Pacarina del Sur
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Reseña del libro América Latina y México en los albores de la guerra fría. El general Francisco J. Múgica y sus últimos combates en defensa de la Revolución, de Gregorio Sosenski [1]

Verónica Oikión Solano [2]

RECIBIDO: 01-05-2014 ACEPTADO: 15-05-2014

 

El doctor Gregorio Sosenski, de origen argentino, adoptó México como su tierra sustitutiva; en 2001 tuve el gusto de conocerle en un evento académico en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Ahí me percaté de su gran amor a la Historia –cultivó su humanismo a partir de su profesión primigenia como médico-, y sobre todo de la conmoción que despertó en él la figura señera del revolucionario michoacano Francisco José Múgica Velázquez. Este libro es muestra de ello. Lamentablemente, el doctor Sosenski falleció en 2006, su obra se publica de manera póstuma, y resulta un buen homenaje a su oficio de historiador.

El libro fue resultado de su tesis doctoral en Estudios Latinoamericanos en la UNAM (2004). Pero la investigación ya venía de tiempo atrás, cuando realizó sus estudios de maestría que arrojaron una lúcida y original mirada al olvidado gobierno del general Múgica en Baja California Sur.[3] Desde entonces, Sosenski tuvo la convicción de que debería continuar abrevando de la obra y el pensamiento revolucionarios del michoacano y completar el periplo investigativo para dar al lector un aporte centrado en el último tramo de la vida del general Múgica. Así lo manifiesta el propio autor en su introducción: “constaté que faltaba un texto completo y profundo que abarcara el periodo de la vida del general Múgica desde que salió de la península surcaliforniana en 1946, hasta su muerte acaecida en el año de 1954. Con el propósito de resolver la mencionada carencia, desarrollé la investigación biográfica del periodo aludido sobre este distinguido mexicano y prestigioso revolucionario” (página 11).

América Latina y México en los albores de la guerra fría. El general Francisco J. Múgica y sus últimos combates en defensa de la Revolución, es un volumen de formato tamaño carta con una imagen de portada que destaca en primer plano a un Múgica avejentado pero lúcido en una actitud reflexiva, y fue proporcionada por el Archivo Histórico de la Unidad Académica de Estudios Regionales de la Coordinación de Humanidades de la UNAM, (Centro de Estudios de la Revolución Mexicana “Lázaro Cárdenas”, A.C.) ubicada en Jiquilpan, Michoacán, donde se resguarda el Fondo documental personal del general Múgica.


Si bien fue idónea la publicación del libro, se deben poner en evidencia las deficiencias que presenta en su calidad editorial. El lector se encontrará con que el prólogo realizado por Marco Antonio Aguilar Cortés, Secretario de Cultura del Gobierno de Michoacán, se colocó después de la introducción del propio Sosenski, cuando debería haber sido al contrario, puesto que un prólogo tiene como objetivo precisamente la presentación de la obra. Aunque la edición estuvo al cuidado del Departamento de Literatura y Fomento a la Lectura de la propia Secretaría de Cultura, es muy lamentable encontrar un sinnúmero de erratas y hasta errores ortográficos, y demuestran una deficiente revisión y corrección editorial. Sobre todo resulta un vejamen para los lectores el hecho de que se suprimiera el anexo documental de que constaba el manuscrito original de la obra. A partir de la nota 37 y de manera reiterada el autor nos remite al anexo documental para la eventual revisión de un documento específico. A lo largo de la lectura acumularemos frustración porque no existe tal anexo documental.

