Pacarina del Sur
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Un proyecto mundial de resistencia y liberación. Relaciones necesarias entre lo local y lo global frente la globalización neoliberal

El ejercicio pretende argumentar la necesidad de articular las diversas luchas (anti-sistémicas) “locales” presentes en múltiples lugares del planeta; luchas que surgen, o cada vez se agudizan más, debido al impacto de la globalización neoliberal en todos los rincones de la tierra. En ese sentido, primero se arguye que la globalización, en tanto generadora de víctimas, es el enemigo común contra el que se está “tropeliando” desde incontables trincheras; en ese mismo horizonte, se plantea que las luchas locales a pesar de sus fortalezas, quedan presas en sus límites. Luego, se diserta sobre la urgencia de construir un proyecto mundial de liberación o como lo propone Dussel: “Un proyecto pluriverso futuro”, transmoderno, que supere las deficiencias de las luchas locales. Finalmente y a manera de conclusión, se evalúa un ejemplo diciente de lo que podría considerarse una forma acertada de aglutinar las organizaciones transnacionales, regionales, nacionales y locales, que desde diversos y concretos espacios-tiempo, están en activa oposición al neoliberalismo; a saber, el Foro Social Mundial.

Palabras clave: globalización, neoliberalismo, Foro Social Mundial, Marcos

 

“La precondición para pensar políticamente a escala global es reconocer la integralidad del sufrimiento innecesario que se vive. Éste es el punto de partida”
John Berger

“El mundo es como un globo inflado. O sea que es como una vejiga inflada. O sea que cuando se dice que hay la globalización, es que hay la mundialización de las partes del mundo. Pero hay, como quien dice, una mundialización de los que tienen mucho dinero. Y hay también, como quien dice, la mundialización de la lucha, o sea de la resistencia”.
Subcomandante Marcos

 

Introducción. La lucha entre David y Goliat

“David metió su mano en la bolsa, y sacó una piedra y, arrojándola con la honda contra el filisteo, lo hirió en la frente. Así fue como David venció a Goliat. Con solo una honda y una piedra”.
1 Samuel.  15:49 (La Biblia).


http://elairelibre.wordpress.com/category/historia/
Pensar en un proyecto mundial de liberación, en otro mundo posible, no es nada fácil. Argumentar sobre la vigencia de la utopía, de los lugares otros presentes y futuros, es exponerse a quedar rezagado en la historia. El predominio de la ideología neoliberal, del camino de servidumbre y del último hombre, acompañados del irracionalismo posmoderno (celebratorio)  que reivindica los localismos (relativismo) y la fragmentación social, no permiten hacer un análisis global de la problemática contemporánea y, menos aun, plantear alternativas en el escenario mundial. Mas, es importante insistir, llamar la atención sobre lo imperativo del encuentro simétrico de los pueblos y sus luchas, de descubrir cómplices y seguir construyendo desde lo local-global un presente digno y un futuro que nada tenga que ver con los valores que hoy dominan. Es urgente, como bien lo hace el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional[1], llamar a los pueblos del mundo a encontrarse y a proponer alternativas al neoliberalismo. Esta iniciativa insurgente, al igual que el Foro Social Mundial, procura compartir, establecer lazos de unión y solidaridad, e intentar incluir a todas las gentes, sobre todo a los más empobrecidos, al Sur, a las víctimas del sistema mundo capitalista, en un proyecto común y multicolor.

Pero si es desdeñable pensar en proyectos mundiales de liberación, más difícil, y para muchos “insustancial”, es aun tratar de construirlos. Parece fútil llevar a la práctica eso de que “podemos ser iguales porque somos diferentes” y que podemos construir un mundo donde quepan muchos mundos. No obstante y como ya se advirtió, el Foro Social Mundial ha asumido el reto, convencidos, a pesar de las adversidades, que otro mundo es posible. Algunos autores[2], conocedores de esta estratagema intercontinental de resistencias, advierten que la lucha de Porto Alegre frente a Davos  es semejante la mítica batalla librada entre David y Goliat: desde todo punto de vista, un combate desigual.

