Pacarina del Sur
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Las artes de pesca del Caribe Maya en la Bahía de Chetumal

Fishing gear Caribbean Maya in Chetumal Bay

As artes de pesca Caribe Maya Bay em Chetumal

Emiliano Ricardo Melgar Tísoc[1]

RECIBIDO: 05-09-2015 APROBADO: 27-09-2015

Resumen

Resumen: El estudio de las relaciones que los mayas prehispánicos entablaron con el mar ha sido uno de los temas que distintos investigadores (arqueólogos, historiadores del arte, biólogos, exploradores, aventureros y marineros) han abordado desde mediados del siglo XX. Sin embargo, el aspecto que ha predominado en casi todos ellos ha sido el de la navegación maya, subordinando otras temáticas como la explotación del mar y sus recursos. Por ello, el propósito de este trabajo es mostrar la riqueza de información que puede obtenerse del estudio de las artes de pesca maya, utilizando como estudio de caso a los mayas costeros de los distintos asentamientos de la Bahía de Chetumal.

Palabras clave: mayas, pesca, Caribe, mar y Chetumal.

 

Introducción

En los asentamientos mayas prehispánicos emplazados en las costas es común encontrar artes de pesca o herramientas empleadas por los pescadores, así como restos de la fauna marina capturada. Incluso llegan a aparecer en ofrendas de las estructuras más importantes, a manera de regalos con las deidades tutelares de la pesca y el mar. En este sentido, conviene recalcar que los mayas pedían permiso a los “dueños o señores del agua del mar, ríos, lagos, lagunas, pozos y cenotes” para pescar o recolectar, ofreciendo como pago objetos apreciados por ellos o parte de la misma captura. Sin embargo, quien osara explotar más de lo permitido o necesario para su sustento o trabajo, sería castigado con malas jornadas, llegando a pagarse la falta incluso con la muerte.[2]

En el caso de las técnicas tradicionales de pesca, también llamadas artes de pesca, éstas generalmente se clasifican en individuales (anzuelos, arpones, atarrayas y redes de pequeñas dimensiones) y colectivas (chinchorros, redes y trampas de atajo de grandes dimensiones), aunque las primeras también pueden emplearse en grupo. Precisamente esta movilidad en su clasificación hace difícil su aplicación en contextos arqueológicos, como en el caso de las plomadas de redes de piedra o cerámica, ya que al estar aisladas o desarticuladas, se desconocen las dimensiones originales de los tejidos y, por ende, si fueron de uso individual o colectivo. De la misma forma, el hallazgo de pocos anzuelos y arpones, o de redes y trampas de atajo, puede hablar acerca del empleo restringido y/o ausencia de unas técnicas frente a otras, quizás por no ser las preferidas culturalmente o tal vez son afectadas por las características del entorno marino.[3] Sin embargo, esta misma escasez también puede ser vista como una especialización en los oficios pesqueros, quizás porque la llevan a cabo pocos miembros de la sociedad con conocimientos específicos sobre determinadas especies requeridas por el grupo o por los gobernantes y cuya captura solamente fuera posible con dicho utillaje. Incluso el explotar los recursos a través de diferentes tamaños de grupos laborales podría estimular la competencia y la estratificación social.

Así mismo, las características ecológicas de cada localidad, como la Bahía de Chetumal, influían en algunas de las formas de explotación de los recursos, como el mayor empleo de redes y trampas de atajo frente a la escasez de anzuelos y arpones. Por lo tanto, al parecer existía una relación directa entre la tecnología y el medio ecológico; donde la utilización de las diferentes técnicas de captura dependía de las características del medio geográfico, de las condiciones climatológicas y meteorológicas, así como del comportamiento de las especies que se intentaban atrapar.

 

Características ecológicas de la Bahía de Chetumal

Para entender la presencia o ausencia de determinadas artes de pesca en los sitios mayas prehispánicos de la Bahía de Chetumal es necesario señalar los rasgos geográficos de su entorno marino. Ésta bahía se encuentra ubicada en el extremo sureste del estado de Quintana Roo, entre las coordenadas geográficas 18º 11´24´´-19º 19´12´´ de latitud norte y 87º 26´24´´ de longitud oeste. Forma parte de la provincia fisiográfica “Planicie Costera Sudoriental”, caracterizada por una llanura costera baja, de manglar y pantanosa susceptible de inundación.[4] Presenta fallas lineales orientadas del noroeste al sureste, especialmente en su costa occidental, las cuales dieron origen a los ríos, arroyos, islas y lagos de la zona.[5] En este sentido, la misma Bahía de Chetumal se formó por una falla de 69 kilómetros de largo y 18 kilómetros de ancho.[6]

Así mismo, la bahía es somera con una profundidad no mayor a 5 metros según indican los mapas batimétricos de México[7] y de Belize.[8] Está formada por dos porciones: una hacia su extremo sureste con mayor salinidad y separada del mar por los cayos de Belice y la península de Xcalak, y otra de baja salinidad que se extiende 48 kilómetros al noreste, volviéndose angosta hacia el norte, donde desembocan el río Jaz y el río Crik. Al noroeste se encuentra el sistema Lagunar Guerrero-Barra de San José, de aguas ligeramente turbias, así como los ríos Hondo y New River, en su costa oeste, que aportan grandes cantidades de agua dulce y sedimentos.

