Pacarina del Sur
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El fútbol mexicano como representación de poder e identidad

Football as a representation of power and identity

Futebol mexicano como uma representação do poder e identidade

Luis Adrián Calderón Gutiérrez

RECIBIDO: 25-11-2013 ACEPTADO: 19-12-2013

 

“El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución;  se hace la revolución para establecer una dictadura.

El objeto de la persecución no es más  que la persecución misma.  La tortura solo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder”

George Orwell, 1984.

 

El poder presente en el fútbol mexicano, es una representación directa de las capacidades colectivas desarrolladas a partir de intereses particulares, entendiéndose por esto, las relaciones y ejercicios de dominación/subordinación que los dueños de los modos de producción -justificados en los dueños y dirigentes de los equipos de primera división y aquellos de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF)-,  ejercen sobre los jugadores de fútbol y sobre todo, alrededor de la afición. Incluso si el poder transita de forma horizontal, se convierte en actitudes, gestos, prácticas y produce efectos, no se encuentra localizado y fijado eternamente, no está nunca en manos o es propiedad de ciertos individuos, clases o instituciones[1]; entonces, es necesario ubicar dónde se cumplen los parámetros necesarios para que estas dinámicas se ejerzan en el marco de acción complementaria que existe alrededor de un fenómeno social como el fútbol, pues esto denota e implica efectos positivos y negativos, dentro de las estructuras económica (consumen fútbol) y política (siguen los colores, ideologías, hábitos y prácticas alrededor de sus equipos), pues en ello, se encuentra la forma mediante la cual una sociedad logra reproducir los desequilibrios entre las fuerzas que se manifiestan durante la “guerra”[2], en el entorno de la “lucha por el poder” que ofrece la propia afición[3] y la propia dinámica “futbolera” de dominación e imposición sobre el otro.

“Luchar por el poder, conseguirlo, mantenerlo y perderlo son, siempre, episodios, fragmentos, desplazamientos naturales de la guerra” (Ceballos, 2000: p.39).

El poder es un concepto o ideología tan amplio y vasto, que de forma simple, puede ser entendido como la capacidad de dominio de uno mismo que, al mismo tiempo, tiene un efecto de influencia, subordinación, o control sobre el otro o los otros, llegando a una situación de dominio (Mager, 2010: p. 25). Foucault (1978), menciona que el poder es una vasta tecnología que atraviesa al conjunto de relaciones sociales; una maquinaria que produce efectos de dominación a partir de un cierto tipo peculiar de estrategias y tácticas específicas[4]. Debemos entender las definiciones mencionadas como ideas generales que permiten localizar las relaciones de poder que han acompañado, a lo largo del tiempo, a toda la humanidad. Coincidimos con en este enfoque general para aterrizarlo con y desde el fútbol mexicano de dónde, se tratarán de referenciar las relaciones existentes en el marco institucional representado en la Federación Mexicana de Fútbol (FMF):


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Foucault subestima la importancia que tienen los sujetos o instituciones que ejercen el poder y sobrevalora las prácticas y las estrategias de poder que condicionan la actuación de los individuos que se hacen cargo de su funcionamiento. Hay momentos y circunstancias históricas en donde la maquinaria de poder resulta ser inseparable de las personas e instituciones que la crearon y la manejan cotidianamente…el poder es dinámico, cambiante, reticular, y que nunca conforma una sustancia que se posea como un bien…debemos insistir en el hecho de que el poder también se fija y localiza en los individuos y en las instituciones, ya que no podemos olvidar que son ciertos sujetos quienes crean y hacen funcionar las maquinarias de poder (Ceballos, 2000: p. 37).

En lo concerniente a lo deportivo, esto se representa en los principales equipos del fútbol mexicano, pues ellos son los detentadores del poder en relación directa con los principales protagonistas del fútbol mexicano: sus aficionados.

