Pacarina del Sur
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El Caribe, según Pedro Ureña Rib y Jean-Paul Duviols

Roberto Reyes Tarazona

RECIBIDO: 13-09-2016 APROBADO: 09-11-2016

 

El Caribe, título general del libro de Pedro Ureña y Jean-Paul Duviols, es un diccionario cuyo contenido se precisa en el subtítulo: Sus intelectuales, sus culturas, sus artistas, su historia, sus tradiciones populares (2014).

Sus autores son dos destacados intelectuales. Pedro Ureña Ribs es un lingüista e investigador dominicano, proveniente de una familia de intelectuales y artistas, entre cuyos miembros es necesario mencionar a Fernando Ureña Ribs, artista plástico de gran trayectoria internacional, recientemente fallecido y que estuvo entre nosotros para exponer una muestra individual en el año 2014.

Jean-Paul Duviols, coautor del libro es un pensador francés, especialista en literatura y estudios latinoamericanos, autor de diccionarios culturales sobre España, América Latina y América Latina, además de ser un reconocido académico en su país y en diversas universidades e instituciones europeas.

Ambos han unido esfuerzos y conocimientos para llevar a cabo un ambicioso trabajo de recopilación, ordenamiento y unificación de conceptos y definiciones en torno a un universo cultural rico y complejo, como es el Caribe. El resultado es un diccionario cultural, trabajo que demanda mucho más que una labor taxonómica.

En principio, sobre el tipo de diccionario ofrecido por estos dos intelectuales, en nuestro país encontramos diversos trabajos ejemplares. Por remitirnos a antecedentes de referencia obligados, mencionaremos el Diccionario histórico-geográfico del Perú, de Mariano Felipe Paz Soldán, publicado en 1877 y el Diccionario geográfico peruano, de Germán Stiglish, de 1922. Más cercanos, son dignos de tener en cuenta el Diccionario Enciclopédico del Perú, editado por Juan Mejía Baca en 1975 y el Diccionario Histórico y Biográfico del Perú, editado por  Carlos Milla Batres en 1986. En un ámbito de nivel regional o departamental, entre los muchos diccionarios escritos a lo largo del siglo veinte, es ejemplar el libro Loreto, apuntes geográficos, históricos, estadísticos, políticos, sociales, de Hildebrando Fuentes y el Diccionario Geográfico e Histórico de Cajamarca, de Carlos Burga Larrea, publicados en 1908 y 1983, respectivamente.

En un contexto extra nacional y propio de ese siglo, aunque con una concepción acorde con supuestos teóricos recientes, podemos mencionar al Diccionario de Estudios Culturales Latinoamericanos. Este diccionario responde a un enfoque multidisciplinar producto de la nueva perspectiva de acercamiento a la realidad social: los estudios culturales, en los que se conjugan fundamentos teóricos y prácticas metodológicas de las ciencias sociales, la filosofía y las humanidades.

El diccionario sobre el Caribe que comentamos, comparte gran parte de las características de los casos antes mencionados, aunque de una manera sui géneris. Por un lado, es un diccionario de lo que podríamos denominar “de autor”, es decir, producto de la concepción, conocimientos y visión del tema de sus creadores, gracias a su formación, experiencias personales y preocupación por un asunto que consideran trascendente; y, por otro lado, es un diccionario hasta cierto punto enciclopédico, el cual por lo general es realizado por  una institución o un equipo, o equipos, de especialistas.

En relación al tema, es decir, el Caribe, en general, no existe en nuestro medio un estudio que haya revelado en profundidad y de manera sistemática qué tanto se conoce acerca de un universo cultural tan cercano pero a la vez tan desconocido como es el Caribe. Por tanto, considerando solo la esfera intelectual y académica de la segunda mitad del siglo veinte, para reducir el ámbito social y temporal a una dimensión asequible, expondremos a manera de contextualización al contenido del diccionario algunas consideraciones de las ideas que han circulado en nuestro medio sobre el Caribe. Se trata de información básica, esbozos de datos a partir de acontecimientos evidentes, principalmente desprendidos de su tratamiento en los medios de comunicación masiva y de su difusión basada en productos editoriales

El mayor y más amplio nivel de conocimiento de los hechos relacionados con el Caribe proviene de la política. En este sentido, el principal suceso político fue la Revolución Cubana, que puso al Caribe en primera plana mundial durante más de dos décadas, rebasando en esta etapa el circuito de la prensa y de lo político para derivarse a otras esferas del quehacer social y cultural. El impacto de la Revolución Cubana fue de tal magnitud, que a partir de los años sesenta se constituirá en uno de los escenarios mundiales infaltables en cualquier balance de la historia contemporánea.

