Pacarina del Sur
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Mercados de Trabajo: globalización y movilidad laboral

La década de los ochenta del siglo pasado puso en entredicho buena parte de los paradigmas que habían orientado el estudio de los mercados de trabajo hasta esos años.

Palabras clave: globalización, mercados de trabajo, tecnología

 

“Los términos que utilizamos no son neutros:
evocan ciertos aspectos de la realidad y otros no”
Dolors Comas D’Argemir
La globalización ¿unidad del sistema?: exclusión social,
diversidad y diferencia cultural en la aldea global.

 

“El  presidente Barack Obama pidió al Congreso de su
país destinar 4 mil 600 millones de dólares para reforzar
la labor de la Patrulla Fronteriza, completar el primer
tramo del muro virtual entre México y Estados Unidos y
multiplicar las tareas de localización y deportación
de indocumentados.”
Obama endurece contra migrantes[nota]2[/nota]

 

Reflexiones acerca del debate teórico sobre la cuestión laboral

La década de los ochenta del siglo pasado puso en entredicho buena parte de los paradigmas que habían orientado el estudio de los mercados de trabajo hasta esos años. La emergencia y el súbito entrecruzamiento de fenómenos que trastocaban los pilares sobre los cuales se apoyó el universo laboral desde el inicio de la segunda posguerra, abrió espacios para ensayar nuevos enfoques y procurar la sistematización de las investigaciones sobre los mercados de trabajo desde una perspectiva que diera cuenta del nuevo marco tecnológico y organizativo a partir del cual se combinaban los factores productivos.

Una recapitulación, no exhaustiva, de los principales factores que emergieron con inusitado vigor, hace poco más de treinta años, permite comprender mejor el contexto al cual nos estamos refiriendo. Es necesario apuntar, entre otras variables, los siguientes elementos:

a)         Las innovaciones en el campo de la tecnología aplicadas a los procesos productivos, en particular el desarrollo vertiginoso de la informática, la revolución en el ámbito de las comunicaciones y más tarde la incorporación de la robótica en la industria automotriz y metal-mecánica.

b)        El abatimiento de costos a través de la externalización de ciertas fases de los procesos productivos mediante el sistema de subcontratación de proveedores externos, - outsourcing – instrumentado en algunos casos a través de establecimientos formales de menor dimensión, mientras que en otras experiencias se opta por la delegación de esas labores en talleres familiares, lo que potenció la práctica del trabajo domiciliario pagado a destajo.

c)         La reorganización interna de los procesos productivos procurando abandonar el antiguo esquema “ford-taylorista” vigente desde los inicios del siglo XX, y su reemplazo por círculos de calidad[nota]3[/nota] o por el llamado sistema “toyotista” en países como Japón y Corea del Sur.

d)        La sustitución gradual de los antiguos contratos de trabajo, de carácter tutelar, por convenios flexibles que promueven nuevos esquemas de administración del trabajo a través de los cuales se propicia la calificación polivalente del trabajador, se impulsa la rotación en los puestos de trabajo y la movilidad individual de la mano de obra por encima de los criterios colectivos y de aplicación general como el escalafón ciego.[nota]4[/nota]

e)         El crecimiento del trabajo por cuenta propia, de las actividades con bajos niveles de ingresos y productividad –agrupadas bajo el rubro genérico de sector informal - y del trabajo familiar no remunerado.[nota]5[/nota]

f)         En paralelo al crecimiento del trabajo no-convencional[nota]6[/nota] se registra una caída relativa del empleo asalariado en los sectores secundarios de la economía y un marcado crecimiento de la ocupación en las actividades de comercio y servicios.

g)         Los fenómenos antes apuntados contribuyeron a reducir la base social de los sindicatos de la industria y a debilitar su presencia política y capacidad negociadora. De esta manera, el antiguo pacto social, que dio lugar a la conformación del bloque histórico sobre el cual se levantó el llamado Estado de Bienestar en los países centrales -y el denominado Estado nacional-populista en América Latina- y posibilitó la constitución del conglomerado social del cual surgieron los grandes movimientos sociales como el cardenismo, el peronismo y el varguismo, entre otros, vieron resquebrajada una de las columnas principales: el movimiento obrero organizado en grandes centrales sindicales.

h)        El incremento del sector informal urbano, del trabajo domiciliario y la fuerte expansión de la precariedad ocupacional abrió otro frente de discusión que ocupó buena parte de la actividad política y académica a partir de los años ochenta: el eventual desplazamiento de la centralidad obrera en el desarrollo de los conflictos sociales.