En ese sentido, no podemos prescindir ni aludir, todo aquello que se encuentra intrínseca y explícitamente en todos los campos desde los cuales pueden ser abordadas y contenidas anacrónica, sincrónica y diacrónicamente las teorías alrededor del poder. La idea ha sido encontrar cómo a partir de algunas señales de poder, se pueden explicar fenómenos y paradigmas alrededor de todo lo que acontece en una justa deportiva puesto que “El poder, lejos de estorbar al saber, lo produce” (Foucault, 1978: 107).

 

El poder en los equipos del fútbol mexicano y su identidad en los aficionados

Para hablar de poder en los equipos de fútbol en México, debemos considerar la importancia de las clases dominantes, pues éstas, establecen su hegemonía sobre las clases medias o subalternas, a través de la cuales, logran el consenso ideológico, cultural y económico de la sociedad en su conjunto. Ahora bien “No existe sin duda la realidad sociológica de la ‘plebe’. Pero existe siempre alguna cosa, en el cuerpo social, en las clases, en los grupos, en los mismos individuos que escapa de algún modo a las relaciones de poder; algo que no es la materia prima más o menos dócil o resistente, sino que es el movimiento centrífugo, la energía inversa, lo no apresable” (Foucault, 1978, p. 167). Es por ello, que la hegemonía de las clases dominantes se inscribe en el fútbol mexicano; en el deporte federado se representan y reproducen los modelos de imposición y de lucha por el poder. Este deporte se encuentra ligado a todo el aparato comercial, cultural, político y social que conlleva la misma idiosincrasia y logística burocrática del deporte en México; resalta sobre todo la cuestión monetaria y la forma en que se desarrollan las relaciones costo-beneficio de cada una de las partes envueltas. Las clases sociales se representan en el fútbol en todos sus niveles; existen núcleos de poder en la misma Federación Mexicana de Fútbol. Ésta se distingue por el potencial económico y político que caracteriza a cada uno de los representantes, dueños, empresas y clubes regionales. A los dirigentes no los une el amor al fútbol, los une el lucro, el dinero fácil en el gran negocio del deporte profesional.

El poder, en el mundo contemporáneo, se reproduce a través de ciertos lugares tácticos y estratégicos que los individuos ocupan dentro de las instituciones. En este sentido, no es importante la voluntad ni la ideología de los sujetos particulares, interesan más los puestos específicos mediante los cuales se reproducen las prácticas de poder (Ceballos, 2000: p. 53).


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Ahora bien, existe un proceso cronológico en la conformación del poder en torno de los equipos de fútbol. En un primer momento (1902) -inicios de la competencia ‘oficial’ de fútbol en México-, el poder se centró en las empresas o compañías (mineros en Pachuca y cafetaleros en Veracruz) y clubes (Reforma Athletic Club, British Club y México Criquet Club en el Distrito Federal) que mantenían y apoyaban a los equipos, dotándoles de uniformes, calzado, campos de entrenamiento deportivos, pelotas de juego, etcétera. Los equipos  generalmente eran integrados por empleados del mismo lugar, o bien miembros que gustaban practicar del deporte (Marcos, 1998: 8-9). Más tarde se enfocó hacia aquéllos que mantenían patrocinios de tipo comercial, aumentando con la llegada de los medios masivos de comunicación, como la radio y televisión, lo que a su vez fue enfocando, desarrollando y promoviendo la atención de aficionados por uno u otro equipo; producto que fue creciendo paulatinamente. Todo este proceso fue provocando mecanismos de control que se han mantenido hasta la actualidad, sobre la base de movilización de capitales para la adjudicación y compra de clubes, y configuración de empresas ligadas a la industria del fútbol: un negocio de masas y catalizador exponencial de las sociedades consumidoras del mismo.

