Pacarina del Sur
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Nuestra América, 120 años después: “Pensar es servir” y “Conocer es resolver”

El presente articulo invita a reflexionar 120 años después en la vigencia del documento Nuestra América, a partir de las ideas esenciales que el Maestro vislumbró con respecto al futuro de una América Toda; como una necesidad imprescindible desde la perspectiva de “Pensar es servir” y “Conocer es resolver”, a través de los recursos y esfuerzos propios y sobre la base de la integración de todo el conocimiento que fuéramos capaces de desarrollar en función de nuestros pueblos, con principios éticos y políticos bien definidos.

Palabras clave: Martí, América, capitalismo depredador, identidad

 


Una de las contradicciones fundamentales del modelo de desarrollo capitalista, hoy globalizado, es su insuficiencia para desarrollar en el hombre y en la sociedad, un conjunto de valores imprescindibles para sobrevivir como especie.

Por eso encontramos en la actualidad un número creciente de modelos alternativos que se expresan con mayor o menor grado de sistematicidad en la teoría y que por razones obvias, realizan tímidas proposiciones en su praxis. De ahí; que los pueblos de América Latina, deben y tienen el reto de reflexionar 120 años después del legado vigente del documento de Nuestra América, a partir de las ideas esenciales que él maestro vislumbró con respecto al futuro de una América toda; como una necesidad imprescindible desde la perspectiva de “Pensar es servir” y “conocer es resolver”, a través de los recursos y esfuerzos propios y sobre la base de la integración de todo el conocimiento que fuéramos capaces de desarrollar en función de nuestros pueblos, con principios éticos y políticos bien definidos.

El sistema social cubano por ejemplo: es un modelo alternativo práctico en constante dinámica, el que exhibe como peculiaridad una base valorativa en el ejercicio de la política en función de los intereses colectivos del desarrollo social y que por demás, se enriquece creadoramente en el proceso constructivo de la nueva sociedad.

Si bien la base histórica esencial, del fundamento ideológico del modelo de desarrollo cubano, está sin dudas en la obra creadora de José Martí. Resulta imprescindible, para la América toda, el estudio y sistematización de su concepción sobre el desarrollo del hombre y la sociedad, base autóctona de nuestro presente y futuro. A partir de la apropiación social del conocimiento y la ciencia, para enfrentar los problemas actuales del mundo contemporáneo.

El Ensayo “Nuestra América” ha sido de los más trabajados por los investigadores martianos; sin embargo 120 años después, las ideas allí expuestas alcanzan insustituible vigencia para los pueblos de América. De ahí que la necesidad de un nuevo enfoque teórico- práctico, reflexivo se hace indispensable para la construcción de los actuales proyectos de integración, viable por su propia esencia e identitario por su manifestación.

En este sentido; las ideas sobre gobernabilidad exteriorizadas en él ameritan las siguientes reflexiones. La ingobernabilidad de las repúblicas americanas era uno de los argumentos de la política unionista y anexionista usada por los Estados Unidos para intentar devorar América. Las intenciones de las repúblicas federadas del norte ya se habían hecho públicas en la Conferencia Panamericana de 1889 en Washington. Martí en «Nuestra América» corta el paso a tales posiciones y dice: «La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia»[3]. Con ello, ratifica su confianza en las nuevas repúblicas americanas y aboga por encontrar el alma del país, su esencia y convertir en ley esa esencia.

Los gobernantes en América, los concibe Martí como grandes conocedores de la realidad que intentan dirigir. Ese es su futuro; de lo contrario, el Estado no los conservará, «las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador”[4]. En ese mismo razonamiento concluye: «El gobierno ha de nacer del país. El espíritu de gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país»[5]. Más adelante Martí;  exige y aclara la necesidad de crear lo propio, lo autóctono, porque puntualiza: “Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano”[6]. Lo que a nuestro juicio precisa que el éxito o el fracaso de las alternativas socialistas solo depende de la capacidad que tengan los líderes  y los movimientos sociales e indigenistas, de lograr la inclusión de su pueblo en todos los procesos que se propongan gestar en aras de alcanzar desarrollar una república “con todos y para el bien de todos” y que a su vez define el valor ético-político de los principios que se persiguen obtener en aras del mejoramiento humano. Por tal motivo concluye diciendo: «…La salvación está en crear. Crear es la palabra de orden de esta generación”.[7]

