Pacarina del Sur
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Chile Hoy: Iconoclastía laica y protesta urbana

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La crisis política en Chile ha sido vista, dentro y fuera de este país, como el más profundo fracaso de la política neoliberal, la cual marcó una línea de continuidad entre la dictadura de Augusto Pinochet y los sucesivos gobiernos de la “concertación”, de 1990 hasta la actual gestión de Sebastián Piñera. En los últimos meses la protesta callejera rompió con una falsa imagen de abulia civil y conformismo popular y creció a lo largo de las principales ciudades chilenas. Los poderes fácticos han perdido legitimidad y se sostienen principalmente en el gobierno de Piñera, apelando a la concepción de estigmas sobre la violencia popular y los jóvenes, así como a su criminalización. Nuestra revista quiere resaltar un rasgo sustantivo de este proceso: la destrucción o carnavalización de las figuras asociadas a la historia oficial del colonialismo occidental, del Estado chileno y de sus calendarios cívicos: Cristóbal Colón, Diego de Almagro, Pedro de Alvarado, Pedro de Valdivia, Cornelio Saavedra Rodríguez, Francisco de Aguirre, José Menéndez, Fernando Magallanes, Manuel Baquedano, Arturo Prat, Dagoberto Godoy, Bernardo O’Higgins, Diego Portales, entre muchos otros. Lo paradójico de la política preservacionista y restauradora fue que, a pesar suyo, por torpeza técnica terminaron por partir en dos el busto monumental de Diego Portales en la Plaza de Armas de Quillota. Intentaron retirarlo para limpiar los grafitis y protegerlo. Sin embargo, terminaron fortaleciendo la onda juvenil desacralizadora y parricida. En tiempos de crisis, como dice el refrán popular, “nadie sabe para quién trabaja”.

Anclaremos nuestro análisis en el pasado inmediato, marcado por una guerra en torno a los símbolos escultóricos y monumentales, entre la sociedad civil y el gobierno. En ningún país de Nuestra América se había dado un conjunto de acciones masivas de desacralización cívica de tal magnitud. El principal contingente de los manifestantes se inscribe en la categoría de “jóvenes” y documenta de manera fehaciente, a través de esta guerra de imágenes, como le llamaría Gruzinski, un cambio en el tejido ritual y el universo escultórico de la historia oficial. Las impugnaciones de un canon literario o estético y el cuestionamiento a ciertos paradigmas consagrados en los libros de texto, coinciden con la emergencia de una joven intelectualidad de relevo, pero también con las condiciones políticas y culturales reinantes que les pueden ser favorables o adversas.

La añeja recepción chilena de la obra de Thomas Carlyle Sobre los héroes. El culto al héroe y lo heroico en la historia (1841) había permitido, desde la segunda mitad del siglo XIX, vincular las figuras de los “padres de la patria” chilenos a los héroes, entre los cuales hay nombres asociados al genocidio mapuche, la expansión de las fronteras territoriales de explotación capitalista (la Guerra del Pacífico, la Araucanía y Tierra del Fuego). Sin embargo, en los espacios públicos de las grandes ciudades, en sus campos intersticiales, se ubican algunas esculturas que no fueron destruidas por el desbordante movimiento juvenil iniciado en octubre de 2019, acaso por no representar a las figuras del poder, como Lautaro, Salvador Allende, entre otros. En estos casos se observa una clara distinción entre las figuras del poder y aquellas que la memoria colectiva celebra por estar asociadas a la resistencia popular. Lo anterior documenta que la orientación iconoclasta y parricida no es ciega, sino selectiva.

Sabemos que tradicionalmente, las figuras escultóricas han sido objeto de estudio de los historiadores del arte, dada su innegable naturaleza artística. Sin embargo, también pueden ser leídas desde un mirador antropológico, al situarlas tanto en su marco ideológico –como referentes constructores de la unidad nacional- como en sus funciones simbólicas y rituales. Al compartir cierta liturgia cívica nos sentimos parte de determinados colectivos. Y en este sentido, vale la pena retomar el agudo señalamiento del historiador Daniel James quien, citando a Bruce Lincoln, afirma:

Aplicado en este sentido, el término “iconoclasia”, según los antropólogos, designa “la destrucción pública y deliberada de los símbolos sagrados con el propósito implícito de suprimir toda lealtad a la institución que utiliza tales símbolos y, además, de anular todo el respeto que se guardaba hacia la ideología difundida por dicha institución (1987, pág. 455).