Ante las armas de última tecnología, ante la industria militar e ideológica del gran capital, en otras palabras, ante la fuerza brutal de Goliat,  los miles de hombres y mujeres, de movimientos y de pueblos, congregados en el Foro Social Mundial se alistan para empuñar  las hondas, y plantarle cara la bestia[3]. Cada pequeña piedra lanzada por estos movimientos y organizaciones populares, lacera la “mastodóntica maquinaria de la globalización neoliberal”. Los hombres “sensatos” (sensatos fueron los filisteos y algunos judíos, también los esbirros de Pilatos y hoy lo son los neoliberales-posmodernos), no se cansan de señalar que es imposible vencer a Goliat ¿Acaso alguien, antes y durante la batalla, creía que David vencería? Ni siquiera los hebreos lo creían. “Mientras los hechos transcurren, escribe Vitoria, la gente está casi siempre con Goliat. Supone que el Poder va a ganar en la desigual batalla con los débiles, con los siervos, con el proletariado o con los pobres”. (Vitoria?)

David, a mi modo de ver y más adelante argumentaré porqué (conclusiones), es el referente a la vez que el equivalente, del Foro Social Mundial; es decir, de los pobres y oprimidos, de los vilipendiados y expoliados, del Sur que hoy se levanta y resiste por más que el imperio (el Norte-Goliat) contraataque; David es el referente de aquellos que pretenden y argumentan a favor de un proyecto mundial de liberación (transmodernidad) a pesar de ser conscientes de la difícil empresa. Es cierto que en nuestro caso, Goliat ha ganado miles de batallas y David ha fracasado demasiadas veces (sobre todo en 1989). David no ha podido hasta ahora “derribar al coloso de una certera pedrada en la frente”. Sin embargo, y, también es cierto, la historia de David nos recuerda una batalla dada por perdida y al final ganada, y, sobre todo, invita volver a intentarlo.

 

El impacto neoliberal y los limites de las luchas “locales” de resistencia

“Como nunca antes en la historia universal ha tomado forma un proyecto mundial tan violento y antinatural como éste [la globalización neoliberal], que en su desarrollo avanza destruyendo los equilibrios biológicos y toda forma de entender la existencia y el universo distinta de su voraz cultura del mercado y la ambición”.
Comunicado del MIR


http://kazbam.blogspot.com/2010/10/la-jornada-cartones-david-y-goliat-de.html
Bernardo Mançano Fernández, señala que la multidimensionalidad del espacio y el tiempo; esto es, las múltiples formas de ser y estar (habitar el territorio), son suprimidas ante el predominio de la intencionalidad. Para el autor, la intencionalidad hace referencia a una visión del mundo, una forma, un modo de ser y existir. En ese horizonte argumentativo, la intencionalidad presume la imposición unilateral y totalitaria de los presupuestos cognitivos, valorativos, éticos, etc. de una clase social o de un grupo de hombres o naciones que “se siente el centro del universo”. La globalización neoliberal, es a mi modo de ver, el ejemplo más claro del predominio de la unidimensionalidad y lo monocromático, de la preeminencia de la intencionalidad dominante y hegemónica del capital sobre la diversidad  temporal y socioespacial de los pueblos.

La globalización neoliberal intenta, por todos los medios posibles, invadir todas y cada una de las actividades humanas; colonizar todos y cada uno de los espacios-tiempo en los que los hombres y mujeres producen y reproducen su vida, en la mayoría de los casos, en clara y consciente-inconsciente oposición a las prácticas capitalistas. El sistema-mundo capitalista, para utilizar las categorías de Wallerstein, pretende someter a todos los pueblos y llevar (imponer) hasta el último rincón del planeta la ley del dinero, y con ello, empuja a la humanidad a una única manera de vivir, aquella que conduce a la mayoría (el Sur), al desposeimiento y a la miseria. La globalización neoliberal es un proyecto mundial sustentado en la dominación de los pueblos y la esclavitud de la naturaleza en beneficio de unos pocos, y en ese sentido, amenaza violentamente la existencia misma de la vida sobre el planeta. En síntesis, la globalización se desarrolla en el marco de una paradoja: uniforma (intencionalidad) al imponer sus valores y el consumo; pero, al mismo tiempo, produce la exclusión, la marginación y el hambre, crea la otredad (multidimensionalidad).