Ni aún en esta defensa a ultranza de lo latinoamericano en el gobierno y sus formas, Martí pierde su perspectiva universal humanista. Reconoce el valor de las conquistas que la humanidad ha conseguido y lo que representa ese legado histórico-cultural para las repúblicas nuevas de América y expresa: «injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas».[8]

La previsión política martiana de estos años se hace casi profética. Comprende que el origen común de la América hispana y procesos sociales postcoloniales muy parecidos han terminado por situar a las nuevas repúblicas americanas frente a un enemigo común muy peligroso por su desbordamiento económico y su ansia expansionista desmedida: los Estados Unidos de Norteamérica. Ante un enemigo de estos calibres la lucha ha de ser enconada y larga; por eso, es imprescindible la unidad latinoamericana. América —para Martí— debe salvarse junta o se perderá para siempre en las entrañas del monstruo que la asecha. Es la razón que hace necesarios los buenos gobiernos y gobernantes. Los cuales deben tener en primer orden hacer de Latinoamérica y el Caribe, como región más afectada, para no excluir a nadie una acción política única y perfectamente gobernable. Las apreciaciones que sobre esta etapa martiana hace Juan Marinello ofrecen una síntesis perfecta:

«Martí vive prendido del camino social de Latinoamérica. Su preocupación política se produce, sin cansancio, sobre los problemas trascendentes y menudos de veinte pueblos. Su adoctrinamiento y su previsión se manifiestan en un objetivo incambiable: hacer del progreso de la América Hispana una gran hazaña universal[9]

Sin lugar a duda, el análisis de los textos martianos abordados, demuestra la actualidad del pensamiento político martiano.

En este mundo de hoy —donde la globalización es un hecho y el peligro de absorción de naciones enteras por el gran capital no ha cesado— los nacionalismos más radicales son la respuesta —distorsionada, a veces— a procesos integradores más bien diluyentes de la cultura nacional de cada pueblo latinoamericano. En estas condiciones, el ideario martiano en toda su dimensión recobra obligatoria consulta y materialización como alternativa dignamente humana, viable y justa—no sólo para América, sino para cualquier parte del mundo—.

Para Martí la práctica es el criterio de la verdad, punto en que coincide con la dialéctica materialista marxista, y un ejemplo más del acierto que significan las apreciaciones hechas por Cintio Vitier, en su discurso de agradecimiento por la imposición del título de Doctor Honoris Causa en la Universidad Central de Las Villas el 28 de diciembre de 1999, oportunidad en que aseguró que las ideas de Marx y de Martí ensamblan con armonía sorprendente, lo que ha quedado demostrado reiteradamente en nuestra historia y en la historia de los pueblos de América toda.

Incluso; llega a vislumbrar la función del Derecho como mecanismo de acción y transformación social demostrando su enorme valía como analista e intérprete de los cambios de la sociedad de su tiempo. Lo que sin lugar a dudas es una reflexión necesaria a realizar para los proyectos alternativos socialistas que se desarrollan en América Latina y que emergen ante ese capitalismo depredador que azota al mundo en su absurda escalada de dominación neoliberal. Por lo que el desarrollo no debe condicionarse a un determinado sector, ni al uso irracional del conocimiento y la ciencia; sino a la necesidad objetiva de valorar que tecnologías son apropiadas para lograr un desarrollo sostenible y no obtener como resultado de su incursión lo insostenible para la humanidad.

No es posible afirmar que Martí llegará a la conclusión de que el tipo histórico de Derecho corresponde a la formación económico- social y que el Derecho mismo significa, en esencia, la voluntad de la clase dominante erigida en ley, pero —sin duda— comprendió perfectamente la relación Derecho-realidad social y observó la verdad jurídica en el Derecho aplicado, que se ejerce no en la doctrina pura del mismo; sino en la proyección que deben tener los pueblos en evitar tal desempeño de forma formal. Pues realmente; el derecho formal que se legisla por cualquier poder, engaña y margina en nombre de la ciencia.