Respecto a la vegetación que delimita todo el perímetro costero, predomina el mangle rojo (Rhyzophora mangle), el cual presenta una densa cobertura y alcanza entre 10 y 12 m de altura. En menor medida hay mangle negro (Avicenia germinans) y mangle blanco (Laguncularia racemosa). Por su parte, el fondo marino del lado occidental de la bahía está cubierto por pastos marinos Halodule wrightii y Thalassia testudinum que contrastan con la ausencia de vegetación marina en la parte oriental.[9]

Debido a su poca profundidad y la gran afluencia de aguas frescas, la bahía tiene menos de la mitad de la salinidad del mar abierto,[10] dando lugar a un entorno de laguna costera, por lo cual difiere ecológicamente de la mayor parte del litoral caribeño que la circunda.[11] Lo anterior queda confirmado por la presencia de moluscos dulceacuícolas Pomacea flagellata, los cuales pueden tolerar bajos niveles de salinidad. De igual forma, predominan peces de familias estuarino-lagunares que toleran aguas dulces y saladas, como macabíes (Albulidae), bagres (Ariidae), charales (Atherinidae), agujas (Belonidae), lenguados (Bothidae), jureles (Carangidae), cazones (Carcharhinidae), robalos (Centropomidae), mojarritas de agua dulce (Cichlidae), rayas de espina (Dasyatidae), mojarras marinas (Gerreidae), boquinetes (Labridae), pargos (Lutjanidae), lisas (Mugilidae), sierras (Scombridae), meros (Serranidae) y peces globo (Tetraodontidae), entre otros.[12] Y finalmente, destaca el manatí Trichechus manatus, al cual se le ha dedicado la Bahía de Chetumal como reserva ecológica denominada “Santuario del Manatí”.

 

Los mayas costeros de la Bahía de Chetumal

Existen varios sitios arqueológicos ubicados en la franja costera de la Bahía de Chetumal, desde grandes núcleos urbanos con templos y palacios estucados hasta modestas aldeas y caseríos de pescadores y agricultores. Los más importantes son Oxtankah, Ichpaatun, Isla Tamalcab, Calderitas, Lak´in Ha´, Santa Rita Corozal, Cerros, Sarteneja, The Northern River Lagoon, Ambergris Caye y Moho Cay. Su localización es la siguiente (Figura 1):

La Bahía de Chetumal y sus sitios costeros
Figura 1. La Bahía de Chetumal y sus sitios costeros. Mapa elaborado por Emiliano Melgar.

Oxtankah se encuentra ubicado a 13 kilómetros al norte de la Ciudad de Chetumal, capital de Quintana Roo y a escasos 600 metros del litoral de la Bahía de Chetumal, homónima de la capital. Cuenta con varias plazas, siendo las más importantes la Plaza Abejas y la Plaza Columnas, con una ocupación continua y oscilante entre el Preclásico Medio (900-600 a.C.) y el Clásico Tardío/Terminal (700-900 d.C.) ya que a partir del Postclásico Temprano (1100 d.C.) la ciudad había sido ya abandonada, permaneciendo así hasta la entrada de los españoles.[13]

Ichpaatun es un sitio amurallado con arquitectura “tipo costa de oriental” ubicado a 900 m al sur de Oxtankah y pegado al litoral de la Bahía de Chetumal. Este lugar es famoso porque en 1926 Thomas Gann extrajo una estela que intentó llevarse a Inglaterra pero le fue decomisada en Progreso y que actualmente se encuentra en Mérida.[14]

Tamalcab (“Isla que se hunde o inunda”) es una larga y delgada isla de nueve kilómetros y medio de longitud y no mayor al medio kilómetro de anchura en la cual pueden apreciarse montículos de origen prehispánico en las puntas norte y sur, así como cerca de su parte más estrecha ubicada a la mitad de la misma.[15]

Calderitas o Yaaxcanab (“Lugar de las aguas de color verde”) es un asentamiento del Clásico y Posclásico de 17 estructuras habitacionales formando plazas dentro del poblado homónimo habitado por pescadores.[16]

Lak´in Ha´ (“Agua del Oriente”), es un entierro múltiple de cuatro personas del Posclásico tardío (1250-1521 d.C.), hallado en el kilómetro cuatro del Boulevard Bahía, aproximadamente a 200 metros al norte del Centro de Estudios Tecnológicos del Mar (CETMAR), a 500 metros al sur de la Universidad de Quintana Roo (UQRoo) y a 20 m del mar.[17] En la zona de playa de ese lugar también se recuperaron conchas arqueológicas y pesas de redes.[18]

Santa Rita Corozal es un asentamiento del Clásico reocupado durante el Posclásico y está ubicado en las afueras del actual poblado de Corozal en Belice, entre las desembocaduras del río Hondo y el New River.[19]

Cerros es un puerto con arquitectura monumental del Preclásico tardío que se encuentra ubicado en una pequeña península de Belice llamada Lowry´s Bight al este de la desembocadura del New River.[20]

Sarteneja o Tzaten-a-Ha´ (“Agua entre las piedras) debe su nombre a varios pozos de agua llamados de esta manera que fueron hallados en el sitio. Se encuentra localizado a cuatro millas al oeste de Rocky Point, en la costa norte de Belize y tuvo una ocupación del Preclásico Tardío al Posclásico Temprano.[21]