Otros hechos políticos acaecidos en el Caribe, que tuvieron una gran repercusión mundial, fueron las intervenciones del imperialismo norteamericano en Cuba (Bahía de Cochinos), República Dominicana, Granada, etc.; a estos sucesos se sumó el derrocamiento de dictadores, y otros hechos políticos que irradiaron interés continental.

Dejando aparte este nivel, para centrarnos en la historia social y cultural caribeña, para los estudiantes de ciencias sociales en los años sesenta era imprescindible la lectura y discusión de Los condenados de la tierra, libro del escritor martiniqués Franz Fanon. En el contexto de los años de las luchas por la descolonización de África y Asia, sus propuestas sobre la liberación colonial se articulaban con argumentos desprendidos de la historia de la esclavitud y de las condiciones de racismo y marginación étnica subsistentes, lo cual le daba un nuevo significado a la teoría marxista de las luchas antiimperialistas. A raíz de la lectura y discusión del libro de Fanon, se desprendió el interés por conocer qué era el movimiento de la negritud, cuáles eran sus fundamentos y propuestas, quiénes sus representantes, destacando entonces los nombres de Aimé Césaire, Leópold Sédar Senghor, entre los más renombrados intelectuales y poetas adscritos a este movimiento.

El 10 de marzo de 1962, Juan Bosch llegó por primera y única vez a Lima en el contexto de la campaña electoral para las elecciones presidenciales en nuestro país. Su breve estancia en nuestro medio atrajo la atención de los comentaristas políticos sobre la situación de su país y las circunstancias que se vivían por entonces en el Caribe en general. Para entonces, ya era una figura destacada a nivel continental, no solo por su producción literaria e intelectual, sino por su dedicación a la política, que le había deparado un prolongado exilio, el mismo que termina un año después de su arribo al Perú, cuando es elegido presidente de su país; aunque por un breve lapso, pues un golpe de Estado, auspiciado por Estados Unidos, lo sacaría del poder y lo arrojaría nuevamente al exilio.

Su producción creativa literaria para entonces ya contaba con reconocimiento continental, no obstante las dificultades y limitaciones para la difusión de libros de un país a otro. Realizando un registro en los principales repositorios bibliográficos, como el de la Biblioteca Nacional, La biblioteca de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la biblioteca de la Pontificia Universidad Católica, se encuentran algunos rastros de su paso dignos de tomar en cuenta.

En la Biblioteca Nacional, se cuenta con diecinueve títulos en torno a Juan Bosch, de los cales cuatro corresponden a temas literarios. El más antiguo es Dos pesos de agua, libro de cuentos publicado en La Habana en 1941; le sigue La muchacha de la Guaira, publicado en la editorial Nascimiento de Santiago de Chile, en 1955. Llama la atención que estos dos títulos hayan llegado a nuestro país, no obstante las limitaciones y dificultades para su circulación propios de la época. Posterior a la llegada de Juan Bosch en el Perú, se encuentra un cuento suyo en la Antología contemporánea del cuento hispanoamericano, selección y notas de Abelardo Gómez Benoit, lo cual se hará frecuente a medida que pasen los años. Lo destacable es que esta antología se haya publicado en el Perú, en una editorial de nombre sugestivo: Instituto Latinoamericano de Vinculación Cultural, en el año 1964.

Una década después, un intelectual dominicano, Pablo Mariñes, durante su estadía de año y medio en el Perú, dictó un curso sobre cultura caribeña a los alumnos de antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Durante el desarrollo de su cátedra, facilitó a los estudiantes acceso a material desconocido en nuestro medio sobre el tema, lo cual estimuló algunas investigaciones posteriores de los participantes de aquel seminario y tal vez decidió la vocación de alguno de ellos, como Ricardo Melga Bao, quien con el correr del tiempo se convertiría en una voz destacada en los estudios antropológicos latinoamericanos.