Por consiguiente, tales ideas —cuando son adoptadas por Martí— constituyen ideas de vanguardia, y representan lo más revolucionario del ideario jurídico de su época, mostrándose al desnudo el genio jurídico-revolucionario que desde muy temprana edad —tan sólo veintidós años— adornó al hombre de letras consumado y al revolucionario comprometido que sería después. Capaz de advertir en Nuestra América, los rasgos imprescindibles que deberían caracterizar la gobernabilidad en los pueblos de América. Rasgos que se convierten en preceptos martianos de total presencia 120 años después y que deben forman parte de la clave emancipadora de los actuales proyectos alternativos socialistas. La genialidad de sus ideas se advierten cuando expone:

El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”.[10]

La caracterización de aspiraciones, ideales y percepciones, que como reflejo de sus proyecciones y dilemas, se hacen los hombres sobre el modelo de desarrollo son resultado del proyecto socio-político que lleva adelante tal paradigma y que incluye, en su conjunto, un sistema tecnológico, un sistema organizacional[11] y un sistema de conocimiento científico, lo cual se expresa en lo que ha sido denominado estilo de desarrollo, es decir, las formas de asociación, resolución y adopción de mecanismos, mediante los cuales se produce la apropiación de los recursos, para satisfacer las crecientes necesidades humanas.

Debemos referir que en el informe sobre Desarrollo Humano de 1990, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se precisa la siguiente definición:

El desarrollo humano es un proceso mediante el cual se amplía las oportunidades del ser humano. En principio, estas oportunidades pueden ser infinitas y cambiar con el tiempo. Sin embargo; todos los niveles de desarrollo, las tres más esenciales son disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y tener acceso a los recursos necesarios para lograr un nivel de vida decente. Si no se poseen estas oportunidades esenciales, muchas otras alternativas continuaran siendo inaccesibles. Pero el desarrollo humano no concluye ahí. Otras opciones, a las que muchas personas asignan gran valor van desde la libertad política-económica y social, hasta las oportunidades para tener una vida creativa y productiva y disfrutar del respeto por si mismo y de la garantía de los derechos humanos[12].

En tal sentido; advertimos que las representaciones, transacciones, evaluaciones, juicios, valores, sentimientos y significados, toman cuerpo en las diferentes propuestas alternativas actuales de solución de los problemas del desarrollo  de los pueblos latinoamericanos y se expresan desde su identidad, en concepciones sobre la implementación de modelos variados, que incluyen el análisis de cambios en los aspectos que los conforman: disímiles sistema organizacionales, de diferentes uso y manejo de la apropiación social del conocimiento y la ciencia, por tanto se constituyen, de hecho, en nuevas propuestas de aspiraciones sociales que por sí misma, son representaciones de ideales sociales.

Elementos que a nuestro juicio; deben sustentarse en la integración de todos los mecanismos que los constituyen, en aras de lograr alternativas sostenibles para el desarrollo de nuestros pueblos de América.

Sin embargo, el momento actual poco nos dice sobre avances en tal comprensión. Las diferencias se agigantan sin que se logre un entendimiento sobre lo que una parte del mundo debe hacer, lo que otra debe dar, y lo que ambas deben cambiar. Se sigue imponiendo como modelo ideal el del Norte con sus patrones de consumo, y el Sur sigue mirando y midiendo sus ideales por el Norte. En medio de esta situación, la proposición cubana  aparece como modelo alternativo con una característica que lo distingue: el predominio, como base de dicho sistema, del componente axiológico.

¿Qué propone y demuestra el modelo cubano?

