Pacarina del Sur
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El urbanismo a debate: la proyección universal de Machu Picchu

El artículo recupera aspectos importantes registrados en patrones urbanos de diversas ciudades de la antigüedad, destacando los de Machu Picchu, Perú, en la que podemos encontrar una perfecta armonía con el ambiente natural, que podría ayudar para modelar ciudades sustentables.

Palabras clave: sustentabilidad, urbanización, planificación, ciudad, naturaleza

 

 

Antecedentes

En los años 30 del pasado siglo, cuando soplaban ya con fuerza en el mundo los vientos de la modernidad, los temas relativos a la ciudad y a la cultura ambiental que en ella se genera atraían cada vez más la atención de los especialistas, principalmente en los países desarrollados. Todo había comenzado a mediados del siglo XIX, cuando la expansión acelerada de la sociedad industrial y la urbanización consiguiente[2] propiciaron el surgimiento de una nueva disciplina, distinta a las artes urbanas anteriores por su carácter reflexivo y crítico, y sus pretensiones científicas: el urbanismo. A lo largo de ese siglo, pensadores como Owen, Carlyle, Ruskin, Morris, Fourier, Cabet, Proudhon, Marx y Engels, entre otros, se habían ocupado del problema de la ciudad, sin disociarlo nunca de las cuestiones relacionadas con la estructura y la significación de las relaciones sociales, así como de su correspondencia con su opuesto, el campo. Incluso, la idea de la ciudad como sede de la vida civilizada, contrapuesta a la barbarie rural, es puesta a crítica por muchos de estos pensadores, alineados con el socialismo emergente de la época. Fueron ellos los precursores modernos de esta nueva disciplina.

En realidad, los orígenes del pensamiento estructurado de la arquitectura y el urbanismo en la cultura de Occidente se remontan al idealismo postulado por los filósofos griegos y su peculiar método dialéctico de razonar, filósofos que habían recogido el legado de las culturas urbanas del Medio Oriente —Mesopotamia, Egipto—, en las que, lo mismo que muchos otros campos de la actividad humana, la arquitectura y el urbanismo habían alcanzado un alto nivel de desarrollo. Hipodamo de Mileto, arquitecto contemporáneo de Sócrates, un pitagórico excéntrico que escribió incluso sobre las influencias atmosféricas y geománticas en la vida urbana, está considerado como el primer urbanista con criterio científico de la historia occidental. Es conocida la influencia que La República de Platón ha tenido en los ulteriores tratadistas de la materia. Del urbanismo en el Lejano Oriente, sabemos que tanto la India —el valle del Indo— como China y su zona de influencia desarrollaron grandes culturas urbanas desde tiempos ancestrales, de las cuales existen importantes testimonios.

En cuanto a las manifestaciones urbano-arquitectónicas de las culturas originarias americanas, cuyo desarrollo era manifiesto en Mesoamérica y en la zona andina de América del Sur ¾el Tahuantinsuyo de los Incas¾, como puede advertirse en los numerosos sitios arqueológicos remanentes, el cruento proceso de conquista y colonización les puso fin abruptamente, reconvirtiéndolas a los modelos europeos que se fueron implantando a través de la espada y de la cruz. Desaparecieron con ello además los testimonios escritos y gráficos de sus planificadores, sus arquitectos y sus constructores. Sibyl Moholy·Nagy dice que “una mezcla endémica de culpabilidad latente y esnobismo europeo ha hecho difícil admitir que la América Central y la del Sur ofrezcan ejemplos de arquitectura histórica y moderna y una tradición antiquísima de planificaciones creativas que igualen y que, por lo que se refiere a los ejemplares pretecnológicos, sobrepasen muchas veces las realizaciones del Viejo Mundo”. Y pone el ejemplo de Machu Picchu, el ejemplo más puro de un emplazamiento geomórfico llevado a cabo por los constructores incas en una alta cumbre de los Andes, que para ella no tiene equivalente entre las acrópolis de Grecia, excepto la de Atenas.[3]

