Pacarina del Sur
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Arte Vida. Actions by artists of the Americas 1960-2000. Un comentario

Arte ≠ Vida. Actions by artists of the Americas 1960-2000, catálogo y compendio de ensayos bilingüe creado a partir de la extensa exposición itinerante del mismo nombre montada por el Museo del Barrio de Nueva York en 2008 que reconstruye 4 décadas de acciones artísticas en América Latina y el Caribe.

Palabras clave: reseña, arte, exposición, itinerante, Nueva York

 

I. Caminando hasta desfallecer


Es 1977, un hombre vestido sólo con un short y un par de tenis corre agotado por la West Side Highway de Nueva York, arrastra por la calle  cincuenta y un listones de madera que ató a su cuerpo, hasta que cae desmayado por el cansancio. Su nombre es Papo Colo, artista puertorriqueño  residente en Estados Unidos quien  a través de esta acción de arte llamada Superman 51 buscaba hacer una crítica a la dominación  y agresión estadounidense sobre  Puerto Rico,  algo que se puede  hacer extensivo a toda Latinoamérica: una región aun atada que, a pesar de ello, camina esforzada intentando no desfallecer. Una  fotografía de esta emblemática acción ilustra la portada del libro Arte Vida. Actions by artists of the Americas 1960-2000, catálogo y compendio de ensayos bilingüe creado a partir de la  extensa exposición itinerante del  mismo nombre  montada por el Museo del Barrio de Nueva York  en 2008 que reconstruye 4 décadas de acciones artísticas en América Latina y el Caribe. Esta ambiciosa exposición se ha presentado ya en el Museo de Arte Carrillo Gil de la ciudad de México[1] y en el museo Amparo de la Ciudad de Puebla[2]. Actualmente está por viajar a Colombia, Brasil y Argentina.

El corpus del libro está compuesto por once ensayos  que abordan las expresiones artísticas de los distintos países de la región. Cada uno escrito por personas ya reconocidos en el mundo del  arte latinoamericano. Por ejemplo para el caso de México escribe Maris Bustamante,  artista mexicana de larga trayectoria y actual académica de la Universidad Autónoma Metropolitana, por otro lado   el texto sobre Chile fue redactado por Robert Neustadt , Académico de la Universidad de Mississippi y autor de CADA día: La construcción de un arte social - imprescindible libro de entrevistas sobre el Colectivo Acciones De Arte-, mientras que  la escritora y académica de la Universidad de Buenos Aires  Ana Longoni  se encargó del  texto dedicado al arte argentino.

La publicación  coordinada por Deborah Cullen[3] es quizá el primer esfuerzo serio y abarcante de hacer una historia del arte de acción en América Latina, que incluye además al Caribe y a los artistas de origen latinoamericano residentes en Estados Unidos. Es un texto desigual pero que se cuida de caer en  regionalismos o etnocentrismos: si bien se menciona la importancia de las acciones simbólico-rituales en los pueblos precolombinos, no se fuerza  la relación entre éstas  y las acciones de arte surgidas en el siglo XX, además se reconoce la poderosa influencia que tuvieron movimientos europeos  como Dada, la escultura social y el situacionismo en los artistas latinoamericanos, pero sin sucumbir tampoco ante los determinismos, tan comunes en los textos sobre historia del arte.  El rigor y el énfasis en el detalle mostrado por los autores, logra que esta sea, como afirma Julián Zugazagoitia, director de El Museo del Barrio, “una publicación única y sin precedentes”. Es  un documento rico no sólo por los ensayos presentados, sino también en lo visual pues contiene numerosos registros fotográficos  de las acciones, además aporta una buena cantidad de referencias biblio-hemerográficas  poco conocidas y  una pormenorizada línea temporal en la que se incluyen las acciones más emblemáticas realizadas en la región desde 1960 hasta 2000.