Ahora bien, ese impacto negativo de la globalización “de los ricos” ha generado una reacción por parte de los pobres, esa otredad o exterioridad creada. La arremetida del capital en los escenarios mundial y nacional, regional y local, “trajo consigo la erosión –y no el fortalecimiento, como esperaban muchos– de los proyectos emancipatorios y de la voluntad política de transformación social”[4].  No todos cruzan los brazos ante la llegada de la bestia a sus territorios, muchos movimientos de víctimas del sistema procuran resistirle desde su cotidianidad, desde sus espacios vividos. Se puede argumentar que estas luchas “locales” son muy valiosas y en realidad así es, por múltiples razones. Es significativo, entre otras cosas, el hecho que ante la pretendida deslocalización de la vida social y el “borramiento del lugar”, es decir, ante el predominio de lo móvil, propuesto y ejecutado por el capitalismo y la modernidad, “el lugar continúe siendo una importante fuente de cultura e identidad”[5], y de resistencia, podríamos agregar. Desde lo local, hombres y mujeres, niños y ancianos re-existen y resisten, recrean sus cosmogonías y cosmovisiones; desde la pretendida deslocalización propia de la ortotopía, los pueblos se trasladan a la heterotopia. La importancia de lo local y las luchas fue reiterada por Ulrich Oslelder cuando afirma:

Un riguroso análisis espacial entonces afirma la importancia y el potencial de lo local y de la agencia humana de interpretar, resistir, y/o subvertir los procesos de globalización, y de esta manera nos advierte contra un macro-análisis desligado de las especificaciones de lugar […]. Las diferencias espaciales son importantes en la aceptación, la mediación o la resistencia frente a los procesos de globalización. [6]

No obstante lo dicho y lo mucho que se puede decir sobre lo importante de esos ejercicios, es oportuno advertir que las luchas “locales” de resistencia, fruto en la mayoría de los casos del impacto neoliberal, son limitadas. Puesto en otros términos, las múltiples resistencias locales y todas las prácticas otras de vivir y de establecer relaciones armónicas entre los hombres, y entre éstos y la naturaleza, cuando existen, peligran, producto del aislamiento organizativo ¿Por qué? Se puede argüir que, en primer lugar, la multiplicidad de luchas es fruto, en muchos casos, de la posmodernidad y los discursos retóricos del neoliberalismo (el multiculturalismo, por ejemplo) que más allá de la transformación mundial del sistema, procuran “la inclusión del otro”, en el sentido habermasiano. Con esto no se niega que la fragmentación de identidades y con ella, la variedad de resistencias, pueda alterar de algún modo las representaciones hegemónicas del capital; lo que sucede, como lo escribe el mismo Oslender es que: “La fragmentación creciente de los tiempos posmodernos sirve a los intereses del capitalismo global en pleno proceso de re-estructuración, al poner en peligro y/o destruir la unidad necesaria para un cambio social revolucionario.” [7]


http://pabloraulfernandez.blogspot.mx/2010/02/foro-social-mundial-las-armas-de-la.html
Otro factor problemático (en estrecha relación con el anterior), de las luchas locales de resistencia desarticuladas del escenario mundial, es la presencia en ellas de sectores altamente conservadores y reaccionarios. No todo el que lucha contra el modelo imperante es de izquierda o progresista, y eso no se puede pasar por alto[8]. “Existen resistencias que son reaccionarias y que transcriben formas de dominación y sujeción. Harvy (1989), por ejemplo, tiene sus sospechas frente a la fragmentación de identidades localizadas que él considera frecuentemente como reaccionarias porque les falta la unidad en la lucha por la justicia social.” [9]