The Northern River Lagoon es una zona de esteros con grandes extensiones de salineras prehispánicas en el sur de la bahía de Chetumal,[22] también en la costa norte de Belize. En este complejo salinero se han recuperado la mayor cantidad de restos faunísticos de pescados con evidencia de haber sido salados y procesados para comercio, ya que la gran mayoría de ellos parecen haber sido fileteados porque están descabezados y sin espinas.[23]

Ambergris Caye es un enorme cayo que separa a la Bahía de Chetumal del Mar Caribe por el este. En este lugar se han identificado varios asentamientos vinculados con la explotación de sal y el comercio costero, como San Juan, Chac Balam, Burning Water, Santa Cruz, Punta Limón y Laguna de Cayo Francesa, todos ubicados en el litoral interno de Ambergris Caye.[24]

Moho Cay es una isla ubicada en la boca de la Bahía de Chetumal y frente al delta del río Belice. Tiene una ocupación que va del Clásico temprano hasta principios del Clásico tardío del 400 al 700 d.C.[25] Este lugar es conocido por ser el sitio costero maya con la mayor cantidad de arpones hallados y por los huesos de manatí tallados en forma de esculturas y modelos de canoas miniaturas.[26]

 

Las artes de pesca en la Bahía de Chetumal

Ante este ecosistema estuarino-lagunar, pantanoso, somero y de aguas turbias, que lo hace diferente del resto del litoral caribeño poblado por los mayas prehispánicos, éstos debieron establecer diferentes formas de explotación de los recursos marinos adecuados a este medio. En estas interacciones mutuas, los cambios ecológicos y culturales a través del tiempo modificaron la organización y empleo de determinadas artes de pesca, entre las cuales estaban las siguientes:

 

Redes

Las evidencias arqueológicas de esta arte de pesca son parciales, ya que debido a la desintegración de las redes, solamente se han recuperado sus plomadas hechas en cerámica. De estas pesas tenemos dos grupos: reutilizadas y modeladas. El primer conjunto son fragmentos cerámicos reutilizados de diferentes tamaños y tipos cerámicos, generalmente de forma rectangular, poligonal u oval, con incisiones en sus orillas (Figura 2); los cuales algunos investigadores proponen que son las huellas del cordel utilizado, ya sea hilo de algodón o de henequén.[27] El otro conjunto está formado por pesas modeladas hechas de bolitas ovaladas de barro muy parecidas en forma y tamaño, quizás vinculadas con una especialización o estandarización de la longitud de las redes; las cuales fueron incisas con un objeto agudo (quizás una lasca de obsidiana o pedernal) y después cocidas (Figura 3).[28]

Artes de pesca en la Bahía de Chetumal: pesas de red reutilizadas
Figura 2. Artes de pesca en la Bahía de Chetumal: pesas de red reutilizadas. Fotografías y dibujos de Emiliano Melgar.

Artes de pesca en la Bahía de Chetumal: pesas de red modeladas
Figura 3. Artes de pesca en la Bahía de Chetumal: pesas de red modeladas. Fotografías y dibujos de Emiliano Melgar.

En el caso de la Bahía de Chetumal se han hallado 1453 pesas de red, distribuidas en los siguientes sitios (Tabla 1):

Tabla 1. Pesas de red halladas en la Bahía de Chetumal

Sitio

Pesas de red reutilizadas

Pesas de red modeladas

Oxtankah

19

18

Ichpaatun

29

35

El Estrecho de Isla Tamalcab

15

7

Punta Sur de Isla Tamalcab

5

-

Santa María Calderitas

14

6

Lak´in Há

6

-

Ambergris Caye

605

2

Santa Rita Corozal

ND

ND

Cerros

333

32

Sarteneja

124

64

Moho Cay

94

-

The Northern River Lagoon

45

-

Total

1289

164

Las primeras plomadas aparecen hacia el Preclásico superior (300-150 a.C.) en Cerros, donde se han encontrado 65 pesas de red reutilizadas y una modelada.[29] Para el Clásico tardío (600-900 d.C.) se generaliza el uso de redes por el incremento en la cantidad de las pesas: 252 pesas de red en Sarteneja (188 reutilizadas y 64 modeladas;[30] 104 en Cerros (103 y una);[31] 20 en Calderitas, (14 y seis), 14 en El Estrecho de isla Tamalcab (7 y 7) y seis en el litoral al norte de Oxtankah (cinco y una).[32] En este sentido cabe destacar la presencia de pesas modeladas a partir de esta época, todas de forma y peso sumamente similares, quizás indicando una estandarización en el tamaño de las redes y tal vez una especialización en la forma de cooperación, es decir, podría tratarse de la formalización de este oficio y sus unidades de captura.

Durante el Posclásico (900-1521 d.C.), después del colapso maya y el abandono de la mayoría de los asentamientos, una parte de Cerros parece estar ocupada por pescadores que reactivan la pesca, debido a las 161 pesas de red reutilizadas y a las 29 modeladas encontradas en la zona.[33] Así mismo, en el recinto amurallado de Ichpaatun hay 29 plomadas reutilizadas y 35 modeladas mientras que en Lak´in Há se tienen seis reutilizadas, lo cual refleja las actividades vinculadas al mar llevadas a cabo por sus habitantes.[34]

 

Trampas de atajo

Las trampas para la pesca generalmente estaban hechas de palos, eran fijas y se ubicaban en las partes más bajas cerca de la playa.[35] Para armar una trampa se debían emplear decenas de palos de madera de sacocom, pues era muy resistente al agua. Después se construía el “corazón” de la trampa, el cual era un círculo con un diámetro mayor a los cinco metros, donde quedaba capturado el pescado. Luego se colocaba una fila de estacas unidas por soga o cordel de fibras vegetales, llamada cola, que iban del corazón hacia la playa.[36] Dichas trampas estaban destinadas a las capturas de las corridas de peces, que actualmente van de agosto a noviembre, pero que para la época prehispánica desconocemos su calendarización.

