Pacarina del Sur
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La nostalgia de los migrantes
Reseña del libro Economía política de la nostalgia: un estudio sobre la transformación del paisaje urbano en la migración transnacional entre México y Estados Unidos de Shinji Hirai
[1]

La migración está cambiando el paisaje de distintas ciudades del mundo enuncia Shinji Hirai al inicio de su libro. Esta afirmación nos obliga a pensar en las múltiples redes y conexiones que existen entre las migraciones, el desarrollo de las urbes y los imaginarios que han acompañado a estos desplazamientos y transformaciones del espacio.

Palabras clave: migración, Shinji Hirai, México, Estados Unidos

 

La migración está cambiando el paisaje de distintas ciudades del mundo enuncia Shinji Hirai al inicio de su libro. Esta afirmación nos obliga a pensar en las múltiples redes y conexiones que existen entre las migraciones, el desarrollo de las urbes y los imaginarios  que han acompañado a estos desplazamientos y transformaciones del espacio.  Si volteamos la mirada en la historia, para el caso mexicano pero también aplicable a otras regiones continentales,  la emigración del campo a la ciudad promovida por la precarización del agro y el pujante y emergente desarrollo industrial en las urbes permitió consolidar el papel central  y hegemónico de las ciudades a nivel nacional y micro-regional, no sólo en cuanto a las funciones políticas, económicas y productivas que condensaban, sino también, dentro de la construcción de imágenes e imaginarios. Las ciudades en mayúsculas se capitalizaron como destinos deseables, en tanto ofrecían oportunidades de trabajo y movilidad social únicas; también en ellas se podía encontrar una extensa oferta de productos y bienes de consumo, institutos e instituciones de educación  e  industrias culturales. Cuando el boom de pujanza económica y laboral frenó, la migración interna se comenzó a orientar hacia otras coordenadas urbanas en el extranjero, de manera particular hacia los Estados Unidos.

En este último país, la presencia de migrantes provenientes de diferentes coordenadas geográficas y culturales complejizó la heterogeneidad cultural, étnica y racial de sus ciudades, no solamente a través de su recomposición demográfica y la inserción de los migrantes y sus descendientes en las distintas esferas de la vida social, económica y política. También de manera fundamental por la reproducción de prácticas y bienes culturales de sus lugares de origen, los cuales también circulan y se recrean en los lugares de destino. En la medida de que la revolución tecnológica en los medios de comunicación y transporte intensificó y abarató la circulación de flujos de bienes, ideas y personas, permitió que los migrantes y sus descendientes reforzaran a través de ellas, los vínculos sociales y simbólicos que los conectan con sus comunidades de origen. Cuando estos flujos por su intensificación y densidad, construyen un entramado complejo de redes de  relaciones sociales, económicas y políticas multilineales que conectan, conjuntan y recrean a una comunidad  dispersa entre múltiples espacios  localizados en al menos dos Estados-nación, se les califica de acuerdo a la definición de Glick Schiller et al. como transnacionales.  Este tipo de vínculos,  nos permiten observar que si bien inevitablemente se produce una incorporación a la sociedad receptora, ésta no debilita la participación ni la pertenencia a la sociedad de origen, pues los migrantes no rompen, sólo redefinen sus ataduras[3]. Por lo tanto, se pueden mantener relaciones sociales estrechas con el terruño y sentirse a la vez parte del país receptor.


En este marco de aparente achicamiento de las distancias ¿por qué hay nostalgia a pesar de vivir en un mundo transnacional?,[4] el autor responde esta pregunta a través de la idea de nostalgia entendida no solamente como subjetividad sensible, sino también, como parte de una economía política.

La nostalgia toma ese cariz al ser utilizada como recurso económico, capital social y cultural, instrumento político y motor para la construcción y fortalecimiento de las conexiones transnacionales tanto por actores en el país receptor como en el lugar de origen[5].

