Pacarina del Sur
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Reseña crítica sobre Urania[1]

 

Daniel Sillitoe, un geógrafo francés, cuya infancia estuvo marcada (como la del propio autor Le Clézio) por la invasión alemana, y la falta de un papá, llega a Tecaltepec, México, con la intención de hacer un mapeo de los suelos del lugar. Pero este viaje, es una metáfora de un viaje emocional más intenso a través de las propias ilusiones perdidas. Sillitoe llega al Emporio, que es un centro de investigación y convive con intelectuales insoportables de varias partes de América Latina; esto se puede interpretar como una crítica ácida a esos intelectuales, aunque cargada a los antropólogos. Este grupo de investigadores, antropólogos e historiadores, para decirlo a grandes rasgos, han perdido la inocencia que tanto valora Daniel en los indígenas y en los niños. Algunos de estos investigadores viven en casas muy lujosas, muchas veces aparentando cosas que no son (como su gusto por lo rural pero viviendo con lujos) y tienen intereses mezquinos por adueñarse de la dirección del Emporio.


La novela está cargada de un sentimiento utópico. Por ejemplo, el ya mencionado “Emporio” con su sueño internacionalista, pero que es destruido por el interés del dinero y la fuerza. Pero también está la utopía de Lilí (la trabajadora sexual), quien escapa del Terrible, su proxeneta. Este es uno de los aciertos de la novela, hay un equilibrio entre la utopía y el pesimismo (la realidad), aunque deja al final una inspiración y un deseo de libertad. Influido por la Utopía de Tomás Moro, en Urania, Le Clézio pone a la infancia como el principal terreno de la utopía.

El personaje Daniel se encuentra con un personaje que será fundamental a lo largo de la novela: Raphäel, un joven que habita en una especie de granja y donde los que viven ahí, llevan una vida utópica donde lo que se busca, es estar en contacto con la verdad, ni más ni menos. Que aunque suene poco, es mucho. La verdad es un mundo invisible, pero para alcanzarla nos podemos valer quizá por la utopía, es decir, ver a ésta no como algo irrealizable sino como un horizonte que nos sirva para andar, para caminar siempre hacia adelante.

A la par de esta historia, se va contando cómo vive la gente pobre y la avidez de los adinerados; los que trabajan en la recolección de las fresas (hasta niños) que se venderán en el extranjero, los poderosos que especulan con los terrenos (aprovechándose de la necesidad de los Paracaidistas), de la prostitución y el tema de la migración al norte.


Por lo menos en la primera lectura, la novela Urania, deja una impresión de estar homenajeando o recreando ciertos pasajes de la obra de Juan Rulfo. Aunque con el elemento de que se está contando la historia del viaje de un extranjero por México. Y es aquí donde destaca la insistencia en la presencia del otro. La necesidad de encontrar el camino hacia el otro. Se nota que el autor, Le Clézio ha convivido con indígenas. Es claro su intento de compenetrarse con el sufrimiento ajeno, y en ese sentido, no parece haber engaño. Por otro lado, no tiene un discurso militante, de hecho cunado se narran los pasajes del revolucionario salvadoreño y sus graves contradicciones, se pone de manifiesto su aversión a ciertos estereotipos de izquierda. Aunque puede resultar un poco chocante su aire paternal y redencionista con el personaje de Lilí, o su visión nostálgica de la inocencia de la infancia. Pero cabe aclarar que tiene una vocación de niñez, pero no “infantil”.

Existen asimismo, elementos de la vida real que están novelados, por ejemplo el historiador Luis González (a quien Le Clézio le dedica el libro) fundó el Colegio de Michoacán (COLMICH) en los años setenta y es uno de los representantes de la corriente histórica de la “microhistoria”. Seguramente, el Emporio podría ser una metáfora del COLMICH y Don Tomás, estar inspirado en González.


Además de cultura mexicana y un poco de la latinoamericana, Urania tiene guiños a la cultura griega. El más claro ejemplo es el título de la propia novela, Urania, quien representa la Astronomía y la Astrología y es la menor de las musas, y que casi siempre se representa en azul, que es el color del cielo. El Emporio es como un Ateneo, pero con influencias jesuitas. En el plano literario, la novela es muy buena; pero en el ideológico, es muy compleja: nos encontramos con dudas, contradicciones. Que no son resueltas, pero que quizá sea mejor así. Le Clézio, nos muestra un interés y preocupación por las culturas indígenas, por el respeto a sus derechos. Pero como se discutió en clase, de nueva cuenta, hasta que punto se sigue reproduciendo cierta colonialidad del saber cuando son los intelectuales (además europeos), los que “valoran” y “rescatan” a las culturas indígenas. ¿No es acaso, la historia de los subalternos la que interesa que se cuente, pero por ellos mismos?, ¿Es válida esta crítica?; ¿Por ser europeo e intelectual deja de tener peso, de tener certeza la postura de la revalorización de lo indígena?, ¿Se necesita una narración desde lo subalterno para que tenga mayor validez (¿para quién o para qué)?