Es necesario puntualizar que las tendencias que se mencionaron en párrafos precedentes, con carácter un tanto enunciativo, no se manifestaron de manera uniforme ni con la misma consistencia en todos los países ni en todas las ramas de actividad. En el caso latinoamericano hay numerosos ejemplos en los que se combina la adopción de esquemas flexibles de organización del trabajo sin que se haya producido la incorporación de equipos y tecnología de última generación. Por otro lado, existen evidencias empíricas de renovación del capital fijo sin que ese proceso haya sido acompañado de cambios importantes en las estructuras de puestos, en los mecanismos de movilidad interna, ni en los sistemas de producción en línea, tal como fueron definidos en los inicios de la organización del trabajo mediante esquemas de montaje y en la regulación taylorista de los tiempos que requería cada tarea.[nota]7[/nota]

A fines de los años ochenta el debate y la naturaleza y profundidad de los estudios sobre el mercado de trabajo, quedaron entrampados en una visión polarizada que acorraló a los medios académicos y sindicales en dos lecturas esquemáticas del fenómeno. De algún modo, ambos enfoques expresaban una interpretación perversa y distorsionada del objeto de estudio: quienes pusieron énfasis en la velocidad y profundidad de las innovaciones telefónicas arribaron a conclusiones “catastrofistas” del futuro laboral de la humanidad, para estos autores lo que en realidad debía tratarse era el fin del trabajo y el ingreso de la sociedad en una nueva fase de su desarrollo donde el eje articulador de la vida humana estaba constituido por la disponibilidad del tiempo libre, la distribución equitativa de una renta universal, la disolución de los anteriores conglomerados sociales[nota]8[/nota] y la desaparición de la categoría trabajo como actividad articuladora de las sociedades post-modernas. Lo que pudo haber sido una hipótesis exploratoria de largo aliento – de algún modo así la formuló André Gorz en su texto pionero Adiós al Proletariado -  derivó en el pensamiento  simplificador de otros autores, en una verdad consagrada, algo así como una especie de apocalipsis anunciado desde los postulados de la revolución tecnológica.[nota]9[/nota]

A contrapelo de esta lectura catastrófica, otras corrientes del pensamiento social se inclinaron por el estudio de fenómenos más cercanos a los procesos de trabajo y al análisis del impacto que el universo laboral estaba sufriendo como resultado de las innovaciones tecnológicas, de los cambios en las funciones productivas y con la implantación de sistemas flexibles de administración de las relaciones obrero-patronales. El mayor mérito de este enfoque es resaltar el brutal impacto de la precarización laboral en la vida cotidiana de la clase trabajadora y en el accionar político y reivindicativo de las expresiones políticas y gremiales del movimiento obrero.

Este aporte, sustantivo para el estudio del presente y del futuro del trabajo en nuestros países, no ha sido plenamente comprendido por algunas interpretaciones teóricas del marxismo victoriano, puntuales para la elaboración de diagnósticos sobre la situación del trabajo en Latinoamérica, pero incapaces de ponderar, adecuadamente, sus repercusiones en el ámbito de la política y valorar los efectos que tiene sobre la dinámica de las luchas obreras. En particular los autores que desde la academia militan en esta vertiente del marxismo han cultivado una especial suspicacia por el creciente protagonismo de aquellas expresiones del movimiento social que no responden estrictamente a demandas sindicales; entre otros sectores sociales pueden mencionarse los reclamos de las minorías étnicas o sexuales; agrupamientos juveniles o religiosos; organizaciones ambientalistas y sociedades que defienden los intereses y derechos de los trabajadores migrantes.[nota]10[/nota]