Inspirado en las tres dimensiones del espacio concebidas por Lefebvre: el espacio experimentado, el percibido y el imaginado. En su estudio Hirai, siguió la imagen del Jalostotitlán, un municipio en los Altos de Jalisco, a través su análisis como espacio imaginario, simbólico y físico.  Al respecto, explica que el terruño imaginario representa la imagen mental de Jalostotitlán, es decir el Jalos[6] que se imagina y recrea mentalmente a través de los recuerdos. Este espacio imaginario es el alimento que nutre las nostalgias e idealizaciones sobre el terruño, las cuales están orientadas de manera importante por las coordenadas de edad y género. Para los hombres jóvenes migrantes y aún sus descendientes, Jalos representa un lugar mitificado a través de la valoración positiva sobre la belleza particular de sus mujeres y la posibilidad de infringir distintas reglas de orden urbano. De maneras particulares aquellas relacionadas a la organización de las fiestas, el consumo del alcohol y la música en altos decibeles, los cuales son altamente sancionados en los Estados Unidos.

Jalos representa el lugar idóneo para buscar esposa pues se piensa que las mujeres jalostotitlenses preservan la concepción tradicional sobre el matrimonio y los roles de género. En correspondencia, las mujeres del terruño también se sienten más atraídas por los hombres  migrantes, lo cual nos lleva a preguntarnos si esto podría  llegar  a motivar algunos hombres jóvenes a migrar en busca de volverse también ellos más atractivos hacia las mujeres. Pierre Bourdieu, en su libro El baile de los solteros documenta la condición de soltería entre los campesinos primogénitos y la ironía que les juega el destino. A pesar de ser ellos los “privilegiados”  sobre la herencia de la tierra y los bienes familiares, este destino los perfila a la soltería pues se vuelven menos atractivos que sus demás hermanos que migraron y se dedicaron a los oficios urbanos y cuentan con mayor poder adquisitivo e ideas que traen de la ciudad, las cuales son altamente valoradas.

Jalostotitlán también permite volver a ser hombre, recuperar la masculinidad perdida y disminuida por las normas de equidad de género, la incorporación de sus esposas e hijas al ámbito laboral, así como el marco jurídico que avala estos derechos en los Estados Unidos. Muchos hombres esperan el retorno anual a México para “desquitarse” de las prohibiciones que se aplican sobre su masculinidad el resto del año. Las mujeres perciben que los hombres cambian de acuerdo del lado de la frontera en que se encuentran.   Una manera en que se exacerba esta reconquista de la masculinidad es a través del atuendo ranchero, pues al llegar a Jalostotitlán, “los hombres se disfrazan de rancheros”. Este atuendo representa un “disfraz” que se usa únicamente durante las actividades recreativas en el tiempo de ocio pues no forma parte de su cotidianidad ni tampoco lo usarían en otros contextos, sin embargo en Jalos se porta con orgullo pues lo ranchero les permite hipermasculinizarse.

Para los hombres jubilados de la tercera edad, permanecer en los Estados Unidos los lleva a una vejez solitaria. La mayoría de ellos nunca aprendió inglés, por lo que las barreras del idioma les impiden participar de las actividades y espacios de recreación para personas de la tercera edad en dicho país. En Jalostotitlán en cambio se siente revalorizados pues aún juegan un papel social asociado al respeto que se tiene sobre la edad, así como pueden participar activamente de múltiples actividades en el espacio público.

Para los migrantes es a través del retorno que pueden percibir y hacer público el cambio en su estatus social y económico por medio de su alta capacidad de consumo y  los bienes, información y estilos de vida que traen de vuelta.

Se puede observar que la idealización y el deseo de retorno a Jalostotitlán es más fuerte entre los hombres que entre las mujeres. Regresar al terruño, aún temporalmente para las mujeres representa volver a los viejos patrones de desigualdad de género, sufrir nuevamente de violencia física, de la alcoholización de sus esposos y del inevitable encierro en casa. Para las mujeres su “vejez dorada” está en los Estados Unidos, dónde pueden gozar de mayores libertades, pero también dónde se encuentran sus hijos y nietos a quienes idealizan cuidar en la vejez. Esto explica el porqué la mayoría de los migrantes que regresan anualmente son hombres  jóvenes solteros o adultos mayores jubilados.

Debido a que el terruño imaginario no puede ser transmitido por sí mismo, tiene que pasar al nivel de representación para ser visible[7] y comunicado. Los objetos materiales relacionados al terruño sirven a este propósito: pinturas, grabaciones de los sonidos cotidianos, libros y canciones dedicadas e inspiradas en él, venta de productos locales, fotografías y videos, entre otros.  Estas imágenes no hacen sino alimentar las nostalgias y sentimientos  sobre el lugar de origen y hacer del consumo de la nostalgia un fenómeno colectivo.