Muchas veces, el anhelo de poder y sus acciones a futuro son de naturaleza económica y explotan al otro a favor de intereses propios. Esta relación asimétrica ocasiona una dependencia del subordinado hacia el que ejerce el dominio y origina un círculo vicioso que aumenta el poder de quien domina. Esto sucede entre Estados, pueblos, grupos y personas (Mager, 2010: p. 25).

En nuestro país, el más claro ejemplo comienza con la empresa Televisa, dueña de los equipos de fútbol América, Necaxa y San Luis. También emerge la presencia del Grupo Salinas con TV Azteca, dueños del equipo de fútbol Morelia y Chiapas. Estos grupos facilitan la llegada de distintos socios comerciales de otras empresas, como lo fue en algún momento grupo Pegaso, y hoy día: Grupo Modelo, CEMEX, Cementos Cruz Azul y Omnilife. Incluso equipos de fútbol que mantienen intereses financieros compartidos con el gobierno estatal, casos específicos, el de Puebla y Veracruz. Algunos con más poder, otros con menos. Se hace evidente una división en las marcas o instituciones que representan los equipos como clubes deportivos, y a su vez, también se nota el rubro en el cual se instalan el resto de los equipos de fútbol profesional. Los  grupos de poder influyen y deciden en lo que rodea a la parte federativa, legislativa y constitutiva de este deporte.

Magazine (2007) sostiene que los equipos de fútbol en nuestro país mantienen una carga fuerte de nacionalismo y poder relacionado a ideas que se construyen sobre la base de las clases sociales, la mercadotecnia y los medios de comunicación. El autor comenta las diferencias que representan los cuatro equipos llamados ‘grandes’ en la competencia profesional del país: Guadalajara, América, Cruz Azul y Pumas. En ellos, los aficionados reflejan comportamientos y se autoidentifican, tomando como referencia patrones y modelos nacionales instalados en el imaginario de los aficionados de uno u otro equipo. La cercanía identitaria involucra elementos regionales sociales, políticos y culturales, los cuales se exhiben con profusión en los juegos. El deporte no se desarrolla al margen de la política e intereses locales. En el caso que nos ocupa, el fútbol, reafirma los intereses locales de la élite gobernante. En ese sentido, es comprensible que los gobernadores se apropien políticamente de los equipos, por ejemplo, Enrique Peña Nieto, -exgobernador del Estado de México y actual presidente de la república mexicana-, y el equipo Toluca, numerosas veces ha sido visto en el palco de La Bombonera como hincha del equipo.


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El poder entonces, “no se construye a partir de ‘voluntades’ (individuales o colectivas), ni tampoco se deriva de intereses. El poder se construye y funciona a partir de poderes, de multitud de cuestiones y efectos de poder” (Foucault, 1978: 168).

¿Cómo afectan a los aficionados las relaciones de poder en el fútbol mexicano?

Los aficionados no sólo fungen como la parte más importante de las dinámicas de poder que arroja el fútbol mexicano; también, representan la resistencia y como tal “se encuentran en una relación de interioridad, cualquier ejercicio de poder genera, automáticamente, una resistencia frente al mismo por parte de los sujetos sometidos o dominados” (Ceballos, 2000, p. 41); y en ese sentido “las resistencias se suceden como respuestas específicas a los micropoderes, los cuales existen interrelacionados en el marco más amplio constituido por el campo estratégico del poder” (Foucault, 1978, pp. 116 y 117). Los aficionados entonces, sujetos de resistencia, se postran ante los mecanismos centrales preponderantes que encuentran en este deporte formas una contraparte en relación directa hacia el aparato hegemónico impuesto por lo que les ofrecen como espectáculo lúdico, pues resulta que “aquellos que ejercen el poder no tienen por fuerza interés en ejercerlo, aquellos que tienen interés en ejercerlo no lo ejercen, y el deseo de poder juega entre el poder y el interés un juego que es todavía singular” (Foucault, 1978, pp. 85). Es por ello que encontramos resistencias individuales y colectivas, que comparten algunos aficionados sobre todo en el momento en el que manifiestan su gusto por uno u otro equipo en relación directa con los colores y sobre todo, con la forma en que “juegan” sus estrategias en el campo de juego. Los aficionados se insertan directamente en esta relaciones con los sponsors y con los equipos debido a la tradición, historia, colores, íconos, ídolos y la forma en que, en algún momento histórico, esos equipos “jugaban”. A continuación, un esbozo de los cuatro principales clubes en México y la importancia observable a partir de las dinámicas de poder y algunos de sus referentes regionales/nacionales.

