Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

Recordar para Construir. La Memoria como Elemento Creador

Remember for build. The memory as Creator element

Lembre-se de construir. O elemento de memória como Criador

Andrea Candia Gajá

Recibido: 11-03-2014 Aprobado: 01-04-2014

 

No hay historia, sin tiempo. No hay justicia, sin memoria. Y donde hay historia, tiempo, justicia y memoria, no existe el olvido. Nos acompaña como una sombra; nos define; y quien la pierde, se pierde a sí mismo.

La estructura compleja de la memoria y su relación con el ser humano, la han convertido en un tema de reflexión y análisis profundos. Actualmente, la historia ha dejado de entenderse como una disciplina aislada y cuenta entre sus vertientes con estudios del pasado a través de los cuales reconstruyen episodios que, en ocasiones, la historia oficial oculta o niega. De igual manera, existe una relación estrecha entre la memoria y sus manifestaciones culturales como el arte, la literatura y la música, expresiones que reinterpretan, desde el presente, la realidad de otras épocas.

La memoria forma parte primordial en la construcción de la historia de la humanidad. En su faceta particular, define la identidad de un individuo, y en su carácter colectivo da sentido y futuro al curso evolutivo de una sociedad. De esta manera, la memoria se muestra como un elemento “fundamental para la formación de la identidad de un pueblo, una nación, de un Estado. La historia la escriben los historiadores, pero la memoria es la transmisión de vivencias particulares y personales.” (Catela, 2007, 2).


Imagen 1. http://marcelocaballero-fotografia.blogspot.mx/

El proceso de creación de la memoria colectiva de una sociedad, es tan amplio y diverso como lo son sus propios individuos, y así como la colectividad se desarrolla a partir del conjunto de las particularidades, la memoria individual siempre será colectiva debido a que se desprende de un proceso complejo de confluencia social que responde a momentos históricos, políticos y culturales definidos y se desenvuelve bajo el cumplimiento de los valores que impone cierto clima cultural de época. Lo colectivo y lo particular navegan de un lado al otro y se entrelazan en una misma esfera que se transforma en los eslabones que amarran y dan sentido a la historia de una nación. Se entiende, entonces, que para poder consolidarse, la colectividad se nutre de relatos particulares que, en conjunto, reinterpretan la realidad y permiten conocer las aristas que definen un hecho o momento determinado. Las vivencias y recuerdos de los sujetos que conforman una sociedad son los verdaderos creadores de la historia. “La memoria para estar viva requiere alimentarse y crecer haciendo espacio compartido en armonía con los hechos nuevos, reacomodando los viejos y nuevos mobiliarios de la casa neuronal.” (De la Fuente, 2008, 9). De esta manera, la memoria de una sociedad se crea a partir de evocaciones personales, pero también de acontecimientos que nutren los recuerdos colectivos, y son éstos los que dan fe de la veracidad de los actos que son narrados por las experiencias de particulares. Como afirma la investigadora Ludmila Catela, “si bien sabemos que el individuo porta sus memorias, las produce y las comparte, no podemos poner en duda que la memoria está arraigada y situada allí donde compartimos espacios, lazos de pertenencia, solidaridades y sociabilidades.” (ibíd., 3). Es por este camino, que la memoria se consolida como un espacio de identidad colectiva e individual a partir del cual, como afirman Daniel Lvovich y Jaquelina Bisquert en su libro La Cambiante Memoria de la Dictadura, se construye, se legitima, se honra y se condena.

 

El Olvido de la Memoria Como Mecanismo de Control Social

El registro de la memoria no siempre tuvo la relevancia que posee para la historia contemporánea. La recopilación de documentos, imágenes y testimonios formó parte de las actividades de las élites de poder, quienes registraban el paso de los años y los acontecimientos haciendo uso de materiales gráficos como las pinturas y retratos de época, y de documentos que redactaba la clase gobernante y los funcionarios públicos. Así, los administradores de los asuntos del Estado fueron dictando los cánones históricos y definieron la naturaleza del discurso a partir de la cual se relataba la historia “oficial” con un tono dominado, en la mayoría de las exposiciones narrativas, por ideas maniqueas en las que se manifestaron dos roles evidentes: el vencedor y el vencido.Mientras tanto, se hicieron a un lado, o se abandonaron a los caprichos del tiempo, grandes acervos de cartas y testimonios particulares, que ayudaban a comprender la dinámica de los procesos sociales.