Hirai apunta cómo lo imaginario delinea las representaciones simbólicas de Jalostotitlán así como modela el terruño como espacio físico a fin de hacerlo correspondiente al Jalos imaginario. La  distancia con el terruño se da en términos geográficos pero también temporales, pues la mayoría de los migrantes dejó la comunidad cuando esta todavía era campesina. El paisaje de Jalostotitlán cambió  por la disminución de la actividad agrícola y pecuaria, la venta y reparto de las tierras, la urbanización, la emergencia de otros sectores económicos y la propia migración.

En la actualidad Jalostotitlán es una ciudad a pesar de que románticamente los migrantes la sigan pensando en términos de un pueblo. En la medida que se ha romantizado las imágenes sobre la  vida rural y  estas no corresponden al Jalostotitlán contemporáneo, han proliferado distintos negocios y servicios que buscan satisfacer esta nostalgia por el campo. En este proceso, se observa un reestreno del pueblo, una neo-ruralización que no restaura el Jalostotitlán rural del pasado, sino las imágenes románticas que se han construido en los imaginarios colectivos. Cuando comenzó el auge de la migración hacia Estados Unidos, el rancho era visto como un espacio de atraso, en cambo el norte era como un espacio de progreso. Sin embargo, en el proceso migratorio […] [en la actualidad se observa que] los migrantes [desplazaron] el significado del campo y del norte.[8]

La nostalgia colectivizada hacia el terruño es utilizada por distintos actores como capital social para vincular a los migrantes con su comunidad de origen.  La Virgen de Asunción, santa patrona de Jalostotitlán, es el vínculo más fuerte bajo el cual se articula a la comunidad. Debido a que muchos migrantes  no podían regresar a las fiestas patronales, se ingenió que la virgen fuera hasta ellos. En la actualidad existen varias replicas de la Virgen de Asunción: dos de ellas, fueron bautizadas como “las peregrinas” pues circulan todos los años entre los hogares de los migrantes jalostotitlenses de la ciudad de Guadalajara y de los Estados Unidos respectivamente. Cuatro replicas permanecen de manera permanente en California. A la primera de ellas  se le llama cariñosamente “la virgen indocumentada”, pues al igual que muchos  migrantes, cruzó sin papeles.

Otra medida importante de capitalización religiosa fue el establecimiento del Día de los ausentes el cual se celebra el 16 de agosto de cada año. Esta celebración se superpone al inicio de las fiestas patronales en honor a la Virgen de Asunción. La creación de un día de los ausentes enmarcado en las fiestas patronales evidencia una estrategia de readaptación del ritual con el fin de vincular a los migrantes con la iglesia católica de su comunidad de origen. El reconocimiento que da la iglesia hacia de los migrantes jalostotitlenses como ausentes permite que la adscripción religiosa se convierta también en un vehículo de reconocimiento comunitario.  En este proceso la iglesia local obtiene un doble beneficio: por un lado cohesiona el tejido religioso a fin de evitar las posibles porosidades por las cuales penetre o se refuercen otras religiones. Lo que no es un asunto menor pues se ha observado que los migrantes son potenciales agentes para el cambio de orientación religiosa en las comunidades. Por otro lado, la iglesia local logra capitalizarse a través de las contribuciones económicas que donan los migrantes y sus familias.

Las iglesias en los Estados Unidos también intentan captar a los migrantes a través de la incorporación de la Virgen de Asunción a la capilla local y de la colaboración parroquial en la celebración litúrgica de sus festividades.

En la dimensión económica, los migrantes juegan un papel decisivo no solamente a través del envío de las remesas o la puesta en marcha de proyectos productivos de inversión conjunta de capitales entre los migrantes y los  niveles municipal y estatal de gobierno[9]. El retorno regular de migrantes y su alta capacidad de consumo de servicios y de productos típicos también permite dinamizar las economías locales. Un impulso adicional sobre la economía jalostotitlense se ha dado a través de la promoción turística de Jalostotitlán dentro de la ruta cristera aprovechando la vecindad con el santuario de santo Toribio Romo, protector de los migrantes indocumentados, el cual es visitado cada fin de semana por al menos 5,000 peregrinos. El turismo religioso permite buscar el flujo de turistas en cualquier situación, dado que en los momentos difíciles la gente va a los santuarios a pedir la solución de problemas y preocupaciones, y cuando no hay problemas […] viajan para dar gracias a los santos y a la virgen. [10] La afluencia constante de peregrinos ha permitido que prolifere el comercio local creando entre los habitantes fuentes de trabajo alternativo a la ganadería, la agricultura y la migración.