En tercer y último lugar, se puede argüir que algunas de estas luchas  tienden a quedarse, en la mayoría de los casos, en lo meramente local, huyendo en muchas ocasiones del capital sin plantear una lucha frontal contra éste. La fuga, a mi modo de ver, no tiene sentido, como tampoco lo puede tener en un momento determinado la heterotopia, los lugares otros presentes de Foucault, si no se acompañan de la utopía, de los lugares otros donde llegar de Fray Beto. Huir y no confrontar el capital es una actitud ingenua cuando no dañina, más si se entiende, como ya se dijo, que cada vez son menos los territorios y las poblaciones conquistados por la globalización neoliberal.

De lo que se trata no es de restarle valor o importancia a las luchas locales contra la globalización, lo que se procura argumentar es que esas luchas deben transcender lo “provincial”, sin que ello suponga el abandono del lugar, para instalarse en el escenario mundial.

 

De lo local a lo global. Un proyecto mundial de liberación: la transmodernidad

Vamos a una edad distinta, ¿pero cómo se va a construir eso? Se va a construir desde la experiencia de las culturas no modernas –lo cual no significa atrasadas– en aquello en lo que la propia modernidad despreció. Desde esa exterioridad se desarrolla ahora un proyecto a un pluriverso futuro”.
Enrique Dussel

Formular un proyecto mundial de liberación, construir de alguna manera un metarelato, hace varias décadas, antes que la ola posmoderna celebratoria invadiera nuestro pensamiento, antes que el muro se derrumbara dejando debajo de los escombros miles de sueños, no representaba mayor dificultad. Hoy, ese propósito supone de entrada hacer algunas advertencias. Así las cosas, es necesario señalar que el nuevo proyecto mundial de liberación procura la igualdad en la diferencia, es pluriverso. Entonces, esta propuesta es consciente de la derrota estratégica del socialismo real, y en ese sentido, es crítica de eso que se creyó nuevo y termino convirtiendo el sueño en pesadilla. No comparte los principios de una propuesta revolucionaria que cambió un paradigma globalizante por otro y edificó respuestas uniformes para contextos desemejantes. El nuevo proyecto no se adhiere a aquello que no fue capaz de reconocer la enorme pluralidad social, cultural y étnica, de los hombres y los pueblos empobrecidos del mundo. Dicho esquemáticamente, un proyecto mundial de liberación para el siglo XXI debe ser el resultado del análisis serio del fracaso de todos los proyectos globalizantes[10], tanto del capitalismo como del socialismo de la URSS, que intentaron (y sigue intentando, en el caso del primero) uniformar al mundo imponiendo el sometimiento del hombre y la naturaleza.

Hecha esta advertencia, se puede señalar que el proyecto mundial de liberación, es fruto de la sumatoria de cientos de luchas y formas distintas de ser y estar en el mundo; o lo que es lo mismo, es el resultado del encuentro de los distintos pueblos y hombres-mujeres situados espacio-temporalmente. En ese sentido, procura articular las diversas luchas locales contra la globalización neoliberal y forjar algunos principios “universales”[11] que sirvan de bisagras para la articulación simétrica de los movimientos de víctimas del sistema mundo capitalista.  Mundializar las luchas es imperativo para romper el aislamiento y abrir espacios donde poner en común nuestras reivindicaciones particulares, nuestras desazones y nuestras voluntades de cambiar. Dicho esquemáticamente, la resistencia a la globalización neoliberal se está dando en múltiples escenarios locales, la idea es entonces, globalizar la resistencia para que la liberación sea mundial y real.