  • Es un sistema político cuya esencia es el mejoramiento humano, en el sentido de perfeccionar colectivamente la sociedad.
  • Un sistema político de carácter constructivo y no destructivo para el individuo o para un grupo o clase social.
  • La política como un medio, un instrumento para cumplir con tales objetivos en la regulación de los comportamientos sociales.
  • Una política caracterizada en su realización por sus formas colectivas y fines colectivos, por tener como base el deber del ejercicio del poder, la honradez, la honestidad, la creatividad, y la valentía.
  • Un ejercicio del poder político que mantiene una dialéctica entre lo individual y la expresión de los intereses de las masas. Relación entre el líder y las masas.
  • Una visión política optimista sobre el desarrollo del individuo y la sociedad humana y una dialéctica entre lo autóctono, lo propio y lo universal como medida del éxito.
  • La base del ejercicio del poder son valores de carácter ético. Ostentar el poder significa cumplir con el deber, hacerlo honradamente, comportarse honestamente. En el modelo cubano el poder se masifica, es íntegramente participativo.

En tal sentido; no proponemos recetas, pero si advertimos que hemos sido fieles seguidores de la obra de nuestro Héroe Nacional y en especial de la dignificación que se expone en el ensayo Nuestra América, durante el desarrollo de nuestra auténtica Revolución. La cual se acerca cada vez más a la soñada por el maestro y asume sus errores con espíritu crítico para transformar los reveses en victorias que son las que predominan como experiencia en el proyecto social cubano.

Pues hemos encabezado la batalla por la unidad de todos los países situados al sur del Río Grande, por la integración latinoamericana y caribeña, por la soberanía nacional y el derecho de todos los pueblos al libre desarrollo económico, político, social y cultural, Cuba ha hecho realidad las esperanzas del autor de Nuestra América: se ha convertido en lo que el apóstol previó como “futura Universidad americana”.[13]

De ahí; que se vuelva una máxima las palabras del maestro en la actualidad cuando refirió:

Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades: ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.[14]

Pudiera parecer que fue escrita ahora mismo, cuando con la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) de un nuevo despertar, los pueblos de esta América Nueva se levantan “en cuadro apretado”, para llevar a cabo los diversos proyectos sociales y poniendo en función todo el intelecto y los recursos disponibles en ello.

Siendo una necesidad que se comprenda e interiorice, la apropiación social del conocimiento para que surja de nosotros mismos la voluntad y la verdad única de luchar por ese mundo mejor que buscamos para y por los desposeídos. Idea que Martí advirtió, cuando subrayó:

En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella”.[15]

Definitivamente; para los pueblos de América hoy la integración es la clave de su desarrollo y el reto de sus proyectos alternativos, cumpliendo el precepto martiano de:

“Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías”.[16]

Por lo que podemos arribar a una conclusión preliminar que solo si pensamos, vivimos y si conocemos, defendemos lo que forjamos. A través de recursos propios y sobre la base de la integración del conocimiento y sus apropiación social para el desarrollo sostenible de los pueblos de América en aras de mantener nuestra soberanía e independencia.

Pero por sobre todas las cosas evitar la exclusión y propiciar cada vez más la inclusión de nuestras repúblicas en el mundo, partiendo del precepto martiano: “El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”[17]. Ese espíritu es el que nos sacará adelante ante la incapacidad del sistema imperialista de humanizarse dentro de la globalización neoliberal que pretende imponer para dominar al mundo sin piedad. Defendiendo la justicia social como única alternativa posible que soluciona las problemáticas sociales de nuestros pueblos que se encuentran cansados del odio inútil, de la exclusión, de la división, de la explotación absurda para alcanzar sobrevivir frente a la turbulencia financiera que azota al mundo que cada día trata de emerger de la crisis económica actual.

Lo que permite percibir que la globalización neoliberal se ha dado en medio de un avanzado proceso de monopolización transnacional, con la hegemonía del capital financiero y bajo el dominio de las grandes potencias imperialistas. Por otra parte, el cambio climático y costo de la energía presionan los precios de los alimentos. En el último año los precios de los alimentos han subido en 36%, un fenómeno que está afectan-do a las naciones menos desarrolladas y amenaza con aumentar la pobreza en el mundo, según un informe presentado el pasado 14 de abril por el Banco Mundial, BM. Lo que incide negativamente y no facilita un desarrollo sostenible para los países más pobres.