Sin embargo, en la Bahía de Chetumal hay un tipo de trampas de atajo en forma de “J” hechas de piedra, más de cien, concentradas entre Punta Lagartos y Punta Calenturas en la porción septentrional de la bahía (Tabla 2), las cuales resultan de lo más novedoso en cuanto a evidencia arqueológica de artes de pesca mayas.[37] Así mismo, su ubicación no es azarosa, ya que responden a un patrón basado en el tipo y comportamiento de los peces locales, así como a las corrientes marinas y su ángulo de incidencia en la abertura del “corazón” de los corrales. Por lo tanto, en su mayoría debieron capturar aquellos que se trasladaban en cardúmenes y a los que no gustaban de carnadas montadas en anzuelos. Además, la falla en su construcción o el cambio de dirección de las corrientes puede apreciarse en algunas de las trampas, las cuales fueron reacondicionadas construyendo nuevos “corazones” y bloqueando los ya existentes. Otro punto relevante está en el arreglo que presentan: hay sencillas o individuales, dobles, donde la segunda inicia en la curvatura de la primera que es la más cercana al litoral, y múltiples, conformadas por más de tres trampas seguidas una detrás de otra (Figura 4).

Trampas de atajo de la Bahía de Chetumal
Figura 4. Trampas de atajo de la Bahía de Chetumal: trampa sencilla (a) y trampa doble (b). Fotografías aéreas tomadas de © 2012 Google Earth- © 2012 INEGI - Image © 2012 GeoEye.

Tabla 2. Trampas de atajo detectadas en la Bahía de Chetumal

Franja costera

Número de trampas

Costa oeste de Punta Polvox a Punta Palometa

23

Cayo Venado

24

Cayo Violín

11

Cayo Palometa

13

Costa este de Punta Palometa a Punta Calentura

48

Total

119

Estas trampas al parecer estuvieron funcionando entre el Protoclásico y los inicios del Clásico temprano, debido a la gran cantidad de salineras de esta época cercanas a ellas en las lagunas, donde se salaba la enorme captura de pescados obtenidos en dichas trampas. Sin embargo, su declive pudo haber iniciado hacia finales del Clásico temprano, ya que de los estudios de niveles marinos hechos por Hortensia de Vega y su equipo, durante este momento hubo varios años de temporadas de lluvias muy fuertes que alteraron el entorno marino de la Bahía de Chetumal.[38] Cabe señalar que actualmente se encuentran sumergidas, quizás por el aumento del nivel del mar hacia el 900 d.C. registrado por otros investigadores,[39] ya que al cambiar la configuración del litoral y aumentar la profundidad de la bahía, quedaron inutilizadas al alejarse sus arranques de las playas hasta varios cientos de metros, al mismo tiempo que las aguas las cubrieron, permitiendo que los peces pasaran sobre ellas.

 

Arpones

En cuanto a los arpones, aunque a nivel arqueológico no hay evidencias de sus ejes de madera, sí existen las puntas plano-convexas de formas triangulares hechas de obsidiana y pedernal, las cuales podían enmangarse (Figura 5). Éstas eran empleadas para la captura de especies grandes, especialmente el manatí, como señala fray Diego de Landa:[40]

Mátanlos (a los manatíes) los indios con harpones de esta manera: búscanlos en los esteros y partes bajas, que no es pescado que sabe andar en hondo, y llevan sus harpones atados en sus sogas con boyas al cabo; hallados, los arponean y suéltanles las sogas y las boyas y ellos con el dolor de las heridas huyen a una y otra parte por lo bajo y de poco agua, que jamás van a lo hondo de la mar ni saben , y como son tan grandes van turbando el cieno y tan sanguíneos vánse desangrando; y así con la señal del cieno los siguen en sus barquillos los indios y después los hallan con sus boyas y sacan. Es pesca de mucha recreación y provecho, porque son todos carne y manteca.

arpón de pedernal
Figura 5. Artes de pesca en la Bahía de Chetumal: arpón de pedernal. Fotografía de Emiliano Melgar.

También podían influir en la elección de esta herramienta las características ecológicas de la localidad, pues resultaba más eficiente en aguas claras para poder divisar a las presas, como en los asentamientos costeros de aguas cristalinas en Quintana Roo y Belice, donde se han encontrado evidencias de este tipo de pesca.[41] De entre todos, destaca el grupo de mayas del Clásico temprano (200-600 d.C.) que habitaron la isla de Moho Cay debido al hallazgo de 45 arpones plano-convexos hechos de pedernal y 253 restos de manatí con huellas de corte y fileteado.[42]

Ello contrasta con la escasez de arpones en los asentamientos de la Bahía de Chetumal, debido a la poca visibilidad de sus aguas turbias de tonalidades marrones y grises, lo cual hacía poco efectivo su empleo en este medio (Tabla 3). Lo anterior llama aún más la atención porque, a pesar de tener abundancia de manatíes, apenas cuenta con 14 arpones de la época prehispánica, la mayoría de pedernal: tres en Oxtankah del Clásico tardío, uno de ellos manufacturado en obsidiana,[43] seis en Sarteneja[44] y cinco en el asentamiento posclásico de Corozal,[45] mientras que en el resto de sitios de la Bahía de Chetumal no han sido reportados.[46] También cabe señalar que la mayoría proceden de contextos ceremoniales, por lo cual fueron retirados de su espacio de uso, es decir del mar y el litoral, al menos en su deposición final.