Si los problemas que afrontan las comunidades son provocados por un agente mundial, como ya se advirtió, es necesario que las soluciones planteadas desde lo local tengan un carácter mundial, sin que, como lo señalé en otro trabajo[12], deban negarse las particularidades de las luchas concretas y espacio-temporalmente situadas. Así lo deja claro Ulrich Oslelder al escribir: “Las contradicciones intrínsecas del espacio abstracto, que es precisamente el espacio del capitalismo contemporáneo, nos lleva a la búsqueda por un contra-espacio, un espacio diferenciado, articulado en las multiplicidades de resistencias como una política concreta del espacio.”[13]Ese contra-espacio tiene la posibilidad de articular sin desconocer. De esta manera, es posible valorar la diferencia y aceptar la complementariedad como pasos definitivos para construir la convergencia de la diversidad de cosmovisiones y prácticas. Es aquí donde es indispensable “el traductor” de Boaventura de Sousa. “El trabajo de la traducción es decisivo para definir, en concreto, en cada momento y contexto histórico, qué constelaciones de prácticas tienen un mayor potencial contra-hegemónico.” [14]

Recogiendo las palabras de Arturo Escobar, hablar de un proyecto mundial de liberación no supone ningún tipo de vanguardismos, menos de etnocentrismo, de lo que se trata es de un “globalismo localizado”. Esto significa que debemos mirar las luchas locales como estrategias basadas en el lugar, pero transnacionalizadas.[15] Definitivamente, un proyecto mundial de liberación, permitirá superar las deficiencias de las luchas locales al oponerse directamente a la fragmentación y procurar la articulación solidaria; al motivar la lucha frontal y evitar el escapismo; al no dejar desvanecer la utopía, ni quedarse en lo coyuntural (Soluciones a corto plazo e inmediatismo de la lucha). Puesto en los términos de Sousa: “Las iniciativas y movimientos [locales], para ser verdaderamente eficaces, deberán establecer un vínculo entre su ámbito local y su ámbito global”. [16]Más aun: “En las condiciones actuales, la articulación entre ellos [los conflictos locales], es fundamental para potenciar lo que hay en ellos de progresivo y emancipatorio y para neutralizar lo que hay en ellos de retrógrado e incluso de reaccionario.[17]

Antes de terminar este apartado es acertado señalar que ese proyecto mundial de liberación del que se viene hablando, se acerca a lo que Enrique Dussel ha denominado transmodernidad.

La Transmodernidad se entiende como un proyecto mundial de liberación y no como proyecto universal unívoco, que no es sino la imposición violenta de la razón particular eurocentrista al Otro. No es un proyecto pre-moderno, como afirmación folklórica del pasado; ni un proyecto anti-moderno de grupos conservadores, de derecha, de grupos nazis o fascistas o populistas; ni un proyecto post-moderno como negación de la Modernidad como crítica de toda razón, para caer en un irracionalismo nihilista. El proyecto trans-moderno [subsume] el carácter emancipador racional de la Modernidad y de su Alteridad negada (el Otro que la Modernidad), por negación de su carácter mítico (que justifica la inocencia de la Modernidad sobre sus víctimas y por ello se torna contradictoriamente irracional).[18]

En otras palabras, la transmodernidad supone lo polifacético, lo heterogéneo, lo hibrido, lo plural, lo democrático radical (más allá de lo liberal). A diferencia de la simplificación y la racionalización (encubrimiento) del mundo de la vida (el cogito cartesiano), la transmodernidad valora la existencia real y concreta, situada espaciotemporalmente. La transmodernidad potencializa el sentido común, se construye a partir de la experiencia de los pueblos del mundo árabe, chino, bantú, latinoamericano, europeo, etc. Para la transmodernidad, el siglo XXI será el siglo de lo multipolar, lo que se traduce en la descentralidad de las potencias del sistema-mundo y la superación de la hegemonía de la globalización capitalista actual y de su cultura (individualista, aséptica y negadora de la corporalidad) pretendidamente universal. En conclusión:

Se entiende la Transmodernidad como un proyecto de racionalidad ampliada donde tenga cabida la razón del Otro dentro de una comunidad de comunicación en la que todos los seres humanos puedan participar como iguales, pero donde, al mismo tiempo, se respeten en su alteridad, en su Ser-Otro, respeto que debe quedar garantizado incluso en la comunidad ideal de habla o de comunicación de Habermas y de Apel. El diálogo entre culturas debe partir de este planteamiento y debe estar encaminado no a construir una universalidad abstracta, sino una mundialidad concreta donde todas las culturas puedan contribuir con su riqueza propia a la configuración de una humanidad plural futura. [19]

 

Conclusión. El FSM: porque Otro mundo es posible y David venció a Goliat

“El Foro Social se organiza a partir de las resistencias y luchas contra un sistema mundo, basado en el patriarcado, el racismo y la violencia, que privilegia los intereses del capital sobre las necesidades y las aspiraciones de los pueblos. Porto Alegre representa la utopía de la familia humana y su figura bíblica es David”.
Javier Vitoria.

No se describirá a continuación qué es el Foro Social Mundial, cuáles son sus diferentes etapas u otros aspectos. Lo que importa en este punto es evidenciar por qué el Foro Social Mundial es un ejemplo concreto de articulación de las luchas locales en procura de una estrategia mundial de resistencia y liberación. O lo que es lo mismo, a continuación, siguiendo los desarrollos teórico-conceptuales de Wallerstein, se evalúa la manera como el Foro Social Mundial plantea una forma acertada (más nada sencilla y muy problemática) de aglutinar las organizaciones transnacionales, regionales, nacionales y locales, que desde diversos y concretos espacios-tiempo, están en activa oposición al neoliberalismo.

En ese sentido, podemos arrancar la disertación sobre esta última parte diciendo que el Foro Social Mundial rompe con la creencia de que no existe ninguna posibilidad de pensar y de practicar el mundo por fuera del modelo globalizante, eurocéntrico y capitalista. El Foro Social Mundial es un universal concreto que le apuesta a un mundo otro o a mundos otros, a espacios tiempo otros, presentes (heterotopía) y futuros (utopía). Mundos que se afincan en sus singularidades locales como motor de empoderamiento y liberación mundial, dado su rico potencial ético-político y “epistemológico enraizados en los pueblos convertidos en exterioridad por el sistema-mundo capitalista/patriarcal moderno/colonial”.[20] Inmanuel Wallerstein señala al respecto:

Actualmente, el principal -probablemente el único serio- foco de actividad antisistémica se encuentra en el Foro Social Mundial, encarnando lo que llamo el espíritu de Porto Alegre. Este movimiento es a menudo mencionado en los medios como el movimiento anti-globalización, pero esto es en gran medida incorrecto. El FSM es un movimiento global, simplemente uno que cree que “otro mundo es posible.[21]

El Foro Social Mundial es un intento de coordinar la resistencia a nivel global. Y es que, más de mil organizaciones, originarias de todos los rincones del planeta, convergen en el FSM. A pesar de eso, de lo multitudinario del Foro, éste no cuenta con ninguna estructura jerárquica y tampoco se proyecta tenerla. Eso ratifica que es posible un proyecto mundial y transmoderno de resistencia, sin vanguardismos ni aprioris totalitarios. En ese sentido se puede aseverar que el Foro Social Mundial “propone un modelo que puede resultar provechoso para avanzar en propuestas organizativas horizontales que dibujen paisajes más igualitarios en el marco de luchas glocalizadas en red, diferentes del paradigma jerárquico capitalista que organiza al mundo desde modelos piramidales y rígidamente centralizados.”[22]