Ante esta realidad los pueblos de América deben fortalecer la implementación de esta alternativa como nueva concepción de integración, con el objetivo de garantizar estabilidad y sostenibilidad en los proyectos socialistas que desarrollan. Estableciendo nuevas alianzas en las diversas ramas de las ciencias y el conocimiento para desplegar la región en todos los sectores que permitan hacer sustentables los proyectos de integración. Asimilando de forma adecuada las tecnologías apropiadas, a partir del conocimiento científico que se produce en nuestros pueblos y previendo la inserción paulatina de la transferencia tecnológica más ajustada.

Realmente; y llegado este momento es una realidad asumir las ideas del maestro, pues encontramos el camino a seguir, no repitiendo sus ideas, sino actuando con inteligencia e inmediatez, para que sea oportuno el salto que debemos proporcionar en busca del desarrollo sostenible de nuestros pueblos. Si tenemos en cuenta las palabras del maestro cuando expreso hace 120 años atrás:

“Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república”.[18]

Es evidente; y no nos queda alternativa, la unidad nos dará la fuerza para enfrentar en tiempos difíciles lo que resulta valioso para salir del subdesarrollo. A partir, de la inserción y la intención de reestructurarnos con ideas originales, gestadas a partir de nuestra realidad y de la inteligencia colectiva que se pueda generar en toda la región, salvando la identidad de nuestros pueblos. Pues como dijera Martí: ¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? Sin distinción de razas, y luchando por la equidad, en la búsqueda constante del conocimiento para lograr aplicar la máxima martiana de: “Pensar es servir”. Solo con una visión integradora de alcance universal podrán enfrentarse con éxito los colosales desafíos que hoy tiene ante sí el mundo en su conjunto y en particular Nuestra América. Es la idea que guía a los cientos de médicos, enfermeros, epidemiólogos y otros trabajadores de la salud cubanos presentes en Haití, para socorrer a la población golpeada por el devastador sismo, con una secuela impresionante de destrucción y muerte.

Por tan solo citar algunos ejemplos relacionamos algunos datos que demuestran la urgencia de nuestro análisis en la materialización práctica que se convierte en el reto y clave a resolver por los países de América Latina.

Entre los 15 países más desiguales del mundo, 10 se encuentran en América Latina y el Caribe. Atención: no confundir desigualdad con pobreza. La desigualdad procede de la distribución desproporcionada de la riqueza entre la población. El más desigual es Bolivia, seguido de Islas Comoras, Madagascar, Sudáfrica, Haití, Tailandia, Brasil (7° lugar), Ecuador, Uganda, Colombia, Paraguay, Honduras, Panamá, Chile y Guatemala. La Organización de Naciones Unidas (ONU) reconoce que en los últimos años ha habido una reducción de la desigualdad en el Brasil. En nuestro continente los países con menor desigualdad social son Costa Rica, Argentina, Venezuela y Uruguay.

En América Latina la riqueza está demasiado concentrada en manos de una minoría de la población, los más ricos. Se citan como causas principales la falta de acceso de la población a los servicios básicos, como transporte y salud; los bajos salarios; la estructura fiscal injusta (los más pobres pagan, proporcionalmente, más impuestos que los más ricos); y la precariedad del sistema educativo.

En el Brasil el nivel de escolaridad de los padres influye en un 55% sobre el nivel educativo que alcanzarán los hijos. En una casa sin libros, por ejemplo, el hábito de lectura de los hijos tiende a ser inferior al de la familia que tiene biblioteca.

En América Latina la desigualdad se ve agravada por las discriminaciones racial y sexual. Las mujeres negras e indígenas son, por lo general, más pobres. El número de personas obligadas a sobrevivir con menos de un dólar por día es dos veces mayor entre la población indígena y negra, comparada con la blanca. Y las mujeres reciben menor salario que los hombres desempeñando el mismo tipo de trabajo, además de que trabajan más horas y se dedican más a la economía informal.