II. La vida no es arte, el arte no es vida

Ya he hablado  un poco del contenido y  de los antecedentes del texto,  pero creo pertinente regresar al título:  Arte Vida. Actions by the artists of the Americas. La primera parte del  título es una desigualdad matemática ambigua: nos da poca información,  nos dice que los elementos que la componen no son idénticos  pero no nos ofrece criterios de valoración o argumentación, sólo sabemos que, por alguna razón A no es igual a B. La segunda parte complica más aun la situación: a diferencia de la primera, está escrita en inglés, quizá para resaltar el carácter bilingüe de la publicación o el hecho de que se coordinó desde Estados Unidos, pero desde un Estados Unidos hispano, es un título Pocho acorde a la situación de los latinos en Norte América. Los autores eligieron el término “Artistas de las Américas”   quizá porque buscaban evocar  un concept más amplio que “artistas latinoamericanos” pero más acotado que  “artistas panamericanos”  pues incluyen  a artistas caribeños y a los latinos residentes en EU, pero excluyen  a  creadores anglosajones y a los latinos de Quebec. Quizá hablar de “Las Américas” no fue la solución más afortunada, los debates en torno a qué es latinoamerica o América Latina  y en dónde termina o empieza,  aun están abiertos.

Regresemos a la relación arte – vida. El arte, se decía ya desde los románticos, puede ser fundido con la vida; la vida puede ser transformada en una obra de  arte, esta premisa ha sido repetida, desde múltiples perspectivas a lo largo de los últimos dos siglos al grado de volverse en un lugar común, Allan Kaprow, creador  y teórico del Happening y del Performance escribió alguna vez que el arte y la vida deberían de ser prácticamente indiferenciables.  Deborah Cullen critica esta banalización de la relación entre arte y vida, para ella el arte no es, no puede ser, la  vida:

“ si bien el arte afirma y celebra la vida con una fuerza regeneradora (…), las acciones que tratan de la desigualdad y el conflicto no son equivalentes a la vida real que se vive bajo represión”.

El arte, aunque intervenga en la vida cotidiana, no es la vida, puede ser un  acercamiento, una metáfora, una representación, una simulación,  una exaltación a la vida, pero no la vida misma. Si bien es cierto que las acciones  reseñadas hechas por unos 116 artistas y colectivos  a lo largo de 40 décadas son, explícita o sutilmente, intervenciones políticas, alteraciones de la cotidianeidad de la vida,  sin embargo no son, en esencia, la vida.

Ahora sí, me adentraré un poco más en el contenido del texto. Cada ensayo  está escrito desde la perspectiva y con el estilo propio de cada autor/a,  no se buscó crear una artificial uniformidad cronológica ni estilística, incluso los periodos que abordan son variables,  tampoco se consensó forzadamente el término con el que los autores se refieren a las acciones artísticas realizadas en los diferentes países.  Así  mientras  Virginia Pérez-Ratton (Centroamérica)  les llama performance y arte acción, Ana Longoni (Argentina)  y Sauri Guzmán (República Dominicana), optaron  por no usar el anglicismo y al concepto en español le añadieron una preposición : arte de acción, por otro lado Gabriela Rangel  y   Maris Bustamante se refieren a  artes no objetuales o no-objetualismos partiendo, al menos en el caso de Maris Bustamante,  de la propuesta del teórico y crítico Juan Acha . Sharon Lerner  Rizo-Patrón y Jorge Villacorta Chávez,  quienes escriben el apartado sobre Lima, Perú, les llaman simplemente acciones o accionismos, sin adjetivos.  Las diferencias en cuanto a la conceptualización de estas expresiones artísticas no son una cuestión baladí, sino que, por el contrario, son el centro de una de las preocupaciones que recorren el libro entero: el énfasis en  deconstruir la historia única del arte, optando por armar las historias de cada país partiendo de sus características históricas, políticas y socioculturales particulares. Las estrategias de arte de acción surgieron en cada país por  motivos y en momentos diferentes,  por lo tanto  han tenido matices distintos. Claro,  existen vasos comunicantes, redes culturales que interconectan los distintos nodos de producción artística a nivel global , sin embargo  esto no torna homogénea la producción  y mucho menos se crea una dinámica de Centro-periferia, lo cual  presupondría  que las corrientes artísticas  de una región “periférica” son meros ecos de lo sucedido antes en el Centro. Incluso por cuestiones decoloníales “performance” no es lo mismo que “arte de acción” o “no-objetualismo”, diferenciar conceptualmente las distintas expresiones es, en el contexto de este libro, parte del esfuerzo colectivo de construir una historia regional pero no homogénea del arte reciente.

