Pacarina del Sur
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Antropología e imagen artística: las limeñas capulí y sus locuras

Anthropology and artistic picture: The Limean capulí Groove

Antropologia e imagem artística: As capuli limeñas e loucuras

Xochitl Zambrano Bernal[1]

RECIBIDO: 03-03-2014 APROBADO: 19-03-2014

 

Desde una perspectiva antropológica, el ser humano no aparece como el amo de sus imágenes sino –algo completamente distinto- como “lugar de las imágenes” autogeneradas aun cuando siempre intente dominarlas

Hans Belting[2]

Aída Manrique de Lara Ríos[3], artista plástica peruana, versátil y heterodoxa en los géneros que cultiva: pintura, escultura, cerámica, se fue modelando en las canteras de la Pontificia Universidad Católica del Perú y en el corredor artístico y bohemio de la ciudad de Lima. Por haber apostado a favor de un camino disidente, prometedor y digno, sin perder la sencillez que la caracteriza, merece un lugar en la sección «Piélago de Imágenes»  de la Pacarina del Sur

Aída nació en Lima cuando la Segunda Guerra Mundial había concluido y su país «transitaba del breve experimento democrático de Bustamante y Rivero a un prolongado régimen autoritario presidido por el general Manuel A. Odría. Ese ochenio dictatorial -entre gris y negro-, mostró su desencuentro con el arte, la cultura y la tolerancia de ideas»[4]. Poco más tarde, nuestra artista inició sus estudios, entre tareas y experimentos propios. Imaginación y voluntad no le faltaron, por lo que se fue integrando a «las filas de esa vanguardia que propició un nuevo estallido de las formas. Sus integrantes al asumir  conductas más o menos irreverentes contribuyeron a la erosión de los rituales y mitos de la cultura oligárquica así como de sus estigmas y prejuicios, a veces asociados a las simplificaciones excluyentes promovidas por las potencias Occidentales durante la  Guerra Fría »[5].

 

01. Pintora y platos de cerámica

Nuestra artista aprendió de la escuela y de la vida y por ende, sus marcas no siempre son descifrables y no tienen por qué serlo, malgrado el interés de los críticos de arte. Se rumorea entre sus amigos una anécdota narrada por nuestra protagonista acerca de su develamiento del poder del fuego, mítico y moderno. Gastón Bachelard (1966) hubiese insistido en lo primero. Su padre la había llevado a conocer los hornos de fundición de la Siderúrgica de Chimbote. Fue allí donde descubrió la fuerza modeladora del fuego domesticado, es decir, del horno. Con el paso del tiempo Aída modeló el suyo propio, experimentando temperaturas mayores sobre las arcillas más diversas. Los productos artísticos fueron elocuentes por su singularidad y belleza: fuentes, platos y vasijas portando en relieve símbolos y figuras, lúdicos floreros invertidos con rostros diversos. 

La antropología nos ha logrado situar en distintos planos de estudio, uno de ellos es la imagen, entendida no sólo como un medio visual recreativo sino también como un medio expresivo y representativo, que al mismo tiempo busca plantearnos diversos discursos con respecto a su emisor o, en este caso, su creador,  «una imagen es más que un producto de la percepción, se manifiesta como una simbolización personal o colectiva» (Belting, 2007:14). La imagen como expresión de lo cotidiano y su transformación a partir de la interpretación del artista y su modelación pictórica, escultórica u de otro tipo nos hablan de su identidad, lugar cultural y uno o diversos momentos históricos. Las experiencias de vida y sus pertenencias culturales permiten entender la dinámica creativa de los artistas plásticos, así como sus manifestaciones, sus bienes culturales dotados de arropamiento estético.

La obra de Aida nos permite encontrarnos con ella, interpretando sus múltiples miradas a lo cotidiano e incluso a los elementos fantásticos vinculados a su imaginación y su vida, a sus quehaceres artísticos, muchos de ellos acompañados por el tacto, un sentido devaluado por la estética occidental y felizmente recuperado por la antropología. Usualmente al mantenernos en nuestro propio estilo de vida pasamos por alto detalles que pueden reflejar nuestras ideas de distinta manera, gracias a la inspiración y la creatividad por lo que juegan un papel importante en la interpretación, sobre todo en la manera de plasmarlas. El trabajo artístico presentado a continuación, nos permite entrar a una cotidianidad, que si bien no es nuestra, nos puede llegar a sorprender.

Los distintos materiales le permiten a la artista el manejo de diversas texturas dándole un nivel de imagen y de expresión distinto. En sus pinturas se establece un patrón en los trazos, fuerza, simetría o asimetría, relieve, revelándose más en sus detalles o en los márgenes que en el tema pictórico central. Los elementos de arcilla, técnica especialmente cultivada por ella, nos recuerdan que los artistas siempre han buscado los elementos no sólo más cercanos sino aquellos que son más significativos para ellos; la arcilla le permite modelar lo que piensa e imagina, dándole texturas de muchas maneras. Este último mantiene en su cercanía el fuego, el cual además de ser una herramienta para la artista, la reconecta con sus inicios artísticos. Los elementos anteriores se remarcan en la obra de Aída, en las pinturas de figuras femeninas que realiza, dónde utiliza los ojos como elemento estético y discursivo importante de sus mismos protagonistas.