Tabla 3. Arpones hallados en la Bahía de Chetumal

Sitio

Número de arpones

Oxtankah

3

Ichpaatun

-

El Estrecho de Isla Tamalcab

-

Punta Sur de Isla Tamalcab

-

Santa María Calderitas

-

Lak´in Há

-

Ambergris Caye

-

Santa Rita Corozal

5

Cerros

-

Sarteneja

6

Moho Cay

45

The Northern River Lagoon

-

Total

59

 

Anzuelos

Los anzuelos se caracterizan por su forma curva similar a un gancho, hechos en hueso o concha (Figura 6).[47] Varían en tamaño y forma, por lo que su uso dependió del tamaño de su punta y de la especie a capturar, sobre todo peces de profundidad o cuyo hábito de vida es solitario, en contraste con las redes y trampas de atajo que resultan adecuadas para peces que se trasladan en cardúmenes.[48] Por lo que, debido a lo somero de la Bahía de Chetumal y, quizás a la amplitud en el uso de redes y trampas, son escasos los anzuelos hallados (Tabla 4), indicando una mayor preferencia por la red. Evidencias de esta arte de pesca han sido halladas en varios asentamientos del litoral como Cozumel y Tulum.[49]

anzuelos de concha
Figura 6. Artes de pesca en la Bahía de Chetumal: anzuelos de concha. Fotografía de Emiliano Melgar

Tabla 4. Anzuelos hallados en la Bahía de Chetumal

Sitio

Número de anzuelos

Oxtankah

1

Ichpaatun

-

El Estrecho de Isla Tamalcab

-

Punta Sur de Isla Tamalcab

-

Santa María Calderitas

-

Lak´in Há

-

Ambergris Caye

-

Santa Rita Corozal

-

Cerros

2

Sarteneja

1

Moho Cay

-

The Northern River Lagoon

-

Total

4

Sin embargo, en la Bahía de Chetumal los anzuelos son muy escasos, restringidos a dos asentamientos: En Oxtankah fue hallado un fragmento de anzuelo hecho en concha de bivalvo no identificado correspondiente al Preclásico;[50] mientras que en Cerros se reportan dos[51] y en Sarteneja uno.[52]

 

Productos marinos

La fauna marina capturada por los pescadores mayas de la Bahía de Chetumal fue variada de un asentamiento a otro, debido al utillaje empleado por cada grupo, a las características ecológicas y a preferencias culturales. Así, se tienen las siguientes evidencias de recursos pesqueros (Tabla 5 y Figura 7):[53]

De Ambergris Caye hay 374 restos: cinco de tortuga (Chelonia sp.), 18 de tiburón (Condrichthyes), 16 de barracuda (Sphyraenidae), uno de mojarrita (Cichlasoma sp.), uno de pargo (Lutjanidae), seis de pez perico (Scarus sp.), 115 de cangrejos (Crustacea) y 212 de pescados no identificados.

En Corozal, 69: 23 de tortuga (Chelonia sp.), tres de barracuda (Sphyraenidae), dos de mantarraya (Rajiformes), 12 de pez gato (Osteichthyes), dos de mero (Serranidae) y 27 de pescados no identificados.

Ejemplos de recursos marinos explotados en la Bahía de Chetumal
Figura 7. Ejemplos de recursos marinos explotados en la Bahía de Chetumal: vértebras de tiburón (a), vértebras y espinas de mojarritas (b), galletas de mar (c), tenazas de cangrejo (d), coral cerebro (e), huesos de manatí (f) y coral cuerno de venado (g). Fotografías y dibujos de Emiliano Melgar.

De Cerros, 6: tiburón (Condrichthyes), pargos (Lutjanidae), mero (Serranidae), cangrejo moro (Menipe mercenaria), cangrejo terrestre (Cardisoma guahumi) y cangrejo azul (Callinectes sp.).

En Sarteneja, 60: dos de manatí (Trichechus manatus), siete de tortuga (Chelonia sp.), uno de tiburón (Condrichthyes), cuatro de mantarraya (Rajiformes), nueve de pez gato (Osteichthyes), 15 de cangrejo terrestre (Cardisoma guahumi) y 22 de pescados no identificados.

De Moho Cay, 292: 253 de manatí (Trichechus manatus), 24 de tiburón (Osteichthyes), dos de mantarraya (Rajiformes), tres de pez gato (Osteichthyes) y 13 de pescados no identificados. De este sitio destacan las esculturas y modelos de canoas miniaturas hechos en huesos de manatí.[54]

En The Northern River Lagoon, 3709 de pez gato (Sciades troschelli), especialmente las cabezas con huellas de corte y fileteado.