En el ámbito estrictamente literario, es inevitable referirse a la obra de Alejo Carpentier, principalmente por la amplia difusión que tuvo su narrativa, y, particularmente, respecto a cuestiones de arraigo caribeño, El reino de este mundo y El siglo de las luces. Estas novelas y otros relatos de tema similar, pusieron ante los ojos y la mente de los peruanos y latinoamericanos en general hechos de la historia de Haití, de la negritud, de las luchas por su independencia, además de la presencia de las creencias y prácticas relativas al vudú y otras expresiones de la cultura africana que, en el caso de nuestro país, rozaban o coincidían con las formas y expresiones propias de la cultura de los afro descendientes.

A partir de los años sesenta, la editorial de Casa de las Américas de Cuba, además de la revista del mismo nombre que acogía la producción ensayística y literaria de América Latina y el Caribe, empezó a revelar al público latinoamericano, ávido de conocimiento de la obra de escritores con los cuales compartía rasgos comunes pero que apenas conocía de nombre, o definitivamente eran desconocidos, libros de creación literaria caribeña, caracterizados por su originalidad y aliento. Antes de la gran labor editorial de esta institución, los escritores caribeños, aparte de las novelas y cuentos de algunos cubanos, difundidos principalmente gracias al interés que despertó en toda América Latina su revolución, eran escasamente conocidos en ella.

Los escritores caribeños más conocidos y apreciados por entonces eran los cubanos Alejo Carpentier y Nicolás Guillén. A ellos se podía sumar el dominicano Juan Bosch, quien aparecía en todas las antologías latinoamericanas del cuento. Otros autores eran publicados circunstancialmente en editoriales de países latinoamericanos. Algunos ejemplos: Puerto Limón, de Joaquín Gutiérrez y Mamita Yunai, de Carlos Luis Fallas, en Chile; Batuala, de René Marán y El curandero místico, de V. S. Naipaul, en Argentina; El hombre que trabajó el lunes, de Emilio Díaz Valcárcel y En un abrir y cerrar de ojos de Jacques Stephen Alexis, en México.

Estos y otros títulos más, aparecían de manera esporádica; en cambio, Casa de las Américas de Cuba, en su colección Literatura Latinoamericana, entre los años setenta y ochenta, entregó a la comunidad de lectores del continente numerosas obras de la literatura caribeña. De la larga lista, baste mencionar unos cuantos a manera de muestra: Las montañas jubilosas, de Roger Mais; Gobernadores del rocío, de Jacques Roumain; Midas negro, de Jan Carew; La isla mágica, de Rogelio Sinán; El vasto mar de los sargazos, de Jean Rhys; El lagarto, de Eduard Glissant; Cuentos del Caribe. Barbados, Guyana, Jamaica, Trinidad-Tobago, selección de Blanca Acosta, Samuel Goldberg e Ileana Sanz. Todos estos libros y muchos otros más apenas eran conocidos por referencias, en el mejor de los casos.

Dejando atrás estas consideraciones preliminares y antecedentes, que muestran el muy limitado conocimiento de la cultura caribeña en nuestro medio, el libro de Pedro Ureña Rib y Jean-Paul Duviols ofrece un panorama de un caudal imposible de asimilar y sistematizar en una sola aproximación. De los muchos temas y la diversidad de asuntos abordados en el Diccionario, es inevitable destacar y comentar algunos de ellos.

En los aspectos históricos y geográficos, campos esenciales del contenido de muchos diccionarios culturales, el conocimiento del Caribe en nuestro medio es, al menos en sus líneas generales, más consistente en lo histórico, en tanto que desde el nivel escolar se sabe que Colón llegó a las islas de esta región, donde existían diversas etnias nativas. En estas islas se fundaron las primeras ciudades y se establecieron las primeras colonias españolas.

En torno a este hecho, se desprenden las más llamativas peripecias de los conquistadores españoles. Así, lo ofrecido por el diccionario amplía y precisa el conocimiento de lo que se ha dado en llamar el descubrimiento de América; acontecimiento familiar para nosotros en mayor o menor medida.