«El ojo» actúa como una representación de las ideas y de los sentimientos tanto de la artista como de las mismas imágenes que plasma. Las formas y figuras que los moldean, así como los colores con los cuales los expresa pueden reflejar tanto una mirada cálida como una mira fría -quizás entendida como nostalgia-, las expresiones de los mismos son mensajes de la gestualidad representada, y cada par nos invita a relacionarnos con ellos.

Imagen 01. Pintora y platos de cerámica
Imagen 01. Pintora y platos de cerámica

 

02. separadores, 03. Separadores.

Una mirada en particular resalta, observamos una mujer con cabellera de serpientes, la imagen de Medusa se nos presenta, figura mítica que personifica una fuerza femenina, pero que al mismo tiempo nos marca una distancia entre el deseo y la posibilidad de ser consumado, recordemos que los ojos de Medusa «son tan ardientes, que convierten en piedra a cualquiera que los mire» (Chevalier, 1986:823). Es así como surgen algunas preguntas: ¿en qué imágenes se realiza la proyección de las experiencias y de su propia identidad personal y familiar? Toca a la propia artista responderlas.

Los ojos y las miradas poseen un anclaje cultural profundo para esta artista limeña.  En la mitología, los ojos de Medusa resaltaban lo prohibido, no debían observarse o se transformarían en la perdición de los guerreros, esta idea guarda cierta similitud con la mirada de las limeñas, las cuales con sus ojos hacían referencia a algo prohibido. No se trata del legado formal de la segunda piel –las tapadas- sino de lo que representa el modo cultural femenino del mirar, de comunicarse a través de las miradas. La recuperación del ojo y la mirada poseen esa carga de erotismo no fácilmente descifrable de la que habla Bataille (1994), las miradas pueden realizar el juego de la seducción, el coqueteo o la alusión a algo prohibido, también pueden referir el volcán interior, entre penas, iras, pasiones y deseos contenidos. Su obra nos remite a pensar sobre la importancia de la mirada quizás como el objeto erótico preferido por la artista, recordemos que « la elección de un objeto depende siempre de los gustos personales del sujeto» (Bataille, 1980:45).

Reparemos en una frase de la misma artista las limeñas color capulí, la cual significa la piel con tono color miel de algunas mujeres, expresión costeña evocada poéticamente en Idilio muerto de Cesar Vallejo. Tal como lo cantaba Chabuca Granda en La Flor De La Canela,  el color se asocia a la belleza de la mujer limeña a lo natural. En pocas palabras, encontramos referencia a la hermosura limeña en diversos tonos, texturas y aromas del entorno, aunque, claro, el uso de esta expresión para personas culturalmente no familiarizadas con ella. La búsqueda de esta referencia identitaria ha conmovido a una joven: «Eureka!.. Exclamé sacando pecho. De ahora en adelante voy a decir que soy orgullosamente marrón, hija del chocolate, ahijada de la caoba, comadre preferida del dulce de leche... y todo gracias al influjo generoso de varias etnias de colores diferentes que jugaron traviesamente en el diseño de mi» (Crónicas Perdidas, 2006).

Imagen 02. separadores
Imagen 02. separadores

Imagen 03. Separadores
Imagen 03. Separadores

 

04. imagen, 05. imagen de rostros

El inicial camino de los grises le abrió a nuestra artista el dominio de otras cromáticas, asociadas a su afirmación estética. Quizás refiriendo con el color a una distancia con su observador en un paisaje cotidiano, una casa, un jardín, que si bien son elementos cotidianos pocas veces nos detenemos a observar pero sobre todo a apreciar.

Imagen 04. imagen
Imagen 04. imagen

Imagen 05. imagen de rostros
Imagen 05. imagen de rostros

 

06. Grises 5, 07. cuadro

Los artistas siempre han reflejado su admiración por la naturaleza. Las construcciones naturales parecen ser hechas a capricho, mostrándose imponentes y en  muchos casos surrealistas. En esta ocasión nuestra artista elije hacer referencia a los bosques de piedra de Huayllay, la piedra es un elemento natural asociado con mucha fuerza simbólica y arquitectónica a ciertas culturas, en especial para el mundo andino y mesoamericano.  La piedra convertida en mímesis de seres fantásticos atraviesa la dimensión estética, al  convertirse en una representación de aquellos bosques imponentes. La artista le brinda su sello distintivo y elige las que las conmueven, crea su propio bosque, inerte, moldeado por sus propios sentimientos.

Imagen 06. Grises 5
Imagen 06. Grises 5

Imagen 07. cuadro
Imagen 07. cuadro

 

08. Bosque de piedras 2, 09. Bosque de piedras 6

«Platos de Cerámica y Cuadros de cerámica», la artista busca autonomía y puentes. Encontramos en ellos flores, bosques de piedras, elementos naturales diseñados por ella. Esta presentación nos ofrece otra vista, otra interpretación sobre su obra y así como otra modalidad. Los detalles más pequeños pero no menos importantes pueden ser apreciados por el alcance y las luces del observador. Remarquemos pues, que la cerámica acerca a la artista a un elemento natural moldeado por su propio gusto e inventiva.