Sosenski le dio estructura a su obra mediante cinco capítulos. El primero de los cuales se titula “El gobierno de Miguel Alemán Valdés”, desde mi punto de vista muy excedido en su contenido –de casi cien cuartillas- a pesar de que el autor pudo haber realizado una síntesis apretada poniendo de relieve los asuntos más controversiales en los que Múgica orientó su oposición de manera destacada. En seguida, presenta el autor un segundo capítulo nominado “La vida de Múgica en La Tzípecua”, la casa de la familia Múgica a las orillas del Lago de Pázcuaro, aunque no sólo narra con mucho detalle acerca de la construcción de esa edificación, sino que también se adentra en la vida familiar del michoacano describiendo sus actividades personales y sus asuntos privados para su sostenimiento económico. El tercer capítulo se centra en “La sucesión presidencial de 1952, el Partido Constitucionalista Mexicano y el gran combate de Múgica contra el termidor alemanista”, a decir del propio autor (página 203). En el cuarto capítulo se despliega ampliamente el liderazgo de Múgica en el movimiento henriquista, con un cierre muy sugerente abordando los altibajos en las relaciones de dos actores políticos de primera línea que fueron en su momento discípulo y maestro: Cárdenas y Múgica, respectivamente. En su capítulo final, el autor aborda “Las últimas actividades del indómito revolucionario” (página 403), haciendo un largo parangón entre el hecho coincidente de la muerte del michoacano con la ruptura constitucional en el vecino país guatemalteco con el golpe militar contra el presidente Jacobo Arbenz en 1954, y poniendo de manifiesto cómo diversos sectores de la izquierda mexicana, que no bien habían despedido a Múgica en su última morada, se volcaban ahora a favor del pueblo guatemalteco que sufría de distintas maneras represión y desasosiego generalizado. Si bien ambos acontecimientos –la muerte de Múgica y el golpe de Estado en Guatemala- convergieron cronológicamente en el año de 1954, hubiese sido más provechoso dejar de lado los sucesos en Guatemala y dar paso directo a sus conclusiones en cuyo contenido encontramos una valoración histórica centrada en el legado de Múgica.     

La escritura de Sosenski es correcta y nos lleva de la mano para adentrarnos en la historia del tramo final de una vida singular y digna de contarse como fue la de Francisco Múgica, que encabezando la corriente más radical de la Revolución Mexicana siempre mantuvo una postura constitucionalista y creyó fervientemente en el espíritu de cambio social de la Carta Magna de 1917, que él y otros constituyentes le habían conferido.

La investigación de Sosenski tiene tintes de historia militante y apela a sustratos teóricos del socialismo y del trotskismo para delinear con gran tino los últimos años de la vida de Múgica, pero paradójicamente su narrativa abrevó fuertemente de la historia fáctica y del positivismo al exponer con lujo de detalles y de manera excesiva distintas coyunturas y acontecimientos muy específicos. Sus digresiones son múltiples y su aparato crítico enorme, dificultando en distintos momentos la lectura porque al detenerse y al describir reiteradamente procesos paralelos o circunstancias particulares, deja de lado el objetivo central de su narración, perdiéndose por momentos en un laberinto de disquisiciones aledañas que no atienden el objetivo primordial de su explicación centrado en la figura del general Múgica.

Además, justo porque su propósito fue dilucidar la última etapa del intransigente revolucionario de Tingüindín, es que el autor de esta trepidante obra debió invertir los elementos del título de la misma, es decir, el subtítulo debería haber encabezado la nominación del libro: El general Francisco J. Múgica y sus últimos combates en defensa de la Revolución, y como subtítulo América Latina y México en los albores de la guerra fría, con ello hubiese puesto una llamada de atención para el lector sobre el contenido cardinal del libro. Sin menoscabo de que claramente se entiende que el autor deseaba insertar la praxis revolucionaria del michoacano en un contexto mundial bipolar atenazado por el preludio de la guerra fría, y en cuyos márgenes latinoamericanos –con sus raíces y afinidades de las militancias de izquierda- Sosenski ubicó correctamente las rebeldías y las luchas de Múgica de sus últimos años de vida.

En contraposición a estas fallas e insuficiencias en la precisión argumental y en la conducción y análisis de su información, resulta que precisamente sus fuentes son muy ricas y esto le da una profundidad extraordinaria a la investigación. No sólo acudió a lo ya publicado, su originalidad radica, sobre todo, en su acercamiento a los familiares del general Múgica “con quienes se estableció una relación de plena confianza, de mutuo respeto y estimulante amistad” –según lo asevera el propio Sosenski en la solapa del volumen. Todos los valiosos testimonios que recabó Sosenski, incluyendo las entrevistas concedidas por don Abel Camacho Guerrero –colaborador muy cercano de Múgica-, fueron producto de su necesidad de conocer de viva voz quién fue el general Francisco J. Múgica y a qué batallas se enfrentó en el final de sus días. El instrumental de la historia oral fue utilizado por Sosenski de manera tal que nos descubre a un Múgica de cuerpo entero, hombre de muchas pasiones íntimas y personales con sus tres esposas –la zamorana Ángela Alcaraz que dejó atrás muchos de sus atavismos aristocratizantes al paso de la relación con Múgica; la doctora Mathilde Rodríguez Cabo, intelectual, feminista y militante, y Carolina Escudero, mujer política e inteligente-, y otras de sus amantes, y hasta de contradicciones e inconsistencias en su cotidianidad como esposo y padre, pero también de afinidades personales y de amores filiales que tocaron las fibras más esenciales de su humanidad.        

