Meneses, “El Hebraísmo y las bases psíquicas de la historia “, Amauta (Lima) enero de 1928, núm. 11, p. 26.

[44] Lora, Guillermo, Historia del Movimiento Obrero Boliviano, Tomo III, p. 63.

[45] Ibíd, p. 26.

[46] Ibíd., p. 66.

[47] Miguel Ángel Urquieta, “Divagaciones”, La Razón (La Paz) 21-6-1928. Meneses, Rómulo,  Nuestra Unidad y otros panoramas, La Paz, editorial Meridiano, 1929.

[48] Meneses, Rómulo,  Nuestra Unidad y otros panoramas, La Paz, editorial Meridiano, 1929.

[49] En Boletín Titikaka (Puno): “Plasma”,  núm. 21, p.2; “El Poema de los cinco sentidos”, núm.23, p. 3;  “Poemas”, núm. 30, p.2.

[50] “O Primeiro Congresso de Estudantes da Bolivia”, Folha Academica (Río de Janeiro) num. 39, Anno I, 22-11-1928, p. 622.

[51] “La juventud de izquierda en México, y últimamente de Bolivia, han emitido un voto de repudio contra Miguel Ángel Urquieta.” En: “Esquema patológico de un hijo que no supo aprovechar las enseñanzas de su padre” de Carlos Alberto González (La Paz, Octubre de 1928), Claridad (Buenos Aires), núm. 170, 10 de noviembre de 1928.

[52] González R., Donato “México Revolucionario de Oscar Tenorio,  Ed.  de Folha Academica”, La Paz, Bolivia, octubre de 1928, Claridad, núm. 171, Noviembre 24 de 1928.

[53] “Arrebatado por la tempestad revolucionaria, una parte del clero nacional simpatiza con la política del presidente Plutarco Elías Calles y el respeto de la Constitución. En: “México Revolucionario: pequenhos comentarios sobre a revolucao mexicana e suas consecuencias”, Rio de Janeiro, Ed. Folha Academica, 1928, p. 55.

[54] González, Donato, R., Ob.cit.

[55] Lora, Guillermo, Historia del Movimiento Obrero Boliviano 1923-1933, Tomo III, La Paz, Los Amigos del Libro, 1970, pp.262.263.

[56] Ibíd. p. 263.

[57] Crítica apareció en Buenos Aires el 15 de setiembre de 1913 con un tiraje de 5, 000 ejemplares. Por las fechas en que Hinojosa inició sus colaboraciones, alcanzaba un tiraje de 900, 000 ejemplares diarios y circulaba en varios países de la región. http://es.wikipedia.org/wiki/Diario_Crítica, consultada el 4/1/2009.

[58] Nicolás Botana (1888- 1941) fue el esposo de la poetisa Blanca Luz Brum, ex-compañera del muralista Gustavo Adolfo Siqueiros. Véase: Achugar, Hugo, Falsas Memorias. Blanca Luz Brum, México, Editorial Era-Ediciones Trilce, 2001, pp. 43-94; Brum, Blanca Luz, Mi Vida. Cartas de Amor a Siqueiros, Santiago de Chile, Editorial Maré Nostrum, 2004; pp. 61-108.

[59] Lora, Guillermo, Ob.cit, p.263.

[60] Hinojosa, Roberto, “La lucha presidencial en México y la personalidad de Ortiz Rubio”, Folha Acadêmica (Río de Janeiro) núms..  45 e 46, 5/12 de novembro de 1929.

[61] Melgar Bao, Ricardo, “Un mirador andino de la Revolución Mexicana: Bolivia 1943-1946", Memoria México) Núm. 52, pp. 9-16.

[62] Marof, Tristán, México de frente y de perfil.

[63] Marof, Tristán, México de frente y de perfil, p. 8.

[64] Marof, Tristán, México de frente y de perfil, Buenos Aires, editorial Claridad, 1932, pp. 122-123.

[65] Marof, Tristán, Opresión y falsa democracia,. . ., p. 19.

[66] Ibíd., p. 24.

[67] Marof, Tristán, México de frente y del perfil, p. 16.

[68] Ibid, p.112.

[69] Ibid, p. 104.

[70] Ibíd., p.30.

[71] Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas,  Marof apareció en varias  notas remitidas por la legación mexicana en Bolivia a la cancillería. Reseñemos cuatro de ellas. La primera, revela una preocupación por la vida de Marof, encarcelado, deportado y amenazado de muerte. En la segunda, en marzo de 1938 se da cuenta de que no hay objeción de parte del gobierno de Lázaro Cárdenas para que viaje a México a desempeñar una labor diplomática a nombre de su país, la cual no realizó. En la tercera,  se hace constar el tenor de la carta que le dirigió al gobierno de Lázaro Cárdenas, abogando a favor del asilo de León Trotsky en México. AHSRE, Expediente: III-239-12   , Años  1935-1938. LEGAMEX BOLIVIA.

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