Imagen 08. Bosque de piedras 2
Imagen 08. Bosque de piedras 2

Imagen 09. Bosque de piedras 6
Imagen 09. Bosque de piedras 6

 

10. Plato cerámica 1, 11. Plato cerámica 2, 12. Plato cerámica 3

Encontramos dentro de su obra la representación de los frutos, más allá de los bodegones. La «pera» con su silueta hace alusión al cuerpo femenino y a otros símbolos importantes: el muelle y el mar. Este último entendido también como «Símbolo de la dinámica de la vida. Todo sale del mar y todo vuelve a él: lugar de los nacimientos, de las transformaciones y de los renacimientos» (Chevalier, 1986:389), también alude a la figura femenina, sin embargo también nos habla de una representación de la dinámica que ocurre a lo largo de la vida, así mismo «el mar simboliza el mundo y el corazón humano en cuanto sede de las pasiones» (Chevalier, 1986:390). Sugieren al mismo tiempo la fuerza de oculto y lo cotidiano ubicados en los bordes eróticos de lo fantástico. Lo anterior y junto con la imagen de los ojos, nos provocan pensar en que la artista gusta de usar elementos cotidianos para hacer referencia quizás al deseo de mirar aquellas siluetas que, de nuevo, mantenemos en nuestra cotidianidad pero que de algún modo somos incapaces de observarlas detenidamente. La artista conscientemente o no,  opta por ubicar sus siluetas en los  juegos de seducción.

Imagen 10. Plato cerámica
Imagen 10. Plato cerámica

Imagen 11. Plato cerámica 2
Imagen 11. Plato cerámica 2

Imagen 12. Plato cerámica 3
Imagen 12. Plato cerámica 3

 

13. Erotismo de la pera en el muelle

Nos ofrece estas miradas, paisajes y pensamientos en pequeños fragmentos. «Los separadores resultan» ser cómplices tanto de la artista como de sus observadores, quienes al portarlos se llevan un poco de su obra, pero sobre todo de sus pensamientos.

Los separadores de libros como representan puntos de partida o para reanudar nuestras lecturas, pero también nos permiten marcar la continuidad de la misma, recuperar una idea e incluso inspirarnos a seguir con la lectura. Así es como el lector, a partir de este fragmento puede reencontrarse con sus pensamientos sino también con los de la propia artista.

La búsqueda visual por la armonía resulta ser una necesidad primaria del hombre y la mujer, ya que siempre buscan organizar los elementos de su entorno. Sin embargo,  el contraste de figuras, colores o formas permite un desequilibrio el cual tiene como propósito estimular, es decir que «la mente y el ojo exigen estímulos y sorpresas» (Dondis, 1973:114). Lo anterior lo encontramos en la obra de nuestra artista ya que con colores, imágenes, texturas, miradas y siluetas que despliega, termina mostrándonos los contrastes entre su visión, su entorno y nuestra interpretación, desde una realidad cultural distinta a la nuestra.

Imagen 13. Erotismo de la pera en el muelle
Imagen 13. Erotismo de la pera en el muelle



Notas:

[1] Antropóloga Social egresada de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), adscrita a la Fototeca Juan Dubernard del Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH-Morelos. Miembro del Consejo Editorial En el Volcán y Coordinadora de Redes en Pacarina del Sur, revista de pensamiento crítico Latinoamericano.

[2] Belting, 2007:14-15

[3] Para consulta de su obra  en http://vendoarte.blogspot.mx/

[4] Entrevista con el antropólogo Ricardo Melgar, México, 25 de Marzo de 2014.

[5] Ibíd.

 

Bibliografía:

Bachelard, Gaston. 1966, Psicoanálisis del Fuego. Madrid, España, Ediciones Castilla, S.A.

Bataille, George. 1980, El Erotismo. 2° Edición, Barcelona, España, Tusquets Editores.

Bataille, George. 1994, Historia del Ojo. Colección Reino Imaginario, México, DF, Ediciones Coyoacán.

Belting, Hans. 2007, Antropología de la imagen. Buenos Aires, Argentina, Latingráfica S.R.L.

Chevalier, Jean. 1986, Diccionario de los Símbolos. Barcelona, Editorial Herder.

Dondis, D. A. 1973, La Sintaxis de la Imagen. Introducción al alfabeto visual. Edo. de México, Ediciones G. Gill, S.A de C.V.

Monich, 18 Octubre de 2006, “Soy Marrón”. Mis Crónicas Perdidas, blogspot, http://lasperdidas.blogspot.mx/2006/10/soy-marrn.html, [31 de Marzo, 2014]

 

Cómo citar este artículo:

ZAMBRANO BERNAL, Xochitl, (2014) “Antropología e imagen artística: las limeñas capulí y sus locuras”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 19, abril-junio, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 19 de Junio de 2019.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=955&catid=17

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