De igual manera, respecto al desenvolvimiento de la piratería y el filibusterismo de los siglos inmediatos, fenómeno del que no estuvimos ajenos en el virreinato, pero que ha sido aureolado y distorsionado por la leyenda y la ficción en múltiples formas, en el diccionario se ofrecen datos y referencias precisas que permiten distinguir la realidad de la ficción.

Curiosamente, a medida que avanzan los siglos, el conocimiento de la historia de los países y territorios que conforman el Caribe se nos hace más difuso. Una de las principales razones es que, mientras dura el virreinato entre nosotros, la región en su conjunto va a sufrir la acción colonialista de Inglaterra, Francia, Holanda y, por supuesto, España, dando lugar a cambios de posesión y organizaciones políticas de las más diversas formas.

En el diccionario, el principal recurso para acercarse al complejo entramado de cambios y acciones políticas, se encuentra en los apartados referidos a la reseña de los países del área, cuyo contenido incluye siempre los hechos y acciones históricas que dieron lugar a su formación como estado. Convergen a estas reseñas históricas las biografías de destacados personajes, no necesariamente ejemplares. Aquí, nuevamente, salen a la luz actores políticos familiares incluso para los lectores no especializados en temas políticos internacionales. Entre ellos se cuenta a Jacobo Arbenz, Juan Bosch, Francois Duvalier, Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara, Sandino, Anastasio Somoza, Rafael Trujillo, y muchas figuras políticas más.

En el aspecto geográfico, el diccionario de Ureña y Duviols revela la extraordinaria variedad de espacios que constituyen el Caribe, con seguridad conocidos por muy pocas personas en nuestro medio. Resultan muy útiles para los no iniciados, la distinción entre el Caribe y las Antillas, que por lo general son tratados como sinónimos. Asimismo, de manera didáctica, se exponen las conformaciones dentro de esta última: las islas  Lucayas y Bahamas, las Antillas Mayores y las Antillas Menores; y, por si fuera poco, las islas de Barlovento y las Islas de Sotavento. En total, suman una inmensa cantidad de islas, independientes, o integrantes de los países que constituyen estos conglomerados.

Semejante complejidad explica en gran medida también la extraordinaria cantidad de expresiones culturales que se van registrando a lo largo del libro, producto de la relación entre los grupos étnicos nativos, los descendientes de esclavos provenientes de distintas regiones del África y la población europea y mestiza, en un proceso de diferenciación, hostilidad o sincretismo incesantes. Por mencionar algunos casos, desfilan los casos de los siboney, los arahuaco, los gabilis, los kuna, los palikurs, los taínos, los garífunas, los miskitos, etc.

De esta gran variedad de grupos sociales, se desprende una inagotable riqueza de expresiones en algunos ítems culturales, como por ejemplo la gastronomía, los carnavales, el cine; además de la diversidad de creencias, prácticas y deidades en torno a lo sobrenatural, como la del vudú y la santería, las más conocidas; a las cuales se suma la creencia en las ciguapas, los galipotes, el hounsi, ochún, ogún, etc. Obviamente, este es uno de los puntos más subyugantes para los lectores ávidos del conocimiento de lo distinto, de lo diferente.

Semejante riqueza, explica de alguna manera la gran cantidad de destacados etnólogos, antropólogos y científicos sociales en general que se registran en el diccionario, a diferencia de lo que se puede encontrar en los diccionarios de nuestro país, en el cual sobreabundan los hombres de leyes, que además de la política incursionan en otras expresiones intelectuales, como la historia, el periodismo y el ensayo social. Además, los intelectuales caribeños, por lo que se puede leer, son muy proclives a incursionar en la creación literaria, produciendo obras que, de acuerdo a lo reseñado por los autores del diccionario, ofrecen mundos narrativos de gran originalidad e interés, lamentablemente desconocidos en nuestro medio.

Otro rasgo digno de mención es la alternativa adoptada por los autores del libro de incorporar en su trabajo tanto a expresiones de ritmos musicales del pasado y del presente, así como a compositores e intérpretes de música popular. Así podemos encontrar espacios dedicados al areíto, al bolero, a la bachata, al calypso, al cha-cha-cha, al danzón, a la cumbia, etc., y a Beny Moré, Rubén Blades, Celia Cruz, Willy Chirino, Xavier Cugat, Mongo Santa María, Rolando Laserie, entre muchos otros músicos e intérpretes.