 

Para entender la lógica simbólica de las figuras escultóricas contemporáneas debemos partir de un reconocimiento de los cambios económicos, demográficos y espaciales en que ellas se resituaron o surgieron según los momentos históricos precisos. Agulhon (1994, pág. 125) señala que es la concepción humanista y la moral liberal y laica que le acompaña, la que da curso a la hechura de figuras escultóricas de meritorios hombres ordinarios, susceptibles de ser honrados y ensalzados públicamente. Gracias a ello, las prácticas escultóricas y ritualistas de las izquierdas, a partir del anarquismo y continuadas por sucesivas adscripciones políticas de las izquierdas, dotaron de visibilidad a los llamados “héroes del pueblo”, en forma colectiva o individual. El monumento a dedicado a Salvador Allende (2000) en Santiago de Chile, a Luis Emilio Recabarren (2006) en Valparaíso y el memorial a los Mártires de la Escuela Santa María (2007) en Iquique, resultan elocuentes, al revelarnos sus marcas pospinochetistas.

Filias y fobias ciudadanas se expresaron de manera transparente en las manifestaciones de protesta. En tres semanas de marchas y actos públicos se derribaron más de 70 monumentos. El repudio de los manifestantes se dirigió, especialmente, contra figuras vinculadas al proceso de la conquista y jefes militares consagrados por la historia oficial. La escultura de Cristóbal Colón, construida en 1910, en el centro de Arica y la del general de la Guerra del Pacífico, Manuel Baquedano, recibieron un trato especialmente rudo. También el monumento que rinde homenaje al “militar desconocido”, y que acompaña a Baquedano, fue destruido.

En la ciudad de La Serena, a 470 kilómetros al norte de la capital Santiago, la estatua de Francisco de Aguirre, destacado oficial de la conquista española, fue removida de su base y en ese pedestal se colocó la escultura de una mujer de la comunidad diaguita, como representación de las culturas pre-colombinas.

A más de 600 kilómetros al sur de Santiago, se encuentra la ciudad de Temuco, habitada en gran parte por población de origen mapuche. La estatua de Pedro de Valdivia –fundador de Santiago y principal conquistador español– muerto en combate con los mapuches, ocupa un lugar destacado en la iconografía lugareña. La escultura fue destruida por los manifestantes y para que no quedaran dudas sobre el sentido político y cultural de este acto, la cabeza de Valdivia fue colgada de la mano del guerrero Caupolicán, digno representante de la resistencia indígena ante el colonialismo español.

En el extremo sur del país, la ciudad de Punta Arenas también fue testigo de episodios de protestas callejeras cargadas de significantes anticoloniales y antioligárquicos. La escultura del empresario español José Menéndez, responsable de la extinción de la etnia Selk´nam, fue desmontada y colocada junto a los pies del Indio Patagón, figura que recuerda la lucha de las comunidades originarias de la región.

La antropóloga chilena Sonia Montecino, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2013, interpretó en sus justos términos, los actos iconoclastas de las expresiones populares urbanas. Al referirse a la destrucción de las esculturas que exaltan las figuras de los conquistadores españoles o de jefes militares criollos, señaló: “…el carácter carnavalesco también entraña uno de ruptura con el orden. En ese contexto iconoclasta, no resulta extraño el derribamiento de algunas estatuas que, para ciertos sectores sociales, representan imágenes de un poder que se rechaza o cuyo significado simplemente se desconoce” (Deutsche Welle, 2019).

Los protagonistas de la transición democrática chilena post-dictadura (1990) procuraron construir de manera segmentada, su propio relato. En esta tarea la dirigencia política que asumió la responsabilidad de la alternancia, trató de volver invisibles ciertas verdades dolorosas del periodo dictatorial. En la galería de héroes nacionales se incluyó a los padres de la independencia y a los autores de las leyes fundamentales de la república. De manera gradual y un tanto vergonzante, se aceptó el reclamo de la sociedad civil y de algunas franjas de la izquierda, para incorporar a los referentes populares más cuestionados por la derecha, incluido el presidente mártir Salvador Allende.

El segundo gobierno del empresario pinochetista Sebastián Piñera puso al descubierto las miserias de la transición democrática chilena. Detrás de la glamorosa y muy lucida estabilidad institucional se ocultan las graves carencias que, en materia de seguridad social, educación y salud pública, castigan a amplios sectores de trabajadores y estudiantes de bajos ingresos.