La obra en su conjunto nos narra las decisiones y las actitudes valientes de un Múgica rebelde ante las imposturas del poder de una revolución que a sus ojos y de muchos de sus contemporáneos fue traicionada. Una revolución en crisis la llamaron “los sepultureros” (Daniel Cosío Villegas y Jesús Silva Herzog, entre otros) coincidiendo plenamente con la frustración y señalamientos hechos por Múgica desde 1946 con el inicio del gobierno de prebendas, negocios y corrupción de Miguel Alemán, “el cachorro de la revolución”, pasando por la experiencia de la sucesión presidencial de 1952 cuando Múgica se dio a la tarea de configurar un nuevo partido político denominado Partido Constitucionalista Mexicano (PCM), en referencia precisamente a la Constitución de la cual –pensaba él- se podría sostener incólume el bagaje revolucionario de la primera hora del levantamiento de 1910. Viejos constituyentes lo apoyaron en su proyecto partidista concitando la simpatía de diversos sectores sociales en distintos puntos del país. Las lacras del sistema político y la forma en que prematuramente se presentaba la sucesión presidencial –con la espada de Damócles de la posible reelección y el continuismo alemanista- fueron preocupación vital de Múgica, y en distintos foros y de manera pública hizo referencia directa a las deudas sociales y económicas que el Estado posrevolucionario le debía al pueblo mexicano, pronunciándose por una vuelta a los principios fundamentales de la Constitución, y señalando la exigencia de probidad en la función pública ante los escandalosos casos de enriquecimiento y corrupción de altos funcionarios del régimen alemanista. También con índice de fuego señaló como traidor al candidato oficial, Adolfo Ruiz Cortines, quien en 1914 se prestó a colaborar con el invasor estadounidense en Veracruz.

Desde 1950 hubo una agitación extraordinaria entre la clase política con miras a la definición político electoral de 1952. Por fuera del gobierno alemanista, los constitucionalistas, los cardenistas y otros grupos de oposición (como los lombardistas y los comunistas) buscaron poner freno a la voracidad reeleccionista y continuista del alemanismo. Finalmente, la oposición política con mayores posibilidades electorales para disputar el poder al partido de Estado, fue la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM), cuyo candidato, el general Miguel Henríquez Guzmán, tuvo gran apoyo popular, sobre todo de grupos cardenistas. Lázaro Cárdenas no intervino directamente en su campaña y públicamente se mostró institucional. Sin embargo, toda la familia del jiquilpense (a excepción de su hermano el gobernador Dámaso Cárdenas) participó en la movilización de manera pública y notoria, y se puede interpretar como una presión ejercida por Cárdenas y los cardenistas para que el proceso sucesorio se llevase a cabo dentro de los cauces institucionales, y como contención para evitar que Alemán designara como sucesor a un allegado de su círculo íntimo.

A las grandes movilizaciones sociales atraídas por el henriquismo en todo el país, se sumaron finalmente el general Múgica y el Partido Constitucionalista,  ofreciéndole su apoyo político a Henríquez Guzmán en febrero de 1952. En diversos actos de la campaña, el general Múgica intervino como orador, presentándose al mismo tiempo como candidato a una senaduría por su estado natal, y muchos otros michoacanos siguieron su ejemplo, cardenistas de viejo cuño y líderes locales engrosaron las filas henriquistas; las mujeres tuvieron un papel muy destacado, como el de la olvidada María del Refugio García Martínez, dirigente femenil de la FPPM.  

Pero las presiones del sistema autoritario y la represión a cargo del aparato de control del Estado se volcaron en contra del henriquismo, llevando a cabo lisa y llanamente el fraude electoral. Muchos de los dirigentes henriquistas fueron a dar a la cárcel. Hubo insistentes rumores de un levantamiento de gran envergadura pero nunca se concretó. El gobierno federal logró, mediante distintas estrategias y presiones, afianzar su hegemonía en esta difícil coyuntura, y siempre mantuvo el control militar de la situación. De tal manera que sin mayores contratiempos Adolfo Ruiz Cortines asumió la presidencia de la República el 1 de diciembre de 1952.