Y en la porción septentrional de la Bahía de Chetumal, al norte del río Hondo, solamente hay cuatro registros, todos en Oxtankah. En la Estructura VI de Plaza Columnas tenemos una tortuga con caparazón depositada en la Tumba 1, entierro 2(2), mientras que en la Tumba 2 de ese mismo edificio había un plato que contenía vértebras y espinas de una mojarrita de agua dulce, mismo que formaba parte de la ofrenda al personaje ahí enterrado. Los otros dos contextos con restos faunísticos son de la Estructura IX de esa misma plaza, donde aparecieron ofrendados dos cajetes: uno contenía una tortuga con todo y su caparazón, mientras el otro grasa y quizás carne de manatí.[55]

Tabla 5. Recursos pesqueros explotados en la Bahía de Chetumal

Identificación taxonómica

Nombre común

Oxtankah

Ambergris Caye

Santa Rita Corozal

Cerros

Sarteneja

Moho Cay

The Northern River Lagoon

Trichechus manatus

Manatí

1

 

 

 

2

253

 

Chelonia sp.

Tortuga

1

5

23

 

7

 

 

Chondrichthyes y Squaliformes

Tiburón

 

18

 

ND

1

24

 

Sphyraenidae

Barracuda

 

16

3

 

 

 

ND

Rajiformes

Mantarraya

 

 

2

 

4

2

 

Osteichthyes y Arridae

Pez gato

 

 

7

 

9

3

 

Caranx sp.

Jurel

 

 

 

 

 

 

ND

Cichlasoma sp.

Mojarrita

1

1

 

 

 

 

 

Ictalurus sp.

Pez gato

 

 

4

 

 

 

 

Lutjanidae

Huachinango

 

1

 

ND

 

 

ND

Scarus sp.

Pez perico

 

6

 

 

 

 

 

Sciades troschelli

Pez gato

 

 

1

 

 

 

3709

Serranidae

Mero

 

 

2

ND

 

 

ND

Crustacea

Cangrejo

 

115

 

 

 

 

 

Menippe mercenaria

Cangrejo moro

 

 

 

ND

 

 

 

Cardisoma guahumi

Cangrejo terrestre

 

 

 

ND

15

 

 

Callinectes sp.

Cangrejo azul

 

 

 

ND

 

 

 

No identificados

 

 

212

27

 

22

13

 

TOTAL

3

374

69

ND

60

295

3709

 

Discusión

En cuanto a las artes de pesca, quizás la inusitada abundancia de pesas de red y trampas de atajo, indica una preferencia cultural por este tipo de pesca y/o a que esta estrategia de pesca colectiva resultó la más adecuada al ecosistema marino de la Bahía de Chetumal.[56] Al parecer, las artes de pesca fueron afectadas por las características hidrológicas de esta bahía, como corrientes de agua dulce provenientes del Río Hondo, Río Nuevo, la Barra de San José y demás arroyos que mezcladas con el agua salada y de mayor densidad del mar, vuelven turbias sus aguas, así como la poca profundidad, con una batimetría no mayor a 5 m. Esto se ve reflejado en la poca cantidad de estas artes de pesca individuales, con excepción de los 45 arpones de Moho Cay, ya que en el resto de los asentamientos prehispánicos de la Bahía de Chetumal solamente han sido reportados 14 arpones y cuatro anzuelos.

Con respecto a las redes de pesca inferidas a partir de sus pesas, llama la atención la existencia de dos grupos, por lo cual uno se preguntaría qué usos les habrían dado los mayas, ya que da la impresión que la materia prima empleada (tepalcate reutilizado o arcilla modelada) sí fue un atributo importante en la selección de los pescadores al momento de hacer sus redes, como se ha planteado para contextos costeros de otras partes del mundo.[57] En este sentido, la clave del análisis podría estar en el peso particular de cada plomada. Por un lado, las ligeras, menores a 20 g y de pequeñas dimensiones, generalmente modeladas, fueron empleadas en aguas someras o para redes individuales.[58] Por el otro, las pesadas, mayores de 20 g y de grandes dimensiones, en particular las reutilizadas, formaban parte de redes grandes en mar abierto.[59] Además, las primeras son muy homogéneas en forma, tamaño y peso, incluso hasta en el color, por lo cual podrían estar indicando una estandarización en el tamaño y composición de las redes, sobre todo las individuales. Mientras tanto, las segundas presentan una gran diversidad de colores, tamaños, formas y pesos, debido a que los mayas adaptaban los tepalcates de los cuales estaban hechas, al parecer sin una preferencia por algún tipo cerámico en particular salvo en Tulum con una cerámica rojiza llamada “Tulum Rojo”.[60] Esta relación entre el peso y el tipo de uso se apoya en la comparación de las plomadas de los asentamientos ubicados en mar abierto, generalmente más pesadas, con sus similares de sitios estuarino-lagunares y de aguas interiores, lo cual puede deberse a la mayor densidad del mar relacionada con la salinidad, a diferencia del agua dulce de ríos, lagunas y lagos. De ellas, llaman la atención las halladas en la isla de Tamalcab, debido a que el peso de algunas de sus plomadas es mayor a 15 g en comparación con sus similares del litoral occidental, como en Cerros con una media de 6.7 g y Oxtankah con 4.687 g.[61] Quizás las áreas de pesca de estos mayas estaban en las partes profundas de la bahía o en mar abierto. Además, el peso aumenta conforme los asentamientos se acercan al Mar Caribe, como en Sarteneja con 13 g[62] o están directamente en él como Tulum con pesas que superan los 20 g.[63]

En el caso de las trampas de atajo en forma de “J” hechas de piedra, su construcción debió requerir de una gran coordinación del trabajo comunal debido a las dimensiones que llegaron a alcanzar, algunas más de 300 m de largo. Las diferentes longitudes y arreglos probablemente estén indicando el tamaño del grupo que las construyó y utilizó, de acuerdo con el mayor o menor tiempo invertido en su elaboración: las pequeñas para familias nucleares, las medianas para familias extensas y las grandes para grupos de pescadores que conforman un barrio o comparten lazos sanguíneos o de oficio a mayor escala.