El deseo de consumo de los migrantes de productos típicos también permite el florecimiento en Estados Unidos de distintos negocios dedicados a satisfacer estas nostalgias, como el Northgate Gonzalez Market, una fecunda cadena de supermercados fundada en 1980 por una familia de jalostotitlenses o el Xalos Bar.

El carácter transnacional también se refuerza por medio de las actividades filantrópicas de los clubes sociales de oriundos y la Fundación Jalostotitlán, a través de la inversión directa en infraestructura o de apoyos económicos a adultos mayores, familias de escasos recursos, niños enfermos y con “capacidades diferentes”.

En este aparente clima de bonanza, aparecen nuevas formas de desigualdad social, en tanto, una economía de remesas […] exacerba las desigualdades al “dolarizar” la economía local […] acentuando las diferencias de clase dependiendo de si se tiene o no a un [familiar] migrante y cuánto gana y envía.[11] Esta nueva reconfiguración hace emerger una burguesía de las remesas y una  clase baja transnacional compuesta por aquellos que no recibe remesas ni tienen los medios suficientes para sustentar el viaje para migrar, pero deben comprar en una economía local dolarizada a pesar de ganar en pesos. [12] Ante este escenario, los pobres se han ido replegando cada vez más a la periferia de la ciudad. Esta invisibilidad  de la pobreza, lleva a muchos migrantes a cuestionar como innecesarios los incentivos económicos que otorga la Fundación Jalostotitlán, pues para ellos en Jalos la migración acabó hace tiempo con la pobreza.

Es a través de estas múltiples dimensiones que Shinji Hirai aborda de manera holística las conexiones transnacionales entre Jalostotitlán y los distintos enclaves de jalostotitlenses en los Estados Unidos por medio del uso de la nostalgia como una economía política. La cual se expande a través del espacio pero también en términos generacionales, pues la nostalgia la viven y heredan los descendientes que aún sin conocer el terruño se enlazan a él a través de la memoria de sus padres y las imágenes e imaginarios del terruño de los cuales ellos también participan.  Sólo nos resta celebrar la aparición de este libro.

 


Notas:

[1] Investigador del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social, Unidad Noreste.

[2] Antropóloga Social egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia,  correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[3] Itzigsohn y Gorguili, 2002

[4] Hirai, 2009:31

[5] Ibid., p. 45

[6] apócope de Jalostotitlán

[7] Ibid., p.100

[8] Ibid., p.162

[9] Los Programas 2x1 y 3x1 impulsados por el gobierno mexicano, en el cual para el primer caso, por cada dólar invertido por los migrantes, el gobierno federal invertiría otro. En el caso del Plan de Desarrollo 3x1, por cada dólar, el gobierno estatal invertiría uno y el federal el segundo.

[10] Hirai, op. cit., p.259

[11] Castañeda 1996 citado en Smith, 2006: 73

[12] Smith, op. cit, p.73

 

Bibliografía:

BOURDIEU, Pierre. 2004, El baile de los solteros: la crisis de la sociedad campesina en el Bearne. Colección argumentos, Barcelona: Editorial Anagrama.

GLICK SCHILLER, Nina; Linda Basch y Cristina Blanc-Szanton. 1992, “Transnationalism: A new analytic Framework for Understanding Migration”, en Towards a transnacional perspective on Migration, Annals of The New York of Sciences, vol. 645, pp. 1- 21.

HIRAI, Shinji. 2009, Economía política de la nostalgia: un estudio sobre la transformación del paisaje urbano en la migración transnacional entre México y Estados Unidos. México, D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa.

ITZIGSOHN, José y Silvia Gorguili Saucedo. 2002. “Immigrant incorporation and sociocultural transnationalism”, en International Migration Review vol.36 no.3, Estados Unidos de América, pp. 766-798.

SMITH, Robert. 2006, México en Nueva York. Vidas transnacionales de los migrantes mexicanos entre Puebla y Nueva York, México: UAZ-Miguel Ángel Porrúa.

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