 

Las Chivas de Guadalajara

El Club Deportivo Guadalajara (Chivas), fundado en 1906, presume el espíritu nacionalista del equipo y ahí radica su poder de convocatoria: sólo contrata jugadores mexicanos, y alinea a los de su propia cantera; ésta es una tradición que da lumbre al equipo y a la ciudad: Las Chivas rayadas del Guadalajara representan una veta pura de nacionalismo mexicano. La ciudad de Guadalajara es, por tradición, la cuna simbólica de dos íconos fundamentales: el tequila y el mariachi (Magazine, 2007 y Fábregas, 2001); no sólo reafirman la identidad local, sino también, la identidad sublime del mexicano tal como es visto en el exterior. El mariachi es una suerte de embajador cultural en eventos internacionales de distinta naturaleza, al igual que el popularísimo tequila, cuya denominación de origen es de Jalisco. En este aspecto la identidad deportiva no sólo es local, sino que adquiere proyección nacional; la hinchada del equipo –el campeonísimo- rebasa las fronteras.

Fábregas comenta que una de las cosas del equipo de fútbol que “atrae a los aficionados nacionales y, más allá de las fronteras, a quienes descienden de emigrados mexicanos, es que el conjunto está formado sólo con jugadores nativos” (2001:69), y que lo mismo juega en casa, en su ciudad, que en el Distrito Federal, Mérida, Quebec o Los Ángeles.

‘Allí donde hay un mexicano, existe otro chiva hermano’ suelen decir los seguidores de este equipo… está en todos los ámbitos de la sociedad mexicana. Entre sus seguidores está el empresario más próspero como el más humilde trabajador. La afición del equipo la forman hombres y mujeres por igual, niños y ancianos... Incluso se pueden catalogar como un símbolo laico de la identidad nacional mexicana, pero que admite la expresividad de tradiciones largamente arraigadas en la religión (Fábregas, 2001:20-21 25).


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Las Chivas son el equipo más popular en nuestro país, pues representa a un 23% de seguidores a nivel nacional, por ende, representa e identifica un nacionalismo mexicano independientemente del espacio en el que se encuentre. Según expresa un estudioso del club:

El equipo integra a su alrededor una identificación social. En otras palabras, para el aficionado, el equipo Guadalajara es un símbolo tangible de hermandad nacional, de la fraternidad surgida del hecho de compartir el país de nacimiento. Al mismo tiempo, el conjunto chiva es un factor de integración para aquellos que identifican “lo mexicano” con lo que aquél representa, incluyendo, por cierto, las raíces culturales. Me refiero a que este momento expresa una serie de procesos sociales, algunos originados en el pasado y otros de reciente emergencia que resultan de la acción particular de los grupos sociales contemporáneos que los promueven y alimentan. Éstas son razones de peso que hacen del Guadalajara el equipo más dramático del fútbol mexicano. Lo sagrado del rebaño estriba en que simboliza las raíces profundas de México, la alianza del pueblo de pueblos que es la nación, la capacidad de construir la hermandad humana en medio de la diversidad (Fábregas, 2001:69-70).