La exposición y el libro son un paso adelante en la   aun tímida, pero cada vez más importante corriente intelectual y  curatorial que busca recuperar la  importancia del arte no objetual de los últimos cincuenta años  a nivel global. Libros y exposiciones como El arte último del siglo XX: del posminimalismo a lo multicultural, de Anna María Guasch  (2000),  o Copiar el Edén, arte reciente en Chile dirigido por Gerardo Mosquera (2006) y  La era de la discrepancia. Arte y cultura visual en México 1968-1997 coordinado por Oliver Debroise y Cuauhtémoc Medina (2007), son algunos ejemplos de trabajos que buscan construir, con mayor o menor éxito,  historias de largo aliento en las que comienza a dibujarse el armazón de una historia del arte  no reducida al  mero reseñamiento de los grandes nombres sino que recupera también a artistas y corrientes menos conocidas, adoptando además   una perspectiva menos eurocéntrica.  En este sentido Arte Vida, contribuye  positivamente en el proceso,  tanto por lo ambicioso del proyecto, como  por su énfasis en el detalle: logra, en general, articular elementos macrohistóricos con acciones particulares, convirtiéndose en un referente básico de consulta para futuras investigaciones sobre el tema en la región, pues eso sí, queda mucho por hacer: construir estudios de caso es una tarea aun por realizarse.

III. Leer la historia, desde el arte

Para concluir habría que resaltar el verdadero potencial del texto (que he guardado, como en las buenas novelas policías, para el final)  el cual reside en el hecho de que supera, en su conjunto, la mera descripción historiográfica del arte, e incluso da pistas para hacer una historia social del arte, o una lectura, desde el arte de acción y las artes visuales, de la historia reciente de la región, algo que se ha hecho de manera más consistente y sistemática a desde la literatura, pero que  se ha explorado poco en el ámbito del estudio de las artes no clásicas. Arte Vida contiene una invitación explícita para reactivar la investigación, desde la historia y desde las ciencias sociales, del arte de acción, mostrando o insinuando el papel que ha tenido el arte en las dictaduras y las guerrillas, hasta su participación en las luchas de los migrantes y las minorías tanto sexuales como raciales. Los autores lo saben, el director del Museo del Barrio apunta  en el prefacio que el libro y la exposición son en realidad  una respuesta vital ante la existencia de  “un  público creciente y al aumento de estudios especializados sobre el tema”.

En suma, Arte ≠ Vida. Actions by artists of the Americas 1960-2000, es un documento fundamental para entender y estudiar al arte reciente de la región desde una perspectiva plural e incluyente, un libro que seguramente abrirá el paso para una primera revalorización de las acciones de arte y su importancia artística y política en la historia de la  América Latina, cuyos estudios de arte-no oficial  desde la perspectiva socio-histórica, caminan aun, como Papo Colo en su acción en Nueva York, arrastrando decenas de lastres que terminan derribando al cuerpo sano.

 


[1] 2009

[2] 2009-2010

[3] Directora de programas curatoriales del Museo del Barrio

 

Bibliografía:

(2008) Arte Vida. Actions by artists of the Americas 1960-2000. Edit. El Museo del Barrio, Nueva York, EUA.

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