El Foro Social Mundial tiene la capacidad de juntar diversas e incluso contradictorias posiciones organizativas. Al encuentro llegan la vieja y la nueva izquierda, defensores de derechos humanos, movimientos ecológicos, campesinos, pueblos indígenas, negros, mestizos y blancos, feministas, obreros de los diferentes países y muchos otros. El Foro Social Mundial articula a estas tendencias gracias a la tolerancia mutua, parte de “la necesidad de aprender de los otros, de la importancia de compartir experiencias y desarrollar estrategias comunes. [23]El Foro Social Mundial establece puentes entre el Norte y del Sur (porque el Norte tiene su Sur). Así mismo, construye alianzas amplias entre gentes de todas las creencias, colores y orientaciones sexuales con el fin de luchar contra la concentración de la riqueza, la proliferación de la pobreza y la destrucción de nuestro planeta, es decir, “contra el huracán de la globalización depredadora que todos padecemos”. Definitivamente, el Foro Social Mundial procura resistir y plantear alternativas a la arremetida de la globalización neoliberal desde un escenario mundial sin que se pierda de vista por ello, las especificidades locales y nacionales.

No obstante lo novedoso y fructífero de las estrategias del Foro Social Mundial, es necesario advertir:

El FSM tiene dos grandes obstáculos que cruzar. Primero, debe probar que una estructura abierta tal es políticamente viable, que no se desarmará, que (incluso si se mantiene unido) puede realmente transformar el mundo. En segundo lugar, debe ir más allá de la negación de los esfuerzos de los neoliberales y posicionarse hacia algo positivo. Esto medirá el grado hasta el que pueden mantener la heteróclita alianza unida. Pero es indispensable en el sentido de que el FSM simplemente no se disuelva[24].

Ante estas y otras muchas dificultades, Goliat (Davos) parece imponerse, pocos creen en David (Porto alegre). Es lo normal, pues los mismos hebreos que daban la batalla por perdida creyeron en David solo cuando los hechos habían pasado. Fácilmente David es el equivalente al Foro Social Mundial, pues ambos batallan contra un enemigo desde todo punto de vista más fuerte. En ese sentido, es oportuno señalar que David y Goliat representan discursos y prácticas totalmente opuestas: Goliat personifica la miseria, la opresión, la dominación imperial, la muerte; David encarna la lucha por la vida digna, por la solidaridad, la hermandad y el encuentro entre los pueblos del mundo.

En conclusión, a pesar de los traspiés en la construcción teórica y práctica de un proyecto mundial de liberación (transmodernidad) no podemos olvidar que, al final. Goliat pereció en la lucha, víctima de la piedra, que con su honda le lanzo David.

 


Notas:

[1] Convocatoria al Segundo Encuentro Intercontinental por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo.

[2] Esta reflexión introductoria tiene como referente el texto: Otro mundo es posible. La utopía de la familia humana vs. el poder sacrificial del nuevo orden, escrito por el teólogo Javier Vitoria. En adelante el texto es parafraseado (comillas) en algunos apartes y por ende no se referencia directamente.

[3] En los últimos párrafos de Ética de la Liberación y en procura de dar cuenta del subtitulo: En la Edad de la Globalización y la Exclusión, Dussel escribe: “La modernidad va llegando a su término, sembrando en la tierra, en la mayoría de la humanidad, el hambre, la enfermedad y la muerte, como los cuatro caballos del Apocalipsis [la bestia], entre los excluidos de los beneficios del Sistema mundo que se globaliza” (Dussel, 1998: 567).

[4] (Sousa, 1998: 394).

[5] (Escobar, 2010: 24).

[6] (Oslender, 2002:17).

[7] (Oslender, 2002: 6).

[8] Zizek, por ejemplo, opina que los movimientos antirracistas, antisexistas y multiculturales no son luchas explícitamente ni frontalmente anticapitalistas, no son necesariamente de izquierda o progresistas. Dussel, por el contrario, argumenta que en esos movimientos  reposa la potentia, es decir, la fuerza liberadora para emprender una lucha que confronte la colonialidad global.

[9] (Oslender, 2002: 10).

[10] La “socialización del poder” en oposición a la “nacionalización estatal de la producción” es una propuesta  de Aníbal Quijano (2000) interesante para analizar. En lugar de proyectos “socialistas de estado” o “capitalistas de estado” centrados, se plantea la “socialización del poder” en todas las esferas de la existencia social, esto privilegia las luchas globales y locales para crear formas colectivas de autoridad pública no-estatales.