Magazine (2007) observa cómo en las Chivas se ejemplifica un ideal de autonomía nacional por el hecho de sólo jugar con mexicanos; menciona que la perspectiva social que arroja este hecho, es una visión de la sociedad mexicana; se importa y substituye un nacionalismo representado por la Revolución Mexicana, adquirida y constituida por parte del Estado como estrategia de control y dominación durante el periodo comprendido de 1930 a 1970 (Magazine, 2007:112).

El aficionado tapatío de Chivas observa a este equipo de una forma ‘sagrada’, de ahí el mote de ‘Rebaño sagrado’; simboliza, a su vez, la contradicción entre centro y región. La disputa con el centro es muy arraigada en la historia nacional. Llevada al terreno de juego, en los célebres ‘clásicos’, la disputa adquiere dimensiones religiosas. El rebaño sagrado se bate a muerte, con todo y estandartes, contra el más odiado de sus rivales, las Águilas del América:

…el equipo de Televisa que identifica al chilango; esto es, la actuación prepotente del centro de poder más importante del país. Un encuentro entre el Guadalajara y América es complejo por los niveles de confrontación que simboliza. Los seguidores de las Chivas en Jalisco, ven en ese partido una especial ocasión de derrotar simbólicamente lo que ha sido una constante en la historia de México: la imposición de la voluntad central a las poblaciones y los estados de la Federación que conforman las regiones… en México, el centro ‘domina’ las regiones. En este caso, estamos situados en el ámbito de la confrontación entre las historias particulares que conforman la nación, desvelándose una de las constantes más características de México (Fábregas, 2001:71-72)

 

Las Águilas del América

El equipo América se fundó en 1916; posee un gusto en la gente del 22%, dista de la visión nacionalista del Club Guadalajara, ya que al ser respaldado por Televisa, el consorcio más poderoso de América Latina, tiene el poder adquisitivo para acceder a jugadores en un mercado global y pagar fuertes sumas de dinero a sus jugadores nacionales y extranjeros, manteniendo así la visión capitalista particular de la clase dominante en México. Históricamente se ha manifestado la rivalidad entre estos dos equipos, siendo ambos los que mayor cantidad de seguidores tienen; se catapultan con mayor fuerza hacia el imaginario colectivo de sus propios seguidores y de aquellos de otros equipos; siendo por una parte los más nacionalistas (Chivs), y por otro (América) los más odiados o encarecidos al poseer un mayor poder adquisitivo (Magazine, 2007).

Hay que recalcar dos cosas en cuanto al equipo América. La primera se centra en su propio nombre; asume como propio el continente americano e integra una cuota de pertenencia en un sentido dual, esto es, como latino y como mexicano. Esta última parte la representa a través de su mascota, el águila, misma que figura en el escudo nacional. El club América porta una insignia patria.

En sus inicios, los americanistas fueron los primeros en jugar sólo con mexicanos en lo que era la liga amateur capitalina. El dato contrasta con el equipo actual que se basa en sus contrataciones extranjeras de precios y salarios por encima de los demás equipos en la liga profesional. Los americanistas “dominaron los trofeos de 1924 a 1928, echando abajo la hegemonía de los equipos formados por jugadores españoles e ingleses, que en un primer momento ganaron todo en el torneo local” (Bañuelos, 1998:23).

<em>Meme</em> de Azcárraga Jean después de que el América fue campeón
Meme de Azcárraga Jean después de que el América fue campeón

 

La máquina de Cruz Azúl

Dentro de los equipos llamados ‘grandes’ –poderosos- existe también el Cruz Azul, fundado en 1927. Éste tiene como dueño al corporativo del mismo nombre y simboliza la identidad y valores de la clase trabajadora. Su sobrenombre es el de la máquina azul. Como el nacionalismo hacia adentro de las Chivas, la visión de la clase obrera representada por el Cruz Azúl, se mantuvo ligada a las políticas estatales en el pasado reciente bajo la forma de corporativismo estatal, donde el gobierno apoyó fuertemente a las cooperativas y los sindicatos del corporativo, la mayoría de las cuales se han debilitado o han desaparecido por completo desde el cambio hacia la política neoliberal a principios de los ochenta (Magazine, 2007).