Más justo, en cambio, es el arsenal teórico con el cual se refutó la teoría del “fin del trabajo”. Hay que recordar que estas tesis habían sido procesadas en las usinas académicas de los países desarrollados y que en el caso latinoamericano fueron apresuradamente aceptadas por algunos estudiosos del tema. Quienes adhirieron a este enfoque confundieron la difusión de las formas ocupacionales precarias y mal remuneradas, así como la expansión del empleo domiciliario, las tareas de carácter temporal y el debilitamiento de las regulaciones jurídicas en las relaciones obrero-patronales, con las hipótesis de los autores europeos y estadounidenses que profetizaron el fin del trabajo. Los estudios realizados en nuestros países y las investigaciones efectuadas en determinadas empresas permitieron confirmar que la caída de la ocupación en ciertas ramas industriales era más el resultado del proceso de  reestructuración del aparato productivo y de la apertura de las economías latinoamericanas a la competencia extranjera – fuertemente promovidas durante los años ochenta – que el anuncio de la reducción del trabajo como tendencia estructural en las sociedades capitalistas periféricas.[nota]11[/nota]

Una mención especial corresponde a las corrientes de la sociología del trabajo que entendieron que los estudios del mercado laboral debían vincularse a otros espacios más abarcativos que la pura relación empresa-trabajador. Esos ámbitos ya habían sido recuperados en algunos estudios antropológicos pero eran subestimados o ignorados, hasta ese momento, por la sociología marxista, al no expresar relaciones específicamente laborales. Este carácter “extensivo” de las investigaciones que buscaron la convergencia del mundo del trabajo con los llamados espacios “extra-laborales” de construcción de identidades, como el ámbito territorial[nota]12[/nota] así como la familia, entendida como instancia de socialización y generadora de ingresos, adquieren ahora un lugar que les había sido negado en la tradición marxista. Hasta la década de los setenta la mayoría de las investigaciones subsumían el conjunto de la vida social a la relación capital-trabajo y restringían el análisis del espacio laboral al estudio del empleo asalariado, el análisis de las estructuras de puestos, la conformación de los sindicatos y centrales obreras y el desarrollo de la conflictividad social a partir de las demandas por mayores prestaciones y salarios.

Pese a las críticas que cayeron sobre esta concepción – para algunos de sus detractores se trataba de una teoría de alcance medio -  entendemos que es desde esta perspectiva desde la cual se hicieron los mayores aportes para comprender la emergencia de los movimientos urbano-populares, el creciente activismo de las agrupaciones de trabajadores desocupados o subempleados, la fuerte presencia del movimiento indígena y campesino y el protagonismo callejero de los grupos altermundistas, entre otras expresiones actuales de la protesta social.[nota]13[/nota]

Migraciones o Movilidad Laboral: punto de convergencia o inicio de un nuevo debate

La libre movilidad de los factores productivos – al menos en la interpretación que nos heredaron los economistas clásicos y neoclásicos – es un componente sustantivo del sistema capitalista de producción. Capital y trabajo debían transitar sin obstáculos por espacios geográficos libres de fronteras de acuerdo a los incentivos que cada uno de ellos esperaba lograr con el fin de maximizar sus beneficios, la ganancia en un caso y el nivel de los salarios en el otro.

La Primera Guerra Mundial y la crisis económica de 1929 llevaron a una reinterpretación de esos postulados y a la reconsideración del Estado como factor regulador de la actividad económica. Ya no se podía negar que las  instituciones públicas debían actuar como instrumentos normativos cuando el mercado demostrara que era incapaz – por sí mismo – de ser una instancia eficaz en la asignación equilibrada de los recursos. Hasta la década de los años treinta los obstáculos para el libre tránsito de la fuerza de trabajo solían estar vinculados a factores étnicos,[nota]14[/nota] identidades religiosas o de persecución política. Pero no se cuestionaba el principio básico que motivaba la búsqueda de nuevos horizontes de vida: el logro de un empleo estable y de mejores ingresos con respecto a los que se obtenían en el lugar de origen.[nota]15[/nota]

Las décadas posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial fueron testigos de un constante flujo de trabajadores de las antiguas colonias africanas y de los países árabes del Mediterráneo hacia las naciones de Europa occidental. Para los migrantes representaba la opción de acceder a empleos menos esclavizantes y con mejores ingresos y a la protección de los sistemas de seguridad social europeos, para las empresas que los contrataban, era un mecanismo, relativamente cómodo, del ampliar la curva de oferta de fuerza laboral dispuesta a contratarse en aquellas ocupaciones que requieren bajos niveles de calificación y que suelen ser rechazadas por los trabajadores nacionales.