Imagen 2.  Asilados en la embajada argentina en Guatemala, 1954. http://noticiascomunicarte.blogspot.mx/

Sin embargo, el control sobre la memoria histórica no fue exclusivo de las monarquías, o de los regímenes absolutistas, también fue una de las principales herramientas del proceso de reorganización social de los regímenes autoritarios de los que fueron víctimas gran parte de los países de América Latina en las décadas de los sesenta y setenta. Como parte de esta línea continua sobre la idea del bien y del mal, del vencedor y del vencido, las dictaduras, desde sus aparatos propagandísticos, difundieron la figura del subversivo como todo aquel individuo que simpatizara con opiniones contrarias al régimen y que se desenvolviera en espacios que resultaran propicios para la generación y el debate de ideas. Con el “enemigo” ubicado bajo la imagen figurativa de la subversión, se emprendió, como uno de sus objetivos más precisos, la tergiversación y la aniquilación de la memoria de determinados sectores de la sociedad.

Terminar con las expresiones democráticas y contestatarias de la sociedad civil, sembrar terror en la población, censurar determinados materiales intelectuales y educativos, obligar a los sectores críticos a vivir un exilio indefinido, ejercer la desaparición forzada y el robo de niños nacidos en cautiverio, fueron solo algunos de los mecanismos que los gobiernos dictatoriales utilizaron para “depurar a la sociedad” y reescribir la historia. Esta política tenía un propósito fundamental: apoderarse de la memoria colectiva y tener un país que redefiniera el rumbo de la memoria histórica nacional bajo los estatutos del régimen autoritario.

Estrategias como el Plan Cóndor, operativo de coordinación de la represión, que se llevó a cabo por los gobiernos dictatoriales del Cono Sur de Latinoamérica durante los años setenta y ochenta, pretendían ejercer y extender a un territorio más vasto el ejercicio de vigilanciadetención, tortura, desaparición y muerte de quienes fueran considerados por dichos regímenes como subversivos del orden instaurado.


Imagen 3. Jordi Solé Vila y su hijo Albert, en el exilio en París (1965). http://www.lavoz.com.ar/

Sin embargo, a pesar del terror, los gobiernos dictatoriales no pudieron callar la memoria. A la distancia y dando voz a las ausencias, comenzaron a aparecer nuevas manifestaciones de la memoria sometida y se abrió camino a la otra cara de la historia.

 

Crear a la Distancia

Aunque el proceso de recordar es cambiante, acosado por espejismos y fantasmas, y fluctúa entre la realidad y la reinterpretación, uno de los privilegios de la memoria es que puede resistirse a la seducción del olvido.

De entre tantos mecanismos de aniquilación de la memoria que han ejecutado los regímenes autoritarios en Latinoamérica y en el resto del mundo, uno de los más comunes fue la censura, la cárcel y la expulsión de intelectuales, estudiantes, obreros, artistas y militantes políticos hacia una vida de exilio. Sin embargo, la distancia no fue obstáculo para la reconstrucción de los hechos, y alejados por miles de kilómetros de sus países de origen, levantaron la voz y se apoderaron de las letras, la música, la pintura y los espacios de denuncia para contar su historia. Como afirma Rogelio de la Fuente Gaete en su libro Detrás de la Memoria “en tiempos normales el pasado está antes que el presente, detrás del presente, pero cuando la existencia se ve amenazada y la normalidad de la vida es agredida severa y violentamente, como ocurre en las guerras y hecatombes, en las grandes diásporas y los exilios, el pasado da un paso adelante y se pone junto al presente…”. Es así como empieza a reconstruirse la memoria, desde el presente y como si se tratara del aquí y el ahora.

De acuerdo con Enzo Traverso, “la memoria tiende a atravesar varias etapas, que según con el modelo propuesto por Henry Rousso en Le Syndrome de Vichy (1990), podrían describirse de la siguiente manera: en principio hay un acontecimiento significativo, con frecuencia un traumatismo; después una fase de represión que será tarde o temprano seguida de una inevitable anamnesis –el retorno de lo reprimido- que puede quizás convertirse en una obsesión.” (Traverso, 2007, 82). Con la recuperación crítica del pasado, escritores, artistas, músicos, académicos e intelectuales crearon nuevos puntos de referencia para la memoria, mismos que cruzaron fronteras y dieron la vuelta al mundo.

A pesar de haber sido brutalmente resquebrajada, la memoria recuperó los espacios que le habían sido arrebatados y creó nuevos caminos que le permitieron, incluso, apoderarse de la historia de la que pretendía ser borrada. Reflexionar el presente y recordar el pasado, abrieron puertas al futuro. “Podemos decir que, de algún modo, el pasado está en perpetua renovación. Cada lectura, cada nueva praxis de escritura lo reelaboran y lo recrean.” (Saer en Kohut y Pagni, 1993, 109).

Frente a un nuevo espacio de análisis histórico y con la llegada de gobiernos democráticos, la memoria, en su manifestación personal y colectiva, ganó un nuevo y fundamental papel en las políticas de Estado y en los lugares donde se generan propuestas, se debaten ideas y se hace un balance crítico de los hechos traumáticos del pasado.