Este club se ha caracterizado por representar a un sector de la clase obrera de nuestro país, trabajadores de compañías familiares del Distrito Federal y también del estado de Hidalgo, de donde son originarios como institución. Hoy día, este equipo se ha expandido, en cuanto a sus seguidores, alrededor de toda la república mexicana y partes de Estados Unidos, representando el 14% de aficionados al fútbol en nuestro país. 

 

Los Pumas de la UNAM

El equipo Los Pumas de la UNAM se fundó en 1954; encarna el espíritu universitario, y representa a la máxima casa de estudios del país. El club sigue la filosofía de jugar con ‘puros jóvenes’; el equipo alinea sólo jugadores jóvenes. Muchos de sus “aficionados se ven a sí mismos como jóvenes, lo que ocasiona y explica que se sientan atraídos al equipo porque comparten una visión común del juego y de la vida” (Magazine, 2007:113). La importancia que mantiene este equipo respecto a las cuestiones nacionales se da de manera directa al ser representativos de una Universidad que tiene una presencia importante en todo nuestro continente, pues al estar ligados a la misma, representan la idiosincrasia del ‘ser y mantenerse universitario’ latino y mexicano frente al mundo que les observa.


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Ahora bien, entre los aficionados y los jugadores, la importancia de ser jóvenes es muy importante, ello les confiere identidad y en ese sentido, relaciones horizontales de poder y empatía en referencia a sus propios pares (los aficionados); es por ello, que no han sido entorpecidos aún por los malestares de la racionalidad burocrática, ni recibido en forma directa los efectos de la corrupción y el clientelismo –refiriéndose a las relaciones de largo plazo entre patrones poderosos y clientes débiles-, donde el primero provee beneficios materiales y protección a cambio de la lealtad política del último. No obstante, es menester aclarar que los aficionados de Pumas no son exclusivamente jóvenes. Muchos de los hinchas son egresados de la UNAM y conservan su lealtad hacia el equipo durante toda su vida; incluso, al igual que con las demás hinchadas, el amor hacia el club pasa de generación en generación.

 

‘Arriba el norte’: conclusiones del poder ‘descentralizado’

Los cuatro equipos reseñados agrupan la mayor cantidad de aficionados en nuestro país; existen otros clubes que igualmente manifiestan su propia singularidad y elementos de poder en el vínculo con sus hinchadas, éstos se caracterizan por guardar simpatías más arraigadas a la región en donde se encuentran, más allá, de la popularidad explícita de los ya mencionados.

En el fútbol mexicano, como en el fútbol mundial, los equipos funcionan como mercancías; se manejan como empresas mercantiles de capital variable o de Sociedad Anónima. La gran diferencia en nuestro fútbol, entre lo que fue su origen a nuestros días, básicamente se da en relación directa con el hecho de que los jugadores de fútbol son mercancías vendidas al mejor postor, o bien, excedentes que en muchas ocasiones se desechan por el bien de la empresa, pues no brindan los resultados esperados en términos comerciales. En ese sentido, los jugadores pueden ser desechados o vendidos.

En los últimos años –en el fútbol mexicano-, ha sucedido un fenómeno asociado directamente a la obtención de campeonatos y en ese sentido, al crecimiento y desarrollo de poder y representación dentro del imaginario histórico y ‘futbolero’ de nuestro país. El último campeón de los llamados ‘equipos grandes’ fueron los Pumas de la UNAM en el Torneo Clausura de 2011, después de ese campeonato, los equipos del norte han mostrado supremacía en relación con los del sur, ya que se han apoderado de los últimos 5 campeonatos en los últimos 7 torneos. Lo que ha arrojado una suerte de equipos ‘emergentes’ que se ha venido a ‘apoderar’ y a afianzar dentro del entorno geográfico y futbolístico. Los recientemente campeones, Xolos de Tijuana, Santos de Torreón, Rayados de Monterrey (2) y Tigres de la UANL han detentado estos campeonatos.