Pero el mensaje de las protestas no fue solo para la dirigencia política conservadora, hija de los favores de la dictadura, o para los grupos más concentrados del empresariado chileno, uno de cuyos representantes más emblemáticos es el propio presidente Piñera. También las diversas expresiones del “progresismo político” y de la izquierda fueron interpeladas. En plena crisis y con las calles de Santiago transformadas en un puño, el papel de las dirigencias políticas convencionales fue patético ante la contundencia de los reclamos y la dureza represiva que ordenó el gobierno. Ni siquiera un nuevo agrupamiento nucleado bajo el rótulo de Frente Amplio, supo estar a la altura del desafío que llegaba de las calles. Se vieron balbuceantes y fuera de tiempo, tardaron en comprender que la vigencia de la Constitución de 1980, vergonzosa herencia de la dictadura, además de ser un agravio para una sociedad que se presume portadora de una institucionalidad democrática y moderna, constituye un cerco jurídico-institucional para la participación política de amplias capas de trabajadores y estudiantes, hoy críticos de los paradigmas culturales del Chile que se diseñó bajo la impronta de la dictadura.

Abril de 2020 representa un verdadero punto de inflexión para el pueblo chileno. De manera un poco tardía y con la mediación poco deseable de dirigencias partidarias claudicantes, la sociedad podrá establecer en las urnas, las bases para una nueva constitución. Habrá que esperar que ese marco jurídico-institucional exprese el sentir de millones de chilenos que reclamaron en las calles y sin eufemismos, el abandono definitivo de uno de los peores legados de la dictadura.

Busto de Cristóbal Colón derribado en Arica, noviembre de 2019
Imagen 1. Busto de Cristóbal Colón derribado en Arica, noviembre de 2019. www.elconcordia.cl

Estatua de Pedro de Valdivia en Concepción, noviembre de 2019
Imagen 2. Estatua de Pedro de Valdivia en Concepción, noviembre de 2019. www.t13.cl

Busto de Pedro de Valdivia y Lautaro. Concepción, noviembre de 2019
Imagen 3. Busto de Pedro de Valdivia y Lautaro. Concepción, noviembre de 2019. www.elarrebato.cl

Bolsa con ojos en el Monumento a la Minería de Copiapó, noviembre de 2019
Imagen 4. Bolsa con “ojos” en el Monumento a la Minería de Copiapó, noviembre de 2019. www.24horas.cl

Estatua de Francisco Aguirre en el Museo al Aire Libre de La Serena
Imagen 5. Estatua de Francisco Aguirre en el Museo al Aire Libre de La Serena. http://www.diarioeldia.cl

lazoleta Augusto Pinochet, en Linares, noviembre de 2019
Imagen 6. Plazoleta Augusto Pinochet, en Linares, noviembre de 2019. www.publimetro.cl

Monumento a José Menéndez en Punta Arenas, noviembre de 2019
Imagen 7. Monumento a José Menéndez en Punta Arenas, noviembre de 2019. www.radiofueguina.com

Monumento a Hernando de Magallanes en Punta Arenas, noviembre de 2019
Imagen 8. Monumento a Hernando de Magallanes en Punta Arenas, noviembre de 2019. https://elpinguino.com

Estatua de Bernardo O’Higgins emplazada en la Plaza de Armas de Santiago de Chile, noviembre de 2019
Imagen 9. Estatua de Bernardo O’Higgins emplazada en la Plaza de Armas de Santiago de Chile, noviembre de 2019. www.latribuna.cl

Estatua de Diego de Almagro en Santiago de Chile, noviembre de 2019
Imagen 10. Estatua de Diego de Almagro en Santiago de Chile, noviembre de 2019. www.eldinamo.com

Monumento a Baquedano en la Plaza Italia (De la Dignidad) en Santiago de Chile, noviembre de 2019
Imagen 11. Monumento a Baquedano en la Plaza Italia (De la Dignidad) en Santiago de Chile, noviembre de 2019. www.biobiochile.cl

Estatua de Arturo Prat en Temuco, noviembre de 2019
Imagen 12. Estatua de Arturo Prat en Temuco, noviembre de 2019. www.soychile.cl

La cabeza de Dagoberto Godoy en manos del toki mapuche. Temuco, noviembre de 2019
Imagen 13. La cabeza de Dagoberto Godoy en manos del toki mapuche. Temuco, noviembre de 2019. https://temucodiario.cl

 

Referencias bibliográficas:

  • Agulhon, M. (1994). Historia vagabunda. Etnología y política en la Francia contemporánea. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Carlyle, T. (1841). On Heroes, Hero-Worship, and The Heroic in History. London: James Fraser.
  • Deutsche Welle. (11 de noviembre de 2019). Chile: destrucción de monumentos como protesta contra la historia oficial. Deutsche Welle. Obtenido de https://www.dw.com/es/chile-destrucci%C3%B3n-de-monumentos-como-protesta-contra-la-historia-oficial/a-51202577
  • James, D. (1987). 17 y 18 de octubre de 1945: el peronismo, la protesta de masas y la clase obrera Argentina. Desarrollo Económico, 27(107), 445-461.

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