Gracias a la llegada de gobiernos democráticos populares, en los últimos años el gasto público con políticas sociales alcanzó, en general, un 5% del PIB de los 18 países del continente. Del 2001 al 2007 el gasto social por habitante aumentó un 30%. Aspecto que reflejan el análisis de las estadísticas realizadas con respecto a la de equidad/inequidad, en función de la educación, emitidos en el Compendio Mundial de Educación 2010, de la UNESCO, sobre el desarrollo de la educación  mundial.

Otra conclusión preliminar, que valoramos necesario efectuar llegado este momento del análisis es que los grandes de la historia los une un ideal común; los unen sus ideas, sus mismas banderas que promueven la liberación de esta gran patria Latinoamericana, pero también los unen sus personalidades. Pues, el ímpetu revolucionario, la determinación de que sí se pueden concretar sus ideas y sueños de ver la América toda liberada del imperialismo depredador.

Si a Martí los recordamos tanto, es porque sus espíritus se han encarnado entre nosotros; en las masas de nuestros pueblos que han alcanzado importantes victorias, y en las esperanzas de muchos otros pueblos que continúan luchando por su liberación.

Aunque muchos de los pueblos que hoy continúan luchando por su liberación no sepan quien fue Martí. En el fondo, lo conocen sin saberlo porque está allí presente, junto tantos otros hombres extraordinarios que han dado todo, por la integración.  Aunque imperceptibles ante ellos, están bajo otros nombres. En las banderas que hoy luchan contra los opresores internos y externos están reflejadas las imágenes de esos tantos titanes grabadas en tinta invisible. Aunque no los podemos ver a simple vista, sus espíritus están allí entremezclados con otros muchos y son reflejo de vigencia martiana contemporánea y visible para los pueblos de América, hoy y siempre.

Las ideas del maestro se fueron conformando en pensamiento acabado y trasciende por si mismos, dado por los objetivos que luchó por alcanzar, constantemente el futuro. Un ejemplo singular es cuando en 1891 en su ensayo: “Nuestra América”, proyectándose hacia el porvenir de los pueblos que están al sur del Río Bravo, escribió:

“¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!”.[19]

Lo que hace contundente, lo reflexionado y dicho por Cintio Vitier en la –Historia como esperanza- entrevista que concedió a la Revista Contracorriente en diciembre de 1998:

“Nuestro pasado es una futuridad. Todos los hombres que nos precedieron como próceres o pensadores tenían un pensamiento de futuro… no puede negarse que existen hombres superiores, lo son en tanto voceros, en tanto Apóstoles; voceros de una verdad que ellos no han inventado, que ellos no han creado, de la que ellos participan y con mayores luces que los demás predican y convencen. Si no se convence no se vence. Ese es el papel de los hombres superiores”.[20]

Claro está, esa futuridad que vislumbran los hombres superiores, parte de una lógica que dimana de su conocimiento y experiencia acerca del comportamiento humano en interacción con las realidades, cuestión imprescindible para poder lograr transformaciones positivas en la historia. Pero no quiere decir, que puedan predecir el futuro en todas sus dimensiones, momentos de realización, y múltiples vericuetos, sobre todo cuando se trata de un pensamiento que se extiende mucho en el futuro, en que en no pocas veces, ni siquiera con la imaginación se pueden distinguir determinadas cuestiones de importancia.

El desafío hacia el futuro es más grande y comprende, más que discursos y acuerdos internacionales, una acción decidida de preservación que ubique esta tarea imperiosa por encima de los intereses particulares, sea de las naciones denominadas “desarrolladas”, como de las corporaciones transnacionales, superando la voracidad de los intereses imperialistas, económicos y de una competitividad que no conoce reglas, para interesarnos todos en la preservación de los seres humanos y de la protección del planeta.

Aliviar la pobreza entre los desposeídos del mundo, reducir el consumo excesivo entre los más opulentos, disminuir la carga de la deuda de los países en desarrollo y asegurar estructuras de gestión de gobierno eficiente, así como el suministro de fondos destinados a programas ambientales, constituyen elementos claves en el compromiso común de gobiernos y pueblos, en particular los países de América Latina y el Caribe preservando la defensa de la identidad de nuestro continente.