¿Por qué han tenido éxito estos equipos? Las respuesta de los medios ha ido en función a la estabilidad que han mostrado institucionalmente estas escuadras y no sólo eso. Se le atribuye en gran medida a la elección acertada de directores técnicos, jugadores extranjeros y nacionales ‘cumplidores’ y también, a las grandes aficiones que tienen. Prácticamente en todos sus juegos como, estos equipos llenan las tribunas, lo que necesariamente arroja una dinámica de resultados-ingresos-poder y es en ese sentido como los aficionados se han visto envueltos en el apoyo hacia sus equipos porque han resultado campeones, y nada más alejado de la idea de detención del poder que un campeonato.

…no existen relaciones de poder sin resistencias; que éstas son más reales y más eficaces cuando se forman allí mismo donde se ejercen las relaciones de poder; la resistencia al poder no tiene que venir de fuera para ser real, pero tampoco está atrapada por ser la compatriota del poder. Existe porque está allí donde el poder está: es pues como él, múltiple e integrable en estrategias globales (Foucault, 1978, p. 171)

Es en este sentido como nos encontramos diferentes mecanismos de detención y ejercicio de poder. En un hecho reciente, el equipo León fue adquirido en cierto porcentaje por el multimillonario Carlos Slim, de ello surgieron vetas nuevas en las transmisiones televisivas del mismo equipo, en una suerte de resistencia, los derechos de transmisión no fueron para Televisa o TV Azteca, terminaron transmitiéndose a través de UnoTv, canal de televisión por Internet y propiedad de Slim, y por Fox Sports, canal de cable. Aquí, se expandió el mercado televisivo y la lucha mediática por poseer mayor adeptos en la captación de raitings. El multimillonario sin duda, dejó a las televisoras sin la transmisión de uno de los equipos más representativos de la Primera división en México.

En otro hecho aislado pero también de ejercicio y representación del poder, Jorge Vergara, dueño de las Chivas de Guadalajara, contrató y corrió a Johann Cruyff[5], en un periodo no mayor a los 10 meses por “no alcanzar los objetivos establecidos”. De ello, resultó que percibía la cantidad de 4.5 millones de euros al año, por concepto del manejo y control deportivo de la institución. Este hecho ha afectado directamente a la afición, pues no se muestran garantías de “competitividad” deportiva en el club, pues a la salida del holandés, se rompió un proceso de “modernización institucional y deportiva” en el equipo más popular del fútbol mexicano.

A manera de conclusión, podemos comentar que el fútbol mexicano, a la par del fútbol mundial, es una constante lucha por el poder. De entrada, hay que vislumbrar el hecho de que las bases propias de este deporte son las de imposición sobre el otro, a nadie le gustan los empates; el simulacro es el de dominar en la cancha, en las tribunas, en las oficinas, en los raitings, en las reglas, en las estrategias futbolísticas, pero sobre todo, en la cantidad de fútbol que se consume. Es por ello que los aficionados en relación con las instituciones deportivas, entendiéndose por esto los equipos de fútbol, retroalimentan al deporte y fincan pautas que no necesariamente son continuadas por aquellos que son los dueños de los equipos y de ahí, que se asuman como objetos de resistencia al señalar los errores que los directivos de sus equipos cometen.

También es un hecho que la afición y los futbolistas se mantienen ligados a estas relaciones de poder por el consumo económico y por la propia dinámica mercantil en la que se encuentran y de ahí que “Este fenómeno –el poder- se manifiesta con mayor intensidad en la sociedad capitalista, en donde el capital expresa una relación social de explotación basada en el poderío de los dueños de las fuentes de trabajo y en la dependencia experimentada por aquellos individuos que sólo cuentan con su fuerza de trabajo” (Ceballos, 2000: 16). Entendiéndose por estas relaciones, las asimetrías existentes entre los futbolistas –como fuerza de trabajo- y los dueños de los equipos y las televisoras como los dueños de los modos de producción.