La literatura y sus exponentes, constituyen un componente fundamental en el diccionario, a tal punto que merecen un tratado aparte. Solo así se podría dar una idea aproximada de los cuantiosos méritos artísticos y creativos de los escritores caribeños menos conocidos por nuestros lectores, quienes tal vez así se verían estimulados a conocer tan rica producción literaria.

A manera de conclusión, teniendo en cuenta los esfuerzos de integración producidos en todo el mundo, en los cuales los países del Caribe juegan un papel central, es válido señalar que, si bien para alcanzar una efectiva integración se requiere solucionar cuestiones medulares como la independencia, la democracia y la identidad y, sobre todo, la cooperación económica, a menudo se descuida un elemento primordial: la cultura, entendida esta en su acepción primigenia y esencial, que demanda una inmersión en la memoria de los pueblos, en sus expresiones más altas, en sus tradiciones originarias, en sus representantes más connotados, tal cual se encuentra en el diccionario sobre el Caribe, el excelente libro de Pedro Ureña Rib y Jean-Paul Duviols.

 

Bibliografía:

  • Alexis, Jacques Stephen (1957). Mi compadre el general sol. Buenos Aires: Lautaro.
  • Burga, Larrea, Carlos (1983). Diccionario geográfico e histórico de Cajamarca. Lima: SAGSA.
  • Carew, Jan (1982). Midas negro. La Habana: Casa de las Américas.
  • Carpentier, Alejo (1967). El siglo de las luces. Buenos Aires: Editorial Galerna.
  • Carpentier, Alejo (1972). Los pasos perdidos. Barcelona: Barral Editores.
  • Díaz Varcárcel, Emilio (1966). El hombre que trabajó el lunes. México: Era.
  • Fallas, Carlos Luis (1972). Mamita Yunai. Santiago de Chile: Quimantú.
  • Glissant, Eduard (1980). El lagarto. La Habana: Editorial Arte y Literatura.
  • Gutiérrez, Joaquín (1950). Puerto Limón. Santiago de Chile: Nascimiento.
  • Fuentes, Hildebrando (1908). Loreto, apuntes geográficos, históricos, estadísticos, políticos, sociales. Lima.
  • Lindo, Hugo (1955). Guaro y champaña. El Salvador: Ministerio de Cultura Departamento Editorial.
  • Marán, René (1945). Batuala. Buenos Aires: Ediciones Siglo Veinte.
  • Mejía baca, Juan (1975). Diccionario enciclopédico del Perú. Lima: Editorial Juan Mejía Baca.
  • Milla Bares, Carlos (1986). Diccionario histórico y biográfico del Perú. Lima: Editorial Milla Batres.
  • Naipaul, V. S. (1965). El curandero místico. Buenos Aires: Compañía General Fabril Editora.
  • Otero, Lisandro (1974). En ciudad semejante. Buenos Aires: Ediciones de Crisis.
  • Paz Soldán, Mariano Felipe (1877). Diccionario histórico-geográfico del Perú. Lima: Imprenta del Estado.
  • Rhys, Jean (1981). El vasto mar de los sargazos. La Habana: Casa de las Américas.
  • Roumain, Jacques (1971). Gobernadores del rocío. La Habana: Casa de las Américas.
  • Salarrué (s/f). Cuentos de barro. Lima: Editora Latinoamericana.
  • Sinán, Rogelio (1985).  La isla mágica. La Habana: Casa de las Américas.
  • Stiglish, Germán (1922). Diccionario geográfico peruano. Lima: Imprenta Torres Aguirre.
  • Ureña Rib, Pedro y Jean-Paul Duviols (2014). El Caribe. Sus intelectuales, sus culturas, sus artistas, su historia, sus tradiciones populares. Santo Domingo, República Dominicana: Editorial Santuario.
  • Varios (1977). Cuentos del Caribe. Barbados, Guyana, Jamaica, Trinidad-Tobago, selección de Blanca Acosta, Samuel Goldberg e Ileana Sanz. La Habana: Casa de las Américas.

 

Cómo citar este artículo:

REYES TARAZONA, Roberto, (2017) “El Caribe, según Pedro Ureña Rib y Jean-Paul Duviols”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 32, julio-septiembre, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 17 de Noviembre de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1528&catid=12

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