Otro aspecto a considerar es la escasez de restos de pescados arqueológicos en la porción septentrional de la Bahía de Chetumal, donde solamente se han encontrado vértebras y espinas de una mojarrita de agua dulce. Ello contrasta con las grandes cantidades en el resto de sitios de la bahía. Por lo tanto, una de las variables que conviene analizar para evaluar esta “ausencia” de restos de pescados arqueológicos al norte del río Hondo es la matriz de suelo. Si se comparan los contextos de hallazgo de vértebras y espinas en otros sitios costeros, como Tulum, Tancah y Cancún, buena parte proceden del interior de vasijas.[64] Entonces, esta aparente escasez puede deberse a los procesos de conservación y deterioro a los cuales están expuestos. Así, diversos análisis de las características físico-químicas de suelos y sedimentos recuperados en las excavaciones arqueológicas de Oxtankah fueron realizados en el Laboratorio de Suelos y Sedimentos de la ENAH. Los resultados obtenidos indican que el pH del suelo es de neutro a ácido, favoreciendo la desintegración de restos óseos si están en contacto directo con el suelo, pero conservándose altos índices de residuos proteicos, ácidos grasos y fosfatos, lo cual explica el gran porcentaje de materia orgánica detectado en ellos.[65] Por otra parte, aquellos sedimentos contenidos dentro de vasijas mostraron una mejor conservación física de restos faunísticos, prueba de ello son las espinas y vértebras de mojarrita de agua dulce de Oxtankah halladas dentro de un plato de la Tumba 2 de la Estructura VI. Era obvio, entonces, que fuera de vasijas había muy pocas probabilidades de hallar restos de pescados en contextos arqueológicos.

           

Conclusiones

Como se puede apreciar, en los asentamientos costeros mayas de la Bahía de Chetumal hubo un mayor empleo de redes y trampas de atajo; generalizándose las primeras prácticamente en toda la bahía excepto en la zona septentrional donde se concentraban las segundas, quizás una separación de oficios pesqueros. Además, conforme el asentamiento se encontraba más cerca del litoral caribeño, mayor era el peso de las plomadas de red, quizás por la mayor densidad y profundidad del mar. En contraste, resulta notoria la escasez de anzuelos y arpones, los cuales en su mayoría aparecen como ofrendas a los dioses pesqueros, salvo el caso de los arponeros especializados de Moho Cay en la unión del mar con la Bahía de Chetumal. Al parecer esta predilección por redes y trampas se debió a las características mismas de la Bahía, de aguas someras y turbias, por lo cual el anzuelo para acceder a peces de profundidades o el arpón para capturar presas en aguas claras no resultaban los más adecuados.

En cuanto a los restos de fauna marina, si bien existe una gran variedad en casi todos los asentamientos, llama la atención la aparente “ausencia” de la misma hacia el norte del río Hondo. Esto se debe a las características físico-químicas del suelo, como su pH de neutro a ácido, el cual no permite que se conserven fácilmente materiales orgánicos como huesos y cartílagos. Por ello, los pocos restos recuperados proceden del interior de vasijas, es decir, contextos que no tuvieron contacto directo con la matriz del suelo. Así, el que no se tengan reportados pescados en las excavaciones de esa región no implica que no los hubiera en la época prehispánica.

Finalmente, la interrelación de los mayas y las artes de pesca empleadas con el ecosistema de la Bahía de Chetumal han permitido conocer un poco más las variables tecnológicas, ecológicas y culturales que inciden en ese eterno diálogo que el ser humano ha entablado con el mar.

 

Notas:

[1] Licenciado en Arqueología por la ENAH, Maestro en Antropología con especialidad en Arqueología por la UNAM y Doctor en Antropología por la misma institución. Ha trabajado en distintos sitios de México, Guatemala, Perú y Estados Unidos, sobre las temáticas de navegación prehispánica, comercio, tributo, concheros, minería, tecnología en concha y lapidaria, estilo y tradición. Ha publicado dos libros y más de 50 artículos científicos. Actualmente coordina el proyecto “Estilo y tecnología de los objetos lapidarios en el México Antiguo”. Profesor-Investigador de tiempo completo del Museo del Templo Mayor del INAH desde marzo de 2004. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Marion Singer, M. O., Los hombres de la selva. Un estudio de tecnología cultural en medio selvático, México, INAH, 1991, pp. 154-156.

[3] Melgar Tísoc, E. R., La explotación de recursos marino-litorales en Oxtankah, México, INAH, 2008, pp. 141-142.

[4] Correa Sandoval, J. y Dachary, (coords.), (1999). Programa de Manejo de la Zona Sujeta a Conservación Ecológica: Santuario del Manatí. Bahía de Chetumal, Chetumal, Universidad de Quintana Roo-Gobierno del Estado de Quintana Roo, El Colegio de la Frontera Sur, p. 25.

[5] Wilson, E. M., (1980), “Physical Geography of the Yucatán Península”, en: Moseley E. y E. Terry (Eds.), Yucatán: A World Apart, Alabama, The University of Alabama Press.