La tendencia que se describe no solo se mantuvo, fue potenciándose con el paso de los años y volviéndose más conflictiva para las sociedades receptoras a medida que fueron deteriorándose las condiciones económicas sobre las cuales se diseñaron los sistemas de seguridad social y se levantaron las instituciones del llamado Estado de Bienestar. Diversos organismos internacionales – incluidas ONG y asociaciones civiles de protección al migrante – realizan la tarea de efectuar el seguimiento estadístico de los flujos migratorios. En particular, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lleva a cabo un estudio sistemático del comportamiento de la población migrante desde hace varias décadas, de acuerdo al registro estadístico que ofrece este organismo pueden consultarse algunos datos verdaderamente reveladores del crecimiento de las corrientes de familias migrantes que cubren la ruta Sur-Norte:

1965: 75 millones

1990: 120 millones

2000: 175 millones

2004: 190 millones[nota]16[/nota]

A mediados de los años setenta del siglo pasado los gobiernos europeos, y en general, en casi todos los países industrializados, se modificaron los parámetros políticos y jurídicos con los cuales se buscaba regular el ingreso de trabajadores extranjeros.

Puede afirmarse que esos años marcan el fin de las políticas promotoras de la migración, de manera particular las naciones que integran la actual Unión Europea[nota]17[/nota] formularon instrumentos legales que tipificaron la condición de visitante “indocumentado” como delito administrativo grave.[nota]18[/nota]

Con el objeto de tener una fotografía del cuadro poblacional actual del planeta, es ilustrativo mencionar que algo más del 60% de los migrantes tienen como destino los países de mayor desarrollo industrial – Estados Unidos y Europa occidental de manera preponderante – mientras que el 40% restante busca radicar en economías menos desarrolladas pero favorecidas por las inversiones extranjeras en actividades productivas que son fuertes demandantes de mano de obra.[nota]19[/nota] Las principales regiones receptoras de migrantes internacionales son Europa, donde residen más de 56 millones de extranjeros, Asia con 50 millones y el área de Norteamérica[nota]20[/nota] donde viven cerca de 45 millones. Cabe señalar, que considerados cada uno de los países de manera individual, Estados Unidos es el mayor receptor de trabajadores extranjeros en todo el mundo. Un aspecto relevante, que debe consignarse, es que la mayoría de los registros estadísticos, así como las encuestas y censos que se aplican con el propósito específico de medir la magnitud de los flujos migratorios, suelen perder o subestimar la identificación cuantitativa de los trabajadores temporales, de los migrantes clandestinos y de la población transfronteriza que pasa de un país a otro de manera cotidiana, aún sin contar con la documentación requerida.

Los gobiernos de los países receptores han procurado redefinir ciertas categorías jurídicas y conceptuales desde las cuales se identifica y definen las políticas públicas sobre la cuestión migratoria. La necesidad de establecer barreras de contención al ingreso creciente de trabajadores extranjeros llevó a que en los últimos diez años se promoviera en Europa y en los Estados Unidos la categoría de movilidad laboral en sustitución del término, universalmente aceptado, de trabajador migrante. El propósito encubierto es el de enfatizar la calidad de trabajador temporal entendido como un visitante extranjero que ingresa con una visa de estancia amarrada a un contrato de trabajo de duración determinada. De esta forma, se procura desalentar cualquier proyecto de vida de largo plazo que suponga la reunificación del grupo familiar y el intento de obtener la visa de residencia en el país de acogida. [nota]21[/nota]

El fenómeno de la movilidad de la fuerza de trabajo entre un sector de actividad y otro, entre empresas de una mima rama de actividad, de una región a otra dentro de las fronteras de su propio país o dejando la sociedad de origen para residir en otra, es un proceso tan antiguo como la misma consolidación de la revolución industrial. El aspecto novedoso es que la rehabilitación de este concepto se asocia ahora a la intención de restringir el tiempo de estancia del trabajador extranjero. Se trata de una decisión política destinada a encubrir una medida restrictiva sacrificando aspectos sustantivos de la vida de quien decide abandonar su país de origen y adoptar como propio al país receptor. El proceso migratorio no se circunscribe a una cuestión puramente laboral, intervienen otras variables que hacen a la vida cotidiana de los trabajadores y sus familias: aspectos culturales como el idioma, la religión y tradiciones heredadas de sus ancestros, vínculos personales – de amistad y parentesco – con sus paisanos y el sentimiento de protección que busca el migrante hasta tanto – con el paso de los años – puede contar con una red social de contención en el país de acogida.