Tenemos la obligación en el marco del indiscutible Derecho al Desarrollo que debemos promover y lograr, asumir el Derecho de Preservar nuestro medio ambiente, como el cuidado de nuestra “Casa Grande”, el espacio vital en el cual debemos subsistir los latinoamericanos, por encima y en contra de quienes intentan explotarnos en beneficios particulares de los grupos minoritarios e intereses transnacionales.

La igualdad, la desigualdad, el desarrollo, el subdesarrollo; la soberanía, la independencia; la equidad, la inequidad; la sostenibilidad, la insostenibilidad; la justicia social, la injusticia social; la exclusión y la inclusión, entre otros, son valores vinculados a la necesidad social de convivencia, ya que la desigualdad no hace atractiva la vida en sociedad o comunidad. La búsqueda de cierta igualdad en distintas dimensiones de la vida entre los miembros de una sociedad es una de las bases de la política, es decir, del establecimiento de prioridades en la organización social y en la utilización racional de los recursos. Por lo que la justicia social se va definiendo y desarrollando a través de la praxis social y consecuentemente de la actividad política que desarrollen los gobiernos y los movimientos sociales.

La igualdad ha sido históricamente el referente de las luchas sociales que ha permitido ir estableciendo ciertos límites en las relaciones sociales y personales que no se quieren rebasar. Estos referentes se establecen, en primer lugar con valores éticos y principios bien definidos y después como normas que deben ser garantizadas por la justicia y ser hechas efectivas por la gobernación. Acción que no en todos los casos es lo suficientemente efectiva en su gestión.

Por lo que el pensamiento político y social de José Martí expuesto en el Ensayo de Nuestra América, 120 años después cobra vigencia absoluta para los pueblos de América, ya que en la vida práctica de las ideas, el poder no es más que el respeto a todas las manifestaciones de justicia, la voluntad firme, ante todos los consejos de la crueldad o del orgullo. Y cuando el acatamiento de la justicia desaparece, y el cumplimiento del deber se desconoce, la infamia envuelve al triunfo y la gloria, vida insensata y odiosa vive el poder.

De ahí que el conocimiento y la ciencia se pongan en función del desarrollo de los distintos proyectos alternativos socialistas y los movimientos sociales para lograr sobrevivir ante la política de dominación imperialista desmedida advertida por José Martí ante el Gigante de las Siete Leguas, que en su momento ya amenazaba de por sí el mundo contemporáneo de hoy.

 


Notas:

[1] Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas.

[2] Instituto de Historia de Cuba.

[3] José Martí, Obras Completa, “Nuestra América”, Tomo 6, pp. 15-23, La Habana, Cuba.

[4] Idem.

[5] Idem.

[6] Idem.

[7] Idem.

[8] Idem.

[9] Idem.

[10] OC, JM, Tomo 6, pp.15-23.

[11] Sistema organizacional: sistema de gestión y políticas públicas.

[12] Véase Osvaldo Martínez: Cuba experiencias en desarrollo humano, Editorial Ciencias Sociales, La Habana 1991, pg.2; Programa Nacional de Naciones Unidas para el Desarrollo. Ediciones Mundi-Prensa, España, 1997, pg.16.

[13] José Cantón Navarro. Una Revolución martiana y marxista, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2008, pág. 25.

[14] OC, JM, Tomo 6, pp.15-23.

[15] Idem.

[16] Idem.

[17] Idem.

[18] Idem.

[19] Idem.

[20] Idem.

 

Bibliografía:

  • Fondo Editorial Casa de las Américas, “Tres Documentos de Nuestra America”, La Habana, Cuba, 2008, pp.29-37.
  • José Martí, Obras Completa, “Nuestra América”, Tomo 6, pp. 15-23, La Habana, Cuba.
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[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

CARDET CHAVECO, Yurama y Rodríguez Rodríguez, Aurea Verónica, (2012) “Nuestra América, 120 años después: “Pensar es servir” y “Conocer es resolver””, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 12, julio-septiembre, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Sábado, 24 de Junio de 2017.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=502&catid=11[/div2]

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