[11] La producción, reproducción y el desarrollo de la vida humana en comunidad, puede ser uno de esos principios, que en todo caso no son a priori, son fruto del dialogo simétrico de todas las partes involucradas. Sousa propone, por colocar otro ejemplo, las necesidades humanas fundamentales y los satisfactores de éstas como un principio.

[12] Erazo, Cicerón, 2011: “El espacio-tiempo de la utopía y el eco-socialismo”. Material inédito.

[13] (Oslender, 2002:6).

[14] (Santos, 2005: 179).

[15] (Escobar, 2010).

[16] (Sousa, 1998: 412).

[17] (Sousa, 1998: 416).

[18] (Dussel, 1994: 178).

[19] (Miranda, 2009: 121).

[20] (Grosfoguel, 2009: 242).

[21] (Wallerstein, 2005: 3).

[22] (Grosfoguel, 2009: 242).

[23] (Wallerstein, 2005: 3).

[24] (Wallerstein, 2005: 4). Dussel propone la noción de praxis de la liberación para entender el tránsito hacia la emancipación. Dicha práctica está compuesta por dos momentos: un primer momento de negación o en contra, y crítica feroz deconstructiva (intramoderna); y un segundo movimiento, descolonial, libertario y creativo como proyecto hegemónico de todos los movimientos que parta del conocimiento de las luchas hacia imaginarios pluriversales.

 

Bibliografía:

Dussel, Enrique, 1492 El encubrimiento del Otro. Hacia el origen de mito de la modernidad. La paz: Plural Editores, 1994.

Dussel, Enrique. Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid: Trotta, 1998.

Dussel, Enrique, Hacia una filosofía política crítica, Bilbao: Desclée de Brouwer. 2001.

Escobar, Arturo, Territorios de diferencia. Lugar, movimientos, vida redes. Popayán: Envión Ediciones. 2010.

Fernandes, Bernardo Mançano, Movimientos socioterritoriales y movimientos socioespaciales. Contribución teórica para una lectura geográfica de los movimientos sociales. En: http://web.ua.es/en/giecryal/documentos/documentos839/docs/bmfunesp-5.pdf

Grosfoguel, Ramón. “Izquierdas otras o caminos descoloniales hacia mundos transmodernos”. En Tabula Rasa, Bogotá, núm.112009.: 235-252.

Immanuel Wallerstein, Sistema-Mundo y Movimientos Sociales, lo que viene… Entrevista. 2005, En: http://www.infoamerica.org/documentos_pdf/wallerstein2.pdf

Miranda, Tomás. “E. Dussel: filosofía de la liberación y diálogo intercultural”. En: Daímon, Revista Internacional de Filosofía, núm. 47, 2009: 107-122.

Oslender, Ulrico, La especialización de la resistencia, perspectivas de espacio y lugar en el estudio de los movimientos sociales, Bogotá: Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. 2002.

Santos, Boaventura de Sousa, De la mano de Alicia. Lo social y lo político en la Posmodernidad. Bogotá: Siglo del Hombre, Uniandes. 1998.

Santos, Boaventura de Sousa. El milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura política, Madrid: Trotta. 2005.

Vitoria, Javier, Otro mundo es posible. La utopía de la familia humana vs. El poder sacrificial del nuevo orden. En: http://www.iglesiaviva.org/219/219-13-VITORIA.pdf

Wallerstein, Immanuel, Crisis estructural del capitalismo. Bogotá: Ediciones desde abajo, 2007.

http://www.herramienta.com.ar/autores/gandarilla-salgado-jose-guadalupe

 

[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

ERAZO CRUZ, Ciceron, (2012) “Un proyecto mundial de resistencia y liberación. Relaciones necesarias entre lo local y lo global frente la globalización neoliberal”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 11, abril-junio, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 28 de Enero de 2022.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=442&catid=9[/div2]

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