En 1924 se crea en París el Institut d´urbanisme. En 1928 dan inicio los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM), que reúnen en diferentes ciudades europeas a los profesionales de vanguardia en esta disciplina, liderados por personajes como Le Corbusier, Sigfried Giedion, Hannes Meyer, El Lissitzky y Alvar Aalto, quienes propugnan entre otras cosas la conjugación indisoluble de la arquitectura y el urbanismo. En 1933 le toca el turno a Atenas, en donde los trabajos, deliberaciones y conclusiones del cuarto congreso ¾celebrado a bordo del Patris II en la ruta Marsella-Atenas-Marsella¾ constituirán la base de la llamada Carta de Atenas, en la que se establecen los principios fundamentales del ordenamiento de la ciudad moderna ¾habitación, trabajo, recreación, circulación y patrimonio histórico¾ y se proponen interesantes conceptos ambientalistas, como los siguientes:

El espíritu de la ciudad se ha formado en el curso de los años; simples edificaciones han cobrado un valor eterno en la medida en que simbolizan el alma colectiva; son la osamenta de una tradición que, sin pretender limit  ar la amplitud de los progresos futuros, condiciona la formación del individuo tanto como el clima, la comarca, la raza o la costumbre. La ciudad, por ser una «patria chica», lleva en sí un valor moral que pesa y que se halla indisolublemente unido a ella.[4]

En 1931 se había realizado también en Atenas el Primer Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de los Monumentos Históricos, promovido por la Oficina Internacional de Museos de la Sociedad de las Naciones, del que surgen los principios y normas generales iniciales sobre la restauración y conservación de monumentos históricos.

En el documento redactado por esta Conferencia Internacional, conocido también como Carta de Atenas, se propone respetar “el carácter y la fisonomía de la ciudad, especialmente en la cercanía de monumentos antiguos donde el ambiente debe ser objeto de un cuidado especial”.[5] Esta propuesta es una primera referencia a la preservación de la identidad ambiental y a la conservación de los centros urbanos históricos, que entrará pronto en contradicción con los postulados del Movimiento Moderno de la arquitectura. Habrán de pasar más de tres décadas para que esta situación pueda comenzar a revertirse, siendo fundamental para ello la realización en 1964 del Segundo Congreso de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos, en el que se aprobará la llamada Carta de Venecia, considerado el más importante documento que se ha emitido sobre la preservación y restauración del patrimonio histórico construido.


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Machu Picchu, cuyo descubrimiento arqueológico se inició apenas en 1911[6], no era originalmente un sitio aislado y perdido en la floresta, sino el centro ceremonial de una vasta y poblada provincia Inca asentada en una región de espectacular geografía y diversidad ambiental, bien comunicada por los caminos construidos por sus pobladores. El asentamiento fue construido por los Incas cuando penetraron a esta región en los primeros años de su expansión imperial (alrededor de 1450). El aislamiento devino en el periodo colonial, cuando los conquistadores españoles encaminaron sus esfuerzos más al norte, a la explotación de las minas de plata de Vilcabamba y los cultivos de coca, café y caña de azúcar de La Convención. Las complejas condiciones geográficas y topográficas del sitio, que lo hacían de difícil acceso, contribuirían también a ello. A partir de 1911, ese aislamiento comenzaría a ceder terreno, al construirse las vías de acceso necesarias, el ferrocarril en primer término. Pero fue hasta 1981 que el gobierno peruano decidió crear el Santuario Histórico de Machu Picchu, en un área de 325 km2, que sería reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1983.

Hoy que está tan de moda el concepto de sustentabilidad, conviene saber que Machu Picchu estaba en perfecta armonía con el ambiente natural, pues los adoradores del sol idearon la ciudad como corona de la naturaleza, del mismo modo que la naturaleza agreste coronaba a la ciudad. Un camino en diagonal sube a través de cinco terrazas hasta la plaza sagrada del intihuatana, imagen fálica de piedra en el punto más alto de la ciudad, donde el Inca, en cada solsticio de invierno, “ataba” el Sol para asegurar la fecundidad de sus rayos sobre los campos de maíz. El conjunto de contrastes que se logran entre el foco sagrado y los detalles arquitectónicos, que alternan entre los sillares de piedra tratada como un mosaico y las formaciones de roca natural, entre las enormes estructuras jerárquicas y las viviendas seculares que casi llegan a confundirse con el paisaje virgen, es asombroso.  El ajuste geomórfico de la ciudad sagrada de los Incas, a una altura de 430 metros sobre el valle del río Urubamba, es ritualista, con unas terrazas progresivas que conducen hasta la intihuatana, en las que se desarrollaban los avances en la agricultura.