 

La Transformación de la Memoria

Actualmente, en sociedades que han sido sometidas a grandes ‘traumas histórico-sociales’ como nos lo recuerda la experiencia trágica de Argentina, Chile y Uruguay durante el período de las dictaduras militares, se ha comenzado a considerar la importancia de reflexionar sobre la memoria individual y colectiva como consecuencia de lo vivido durante esos años y como parte fundamental de la creación de la historia de un país. “La memoria parece hoy invadir el espacio público de las sociedades occidentales, gracias a una proliferación de museos, conmemoraciones, premios literarios, películas, series televisivas y otras manifestaciones culturales, que desde distintas perspectivas presentan esta temática.” (Traverso, 2007, 67).

La situación actual de los países latinoamericanos es otra. En algunos casos, y con ayuda de nuevos gobiernos democráticos y progresistas que han puesto especial énfasis en el cumplimiento de los derechos humanos, se ha fortalecido la iniciativa de establecer, como políticas públicas, la recuperación de espacios que en algún momento vivieron en carne propia episodios de violencia,  injusticia y dolor.

En el caso argentino, centros clandestinos de reclusión en los que se torturó a miles de personas como lo fue la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) en Buenos Aires y la D2 en Córdoba, son hoy espacios dedicados a la memoria de las víctimas de la dictadura. Pero el trabajo de la memoria, no se encuentra únicamente en el acto de honrar a las víctimas, si no en el de transformar. Al ser el dolor y la injusticia los hechos que impulsan el recuerdo, lo importante sucede cuando éstos transmutan para generar una reinterpretación de la realidad que los abraza. Tanto la ESMA, y la D2,-para seguir con nuestro ejemplos- así como muchos otros lugares, son actualmente espacios abiertos a toda la sociedad; en los que no solo se recuerda, si no que se celebra la vida, se reafirma la lucha por la democracia y la justicia social y se generan actividades culturales que integran a todo el que desee reconciliarse con un pasado que forma parte de su historia.


Imagen 4. El exilio republicano, 1938. http://www.abc.es/

En muchos países de América Latina, el camino para lograr reconstruir la memoria de sociedades con heridas que siguen abiertas es todavía muy largo. Si bien la actualidad política es otra, la justicia aún tiene un saldo pendiente con los gobiernos vigentes.  

Las relaciones de poder continúan determinando lo que debe ser recordado y lo que no, quien debe ser conmemorado y quien no, así como de qué manera deben evocarse hechos y figuras. Sin embargo, se conoce la fuerza de la memoria y, a pesar de todo, entre las luchas irresueltas surgen instantes que se graban en el recuerdo. Grupos como el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que surgió en México hace tres años, e H.I.J.O.S se presentan a manera de estandartes que alzan la voz por las víctimas de guerras y les dan un lugar en la historia.

Así como cambia la realidad, la memoria se transforma; se redefine a partir de un movimiento constante y en una permanente reinterpretación. Es un espacio de reivindicación y una forma de representación de los acontecimientos pasados a través de la cual se construye la identidad colectiva y se reconstruye mediante la revisión crítica del pasado. Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro, y en sus actores sociales está la capacidad de hacer que la memoria siempre le gane la batalla al olvido.

 

Bibliografía

-CATELA, Ludmila, (2007)Pasados en conflictos. De memorias dominantes, subterráneas y denegadas”, en BOHOSLAVSKY E, M. FRANCO, M. IGLESIAS y D. LVOVICH (eds.) Problemas de Historia reciente del Cono Sur, UNGS-UNSAM, en prensa, Buenos Aires, Argentina.

-DE LA FUENTE GAETE R. (2008). Detrás de la Memoria. Universidad Autónoma Metropolitana, México.

-KOHUT, K; A. PAGNI (compiladores) (1993). Literatura argentina hoy. De la dictadura a la democracia. Alemania, Editorial Vervuert.

-LVOVICH, Daniel; J. BISQUERT (2008). La cambiante memoria de la dictadura: discursos públicos, movimientos sociales y legitimidad democrática. Argentina, Universidad Nacional de General Sarmiento.

-TRAVERSO, Enzo (2007). “Historia y memoria. Notas sobre un debate” en FRANCO M. y F. LEVÍN (eds). Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción.Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina.

 

Cómo citar este artículo:

CANDIA GAJÁ, Andrea, (2014) “Recordar para Construir. La Memoria como Elemento Creador”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 19, abril-junio, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 20 de Septiembre de 2019.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=951&catid=13

Si deseas colaborar con nosotros, lee las indicaciones para publicar