La conciencia crítica en voz de Múgica todavía se escuchó el 5 de febrero de 1954 en un discurso calificado por Sosenski como su testamento político (páginas 434-436), cuando el Partido Constitucionalista y la FPPM organizaron un mitin político para no dejar pasar el trigésimo séptimo aniversario de la promulgación de la Carta Magna, y para refrendar que su militante oposición a los gobiernos priistas de Alemán y Ruiz Cortines, y a los grupos oligárquicos capitalistas a quienes éstos servían, estaba basada en los más caros anhelos de transformación revolucionaria plasmados en el proyecto social de la Constitución.

El cáncer, que ya agobiaba desde tiempo atrás al general michoacano, lo derrotó finalmente el 12 de abril de ese mismo año de 1954. Con su fallecimiento –afirmación que compartimos con Sosenski- desapareció “una de las figuras más cautivantes de los viejos revolucionarios” (página 457), sobre todo porque desde sus orígenes socialistas Múgica modeló una sociedad más igualitaria y menos oprobiosa, y antepuso siempre que pudo su determinación a favor de la revolución en contra del asedio contrarrevolucionario.

La obra de Gregorio Sosenski rinde a través de sus páginas un sentido homenaje al constituyente michoacano y expresa de distintas maneras un enamoramiento por el protagonista de su historia. Si bien para algunas tendencias historiográficas podrían parecer excesivos los realces del autor hacia la personalidad de Múgica, no podemos sino coincidir plenamente en el meollo de sus argumentos centrales a la luz de nuestra tragedia mexicana del siglo XXI: “La reconstrucción de los últimos años de la vida del general Francisco J. Múgica, no ha sido sólo la restauración de la memoria biográfica del prestigioso revolucionario para contrarrestar el olvido, sino el análisis del proceso de la contrarrevolución en México y la desfiguración de la Constitución de 1917, reacción termidoriana impulsada por los gobiernos de Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines” (página 465), que hasta la fecha continúa lamentablemente profundizándose en detrimento de México y los mexicanos.

Gregorio Sosenski concluye que el abordaje del último periodo en la vida de Múgica y el conocimiento de su pensamiento revolucionario, le confirmó al autor estar frente a un michoacano que no doblegó sus ideas socialistas y su oposición política de cara al poder, y que en su vida “de inquebrantable fidelidad a la Revolución” (página 465) subyace una concepción profunda de metamorfosis continua y permanente a favor de las mayorías.

El pasado 12 de abril de 2014 se conmemoró el sexagésimo aniversario de la extinción de la vida revolucionaria de Francisco J. Múgica. Es tiempo para las jóvenes generaciones de historiadores y para los lectores ávidos de figuras extraordinarias e irrepetibles, acercarse a la voluminosa obra de Gregorio Sosenski para entender de qué manera Múgica proyectó un México incluyente y cuál fue su legado para la historia mexicana en defensa de la idea prístina de la Revolución.  



[1] Morelia, Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Michoacán y Comisión Estatal del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana, 2013, 486 p. ISBN: 978-607-7687-98-6

[2] Profesora-Investigadora en el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II. Entre sus últimas publicaciones se cuentan: Coeditora y coautora de Movimientos armados en México, siglo XX, 3 v., Zamora, El Colegio de Michoacán y CIESAS, 2006. Editora y coautora de Violencia y Sociedad. Un hito en la historia de las izquierdas en América Latina, Morelia, Universidad Michoacana y El Colegio de Michoacán, 2010.Distinciones y reconocimientos: Mención Especial del Premio Salvador Azuela, categoría investigación, 1994; Premio Marcos y Celia Maus (1993-1994) a la mejor tesis de Maestría en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y Mención Honorífica del Premio Francisco Javier Clavijero de Historia, categoría investigación, INAH, 2004.

[3] Gregorio Sosenski, La cuarta frontera de Baja California y el gobierno surpeninsular del general Francisco J. Múgica, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 2001, 494 p.

 

Cómo citar este artículo:

OIKIÓN SOLANO, Verónica, (2014) “Reseña del libro América Latina y México en los albores de la guerra fría. El general Francisco J. Múgica y sus últimos combates en defensa de la Revolución, de Gregorio Sosenski”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 20, julio-septiembre, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Jueves, 20 de Junio de 2019.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=994&catid=12

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