En el desarrollo cultural del imperio Inca ―el Tahuantinsuyo― destaca sin duda la arquitectura.  Esta gente construyó importantes ciudades de piedra, barro, con techos de paja. Lo más asombroso quizás es la tecnología que adquirieron para el manejo de la piedra, material que abundaba en la agreste cordillera. Sus obras fueron muy variadas, desde los caminos empedrados hasta las fortalezas, templos, albergues y palacios desplegados en sus ciudades. Y dotadas de un cierto halo misterioso que persiste en buena medida hasta la actualidad, lo mismo que las ciudades de los mayas y las culturas de Mesoamérica.

 

La carta de Machu Picchu

Atenas 1933, Machu Picchu 1977. Los emplazamientos son significativos. Atenas se erigió como la cuna de la civilización occidental, Machu Picchu simboliza la contribución cultural de otro mundo, no menos importante en la historia de la humanidad. Atenas representó la racionalidad personificada por Aristóteles y Platón. Machu Picchu representa todo lo que no involucra la mentalidad global iluminística y todo lo que no es clasificable por su lógica. Su proyección universal es asombrosa, y de ello dan fe los arquitectos y urbanistas de los últimos tiempos. Un ejemplo de ello es la Carta de Machu Picchu, de 1977, en la que estos profesionales intentaron adaptar la Carta de Atenas a los nuevos principios impuestos por el desarrollo de las urbes contemporáneas en los cinco continentes. Veamos algunas de sus proposiciones:

 

Ciudad y región

La carta de Atenas reconoció la unidad esencial de las ciudades y sus regiones circundantes. La falla de la sociedad al enfrentar las necesidades del crecimiento urbano y los cambios socio-económicos hacen requerir la reafirmación de este principio en términos más específicos y urgentes. Hoy las características del proceso de urbanización a través del mundo han hecho crítica la necesidad de un uso más efectivo de los recursos naturales y humanos. Planificar como un medio sistemático de analizar necesidades incluyendo problemas y oportunidades, y guiando el crecimiento y desarrollo urbanos dentro de los límites de los recursos disponibles, es una obligación fundamental de los gobiernos en lo concerniente a los asentamientos humanos.

La planificación en el contexto contemporáneo de urbanización, debe reflejar la unidad dinámica de las ciudades y sus relaciones funcionales esenciales entre los barrios, distritos y otras áreas urbanas. Las técnicas y disciplinas del planeamiento deben ser aplicadas a toda escala de asentamientos humanos, barrios, ciudades, áreas metropolitanas, estados, regiones y naciones para guiar la localización, su secuencia y características de desarrollo. El objetivo del planeamiento general, incluyendo el planeamiento económico, el diseño y planeamiento urbano y la arquitectura, es finalmente la interpretación de las necesidades humanas y la realización en un contexto de oportunidad de formas y servicios urbanos apropiados para la población, lo que requiere un proceso continuo y sistemático de interacción entre las profesiones del diseño, los pobladores de las ciudades y su liderazgo comunitario y político.

La desarticulación entre planeamiento a nivel nacional y regional, y el planeamiento para el desarrollo urbano, ha sido dispendioso y ha reducido la eficacia de ambos. Las áreas urbanas, muy frecuentemente, reflejan los efectos adversos y específicos de decisiones económicas basadas en consideraciones amplias y relativamente abstractas, y estrategias de planeamiento económico a largo plazo. Tales decisiones a nivel nacional, no han considerado directamente las prioridades, ni las soluciones a los problemas de las áreas urbanas, ni las conexiones operacionales entre la estrategia económica general y el planeamiento de desarrollo urbano, por lo que los beneficios potenciales del planeamiento y la arquitectura no llegan a la gran mayoría.

 

El crecimiento urbano

Desde la Carta de Atenas a nuestros días la población del mundo se ha duplicado, dando lugar a la llamada triple crisis: ecológica, energética y alimenticia. A ello hay que agregar la crisis de vivienda y de servicios urbanos, agravada por el hecho de que el ritmo de crecimiento poblacional de las ciudades es muy superior al demográfico general. Las soluciones urbanísticas propugnadas por la Carta de Atenas no tuvieron en cuenta este acelerado crecimiento, constituyendo la raíz del problema de nuestras ciudades. Dentro del crecimiento caótico de las ciudades podemos diferenciar dos modalidades:

  • La primera corresponde a los países industrializados, donde se da una emigración de la población de mayores ingresos hacia los suburbios, consecuencia del uso de los
  • automóviles, abandonando las áreas centrales de la ciudad, las que así tienden a deteriorarse por deficiencia de recursos.
  • La segunda modalidad corresponde a las ciudades de los países en desarrollo, caracterizándose por la masiva inmigración rural que se asienta en barrios marginales, carentes de servicios y de infraestructura urbana.