El caso de los mexicanos que residen en los Estados Unidos y Canadá es el ejemplo más claro que puede ofrecerse en este sentido, cabe señalar que en el primero de esos países radican más de 12 millones de nacionales de los cuales más de la mitad son indocumentados. En años recientes ambos países han fijado como requisito para el otorgamiento de visas y permisos de trabajo, la aceptación, por parte de las autoridades mexicanas, del concepto de movilidad laboral o de trabajador temporal como un reaseguro de que los nacionales que viajan a esos países no intentarán radicar en la sociedad receptora. La suscripción de acuerdos bilaterales con Canadá con el fin de operar programas de empleo temporal y la asignación de las visas H2A y H2B por parte de los Consulados de Estados Unidos establecidos en nuestro país, están fuertemente condicionados a la aceptación del carácter temporal de la estancia de los mexicanos en territorio de esos países.

Los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York y la prioridad otorgada a la lucha contra el narcotráfico incorporaron elementos extra-laborales que dificultan aún más la suscripción de acuerdos migratorios de largo plazo entre los tres países de América del Norte, firmantes del Tratado de Libre Comercio (TLC).[nota]22[/nota] En julio de 2009 el gobierno conservador del primer ministro canadiense Stephen Harper, estableció como requisito obligatorio la obtención de una visa para los ciudadanos mexicanos que deseen ingresar a ese país en calidad de estudiantes, trabajadores o simples turistas. La batería de preguntas que aplican los oficiales de migración a los interesados en gestionar una visa tiene un carácter francamente policial que no oculta la sospecha que detrás de cada postulante se oculta un potencial narcotraficante o un colaborador encubierto del fundamentalismo islámico.

Es un deber y un compromiso de las autoridades mexicanas, de los académicos estudiosos del tema y medios de difusión, denunciar la manipulación ideológica que se oculta detrás de la aparente inocencia de un cambio de terminología. La definición de movilidad tiene una falsa neutralidad ideológica con la que se procura desterrar el concepto de migración – temporal o permanente – verdadera identificación de los miles de mexicanos que todos los años cruzan la frontera norte en la búsqueda desesperada de un  futuro más prometedor para sus familias.

 


[notar]1[/notar] Sociólogo y Doctor en Estudios Latinoamericanos. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; UNAM.

[notar]2[/notar] El Universal, 2 febrero 2010.

[notar]3[/notar] en particular en los casos de Europa y Estados Unidos

[notar]4[/notar] antigüedad

[notar]5[/notar] niños y mujeres que contribuyen a sostener el hogar en labores de maquila domiciliaria sin recibir ingresos monetarios

[notar]6[/notar] actividades que se llevan a cabo fuera del marco regulatorio que se fija mediante convenios colectivos de trabajo y al margen de los sistemas de seguridad social

[notar]7[/notar] Dinerstein y Neary, 2009; Tokman y Martínez, 2000

[notar]8[/notar] capitalistas, capas medias, trabajadores, etc.

[notar]9[/notar] Gorz, 1982, 1998

[notar]10[/notar] Tironi, 2008

[notar]11[/notar] Antunes, 2008

[notar]12[/notar] el barrio; la colonia; la fabela; ciertas expresiones propias de la cultura urbano-popular; etc.

[notar]13[/notar] Svampa y Pereyra, 2003

[notar]14[/notar] discriminación de ciertas minorías

[notar]15[/notar] Urbano Reyes, 2008

[notar]16[/notar] J. Urbano R., Evolución histórica de la migración internacional contemporánea, México, UIA, 2008.

[notar]17[/notar] son paradigmáticos los casos de Francia, Inglaterra y Alemania por la dureza de las medidas restrictivas aplicadas

[notar]18[/notar] Dabat, 2009

[notar]19[/notar] enclaves industriales del Sudeste asiático; regiones mineras de África; zonas de maquila o puertos francos en el Caribe y Centroamérica

[notar]20[/notar] Estados Unidos y Canadá

[notar]21[/notar] Levine, 2009

[notar]22[/notar] Dunn, 2009; El Universal 2-II-10

 

Bibliografía

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Urbano Reyes, Javier (2008), Evolución histórica de la migración internacional contemporánea, Cuadernos de Migración Internacional, No 1, UIA, México.

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