Notas:

[1] Foucault, Michel, “El ojo del poder”, en Bentham, Jeremias, El panóptico, Ed. La Piqueta, Madrid, 1982, p. 19.

[2] Foucault, Michel, Microfísica del poder, Ed. La Piqueta, Madrid, 1978, pp. 135 y 136. Al respecto, Ceballos (2000) define la “guerra” desde el poder, como la “prolongación pacífica o como guerra silenciosa cuya misión básica es la de fortalecer y recrear las fuerzas desiguales en todos los ámbitos de la sociedad: la economía, la política, el lenguaje, los cuerpos, etcétera”. Foucault y el poder, Ediciones Coyoacán, México, p. 39.

[3] Sin entender esto, bajo ningún sentido, dentro de la aclamada “lucha de clases”, pues la afición futbolera no busca invertir la pirámide social, busca mayor “espectáculo” como representación de sus intereses particulares. propia de poder en su consumo.

[4] Foucault, Michel, Microfísica…, op. cit., p. 144.

[5] Leyenda del fútbol mundial, es considerado uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia. En la década de los noventa y siendo Director Técnico, sentó las bases futbolísticas del actualmente mejor fútbol y equipo del mundo, el que se practica en el Fútbol Club Barcelona. A Cruyff, lo contrataron como asesor deportivo, dándole todo el poder en el manejo estratégico del equipo. http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2012/12/03/futbol/1354526180.html

 

Bibliografía:

Bañuelos Rentería, Javier, “Un toque violento” en Balón a tierra (1896-1932), Clío, 1998, p. 54.

________________, La dinastía azulcrema, en Balón a tierra (1896-1932), Clío, 1998, p. 23.

Calderón, Gutiérrez, Luis Adrián, “México y el mundial de fútbol Sudáfrica 2010”,  Cuadrivio, http://cuadrivio.net/2011/07/mexico-y-el-mundial-de-futbol-sudafrica-2010-economia-y-nacionalismo-en-juego/

Ceballos, Garibay, Héctor, Foucault y el poder, Ediciones Coyoacán, México, 2000.

Fábregas Puig, Andrés, Lo sagrado del rebaño. El fútbol como integrador de identidades, El Colegio de Jalisco, México, 2001.

Foucault, Michel, Microfísica del poder, Ed. La Piqueta, Madrid, 1978.

_____________, “El ojo del poder”, en Bentham, Jeremias, El panóptico, Ed. La Piqueta, Madrid, 1982, p. 19.

Mager, Hois, Elisabeth A., Casinos y poder. El caso del Kickapoo Lucky Eagle Casino, UNAM-CISAN-FES UNAM Acatlán-IIA, México, 2010.

Magazine, Roger, ¡Es puro desmadre!: Desorden y violencia entre jóvenes de un club de fútbol en la Ciudad de México, JOVENes, Revista de Estudios sobre Juventud, Instituto Mexicano de la Juventud, año 8, número 21, 2004, pp. 40-53.

_______________, “Football, Fandom and Identity in Mexico: the Case of the Pumas Football Club and Youthful Romanticism” en Football in the Americas Fútbol, Futebol, Soccer, Miller, Rory M. y Crolley Liz Editors, Institute for the Study of the Americas, University of London, UK, 2007.

Marcos, Fernando, Balón a tierra (1896-1932), Clío, México, 1998, pp. 8-9.

 

Cómo citar este artículo:

CALDERÓN GUTIÉRREZ, Luis Adrián, (2014) “El fútbol mexicano como representación de poder e identidad”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 18, enero-marzo, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Jueves, 18 de Julio de 2019.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=893&catid=13

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