 

Estos cambios cuantitativos producen transformaciones cualitativas fundamentales, determinando que el problema urbano se nos presente como totalmente distinto. Este fenómeno no puede ser resuelto, ni siquiera controlado por los dispositivos y medidas que están al alcance del planeamiento urbano. Dichas técnicas apenas pueden intentar la incorporación de áreas marginales al organismo urbano y muchas veces, las medidas que se adoptan para regularizar la marginalidad (dotación de servicios públicos, sanidad ambiental, programas de vivienda, etc.), constituyen paradójicamente el problema  convirtiéndose en incentivo que incrementa los movimientos migratorios hacia la ciudad.

 

Transporte en las Ciudades…

Disponibilidad del Suelo Urbano…

Recursos Naturales y Ornamentación Ambiental

Una de las maneras más extendidas de atentar contra la naturaleza es hoy la contaminación ambiental, que se ha agravado en proporciones sin precedentes, y potencialmente catastróficas, como consecuencia directa de la urbanización no planeada y de la explotación

excesiva de los recursos. En las áreas urbanizadas a través del mundo, la población está cada vez más sujeta a condiciones ambientales que son incompatibles con normas y conceptos razonables de salud y bienestar humano. Las características no aceptables incluyen la prevalencia de cantidades excesivas y peligrosas de substancias tóxicas en el aire, agua y alimentos de la población urbana, además de los niveles dañinos de ruidos. Las políticas oficiales que normen el desarrollo urbano deberán incluir medidas inmediatas para prevenir que se acentúe la degradación del medio ambiente urbano y lograr la restauración de la integridad básica del medio ambiente, acorde con las normas de salud y bienestar social. Estas medidas deben ser consideradas en el planeamiento urbano y económico, en el diseño arquitectónico, en los criterios y normas de ingeniería y en las políticas de desarrollo.

 

Preservación y Defensa de los Valores Culturales y Patrimonio Histórico-Monumental

La identidad y el carácter de una ciudad están dados no sólo por su estructura física, sino

también por sus características sociológicas. Por ello se hace necesario que no sólo se preserve y conserve el Patrimonio Histórico-Monumental, sino que se asuma también la defensa del Patrimonio Cultural, conservando los valores que son de fundamental importancia para afirmar la personalidad comunal o nacional y/o aquellos que tienen un auténtico significado para la cultura en general. Asimismo, es imprescindible que en la labor de conservación, restauración y reciclaje de las zonas monumentales y monumentos históricos y arquitectónicos, se consideren su integración al proceso vivo del desarrollo urbano, como único medio que posibilite la financiación de la operación. En el proceso de reciclaje de estas zonas debe considerarse la posibilidad de construir edificios de arquitectura contemporánea de gran calidad.

Tecnología…

Implementación

El planeamiento, los profesionales y las autoridades pertinentes deben tener presente que el

proceso no termina en la formulación de un plan y en su subsecuente ejecución, sino que dado que la ciudad es un organismo vivo, es necesario considerar y proveer los procesos de

su mantenimiento. Debe entenderse también que cada región y cada ciudad, en el proceso de su implementación, debe crear e importar sus normas edilicias, las que deben ser acordes con su medio ambiente, recursos y sus propias características formales.