[6] Xacur Maiza, J. A., (Ed.), Enciclopedia de Quintana Roo, México, 1998, p. 353.

[7] Correa y Dachary, op.cit., pp. 26 y 51.

[8] Lavender, et. al, Monitoring of the Belizian coastal zone using satellite ocean colour imagery, Plymouth, Institute of Marine Studies, University of Plymouth, 2001, p. 10.

[9] Olivera, L. D., (2002). “Asociación entre características del hábitat y la distribución y abundancia del manatí antillano (Trichechus manatus manatus) en el norte de la Bahía de Chetumal”, en: Rosado May, F., R. Romero Mayo y A. J. Navarrete (Eds.), Contribuciones de la ciencia al manejo costero integrado de la Bahía de Chetumal y su área de influencia, Chetumal, Universidad de Quintana Roo, p. 63.

[10] Xacur, op. cit., p. 353.

[11] Melgar, op. cit., p. 136.

[12] Correa y Dachary, op. cit., pp. 70-71.

[13] Vega Nova, H., (2013a). “Oxtankah. Una ciudad prehispánica en las Tierras Bajas del área maya (parte II)”, en El Volcán 2, no. 18, pp. 33-42; Vega Nova, H., (2013b). “Oxtankah. Una ciudad prehispánica en las Tierras Bajas del área maya (parte III)”, en El Volcán 2, no. 19, pp. 38-59.

[14] Xacur, op. cit., p. 24.

[15] Xacur, op. cit., pp. 192-193.

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[26] McKillop, op. cit., 1984a, p. 3.

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[29] Carr, H. S., Faunal Utilization in a Late Preclassic Maya Community at Cerros, Belize, Tesis de Doctorado, New Orleans, Tulane University, 1986, p. 282.

[30] Boxt, op. cit., pp. 220-227.

[31] Carr, op. cit., p. 282.

[32] Melgar, op. cit., pp. 145-152.

[33] Carr, op. cit., p. 282.

[34] Vega y Melgar, op. cit., pp. 12-28.

[35] Carr, op. cit., p. 134.

[36] Chenaut, V., Los pescadores de la península de Yucatán, México, CIESAS, 1985, p. 143.

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[38] Vega Nova, H., (1996). Proyecto de Investigación y conservación del sitio arqueológico Oxtankah, Quintana Roo. Informe de la primera temporada de campo 1996, México, Archivo Técnico del Consejo de Arqueología, INAH, inédito.

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[43] Melgar, op. cit., 2008, pp. 142-145.

[44] Boxt, op. cit., pp. 164-165.

[45] Shafer, H. J., y T. R. Hester, (1988). “Appendix III. Preliminary Analysis of Postclassic Lithics from Santa Rita Corozal, Belize”, en Diane Zaino Chase y Arlen Frank Chase, A Postclassic Perspective: Excavations at the Maya Site of Santa Rita Corozal, Belize, San Francisco, Precolumbian Art Research Institute, p. 113.

[46] Melgar, op. cit., 2008, pp. 72-80.

[47] Barrera Rubio, A., (1985). “Littoral-Marine Economy at Tulum, Quintana Roo, Mexico”, en: A. F. Chase y P. M. Rice (Eds.), The Lowland Maya Postclassic, Austin, University of Texas Press, p. 58.

[48] Carr, op. cit., pp. 283-285.

[49] Barrera, op. cit., pp. 53-55.

[50] Melgar, op. cit., 2008, p. 337.

[51] Carr, op. cit., p. 281.

[52] Boxt, op. cit., p. 346.

[53] Melgar, op. cit., 2008, pp. 72-80.

[54] McKillop, op. cit., 1984a, p. 3.

[55] Melgar, op. cit., 2008, pp. 164-166 y 387-388.

[56] Carr, op. cit., pp. 279 y 283.

[57] Bernal Casasola, D., (2008). “Arqueología de las redes de pesca. Un tema crucial de la economía marítima hispanorromana”, en Mainake, XXX, p. 187.

[58] Boxt, op. cit., p. 225.

[59] Eaton, J. D., (1976). “Fishing Technology on the Gulf Coast of Yucatan, Mexico”, en Bulletin of the Texas Archaeology Society, No. 47, p. 238.

[60] Barrera, op. cit., p. 54.

[61] Melgar, op. cit., 2008, p. 152.

[62] Boxt, op. cit., p. 225.

[63] Eaton,op. cit., p. 238.

[64] Schmitter-Soto, Juan J., Catálogo de los Peces Continentales de Quintana Roo, San Cristóbal de las Casas, El Colegio de la Frontera Sur, Guías ECOSUR, 1998, p. 58.

[65] Melgar, op. cit., 2008, pp. 373-391.

 

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Agradecimientos

Este trabajo no hubiera sido posible sin el apoyo y asesoría de Hortensia de Vega, Teresa Ontiveros, Adrián Velázquez, Norma Valentín y Belem Zúñiga, así como de mi familia, Emilia, Reyna, Hilda, Ricardo y Dahil.

 

Cómo citar este artículo:

MELGAR TÍSOC, Emiliano, (2015) “Las artes de pesca del Caribe Maya en la Bahía de Chetumal”, Pacarina del Sur [En línea], año 7, núm. 25, octubre-diciembre, 2015. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Sábado, 16 de Diciembre de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1224&catid=7

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