Le Clézio advierte sobre la alienación del hombre en la sociedad contemporánea, y para él lo fundamental y lo que busca, a nuestro parecer, es un deber ser, es decir, el cómo debe ser una armonía entre el hombre y el mundo, así en general. Existe en el personaje Daniel un amor por el agua, el cielo, el sol, la tierra… es decir, la naturaleza. La igualdad entre los hombres, como valor universal es lo que guía a nuestro autor. Es una manera de entender los efectos negativos de la globalización, centrada en la desigualdad, en la injusticia, el maltrato y en el abuso que cae sobre los indígenas, sobre las mujeres, los niños, los que son víctimas y que son subalternos. En la novela, la ciudad, los hacendados, los nuevos ricos, su música a todo volumen y por otro lado los subalternos de siempre, los que tienen que hacer trabajos pesados como destruirse las manos con el ácido de las fresas al recolectarlas, o removiendo las montañas de desperdicio buscando encontrar algo para vender. Esto es quizá un cliché, la mirada del europeo con conciencia sobre América Latina, aunque la visión no deja de ser cierta.

Investigando acerca de la biografía de Le Clézio, se ve que en alguna medida la novela tiene tintes autobiográficos, como las ya mencionadas del Colegio de Michoacán, además de que el autor también dejó de ver a su padre en la Segunda Guerra Mundial; se crio con su madre y su abuela, con quienes aprendió a escribir, y que viajó a México, convivió con indígenas durante años en Panamá. Vivió un tiempo en Michoacán y cursó un doctorado sobre la historia antigua de México. Para él, la lengua hace posible compartirlo todo. Además, escribió ensayos de divulgación sobre las culturas prehispánicas.

La ruta que el personaje Daniel va haciendo para su investigación en Tepalcatepec, puede ser vista también como una metáfora del conocimiento de sí mismo, de un conocimiento interno. De una realidad aparte. En muchos sentidos es un viaje de iniciación, parecido a una road movie. En la que a la vez no se sabe si el personaje está buscando o huyendo de algo. Pero ante las ilusiones perdidas, la pulsión de la utopía se mantiene porque es noble, es humana y busca la igualdad. Pero no es una tarea sencilla, porque pareciera que lo que nos dice Le Clézio es que en esta época de multiculturalismo, muchos son, como Daniel, extranjeros y todo lo que eso conlleva.

La extranjería y el viaje de exploración interior, de antropólogo sui generis que pone énfasis en saber y escuchar lo que las culturas subalternas tienen que decir, lo que las culturas dominantes –de donde él proviene– subyugaron, y no han dejado escuchar). Es aquí donde resalta la importancia del idioma “Elmen”, el cual es una lengua hecha de muchas otras. Pues en Campos, conviven personajes desterrados de varias partes del mundo. Y que esta lengua, tiene que ver con la niñez, pues se supone que todos hablaríamos esa lengua en una infancia antigua. He aquí una muestra de la mirada utópica de Le Clézio y de su visión de la multiculturalidad posible.


¿Quién soy yo?, puede ser que así se resuma esta novela. La introspección autobiográfica. En la compenetración esencial con cosmogonías indígenas, Daniel y con él Le Clézio, parecen decirnos que conocer al otro es la única forma de conocerse a sí mismo. El autor, trascribe y enjuicia, de alguna manera, al mundo. Pero resulta complejo por las diferentes formas en que escribe: el texto de la historia de Raphäel, el discurso de Dalia, la conferencia del propio Daniel, son diferentes registros y pareciera que son varios los escritores. Son historias dentro de historias. Se puede ver a la escritura como catarsis, pues nos transmite impulsos y sensaciones. Con la narración de Daniel, tenemos una observación aguda de la realidad que se transforma en descripción, y donde finalmente se confronta a sí mismo. Lo que está intentando es construirse una identidad a través del lenguaje y del viaje. Urania, podría pasar como un libro de viaje, en donde el extranjero se enfrenta a paisajes exóticos, pero donde se tiene la finalidad de conquistar la consciencia de uno mismo. También, hasta cierto punto, puede ser vista como una crítica a la sociedad de consumo. Existe también una visión de la sociedad contemporánea como opresiva. Pero como resistiendo, el personaje Daniel, no deambula tanto por la geografía física, sino más bien por la geografía humana, como ya se ha mencionado, es una búsqueda de sí mismo. Y pareciera que se encuentra, pero en el lenguaje, pues es verbalizando donde se puede saber quién es uno.


¿Se puede considerar a Le Clézio como un investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante, es decir, de los subalternos?, ¿Hay ingenuidad, simplismo y concesiones al mito del buen salvaje en su descripción de ciertos rasgos de los indígenas?, ¿Hay candidez, antiintelectualismo, prejuicios morales: el campo inocente y la ciudad corrupta; el civilizado rapaz y el buen salvaje? Registra la belleza y vitalidad del campo y los indígenas, pero nos cuenta poco de los conflictos, ¿será que por eso es una utopía, porque no tiene defectos? Lo que es seguro es que como conoce profundamente y estima lo que llamamos subalterno, sabe de lo que habla cuando se refiere al ninguneo y desprecio de lo Otro. Y esto nos obliga a reflexionar sobre la falta de compromiso con la realidad que Le Clézio, nos muestra en esta novela.

 


[1] URANIA (Ourania, 2006), de Jean-Marie Gustave Le Clézio, trad. de Ariel Dilon, Cuenco de Plata, Argentina, 2008.

 

[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

GALICIA GALLARETA, Mario Gabriel, (2012) “Reseña crítica sobre Urania”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 11, abril-junio, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 18 de Septiembre de 2019.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=453&catid=12[/div2]

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