Diseño Urbano y Arquitectónico…

La integración social

¿Cómo llevar a este territorio conceptos tales como el de la democracia participativa, para hacer de los medios poderosos instrumentos que contribuyan a nuestra integración social y regional y, con ello, a invertir las tendencias de desarrollo en beneficio de los sectores marginados de Nuestra América? Es preciso que, sin perder de vista la importancia de los medios masivos en la sociedad contemporánea, estemos conscientes de que ésta tiene otras alternativas para comunicarse e informarse veraz y objetivamente de acuerdo a sus propios intereses, otras formas de comunicación social que se deben valorar y estimular. Fruto Vivas, distinguido arquitecto venezolano y agudo observador de su realidad social, repara en este punto al hablar de la ciudad y de sus habitantes. “La ciudad son sus gentes”, dice. Y luego agrega: “Donde la gente no se comunica, se le manipula a través de todos los medios por cualquier hecho, desde la inducción al consumo por cualquier refresco, hasta el sufragio electoral. Donde la gente se conoce, están dadas las condiciones para el más alto ejercicio electoral.” Y remata recordando que en la Carta de Machu-Picchu se estableció el término justo: “La ciudad es la comunicación humana”…

 

Alturas de Machu Picchu

Terminamos estas reflexiones con la magia del genial vate chileno, Pablo Neruda, quien impactado por la proyección universal de la ciudad encantada de los Incas le dedicó un poema, que incluyó en su Canto General. Veamos un fragmento:

 

VI

Entonces en la escala de la tierra he subido
entre la atroz maraña de las selvas perdidas
hasta ti, Machu Picchu.
Alta ciudad de piedras escalares,
por fin morada del que lo terrestre
no escondió en las dormidas vestiduras.
En ti, como dos líneas paralelas,
la cuna del relámpago y del hombre
se mecían en un viento de espinas.

Madre de piedra, espuma de los cóndores.

Alto arrecife de la aurora humana.

Pala perdida en la primera arena.

Ésta fue la morada, éste es el sitio:
aquí los anchos granos del maíz ascendieron
y bajaron de nuevo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña
a vestir los amores, los túmulos, las madres,
el rey, las oraciones, los guerreros.

Aquí los pies del hombre descansaron de noche
junto a los pies del águila, en las altas guaridas
carniceras, y en la aurora
pisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida,
y tocaron las tierras y las piedras
hasta reconocerlas en la noche o la muerte.

Miro las vestiduras y las manos,
el vestigio del agua en la oquedad sonora,
la pared suavizada por el tacto de un rostro
que miró con mis ojos las lámparas terrestres,
que aceitó con mis manos las desaparecidas
maderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas,
palabras, vino, panes,
se fue, cayó a la tierra.

Y el aire entró con dedos
de azahar sobre todos los dormidos:
mil años de aire, meses, semanas de aire,
de viento azul, de cordillera férrea,
que fueron como suaves huracanes de pasos
lustrando el solitario recinto de la piedra.

VIII

Sube conmigo, amor americano.
Besa conmigo las piedras secretas.
La plata torrencial del Urubamba
hace volar el polen a su copa amarilla.

….

Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
Apegadme los cuerpos como imanes.
Acudid a mis venas y a mi boca.
Hablad por mis palabras y mi sangre.

 


Notas:

[1] Arquitecto, Maestro en Historia del Arte y Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, de cuya Facultad de Arquitectura es profesor. Es fundador y director general de Archipiélago. Revista Cultural de Nuestra América.

[2] La población urbana de Europa no pasaba del 3% hacia 1800 y la de Estados Unidos alcanzaba el 6.1% del total. Un siglo después, hacia 1900, esos porcentajes se habían proyectado al 40%, aproximadamente, mientras que en México sólo el 10.5% de la población era urbana. Para 1930, 49% de la población inglesa y 45% de la estadounidense habitaba ya en grandes ciudades. Cf. Fernando Chueca Goitia, Breve historia del urbanismo, Alianza Editorial, Madrid, 1970, p. 186. .

[3] Cf. Sibyl Moholy·Nagy, Urbanismo y sociedad, Blume, Barcelona, 1970, pp. 27, 28.

[4] Le Corbusier, Principios de urbanismo (La Carta de Atenas), Ariel, Barcelona, 1971, p. 32. En esa reunión de Atenas se analizaron 33 ciudades del planeta, ninguna de ellas latinoamericana, por cierto, lo cual muestra claramente el eurocentrismo prevaleciente en los impulsores del movimiento moderno.

[5] Carta de Atenas para la Restauración de Monumentos Históricos, Atenas, 1931, punto 7.

[6] Fue el estadunidense Hiram Bingham, profesor de historia, quien conducido por el campesino Melchor Arteaga redescubrió el sitio, que lo dejó profundamente impresionado, haciéndolo gestionar los auspicios de la Universidad de Yale y la National Geographic Society, así como del gobierno peruano, para iniciar de inmediato los estudios científicos del mismo.

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